DISCLAIMER: Los personajes de CCS pertenecen a CLAMP, y son utilizados sólo como fuente de inspiración y entretenimiento. La historia es de mi autoría.
EL CASCANUECES Y EL FESTIVAL DE NAVIDAD
El vapor inundó la habitación cuando el chico abrió la puerta del baño. Apenas sujetaba con una mano la toalla que llevaba enroscada en su cintura, mientras secaba su corto cabello castaño oscuro con otra más pequeña. La distensión que había logrado bajo la potente lluvia de agua caliente contra sus músculos cansados, se esfumó cuando recordó que a la mañana siguiente tenía clases de teatro.
Era su último año en la preparatoria y había tomado la decisión de prestar atención a lo que era en verdad importante y eso no era el teatro, no cuando su meta era ingresar a la facultad de ingeniería civil. Debía mantener un promedio entre nueve y diez, especialmente en materias como matemáticas y física, por eso, si debía saltarse la hora electiva de actuación, lo hacía sin dudar.
Pero la semana anterior la profesora Kimura de teatro, le había pedido que se quedara después de la clase para intercambiar algunas palabras, con una expresión que no daba lugar a réplicas ni excusas. La mujer se caracterizaba por ser una persona dulce y apasionada, algo histriónica para su gusto, sin embargo la adusta expresión que adquirió cuando quedaron solos en el salón, lo hizo tragar pesado.
—Me he enterado por el profesor Michio de sus aspiraciones para el año próximo, joven Li —expresó la profesora—. Necesita un mínimo de nueve, pero con el siete que pienso colocarle por sus faltas a mi clase, dudo que lo alcance.
—Disculpe, profesora... pero no comprendo —replicó Li, sin entender realmente porque sumando todos los puntos que creía tener, un siete no le afectaría tanto.
—Claro que no comprende porque no conoce aún su promedio general, pero yo sí —explicó con suspicacia—. Tal vez no está enterado, pero los profesores de japonés y de música han cerrado los promedios con... ocho. Saque sus cuentas.
El cálculo en la mente del muchacho fanático de la aritmética fue rápido. Si ya había dos ochos, no alcanzaría el mínimo que exigía la facultad si tenía que sumar un siete. Su expresión de alarma y angustia debió ser muy clara para la profesora Kimura, ya que rápidamente se adelantó.
—Aún no le cerré el promedio, Li. Pero si quiere que pase por alto todas sus inasistencias, tendré que asignarle un trabajo especial al que no se podrá negar.
"Que remedio" pensó el alumno, haciendo una reverencia de agradecimiento a la mujer.
—Muchas gracias por la oportunidad, profesora Kimura.
Una notificación en su teléfono lo trajo nuevamente al presente, revisando que se trataba de un correo de SPAM, bloqueó la pantalla y se dispuso a descansar.
Al día siguiente lo persiguió ese mal humor hasta la escuela. A pesar de que no quería preocuparse, le inquietaba un poco la clase de trabajo le asignaría la profesora Kimura.
El chico sintió el palpitar en su sien apenas puso un pie en la escuela; el lugar parecía una muestra navideña ya que en las próximas semanas sería el gran festival y todos los alumnos querían dar lo mejor de sí en cada stand.
Su familia, con arraigadas costumbres chinas, sólo celebraba el año nuevo chino para el cual faltaban un par de meses; sin embargo, sus hermanas mayores solían compartir pequeños regalos con sus amigas, hasta incluso con él, a pesar de que el muchacho había optado por tener una actitud similar al Grinch que a toda la masa consumista... como sus compañeros. Así que había decidido mantenerse al margen ayudando lo justo y necesario.
Ni siquiera se preocupó por llegar antes que la profesora Kimura, que al verlo entrar esbozó una gran sonrisa.
—¡Ah, Li! Lo estábamos esperando para dividir los papeles —dijo ella acomodando su colorida bufanda detrás de su cuello, mientras el rostro de su alumno se volvía interrogante—. Cómo les decía a los demás, la organización del festival nos ha pedido presentar una obra para Navidad. ¡Estoy tan emocionada! —Juntó sus manos y miró hacía algún punto distante del cielo por la ventana, empañada por la diferencia de temperatura—. Tenía un libreto reservado hace tiempo, y estoy feliz de tener un grupo tan perfecto para llevarlo a cabo. —La profesora comenzó a sacar de un gran bolso varios ejemplares fotocopiados, que comenzó a repartir entre sus estudiantes dispersados por el salón. Shaoran seguía casi en la entrada, reposando sobre el umbral de la puerta, teniendo en claro que lo que seguía, no sería de su agrado.
El chico tomó el libreto y leyó la carátula con un nudo en el estómago:
"El cascanueces"
Varias exclamaciones de alegría y de falso entusiasmo se escucharon en el salón, más Shaoran seguía estático esperando la continuación de la profesora.
—Los papeles ya los he escogido, y todos ustedes tienen ya un trabajo establecido. Mihara usted será la encargada de las coreografías, Sasaki será la madre de Clara, Hiragisawa usted será el padrino Drosselmeier… —Así uno a uno fue asignando a los papeles y los ayudantes, hasta que algunos comenzaron a notar que todos los integrantes masculinos pertenecían ya al ejército del Rey Ratón, o a los húsares del Cascanueces. Todos menos el joven Li, que resignado aguardaba a que el índice de su profesora lo señalara al fin—. Kinomoto, tú serás Clara, y finalmente Li, por supuesto, serás el príncipe Drosselmeier, el Cascanueces. Ahora tomen todos asiento que le daremos una lectura superficial al guión antes de ponernos a trabajar.
Shaoran observó con disimulo a su compañera, mientras tomaba asiento tras ella. La conocía desde la primaria. Sakura Kinomoto era un espíritu alegre que pululaba de un lugar a otro, siempre sonriendo, siempre amable, hiperkinética. Tan opuesta en comparación suya que nunca habían tenido más contacto que estar destinados siempre al mismo salón. Cabía destacar que en algún momento de su infancia la chica Kinomoto había intentado acercarse a él, pero su actitud arisca y amarga logró desanimarla. No era su intención herirla, pero a aquel pequeño Shaoran sólo le importaba tener excelentes notas en la escuela, y entrenar artes marciales todo el día. No fue hasta más adelante en su adolescencia que terminó cediendo a la amistad de unos pocos, pero insistentes compañeros cómo Takashi Yamasaki y Eriol Hiragizawa. Y la popularidad que tenía el trío en la parte femenina del plantel terminó por convencerlo de mantener una sana distancia del sexo opuesto si quería obtener las calificaciones necesarias.
"Las mujeres merecen y necesitan que se les dedique tiempo" le había dicho alguna vez su padre, mientras se encontraba sentado compartiendo un té con sus hijas mayores, que no paraban de hablar de la Boy Band del momento.
"Últimamente el tiempo no me sobra" le había respondido aquella vez el nuevo protagonista de la obra, que salió de sus cavilaciones al percibir a su compañera giraba en su dirección, encarándolo con una mirada algo interrogante en sus enormes ojos verdes enmarcado en abundantes y oscuras pestañas.
—Li, ¿estás seguro de tomar el protagónico?
Shaoran apartó la mirada algo molesto, acomodando su mochila en el lugar correspondiente.
—No lo he tomado yo, me lo ha asignado la profesora.
La chica frente a él parpadeó algo confundida.
—Lo sé, pero… no pareces muy contento. Desde la primaria no participas en ninguna obra.
—Kinomoto, si te molesta tener que actuar conmigo sería mejor que tú lo hables con la profesora Kimura.
—Disculpa, no es eso. Lo que sucede es que…
La voz de la profesora Kimura se oyó por encima de todos, interrumpiendo a Sakura y haciendo que el resto de los estudiantes guardara silencio.
—Jóvenes, comiencen a leer el guión. Solicitaré la llave del salón de usos múltiples para que podamos ensayar en un espacio más acorde. Hiragizawa, Li, Yamasaki, vengan conmigo y así me ayudan a traer algunos elementos.
Shaoran rápidamente se puso de pie dejando a Sakura con intención de continuar y se apresuró a salir del salón.
"¿Qué demonios fue eso?", se preguntaba.
—Querido Shaoran, con que serás mi adorado y maldito sobrino —dijo riendo Eriol, abrazándolo por los hombros, siendo retirado al instante por el chico de un manotazo, casi provocando que los lentes de éste fueran al piso. Avanzaban por los pasillos a una distancia prudencial de la profesora que entraba en la sala de maestros.
—Sus papeles son simples humanos, por otro lado yo seré el malvado Rey de los ratones —comentó Yamasaki, rasgando aún más sus ojos, posando de una manera extraña y con una expresión malévola que hizo reír a sus amigos.
—Me da la impresión que estás encantado con el antagónico —concluyó Shaoran, acomodando hacia atrás su cabello castaño oscuro—, a tí te encanta actuar. Sólo espero que esto no sea un musical.
—¡Hubiera sido fantástico hacer un musical! —respondió la profesora saliendo de la sala, entregándoles varias telas, cartones, hasta espadas de utilería a cada uno—, pero el tiempo apremia. No obstante, no me privaré de musicalizar las escenas con algunas de las mejores composiciones de Tchaikovsky.
Los chicos le dieron sonrisas complacientes a la profesora, rogando en su fuero interno que no cambiara de idea al respecto, y se dirigieron al salón donde continuaría la clase.
—Li, espero que aprovechando sus conocimientos en uso de espadas pueda ayudar a sus compañeros a recrear una batalla realista. Recuerden y comuniquen a sus compañeros que los estaré evaluando durante todo el proceso, y esto puede cambiar sus notas finales.
Yamasaki y Eriol asistieron algo extrañados, más no Shaoran, que asumió que debería dar su mejor esfuerzo si quería convencer a la profesora Kimura.
La temperatura del salón de usos múltiples era ligeramente más baja que la del resto de la escuela, sumado al gélido clima que hacía fuera, hicieron temblar al friolento chino quien extrañaba el siempre cálido clima de Hong Kong.
Varios alumnos comenzaban a darles alcance en el salón. Sakura, algo intimidada, se acercó a Shaoran para entregarle su libreto, quien lo recibió aún algo desconcertado por la última conversación que habían compartido. Mantuvieron la mirada por unos segundos, permitiéndole a él detallar un poco el rostro de su compañera: con el puente de su nariz repleto de pecas imperceptibles a simple vista, pestañas rizadas y oscuras, sin una pizca de maquillaje, y su rostro pequeño, enmarcado por un acaramelado cabello castaño claro que apenas se encontraba por debajo de sus hombros, terminando en pequeñas ondas.
Li recordó con claridad que años anteriores Kinomoto solía llevar el cabello más corto, y concluyó que los años habían transformado a la linda niña en una chica guapa.
"¿Qué diablos estoy pensando?"
Shaoran sacudió la cabeza, y agradeció el gesto de su compañera con una reverencia pequeña y un suave "Gracias", y se acercó a donde lo esperaba su grupo de amigos para comenzar la lectura del guión.
—Comenzaremos con el primer cuadro. Sobre el escenario, un living con decoración navideña…
La profesora comenzaba a leer en voz alta el inicio del libreto, pero Shaoran que conocía la historia, sabía que su personaje no aparecería hasta varios cuadros después. Empezó a adelantar las hojas y leía brevemente sus líneas, muchas en batalla, otro par con voz en off, que era un término usado en teatro para las líneas que deben decirse en voz alta desde fuera del escenario. Pero fue casi sobre el final, cuando Clara despierta del sueño del castillo de mazapán, y en la llegada del padrino Drosselmeier y su sobrino que al encontrase solos, él le hace una romántica confesión que finaliza con un beso.
"¿¡Un beso!?"
Repasó la línea nuevamente, y sin lugar a dudas, entre paréntesis figuraba la acción indicada.
"Al finalizar la confesión, el príncipe se acerca lentamente a Clara y siendo correspondido por ella, se besan. Se cierra el telón."
Los colores se le subieron al rostro, y observó de soslayo a la chica que se encontraba en el otro extremo del salón, leyendo en voz alta con sus compañeros las primeras líneas de sus respectivos personajes. Al menos, con lo avanzada que iba la clase, no llegarían a ese punto ese día. Shaoran tragó grueso, de verdad quería levantar la nota, pero no iba a hacer el ridículo frente a todo el mundo besando a Sakura Kinomoto.
"Jueves", pensó Sakura de camino a la escuela. El jueves era su día favorito de la semana: no tenía matemáticas, ni física, y para mejor, ese día tocaba clases con la profesora de teatro Kimura.
El año anterior había decidido convertir su pasión en su futuro oficio, y aunque pensó que su familia podía llegar a oponerse, todos vieron con buenos ojos que estudiara actuación, danza y canto en una prestigiosa academia de Tokio siguiendo sus sueños.
Que la profesora le hubiera otorgado el protagónico de Clara para "El Cascanueces" no hacía más que incrementar su dicha. Todos los años varios profesores de la academia asistían a los festivales de su escuela por la amistad que tenían con la profesora Kimura. Ese era su momento, y aún así algo lograba opacar su felicidad.
Durante toda la semana le había preocupado su malentendido con Li. No eran lo que se decía "amigos", escasamente llegaban a ser compañeros de salón. De lo poco que sabía acerca de él, era su grupo de amigos: un par de bufones, borrachos y mujeriegos, y su escandalosa reputación con las mujeres. Las paredes murmuraban que Li nunca se relacionaba con las chicas de su edad, porque en realidad salía con universitarias de la capital, hasta algunos decían ser testigos de que el mismo Li las subía en su auto y se las llevaba de las fiestas.
Sakura suspiró, no le gustaba llevarse mal con las personas, ni tampoco juzgarlas por rumores. Li siempre se había mostrado serio, educado, y tenía buenas notas. No debería preocuparse tanto, pero... había algo en su mirada que la hacía estremecerse, como el último jueves cuando le entregó el libreto. Su compañero le sacaba al menos una cabeza de altura, y de un momento a otro, esos ojos ámbar escaparon de ella y emprendió la huida; el motivo, desconocido, y no hizo más que aumentar su curiosidad respecto a él.
—Queridos estudiantes —vociferó la profesora Kimura, ingresando al salón—, hoy deseo que ensayen algunas escenas puntuales con sus compañeros. Iré por grupo a evaluar a cada uno.
"Excelente, es mi oportunidad de acercarme a él y explicarle", pensó Sakura.
Acomodó la falda de su uniforme en un reflejo nervioso e inspiró hondo para dirigirse a donde estaba Shaoran, junto al cajón de utilería, con su amigo Yamasaki y otro par de compañeros.
—Oye, Li —dijo llamando su atención—, estaba pensando que podíamos aprovechar la hora para ensayar algunas de las escenas que nos tocan juntos.
El chino se encontraba en cuclillas de espaldas a Sakura, y dió un respingo al escucharla tan cerca. La joven lo observó ponerse de pie de un salto y girarse para estar frente a frente. Shaoran tenía una shashka en su mano, la espada del cascanueces, y Sakura lo percibió algo inquieto.
—Hey, Kinomoto —respondió él—. Quedé con Yamasaki y los demás de preparar la escena de la batalla y… lo siento.
—¡Oh! No te preocupes, esa escena es importante, no te disculpes. Podremos practicar luego.
—Sí, seguro… —respondió aunque su posición tensa decía otra cosa.
Sakura observó a su compañero alejarse con los demás al otro extremo del salón y suspiró. Se sentía decepcionada por no poder salirse con la suya, pero debería ocuparse de otros asuntos mientras tanto. Su amiga Tomoyo, de piel de porcelana, largo cabello negro e inusuales ojos azules, casi violetas, le hacía señas de acercarse desde el sector de vestuario donde se encontraba con Rika Sasaki, quien interpretaba a la madre de Clara y con la que compartía otras múltiples escenas. La ojiverde sonrió, ahí podría ser de ayuda, y si tenía tiempo, ensayaría con Rika.
—¿Le sigues dando vuelta al asunto de Li? —preguntó perspicaz la pelinegra de la expresión de su amiga, mientras recorría la distancia desde el hombro hasta la muñeca de Rika—. Ya te dije que te estas sobre afligiendo, no creo que él le diera tanta importancia.
Rika desde el lugar donde se encontraba siendo víctima de la cinta métrica de la costurera, miró con extrañeza a Sakura.
—¿Qué pasó con Li? —interrogó la chica, de corto cabello caoba.
—No es nada —se adelantó Tomoyo—, Sakura le preguntó si estaba seguro si quería el protagónico, o que le pidiera a la profesora Kimura que lo cambiara, y Li con su inexpresividad creyó que Sakura no quería actuar con él, y le dijo que hablara ella con la profesora, y ahí la tienes a esta niña, estuvo lamentándose toda la semana de ese malentendido. —Rika reía de la sobreactuación de Tomoyo de los hechos, mientras la verdadera protagonista de la escena bufaba enfadada.
—¿Y por qué no lo aclaraste enseguida con él? Digo, tuviste toda la semana para hacerlo —expresó estirando la letra "o" de "toda". Sakura abrió la boca para explicarse pero nuevamente fue rebasada por su mejor amiga.
—Es que luego leyó el guión completo, y se encontró con que al final de uno de los cuadros, ella y Li deben besarse, y le da vergüen…
—¡Ya! Tomoyo, deja de hablar por mí —dijo Sakura, dirigiendo la mirada a Rika—. De acuerdo, me inhibe un poco esa cuestión, de todas formas no creo que Li haya leído el guión aún. Pero no quiero que piense que me molesta actuar con él, es sólo que el festival de fin de año es importante para mí.
—Por el asunto de la academia, ¿verdad?
Sakura asintió lentamente, y Tomoyo liberó a Rika de la tortura métrica. Cuando la ojiverde quiso tomar su lugar, la pelinegra la detuvo con la palma de su mano.
—Ya tengo tus medidas, querida, pero necesito la de los soldados que son muchos y debo comprar la tela. Ve a decirle a Li y su tropa que vengan.
Sakura bufó nuevamente, y se dirigió al rincón donde estaban las tropas en plena batalla. El movimiento de los muchachos era aún poco fluído, pero mejorarían con la práctica. La mayoría reía golpeado las espadas, como si estuvieran jugando, y una sonrisa se coló también en los labios de la observadora, hasta que se topó con el rostro serio de Shaoran.
A diferencia del resto, él estaba totalmente concentrado en su batalla con Yamasaki que le seguía el ritmo de manera impecable con la espada. La profesora Kimura observaba de cerca el desarrollo de la batalla y llamaba la atención de los soldados entretenidos, instándolos a adoptar expresiones más serias. Sakura sólo podía concentrarse en cómo los músculos de los brazos de Li se marcaban a través de la camisa blanca del uniforme, y en aquella gota de sudor que resbalaba desde su frente, recorriendo su cuello y perdiéndose tras la tela.
"¡Madre mía!".
—¡Oh, señorita Kinomoto! Que bueno que la veo, quería hablar con usted —clamó la profesora.
En ese mismo instante, Shaoran desvió la vista hacia ella, cruzando miradas y casi recibiendo un espadazo de Yamasaki en la cabeza. En un fallido intento de esquivarlo, perdió el equilibrio cayendo sentado al suelo. Cualquier reacción que pudieran tener los testigos, fue opacada por la risa malévola de Yamasaki, quien cantaba victoria y pedía a viva voz que lo alabaran al son de "Viva el Rey Ratón". Todos estallaron en risas.
La profesora se acercó hasta donde se encontraba Sakura, y ella le pidió un minuto para entregar el mensaje de Tomoyo. Al voltearse se encontró con Shaoran poniéndose de pie.
—¿Te encuentras bien? —preguntó cauta.
—Si estoy bien —respondió secamente Shaoran, sacudiendo un poco su ropa, sin mirarla de frente pues se sentía algo avergonzado.
—De acuerdo —respondió Sakura, algo molesta por su tono de voz—, para ser tan buen espadachín, no parece que tengas el modo amable de un caballero. —Shaoran abrió los ojos con sorpresa ante ese golpe tan directo—. Tomoyo quiere que tú y tus soldados vayan a tomarse las medidas ahora.
—Muchas gracias, señorita —respondió en tono sarcástico, haciendo una reverencia—. Enseguida partiremos a destino. —Y exactamente en el momento que cada cual se iba para su lado en una clara mirada de desafío, la profesora hizo su acto de aparición.
—No se me escapen muchachos, tengo un pedido especial para ambos —dijo con extremada dulzura, juntado sus manos—. La hora de clase no es suficiente para practicar tanto como quisiera. Y es primordial en el teatro que, cuando la historia así lo requiere, los protagonistas puedan transmitir química en escena. Confío en el compromiso de ambos para reforzar los ensayos juntos.
—Sí, profesora —respondieron ambos a coro, comenzando a sentir una extraña sensación de incomodidad respecto a la extraña discusión que acababan de tener. Se miraron de reojo y Shaoran salió disparado a donde estaba Tomoyo, dejando a Sakura suspirando cansina. ¿Por qué era tan difícil relacionarse con ese chico?
A la hora de la salida, Sakura se quedó en la entrada esperando a que Li saliera. Más allá del pudor o de los prejuicios que tuviera con el castaño, sabía que ahora ambos habían sido advertidos por la profesora a ensayar más, y ella esperaba que si le contaba un poco sus motivos, tal vez pudiera lograr coordinar con el chico para crear los personajes que Kimura esperaba de ellos y la presentación que ella quería subir al escenario.
Divisó entre la multitud la cabellera desordenada de su compañero, y se acercó deprisa. Se sintió afortunada de encontrarlo solo, por sí mismo él la ponía algo nerviosa, pero con su bandita de amigos alrededor se sentía más cohibida.
Shaoran al verla acercarse en su dirección se volteó, pensando que tal vez alguna de sus amigas venía detrás suyo, sin embargo al divisar montones de alumnos de otros salones, se detuvo a esperarla.
—Li, discúlpame por molestarte de nuevo.
—No hay problema —respondió el chico—, ¿pasó algo?
—Es por lo de los ensayos que nos encargó la profesora. Justamente esta tarde estoy libre y quería saber si tú podrías reunirte conmigo.
La expresión de Shaoran fue de verdadera pena y frustración.
—Los chicos reservaron una cancha para un partido de básquet —se pasó la mano por el pelo en un gesto apenado—. De verdad, no quiero que pienses que lo estoy inventando o algo así. No creas que estoy huyendo de esto.
Sakura suspiró, pero inmediatamente volvió a sonreír.
—¡No te preocupes! Es normal que no te importen mucho estas cosas. Debes considerarlas absurdas y molestas. —La chica movía las manos frente a ella en un intento de minimizar la situación—. En realidad ni siquiera te molestaría tanto si no fuera porque a este festival asistirán algunos profesores de la Academia de Artes de Tokio, y no pienses que te lo digo para meterte presión, pero yo quiero ingresar a esa Academia el próximo año, y… sólo quiero dar una buena impresión. —Sakura se llevó las manos a la boca, con expresión apenada—. ¡Ay! Lo siento de verdad no quiero seguirte molestando con mis problemas. Discúlpame. —Shaoran quiso detenerla, pero ella ya se estaba alejando—. Sólo avísame cuando puedas ensayar. ¡Hasta luego!
—¡Espera, Kinomoto! —Pero la chica no se volteó y se perdió tras una esquina, dejando al castaño con un sabor amargo en la boca.
"Uno… dos… tres… mierda"
Era el quinto tiro que fallaba al aro. El día anterior, en el partido que jugaron con los chicos había sido un asco, sin poder concentrarse ni un solo segundo en otra que no fuera la castaña ojos verdes. Y ahora la clase de educación física no estaba resultando diferente. Tiró la pelota a sus compañeros con hastío y se dirigió donde estaban las bebidas.
Tomó abundante agua y se quedó mirando hacia la pista de atletismo, donde el alboroto femenino crecía exponencialmente. Se debía a que una de sus compañeras estaba sobrepasando con gran ventaja en los 100 mts planos a las demás. Shaoran rió con incredulidad al ver que era nada más ni nada menos que Sakura. Siempre había sido buena en los deportes, integrante de las porristas y muy competitiva. Viéndolo así, no le extrañaba el interés de la chica en continuar sus estudios superiores en ese ámbito.
"Y ahí está de nuevo, la culpa".
Era verdad: había estado evadiendo un poco la situación, por la incomodidad que le causaba la escena del beso. Todo el mundo lo tenía por un mujeriego, hasta corría el rumor que se acostaba con universitarias, porque la mayoría de la gente no conocía la existencia de sus hermanas mayores, con las cuales se llevaba más de 5 años y que cursaban la universidad… a su ritmo.
Pero nada podía estar más alejado de la realidad que esos rumores acerca de él. Shaoran nunca había estado con una mujer, y su experiencia más cercana con las féminas habían sido simples roces de labios en su temprana adolescencia, antes de renunciar al romance y las hormonas, para cumplir con sus expectativas escolares.
El día anterior había estado enfrascado en su batalla con Takeshi, porque le daba digna pelea en base a sus conocimientos de esgrima, y de verdad se divertía mucho con esas batallas ficticias siendo que su amigo cambiaba de personalidad cada vez que le tocaba encarnar al rey Ratón al tomar la espada. Eso había sido así hasta que captó la llegada de una persona, y su entrenada vista periférica le había indicado que se trataba de Sakura.
La chica se había quedado estática, observándolos... No, observándolo a él en específico. Había sentido su mirada clavada en su nuca hasta que el grito de la profesora terminó por desconcentrarlo, logrando que la mirara para encontrarse con sus ojos verdes directamente en los suyos. Luego de eso vino la caída, la verguenza y el enfado que había descargado con ella en una absurda discusión. ¿Qué demonios estaba pasando con él?
Ahora se encontraba concentrado viendo a la chica correr, pensando en lo nervioso que se sintió él cuando era observado, y cómo ella parecía no detectar que él estaba haciendo lo mismo.
"¿Siempre fue tan ajustado el uniforme de las chicas?".
Pensó en tirarse el agua de la botella en la cabeza para dejar de pensar idioteces, pero desistió para no sufrir una hipotermia. Al demonio tantas inhibiciones, él necesitaba la nota, ella quería dar una buena impresión, era su turno de dar el paso.
Al final de la hora cuando ambos grupos se dirigían a los vestidores, Shaoran alcanzó a Sakura.
—¡Kinomoto! —llamó antes que ella ingresara a los vestidores, varias chicas se giraron al verlo llegar—. ¿Quieres que ensayemos después de clases?
—Hola, Li. —Sakura se acercó a él, con un poco de duda—. ¿Seguro que no tienes nada que hacer luego?
Shaoran sonrió un poco por la indirecta y negó con la cabeza.
—Cancelé todos mis planes. ¿Qué dices?
—Que me parece extraño que alguien como tú le ponga tanta dedicación a una obra de secundaria.
Shaoran suspiró por la resistencia de ella, pero se lo merecía, él la había esquivado ya varias veces.
—Mira, tú fuiste sincera conmigo y yo lo seré contigo. Necesito un promedio superior a nueve para ingresar en la universidad, y parece que no planifiqué bien algunas de mis notas. La profesora Kimura me dió la posibilidad de elevar mi calificación si me comprometía con la tarea que me asignara.
Sakura abrió los ojos con sorpresa.
—¿Protagonizar la obra?
—Como el actor mejor pagado de Hollywood —dijo, intentando ponerle humor a su situación—. Y supuse que podría solucionarlo solo, pero viendo que compartimos el interés de dar lo mejor en escena, creo que podemos hacer una tregua. Tampoco dejaré pasar la oportunidad de que me des algún consejo para mejorar mi performance.
Sakura rió ante las palabras del chico.
—Para no interesarte, eres muy elocuente. De acuerdo, te ayudaré. Nos reuniremos después de clases en el salón. —Sakura observó el fecha en su celular—. El tiempo apremia, así que si estás de acuerdo podemos quedar todos los días para repasar a profundidad.
Ambos se sonrieron ampliamente, y Sakura pudo notar como un pequeño hoyuelo se formaba en una de las mejillas de Shaoran. Definitivamente si era atractivo serio, sonriendo ese chico era un sueño.
Desde el primer ensayo decidieron repasar varias veces la misma escena para que quedara grabada a fuego, y tal vez ambos retrasando lo más posible la escena final. Si bien tenían letra en todo lo largo de la obra, varias escenas Sakura debía interpretarlas hablando con el muñeco de madera.
Una semana había pasado, y ambos habían aprendido algunas cualidades del otro: Él notó que Sakura era muy perfeccionista, y aún así algo ruidosa y distraída, pero que había aprendido a respetar los silencios de su parte. Shaoran era muy callado y huraño, pero se tomaba en serio el trabajo, y era tan inocente que siempre terminaba siendo embaucado por ella. Ninguno podía negar que se sentía cómodo en la presencia del otro, o bueno, eso hasta que llegaron al cuadro del beso.
Shaoran tragó pesado.
—No me siento cómodo con esta escena.
—¿Con cuál? —preguntó Sakura, perdida en sus pensamientos.
—Con la del castillo de mazapán… ¿no te parece demasiado?
—Ahh… esa escena. —Sakura meditó un poco sus palabras para no sonar muy lanzada—. En realidad no me parece demasiado, creo que encaja perfectamente donde está. Con la correcta iluminación y musicalización creará un ambiente maravilloso.
—¿Lo dices en serio? —Shaoran meditó su argumento—. Ni siquiera aparece en el relato original.
—Bueno la obra dice que es una adaptación, en otros detalles tampoco sigue el relato original.
Un silencio pesado inundó el espacio, ambos hojeaban el libreto sin saber cómo continuar la conversación. La mente de Sakura iba rápido, sacando conclusiones.
"Sólo explícale cómo pueden simular un beso sin hacerlo, es la idea que tuviste desde el principio, Sakura. Dícelo."
"Debe pensar que eres un idiota, Shaoran. ¿Sentirse incómodo? Seguro ella tiene alguna idea, preguntale".
"Tal vez Li está en pareja y por eso se siente incómodo. Al fin y al cabo, él sale con universitarias, ¿quién querría ver a su novio besando a una chiquilla?".
Sakura suspiró desanimada, cerró el libreto y lo guardó en su bolso.
—¿Te vas?
—Sí, ya terminamos —dijo Sakura, acomodando otras cosas en la mochila
—Pero apenas son las cinco. —Shaoran se puso de pie con ella—. Y nos quedan varios cuadros por repasar.
—Me acabas de aclarar que no te sientes cómodo y que es demasiado, Shaoran. —Sakura se colgó el bolso y la mochila del brazo, y lo miró—. No sería bueno seguir ensayando si eso te hace sentir de esa manera. Mejor descansa, o repasa tus diálogos y luego le encontraremos la manera.
Shaoran asintió, algo arrepentido de haber provocado esa situación, y algo sorprendido de que la chica lo llamara por su nombre.
—De acuerdo. Descansa tú también, Sakura.
Hasta ese momento, Sakura se dió cuenta que no había llamado a Li por su apellido, y en realidad parecía que a él no le molestaba, ya que había optado por hacer lo mismo. Escuchar la voz de su compañero llamarla así, le provocaba un extraño calor en el pecho, pero no se comparaba con el nudo que le oprimía luego de entender porque el chico no quería hacer la escena del beso. Salió del salón sin volver a contestarle, para que no viera la expresión de angustia sin sentido que tenía en el rostro. El castaño cuando se encontró nuevamente sólo en el salón, puso sus manos sobre las caderas y bufó mirando al techo.
—Eres un idiota con las chicas, Shaoran —dijo para sí.
Shaoran avanzaba a paso rápido hacia el salón de usos múltiples. La profesora de educación física había buscado a Sakura por el salón hacía más de dos horas sin regresar jamás al salón y por algún motivo que no quería ahondar, temía que se hubiera ido, dejándolo plantado. Sabía que la chica estaba molesta, en la mañana, apenas llegó, ni siquiera le dirigió una mirada para poder saludarla y estuvo toda la mañana con la mirada clavada en su rizos cobrizos.
En el receso Eriol lo había abrazado preguntando qué estaba pasando entre él y Sakura, y algo sorprendido por la pregunta de su amigo cuatro ojos, terminó amenazándolo para que le explicará a qué se debía esa repentina pregunta.
—Pues la amiga de Kinomoto, Daidouji, vino a comprobar las medidas de mi traje, y casualmente me preguntó si tu novia vendría a ver la obra.
—¿Que novia? —preguntó alarmado Shaoran, luego algo lo alarmó aún más—. ¿Que le respondiste tú, Eriol idiota?
Eriol estalló en carcajadas.
—Vaya, que poca fe me tienes, Shaoran. —Acomodó sus lentes correctamente sobre el puente de su nariz—. Le dije que tú no salías con nadie. ¿Así que si te interesa lo que piensa Kinomoto, eh?
—Cállate, ¿qué te dijo Daidouji? —dijo el castaño agarrándolo de los hombros.
—Pues lo que piensa la mayoría, que creían que tú salías con universitarias.
Eso le había aclarado el comportamiento extraño de Sakura el día anterior, seguramente pensaba que estaba saliendo con alguien, y por eso se negaba a hacer la estúpida escena. El hecho de que ella estuviera molesta por eso, le provocaba ese calor en el pecho y una extraña necesidad de reír. Ojalá y la chica estuviera esperándolo.
Debía admitir que le gustaba estar con ella, que su personalidad explosiva, inquieta y risueña, le daba una diversión diferente a su día, y mentiría si no decía que esperaba ansioso terminar las actividades escolares, para reunirse con ella en el salón.
Ingresó y la vió sentada en el borde del escenario, con el guión sobre sus piernas y mirando al techo. Las decoraciones navideñas ya ocupaban las paredes y las luces daban una iluminación tenue a su rostro.
Shaoran se acercó lentamente, admirandola sin ser notado por la chica, pero estando a apenas unos pasos una madera crujió asustando a Sakura y haciéndole perder el equilibrio. Shaoran se apresuró a atraparla para que pudiera caer de pie y la rodeó con sus brazos.
—Eres demasiado distraída. Pudiste caerte y herirte, ¿quién actuaría de Clara si te tuerces el pie?
—Gracias, Li —dijo la chica, sosteniéndose de los brazos de su compañero. Nunca habían estado tan cerca el uno del otro y la repentina percepción de eso hizo a Sakura sonrojarse en extremo y separarse de él.
Tomoyo le había comentado antes de irse que sabía de buena fuente que Shaoran no salía con nadie, ni estaba con universitarias, y que de verdad rechazaba diariamente los planes con sus amigos para reunirse con ella. Tal vez, pensaba Sakura, lo había subestimado acerca de su compromiso.
—Li, quería disculparme por irme tan precipitadamente ayer…
—No te disculpes, me di cuenta que pudiste malinterpretar mis palabras o molestarte por mi falta de compromiso. Sólo permíteme hoy demostrarte que estoy dispuesto a escuchar tus ideas.
Sakura aún estaba terriblemente apenada por su escena el día anterior, por su caída de hace rato, y queriendo enfocarse en lo importante decidió hacerle caso a Shaoran sin dar muchas vueltas.
—De acuerdo, Li. Practicaremos desde el inicio del cuadro.
—Puedes seguirme llamando Shaoran, ayer lo hiciste de todos modos —dijo él con una sonrisa conciliadora, esa que le marcaba el hoyuelo en su mejilla. Sakura fascinada sólo pudo asentir y permitirle a él también llamarla por su nombre.
El ensayo se desarrollaba bien, ya habían repasado la batalla final en la que Clara golpea con su zapato al Rey Ratón, luego las líneas por los reinos de navidad, flores y dulces. Sakura estaba encantada, Shaoran ensayaba con ella a la par, sin el libreto, sabiendo exactamente qué hacer o qué decir y escuchando a cabalidad los consejos de ella.
—Mi pequeña Clara, mi ángel de la guarda —interpretaba Li—. Recuerdo con detalle aquello que me dijiste en el Burgo del Confite.
—Y lo mantengo mi estimado señor Drosselmeier, si usted fuera real yo no le despreciaría, aunque su aspecto fuera afectado por una malvada maldición —dijo Sakura, tomando la mano de su compañero—, pues he conocido yo la belleza de su corazón.
—¡Benditos mis oídos que la oyen! ¡Mis ojos que la ven! ¡Y sus labios que pronuncian tan bellas palabras! —Shaoran la miraba directamente a los ojos, era la primera vez que ensayaban la escena, pero estaba tan compenetrado que simplemente no podía dejar de mirarla—. Heme aquí a sus pies, señorita Clara Stahlbaum, usted me salvó la vida, y me liberó del hechizo. Querida Clara, deme la felicidad de concederme su mano, compartamos la dicha de reinar en los reinos de azúcar, lo que sólo será posible para mí, con usted a mi lado.
—Señor Drosselmeier, usted es una persona excelente, un gran soldado y no dudo de la calidez de su mirada, seré dichosa de gobernar a su lado en su ameno reino, le aceptó a usted cómo prometido.
—Le prometo, que jamás será infeliz, mi querida Clara. —Shaoran comenzó a acercar su rostro a Sakura y ésta cerró los ojos, él admiro las pecas de su nariz y la tomó por sus mejillas, y con suavidad depositó sus labios en los de ella.
Una corriente eléctrica los recorrió a ambos, si bien el guión establecía que debían darse un beso, no decía cuánto tiempo, algo que parecía no molestarle a ninguno. Siendo guiada por el sentimiento, Sakura rodeó con sus brazos la espalda de Shaoran que era mucho más alto que ella y sintió como él lentamente comenzaba a mover los labios sobre los suyos, y correspondió sin poder resistirse.
Lo que ambos sabían muy bien era que los que se estaban besando, no eran Clara y el Cascanueces, sino Sakura y Shaoran.
La profesora Kimura entró al salón diez minutos tarde, venía ofuscada, con su rodete algo despeinado y mascullando por lo bajo. Todos se giraron a observarla, esa mujer era la manifestación de la alegría, y si venía así algo había pasado, todos dejaron lo que estaban haciendo y se acercaron a ella.
—Chicos, acabamos de tener una reunión con la organización del festival. Debido a que muchos presentarán obras largas, parece que excedemos por bastante el horario de finalización, por lo que nos han solicitado a todos recortar las obras al menos 15 minutos.
Todos hicieron una expresión de inconformidad, se estaban esforzando mucho en su última obra de preparatoria y ver a la profesora revisando el libreto con rapidez con una clara expresión de enojo les decía que el sentimiento era general.
—Bien, acortaremos varias escenas para que nadie pierda todo su tiempo en escena. Ya remarqué el relato que narra el padrino Drosselmeier sobre el Cascanueces, será más conciso, Hiragizawa, Mihara, veremos con el sonidista de reducir al menos en un minuto las dos coreografías, adaptense. Li y Yamasaki, ambos enfrentamientos durarán al menos 2 minutos menos, eran de por sí, demasiado largos. Kinomoto, Sasaki, Hiraguizagua y Li, la obra finalizará cuando se abre la puerta y el padrino nuestra que su sobrino es el Cascanueces, dando a entender que lo de Clara no fue un sueño —suspiró cansada, y haciendo anotaciones en el libreto anunció—, y telón.
Sakura y Shaoran se miraron desde esquinas diferentes del salón. Habían ensayado con más afán del necesario el final de la obra, por motivos que sólo ellos conocían, y ahora acababan de quitar la escena del beso de la misma.
Los alumnos se encontraban detrás del escenario, la obra estaba en curso y todo estaba saliendo de maravilla. Los chicos se veían increíbles con los trajes confeccionados por Tomoyo y otras compañeras, y todos creían de verdad que eran la mejor presentación de la noche.
Shaoran observaba tras el telón una escena de Sakura con el muñeco del cascanueces. Si los profesores de la academia no notaban el talento y vocación de la chica sobre las tablas, tenían que estar ciegos.
Esa misma noche cuando se vieron con sus vestuarios puestos habían quedado encantados, la castaña, si era posible, se veía aún más adorable con ese vestido blanco, y el joven lucía una apretada chaqueta de soldado color rojo, con pantalones blancos y botas negras. Además Tomoyo le había anexado una fina trenza en el punto donde se unían su nuca y su cabellera, dándole un aspecto impactante.
No habían vuelto a hablar de los ensayos, pero más de una vez durante las siguientes prácticas, Shaoran se vió tentado de volver a besarla como aquella tarde. Ahora mismo sentía que era una pena no mostrar la mejor escena de la obra, y consultó el reloj de pared: iban excelente de tiempo… tal vez…
—Eriol, necesito un favor…
La escena estaba en proceso, Clara lloraba frente a su madre diciendo que no eran sueños locos, si no que había sido real, que su padrino era mágico y lo sabía todo. Rika en una mucho más amable versión de la señora Stahlbaum, la consolaba y le decía que eso era imposible. Shaoran ya estaba cambiado con su vestuario del "sobrino" que consistía únicamente en cambiarse la chaqueta de soldado por una camisa y saco normal, Eriol lo miró y ambos asistieron haciendo señas a Hiro, su compañero a cargo del telón.
Golpearon la puerta y al abrirse entraron en escena y presentaron al Señor Drosselmeier (el Cascanueces) como el sobrino del consejero jurídico, la profesora Kimura quedó expectante al cierre del telón para comenzar a aplaudir, pero eso no sucedió. Sakura y Rika intercambiaron disimuladas miradas la una con la otra, y Eriol dijo:
—Señora Stahlbaum, porque no la ayudo a preparar su exquisito té de jazmín para poder pasar la helada nevada que cae fuera, y tal vez una taza de chocolate caliente para mi estimada ahijada y mi sobrino. —Tomó del brazo a su compañera, quien siguiendo el ritmo de la improvisación, sonrió con amabilidad y dijo sus líneas a Clara y se retiró junto con Eriol.
Shaoran sonrió a Sakura, y dijo:
—Mi pequeña Clara, mi ángel de la guarda —dando comienzo a la escena que supuestamente se había omitido, ella le devolvió la sonrisa.
"Éste chico está loco".
Cuando se besaron, el telón comenzó a cerrarse y sólo escuchaba el atronador aplauso del público, que comenzaba a ponerse de pie.
El festival navideño había dado paso a las vacaciones de invierno, el calendario marcaba 25 de diciembre y el clima les había regalado una blanca navidad. Sakura se calzó su nuevo abrigo de paño rojo y un gorro a juego, se puso una bufanda y salió de su casa a primera hora de la tarde. Caminaba presurosa, y con una gran sonrisa en su rostro, aunque sus manos temblaban dentro de los guantes negros. Dentro de su bolso traía una pequeña cajita verde envuelta en un moño plateado, y al doblar la esquina se encontró con un alto edificio. Preguntó al encargado por el departamento indicado y subió al ascensor marcando el último piso.
Repasó el discurso en su mente, y esperaba que su intuición no estuviera errada; al tocar la puerta, un Shaoran envuelto en un abrigo negro, con bufanda y gorro tejido le abrió la puerta con expresión sorprendida.
—Sakura, buenas tardes, eh, ¡feliz navidad! —dijo atropelladamente.
—Hola, Shaoran, ¡feliz navidad! Espero no ser inoportuna —dijo con un pequeño sonrojo a causa del frío y de encontrarse con el chico en cuestión—. No supe más de tí luego del festival, y quería saber si conseguiste la nota que necesitabas.
—Para nada, —Shaoran sonrió ante el interés de ella, sintiendo ese ya conocido e identificado calor en su pecho—, pues la profesora Kimura me llamó la atención por extender la obra sin su autorización, pero estaba feliz por el resultado de la escena final, esa que en teoría nunca ensayamos. Me cerró la calificación con un diez.
—¿En serio? ¡Eso es genial! Significa que conseguiste tu promedio.
—Así es, la universidad no abre las inscripciones hasta enero, pero puedo estar tranquilo. ¿Pudiste ir a la Academia?
—¡Si! De hecho fuí el lunes luego del festival, y el profesor que me tomó los datos había asistido a la obra y se deshizo en halagos. —Sakura sonrió con felicidad—. Me dijo que el nivel de la Academia es alto, pero que seguro podré lograrlo con esfuerzo. —Sakura que era realmente distraída, recién a ese punto de la conversación notó que la vestimenta de Shaoran no era la adecuada para estar dentro de su casa—. Shaoran, lo siento, estás abrigado, debes estar a punto de salir.
—A decir verdad, sólo te me adelantaste. —Shaoran se sonrojó un poco, y se rascó la cabeza—. Iba camino a tu casa.
—¿A mi casa?
—Si, —Shaoran metió la mano de su bolsillo y sacó una cajita rosada con moño dorado de su bolsillo—, te compré un presente, espero que no sea inadecuado y que te guste.
Sakura sin poder creérselo y sin tomar aún su regalo, rebuscó en su bolso y tomó el paquete que ella cargaba y se lo mostró, ambos comenzaron a reír e intercambiaron el regalo, dándose las gracias.
—Sakura, el clima está helado, a una calle de aquí hay una linda cafetería y…
—Me encantaría salir contigo a tomar un chocolate caliente, Shaoran.
Los chicos se sonrieron y comenzaron a salir del edificio. Lentamente el castaño buscó la mano de la chica para tomarla. En retrospectiva, todo había salido muy distinto a lo que había esperado, y se sentía verdaderamente feliz.
FIN
Notas de Autora: Buenas tardes a quienes están del otro lado! El día de hoy les traigo la primer entrega de lo que es un hermoso proyecto que organizaron para estas fechas los queridos creadores Pepsipez, CherryLeeUp y WonderGrinch, un proyecto en el que aprendimos mucho, y compartimos con otras increíbles escritoras del fandom. Me siento muy feliz de haber sido parte y de que estos chicos nos hayan enseñado cosas tan lindas de la literatura y escritura creativa.
Este fic lo he creado con mucho cariño, lo disfruté muchísimo, deseo que ustedes también lo reciban con estas lindas energías, y espero que les guste esta nueva aventura de nuestros castaños favoritos. Que esta noche todo el mundo tenga una hermosa Navidad junto a sus seres queridos. Los quiero!
Maii~
