Era un precioso día de octubre en la ciudad de Tokio, el clima era idóneo, pues el calor y humedad de los meses anteriores iban desapareciendo poco a poco para así recibir la frescura otoñal.

Esa misma tarde, salió presuroso de su trabajo Syaoran Li, un joven empresario de veintinueve años, heredero de las empresas multinacionales de su familia y director general de la sucursal que se encontraba en la capital nipona. Condujo su auto cautelosamente hasta su apartamento en el centro de la ciudad, ansiando llegar para ducharse, comer y acostarse a dormir después del estresante día que había tenido que enfrentar.

Una vez dentro del calor del que había sido su hogar por casi cuatro años, procedió a despojarse de la molesta ropa de oficina; no alcanzó a terminar de quitarse la corbata cuando escuchó que tocaban incesantemente a su puerta. Masculló una maldición y después de lanzar la corbata a la cama, avanzó hacia la puerta dispuesto a despachar a quién fuera que estuviera allí. Toda intención quedó en el aire al llevarse la gran sorpresa de ver frente a él el rostro de su hermana mayor.

—¡Hermanito! —gritó ella y se lanzó sobre Syaoran para abrazarlo fuertemente.

—¡Fuutie suéltame! —se quejó Syaoran—. Me estás asfixiando.

—Oh, perdóname. Es que ha pasado tanto tiempo desde la última vez que nos vimos, y me alegra mucho verte. —dijo Fuutie a su hermano y agregó hablando en dirección a la puerta—: ¡Ling Su! No te quedes ahí y ven a saludar a tu tío.

Como si tuviera poco con la sorpresiva llegada de su hermana, Syaoran sumó la aparición de una pequeña niña de cabello castaño oscuro atado en dos coletas. Su rostro reflejó una gran sorpresa al observar que su pequeña sobrina ya no era tan pequeña como recordaba, pues había crecido unos cuantos centímetros y ya no tenía cachetes regordetes como cuando era bebé. Para Fuutie fue imposible ocultar la sonrisa que se formó en su rostro ante la expresión de su hermano y no perdió la oportunidad de reflejar su falta.

—¿Sorprendido por lo grande que está Ling Su? —preguntó la mujer levantando una ceja— Bueno, querido hermano, eso es lo que pasa cuando tienes casi seis años sin visitar a tu familia. Ahora que lo pienso, ¡Eres un tío desconsiderado! —exclamó—. Deberías llamarla más seguido, ¡ni siquiera lo hiciste cuando cumplió nueve años el mes pasado! —Le reclamó la mujer a su hermano menor.

—Ya... lo siento mucho, sé que eso estuvo mal —dijo Syaoran rascando su nuca—. ¡Pero me aseguré de enviarle un regalo después! —se excusó y se agacho para preguntarle a la niña, quien lo observaba con curiosidad—: ¿lo recibiste Ling Su? ¿te gustó?

—Si, el vestido era precioso, a todas mis amigas les gustó, gracias tío Xiaolang —le contestó cortésmente la pequeña.

—Me alegra —le dedicó una media sonrisa y luego se dirigió a su hermana —. Fuutie, ¿a qué se debe esta visita tan repentina?, ¿Madre está bien?

—Oh sí, ella está perfecta —contestó Fuutie y luego le dijo a su hija—: Ling Su, cariño, ¿por qué no vas a la habitación a desempacar tus maletas?

—¿Cual habitación? —preguntó la pequeña.

Syaoran pudo notar la cara de confusión de la pequeña, por lo que se hizo a un lado y la guió por el pasillo hasta la habitación de huéspedes. Afortunadamente estaba limpia, después de todo, era la primera vez que sería usada desde que se había mudado al apartamento.

—¿Y bien? —inquirió Syaoran sentándose en el sofá— ¿qué es lo que sucede, Fuutie? Sé que algo raro está pasando y no trates de mentirme —le advirtió.

Fuutie suspiró, sabía que tendría que darle explicaciones a su hermano, pero de todas maneras era algo difícil de contar. Así que, llenándose de todo el valor que tenía, respiró profundamente para soltar la infame frase:

—Me estoy divorciando.

Si su hermana le hubiese dicho que estaba entrenando para subir a la cima del Monte Everest en shorts, camiseta y sandalias, no se habría sorprendido tanto como con la verdadera noticia.

Un divorcio. Un divorcio en la familia Li nunca podría ser una buena noticia.

—No te preguntaré como estas porque… Tu cara me lo dice todo —dijo Syaoran posando su mano sobre el hombro de su hermana en señal de apoyo—. La situación no debío ser fácil en Hong Kong ¿Cómo se tomó la noticia nuestra madre? —quiso saber

—Madre puso el grito en el cielo, como era de esperarse... Suerte que en ese momento estaban nuestras hermanas Shiefa y Feimei, porque si no, la hubiese creído capaz de abofetearme. —contó con la mirada triste.

—Sabes que madre te quiere, pero… está demasiado apegada a las antiguas tradiciones. Un divorcio no es bien visto ante la sociedad y menos con una hija de por medio. ¿Estás segura de esto? —preguntó Syaoran.

—Nunca había estado tan segura de algo en mi vida —dijo firme Fuutie—. Huang podrá parecer un hombre intachable, pero siempre me ha despreciado y me enteré de que me ha estado engañando con cuanta mujer ha querido prácticamente desde que nos casamos. Lo único bueno que me dió fue Ling Su ¡y ni siquiera le presta la debida atención a su propia hija! —contó decepcionada sobre el hombre que era su esposo y agregó en un susurro, vigilando que la niña no estuviera cerca para escucharla—: Me duele decirlo pero creo que la desprecia tanto como a mí, no es un secreto que él quería un hijo varón —dijo sintiéndose mal con solo pronunciar esas palabras—. No pude hacer nada cuando arreglaron nuestro matrimonio y me obligaron a casarme con él, pero ahora, ¡yo decido ser feliz! Y daré lo mejor de mi para que mi hija también lo sea, es por eso que debemos alejarnos de todo lo que nos hace daño.

A Syaoran le dolió escuchar lo mucho que había sufrido su hermana al lado de ese despreciable hombre, no sabía muy bien qué hacer en esa situación, por lo que sólo optó por abrazarla para tratar de transmitirle algo de fuerza y seguridad.

—Lamento que hayas pasado por todo eso, Fuutie —dijo finalmente sin romper su abrazo.

—Está bien, hermano. De todas maneras no fue tu culpa, en ese tiempo todavía no tenías voz ni voto en la familia, por lo que no podías hacer nada —dijo Fuutie mientras se enjugaba una lágrima y añadió—: Me apena pedirte esto, pero ¿podemos quedarnos contigo por tiempo indefinido? En casa, madre no me quiere ver y ni hablar del bueno para nada de Huang. Mis abogados se están encargando de todo lo que tiene que ver con el divorcio, y me han dicho que será un proceso bastante largo por todos los bienes e intereses que hay de por medio —bufó.

—Claro que se pueden quedar, pero me preocupa Ling Su, ¿cómo le afectará todo esto? ¿Y qué hay con la escuela? No puede dejar de ir —se preocupó Syaoran

—Me encargué de eso último antes de venir a Japón. Encontré una escuela cercana que aceptó su traslado y sólo me falta llevarles personalmente un par de documentos; podrá comenzar a asistir esta misma semana —relató, orgullosa—.

Y con respecto a su reacción a la situación… creeme que yo también estaba asustada por cómo podría tomar las cosas, pero ella siempre ha sido una niña muy callada en cuanto a su padre se trata, como si le diera miedo molestarlo si intenta hablarle de sus cosas—resopló indignada—. Creo que se siente un poco mal por esto, pero me parece que la distancia le hará bien. Además, la ví muy emocionada cuando le dije que vendríamos a Tokio, aunque todavía no entiendo muy bien porqué, pero eso es lo de menos si la mantiene animada —contó sobre su hija—. A decir verdad, pensé que actuaría diferente y preguntaría por su padre a estas alturas, pero supongo que su relación era tan nula que no le importó mucho.

—Bueno, lo que ahora importa es que ustedes estén bien y puedan respirar algo de tranquilidad —comentó Syaoran—. ¿Quieres comer? estaba a punto de prepararme algo.

—Muero de hambre, la comida del avión apestaba —Fuutie rió un poco— Te ayudaré, como cuando éramos niños ¿te acuerdas?

Tuvieron una tranquila cena en la ambos hermanos pudieron ponerse al día, recordar viejos tiempos, discutir por quien se comía el último dumpling como cuando eran niños y reír por las ocurrencias de la pequeña Ling Su. Syaoran estaba encantado con su sobrina, era una niña muy educada, bien portada y no se quejaba a la hora de comer vegetales, esperaba que pudieran conocerse mucho mejor en el tiempo que estuvieran viviendo con el.

Unos días después, Syaoran pudo notar que la primera semana con sus inesperadas invitadas había sido más calmada de lo que pensaba. Ling Su se había adaptado bien a su nueva escuela y su hermana tenía tantos problemas en su cabeza que no le quedaba tiempo de molestarlo o hacerle alguna broma vergonzosa, lo que tranquilizaba mucho a Syaoran. Lo único que le preocupaba por el momento era la mala reacción a los acontecimientos que había tenido su madre, Yelan Li, quien estaba muy molesta con él por recibir a Fuutie en su casa. La actitud de su madre lo había molestado mucho y pensó que ella estaba muy errada si lo creía capaz de dejar a su hermana y sobrina a la deriva.

Pero como los problemas nunca eran suficientes en la vida del joven empresario, ahora se le sumó el hecho de que Ling Su le rogaba todos los días que la llevara a la famosa y muy prestigiosa Academia de Artes de Tokio para presentarse a una audición de danza. Syaoran siempre se excusaba de porque su trabajo consumía demasiado tiempo y le prometió que cuando pudiera, la llevaría. Ling Su por su parte, pensó que su tío no quería ayudarla.

—Por favor llévame a la audición —imploró la niña por tercera vez en ese día—. Mañana es el último día y no voy a poder participar.

—Lo siento. He estado demasiado ocupado en el trabajo estos días… pero tu mamá te podría llevar ¿no le has preguntado a ella? —quiso saber Syaoran

—¿Puedo pedirle permiso a mamá y que me lleve ella? —preguntó Ling Su algo confundida.

—¿Y por qué no podrías? —cuestionó Shaoran, alzando su ceja.

Antes de que la niña pudiera contestar, ambos escucharon los suaves pasos que se acercaban por el pasillo.

—¿Qué sucede? —preguntó Fuutie, extrañada.

—Pues… creo que Ling Su te quiere preguntar algo —respondió su hermano devolviéndole la mirada a la niña.

—Mamá, ¿es cierto eso de que te puedo pedir permiso a ti para ir a la audición de danza? —preguntó la pequeña a Fuutie y agregó—: si lo hubiese sabido antes, te habría preguntado hace varios días.

Fuutie y su hermano se miraron sabiendo de qué iba todo aquello.

—Dejame adivinar Ling Su, ¿tu abuela te dijo que sólo le debes pedir permiso al "hombre de la casa" o máxima autoridad para hacer cualquier cosa? —preguntó su tío.

—Pues… sí, la abuela Yelan siempre me ha dicho eso. Y como mi padre no está, pensé que lo correcto sería pedírtelo a ti, tío —dijo inocentemente la niña.

—Cariño, de ahora en más, cualquier cosa que necesites puedes pedirmela a mí ¿de acuerdo? —le dijo condescendiente Fuutie a su hija— Yo soy tu mamá en te ayudaré en lo que sea que necesites.

—Entonces… ¿Eso significa que puedo ir a la audición? —preguntó esperanzada la niña.

—¡Claro que sí! Si eso te hace feliz, yo te apoyaré —le contestó su madre— ¿Era por esta Academia que estabas tan emocionada por venir a Japón? —preguntó.

—Sí, su presentación anual de ballet es muy famosa genial y me gustaría participar—contó muy emocionada Ling Su.

—Está bien, entonces iremos mañana temprano, ¿te parece bien?

—¡Si! —exclamó su hija.

—Bueno, como esto parece ser tan importante para ti… De acuerdo —comenzó a decir Syaoran—. Las llevaré.

—Pero, ¿no estabas muy ocupado, tio?

—Cambiaré la fecha de algunas reuniones para después, quiero darte todo mi apoyo en esto —dijo obsequiando una gran sonrisa a su sobrina.

Ling Su saltó de la emoción y Fuutie lo único que hizo fue dedicarle una sonrisa a su hermano, pues sabía que el motivo del repentino cambio de opinión de su Syaoran, se debía a que se sentía en la obligación de apoyar a su sobrina y ayudarla a adaptarse a su nueva vida en ese país. Después de todo, a pesar del frío y tosco semblante que él solía mostrar, muy dentro de él se escondía un alma generosa y preocupada por los suyos.

A la mañana siguiente, fueron a la Academia de Artes de Tokio, donde fueron recibidos por uno de los maestros de música quien aprovechó que tenía un rato libre y muy amablemente les hizo un pequeño recorrido por las instalaciones, explicándoles todas las disciplinas artísticas que se enseñaban en el lugar.

—Este es el salón de artes plásticas, las clases son impartidas por la maestra Rika Sasaki, que tiene una amplia experiencia con niños. Y el salón de al lado es el de literatura —dijo, señalando una ventana donde se podía observar a una joven con lentes leyendo un libro a la clase—. La maestra Naoko Yanagisawa se encarga de escribir las obras teatrales originales que presentamos en el auditorio de la Academia. Por cierto, ¿sabían que las obras de teatro se originaron en la época de las cavernas? —preguntó seriamente, pero con una sonrisa en sus labios— Los cavernícolas aprendieron que si actuaban una situación frente a sus depredadores, los dinosaurios se distraían y podían escapar de sus garras antes de que fuera demasiado tarde. Es por eso que varios de los grupos más inteligentes de ellos se ponían de acuerdo para interpretar distintos personajes, con el tiempo dejaron de improvisar y comenzaron a practicar las situaciones para hacer una puesta en escena más pulcra —relató el maestro.

—¡Vaya! ¿lo escuchaste, tío?, ¿no te parece una historia increíble? —preguntó Ling Su a Syaoran.

—Sí, tal vez suena demasiado increíble —murmuró Syaoran rodando sus ojos.

—Oh, y esta es el ala de música —dijo señalando un gran salón—. En esta área la maestra Tomoyo Daidouji les da clases de canto al coro de la academia, ella tiene una voz realmente hermosa, deberían escucharla. Y como si fuera poco, es una talentosa diseñadora y costurera —comentó sobre su compañera de trabajo—. Ah, ese hombre con lentes que ven tocando el piano al fondo del salón, es Eriol Hiragizawa, el pianista más talentoso que he conocido —dijo, halagando a su colega y añadió—: Yo doy clases de violín, pero hoy tenían el día libre, sino con gusto les hubiese mostrado lo talentosos que son mis alumnos. Y hablando del violín, ¿sabían que este instrumento lo utilizaron los antiguos mayas para alabar a sus dioses? —comenzó a decir—. Era realmente útil cuando ellos necesitaban…

—¡Takashi Yamazaki! ¡¿diciendo mentiras otra vez?! —dijo una joven mujer que apareció en medio del pasillo—. Oh disculpen, por favor no crean los cuentos exagerados que relata este hombre, tiene una imaginación hiperactiva —dijo la mujer a los miembros de la familia Li y se volvió a dirigir al maestro de violín—. Yamazaki se supone que hoy nos asistirás a Sakura y a mi en las audiciones de danza, llevamos un largo rato esperándote —le reclamó.

—Lo siento mucho, Chiharu, lo había olvidado —se disculpó nerviosamente Yamazaki.

—¡¿Audiciones de danza?! —preguntó emocionada Ling Su.

—Si, ¿vienes a la audición? —le pregunto al ver que la niña llevaba puesto un leotardo. Ling Su asintió y Chiharu le dijo—: Mi nombre es Chiharu Mihara y seré una de las juezas con mi compañera, Sakura Kinomoto. Será mejor que nos vayamos ahora, las audiciones de hoy están por comenzar.

En su camino al salón de danza, Syaoran recibió una llamada de la oficina, la cual atendió y después de intercambiar algunas palabras a través del celular se tuvo que disculpar con Fuutie y Ling Su, pues debía asistir a una reunión de emergencia de la empresa. No podía quedarse a la audición de su sobrina, pero en compensación les prometió que las pasaría buscando e irían por un helado en cuanto terminara sus deberes en el trabajo.

En el salón donde se realizaban las audiciones habían demasiados bailarines de su edad, estirándose, practicando y dando demostraciones de lo buenos que eran. Eso hizo que Ling Su se sintiera un poco intimidada, aún más cuando escuchó a unas niñas hablar sobre una de las juezas.

—La maestra Mihara es el menor de nuestros problemas. De quien debemos preocuparnos es de la maestra Kinomoto —contó a sus amigas una niña de cabello negro y leotardo rosa— Ella tiene fama de ser despiadada y letal al momento de seleccionar a sus bailarines.

—Yo escuché que es un monstruo y que nunca le gusta nada, es alguien muy difícil de impresionar —agregó otra niña de cabello castaño y leotardo amarillo.

—Pues yo escuche que nunca pudo volver a bailar después de la caída que tuvo en medio de una presentación, hace un par de años —contó esa vez una niña rubia de leotardo azul—. ¿Será por eso que odia todo y a todos?

Si Ling Su estaba nerviosa antes, lo estuvo mucho más al escuchar esa conversación. Aun así, trató de calmarse. Vio su reflejo en uno de los espejos y decidió dar lo mejor de sí para cuando fuese su turno.

Pasaron horas antes de que pudiera demostrar su talento ante las juezas, y cuando el momento llegó, al escuchar la primera tonada de la música, pudo sentir como esta comenzó a fluir por todo su cuerpo, como si de descargas eléctricas se trataran. Cada vez que danzaba, sentía como si algo se apoderaba de ella para dejar salir todos los sentimiento que quería expresar sin hablar. Así fue como dio una audición limpia y enérgica, pero lo más importante fue que estuvo llena de pasión y eso último llamó la atención de las maestras.

—Cariño, ¿cómo te fue? —preguntó Fuutie a Ling Su en cuanto la vió salir del salón.

—Dí lo mejor de mí y creo que no me equivoqué en nada —contó la pequeña—. Los resultados los darán en unos días.

—Bueno, no importa si llegas a clasificar o no, yo estoy muy orgullosa de ti —dijo Fuutie mientras le daba un abrazo.

Ambas estaban tan emocionadas cuando salieron que olvidaron decirle a Syaoran que decidieron tomar un taxi y que no era necesario que las buscase.

Tiempo después, Syaoran conducía velozmente por la ciudad, camino de regreso a la Academia. La reunión se había tardado mucho más de lo que había pensado y le preocupaba que su hermana y sobrina llevaran esperándolo un largo rato. Al no conseguirlas en la sala de espera y que Fuutie no le contestara el celular, asumió que se encontraban dentro del salón, por lo que entró estrepitosamente, observando la brillante pantalla

—¡Lo siento! Se que debí llegar mas temprano, pero en la empresa… —cuando el hombre lavantó su mirada, pudo darse cuenta de que los presente lo miraban fijamente pues había interrumpido la audición de un pequeño niño de cabello negro y ojos marrones, quien frunció el ceño y lo fulminó con su mirada—. Creo que… interrumpo algo.

Aquel suceso causó una gran molestia en una menuda mujer de mirada verdosa, quien cerró con fuerza la carpeta que tenía en sus manos y se levantó a encarar al ser que se había atrevido a perturbar la santidad de su salón.

—Disculpeme señor, pero no puede interrumpir las audiciones de esta manera. ¡Es una terrible falta de respeto! —dijo tranquila pero firme Sakura en cuanto estuvo cerca del intruso.

—Lo lamento mucho —dijo apenado Syaoran al darse cuenta del error que había cometido— Es que estaba buscando a mi hermana y a mi...

—Por favor, retírese inmediatamente —le solicitó la maestra sin permitirle terminar de hablar.

Syaoran frunció el ceño ante la actitud de la mujer, pero ella levantó el mentón y no se dejó intimidar. Sus miradas estaban en una intensa lucha por ver quién cedía primero, aunque ninguno quisiera hacerlo. Pero finalmente, Syaoran pensó mejor las cosas, a su sobrina no le convenía que armara una gran pelea con una de las juezas, eso podría afectar su audición.

—Lamento mucho los inconvenientes que ocasione —. Dijo dando un paso hacia atrás en señal de que se retiraba, pero como nadie lo dejaba con la palabra en la boca, se aseguró de agregar—: aunque me gustaría decirle algo, señorita —la maestra estuvo a punto de replicar, pero él no se lo permitió—. Espero que su actitud no sea igual de altanera ante sus sus estudiantes, porque se podría ganar un gran problema legal con algún representante sobreprotector, como es mi caso.

Dándole una última y feroz mirada, se retiró sin darle tiempo a Sakura de reaccionar, por lo que se quedó más que exaltada y molesta con el atrevimiento del sujeto.

Pasaron un par de días y a Ling Su todavía no la habían llamado de la Academia por lo que se encontraba muy desanimada al creer que no había entrado. Syaoran intentaba consolarla, dándole ánimos y prometiéndole que la llevaría a todas las audiciones que realicen en la ciudad y hasta fuera de ella, pero nada lograba animar a la pequeña. Hasta llegó a pensar que su pequeño altercado con la maestra de ballet tuvo algo que ver, pero pensándolo mejor, no había manera de que se enteraran que eran familia. Fue así hasta que al tercer día Fuutie recibió la tan esperada llamada en la que le notificaron que su hija había sido aceptada.

—Cariño, ¡estoy tan orgullosa de ti! —dijo Fuutie mientras se limpiaba una lágrima.

—Bien hecho, Ling Su —la felicitó su tío—. ¿Qué te parece si esta noche salimos a cenar para celebrar tu ingreso? —preguntó.

—¡Gracias, tío Xiaolang! —celebró la niña.

Fueron a cenar a un pequeño y acogedor restaurante ubicado en el centro de la ciudad. La cena era amena y divertida, pero todo cambió cuando Syaoran se levantó de la mesa para ir al baño, pues se tropezó repentinamente con una persona, una mujer para ser exactos y a pesar de que el incidente no terminó con ningún golpe ni lesión física para ninguno de los dos, no se pudo decir lo mismo del ceñido y precioso vestido que llevaba puesto la bonita mujer: quedó completamente manchado con la bebida que llevaba antes en su mano.

—¡Lo lamento muchísimo! Discúlpeme, yo… —se interrumpió a sí mismo Syaoran al darse cuenta de con quien se estaba excusando.

—¿Se harán costumbre estos encuentros desastrosos? —preguntó la mujer— ¡Dos veces en una misma semana! —dijo molesta.

De entre todas las personas en la ciudad, Syaoran tuvo que volver a pasar un momento desagradable y vergonzoso con esa amargada mujer. «Definitivamente la suerte no está de mi lado» era lo que rondaba por su cabeza en aquellos momentos.

—Sakura, ¿estas bien?, ¿este hombre te está molestando? —preguntó con el ceño fruncido un hombre muy alto y de cabello negro, que se les acerco junto a un niño que Syaoran reconoció como el que se encontraba en la audición que interrumpió.

—Estoy bien. Aunque será mejor que nos vayamos, mi vestido está arruinado —dijo la maestra de danza.

—Disculpeme por favor, el error fue mío, así que permítame pagar la tintorería... —comenzó a ofrecer Syaoran , pero fue interrumpido por la mujer.

—No se moleste, solo no me cause más problemas —masculló entre dientes mientras se retiraba con el hombre y el niño que la acompañaban.

Syaoran regresó a su mesa y su hermana pudo notar que se encontraba extraño.

—¿Te sucedió algo Xiaolang? —preguntó Fuutie.

—No, solo tuve un encuentro poco agradable —contestó mientras tomaba su vaso, dejando un poco confundida a su hermana. Pero por la mente del hombre, atravesaba el pensamiento de no querer volver a encontrarse con esa mujer tan antipática.

Un par de días después, en el primero de Ling Su en la academia, anunciaron que la tradicional presentación de ballet para navidad sería El Cascanueces. Ling Su estaba muy emocionada y dispuesta a dar todo de sí para conseguir el papel principal, pero sabía que no sería tarea sencilla pues todos los niños que habían pasado las audiciones eran extremadamente talentosos. Había uno en particular llamado Hiroki que era increíblemente bueno, sus movimientos eran tan pulcros, sincronizados y perfectos que ni siquiera parecía humano. Pero los rumores decían que así como era de bueno en el ballet, así de pésima era su actitud y humor.

Eso último, la niña lo pudo comprobar cuando falló en la ejecución de un Grand Jeté y Hiroki le lanzó una descarada risa burlona. Pero Ling Su no estaba dispuesta a dejarse derrotar, decidió que trabajaría muy duro para lograr lo que quería.

"¡Yo puedo hacerlo!" Era la frase que se repetía a sí misma todos los días antes de comenzar los ensayos.

Fuutie por su parte, asistía con frecuencia a la academia aunque no pudiera observar los ensayos, pero consideraba que eso era mejor que quedarse en casa sin hacer nada y pensar. Un día de esos conoció a un hombre que también iba constantemente para acompañar a su hijo, por lo que muchas veces se quedaron conversando toda la tarde para matar el tiempo.

—Y entonces cuando vi a Ling Su corriendo con esas tijeras en la mano, sentí que mi corazón se saldría de mi pecho —contó Fuutie en una de esas largas conversaciones.

—Y no es para menos, al consultorio han llegado muchísimos niños para que les cure cortadas menores —relató el hombre sobre las experiencias de su trabajo—. Por suerte mi hijo no fué tan travieso cuando era más pequeño, porque si lo hubiese sido me imagino que tendría que haber andado por todos lados con un botiquín de primeros auxilios.

—Por suerte, tiene un amoroso y atento padre médico —dijo Fuutie sonriendo.

—Sí, creo que tienes razón —contestó con una mueca que parecía una media sonrisa— Por cierto, ¿cómo has estado tú?, ¿hubo algún avance con el proceso de tu divorcio en el último mes?

—Bueno, ha sido todo cuesta arriba. Huang no quiere ceder, supongo que desligarse de mi familia le traería más problemas económicos, sociales y políticos que beneficios, ¡si hasta tomó nuestro apellido al casarnos! Y con mi madre apoyándolo para que no nos divorciemos... ¡Ay! No se como ella no puede entender que un matrimonio sin amor no puede funcionar —se quejó la mujer.

—Creo que ella está cegada por el qué dirán —comentó su interlocutor—. Es una lástima que no todos puedan disfrutar de tener un amor verdadero, por lo menos una vez en su vida —dijo con una sonrisa nostálgica.

—¿Como el que tuviste con tu esposa? —preguntó Fuutie, pero al instante se arrepintió—. Oh, ¡Lo siento! no quería recordarte algo triste.

—No, está bien —le dijo para calmarla—. Los pocos años que pude compartir con ella y con nuestro hijo como una familia, fueron los más maravillosos de mi vida. El que se haya tenido que ir de nuestro lado tan pronto fue muy doloroso, pero recordarla... recordar su hermosa sonrisa, lo alocada que se ponía cuando celebrabamos algo o los abrazos tan reconfortantes que nos daba, me hace feliz y siento que de alguna forma ella sigue aquí con nosotros, viva en nuestros recuerdos. —dijo con la mirada brillante.

—Vaya, por la manera en que la describes debió ser una persona maravillosa —dijo Fuutie.

—Era la mejor. ¿No te había comentado que fue bailarina profesional? —preguntó el hombre—. Dio clases en esta misma academia por un tiempo. Por ella es que mi hijo comenzó a danzar, aunque en un principio me opuse, porque bueno ya sabes… tenía la idea errada de que el ballet era solo para niñas —admitió con algo de culpa—, pero cuando la vi enseñándole los pasos a nuestro hijo de apenas tres años y al verlo a él disfrutarlo tanto, supe que estábamos haciendo lo correcto. Y ahora agradezco el no haberme opuesto, pues danzar es una de las cosas que él más ama hacer, aunque es demasiado perfeccionista —dijo sonriendo.

—De verdad que eres un padre excepcional. Todos los padres deberían ser tan atentos y buenos con sus hijos como tú —le dijo Fuutie con total sinceridad.

—Tú también eres una madre maravillosa. Y una mujer muy fuerte, Fuutie. No permitas que nadie te diga lo contrario —finalizó el hombre.

Por otro lado, las maestras de danza tuvieron una reunión con los de las demás disciplinas para en conjunto organizar lo que sería la mayor presentación navideña que se habría hecho hasta ese momento. Un día, la maestra de artes plásticas les pidió ayuda al par de padres que iban seguido a la academia, para la organización y construcción del escenario y utilería, a lo que ellos accedieron gustosamente.

Una tarde en la que Fuutie se encontraba haciendo unas compras para la maestra de artes plasticas, se dio cuenta muy tarde de lo mucho que se había retrasado, por lo que llamó a su hermano para que le hiciera el favor de buscar a Ling Su al terminar el ensayo. A Syaoran no le agradó mucho la idea, porque corría el riesgo de volver a encontrarse con esa desagradable mujer, pero no podía dejar a su sobrina a la deriva, así que no le quedó más remedio que aceptar.

Cuando llegó a la academia, no pudo encontrar a Ling Su, estuvo alrededor de quince minutos recorriendo los pasillos en su búsqueda. En ese momento consideró regalarle un teléfono celular para navidad, aunque eso lo hablaría después con Fuutie. Vió una enorme puerta que reconoció como aquella que alguna vez atravesó para luego llevarse un enorme regaño de parte de cierta castaña. Pero era el único lugar en el que no había buscado a su sobrina, por lo que se decidió a entrar, pero de la manera más sigilosa posible.

No encontró a Ling Su, pero lo que sí vio a lo lejos fue a una mujer dando giros en el pequeño teatro que había al fondo del salón. Pudo observar en cuestión de segundos que sus movimientos eran tan finos y delicados que la hacían parecer un frágil y hermoso ángel, pero al instante siguiente, cuando la bailarina intentó hacer un gran salto, falló en el aterrizaje y terminó con una estrepitosa caída al suelo. Estaba tardando mucho en levantarse o tan siquiera moverse, por lo que Syaoran se apresuró en llegar a donde estaba ella, ver si estaba bien y ofrecerle su ayuda. Aunque cuando se acercó más y no observó a su sobrina ni a otro niño en ninguna parte, se sintió muy alarmado.

—Señorita, ¿se encuentra bien? —preguntó a la mujer que yacía en el piso.

—Déjeme en paz… —se pudo escuchar apenas a la mujer murmurar, quien no quería levantar la cabeza del piso.

—Pero si está lastimada, deberíamos pedir una ambulancia que la lleve al hospital para que la traten —insistió Syaoran.

—Sea lo que sea que intenten, no funcionará. Ya lo he probado todo —dijo la mujer mientras levantaba lentamente la cabeza dejando sorprendido a Syaoran.

—Usted es la maestra… ¿Kinomoto, era? —preguntó Syaoran cuando por fin pudo observar su rostro.

—Y usted el hombre que siempre trae problemas, teníamos mucho tiempo sin encontrarnos. Parece que mi día va cada vez peor —dijo en tono áspero— ¿Está disfrutando de verme en este estado?, ¿Para qué vino si quiera?

—No lo disfruto para nada —dijo Syaoran, pensando en cómo era posible que una mujer que bailaba tan hermoso, pudiera tener una mirada y actitud tan fría—. Más bien me preocupé por usted cuando la vi caer. Y estoy aquí porque vine a buscar a mi sobrina, pero no la he podido encontrar y estoy preocupado.

—¿Cómo se llama su sobrina?, ¿señor…?

—Li, soy Syaoran Li, y mi sobrina se llama Ling Su Li —contestó el hombre.

—Ah, la enérgica Ling Su —dijo Sakura pensando en la pequeña—. Ella debe estar en el salón del coro con Tomoyo y otras niñas, tenían una prueba de vestuario. —contó.

—Escuchar eso me alivia muchísimo —dijo el castaño soltando un gran suspiro mientras se colocaba una mano en el pecho y agregó—: Pero, ¿en verdad se encuentra bien? Esa caída se vio muy mal.

—¿Me estaba espiando? —preguntó Sakura con el ceño fruncido—. No me conteste, no me interesa. No necesito la lastima de nadie.

—¿Lastima? —se preguntó Syaoran. Y cuando vió que ella se intentó levantar, insistió en ayudarla—. Oiga, no me importa que rechace mi ayuda, aun así lo haré porque es lo correcto y porque quiero hacerlo.

A Sakura no le quedó más opción que dejar su orgullo de lado por un momento y dejarse ayudar por el hombre para llegar hasta una silla y sentarse. Odiaba tener que hacer aquello, pero también le pidió que le pasara un bastón que se encontraba en un baúl junto al teatro. Detestaba usar esa cosa, pues era la evidente prueba de su limitación física, pero la reciente caída había sido más fuerte de lo que había pensado, le dolía apoyar el pie lesionado.

—¿Fue hace mucho tiempo que se lesionó? —preguntó Syaoran entregando el bastón.

—¿Le han dicho que es un impertinente de primera? —preguntó ácidamente Sakura

—Disculpe, tiene razón, no es de mi incumbencia —dijo Syaoran, quien hizo ademanes de disculpa y se reprochó mentalmente ser tan entrometido y tonto.

Sakura pudo ver la incomodidad del sujeto y se sintió un poco mal por haber sido tan grosera, después de todo él la había ayudado. Ella no quiso actuar tan mal frente a él, pero la frustración nubló su juicio, intentó resarcir su error diciendo:

—Fue hace tres años.

—¿Ah? —preguntó un confundido Syaoran.

—Me lesioné el pie hace tres años. Tuve una horrible caída en medio de una importante presentación en la que tenía el papel estelar. Pero di un paso en falso y sólo eso bastó para arruinar mi carrera. —contó Sakura mirando al piso— Era eso lo que quería saber, ¿cierto?

—No creo que su carrera esté arruinada —dijo Syaoran.

—¿Qué? ¿Cómo puede decir eso? No pude hacer un simple Ballonné Pas sincaerme —reclamó Sakura.

—Lo que quiero decir, es que a pesar de que no pueda bailar sobre un escenario por lo que le pasó, sigue en este mundo de la danza enseñándole a nuevas promesas todo lo necesario para llegar a ser tan buenos como usted. —dijo Syaoran y agregó— estoy seguro que esos niños están muy agradecidos por su dedicación.

—Já, me ven como a un monstruo sin sentimientos. No me mire así —dijo al ver la mirada asombrada de Syaoran— he escuchado lo que dicen de mí en los pasillos. Pero no me importa lo que piensen de mí, lo que quiero lograr es convertirlos en unos bailarines fantásticos, así que le concederé la razón por esta vez.

—Creo que su vocación es admirable, Ling Su ha estado muy entusiasmada con la presentación de navidad —comentó el hombre.

—Ella tiene un gran espíritu al danzar —dijo Sakura sobre la niña—, deben estar muy orgullosos de que obtuviera el papel principal.

—¡¿Qué ella que?! —dijo muy sorprendido Syaoran.

—¿Acaso ella no les dijo? —preguntó Sakura— hace dos semanas se otorgaron los papeles.

—No nos dijo nada ni a su madre ni a mí, me pregunto ¿por qué? —cuestionó Syaoran

—Sus motivos tendrá —dijo Sakura levantándose de la silla. Antes de cruzar por la puerta, se volteó hacía al hombre para decirle— Gracias por su ayuda, Li. —Y se retiró del lugar.

Syaoran se quedó un rato observando la puerta por la que la maestra había salido, y después se fue en busca de su sobrina para llevarla a casa.

Faltaba muy poco para navidad y los ensayos eran cada vez más extenuantes. Ling Su, había sido elegida para interpretar a Clara, pero no le había contado nada a su familia porque quería que fuese sorpresa, por eso, al saber que su tío se había enterado, le pidió que guardara el secreto para por lo menos sorprender a su mamá.

—¡Ling su!, ¡Hiroki! Pasen al frente —pidió Chiharu a los niños.

Ling Su debió ensayar muchos de los bailes con Hiroki, pues él había sido elegido para interpretar al cascanueces. Sin embargo, después de incontables prácticas, las maestras no estuvieron conformes con su trabajo, algo faltaba, no obstante, consideraron que era importante para su desarrollo como bailarines, que lo descubrieran por ellos mismos. Aunque les daban pequeñas pistas para que se dieran cuenta más rápido, esperaban que estas los ayudaran a ir por la dirección correcta.

—Es mi falta de sincronización una de las cosas que no nos permite ejecutar bien el baile —dijo Ling Su a Hiroki cuando se encontraron solos en el salón de ensayos—. Por más que lo intento no logro coordinar mis piruetas con las tuyas.

—Es obvio que todo es tu culpa, niñita, no se como pudieron darte el papel estelar —dijo con los brazos cruzados y al mismo tiempo le lanzó una penetrante mirada.

—¿Crees que yo soy sólo la del problema? Por si no me escuchaste bien, dije que mi poca sincronización era sólo una parte del mal trabajo que estamos haciendo —dijo Ling Su al chico mientras ponía sus manos en su cintura en una pose defensiva.

—¿Insinúas que estoy haciendo algo mal? Por si no te has dado cuenta mi ejecución es perfecta, nunca me he equivocado en ningún movimiento, a diferencia de ti que lo arruinas todo siempre con todas tus equivocaciones. ¿Qué no practicas fuera de la academia? Aunque pensándolo bien, creo que ni con 24 horas de práctica al día podrías mejorar —le respondió Hiroki cruelmente y sin admitir ningún defecto en su baile.

—Estoy cansada de oírte decir: "¡yo esto, yo aquello, yo lo otro!" se supone que somos un equipo, y con tu actitud lo único que logras es arruinarlo todo y hacerme sentir mal con mi trabajo —dijo Ling Su soltado toda la frustración acumulada que tenía desde que comenzó a practicar con Hiroki—. ¿Quieres saber qué es lo que está mal con tu forma de danzar? Le falta vida. Actúas como un robot con movimientos perfectos, pero estos no tienen ni un poquito de sentimiento. Y eso Hiroki, es algo que nunca podrás conseguir con la práctica —sentenció Ling Su, tomó sus cosas y se fue del lugar dejando al niño pensando en todas las cosas que le había dicho.

El tiempo avanzaba rápidamente y con él las incontables prácticas de ballet, mostrando un gran avance en el baile de los niños, sin embargo, los protagonistas todavía no conectaban por completo, siendo esto último algo preocupante para las maestras. Por su lado, Syaoran había decidido apoyar a su sobrina al cien por ciento, por lo que se ofreció a buscarla de sus clases en muchas ocasiones, siendo que en varias de ellas pudo encontrarse con la maestra Kinomoto y limar asperezas, desde entonces su trato se había vuelto mucho más amigable. Podría decirse que comenzó a agradarle aquella mujer de humor tan volátil, quien cada día comenzaba a sonreír más de lo habitual.

—¿Cómo está, maestra Kinomoto? —preguntó a modo de saludo.

—Estoy bien señor Li, gracias por preguntar. —contestó Sakura—. ¿Vió nuestro nuevo cartel para promocionar la presentación de ballet? —preguntó señalándole la entrada del edificio.

—Por su puesto, esta muy bonito. Ya compré dos entradas para asistir al estreno —contestó Syaoran.

—¿Sólo dos? —preguntó Sakura

—Sí, para mi hermana y para mí, somos los únicos familiares que Ling Su tiene en Japón —contestó el hombre—. ¿sucede algo? —preguntó al ver la sorpresa en la cara de Sakura.

—Oh nada, es sólo que pensé que usted a lo mejor tenía una esposa —dijo ella—. no me preste atención.

—No estoy casado —dijo Syaoran y preguntó—: ¿irá su esposo a la presentación?

—¿Esposo?

—Sí, ¿no es su esposo aquel hombre con el que estaba en el restaurante? —quiso saber Syaoran, dejando a Sakura sorprendida con esa pregunta.

Ella estaba a punto de contestar, cuando Syaoran visualizó a su hermana con un hombre que se encontraba de espaldas, por su lenguaje corporal se veía que se llevaban muy bien, demasiado bien pensó en ese momento. Sakura al ver que había perdido la atención de su interlocutor, dirigió su mirada hacía el lugar que él se encontraba observando. Grande fue su sorpresa cuando vió a su hermano voltearse y reir ampliamente a la mujer que se encontraba junto a él. La maestra les hizo señas para llamar su atención y que se acercaran a donde estaban ellos.

—¡Vaya, hermano! Por poco y no te reconocí con esa sonrisa —dijo Sakura al hombre que se encontraba con Fuutie.

—¿Hermano? —preguntó Syaoran—. ¿Él no es su esposo?

—¿Esposo?, ¿de qué rayos está hablando? —preguntó el aludido—. Espera, ¿Este no es el idiota que derramó vino sobre tu vestido aquella vez, Sakura? —preguntó esta vez dirigiéndose a su hermana.

—¡¿Qué le hiciste qué a la señorita Sakura?! —preguntó ahora Fuutie, escandalizada.

—¿Lo conoces, Fuutie? —preguntó el hombre alto y de cabello negro.

—Sí, Touya, él es mi hermano menor —contestó la joven madre— Pero Xiaolang, ¿cómo le pudiste hacer algo tan feo a la señorita Sakura? —preguntó muy molesta.

—Fue un accidente —se defendió.

—Pues espero que ese accidente no vuelva a pasar —dijo el hombre que respondía al nombre de Touya y le lanzó una mirada filosa a Syaoran, quien se la devolvió con la misma intensidad.

Pero ajenos a lo que pasaba entre sus familiares, Ling Su logró convencer a Hiroki de llegar a un consenso por el bien del ballet y hasta lo hizo disculparse, lo cual emocionaba mucho a la pequeña

—Acepto tus disculpas, Hiroki. ¿Amigos? —propuso Ling Su ante la mirada apenada de su compañero.

—Me parece bien. Aunque me da algo de vergüenza preguntar esto, pero… ¿podrías ayudarme a inyectarle vida a mi danza? —preguntó mirando hacia el suelo y rápidamente agregó—: si me ayudas te enseñaré una técnica que facilitará tu sincronización.

—Hiroki, aunque no me hubieses ofrecido algo a cambio, habría aceptado ayudarte, eso es lo que hace un equipo, ayudarse mutuamente —dijo Ling Su con sinceridad—. Ya verás que muy pronto no bailarás solo siguiendo pasos, sino que los podrás sentir en lo más profundo de tu ser.

—Gracias —dijo Hiroki con una media sonrisa.

Cuando los niños salieron del salón y se dirigieron a la puerta principal, se encontraron con un escenario bastante particular.

—Oye Hiroki, ¿porque pareciera que mi tío y tú papá se quieren asesinar con la mirada? —preguntó Ling Su.

—No lo sé, pero parece que tu mamá y tía Sakura están teniendo un mal momento tratando de contenerlos —dijo el niño como si ya estuviera acostumbrado a ese tipo de escenarios.

El asunto no pasó a mayores afortunadamente, pero los hombres no desperdiciaban la oportunidad de desafiarse con las miradas cada vez que podían, aunque eso no impidió que ambos asistieran a la fiesta de navidad que habían organizado los profesores antes de estreno, como una recompensa por el buen trabajo que habían realizado cada uno en sus respectivas disciplinas. Además de que sirvió de excusa para relajarse y divertirse en compañía de los padres.

—Gran fiesta, Kinomoto —dijo Syaoran acercándose a Sakura.

—Gracias, Li, y gracias por la donación de las botanas y bebidas —le contestó.

—No fue nada, últimamente he pasado tanto tiempo en esta academia que ya me siento parte de ella —dijo minimizando su colaboración.

—Pues no será oficialmente parte hasta que haga algo —dijo Sakura con una sonrisa un poco extraña viviendo de su parte.

—¿Qué debo hacer? —quiso saber Syaoran.

—Ya lo verá —fue lo único que le contestó y se alejó hacia donde estaban los demás maestros—. ¿Todos listos? ¡Ahora!

Todos los presentes se quedaron sorprendidos con lo que vieron ante sí. Los maestros realizaron una especie de baile, unos lo hacían mejor que otros por obvias razones, pero bailaban al fin. Después de un momento inició otra tonada y comenzaron a buscar voluntarios entre los padres y alumnos, Syaoran por más que se opuso, fue arrastrado hasta la pista y se sintió en la obligación de mostrar sus pocas dotes artísticas en un baile improvisado junto a Sakura.

—Mamá, ¿no es ese el tío Xiaolang? —preguntó Ling Su a su madre señalando hacia la pista.

—¡Por todos los cielos! —La sorpresa fue evidente en la mayor de los Li—. ¡Mira como se mueve! —tuvo que ahogar una pequeña carcajada. Pero al mismo tiempo se alegró de ver a su hermano ser más espontáneo y divertirse.

—¿Me permite esta pieza? —preguntó Touya a Fuutie ofreciéndole su mano.

—Pero, soy muy mala bailando, ¿no ves a mi hermano? Creo que es de familia. Ling Su es la obvia excepción —se excusó Fuutie ante el hombre.

—Eso no importa, vamos —dijo Touya arrastrándola al centro.

Pronto más y más personas se unieron a la pista de baile, desde los más experimentados bailarines hasta los que solo sabían mover la cabeza al ritmo de la música, pero eso fue lo hermoso del momento, no importó que sus movimientos fueran perfectos o torpes, lo único que importaba en ese instante, era que todos se estaban divirtiendo y pasaron un momento agradable. Los maestros lograron su cometido.

La noche del veinticuatro de diciembre fue el día del estreno. Todos estaban muy nerviosos, pero dispuestos a dar lo mejor para triunfar.

Ling Su se preparó para salir a escena, se encontraba bellamente ataviada con un precioso vestido azul celeste y cambió su clásico peinado de dos coletas por uno delicado y sutil que permitía la caída de sus bucles de cabello.

Por su parte, Syaoran se encontraba sentado en compañía de Fuutie y de Touya Kinomoto, eso último no era mucho de su agrado, pero a su hermana sí que le caía bien el hombre, desde que se conocieron sintió que ella sonreía más que nunca. Las luces del teatro se encendieron para dar inicio a la presentación. Todos pudieron observar la representación de la fiesta navideña de la familia Shtalbaun, pero cuando la pequeña Clara hizo acto de presencia, Fuutie no pudo evitar exclamar.

—¿Ling Su? ¡No puede ser! Mi Ling Su está interpretando a Clara —susurró Fuutie con evidente orgullo materno—. ¿Puedes creerlo Xiaolang? —al ver que su hermano no actuó sorprendido y solo sonrió, exclamó—. No puede ser, ¿tú lo sabías?

—Ella quería que fuese una sorpresa para ti —se defendió.

Ling Su a los ojos de su madre interpretó a una maravillosa Clara. En la escena que veía, la niña recibió el cascanueces de madera de su padrino Drosselmeier, interpretado por uno de los niños más grandes. Seguidamente, su hermano Fritz en un acto de envidia, rompió su adorado cascanueces, cerrando el acto con una Clara desolada.

—Ling Su lo está haciendo muy bien —comentó Touya.

—¡Si! —dijo Fuutie con ojos soñadores—. Estoy segura que Hiroki estará igual de bien en la siguiente escena —agregó y recibió una sonrisa de parte de Touya.

El cascanueces cobró vida y estaba luchando en compañía de los soldados de jengibre, en contra del ejército del rey ratón.

En la siguiente escena tuvo que interpretar uno de los bailes más cruciales junto a Clara. Está de más decir que todos se encontraban maravillados. Ling Su bailaba perfecta y armoniosamente, y Hiroki mostraba una ejecución inigualable como siempre, pero esa vez tenía algo diferente.

—Nakuru… —susurró Touya, ganando una mirada interrogante de Fuutie—. No había visto a Hiroki bailar así desde que lo hacía con su madre, se ve… feliz —dijo muy conmovido por su hijo.

Fuutie sonrió, y puso su mano sobre la de Touya para apoyarlo.

Cuando el momento de hacer las piruetas más difíciles llegó, Ling Su estaba preocupada, pero confiada en que los trucos que había ensayado tanto con su compañero darían resultados. Tal como lo pensó, salieron bien. No tropezó ni se mareó y cayó tiernamente en los brazos del cascanueces.

Después de varios actos más, Clara se encontraba nuevamente en la sala de su casa, despertando del que parecía haber sido el más maravilloso de los sueños, cerrando de ese modo el acto.

—¡Estuvieron maravillosos! —exclamó Fuutie.

—Pues yo creo que estaban bailando muy pegados —dijo Syaoran, sonando algo celoso de su sobrina.

—¿Tan pegados como cuando bailaste con mi hermana? —preguntó un molesto Touya.

—¡Muy bien! Vamos a los camerinos para felicitar a los chicos —dijo Fuutie intentando evitar una nueva discusión de parte de esos dos.

En los camerinos se encontraron con los niños quienes estaban felices y emocionados por el trabajo que hicieron.

—¡Estoy muy, pero muy orgullosa de ti, cariño! —dijo Fuutie a su hija mientras la abrazaba hasta casi dejarla sin aire—. Tú también estuviste genial, Hiroki —dijo esta vez dirigiéndose al niño, quien estaba abrazando a su padre.

—Gracias, señora Li. Y gracias Ling Su, por ti pude bailar como lo hice —dijo con sinceridad.

—Lo mismo digo —respondió la niña con una sonrisa.

—¡Aquí están mis estrellas! —dijo Sakura acercándose a ellos—. Lo hicieron muy bien chicos, me hicieron sentir muy orgullosa.

Los niños estaban felices, pues no era fácil conseguir una felicitación de parte de la maestra Kinomoto, ni siquiera por ser tía de Hiroki, así que eso significaba mucho para ellos.

—Estaba pensando… —comenzó a decir Touya—. ¿No les gustaría venir a casa a cenar con nosotros?

—La idea suena maravillosa, ¿no te parece Xiaolang? —preguntó Fuutie a su hermano.

A Syaoran no le agradaba mucho la idea de tener que pasar una velada en compañía de ese hombre tan desagradable para él, pero la expectante mirada de cierta maestra lo hizo cambiar de parecer.

—Me parece bien —contestó.

Los niños y las mujeres estaban felices con la respuesta. Por lo que procedieron a retirarse del teatro para ir a la casa de los Kinomoto. ¿Quién sabía? Podía ser que esa cena fuese el detonante de muchos comienzos para los Li y los Kinomoto.

Notas finales