Capítulo 7:

Un vacío en el pecho

Draco envolvió sus manos alrededor de la cálida taza de té que había encima de la mesa y suspiró. Había estado lloviendo toda la semana y en ese momento las gotas caían de manera agresiva contra el escaparate de la cafetería en la que estaba. Era calmante, en cierta forma, estar allí refugiado mientras parecía que el cielo iba a romperse.

—Siento llegar tarde —levantó la vista para ver a Aaron quitándose el abrigo y sentándose frente a él.

—No te preocupes.

Su voz debía haber reflejado algún atisbo de su malestar, ya que el chico se detuvo de repente para observarle con sorpresa.

—¿Estás bien?

—Sí —mintió, esbozando una sonrisa que no llegaba a sus ojos.

Aaron pareció creerle y empezó a hablar de la última misión que había resuelto. Draco bebió de su taza y desvió su atención de nuevo hacia el escaparate para admirar la lluvia.

Llevaba toda la semana con un vacío inexplicable en el pecho, como un agujero oscuro y frívolo que se expandía con cada día que pasaba. Era como volver a estar encerrado en la mansión con Voldemort, con el miedo acechando en cada rincón de su mente.

Solo que esta vez estaba atemorizado de sí mismo y de lo que había empezado a anhelar de nuevo. Eso era muchísimo peor.

—¿Y tú, qué has hecho esta semana?

Draco se volvió hacia el otro y exhaló con fuerza. Había estado cenando en Italia con Harry Potter, se había pasado el resto de semana llorando sin saber porqué y luego se había preguntado qué hubiera pasado si en lugar de huir, hubiera sido valiente y hubiera dado un paso hacia adelante. Y entonces se había sentido frío y entumecido por todas partes y había construido una coraza alrededor en sí mismo con aún más ahínco.

—Creo que deberíamos dejarlo.

Su novio frunció el ceño y le miró como si no comprendiese lo que acababa de decirle.

—¿Qué?

—Que no quiero continuar con esta... relación o lo que sea —explicó. Soltó una corta risa apagada—. Ni si quiera sé lo que tenemos.

—Pero... no lo entiendo. ¿Es por algo que he hecho?

Negó con la cabeza, cerrando los ojos durante un segundo.

—¿No lo ves? Estamos juntos porque nos sentimos seguros el uno con el otro —contestó en voz baja y apagada—. Pero no podemos estar así siempre, no vamos a avanzar. Tú quieres a alguien que no te presione porque aún no te sientes cómodo intimando con un chico, y yo...

—¿Y tú...?

Mordió su labio inferior. Aaron no le entendería, por mucho que no le hubiera juzgado nunca, por muy tolerante que fuese, no sería capaz de entender a Draco.

—Yo ya no sé lo que quiero.

Hubo un momento de silencio en el que solo se escuchó la lluvia desde fuera.

—¿Vas a averiguarlo si me dejas?

Draco alzó la mirada y se encogió de hombros. Aaron no parecía enfadado o molesto, solo parecía tener curiosidad.

—Sinceramente, no lo sé.

Miró su té, que ya había dejado de estar caliente. No hablaron durante mucho tiempo y Draco se preguntó si estaba haciendo lo correcto o estaba cometiendo un error por el pánico que sentía.

—Seguiremos siendo amigos, ¿no?

Se permitió sonreír suavemente.

—Claro.

Jensen asintió comprensivo y alargó una mano para sujetar la suya.

—Eres un chico increíble y deberéis dejar que la gente te conociese.

—Es más fácil decirlo que hacerlo.

—Tienes razón, estar solo es mucho más manejable y seguro, pero a veces vale la pena arriesgarse. Has enfrentado cosas peores.

Pero Draco nunca había sido alguien especialmente valiente y no sabía si iba a ser capaz de entregarse por completo una segunda vez a otra persona y confiar en ella.

—Gracias por todo, Aaron. Estoy seguro de que encontrarás a alguien con el que puedas avanzar.

El aludido rió y asintió con la cabeza, soltando su mano.

—Es raro saber que ya no vamos a estar juntos —comentó con algo de pesar—, pero creo que es lo mejor para ambos.

—Lo siento.

—No tienes que disculparte por pensar en ti y tomar las decisiones que creas convenientes. Solo prométeme que al menos intentarás salir de tu caparazón. O que dejarás entrar a alguien.

Pensó en Harry, en su sonrisa de medio lado y su personalidad llena de seguridad.

Sonrió con más sinceridad.

—Lo prometo.

—0—

Draco sólo tenía ganas de acurrucarse en el sofá con un buen libro y un chocolate caliente, pero en vez de eso estaba en Magic Rock, un local enorme y mal iluminado. Había un pequeño escenario para actuaciones de música en vivo, una docena de mesas repartidas por la sala y una gran barra de madera oscura que en ese momento estaba abarrotada de gente.

—¿Por qué estás tan callado?

Miró a Theo y se encogió de hombros. Era obvio que sus amigos esperaban una respuesta verbal, porque se quedaron en silencio hasta que decidió hablar.

—He roto con Aaron.

—¡Ya era hora! —exclamó Pansy, levantando las manos en un gesto exagerado que le hizo rodar los ojos— Eso no se le puede llamar "estar de luto" porque más bien es un milagro. Tenemos que celebrarlo.

—¿Por qué habéis roto? —preguntó Astoria.

—Era mejor así —murmuró.

Acarició el cristal del vaso lleno de pequeñas gotas de humedad como si fuera la cosa más interesante que había visto en su vida.

—Algo habrá pasado.

—Nada, en realidad.

—Maldita sea, escúpelo ya Draco. Eres tan malo guardando secretos.

Tuvo ganas de reír sarcástico, porque en realidad había guardado un secreto durante los últimos años y nadie había siquiera sospechado de ello.

—Fui a cenar con Potter.

—¡No me jodas! —el grito de Blaise se escuchó en todo el bar y, por un momento, todos los que estaban allí les observaron—. Tú, pequeño bastardo. ¿Cuando pensabas decirlo?

—¿Nunca?

—Dime que fuiste sin ropa interior —dijo Parkinson—. Ya sabes, para acelerar las cosas.

—Eres una viciosa.

—En serio, ¿cómo fue?

Draco inhaló profundo, con los ojos de sus amigos fijos en él. Si no les daba las respuestas que querían, harían de su noche un infierno.

—Estuvimos en Italia, cenamos y ya está. No ocurrió nada, no nos besamos ni...

—Espera —cortó Pansy, levantando un dedo y regalándole una mirada tan mortal que había asustado a cualquiera—. Creo que he escuchado, así por casualidad, que tuviste una jodida cita con Harry Potter en Italia y no hiciste nada. ¿Me equivoco?

—No, no te equivocas.

—¿Fue romántico? —quiso saber Astoria.

—Supongo —contestó sin querer especificar demasiado—. El lugar era bonito, la verdad. Y Potter sabe hablar italiano, lo cual fue sorprendente.

—No me lo puedo creer, Draco —Pansy soltó un suspiro, negando con la cabeza como si acabase de recibir una fatídica noticia—. Un hombre así hablándote en italiano, la lengua del sexo...

—Eso es el francés —corrigió.

—Y apuesto a que ni si quiera le miraste el culo.

—Ahora sí estamos de luto —se lamentó Zabini dramáticamente.

—Perdón si no me acuesto con el primero que me de la hora, como hacéis vosotros.

—Bueno, algo si habrá pasado si has dejado a tu novio después de cenar con él —opinó Theodore.

—Tú cállate —le gruñó.

—Me encanta tener un abogado en la mesa. ¿Te gustó?

—¿Queréis dejarme en paz? —protestó, ya perdiendo la paciencia— No sé ni porqué os cuento las cosas.

—Eso significa que sí te gustó.

—Eso significa que estoy a punto de maldeciros a todos, de verdad.

—No me puedo creer que estemos en un sitio donde solo sirven cerveza —se quejó Blaise—. Yo necesito algo más fuerte para superar el hecho de que mi amigo es un estrecho.

Pateó a Zabini por debajo de la mesa, ganándose una mirada fulminante.

—Es cierto. No sé qué hacemos aquí.

Siendo honesto, él tampoco lo sabía. Sobretodo porque la idea de venir a ese sitio había sido de Pansy y ella odiaba la cerveza. Era bebida de pobres, decía.

—Pronto me daréis las gracias —contestó la morena.

—¿Por hacer de mi noche una mierda entre tú y Draco?

Estuvo a punto de protestar, cuando la puerta de bar se abrió y Theo señaló por encima de su hombro.

—¿Ese es Adrián Denson?

Se dio la vuelta para ver al increíblemente rubio y atractivo chico que en ese momento se carcajeaba de manera armoniosa y brillante. Iba vestido con unos pantalones negros y una chaqueta rojo sangre que se ceñía a su esbelta figura como un buen guante.

—Exacto —canturreó Pansy, levantando la barbilla con orgullo—. Hoy escuché que los del Departamento de Deportes y Juegos Mágicos vienen aquí todos los viernes, y pensé que debíamos hacer caso a Draco y cambiar de lugar.

—Sí, claro —bufó el rubio, aun admirando a Denson—. Me conmueve que te importe mi opinión.

—Por supuesto, querido.

—Yo no veo que sea para tanto —opinó Theo. Pansy, Draco y Blaise lo miraron como si hubiera perdido la cabeza.

—Cómo se nota que eres heterosexual. Adrián Denson es la representación de una fantasía sexual.

—Y todos sus amigos también —añadió Blaise, señalando hacia la puerta.

Reconoció a un par de jugadores de Quidditch y a algunos de los compañeros de trabajo de Denson entrando en el bar y sentándose en una mesa al fondo del local. Todos se les quedaron mirando mientras se abrían paso entre la gente. No le extrañaba, parecían recién salidos de uno de esos anuncios de perfumes que veía en las revistas o en la televisión.

—Creo que voy a hablar con mi padre para que me consiga un puesto en el Ministerio —habló Astoria con solemnidad—. Podría trabajar gratis si con eso me aseguro tener este panorama todos los días.

—Yo también.

—Si buscaseis un trabajo de verdad en vez de estar todo el día pensando en sexo... —murmuró Theo, luciendo exasperado.

—Esta noche duermo acompañado —declaró Zabini sin hacerle caso a su amigo.

Draco sonrió sobre la el borde del vaso de su cerveza mientras veía a Nott rodar los ojos. Se alegró interiormente de que hubiesen olvidado el tema de su cita con Potter.

—No mientas, harás de todo menos dormir.

—Eso es verdad, porque mi madre me dio la vida pero chicos como esos me dan las ganas de vivirla.

—Si todavía no habéis pensado en mi regalo de navidad —dijo Pansy con una sonrisa descarada y señalando hacia dónde estaban los chicos sentados—, podéis regalarme a uno de esos. Dos, si queréis que os ame para toda la vida.

—Si tuviera yo a uno de esos, lo último que haría es compartirlo contigo.

—Eres una egoísta, Greengrass. Compartir es vivir.

—Compartir significa menos para uno mismo.

—Eso es porque no te has hecho un buen trío.

Vio a sus amigos discutir con una pequeña sensación de diversión en su interior. Se alegró de haber ido, porque era mejor estar allí que compadeciéndose en su casa. Bebió su cerveza con tranquilidad y se entretuvo en mirar a los jugadores de Quidditch. Rieron y bromearon cuando Blaise finalmente consiguió, a base de miradas coquetas y guiños desvergonzados, que uno de ellos le invitase a un trago. Compartieron miradas cómplices al ver que su amigo estaba más tiempo del necesario en el baño.

Sin embargo, ese sentimiento no le duró toda la noche. Se extinguió en cuanto vio a Harry aparecer por la puerta. Entró al lado de Ginny Weasley y otra chica que no reconoció y se encaminaron directamente hacia la mesa donde estaban Denson con los demás y se unieron a ellos entre saludos de bienvenida.

Su hombros se tensaron y su corazón empezó a latir a ritmo acelerado. Se dio la vuelta para mirar a Pansy de manera acusadora.

—Sabias que iba a estar aquí.

No era una pregunta y ella no lo negó, sólo se encogió de hombros y le envío una mirada ligeramente culpable.

—Escuché que iban a venir, pero no me lo creí.

Cerró los ojos, soltando un gran resoplido. Su garganta se había estrechado y su cuerpo se recostó en la silla como si quisiese hundirse en ella. De repente le apetecía volver a su casa y encerrarse hasta que nadie se acordase de él.

Blaise volvió con una sonrisa enorme en algún momento mientras Draco no prestaba atención. Escuchó a sus amigos hablar, pero sus pensamientos se desviaron continuamente hacia el otro lado de la sala.

Potter vestía con un jersey blanco que destacaba entre la gente, o tal vez era solo su presencia la que llamaba la atención de todos a su alrededor porque habían varias personas observándole. Le vio carcajearse por algo y juró que casi podía escuchar el eco de su risa a través de la habitación, lo cual era absurdo, pero eso no evitó que su cuerpo se sacudiese de todas formas. Intentó olvidarse de que estaba allí, sin embargo, le fue imposible. Por mucho que quisiese, no podía evitar dirigir sus ojos hacia él constantemente.

Y si creyó que ya era malo tenerle a unos metros de él, fue todavía peor cuando vio a Goldstein sentarse al lado del moreno con una sonrisa entusiasmada en el rostro. Les observó mientras hablaban y se sonreían el uno al otro de forma amigable. Su vacío en el pecho creció cuando vio a Anthony apoyarse en Harry sin que éste hiciese nada para evitarlo. Parecían pasar un buen momento juntos, lo que hizo que el estómago de Draco se revolviese.

Era ridículo estar molesto y aún así no podía evitar que sus dientes se apretasen con rabia al verlos cerca. Quizás esa era una de las razones por las que había vuelta, para reencontrarse con su amor adolescente.

Resopló ante el pensamiento y terminó de beber su cerveza para después dejar el vaso con un sonoro golpe.

—Me voy a casa —habló, y aunque estaba cabreado, su voz sonó más bien rota.

—Te acompaño.

Pansy se levantó con él y ambos se dirigieron a la salida. El aire frío azotó su rostro en cuanto puso un pie en la calle. Draco se tomó un tiempo para cerrar los ojos y respirar profundo.

—Te equivocabas —le dijo cuando estaba a punto de aparecerse—. Potter no me va a perseguir. De hecho parece que ya no le intereso.

—Él no es el que te ha rechazado —contestó con una inusual voz baja y comprensiva—. Eres tú el que se rechaza a sí mismo.

Sonrió amargo y tragó el nudo en su garganta como si hubieran miles de agujas atravesándole la piel. Buscó su varita entre su ropa, la agarró con fuerza y le dio una última mirada de despedida a Pansy antes de aparecerse directamente en su habitación.

Mientras se desvestía y se acurrucaba en su cama, cerrando los ojos con fuerza y sintiendo las lágrimas resbalar por su piel, sintió que algo se asentó en su pecho. Algo frío, tortuoso y vacío.

Sobretodo vacío.


¡Hoooooooola un viernes más!

Lo sé, estáis aquí para leer Drarry caliente y apasionado y no está habiendo anda de eso. Llegará, lo prometo. De momento, podéis ir a leer "Sex Shop" para compensar (he aquí yo haciendo auto-spam jaja)

Sé que este capítulo ha sido un poco corto porque en realidad es un enlace al siguiente y también sé que entre Harry y Draco todo parece difícil, pero tenéis que tener fe.

¡Espero que os esté gustando!

Por cierto, el sábado de la semana que viene es mi cumpleaños y, como estoy actualizando los viernes, he pensado que podría subir un capítulo el viernes y otro el sábado, a modo de celebración para mi misma xD

¿Qué os parece?

(No sé para qué pregunto si la respuesta va a ser obvia)

¡Hasta la semana que viene!