Ladies and Gentlemen!
Puedo decir que este es un fic especial. Por este día que prácticamente es Navidad en México y antes de que me prohíban utilizar la computadora para subir una corta historia, quise subir algo así. Un fic muy bonito y especial dedicado a Shadowverse, es lo que todos merecemos leer para aguantar, probablemente, las dos semanas que nos vamos a quedar sin anime. Escribir algo bonito dedicado a la época y en la situación que nos encontramos, espero que nos suba un poco de ánimo.
It's time to read!
It's showtime!
Aclaración: Shadowverse (TV) no me pertenece. Yo solamente pido prestado sus personajes para poder escribir mis historias que se podrán leer a continuación.
Aclaración: Con estas historias no estoy cobrando por ninguna ganancia o regalía. Solo escribo para el entretenimiento de todo público pidiendo permisos al autor. Cualquier aclaración, pueden escribir en los comentarios su opinión al respecto.
En el momento de ver aquellas luces tan coloridas en ese pequeño pino que se encargaba de decorar el lugar, uno podía comprender que aquella época de fin de año, había llegado. Al momento de ver aquella estrella dorada en la punta del árbol, uno no deja de suspirar, intentar mantener una pequeña sonrisa en su rostro y apreciar con aun más cariño aquello que provocaba diferentes sentimientos dentro de uno.
Aquel día al fin había llegado.
No se sabía si se debía de soltar una pequeña risita y sentirse como un niño en la espera de que aquel viejito de sonrosadas mejillas y cuerpo rechonchete que era cubierto de traje rojo y que era guiado por renos que se encargaban de llevar un pesado cargamento de regalos a los niños que se han portado bien en todo el año en la noche de noche buena. Querer quedarse despiertos hasta muy tarde para querer ver a ese viejito tan amable pero al final, era que el sueño ganaba y en un momento mágico, ya era de día y amanecías acostado en la cama. El nerviosismo que invadía todo tu cuerpo, provocaba que tus piernas se convirtieran en gelatinas pero era más fuerte la ilusión de ver tus juguetes debajo del árbol que simplemente, salías corriendo de tu cuarto, sin importar si despertabas a todos en casa, lo único que te impulsaba a levantarte a primera vista, era aquel papel tan brillosos como grandes moños que se encontraban arriba de aquellos paquetes. Soltar un gran grito de alegría y empezar a romper la envoltura para ver que te trajeron lo que realmente querías.
Pero.
También existía ese otro sentimiento.
Un sentimiento que solo te provocaba el golpe a la realidad y que podía llegar a ser más doloroso de lo que uno llego a imaginar.
¿Pueden llegar a imaginar de quien se trata?
Aquel sentimiento que provocaba que tu corazón se estrujara y un dolor inmenso sería el que sintieras en ese momento, subirías tu mano a tu pecho, estrujando tu playera y que por ningún motivo, pudiera detener las amargas lágrimas que empiezan a resbalarse de tu rostro, por más que quisieras mantener una gran sonrisa en tu rostro, como te enseñaron, al final, era aquel dolor el que ganaba la pelea y que solo cayeras de rodillas porque era imposible aguantar todo eso. Provocaba que los suspiros no dejaran de amontonarse, que las palabras se quedaran atoradas en tu garganta y que solo fuera aquella tristeza, aquel sentimiento que quisiste olvidar en todo ese tiempo, el que regresara para que empezara atormentarte de una cruel manera que lo único que querías, es que acabara ya con todo eso.
Para muchos.
Eso era lo que significaba una sola palabra.
Navidad.
Una época tan maravillosa del año que provocaba diferentes sentimientos dentro de uno.
Provocaba que uno volviera a sentirse como un niño pequeño. Sentir como aquellos cuentos que te contaban cuando eras un pequeño, se hicieran realidad. Aquellas historias que te gustaba escuchar de tus padres o de cualquier persona mayor, las risas y el ambiente cálido que se podía vivir en ese momento, aquella deliciosa comida que siempre esperara por ti en la mesa como los cálidos abrazos que se suelen dar ante la baja temperatura que se presenciaba. Salir al patio ante aquella fría pero emocionante nieve que caía del cielo y se juntaba para poder hacer todo tipo de figuras, muñecos o simplemente, para armar una guerra de nieve que siempre animaba las cosas en grandes y chicos. Era aquel hermoso día donde las familias se unían, donde estaban completas y nadie faltaba para aquel importante festejo que era compartido con todo el mundo.
Pero también provocaba que aquellos tiernos recuerdos que tuviste en su momento, se desvanecieran, se fueran de tu lado por el dolor que aquello significaba. Pedias desesperadamente que se desvanecieran como el polvo lo hace y solo, evitar seguir sufriendo por ello. Porque en el momento que mires a tu lado, a tu alrededor, te des cuenta de lo solo que puedes estar. No hay abrazos cálidos de mamá, las carcajadas con tu padre o las caricias a tu cabello por parte de tu abuelo, la caliente y deliciosa comida como los juegos que solían jugar cuando eran un infante que lo único que quería, era ser feliz, aunque eso significara salir al frio de la nieve pero al final sabrías, que una taza de chocolate caliente y la compañía de toda tu familia, sería aquello lo que calmaría el frio. Aquella felicidad que viviste en ese momento se esfumó en un solo parpadear. Es que el corazón no puede dejar de doler ante aquella tristeza y por más que uno quisiera mantener una sonrisa en su rostro, es imposible porque sabes desde un principio, que las cosas no volverán a ser igual a cuando solo eras un niño y creías en aquella magia, en aquella felicidad. Ahora solo se quedaría atrás en el olvido.
En dolorosos recuerdos.
En dolor puro.
Lucia y Shiroi comprendieron que sus padres nunca más iban a regresar. Aunque las personas que los cuidaron, los trataban mal, no tenían la necesidad de ignorar una fecha tan importante para ellos dos. Desde esa tierna edad, acostumbraron a tener un pequeño arbolito de navidad con unas cuantas luces, se sentaban juntos en el piso cubiertos con una pequeña manta y mirando aquel pequeño accesorio que les brindaba alegrías y hermosos recuerdos. Recordaban las historias de papá como las quejas de su mamá de que no estaba contando bien la historia para ellos dos, aunque se quejaban un poco, sabían que al final, eran aquellos besos los que ganaban al final para una reconciliación y volvían a empezar. Su familia era así de unida y a pesar de que los dos mayores ya no se encontraban con ellos, eso no significaba que ellos no quisieran seguir con su tradición. Incluso cuando crecieron y Shiroi se encontraba en un cuarto de habitación, ambos hermanos se cobijaban juntos, miraban la nieve por la ventana y se reían bajito ante tantos recuerdos, se daban pequeños regalos y agradecían por otra navidad más.
Para Maura, era una fecha más, nunca le importo aquellas festividades pero no podía evitar emocionarse en el momento que veía un regalo de Leo debajo de su cama. Podía volver a ser un pequeño niño aunque se avergonzara por ello. Al final, era una pequeña sonrisa la que aparecía en su rostro, la que provocaba que aquello por lo que paso, solo fuera un mal sueño, porque ahora, se encontraba mejor, con una persona que si lo aprecia, viviendo como todo ese tiempo debiera de ser. Mientras que para Alice, se quedaba sola en su habitación, admirando un pequeño arbolito que estaba en su escritorio mientras comía unos pastelillos a escondidas mientras su madre se queda con toda su "fama" y prefiere disfrutar un poco de la soledad, mirando por la ventana como toda niña pequeña y soltando pequeñas risitas, deseando que el próximo año, sea mejor que ese.
Mimori festejaba con sus padres, adornaba junto con su padre y cocinaba junto con su madre, nunca debían faltar las pequeñas risitas que en la familia se escuchaba y que provocaba un gran ambiente en la casa. Que fuera más cálida, que fuera más hogareña. Mientras con Kazuki, era un verdadero festejo en su casa, con todos sus pequeños hermanos en la espera de aquel regordete viejito, sus padres y él, al ser el mayor, ayudaban en lo que más que podían para arreglar la casa y poder hacer la cena para todos. Es que se divertían a su modo. Para Kai, conversaba con sus padres sobre la escuela y la competencia de Shadowverse, hablaban a su modo, se emocionaban a su modo y al final, es que podían compartir un caluroso abrazo, darse un par de regalos y al final, es que se iban a dormir para poder calmar toda esa emoción.
Pero.
¿Y Hiro?
El de cabellos rojos y mechones negros solo miraba su pequeño árbol de la sala con bastante nostalgia. Las luces de la casa se encontraban apagadas aun cuando se podían escuchar personas festejar, algunos gritos de alegría y otros más que empezaban a cantar algunas canciones pegajosas. La casa se encontraba en silencio, se encontraba solitaria. Hiro apreciaba aquellos pequeños focos de colores que se prendían y apagaban. Aquel frondoso árbol de navidad que estaba decorado con muchas esferas y una gran estrella amarilla en la punta del mismo. Hiro no podía evitar suspirar, sonreír con tristeza ante tanto recuerdo y era algo que su abuelo, que solo miraba a la lejanía, no podía impedir. Desde el momento que el pequeño niño se quedo solo, comprendió a una temprana edad que las cosas ya no serian igual, que sus padres ya no estarían a su lado para hacer todo lo que le gustaba, que la felicidad se apago en ese momento. Quiso ayudarle a que continuara con aquella tradición pero era lo único que hacía, ni siquiera se emocionaba por los regalos que se encontraban debajo del árbol y trataba de mostrar una sonrisa, aunque fuera fingida. Solo podía ver a Hiro frente a su árbol, abrazándose para brindarse un poco de calor y murmurando algunas palabras que no podía entender. Al final, lo dejaba, caminaba en silencio porque sabía que su nieto tenía muchas cosas que decir y pensar.
-Feliz navidad, mamá, papá -Murmuro Hiro.- Este año fue emocionante, ya conocen a Mimori y Kazuki pero pude hacer más amigos -Sonrió.- Kai, un chico bastante inteligente y que está obsesionado con los números, Alice, una niña Idol que es bastante divertida aunque habla mucho, Maura, aun no lo conozco bien pero quiero ser un buen amigo para él y Lucia -Soltó un suspiro para sonreír.- Se cuantos problemas tiene pero es un buen amigo con el que me gusta jugar, quisiera que los conocieran, que tuviéramos una fiesta y poder invitarlos, los amarían al igual que yo lo hago, son como mi familia, al final en cuenta -Alzo el rostro para mirar el árbol.- Ya paso otro año y estoy olvidando como eran nuestras navidades pero a ustedes nunca lo olvidare, nunca olvidare que tengo que sonreír a pesar del dolor que pueda sentir, de la soledad que se siente esta cosa, sé que puedo sonreír y sentir sus caricias, así puedo sentir que siempre estarán a mi lado -Soltó una risita.- Aunque nuestra familia se encuentre incompleta, siempre los recordare, siempre guardare su lugar en la mesa, feliz navidad, mamá, papá
Aunque los lugares faltaban en la mesa, las personas que se fueron, siempre se quedaban en nuestros corazones, por más que los recuerdos sean dolorosos, la nostalgia siempre invadirá, el amor y el cariño será lo que revivirá esa calidez. Aunque no puedes evitar que las lagrimas bajen de tu rostro, solo será como cada año, solo podrás caer ese día porque los días siguientes, es que podrás levantarte y ser fuerte como todos ellos han deseado.
Navidad es un día de alegrías y aunque otros festejaban y sufrían de otra manera. Todo era válido.
¡Muchas gracias por leer!
¡Y feliz navidad chicos! Realmente nos merecemos una navidad tranquila a pesar de las ausencias que se puedan observar en casa, nunca hay que olvidarlos por muy doloroso que sea.
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¡Nos vemos a la próxima!
Atte.: AnZuZu Dragneel
Fecha: Jueves 24 de Diciembre de 2020
