Dando por perdida la guerra con ella sobre que dejara las cosas y no lo ayudara a recoger, optó por no protestar y por hacer lo mismo que ella. Ya sabía con quién se la estaba jugando y sabía que era perder el tiempo. Fuego cogiendo los vasos que encontraba por el camino, apilándolos así para ir a dejarlos a la cocina junto con todo lo demás. Se quedó mirando hacia un par de bolsas de aperitivos que habían quedado abiertas, cogiéndolas con él de la que volvía hacia el salón.
- Si quieres podemos pedir algo para cenar porque de eso sí que no tengo – le dijo dando por sentado que la iba a encontrar todavía en el salón, dándose cuenta de que no había nadie.
Tardó unos segundos más en ubicarla de nuevo en la pequeña terraza. Parecía que ella había descubierto uno de los motivos por los que se había mudado a aquel apartamento, tenía unas vistas a la bahía que lo habian convencido. Mantuvo la vista en ella tras posar las bolsas, observándola, sonriendo. Le gustaba tenerla en casa aunque fuera solo un rato después de tanto tiempo fuera. Caminó hasta llegar a dónde ella, notando el frío.
- Vas a quedarte helada – le dijo antes de colocarse un par de pasos por detrás de ella.
- La vista merece la pena – contestó no pudiendo más que darle la razón dando un respingo por el frío, quedándose apoyada en la barandilla.
- Yo luego no te aguanto el drama porque te hayas resfriado – bromeó terminando por acercarse del todo y rodearla con los brazos desde la espalda.
La pelirroja sonrió al sentirlo, ajustándose a su contacto con rapidez, soltándose algo más de la barandilla para usarlo ahora a él de apoyo. Casi sin darse cuenta fue entrecerrando los ojos lentamente hasta dejarlos del todo cerrados.
- Vale, retiro lo de negarte las atenciones si te me pones enferma – le dijo divertido al notar su reacción, aprovechando para cerrar con algo más de fuerza los brazos en torno a ella.
- Ah muchas gracias – le contestó dejando ir una leve risa-. Eres un odioso, que lo sepas.
- ¿Yo? – bajó la cabeza hasta dejarla apoyada encima de su hombros-. ¿Y se puede saber por qué?
- Porque te he echado mucho de menos este último par de meses.
La observó unos segundos, ladeando levemente la cabeza para poder hacerlo. Sin duda se había dado cuenta de que había hecho referencia a aquel periodo de tiempo que llevaban sin verse. Quizás lo dijera simplemente porque era eso, el tiempo que habían estado sin verse, o quizás porque era un tiempo que había podido dar un enfoque totalmente diferente a la relación entre ambos. Sintió un pinchazo en la boca del estómago ante esa idea, quedándose en silencio unos segundos.
- Yo también – le contestó bajando el tono lo suficiente para aprovechar la cercanía.
Estaba casi seguro de que ella no le había dicho aquello con segundas intenciones, pero, su cabeza sí que lo había hecho. Aprovechó que ella tenía los ojos cerrados para entretenerse en observarla tan de cerca, su gesto relajado y sus facciones. Casi sin darse cuenta se acercó algo más ella rozando así con la punta de su nariz la suave piel del cuello de ella. Al tenerla agarrada por la cintura pudo otra como ese gesto conseguía que se le cortara la respiración. Sonrió al notar esa reacción, moviéndose hasta llegar a la altura de su oído.
- Sobretodo durante estos dos meses – y él sí que lo estaba diciendo con segundas.
Pudo sentir perfectamente el escalofrío que sus palabras provocaban en ella, sonriendo sin poder evitarlo. Mentiría si dijera que no había vuelto a pensar en lo que había pasado entre ellos dos una vez que se hubo ido de París. ¿Cómo no iba a hacerlo? Lo que pasaba era que había tenido la suerte de no darle más vueltas de la cuenta. Más lo que le había provocado habían sido ganas de tenerla otra vez cerca. Aquello también lo había llevado a preocuparse por las consecuencias de haber pasado esa línea tal y cómo lo habían hecho. ¿Iba a acabar pasándole factura sentimentalmente? Había tenido un par de meses para pensar en ello y decidir que no, que seguía queriéndola muchísimo como lo había hecho toda su vida sin ir más allá. Solo que en aquella ocasión había descubierto algo diferente a la primera vez que habían estado juntos. Ahora sabía lo bien que funcionaban tan bien fuera del dormitorio como dentro. Y debía de admitir que se había pillado teniendo ganas de volver a tenerla cerca. Y en aquellos momentos era exactamente como la tenía.
Movió sus dedos sobre su cintura, muy suavemente, buscando poco a poco encontrar por dónde colarse, dando con el borde de la camiseta y pudiendo asi darle una caricia en la cintura sobre la propia piel.
- ¿No se supone que habíamos quedado en que lo que pasaba en París se quedaba allí? – le dijo ella, revolviéndose para poder girarse y enfocarlo de frente.
- Bueno, eso también lo dijimos allí, así que también se puede haber quedado ahí – la dejó moverse, observándola por si acaso estaba metiendo la pata.
Esperaba no equivocarse y conocerla tan bien como para saber interpretar la forma con la que lo estaba mirando. Le dedicó la mejor de sus sonrisas, confiado, estudiando sus gestos y comportamiento. Estaba mirándolo de la misma forma en la que lo había hecho cuando había salido de la ducha el día de su llegada en aquellas vacaciones de Navidad.
Y la confirmación de que no se equivocaba llegó en la misma que entonces, con ella adelantando la cabeza hacia él. Echó el cuello hacia atrás para no dejarla alcanzarlo, volviendo a sonreírle.
- Como te estés riendo de mí vas a estrenar el nuevo apartamento volando por la ventana… - le dijo confusa.
- Sería justo – contestó riéndose-. No, solo quiero hacerlo yo esta vez.
Arqueó una ceja, no esperando esa salida de él, pero notando que la soltaba para poder posar su mano en su rostro para atraerla hacia sí. No protestó, dejándolo hacer y colaborando en dejarse mover hasta que la besó. Se adelantó para poder quedarse abrazada a él, maximizando así la cercanía entre ambos, dejándolo aún tener las manos en sus mejillas aún.
La sintió dejar escapar el aire y luego quedarse con los ojos cerrados aunque ya se hubiera separado de él, cerrando algo más sus brazos en torno a él para quedarse más pegada. Se entretuvo unos segundos más en acariciar sus mejillas antes de empezar a mover sus manos por su cuerpo hacia la cintura.
- ¿Cómo de terrible le parecía a tu madre si te quedas aquí esta noche? – le murmuró.
- No creo que contara conmigo hoy – admitió, revolviéndose para poder sacar sus brazos de debajo de los de él y acabar por echárselos al cuello.
- ¿Quieres quedarte? – aquella era la pregunta que realmente importaba.
- ¿No estaremos metiendo la pata demasiado? – contestó, levantando la vista hacia él.
La miró, sorprendido, teniendo miedo de repente a estar metiendo la pata con ella. No se lo había parecido cuando se había girado, ni incluso en aquel momento de no haber sido por sus palabras.
- ¿A qué te refieres? – le preguntó.
- Por nada de este mundo querría estropear las cosas contigo.
- ¿Y qué te hace pensar que esto sí podría hacerlo?
- Pues… tú y yo hemos pasado por mucho juntos, lo mires por dónde lo mires. ¿No te da miedo poder confundir las cosas?
- ¿Qué se supone que iba a confundir yo contigo? – dejó ir una leve risa, observándola-. Sé lo que me quieres decir, Sora. Pero mira, por el momento lo que te puedo decir es que no te veo de ninguna manera diferente a cómo lo hacía antes de Navidad.
Y no podía hablar más en serio. No necesitaba haber pasado unos días a solas con ella en la otra punta del mundo para montarse ninguna película extraña en su cabeza. Sin embargo, no la dejó decir nada más, volviendo a hablar.
- Si lo dices por Ryo…
- No, no lo digo por él – negó con la cabeza-. Pero, ¿qué pasa si confundimos las cosas y dejo de verte como lo hago ahora mismo?
- ¿Tan malo sería eso?
- Claro que no, idiota… Lo que quiero decir es que…
- Sora, sé lo que me quieres decir. Tienes miedo de que se nos vaya la cabeza, confundamos sentimientos y acabemos sin mirarnos a la cara. Bueno, has tenido dos meses para darle vueltas a eso, ¿ha pasado? Yo diría que no. Y por mi parte te digo que tampoco.
Simplemente le había encajado perfectamente en la cabeza. No tenía demasiado claro cómo había podido pasar aquello, pero no le había dado vueltas en ese sentido. Al menos no demasiadas antes de conseguir llegar a la conclusión que acababa de darle.
- Pero la invitación a cenar sigue en pie y te dejo escoger a dónde pedimos – se acercó a ella ahora con la intención de darle un beso en la mejilla y dejarla escaparse.
- Oye, ahora no me cambies de tema – le dijo, cerrándole la mano sobre la ropa para que no se le escapara-. Lo de la cena podemos dejarlo para más tarde…
Arqueó una ceja al escucharla, estudiando su gesto para terminar de entender lo que le decía. A pesar de que estaba hablando con alguien a quien conocía más que de sobra, cuando estaban en momentos así no estaba del todo seguro de lo que ella podía querer. Por suerte, también ella lo conocía más que de sobra, y la cara que estaba poniendo lo delataba bastante. Se estiró, poniéndose de puntillas y ayudándose de sus brazos al cerrarlos de nuevo tras su cuello.
- ¿Necesitas ganar tiempo para pensar a dónde quieres pedir? – le dijo, bromeando.
- ¿En tan poca estima te tienes? – ladeó la cabeza, sonriendo divertida.
- ¿Me estas provocando?
- Tómatelo como quieras…
ElenaAA23: pues si te digo la verdad estoy aprovechando que la página no hace el idiota para dejar subidos estos capis no vaya a ser que nos la lie otra vez.
Y así aprovecho un poco para dejar un poco más clara la dinámica de estos dos, que ya sabes que yo andaba con el comecome en la cabeza de dejar claro que la situación, evolucione en el sentido en el que evolucione, era algo mutuo. Es una de las cosas que menos me gustan de muchos ff de este tipo porque siempre lo enfocan desde el punto de vista como que él estaba pilladísimo de ella y ella se aprovecha de la situación o bien que tiene que ser ella la que lo busca. Pues mira, no, aquí la culpa de los dos y bien orgullosos todos de ella.
Si es que Ryo... Aquí... la batalla el pobre la tenía más que perdida porque es que no la tenía ni empezada... Pobrecito. ¡Un bico grandote!
Nadaoriginal: jajajaja eso dicen sí, así que tenemos que seguir planteándonos cómo es que Takeru sigue vivo en "la actualiadad" porque con las que anda liando por ahí la verdad es que es todo un logro. Tiene una buena habilidad para la supervivencia a pesar de que nadie apueste por él.
Y la verdad es que la página suele avisar de estas cosas si sigues mis publicaciones, pero, en caso de que no lo hagas, sí que lo puse jajajaja Cuando llegó el momento lo dejé por ahí comentado jajaja No te habrás fijado. La verdad es que esto lo tengo escrito desde el primer confinamiento y esta esperando al momento justo para sacarlo a la luz y explicar que Taichi no es que esté loco, es que tiene sus motivos para ponerse especialito con un tema que, aunque a tiempo presente no sea cierto, sí que lo fue en su momento.
No te digo más que bienvenido a bipolarizar conmigo por aquí jajajaja ¡un beso!
