El viento mecía sus cabellos rosas en dirección al poniente. Se encontraba parada en la arena húmeda provocada por las olas del mar. A pesar de la noche, se podía apreciar los movimientos de las olas gracias a la luminosidad de la luna, que brillaba con intensidad en el cielo estrellado.
Llevaba un vestido suelto hasta las rodillas por el calor del verano, mientras llevaba sus sandalias en una sus manos para que sus pies pudiesen estar enterrados en la arena gracias a las olas del agua que rozaban sus tobillos desnudos.
Tenía la mirada perdida en el oscuro horizonte, en donde creyó haber visto un barco, pero no le prestó demasiada atención. Estaba pensando el cómo llegó allí, recordaba vagamente haber estado corriendo por las calles sin dirección alguna, hasta llegar a la playa, pero no sabía por qué escogió ese lugar. Quizás por lo tranquilo del lugar y lo hermoso que se veía el mar en la noche.
De alguna manera quería verse y sentirse así, como el mar; plácida y en paz.
Pero no podía.
Tenía una pena enorme que pesaba como si fuera plomo, aplastándole el pecho. Pero no lloraba ni decía nada, porque no sabía cómo hacerlo. Era algo que no podía botar ni saber dónde arrojarlo, solo se quedaba ahí estancado, pudriéndose en su corazón.
A sus once años, Sakura se había endurecido a base de entrenamientos exhaustivos y múltiples caídas. Ya no reía como antes, se veía apagada y cansada, en ocasiones se le podía notar ojeras por las noches de insomnio, por las preocupaciones que una niña no debería tener.
Su pecho convulsionó de angustia, haciendo que el pedazo de plomo subiera por su tráquea y se estancara en su garganta, formando un nudo que no la dejaba respirar. Tragó saliva, tratando de contenerse, inhaló con profundidad soltando el aire por la boca.
Siguió mirando el oscuro horizonte, pensando en la persona que más quería y respetaba en el mundo; su padre, Haruno Kizashi.
Sakura no sabía cómo sus padres llegaron a enamorarse, siendo tan diferentes. Su madre, siempre alegre y divertida, cariñosa con su familia y simpática para otros. En cambio, su padre tan serio e imperturbable, terco en ocasiones, pero sobretodo machista. Jamás, en el tiempo que lleva de vida en ese mundo, vio a su padre sonreírle, ni una vez. Ni para ella, ni para su madre.
Kizashi era un hombre con costumbres tradicionales e ideologías antiguas que quería tener un hijo varón como primogénito, pero la vida le dio una hija. Una niña de cabellos rosas y ojos verdes, como los de su madre. No se parecía en nada él, ni un ápice, era más bien un clon de su madre en miniatura. No había nada en ella que lo recordase a él.
Sakura siempre respetó a su padre y trataba de cumplir las exigencias y los estándares que él quería. Fue él quien la inscribió en una academia de Karate para que aprendiera ser fuerte e independiente. La trataba como si fuera un chico, y en ocasiones, cuando algo le salía mal o fracasaba, él la reprendía con dureza y frialdad, como si estuviera hablándole a otro adulto y no a su hija de tan solo seis años, en ese entonces.
Nunca supo por qué sus padres no intentaron tener más hijos, su madre era una mujer joven y sana, no padecía ninguna complicación para volver a embarazarse. Recordaba haberle preguntado en una ocasión si deseaba tener otro bebé, pero no le contestó. Solo la observó con esos ojos iguales a los suyos llenas de amor y cariño, le acarició las mejillas con afecto y siguió en sus quehaceres, sin darle una respuesta que satisficiera su curiosidad. Desde entonces, Sakura no volvió a preguntarle ni tocar el tema, porque sabía que su madre no le contestaría nunca.
Ella sabía que su padre quería un hijo, pero se tuvo que conformar con ella, siempre se lo decía, lo repetía a diario. Eso le dolía profundamente, pero nunca se permitió llorar; no quería darle más razones para detestarla. Es por eso que ella tomaba una actitud muy "machorra" por decirlo así, ya que al estar en una academia de karate, tenían más amigos varones que las de su propio género, y solo por él. Por su padre. Esperando que algún día la viera fuerte y exitosa, y que por fin se sintiera orgulloso de ella.
Pero ahora…
Sakura volvió a sentir ese pedazo de plomo atrofiarle la garganta, luchando por salir. Pero no podía ni quería hacerlo. No lloró cuando su padre la despreciaba día tras día, en cada caída y golpe, cuando le decía que era un fracaso, que no era lo que había esperado; que no la quería.
Ahora su padre no estaba.
Las había abandonado.
La había dejado.
Hace un tiempo las cosas estaban tensas en su casa. Las discusiones iban y venían entre sus padres. Al principio los escuchaba pelear en su dormitorio y en la sala, cuando pensaban que dormía. Luego, con el tiempo las peleas fueron cada vez más fuertes, siendo un martirio llegar a casa y encontrarse con la dura mirada de su padre lleno de desprecio y con palabras cargadas de desdén.
Lo supo, siempre lo supo. Su padre se iría tarde o temprano. Solo que fue más temprano que tarde, ya harto de ella, por lo que simplemente empacó sus cosas y se fue.
Y ahí estaba.
Con el pedazo de plomo en su garganta y mirando la noche calurosa. Con ese vestido suelto que utilizaba en casa cuando no aguantaba el calor, sin shorts ni camisas que parecían más de chico que de chica.
Con cuidado, acarició su cabello desordenado por el viento. Su mano derecha paseó desde su frente hasta su nuca, y con las yemas de sus dedos, rozó el largo de sus mechones hasta las puntas, que no llegaba ni a los hombros. Lo llevaba tan corto como siempre, para agradar a su padre. Aunque no era lo suficientemente corto para parecer un chico, tampoco se veía femenina.
Escuchó que alguien corría a su dirección.
Al voltear a su izquierda, se encontró de sopetón con la persona que menos esperaba que la encontrase. No pudo evitar expresar su desconcierto, de todas las personas, tenía que ser justo él que la hallara.
La observaba con sus ojos negros fijos sobre ella, con la respiración irregular por la carrera hasta la playa, con las manos en sus costados fuertemente apretados. Su rostro infantil, mostraba la seriedad de un adulto, uno al que ella recordaba con amargura a su padre.
No dijo nada y ella tampoco.
Vio como caminaba hacia a ella con parsimonia, ya más relajado, aun así podía ver algo de tensión en su estrechos hombros. No lo miró a los ojos por vergüenza de su estado; su cara toda contrariada evitando que el pedazo de plomo atorado en su garganta saliera en ebullición por su boca. No oía sus pasos por la arena, sin embargo visualizó sus pies al estar con su cabeza agachada. Estaba a unos cuantos pasos cerca suyo, y se quedó allí, sin avanzar más de la cuenta. No sabía si era por no invadir su espacio personal o la de él, pero siguió sin hablarle y ella tampoco se atrevía a decir nada.
Sakura pensó, desde que era pequeña, que Uchiha Sasuke siempre la odió, al menos en los primeros años de conocerse, luego de ver que no se iría, tomó una actitud más parecido a la indiferencia que al desagrado, pero nunca ha sido algo que le importe realmente. Al ser un niño tan arrogante, arisco y prepotente, la llevó a tener una muy mala primera impresión de él, y desde entonces nunca le ha dirigido la palabra a menos que sea necesario.
Pero… ahora que lo pensaba.
Una de las principales razones por las que sentía cierto rechazo hacia él, es que Sasuke le recuerda terriblemente a su padre. Su manera tan tosca y exigente para tratarla eran similares a como lo hacía él, pero sobretodo es ver la mirada de su padre reflejado en los oscuros ojos de Sasuke. Una mirada fría y distante, como si no valiera nada, como si todo su esfuerzo no valiese la pena, porque ella no es ni nunca iba a ser suficiente.
Ni como hija ni como amiga.
Sakura tragó grueso, calmando el plomo en su garganta, evitando a toda costa que surgiera como la lava; quemando y destruyendo todo a su paso.
Sacudió la cabeza, en un intento de desaparecer los turbios pensamientos que la estaba llevando su mente, no quería seguir por ese rumbo, sino terminaría por soltar cosas que ella nunca se permitió hacer.
Con lentitud, observó a Sasuke de reojo, sin levantar la mirada. Desde siempre Sasuke ha sido levemente más alto que ella, ahora que están más grandes, apenas alcanza a rozar su nariz con su rosada cabellera. Sin embargo, no se veía tan intimidante, si no fuera por esos ojos negros que, en ese momento, la escaneaba de pies a cabeza.
Se cruzó de brazos, incomoda por la manera en que la observaba. Después de todo este tiempo, aún seguía sin acostumbrarse a que la mirase de esa forma tan penetrante, sin decir nada. Sabía para qué estaba allí, pero el por qué, es lo que la intrigaba. No eran amigos, se lo ha repetido incontables veces, pero era amigo de Naruto. Si no se equivocaba, éste le habrá pedido ayuda para buscarla luego de que saliera corriendo de su casa.
Sí, de seguro habrá sido por eso.
Estaba tan inmersa en sus pensamientos que no se dio cuenta que Sasuke avanzó unos pasos más cerca de ella, estando a unos centímetros de distancia.
–Sakura…– llamó de repente.
Sakura se sobresaltó por un segundo, viendo lo cerca que estaban. Sasuke siempre ha sido una persona muy recelosa con su espacio personal, por lo que le sorprendía que él se atreviera hacer ese tipo de acercamientos, rompiendo una barrera invisible entre ambos, siendo difícil de ignorar, como lo estaba haciendo unos segundos atrás.
– ¿Qué haces aquí? – preguntó con voz hueca. No tenía ánimos de hablar con nadie, y mucho menos de discutir con él.
–Naruto me envió– contestó, casi de manera autómata. No había ninguna expresión en su cara que le diera una pista de lo que estaba pensando. Pero tampoco la miraba con su característica pose de arrogancia y suficiencia. Simplemente estaba allí, demasiado cerca y con el rostro inmune.
Curvó sus labios en una pequeña sonrisa vacía, sin encanto. Tuvo razón, lo más seguro es que su madre le habrá contado a Naruto de la… situación, y por ende, éste le habría pedido ayuda a Sasuke para ir en su búsqueda. Lo que le sorprende enormemente, es como Naruto lo convenció para hacerlo. A lo mejor lo amenazó o le habría suplicado por su ayuda… aunque también puede que él viniera a reírse de ella, al ver que ni su padre la soportaba.
Sus manos se hicieron puños de la rabia. Lo último que quería es que él estuviera ahí, mofándose de su desdicha.
–Entonces ve y dile donde estoy– escupió con resentimiento.
Apretó aún más fuerte sus puños, preparándose para el golpe que le daría si decía una palabra hiriente al respecto. No lo soportaría, no aguantaría una sola burla de su parte.
Pero en vez de algún reclamo o una acusación, solo recibió una sensación cálida en su hombro izquierdo. Observó al chico que estaba a su lado con los ojos abiertos, Sasuke la miraba de vuelta, sin palabras ni expresiones frías. Era una mirada que nunca había visto en él, una de reconocimiento, como si la estuviera viendo por primera vez.
Vio como apretaba sus labios, queriendo decir algo, apretando aún más su agarre en su hombro izquierdo. La sentía cálida y reconfortable de alguna extraña manera, pero no opuso resistencia, se dejó hacer, curiosa y expectante a lo que fuera hacer. No esperaba que hiciera algo así, de todas las cosas…
Relajó las manos, colocándolas en sus costados. Dijera lo que dijera, no permitiría que sintiera lástima por ella. No la quería, menos viniendo de alguien que se la ha pasado su vida entera despreciándola. No lucharía, ni gritaría, porque no valía la pena. Levantaría la cabeza con orgullo y dignidad, no le dirigiría ni una sola palabra y se iría.
Quizás su padre nunca fue un hombre alegre y amoroso como el padre de Naruto, o se sintió orgulloso de sus logros como el padre de Sasuke. Sin embargo, tenía lo más importante: su madre. Quien la amó y apoyó en todo momento, mientras su padre le daba la espalda, ella en cambio valoró todo su esfuerzo, con ella no necesitó usar ninguna máscara, con su madre siempre fue ella misma.
Y solo por ella sonreiría, a pesar de que muriese por dentro.
–Sakura – la volvió a llamar, al verla sumida entre sus pensamientos.
Salió por fin de su ensoñación, fijando sus ojos en él.
Negro y verde.
Y un destello apareció en los ojos de Sasuke.
Sakura pudo jurar que lo vio pasar por sus ojos, fue fugaz pero potente. Sintió un extraño escalofrío pasar por su espalda, y más por la noche veraniega más calurosa que recordaba. Por instinto, dio un paso atrás, posándose frente a frente hacia él. Aun así Sasuke no retiró la mano de su hombro, seguía ahí, tibia al tacto, como un cosquilleo molesto, pero que por laguna razón, no la hacía sentir mal. No del todo, al menos.
– Sakura…– repitió como una grabadora. ¿Cuántas veces habrá repetido su nombre esa noche? Más de las que le ha dirigido en toda su vida, eso seguro.
–Lo siento – soltó al fin.
Sakura se quedó de una pieza. No quería. No quería que sintiera pena por ella. Preferiría mil veces que se burlara de su desgracia o que la insultara por ello, todo era mejor antes de escuchar eso.
–No– tajó de golpe. Con su brazo izquierdo apartó su mano de su hombro, no soportando más su contacto. – No necesito tu lástima, ahórratelo. – dijo con disgusto.
Sasuke la observó con las cejas fruncidas, molesto por el trato que le estaba dando a pesar del apoyo, que según él, le estaba dando.
–No te molestes en darle aviso a Naruto, iré yo. – sentenció. Tanta cercanía entre ellos la estaba asfixiando.
Pasó a un lado de él, con la cabeza en alto, sin importarle lo que él llegase a pensar de ella. Puede que se haya comportado de forma grosera, pero él no tenía derecho a recriminárselo, de todos modos nunca fue bienvenida en sus juntas.
Al avanzar unos metros, sintió que algo la detenía por los hombros, inmovilizándola en el lugar. Giró su cabeza para ver como Sasuke la sujetaba por los hombros con fuerza. Por la posición en la que estaba era difícil ver su rostro, y cuando intentó girarse, se lo impidió poniendo más resistencia con sus manos.
– ¿Pero qué…– balbuceó confundida. No esperaba esa reacción por su parte, pero lejos de enojarse, se sorprendió por la fuerza con la que la sujetaba. Tensó sus hombros, de seguro Sasuke lo notó, ya que apretó aún más su agarre.
–Basta, Sakura – ordenó casi en un gruñido. La apretó aún más, llegando a soltar un pequeño quejido de dolor. A pesar de no poder verlo, sus palabras tenían una nota de regaño e impaciencia, como si quisiera decirle algo importante, al menos para él. Sin embrago, no dijo ni hizo nada por soltarse, dando a entender que lo estaba escuchando.
Espero unos segundos a que hablara de nuevo, pero no dijo nada. El silencio era roto por el continuo choque de las olas contra las rocas y la arena, mitigando un poco la incomodidad de Sakura, aun así el dolor en sus hombros comenzaba a tomar fuerza. Tensó aún más sus hombros, para tratar así que la soltase aunque sea un poco.
Podía simplemente tomar sus manos y obligarlo a que la soltase, pero por alguna razón, sentía curiosidad a lo que fuera decirle, y más que nada, es esta nueva actitud que ha tomado lo que la desconcierta. Sasuske, el niño que le exigió el nulo contacto físico entre los dos y que no hablarían si no fuera estrictamente necesario, estaba rompiendo con todos los decretos que impuso él mismo, hace algunos años atrás. ¿Por qué?
Escuchó un suspiro que le movió algunos pelos de su nuca, y poco a poco, Sasuke fue dejando de ejercer presión en sus hombros, aunque seguía firmemente agarrado, como si temiese que saliera corriendo. Aunque ella no pensaba lo mismo.
–No lo dije por lástima– susurró en su nuca, dejando de hacer presión en sus hombros – yo… en verdad…– paró abruptamente.
Sakura estaba cada vez más y más sorprendida de su actitud. Él era una persona demasiado callada y reservada como para iniciar una conversación que no le importaba tener, pero ahí estaba. Tratando de buscar las palabras adecuadas para hablarle.
–Lo que quiero decir, es que a pesar de todo…– calló nuevamente, escuchó otro suspiro, esta vez cerca de su oreja ¿en qué momento se había acercado tanto? – Tú, entre todas las personas… no merecías algo así– susurró lo último.
Se quedó tiesa, con los ojos abiertos del impacto de sus palabras. ¿Ella entre todas las personas? ¿A qué se refería? Tiene que ser lástima lo que siente, no había otra explicación, aunque él lo haya negado ¿Qué pretendía?
–Ah…– boqueó como pez fuera del agua. Estaba totalmente desconcertada, sin poder procesar del todo, el significado de esas palabras. ¿Qué se supone que debería decir? La tomó desprevenida, él entre todas las personas…
No podía poner nombre a lo que sentía, porque simplemente no sabía definirla en una sola palabra. Pero si podía describirla, sería como un hormigueo extraño en su estómago, una calidez que no había sentido nunca, que iba subiendo hasta sus mejillas y hacía bombear su corazón con fuerza. Incluso los podía oír golpeteando su pecho con insistencia, haciendo que el calor que sentía en sus mejillas se tiñeran de un vergonzoso color rojo.
Era parecido a la vergüenza, pero no lo era.
Era como el miedo, pero tampoco era.
Era como la alegría, pero no lo era.
No era nada de lo que ella había sentido alguna vez en su vida.
Sasuke había dejado de ejercer presión en sus hombros, convirtiendo en un tacto delicado apenas rozándola, antes de dejarlas caer a sus costados con lentitud. Avanzó unos pasos colocándose delante de ella dándole la espalda y, sin esperar respuesta, la tomó de la mano de manera firme pero sutil y hasta acogedor. En ningún momento giró a mirar la expresión descolocada de la pelirosa, no necesitó hacerlo para saberlo. Era mejor de esa manera, las emociones indescifrables bailaban por sus ojos sin poder detenerlas, sin entenderlas…
No movió ni un músculo de su cuerpo, y tampoco respondió al tacto. Solo podía estar allí parada como una tonta y con la mente en blanco, sin asimilar o comprender la situación en la que se habían envuelto entre los dos. El ambiente se había cargado de una forma casi trascendental, algo invisible pero palpable a las sensaciones, y era tan intenso como asfixiante a pesar de la brisa cálida de esa noche.
Sin poder detenerlas ni borrarlas de su sistema, realizó el primer pensamiento coherente que cruzó por su mente: estrechó su mano.
Con nerviosismo, observó la reacción de Sasuke, pero éste estaba a espaldas a unos pies de distancias, sin inmutarse de su repentina acción, y comenzó a caminar llevándola consigo rumbo a casa, tomados de las manos.
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A lo mejor era muy joven para entenderlo, y puede que nunca supiera lo que había detrás de esas palabras. Sin embargo, lo que sí sabía es que de alguna manera algo había pasado entre ellos, pequeño y sutil, pero potente. Como si algo hubiera surgido entre la tierra dejando al descubierto una, aparentemente, insignificante tallo de una planta.
Verde e indefensa.
Tal y como lo era ella.
Como él la veía.
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Asco.
Fue lo primero que sintió.
La bilis subió desde la boca del estómago hasta la orilla de su garganta, provocándole un horrible malestar estomacal. Las manos comenzaron a sudarle con nerviosismo, sin quitar la vista sorprendida y desesperada de la fotografía que estaba en sus manos.
Resistió el impulso de romperlo en dos, de borrar toda evidencia que la comprometiera con él en esa fiesta blasfema. No entendía como pudo llegar a esa situación tan íntima con él.
¿Se había aprovechado de ella? ¿Sabía que de seguro estaba drogada y no entendía lo que hacía? ¿Acaso le dio igual? ¿Fue él quien la llevó a esa habitación o fue ella? ¿Habrá sido ella la que lo sedujo? ¿A él? ¿Tuvo que ser justamente con él?
Más y más preguntas la invadían como un huracán sin precedentes, mareándola de tal forma que se tuvo que afirmar de la puerta del estante. Siguió observando la fotografía, quebrándose la cabeza por entender cómo fue posible que se enrollara con un tipo como él.
Con él.
Una punzada de angustia cruzó por su pecho ¿Acaso… se habría acostó con él? ¿Sería posible?
Se le revolvió el estómago de solo imaginárselo.
Ella jamás ha tenido novio, había tenido un par de citas en su vida que nunca llegaron a nada y no es por falta de personalidad o galantería, es que simplemente nunca quiso hacerlo. Incluso en ocasiones cuando iba alguna fiesta, se besaba con uno que otro chico mientras bailaba e ingería alcohol, pero siempre prudente como para no emborracharse y a la vez, divertida y escandalosa sin llegar hacer nada imprudente con el chico con quien ligaba.
En otras palabras, Sakura nunca ha tenido encuentros íntimos, y sin lugar a dudas, jamás llegó a estar en esa posición con un chico, como muestra la imagen.
… ¿Había sido abusada?
Cerró el estante de un sonoro portazo, llamando la atención de algunos estudiantes que la miraban entre sorprendidos y curiosos, pero no reparó en ellos. Con la fotografía en la mano, se dirigió casi corriendo al baño de las chicas y se encerró uno de los cubículos vacíos. Se afirmó del retrete con las manos y vomitó sin mesura, las piernas le temblaban a pesar de estar arrodillada, el sudor le caía en pequeñas gotitas por la frente. Podía sentir sus manos frías y sudorosas por el desasosiego y la desesperación.
Esto era peor que ser observada.
Esto ya no eran suposiciones suyas o paranoias sin criterios.
Esto era real.
Esa fotografía era la evidencia de que Sasuke la estaba acosando.
Nuevamente la bilis subió por su garganta quemando su esófago, y volvió a vomitar sus histerias y sus miedos. Con manos temblorosas dobló como sea la imagen y lo guardó en uno de los bolsillos de su falda escolar. Sacó sus cortos mechones rosados de su cara, colocándolas detrás de su oreja con dedos torpes, enredando algunos pelos.
Cerró los ojos concentrándose en serenar los latidos de su corazón, antes de que entrara en un ataque de pánico. "inhala y exhala, Sakura" se dijo. No podía caer en la desesperación, tenía que pensar con claridad y frialdad.
Bajó la tapa del inodoro y tiró la cadena, se sentó encima suspirando, ya un poco más calmada, aunque sus piernas seguían medio temblorosas. Tragó saliva, sintiendo el gusto ácido de la bilis en su boca. Hizo una mueca de desagrado, luego se lavaría, ahora tenía que pensar qué hacer al respecto.
Primero. Tenía que aclarecer todo ese asunto, y la única persona que recuerda lo acontecido esa noche, es Sasuke.
Otro aguijonazo de angustia y pavor cruzó por su pecho, con tan solo pensar en encararlo.
No podía simplemente acercarse a él y hablarle, le daba repulsión estar tan si quiera cerca de él. Se sentía sucia y ultrajada, y lo único que conseguiría era unos ojos negros fijos en ella como un depredador y ella ahí, con el corazón en la mano y tiritando de miedo como si fuera su presa.
Y pensar que fue amable de su parte de llevarla a casa el otro día… ¿entonces que era esto? No concuerda para nada con el tipo que la acompañó y la ayudó con su pie lastimado. ¿Era un juego? Uno retorcido y perverso…
No. Lo enfrentaría cuando estuviera lista, ¿pero cómo hacerlo cuando él no la pierde de vista en ningún solo momento?
Pasó un brazo por su frente, sacando el sudor que le recorría. Cerró los ojos con un suspiro.
Se las arreglaría después. Ahora solo necesitaba enfocarse en averiguar lo ocurrido.
Abrió sus ojos, mostrando un brillo de reconocimiento en ellos.
¡Pero claro! ¿Cómo no lo había pensado antes?
–Ino…– susurró con voz ronca.
Le valía un rábano si quería ir a follar con su novio. Se juntarían en la casa de la rubia y encenderían la cámara para ver de una vez por todas lo que verdaderamente ocurrió en el cumpleaños de Hinata. Tenía que confirmar sus sospechas, y si no encontraba nada relevante entonces… tendría que hablar si o si con el Uchiha.
Se levantó con aplomo, abriendo la puerta de su cubículo y se ubicó frente al lavamanos. Observó su reflejo; estaba pálida del susto, con el cabello medio desordenado y con los ojos rojos productos de las arcadas al vomitar, luciendo enfermiza y débil. Abrió el grifo para enjaguarse la boca y escupir la acidez de la bilis. Mojó su rostro para refrescarse y tratar de verse más compuesta y menos perturbada, con las manos húmedas arregló su cabello hasta la altura de sus hombros, peinándolos como pudo con sus dedos. Se miró una vez más en el espejo, al menos ya no se veía tan mal como antes, aunque se podía ver algo afligida en su mirada, pero era eso a nada.
Miró la hora en su reloj de muñeca derecha, faltaban tres minutos para que finalice el receso. Iría a clases en su aula correspondiente y hablaría con Ino, le contaría la verdad. Le diría todo, incluyendo la fotografía que llevaba en su bolsillo, ya no podía más con esto, necesitaba ayuda.
Salió del baño rumbo a su aula, pensando en cómo decirle a la rubia sin que se alterara, porque estaba segura que Ino armaría un escándalo cuando se enterara de lo que le había estado pasando frente a sus narices sin darse cuenta.
Abrió la puerta y entró al salón, que en ese momento estaba vacío, no tardarían en llegar los demás estudiantes. Se sentó en su puesto, preguntándose si sería una buena idea hablarlo ahí con tantos oídos escuchando. A lo mejor debería esperar a la salida para conversarlo con más tranquilidad.
Se recostó en la mesa escondiendo su rostro entre sus brazos, estaba teniendo un dolor de cabeza producto del estrés. En un minuto llegarían todos y comenzaría las clases, pero no tenía ningún ánimo de prestar atención en la materia, no se concentraría con todo lo que llevaba en la cabeza.
¡RING, RING!
Escuchó el incesante sonido del timbre que avisaba a los estudiantes el término del receso, y en un instante, el barullo de sus compañeros hacía presencia por todo el pasillo hasta llegar al aula. La puerta se abrió dejándolos pasar, entre risas y charlas, se sentaron en sus asientos, mientras que otros estaban de pie conversando hasta la llegada del maestro.
Aún recostada en su mesa, visualizó la cabellera rubia de su amiga al lado de la ojiblanca que estaban enfrascadas en una intensa conversación, en la que solo era participe Ino mientras que Hinata se dedicaba a escucharla con una sonrisa. Se acercaron a la pelirosa, colocando dos sillas al lado de ella siguiendo con el cotilleo de la rubia, sin reparar del estado de Sakura.
–…Entonces me confesó que la chica del otro curso, sí se había liado con el novio de Sora ¿te imaginas? – Exclamó Ino, totalmente ensimismada en su historia, sin darse cuenta que Hinata ya no la estaba escuchando. La ojiblanca frunció las cejas en preocupación al ver que Sakura no estaba dormida como había pensado. Giró su mirada a Ino, que al parecer no se había dado cuenta que algo le sucedía a su amiga.
–Ino…– la llamó Hinata en un susurro que no fue escuchado por la rubia.
–…y tan calladita que se veía ¡quién lo diría! – siguió relatando mirándose las puntas de su cabello, ¿debería cortarse el cabello?
–Ino – habló con un poco más de fuerza, lo suficiente para que Ino la mirase.
La rubia la miró sin comprender, hasta que Hinata desvió sus ojos en Sakura para darle a entender lo que estaba pasando. Ino contempló a la pelirosa, prácticamente echada en su pupitre, aparentemente, durmiendo. No entendió lo que le quiso decir Hinata, levantando una de sus cejas en señal de pregunta. Consiguiendo que Hinata hundiera sus hombros y soltara un suspiro en rendición, pensando que la rubia ya no tenía remedio. Así que con una mano pasó por los rosados cabellos de su amiga, arreglándolos con suavidad, tratando de ver sus ojos escondidos detrás de ellos.
Sakura posó su vista en la ojiblanca, que la miraba con una sonrisa maternal, ordenando sus cabellos con ternura, tal y como lo hacía su madre. Deseó dormirse entre los mimos Hinata, pero no podía, la angustia se lo impedía, como un peso en su pecho tirándola hacia abajo.
Finalmente se levantó, mostrando sus ojos verdes. Hinata paró sus caricias y la observó con preocupación. Giró la mirada a Ino y, por su expresión de sorpresa y consternación, supo que ella también notó la mirada perturbada de la pelirosa.
–Sakura, cariño ¿estás bien? –pregunto Ino. Acercó más su silla para prestarle atención a la pelirosa.
–E-estás pálida, ¿sucedió algo? – preguntó a su vez Hinata. Al igual que Ino, acercó aún más su silla, viendo que la chica no decía nada.
–Ino – observó a la recién nombrada con detenimiento –debemos de ver esas fotos, hoy mismo– sentenció.
Por un segundo la rubia parecía no entender, hasta que sus ojos se abrieron sorprendidos cuando al fin se dio cuenta lo que quería decir su amiga. Observó a Hinata que estaba igual o más pálida y sorprendida que ella, por el inesperado pedido de Sakura.
–E-espera un segundo– Hinata se pasó un mechón de pelo tras su oreja, relamiéndose los labios con nerviosismo –No entendemos q-que te sucede–
–Es cierto – habló Ino, apoyando a Hinata – primero explícanos el porqué de tu estado, luces angustiada – susurró lo último con delicadeza, sin entender su actitud.
–No puedo hablarlo aquí – meneó su cabeza a ambos lados, para que entendiera que se refería a sus compañeros de clases –juntémonos en tu casa y se los explicaré– observó los azules ojos de Ino, para que no dudara que estaba hablando en serio– por favor– le suplicó, cuando vio que parecía decir que no. Después de todo había dicho que se juntarían mañana para que pudiera ver a su novio esta tarde, pero no podía esperar, tenía que decirlo ya.
–Bien – habló Hinata, respondiendo por Ino. Su amiga se encontraba con un aspecto que nunca había visto, como que se encontraba mal por algo. Es por eso que al ver la indecisión de la rubia, prefirió ser ella quién tomara la palabra. De todos modos, ya tendría tiempo de juntarse con su novio Sai. Ahora lo importante era Sakura y su extraño comportamiento.
–De acuerdo – habló por fin Ino.
Justo en ese momento entro Asuma-sensei para dar la clase, y todos los presentes se apresuraron en sentarse en sus respectivos asientos. Rápidamente las chicas acomodaron las sillas en sus pupitres y comenzaron a prestarle atención a la clase. Sin embargo, Sakura podía sentir las miradas de preocupación que le dirigían sus amigas de vez en cuando, tratando de imaginarse que podría sucederle. Les sonrió un poco para mitigar sus preocupaciones, pero no resultó del todo, al menos en Hinata, que era la más receptiva con las expresiones.
Sakura fingió prestar atención a la clase, pero no podía concentrase ni un poco. Cada vez que el sensei explicaba la materia, inevitablemente, su mente se desconectaba y cavilaba en otros rumbos que solo la hacían sentirse más enferma. La fotografía que aún llevaba en su bolsillo le quemaba en toda la zona del muslo, como si fuera un carbón recién salido del fuego. Se removió incómoda de su asiento, haciendo un inútil intento de alejar esa molesta sensación, pero no podía. Tenía unas ganas enormes de sacarlo de su bolsillo y guardarlo en su mochila, pero se resistía en hacerlo, ya que era observada seguidamente de sus amigas, y no quería que preguntara por ello, al menos no por el momento.
Suspiró quedamente, fijando su vista en su cuaderno en blanco, sin poder tomar notas de la materia. Su profesor hablaba y se paseaba por todo el salón, asegurándose que los alumnos estuvieran atentos a lo que decía y no hacían otras cosas como; usar el teléfono, comer a escondidas o en casos como ella, que no escribía absolutamente nada. Al ver que el sensei se acercaba a su puesto, pasó un par de hojas hacia atrás, dejando ver apuntes de la clase anterior e hizo como que leía concentrada. El sensei pasó por su lado, sin darse cuenta de sus apuntes, para él, Sakura era una alumna ejemplar, esforzada y de excelentes calificaciones, así que no sospecharía nunca de que ella no tenía ni idea de lo que estaba hablando.
La hora pasó volando, y con eso el día. Sakura ha estado pensativa y abatida en todo momento, en ocasiones en los recesos miraba hacia todos lados, temiendo de encontrarse con unos espeluznantes ojos negros, fijos en sus movimientos.
Lo sabía. Sabía que la estaba observando, lo podía sentir. Todos sus sentidos gritaban en alerta cuando sentía un escalofrío en su columna o un hormigueo en su nuca. Ese eran las señales inequívocas que la acechaba, pero cuando giraba la mirada espantada no veía nada, más que los alumnos recorriendo los pasillos, el patio o la cafetería, pero sin rastro de su presencia. Sakura creía que se estaba volviendo loca, que la paranoia le estaba jugando una mala pasada y que a lo mejor ni estaba viéndola y era solo imaginaciones suyas provocadas por la histeria.
Por precaución, se la pasaba pegada en sus amigas, con temor de que él la pillase sola y la atacase desprevenidamente. Pero se decía que era estúpido hacer eso, ya que estaban en la escuela, llena de alumnos, con un inspector que vigilaba en todo momento y, además, están las cámaras de seguridad. Cualquier cosa que se atrevía hacerle estaría respaldada por cualquiera de esas opciones, aunque tampoco creía que lo hiciese, sabiendo además de que ella es una experta en las artes marciales, se defendería con todo si llegase a tocarle un solo pelo.
Ese pensamiento le hizo sacar una pequeña sonrisa. Golpear al Uchiha era una de sus mayores fantasías desde que era niña, cuando eran más pequeños y no se soportaban, Sasuke se la pasaba insultándola y poniéndole motes que, en ese entonces, le parecía hirientes. Sin embargo, ella nunca le contestó ni hizo nada al respecto, se decía a sí misma que no valía la pena prestarle atención. Pero lo que sí hacía, cuando se ponía realmente insoportable, era proponerle a Naruto a jugar rugby, y por ende, Uchiha también.
"Oh… como disfrutaba de aquello" –pensó.
Como no le decía nada, la única manera en que podía desquitarse era a través de ese violento deporte.
La primera vez que lo jugaron, Sakura recordaba como empujaba, codeaba y golpeaba al Uchiha, con la excusa barata del rugby. Terminó con uno que otro moretón en sus brazos, las rodillas raspadas, con la cara magullada y las costillas adoloridas, además de que su ropa terminaba hecha una miseria, de tantas veces que cayó al suelo. Desde ahí en adelante, cada vez que se sobrepasaba con los insultos, ella le proponía a Naruto con una sonrisa a jugar al rugby, y con eso, el Uchiha cerraba la boca y no volvía a dirigirle la palabra por el resto del día. Sabiendo, que se desquitaría a través de los golpes.
De todas maneras, él jamás jugó brusco como ella lo hacía. A lo mejor era porque era una chica o porque, simplemente era demasiado cobarde como para defenderse. Le gustaría pensar que era esto último, pero no concordaba con el perfil del Uchiha, aunque tampoco le hacía ninguna gracia la primera opción. Ella no lloraba por un empujón o una raspadura en una rodilla, y estaba segura que a pesar de no poseer la fuerza de un hombre, era lo bastante bruta y dura como para hacer llorar más de uno. Un ejemplo sería Naruto, aunque de niños era bastante llorón por nimiedades, pero no era en absoluto una bruta al jugar con él, y aun así se quejaba de que lo golpeaba demasiado fuerte. En cambio, Sasuke jamás se quejó ni dijo nada al respecto, pero si se le notaba en la cara, por las muecas de dolor y, en momentos, al cojear levemente, que sí le dolía como el infierno, sin duda alguna. Si era blanda con Naruto y se quejaba igual, no podía imaginarse a Sasuke, a quién golpeaba de verdad y nunca soltó un quejido.
¿Qué había pasado con ese niño? ¿En qué se había convertido? No podía entender que aquel niño frío y malhablado haya pasado a un tipo que la acosa y la observa por todos lados. Que ese mismo niño quién siempre la ignoró y la trató como si fuera la peste, se haya aprovechado sexualmente de ella…
Si alguien le hubiera dicho en el pasado que esto sucedería, no lo hubiera creído, pero ahora…
Ahora…
–Hey, Sakura– Ino meneó su mano por la cara de la pelirosa. Estaba tan metida en sus pensamientos y recuerdos que no vio que estaban afuera de la escuela, preparadas para encaminarse a la casa de la rubia.
–Ah, sí. Lo siento, ¿qué decías? –preguntó algo desubicada, tratando de enfocarse en el presente y no en su mente.
–Te decía que esperaras aquí con Hinata, mientras hablo con Sai un momento, ¿de acuerdo? – le preguntó modulando exageradamente, como si le estuviese explicando a una niña de cinco años y ella no entendiera por completo.
–Si si, ve– dijo con un movimiento de manos, para que se fuera con su novio. Ino le sonrió y giró donde estaba Sai, a unos cuantos metros de ellas apoyado en la pared de la escuela. De lejos, Sai las saludó con una mano alzada, sonriendo como siempre. Ella y Hinata respondieron al saludo de la misma manera, mientras que Ino se acercaba a su novio con un sensual contoneo de caderas. Ambas chicas giraron la mirada avergonzadas al ver el "saludo" de la rubia hacia su novio, si se podría decir así, a besuquearse como si se le fuera la vida en ello. Volvió la mirada en ambos que intercambiaban algunas palabras, vio a Sai hacer una mueca de pesar al saber que no se juntarían esa tarde, pero Ino se acercó a su oído y le susurró algo que cambió la expresión de Sai en un santiamén, retornando su sonrisa, pero sus ojos decían otra cosa, por el tinte pícaro impreso en ellos.
"¡Agh! Asquerosos. En verdad eres una puerca Ino-cerda" –pensó, haciendo arcadas en su mente. Observó a Hinata que estaba a su lado, con sus manos afirmando las correas de su mochila y la mirada gacha con un sonrojo en sus mejillas, de seguro pensó lo mismo que ella al ver la expresión de Sai. Tal parece, que Hinata no es del todo inocente en ese tema. Se preguntó si alguna vez, Hinata pensó de esa manera en Naruto, así de… sucio. Se sonrojó de solo pensarlo, aunque tenía curiosidad hasta dónde puede llegar los pensamientos de Hinata para con su amigo.
–Hina-chan, ¿puedo hacerte una pregunta? – Habló de repente.
La ojiblanca se sobresaltó un poco, pero la observó con curiosidad. Ha estado demasiado callada en todo el día, como para que dé un momento a otro comenzara a hablar, pero no dijo nada y en cambio, asintió con la cabeza.
– ¿Has tenido pensamientos sucios con Naruto? –
La pregunta fue tan directa y espontánea, que Hinata se puso colorada a más no poder. La miró entre impresionada y avergonzada, boqueando varias veces sin saber muy bien que responder.
Sakura, intuyendo que iba a desmayarse en cualquier momento, optó por acariciarle la cabeza como una niña, dando a entender que lo que dijo fue una broma. Aun así, Sakura supo cuál era la respuesta de aquella pregunta, sonriendo para sus adentros, y se impuso la tarea de entablar una conversación muy seria con Naruto un día de estos.
Ino se acercó a ellas con una sonrisa en su rostro, mientras que Sai se despedía de la misma manera en que se habían saludado y se marchó por otro camino.
–Bien chicas, vamos a mi departamento, a esta hora de seguro mi madre se estará preparando para ir a trabajar, y no volverá hasta la noche. Tendremos el lugar solo para nosotras– dijo con un guiño, mientras caminaba decidida en dirección a su hogar.
No hablaron mucho en todo el camino, solo Ino que no paraba de contar cotilleos que escuchó de otras chicas, o de famosos que lanzarán nuevos discos o que protagonizarían alguna película. Y entre tanto en tanto, Hinata comentaba en susurros o se reía de las ocurrencias de la rubia, hasta llegar al edificio en donde vivía. Subieron al ascensor hasta el décimo piso y caminaron entre las múltiples puertas hasta llegar a una en específico. Ino sacó un manojo de llaves de su mochila y abrió el cerrojo de la puerta que tenía grabado el número "406".
Al entrar les llegó el delicioso olor pizza desde la cocina, que estaba detrás de una puerta al lado derecho de la entrada. Al frente estaba el living con sillones sofisticados y el suelo alfombrado, justo al frente estaba la pantalla plana, que en ese momento, estaba encendida mostrando las noticias. Al frente del living había un ventanal que abarcaba toda la pared, y que llevaba a la terraza del recinto. A la izquierda de la entrada, estaba el pasillo en donde conducía a tres habitaciones; la primera era de los padres, la segunda era de Ino y la tercera era la pieza de alojados, pero rara se usaba, ya que ellas al hacer pijamadas y esas cosas, acostumbraban dormir junto con la rubia. Y la última puerta que estaba al final del pasillo, conducía al baño para invitados, ya que cada pieza tenía un baño privado.
Sí, los padres de Ino son bastantes adinerados, más que nada por su padre, que era gerente en una empresa importante y su madre trabajaba de enfermera en el hospital central de la ciudad.
Y hablando de ella…
La madre se asomó por la puerta de la cocina, mirando con curiosidad a las recién llegadas.
–Hola mamá, he vuelto– saludó Ino, acercándose a su madre con una sonrisa.
–Hola cariño, chicas– devolvió el saludo su madre, haciendo una leve inclinación de cabeza hacia las chicas. Había salido de la cocina secándose las manos con un paño.
–Buenas tardes Señora Yamanaka– saludaron ambas chicas a la dueña de casa.
La señora Yamanaka era un mujer simpática y amable, con grandes ojos azules, igual que los de Ino, y es tan cotilla como ella. De tal palo tal astilla.
–Chicas, que sorpresa– dijo con una sonrisa, dejando el paño arriba de la mesa del comedor –Creí que Sai vendría hoy, había pedido pizzas para que comieran– decía mientras caminaba de aquí para allá, buscando papeles y las llaves, guardándolas en su bolso que estaba en el sillón.
–Ah, sí. Muchas gracias mamá, pero vendrá mañana. Hoy estaré con mis chicas– contestó con un guiño en dirección a las muchachas que estaban detrás de ella.
–Oh, de acuerdo. Pueden comer pizza si gustan– sugirió. Tomó su bolso y se puso delante de las tres chicas – ¡bien! Es hora de irme. Tu padre pasará por mí al hospital, así que llegaremos pasadas de las diez y media. – le comunicó a Ino, observando la hora en su reloj de muñeca– si van a salir, no llegues muy tarde ¿de acuerdo? – pidió, dirigiéndose a la puerta con apuro.
–No te preocupes, estaremos aquí. Qué te vaya bien en el trabajo– le despidió Ino, dejándose caer en el sillón con pesadez, mientras tomaba el control remoto y comenzaba a cambiar de canales. Las chicas se sentaron a su lado, colocando sus mochilas en el suelo.
–Adiós, Señora Yamanaka– dijeron al unísono, Sakura y Hinata.
–Nos vemos ¡y no quemen la casa, eh! – bromeó la mujer antes de desaparecer por la puerta.
Se quedaron unos minutos sentadas. El silencio era roto, solo por el sonido de la televisión, pero no pareciese que le estuviese prestando atención.
Sakura estaba pensando en cómo debería empezar a relatar los sucedido con Sasuke. Estaba observando el buda que tenían de adorno en la mesa de centro, en concentración. Todavía llevaba la fotografía guardada en el bolsillo de su falda, no tuvo oportunidad de guardarla en su mochila, por más que lo hubiera querido. Como se la pasaba todo el tiempo al lado de las chicas, no tuvo tiempo de hacerlo sin que la vieran, aunque aquello no le hubiese molestado, no era el lugar indicado para hablar de un tema tan delicado como ese.
El acoso por parte del Uchiha no era para tomárselo a chiste.
Por enésima vez en el día sintió que se le revolvía el estómago, pero era más de los nervios que del asco. Miró de reojo a las chicas que estaban sentadas a su lado, y se sorprendió que ambas la estaban observando fijamente, como si ella fuese la pantalla de la televisión; en donde esperaban encontrar las noticias que andaban buscando.
Se removió incómoda ante el escrutinio de sus amigas. Con nerviosismo pasó sus dedos por su cabello, dejándolos detrás de sus orejas, preparándose para comenzar a hablar. Pero antes de decir nada, Ino se adelantó.
–Tranquila –dijo con suavidad. Levantándose del sillón para sentarse al otro lado de Sakura, dejándola al medio de ambas. Una de sus manos se posó alrededor de sus hombros demostrándole su apoyo.
– ¿Ti-tiene que ver algo con la fiesta? ¿Por eso quieres ver las fotos? –preguntó con cautela Hinata, acercándose aún más a la pelirosa, tomando su mano izquierda con cariño, acariciándola con las yemas de sus dedos.
–Si –susurró. Respiró profundo, soltando el aire por su boca, con un poco más de confianza – Hace un tiempo… me han sucedido cosas, realmente extrañas– comenzó a relatar, relamiéndose los labios– Al principio no le presté importancia, pero después… todo fue muy confuso y y-yo no sabía, n-no recordaba nada de esa noche, pero jamás imaginé que él llegara a ese extremo…– balbució entrecortadamente. Estaba dejando que la histeria la domine, prácticamente vomitaba las palabras casi de forma aleatoria, desesperada por decir lo que hace mucho debió contar.
–Sakura– la llamó Ino, cortándola de golpe. Sakura la observó, tenía sus ojos azules fijos en ella con seriedad – tranquilízate, estás temblando…– musitó.
No sabía en qué momento había empezado a temblar. Soltó la mano de Hinata, la había estado apretando de manera inconsciente en el proceso. La miró con un deje de disculpas, pero ella simplemente la miraba con ojos inquietos y con la cara más pálida de lo normal.
–Sakura-chan…– murmuró Hinata, observándola a los ojos – A qué te refieres con "él" ¿de quién estás hablando? – preguntó sin tartamudear.
Miró a ambas de forma intercalada con aire apesadumbrado, ya no pudiendo aguantar más la histeria en su cuerpo. Así que sin más, lo dijo.
–Sasuke me está acosando…–
–...–
Silencio.
Casi podía oír sus mentes trabajar, tratando de procesar lo dicho.
Ino fue la primera en reaccionar. Se levantó de golpe, con los ojos bien abiertos y la boca con una perfecta "o".
Hinata, sin embargo, la miraba con la cara hecha un poema, sin dar crédito a lo que escuchaba.
–Pero… pero… ¿me hablas de Uchiha Sasuke? ¡¿Ese Uchiha Sasuke?! –exclamó Ino en un tono chillón.
No la culpaba. Si estuviera en su lugar reaccionaría de la misma manera. ¿El siempre serio y antisocial Uchiha, acosando a una chica? Pff… no le creería nadie.
Ino volvió a sentarse a su lado, con el rostro a solo dos palmos del suyo, observando sus ojos con ese brillo en sus iris que conocía tan bien.
–Cuéntamelo todo– pidió. Más bien exigió, casi alterada por lo que esto significaba.
–A ver, espera– Hinata puso una mano delante de Ino, pidiéndole silencio, para poder ser ella quién tomara la palabra.
–Sakura-chan… ¿e-estás completamente segura? ¿n-no podría ser algún m-mal entendido? – volvió a tartamudear. La observaba con precaución, como si sus palabras fueran a ofenderla o a molestarla.
Sakura ya se esperaba algo así, de todos modos es difícil de creer hasta para ella, pero era la realidad.
–No, no hay ningún error– dijo meneando su cabeza en señal de negación.
–Pero, cuéntanos. ¿Desde cuándo Sasuke te acosa? ¿Cómo te diste cuenta? ¿Por qué estabas así esta mañana? ¿Fue por él? ¿Te hizo algo? ¿Ah? –dijo alterada Ino, escupiendo las preguntas sin poder evitarlas. Y es que, ¡era Uchiha Sasuke! El chico más guapo de toda la escuela. Pero a pesar de tener a todas las chicas detrás de él, simplemente pasaba de ellas como si fueran basura. Su personalidad era bastante parca, tosca e indiferente, además de ser serio, callado y brillante en los estudios. Llamando aún más la atención entre las féminas, incluyendo (hace muchísimo tiempo) a ella misma. Pero jamás tuvo oportunidad con él, ya que él negaba todo contacto con el género opuesto. De hecho, todas quedaron sorprendidas cuando comenzó a juntarse con Sakura, la chica de cabello rosa, sin embargo, nunca la vieron como una amenaza, alguien de quién Uchiha pudiese fijarse. La chica no tenía nada de femenina, sin contar el extraño color de cabello, además era demasiado machorra para que pudiese llamar la atención de Sasuke.
Ahora veía cuan equivocada estaba.
–Comenzó hace algunos meses– dijo con la vista fija en la mesa de centro, rememorando algunos incidentes – Al principio, cuando nos juntábamos en la casa de Naruto o en la escuela, lo había pillado en varias ocasiones observándome, pero él simplemente giraba la mirada como si no hubiese pasado nada– comenzó a jugar con sus dedos, pensando la incomodidad que sentía en ese entonces y en lo que es ahora –Luego, comenzó a tener un comportamiento extraño… más de lo normal– agregó al ver la ceja alzada de Ino – Lo veía por todas partes, aparece por cualquier lado; como en la cafetería, en el gimnasio, en los pasillos... pero siempre mirándome con esos ojos que…– se estremeció con tan solo recordar los horribles escalofríos en su columna cuando lo sentía cerca. – pero no era solo en la escuela, sino también afuera. Lugares que pudo ser coincidencia por momentos, pero que con el tiempo… eran demasiadas ¡me lo encontraba hasta las tiendas femeninas! – exclamó lo último con disgusto. – recuerdo que en una ocasión me lo topé en el metro y ¡Dios! Lo hubieran visto, me estaba perforando la nuca con sus ojos. Y lo peor de todo es que el metro iba lleno y él estaba al otro lado del compartimento ¡de esa distancia podía sentir su mirada! Era terrorífico, en serio. Después, cuando la gente comenzaba a bajarse o a subir, de un momento a otro estaba pegado detrás de mí. ¡No me había dado cuenta! Y por el reflejo de la ventana podía ver que me estaba observando de arriba abajo. Me bajé a la siguiente parada, me importó un comino que estuviera a kilómetros de casa. ¡No podía seguir ahí! – tapó su cara con sus manos, hundida en la angustia.
–Vaya… Sakura, ¿por qué no nos lo dijiste? –preguntó consternada Ino, mirándola con las cejas fruncidas.
–Es que Ino, esto no es un juego, el acoso es algo grave ¿tienes idea de lo que podría pasar si un tercero se enterara de esto? Quizás podría haber estado equivocada y ser solo paranoias mías. Y Sasuke podría haber sido expulsado de la escuela o peor, podría terminar en prisión– concluyó. Ahora que lo decía, las cosas sonaban más crudas y graves en voz alta que en su mente. A lo mejor era por eso que se la pasaba tapando el sol con un dedo, era una situación demasiado complicada para querer hacerle frente.
Se disgustó consigo misma por lo cobarde de su actuar.
– ¿y ahora? – preguntó Hinata.
– ¿y ahora, qué? – dijo confundida Sakura. Mirando como la ojibanca se mordía los labios con nerviosismo.
– ¿Q-qué te hizo cambiar de parecer? ¿Qué sucedió hoy p-para que estuvieras de esa manera? – cuestionó. Ino la observó con ojos interrogantes, dándose cuenta a lo que quería llegar la ojiblanca.
–Es cierto– puntualizó la rubia, reparando en el incidente de la mañana. – y a todo esto, ¿qué tiene que ver con la fiesta, o las fotografías de ellas? –inquirió, achicando los ojos.
Sakura suspiró, apoyando la espalda en el sillón y hundiéndose como peso muerto.
–Tuve un encuentro con Sasuke el jueves pasado– comenzó, sintiendo la boca seca. Pero prosiguió contando lo sucedido; el sentimiento de sentirse observada en el gimnasio, su lesión, el encuentro en el paradero y como éste se atrevió a hablarle. A esto último, las chicas hicieron un gesto de extrañeza, ya que Sasuke jamás le ha dirigido la palabra en toda su vida (o por lo menos hasta donde saben). Sin embargo, cada vez se sorprendían más, al saber que él se haya ofrecido a llevarla a casa, o el comportamiento que tuvo su madre para con Sasuke. Realmente, todo el asunto era muy bizarro.
–Entonces, ¿me dices que ese es la razón de tu comportamiento de esta mañana? – cuestiona Ino con los brazos cruzados.
–La verdad es que no– responde con voz hueca. Se acomodó nuevamente en el sillón, subiendo las piernas hasta su pecho. –Hablé con Naruto esta mañana, y mencionó que Sasuke últimamente ha tenido un comportamiento extraño ¿lo ven?, ¡Hasta Naruto se ha dado cuenta de su comportamiento! –Recriminó a nadie en particular, abrazando sus piernas hasta quedar en posición fetal– luego, me dijo que andaba paseando en el pasillo de los estantes, cerca de la academia de judo– sintió su voz temblar a lo que iba a decir –Así que fui para encararlo, pero ya no estaba… no sé cómo se me ocurrió, pero me dio por ir hasta mi casillero y entonces…– dejó la frase en el aire, sintiendo el nudo de la bilis subiendo por su estómago.
Con lentitud, Sakura fue sacando de su bolsillo la imagen que la ha estado atormentando. Estaba mal doblada, la parte blanca con la que había pensado que sería una nota, estaba visible mientras que la imagen estaba dentro, como una bomba mal hecha.
Hinata e Ino miraron sin comprender el pedazo de papel impreso en sus manos. Ino fue quien tomó la imagen, leyendo el manuscrito junto a la ojiblanca.
En su posición, Sakura podía ver la expresión de sorpresa y desconcierto de ambas chicas al leer lo que contenía, pero eso no fue nada cuando al fin giraron la imagen para ver lo que contenía.
– ¡OH, MIERDA! – gritó Ino con cara de espanto. Levantándose nuevamente de su asiento, observando impactada a la imagen que había dejado caer en el regazo de Hinata. – ¿¡Qué demonios?! ¡Te comiste al Uchiha! – la acusó, apuntando un dedo en su dirección, como si hubiese cometido un delito grave.
Sakura se encogió en el sillón, turbada por los gritos histéricos de su rubia amiga. La verdad es que sonaba aun peor viniendo de Ino. Ya sabía de antemano lo que significaba esa imagen, pero que se lo dijera de esa forma tan vulgar, la hacía sentir más sucia que antes.
Miró de reojo a la ojiblanca, que tenía la mirada perdida en algún punto de la fotografía, como si estuviera recordando algo. De pronto su vista se posó en ella, y la mirada que le dirigió era de completa sorpresa y estupefacción. Iba a abrir la boca para tratar de defenderse, pero fue interrumpida por los gritos escandalosos de Ino, que se paró justo frente a ella observándola como si fuese otra persona.
– ¡¿Cómo pudiste ocultarnos algo así?! ¡¿Tienes idea de lo que pudo haberte hecho?! –exclamó alterada. Sonaba entre molesta y preocupada, con sus ojos azules llameantes ante tal descubrimiento.
– ¿Crees que no lo sé? –siseó con un nudo en la garganta, igual o más molesta que ella. Apretó aún más sus manos en sus rodillas, intentando de no soltar el gritillo histérico que le obstruía la tráquea y no le dejaba respirar.
Ella ya conocía ese sentimiento. Aunque en ese entonces era muy pequeña para entender sus propias emociones, Sakura todavía no podía definirlas bien, sin embargo, sabía que lo que sentía era desesperación y angustia, pero de una manera que le perforaba el pecho, haciendo que esos y más sentimientos se arremolinan en su interior.
Y aun así con los años, Sakura no tenía ni idea de cómo llamarlo.
Observó nuevamente a Ino. No sabía en qué minuto había bajado la mirada, pero ahora la rubia caminaba de un lado a otro como un animal enjaulado, mientras que murmuraba cosas como "Ese infeliz, sabía que algo raro tenía", "y pensar que iba detrás de él, si hubiera sabido lo mórbido que iba a llegar a ser…" o "¡con Sakura! ¡Nunca se me hubiera ocurrido…!"
Sintió una mano que se posaba con calidez en su hombro. Hinata la observaba con una seriedad que nunca le había visto, pero en sus ojos se veía un deje de sentimiento parecido a los de ella.
– Sakura-chan, ¿T-tú crees que él… se haya aprovechado de la s-situación? – preguntó quedamente. Pareciera que estuviera a punto de llorar del pánico, y eso que se supone que es ella la afectada.
Ino había dejado de caminar. Se había quedado quieta al escuchar la pregunta de Hinata, con los ojos bien abiertos ante esta posibilidad.
No le respondió de inmediato. La verdad es que fue lo primero que pensó al ver la fotografía, pero ahora que lo pensaba mejor, ella también pudo ser quién persuadió al Uchiha. Y a lo mejor, ambos podrían haber estado en iguales condiciones, pero esa teoría no le convencía mucho, ya que aparentemente, él si recuerda todo lo que vivieron en esa fiesta. Además, no estaba segura si solo fue un enrollo, o si de verdad se habían atrevido ir más allá. Tampoco podría decir que él la obligó, ya que ella se veía totalmente plácida en sus brazos, y si no fuera poco, respondía con ahínco los besuqueos que le daba.
–No tengo idea –habló al fin. Totalmente angustiada ante la idea de que sí pudo llegar a revolcarse con Sasuke. –Es por eso que necesito ver esas imágenes. A lo mejor no me responderán las preguntas, pero al menos podría aclararme que fue lo que sucedió esa vez– completó.
–A-aun así… todo esto e-es muy extraño Sakura-chan ¿por qué esperar hasta a-ahora? –cuestionó en voz baja.
–Es cierto. De acuerdo con esto…– dijo Ino, tomando la imagen entre sus manos, exponiéndola a ambas chicas que estaban sentadas en el sillón – puede ser que él te está acosando por lo que sucedió en la fiesta– meneó la imagen en su dirección, puntualizando su teoría.
Sakura rodó los ojos.
–Eso es obvio Ino-cerda– espetó la pelirosa con una mueca en su rostro. ¿Qué otra razón puede haber para que el Uchiha la estuviera hostigando?
Hinata al ver que Ino comenzaba a molestarse por el mote impuesto por la pelirosa, decidió continuar con el tema, antes que la rubia estallara.
–A-a lo que se refiere Ino-chan, es que ¿por qué esperó hasta este m-momento? Si en v-verdad es por la f-fiesta… pudo haber actuado hace m-mucho tiempo– precisó la ojiblanca, mirando pensativa la fotografía que seguía en las manos de la rubia.
Sakura suspiró. Estaba de acuerdo con Hinata ¿Qué pretende el Uchiha? ¿Por qué se decidió en hablarle esa noche? ¿Y por qué el desvelar esa fotografía de manera tan truculenta?
–Sakura…–la llamó Ino. Estaba contemplando en algún punto de la fotografía con las cejas fruncidas en concentración. – Aquí hay algo. Miren –Ino les enseña con su dedo la parte inferior del lado derecho en la imagen.
Se podía visualizar unas palabras y números escritos de forma digital. No sabía cómo no lo vio antes, a lo mejor con lo impactante que fue verse en esas circunstancias y con quién, no le prestó mucha atención a la demás cosas que contenía la imagen. Y ahí estaba, era la fecha en la cual fue sacada la fotografía.
Pero eso no fue lo que alertó a Sakura, sino la parte escrita debajo de la fecha.
–Al parecer la imagen no era una imagen realmente– musitó Ino. Estaba de igual de pálida que Hinata.
–Es un video…– siseó la pelirosa. Fue tan bajo que apenas fue escuchado por la ojiblanca que estaba sentada a su lado. –Ese degenerado… me grabó…– poco a poco fue levantando la voz al ver la palabra "PLAY" escrito al lado, de lo que parecía ser, los minutos en que duraba el video. – ¡HIJO DE P-…! –su alarido fue cortado por la mano de Hinata, que le tapó la boca antes de que soltara una blasfemia.
–L-lo sé Sakura-chan, es horrible, p-pero tienes que calmarte… por favor– le rogó Hinata, mirándola a los ojos.
Estaba más que enojada. Sentía la Ira palpitándole las sienes. La había grabado mientras que los dos…
Ino tomó las riendas del asunto. Dejó caer la imagen, nuevamente en el regazo de Hinata, para poder tomar de los brazos a la pelirosa y levantarla de un tirón.
– ¡Levántate! ¡¿Qué esperas?! ¡Vamos a mi habitación! –exclamó, tironeándola hacia el pasillo.
Hinata iba detrás de ellas, corriendo con la fotografía en la mano. Sakura no pudo seguir pensando en lo desagraciado y morboso que pudo llegar a ser el Uchiha, ya que Ino la lanzó a su cama, mientras se dirigía a su mueble que estaba a un lado de su escritorio, rebuscando algo con desesperación.
–Estoy segura que lo puse por aquí…–dijo con apuro, sacando objetos y esparciéndolos por el suelo. – ¡Bingo! – dijo triunfante. Se dio la vuelta con una cámara en sus manos.
Sakura empalideció en un solo segundo, ya sabiendo lo que contenía esa cámara. Se acomodó en la cama, sentándose en la orilla con las piernas cruzadas. Hinata se sentó a su lado en silencio.
–Desgraciado… miserable…– comenzó a insultar en voz baja, con la cabeza gacha. ¿Qué se supone que haría? ¿Lo enfrentaría, le pediría explicaciones? ¿Podría mantener la calma sin estallar?
–Háganse a un lado, me pondré al medio – dijo Ino caminando hacia ellas, con la computadora encendida. Las chicas se separaron y dejaron que la rubia se sentara. –Bien, veamos…– comenzó a conectar el cable USB en la computadora y en la cámara para poder mirar las fotos desde allí. Mientras tanto Hinata doblaba la imagen y colocaba a un lado de la cama.
Ino abrió el archivo que contenía todas las fotografías, y agrandó la primera imagen para que todas pudieran verla.
La primera imagen de la cámara no mostraba nada relevante, solo se veía a Hinata sentada en la parte de atrás de un auto, mirando distraídamente por la ventana.
Sakura recordaba haber sacado esa foto con la cámara de Ino, cuando iban de camino a la cabaña. También recordaba de haber grabado la reacción de Hinata, al darse cuenta que no era una simple junta entre ellas, sino una fiesta sorpresa, en el que todos sus amigos la esperaban escondidos en la cabaña.
Ino siguió apretando una de las flechas de su computadora, para seguir avanzando con las imágenes. En las siguientes fotos, seguían mostrándolas en el auto. En una salía Ino manejando su auto sonriente con unos lentes de sol. En otras salía ella sacando la cabeza por la ventana del copiloto.
–R-recuerdo eso… fui yo q-quien lo sacó– mencionó Hinata al ver a la pelirosa con la mitad de su cuerpo hacia afuera, en un intento de arreglar el limpiaparabrisas, que se había atascado en una esquina.
–Je... también lo recuerdo– sonrió de medio lado. Rememorando las risas y las conversaciones alegres que habían tenido en todo el recorrido.
Ino siguió avanzando hasta llegar al video que grabó Sakura, y sin preguntar, hizo clic en la pantalla.
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.
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–Vamos… shhh ¡jajaja! – se escuchó unos murmullos y unas risitas de parte de la rubia y la pelirosa.
Estaban dentro del auto, estacionadas frente a la cabaña. Sakura fue la primera en bajar, apurándose en sacar sus pertenencias y llevarlas a la entrada del lugar.
La nieve caía glacialmente llenando las calles, siendo un poco difícil caminar encima de ella. Sin embargo, la adrenalina y la emoción del momento fueron más fuerte. Sakura, desde la entrada grababa todos los movimientos de la ojiblanca, hasta que llegó a su lado.
– ¿E-estas grabándome? – preguntó una avergonzada Hinata. Tenía la nariz y las mejillas rojas del frío, dándole un aire tan inocente como angelical.
– ¡Es que te ves tan mona Hina-chan! –chilló alegremente la pelirosa detrás de la cámara. – ¡vamos! Abre la puerta, me está dando el frío. –apuró.
Hinata sacó un manojo de llaves que le había dado Ino para que abriese la puerta. Estaba introduciendo la llave en el cerrojo, cuando llegó la rubia con todas sus pesadas maletas.
–Aich… ¿por qué habré llevado tantas cosas? –se lamentó Ino, visiblemente cansada por llevar sus maletas a cuestas, arrastrándolas por la densa nieve.
–No te quejes ahora, ya estamos aquí –repuso la pelirosa, sin mucho interés. Estaba más ansiosa de que Hinata entrara al recinto para que vea la sorpresa.
Finalmente, la ojiblanca logra abrir la puerta, entre las risas y exclamaciones de sus amigas. Las luces estaban apagadas, dejando que la oscuridad reinara en el lugar. Hinata se acercó a las escaleras que estaban frente a la puerta para dejar sus cosas, mientras que Sakura estaba grabándola en todo momento, atenta a sus movimientos. En cambio, Ino se adentró a la oscuridad para encender las luces.
– ¡SORPRESA! – gritaron todos.
Hinata saltó hacia atrás del susto, tardó unos segundos en recuperarse de la impresión para darse cuenta que eran todos sus amigos.
– ¡Chicos! –exclamó sorprendida, llevándose las manos al pecho.
Sakura grabó lo más cerca que pudo de la ojiblanca, para recordar cada expresión que pasaba por su cara, hasta las más graciosas.
Hubo un movimiento brusco en la cámara, antes de que enfocara a todos los presentes y después nada.
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.
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– ¡Jajajajaja! ¡Viste la cara que puso! –rio divertida la rubia. Retrocediendo el video, hasta mostrar una expresión en particular de la ojiblanca. En donde salía con la boca semi abierta y ojos asustados.
–No seas mala Ino-cerda–le recriminó Sakura, sin éxito. Tenía una media sonrisa, que trataba de ocultar con el dorso de la mano, haciendo un ademán de que se rascaba la nariz. Y es que, en verdad Hinata no se veía muy agraciada que digamos, al menos no en ese ángulo, siendo difícil no reírse.
Hinata, sin embargo, se le pusieron las mejillas rojas del bochorno y más aún que sus amigas se rieran de ella. En su defensa, no estaba preparada para algo así, aunque tenía una leve sospecha de lo que podría tratarse, no imaginó que pudiese ser de esa magnitud, por lo que, era entendible su reacción.
–B-basta, no se rían– pidió la ojiblanca, algo molesta por la situación.
–Ya, ya. Lo siento Hina-chan –se disculpó Sakura con una pequeña sonrisa.
–hmm…– Ino trataba de ahogar su risa con su mano, mirando hacia el otro lado para que Hinata no la viera.
Al ver que Ino no pararía. Hinata apretó la tecla de la computadora para mostrar otra fotografía, y no la de ella que estaba siendo objeto de burla. Pero al hacerlo, mostró una imagen que hizo atragantar a Ino.
– ¡Ino! –dijo sorprendida la pelirosa.
La imagen fue sacada en la habitación principal de la cabaña, en donde todas las chicas se habían reunido para vestirse y arreglarse para la fiesta que se haría esa noche. Se mostraba a todas las chicas semi desnudas, eligiendo el conjunto que usarían esa noche o maquillándose mientras se miraban en un espejo.
Se podía ver que fue Ino quien tomó la foto, ya que sus piernas cruzadas y desnudas estaban a la vista acostada en medio de la cama, mostrando toda la habitación.
Las dos primeras chicas en verse eran Temari y Tenten. La primera estaba sentada en un escritorio, maquillándose mientras se observaba en un espejo que habían colgado frente al escritorio, haciendo un improvisado tocador. Estaba con una toalla alrededor de su cintura, mientras que arriba solo llevaba un top negro. Tenten, al igual que Temari, llevaba una toalla alrededor de su cintura, solo que arriba llevaba un crop top más discreto. Se encontraba detrás de la rubia, arreglándose el cabello con parsimonia.
La única quien no sale en la imagen es Hinata que, seguramente, estaba en el baño de la habitación dándose un baño.
Sin embargo. Sakura fue quien se llevó el premio, ya que ella aún no se había vestido, estaba con una pequeña toalla alrededor del cuerpo tapando solo lo necesario. Estaba al lado del armario, con la vista desviada y estaba en un ángulo en el que solo se podía ver su perfil. La cámara captó justo el momento en donde ella se estaba quitando la toalla de la cabeza, luciendo atrevida y hasta sexy.
– ¡Por Dios, Ino! ¿¡En qué momento tomaste esa foto?! – exclamó la pelirosa. Pensando cómo pudo haberla tomado sin darse cuenta. Pero lejos de enfadarse, se sintió extrañamente bien al verse, no lucia nada mal a decir verdad.
–Como si te molestara. ¡Admítelo! Te encanta como sales– afirmó la rubia, mirándola con una sonrisa de superioridad –ahora si me disculpan, tengo hambre. Traeré las pizzas que me dejó mamá– Se levantó de un saltó, estirando los brazos en el proceso, y sin más, salió por la puerta en dirección a la cocina.
Sakura se recostó en la cama con las piernas afuera, pensando en todas emociones y sentimientos que la han fatigado en todo el día.
Soltó un hondo suspiro, cerrando sus ojos. Por esta ocasión, dejaría su mente en blanco para no seguir estresándose, ya que lo único que conseguiría era enfermarse de tanta mierda.
Sintió como Hinata se recostaba a su lado, suspirando de la misma manera. Al parecer no era la única que tuvo un mal día. Sin duda todo esto no solo le había afectado a ella, sus amigas también absorbieron todo este embrollo, las involucró en sus problemas y ahora lo veía. Se sintió mal consigo misma.
–Lo siento, Hina-chan. Ni era mi intención causarles molestias– su tono tenía un tinte triste y culposo.
– ¿D-de que hablas Sakura-chan? – Hinata la observó con sus grandes ojos blancos, cargados de tanta inocencia y dulzura, que no hacía más que sentir aun peor a la pelirosa.
–De todo esto. No quería arrastrarlas en mis problemas, ahora están cargando con todo este asunto– soltó otro suspiro. Fijando sus ojos en los de la chica, que la miraba con una sonrisa.
–Por supuesto que no. Jamás te dejaríamos c-cargar con algo así– aseguró. – De todos modos, no ha sido tan malo ¿verdad? –preguntó. Sus dedos acariciaron sutilmente la palma de la pelirosa.
Sakura sonrió enternecida, correspondiendo a sus dedos con un leve apretón.
Ella tenía razón, no todo fue tan malo. A pesar de la situación del Uchiha, la han pasado bien. Hablaron y rieron tranquilamente mientras veían las fotografías, y eso solo pudo lograrlo estando con ellas. Quizás si fue buena idea haberles contado, pudo sacar un peso de su pecho, que no hacía más que angustiarla, aunque haya tenido que compartirlo.
–Gracias Hina-chan, no sabes lo que significa para mí que estén a mi lado– agradeció.
Sus miradas se cruzaron, mostrando todo el cariño que se sentían.
– ¡Chicas! ¡Ayúdenme con los refrescos! – Gritó a lo lejos Ino.
Hinata se levantó con pereza, apretando su mano una última vez antes de soltarla.
–Y-yo ayudaré a Ino-chan, tu q-quédate aquí– y sin más, se encamina a la cocina.
Sakura estiró los brazos a los lados. Su mano izquierda rozó la computadora que Ino había dejado a un lado. La observó con detenimiento, ¿por qué Ino puso mala cara al confesar que tenía fotografías de la fiesta? Se preguntó, mientras se acomodaba de lado, apoyando su brazo en su cabeza para ver mejor las imágenes. Apretó una tecla, retrocediendo un par de imágenes que ya habían visto. No tenían nada de extraño, la única fotografía que era medianamente indecente era en la que salían todas en toallas, especialmente ella, que salía con menos ropas que las demás. Pero aparte de eso, nada.
Siguió apretando la tecla de la computadora, pero hacia adelante, para quedar en la última fotografía que vieron. Sin embargo, avanzó de más por accidente, revelando una imagen mucho más interesante que las anteriores.
Abrió sus boca de la impresión con un leve tironeo de las comisuras de sus labios, en un amago de sonrisa mal escondida.
En la foto se muestra a Hinata, deslumbrante en su escotado vestido que Ino le obligó a usar para la ocasión. Estaba parada detrás del sillón del living, conversando alegremente con Kiba y Shino, mientras que el primero tenía la vista fija en su llamativo escote con ojos lascivos y los brazos cruzados en un inútil intento de aparentar estar escuchando.
Soltó una pequeña carcajada con humor al ver la poca discreción del Inuzuka. Y es que ¡quien no se resistiría ante semejante escote! Sin duda, Hinata se robó más de una mirada esa noche. La tímida y recatada prima de Hyuga Neji, se lució con un flamante vestido con el escote que terminaba hasta la boca de su estómago, revelando sus abundantes senos.
Siguió observando la fotografía hasta toparse con una persona, que hizo que su sonrisa se ensanchara.
Ahí estaba.
Naruto estaba detrás de Hinata, al lado de Sasuke y Shikamaru. Por el ángulo de la foto se podía ver el perfil de la ojiblanca, y como el rubio miraba disimuladamente hacia atrás, específicamente el trasero de su amiga. Sus ojos eran iguales o peores que los de Kiba.
Definitivamente, Naruto la miraba de manera viciosa, de tal forma, que en sus ojos se leía todos los pensamientos y fantasías sucias que pasaban por su cabeza.
–Te atrapé, pequeño degenerado– susurró con gracia, ensanchando aún más su sonrisa. Ya quería ver la expresión de Hinata al ver la imagen, no tardaría en desmayarse.
Siguió pasando una que otra imagen, en el que mostraban a todos los chicos conversando y riendo entre ellos, nada en especial. Luego, se detuvo en una foto en particular.
–Yo lo recuerdo– se dijo de pronto. Prestando más atención a la imagen.
Habían encendido la televisión para poner karaoke, las que cantaban en ese momento eran Ino y Tenten con un par de vasos de licor en las manos, cantando con ganas alguna canción pegadiza, de esas que le gustan a Ino. Los demás chicos estaban amontonados en el sillón frente a ellas, o sentados en el suelo o parados detrás del sillón.
Sí, lo recordaba. En ese momento no había bebido lo suficiente para borrarse la memoria, en ese entonces aun no llegaba… toda esa gente.
Todos se estaban riendo y vitoreando hacia las chicas, que ya estaban lo suficientemente bebidas para, según sus caras de entusiasmo, cantar con ímpetu. Ella se encontraba sentada en el sillón riendo a carcajada limpia junto a Hinata y Temari, a su lado estaban los chicos; Shikamaru, Chouji, Tenten y Neji. Quienes observaban riendo amenamente o conversando entre ellos. Los demás chicos deben haber sido quienes tomaron la fotografía, seguramente Sai, quien más confianza tiene, además de ellas por supuesto, de tomar las cosas de Ino.
De repente la sonrisa se le borró de la cara al ver a cierta persona.
Detrás del sillón estaba parado Sasuke. Estaba justo frente a ella con las manos en los bolsillos de su pantalón, observándola con ojos profundos e inquisitivos. ¿Cómo no pudo haberlo sentido? Estaba lo suficientemente cerca como para no verlo ¿Habrá sido por el alcohol? Lo más probable.
Pasó a otra imagen para seguir viendo, pero justo en ese momento se abrió la puerta de la habitación, dejando pasar a Hinata con unas latas de refresco en sus manos, y detrás de ella estaba Ino con un par de cajas de pizza.
– ¡Hey! No veas sin nosotras frentona– vocifera la rubia con un tono de humor en su voz.
Dejó las cajas de pizzas en la cama, sin temor a ensuciar las mantas, y se sentó a un lado de Sakura que miraba las fotografías con el ceño fruncido. Hinata entregó una lata a cada una, mientras se acomodaba al otro lado de la pelirosa.
–Miren – Sakura retrocede hasta llegar a la primera imagen que llamó su atención – Miren las caras de esos depravados– señala con una sonrisa, girando la mirada hacia la ojiblanca para ver su reacción.
– ¡Oh! – jadea con impresión. La cara se le llenó de manchones rojos al ver como su amigo Kiba le estaba mirando los senos sin reparos, pero luego…– ¡Ah! –exclama tapándose la boca con sorpresa y vergüenza al ver la cara de cierto rubio.
– ¡Ja! – Carcajea Ino con sorna –mira al pervertido como te mira, Hinata. ¡Si te está devorando el trasero! –comenta con una sonrisa de suficiencia.
–N-no, n-no y-y-y-y-o... –tartamudea Hinata con la cara entre sus manos. Sin dar crédito a lo que veía.
Sakura cambió de imagen para mostrar lo que había estado viendo, hacia un segundo antes de que llegaran.
–Observen, el patán me estaba viendo durante la fiesta– señala con aspereza al Uchiha.
– ¡Ah! ¡Es cierto! –Se acercó Ino a su computadora, para ver mejor la imagen –Ay, Sakura. Ya veo a que te refieres con lo de observarte– dice Ino con inquietud –Está claro que te mira a ti – vuelve acomodarse a su lado, mirándola de reojo con preocupación.
–E-es inquietante, s-sin duda– afirmó la ojiblanca.
–Sí, bueno. Eso no es nada– susurra más para ella que para sus amigas.
–A ver, sigue mostrando– le indica Ino, mientras que abre una de las cajas de pizza y saca un bocado – ¿Van a querer? – pregunta Ino, ofreciendo una rebanada a las chicas, quienes aceptaron tomando lo que la rubia ofrecía.
Sakura volvió a cambiar la imagen, dando una mordida a su pizza.
Las siguientes imágenes eran para reírse.
En una salía Temari bailando junto a Shikamaru, si es que se podía decir a eso "baile", ya que la rubia estaba bien, sin embargo, Shikamaru era otro cuento, estaba en una pose extraña tratando de llevar el ritmo de la rubia, sin éxito.
– ¡Jajajaa-cof cof! – Ino se había ahogado con la pizza y comenzó a toser de forma estruendosa, mientras que sus ojos se llenaban de lágrimas. Hinata se apuró en auxiliarla, dándole de beber uno de los refrescos que habían traído. Sakura no sabía si reía por la imagen o por Ino, pero sin duda se la estaba pasando bomba en ese instante.
Cambió de imagen nuevamente, una vez que Ino se hubiera recuperado. Esta vez salía ella con un micrófono en la mano, saltaba y cantaba frente al televisor al lado de Ino, mientras que algunos de los chicos la coreaban y aplaudían, otros se reían y bebían más y más vasos de licor.
Volvió hacer click, y en vez de salir una imagen, sale un video. Observó a las chicas que la miraban de la misma manera, entre curiosas y expectantes, así que sin esperar a que dijeran nada, le puso PLAY.
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La música era ensordecedora, era tan fuerte que hacía vibrar las ventanas y los vasos del lugar, corriendo el riesgo de romperse en cualquier momento.
– ¡I will always want you! – cantó Sakura a coro con las chicas con un micrófono en la mano, que ya para entonces, sonaban ebrias.
– ¡y como dice! – exclama Tenten, con los brazos en alto, mirando como la pelirosa se subía al sillón, aun lado de Shino, que estaba tan quieto como una estatua. No se sabía si era por aburrimiento o si ya estaba más ebrio que todos ellos.
–¡I CAME IN LIKE A WRECKING BALL! – grita a todo pulmón, saltando del sillón y cayendo encima de la espalda de alguien, mientras se columpiaba como si fuera Miley Cyrus, con un brazo vitoreaba y el otro se sostenía del cuello de cierta persona, que la agarraba de las piernas tratando de estabilizarse.
– ¡I never hit so hard in love! –siguió Tenten, moviendo los brazos en el aire con sentimiento.
Hinata apareció en escena, caminaba de forma tambaleante, afirmándose de Tenten, quien la agarró por los hombros y le hizo levantar los brazos para que siguiera con la música.
– ¡All I wanted was to break your walls! – Canta Hinata, moviendo los brazos al igual que Tenten – ¡All your ever did was wre-e-e-eck me! –
Sakura se apoyó aún más en la persona que usaba como bola de demolición, agitando sus piernas para que se moviera como en el video clip.
De repente sale Neji, más que bebido y medio enojado, mirando a su prima con desaprobación. No aprobaba ese tipo de comportamiento en su pequeña y delicada prima, que en ese momento no tenía nada de pequeña ni mucho menos delicada.
–Hi-Hinata-shama, usted no deberea de-de comporrrtarshe a-ashi– habló Neji de manera distorsionada. Tratando de guiar a su prima al sillón, par que reposara, pero Hinata se negó, sacando sus brazos de encima.
–N-no prreemo– habló Hinata, peor que Neji– e-eshta ess me fieshta, y ¡yio! Voy… voy a ha-hasher lo quee see me dee la ganaaa– arrastró las últimas palabras, con la vista desenfocada. Caminando como podía hacia el pequeño bar que había en la esquina de la habitación. En donde, al parecer, estaban los demás chicos.
–Noooo, Hinata-shamaaa– Neji fue detrás de su prima, dejando sola a Tenten. Quien miraba toda la situación como si no le importara, más preocupada de conseguir otro vaso de licor.
Finalmente, la persona quien sostenía a Sakura, gira con brusquedad gracias a los movimientos constantes de la pelirosa, revelando la cara descompuesta y sorprendida del Uchiha, que hacía de todo para maniobrar y no dejar caer a la chica al suelo.
– ¡Vamos! ¡Vamos Sasuke-kun! ¡Tú eres la bola! – gritaba Sakura abrazándolo aún más fuerte.
– ¡Whooo! –Se escuchó un grito de júbilo detrás de la cámara– ¡Vamos Sasuke-teme! ¡Dattebayo! –exclama Naruto, siendo él quien grababa toda la situación.
De manera espontánea, Naruto gira la cámara hacia el bar, en donde estaban amontonados los demás chicos, sirviéndose todo tipo de bebidas para seguir celebrando.
Hubo un balanceo en la cámara, antes de que Naruto cortara el video.
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¡HOLA! He vuelto
Me he demorado un muuundo en terminarlo, pero creo que valió la pena.
Primero que nada, quería disculparme por el retraso ¡casi un mes sin subir! Y es que aparte de escribir este capítulo, estoy relatando todos los sucesos que pasó en la fiesta en un documento aparte. Así que estoy pensando seriamente en subirlo como un capítulo más, pero es solo una idea por el momento.
En este capítulo tampoco aparece Sasuke, solo se relata los acosos que le ha hecho a Sakura, desde la perspectiva de ella. No estoy muy segura en hacer un capítulo desde la perspectiva de Sasuke, ya que la idea principal es que Sakura vaya reflexionando sobre su comportamiento y descubriendo nuevas facetas del chico, y dejando todo lo demás en un misterio.
Pero descuiden, en el próximo capítulo veremos a Sasuke en acción ;)
Cabe decir que es el capítulo más largo que he hecho hasta el momento xd ¡y todavía me falta mucho por narrar! No sé por qué pensé en un principio en un Three-shot, supongo que a medida que vas escribiendo se te ocurren nuevas ideas para la historia.
Y bueno…
Quería agradecer muchísimo a todos los que escribieron sus reviews 3 ¡son un amor! No tienen idea de lo feliz que me hacen. Sus comentarios me han motivado inmensamente a continuar esta historia, es por eso, que dejaré por aquí un pequeño adelanto de lo que se viene ;)
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El ruido de la fiesta se escuchaba en toda la cuadra; las personas iban y venían de esa lujosa cabaña, que se encontraba al límite del pueblo, cerca de las montañas. Hacía un frío espantoso, pero eso no fue un impedimento para los jóvenes que querían lucirse en esa noche tan espectacular. Chicas con playeras diminutas o tops; faldas cortas de todos los colores, y hasta utilizaban zapatos de tacón a pesar de la nieve que caía, al estar cerca de la cordillera. Sí, había chicas que si llevaban abrigos o chaquetas, pero aun así mostraban más de lo necesario.
Las bebidas iban y venían, a veces en botellas, otras amontonadas en cajas, que uno o dos chicos las habían traído de la ciudad. Los vasos y copas estaban regados en todas partes, manchando los sillones y los lustrosos pisos de madera. Entre toda la multitud se podía apreciar a un grupo de jóvenes que competían para ver quién bebía más rápido, y otros chicos, ya intoxicados de tanto beber, vomitaba en los baños, pasillos o en las plantas. Las luces estaban apagadas, alguien había puesto luces de colores para dar un estilo disco al ambiente.
Lo que antes eran globos y un cartel que decía "Feliz Cumpleaños", estaban completamente destruidos. Habían sido arrancados, pisados, reventados y mojados con sustancias desconocidas. Lo pocos globos que sobrevivieron, estaban regados por todas partes de la casa, hasta en la piscina, incluso en la calle.
Eran cientos de personas, más de las que podían albergar en esa cabaña. Y todo por la fiesta de cumpleaños número diecisiete de Hyuga Hinata…
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Y?... ¡Qué les parece!
¿Les gustaría un capítulo relatando la tan mencionada fiesta? O ¿prefieren seguir un poco más de misterio?
Cualquier duda que tengan no duden en escribirme
Y si tienen alguna crítica, ¡FELIZ las acepto! Me seguirían aportando más conocimientos y aprendizaje para el futuro ;)
¡Nos leemos pronto!
-GodaX
