Capítulo 5:

Tentación

La primera vez que vio a Andrómeda Tonks fue como tener otra vez a su tía Bellatrix delante. La impresión se desvaneció poco a poco y se dio cuenta de que cuanto más la miraba, menos se parecía a su hermana. Andrómeda tenía el cabello castaño y los ojos de color marrón claro, al contrario que Bella, que todo a su alrededor era más oscuro. No había locura en su mirada y sus facciones se suavizaban cuando sonreía. Era cariñosa, paciente y siempre había un toque de tristeza en ella.

No había estado muy seguro de porque se había acercado a su tía en primer lugar. Había visto un artículo en El Profeta hablando de los heridos de guerra y habían sacado el nombre de Teddy Lupin como el pobre huérfano y ahijado de Potter. Draco pensó que, después de haber perdido a tanta gente, una carta no haría daño. Le había escrito para darle el pésame y para preguntarle por Teddy por cortesía y ella le había invitado a su casa a tomar un té siempre que él quisiera. Su padre no había estado de acuerdo y su madre, aunque no le había parecido del todo mal, tampoco había sido partidaria de acercarse a su hermana. No se arrepintió de dar ese paso hacia delante. Andrómeda le había acogido desde que el primer día y estaba orgulloso de ser una pequeña parte en la vida de Teddy.

Por eso, cuando llamó al timbre de la casa de su tía, la última persona que había esperado encontrarse fue a Harry Potter.

—¿Que haces aquí? —increpó de mala forma.

¿Por qué la vida insistía en ponerle a Potter en el camino?

Su voz salió hosca y su ceño se frunció en confusión. Harry parecía tan sorprendido como él, porque se quedó mirándole sin decir nada. Escuchó unos pasos corretear de fondo y un segundo después Teddy estaba saltando sobre él.

—¡Draco! —chilló, abrazando sus piernas.

Su pelo era de color violeta claro y pasó a un azul oscuro con rapidez. Draco acarició su espalda, aún observando al otro con sospecha.

—¿Dónde está tu abuela?

—Ha ido al centro comercial con la vecina —explicó Teddy, mientras cogía su mano y le instaba a entrar—. Por eso Harry me está cuidando. Estábamos a punto de hacer la comida.

—Oh, bueno —murmuró. Pensó en cuál sería la mejor manera de poner una excusa creíble y marcharse sin muchas quejas por parte de su primo—. Volveré otro día, entonces.

—¡No! —exclamó el niño, deteniéndose en seco. Sus ojos le miraban horrorizados.

—Puedes quedarte, a mi no me importa —ofreció Potter detrás suyo.

Le envío una mirada seca y se abstuvo de responder que no necesitaba su invitación para estar en una casa que no era la de él.

—Sí, además vamos a comer pasta y una ensalada parasi...

—Parisienne —corrigió el moreno.

—Eso —terminó el menor, volviendo a coger su mano para llevarle hasta la cocina.

—Dilo bien, Teddy.

El tono de Harry era autoritario, bajo y sorprendentemente natural. Intentó que no se notase que un estremecimiento recorrió su cuerpo.

—Parisienne.

—Muy bien —felicitó con una sonrisa, luego se giró para mirar a Draco—. ¿Quieres algo de beber?

—No, no voy a quedarme.

De hecho, estaba pensando que había sido un gran y terrible error ir. Debería haberse quedado en su casa viendo series o leyendo algún libro.

—Por favor, Draco —se quejó Teddy, con su boca arrugándose en un puchero—. Harry puede hacerte crepes para merendar. Te encantan los crepes.

—Los crepes te encanta a ti, no a mi, pero buen intento —bromeó. El niño, sin embargo, mantuvo su expresión suplicante—. Puedo venir mañana.

Su primo parpadeó con sus grandes ojos castaños y supo que si se daba la vuelta y se iba en ese momento, Teddy lloraría a pleno pulmón y nunca le había gustado verle llorar porque le hacía sentir terriblemente incómodo al no saber cómo consolarle. Cuando se giró para observar a Potter, se dio cuenta de que este le miraba con algo que iba entre el entretenimiento y la expectación. Soltó un suspiro resignado.

—Bien, me quedaré.

Debía estar loco por aceptar tal cosa, pero se dijo a sí mismo que en cuanto terminase de comer si iría de allí y le escribiría una carta para decirle a Andrómeda que le avisase la próxima vez que Potter estuviese de visita para no encontrárselo.

—¡Bien! —exclamó el menor—. Vamos a ayudar a Harry a cocinar.

—Oh, no —contradijo, mientras se sentaba en una de las sillas que había alrededor de la mesa donde normalmente comían—. Yo no cocino.

Era lo último que le faltaba, tener que soportar la presencia de Potter y encima hacerle de elfo doméstico.

—Ve a lavarte las manos, Teddy.

—¿Por qué no lanzas uno de esos hechizos y...? —se detuvo en cuanto vio la mirada severa de su padrino—. Voy.

—¿Quieres vino, agua o zumo?

—Agua estará bien.

Potter asintió y se giró para sacar un vaso de cristal, llenarlo de agua y dejarlo frente a él en la mesa. Luego se remangó el jersey y dio la vuelta para empezar a sacar ingredientes y utensilios como si hubiera estado en esa cocina toda la vida.

—Andromeda me dijo que solías visitarles, pero no pensé que vendrías hoy.

Alzó las cejas, sorprendido por un momento. Se cuestionó de qué exactamente habían hablado su tía y él, pero se abstuvo de preguntar.

—Y yo no sabía que eras niñera a tiempo parcial.

El moreno resopló, pero siguió con su tarea sin responderle. Se dio un minuto para estudiarle ahora que estaba girado. Iba vestido con un jersey azul oscuro de cuello alto que marcaba todos los músculos de su espalda, y unos pantalones vaqueros que le hacían un culo increíble. Su cerebro rescató una imagen del Harry adolescente que tenía guardada y confirmó que no se parecía en nada al hombre que tenía delante.

Su mirada se desvió al antebrazo izquierdo de Potter, percibiendo que estaba tatuado por completo. No distinguía qué era, pero tenía un sin fin de colores violetas, blancos, azules y verdes en él.

—¡Ya estoy aquí!

Draco parpadeó con velocidad y se echó hacia atrás en su silla. Recogió el vaso de agua y le dio un gran trago al notar su garganta seca de repente. Harry le dio a su ahijado algunas hojas de lechuga y el menor se sentó a su lado para cortarlas en pequeños trozos y ponerlos en un plato.

—¿Como te va en el colegio? —le preguntó para distraerse.

—Bien. Estamos aprendiendo a sumar y restar. Y ya sé la hora en el reloj.

—¿De verdad?

Teddy empezó a hablar sin cesar, cosa que ocurría con bastante frecuencia. A veces envidiaba esa capacidad social que tenía y la facilidad con la que hablaba o se expresaba. Él nunca había sido así a su edad porque siempre había tenido que comportarse educado y comedido. Su primo, en cambio, podía permitirse ser un niño, y estaba satisfecho de saber que él había contribuido en algo para lograrlo.

Desvío su atención hacia Potter otra vez, quien se movía con gracilidad entre los fogones. Parecía cómodo allí, y se notaba que se le daba bien cocinar. Se preguntó si esta hubiera sido la escena si hubiera aceptado cenar con él, lo que le llevó a cuestionar para cuántas otras personas había cocinado. Intentó contener la leve punzada de celos que sintió en su pecho.

—Harry me ha dicho que a lo mejor me compra una escoba para navidad.

Salió de sus pensamientos, removiéndose incómodo.

—¿Y tu abuela está de acuerdo?

Teddy abrió los ojos de par en par y se mordió el labio inferior como si se acabase de dar cuenta de que había cometido un error.

—Bueno... todavía no se lo hemos dicho —contestó en voz baja a la vez que barajaba su mirada de su padrino hacia Draco— ¿Puedes guardarnos el secreto?

—¿Y que recibo yo a cambio?

—Harry te puede dar lo que quieras —respondió rápidamente.

—¿Me acabas de vender por una escoba? —inquirió el moreno a la vez que se daba la vuelta para coger el plato que Teddy había llenado con la ensalada— Qué poco me quieres.

—¡No! Es que si se entera la abuela no me dejará volar, pero yo te quiero mucho... Y Draco también, ¿verdad?

Observó al niño, que rebotaba en su silla con la esperanza de que Draco le siguiese la corriente. Harry también había dejado de moverse para contemplarle por encima de su hombro, esperando su respuesta.

—Claro —murmuró con lentitud, asegurándose de que en su voz se percibiese el sarcasmo—, le he querido desde que íbamos al colegio.

El niño sonrió enorme y Potter mantuvo sus ojos en él durante un par de segundos más antes de volver a la comida. Su mente reflexionó cuánta verdad y cuánta mentira había en esa frase. Prefirió no ahondar en ello. Harry tampoco dijo nada sobre el comentario y continuó su discusión con el niño como si no hubiera escuchado nada. Draco se alegró por dentro y decidió evitar hablar a menos que fuera realmente necesario.

Para su asombro, la comida no fue un completo desastre. Potter se sabía manejar e hizo un plato de pasta bastante mejor que muchos de los que había probado en algunos restaurantes, aunque evidentemente eso no se lo dijo.

—No está mal —fue lo único que comentó cuando el otro le preguntó si le gustaba.

Durante el resto del tiempo, centró su atención en Teddy porque era menos incómodo y fingió escuchar todas y cada una de las historias que le contaba. Harry, en cambio, si parecía hacerle caso, seguía la conversación, le animaba y, sorprendentemente, reía con facilidad, lo que le hacía parecer más inofensivo de lo que en realidad era. No se veía tan imponente allí sentado, sin su túnica de Auror, carcajeándose de forma jovial y alegre. Era como conocer a un Harry Potter diferente.

Se negó a que le gustase esa idea.

—¿Por qué no te estás comiendo los champiñones? —inquirió Potter.

Se fijó en que su primo se había dedicado a apartar todos los champiñones de su ensalada hacía una esquina del plato, pero no intervino porque había visto a Andromeda discutir con Teddy por la comida muchas veces y muy pocas había conseguido que el niño probase algo que no le gustase. Le vio revolverse en su silla y hacer un mohín con los labios, lo que significaba que no iba a obedecer.

—Porque no me gustan.

—No los has probado.

—Tienen forma rara —replicó el niño, pinchando uno con el tenedor y arrugando la nariz. Draco intentó no reír.

—Prueba uno y si no te gusta, puedes dejarlos.

Estaba a punto de aconsejarle que se diese por vencido, cuando Teddy le desconcertó al llevarse un champiñón a la boca. Su rostro entero se arrugó con asco de inmediato y agitó las manos frenéticamente. Draco soltó una carcajada mientras acercaba una servilleta a la cara del niño.

—Aquí, escupe —le dijo.

—¡Está asqueroso! —gritó, inclinándose para coger su vaso de agua.

Mordió su labio inferior para no volver a reír. Miró a Harry sin poder evitarlo, quien a su vez le observaba con una sonrisa divertida. Su entretenimiento se apagó acto seguido y se obligó a desviar su atención hacia su plato.

El resto del almuerzo pasó rápidamente en la mente de Draco. Cuando se quiso dar cuenta, Teddy había desaparecido hacia el salón para ver la televisión y se había quedado a solas en la cocina con Potter, sintiéndose incómodo.

—Se te dan bien los niños —comentó.

El moreno se levantó y comenzó lanzar hechizos para recoger los platos. Agradeció que después de eso se quedase apoyado en la encimera en vez de volver a sentarse en la mesa.

—Siempre me han gustado.

—¿Tienes algún pequeño Potter perdido por el mundo?

Le vio resoplar y negar con la cabeza, apoyando las manos en el mostrador para recostarse hacia atrás. Su jersey se estiró en su pecho, marcando los músculos que había debajo. Intentó no bajar la mirada de su rostro.

—Dudo mucho que pueda dejar embarazado a un hombre.

Rodó los ojos y se permitió sonreír engreído.

—Confía en la magia de El Elegido para obrar milagros.

—Lamento decepcionarte —respondió con fingido pesar—, pero con Teddy tengo suficiente.

—Tienes tiempo que recuperar, después de haber estado cinco años sin él.

Sonó como un reproche y se alegró de que la culpa pasase durante un segundo por las facciones de Potter.

Andrómeda le había contado que Harry mantenía contacto frecuente con ella y con Teddy, pero sus visitas no eran tan habituales y el niño a menudo se encontraba alicaído por ello.

—Fue una de las principales razones por las que volví. Andrómeda me envío una fotografía de él hace meses y me di cuenta de que quería volver a casa

Había algo allí, en cómo las facciones de Potter se suavizaron y en su manera de expresarse tan serena, que le hizo pensar que esa no era toda la historia.

—¿Cuáles fueron las otras razones? —el moreno arqueó una ceja, así que explicó:— Has dicho que Teddy era la principal razón. Se puede suponer entonces que hay más de una.

La esquina derecha de los labios de Harry se alzó en una sonrisa atractiva.

—Pensé que aquí había algo por lo que valía la pena volver.

Tragó saliva con dificultad. El nerviosismo sacudió su cuerpo de repente y su estómago amenazó con devolver todo lo que había comido. La silla rechinó cuando se puso en pie de manera abrupta.

—Tengo que irme —anunció, intentando aparentar tranquilidad.

No esperó respuesta, sino que fue directamente al salón y se despido de Teddy, que después de muchas quejas y una promesa de visitarle la semana siguiente, le dejó ir.

—¿Todavía reacio a compartir tiempo conmigo? —le preguntó Potter cuando estaba a punto de salir por la puerta.

—Sí —respondió sin pensar.

—¿Por qué?

Porque Harry era una tentación. Era la representación de todo lo que Draco había adorado una vez y que ahora le causaba pesadillas.

—Porque no puedo.

Hizo ademán de darse la vuelta, pero una mano agarrando su muñeca le detuvo. Bajó la vista, observando cómo los dedos de Potter se cerraban sobre su piel. Su tacto era cálido, firme y sorprendentemente suave a la vez.

—¿No si quiera vas a intentarlo?

Su respiración osciló y tuvo que reunir toda su determinación para librarse del agarre.

—Tengo que irme —repitió.

Y acto seguido, desapareció.


Volver al trabajo el lunes fue una tortura.

Draco había pasado el resto del fin de semana con la mente dispersa, recordando una y otra vez cómo se habían sentido los dedos de Harry sobre él, la manera atenta con la que había tratado a Teddy y esa parte relajada suya que había descubierto ese día.

Y saber que Potter estaba justo al otro lado del departamento no ayudaba en nada.

—Malfoy —ladró su jefe—, no te pago para que estés mirando tu pluma, sino para que escribas con ella.

Frunció el ceño y se abstuvo de enviarle una mirada venenosa a Lawler. En cambio, intentó concentrarse en el expediente que tenía en su mesa. No tuvo éxito, y que su jefe estuviera gritándole a otro de sus compañeros tampoco increméntela sus ganas de trabajar.

Sacó un pergamino amarillo de su cajón y, tras dudar varios segundos, escribió:

"¿Cuando dijiste que ibas a despedir a Lawler?"

No lo firmó y aprovechó que su jefe se desplazó hacia el otro lado de la sala para darle un par de golpes con la varita y que el pergamino volase en forma de avión de papel. Un par de minutos después un memorándum rojo planeaba por la habitación hasta estrellarse en la frente de Lawler. Todos se permanecieron en silencio mientras veían al hombre enrojecer hasta límites insospechados y soltar maldiciones por lo bajo hasta que finalmente arrugó el pergamino con su mano y se encerró en su despacho con un sonoro portazo.

Draco soltó una larga exhalación llena de alivio, al igual que la mayoría de sus compañeros. Extrajo otro memorándum amarillo y, esta vez, dudó más en plasmar algo.

"Gracias.

¿La cena sigue en pie?

D.M"

Vio volar el avión amarillo con una mezcla de ansiedad y angustia que hacía tiempo que no sentía. Su malestar sólo duró los pocos segundos que tarde en aterrizar sobre su escritorio un memorándum azul.

"Por supuesto.

¿Mañana?

H.P"

Se preguntó si Potter lo estaba citando con tanta brevedad para que no pudiera echarse hacia atrás si decidía aceptar o porque simplemente estaba ansioso.

Draco respiró hondo mientras escribía su respuesta.

Esperaba no arrepentirse.


¡Hoooooooooola!

Creo que con esta historia he madurado como escritora, porque normalmente escribiría una capitulo y automáticamente lo publicaría. Ahora, en cambio, me estoy tomando mi tiempo en escribir, corregir y leer. Tengo la suficiente paciencia como para esperar a que llegue el viernes para publicar un capítulo que sé que va a estar bien y me está haciendo enormemente feliz.

Por eso, aunque sé que lo he dejado el capítulo en la mejor parte, no os preocupéis. El viernes que viene habrá actualización :)

Y dicho esto... sí, reconozco que estoy idealizando a Harry y ¡no me arrepiento de ello!

Normalmente, y en muchas de mis historias, ha sido Draco el "perfecto". Esta vez me apetece darle ese enfoque a Harry porque se lo merece.

Desafortunadamente, tendréis que esperar a la semana que viene para ver su primer encuentro deliberado. Lo siento.

¡Nos leemos pronto!