Disclaimer: El universo de Harry Potter, su historia, así como todos sus personajes pertenecen a J.K. Rowling. Esta historia está escrita sin ningún fin lucrativo.
ADVERTENCIA: +18. Escenas de sexo explícitas, relación homoerótica, BDSM(Bondage, Disciplina, Sumisión, Sadismo, Masoquismo)
Prólogo:
Descubriéndole, descubriéndose.
Este no había sido su mejor plan, lo había asumido desde el principio pero Draco estaba harto, y quería saber. Saber en qué estaba metido Potter, saber porqué no paraba de mirarle, porqué le perseguía, saber en qué pensaba cuando clavaba sus ojos verdes en él tan fijamente.
Así que esa noche había decidido que él sería el perseguidor y Potter el perseguido.
Había estado organizando cuidadosamente su plan. Le había estado observando con disimulo durante la cena, donde Potter había parecido perfectamente normal, como si no tuviera nada que ocultar, riendo y charlando con el resto de Gryffindor. Cuando todo el mundo había desaparecido en sus habitaciones, Draco había aprovechado su posición de Prefecto para recorrer los pasillos, convenientemente cerca de la torre de los leones. Sabía que el moreno tarde o temprano saldría de su habitación, o esa es lo que había escuchado de la boca de Weasley, acusando a su mejor amigo de que siempre se escabullía por las noches. Draco nunca se había alegrado tanto de que Weasley fuera una bocazas.
Pero Potter no era fácil de localizar. Draco debería haberse dado cuenta de eso antes. Había dado ya su tercera ronda por todo el castillo, sin una pista del moreno, y casi se había dado ya por vencido.
Suspirando, había avanzado por un pasillo que estaba sumido en la más profunda oscuridad, se le pasó por la cabeza lanzar un lumos pero pensó que si por alguna casualidad de la vida Potter estaba cerca, seguramente se alertaría por la luz así que rebuscó en su túnica hasta dar con la Mano de Gloria, la sostuvo a la altura de su pecho con la vela iluminando el pasillo. Miró a su alrededor, maldiciendo interiormente. Ni si quiera sabía en que zona de Hogwarts estaba.
Avanzó pensando en qué maldición sería la mejor para hechizar a Potter, y no ir a Azkaban en el proceso, cuando un ruido le alertó. Draco se detuvo y su cuerpo se tensó instantáneamente, su respiración se hizo superficial y casi sentía los latidos de su corazón en la garganta. Miró a su espalda, por el recorrido de pasillo que había avanzado. Sabía que la Mano de Gloria podría iluminarle el camino solo a él, y que otra persona difícilmente podría ver algo, pero de lo que no estaba seguro es de si esa oscuridad era suficiente como para poder ocultarlo. Se mantuvo en silencio, con su mano izquierda sujetando la Mano, y la otra viajando instintivamente hacia su varita. Esperó unos segundos eternos, sin ver a nadie aproximarse por el pasillo. Estaba a punto de continuar con su camino, cuando volvió a escuchar otro sonido.
Esta vez pudo distinguir que el sonido se escuchaba más bien amortiguado. Giró sobre sí mismo, hasta que dio con una puerta que daba a un aula en desuso. Draco se acercó a paso cauto hacia la puerta, fijándose en que esta estaba entreabierta. El rubio reconoció a la perfección el siguiente sonido que escuchó. Era un gemido. Y no precisamente uno de terror. Notó como sus ojos se abrían sorprendidos, y sus mejillas se calentaban. Estaba a punto de darse la vuelta y desaparecer de ahí cuando un susurro le congeló en su sitio.
—Harry, por favor.
Era un chico, aunque su voz sonaba aguda y ahogada. Miró otra vez la puerta, con los ojos anchos y la boca entreabierta. Tragó saliva con dificultad, preguntándose cuántos Harry's habían en el colegio. A esa hora, no muchos. Dio un paso incierto hacia delante, movido por una gran cantidad de curiosidad, y observó por la rendija de la puerta.
La escena le dejó en blanco.
Efectivamente había un chico, rubio y desnudo, al menos hasta donde él llegaba a ver. Estaba inclinado sobre una mesa, con el torso pegado a la superficie y la cabeza echada hacia atrás. Podía ver las manos de otra persona vagar por su espalda, y aunque no alcanzaba a vislumbrar quién era, sabía que se trataba de Potter.
Pero sin duda, lo que le había dejado con la mente entumecida, fue ver cómo las manos del rubio se encontraban atadas con una cuerda a una de las patas de la mesa, dejándole totalmente inmovilizado.
—Oh, Draco.
Su cuerpo se quedó tan rígido como la piedra de las paredes, los latidos de su corazón se detuvieron y el aire se quedó atrapado en sus pulmones. Por un momento se alarmó ante la posibilidad de haber sido descubierto, pero al instante lo descartó. Era imposible que le hubiera visto. Aún así, se obligó a sí mismo a dejar de mirar, y echarse hacia atrás.
— ¿Qué?— escuchó que preguntaban desde dentro. Draco quería preguntar lo mismo.
¿Qué?
— Yo... lo siento mucho.
Parpadeó sorprendido. No sabía que era lo que le tenía más abrumado, si lo que había visto o lo que acababa de oír.
— Acabas de llamarme...— el chico se detuvo, como si no pudiera asimilarlo— ¿Te gusta Malfoy?
— Lo siento, de verdad— se volvió a disculpar Potter, sin responder a la pregunta del otro, aunque estaba clara la respuesta.
¿Ni si quiera le iba a dar una explicación? ¿Una excusa, aunque fuese barata?
— Mira Harry, me gustas mucho, pero comprenderás que no puedo besarte mientras piensas en otro. Esto casi roza lo humillante.
— Lo siento.
— Será mejor que lo dejemos aquí.
Draco no escuchó ninguna voz más después de eso, pero se percató en que la pareja de dentro se estaba moviendo, así que supuso que alguno de los dos iba a salir del aula. Retrocedió rápidamente, alejándose de la puerta y pegando se espalda a la pared, lanzándose a sí mismo un hechizo desilusionador, y rezó para que la oscuridad que había en el pasillo y el hechizo fueran suficientes para ocultarlo.
Cuando la puerta se abrió, un chico alto y con el rostro compungido salió de dentro. Draco no lo reconoció, pero pudo ver que era de Revenclaw. Lo siguió con la mirada hasta que desapareció por el pasillo, y suspiró con alivio al ver que no le habían descubierto.
Dirigió sus ojos hacia dentro del aula, aprovechando que la puerta había quedado abierta, encontrándose a un Harry Potter apoyado en un pupitre, con el cabello alborotado, la túnica en el suelo y la camisa descolocada. La saliva se atascó en su garganta, apreciando el torso desnudo del moreno, su ceño fruncido y cómo su manos jugueteaban con la cuerda que momentos antes había estado atada a la mesa.
Por un momento, se preguntó qué se sentiría tenerla atada en su muñeca.
El pensamiento apabulló con fuerza, dejándole abrumado. Apartó la mirada de Potter, y pronunció sin sonido un hechizo silenciador en sus pies para darse la vuelta y desaparecer de allí. Empezó a correr cuando se aseguró de estar lo suficientemente lejos y se encaminó directamente hasta su habitación. Intentó no hacer ruido, aunque sus jadeos eran sonoros y el temblor en sus manos le impedía realizar simple acciones con eficacia.
Se tumbó en su cama sin desvestirse, con el cuerpo rígido y los latidos de su corazón retumbando en sus oídos por la cantidad de sangre que bombeaban en ese momento. Tragó saliva, cerró los ojos y se forzó a respirar calmadamente. Se estiró sobre el colchón, intentando relajar sus músculos y no pensar en nada. Era difícil, porque su cerebro estampaba empeñado en reproducir una y otra vez la imagen del chico atado y el gemido de Potter. Se quejó en silencio, abriendo los ojos y dándose la vuelta para hacerse un ovillo. Sus ojos cayeron inmediatamente en las cuerdas que sujetaban las cortinas de su cama y su piel se estremeció cuando se imaginó a sí mismo ahí, atado...
—Joder —susurró bajo su aliento, notando como toda la sangre de su cuerpo se dirigía a su entrepierna.
Sacudió la cabeza, apretando los párpados con fuerza y rechinando los dientes. Cerró las cortinas, conjuró un muffliato y enterró su rostro en su almohada para ahogar un grito.
En ese momento maldijo no poder lanzarse un obliviate a sí mismo.
Esa noche no durmió bien. De hecho, no durmió en absoluto, así que se alegró cuando el sol empezó a despuntar el cielo, porque entonces podría levantarse, ir a clase y hacer ver que no había pasado nada.
Su plan falló en el momento en el que entró en el Gran Comedor y sus ojos escasearon la mesa de Gryffindor para detenerse automáticamente en Potter. Sintió que se sonrojaba, lo que le hizo odiarse y odiar aún más al niño-que-vivió.
Se sentó en su propia mesa, fijando su atención única y exclusivamente en su desayuno. Escuchó a medias el monólogo de Pansy, y fingió una risa con las bromas de Blaise. Apretó el tenedor entre sus dedos cuando captó de reojo que el trío dorado se levantaba para irse del comedor. Lo intentó con todas sus fuerzas, pero antes de que pudiese reflexionarlo, su atención ya se habían desviado hacia Potter.
Los ojos verdes Harry le miraban con tanto odio que por un momento se quedó aturdido. No sabía qué debía haber esperado, pero se llamó idiota a sí mismo cuando supuso que el moreno se comportaría de manera diferente.
Tal vez lo había soñado. Quizás solo había sido producto del cansancio y de su imaginación, porque a la vista estaba que Harry Potter no podía sentir nada mínimamente hacia él que no fuese aversión.
Frunció el ceño, y fulminó con la mirada al otro, como tantas veces había hecho.
Aunque hubiese sido un sueño, Draco no pudo negar que, en medio de la oscuridad de esa noche, una parte de él había quedado trastocada.
¡Hooooooa gente amable que se pasa por aquí a leerme!
Bueno, como ya habréis notado (o no, porque tal vez es la primera vez que leéis esta historia), he cambiado este capítulo.
He estado reflexionando mucho sobre qué quería hacer con esta historia. Cuando la escribí en su momento, pensé en hacer un fanfic ambientado en el Harry Potter y el Misterio del Príncipe pero luego pensé que sería demasiado pesado porque tendría que adaptarme al cánon y eso me condicionaría demasiado. Luego pensé en escribir sobre un "octavo curso" pero eso ya está demasiado visto, y no se me ocurría ninguna idea.
Y luego escribir "Liberación" una historia que fue parte de un festival y que escribí a toda prisa para poder publicarla a tiempo. He de reconocer que no me siento nada orgullosa de ese fic, porque tenía muchas ganas de escribir algo así, pero en ese momento no lo supe desarrollarlo como a mi me hubiese gustado. Es decir, es un fic BDSM sin lemon (¿Hola?). Pensé muchas veces en editarla y dedicarle su tiempo para escribirla correctamente, pero luego concluí que era mejor dejarla así, para recordarme mis errores y no volver a caer en ellos.
Y os preguntaréis porque estoy contando todo esto. Bien, he decidido resarcirme con esta historia. Estará ambientada en el mundo del BDSM, el cual siempre me ha llamado la atención aunque no tenga ganas de practicarlo nunca en mi vida, pero es algo que mi mente cree llamativo, así que me voy a sumergir en ese mundo, voy a documentarme, leer y luego intentaré escribir una historia lo suficientemente decente. Por eso le he dado un giro a este primer capítulo y así perder continuar con la historia. (No sé porque estoy siendo toda seria y madura en esta nota. Me voy tres días al fandom de HP en inglés y mirad cómo vuelvo)
En fin, voy a trabajar en ello, y cuando tenga algunos capítulos de la historia, empezaré a publicarlos.
¡Nos leemos pronto!
