N.A:
¡Hola!
Soy nueva por aquí, nunca he publicado nada, así que lamento si soy algo torpe. Había olvidado dejar nota en el primer capítulo, por último para presentar el fic, pero se me fue… ups.
Si ven algún error o quisieran hacer alguna crítica a la historia, no duden en comentar ¡estaré encantada en responder! Me ayudaría seguir avanzando, moldeando y proyectando mucho mejor la historia.
Más que nada, quería agradecer por sus reviews, ¡no tienen idea cuanto! Espero que les sigan encantado la historia. La verdad es que originalmente iba a ser un three-shot, pero se me ocurrió un par de ideas en el camino, así que el fic va a ser un poco más largo de lo que pensé.
Tenía planeado subir todos los jueves, pero no me alcanza el tiempo para escribir. Lo siento
De todas maneras, si me tardo dos o tres semanas en subir un capitulo, será un día jueves. Lo sé, no tiene mucha lógica, aun así espero que ayude en algo en mi desorden :P
Sin más que agregar ¡espero que les guste!
-GodaX
Su corazón bombeaba fuertemente mientras corría por el patio de la escuela. Sus mejillas estaban rojas por el cansancio, pero no se detuvo, tenía que esconderse antes de que la viera. De pronto, al llegar a una esquina, se encontró con un estrecho callejón algo oscuro, pero no se detuvo a pensar mucho antes de adentrarse y esconderse detrás de un contenedor de basura, era lo suficientemente grande para ocultar su pequeño cuerpo. Se agachó para mayor seguridad de que no la encontrase. Aún seguía respirando con dificultad por el maratón, habiendo recorrido prácticamente todo el patio, pero poco le importaba.
Agudizó su oído, esperando algún indicio de que él estaba cerca… pero solo escuchaba los gritos y las risas de los otros niños que jugaban en el patio. Al parecer se encontraba sola en ese costado de la escuela.
Ya más tranquila, miró con ojos curiosos el callejón en el que estaba. Pareciera que ningún alumno haya pasado por ese lado de la escuela, por lo menos no desde hace mucho tiempo, recién era consciente del hedor que provenía de ese lugar, especialmente al estar al lado de un basurero.
Con su mano pequeña se tapó parte de la nariz y boca, para aguantar el olor nauseabundo. Por nada del mundo se movería de allí, ese es el lugar más recóndito en el que nadie se le ocurriera pensar que estuviese escondida. Siguió mirando con sus enormes ojos jades, las paredes estaban mohosas y cubiertas con un algo espeso que no sabía definir muy bien. A pesar de estar al lado del basurero, procuró no rozarlo y mantener cierta distancia, una en que el olor y la suciedad no la impregnen, y otra en ser lo suficientemente discreta para que no vaya a verla.
Hasta que lo escuchó…
Era apenas un imperceptible ruido, como el de una pisada, al límite del callejón. Alguien estaba cerca…
Se quedó quieta como una estatua, aguantando la respiración, sin hacer ningún minúsculo ruido. Aun con su pequeña mano en la boca, colocó la otra encima de ella para evitar cualquier siseo que pudiera ponerla en riesgo.
Volvió a agudizar su oído, pero ya no escuchaba nada, solo los demás niños jugando, pero no encontró más indicios de que fuera él, aun así no se arriesgó a soltar la respiración hasta estar segura…
¡RING! ¡RING! ¡RING!
El estrepitoso ruido le sacó un buen susto, haciéndole soltar un chillido. Se tapó la boca con fuerza, rezando que el timbre de la escuela fuera lo suficientemente fuerte para amortiguar su chillido. Escuchó con atención, el ruido de los niños, que se fue apaciguando con forme entraban a las aulas.
Aún tenía tiempo, si fuera lo suficientemente rápida para correr a su sala, solo entonces…
– ¡TE ENCONTRÉ! – gritó un chico. Había aparecido frente a Sakura de repente.
– ¡AHH! – Sakura soltó un grito de puro susto. Se irguió con sorpresa mirando a la persona que, con tanto esmero, evitaba que la encontrase – ¡Naruto! – exclamó, aun con el corazón en la mano. Él, sin embargo, comenzó a reírse a carcajadas de la expresión asustada de la pelirosa, que, sin duda alguna, no se lo esperaba.
Sakura seguía entre asustada y asombrada. El rubio estaba frente a ella riéndose a carcajadas con los brazos en sus costillas, luciendo más bajo de lo que era. A sus escasos seis años, Sakura era más alta que él, eso lo usaba a su favor cuando se molestaba, así podía golpear su blonda cabeza… como ahora.
– ¡Jajajajajaja- Hey! – Naruto se sobó la cabeza ante el duro golpe de Sakura, que lo miraba con las cejas fruncidas, clara muestra de su enojo por el rubio.
–No debiste asustarme así ¡tonto! –lo reprendió. Ya más repuesta del susto, lo observaba con los brazos en jarras, aun con las cejas fruncidas y una mueca adornaba sus labios.
Naruto por su parte, a pesar por el chichón que comenzaba a formase en su cabeza, no pudo evitar una gigantesca sonrisa. –Es que no pude evitarlo Sakura-chan ¡estabas muy bien escondida! –
–Sí, bueno– dijo Sakura con incomodidad.
Para empezar, estaban jugando a las escondidas. Esto no tendría relevancia alguna si no fuera por el motivo del esmero que hizo para que no la encontrara… y por supuesto, Naruto lo sabía, de ahí su burla.
–Perdiste– afirmó el rubio con una sonrisa de victoria. –Ya lo sabes, este sábado almorzaremos en mi casa ¡dattebayo! – exlcamó con un puño al aire.
Y eso era lo que quería evitar.
No tenía inconveniente almorzar con él si no fuera por…
–hmm…–
Sakura miró a su izquierda para ver al dueño de ese monosílabo
Parado a orillas del callejón estaba Uchiha Sasuke, el mejor amigo del rubio. A diferencia de Naruto, él es ligeramente más alto que ella, pero no menos intimidante, especialmente con esos ojos negros que la miraban fijamente, como si no le gustase su presencia.
Al chocar con sus ojos, Sakura corrió la mirada de inmediato y la fijó en Naruto, que aún la miraba con una sonrisa.
Nunca le gustó que la mirase de esa forma tan intensa, por lo que simplemente pasaba de él y se concentraba en jugar con Naruto. Pero esta vez era la excepción.
Había hecho una apuesta con el blondo, ya que ella rechazó la invitación de Naruto en ir a almorzar a su casa. No era nada contra él por supuesto, era contra su amigo. Sabía que no era de su agrado, y tampoco del suyo ha de ser sincera, pero él iba a estar presente en la casa del rubio, y no creía de soportar que la mirase con esos ojos negros, ya tenía suficiente en la escuela como para tener que aguantarlo en la casa del rubio. Por lo que se negó rotundamente a ir a la casa de Naruto si Sasuke iba.
Por supuesto, Naruto no lo iba a dejar de lado, era su amigo mucho antes que ella, así que el blondo le propuso un reto. Era básicamente un juego, tenía que esconderse y no ser encontrada durante todo el recreo y, una vez que suene el timbre, deberá ir inmediatamente al salón de clases, ese sería la "base" donde se salvaría, y no tendría que ir a la casa del rubio, pero por el contrario, si él la encontrara antes, ambos, tanto Sakura como Sasuke, deberán ir a su casa ese mismo sábado.
Es por eso que estaba en esa situación. Lo único que tenía que hacer era esconderse y no dejarse ver hasta entrar al salón de clases después del recreo, muy simple. ¡Y es que estuvo tan cerca! ¡Unos segundos más y hubiera corrido hasta llegar a su meta!
– ¡Teme! Adivina qué, ¡he encontrado a Sakura-chan! – exclamó el rubio con la alegría bailando por todo su rostro.
–Puedo verlo. – observó con los brazos cruzados.
Sus palabras estaban cargadas de desdén. Sakura pudo notarlo por la manera en que la miraba desde pies a cabeza. Este hecho la molestó, pero como siempre, optó por ignorarlo y no darle la satisfacción de contestarle.
Volvió su atención al rubio, que por su ingenua sonrisa, comprendió que él no había notado el tono despectivo de su amigo.
–No iré– sentenció Sakura con los brazos en jarras y las mejillas infladas. Ya no importaba que hubiera perdido, no estaría en casa de Naruto con el pelinegro al lado.
– ¡No puedes retractarte! ¡Hicimos un pacto! Perdiste, tienes que cumplir –dijo Naruto con los brazos en jarras al igual que ella. –Me lo prometiste– desarmó su postura, sus ojos demostraba tristeza, como si estuviera decepcionado.
Eso conmovió a la pelirosa. Era cierto, habían hecho una promesa. Lo juraron, juntando sus meñiques antes que comenzara el reto.
Se sintió avergonzada… ¿Qué clase de amiga era sino cumplía sus promesas?
Poco a poco fue bajando los brazos hasta posarlos en sus costados, con algo de tensión en los hombros. No quería hacerlo, pero se lo debía a Naruto, es su amigo a pesar de todo.
Soltó un suspiro, ya no había nada que hacer, estaba derrotada. Si pudo ignorar al pelinegro todo este tiempo, puede hacerlo un día más. Ese pensamiento la consoló, de cualquier forma estaría Naruto para apoyarla.
Finalmente le sonrió, dando a entender que cumpliría lo dicho.
Naruto hasta entonces decaído, le sonrió de vuelta. Se notaba más contento, giró a donde se encontraba su amigo para decirle que Sakura estaría presente, pero antes si quiera poder hablar, Sasuke lo interrumpió.
–Eres… una molestia– bramó con enojo – una molesta de pelo rosa– Escupió con desprecio. Tenía las manos empuñadas a sus costados, perforándola con la mirada.
Sakura lo miró a los ojos, sorprendida. Era la primera vez que le dirigía la palabra directamente, y para el colmo la insultaba. Sus mejillas se tiñeron de rojo por la rabia acumulada. Ya era suficiente, no se quedaría callada mientras él la trataba como se le diera la gana. Al igual que él, convirtió sus pequeñas manos en puños y giró a su dirección aun mirándolo a los ojos lista para enfrentarlo.
– ¡Nadie me llama molestia! –Dijo con decisión– ¡mucho menos un cubito de hielo! – Sakura lo insultó de la misma manera en que lo hizo él.
Sasuke la observó ligeramente sorprendido, como si no se esperaba que le contestara. Se le veía los brazos tensos por la rabia. Abrió su boca para contestarle de forma mordaz, cuando Naruto interrumpió.
– ¡Suficiente! Basta los dos– Naruto se colocó al medio de ambos, como si fueran a lanzarse contra ellos en cualquier momento.
Sakura pudo ver la preocupación en los zafiros ojos de su amigo. Sabía lo importante que es para él que se llevasen bien, pero eso era imposible, se llevaban como el perro y el gato, y ninguno de los dos quiere dar el brazo a torcer.
Con tristeza, pensó en lo desastroso que iba a ser el sábado en la casa de Naruto, todo el empeño que hizo para que se juntaran los tres se estaba yendo por el drenaje. Lo pudo leer en sus ojos, no quería que se pelearan. Después de todo, ese era el objetivo de juntarse en su casa, que ambos se llevasen bien, a pesar de sus diferencias.
–Lo siento, Naruto– dijo con tristeza. De cierta manera, se sentía avergonzada por su actitud, pero no pudo evitarlo. Ya había lo había aguantado lo suficiente, no podía permitir que la siguiera tratando de esa manera.
El rubio volteo su mirada para ver a su amigo con ojos suplicantes, pero la fría mirada del pelinegro lo decía todo. Él no va a ser quien dé el primer paso. Esto, supuso, que molestó a Naruto, porque lo vio fruncir el ceño y abrir la boca para hablar.
Sakura sabía lo que pasaría. Se pelearían y al final no quedarían en nada, más que tensión entre los tres. Ella no quería eso, él era amigo de Naruto tanto como ella, por lo que si de verdad quería al rubio tendría que demostrarlo, aunque eso signifique dejar su orgullo a un lado.
–Teme eres un…–
–Naruto. – lo cortó Sakura.
Naruto la observó extrañado, sin entender que era lo que pretendía.
Sin embrago, Sakura tomó un hondo respiro y relajó su expresión. Se acercó a Sasuke pasando a un lado de Naruto, hasta posicionarse frente a él.
Por supuesto, él no iba a disculparse a pesar de ser él quien lo inició, así que tendría que ser ella quien diera el primer paso.
–Lo siento… no debí llamarte de esa manera– soltó. La verdad es que su disculpa no fue sincera, después de todo se lo tenía bien merecido, es por eso que no se inmutó por la mirada fría que le dirigía. Tendría que apelar con otro punto, lo único que los unía. –No espero que nos llevemos bien, pero si somos amigos de Naruto, vamos a tener que aprender a convivir juntos… tendrás que soportarme como yo te soportaré a ti–
Eso fue pésimo, pero era todo lo que tenía para ofrecer. No esperaba una reconciliación ni que de repente fueran los mejores amigos, pero sí esperaba, por la amistad que los unía con Naruto, fuera lo suficientemente fuerte como para tratarse sin llegar a los insultos.
–Sakura-chan…– dijo con sorpresa, Naruto.
No lo miró en ningún momento por vergüenza. Prácticamente admitió lo importante que es para ella su amistad, y de lo que era capaz por ello. Hasta soportar a su engreído amigo que, en ese momento, no le quitó la vista de encima, asegurándole que lo que decía iba en serio.
No dijo nada, solo se limitó a observar sus ojos, como estudiándola. Pero no había algún gesto que le pudiera dar una pista de lo que podría estar pensando. Hasta que, lentamente fue abriendo la boca, con cuidado de lo que fuera a decirle.
–No permitiré… que me toques o me jales sin motivos. No iré a tu casa a jugar, las juntas solo serán aquí en la escuela o en la casa de este dobe– hizo un ademán con su cabeza en dirección al blondo, que estaba estupefacto ante lo que estaba pasando como para procesar el insulto– Tampoco permitiré que vayas a mi casa, tú lo dijiste, no somos amigos, así que ni se te ocurra pensar que eres bienvenida. – Sakura no pensaba ni por asomo en ir a su casa, ya de por sí le costaba asumir el hecho de que estarían los dos en la casa del rubio, como para imaginarse pasar por la de él. Y en cuanto a la suya… ni pensarlo – No quiero que me dirijas la palabra, a menos que sea estrictamente necesario… ¿te quedó claro? –
Mantuvo su mirada fija en sus ojos negros, dando a entender que se lo estaba tomando en serio. Tardó unos segundos antes de hablar, pensando las palabras adecuadas para responderle.
–También tengo un par de condiciones– comenzó, si a él le gusta colocar sus términos, bien. Pero ella también tenía los suyos – No quiero que vuelvas a insultarme jamás, y yo prometo no hacerlo contigo…– Vio como Sasuke hacia una mueca ante lo dicho, pero no hizo ningún comentario, por lo que Sakura prosiguió – Si quiero puedo invitar a Naruto a jugar en mi casa, es cosa tuya si quieres unirte o no– solo lo dijo para demostrar que, a diferencia de él, a ella no le importaba su presencia, pero realmente preferiría que no lo hiciera, y al ver su estoico rostro, no le quedó dudas que nunca lo haría – creo que con eso es suficiente… entonces, ¿aceptas? – dijo determinante.
Estiró su mano a su dirección para sellar el trato, pero luego se sintió tonta, porque pensó que él no haría algo así. Grande fue su sorpresa cuando él recibió su pequeña mano con un apretón. Fue brusco y efímero, pero lo hizo a fin de cuentas, dando por hecho el pacto entre ambos.
Sakura fue la primera en romper el contacto visual, para dirigir su mirada en Naruto, que, hasta entonces se ha mantenido extrañamente callado por un largo tiempo. Por poco y olvida que estaba ahí, pero al verlo con la boca abierta y totalmente sorprendido, no pudo resistir el impulso de reírse.
– ¡Jajajajaaja!– tapó su boca con su mano, para amortiguar su risa, sin mucho éxito.
Al final, Naruto reaccionó ante el suceso sonrojado con atisbo de vergüenza en sus ojos, y es que, se notaba que no esperaba que algo así sucediese. Que ambos se pusieran de acuerdo solo por él, demostraba el afecto que sentían por el rubio. Incluso Sasuke, tan tosco y hostil le demostró, a su manera, cuán importante que es para él su amistad.
Sakura paró de reír, para mirar a Naruto con una pequeña sonrisa.
Sabía que esto no es exactamente lo que esperaba el rubio, pero era un avance de lo que quería para un futuro, en el que ambos fuesen amigos.
Lamentablemente para él, nunca ocurriría, no al menos de esa manera. Sin embargo, lo que ocurría allí eran las primeras raíces de un vínculo que se formaría, inevitablemente, entre ambos. Aunque, aquellas raíces tardarían años en crecer, se alimentará de las vivencias y momentos que ocurrirán al pasar el tiempo. Son los recuerdos que vivirán dentro del corazón de uno de ellos que, sin pensarlo, ni ser consciente, irá regando esa semilla en su interior poco a poco hasta que, sin más, nacerá esa planta con un nombre grabado en ella, y ya para entonces, será totalmente irremediable.
Sakura no esperaba que se llevasen bien, ni que fueran amigos realmente. Pero ni por asomo se podría imaginar que con este simple acto tendría una reacción en cadena, que, sin darse cuenta, había plantado esa semilla. Tampoco podría imaginar que tal cosa insignificante, haya echado raíces, y que, algún día, podría ser tan insoldable y tan gigante… No, ella no podría imaginárselo, pero pronto, dentro de algunos años, verá lo que ella misma cosechó sin darse cuenta.
Lo que plantó, ya dio sus primeros frutos, porque el Sasuke actual ya dio el primer paso.
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–Sakura…–
Escuchó un ruido cerca suyo… alguien la estaba llamando.
–Sakura… vamos–
Sabía que tenía los ojos cerrados, pero no quería abrirlos. ¿Estaba soñando?
– ¡Sakura! ¡Despierta! –
No, no quería despertar.
Se removió entre las tibias mantas. Estaba demasiado cómoda como para tan si quiera abrir los ojos. Quería seguir soñando… necesitaba saber…
¡PAF!
Un sonido seco se escuhó en el lugar.
Sakura, sintió que la golpeaban con algo en la cara, era mullido y suave. Aun así le dolió, por lo que, poco a poco fue abriendo los ojos.
Con ojos somnolientos, observó a la persona que se encontraba a su lado.
Su madre, la miraba con las cejas fruncidas y los brazos en jarras, como si estuviera molesta… Bueno, ella siempre estaba molesta. Tenía una almohada a su lado, supuso que con eso la golpeo en la cara.
Hizo una mueca de fastidio y se volvió a acomodar entre sus mantas. Quería seguir durmiendo, quería seguir soñando…
Sintió otro golpe de parte de su madre.
– ¡Vamos Sakura! Levántate, tienes que ir a la escuela. Debiste de haberte levantado hace media hora– la regañó su madre.
–Uhh… – Sakura todavía seguía media dormida, por eso no despabilaba. Pestañó un par de veces antes de intentar sentarse. Miró de nuevo a su madre, que le seguía observando con enojo. Algo no estaba bien, se sentía extraña, era un hormigueo en su estómago, pero no sabía cómo definir ese sentimiento.
–Date prisa Sakura, debes ir a la escuela, ¡tienes tan solo media hora para llegar!– exclamó su madre.
– ¿Ah? ¿Clases? ¡Ah, sí! – por supuesto, era lunes. ¡Se había quedado dormida!
Se levantó rápidamente y corrió hacia el baño, bajo la atenta mirada de su madre. Apenas entró escuchó a su madre gritarle.
– ¡Tienes cinco minutos para ducharte! ¡Cinco minutos para vestirte! ¡Y cinco minutos para desayunar, para que llegues a tiempo! –vociferó.
Soltó un suspiro cansado. Se había dormido tarde, porque se quedó conversando por teléfono con Ino, que no paraba de contarle con lujos y detalles toda la semana de horror que vivió con su familia en ese funeral.
Por su parte, Sakura omitió el encuentro que tuvo con el Uchiha. Realmente, Ino no sabía nada de la situación que ha estado pasando esos últimos meses, no se lo había dicho a nadie en verdad, y es que nunca pensó que él llegaría tan lejos. Es por eso que pensó tomar las circunstancias con algo más de delicadeza, si iba a contárselo a Ino debía hacerlo en persona.
Se miró al espejo. Tenía unas leves ojeras y su cabello era un desastre, pero con un buen baño estaría como nueva.
Se bañó en menos de tres minutos, se vistió en segundos y bajó al primer piso con su mochila.
–Buenos días mamá, siento el retraso– saludó la pelirosa, mientras se acercaba a la mesa del comedor para desayunar.
–Buenos días Sakura. Hoy te levantaste más tarde de lo costumbre– dijo su madre con una mueca.
–Sí, anoche me quedé hablando con Ino por teléfono– contestó Sakura.
Se sentó en la silla y tomó la primera tostada que vio. Tenía amucha hambre y por la hora, no alcanzaría a desayunar completamente. Con pesar miró su tostada, sería lo único que comería esta mañana.
–Toma– su madre le tendía su lonchera con su almuerzo.
–Gracias mamá– dijo con una sonrisa.
–Adentro te dejé un par de tostadas más para que vayas comiendo en el camino– dijo con ternura, mientras le acariciaba la cabeza como a una niña pequeña.
Sakura se sonrojó por eso, ya era demasiado grande para esas cosas, aun así dejó que la mimara unos segundos más antes de levantarse de la mesa.
–Eres la mejor– le dijo a su madre con una sonrisa. Se acercó a besar su mejilla antes de agarrar su mochila y encaminarse a la puerta. –Nos vemos luego– se despidió, abriendo la puerta.
– ¡Esfuérzate mucho en los estudios! – procuró su madre. Pero ya había salido de casa.
Sakura se dirigía a la parada de buses mientras pensaba en el sueño que tuvo.
Era más bien, un recuerdo de su infancia. Fue la primera vez que tuvo contacto directo con Sasuke, claro que no es un lindo recuerdo, ya que ambos se insultaban y peleaban por el rubio. Era irónico de cierta manera, que la razón de su pelea sea la única conexión que los uniera en su infancia. Tampoco es que la haya pasado mal en todo ese tiempo, fue divertido de cierta manera convivir con él, a pesar de su temperamento… pero ya era cosa del pasado.
Pero… se sintió algo extraña al despertar, no sabía cómo explicar esa sensación. Fue como un hormigueo en su estómago, no era desagradable del todo, pero la incomodaba. Era parecido a la nostalgia, podría ser que, de forma inconsciente, extrañara esos tiempos. Después de todo, le encantaba pasar tiempo en la casa del rubio, jugaban toda la tarde y, en ocasiones, su madre la dejaba quedarse dormir a su casa. Claro que fue difícil convencerla, a su madre no le agradaba mucho la idea que fuera a dormir a una casa con dos chicos, pero era de Naruto de quien hablábamos y Sasuke… él preferiría que no estuviese allí. Además, eran solo unos niños, no pensaban más allá de quedarse despiertos para contarse historias de terror o seguir jugando a escondidas, mientras los demás dormían.
Eso y porque Kushina, la madre de Naruto, lo amenazó con confiscar su ramen de por vida si se atrevía a tocarle un pelo.
Si… eran buenos tiempos.
Sin embargo, nunca antes había tenido este tipo de sueños, ni se había tomado el tiempo de pensar en cuanto extrañaba su infancia. Suponía, que el encuentro con Sasuke le había afectado, abriendo una puerta que no tenía idea que existía. No se arrepentía en absoluto, pero le molestaba el hecho de que gracias a él podía estar consciente de ello, tener que pasar por esa… desagradable situación.
Sakura vio a lo lejos el bus acercándose. Calculó que tenía diez minutos para llegar a su primera clase, y el bus se demoraba unos cinco minutos de recorrido. Tiempo suficiente para llegar a la escuela. Se subió al bus apenas se estacionó, le pagó al chofer y se sentó al lado de la ventana.
Todavía seguía pensativa respecto al suceso del jueves pasado. La verdad es que tenía planeado agradecerle en persona al día siguiente en la escuela, pero extrañamente no lo encontró por ningún lado. Incluso no lo vio con Naruto, estuvo tentada en preguntarle donde estaba Sasuke, pero se arrepintió de inmediato. Sería muy extraño preguntar por él, Naruto dejó de tratar de juntarlos hace años, por lo que pensaría cosas… raras como su madre. Aunque es muy raro no verlo, siempre la observa de todas partes, hasta fuera de la escuela, pero ese día, nada… Así que hizo lo que hace meses dejó de hacer, se relajó. Sin histerias ni paranoias por un día. Pero por si acaso, no salió de casa el fin de semana, tan solo para ir a la academia.
De todas formas, tenía que agradecerle correctamente. No tenía prisa, por supuesto, pero preferiría hacerlo lo más rápido posible. La verdad no sentía en absoluto placer en verlo, pero era algo que tenía que hacer por educación. Al menos tenía el consuelo de que hoy al fin vería a Ino, después de toda una larga semana.
Al fin el bus se detuvo frente a la escuela, agradeció al chofer y se bajó.
Se adentró al recinto en dirección a la entrada. Una vez adentro, se encaminó al tercer piso en donde sería su primera clase. Hoy al ser lunes, les tocaba orientación con Kakashi-sensei, por lo que no se preocupó en si llegaba un par de minutos tarde. De todos modos, su sensei siempre se atrasaba en todas sus clases.
Al llegar a su aula, buscó la cabellera rubia de su amiga, que en ese momento, se encontraba inserta en una conversación con la tímida de Hinata. Se acercó a ambas con una sonrisa.
–Hola chicas– saludó con un movimiento de mano.
– ¡Frentona! – Ino la saludó con efusividad y con el característico mote que detestaba. Sakura rodó los ojos.
–H-hola Sakura-chan– la saludó Hinata con una pequeña sonrisa.
Sakura la adoraba. La conocía desde pequeña, aunque nunca habló con ella en ese entonces. De hecho, nadie se le acercaba porque siempre iba al lado de su primo Neji, que parecía más su hermano que primo, por el increíble parentesco. Era un chico serio, muy alto para su edad y demasiado intimidante. La acompañaba a todas partes, excepto en las aulas, ya que iba en un curso más grande, pero en los recreos se la pasaba pegada a ella como un guardaespaldas.
Luego, al entrar a la secundaria, Hinata ya no estaba tan pegada a él, y al estar en la misma clase, comenzaron a conocerse. Descubrió lo tímida y dulce que era Hinata, le costó mucho abrirse con ella, pero con el tiempo se hicieron amigas.
Ahora la veía, con las mejillas sonrosadas y con una pequeña sonrisa. Con esa piel tan blanca como de porcelana, que le hacía lucir como una muñequita dulce y frágil.
Sakura le apretó la mejilla derecha.
– ¡Au! S-Sakura-chan– dijo sorprendida Hinata. Se sobó la mejilla que, ahora, está más roja que antes.
–Lo siento Hina-chan, es que ¡te veías tan adorable! – Se disculpó Sakura con un pequeño sonrojo. A veces soñaba con tener a Hinata de muñeca, para pintarla y vestirla a su antojo. A lo mejor no sería tan mala idea…
– ¡Hey! No me ignoren– reprochó Ino. Había golpeado su pie contra el suelo, al ser ignorada. Sakura sonrió con sorna.
– ¿Te molesta no ser el centro de atención, Ino-cerda? – la acusó Sakura. Ambas siempre se lanzaban motes contra la otra y peleaban con frecuencia. Claro que no eran peleas reales, pero era divertido discutir entre ellas. Además, Hinata siempre hacia de moderador cuando ambas no se ponían de acuerdo y las discusiones se volvían eternas.
Hinata, presintiendo la discusión que se empezaba a formar, habló antes de que Ino fuera a contestarle.
–Ino-chan me e-estaba contando sobre s-su semana en el funeral– tartamudeó un poco. Todavía le costaba hablar con alguien sin colocarse nerviosa. Tenía que trabajar en eso.
–Ah… ¡Ah, sí! Casi lo olvido– habló Ino, como recordando algo – olvidé mencionarte algo ayer– sus ojos brillaron como si quisiera contar un chisme. Sakura ya conocía ese brillito en sus ojos, ese cuando se moría de ganas por contar algo.
–Y eso es…– dejó la frase al aire, para que Ino prosiguiera.
–Es que llevé mi cámara al funeral, porque mamá quería que le sacará fotografías con toda la familia unida. Ya sé que no ve a su familia desde hace mucho, pero ¡era un funeral! No podías simplemente…–
–Ino…– interrumpió Sakura –te estas desviando– le indicó. Era común en Ino, contaba algo y se iba por las ramas.
–Ah… si si, lo siento. El punto es, que no revisé mi cámara antes de empacar– exclamó. Las observó a ambas como esperando alguna impresión en ellas.
–De acuerdo…– dijo con lentitud– no cargaste tu cámara… ¿y? – levantó una ceja con escepticismo.
– ¿No lo entienden? – Se notaba la exasperación de Ino por la falta de emoción en sus caras. Sakura y Hinatan se miraron brevemente antes de posar sus ojos en confusión a la exasperada rubia.
–Ino-chan… no entendemos…– habló Hinata. Ino tomó el brazo de cada una para acercarla más hacia ella, como si estuviera contando un secreto.
–Al encender la cámara y tomar las fotografías, empecé a revisar que tal salieron, entonces… pues, había…– Cerró la boca de repente, dudando de lo que iba a decir.
–Ya, Ino. ¡Habla de una vez! – la alentó Sakura. Ya harta de todo el misterio de la rubia.
–Es que… sé que prometimos no hablar de esto, pero…–Ino suspiró, tomando vigor a lo que fuera a decirles – eran esas fotos, de esa vez– tanteó.
– ¿Fotos de qué? –Sakura la observó todavía, sin entender, a qué es lo que se refería su amiga. Vio como tragaba saliva y como se ponía pálida de repente.
–Eran de… ya saben… la fiesta sorpresa de Hina-chan– habló quedamente.
Y eso fue todo.
Fue como si soltase una bomba en ellas dos. Sakura retrocedió espantada por la confesión de la rubia, poniéndose tan blanca como el papel. Hinata, sin embargo, ahogó un grito con sus manos, con los ojos bien abiertos observando con horror a la rubia.
– ¡¿Y esperaste hasta ahora para decírnoslo?! – exclamó Sakura en voz baja, para evitar que los demás la oyeran.
– ¡Lo siento! ¡Lo siento! De verdad, les juro que no tenía idea de la existencia de esas fotos– Se excusó la rubia, mientras las miraba con culpabilidad.
–Pero… pero…– Hinata no era capaz de hablar de la impresión.
– ¿Viste… las fotos? –preguntó en un murmullo Sakura.
–Alcancé a ver un… par de fotografías, antes de que se apagara la cámara– respondió igualmente en un murmullo.
– ¿Y-Y cómo eran? – habló al fin Hinata. Se notaba los nervios en su voz, la verdad es que las tres estaban conmocionadas por el hecho.
–Solo eran un par de fotografías que se mostraba la cabaña de mi tío…– dijo insegura.
Si no estaba equivocada… Ino se mostraba algo evasiva respecto a las fotos. Quien sabe que cosas vio en esa cámara, después de todo habían acordado de no volver hablar de esa… fiesta.
– ¿Por qué no me contaste por teléfono? – reclamó Sakura.
– ¡No es algo que se cuenta por teléfono! Teniendo en cuenta las cosas que sucedieron…–
– ¡No lo digas! – la interrumpió Sakura, con enojo. No era el momento ni el lugar para hablar de eso.
– ¡Pero no se preocupen! A penas llegue a casa, cargo mi cámara y las borraré ¡lo prometo! – levantó ambas manos mostrando que decía la verdad.
–N-No…– susurró Hinata.
– ¿Ah? – dijo en confusión Ino.
–N-No las borres– dijo en voz queda.
Ino observó a Sakura, preguntándose con la mirada si Hinata dijo lo que acaba de oír.
– ¿Qué? – dijo Sakura. No podía creer lo que estaba oyendo.
–Yo… quiero ver esas fotos– soltó.
– ¿Qué? ¡Por qué querrías ver eso! – clama Ino, con los ojos abiertos. Totalmente sorprendida.
–Es q-que… quiero saber, que s-sucedió esa noche– confesó con timidez. De alguna manera, todas querían saber que sucedió esa noche, pero habían prometido no hablar de eso. Pero resultó que, Hinata fue la más valiente de las tres al admitir su curiosidad.
– ¿Estas… segura de lo que dices? –le preguntó con precaución Ino.
–Si. Sé que en el f-fondo ustedes también quieren saber– dijo Hianta, ya con un poco más de vigor. Sakura suspiró. Quizás, Hinata tenga razón, es mejor salir de la curiosidad y ver lo que pasó esa noche y si no les gusta, al menos ya lo sabrían.
–Bien, supongo que tienes razón. Ino…– Sakura miró a la rubia, que seguía un poco pálida por la situación –Después de clases, iremos a tu casa ¿de acuerdo? –sentenció.
Ino reaccionó, parpadeando un par de veces.
–Ehh… lo siento, no puedo– le respondió.
– ¿P-por qué? – le preguntó Hinata con el ceño fruncido.
–Es que quedé con Sai, no nos hemos visto en una semana, ya saben– respondió, ya más repuesta. Ino nunca lo admitiría, pero cuando nombraba a Sai, sus ojos se iluminaban.
–Nosotras tampoco te hemos visto durante una semana– dijo con enojo Sakura– ¿Por qué con él y con nosotras no? – le recriminó con los brazos cruzados.
–P-porque es su novio– le respondió Hinata en su lugar –Está enamorada, s-solo déjala– dijo con una pequeña sonrisa. Ante esto, Ino se sonrojó. Aunque era cierto, le daba vergüenza que hasta Hinata se diera cuenta de sus sentimientos.
Sakura solo atinó a rodar los ojos. Conocía a Ino como la palma de su mano, sabía que se había enamorado de ese chico Sai, se le notaba en la cara. Pero la única razón por la que no se juntaran para saber algo tan importante como esa condenada fiesta, y solo para ver a su novio, era por el simple hecho de que Ino era una sucia. Hinata era demasiado inocente para verlo, de seguro se imaginaba algo como paseos por el parque, comer helados o sentarse en una banquita mirando el atardecer.
Observó a Ino con los ojos entrecerrados "Eres una guarra Ino-cerda". Supuso que Ino entendió lo que quiso decirle, porque sonrió de manera perversa y sacaba la lengua con burla.
Hinata miraba una a la otra con inocencia, sin entender que se decían con la mirada.
Si Ino iba a decir algo, no ocurrió. Ya que en ese momento entró al aula Kakashi-sensei. Todos los presentes se sentaron en sus puestos para escuchar a su sensei, que los miraba con flojera. Dio los buenos días y sacó un par de hojas arrugadas del bolsillo de su pantalón. Al parecer eran las pautas y recordatorios de los exámenes finales. Kakashi hablaba con aburrimiento, indicando en que aulas se formarían los estudiantes de último año para rendir los exámenes, las fechas y horarios. Y así se pasó la hora, hasta que sonó el timbre de receso. Todos se levantaron con cansancio gracias a las futuras pruebas que, prometían ser nefastas.
Sakura tomó un brazo de cada una para salir rápidamente del salón.
–Bien, nos queda tres clases más y nos vamos– Dijo Ino con desanimo.
–Tenemos que juntarnos para ver…–Sakura carraspeó incómoda– ustedes saben– terminó al fin.
–Es cierto– suspiró Ino– Quizás podamos mañana, ¿les parece? – las observó intercaladamente para saber si estaba de acuerdo. Al ver que ambas asentían a lo dicho, Ino sonrió con determinación– ¡Bien! Si no hay nada más que hablar, me iré con Sai, ¡Nos vemos en el almuerzo! – se despidió con una sonrisa, mientras se perdía por el pasillo con rapidez.
–Bien, supongo que tú vas donde Ten-Ten, ¿no? – le preguntó Sakura, con las manos en sus caderas.
–L-lo siento– se disculpó con un sonrojo– Es q-que le prometí hacerle u-un favor– se excusó.
–No te preocupes– la tranquilizó con una sonrisa– yo iré donde Naruto, por si quieres buscarme– le dijo.
Solo necesitó mencionarlo, para ver como Hinata se ponía de todos los colores. Le gustaba molestarla con eso, se colocaba más nerviosa de lo acostumbrado y se sonrojaba fuertemente, haciéndola lucir más adorable de lo que era.
Hinata siempre estuvo enamorada de Naruto, incluso desde pequeños. Pero era demasiado tímida para acercarse a hablarle, además de que su primo se la pasaba pegado a ella, como para poder entablar una conversación con alguien. Nunca entendió porque su primo la sobreprotegía estando como un guardaespaldas, evitando que otros niños se le acercasen. Se preguntó si su primo sabía que le hacía más daño que bien al proteger de esa manera a Hinata. De todos modos, eso cambió cuando ambas se hicieron amigas en el primer año de secundaria, su primo ya no estaba al pendiente de su sombra, y ella ya podía hablar con quien sea. Al principio le costó mucho abrirse con ella, pero con el tiempo empezaron a entablar una amistad que perdura hasta el día de hoy.
Aún recuerda cuando le contó a Naruto que se hizo amiga de la "chica Hyuga" como así la llamaban en ese entonces. Le impresionó que se hiciera amiga de una chica tan peculiar como ella, pero no lo tomó a mal, al contrario, sintió curiosidad por conocerla, por lo que al mencionársele a Hinata que Naruto la quería conocer, puso la misma cara que hace pocos minutos. Y supo, en ese instante, que Hinata le gustaba a su rubio amigo.
Desde entonces, Sakura aprovechaba cada oportunidad que tenía para dejarlos solos. ¡Se veían tan adorables juntos! Claro que el papel de casamentera se le da mejor a Ino que a ella, pero le valía. De hecho, Ino al enterarse de los sentimientos de Hinata, trató de ser ella la cupido de la "futura" pareja, pero conociendo a su amiga, se negó rotundamente que intentase de hacer cualquier cosa. Ino, en ese aspecto, hay que andarse con cuidado, en ocasiones desata cosas en otros que es mejor mantener guardadas…
En fin… Sakura creyó que sus intentos de casamentera estaban dando resultados, porque el año pasado Naruto le mandaba miradas furtivas a la pelinegra y salieron un par de veces. No obstante, algo sucedió, porque Naruto nunca más volvió a invitar a Hinata salir, de hecho… esperaba que fueran ideas suyas, pero desde hace un tiempo, Naruto pareciera que intentase evitarla por todos los medios. Esto deprimió mucho a la pelinegra, ella creía que Naruto ya no tenía ningún interés en ella. Aun así, Sakura no se rendía, conocía a Naruto lo suficiente como para saber que él no es esa clase de hombre que trata así el corazón de una chica. Es por eso que intentó en varias ocasiones hablar del tema, pero Naruto simplemente hacía oídos sordos, como si no se enterase de nada.
Sakura suspiró, mirando como Hinata subía las escaleras con las mejillas sonrosadas, pero con un tinte triste en sus ojos. Tal parece que ambas estaban pensando lo mismo.
Se dio media vuelta para buscar a su rubio amigo. A pesar de que ambos estaban en el mismo año, asistían en diferentes clases, al menos tuvo la suerte de estar en el mismo curso que Ino y Hinata. Lo mejor, es que no compartía clases con Sasuke, era el único consuelo que tenía respecto a las circunstancias en las que estaba con él…
Y hablando sobre él, no se lo ha topado en todo el día, ni si quiera lo vio el viernes, ¿se habrá aburrido de ella? esperaba que sí.
Con tranquilidad, se encaminó al patio de la escuela, específicamente bajo el árbol en el que siempre se encontraba vagando el rubio.
Y ahí estaba, acostado con los brazos detrás de su cabeza y con los ojos cerrados. Se acercó sigilosamente hacia él sin hacer ni el más mínimo ruido. Estaba a un par de pasos, inhaló profundamente aguantando la respiración.
Uno.
Dos.
Tres.
– ¡DESPIESRTA OXIGENADO! – gritó prácticamente en su oído.
Naruto se levantó de un salto con la cara descompuesta por el susto, mirando a todos lados.
– ¡Yo no fui! ¡Yo no fui! – logró decir, con los ojos abiertos de par en par tratando de ubicarse. Hasta que reparó en ella y todo el susto se esfumó dando paso al desconcierto.
– ¡Jajajaja! Vaya, dime que no hiciste, gatito miedoso– se burló Sakura. Con una sonrisa de oreja a oreja, se sentó al lado del rubio, que la miraba malhumorado.
–No es gracioso, ¡me tomaste desprevenido, dattebayo! – se excusó con los brazos cruzados, sentado en modo indio.
–Si tú lo dices– se encoge de hombros, restándole importancia.
Naruto exhaló un sonoro suspiro, mientras volvía acostarse sobre el césped. Miraba al cielo de forma pensativa, como si le preocupara algo.
– ¿Sucede algo? –le preguntó. Acostándose a su lado, también fijando su ojos al cielo.
–Estoy preocupado– le confiesa. Sakura dejó de mirar al cielo para posar sus ojos en él, extrañada– Sasuke ha estado actuando muy extraño– le menciona.
Sakura pensó, que Naruto no tenía idea de cuan extraño y aterrador podía ser su amigo, pero como siempre, no hizo ni dijo ningún comentario al respecto. Determinó que fuera Naruto, quién decidiera contarle lo ocurrido, en vez de preguntar ella.
–Ya sé lo que piensas, él de por si es extraño, pero desde el viernes está más extraño que de costumbre– afirmó, con el ceño fruncido.
Sakura sintió que su corazón daba un vuelco, mientras lo observaba con los ojos abiertos por la sorpresa.
– ¿Qué dijiste? – murmuró sobrecogida, por lo que podría significar esas palabras.
–El viernes, Sasuke llegó a clases más temprano que de costumbre, al principio no le tomé importancia si no fuera porque estaba… ¿Cómo decirlo? Impaciente quizás, pero no estoy muy seguro. Luego en el primer receso dijo que iba al baño, pero nunca volvió. Shikamaru me dijo que lo vio en el gimnasio, cerca de la academia de judo… ¡Hey! ¡Pero si tú estás en la academia! ¿Lo habrás visto por casualidad? ¿Sabes para donde se fue después, Sakura-chan? – Naruto la bombardeó con preguntas. Mirándola expectante.
Sakura sintió la boca seca, incapaz de responder.
Entonces, él si la observaba entrenar. ¡No eran ideas suyas! Volvió a sentarse, pensando en las posibilidades en las que él tuvo para observarla entrenando sola, creyendo que estaba sola…
Recordó con horror todas las veces que, confiada de su soledad, se quitaba el polerón dejándola con su top deportivo, mostrando más de lo necesario. O cuando creía que no era necesario ir a los camarines, y se cambiaba los pantalones por unos short más cómodos. ¡La pudo ver visto desnuda! O peor aún, cuando se sentía observada dentro de los camarines… ¿eran ideas suyas o también era real?
Un escalofrío le recorrió en su espalda. De solo pensarlo…
–Sakura-chan ¿estás bien? – Naruto se había sentado a su lado, observando cómo se puso pálida de repente.
–Naruto, dime una cosa– su voz tembló casi imperceptiblemente, tenía la vista al frente y no se giró en ningún momento a mirar la cara de preocupación de su amigo.
–Claro, dime– le dijo extrañado. No entendía la actitud de su amiga, que en ese momento, estaba tan quieta como una estatua.
– ¿Dónde está Sasuke? – preguntó. Naruto se sorprendió de la forma tan cortante en que le habló, se veía tensa y preocupada.
–Sakura-chan ¿en verdad estas bien? Te siento muy tensa– le preguntó con preocupación.
Sakura al fin giró a mirarlo. La observaba con el ceño fruncido de la preocupación. Sabía que no era justo que se comportara así con él, pero estaba demasiado impactada como para disculparse.
–Si si, solo… respóndeme, por favor– casi fue una súplica, pero no importaba.
–Emm… Se fue antes de que llegaras, como un par de minutos. Fue al baño, el que está al final del pasillo de los casilleros– le dijo, no muy convencido – ¿por qué preguntas? – Naruto la miraba con sospecha, pensando el por qué de su repentino interés.
–Curiosidad– se le ocurrió decir– como siempre están juntos, y como te preocupas por él, me imaginé que… ya sabes– agregó. Fue lo primero que se le cruzó por la mente. Haber insinuado una amistad homo-erótica entre ellos, despistaría la atención de Naruto.
– ¡Oye! Eso no es cierto ¡dattebayo! – exclamó con enojo Naruto. Aun así, se podía apreciar unos tintes sonrosados en sus mejillas. ¡Y pensar que su amiga pensaba así de él!
Sakura se relajó, había funcionado. Con eso, Naruto no haría más preguntas.
Se levantó del suelo y se sacudió la falda, preparándose para irse.
– ¿A dónde vas? ¡Voy contigo, dattebayo! –Naruto se había levantado al igual que ella, listo para seguirla.
– ¡No no no! No es necesario Naruto– rió de manera nerviosa. Él no la podía acompañar, si quería enfrentarse al Uchiha, no podía involucrar a Naruto.
– ¿Por qué no? Vamos, dattebayo– se colocó a su lado para comenzar a seguirla.
–Bueno… si quieres acompañarme a ver a Hinata, está bien– dijo, como si no quiere la cosa.
Naruto se paralizó por un momento. Vio cómo su rostro se tornó pálido de repente y comenzó a sudar excesivamente.
Sakura sonrió con inocencia, como si no supiera que él había entrado en pánico al nombrar a la pelinegra.
–Ah… jaja– la comisura de sus labios temblaban en una risa nerviosa. Observó a Sakura, sin saber bien que decir.
– ¡Oh! Parece que ahí viene– Sakura hizo como si mirara atrás de él, haciendo alusión de que Hinata llegaría en cualquier momento.
Naruto se tensó como un gato, y sin atreverse a mirar hacia atrás se despidió escuetamente de Sakura, antes de encaminarse hacia adelante rápidamente.
Sakura se prometió a si misma averiguar el por qué Naruto evade a la pelinegra. Pero ahora, tenía un asunto que atender con otro pelinegro.
Entró nuevamente a la escuela en dirección a los casilleros. Nunca pensó que estaría haciendo lo último que quería, buscar al Uchiha, pero era necesario si quería que esto terminase.
Una vez en el pasillo, recorrió la estancia buscándolo en el mar de gente, pero no lo encontró. Se acercó a los baños a esperar que saliera, si es que estaba allí. Aun así, le daba la impresión que no estaba en ninguna parte. De todas maneras, era muy extraño, Sasuke no iría a un lugar tan concurrido, detesta el gentío, lo más seguro es que iría a unos de los baños del tercer piso en el que, prácticamente, no había nadie. A menos que, no fuera al baño precisamente.
Observó los casilleros. Podría ser que…
Se acercó al casillero del Uchiha, había una que otra carta de amor de parte de las chicas, la mayoría estaban mal colocadas en las rendijas de su casillero, por la evidente falta de espacio. No había nada más que llamara su atención, algo que destacara por sobre el resto, algo que le diera una pista.
Hizo una mueca, pensando en donde más buscar. ¿Y si…?
Con lentitud, fue alejándose del casillero de Sasuke para buscar con la mirada su propio casillero.
Ahí estaba.
Desde una de las rendijas se veía casi imperceptiblemente la punta de una hoja. Se acercó con el corazón en la garganta, pero no vaciló al colocar la combinación y abrir, casi sin pensar, su casillero. Adentro a orillas del casillero, había una nota, la tomó con cuidado y sus ojos barrieron la nota con el mensaje corto y preciso, sin firma.
"Quizás no lo recuerdes, pero yo sí que lo recuerdo muy bien"
No se percató hasta en ese momento que la nota, no era realmente una nota, era la parte de atrás de una fotografía. Con manos temblorosas, la giró para poder observar la imagen impresa.
Ahogó un grito al ver su propia imagen.
Lo reconocía, era la fiesta sorpresa de Hinata. Ella estaba vestida con una falda de mezclilla con unas botas de tiro alto, y una blusa de tirantes. Era ella, pero a la vez no… no se reconocía a sí misma. La fotografía fue tomada desde un ángulo extraño, como si fuera una cámara oculta o si alguien estuviera escondido tomando la fotografía.
Pero eso no era importante por ahora, y es que simplemente no podía creer lo que sus ojos veían. Era ella totalmente fuera de sí, a lo mejor estaba borracha… o drogada, no lo sabía.
Solo sabía que en esa imagen la muestra a ella desinhibida, sentada en la cómoda dentro de alguna habitación, con las piernas abiertas, siendo besada y manoseada por Uchiha Sasuke…
¿Y? ¡Que les pareció!
Me ha costado una vida escribirlo, pero valió la pena.
Como verán, en este capítulo no aparece Sasuke (aunque el final fue muy aterrador de su parte… pobre Sakura), ya que necesitaba relatar ciertos hechos y colocar más incógnitas, que son necesarios para el desarrollo de la historia.
Solo puedo decir que todo está conectado, el misterio de cada cosa no es al azar. Es todo lo que puedo decir por ahora. No quiero adelantar nada.
De todos modos, quería mostrar un lado más perverso en Sasuke. Sé que hay unas partes que a simple vista no tienen relación, pero tranquilos. Ya se verán el próximo capítulo ;)
Y díganme ¿Qué piensan respecto a Sasuke? ¿Se nota la diferencia entre el niño que fue y la persona que es ahora?
Comenten sus teorías ;) estaré leyendo sus reviews TODOS los días. 3
¡Espero que les hayan gustado!
Nos leemos pronto. Bye bye!
-GodaX
