Capitulo 7.
"Luz y Oscuridad".
...Un mes después...
Frotando su cara contra el amplio pecho de Sesshomaru, Rin se preguntaba cómo era posible sentirse tan bien con un hombre que era la definición de "Hombre Equivocado".
Era algo escalofriante cuan compatibles eran en la cama.
No era que las experiencias anteriores a las que tuvo con Sesshomaru fueran malas, todo lo contrario, pero esto era algo más.
Era una especie de atracción que la hacía sentir drogada cuando Sesshomaru la tocaba, y hambrienta de lujuria cuando estaba lejos de ella.
Era embriagador y aterrador en partes iguales.
Era aterrador lo bien que Sesshomaru podía leer sus expresiones y tocarla como si ella fuera un instrumento y él un músico profesional.
Era mandón cuando Rin entraba en su actitud sumisa, era gentil y comprensivo cuando ella necesitaba abrazos y acurrucamientos, y era increíblemente sexy portándose cruel y atemorizante cuando entraban en el juego de Rin fingiendo que no lo deseaba. Pero esa era la palabra clave, "fingir". Porque ella siempre lo deseaba.
La parte más aterradora era que el sentimiento era reciproco. Rin estaba en perfecta sintonía con los deseos del ojidorado.
Cuando Sesshomaru estaba de un humor frio y aterrador, Rin era dulce y cariñosa, dejándolo tomar el control siendo rudo y pesado. Se excitaba complaciendo al ruso, lo cual era... Sí, probablemente una estupidez.
Y la peor parte era que ella sabía que no se estaban aprovechando de su "inocencia" de ningún modo. Sesshomaru no pretendía ser nada que no fuera. Rin sabía que él no era un santo, no era un buen tipo incomprendido. Y sin embargo, ella pensaba que no era tan malo... y aunque lo fuera, eso no cambiaría la atracción que tenia hacia él.
-Usted es malvado. –Murmuro ella, contra el pecho de Sesshomaru. –Me siento como una ninfómana por su culpa.
Sintió más que oír la risa del hombre.
-No me eches la culpa de tus fantasías pervertidas, kolokol.
-¿Por qué me llama así? –Pregunto, mirándolo curiosa, e ignorando la parte de "pervertida". –No parezco una campana. –Parecía un apodo cariñoso. No le agradaban los apodos cariñosos.
Sesshomaru le llamaba de alguna manera ridícula, y ella se sentía incomoda por qué no parecía sincero, solo lo decía como un reflejo que le decía a cada mujer con la que él dormía. Y aunque sonara patético, no le gustaba pensar en Sesshomaru llamando a otras mujeres "cachorra", "princesa" o "niña".
Sesshomaru jalo un mechón de su cabello. –Tu nombre tiene sonido de campanadas, y eres pequeña. Por eso te llamo así.
Con una pequeña sonrisa, besó la piel expuesta cerca de sus labios. –Estoy empezando a pensar que usted tiene algo con mi estatura.
-¿Qué te dio esa idea? –Dijo el peli plata acariciando su cuello.
Cayeron en un silencio que no debería ser tan cómodo.
-¿Alguna vez ha matado a alguien? –Murmuró Rin, pasando sus delicados dedos por las marcas moradas en los musculosos brazos.
-Lo he hecho. –Respondió el hombre, mientras miraba al techo.
Un pequeño escalofrió recorrió su espalda. La respuesta del mayor no la sorprendió en sí misma, habría estado más sorprendida si la respuesta fuera negativa, pero la indiferencia con la que Sesshomaru le respondió, era escalofriante.
Ahora entendía un poco la relación con su nombre, "Asesino Perfecto". Un ser que no sentía remordimiento o dudas al cometer un asesinato.
Miro una marca en el brazo izquierdo de Sesshomaru, era una marca extraña, pareciera como si el brazo hubiese sido pegado con el resto del cuerpo. Y encima de esta había escrito una palabra en ruso, significaba "Recuerda".
No estaba segura de que algún día conocería la historia detrás del tatuaje, pero le parecía un buen consejo. No debía olvidar de lo que era capaz este hombre.
-¿Con sus propias manos o dando una orden? –Preguntó, aun sin mirarlo a los ojos.
-¿Hay alguna diferencia? –Preguntó con voz muy seca. –Un asesinato es un asesinato, sin importar que manos lo perpetúen. Pero para responder a tu pregunta: Ambos.
Rin tomo la mano de Sesshomaru y la trazo con sus dedos. Una mano que mato a alguien. Una mano que podría convertirla en un tembloroso cuerpo. Podría acabar con su vida.
-¿Es difícil? –Preguntó aun algo ensimismada. -¿Terminar con la vida de alguien?
-A veces. –Dijo después de un momento. –Pero la mayor parte de la gente que maté era escoria, así que no perdí el sueño por ello. Además, trabajaba para el FSB en ese momento, así que las muertes fueron perfectamente legales. –Por alguna razón, su tono casi sonó mordaz en la palabra "Legales".
-¿FSB?
-El Servicio Federal de Seguridad.
-¿El sucesor de la KGB?
-Sí.
Rin frunció el seño graciosamente, tratando de recordar todo lo que sabía sobre las agencias militares rusas.
-¿No estuvo muy implicado el presidente ruso con esa agencia hace algunos años? ¿De ahí conoce al presidente? –Pregunto, algo curiosa y emocionada mientras los ojos le brillaban.
-Entre otras cosas. –Respondió antes de murmurar. -Lyubopytstvo sgubilo koshku.
Rin parpadeó. -¿Qué?
-Un viejo proverbio. –Con diversión brillando en sus ojos. –Básicamente significa "La curiosidad mató al Gato". Un proverbio muy sabio, ¿No crees?
-¿Me está amenazando? –Preguntó Rin, aunque estaba más curiosa que asustada. Tenía esa sonrisa hermosa en su rostro.
Los ojos dorados de él se posaron en sus labios por un segundo. –No en este momento.
Rin tomo la mano de Sesshomaru entre las suyas más pequeñas, examinándolas con curiosidad, recorriendo las palmas de sus manos con sus deditos.
Sesshomaru miraba con atención cada acción de su cachorra. Cada movimiento de sus delgados dedos y cada respiración eran para él, solo prestándole atención a él, despertando en él un sentimiento posesivo e intenso.
Abrió los ojos con sorpresa cuando la niña cerró los ojos y beso la palma de su mano y la punta de sus dedos. Su respiración se detuvo y su miembro sufrió una punzada de deseo por esa acción.
Rin abrió los ojos y le sonrió dulcemente. No entendía muy bien el por que... pero su corazón latía rápidamente dentro de su pecho.
Soltando las manos de Sesshomaru, Rin cruzo las suyas sobre el pecho de él y apoyo la barbilla. – ¿Es algún tipo de jefe de la mafia o algo así?
Echando la cabeza hacia atrás, soltó un bufido divertido.
-¿Qué es tan gracioso? –Preguntó, mirándolo con un puchero ofendido. – ¿Va a negar que es el jefe de una organización criminal? Eso es básicamente lo que es la mafia.
Sesshomaru todavía lucia divertido. –No creo que yo entre en esos términos, no pienso en mí de esa manera. Gano dinero, soy muy bueno en ganar dinero, y, a veces, la forma en que gano el dinero no es legal. Cuanto más dinero tengas, más poderoso eres y obtienes más enemigos. Cuantos más enemigos tengas, más despiadado y cuidadoso debes ser. De lo contrario, algunas personas pueden hacerse de ideas equivocadas, como si te vieran débil e indefenso.
Rin frunció el seño, considerándolo. Nunca lo había visto de esa manera. Lo miro a los ojos, luciendo curiosa e inocente.
-¿No se agota? –Pregunto en voz baja. – ¿No es solitario? ¿Para qué necesita tanto dinero de todas formas?
Sesshomaru le dio una mirada indescifrable, froto la punta de sus dedos contra la mejilla de ella.
-¿Estás segura de ser pariente de Naraku, cachorra?
Rin sintió que se sonrojaba. No era el apodo más ridículo con el que la llamaba. -¿Estás insinuando que él es igual a ti?
Algo frio y aterrador cubrió los ojos de Sesshomaru. –No digas tonterías, yo vengo de una familia de alta cuna y con poder que tardo en conseguir; él vino de "no-se-donde" y se apodero de una compañía que ya estaba formada y tomo su poder.
-Lo sé. –Dijo Rin. –Quiero decir, a veces sospechaba que estaba implicado en negocios sombríos... Habría sido idiota si no quisiera creerlo... –Hizo una mueca antes de mirar al albino. -¿Qué le hizo Naraku?
Sesshomaru cerró los ojos, pareciendo no seguir interesado en continuar con la conversación. Rin suspiro. Ya lo sospechaba. Se apoyo en el pecho de Sesshomaru, lista para levantarse. Quería darse una ducha y dormir. Sintió la tensión en los músculos del hombre cuando ella hizo presión para levantarse, ¿Lo había lastimado?
Pero para su sorpresa, respondió: -Pensó que era aceptable mentirme. Como resultado, me puso en una situación muy complicada y termine debiendo muchos favores a personas a las que preferiría no deber nada.
Rin lo miro confundida.
-¿Qué quiere decir? ¿Qué hizo?
Nuevamente creyó que no iba a responderle, cuando volvió escucharlo.
-Tengo muy pocos principios y límites, pero todos con los que hago tratos saben que no los rompo. Esa araña asquerosa hizo que rompiera uno de ellos sin darme cuenta.
-Ahora me muero de curiosidad. –Dijo Rin, mientras jugaba a recorrer el amplio abdomen del ruso con sus dedos.
Sesshomaru abrió los ojos. Tenía una delgada línea de disgusto en su cara. – ¿Recuerdas lo que les pasa a los gatitos curiosos?
-Gatos. –Le corrigió. –Y pensé que era un cachorro.
-Los gatitos son cachorros de gato. – Dijo Sesshomaru con una expresión completamente seria.
-Yo no soy una gatita. –Dijo Rin, riendo divertida. –Además, esta conversación es ridícula, y a usted, como un buen villano, no se le permite ser ridículo.
-Tal vez no sea un villano. –Murmuro Sesshomaru acariciando la clavícula de Rin. –Tal vez solo sea un incomprendido.
Rin le sonrió. –Seguro. Entonces... ¿Qué fue lo que hizo Naraku?
Todo rastro de diversión y tranquilidad se borro del rostro de Sesshomaru.
-Teníamos un acuerdo. Él necesitaba transportar de forma segura toneladas de mercancías desde Jordania hasta Arabia Saudita, hasta varios países. –Se encogió de hombros. –Puedes meter mercancías de contrabando a esos países por muy poco, si conoces a la gente adecuada. Es un negocio, puro y simple, y mientras esos bienes no sean drogas, a mi no me importa. Subieron sus mercancías a mi tren, por un precio, obviamente.
A Rin no le estaba gustando la trama que estaba imaginando, ni a donde iba con esto. -¿Qué paso?
Los labios de Sesshomaru se apretaron. –Mis trenes están vigilados, pero por lo general es solo una precaución, a menos que hubiera alguna amenaza, y los trenes no son inspeccionados en el paso, tengo la mayoría de las fronteras aseguradas... Excepto que este tren fue atacado en Ma´an. Un automóvil estallo, varios de mis hombres murieron y toda la debacle atrajo demasiada atención hacia el tren... Fue registrado y se encontraron toneladas de cocaína... –La mirada de Sesshomaru parecía cambiar de dorada a roja por un momento. –...Cocaína que ciertamente no era parte del trato.
Rin se estremeció, recordando un artículo que leyó sobre la muerte del padre de Sesshomaru, cuando ella investigaba sobre él: El gran Touga no Taisho había muerto de sobredosis.
-Pero no vi ni un indicio de ese acontecimiento cuando investigue sobre usted, así que, debes haberlo silenciado.
-Por supuesto que lo hice. Pero no fue fácil con muertes involucradas. Y yo no trafico drogas, por lo que no tenía las conexiones necesarias... termine gastando millones para silenciar el asunto y debiendo muchos favores a gente con la que preferiría no estar en deuda. Peor aún, todo este escándalo daño mi "Reputación Comercial" en ciertas esferas... En esta línea de trabajo no quieres ser conocido como alguien que puede ser atrapado. Convenientemente, tu tío no sufrió ningún daño, pese a que fue su propio lio. –Algo feo brillo en sus ojos dorados. –Se suponía que sería un trabajo de rutina, nada peligroso. A veces las bajas son inevitables, pero esos hombres no se enrolaron para ese objetivo. Algunos de ellos tenían familia... No fue Naraku quien estuvo en la incómoda situación de explicarle a un grupo de niños que su padre estaba muerto.
Rin contuvo las nauseas. Sabía que Naraku no era una buena persona, pero esto... Esto era peor de lo que pensaba.
La mirada calculadora que el peli plata le dedicaba era inquietante.
-¿Qué vas a hacer cuando heredes el negocio familiar y todo lo que implica? ¿Vas a seguir sus huellas?
Rin se mordió el labio, nerviosa. –Para serle honesta... Intento no pensar demasiado en esto. –Se rio de su propia ingenuidad. –Pero ahora, no creo que pueda hacer lo que él hace, lo que usted hace... No soy la madre Teresa, ni nada parecido, entiendo que a veces tienes que ser despiadado para triunfar, pero tengo limites. –Le regalo una dulce sonrisa. –No creo estar hecha para la vida de una mente maestra criminal... Me asegurare, de alguna manera, de que la empresa sea exitosa por los medios legales... Soy buena para los negocios, así que algo se me ocurrirá. –No parecía muy emocionada con la idea. – Quizá no sean tan rentables como antes, pero no soy codiciosa... Además podría dormir tranquila en la noche.
-"Tan rentables como antes". –Repitió Sesshomaru algo divertido. – ¿Realmente entiendes de cuánto dinero estás hablando?
Rin sonrió. –Una cantidad escandalosa que nunca podre gastar en mi vida... Se lo dije, no soy codiciosa. Supongo que ser millonaria es suficiente para mí. No quiero tener que mirar constantemente por encima de mi hombro, esperando una puñalada tras la espalda. Quiero vivir una vida plena, ser feliz, y algún día, hacer las cosas que quiero hacer.
Una sonrisa burlona apareció en los labios de Sesshomaru.
-Sí. Quieres casarte con un hombre agradable, y tener 2 niños y un bebé, como postal estadounidense.
Rin sonrió, divertida. Se negaba a avergonzarse de ello.
-Nop. Por lo menos 4 bebés. Tengo mucho amor para dar. Me encantaría tener a niños igualitos a mí, pero también estoy abierta a adoptar.
Sesshomaru la observaba con una extraña expresión en su cara. -¿Seré invitado a la boda? –Pregunto después de un momento, con su expresión indiferente, como siempre.
Un cosquilleo se instalo en el estomago de Rin. En sus fantasías, imaginaba que su boda seria un evento brillante, al estilo de los cuentos de hadas, con un hombre increíble, a quien no podía verle el rostro, a su lado mientras decían sus votos, absolutamente enamorado uno del otro. Tener a Sesshomaru en alguna parte de esa fantasía brillante y feliz, era increíblemente inquietante por algún motivo.
-Am... Eso sería incomodo, ¿No cree? Normalmente la gente no invita a su... –Vacilo, dudosa, ¿Qué era Sesshomaru exactamente de ella? ¿Amigo? ¿Conocido? ¿Secuestrador? -...Hombres con los que han dormido en el pasado a su boda.
-"Hombres con quienes ha dormido en el pasado". –Dijo Sesshomaru, sonriendo levemente divertido. Su mano se movió del cuello, a la espalda baja de la chica y dibujando círculos imaginarios en su piel. – ¿Estás diciendo que no abrirías tus lindas piernas para mí el día de tu boda?
Rin se sonrojo, más por el enojo que por la gran mano acariciándola. –Claro que no, ¡¿Por quién me tomas?!
Los dedos grandes del ruso recorrieron a curva de su glúteo, haciéndola jadear, y bajo lentamente hasta encontrarse con su dulce entrada.
Su "cachorra" lucho contra el impulso. Todavía estaba tierna y sensible luego de su sesión anterior. Miro al ruso con los ojos vidriosos. Este tuvo las agallas para sonreír.
-¿Estás segura de que no lo harías? –Dijo en un tono casual, jugando con su entrada y simulando pequeñas embestidas con su dedo, aunque parecía más un roce. –Estarías tan hermosa y encantadora, tal vez con un vestido blanco.- Susurro en su oído y mordiéndole el lóbulo. –Tu hombre perfecto estaría esperándote en el altar.
Rin jadeo, perdida en el placer y aferrándose con las uñas al cuerpo del hombre, aunque este no se quejo.
-Pero llegaras tarde. –Escucho la voz de Sesshomaru muy lejana pero no por eso menos sensual, mientras sentía el digito moverse lentamente y torturándola. –Llegaras tarde por que estarás demasiado ocupada gimiendo debajo de mí.
-No. –Sollozo, dolorosamente excitada, pese a estar siendo tratada de esta manera. La mera idea de Sesshomaru y ella encerrados y teniendo sexo a escondidas de todos mientras el hombre que amaba la esperaba en el altar era horrible, malvada y... –No. –Repitió temblorosamente, y soltando las primeras lagrimas cuando Sesshomaru adentro otro dedo.
-Sí.-El albino abrió más sus dedos, disfrutando de los dulces gemiditos que soltaba. –Sí, justo así... No puedes resistirte a mí, y nunca podrás.
-No. –Dijo un poco más fuerte.
-Sí. Lo harás. –Dijo con la voz entrecortada por el deseo. Su pulgar acaricio el tierno botón de placer de Rin con pereza, pero constante. –Tú príncipe azul te estará esperando en el altar mientras tú me ruegas que vaya más rápido y más fuerte. Eventualmente, él ira a buscarte y descubrirá quien es el dueño de tu cuerpo y quién te ha robado los mejores orgasmos de tu vida. Y no podrá hacer nada contra mí... ¿Y sabes cuál es la mejor parte, cachorra?
Rin gimió y mordió el pectoral de Sesshomaru, mordisqueando su pezón y apretando los dedos en su interior. Ya se sentía cerca de llorar, con su cuerpo aun pesado luego de las horas que paso con él en la cama, y ahora esto. Kami-sama.
Se movió contra los dedos, deseándolos más profundo. Sesshomaru apretó el agarre en su pelo oscuro, sin permitirle moverse.
-Responde, ¿Sabes cuál es la mejor parte? –Dijo con la voz grave y ronca mientras movía más rápido sus dedos. –Que aunque tu prometido te este observando, no serás capaz de pensar en nada más que en mi, rogándome que no me detenga. Te vas a correr, gimiendo mi nombre. –Enterró más profundo sus dedos y la muchacha vio estrellas.
Gimió y se corrió con los dedos aun en su interior.
Para cuando pudo volver a pensar correctamente, Sesshomaru ya había retirado sus dedos y cruzo sus musculosos brazos tras la nuca. Un cuadro de indiferencia, y confianza masculina, bordeando el narcisismo.
Sesshomaru esperaba que lo mirara con odio antes de que tratara de golpearlo, o que lo besara salvajemente. Había esperado que hiciera un puchero y apartara la mirada antes de que cayera agotada sobre él... Pero no lo que pasó en su lugar...
Los inocentes ojos cafés dejaron de ser vidriosos por el deseo, a estar aguados por las lágrimas. Se quito de encima de él, despacio, y le dio la espalda, haciéndose un ovillo y sus sollozos se escuchaban un poco más fuertes mientras su cuerpo temblaba.
Mierda. No era lo que él quería. No era la reacción que esperaba. Y cada sollozo calaba en su conciencia.
Había asesinado a gente a sangre fría. Había torturado decenas de personas, hombres y mujeres, para conseguir lo que quería. Pero ahora sintió remordimiento creciendo en su pecho mientras observaba a la muchacha sollozando.
En contra de su mejor juicio, envolvió sus brazos en el cuerpo pequeño y delgado de la joven y la pego al suyo.
La respiración de Rin se detuvo, pero no lo rechazo. En menos de un segundo, ella se dio la vuelta y se envolvió a él, pegando su cara contra su fibroso cuello.
La humedad que sentía en su piel le revelo que ella seguía llorando, pero se sentía un poco mejor.
Esto era lo más cercano que él iba a expresar como una disculpa.
Sintió los labios de ella pegados a su cuello torcerse hasta formar una sonrisa. Ella lo sabía, y lo aceptaba. Cuando sus sollozos se detuvieron por completo, y los temblores de su cuerpo pararon, supo que ella estaba más tranquila, pero se negaba a apartarla de sí mismo.
-Lo odio. –Dijo ella, con la voz algo ronca, y alzando la cara, conectando sus miradas. Los ojos de ella seguían rojos. –Béseme, por favor.
La miro por unos momentos, con su rostro inexpresivo, antes de capturar sus labios en un beso suave y tierno. Rin se sentía como mantequilla, dejándose guiar por las caricias en su cabello y ella enlazo sus brazos al cuello del peli plata.
Gimió molesta cuando dejo de besarla.
Sesshomaru la envolvió en sus brazos y se acostó en la cama cerrando los ojos. No debería sentirse tan cómodo con Rin abrazándolo. No debería sentirse tan ansioso por besarla de nuevo. Y seguro como el infierno que no debería estar excitado de nuevo solo por ese estúpido beso.
-¿Qué sucede? –Sentía la mirada de Rin sobre él sin tener que abrir los ojos. Sintió también el pequeño sobresalto de ella pero no se burló.
-Nada. Solo...
-¿Pasa algo malo?
Rin pego su mejilla al pecho de Sesshomaru nuevamente y jugando con sus dedos.
-Lo voy a extrañar cuando me vaya.
Abrió los ojos de golpe. ¿Extrañar? ¿Cuándo se vaya?
Apretó en su mano la sabana, reteniendo las palabras que querían salir de su boca. "No puedes irte". "Eres mía". "Dijiste que eras mía". "Te atare a mi cama si intentas escapar".
No lo dijo, por supuesto. Ella se podía aterrar si le decía algo así. Él mismo ya estaba algo asustado con sus pensamientos. Nunca era posesivo con sus parejas sexuales, ni era cariñoso... Pero Rin era distinta.
-Me voy a Suiza. –Dijo Sesshomaru sin decirle nada de lo que pensaba. –Estaré fuera por seis días.
Rin se movió veloz, mirándolo. Sesshomaru por fin la miro.
Rin sentía revolvérsele el estomago. Aparto la mirada rápidamente. Era solo que no le gustaba la idea de quedarse sola de nuevo contemplando las mismas 4 paredes durante otros seis días.
La mano de Sesshomaru alzo su rostro de nuevo y acerco sus rostros, rozando sus labios, apenas tocándolos.
-Vendrás conmigo.
La sorpresa fue mucho mayor, pero para nada desagradable, convirtiendo la acidez en las famosas mariposas en el estomago.
-¡Hai! –Dijo con una amplia y tierna sonrisa.
Sesshomaru la observo antes de levantarse, tomándola por la cintura.
-A la ducha.
Rin se sonrojo, pero asintió, no era la primera vez que se bañaban juntos, pero no dejaba de ser muy íntimo. Iba a separarse pero Sesshomaru la cargo como princesa hasta el baño.
. . .
Sara irrumpió en la oficina de Sesshomaru casi pateando la puerta.
-¡No puedes estar hablando enserio!
Solo cuando su jefe levanto sus ojos dorados de sus papeles hacia ella, para nada intimidados, Sara se percato del gravísimo error que había cometido.
-¿Perdón? –Dijo el peli plata.
Sara se obligo a sostenerle la mirada con osadía.
-Lo siento, Sesshomaru Taisho, pero no puedo estar de acuerdo con tú decisión de llevar a la cría contigo a Suiza. Es un gran riesgo de seguridad, y podría ser detectada en el aeropuerto o...
-¿Tengo que recordarte que usaremos mi avión privado? –Pregunto el ojidorado. –Nadie se atreverá a revisarlo. Tú te encargaras de ello personalmente.
-Por supuesto. –Dijo Sara, tragándose las protestas, no era bueno hacerlo enojar.
La mirada de Sesshomaru se torno penetrante y filosa.
-Sí tienes algo que decir, dilo.
Sara dudo, insegura de cómo sacar el tema, pero esto era su trabajo también, se convenció a sí misma.
-¿Estas acostándote con la mocosa de Naraku?
No hubo un solo atisbo de sorpresa o vergüenza en los dorados ojos de Sesshomaru. Su rostro no le mostraba más que la más cruda indiferencia.
-Sí. –Dijo simplemente. – ¿Y cuál es tu punto?
Sara jamás se había sentido tan incómoda en presencia de Sesshomaru.
-No sabía que estuvieras... Interesado en las chicas menudas y simples... Y japonesas.
-No sabía que debería informarte de mi vida sexual, Sara. –Dijo sonriendo, pero no era una linda sonrisa.
Tragando en seco, Sara retrocedió un paso, guardando su espacio por su propio bien.
-Por supuesto que no.
-Pero en caso de que te lo preguntes, no me interesan ese tipo de mujeres.
Sara frunció el seño.
-Pero... ¿Pero que con ella?
Sesshomaru encendió un cigarrillo y se recostó en la silla, mirándola con frialdad.
-Para finales del año, las "Industrias Muso" serán mías. Todo lo que hago con Jundo Rin es con eso en mente. Eso es todo lo que diré al respecto. ¿Lo has entendido?
-Sí. –Dijo Sara, con una sonrisa de alivio en el rostro. Había sido una idiota por dudar de su apuesto jefe, aunque fuera por un momento. Por supuesto que Sesshomaru no estaba enamorado de la niña. La sola idea le resultaba ridícula y absurda ahora.
Sesshomaru no se enamoraba. Nunca.
Sin embargo, aun no entendía por qué era necesario cargar con la mocosa hasta Suiza.
-¿En dónde vamos a tenerla? Tú estarás con Kagome y...
-Se quedara en mi casa del lago.
Sara palideció.
-¡No puedes hablar enserio! ¿Qué pasa si tú...?
-Se quedara en mi casa. –Casi ladro, con un tono rotundo. –Arréglalo.
-Entendido. –Dijo Sara a regañadientes. –Pero solo quiero que sepas que es una MUY mala idea. Por seguridad entre otras razones... Tú familia por ejemplo.
-Lo tendré en cuenta. –Dijo Sesshomaru, volviendo a su computadora.
Tomándolo como la señal para irse, que realmente era, Sara dio la media vuelta para retirarse.
-Asano.
Se detuvo, volteo hacia Sesshomaru y se estremeció al encontrarse con su mirada.
-Si alguna vez vuelves a espiarme, podría olvidarme de la lealtad que me has mostrado en los últimos 15 años. Nadie es indispensable. Ni siquiera tú. –Dijo con la voz más suave y la sonrisa más aterradora que ella le había conocido nunca.
Sara asintió nerviosamente y salió de la habitación lo más rápido que pudo.
Mientras recorría el pasillo, no podía sacudirse el sentimiento de inquietud de sus entrañas.
Sesshomaru podría no estar enamorado de la niña, pero ciertamente actuaba muy extraño y posesivo en lo que se refería a ella.
Desde que la niña Nipona apareció en la casa, la confianza de Sesshomaru hacia Sara parecía cada vez más en decadencia.
Apretó furiosa los dientes. Todo era culpa de Jundo Rin.
