2011- París
- Es que todavía no me puedo creer que hayas venido a verme hasta aquí…
Hacía ya un rato que se había encontrado a su mejor amigo al otro lado de la puerta de su apartamento en París. Había pasado gran parte de los últimos dos años estudiando el máster de su carrera en la otra punta del mundo y aparte de que no tenía demasiado tiempo, no quería hacer que sus padres gastaran más dinero. Sabía el esfuerzo que suponía el poder haberla mandado a terminar de estudiar allí y no quería darles más dolores de cabeza. Aunque aquello implicara pasar las vacaciones de Navidad sola.
Había podido irse con Takeru, había estado persiguiéndola durante días para que al menos las fiestas más señaladas no cenara sola, pero no podía evitar que una parte de ella se sintiera incómoda por el hecho de saber que no era solo la familia de Takeru la que iba a estar presente y no se fiaba ni un poco de él como para no dar por supuesto que no les hubiera ido con ningún tipo de cotilleo. Había asimilado que se iba a pasar las vacaciones completamente sola trabajando en sus proyectos. No entraba, de ninguna de las maneras, en sus planes que Taichi fuera a aparecer al otro lado de su puerta.
- Oye, ¿tan mal concepto tienes de mí? Sabes que hubieras hecho exactamente lo mismo – se giró, dejando de estar apoyado en la barandilla tras haber estado observando el panorama.
- Ya, pero… - se encogió de hombros-. Solo dime que no te has gastado los ahorros del trabajo que conseguiste este verano para venir hasta aquí…
- ¿Se te ocurre algo mejor en lo que hacerlo? – no le dio tiempo a protestar, adelantándose hasta quedar a su lado-. Venga, deja de protestar. Haz el favor de hacerme de guía turística… La última – y única vez – que estuve por aquí acabé rodeado de rubios, así que yo creo que me puede ir mejor en esta compañía ahora…
Se echó a reír al entender la referencia de él antes de dar un paso hacia él, cogiéndolo por la bufanda para asegurarse de que la tenía bien colocada y dedicarle la mejor de sus sonrisas. Se le ocurrían demasiados sitios que enseñarle y le hacía muchísima ilusión hacerlo. Por algún motivo, acababa de descubrir que aquella Navidad estaba siendo su favorita desde hacía mucho tiempo y que no se le ocurría mejor compañía con la que pasarla.
- Podemos ir a por un chocolate a mi sitio favorito de por aquí para entrar en calor para llevar… Se llama Des Moulines, ya verás cómo te gusta.
- ¿Cómo dices que se llama? – intentó no reírse, ya que era la primera vez que la escuchaba hablar en aquel idioma, divertido por el acento que con tanta facilidad se le había pegado.
- Oye, el que está estudiando derecho internacional de los dos eres tú. Deberías de empezar a abrir un poco más las fronteras en cuanto a idiomas… - sonrió algo más-. Luego te voy a llevar a Monceau ya verás… Le podemos mandar a tu hermana una foto desde ahí.
- ¿No se supone que lo que hay que ver cuando se viene a este sitio es la Torre Eiffel y comprar si las gárgolas de Notre Dame cobran vida propia? – bromeó-. Yo voy a dónde me lleves, pero me parece bien que empecemos por el chocolate…
A pesar de que estaban en uno de sus lugares favoritos de la ciudad y que nunca se iba a cansar de observar, lo cierto era que por más que lo intentaba no era capaz de dejar de seguir a su amigo con la mirada. Era incapaz de terminar de creerse que hubiera ido a verla hasta allí. Eran muchísimas horas de vuelo, y seguramente le había costado todos sus ahorros del verano. Y estaba con ella allí en aquel momento. Lo estaba viendo con unos ojos muy diferentes en aquel momento a con los que solía hacerlo con normalidad, demasiado sobrepasada por la sorpresa todavía. Le devolvió la sonrisa cuando se giró hacia ella, viéndolo como avanzaba hacia donde estaba.
- Pues mira, casi que me alegro de que no hayas llevado a ver lo mismo de siempre – comentó-. Y mi hermana dice que salimos muy guapos en la foto – se la tendió para que pudiera verla ella también.
- Eso es porque algo se te tiene que acabar pegando de mí – acabó por sonreírle-. Oye, tienes que estar agotado del viaje. ¿Hasta cuándo te vas a quedar?
- Pues… - se encogió de hombros-. La verdad es que me costó decidirlo. Pero mira… Lo de que no quería que pasaras sola las fiestas iba completamente en serio. Así que he código el vuelo para el 2 de Enero.
- ¿Qué? – parpadeó confusa-. ¿Vas a pasar el año nuevo conmigo?
Aquella fiesta sí que solía ser mucho más importante en el país de ambos. Era la que se celebraba en familia y por todo lo alto. ¿Cómo la iba a pasar con ella?
- ¿Qué tiene eso de raro? ¿Crees que prefiero pasar esa fecha contigo o con mi abuela? En realidad, mi abuela seguro que quiere que la pase contigo, pero bueno, ella ya sabes que debe de estar planeando qué nos va a regalar para la boda – dijo divertido.
- Pero…
- Lo que me preocupaba era estorbarte, la verdad.
- ¿Estorbarme? – aquello le reconectó la cabeza rápidamente.
- Sí, no sabía si aprovechando las fechas estaría Ryo aquí…
- Ah… Eso…
Desvió la mirada, siendo ella ahora la que decidió avanzar unos pasos más por el parque al que había llevado a su amigo. Seguramente ella también lo hubiera esperado, pero, como siempre, había otras cosas más importantes. No le había molestado tanto como debería de haberlo hecho, tenía que admitirlo. No estaba segura de hasta qué punto el no estar enfadada por ello le parecía normal. Mimi, sin ir más lejos, estaría pensando en ir personalmente a Tokio y mandarlo de una patada a la bahía. Pero ella no, ella simplemente lo había aceptado y ya estaba. Como si… ¿no le importara lo que debiera importarle?
- Está con la residencia. Tiene demasiado qué hacer – acabó por decir.
- ¿Y los demás no? – no se iba a cortar ese tipo de comentarios con su amiga.
- Ya sabes lo… importantes y respetados que son los médicos en…
- No – la cortó-. Ni hablar. Jou se iba de vacaciones un fin de semana con la futura Sra. Jou.
No se echó a reír como haría en otras ocasiones por cómo había llamado a la pareja del amigo de ambos. No lo había dicho tampoco para eso y ella lo sabía, por lo que se limitó a encogerse de hombros.
- Míralo por el lado bueno, así puedo hacerte de guía turística personalizada. Ya verás cómo te va a gustar la ciudad. Y sí, te estoy cambiando de tema, así que hazme el favor de no insistir, ¿quieres? – dio unos pasos hacia él, enganchándose a su brazo, cosa que jamás habría hecho en Tokio-. Ahora, ya que voy a tener el honor de tenerte conmigo unos cuantos días vamos a irnos a casa para que descanse y puedas dejar tus cosas en alguna parte… Ya tendremos tiempo de ver cosas. ¿Te parece bien?
- ¿Tengo opción a protestar? – cedió con el cambio de tema, no queriendo insistir demasiado en aquel momento.
- No, no tienes opción. Así que venga, que tenemos un buen camino de vuelta… No me fío de las nubes esas que se acercan.
Taichi levantó la mirada hacia donde ella señalaba, dándose cuenta de que, efectivamente, parecía que iba a acabar lloviendo y no tenía pinta de que fuera a tardar mucho. Asintió antes de echar a andar al lado de su amiga dejando que fuera ella la que guiara. Habían llegado hasta allí caminando para poder dar un paseo, pero no tenía pinta que pudieran hacerlo para volver.
- Oye… ¿por esa zona metro o algo así hasta tu casa?
- Pues… No, al menos no que nos compense. Esto está apartado y… Yo no vivo precisamente en el centro. Pero si quieres podemos coger un taxi…
- No no… Que no me da el presupuesto para tanto – acabó por decir riéndose antes de acelerar el paso entonces.
