"Yo siempre he relacionado al amor con la locura, con la vida y con la muerte; pero nunca con la cordura. Y en lo de la cordura ni siquiera debería meterme, la cordura no existe cuando se está enamorado, es una fuerza loca que te cambia la mirada y hasta la manera de caminar, pierden lógica tus acciones e irremediablemente; sólo piensas en ser complacido y en complacerla."

Edgar Allan Poe.

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00:42 A.M

1 Hora y 59 minutos antes del desastre

¡Feliz cumpleaños Hina-chan!gritaron a coro todos los amigos de la pelinegra.

Sakura estaba arriba de la mesa, ya bastante ebria igual que todos. No obstante no había perdido totalmente la cabeza, todavía era consciente de lo que sucedía a su alrededor.

Tenía una botella de algún tipo de licor en su mano, mientras que la derramaba encima de la pelinegra, que también se encontraba encima de la mesa, pero sentada a sus pies. Su tímida amiga, abría la boca bebiendo como pudo todo el licor que le echaban encima.

¡Fondo! ¡Fondo! ¡Fondo!comenzaron a incentivar sus amigos para que la pequeña ojiblanca no parara de beber hasta que terminase la botella.

Cuando la última gota de licor calló en su lengua, inmediatamente le pasó un pedazo de limón para que se lo comiera.

¡Oooh! ¡Eso es Hinaa-chaan!chilló encantada la pelirosa, tambaleándose un poco.

Trató de bajarse de la mesa afirmándose de las sillas, pero unas manos desconocidas la agarraron de sus costados ayudándola a mantener el equilibrio. Observó cómo los chicos felicitaban a su amiga cargándola en brazos hasta la sala de estar, quien tenía un notable sonrojo en sus mejillas (producto del alcohol que de la vergüenza) y una enorme sonrisa en su rostro.

Dejó la botella vacía en la mesa y corrió con emoción hacia la sala con los brazos extendidos a abrazar a su dulce amiga. Estaba eufórica, era la primera vez que Hinata bebía alcohol y se sintió, de cierta manera, orgullosa de ella. Era extraño, es un sentimiento más propio de Ino que de ella misma, pero no le desagradó, ya que era en una ocasión especial en la que todos estaban disfrutando.

¡Sakuraaa!el gritillo arrastrado de Ino evidenciaba el estado alcoholizado de su amiga, que se detuvo a su lado con su celular en una de sus manos. ¡Miraa! El tipo dijo que le gustó las fotos, así que ya viene en caminoo– dijo mostrándole el teléfono.

¡Si! Ya sabía que no se resistiría– dijo con una enorme sonrisa. –Creo que necesito otro vaso– se dio la vuelta dejando a su amiga entretenida con su teléfono y se dirigió a la cocina.

Una vez allí comenzó a rebuscar entre los estantes vasos para llevarlos al mini bar. Con manos algo torpes recogió algunos que estaban en la gaveta más alta, pero varios estaban demasiado al fondo del cajón que le era difícil alcanzarlo. Se levantó de puntitas reclinándose un poco hacia delante en un intento de agarrar alguno, pero solo consiguió rozar un mísero vaso. ¿De qué le servía ser alta si no podía alcanzar el estúpido estante?

Sin embargo, una mano grande y varonil cogió fácilmente un par de vasos que le costó tanto alcanzar. Giró su cabeza para agradecerle al tipo por ayudar, pero al hacer contacto visual con el tipo se le cerró la garganta. Unos profundos pozos negros la observaban con tanta fijeza que se sintió, por un momento, apabullada.

Sasuke estaba justo detrás de ella, con el brazo extendido encima suyo, demasiado cerca para su gusto. Casi se le pasó la borrachera con tan solo mirarlo.

Bajó la mirada incómoda, sin saber si los vasos son para él o no, por lo que no sabía si debía agradecerle, así que optó por apartarse lo suficiente para que él pudiera terminar de bajar los vasos.

Con lentitud, Sasuke sacó uno por uno dejándolos en la encimera, bajo la extrañada mirada se Sakura. De vez en cuando la miraba de reojo sin decirle nada, no fue hasta que puso el último vaso en el cual se giró a verla, cara a cara. Tenía una mano apoyada en la encimera y otra en su cadera, mientras la miraba desde arriba. A pesar de su postura relajada, era evidentemente más alto que ella, y más si ella se encogía de hombros algo abrumada por su repentina presencia.

Sakura levantó un poco la mirada para poder observarlo mejor, no obstante de esa altura, ella lucía curiosa y hasta casi inocente, si no fuera porque hace un rato estaba haciendo escándalo encima de la mesa con una botella de alcohol.

Pero sí, podría decirse que se veía tierna hasta en cierta manera… o eso creía él.

Sasuke inclinó su cabeza hacia un lado, como si estuviera esperando algo, pero la pelirosa tardó unos segundos antes de comprender lo que quería.

¡Ah, sí! Gracias por ayudarme –trabó un poco antes de hablar, algo indecisa.

hmp…–Fue toda su respuesta.

No se movió de su postura, no obstante, la observaba con más insistencia que antes. Esos ojos negros indescifrables la aplastaban y oprimía el pecho, de una forma muy extraña, era una mirada demandante como casi siempre dirigía, pero que llevaba una connotación inusual en cómo lo hacía. Como si le quisiera decir algo sin palabras, que sus ojos fueran los que hablasen por él.

Sin embargo, era como si le hablara en otro idioma. Algo que no llegaba a comprender.

Y se sintió mal por eso.

No sabía por qué, pero se decepcionó el no poder ser capaz de leer lo que trataba de decirle. Siempre fue incapaz de entender sus ojos o los monosílabos sin sentidos para algunos, pero que siempre ocultaba algo, como una firma o un secreto.

Se removió incomoda, ladeando su mirada hacia la encimera, en donde los vasos estaban esparcidos sin ningún orden.

Para no quedarse quieta, comenzó a apilarlos bajo la atenta mirada del Uchiha, y decidió que ya era hora de irse de ahí. Tomó todos los vasos previamente apilados de tal forma que no se le cayeran al llevarlos, y observó de reojo a Sasuke antes de irse, pensando si era bueno despedirse o si se vería muy estúpida haciéndolo. Finalmente decidió por dedicarle una rápida y escueta sonrisa, y se fue de allí lo más rápido que pudo.

Cuando llegó donde sus amigos no pudo evitar sentirse aliviada, era increíble lo apabullante que podía ser con tan solo su presencia. De seguro lo sabe, porque no tiene necesidad de hablar para poder intimidar ¿o quizás es solo ella? ¿Lo sentirán las chicas que lo persiguen? ¿Les gustarán ellas acaso, la tortuosa forma que tiene de observar?

Bah…

Sacudió su cabeza en un intento de alejar esas extrañas preguntas. Ella estaba ahí para beber y disfrutar con sus amigos, así que sin más dejó los vasos en la mesa del mini bar para que todos se pudieran servir.

¡Bien frentona! Vaya que tardaste– exclamó Ino, tomando un par de vasos y llenándolos de licor.

No es nada –dijo con simpleza, tomando un sorbo de su bebida. – ¡Oye! ¿Por qué no utilizamos el micrófono que trajiste? – Ino casi se ahoga con el alcohol, pero se recuperó al instante dando un manotazo a la mesa.

¡Tienes razón! Casi lo olvidooo– dijo arrastrando la última palabra –espera, voy y vuelvo –agregó antes de irse por el pasillo.

¿A dónde she fue? –preguntó de pronto, Tenten. Se acercó a la pelirosa, sentándose en una de las altas sillas del bar.

Fue a buscar algo –observó a Tenten de pies a cabeza. A pesar de que ella es un año más grande que las demás, Tenten no poseía tan buena resistencia con el alcohol.

No obstante, Tenten era increíblemente resistente a los golpes en los combates.

Sí. Tenten también era parte de la academia de Judo. Aunque ahora va de vez en cuando, por las clases preuniversitarias que realiza desde hace algunos meses.

Ahora que la observa, puede apreciar lo espectacular que se ve con ese peinado tan bonito. Se había dejado el cabello suelto con unos pequeños chonguitos, muy característicos de ella.

Me gusta tu peinado, se te ve muy bonito– dijo de pronto la pelirosa, llamando la atención de la chica.

¡Ah! si, gracias. Jeje…–soltó una pequeña carcajada medio avergonzada.

Es muy suave…– no supo en que momento lo hizo, pero ya estaba acariciando el cabello de Tenten. Había pasado sus dedos por su nuca, desenredándolo hasta llegar a las puntas.

¡Llegué! –la chillona voz de Ino se hizo presente, trayéndola a la realidad – ¡Oye! ¡Quita tu mano de mi Tenten, lesbiana! ¡Que ella es mía! –bromeó la rubia.

Ay si, como no– dijo Tenten bebiendo un sorbo de su bebida.

¡No seas así! Mejor mira lo que traje…–cantó alegremente la rubia, mostrando el micrófono que había ido a buscar.

Ahora sí que soy toda tuya –gorjea con los ojos brillantes la castaña. – ¡Hey, chicos! –Llama Tenten por encima del alboroto – ¡ES TIEMPO DE KARAOKE! – grita a todo pulmón.

Los chicos estallaron en júbilo, tomando los vasos llenos de licor y dirigiéndose al gran sillón de la estancia.

Ino se acercó a la televisión para poner música, mientras que Tenten conectaba el micrófono en el parlante.

Sakura se sentó al lado de Hinata y Temari para poder conversar mientras esperaban que las chicas terminaran de instalar el karaoke.

¿Y qué canción van a cantar? –pregunta Temari. Llevaba un vaso lleno de vodka, mientras se acomodaba aun lado de la pelirosa.

No lo sé. –contestó con sencillez. Observó a su rubia amiga, que ya había terminado de instalar el karaoke y que en ese momento se disponía a escoger la música. – ¡Oye, cerda! ¿Qué vas a poner? –le gritó desde el cómodo sillón.

¡Una romántica! –contestó media risueña, sin alterarse del ofensivo mote que le puso la pelirosa.

¡Nooo! –contestaron las tres al unísono.

Ino-chan, ¿p-por qué no mejor escoges una música más movida? –preguntó la ojiblanca.

¡Si! ¡Pone reggaetón! –grita Tenten de repente, colocándose a un lado de la rubia.

¡Vamos Ino-chan, reggaetón! –exclama Naruto, metiéndose en la conversación. Se apoyó en el respaldo del sillón detrás de Hinata con una enorme sonrisa. – ¿Qué dices Hinata-chan? –

Hinata lo miró desde arriba con vergüenza. Estaba demasiado nerviosa y alcoholizada como para contestarle correctamente, así que solo le quedó asentir a lo dicho por el blondo, a pesar de que le daba igual la música que escogieran.

¡No voy a poner esa asquerosidad! – refunfuñó Ino con las manos en sus caderas. Decidida a no colocar ese tipo de música en su vida.

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Cinco minutos después…

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¡DESPACITOOOO! –cantaron Ino y Tenten al unísono, moviendo sus cuerpos al compás de la música. Ambas sostenían el micrófono, compartiéndolo para seguir cantando a todo pulmón la estrofa.

¡Quiero respirar tu cuello despacito! –esta vez cantó Tenten, mientras que Ino aprovechaba de beber licor. – ¡Deja que te diga cosas al oído! ¡Para que te acuerdes si no estás conmigooo! – alargó la última palabra desafinadamente, provocando una sonora carcajada en Sakura que se apoyó en el respaldo del sillón, afirmándose del estómago de la risa.

Todos los demás chicos reían, algunos las coreaban, otros conversaban entre ellos o bebían lo que más podían.

Naruto se encontraba bebiendo y riendo junto a Hinata, que en ese momento no se veía para nada tímida ni reservada. Ella reía a carcajada limpia y conversaba casi igual de eufórica que el blondo. Hablaban sobre cualquier cosa y de lo genial que la estaban pasando, ignorando al resto de las personas, solo eran ellos dos y nadie más.

Hinata no podía estar más feliz y dichosa. Al fin podía hablar sin tartamudear, sin nervios ni torpezas; era la conversación más larga y graciosa que había tenido nunca con Naruto, quien la observaba con ojos brillantes y hasta pícaros.

Era impresionante el cambio que habían tenido.

Hace no más de una semana atrás, Naruto la había invitado a salir después de clases. Casi hiperventiló frente suyo de la emoción, pero alcanzó a contenerse a penas y asentir como respuesta, ya que no podía confiar en su voz frente a una proposición que había esperado por mucho tiempo. Aunque al final, solo fueron por un helado cerca de la escuela y conversaron tranquilamente por unos veinte minutos, fue la mejor cita que pudo haber imaginado. Lo mejor fue que el blondo tuvo la caballerosidad de acompañarla a casa, con la excusa de ser "demasiado tarde" para una dama como ella. A esto último le hizo mucha gracia, porque curiosamente sonó bastante parecido a Sakura, ya que esta última la trataba como si fuera de porcelana y solía decir cosas como aquellas. Por lo que no dudó que su amiga pelirosa pudiera estar detrás de esa invitación.

Buscó con la mirada a su amiga. Se encontraba a su lado coreando y vitoreando a las chicas con sus canciones pegadizas, bebía y gritaba junto a Temari, llena de euforia y alegría.

Pensó en lo hermosa que era Sakura y lo radiante que es su esencia. A veces, cuando su amiga estaba así de feliz y escandalosa, no podía evitar darse cuenta en el parecido que tenía con Naruto. Podía sentir el brillo que irradiaba de sus poros, como si fuese una estrella que irradia luz propia, tal cual como veía a Naruto. Una estrella inalcanzable, que con una sonrisa podía iluminar todo a su paso.

Y dolía.

Dolía porque nunca podría llegar alcanzar a esa estrella que tanto anhelaba, hasta esa noche.

A pesar de estar frente a él, verlo hablar alegremente con ella y mirarla solo a ella, la hacía sentir dos sentimientos totalmente contradictorios.

En una la hacía sentir única y especial, de que él se haya interesado en ella, precisamente en ella. La hacía sentir que podía ser bonita, carismática, valiente, más confiada y querida, e incluso hasta podía darse el gusto de sentirse coqueta. Naruto sacaba eso en ella, esa parte en ella que nunca supo que existía, y no podía evitar de estar increíblemente bien con eso.

Sin embargo, también estaba la otra parte, esa que no la dejaba tranquila ni disfrutar del todo. Esa parte oscura de su mente que le retenía sus acciones, sin atreverse ir más allá como quería.

Hinata tenía un miedo atroz de que Naruto se diera cuenta que ella no es lo que él creía.

Ella no era Sakura. No era alegre o extrovertida. No era hermosa o espontánea. No brillaba como una estrella, ni tenía luz propia. No era valiente, carismática y coqueta.

Ella era Hinata. La introvertida y tímida Hinata. La más ingenua y sencilla de sus amigas. La eterna niña Hyuga, a la que tenían que tratar como porcelana como si se fuera a romper en cualquier momento.

Y tenía miedo. Tanto miedo de que Naruto, el chico el cual estaba irremediablemente enamorada, viera todo lo que no era. Que se diera cuenta de lo estúpidamente sencilla que es en realidad, que no poseía ninguna cualidad en la que fijarse. Y cuando él se diera cuenta que ella no era ninguna de esas cosas, entonces él se decepcionaría y ella…

Ella…

¡Hey, Hinata-chan! ¿Estás bien? –pregunta el blondo extrañado por su repentino silencio. La ojiblanca sacudió la cabeza, en un intento de sacar esos pensamientos de su mente.

Sí, sí…–contestó. Hizo el intento de sonreír para no preocuparlo, pero solo salió una pequeña sonrisa dubitativa, un poco extraña. No obstante, Naruto no lo notó, porque le mostró las hileras de sus dientes de lo grande de su sonrisa.

Entonces acompáñame a buscar más bebida, mira se me acabó– dijo en un puchero, dejando ver su vaso vacío.

Hinata no dijo nada, pero de todas maneras, Naruto la tomó de la mano y prácticamente la arrastró al mini bar.

Mientras andaban, Hinata hizo una pequeña reflexión: él en algún minuto se decepcionaría de ella y se iría, eso era inevitable. Es por eso mismo que debía disfrutar todo lo que pudiera a su lado, debía aprovechar al máximo de esta maravillosa y única oportunidad que le estaba regalando la vida. No podía desaprovecharlo.

Así que sonrió con resignación, aceptaría su futuro y viviría el presente con el chico más encantador que conocería nunca.

Con eso en mente, estrechó su mano.

Sakura, que ya había visto toda la escena con una sonrisa pícara, no pudo más que sentirse contenta por sus dos mejores amigos. Ya sabía de hace mucho tiempo los sentimientos que tenía la ojiblanca por el tonto de su amigo, pero también se había dado cuenta de cómo Naruto miraba a la chica cuando pensaba que nadie lo veía. Pobre iluso, era tan fácil de leer peor que un libro abierto.

Sacudió su cabeza.

Vaya par de amigos que tenía.

Una presencia a su lado la hizo voltear la mirada, y se encontró repentinamente con el rostro de Sasuke. Quien justamente se había sentado a su lado, apoyándose en el respaldo del sillón, en una pose aburrida y desinteresada, con la vista fija en las chicas como si estuviese viendo la televisión.

Sakura casi se le cae la mandíbula de la impresión. No es que le molestase ni nada parecido, pero si un poco incómodo y sorpresivo. Sasuke se había sentado a su lado como si nada pasara.

Se removió algo incómoda por su presencia, pero prefirió ignorar el sentimiento y enfocarse en charlar con Temari.

¡Sakuraaa! ¡Es tu turno! –exclamó medio borracha Ino, tendiéndole el micrófono.

La pelirosa sonrió entusiasmada. A ella le encantaba el karaoke, porque podía gritar y chillar todo lo que le diera la gana, como la escandalosa que era.

Le dio un largo trago a su bebida para darse más energía al levantarse.

¡Vamos Sakura! –gritaban los chicos detrás de ella, animándola a que cantara.

Se levantó enseguida, posicionándose al lado de la rubia que sonreía atontada por el alcohol.

¿Y qué voy a cantar? –pregunta la pelirosa observando tanto a Ino como a Tenten.

Ino se disponía a contestar, pero fue interrumpida por Tenten, quien le pasó una botella de vodka medio llena en sus manos.

Primero que nada ¡a beber! –exclamó eufórica la castaña.

¡Si, si! –apoyó la rubia, abrazando a Tenten por los hombros. – ¡Bébelo todo, todín, todito! –gorjeó.

Ante la vista expectante de todos, la pelirosa abrió la botella y comenzó a beber sin detenerse a respirar. Mientras lo hacía podía escuchar a sus amigos aplaudiendo y celebrando.

¡Sakura, Sakura, Sakura! –aclamaban todo el mundo.

Cuando terminó de beber, rápidamente Ino le dio un pedazo de limón. Se lo comió de inmediato, el fuerte sabor del vodka le había revuelto el estómago, si hubiera bebido un poco más habría vomitado en frente de todos.

El alcohol le llegó al cerebro de golpe, pero tan solo pestañó un par de veces para sacar esa sensación adormecedora de su sistema. Y en un segundo, le arrebató el micrófono a Ino para comenzar a botar toda esa energía que tenía.

Yo, Haruno Sakura voy a cantar…–Habló dejando la frase al aire para que las chicas decidieran la canción que interpretaría. Tanto Ino como Tenten se apoyaron en Sakura para contestar en el micrófono.

¡WRECKING BALL! –gritaron ambas chicas.

Y en un segundo la canción comenzó a sonar por todo el lugar.

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Su mano palpitaba del dolor, mientras que sus nudillos adquirían un tono sonrosado.

No se quejó.

Estaba acostumbrada al dolor físico, lo sentía todos los días cuando entrenaba arduamente en la academia o en el gimnasio y siempre, de alguna manera extraña, la hacía sentir mejor, más repuesta y menos estresada. Sonará masoquista, pero el dolor siempre le había traído alivio para sus males.

Sin embargo, en esta ocasión era todo lo contrario.

Cuando golpeó a Sasuke, pensó que sucedería lo mismo en cada entrenamiento o incluso sería muchísimo mejor. Ya que darle su merecido era una de sus mayores fantasías desde que lo conoció; darle un puñetazo al insolente niño Uchiha. Siempre creyó que se quitaría un peso de encima, llegó a pensar en disfrutar del momento, como una venganza de todos esos años de desprecio e insultos. De verdad creyó, que si algún día llegase a pasar, esa sería la sensación más satisfactoria del mundo.

Cómo se equivocó.

El estallido de emociones que golpearon su cara no le trajo ninguna satisfacción, solo más confusión e ira.

Salió de un colapso para entrar en una catarsis infligida por ella misma.

Su corazón galopaba con fuerza ante el gigantesco desasosiego que le crispaba el pecho. No pensó, ni reflexionó nada, se quedó quieta con la mirada fija en la cara volteada del Uchiha.

Él, no obstante, se quedó quieto, tomándose su tiempo para recomponerse de tal brutal golpe. Había retrocedido unos pasos durante el impacto, pero hasta ahora no ha dado señales de querer moverse.

"Tengo que salir de aquí"-fue el primer pensamiento racional que pudo formar en su cabeza.

Aun con la adrenalina en su sistema, obligó a su cuerpo a reaccionar, a moverse, lo que fuera. Con las piernas temblorosas camino titubeante a un costado de la calle, lugar donde la llevaría a casa, sin quitar la mirada del Uchiha. Cuando vio subir su mano a su rostro cubierto por los mechones oscuros de su cabello, Sakura reaccionó por fin de su catarsis, e hizo el primer pensamiento que cruzó por su mente antes de que él se recuperara: salió corriendo.

Con el corazón galopando, Sakura corrió con todas fuerzas sin mirar atrás. La respiración se le entrecortaba a cada segundo por el revoltijo de emociones más la carrera que estaba llevando a cabo.

¿La seguiría?

Tenía la espantosa idea de que podría estar corriendo detrás de ella y que podría alcanzarla, para… para… ¿para qué? ¿Para golpearla? ¿Para reclamarle por el golpe? No lo sabía. Solo tenía claro que le aterraba la idea de que si miraba hacia atrás podría ver al Uchiha corriendo con la cara moreteada y descompuesta por la furia e intentando agarrarla.

Corrió con más ganas hasta visualizar su hogar, que se encontraba a unos metros de distancia. Las piernas le dolían como el infierno, pero no bajó la velocidad en ningún momento. Agudizó su oído lo más que pudo mientras corría, intentando escuchar pasos acelerados detrás suyo e incluso esperando un agarrón, pero nada. No escuchaba nada, más que su propia respiración y los potentes latidos de su corazón que se saldría de su pecho en cualquier minuto.

Trató de ordenar sus pensamientos para concentrarse en lo que estaba a punto de hacer.

No sabía si realmente la seguía o no, y la única forma de saberlo es mirar hacia atrás, pero eso sería peligroso por la velocidad en la que corría, podría chocar con algo o alguien y lastimarse. La otra alternativa sería girarse de sopetón y enfrentarlo. La idea no le agradaba en absoluto, pero tenía que armarse de valor y dejar de comportarse como una cobarde.

Respiró profundamente a unos cuantos metros de llegar a casa, y de sopetón, giró bruscamente su cuerpo preparándolo para una posible pelea. Separó sus piernas para evitar el impacto y levantó sus brazos en modo de defensa ante cualquier ataque. Con los ojos bien abiertos, barreó su mirada por todos lados, pero la calle estaba tan vacía como de costumbre, sin rastros de ser perseguida. Sin embargo, no se sintió aliviada, pensó que es mejor no confiarse hasta no entrar a su casa en donde estaría verdaderamente a salvo, y con pasos acelerados se encaminó a la entrada mientras que abría su mochila buscando las llaves. Sus manos temblorosas y apresuradas no la dejaban abrir la puerta con la rapidez que quería, miraba a cada momento hacia atrás vigilando que no apareciera el Uchiha.

Finalmente abrió la puerta y entro a su morada con rapidez. Cerró la puerta de un sonoro portazo y se recargó en ella con cansancio y con la respiración agitada, no se dio cuenta hasta en ese momento en que había estado conteniendo la respiración, y todo por el pánico de ser perseguida. Sentía sus piernas acalambradas de tanto correr, las observó: estaban temblando, sus manos también temblaban con visibilidad, pero al menos estaba a salvo.

Por el momento.

Le dieron unas horribles ganas de vomitar, por segunda vez en el día, pero se contuvo. Ya había sido suficiente por un día, no quería seguir mortificándose de tanto suspenso y paranoias, mucho menos por lo que acababa de hacer.

"Hiciste bien, Sakura. Así con eso no querrá molestarte más." –pensó, tratándose de convencer a si misma que hizo lo correcto, pero muy en el fondo sabía que no era cierto. La opresión y el desasosiego que sentía en su pecho no desaparecían, porque tenía claro que Sasuke no se iba a quedar con los brazos cruzados, él nunca va a permitir esa falta; se la iba a cobrar, lo tenía demasiado claro.

Unos pasos apresurados se escucharon en la estancia. Levantó la mirada hacia el corredor para ver a su madre parada frente suyo con un delantal de cocina manchado, al parecer, de salsa. Lucia entre sorprendida y preocupada, de seguro por el portazo que había dado.

– ¡Sakura! –exclama su madre, acercándose a ella. – ¿Qué te sucedió? ¡Luces terrible! – con ojos preocupados, tomó las temblorosas manos de la pelirosa en un intento de calmarla.

Hasta entonces, Sakura no había reparado en su rostro, que por la cara preocupada de su madre, debería verse horrible. Giró su mirada a la derecha, en donde había un pequeño espejo que adornaba la pared del corredor, y pudo ver su rostro descompuesto y pálido del miedo, que de seguro había alertado a su madre.

–Lo… Lo siento, mamá– alcanzó a responder la pelirosa, volviendo a fijar su vista en los de su madre, que la observaba con el ceño fruncido.

– ¿Qué te sucedió? Estas temblando– preguntó de nuevo, esta vez en un tono bajo y más serio de lo usual.

Sakura sintió el fuerte agarre de sus manos, y trató de tranquilizarse. No quería lucir tan espantada y afligida, eso solo hacia preocupar más a su madre, así que optó por respirar hondo y contestarle.

–N-No es nada. Disculpa, no quería asustarte–

Su madre la miró con tanta seriedad, que Sakura casi olvida el poder que tenía para captar las mentiras. Por lo que en realidad ella no le creyó ninguna palabra, y es por eso que la observaba con tanta fijeza.

Tardó unos segundos antes de responderle.

–Si no quieres decirme, está bien. Solo quiero asegurarme que no te haya pasado nada malo. –habló por fin, frunciendo los labios en una fina línea.

A Sakura se le apretó el corazón. No quería mentirle a su madre, estaba tentada en decirle lo que le estaba pasando desde ya hace un tiempo, pero le aterraba de cierta manera en cómo podría reaccionar al saber que estaba siendo acosada por el chico que tan bien le caía su madre. Pero lo que más miedo tenía, es que supiera la verdad sobre la cabaña y de las cosas que hizo estando ebria y, posiblemente, drogada.

Aunque esto último no tenía como comprobarlo, solo se basaba por los recuerdos de al día siguiente cuando varios de sus amigos admitieron haberse drogado durante la fiesta, por lo que es posible que ella también pudo estarlo. Claro que bajo la influencia del alcohol, porque ciertamente ella jamás haría algo así estando sobria y con todos sus sentidos puestos.

–Creí que me estaban siguiendo... –habló por fin, en un murmullo.

Su madre frunció profundamente sus cejas, y antes de que ella pudiera pensar o decir cualquier cosa, volvió a retomar la palabra.

–Pero no, no había nadie. Solo fue mi imaginación, aunque me asusté mucho a decir verdad –y no era mentira. Sakura fue sincera hasta cierto punto con su madre, sin revelar la verdadera circunstancia de su estado.

Circunstancia que tiene nombre y apellido.

– ¡Oh, Sakura! Pero qué horror, niña. –exclamó su madre, con la cara medio preocupada y medio seria. –Ven. Te daré un té caliente para aliviarte. ¡Estás muy pálida! –pasó un brazo por la cintura de la pelirosa, como si estuviera convaleciente y la llevó hacia el comedor.

Sakura se sintió peor que nunca. Lo último que quería hacer era mentirle a su madre, pero lo hizo y para rematar su madre le creyó. A pesar de que ella es demasiado buena reconociendo mentiras, lo que dijo no tenía nada de eso, solo que omitió ciertas cosas. Era en definitiva, una verdad a medias, y no se pudo haber sentido peor.

Su madre se fue hacia la cocina a prepararle el té, mientras que la dejó sentada sola en el comedor de la estancia.

Reflexionó que era mejor que no supiera sobre el Uchiha, no quería que se sintiera mal por su culpa al saber de las… cosas que él ha estado haciendo a escondidas. Aunque, de cierta manera eso lograría al fin quitarle la venda de los ojos y vería, a quien consideraba como el "chico perfecto", lo que realmente es: un maldito degenerado.

Su madre salió de la cocina con una taza humeante, y se la dejó encima de la mesa. Le acarició su rosada melena, mientras que Sakura daba un pequeño sorbo a su té caliente, ya un poco menos afligida.

– ¿Te sientes mejor? –preguntó con ternura su madre. Se sentó a un lado de la pelirosa, sin dejar de acariciar sus cabellos, relajándola.

–Si… Gracias mamá–dijo con una pequeña sonrisa, con la vista clavada en su té. Le daba cierta pena mirarla a los ojos, como si con eso ella supiera lo que estaba pensando.

–Me alegro. Ahora…–dejó las caricias para mirarla a los ojos. Todo rastro de ternura se fue de su rostro para pasar a una mirada más seria y casi recriminatoria. –Sakura…–llamó.

La pelirosa levantó la mirada hacia su madre. Trató de dejar su mente en blanco para que no pudiera adivinar sus pensamientos ni sus emociones, pero como siempre ella tiene un instinto natural en esas cosas, porque su madre frunció más aun el ceño.

–Sakura, dime la verdad ¿qué sucedió? –preguntó en voz grave, ya sin rastros de preocupación ni ternura de antes.

Fue como si un balde de agua fría cayera por su cabeza.

No se creyó nada de lo que dijo.

Ni un poco.

¿Ahora qué le diría? ¿La verdad? ¿Se atrevería contar sobre Sasuke? ¿Tendría que explicar el por qué?

Tragó saliva con nerviosismo, bajando la mirada hacia su taza medio vacía buscando el valor necesario para hablar. Sin embargo eso no le ayudó de mucho, ya que su madre no dejaba de evaluar sus movimientos ni sus expresiones, colocándola realmente nerviosa.

Respiró por la nariz y exhaló lentamente, botando sus miedos y su cobardía.

No tenía opción, tenía que decirle la verdad. No podía mentirle descaradamente a su madre, eso solo la hacía sentirse avergonzada de sí misma de lo bajo que había llegado. ¿Hasta este punto la había llevado su cobardía?

No…

Tenía que hablar con sinceridad y claridad.

–Mamá, de verdad lo siento… –comenzó Sakura, mirando de reojo a su madre entre avergonzada y culpable. –yo… no fue mentira lo que dije, en verdad creí que me estaba siguiendo– titubeó un poco, dudando de seguir contando.

–Pero…– la alentó su madre.

Bajó los hombros cansada, pensando que debía contarle desde el principio: la fiesta de la cabaña.

– ¿Recuerdas la fiesta sorpresa de Hinata? –preguntó súbitamente, descolocando un poco a su madre ante el cambio brusco de tema.

Frunció un poco el ceño ante la pregunta de la pelirosa, pero decidió seguir por el rumbo que la estaba llevando su hija.

–Eh… ¿te refieres a la cabaña de Ino? –inquirió.

Recordó como ambas chicas se esmeraron en celebrar el cumpleaños de la pelinegra. La organización y planeación de todos los chicos para un fin de semana en una cabaña a las afueras de la ciudad. Le había dado a Sakura no solo el permiso de disfrutar con sus amigos, sino también la confianza de que no haría nada imprudente y que se comportaría de forma responsable.

Sin embargo…

Cuando regresó de su viaje, llegó algo extraña ha de ser sincera, pero nunca le preguntó si había ocurrido algo y tampoco ella se ha referido de la fiesta. De vez en cuando comentaba que lo habían pasado muy bien y que Hinata estaba muy feliz de la sorpresa, es lo único que le escuchó decir. Pero lo que no entendía era a que venía esa pregunta con lo que le pasó hace algunos minutos llegando a casa.

–No entiendo ¿a qué viene esto? –volvió a preguntar su madre.

–Es que en esa fiesta sucedieron… cosas– dijo tanteando terreno. –La verdad es que todos bebimos alcohol y se nos pasó de la raya– confesó al fin.

Lo dijo tan rápido y directo que su madre le costó un poco procesarlo. Ambas se miraban a los ojos. Una estaba expectante a como fuera reaccionar y la otra la miraba asimilando lo dicho, hasta que de un momento a otro su madre soltó una carcajada, seguida de otra y luego terminó por reírse en la cara de la pelirosa.

– ¡Jajajajajaja! –su madre se tapó la boca en un intento de disminuir las carcajadas, mientras que Sakura la observaba abochornada de que su madre se estuviera riendo de ella con algo que le costó mucho (demasiado) admitir. ¡Y tanto que se quebró la cabeza pensando en cómo decírselo sin que se enfadara!

– ¿P-Por qué te ríes? –tartamudeo. Su labio inferior temblaba por los nervios y la vergüenza.

– ¡Es que era obvio! –exclamó, ya calmada su risa. Sin embargo, sonreía divertida ante la cara llena de culpa y vergüenza de su hija. – ¿un montón de adolescentes en una fiesta a fueras de la ciudad y con padres ausentes? ¡Quién no sospecharía! –ironizó en voz alta, rodando los ojos.

– ¿Entonces lo sabías? –preguntó algo sorprendida la pelirosa. –Siempre pensé que te enfadarías, por eso nunca mencioné nada– confesó esto último en un tono más bajo, sintiéndose más avergonzada que antes.

–Bueno…–esta vez su madre hizo una pequeña mueca, ya no tan divertida como antes. –Aunque todavía no eres mayor de edad, tienes la madurez suficiente como para tomar tus propias decisiones. Si bebes o no es tu decisión, pero también es tú deber hacerte responsable de lo que esto conlleva ¿lo sabes, cierto? –cuestiona, levantando una de sus cejas.

–Lo sé, mamá. Y de verdad lo siento. –Volvió a disculparse con la mirada gacha.

–Bien. Ya resuelta esa parte, quiero que me expliques que tiene que ver con esto con lo que te ha pasado en el camino a casa– inquiere de sopetón.

Observó a su madre. Aquellos ojos tan iguales a los suyos la miraban de vuelta, de alguna manera la hacía sentir como si estuviera frente a un espejo, como si fueran la misma persona. Siempre creyó que podía contarle todo a su madre, pero después de que ocurriera lo de la fiesta, se había vuelto algo evasiva. Evitaba tener ciertas conversaciones con su madre, temas como las que estaban teniendo ahora, porque sabía que había sobrepasado una línea importante con su madre y le aterraba la idea que se decepcionara de ella. Eso la hacía recordar a su padre: él se fue por su causa, siempre la vio como una decepción, por eso no quería que la única persona que le quedaba se fuera de su lado por la misma razón.

Sin embargo…

Ahí estaba su madre, algo seria pero tenía cierta chispa en sus ojos, que le indicaba que no estaba enojada ni mucho menos decepcionada. Quizás era porque era su hija o por el increíble parecido que tenían, pero su madre siempre supo verla.

Sonrió con ella, más confiada. Ahora si podía hablar con más calma.

–En esa fiesta tuve algo con Sasuke –reveló al fin la verdad. Vio cómo su madre se le cortó la respiración por un momento, observándola con ojos totalmente sorprendidos y casi con impacto.

– ¡¿QUÉ?! –chilló, colocando su espalda recta en la silla. – ¿Cómo es eso? ¿Con tener algo te refieres a un romance o de... de…?– dejó la frase en el aire al ver como Sakura se ruborizaba y se hundía entre sus hombros en señal de vergüenza.

–No… o sea sí, yo…– Sakura comenzó a tartamudear de los nervios. Le daba más que vergüenza que su madre estuviera insinuando que ambos llegaran algo más que "solo" besos.

"Trágame tierra" –pensó al ver como su madre comenzaba a verla de forma extraña.

–Sakura, ¿eres virgen? –fue horriblemente directa.

Casi se atraganta con su propia saliva, mientras que sus mejillas ardían de tanta sangre acumulada.

– ¡Por supuesto que sí! –chilla la pelirosa.

Mentira.

Ella no tenía idea si llegó a intimar con el Uchiha y lamentablemente ese atisbo de duda fue visto por su madre, que abrió la boca choqueada por lo que esto podría significar.

– ¡Estas mintiendo! – la acusa con los ojos bien abiertos.

Sakura abrió y cerró la boca un par de veces antes de tragar saliva y respirar lo suficiente para volver a retomar la palabra.

–Mamá…– llamó con lentitud –es mejor que retomemos el tema anterior ¿sí? –pide la pelirosa, aun con las mejillas rojas.

Y es que, ¿Qué le iba a decir? ¿Qué no tenía idea si seguía virgen? ¿Qué no se acuerda de nada de esa noche y que muy posiblemente haya llegado a intimar con el degenerado de Uchiha? La mataría.

Pero su madre no estaba muy de acuerdo, y por la forma en que la miró supo que iba a insistir con el "temita". Así que habló antes de que ella pudiera decir cualquier cosa.

–Mamá, por favor solo escúchame ¿sí? – suplicó. Su madre frunció los labios, debatiéndose en si seguir o escuchar, al final optó por lo último, porque se reclinó sobre la silla con los brazos cruzados, esperando una explicación.

–Bien… yo tuve algo con Sasuke esa vez, pero solo fue un ligón. Nunca antes habíamos tenido ese tipo de relación. Fue algo de una sola vez ¿lo entiendes? – explicó con cautela. Preferiría mil veces que su madre piense que es una ligona fácil a que se haga ilusiones entre ella y Sasuke.

Su madre solo se limitó en asentir lo dicho, aunque en su cara demostraba lo desacuerdo de su actuar, pero no dijo nada.

–Después de eso, él comenzó a actuar de manera extraña. –comenzó a relatar. –Me observaba mucho, en la casa de Naruto o en la escuela, era muy incómodo. Luego, se volvió más extraño aun, él me seguía a todas partes. Ya no era solo en la escuela, me lo encontraba cuando salía con mis amigas o estando sola, incluso me observaba entrenar en la academia después de clases. –se tomó unos segundos para ver como su madre reaccionaba a lo dicho. Pero ella estaba tan quieta y la observaba con toda la paciencia del mundo, que le dio miedo saber qué le diría.

–Era él quien me estaba siguiendo en el camino, por eso estaba tan asustada. –finaliza. Claro que omitió ciertos puntos importantes en la historia, como en que realmente ella no recuerda nada de nada de la fiesta, y que podría haber hecho algo más que liarse con Sasuke, sobre la fotografía en su casillero, de lo espeluznante que ha sido realmente, la cámara de Ino, más fotografías bochornosas… y así podría seguir con una larga lista.

No obstante, se sentía muchísimo mejor ahora que su madre sabe del acoso de Sasuke y de lo horrible que ha sido con ella en este último tiempo.

Aunque…

Sakura se removió incómoda en su asiento, recordando la paliza que le dio al Uchiha.

–De acuerdo…– reflexiona su madre, con las cejas fruncidas –Entonces Sasuke, el chico que tuvo la amabilidad de llevarte a casa el otro día, te está acosando por un ligón que ocurrió en aquella fiesta ¿cierto? –resume su madre.

Sakura frunció los labios ante el tono jocoso de su madre, pero no dijo nada. Si tan solo ella supiera como se dieron las cosas, no se lo tomaría tan a la ligera, pero de todos modos fue su culpa de haber bebido hasta perder la consciencia y de no saber a quién carajos le metía la lengua. Así que no tenía derecho a reclamar nada.

–Mira, Sakura. Eres una chica inteligente, ya sabrás a que va todo esto o al menos tener una sospecha ¿verdad? –volvió a hablar su madre al ver que no dijo nada.

–bueno, si… tal vez– dijo en voz queda. Ya lo había pensado en un principio cuando él la fue a llevar a casa, ¿Qué otra razón sino?... podría ser que Sasuke gustaba de ella.

Sin embargo, no le cabía en la cabeza el cómo. Si ambos se la pasaban peleando desde niños y luego, simplemente no se dirigieron la palabra en toda la pubertad. No entendía cómo fue que llegaron a besuquearse y sabe Dios qué cosas más, aunque la razón que fuera… ¿Cuántas posibilidades hay para que el Uchiha, de un momento a otro, comenzara a interesarse en ella?

Esa es la gran incógnita entre un mar de preguntas.

–Te voy a decir esto: todos los chicos son idiotas cuando se trata de la chica a quien le gusta, sin excepción. –declaró su madre con una media sonrisa. –Por muy serio, inteligente y reservado que sea Sasuke, sigue siendo un chico. –se levantó de la silla y comenzó a sacar la taza medio vacía de la pelirosa. –Un inmaduro, inseguro y hormonal adolescente promedio. Así que no te preocupes tanto, pero si en verdad te molesta lo que hace; pues háblale –finalizó saliendo de la estancia.

Sakura pensó en lo fácil y sencillo que veía su madre en todo esto, y en lo confusamente desastroso que era realmente en su vida.

Sola y con la cabeza hecha un revoltijo, creyó que va siendo hora de revisar todas las fotografías de su pendrive que se encontraba escondido en su bolsillo, latiendo como si fuera un segundo corazón en su cuerpo.

– ¡Ah! –La cabeza de su madre apareció en la entrada que dividía el comedor y la cocina. Y con una enorme sonrisa exclamó – y solo para que lo sepas: quien lo hizo ebria, lo pensó sobria. –dicho aquello, su cabeza regresó a la cocina y el ruido del agua chocando con los trastes se escuchó en el lugar.

Sakura soltó un bufido de desconcierto, pero prefirió no comentar nada ante su lógica.

Porque ¡vamos! Es el tipo que la trató como basura durante toda su infancia ¿de verdad se le podría ocurrir tan si quiera ir a abrazarlo?

Rodó los ojos.

Se levantó de la silla y salió del comedor rumbo a su habitación, en donde se encerraría por el resto de la noche.

Lo primero que hizo al llegar fue encender su computadora, y mientras esperaba sacó su teléfono de su mochila. Comenzó a revisar sus mensajes hasta que la computadora se encendió por completo. Conectó el pendrive en la computadora, y sin perder tiempo revisó la primera imagen que habían visto antes: las tres riendo dentro del auto de Ino.

De ahí hacia adelante, empezó a revisar cada fotografía, buscando algo que le pudiese dar una pista, pero nada. Al llegar a la última imagen que ya habían visto en la casa de Ino, se tomó un pequeño respiro, ya lista de ver lo que realmente sucedió en esa condenada fiesta.

"Click"

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3:45 A.M

1 hora y 4 minutos después del desastre.

Levantó las manos al ritmo de la música, moviéndose de un lado para otro con efusividad, rozando y chocando con una que otra persona al estar rodeada de gente. Estaba demasiado oscuro para enfocarse a su alrededor, a lo más podía visualizar a través de las luces de colores LED gente bailando y bebiendo por todas partes.

Se llevó el vaso que tenía en una de sus manos a la boca, bebiendo lo poco que le quedaba de vodka. Frunció el ceño y se dispuso a buscar más alcohol para amortiguar su sed. Caminó entre el gentío, empujando a cada rato para avanzar fuera de la improvisada pista, hasta llegar al pequeño bar que estaba en una esquina de la sala. Con pasos tambaleantes, se acercó a la barra para pedirle al chico que hacía de barman, que le sirviera un trago.

¡Hey! – llamó su atención por encima de la música.

El chico que estaba de espaldas detrás de la barra, se giró en su dirección al escuchar su llamado. Al darse la vuelta, un chico más o menos de su edad, de cabello blanco y ojos violetas le devolvieron la mirada con una sonrisa de medio lado.

¡Vaya, vaya! Que tal preciosa – el muchacho se reclinó en la barra, observándola de pies a cabeza. – ¿por qué tan sola? – preguntó posando su vista en sus ojos verdes.

No fue hasta en ese momento en que Sakura se dio cuenta en el que sí, efectivamente, se encontraba sola desde que había salido del gentío.

Soltó un bufido.

Había estado bailando con Hinata y otra chica más que no conocía, pero entre los empujones y codazos, las había perdido de vista entre el tumulto de personas, pero se estaba divirtiendo tanto bailando (eso y todo el alcohol que había ingerido) que ni cuenta se había dado, hasta en ese momento.

Mis amigas están bailando – se limitó a responder – ¿me puedes servir más vodka, por favor? –le pidió al muchacho.

El chico soltó una carcajada – ¿Me ves cara de barman? –le preguntó levantando las cejas.

Ah…–Sakura boqueó consternada frunciendo levemente las cejas – Lo siento, creía que eras…

¡Oh! Tranquila –la interrumpió con un movimiento de mano, restándole importancia – Pero, ya que dijiste por favor, te serviré un vaso – agarró el vaso vacío que llevaba la pelirosa en las manos y se dirigió a un lado donde estaban las bebidas – Y dime, preciosa ¿Cuál es tu nombre? – preguntó el chico, mientras vertía el líquido en su vaso.

Sakura –le contestó con simpleza – ¿Y el tuyo? – el chico era bien parecido y muy amable, a decir verdad. Pero había algo en sus ojos que no le gustaba del todo, tenía un brillo malicioso como si ocultara dobles intenciones debajo de esa sonrisa coqueta.

Se removió incómoda.

Suigetsu –contestó de la misma forma, entregándole el vaso lleno de licor con una sonrisa –y dime Sakura, ¿tienes novio? –

"Que directo" –pensó la pelirosa. Le dio un sorbo a su bebida, ante la atenta mirada de Suigetsu, que ensanchó aún más su sonrisa.

Sí, y me debe estar esperando – Mintió. Cada vez le agradaba menos aquel chico.

Ah…– dijo sin perder la sonrisa – creí escuchar que estabas con tus amigas– inquirió, observando como la pelirosa se sonrojaba.

Sakura sentía las mejillas ardiendo de la vergüenza, pero se recompuso de inmediato, y soltó lo primero que se le ocurrió.

Sí, pero recordé que debo ir con él, así que…– dejó la frase en el aire, dando a entender que ya se iba –De todas maneras, gracias por el vodka – agradeció con una pequeña sonrisa, y sin dejarlo responder, se dio la vuelta en busca de sus amigas.

Caminó tambaleándose un poco, observando a su alrededor en busca de alguien conocido. Dio un largo sorbo a su bebida, haciendo una pequeña mueca de lo fuerte que estaba. Siguió mirando de un lado a otro, pero lo poco que dejaba entrever esas luces no le servían de mucho, sin contar la música ensordecedora que no hacía más que distraerla.

Bebió otro gran sorbo de vodka y dejó lo poco que quedaba en el vaso encima de un mueble, que en ese momento, estaba repleto de restos de comida y vasos vacíos o a medio tomar.

Por una extraña razón, Sakura le costaba cada vez más concentrarse en lo que estaba haciendo. La música se hizo más fuerte, retumbando las letras de la canción en su cabeza como si los parlantes estuvieran en sus oídos. Fue como si sus sentidos se agudizaran sintiendo cada partícula de su cuerpo, mientras que el corazón le bombeaba con fuerza y su respiración se agitaba. Sentía como si hubiera corrido kilómetros, pero no se sentía cansada, era parecido a la adrenalina corriendo por sus venas esparciéndose por todo su sistema. Tenía la sensación de que era capaz de hacer cualquier cosa, lo que sea.

"¿Y si bailo con aquel chico de cabello negro?" –pensó con una sonrisa. Olvidándose de lo que iba a hacer, se dispuso a acercarse al tipo que estaba en una esquina lejos del tumulto, dándole la espalda. Por alguna razón se le hacía familiar, pero no podía ubicarlo con tantas sensaciones en su cuerpo, que por alguna razón, sentía. Sin embargo, en lo único en lo que podía pensar era en lo ancho de su espalda y de lo increíblemente atractivo que se veía, a pesar de que en esa posición y por la escasa luz, le era imposible verle la cara.

Estaba a unos pasos de distancia, cuando alguien le agarró del brazo. Al girar la cabeza para ver quien había sido, observó con sorpresa al chico de cabello blanco que le atendió en la barra. Tenía una sonrisa triunfante pintada en la cara y sus ojos violetas desdeñosos la miraban de una forma tan oscura que le dio escalofríos por todo su cuerpo.

¡Mira nada más! No has tardado nada –rio el muchacho con la vista fija en sus ojos.

Sakura no tenía idea a lo que se refería, pero todo en él le causaba un mal presentimiento. Trató de zafarse de su agarre e irse, pero lejos de todo pronóstico, Suigetsu la impulsó hacia él provocando que la pelirosa se estampara en su cuerpo. Se tensó inmediatamente por la cercanía, su corazón que ya estaba acelerado; comenzó a latir con más fuerza ante la situación que estaba ocurriendo.

Ella, que se consagraba por sus conocimientos y experiencias en artes marciales, que llevaba casi toda su vida preparándose para momentos como aquél; se quedó totalmente paralizada ante la situación en la que estaba ocurriendo, sin poder reaccionar. Tenía una vago pensamiento de cómo debía tomárselo; quizás debía golpearlo directamente en la cara o doblar su mano para hacerle una llave, tal vez debía golpear en otras partes como sus pies o genitales. Su mente procesaba todo lo que debiese hacer y actuar, pero era su cuerpo quien no reaccionaba a la situación, como si fuera alguien ajeno ocupando su piel.

Sin decir ni una palabra más y con esa imborrable sonrisa, la arrastró fuera de la multitud en dirección al pasillo; y antes de desaparecer de la estancia vislumbró nuevamente al chico de espaldas, pero justo en ese momento había girado en su dirección y solo alcanzó a ver unos ojos negros clavados en los suyos.

Suigetsu la arrastró por el pasillo hasta llegar a las escaleras, en donde tuvo algunos problemas en subir, consecuencias de su ebriedad… y quizás otras cosas, no obstante; Sakura no tuvo mucho tiempo en sacar conclusiones, su mente divagaba de un pensamiento a otro, siendo a penas consciente hacia donde la estaba dirigiendo.

Pararon al frente de una puerta, una de las tantas habitaciones que hay en el segundo piso. El chico se giró a mirarla sin soltarla del brazo, con su mano libre acarició su mejilla, pero el tacto fue tan apático, tan carente de emotividad que lo sintió sucio e impropio.

Sakura tenía una idea a que iba esto, y solo sintió como su estómago se revolvía en repulsión y a la vez de algo totalmente contrario, como júbilo o hasta goce. Tener ambas sensaciones tan contraproducentes no hacían más que confundirla y marearla, sin embargo, no podía hacer nada, salvo escuchar lo que le estaba a punto de decir.

Vamos preciosa, pasaremos una noche divertida –le habló cerca de su oído para que pudiera escucharla por encima de la música, mientras giraba el pomo de la puerta.

Comenzó a hiperventilarse, mirando hacia todos lados. No había mucha gente en el segundo piso, de todas maneras estaban al pendiente de sus propios asuntos como para reparar en ellos. Pensaba en llamar la atención, decir o hacer algo, cualquier cosa con tal de que la mirasen y detuviesen lo que estaban a punto de hacer.

No obstante, Suigetsu dejó la puerta a medio abrir, congelándose de pronto. La pelirosa observó tensarse, sonriendo a penas, pero luego comprendió su actitud cuando notó una mano posada en el hombro del chico, y una voz grave se escuchó.

¿Sucede algo? – preguntó el desconocido detrás de Suigetsu.

Sakura no podía dejar pasar esa oportunidad, trató de nueva cuenta zafarse del brazo del chico, y en esta ocasión sí lo logró, tal vez porque vio que ya no podía retenerla más tiempo, gracias al sujeto que había intervenido.

Con dedos temblorosos se tocó el brazo, sintiendo aun el calor de la mano del peliblanco. Frotó toda el área afectada hasta dejar de sentir el molesto cosquilleo de su agarrón. Aun sentía el cuerpo demasiado ofuscado y a la vez extrovertido, como si acumulase demasiada energía adentro suyo y debiese botarlo de alguna manera.

Observó a Suigetsu girarse hacia el desconocido, recuperando su sonrisa desdeñosa y confiada, pero la sonrisa le duró poco al reconocer al tipo delante de él.

Desde su posición, Sakura reconoció al chico, era el sujeto de espalda ancha y cabello negro, el mismo con quien hizo contacto visual antes de ser arrastrada por el pasillo. Debió ver que algo iba mal y la siguió hasta aquí. En su mente daba gracias al cielo por haberle enviado a su rescate, pero al igual que Suigetsu, el alivio le duró poco cuando él pronunció el nombre del desconocido.

¡A-Ah!... ¡S-Sasuke! Que gusto verte, amigo mío– balbuceó el peliblanco con la cara pálida – ¿Q-Qué haces aquí? –

Sasuke se hizo a un lado para ver a la pelirosa, que estaba igual o más pálida que el mismo Suigetsu. Observó de nuevo al peliblanco con las cejas fruncidas en señal de sospecha, éste no hizo más que tragar grueso y sonreír forzadamente ante la evaluadora mirada del Uchiha.

¿Qué le estabas haciendo? – cuestionó con voz firme, demasiado intimidante a los ojos de la pelirosa.

¡Nada! ¡Nada de nada! – exclamó el peliblanco, soltando una risa nerviosa. De todas las personas, tuvo que aparecer justo el Uchiha, el único a quien le temía. Supo en ese instante que debía desaparecer, antes de que la pelirosa saliera de su estupor y comenzara a hablar. – ¡Bien! Yo mejor me regreso a la fiesta, ya sabes… a beber y eso– volvió a soltar otra risa nerviosa, comenzando a retroceder hacia las escaleras, hasta que se dio la vuelta y se marchó lo más rápido que pudo.

Sasuke lo observó irse, aun con la sospecha en la cara, pero se concentró en observar a la pelirosa, que le devolvió la mirada con los ojos abiertos en par en par.

Entre todas las personas, Sasuke sería la última persona que se le ocurriese pensar que la defendería. Lo miró a los ojos, completamente anonadada y hasta cierto punto, fascinada. Y pensar que hace unos minutos iba directo a él en plan de conquista, quien lo diría…

¿Te hizo algo Suigetsu? – inquirió.

No… no, nada– dijo sin pensar.

Una parte de sí, quería explicar y acusar a ese tal Suigetsu por lo que estaba a punto de hacer, pero la otra parte, una que no tenía ni idea de cómo y porqué había salido, la incitaba a olvidarse de todo y enfocarse en su atractivo héroe, que hasta entonces, la observaba entre desconcertado y enojado.

¿Te das cuenta que te arrastró hacia aquí, cierto? –la cuestionó.

Si… si –

Sakura no podía dejar de mirarlo. Es como observarlo por primera vez, darse cuenta de lo realmente atractivo que era; su rostro, su cabello, hasta las formas de sus músculos cuando se cruza de brazos. Incluso las pequeñas cosas, como sus cejas, la forma de sus labios, su perfecta nariz y sus ojos…

Se le cortó la respiración.

¿Qué me ves? –preguntó de forma grosera. Su cara demostraba enojo, aunque él siempre ha sido así de serio y parco, en ese momento se le notaba aún más.

O no se dio cuenta de su temperamento o simplemente pasó de su pesadez, porque Sakura le sonrió con soltura, dando un pequeño paso en su dirección. Con ojos brillantes, la pelirosa le respondió.

De lo atractivo que eres– soltó sin más.

A la pelirosa le hizo gracia la reacción del Uchiha. Se le notaba que no esperaba una respuesta como esa, de seguro se imaginaba alguna de sus típicas peleas que no hacían desde que eran niños. Sin embargo, en ese momento podía darse el lujo de regodearse ¿Cuándo iba a tener otra oportunidad de atraparlo con esa cara?

Sasuke la miraba ofuscado, no sabiendo si se lo decía en serio o le estaba tomando el pelo. Lo más probable sería lo segundo, aunque no es propio de ella hacerle ese tipo de bromas, pero no estaba tan seguro. A pesar de que mostraba una sonrisa burlesca, sus ojos verdes flameantes dictaban otras cosas, mucho más parecido a la primera opción. Realmente no sabía cómo debía tomárselo hasta que la escuchó reírse.

Sakura reía a carcajadas, con una mano en la boca tratando de disminuir su risa. Poco a poco fue controlándose hasta posar nuevamente sus ojos en los de él. Su rostro antes confuso, se había endurecido en una mueca de desagrado.

Estas ebria, debí imaginarlo– adivinó el pelinegro, rodando los ojos.

¿Acaso tu no? – preguntó enarcando una de sus cejas.

No lo suficiente…– contestó.

Para entonces, Sakura se había acercado lo suficiente para estar a escasos centímetros de su cuerpo. Con las manos en las caderas, lo observó con detenimiento; efectivamente, olía levemente a alcohol y a perfume de hombre.

Se le volvió a cortar la respiración.

Sasuke la observó de la misma manera. Sus ojos oscuros no despegaron la vista de su rostro, evaluándola de una forma que la hacía estremecerse, su corazón volvió a latir con fuerza en su pecho. Era una suerte que la música se escuchase hasta el tope en el segundo piso, porque sin duda él sería capaz de escuchar sus latidos.

El pelinegro ladeó ligeramente la cabeza, pensando.

Sabes…– comenzó – Nunca creí verte así – le confesó el pelinegro.

¿Así como? ¿Ebria? – preguntó divertida.

Las sensaciones en su cuerpo cada vez se hacían más grandes, más intensas. Podía no solo sentir, sino escuchar y hasta oler cada partícula del lugar, especialmente a Sasuke. Quien no dejaba de mirarla con esos ojos oscuros tan penetrantes, que no hacía más que seguir estremeciéndola.

Olvídalo –contestó, frunciendo más el ceño, de esa manera lucía mucho más mayor de lo que era. –Solo ve a descansar. –le ordenó.

Sakura se cruzó de brazos al igual que él con la mirada altiva, dando a entender que no haría caso de lo que dijera.

Estaba parada frente al chico más guapo (al menos en su estado) que había visto. Y no es que nunca se hubiera dado cuenta del atractivo del Uchiha, pero su temperamento y actitud eran bastantes desagradables como para opacar cualquier atractivo físico.

No obstante, ahí estaba. Hablando y haciéndole bromas como nunca había hecho. Ese sería la primera vez que tendría una conversación normal con él, ignorando por supuesto su forma tan tosca de contestarle, pero era una charla al fin de cuentas; una sin insultos ni ofensas hacia su persona.

Prefiero quedarme un rato contigo –confesó sin tapujos.

Sasuke se limitó a observarla en silencio.

Aunque no lo pareciera, Sakura sabía que él estaba sorprendido. Esa cara aparentemente imperturbable se escondía sus verdaderas emociones, ya lo había visto antes por eso lo sabía. Él solía poner esa cara cuando las cosas no cuadraban o se salían de sus manos, y para evitar verse vulnerable se colocaba esa coraza tan dura, que pareciera que realmente es su cara de verdad.

Pero ella ya lo sabía. Como había dicho antes: ella ya lo había visto en una ocasión, hace un largo tiempo atrás.

Bien. –habló al fin el Uchiha con cautela, descifrando las intenciones detrás de esos enormes ojos verdes, que lo miraban expectantes a lo que fuera a decir a continuación. –Me quedaré aquí vigilándote para que no hagas nada estúpido– espetó de forma grosera, tomando nuevamente esa actitud desagradable, tan característico de él.

Lejos de molestar a la pelirosa, ensanchó su sonrisa con un aire de picardía, y en vez de contestarle con otro insulto más venenoso, optó por hacer todo lo contario.

Entonces significa que vas a cuidar de mí –respondió.

Ahí estaba.

Sakura observó como el Uchiha trastabillaba con esa coraza, dejando entrever esa parte vulnerable tan oculta para todo el mundo, pero que ella tuvo la fortuna de ver por segunda vez en su vida.

Sasuke, con esos oscuros ojos demasiado densos como para leer entre ellos, dejó descubierto por un segundo esa debilidad que tiene, que tanto se ha esmerado en ocultar y que ella con una sola frase haya hecho temblar sus muros.

Cambió su postura a una más firme, recuperando su coraza de imperturbabilidad. Volvió a observarla con los ojos más negros y pesados que nunca, haciendo como si nada hubiera sucedido, como si ella nunca hubiera visto lo que ya vio.

Era eso o enfrentarse a esa debilidad frente a ella.

Hizo una mueca despectiva ante la inmensa sonrisa de la pelirosa, como si con eso hubiera hecho un pequeño triunfo sobre él.

Lo siento –habló sorpresivamente la chica, suavizando sus facciones –Creo que esta vez me propasé ¿cierto? –musitó ya no tan contenta como antes.

No era su intención incomodarlo, quería por esta vez dejar de discutir con él y dejarse llevar por sus emociones.

Las reacciones de su cuerpo no han dejado de molestarla en ningún momento, todo lo contrario, se ha fortalecido cada vez que soltaba una palabra. A lo mejor debía quedarse callada y dejar que se vaya, pero no quería…

No quería que se fuera.

Su corazón comenzó a bombear con fuerza por lo que estaba a punto de decir. Cabe la posibilidad que por una extraña razón le haga caso y lo hiciera, y la otra (que era la más acertada a decir verdad) podría mofarse de ella y mandarla a la mierda como si nada.

Sin embargo, algo en su interior le decía que no sería así, porque cuando mencionó en broma que él iba a cuidar de ella, él mostró un atisbo de vulnerabilidad que le hizo replantearse de sus propias palabras. Quizás… solo quizás, él en verdad tenía esas intenciones.

Así que se arriesgó.

Sasuke…–llamó la pelirosa mirándolo de reojo. Él le prestó atención en silencio, escuchando lo que fuera a decirle. –Tu… es posible que tú, solo por esta noche… ¿podrías fingir que no me odias? –pidió en voz baja.

Sasuke tuvo que leer sus labios para comprender lo que había dicho.

Ambos se quedaron mirando. Una estaba nerviosa y expectante y el otro impasible, como si no tuviera nada que decir.

Al no recibir una respuesta de su parte, Sakura comenzó a arrepentirse de lo dicho. Deseó con todas sus fuerzas retroceder el tiempo y cerrar la boca antes de pedirle semejante favor. Ahora que lo procesaba bien, se escuchó como una completa arrastrada pidiendo su atención.

"Tonta. Tonta. Tonta" –pensó con los labios tensos.

Sin embargo, sucedió algo impensado.

Sasuke descruzó sus brazos y se paró recto, dejando que toda su altura se alzara imponente frente a la pelirosa, que lo observó casi espantada por su repentino cambio de posición. Desde su mirar, Sakura creía que se veía más temible con las luces casi apagadas, en donde sus ojos destacaban una frialdad absorbente y pesada; era una mirada tan oscura, tan diferente a las otras que le dirigía antes, pero a su vez quería decirle algo, como un cuestionamiento mudo hacia ella.

Sin decir nada y con la mirada fija en ella, Sasuke alargó una mano y movió el pomo de la puerta que estaba a su lado. Entró a la habitación y se quedó allí con la puerta abierta, esperando.

Sakura tardó dos segundos en entender lo que estaba pasando, pero no lo reflexionó mucho. Su mente estaba embutida en sensaciones extrañas y apabullantes, y dudaba seriamente que fuera el alcohol el causante, porque cuando miraba a Sasuke a los ojos su corazón latía con tanta fuerza como un tambor sobre su pecho, y un cosquilleo parecido a la emoción se instalaba en su estómago.

Volvió a mirarlo a los ojos, Sasuke estaba esperando que entrara a la habitación. No lo dijo por supuesto, pero sus acciones hablaban por si solas.

Y se dejó llevar, a pesar que una alarma comenzó a sonar en un rincón de su cabeza, pero no hizo caso. Se había dejado llevar por las emociones y sensaciones que le transmitía el Uchiha, así que sin más dio un paso en su dirección, entrando en la habitación.

Sakura cerró la puerta a sus espaldas sin dejar de mirar a Sasuke, y supo en ese entonces, que no quería ir a otro lugar que no fuera ahí con él.

Sasuke se acercó a ella, quedando frente a frente.

Demasiado cerca. Demasiadas sensaciones.

Un suspiro tembloroso salió de sus labios.

Entonces, ¿qué es lo que quieres? – inquirió en un tono neutral, no sabiendo si estaba siendo desagradable nuevamente o si era una pregunta sin dobles intenciones.

Lo miró a los ojos, esos oscuros ojos que la analizaban tratando de averiguar sus intenciones, más no pareciera estar enojado. Lucía serio como de costumbre, pero había una tranquilidad en su postura que la hacía pensar que estaba relajado a pesar de su cercanía.

Avanzó un centímetro.

Decidió responderle de forma serena, tanteando terreno.

Conversar –contestó con simpleza encogiéndose levemente de hombros. – ¿te molesta hablar conmigo? –se arrepintió de haber preguntado esto último. Mordió su lengua para evitar soltar otra palabra más. Había sido una pregunta estúpida, era más que obvio lo detestable que le parece interactuar con la gente y mucho más si era con ella. Él la odiaba.

Pero…

En el fondo de su mente, en un rinconcito oscuro que le susurraba palabras al oídos pero que siempre ignoró. Le decía que no.

Porque sí, Sasuke había sido horrible con ella por mucho tiempo. Pero había cosas que él hacía o decía, totalmente opuesto a su personalidad.

Recordó las veces que él la miraba con odio puro cuando jugaba con Naruto o lo hacía reír con sus bromas y chistes. Las veces que le enviaba palabras venenosas cuando tenía la oportunidad de insultarla.

Pero también recordaba ese noche en la playa… en como él, a su forma, la contuvo y le dio palabras de aliento. Su cercanía… en como tomó su mano…. En como la hizo sentir.

Las sensaciones que sentía eran tan similares en las de ese entonces.

Es por eso que dudaba. ¿Realmente la odiaba?

Sasuke demoró en contestar, fijando se vista en sus los de ella.

No... –dice él en un susurro. –No me molesta. –

Sakura sintió un cosquilleo en su estómago, como una emoción extraña que nacía de ahí.

Avanzó otro centímetro.

Un suspiro tembloroso brotó de sus labios de forma inconsciente al estar un poco más cerca de Sasuke.

Era como si el suelo estuviera minado, y la única forma de llegar hasta él es escogiendo bien sus palabras. Cada paso que daba, cada centímetro es un pequeño triunfo, y él era su meta.

Que bien…–comenta, sin saber que más decir. Se tomó unos segundos de silencio para pensar en algún tema de conversación, sin embargo no se le ocurría nada más que una sola cosa... pero no se atrevía hablarlo, puesto que podría incomodarlo.

¿Por qué quieres hablar conmigo? –habló de repente el Uchiha, observándola con una extraña calma.

Sakura tardó un momento en procesar su pregunta, pero se recompuso de inmediato pensando en qué responderle.

"Solo di la verdad" –pensó para sí.

La verdad…–habló en voz alta, siendo escuchada por Sasuke. –La verdad, es que muy en el fondo… siempre quise hablar contigo. –se sinceró. No lo miró a los ojos, fijó su vista en los botones de su camisa. Respiró profundamente, sacando a la luz, por fin, ese rinconcito que había estado guardando. –No esperaba que fuésemos amigos ni nada, pero… esperaba que quizás en el fondo me aceptaras y poder tener algún día una conversación normal. Ya sabes, sin insultos. –terminó casi en un murmullo.

Sakura se removió incomoda por el silencio tenso que se formó entre ellos, a pesar de que la música se escuchaba amortiguada en la habitación, el silencio de Sasuke era mucho más pesado que cualquier cosa.

Hmp…–fue lo único que escuchó del pelinegro.

Solo esperaba que no me odiaras tanto…–dijo sin pensar. Volvió a morderse la lengua.

No creía que fuera tan estúpida hasta esa noche. Era como si hubiese metido su cerebro en una licuadora y todos sus pensamientos fueran servidos como sopa en una bandeja de plata.

Un plato único para el Uchiha.

Se le tiñeron las mejillas de la vergüenza de lo arrastrada que se escuchó sus palabras, pero ya era tarde, ya las había dicho y no tenía remedio alguno para retroceder el tiempo y retractarse.

No te odio…–contestó el pelinegro.

Sakura levantó la cabeza asombrada.

El Uchiha la veía con los ojos entrecerrados, evaluando las palabras que le diría a continuación.

Sí, cuando éramos niños te odiaba, pero… ahora no. –dijo sin más el pelinegro.

Casi se le caía la boca de la sorpresa, pero se detuvo justo a tiempo. No esperaba que le contestara eso, ni mucho menos decirle abiertamente que "ya no la odiaba". Sin embargo, pese a sus cortas palabras carente de expresividad, supo por sus ojos tensos, que él de alguna forma trataba de sincerarse como lo había hecho ella.

Algo tosco, simple y directo.

Ah…– fue lo único que dijo en esas circunstancias.

Sin pensarlo, avanzó otro centímetro.

Esperaba que el Uchiha siguiera hablando, pero se había quedado con la cara estoica sin un ápice de querer decir algo más.

Bueno, esa había sido la conversación más larga y "normal" que había tenido con Sasuke. Se decepcionó un poco por eso, ella esperaba realmente seguir charlando y que él por fin saliera de esa coraza que los dividía. Pero él ya se había cerrado de nuevo. La pequeña grieta que dejó la tapó al instante en que dijo esa pequeña frase.

Bajó los hombros medio derrotada, pensando que ya era hora de terminar el juego.

Creo que ya…–

Lo siento –la interrumpió el pelinegro.

La pelirosa observó como el Uchiha respiraba con profundidad y exhalaba por la nariz, como meditando lo que quería decir.

Siento haberte tratado mal, Sakura. –reveló.

De todas las cosas, esa sería la última que esperaría escuchar de los labios del pelinegro.

Su respiración se atascó en su garganta y su corazón comenzó a latir desbocado. Apretó con fuerzas sus manos hasta convertirlas en puños, creyendo que así no se notaría el ligero temblor que empezó a formarse sin control.

¿Qué podría decir en una situación así? ¿Qué debiese responder?

Una parte de sí quería recriminarle por todos esos años que la trató como escoria. De todas las veces que la insultó y se tuvo que quedar callada evitar confrontaciones. Las veces en las que se mordió la lengua por soltarle una grosería, pero se tenía que controlar para no decepcionar a Naruto. Las incontables veces que la hizo sentir mierda, pero fingía que no le importaba y levantaba la cabeza como la orgullosa y terca que era.

Sí, debía estar recriminándole al menos una hora y media por todos y cada una de sus burlas, pero…

Pero…

Al ver los ojos de Sasuke, vio una transparencia que jamás había visto en él. Y supo que le estaba entregando algo mucho más que sinceridad.

Sakura, avanzó otro centímetro, y otro… y otro.

Se quedó quieta cuando su pecho estaba por rozar al de Sasuke. Levantó su mirada hasta fijarla en los de él.

Tan cerca…

No importa –respondió en un susurro.

Fue como si todo el pasado se esfumara, como si ya nada importara.

Y todo se reducía ahí, en esa oscura habitación.

No importa…– repitió.

Sentía su respiración chocar en su rostro por la cercanía, pero más que nada, eran esos ojos lo que más le atrapaban.

Oscuros e imponentes.

Sasuke –lo llamó, aun en voz baja. – ¿por qué ahora? –preguntó.

Supongo que… ya no tiene caso seguir ocultándolo. –le respondió en un tono grave y bajo, casi en un murmullo.

¿Cómo? No entiendo – Parpadeó un par de veces, confundida. Sin entender a qué se refería.

Sin embargo, Sasuke calló. Con la mirada fija en ella, pero a la vez no. Era como si su mente se fuera a otra parte, pensando en algo.

Observó como el pelinegro apretaba sus labios en una fina línea, debatiéndose en cómo debería responder.

¿Recuerdas esa noche en la playa? –comenzó.

Sakura se tensó visiblemente. No esperaba que él pusiera precisamente ese tema.

Sí…– se limitó a decir. No estaba muy segura a que quería llegar, así tomó una posición más cautelosa, ya que no era uno de sus mejores recuerdos.

Esa noche su padre se había ido de casa y ella, devastada, había corrido a refugiarse en la playa hasta que Sasuke la encontró.

Fue la única vez en el que el Uchiha fue "amable" (por así decirlo) con ella.

¿Recuerdas lo que te dije? –le preguntó con la voz más grave de lo usual.

Rememoró la escena en su cabeza. Las palabras dichas por él jamás las entendió, no obstante, las guardaba a fuego en su mente. Porque sabía que de alguna manera, Sasuke intentó transmitir algo que a su corta edad no comprendía aun.

En el que sigue sin comprender.

–"Tú, entre todas las personas… no merecías algo así" –repitió sus palabras.

¿Sabes por qué te lo dije? –volvió a preguntar.

No…–susurró. Y se avergonzó de ello. A pesar de todos esos años, ella era incapaz de entender su significado.

Te lo dije porque, siempre supe… muy en el fondo, de que eres demasiado buena para tu propio bien. –confesó. Observó los grandes ojos de la pelirosa, que lo miraban impresionados por sus palabras. –Eres capaz de olvidar y perdonar a todos, incluso a mí. A pesar de todo lo que te hice. –

Silencio.

Sakura estaba en estado de shock, con la vista perdida en el rostro del pelinegro. Quería asegurarse que sus palabras fueran ciertas, quería creerle.

Ella de todo corazón, quería creer en él.

¿L-Lo dices en serio? ¿Cómo es posible que tú… tú…?– se trabó al hablar. Comenzó a boquear y a retroceder un paso, tratando de entender lo que estaba pasando.

Su corazón era una locomotora a gran velocidad. Latía con tal desenfreno que temía que Sasuke lo escuchara.

¿Él de verdad pensaba eso de ella? ¿Él realmente la había reconocido? ¿Es posible?

Sasuke dio un paso adelante, volviendo a dejar un espacio prácticamente inerte entre ellos.

¿No lo adivinas? –cuestionó ladeando su cabeza.

¡C-Cómo podría! Si tú te la pasabas siendo un… un pesado –se le ocurrió decir la pelirosa.

Fuera de todo pronóstico, Sasuke soltó una pequeña risa que trató disimular, sin éxito. Sakura vio esa sonrisa en su rostro como una burla, pero lejos de enojarse, se sonrojó por muy estúpido que sonase.

Sasuke no solía sonreír muy seguido, mucho menos reírse. Pero ahí estaba, podía ver esa curva en sus labios tan poco vista por algunos. Lo peor era ella, ya que en la única cosa en la que podía pensar la muy idiota, era en lo endemoniadamente atractivo que se veía sonriendo.

Sabes perfectamente que fui peor que eso. –mencionó, borrando su sonrisa. Sin embargo, en sus ojos mantenía un aire casi risueño. No se podía decir que estaba alegre, de todos modos era de Sasuke de quien estaban hablando.

Deberías sonreír más –le dice inesperadamente.

Pudo ver como el Uchiha daba un pequeño respingo por su declaración. Se notaba que no esperaba algún comentario de ese tipo.

Pero en esa fiesta. En esa noche. En esa habitación: todo podía pasar.

Tengo que confesarte algo –dice la pelirosa, mordiéndose el labio inferior. –Desde que entré a esta habitación…–su respiración comenzó a hacerse más pesada.

En lo único que pienso…– Observó como Sasuke fijó su vista en sus labios.

"Oh, por Dios"-piensa.

En lo único que quiero…– su respiración, su corazón, sus emociones... todo se le estaba escapando por los poros.

Era hora de mandar todo al diablo.

Es hacer esto. –

En un segundo, Sakura saltó sobre Sasuke y se aferró sobre sus hombros. Y en un último impulso, estampó sus labios con los de él.

Finalmente, todas las emociones y sensaciones estallaron en su boca en un beso desenfrenado sin precedentes ni consecuencias. Sin embargo, lo que no esperó fue que Sasuke le respondiera con el mismo ímpetu desesperado que ella, como si él también lo hubiera estado deseando.

Sasuke… Sasuke…–suspiró sobre sus labios.

No tienes idea… no tienes ni una maldita idea…– gruñó estampándola en la pared. Lo que fuera a decir murió en la boca de la pelirosa.

Sus manos pasearon por los costados de la chica con demasiada fuerza e impaciencia. Sakura hacia lo mismo con él, agarrándolo de los cabellos de su nuca y acercándolo aún más hacia ella.

Sí, así la deseaba.

Así la necesitaba.

Y no se detendría, porque simplemente no podía.

No cuando ella lo miraba de ese modo. No cuando se aferraba a él de esa manera. No cuando por fin había probado esos labios.

Ya no podría dejarla ir jamás.

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Con los ojos cansados, Sakura se levantó de la cama para iniciar un nuevo día.

Se duchó, se cambió de ropa y volvió a sentarse en la cama para ver el reloj que estaba en su mesita de noche, eran a penas las siete de la mañana.

La verdad es que no había pegado un ojo en toda la noche, se había desvelado revisando las fotografías de la fiesta que se le había pasado la hora volando, y luego se quedó con la vista fija en el techo rememorando los pocos sucesos que recuerda de esa noche. Pero nada de lo que recordaba tenía relación con las fotografías, y lo peor de todo es que no había casi nada relevante que la hiciera comprometer con Sasuke.

Hasta ahora sabe dos cosas.

La primera, es que Naruto pasó gran parte de la noche con Hinata, bailando, charlando y riendo. Sacando cuentas desde la fecha, Naruto ha estado evadiendo Hinata desde lo sucedido en la fiesta, pero eso no tiene mucho sentido, ya que recuerda que la pelinegra le mencionó haber hablado con él un día después de la celebración. Sin embargo, no estaba muy segura si después de eso dejó de hablarle. Tendría que hablar con Hinata respecto al tema, porque eso significaría que algo pasó entre los dos en la fiesta, y eso conlleva a otro punto importante: Naruto si recuerda esa noche.

Si sus sospechas llegaran ser ciertas, acribillaría a Naruto por todos los medios para que hable y diga toda la verdad de esa noche. Esa sería su primera opción antes de enfrentarse a Sasuke… de nuevo.

Tragó grueso, saboreando el gusto amargo del recuerdo. No se sentía orgullosa de lo que hizo, a pesar de que Uchiha se le tenía bien merecido, sentía que había sido un terrible error, pero se negaba a admitirlo y mucho menos se iba a disculpar. Sin embargo, su corazón se apretujó y el sentimiento de culpabilidad la invadió por completo.

Sacudió su cabeza en un intento de concentrase en sus cavilaciones, en la segunda y última cosa que sabe hasta ahora.

Frunció los labios y se levantó con lentitud. Ya va siendo hora de bajar a desayunar.

Se dirigió al primer piso, bajando las escaleras con cansancio y se encontró en la cocina a su madre preparando el desayuno.

–Buenos días, mamá –saludó con la voz algo ronca. Carraspeó para pasar desapercibida.

– ¡Buenos días, querida! –devolvió el saludo con entusiasmo. Estaba acomodando las tostadas en un plato, mientras que servía el té en las tazas. Giró su cabeza hacia la pelirosa con una enorme sonrisa, pero se le congeló el rostro al ver el estado casi demacrado de su hija. – ¿y esa cara larga? ¿Qué pasó? –preguntó preocupada.

–Perdón –sacudió la cabeza –no dormí muy bien anoche –contestó con sinceridad. Ayudó a su madre a llevar las cosas a las mesa para poder desayunar.

– ¿Es por la conversación que tuvimos? –tanteó su madre, sentándose en la mesa junto a la pelirosa.

–Ah… si– masculló. –Pero no quiero pensar en eso –cortó de golpe, para evitar que su madre tratara de leerla.

–Bueno…–respondió su madre, aunque no muy convencida. Pero mientras que Sakura aprendiera la lección, no era necesario hablar más del asunto.

La pelirosa apenas y se comió la mitad de una tostada, sentía el estómago revuelto y el sentimiento de la preocupación arraigaba en su sistema.

–Sakura –llamó su madre. Hay algo de lo que quiero hablarte. Sé que no hemos tenido tiempo para vernos muy seguido, por tus estudios y la academia, además de mi trabajo. Sin embargo… calló por un momento, dejando la taza de té aun lado.

–Tranquila, debes estar muy cansada en tu trabajo. No te sientas mal por no vernos mucho, ya tendremos tiempo después.la consuela con una pequeña sonrisa.

–Lo sé. –le dice, devolviéndole la sonrisa. –Pero no se trata de eso –se acomodó en su silla para estar frente a frente a la pelirosa.

–Entonces…–deja la frase en el aire para ser su madre quien continuara. También dejó su taza a un lado para prestarle atención.

–La compañía va a abrir un nuevo establecimiento en otra ciudad, gracias a los proyectos e innovaciones que ha empleado para otras empresas. –comienza.

La madre de Sakura trabaja de secretaria en una pequeña compañía de marketing, que ha ganado gran prestigio dentro de la industria. Ella se encarga de ordenar, archivar, almacenar, reservar y programar la agenda del jefe de la compañía.

Es un gran trabajo que le ha costado mucho tiempo, tanto así que el propio jefe contrató otra secretaria para poder derivar sus funciones de manera más eficaz, y no tuviera tantos problemas con su enorme y pesada agenda.

– ¡Eso es fantástico, mamá! –comenta complacida. Aunque pensándolo bien, si la empresa le estaba tomando ascenso en la industria, significa que aumentaría el papeleo en su oficina y eso conlleva que trabajaría por más horas de lo esperado. –Bueno… supongo que te será difícil tanto jaleo–

Hizo una mueca, sopesando las posibilidades de estar horas extras en una oficina.

–Ya qué…– soltó un suspiro de resignación ante el pensamiento. –Pero eso no es todo –su madre volvió a acomodarse en su asiento con la espalda recta. –Mi jefe va ir a la inauguración del establecimiento y llevará a unas cuantos trabajadores de la compañía– a esto último su madre sonrió con suficiencia, como si estuviera orgullosa de algo.

Sakura abrió los ojos anonadada de lo que esto podría significar.

– ¿Te invitó a la inauguración? –inquirió con sorpresa.

– ¡Exacto! –exclama inflando su pecho como un pavo, orgullosa. –Como soy prácticamente su mano derecha, quiere que esté presente junto a otros empresarios. –finalizó con una enorme sonrisa.

– ¡Vaya! ¡Eso es sensacional, mamá! –la felicita, más que emocionada por el trabajo de su madre. – ¿Y en donde estará el nuevo establecimiento? –

–En Seúl –contestó como si nada.

– ¡¿Seúl?! –chilla consternada. Se levantó de la silla de la impresión observando a su madre como si le hubiera salido una segunda cabeza. – ¡Creí que habías dicho en otra ciudad! –

–Y lo dije. Te dije que sería en otra ciudad. –menciona con tranquilidad, no entendiendo la sobre reacción de la pelirosa.

–Si. ¡Pero no en otro país! –exclama con los brazos extendidos, parada frente a la mujer que no hacía más que alisar el mantel como si fuera lo más interesante del mundo.

–Bueno ¡qué más da! –comenta moviendo su mano, restándole importancia al asunto.

Sakura calló por un segundo, retomando la compostura.

–Entonces, ¿Cuándo viajarías? –preguntó ya más relajada, sentándose en la silla.

–Veamos…– su madre observó el techo, pensativa. Comenzó a contar con sus dedos en voz alta, sacando cuentas de las fechas. –Estamos a martes… ¡ah sí! Este jueves. –responde, nuevamente con simpleza.

– ¡Tan pronto! –exclama con una mueca algo decepcionada. –No creí que fuera tan pronto– susurra con un tinte triste.

Las facciones de su madre se suavizan ante la mirada apenada de su hija. Levantó una mano y acarició las hebras rosas de la muchacha, que no hizo más que verla de reojo, como si fuera una niña pequeña.

–No estés triste, solo serán unos días. –la consuela con una media sonrisa.

– ¿Me dejarás sola en casa? –cuestiona con inocencia.

– ¡No seas así! Ya estás bastante grande para mantener la casa por unos días– recrimina.

Sakura deja salir una pequeña risa, dándole la razón a su madre. Unos días en casa solo no sonaba mal después de todo.

–Creo que ya deberías irte– dice su madre con la mirada fija en el reloj colgado en la pared. –son cerca de las 7:30, apresúrate. –

Sakura se levanta de la mesa con pesar, no tenía muchas ganas de ir a la escuela pero era necesario si quería tener buenas calificaciones.

–Está bien, iré a buscar mi mochila– ayudó a su madre a levantar los utensilios de la mesa, luego se dirigió al segundo piso en busca de sus cosas para poder irse.

Ya con su mochila en un hombro, Sakura se despidió de su madre con un beso en la mejilla, y sin más se fue de su casa.

En el camino hacia la parada de buses, comenzó a pensar en lo de anoche, y el sentimiento de culpa volvió arraigar en su sistema. De todas las cosas en las que debía sentirse así, esa sería la última, sin embargo no podía sacarse de la cabeza el recuerdo de la cara volteada de Sasuke y de las consecuencias que podría traer esto.

Pero lo que más le preocupaba, es sobre la segunda cosa que sabía de esa noche. Al menos una teoría en base a las fotografías y de algunos hechos que sucedieron al día siguiente.

Sin embargo, si llegara ser cierta estaría en un lío tremendo.

Observó el cielo gris, tan opaco que llegaba a deprimirla. Al fondo de la calle se acercaba el bus que la llevaría a la escuela.

Soltó un suspiro.

Al parecer tendría que hablar con Ino por mucho que le pese el orgullo.

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–S-Sakura-chan –llamó la pelinegra.

La recién nombrada miró hacia su costado en donde se acercaba la chica de ojos blancos. Ambas estaban cerca de la entrada de la escuela, una vez que la chica la alcanzó comenzaron a andar hacia su aula correspondiente.

–Buenos días Hina-chan –saludó a su amiga con una sonrisa.

–B-Buenos días S-Sakura-chan– la saludó de vuelta con timidez. – ¿No v-vamos a esperar a Ino-chan? –preguntó con cautela.

Al ver que la pelirosa no hablaba, imaginó que seguía enojada con Ino. No la culpaba, ella tampoco la perdonaba del todo, pero aun así seguía siendo su amiga por muchos errores que cometa. Solo esperaba que Sakura pensara lo mismo, y pudieran conversar las tres del tema con más calma.

La ojiblanaca se detuvo abruptamente en el camino, dejando a la pelirosa confundida. La chica observaba algún punto de la entrada de la escuela con la cara llena de una extraña sorpresa. No entendió lo que sucedía hasta que ella corrió su mirada para ver lo que estaba pasando.

Frente a la entrada, muchos estudiantes comenzaron a remolinarse y los cuchicheos no se hicieron esperar. Sin embargo, desde su posición no podía ver lo que estaba pasando, ni mucho menos saber el porqué de la conmoción. Volvió a observar a la pelinegra que al parecer, ella sí logró vislumbrar el motivo de tanto revuelo.

– ¿Viste algo Hina-chan? –preguntó curiosa.

–Mira…– Hinata acercó a la pelirosa hacia sí y apuntó con su mano derecha en algún punto en la multitud.

Seguía sin poder ver nada entre el gentío, hasta que una figura salió de ellos. Sakura abrió los ojos espantada al comprender lo que estaba pasando.

Entre la masa de estudiantes salió ni nada más ni nada menos que Uchiha Sasuke, con los brazos dentro de los bolsillos de su pantalón de escuela. Caminaba despreocupado, sin importarle que todo el mundo lo estaba viendo, más precisamente, su rostro moreteado.

Desde la distancia, Sakura podía ver el lado izquierdo de su rostro con manchas rojas y moradas contrastando con su piel pálida. Debió darle una tremenda paliza, porque las tonalidades eran demasiado evidentes en su mejilla.

Poco a poco Sasuke se fue acercando al pasillo de las aulas en donde estaban paradas justamente ellas.

Sakura estaba demasiado perturbada como para moverse. El escalofrío que tantas veces había sentido cuando él estaba cerca recorrió su columna, y sintió unas pequeñas gotas de sudor caer por su cuello y nuca. Las manos comenzaron a temblar de pavor y su corazón martillaba con fuerza cada segundo que pasaba… cada vez que él se acercaba.

Sasuke estaba a unos cuantos metros cerca. No lo miró a los ojos, la vergüenza la embargó como una cubeta de agua fría por todo su cuerpo, esperando que él virara hacia otro lado y se fuera a donde sea. Pero él no giró a ningún lado, seguía con la caminata despreocupada hacia su dirección.

¿Qué haría? ¿Debía huir? ¿Salir corriendo como una cobarde?

Ya no había tiempo, Sasuke estaba a unos pasos de distancia.

Levantó la mirada por inercia, y pudo observar con horror la herida en su labio inferior. Era una pequeña línea vertical de un color rojo oscuro justo al lado de los moretones. No se notaba a la distancia, pero ahora que estaba más cerca podía ver esa herida que hasta ahora, había pasado desapercibida.

No quería ver sus ojos, no quería seguir levantando la vista, de verdad. Juró por Dios que no era su intención hacerlo.

Pero lo hizo.

Levantó la maldita mirada hacia sus ojos negros.

Sasuke no la observó en ningún momento, todo lo contrario a lo que imaginó, y más, cuando él pasó de largo justo a su lado.

Pudo llegar a sentir la ventisca que provocó su indiferencia, pero además pudo sentir su aroma varonil llenado el espacio en el que estaba. Aguantó la respiración, no sabiendo si fue por la tensión del momento o por algo más.

Creyó que todo había pasado. Si Sasuke la había ignorado es porque habrá entendido que no debía jugar con ella. Al final no se tuvo que sentir culpable por el golpe, mientras que Sasuke aprendiera la lección, todo estaría bien.

¿Cierto?

Los pasos del Uchiha dejaron de escucharse por el corredor… y no fue porque él se haya ido.

Sakura seguía con la respiración atascada en su garganta, su cuerpo se tensó más que nunca al sentir la presencia de Sasuke detrás de ella. Él se había detenido justo detrás suyo podía sentirlo, lo sabía.

Con lentitud, Sakura fue girando la cabeza hacia su costado hasta visualizar la amplia espalda del pelinegro. Subió un poco más la mirada hasta chocar con los ojos de Sasuke.

La bilis subió por su garganta al verlo. Él la miraba por el rabillo del ojo, pero eso era suficiente para hacerle temblar las piernas del miedo.

Había visto miradas densas, de odio y de desprecio. Había visto como la observaba con mofa y burla, con recelo y enojo. Miradas demandantes, exigentes y caprichosos, e incluso lo había visto furibundo cuando perdía los estribos. Pero jamás en toda su vida, le había dirigido esa mirada tan aterradora.

No, era peor que eso.

Los siempre oscuros ojos de Sasuke estaban nublados por algo que ella jamás había visto en alguien, pero estaba segura de que esos ojos eran exclusivamente para ella. Porque si de algo sabía, era que él jamás había recibido un golpe como ese. Ella es la primera y única persona que ha logrado lastimarlo de esa manera.

Y supo que él se las iba a cobrar.

La haría sufrir de verdad.

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Hola! Qué tal?

Esta vez sí que me demoré xd no voy a dar excusas porque no las hay.

Por ahora quería saber que tal voy? Les gusta este capítulo?

Primero que nada quería aclarar que la frase de Edgar Allan Poe la puse porque cuando la leí, no pude evitar relacionarlo con la historia y hasta donde quería llegar. El personaje de Sasuke es demasiado intenso, ya que se la ha pasado toda su vida reprimiendo sus emociones y más hacia ella. Lo que quiero decir es que si no fuera lo sucedido en la fiesta, Sasuke jamás se hubiera atrevido hacer lo que está haciendo. Esa noche significó, literalmente hablando, el colapso y la liberación de esas emociones. Y se cegó más al saber que ella le correspondía… de alguna manera más física que otra cosa, pero él no lo notó hasta después. Creo que eso es lo que quería expresar. Se habrá notado aunque sea un poco?

Lo segundo (y ha de ser sincera) este capítulo es importante, porque habla de un tema que sucede mucho en las fiestas, especialmente en las discotecas. En donde los chicos drogan a las muchachas para poder abusar más fácilmente de ellas.

Así que chicas… OJO EN LAS FIESTAS. Cuando vayan a una discoteca, pueden pedirle al barman que les sirvan alcohol de una botella CERRADA. No se fíen de nadie, tengan cuidado y protéjanse. Porque personas como Suigetsu (el perfil que le puse al personaje) son más comunes de lo que creen.

Volviendo a lo anterior…

Al fin se revela la verdad entre Sasuke y Sakura en esa fiesta! :D o al menos el inicio, porque todavía no se sabe cómo termina jiji

Me demoré un montón en narrar esa parte porque no tenía idea de cómo escribir lo más romántico posible sin perder el momento hot y ni ser tan empalagosa tampoco. Funcionó?

De todos modos lo que más me interesaba era mostrar un poco más de Naruhina, y tenía pensado escribir más de hecho, pero se me iba a ser demasiado largo de por sí. Así que lo dejaré para el próximo capítulo en donde prometo que habrá un momento lime de esta pareja. Les aseguro que estos dos sí que se la rifaron xdxd

Como ven la Sakurita va a tener la casa sola eaeaaa ;) pero no se hagan ilusiones, porque no habrá fiesta (creo), solo más momentos creepy de Sasuke. Me encantahh

Sé que algunos no le gustó mucho lo que hizo Ino con las fotografías… pero bueno, creo que ya saben un poco a donde va esto xdd Se menciona un poquito, casi casual, pero bien relevante para más adelante.

Ahora que lo veo, cada vez estoy haciendo los capítulos más largos por dioh.

Por último agradezco ENORMEMENTE a tooooodos los que comentaron 3

No tienen idea de lo feliz que me hacen al saber que les gusta esta extraña historia xd

Nos leemos luego ;)

Goda.X