Holaa! He vuelto!

Aparecí con un nuevo capítulo y bien largo para darle sazón. (Está demás decir sobre mi tardanza de meses, me disculpo)

ADVERTENCIA: Contiene lime explícito (de esos bien ricos, ya tu sae mameh) así que si no te gustan este tipo de contenido, te sugiero que te abstengas de seguir leyendo (el lime está al final, de todas maneras).

Sin más que aclarar,

A leer! :)


Las gotas de sudor caen por su frente, deslizándose por su mejilla hinchada y rojiza hasta llegar al mentón.

Sakura tenía un leve hematoma en su pómulo derecho, pero no le prestaba demasiada atención. Debía concentrase en su objetivo o sino podría recibir otro golpe como aquel, a pesar de eso no significaba que estaba en calma, todo lo contrario.

Concéntrate.La voz autoritaria del hombre frente a ella, logró sacarla de su ensimismamiento.

No perdió la guardia en ningún momento, la pose de defensa seguía allí, aguardando a que el hombre se acercara lo suficiente para atacarlo.

El hombre frente a ella mantenía la mirada fría y hasta calculadora en la pequeña Sakura, con los brazos y piernas extendidas, sopesando el minuto adecuado para su siguiente movimiento.

Sakura no pudo evitar tragar saliva, pero lo hizo lo más disimuladamente posible para que él no se diera cuenta de sus dudas, o al menos es lo que pensaba a sus escasos ocho años. Sin embargo, el hombre quien la había atacado, la conocía bastante bien como para que ella pudiera engañarlo.

Y eso fue lo que necesito para que volviera a atacarla.

En una milésima de segundo, el hombre avanzó un paso hacia delante y de un movimiento lanzó una patada hacia la niña. Sakura a penas y pudo contener el golpe con sus pequeños y delgados brazos, pero fue demasiado fuerte como para derribarla y caer a unos metros del lugar.

¡Levántate! –demandó con enfado aquel hombre. Ya deberías haberlo aprendido. Es la quinta vez que utilizo la misma patada, y sigues sin responder.le recriminó, observando a la niña retorciéndose de dolor en el suelo, sin un ápice de sentimentalismo en su rostro.Concéntrate de una vez, Sakura.volvió a insistir.

La pequeña Sakura levantó su rostro con esfuerzo para mirar a ese par de ojos fríos y responderle sin que le temblara la voz.

Sí, padre…murmuró. Se apoyó con sus manos al suelo y trató de levantarse con lentitud, aquel golpe la había dejado sin aire.

Habla más fuerte.reprochó su padre. No había que ser un genio para darse cuenta de su tono enojado y hasta desdeñoso.

Sí, padre. –habló con más fuerza la pelirosa, aun así su voz sonó medio hueca.

Siempre que llegaba el momento en el que tenía que medirle su fuerza, la pequeña chica le llegaba un agudo dolor en el estómago, y le nublaba los sentidos. En momentos como aquellos, en el que los nervios y el miedo se apoderaban de ella, no podía mostrar sus habilidades como quería. No era lo mismo que practicar con su Sensei y sus compañeros; con quienes se apoyaba, caía y volvía a levantarse una y otra vez hasta conseguir formar y aprender nuevas técnicas de artes marciales.

Pero ahí, con su padre frente a ella…

Sentía que no había avanzado nada en la academia, que todos sus esfuerzos fueron en vano y su padre le seguía dando la espalda. Se sentía tan mediocre…

Al fin se levantó del suelo, algo sucia y sudorosa, pero logró hacerlo. Sin embargo, su padre solo la observó de manera altiva, con su rostro estoico sin demostrar nada más allá que su seriedad. Levantó sus brazos una vez más en una característica pose de pelea.

Podría ser miedosa frente a su padre, media temblorosa y dudosa, y hasta no daba todo de sí en sus prácticas, pero lo que sí no podía negarle su padre; es lo increíblemente orgullosa y testadura que era. Podría derribarla mil veces y ella seguiría levantándose, porque ella no se rendiría.

Le probaría que ella sí podía hacerlo.

Y su nueva determinación brilló en sus ojos verdes.

Tomó impulso y corrió hacia delante con los brazos extendidos en su cara y costados. En el último momento pudo ver como su padre levantaba nuevamente su pierna para atizarle un golpe, pero esta vez iba preparada. No caería con la misma técnica.

Esperó a que su pierna estuviera lo suficientemente cerca de su costado, y en un segundo se agachó esquivando la patada. En ese ángulo, Sakura pudo ver que su padre había descuidado su costado, por lo que no perdió tiempo y se decidió a atacarlo.

Kizashi se dio cuenta de su error, y antes de que el puño de la pequeña pelirosa se estampara en sus costillas bajó su brazo derecho, recibiendo el golpe de lleno en su palma.

Sakura se sorprendió de la rapidez de sus movimientos, sin embargo ese segundo de desconcentración le costó caro, ya que su padre con la palma extendida, agarró su muñeca y la jaló con fuerza hacia él.

No pudo reaccionar a tiempo.

Ya para entonces, su padre estaba formando su puño en alto. Pero cuando levantó la mirada hacía él, no pudo evitar congelarse al observar su rostro.

El golpe le llegó directo a su cara.

.

.

.

El tamborileo de sus dedos no dejaba de sonar contra la madera del suelo.

Sentado en las escaleras de su casa se encontraba el pequeño rubio, con la mirada fija en la puerta de entrada, como si estuviera esperando a alguien.

De hecho era así.

El pequeño Naruto había invitado a sus dos mejores amigos a jugar en su casa a aquella tarde, ya que hace unos días su padre le había obsequiado un nuevo juego para su consola, y estaba algo impaciente por mostrárselo a sus amigos.

Aunque siendo sinceros, la paciencia nunca fue una de sus virtudes de todos modos.

Dejó de tamborilear sus dedos en las escaleras al escuchar un ruido afuera de su casa. Se levantó de un salto y corrió hacia la ventana que estaba aún lado de la puerta de entrada. Desde la distancia reconoció la inconfundible cabellera rosada de Sakura, que se acercaba a paso lento a su hogar.

Sin esperar a que la chica tocara la puerta, este la abrió de sopetón con una enorme sonrisa en su rostro.

¡Hola Saku...! –cortó su saludo de pronto. La sonrisa del rubio se congeló y, poco a poco fue bajando las comisuras de sus labios en consternación. – S-Sakura-chan…–murmuró impresionado el blondo al ver el rostro de su amiga.

Hola Naruto –Saludo la pelirosa con una media sonrisa, como si nada pasara.

Como si las magulladuras y moretones de su rostro no fueran nada.

¡Sakura-chan! –Volvió a nombrarla con impresión. – ¡¿Qué te pasó?! –exclamó, abriendo más la puerta para que la chica pudiera pasar.

La pelirosa no contestó de inmediato, se tomó el tiempo de entrar a la casa del rubio y dirigirse a paso lento a la sala del recinto. Naruto cerró la puerta con fuerza y se apresuró en seguirla.

No es nada. –consoló la chica sin perder la sonrisa. Pero para Naruto, le pareció casi forzada. Estaba a punto de decirle algo cuando la figura de su madre se hizo presente en la sala. Llevaba una gran caja entre sus brazos y por la expresión de su rostro, al parecer pesaba bastante.

¡Uff! Hola Sakura-chan –saludó la mujer reparando en la chica, pero al igual que Naruto, su cara se transformó en desconcierto y sorpresa al percatarse del estado de la pelirosa.

¡Pero que…!– exclamó Kushina dejando caer la caja al suelo, que provocó un ligero temblor en toda la estancia. Se acercó a la pequeña y se puso de cuclillas hasta estar a su altura. – ¿Qué te pasó? – inquirió en un tono preocupado, levantando su mentón para examinarla con más detenimiento. –Eso es un golpe directo… alguien te pegó. –afirmó, frunciendo el ceño.

Naruto, que se había quedado extrañamente callado hasta el momento, fue quien tomó la palabra.

¿Te enfrentaste a alguien? –aventuró el muchacho, acercándose a ambas mujeres.

La pelirosa se sentía muy incómoda ante la situación, por lo que decidió responder lo más naturalmente.

No es nada. –reiteró la muchacha con una media sonrisa algo nerviosa. –Las competencias en la academia son algo rudas, eso es todo. –contestó, un poco más confiada.

Oh… ya veo –dijo Kushina más tranquila. – Artes marciales ¿eh? ¡Y con lo pequeña que eres! Solo espero que tu contrincante haya quedado peor, ¿no? –bromeó la mujer dándole un par de palmeadas en la cabeza antes de levantarse.

El corazón de Sakura dio un vuelco. Se obligó a sonreír.

S-si…–menciona no muy convencida. Sin embargo la mujer no lo nota y vuelve a sonreír confiada.

La escena fue interrumpida por unos golpes en la puerta, haciendo que Naruto diera un ligero respingo.

¡Ese debe ser Sasuke-Teme! –exclama entusiasmado el chico. Se apresuró a la entrada para recibir a su amigo, pero fue retenido por su madre que le tironeó una de sus orejas. – ¡Ay! ¡Duele! ¡Duele! –

¡Cuida tu lenguaje jovencito! –recriminó molesta su madre. Dejó de tironear su oreja para ser ella quien abriera la puerta de entrada.

Sakura pudo ver como el rubio se sonrojaba de la vergüenza y esquivaba su mirada hacia otro lado, sobándose la oreja, que en ese momento se estaba comenzando a tornarse colorado.

¡Hola! Que gusto volver a verte…–la voz de Kushina llegó hasta la sala, siendo escuchado por los dos pequeños que se observaron curiosos.

¡Ven, Sakura-chan! –animó el blondo, saliendo de la estancia para ir hasta su madre. La pelirosa fue tras él, igual de curiosa.

Hmp… Hola –la voz inconfundible de Sasuke se hizo presente.

En la entrada de la casa estaba Sasuke y Naruto. El primero lo miraba con aburrimiento y el segundo estaba que rebosaba de hiperactividad.

Sin embargo, no estaban solos. Por supuesto estaba la madre de Naruto, quien hablaba con un muchacho justo al lado de Sasuke. Se acercó un poco más para verlo mejor.

Era un muchacho alto, de tez blanca, sus ojos eran negros y su cabello era largo amarrado en una coleta baja, igual de oscuro que sus ojos. De hecho, se parecía increíblemente a Sasuke.

Se tensó un poco.

Cuando llegó a un lado de Naruto, el pequeño Sasuke recién reparó en ella. Se quedó unos segundos demás observándola, suponía que eran por sus magulladuras de su cara.

Frunció sus labios y bajó la mirada al suelo.

No lo diría ahí frente a todos, por supuesto. Pero cuando se quedaran solos en la habitación del rubio, él aprovecharía la oportunidad de insultarla y humillarla por sus heridas, y como siempre, ella lo ignoraría… o quizás le contestaría, dependiendo de su humor.

¡Hola Itachi! –el alegre saludo de Naruto hacia el muchacho, la hizo levantar la mirada.

Hola, Naruto– contestó con tranquilidad el nombrado.

Aparentemente, el muchacho debía tener unos trece o catorce años más o menos, puesto que es mucho mayor que ellos. Lucía pacífico, a pesar de tener un semblante serio. Se podía apreciar un asomo de sonrisa en sus labios, dándole un toque más sereno y simpático a su persona.

Hace mucho que no te veía, Itachi –comentó la madre del rubio. – ¿Por qué no te quedas con nosotros? Minato llegará en unas pocas horas, podríamos cenar todos juntos– invitó Kushina con una sonrisa.

Agradezco su invitación, Kushina-san, pero mi padre me espera –rechazó de forma cortés. – De hecho, me pidió que le llevase unas cosas que usted tiene, me parece. – agregó.

¡Ah, sí! Casi lo olvido –llevó un dedo a su mentón súbitamente, como si recordara algo. –Es una caja grande y algo pesada ¿podrás llevarlo a casa tú solo? – le preguntó algo preocupada.

No se preocupe– volvió a sonreír el muchacho.

Lo tengo en la sala… ¡Ven, pasa! –dijo antes de darse la vuelta.

Sakura observaba de reojo al muchacho de forma curiosa. Mientras todos se dirigían a la sala, ella se acercó a su rubio amigo y le codeó su costado para llamar su atención.

Oye, Naruto ¿Quién es él? –le susurró al oído.

Oh… él es el hermano mayor de Sasuke, Itachi– dijo de igual forma. Ambos chicos estaban detrás de los pelinegros, cuchicheando entre sí, provocando el enojo del más joven.

¿De qué tanto hablan? –cuestionó el chico de forma grosera, observando a ambos intercaladamente con una mirada acusadora.

Nada…–contestó la pelirosa en un murmullo, casi con inocencia.

Sakura-chan solo quería saber quién era Itachi– respondió Naruto con simpleza.

Sakura se sonrojó del poco tacto que tuvo el rubio para con ella. La vergüenza la embargó aún más cuando se dio cuenta que ambos pelinegros la observaban. Uno la miraba de forma despectiva, casi con molestia. Pero el otro, más específicamente el hermano mayor, la miraba más con curiosidad que otra cosa.

Sin embargo, en vez de enojarse o ignorarla como solía hacerlo Sasuke, Itachi le sonrió con soltura. Paró su caminar, dejando que la madre de Naruto se perdiera por el pasillo, y se dio la vuelta hasta estar frente a la pelirosa.

Sakura se sintió nerviosa. No conocía al muchacho, solo sabía que es hermano del tipo que la trata mal, por lo que de igual forma, se preparó para recibir cualquier tipo de ataque que pudiera hacerle en su contra.

Sin embargo, Itachi se agachó apoyando una rodilla en el suelo, con la mirada fija en la pelirosa, pero lejos de insultarla o amenazarla, le sonrió con amabilidad y un destello fraternal cruzó por sus ojos, luciendo más mayor de lo que era realmente.

Disculpa, no me presenté. Me llamo Uchiha Itachi, hermano mayor de Sasuke. –saludó el muchacho sin quitar su mirada de la pelirosa.

Am… Haruno Sakura, mucho gusto Itachi-san –le devolvió el saludo con educación y timidez.

Hmp… –Sasuke interrumpió la escena con su característico monosílabo. Evidentemente no estaba nada contento que su hermano simpatizara con… ella.

Itachi observó al malhumorado de su hermano menor. El ceño fruncido y la mueca de descontento, le daba a entender que a Sasuke no le agrada que hablara con la pequeña niña, pero la pregunta era ¿por qué?

Volvió su atención a la chica.

Espero que lo que haya sucedido no sea nada grave –comentó el muchacho.

Sakura tardó unos segundos en entender a qué se refería. Con dedos torpes y temblorosos tocó a un costado de su rostro moreteado, en donde tenía la hinchazón más grande. Se avergonzó que la viera de aquella manera, él estaba siendo muy amable para con ella… todo lo contrario a Sasuke.

Am… no, nada –habló no muy segura. Se espantó al ver que Itachi la estaba evaluando, pero no sus heridas, sino sus expresiones. Tal cual como lo hacía su madre, e inevitablemente corrió la mirada al sentirse expuesta frente a él.

Si Itachi la descubrió o no, no lo demostró. Se limitó a fruncir brevemente los labios antes de posar su mano encima de su pequeña cabeza, revolviendo con suavidad sus rosados cabellos.

El gesto amable y gentil la hizo levantar la mirada hacia él. Sus mejillas volvieron a sonrosarse por aquella muestra de cariño, no esperaba que el hermano mayor de Sasuke fuera tan… ¿Cómo decirlo? Dulce, quizás.

Lamento si mi hermano te haya molestado…–comenta, sin quitar su mano de su cabeza.

El susodicho dio un ligero respingo, cruzándose de brazos ante las palabras de su hermano. No le agradaba para nada la situación que se estaba llevando a cabo. De hecho, Sasuke era bastante celoso y egoísta con su hermano mayor, no le gustaba compartirlo con nadie, incluso de Naruto. Por lo tanto, verlo siendo cariñoso con… esa molesta de pelo rosa, lo ponía de los nervios.

A veces Sasuke puede ser un poco rudo con la gente…–dijo con una pequeña risa. Escuchó un gruñido de parte de su hermano menor, dando a entender que no le hizo ninguna gracia su comentario.

Un poco, tal vez…– concedió la pelirosa sonriendo de igual manera, ya entrando en confianza con el Uchiha mayor.

Pero eso es porque no sabe cómo acercarse a niñas tan bonitas como tú. –añade por último, antes de levantarse del piso.

Las mejillas de Sakura no pudieron estar más rojas. Sus ojos jades destellaron un brillo emocionado, mientras que sus labios se curvaban en una inmensa y avergonzada alegría. Soltó una pequeña risa, de esas medias tontas y torpes, que suelen hacerlo las niñas bobas de su escuela. No solía comportarse así, pero no pudo evitarlo.

Era la primera vez en su corta vida, que un chico la llama de esa manera…

¡Itachi! ¡Aquí está la caja! –la voz de Kushina se escuchó por el pasillo.

Los niños observaron como la madre de Naruto llevaba consigo una enorme y pesada caja. Naruto y Sakura reconocieron la misma caja que había traído minutos antes de la llegada de los Uchihas. Itachi se apresuró a socorrer a la mujer tomando el pesado objeto entre sus brazos.

Uff… muchas gracias ¿estás seguro que puedes llevarlo tú solo? –insistió la mujer, apoyando sus manos en sus caderas.

El pelinegro se limitó a asentir.

Aparentemente, la caja no pesaba tanto en los brazos del primogénito Uchiha, ya que lo sostenía con gran facilidad. Todo lo contario de Kushina, que se sobaba la espalda disimuladamente por culpa del excesivo peso en su cuerpo.

Creo que eso sería todo. Muchas gracias, Kushina-san –agradeció educadamente. Se dio la vuelta en dirección a la puerta. La madre de Naruto se adelantó, para ser ella quien abriera la puerta para el chico.

Gracias a ti ¡Saluda a Mikoto de mi parte! ¿Sí? –pidió con una enorme sonrisa, tan característica de los Uzumaki.

Por supuesto. – antes de irse, observó por última vez a los niños. –Hasta pronto. –se despidió de ellos.

¡Nos vemos, Itachi! ¡Dattebayo! –exclamó Naruto, que hasta entonces se había quedado callado durante toda la interacción. Y es que, fue bastante entretenido ver como Sasuke casi pierde la calma al ver a su hermano siendo fraternal con otra persona que no sea él, y aún más al ver, que esa persona era ni nada menos que la chica que tanto le caía mal.

Hasta pronto, Itachi-san…–se despidió la pelirosa aun con la enorme sonrisa estampada en todo su rostro, haciéndola resplandecer a pesar de las magulladuras.

Por ese minúsculo instante, dejó de importarle los moretones de su rostro, el cabello corto y tosco, o el largo de su camiseta con el estampado de su videojuego favorito. Solo por ese instante, se dio el lujo de sentirse bonita y femenina, algo que nunca se permitió hacerlo, pero que ahora podía tomarse un momento para disfrutarlo.

Al verla, Itachi sonrió. Y en una fracción de segundo observó a su hermano, siendo el único quien no se despidió de él.

Su sonrisa se ensanchó más.

"Vaya… qué sorpresa" –pensó. Dio medio vuelta y desapareció detrás de la puerta.

¡Bien! –habló Kushina, una vez que Itachi se hubiera ido. –Iré a preparar la cena ¿por qué no van arriba a jugar con tu nuevo juego, Naruto? –sugirió su madre, dirigiéndose a la cocina.

¡Si! ¡Vamos chicos! –exclamó eufórico el pequeño blondo. Se apresuró a correr por las escaleras siendo seguido por la pelirosa. Sin embargo, Sasuke que estaba inusualmente callado (más de lo que era), avanzó a paso acompasado, sin prisa.

La sonrisa de Sakura no abandonó su rostro en ningún momento. Al llegar a la habitación del rubio, vio que éste ya había encendido la consola, y en ese momento, estaba buscando algo desesperadamente por toda la habitación.

¿Qué estás buscando? –preguntó, acercándose a él.

¡El videojuego! ¡¿Dónde lo dejé?! –chilló el blondo, dando vueltas los almohadones en su cama.

Quizás lo guardaste en otra parte…–sugirió la pelirosa.

Naruto dio un súbito salto con los ojos bien abiertos, asustando en el proceso a la pelirosa, quien lo observó sin entender.

¡La oficina de papá! De seguro lo dejé allí, dattebayo. –exclamó. Y sin decir nada más, salió corriendo por la puerta de su habitación.

La alegría que la embargó en todo el recorrido hasta allí, fue interrumpido por el incómodo silencio que empezó a formase en la habitación.

Sasuke y Sakura se habían quedado solos.

Sabía que en aquellas circunstancias, el pelinegro aprovechaba el tiempo en discriminarla o mofarse de ella. Por lo que poco a poco, su entusiasmo fue decayendo, previniendo algún comentario mordaz, referente al trato que había tenido con su hermano.

Sasuke estaba de brazos cruzados, dándole la espalda. Se notaba por sus hombros tensionados, que estaba a punto de perder la calma.

La insultaría. Eso estaba claro, le diría cosas como: "Con mi hermano no te metas, boba", "Pareces Quasimodo con tantos golpes" o su frase favorita, "Eres una molesta de pelo rosa", como solía llamarla casi siempre.

De un momento a otro, Sasuke se dio la vuelta, con la cara más seria que nunca. En dos zancadas ya estaba frente a la pelirosa, que lo observó de vuelta con la frente en alto, lista para recibir cualquier insulto. Sin embargo, el pelinegro la evaluó antes de decirle nada; poco a poco fue cambiando su expresión a una más mosqueada y refunfuñante, como si algo le llegó a molestar aún más.

¡No eres tan bonita! –habló de pronto el pelinegro, dejando a la chica consternada.

Un segundo… ¿Había oído bien?

Dos… tres segundos de silencio.

¿Era en serio? ¿Ese es su mejor insulto?

Podía fácilmente pasar de él y hacer como si no hubiera dicho nada, pero el rostro del pelinegro ya no estaba tan seria como antes. Ahora mostraba una expresión diferente, algo cautelosa, como si esperara su reacción.

Lo intentó, pero no lo pudo evitar, ni sabía porque lo hizo. Solo sabe que tuvo unas enormes ganas de hacerlo y, sin poder contenerse lo soltó en plena cara del Uchiha.

Sakura se rio.

Pff… ¡Jajajajajaja! –carcajeó llevando una mano hacia su boca, en un intento de aminorar su risa.

No se reía porque su comentario fuera gracioso, se reía porque lo dijo casi de forma insegura y como si con ese comentario banal pudiera afectarla. Eso era un poco decepcionante, esperaba algún comentario más ofensivo, alguna comparación de su rostro con algún tipo de animal o alguna amenaza.

Quizás sea el hecho de que no se sentía de esa manera, puede que el comentario de ese muchacho dulce la haya afectado un poco… tan solo un poco. Por lo que no podía evitar sonreír y reírse a pesar de su intento de ofensa.

Poco a poco paró de reírse y observó al pelinegro sin dejar de sonreír.

Sasuke lucía levemente consternado de su repentina risa, pero no volvió abrir la boca. Se limitó a mirarla fijo con el ceño fruncido.

De acuerdo. Eso es lo más raro que me has dicho hasta ahora. –le habló Sakura.

Sí, le habló directamente. Si él lo hacía ¿por qué ella no? Y solo para cabrearlo un poco…

Pero gracias, supongo. –dijo, ensanchando su sonrisa al ver la cara de confusión que adquiría Sasuke. –Bueno, siendo tú… también es una forma de decirme que no estoy tan mal, ¿verdad? –rio la pelirosa.

Observó como Sasuke la miraba impresionado, sin dar crédito a sus propias palabras. Pero al final, la que más se sorprendió fue Sakura, al ver que de un momento a otro las mejillas de Sasuke se colorearon levemente y elevaba sus brazos cruzados hasta su pecho, como un escudo en donde podía refugiarse de su traspié.

Sakura se incomodó de pronto. Había hecho avergonzar a Sasuke, aunque claramente ese no era su objetivo. No quería que se avergonzara de su propio comentario que resultó no tener ofensa alguna; sino cabrearlo lo suficiente para que se quedara con las ganas de soltarle una buena palabrota, pero que no haría porque Naruto llegaría en cualquier momento.

¡Aquí está! –el chillido de Naruto se oyó cerca de la habitación, por lo que en un segundo ya estaba dentro. Tenía la cara roja por el esfuerzo, pero mantenía esa imborrable sonrisa de satisfacción al llevar su nuevo juego entre sus manos.

Para sacarse la incomodidad, Sakura se acercó al rubio para ver el juego que probarían esa tarde, dejando a Sasuke en donde estaban, haciendo como si el "problema" no hubiese sucedido.

¡Woah! Es un nuevo juego de carreras ¡es fantástico! –exclamó la pelirosa, tomando el videojuego entre sus manos. – ¡Vamos! Te apuesto a que voy a patearte el trasero en tu propio juego –lo reta.

Se apresuró en sentarse a los pies de la cama, mientras que el rubio instalaba el videojuego en la consola.

El único quien no parecía importarle era Sasuke, quien se había acercado unos pasos cerca de ellos, pero no lo suficiente para ser parte de la conversación. Esperó a que el rubio terminara de instalar el juego y se sentara aun lado de la pelirosa, para poder sentarse él aun lado del rubio, dejando a su amigo al medio entre ambos.

Después de que le gane a Sakura-chan, me enfrentaré a ti Teme. –afirma el rubio con demasiada confianza.

Hmp…–fue lo único que respondió el Uchiha.

Sin embargo, estaba demasiado tranquilo y pacífico, aunque claro, solo en apariencia. Ya que por dentro era todo lo contrario; era un revoltijo de emociones.

Sakura observó al Uchiha de reojo, pensando si él seguiría "extraño" luego de su intento-de-ofensa, pero no le importaba mucho realmente. La verdad es que estaba más atenta a la pantalla de la televisión, en donde Naruto había programado para jugar con la consola. Así que, no volvió a mirar a Sasuke ni a pensar sobre el incidente por el resto de la tarde.

Sin embargo, Sakura no podía estar más lejos de la realidad.

El pequeño pelinegro que estaba sentado en el suelo con las piernas y brazos cruzados, miraba la televisión sin ver realmente. Frunció levemente sus labios en una mueca molesta y, casi de manera inconsciente, observó de reojo a la chica que estaba en el otro extremo, con la mirada concentrada en la televisión. Ella y su amigo estaban jugando con los mandos de la consola, presionando botones con rapidez y agilidad, por lo que no tenía temor alguno en ser descubierto observándola.

Su mueca se profundizó aún más, ante ese último pensamiento. Pero no dejó de mirarla a pesar de todo; observó sus ojos verdes fijos y concentrados, brillando de determinación. Ya la había visto antes ese brillo, cuando jugaban o hacían cualquier cosa que fuera competir, sus ojos destellaban.

Sabía cuánto a ella le gustaba competir, esforzarse y pelearse por la meta con quien sea, porque ella era así: competitiva y aventurera.

Sabía que ella no tenía miedo de ensuciarse en el barro cuando jugaban a la pelota o caerse al suelo y lastimarse, era demasiado testaruda para dejarse vencer tan fácilmente. Ella se levantaría una y otra vez hasta ganar la partida.

Sabía cuánto amaba a las artes marciales, pero también sabía cuánto le costaba conseguir la aprobación de su padre. Sí, él si sabía de ese tema, no es que ella le haya contado sobre eso, simplemente escuchó una conversación sin querer entre ella y Naruto. En donde le confiesa sus preocupaciones respecto a las constantes indiferencias de su propio padre, o las discusiones y peleas que a menudo sucedía en su hogar.

Sí, él sabía de esas cosas… cosas que él nunca quiso ver ni entender… cosas que él estaba muy bien sin saber de ellas. ¿Por qué de pronto se encontraba observándola sin que nadie lo viera? ¿Por qué empezó a fijarse en sus gestos y expresiones? ¿Sus costumbres y manías?

Esas cosas debería estar preguntándose alguien como el tonto de Naruto, no alguien como él.

Precisamente él.

"…Es una forma de decirme que no estoy tan mal, ¿verdad?..."

Gruñó para sus adentros.

Sakura no tenía ni idea de cuan certeras fueron esas palabras. Ni cuanto calaron dentro de Sasuke… hasta el punto de hacerlo sonrojar.

Apretó sus manos hasta hacerlas puños entre sus brazos.

¿Qué si Sakura es bonita?

Observó bien su rostro, desde el color de su cabello, la forma de sus cejas, el contorno de sus ojos, el largo de sus pestañas, su respingada y pequeña nariz, el brillo natural de sus labios e, incluso, las hinchazones y moretones violetas y rojizos que se encontraban en sus pómulos y frente.

Y a pesar de eso… a pesar de esas magulladuras… a pesar de vestir así o comportarse de forma varonil. Ella en verdad…

Ella…

¡Si! ¡Gané! ¡Gané! –gritó con euforia la pelirosa, levantando uno de sus brazos en un puño, triunfante. El destello en sus ojos verdes se hizo presente, evidenciando su entusiasmo y su espíritu competitivo.

Sí… Sakura era bonita, tanto por dentro como por fuera.

Y ante esa afirmación, el corazón de Sasuke dio un vuelco.

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"¿Se peleó con alguien?" "¡Escuché que se peleó con una banda de delincuentes!" "¡No! Yo escuché que eran de otra escuela…" "¡¿Cinco contra uno?! Eso es de cobardes…"

Los comentarios y cuchicheos no se hicieron esperar. Después de ver a Sasuke, el chico más codiciado por las féminas entrar a la escuela con la cara moreteada, los alumnos estallaron en chismes y cotilleos en las esquinas.

No hace falta decir, cuán lejos están de la realidad. Aunque los chismes son muchos mejores a como fueron realmente, ya que sería bastante insultante y humillante decir que fue golpeado por una chica, y más si fue la talentosísima estudiante de artes marciales, Haruno Sakura.

Claro que ese título quedaría mucho mejor, considerando el tipo de persona que es Uchiha Sasuke y de lo que ha estado haciendo en estos últimos meses a escondidas. Si la gente se llegara a enterar de su sucio secretito, de seguro ya no sería tan popular entre las chicas, y sería visto como lo que realmente es: un acosador.

–Sakura-chan… ¿estás bien?–preguntó la ojiblanca, sacando a Sakura de sus pensamientos.

La pelirosa pestañó un par de veces antes de reparar en ella. Estaba tan ensimismada en sus propios pensamientos, que no se dio cuenta que ya estaba frente al aula de clases.

–Oh… sí, sí, lo siento Hina-chan –se disculpó la chica con una ligera sonrisa, en un intento de despejar su mente.

– ¿Entramos? –sugirió su tímida amiga. Sakura solo se limitó en asentir a lo dicho.

Ambas se adentraron al aula, que en ese momento se encontraba la mayoría de los estudiantes, pero a quién más le interesaban ver era Ino. Ella se encontraba sentada sola en su pupitre, con la cara enterrada en su teléfono móvil, presionando botones a toda velocidad.

Se sentaron cada una en su puesto al lado de la rubia, en completo silencio.

Ino no se percató de las chicas, hasta que Hinata se acercó a saludar, más por cortesía que por otra cosa. Tanto la rubia como las dos chicas, se encontraban incómodas y algo serias, pero la que ganaba en seriedad era Sakura, quien mantenía su mirada orgullosa hacia al frente.

Ino carraspeó ante el ambiente pesado que se estaba formando, pero la incomodidad seguía a flote. Con algo de inseguridad se acercó a la pelinegra en un intento de entablar una conversación, sin embargo, la chica solo le dedicó una media sonrisa y asentir de vez en cuando lo que le decía la rubia.

Soltó un suspiro resignado, su amiga ojiblanca era demasiado buena para ignorarla, pero eso no significaba que estaba a gusto con ella. Sabía que tras la discusión del día anterior, las chicas no podían estar más decepcionadas de ella, y no era para menos. Realmente, ella se había excedido con las fotos, y no podía estar más de acuerdo con el enojo de sus amigas, pero una parte de sí; le decía que no todo es su culpa.

Sí, ella no recuerda mucho de esa noche, y que toda la evidencia hasta ahora encontrada le decían que ella es la culpable de los hechos, pero…

¿Cómo decirlo?

No sabía explicarlo muy bien, pero Ino tenía la sensación de que algo del puzle no cuadraba.

Algunas piezas llenaban las esquinas del vacío, dándole forma a las memorias de esa noche. Y otras, más grandes y complejas no encajaban como debiese ser. Podrían parecerse o adecuarse a la situación, pero al mirar todo el cuadro completo, simplemente esa parte no pertenece del todo allí, y la única manera de demostrarlo… era removiendo las piezas del puzle.

Apretó su teléfono entre sus dedos.

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La primera clase pasó demasiado rápido. La asignatura no era tan compleja, pero entre los debates y opiniones entre los estudiantes sobre la filosofía de los antiguos griegos, hizo que la clase se hiciera más corta de lo habitual.

En ese momento, las chicas caminaron hacia el patio en completo silencio hasta llegar debajo del árbol, en el que usualmente es el lugar de descanso de Naruto.

Sakura no tenía la intención de llegar hasta allí. La verdad es que estaba pensando en hablar con Naruto, y quizás por eso, inconscientemente, sus piernas la condujeron hasta allí. No obstante, no había nadie cerca de ahí, lo que significa que su rubio amigo debe estar en otra parte.

Miró en automático a la ojiblanca.

Hinata de repente se puso tensa, con la mirada gacha y algo avergonzada.

Mordió al interior de su mejilla en frustración. Había sido una tonta al caminar sin pensar a donde realmente iba.

Olvidó que toda esta situación no la estaba viviendo sola, tanto ella como Hinata están metidas en este embrollo. Cada una de manera diferente, por supuesto, pero no menos compleja. Aunque ni la misma Hinata lo sepa, la verdadera razón del distanciamiento de Naruto ocurrió en esa fiesta. No lo podía confirmar del todo, pero tenía sus sospechas y podía apostar a que era así, es por eso que debía hablar con Naruto.

Sin embargo, no es solo por eso…

Si en verdad Naruto recuerda lo sucedido en esa noche, entonces es el único quien tendría las respuestas que ella estaba buscando, pero hay algo en todo esto que la mantiene inquieta…

¿Por qué ocultarlo?

Ella recuerda que la mayoría de sus amigos habían dicho que no recordaban nada sobre esa noche. Y los que no habían bebido tanto, recuerdan fragmentos de la fiesta y de que, de un momento a otro, había mucha gente en la cabaña.

Pero ahora, pensándolo bien…

Ella no recuerda algún comentario de Naruto sobre la fiesta. Siendo él tan hiperactivo y hablador, debió haber hecho o dicho algo sobre lo "magnífico" que fue (resumen de todos los comentarios de la gente). Pero no, no podía recordar nada. Como todos estaban más preocupados en ordenar y limpiar todo el desastre, podría ser que no lo escuchó o simplemente estaba igual de preocupado en ayudar en reorganizar la cabaña de Ino.

Sakura observó a esta última.

Ya era hora de dejar su orgullo aun lado.

–Ino –llamó la pelirosa.

La recién nombrada dio un respingo ante su llamado: no esperaba que la pelirosa le hablara directamente y en tan poco tiempo.

–Necesitamos hablar. –comenzó la pelirosa, cruzándose de brazos.

–Creo que tienes razón, debemos hablar. –dijo Ino, exhalando una gran cantidad de aire antes de retomar su confianza y encararla.

Hinata, que hasta el momento se había mantenido al margen. Se posicionó frente a ambas chicas con precaución, no quería que sus amigas pelearan entre ellas, por lo que ante cualquier circunstancia sospechosa, ella intervendría.

– ¿Terminaste de ver las fotografías? –preguntó la pelirosa con seriedad.

–La verdad es que no…– confiesa Ino. –Te diré la verdad, ni las he mirado desde que se fueron. –aseguró.

Sakura muerde su labio inferior con duda, así que pensó bien lo que iba a decir antes de responder.

–De acuerdo… Yo las vi ayer al llegar a casa –se detuvo abruptamente, rememorando el puñetazo que le propinó al Uchiha. Por el momento no es buenas idea de hablar de eso, tenía que concentrase a lo que quería llegar primero. –No me resolvió las dudas que tenía respecto hacia… cierto sujeto. –estaba demás decir a quién se refería, pero no quería mencionarlo por el aguijonazo de la culpa. La cara moreteada de Sasuke cruzó por su mente como un flash, atormentándola.

–No me sorprende… –mencionó la rubia, bajando la mirada pensativa. Llevó sus manos a sus caderas, reflexionando sus sospechas que ha estado teniendo desde ayer… y de lo que ha estado haciendo esta mañana.

Soltó otro suspiro cansado.

–E-Entonces, ¿Qué hacemos? –pregunta Hinata, integrándose por vez primera en la conversación.

La pelirosa la observó dubitativa.

¿Sería buena idea hablarle sobre Naruto?

Si se llegara a equivocar… ¿no estaría desilusionándola más de su mejor amigo?

Pero por otro lado… ¿si tuviera razón? ¿Si sus sospechas llegasen ser ciertas?

¿Qué es lo que haría?

–Anoche… –comenzó Ino, interrumpiendo los pensamientos de Sakura. –le mande un mensaje de texto a ese tipo. –confesó.

Ambas chicas la observaron con el ceño fruncido, hasta que en un segundo comprendieron a quién se refería la rubia.

–A ver, espera. –la detiene Sakura con una mano extendida, procesando lo dicho. – ¿Hablaste con ese tal… Suigetsu? –cuestionó con completo desconcierto.

Al ver la expresión de la pelirosa, Hinata no dudó intervenir antes de que su amiga comenzara una pelea con Ino.

– ¿D-Descubriste algo Ino-chan? –preguntó la ojiblanca, parándose a un lado de Sakura, en un intento de contener su enojo.

–Bueno, él no me contestó de inmediato. Recién esta mañana contestó mi mensaje. –cuenta. Caminó hacia el árbol y se apoyó en su tronco. En silencio, sacó su teléfono y empezó a buscar en su mensajería la conversación que tuvo recientemente. Acto seguido, se lo extendió a las chicas para que leyeran por ellas mismas lo que habían escrito.

-Hola. No sé si te acuerdas de mí, pero yo te pedí unas botellas de alcohol hace algunos meses…

-¡Ah! eres la chica sexy de la otra vez, ¿qué tal preciosa?

-Si bien. Oye, sé que ha pasado mucho tiempo pero necesito preguntarte algo.

-Lo que quieras, preciosa. Si quieres más alcohol, vienes justo a tiempo. Tengo unas ofertas por CAJAS ;)

-No gracias. No es eso lo que quiero preguntar.

-¿Entonces?

-Es respecto a la fiesta de esa noche. La verdad es que no recuerdo nada y ya sé que ha pasado un tiempo, pero quería saber si tú sabes algo.

-Respecto a la fiesta… bueno ¡que fue asombroso! jaja

-Si… ya me lo han dicho mucho, pero quería que fueras más específico.

-Podría… peeero no lo haré.

-¿Qué? ¿por qué no?

-Si tanto te interesa saber, podríamos juntarnos y hablar. ¿Qué dices, preciosa? ;)

Sakura y Hinata levantaron con lentitud sus miradas hacia la rubia.

– ¿Qué? –preguntó confusa y algo incómoda por como la miraban ambas chicas. – ¿Por qué me miran así? –cuestiona, acomodándose en el tronco.

– ¿Y? –pregunta la pelirosa.

– ¿Te verás con él? –pregunta a su vez, Hinata.

– ¿Qué? ¡Claro que no! O sea, tal vez… puede que sí. ¡No le sé! ¿Debería? – balbuceó en confusión Ino, no sabiendo realmente que hacer.

–Creo que… deberíamos intentarlo –opina la pelirosa en voz baja. Tampoco estaba muy segura que fuera buena idea.

–N-No sabemos quién e-es él realmente… ni sus intenciones– señaló la ojiblanca.

Hinata no podría haber acertado más en el clavo. El chico en sí, estaba muy interesado en la rubia, y no solo en esa conversación. Ayer, cuando leyeron los demás mensajes, era claro para donde quería llegar y también, era obvio que ésta no sería la excepción.

–Sí, tienes razón. Pero si él dice saber algo, entonces deberíamos darle la oportunidad. –manifiesta la pelirosa. Dudaba que el tipo supiera de ella y Sasuke, pero podría indagar sobre la gente que estuvo allí. A lo mejor fue él que trajo toda esa gente, pudo haberlo publicado en algún lado sobre la fiesta o lo habrá hecho de otra manera. Sin embargo, cabía la posibilidad que fuera Ino, ella o ambas, u algunos de sus amigos que, con tanto alcohol encima pudo cometer el disparate de avisar sobre la fiesta.

Son muchas teorías, en el que quizás él podría saber. Pero también estaba Naruto… ¿él podría estar involucrado de alguna manera con esas teorías?

Por supuesto que sería mucho más fácil y seguro preguntarle a su amigo que a ese desconocido, pero ¿y si él tampoco sabía? ¿Si se equivocaba respecto a él? Tendrían que encarar a ese tipo de todas maneras.

No obstante, también entraba Sasuke a la ecuación.

Después de lo sucedido ayer, ya no tenía como hablar con él… Bueno, siendo sincera, no tenía idea de cómo abordar del tema desde antes con el Uchiha, pero ahora estaba más perdida que nunca luego de verlo esta mañana.

Pasó su mano sobre su nuca, masajeándolo.

Ya vería como solucionaría eso, por el momento debían hablar tanto con Naruto como con el tipo de los mensajes.

–Supongo que tendríamos que juntarnos con ese tal Suigetsu. –expuso la pelirosa, pensando que lo más seguro es ir todas.

–Esto se ha complicado cada vez más. –comentó Ino.

"No tienes idea…"-pensó la pelirosa, sintiendo un peso encima de sus hombros.

–Pero está bien, supongo. –dice la rubia. Al ver la cara de las demás, se apresura en aclarar. –Me refiero a qué, de alguna manera, nos estamos acercando a la verdad. ¿No? –repuso, quitándose del árbol en el que estaba apoyada para acercarse a las chicas.

–Eso e-espero– musitó las ojiblanca. La muchacha observó a su amiga pelirosa, que lucía bastante seria y pensativa. Posó su mano en su hombro en señal de apoyo. Sakura la miró de vuelta dándole una pequeña sonrisa, indicando que todo estaba bien.

Ino, quien observaba la escena, se sintió mal por no poder participar. Sakura seguía enfadada con ella, y sabía que no se lo perdonaría así de fácil, tendría que poner más de su parte si quería lograr reconciliarse con su mejor amiga.

–Está bien. –decide en voz alta. Le quitó su teléfono de las manos de Hinata, y comenzó a teclear con toda velocidad. Luego lo guardó en su bolsillo de su falda y se posicionó frente a ambas chicas en una pose orgullosa y altiva.

– ¿Q-Qué hiciste? –pregunta entre confusa y curiosa la ojiblanca al ver la acción de la rubia.

– ¿Pues qué más? ¡Le dije que sí! –exclama con altanería antes de darse la vuelta. –Luego les cuento los detalles. Ahora si me disculpan, iré a ver a Sai. –meneó su mano hacía a ellas, en señal de despedida y comenzó a caminar hacia el otro lado del patio.

– ¿Es en serio? ¿Se juntará con ese tipo? ¿Así sin más? –expuso sorprendida la pelirosa.

¿En que estaba pensando Ino? Verse con alguien a quien no conoce y, que por cierto, no le traía buena espina todo esto.

–N-No te preocupes, Sakura-chan –Habló Hinata con una sonrisa en sus labios. La pelirosa frunció el ceño ante eso.

– ¡No me preocupo! Pero no puede ser tan irresponsable de verse a solas con alguien que puede ser peligroso– alegó sin chiste alguno, pero al parecer la ojiblanaca no lo tomó así. Ya que seguía observándola con una sonrisa de oreja a oreja. – ¿Por qué me miras así? –

–De que a pesar de todo, aun te preocupas por ella– explicó sin tartamudear, dándole un par de palmaditas en su espalda.

Sakura se ofuscó ante su comentario.

– ¡Como no hacerlo! Es Ino después de todo…–se le escapó.

Se mordió la lengua ante lo dicho, pero Hinata no dijo nada al respecto. Se limitó a asentir antes de volver a hablar.

–Tienes razón, p-pero Ino nos avisará a-antes de juntarse con él. –asegura la ojiblanca. Comenzó a caminar en dirección al establecimiento, Sakura le siguió el paso.

– ¿Cómo estás tan segura? –preguntó curiosa la muchacha llegando a su lado.

Al escucharla, Hinata volvió a sonreír de oreja a oreja.

–Es Ino después de todo– usó las mismas palabras que se le había escapado hace unos segundos atrás. Pero no esperaba que Hinata se mofara tan descaradamente de ella. Y en vez de enojarla y recriminarle por lo dicho, no pudo evitar soltar una pequeña sonrisa.

La empujó con su hombro juguetonamente antes de agarrarla del brazo y llevarla corriendo hacia el establecimiento, antes de que el timbre sonara.

Hinata sonrió.

Le hacía gracia que su amiga se comportara de esa manera cuando se suponía que estaba enojada con la rubia. Pero al fin de cuentas, Sakura era así.

Puede que Ino la haya fregado con las fotografías, y que Sakura se haya enfadado bastante con ella, pero la verdad; es que por mucho que ambas peleen, siempre terminan reconciliándose de alguna u otra manera. Bastante extrañas en algunas ocasiones, pero se perdonaban al final.

Ocurría de la misma forma en Ino. Era demasiado orgullosa para admitir ciertas cosas, es por eso que recurría a las acciones; los hechos hablan más que mil palabras, dicen por ahí. Ino se disculparía con Sakura a su manera, algo que solo la pelirosa llegase a entender. Algo que con el tiempo ella misma comenzó a entender la amistad tan extraña que tenían, y que no esperó ser parte de ese círculo tan especial.

Hinata tuvo un último pensamiento antes de entrar a la escuela.

Sakura e Ino siempre se habían tratado como el perro y el gato; peleaban, discutían y competían. Luego se disculpaban o se demostraban que estaban arrepentidas con sus acciones, pero siempre había visto que ambas se buscaban. Eran su forma de mostrar el interés que tenían por la otra, su cariño y amistad.

Era una forma de mostrarse amor ¿cierto?

Pero dejando el contexto de la amistad de lado…

El amor era buscarse a pesar de las adversidades ¿verdad?

Entonces, ella se preguntaba…

¿Debió haberlo buscado?

Cuando dejó de hablarle… ¿debió acercarse a él cuando tuvo la oportunidad? ¿Tuvo tan siquiera una oportunidad?

De pronto, se le apretó el corazón ante su cuestionamiento.

Siempre se sintió mal y decaída al pensar que jamás tuvo alguna oportunidad con él, pero ahora que lo pensaba… si ella realmente llegó a tener una oportunidad…

No podría sentirse peor.

.

.

.

.

.

.

.

Un dolor intensó la embargó.

Sentía que su cabeza palpitaba sin control, punzándole como aguijones en todas partes.

Intentó abrir sus ojos, pero los sentía tan pesados que apenas pudo moverlos.

Se removió en el duro colchón con cansancio. Estaba incómoda en su posición, pero no quería levantarse ni abrir los ojos.

¡Dios!

El dolor la estaba matando. ¿Se habría enfermado?

Volvió a removerse en el incómodo colchón. Se estiró en un intento de pasar la incomodidad, pero eso solo logró que su costado se topara con el borde de la cama y se cayera estrepitosamente al suelo.

¡Auch!exclamó con voz rasposa. El suelo estaba frío y algo húmedo, pero no hizo nada por levantarse.

De repente sintió la bilis subir por su tráquea y un escalofrió la invadió de pies a cabeza.

Se tapó la boca justo a tiempo para evitar una arcada. Intentó levantarse aun con los ojos cerrados, pero el mareo y el dolor de cabeza la mandaron directo al suelo.

Con un mano en su boca y otra en el suelo, volvió a intentar levantarse pero con lentitud, calmando su mareo. Estaba arrodillada en cuatro en el frío y pegajoso suelo, con un dolor de cabeza terrible y un mareo que la tiraba hacia abajo en cada instante.

Abrió los ojos apenas, pestañando varias veces antes de enfocar su vista alrededor.

No estaba en su cama.

Se había caído del sillón en el que había estado durmiendo, por eso lo sentía tan incómodo. Siguió recorriendo la vista con ojos achinados a su alrededor; estaba en la sala de la cabaña de Ino.

Bueno, al menos antes era una sala.

¿Qué demonios?se inquietó. Su voz aún estaba rasposa y hueca, como si no hubiera hablado en mucho tiempo. Pero no se preocupó por eso, lo que más le impresionaba era el estado del lugar en donde estaba.

El sillón donde se había quedado dormida, estaba desordenado y con manchas de dudosa procedencia. El suelo, antes limpio con una alfombra lustrosa, se encontraba sucio por todas partes, con partes húmedas y hasta pegajosas, como si hubieran derramado bebida o algo peor. La pequeña mesa de centro hecha de madera y vidrio, estaba lleno de vasos de plásticos y restos de cigarrillos, las cenizas estaban esparcidos por todas partes, incluyendo en el suelo.

Poco a poco fue levantándose con la cabeza punzándole a mil. Pestañó un par de veces más antes de poder dar un paso, el mareo y los escalofríos la tenían atontada, pero debía caminar si quería llegar al baño más cercano.

Con pasos tambaleantes y afirmándose a las paredes y muebles, Sakura se dirigió al baño que se encontraba en el pasillo. No quiso mirar a su alrededor, ya que sentía que eso la marearía aún más de lo que estaba y, además, tenía unas ganas urgentes de vomitar.

Cuando llegó al baño, lo primero que hizo fue abrir la tapa del inodoro y botar todo de su sistema.

Las arcadas eran realmente horribles y la bilis no hacía más que quemarle el esófago y el estómago, pero no se detuvo hasta sentirse que todo se hubiera ido.

Al terminar, tiró la cadena y se quedó allí, sentada en el suelo con la mirada perdida en algún punto del baño. El mareo no había terminado, aunque ya no sentía las arcadas ni el estómago revuelto, el dolor de cabeza evitaba que pensara con claridad.

Se afirmó la cabeza con ambas manos en un intento de que el dolor desapareciera, pero solo podía escuchar los ecos de las constantes punzadas tamborilearle el cerebro con insistencia.

Inhaló y exhaló varias veces hasta que el mareo bajó lo suficiente para poder levantarse. El olor a vómito y alcohol inundó sus fosas nasales; con una mueca de asco, se levantó y caminó hacia el lavado. Observó su reflejo.

Por Dios…susurró con disgusto. Su imagen era deplorable; el cabello revuelto y algo sucio, las marcadas ojeras y los ojos achinados como si no pudiera ver bien, los labios secos y con restos de su labial esparcidos por todas partes, ni de qué hablar de su rímel… parecía un mapache.

Un horrible mapache rosa.

Abrió el grifo y se lavó la cara y la boca de cualquier manera. Con el rostro mojado salió del baño en busca de sus amigos, pero se encontró todo lo contrario.

Como había caminado hasta al baño casi sin ver realmente, no pudo visualizar el estado del lugar… ni de quienes estaban.

Había personas que jamás había visto, durmiendo en el pasillo. Unos estaban sentados con la espalda apoyada en la pared de la estancia y con la boca abierta. Otros estaban en el suelo en modo fetal abrazando vasos y botellas. Uno en especial, estaba acostado al lado de una planta con restos de…

Ugh… se tapó la boca con una de sus manos al ver tan asquerosa escena. El tipo había vomitado en la planta, estaba lleno de restos de vomito tanto en su ropa como en su cara.

Hizo una mueca de repugnancia y siguió avanzando por el corredor hasta llegar a las escaleras.

Una chica estaba durmiendo en las escaleras, llevaba un vestido rojo fuego bastante sugerente. Pero lo que más le sorprendió fue en la pose en la que dormía. Estaba parada en las escaleras con la espalda doblada en la barandilla y los brazos extendidos. Si no fuera por el subir y bajar de su pecho, no sabría si estaba viva.

Rodeó las escaleras para ver quién era. Tenía la cabeza hacia atrás, por lo que su boca estaba abierta y roncaba levemente.

¡Ino! –exclamó con la boca abierta de la impresión al reconocer a su amiga. Subió las escaleras tambaleándose, hasta llegar a la rubia. Con dedos torpes meneó a la chica para que despertara, pero su amiga no se movía. –Ino, ¡despierta! –volvió a llamarla con más insistencia.

Ino se removió incomoda en su posición. Se levantó solo para recostarse como sea en las escaleras y seguir durmiendo.

Volvió a moverla de los brazos con más fuerza, haciendo que la rubia comenzara a gruñir y abrir los ojos con cansancio. Cuando por fin Ino se topó con el desaliñado aspecto de su amiga, hizo una mueca extraña y, de un segundo a otro, empezó a vomitar sin control.

¡Ino! –con sorpresa y preocupación, Sakura se apresuró de socorrer a su amiga, colocando su cuerpo de costado para evitar que se ahogara. – ¿E-Estás bien? –preguntó con la voz media temblorosa.

Ino se tomó unos segundos para recuperarse y sentarse con lentitud en las escaleras.

Me duele… la cabeza –dice apenas en un murmullo ronco, el mismo estado que la pelirosa. – ¿Qué… sucedió? –preguntó, levantando su mirada medio perdida en su amiga.

La pelirosa sentía su corazón acelerarse del pánico. No tenía memorias sobre anoche, por lo que no tenía idea de que significaba todo este desastre ni de las personas que estaban allí.

No sé…– susurró con sinceridad. Por el tono tembloroso y hasta miedoso en su voz, Ino captó que la situación tenía tintes mucho más serios. Como recién se había despertado, no tenía idea de lo que pasaba a su alrededor. – ¿Puedes levantarte? –inquirió tomándola de las manos para ayudarla.

Hum… sí, sí. –respondió. Se afirmó de la chica y de un impulso se levantó. Con pasos pequeños fue bajando las escaleras, ya que el dolor de cabeza la mantenía bastante malgastada. – ¿Dónde están los demás? –preguntó una vez que estuvieron en el primer piso.

Quisiera saberlo…–contestó la pelirosa en una mueca antes de pararse frente a ella y tomarla por los hombros. –Primero que nada, debes tranquilizarte ¿sí? –pidió mirándola con fijeza.

¿Qué? ¿Cómo es eso? –cuestionó sin entender.

La rubia comenzó a observar a su alrededor con impresión al ver el estado del lugar. Su respiración comenzó a hacerse más fuerte a cada segundo que pasaba. La cabaña… era un caos total, ¿qué rayos había sucedido anoche?

Me van a matar… –gimoteó. Se agarró de las manos de la pelirosa que aún estaban en sus hombros y las hizo a un lado. Caminó hacia el pasillo tambaleándose, lugar en donde había estado su amiga anteriormente, y vio con horror a los desconocidos que estaban durmiendo en el suelo. – ¿Qué demonios? –exclamó con voz ahogada. Se dio la vuelta para ver a su amiga en el mismo estado que ella; a punto de entrar en pánico.

Al ver que la rubia estaba a punto de perder los estribos, se apresuró en agarrarla de los brazos con demasiada fuerza y retomar el control de la situación antes de que ella también entrara en shock.

Escucha, ya sé que todo esto se ve horrible ¡pero podemos solucionarlo! –dijo en un intento de ser optimista, aunque la verdad ni ella misma se lo creyera. –Pero primero, debemos encontrar a los demás ¿sí? –pidió, más bien exigió la pelirosa.

Con tantas emociones y sorpresas encontradas, Ino se limitó en asentir a lo dicho por su amiga.

De acuerdo… veamos –con manos torpes, la pelirosa revisó sus bolsillos hasta que encontró su teléfono celular. Estaba punto de descargarse, pero con la suficiente energía para ver la hora y hacer una sola llamada. –Mierda, son casi las dos de la tarde. –soltó un hondo suspiro antes de decidir qué hacer.

Apagó su móvil en caso de necesitar llamar alguien más tarde, por el momento se dedicarían a buscar a sus amigos por toda la cabaña y después averiguarían sobre estas personas.

¿Te sientes bien como para caminar? –le cuestiona la pelirosa, ya que no estaba segura si debía recorrer el lugar con su amiga al lado.

Sí, solo me duele la cabeza –contesta Ino pasando sus manos por su rostro. Sakura la evalúa unos segundos antes de responder cansinamente.

Está bien. Vamos a revisar todo el primer piso en busca de alguien conocido –sentencia.

Se dio la vuelta para caminar en el pasillo en dirección a una de las puertas que estaban allí. Pasó de largo el baño en el que había estado para entrar a la siguiente habitación. Al abrir la puerta se encontró que era un pequeño armario lleno de abrigos y botas de esquiar: la cerró de inmediato.

Ino se adelantó hasta la oficina de su tío y al abrir se encontró con más desconocidos durmiendo por todos lados.

Cerró la puerta con cuidado.

La mirada afligida de la rubia fue captada por su amiga, que entendía perfectamente su preocupación por el lugar: a ella le dieron la confianza suficiente para utilizar la cabaña y la responsabilidad de que la cuidaría. No se imagina el espanto que causaría en sus padres cuando se enteraran de este desastre.

No hay nadie conocido. –habló Ino. No se giró a observar a la pelirosa y avanzó hacia al final del pasillo. –Ven. –la llamó.

Sakura obedeció y caminó en dirección a la última puerta del pasillo en donde se encontraba la Ino.

Es el sótano… ¿habrá alguien en este lugar? –inquirió Sakura al abrir la puerta, no muy convencida. Ino la hizo a un lado para ser ella quien bajara las escaleras.

Ino bajó afirmándose con fuerza en la barandilla. Como estaba muy oscuro, tanteó la pared en busca del interruptor y en un segundo la luz se filtró por el lugar.

El lugar estaba lleno de cachivaches y bolsas de basuras, pero aparentemente no había nadie en ese lugar, así que sin más la rubia apagó las luces y volvió a subir las escaleras.

Ambas chicas siguieron buscando en la sala de estar en donde había estado durmiendo la pelirosa. Ino observó con aprensión el estado catastrófico del lugar; su tío la mataría si no lo hacían sus padres primero.

Sakura no sabía cómo era posible que no se hubiera dado cuenta de la cantidad de gente que había en la estancia. El haber despertado con las peores condiciones y con unas enormes ganas de encerrarse en el baño, era entendible que no hubiera reparado nada más a su alrededor.

Los vasos regados por todos lados, cenizas de cigarros, liquido embarrado por el suelo, globos reventados y hasta serpentinas, no era algo que las sorprendían. Ya que desde antes, cuando hacían fiestas en alguna casa de sus amigos, solían amanecer con todo el lugar desordenado, pero no era nada que una buena limpieza solucione.

Sin embargo, aquello era totalmente diferente y no solo por las personas que allí yacían.

Eran los muebles.

Habían rayado, golpeado y hasta destruido algunas partes de la mesa de centro. Lo que era antes un elegante mini bar, lleno de vasos y todo tipo de licor: no estaban, literalmente no había ni un solo vaso o alcohol en ese espacio. El gran mueble que contenía una gran pantalla plana, el estéreo y los antiguos adornos, habían sido sacados y remplazados por una improvisada mesa de plástico, en donde colocaron encima soportes, transportadores de audio y un montón de aparatos electrónicos, utilizados por DJ.

Las blancas paredes habían sido rayadas con grafitis con extraños nombres y tipografía. Las cortinas sucias, bañadas en licor y algo rancio de lo que parecía ser vómito. Había ropa por todos lados, colgados en lámparas, tiradas en el suelo o en muebles; en donde sea.

Y así podía seguir con una larga lista.

Sin embargo, los pensamientos de la pelirosa fueron interrumpidos por un inquietante y particular hallazgo.

Una persona se encontraba durmiendo debajo del sillón y, a pesar de que no podía verlo realmente, sabía por la forma de sus zapatillas que era un hombre.

La pelirosa se agachó para ver de quién se trataba.

¡Es Sai! –chilla la pelirosa.

¡¿Qué?! –en un santiamén, Ino ya se encontraba agachada a un lado de Sakura para confirmar que realmente fuera su novio durmiendo en esas condiciones debajo del sillón. – ¡Es cierto! –afirmó sin dudas. Efectivamente, era Sai durmiendo con la boca tapada con algo, pero por la incómoda posición era difícil saber que era.

¡Sai! Despierta, hombre –llama Sakura, moviendo su brazo debajo del sillón. Sin embargo, Sai no despertaba, estaba profundamente dormido.

Ayúdame a sacarlo de ahí –dice Ino, tomando uno de los pies de su novio y tirándolo hacia afuera. Sakura hizo lo mismo con uno de los brazos. Ambas chicas tiraron de él lo más fuerte que pudieron hasta sacar medio cuerpo afuera, lo suficiente para ver qué es lo que llevaba en la boca.

Ino se apresuró de sacar de sus labios de lo que parecía ser un pequeño vaso, de esos que se usan para beber shots de tequila, y comenzó a darle palmaditas en las mejillas.

Vamos cariño, ¡despierta! –pero nada, Sai parecía no reaccionar.

Sakura se levantó del suelo y trotó hacia el baño del pasillo. Al llegar se apresuró en buscar en el armario que se encontraba debajo del lavamanos algo que le hiciera útil, hasta que encontró un jarro de plástico de tamaño mediano. Abrió el grifo y comenzó a llenarlo de agua.

Y de repente la cortina de baño se abrió.

¡AAH! –chilla la pelirosa del susto.

Ante tal acción la persona que estaba adentro chocó con los útiles de aseo, provocando un estrepitoso ruido que se escuchó por toda la cabaña.

Sakura se llevó una mano al corazón al sentir que se saldría en cualquier momento, pero de inmediato cerró el grifo del lavamanos y se acercó a la tina.

¿Shikamaru? –pregunta extrañada al ver a su amigo acostado en la tina del baño.

¿Sakura? –pregunta de la misma manera el recién nombrado, mirándola con el ceño fruncido. – ¿Qué haces aquí? –pregunta consternado.

¿Cómo que hago aquí? ¿Qué haces tú aquí? –pregunta igual o más consternada. No hace mucho ella estaba ahí vomitando en el inodoro, sin saber que al lado podría haber alguien durmiendo.

Otra cara conocida salió justo al lado de Shikamaru.

¿Temari? –pregunta doblemente extrañada Sakura al ver a la rubia de coletas.

¿Sakura? –pregunta a su vez la chica con la cara contrariada, como si le doliera algo. – ¿Qué haces aquí? –cuestiona al igual que el pelinegro.

¿Cómo que hago aquí? ¿Qué haces tú aquí? –pregunta. Pero en un segundo se da cuenta que estaba en una emergencia, así que optó por cerrar la boca y no pensar en lo que ambos podrían haber estado haciendo ahí en la tina.

Volvió abrir el grifo hasta llenar el jarro de plástico, bajo la atenta mirada de ambos chicos. Sin decir nada más, Sakura salió del baño en dirección a la sala. Ino al verla con el jarro lleno de agua se levantó de inmediato para no mojarse, ya que la pelirosa se lo hecho sin contemplaciones en la cara del pelinegro.

Sai se despertó enseguida.

¡No! ¡No! ¡No! –grita asustado el pelinegro, golpeándose accidentalmente su cabeza contra el sillón. – ¡Auch! –chilla de dolor. Ino se acercó a socorrerlo.

¡Sai! Cariño, ¿estás bien? –pregunta preocupada la rubia, acariciando los cabellos del pelinegro.

Ugh… ¿Ino? –inquiere el muchacho medio perdido.

Vamos, te ayudo a levantarte. –Ino procedió a ayudarlo, afirmándolo por un brazo. Sakura también se dispuso a ayudar, tironeándolo por el otro brazo, dejado caer el jarro de plástico al suelo.

Agh… mi cabeza. –exclama adolorido.

Es mejor que te sientes. –dice Ino, dirigiéndolo al sillón para que reposara.

Ya encontré a Shikamaru y a Temari. –avisa la pelirosa a su amiga. –Los encontré en el baño. –

Ino frunce el ceño ante eso, observándola con suspicacia. – ¿Qué estaban haciendo? –

No sé, y ni quiero saberlo. –dice con una mueca. – ¿Te quedarás con Sai? –cambia de tema.

Sí. Tú sigue buscando a los demás. –le indicó la rubia, poniendo atención en su novio, quien se agarraba la cabeza adolorido.

Sakura solo asiente a lo dicho, y se dirige de nueva cuenta al baño.

Esta vez al llegar, vio que Shikamaru se encontraba afuera de la tina y que en ese momento estaba ayudando a Temari a levantarse y salir entre las cortinas.

Chicos, tenemos un grave problema. –plantó directamente la pelirosa. Ambos chicos la miraron extrañados, hasta que la chica procedió a explicarles lo sucedido. Sin embargo, tanto Shikamaru como Temari se miraron de manera extraña antes de posarlas en la pelirosa.

Lo sabemos. –admitió Temari, saliendo por fin de la tina.

Pero no sabemos cómo fue que llegaron toda a esa gente en la cabaña. –manifiesta esta vez Shikamaru.

¿Cómo es eso? –inquiere en confusión Sakura, observando a ambos intercaladamente.

Bueno, ayer bebimos demasiado y estábamos… ocupados, por lo que no le prestamos atención a los demás. –explica Shikamaru sobándose la nuca, incómodo.

De acuerdo… –asiente Sakura con lentitud, ya haciéndose una idea mental de lo que pudieron haber estado tan ocupados. Pero por el momento debía de concentrarse en buscar a los demás. –Miren, debemos buscar a los chicos y reunirlos en la sala. Por el momento son solo Ino y Sai… aún falta Hinata… –menciona esto último en un murmullo, más para sí que para ellos. ¿Dónde podría estar su pequeña amiga?

Sí, tienes razón. Vamos. –Dice Temari.

Los tres salieron del baño y comenzaron a buscar en los espacios que faltan en el primer rellano; la cocina.

Al entrar, se encontraron con que un chico había alineado las sillas para acostarse en ellas, llevaba marcas de labial por todo su rostro y la cremallera de sus pantalones se encontraba abierto, revelando una parte de sus calzoncillos.

Dios… Kiba. –dice en un murmullo desaprobatorio la pelirosa, al ver el estado del castaño. Se acercó a él y le dio unas palmadas en su rostro hasta que el chico abrió lentamente uno de sus ojos. –En la sala. Ahora. –ordena.

Chicos. –llama la rubia de coletas. Tanto Shikamaru como Sakura la observaron curiosos. –deberían ver esto. –dijo antes de desaparecer por la puerta de la cocina.

Ambos se apresuraron en seguirla hasta la entrada de la cabaña. Sakura y Shikamaru se acercaron a la ventana que estaba junto a la puerta para ver hacia el exterior.

Mierda… –dice el pelinegro y Sakura no podía estar más de acuerdo.

En la calle llena de nieve, estaba repleto de autos de todo tipo; desde autos pequeños hasta camionetas y furgones grandes. Todos estacionados afuera de la cabaña, y no solo eso, también estaba repleto de vasos, globos reventados esparcidos entre la nieve.

Hay que sacar a toda esa gente de aquí. –estableció convencida Sakura. Una vez que se reunieran todos, sacarían a patadas si era necesario, a toda esta gente del lugar.

Hey… –Saludó Kiba con la voz rasposa y medio dormido. – ¿Qué pasó? –preguntó dando un gran bostezo, sentándose en las escaleras, pero se levantó de inmediato al ver que caía vómito entre los escalones; culpa de Ino.

No sabemos, es mejor que vayas a la sala. –menciona Temari, dándole un par de palmaditas en su hombro.

Sí, sí…–dice a penas, volviendo a bostezar, y a pasos perezosos se dirigió a la sala.

Vamos al segundo piso. –ordena la pelirosa.

Los tres subieron las escaleras, esquivando el vómito de Ino, hasta llegar al final del rellano.

Creo que sería buena idea que nos separáramos. –opina Shikamaru.

Ambas chicas se miran entre sí por un momento, decidiendo que esa sería una buena idea, considerando la cantidad de habitaciones que hay en ese lugar. Al final Sakura asiente, dándole la razón al chico, y dividiendo los lugares donde buscarían a sus amigos.

Bien. Yo comenzaré a mirar por este lado –dice la pelirosa, apuntando al pasillo de su lado derecho. –Ustedes busquen en el pasillo izquierdo y de al frente. – Tanto Temari como Shikamaru salieron de inmediato, separándose en el proceso.

Sakura se dio la vuelta y comenzó a recorrer el lugar que, al igual que el pasillo del primer piso, estaba lleno de personas durmiendo en el suelo; ya sean acostados, sentados o en poses muy raras. Sin embargo, reconoció a uno de ellos por sus particulares gafas negras.

Shino, santo cielo… –se acercó a él para mover su hombro con fuerza. –Vamos, Shino ¡Despierta! –exclama. Pero, recostado en el suelo, Shino estaba tan quieto como una estatua.

Ya estando harta de toda esta situación, la pelirosa intentó despertarlo dándole una bofetada, no tan fuerte, pero lo suficiente para que el castaño le doliera y empezara a quejarse.

Hum… –se quejó el muchacho, sentándose en el suelo con lentitud. –Hola… –saludó a penas, reconociendo a la pelirosa.

¿Estás bien? ¿Puedes levantarte? –preguntó tomándolo del brazo.

No me siento bien…–murmuró Shino, siendo levantado por la chica, quien lo observó con el ceño fruncido en preocupación.

Deberías ir al baño si quieres vomitar. –adivinó la pelirosa. El castaño asiente apenas, y con pasos tambaleantes caminó hacia el baño más cercano.

Sakura se apresuró a equilibrarlo por la espalda y abrirle la puerta del baño. No obstante, el baño ya estaba siendo ocupado por unas personas durmiendo en la tina, el suelo e, incluso, había un tipo sentado en el inodoro.

Se apresuró en cerrar la puerta para no seguir viendo al tipo del inodoro, ya que llevaba los pantalones abajo.

Creo… que es mejor que vayas al baño de abajo. –habló la pelirosa, para romper el incómodo silencio que se había formado.

Creo que sí…–acordó el chico. Volvió a caminar con la pelirosa a su lado hasta las escaleras. –Gracias por la ayuda, pero puedo bajar solo. –dice para no seguir preocupando más a la muchacha.

Está bien. –dice no muy convencida, pero al final acepta. –Voy a buscar a los muchachos ¿está bien? Ino, Sai y kiba están en la sala. –le informa antes de dejarlo ir.

Shino bajó las escaleras afirmándose con fuerza en la barandilla, bajo la atenta mirada de la pelirosa.

Cuando perdió de vista al castaño, la chica prosiguió a seguir buscando entre la multitud de personas durmiendo en el suelo, pero no volvió a encontrar a nadie conocido en el pasillo, por lo que decidió a entrar a la primera puerta que vio.

Adentro se encontró con dos cosas:

Primero, había restos de vidrio de lo que parecía ser de alguna botella de licor, y el líquido estaba desparramado por todo el suelo, justo al lado del ropero. También, había unas pocas personas durmiendo en el suelo de la habitación; un par de chicas dormían apoyadas en la pared cerca de la puerta de entrada.

Y Segundo, dos chicos dormían acurrucados en la cama.

Rock Lee se encontraba casi encima de Sabaku No Gaara.

El muchacho pelirrojo estaba profundamente dormido boca arriba y los brazos extendidos, la ropa mal acomodada y le faltaba un zapato. Sin embargo, su cejudo amigo era otra cosa…

Lee estaba abrazando a Gaara; con un brazo encima de su pecho y el otro en su costado. Pero eso no era todo, una de sus piernas rodeaba las caderas del chico de forma muy íntima, demasiado como para no sospechar que ahí sucedió algo.

La pelirosa salió de su estupefacción pestañando varias veces.

No sabía si reír, callar, despertarlos o llamar a Temari para que vea el estado de su hermano menor.

No obstante, el pelirrojo empezó a removerse con incomodidad impregnada en sus facciones. Creyó que se iba a despertar, pero en vez de eso, Gaara se dio la vuelta pasando un brazo por el cuello de Lee, abrazándolo.

Apretó sus labios lo más fuerte que pudo para no soltar una risa nerviosa, y es que en serio, es lo más bizarro que había visto hasta ahora.

Llevó una mano a su boca para ahogar cualquier sonido y avanzó con cuidado en la habitación hasta pararse frente a la cama.

Ahora, la cuestión es: ¿cómo iba a despertar a esos dos? Porque de seguro no reaccionarían nada bien al verse en esas circunstancias. Aunque tampoco sería una buena idea dejarlos durmiendo, ya que cualquiera podría verlos y la situación se tornaría aún más embarazosa.

Al final, optó por despertar al pelirrojo, ya que él siendo más silencioso y precavido, no reaccionaría tan mal al verse abrazado con el muchacho cejudo.

Oye… despierta– habló en voz baja, por temor a despertar a los demás. –Vamos, despierta Gaara. –esta vez habló un poco más fuerte, al ver que el pelirrojo no reaccionaba. –Gaara… ¡Gaara! –chilló en su oído, pellizcándole un brazo.

Gaara dio un respingo y poco a poco fue abriendo los ojos con pesar.

Pero qué demonios…–una voz sorprendida se escuchó en la puerta de entrada.

Sakura giró rápidamente al ver a Temari parada con la boca abierta de la impresión. Y, al igual que la pelirosa, Temari ahogó una risa con sus manos, pero en ella fue más evidente su inmensas ganas de reírse, ya que soltaba pequeños sonidos de su risa mal disimulada.

Gaara abrió por completo sus ojos.

Observó a su alrededor en confusión, como si no supiera en donde estaba. Su mirada chocó con la pelirosa quien sonreía como si alguien le hubiera contado un chiste. Más atrás estaba su hermana destornillándose de la risa, pero sofocándola con su manos sin éxito alguno, gracias a los sonidos que se le escapaban de vez en cuando.

Sintió algo tibio y pesado removiéndose encima de él. Cuando giró sus ojos verdes para ver, se dio cuenta del chiste que tanta gracia le hacía ambas chicas.

Los ojos de Lee se abrieron adormilados, pero no fue hasta que vio a Gaara que su expresión cambió.

¡AAAH! –gritaron ambos chicos.

Gaara estampó su mano en la cara del cejudo para empujarlo, y éste correspondió dándole una patada en la pierna.

¡Qué mierda estabas haciendo! –exclama enojado el pelirrojo con la mirada contrariada en el chico.

¡¿Yo?! ¡Qué estabas haciendo tú! –exclama de la misma manera Lee, sobándose la cara adolorida.

¡Tú estabas encima mío, idiota! –le recrimina levantándose de la cama de un salto, pero se tambalea un poco al sentir un intenso dolor de cabeza. Masajeó sus sienes en un intento de disminuir el dolor.

¡Pero tú me abrazabas! –siguió exclamando, ofuscado Lee. Se sentó en la cama con pesar, él al igual que el pelirrojo, le dolía a horrores su cabeza.

Pff… ¡Jajajajajaja! –no pudiendo aguantar más, Temari estalló en risas.

Gaara y Lee, observaron la escena con las mejillas enrojecidas por el tremendo bochorno que estaban pasando.

¡Es que tú- jajajaja! –se reía la rubia de coletas apuntando a un avergonzado Gaara. – ¡E-Estabas tan cómodo jajajaja! –volvió a estallar en risas, dándole golpes a la cama.

E-Espera a que Kankuro sepa esto ¡jajaja! –siguió hablando entre risas, limpiando unas lagrimillas que se le escapaban de sus ojos.

Basta. –ordena enojado el pelirrojo.

Su hermana mayor, poco a poco fue recuperando el aire, hasta que paró de reírse. Sin embargo, aún mantenía esa sonrisita picarona que no hacía más que enojar aún más al pelirrojo.

El único quien estaba extrañamente callado era Lee, que, con la cara roja de la vergüenza y de los constantes martilleos en su cabeza, no había dicho nada después de gritarse con Gaara.

¿Qué pasó? –preguntó el cejudo, dándose cuenta en donde estaba y de las chicas que estaban durmiendo contra la pared.

No sabemos. –dice Sakura retomando la palabra. No dijo nada respecto a los muchachos, aunque de verdad quería reírse (más de los nervios que otra cosa). –Es mejor que bajen. En la sala están los demás. –suspiró cansada, no quería contar la historia a cada momento, por lo que esperaría a que todos estuvieran reunidos para explicarles la situación.

Ambos chicos se miraron extrañados, no sabiendo realmente qué sucedía. Pero por el momento, debían obedecer para saber de lo ocurrido en la noche pasada y de las personas desconocidas que están en la habitación.

¿No deberíamos despertarlas? Deben estar incomodas ahí –cuestiona Lee, observando a las chicas de la pared.

Creo que sí…–habla la pelirosa, no muy convencida, pero Lee tenía razón. No era sano estar en esa posición, les dolerá la espalda más tarde.

Sakura. –la llama Temari. –Shikamaru encontró a Choji y a Tenten en una de las habitaciones. Yo todavía no he visto a nadie, salvo a ellos. –informa la rubia, apuntando a ambos chicos.

Ya veo. Debemos seguir buscando, entonces. –comenta la pelirosa, caminando hacia la puerta. Antes de salir junto a Temari, se dio la vuelta para ver a los chicos, quienes estaban levantando en brazos a las chicas y recostándolas en la cama. –Nos vemos luego. –dice sin esperar respuesta y sale de la habitación.

Temari se acercó a una de las habitaciones y trató de abrir la puerta, sin éxito.

Esta puerta está cerrada. –dice con el ceño fruncido. La pelirosa se acercó para comprobar que, efectivamente, la puerta estaba cerrada con llave.

Es cierto, pero está cerrada por fuera. –dice consternada, mirando a la rubia. –una persona encerró a alguien aquí. –revela, frunciendo el ceño.

¡Hola! –llama la pelirosa golpeando la puerta, pero nadie respondió.

¿Ino tendrá una llave de repuesto? –pregunta Temari.

No lo sé. –responde pensativa, analizando la situación.

Un lugar tan grande y con tantas habitaciones como en esa cabaña, debería tener llaves de repuesto a mano o en alguna parte cercana, si es que llegara a necesitarse para una emergencia, como en ese momento.

Observó a su alrededor, no sabiendo bien que buscaba en realidad, hasta que se topó con un pequeño mueble con un florero de adorno contra la pared, casi al final del pasillo.

Se acercó a él y comenzó a rebuscar entre los cajones; papeles, cartas de correspondencia y varios otros objetos que yacían dentro, y entre esos se encontró con un manojo de llaves.

Apostaría lo que fuera, a que una de ellas abría las puertas de las habitaciones.

Se acercó a Temari mostrándole el manojo de llaves que había encontrado y, sin más, intentó abrir la puerta con cualquiera de ellas.

¡Bingo! –felicita la rubia al ver que Sakura, después de varios intentos, pudo conseguir destrabar la cerradura y abrir la puerta.

En la habitación no había nadie regado por el suelo o en los muebles, salvo a una chica dormida entre las sábanas de la cama. A pesar de que estaba tapada hasta la cabeza, se sabía que era una chica, puesto que había dejado sus tacones a los pies de la cama y, aparentemente, se encontraba ella sola en la habitación.

Sakura recorrió la estancia para verificar que no hubiera más personas, mientras que Temari se acercó a la cama con curiosidad para ver si era alguien conocido.

Sakura. –llamó la rubia. La recién nombrada se acercó a ella para ver que sucedía. –Es Hinata. –revela, sacando las sábanas de la cabeza de la muchacha, evidenciado la oscura cabellera de su pequeña amiga.

¡Hinata! Con que aquí estabas. –dice con alivio la pelirosa, sacando por completo las mantas y comprobando que aún estaba con el vestido que había usado ayer.

Hinata dormía profundamente acurrucada entre las almohadas, llevaba el vestido desarreglado por haberlo llevado puesto al dormir, pero más allá de eso lucía sana y salva en donde estaba.

La pelirosa meneó a la muchacha con suavidad.

Vamos, Hinata ¡Despierta dormilona! –la pequeña chica gimoteó enterrando su rostro en la almohada, sin ganas de levantarse.

¡Ya! ¡Despierta! –exclama Temari, aplaudiendo muy cerca de los oídos de la pelinegra, provocando que la chica se sobresaltara y se removiera en el colchón.

Poco a poco comenzó abrir sus ojos perlas hasta posarlos en ambas chicas.

¿Ya despertaste, bella durmiente? –cuestiona la rubia cruzándose de brazos.

No seas tan pesada, Temari. –alegó la pelirosa con las cejas fruncidas.

Hola…–la voz rasposa de la ojiperla interrumpió la charla entre las dos chicas.

¿Te encuentras bien? –le preguntó Sakura, asegurándose del estado de su amiga. Después de todo, la celebración era para ella y no quería que se sintiera mal cuando se enterara del caos que esto produjo.

Hum sí…–dice apenas, sentándose en la cama con cuidado. Ella al igual que todos, amaneció con un enorme dolor de cabeza que no hacía más que marearla. – ¿Qué… sucedió? –inquirió, al no poder procesar nada de la noche anterior.

Ah… eso te lo explico después, por ahora no te espantes y baja a la sala con cuidado ¿sí? –le indicó la pelirosa.

Hinata se levantó de la cama con los pies descalzos y se asomó a la puerta, viendo la cantidad de personas desconocidas durmiendo por todas partes.

Se dio la vuelta de inmediato hacia las chicas con una cara de susto, que hasta la propia Temari le dio pena revelarle el tremendo fiestón que se convirtió en esa simple junta de amigos.

Antes de que la ojiperla dijera cualquier cosa, Sakura se acercó de un salto a su lado. La tomó por los hombros y procedió a explicarle lo más delicadamente posible.

¡¿Q-qué?! –exclama con voz aguda la muchacha, una vez que la pelirosa le hubiera relatado la situación. Abrió su boca de la impresión todavía procesando lo dicho por su amiga, ahora que lo pensaba… no podía recordar nada, era como si tuviera neblina en vez de recuerdos de anoche.

Es mejor que le hagas caso a Sakura –interviene Temari con los brazos cruzados. –Mientras más rápido encontremos a los demás, más rápido podemos pensar en cómo solucionar esto. –declaró. Era más que evidente el fastidio de la rubia, ella al igual que todos, estaba con resaca de la tremenda borrachera que se montaron anoche, por lo cual era entendible su estado de ánimo.

Sakura tomó las manos de la ojiblanca.

Temari tiene razón, en la sala encontrarás a Ino ¿está bien? –le habló con cuidado, como si le hablar a una niña pequeña.

Si Hinata iba a decir un comentario respecto a eso, no lo dijo. Se limitó a asentir a lo dicho y darse la vuelta para salir de la habitación hacia las escaleras.

Una vez que se fue, Sakura se dio la vuelta con la cara enojada en dirección a la rubia.

No tenías por qué ser tan pesada. –le recrimina colocando sus manos en su cadera.

Estoy sucia, me duele la cabeza y tengo un hambre atroz. Disculpa si fui una pesada. –dice con sarcasmo.

La pelirosa rodó los ojos, pero no quiso empezar una discusión la rubia. Estaba igual de cansada y lo único que quería en ese momento es dormir y no despertar hasta el otro día.

Olvídalo. –cedió dándose la vuelta en dirección a la puerta.

Al salir se dispuso a entrar en las demás habitaciones que quedaban.

En una había un montón de chicos amontonados en la cama durmiendo con incomodidad, pero no encontró alguna cara conocida entre ellas, por lo que salió de ahí cuanto antes.

Siguió avanzando junto con Temari en las habitaciones siguientes, en donde al fin pudieron encontrar otra cara conocida.

Ambas chicas entraron a la habitación. Había una pareja durmiendo en la cama, como estaban tapados no se sabía si estaban desnudos o algo así, y sinceramente ninguna quería saberlo. Otro chico dormía en el suelo en modo fetal, abrazándose a sí mismo.

Sakura lo reconoció enseguida.

Naruto. –dijo la pelirosa. Se acuclilló frente a su blondo amigo y procedió a mover uno de sus brazos. –Naruto, despierta. –lo llamó.

Naruto se removió incómodo en el suelo y despacio fue abriendo sus ojos.

¿Sakura? –habló con la voz ronca y pastosa.

Ya, levántate. Es muy tarde, ya todos están abajo. –ordenó.

La pelirosa dejó que el blondo se levantara solo y cuando lo hizo, lo ayudó a salir de la habitación pescándolo del brazo.

Espera. Espera. –paró Naruto con el ceño fruncido. Tenía el cabello revuelto y los ojos aun dormidos. –Más despacio… –pidió, recargándose encima de la pelirosa, quien lo empujo con suavidad para que volviera a pararse.

Lo siento, pero debes bajar a la sala ahora. –se disculpó.

Hmm…–gruño Naruto. Comenzó a arrastrar sus pies en dirección a las escaleras, guiado por la pelirosa que aún lo mantenía agarrado de su brazo.

Baja con cuidado, no te vayas a caer. –previno la chica, dejando ir al blondo.

Sakura. –la voz de Temari se escuchó por detrás.

Cuando se dio la vuelta, la muchacha de coletas llevaba consigo a su hermano, y no era el pelirrojo.

Encontraste a Kankuro. –dice la pelirosa al ver al castaño. –y al parecer no está muy contento. –agrega, al ver la expresión de pocos amigos.

Se veía más bien pálido como si estuviera enfermo.

Acaba de vomitar. –aclaró la rubia, afirmando a su hermano por su costado.

¿En dónde estaba? –pregunta Sakura acercándose a ellos para ayudar.

En la última habitación. Ya no es necesario seguir buscando en este pasillo. –informa Temari.

Kankuro estaba siendo sostenido por ambas chicas, una en cada brazo, ayudándolo a bajar por las escaleras.

Cuando llegaron al primer rellano, se dieron cuenta que sus amigos estaban discutiendo en la sala.

¡No puedo creerlo! –exclama Ino con las cejas fruncidas. Estaba parada en medio de la sala frente a todos.

¡Fuiste tú quien quería montar una fiesta al rincón del mundo! –exclama de la misma manera Tenten con los brazos en jarras. Estaba sin zapatos y no llevaba sus característicos chonguitos, en cambio estaba con el cabello suelto cayéndole en ondas por su espalda. Era raro verla de esa manera, como siempre lo llevaba recogido no estaba acostumbrada que lo llevase suelto.

Chicas, ya basta. –intervino Naruto, parándose en medio de las chicas para evitar que siguieran discutiendo.

Todos los chicos se encontraban en la sala.

Hinata estaba sentada en el sillón a un lado de Sai que se encontraba recostado con los ojos cerrados, y al otro lado estaba Gaara, observando la pelea en silencio. Por su cara enojada le dio a entender que no estaba nada contento con toda esta situación.

Por otro lado estaban Shikamaru, Kiba y Rock Lee parados justo detrás de las chicas aguardando por si las cosas se pintaban feas entre ellas. Más bien era Rock Lee el preocupado, ya que Shikamaru tenía cara de estar más que mosqueado de tanto drama y Kiba pareciera que se insertaría en la pelea en cualquier momento.

Los únicos quienes estaban alejados de todos eran Shino y Choji. El primero se encontraba acostado contra la pared de al fondo como si se sintiera muy mal y el segundo lo acompañaba dándole palmaditas en la espalda.

Hey, chicos. –llamó la atención la pelirosa. Todos se dieron la vuelta para verlos, tanto a ellas como al descompuesto de Kankuro.

¿Qué le pasó? –inquirió Gaara parándose rápidamente del sillón y caminado hacia ellas.

Bebió demás, qué esperabas. –recriminó la rubia de coletas, bastante molesta. – ¿podrías llevarlo tú al baño? No quiero verlo vomitar. –dice con disgusto.

Gaara pasó uno de los brazos de su hermano por su cuello y lo llevó casi colgando hasta el baño más cercano.

¿Qué tanto discutían? –preguntó Sakura acercándose a las chicas.

Pues de la fiesta ¡que más! –dice con sarcasmo la castaña. Ino al escucharla, rueda los ojos al cielo exasperada de tanto lío.

¿Podrías dejar de preocuparte solo por ti un solo segundo? –cuestionó la rubia comenzando a hartarse de la chica.

¡Mira quién habla! –exclama Tenten. La rabia de ambas chicas era visible.

¡Paren de una vez! –intervino nuevamente Naruto, más enojado que antes. Se puso al medio de ambas chicas con el ceño fruncido y la mandíbula apretada, evidenciado su molestia ante la pelea que estaban formando. –Por si no se han dado cuenta, aún no hemos encontrado a Sasuke. Así que en vez de estar discutiendo, podríamos estar buscándolo ¿de acuerdo? –le reprochó a ambas chicas, que se callaron de inmediato ante el alegato de Naruto.

A Sakura se le paró el corazón por una milésima de segundo.

Lo había olvidado…

A lo mejor está en una de las habitaciones de arriba…– comenta Kiba, apoyándose en el respaldo del sillón.

No lo creo, acabamos de revisar. –dice Temari, uniéndose a la conversación.

Yo ya chequé el primer piso y no hay rastros del Teme. –afirma Naruto, más serio que de costumbre, estaba tomando una actitud muy poco vista en él.

Es posible que esté en otra parte de la casa. –expresó la pelirosa saliendo de su estupefacción. No se llevaba bien con el pelinegro, pero de ahí a olvidarlo completamente…

¡Tienes razón, dattebayo! –exclama Naruto en su dirección, recuperando una parte de su hiperactividad tan conocida. –Es posible si…

Fue interrumpido por un ruido justo detrás de él.

Un par de chicos que estaban durmiendo en el suelo comenzaron a despertarse por todo el alboroto que estaban cometiendo. Uno de ellos se sentó con la vista perdida en algún punto de la pared, quizás todavía estaba con los efectos de la borrachera de ayer, pero aun así hizo el intento de levantarse.

Oye chico, ¿estás bien? –preguntó Kiba acercándose al muchacho que parecía necesitar ayuda para mantenerse de pie.

Uhm…–murmura algo inentendible.

Kiba lo ayudó a sentarse en el sillón junto a Shikamaru, quien no hizo más que hacer una mueca al estar al lado de ese desconocido.

Hay que sacarlos de aquí. –sentencia Ino por enésima vez en el día.

Por primera vez estoy de acuerdo contigo. –la apoya inesperadamente Tenten, observando al chico con una mueca muy similar al del pelinegro.

Un ruido se escuchó por todo el lugar, proveniente de la puerta de entrada de la cabaña. Todos se apresuraron en correr hacia la entrada en donde alguien intentaba ingresar.

La sorpresa impregnó en la cara de todos, justo al frente de ellos, era nada más ni nada menos que Uchiha Sasuke entrando a la cabaña con una bolsa de plástico.

El pelinegro, al verse rodeado de las miradas de sus amigos, los observó de vuelta con una ceja alzada sin entender que es lo que estaba pasando.

¿Qué? –inquirió grosero, dejando cerrar la puerta con fuerza.

¿Dónde diablos estabas? –contraatacó Naruto acercándose a él.

Comida. –dijo con simpleza levantando la bolsa de plástico.

¿Y no se te ocurrió buscarnos primero? –se molestó el rubio. – ¡También tenemos hambre, sabes! –

Casi todos se caen de espalda ante las palabras del rubio.

Bueno, Naruto era Naruto.

Sasuke pasó olímpicamente de él, como si no lo hubiera escuchado y se fue de la estancia.

Tras esto, el blondo fue detrás de él despotricando a viva voz por su falta de consideración hasta perderse por la puerta de la cocina.

Por un segundo, Sakura hubiera jurado que el Uchiha volteó a verla antes de irse, pero debió ser un error…

Bueno… –la voz de Shikamaru interrumpió el silencio que se había formado en la entrada. –ya que estamos todos, deberíamos discutir lo que vamos hacer primero ¿no? –comentó rascándose la nuca con pereza.

Es cierto. –Habló la pelirosa tomando la palabra. –creo que deberíamos sacar a estas personas de la cabaña primero. –decide.

El grupo asintió a lo dicho.

Y también, averiguar cómo es que llegaron aquí anoche. –habló Sai.

Preguntémosles antes de sacarlos de aquí. –espetó Temari malhumorada, tronando sus dedos de forma maliciosa.

Bien, pues hagámoslo. –dice Ino.

Todos se dividieron en grupos pequeños por toda la cabaña. Comenzaron a despertar a las personas que aún seguían dormidas en los suelos, camas o en espacios raros como en escritorios, roperos u otros sitios. Preguntaron de donde habían salido o de dónde venían, si los conocían y cómo es que se habían enterado de la fiesta, pero al igual que ellos, parecieran que no recordaban mucho de anoche, solo que fue una fiesta espectacular y que esperaban algún día repetir la ocasión. Algo que a Ino no lo tomó muy bien a decir verdad.

Sin embargo, nadie sabe exactamente cómo es que se enteraron, algunos recuerdan haber llegado a la cabaña y ya había personas alrededor. Otros tienen vistazos de haber bebido mucho o, incluso, de ingerir algo más. Esto alertó a los chicos, ya que parecía que algunos fueron drogados, lo que explicaría el por qué no recuerdan nada, pero también cabe la posibilidad que sea simplemente por el exceso de alcohol.

Así que en definitiva, no pudieron averiguar algo que les ayudara a recordar lo de anoche o conseguir información relevante. Tal vez, algunos chicos se drogaron anoche, pero no podían asegurar nada, solo eran conjeturas, nada que pudiesen probar.

Una vez que sacaron a todos de la cabaña y solo quedaron ellos, se juntaron nuevamente en la sala: quedaba otro problema por resolver.

De acuerdo… –dice Ino, parándose en medio de los demás. –Tenemos que ver la forma de ordenar todo esto. –indicó algo inquieta por el enorme desastre que desató la parranda.

Pero antes, creo que deberíamos comer y bañarnos ¿no crees? –comenta la pelirosa, viendo su desaliñado aspecto en el reflejo de la televisión. Estaba sucia, algo maloliente y con el maquillaje corrido, sin contar que aun llevaba puesto sus largas botas negras, haciendo que sus pies palpitaran del dolor.

Por favor, necesito un baño con urgencia. –se queja Tenten. En ese momento se estaba amarrando su cabellera castaña en una coleta alta, luciendo aún más diferente que antes.

Si tienes razón. Nosotros también deberíamos bañarnos. –Habla Gaara por los chicos, que asintieron a lo dicho por el pelirrojo.

Bien, vamos chicas. –dirigió la rubia.

Mientras caminaban hacia las escaleras, Sakura volteó el rostro en busca de la ojiblanca, ya que no estaba entre las chicas. Pudo visualizar a su amigo rubio salir del pasillo y unos segundos después a Hinata.

"¿En qué momento ambos se habían separado del grupo?" –pensó en confusión la pelirosa.

Sin embargo, lo que más la inquieto fue la expresión retraída y hasta impresionada de Naruto, como si estuviera espantado por algo, pero en Hinata no era el caso. Ella lucía igual o más confundida que la propia pelirosa, pero más allá de eso parecía casi normal.

Decidió que indagaría después, de pura curiosidad, de lo que habían estado charlando. Por lo que corrió la mirada de ellos, pero al hacerlo se encontró de improvisto con los oscuros ojos de Sasuke, mirándola fijamente.

Dio un respingo del susto, sintió escalofríos subir por su columna de una forma que no le gustó, y a pesar de que lo descubrió observándola, él no corrió su mirada en ningún momento.

La mirada penetrante y fría del Uchiha le causó un extraño sentimiento desde su estómago hasta su pecho, que dio un vuelco tan fuerte que llegó a su garganta dejándola sin aire por unos segundos, antes de correr la mirada despavorida hacia delante.

Pensó, una vez que llegó al segundo rellano, que había pasado años desde la última vez en que Sasuke la había mirado de esa manera, así tan… furibunda. Como si estuviera enojado con ella o si quisiera reclamarle por algo, pero no entendía qué podría haberle hecho para que la viera de esa manera.

"Existir, tal vez" –se dijo con sarcasmo, rodando los ojos.

Ya en el segundo piso, todas se dirigieron a la habitación principal en donde habían guardado todas sus cosas. Era una suerte que Ino había encerrado esa habitación una vez que hubiera empezado la fiesta, sino también se encontraría llena de gente y, tal vez hasta podrían haber destruido cosas o peor, robado sus pertenencias.

A penas entraron a la habitación, Ino se abalanzó hacia la cama con derrota, desparramándose como peso muerto. La pelirosa se acercó y se sentó a la orilla de la cama de igual forma.

La primera en dirigirse al baño fue Tenten, encerrándose con llave.

Espero q-que no demore mucho…–comentó por vez primera la ojiblanca, sentándose a un lado de Sakura.

Que así sea, porque si no derribaré la puerta. –habló Temari con molestia. Se había sentado en la silla del escritorio con la vista fija en la puerta.

Creo q-que Temari tiene hambre. –susurra Hinata siendo escuchada solo por la pelirosa quien sonrió, dándole la razón.

Luego de unos minutos salió la castaña envuelta en una toalla y casi de inmediato, Temari entró dando un sonoro portazo.

Después de que todas se hubieran bañado y cambiado de ropa a una más cómoda, bajaron al primer piso en donde ya estaban los chicos esperándolas.

¡Al fin! –exclama Kiba, viéndolas bajar. –Choji fue a comprar comida, no debe tardar en llegar. –avisa.

Oh… creo que me voy a enamorar de él. –bromea Temari con una sonrisa.

Shikamaru dio un ligero respingo.

Debemos ver cómo debemos arreglar todo esto…–se quejó Ino, mirando a punto de lloriquear la pared rayada con grafiti.

Eso se puede solucionar. –dice Sai, acercándose a su novia con una media sonrisa. –Habría que comprar disolvente o espray cítrico para sacar los dibujos de la pared, aunque es posible que quede con algunas manchas. Pero lo bueno es que la pared es blanca, así que es más fácil de conseguir pintura y quedará como nueva. –explica el muchacho, dándole ánimos a la rubia.

Ino le devuelve la sonrisa, agradecida de tener un novio tan inteligente y encantador como lo era Sai.

¿Y los muebles? –inquiere Shikamaru, observando los restos de lo que antes era un gran mueble de adorno que sostenía la televisión y otros objetos, y la mesa de centro que se encontraba astillada, con rayones y manchas de suciedad. –Dudo mucho que podamos repararlos. –puntualiza el muchacho con los brazos cruzados.

Ni modo…–solloza la rubia hundiendo los hombros. –Mientras podamos limpiar y arreglar todo lo demás, está bien. –agrega con resignación. Sus padres y su tío la matarían, y es probable que nunca más la dejaran usar la cabaña u otra residencia para una fiesta.

De hecho, no pensaba en organizar una fiesta durante mucho, muchísimo tiempo.

La puerta de entrada se abrió y en unos segundos apareció Choji sosteniendo muchas bolsas repletas de comida.

Hola chicos ¡aquí está la comida! –exclamó con una sonrisa, dejando las bolsas en el suelo.

¡Ah! –el chillido entusiasmado de Temari fue escuchado por todos. La rubia se acercó al robusto muchacho con ojos brillantes. –Eres un encanto, muchas gracias. –dice dándole un pequeño beso en su mejilla, y sin más tomó algunas bolsas y se fue a la cocina canturreando.

Esto no le hizo ninguna gracia a cierto pelinegro.

Los demás siguieron a Temari comentando el hambre que tenían, mientras ayudaban a Choji con las bolsas.

Comieron con tranquilidad y se dieron el tiempo de descansar unos minutos antes de decidir por donde debían empezar a limpiar.

Creo que deberíamos dividirnos. –comenzó a hablar Tenten, tomando una papa frita entre sus dedos. –La mitad de nosotros limpia arriba y los demás aquí abajo. –aclaró moviendo la fritura en dirección a los chicos, recalcando su punto antes de llevárselo a la boca.

Sí, pero… Ino. –llamó Sakura a la rubia. – ¿Tienes útiles de aseo? –preguntó.

Ino se tomó unos segundos para responder, ya que todavía estaba comiendo.

Sí, están en el sótano. –afirma. Apartó su plato al ver que ya todos terminaron, y se levantó de la mesa. –Bien. Empecemos ya. –ordenó.

Sí…–dijeron algunos, levantándose igualmente de la mesa y comenzando a ordenar y botar las cosas que estaban encima.

Voy a buscar las cosas del sótano. –avisa Tenten, dejando sus restos de comida en el basurero, y se encaminó afuera de la estancia.

Mientras todos ordenaban la mesa y otros sacaban bolsas de basura, Sakura y Hinata lavaban los trastes sucios y hablaban acerca de lo que recordaban anoche.

¿Puedes r-recordar algo, Sakura-chan? –inquirió la ojiblanca a su amiga. Sakura lo meditó bastante, pero en realidad no podía rememorar nada de anoche. De repente aparecen algunas escenas en las que bebía y se reía, pero nada más.

No… –responde al fin. Guardó uno de los vasos limpios arriba de los estantes y de repente, un flash apareció en su mente: Una mano grande y varonil sostenía el vaso que intentaba alcanzar.

Se detuvo abruptamente.

¿Qué sucede? –preguntó Hinata con curiosidad al ver como la pelirosa se detenía.

Nada. –alcanza a decir en un murmullo. Parpadeó un par de veces antes de dejar el vaso en su lugar y volver a limpiar.

Sin embargo, Sakura se mantuvo callada todo el tiempo, pensando en lo que había visto. Fue como un Deja Vu, como si ya lo hubiera visto o vivido en alguna parte…

Pero entonces… ¿Por qué su corazón comenzó a latir con fuerza?

¡AAAH! –un grito se escuchó por todo el lugar y un segundo después, un estrépito de cosas cayéndose.

¡Es Tenten! –exclama Naruto preocupado.

Todos se apresuraron en dejar las cosas y corrieron en dirección al sótano, lugar donde la castaña había ido a buscar los utensilios de limpieza.

La primera en llegar fue Ino quien abrió la puerta apresurada, seguida de Sakura y Hinata, quienes bajaron las escaleras hasta llegar al sótano.

Lo primero que vieron fue a una muy asustada Tenten tapándose la boca con impresión en sus ojos y las cosas que había ido a buscar, estaban esparramadas por el suelo. Pero lo que más alertó a los chicos fue hacia donde miraba la castaña; lo que parecía ser un montículo de bolsas de basura y cachivaches.

¡¿Qué sucede?! –exclama asustada Ino, acercándose a Tenten.

¡Es Neji! –chilla Tenten, abalanzándose entre la basura.

¡¿Qué?! –gritó Rock Lee acercándose a las chicas.

Y efectivamente, entre las cosas que a simple vista parecía ser basura, era en realidad una persona: Un desaliñado, sucio y trastocado Neji.

¡Neji, Neji! ¡¿Estás bien?! –volvió a exclamar Tenten, moviendo al pobre Hyuga.

Poco a poco Neji fue abriendo los ojos desorientado.

Me… encontraron. Sabía que… me encontrarían. –alcanzó a decir antes de desmayarse.

La castaña viró su rostro hacia sus amigos con los ojos bien abiertos y descompuesta por el miedo.

N-Neji-niisan… –murmuró quedamente la ojiblanca. Sakura giró con la mandíbula abierta hacia su dirección. La muchacha estaba peor que Tenten; con las manos sobre su cabeza y la mirada impactada.

Hinata dijo en voz alta lo que todos sus amigos pensaron en ese momento.

Niisan… olvidamos a Neji-niisan…–

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Dos días.

Habían transcurrido dos días desde la conversación que había tenido con Hinata e Ino.

Esa mañana, la pelirosa se levantó temprano para acompañar a su madre al aeropuerto, ya que ese mismo día partía a Seúl.

Estaban frente a la cabina donde entraban los pasajeros para guardar sus maletas, por lo que de allí en adelante ya no podría acompañarla.

– ¿No esperarás a tu jefe? –pregunta la pelirosa mirando a su alrededor. Le parecía raro que no estuviera allí.

–Creo que lo esperaré adentro. –dice con la vista pegada dentro de su cartera, verificando que todo estaba bien.

–Ah…– Ahora que lo pensaba, nunca había visto al jefe de su madre, ni si quiera conocía el nombre de la empresa para la cual trabajaba. – ¿No me puedo quedar a verlo? –

– ¿Ver qué? ¿El avión? –cuestionó distraída, contando el dinero que llevaba en su billetera.

–No, a tu jefe. Quisiera conocerlo. –menciona la pelirosa.

– ¡NO! –exclama su madre de la nada con los ojos bien abiertos, como si hubiera dicho algo impensable.

Varias personas se les quedaron viendo extrañados ante el grito de aquella mujer, especialmente Sakura. Quien observaba a su madre entre sorprendida y asustada de su repentino cambio de humor, pero luego comenzó a pensar… ¿Qué es lo que le pasaba a su madre? ¿Por qué no quería que conociera a su jefe? ¿A caso… ocultaba algo?

Los ojos de la pelirosa de achinaron, evaluando sus sospechas.

–Ya veo… creo que lo entiendo. –declaró cruzándose de brazos.

– ¿En-En serio? –se preocupó la mujer, observando a su hija con sorpresa.

–Sí. –añade la pelirosa frunciendo el ceño. –Estás con él ¿cierto? –

– ¿Qué? –pregunta confundida su madre.

–No te hagas, ya lo sé. Mantienes una relación con tu jefe y no me lo querías decir ¿verdad? –confronta la muchacha con una mirada astuta.

Su madre tardó unos segundos en procesar lo dicho por la pelirosa, hasta que de pronto soltó un hondo suspiro, como si estuviera aliviada.

Un momento… ¿aliviada?

–Dios, no. ¿Cómo se te ocurre? –suspira su madre ya más calmada.

Esto no hizo más que confundir más a Sakura, quien frunció más aun el ceño ante el evidente alivio que su madre expresó.

–Para que lo sepas, él es un hombre casado y con dos hijos. –le informa. Volvió su vista hacia su cartera para terminar de chequear todo.

–Algo me ocultas. –no era una pregunta, era una afirmación.

Observó cómo su madre se mordía los labios de forma dubitativa y la mirada fija en sus ojos, pensando en sus próximas palabras. Pero finalmente bota un hondo suspiro de derrota hundiendo sus hombros en el proceso.

–Tienes razón, lo siento cariño. –se disculpa la mujer con ojos culpables.

Sakura relaja su expresión ante las palabras de su madre. No es que no le molestase que le ocultara cosas, pero no tenía derecho a recriminárselo. Ella también evitó decirle cosas u omitir ciertos hechos y a pesar de que le contó sobre Sasuke, tampoco fue sincera del todo.

Esto no hizo más que entristecerla.

¿En qué se había convertido su relación?

–Te prometo que después hablaremos de esto ¿de acuerdo? –promete su madre, acariciando su mejilla con suavidad.

–De acuerdo. –asiente a lo dicho. Aunque no entendía en realidad su punto ¿Qué es lo que tenía que explicarle?

Su madre envolvió sus hombros en un cálido abrazo, ella le corresponde de la misma manera pensando en lo sola que se sentiría en la casa sin su presencia.

–Volveré pronto. –asegura la mujer rompiendo el abrazo para observar sus ojos, igual de verdes que los suyos.

–Lo sé. –dice la pelirosa. –Te echaré de menos. –confiesa.

Su madre sonrió con ternura.

–Ya sabes dónde está el dinero. Si necesitas llamarme por cualquier emergencia no dudes en hacerlo, el número de hotel lo dejé pegado en el refrigerador para que no se te olvide. –informa con seriedad.

–Está bien. –Se limita a responder. No importa la edad que tenga, su madre siempre la verá como a una niña.

–Y Sakura… cuídate mucho ¿sí? –procura antes de separarse de ella.

–Estaré bien. –le sonríe confiada, observando como su madre tomaba sus maletas. – ¡Que te vaya bien en Seúl! –se despide viéndola alejarse por la puerta de embarcaciones.

Con una última sonrisa su madre se pierde entre la multitud de personas.

Sakura optó por quedarse un rato más hasta el despegue, mirando por el gran ventanal a las personas que ya estaban subiendo al avión, pero estando tan lejos era difícil visualizar a su madre. Con derrota se quedó a esperar, hasta que finalmente el avión comenzó a partir y perderse entre las nubes grises del cielo.

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Como todavía era temprano al llegar a casa, se dedicó a adelantarse en los estudios ya que los exámenes se veían realmente difíciles al ser de último año.

Encerrada en su habitación, se encontraba con la vista fija en concentración en sus apuntes de historia, hasta que su teléfono vibró dando a entender que recibió un mensaje.

Dio un hondo suspiro de aburrimiento antes de revisar su teléfono.

Era un mensaje de Hinata.

"Ino. Cita. Hoy. 3PM. Plaza Central."

Toda expresión de aburrimiento fue sacado de su rostro en un santiamén al ver el mensaje. Se apresuró en ver la hora en su teléfono: eran pasadas las 1:30. Tenía tiempo de arreglarse e ir al encuentro.

Se levantó de su escritorio en donde había estado estudiando y se apresuró a darse una ducha rápida y cambiarse.

Ya estando lista, tomó su bolso con sus cosas dentro y se fue de la casa rumbo al destino de la cita.

Como era una plaza bastante grande, no sabía muy bien en que parte estaban sus amigas, supuso que estarían cerca de una heladería o un puesto de comida.

– ¡Sakura-chan! –escuchó que la llamaban por detrás. Al darse la vuelta se encontró a su amiga ojiblanca corriendo en su dirección. –Viniste. –dice con una sonrisa una vez que llegó a su lado.

– ¿Esperabas que no lo hiciera? –bromeó.

–No importa. – Hinata sacude la cabeza, como si borrara algo de su mente. –Vamos donde Ino, todavía es temprano. –señala la muchacha, comenzando a caminar.

Sakura mira la hora en su teléfono, todavía faltaba casi media hora para que ese tal "Suigetsu" apareciera en escena, por lo que tenían tiempo de planear lo que iban a decir frente aquel tipo.

Caminaron hasta llegar al otro lado de la plaza casi al límite. Sakura frunció el ceño ante esto, ya que por esa zona no concurría muchas personas, de hecho no es muy seguro para alguien solo ir en ese sector de la plaza por el peligro de ser víctima de un asalto.

– ¿Por qué estamos aquí? –inquirió la pelirosa.

–Ino lo pidió. Tenía m-miedo que alguien f-fuera a verla con un desconocido. –explicó Hinata algo incómoda.

–Con alguien te refieres a Sai ¿no? –preguntó con suspicacia. Los hombros de Hinata se tensaron, ante aquello, Sakura entendió la situación.

– ¿Quieres decir que Sai no tiene idea? –preguntó consternada la pelirosa.

Hinata iba a responder a su pregunta, pero en ese momento habían llegado a un banco algo apartado de los demás en donde sentada, esperaba una impaciente Ino. Quien al verlas, se levantó de inmediato y caminó rápidamente hacia ellas.

Sakura no sabía que más le sorprendía: si la cara pálida y preocupada de la rubia o su vestimenta, para variar, llamativa.

Ino estaba vestida con una falda de cotele de color rojo oscuro, un top negro bastante sugerente y zapatos de tacón negros. Además, llevaba el cabello suelto dejándolo caer en suaves ondas en las puntas y llevaba maquillaje con un fuerte labial rojo mate.

Se veía muy bien a decir verdad… para una fiesta.

– ¿Qué haces vestida así? –recrimina la pelirosa a no más llegar la muchacha.

–Hola para ti también. –dice con la ironía impregnada en la voz. Sakura rueda los ojos ante su comentario, pero espera la respuesta de la rubia, que la mira con una ceja alzada como si fuera obvio.

–No vas a coquetear, vas a sacar información. –espetó ceñuda la pelirosa, colocando sus manos en sus caderas.

–Y para eso necesito que piense con el pene y no con la cabeza ¿entiendes? –objetó la rubia, dando un punto bien importante. Sakura apretó los labios ante eso, puede que Ino tenga razón; es una buena forma de distraerlo para obtener la verdad sobre la fiesta.

–Bien. –accede al fin. –Pero si ves que la situación se sale de control házmelo saber. –pide la pelirosa, con algo de preocupación oculta en su voz que no pasó desapercibida por Ino.

La rubia dio una pequeña sonrisa.

– ¿C-Cómo sabremos que necesitará ayuda? –cuestiona la ojiblanca.

Sakura reflexiona ante esa pregunta, no se le había ocurrido ese detalle.

–Eso no es problema. –dice Ino con un ademán de su mano, como si fuera pan comido. –Antes de que llegue mi "cita" te llamaré y esconderé mi teléfono en mi bolso, de esa manera ambas podrán escuchar toda la conversación y cuando diga algo como "código rojo" sabrán que el tipo se está pasando de listo. Fácil ¿no? –explica de forma audaz, sorprendiendo a las dos chicas que la miraban con la boca abierta.

Ino sonreía con autosuficiencia inflando su pecho con orgullo. Tantas películas y series de detectives tenían que servir de algo ¿no?

–Muy bien. –felicita Sakura. –Ya resuelto ese problema faltaría solo una cosa. –

– ¿Qué cosa? –pregunta Hinata, observando a la pelirosa confundida.

– ¿Cómo vamos a saber quién es Suigetsu? –inquirió cruzándose de brazos ante esa disyuntiva.

Ino cerró la boca. No consideró esa parte en el plan, y se supone que eso es lo más esencial en todo esto.

–Él te reconocerá…–habló la ojiblanca en un murmullo. Estaba con el entrecejo fruncido y la vista clavada en un punto fijo en la tierra, concentrada.

Tanto Ino como Sakura observaron a Hinata llevando un dedo a su mentón de forma pensativa.

–Él tiene fotos tuyas por lo que te reconocerá en seguida. –puntualizó volviendo a observar a ambas chicas.

– ¡Cierto! Muy lista, Hina-chan –comenta Ino feliz.

–Entonces solo tienes que esperar sentada en la banca hasta que él se acerque a ti. –establece la pelirosa.

–Bien…–Ino observa su reloj de muñeca. –faltan diez minutos para que él aparezca, va siendo hora de iniciar el plan. –dictamina y sin más se da media vuelta y vuelve a sentarse en la misma banca en el que estaba antes.

–Deberíamos escondernos detrás de esos arbustos. –indica la pelirosa hacia unos metros de distancia de Ino.

Hinata y Sakura se acomodan entre las plantas para no ser vistas con la los ojos puestos en la rubia. Unos segundos después, la pelirosa recibe una llamada telefónica de Ino, en la que se apresura en colocar en altavoz para poder escuchar ambas. Luego, observan como la rubia esconde su teléfono aun encendido en el bolso de mano y acomodarse en el asiento cruzando sus piernas de forma casual.

Tenía que reconocerlo, Ino sabía muy bien cómo interpretar su papel.

Y entonces apareció.

Un chico alto de cabello blanco y ojos violetas, se acercó a la rubia con aire coqueto y se presentó.

Sakura no sabía cómo, o tal vez sí, no lo recuerda… Pero algo le decía que lo conocía.

–Hola, preciosa. –saluda el muchacho con una sonrisa sentándose a un lado de Ino.

–Hola, Suigetsu ¿no? –saluda de vuelta la rubia tendiéndole la mano.

Suigetsu corresponde al saludo, pero en vez de estrecharle la mano le da un beso en el dorso.

–Qué caballero. –alaga Ino.

El tonito coqueto no pasó desapercibido para ambas chicas, quienes incómodas por el lugar en donde estaban escondidas, tenían que escuchar además los coqueteos de la rubia para con el chico quien no es su novio (cabe destacar).

–Tú eres Ino, la hermosa rubia de la fiesta. –no era una pregunta. Él tenía muy claro quién era ella y por la forma de decirlo fue tan…

–Sí, bueno… me gustaría decir que te reconozco, pero la verdad es que no. –dijo esto último en voz baja como si estuviera avergonzada, bajó levemente la mirada de forma inocente, algo contraproducente considerando como iba vestida. Pero ese contraste fue lo suficientemente cautivador para el peliblanco que no tardó en defenderla.

–No te preocupes, habías bebido mucho y es entendible. –la justificó. Suigetsu se lamió los labios de forma coqueta, pero no resultó tan sensual como hubiera querido.

Desde su posición, Sakura vislumbró una pequeña incomodidad en la rubia, pero se apresuró en remplazarla por una risita de esas bobas que encantó aún más muchacho, quien acortó levemente el espacio entre ellos.

Los ojos de Sakura se pusieron en alerta.

–Hablando de eso… –uno de los largos dedos de la rubia recorrieron el brazo del peliblanco. –Encuentro muy extraño que casi nadie recuerde la fiesta ¿sabes? –subió su dedo hasta llegar a su hombro, la respiración del muchacho comenzó a ser más pesada. –Claro, podría ser por todo ese alcohol o quizás… –recorrió sus omoplatos hasta llegar a su cuello, pero esta vez usó su palma completa para acariciar su nuca en una suave caricia. Ya para este punto, Suigetsu respiraba por la boca embrujado por las caricias de la joven rubia. – ¿algo más? –pregunta en un susurro con la vista fija en sus ojos.

–Tengo que reconocerlo, Ino es buena. –murmuró Sakura a la ojiblanca, quien no hizo más que asentir a lo dicho dándole la razón, sorprendida de las habilidades de seducción de la rubia.

–Tal vez sí. –murmura a su vez el chico, acercándose un poco más a Ino, casi rozando sus costados.

– ¿Sí qué? –cuestiona acercándose igualmente a él.

–Si hay algo más… –revela. Suigetsu sonrió de lado y sus ojos antes llenos de picardía, ahora mostraban algo más… lujurioso. Algo que no le agradó a Ino, pero se obligó a seguir con el teatro; debía averiguar que más hubo esa noche.

–Y eso es…–dejó la frase en el aire para que fuera él quien completara lo que tanto ansiaba saber.

Sin embargo…

Una de las manos de Suigetsu se posó descaradamente en su rodilla desnuda, acariciándola. Ino dio un respingo perturbándola un momento, y congeló toda caricia que le estaba haciendo al chico.

Comenzó a retroceder un poco para tomar algo de distancia y recuperar el control del asunto.

– ¿Sabes? Me sorprendió un poco que quisieras verme. –dijo. Cambiando drásticamente de tema, sacando un poco de lugar a la rubia que lo observó sin entender a lo que iba.

El agarre del peliblanco se hizo más fuerte, casi haciéndole daño a la chica. En cambio, Ino colocó su mano encima en la de él para evitar que siguiera acariciándola, esto claro, sin perder la sonrisa coqueta.

–S-Sakura-chan… algo no anda bien. –balbucea Hinata, espectadora del manoseo que estaba haciéndole el peliblanco a su amiga.

–Lo sé. Pero Ino no ha dado señales de intervención. –murmura preocupada, dudando si debería seguir esperando o confrontarlo de una vez.

De pronto, algo llamó la atención de Sakura.

Creyó que fue su imaginación, porque simplemente no podía tener tan mala suerte.

Justo en una esquina iba caminando un chico rubio, quien pensó (y deseó con todo su corazón que así fuera) que era una persona cualquiera, pero no fue así. Quizás fue por el color de cabello que lo relacionó con su mejor amigo, pero nunca se le ocurrió que realmente iba a ser él.

Naruto caminaba distraídamente con la vista fija en su teléfono: justo donde estaban Ino y Suigetsu muy apegados hablando y para rematar, acariciando la rodilla de la rubia.

"¡¿Es en serio?! ¡De todas las personas! ¡De todos los lugares! ¡¿Tenía que ser justamente el parlanchín de Naruto?!" –pensó con rabia y desesperación.

Giró bruscamente su cuello para ver a Hinata, quien no se había dado cuenta de la situación y que seguía observando a la pareja en la banca.

–Hinata –susurró desesperada, dejando el teléfono en el suelo.

La ojiblanca la observó sin comprender su expresión de pánico. No fue hasta que la pelirosa apuntó con su dedo cierta parte de la plaza en que entendió lo que estaba pasando.

La pobre muchacha abrió los ojos espantadas ante el grave problema que las iba a meter si Naruto los veía.

– ¡¿Q-Q-Qué hac-c-cemos?! –tartamudeó la ojiblanca poniéndose pálida.

Sakura la agarró de los hombros con firmeza tomando una decisión.

.

Mientras tanto en la banca…

Ino buscaba la manera de ser ella quien controlara el asunto, pero el tipo había dado un giro radical a su personalidad coqueta y resuelta que mostró en un principio; a una más lujuriosa y dominante.

Suigetsu se acercó más a ella invadiendo su espacio personal, pero al menos había cesado las caricias que tanto la incomodaba, sin embargo, su mano seguía posada en su rodilla con fuerza. Causando en ella más repulsión por ese tipo.

–No entiendo a qué te refieres. –habló Ino con fingida inocencia, siguiendo lo más que pudo con su actuación.

El peliblanco calló por un momento, analizándola.

Ino trató con toda su fuerza que sus emociones no se vean reflejada en sus ojos y que él siguiera pensando que le atraía.

–Dime ¿Aun tienes novio? –preguntó Suigetsu ensanchando su sonrisa ladeada.

– ¿Qué? –balbuceó quedamente soltando una pequeña carcajada, creyendo que le estaba tomando el pelo. ¿A caso él sabía de Sai?

Tragó saliva.

–Sabias de mis intenciones cuando me hablaste aquella vez. –afirmó el chico, observando el rostro de la muchacha con los ojos violetas oscurecidos. –Y aun así me seguiste el juego, ¿y para qué? –la sonrisa ladeada se borró de pronto de su rostro, mirándola más serio, causando en la pobre chica sintiera más terror por aquel peliblanco. –Para llegar y ver la sorpresa que fui usado. –hubo rencor en su voz, demasiado obvio para ignorarlo.

La mano del Suigetsu volvió a remeter con la rodilla de la rubia, pero esta vez no se quedó solo allí. Su mano subió por los muslos de Ino, quien al ver que no la soltaba comenzó a desesperarse y terminar con el juego de una vez.

Suigetsu, al ver que Ino intentaba levantarse, se subió encima de ella para arrinconarla en la banca. Acto seguido la rubia soltó un chillido asustado por lo que el peliblanco estaba a punto de hacerle.

– ¡Código rojo! ¡Código rojo! –gritó lo suficientemente alto para que el teléfono que seguía marcando a la pelirosa, fuera en su ayuda.

Forcejeó con más insistencia y desesperación contra aquel tipo, pero él era demasiado fuerte para ella. Sin embargo intentó no entrar en pánico, ya que confiaba en que la pelirosa saldría al rescate.

¿Cierto?

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– ¿Entendiste? –cuestionó la pelirosa al ver la cara pálida de la Hyuga.

Hinata tembló ante lo que le pedía su amiga. Sabía el problema que se formaría si Naruto sorprendiera a Ino con aquel peliblanco, pero aun así… lo que Sakura le pedía…

– ¡No hay tiempo! –exclamó asustada al ver como Naruto estaba a unos segundos en llegar. – ¡Debes ir! ¡YA! –

Con un último gritillo asustado, Hinata fue empujada por la pelirosa hacia afuera de su escondite, incitándola a hacer lo pedido.

Tragándose el miedo y la vergüenza, la ojiblanca observó como el rubio caminaba a paso despreocupado con una mano en el bolsillo y la otra sosteniendo su teléfono sin saber lo que pasaba a su alrededor, a tan solo un par de pasos de la escena que a toda costa querían evitar que viera.

No tenía tiempo.

Debía hacer algo, pero ya.

El corazón dio un vuelco cuando vio que bajada su teléfono para guardarlo. Así que simplemente dejó su mente en blanco y corrió lo más rápido que pudo.

De repente, como si la hubiera visto venir, el rubio levantó la mirada en su dirección, pero ya era tarde.

Hinata hizo algo muy valiente y muy estúpido.

En vez de detenerse siguió corriendo con más ganas, y con los ojos cerrados dio un salto a su dirección, empujándolo con brutalidad hacia los árboles y arbustos del otro lado de la calle.

Sakura se llevó las manos a la cabeza, queriendo arrancarse los cabellos.

Le había dicho a Hinata que los distrajera, no que se abalanzara hacia él.

Sin embargo, no pudo evitar soltar un suspiro más tranquilo, ya que por el momento no tendrían problemas con Naruto. Confiaba en que Hinata supiera que hacer y como librarse de la situación.

Ahora debía estar atenta a…

Sus pensamientos fueron cortados cuando giro su mirada a la escena que estaba sucediendo en la banca.

Sus ojos se ensancharon horrorizados al ver como Ino forcejaba con el tal Suigetsu y en como la mantenía prisionera.

Sin si quiera pensarlo, salió entre los arbustos y corrió más rápido que una flecha hasta llegar a la escena.

Entre el forcejeo y el miedo, Suigetsu la tomó de las muñecas con fuerza y las separó de su torso, dejándola desprotegida y, finalmente el pánico arraigó en su pecho.

Todo color en su rostro desapareció de pronto al verlo, prácticamente encima de ella, observándola con esos ojos traviesos de manera triunfante.

Ino tembló de pavor al ver sus ojos…

De un segundo a otro, el peliblanco se separó de ella con rapidez. Ino tuvo que pestañar varias veces para entender lo que ocurría.

Con la respiración agitada por el susto y la mirada horrorizada, así fue que la encontró Sakura a Ino. Al ver como ese degenerado tenía aprisionada a su amiga, la rabia la embargó como lava en su pecho, y con una fuerza descomunal lo había agarrado del cabello y lo lanzó hacia el suelo.

Se apresuró en auxiliar a su amiga que tenía la vista acuosa, a punto de llorar del pánico. La tomó de los brazos con delicadeza y le susurró palabras tranquilizadoras, poco a poco Ino se fue relajando. Con una mano borró un par de lagrimitas que no pudo evitar dejar salir.

– ¿Estás bien? –dijo con suavidad y preocupación, acariciando sus brazos y cabello.

Ino abrió la boca para responderle, pero por el rabillo del ojo observó como Suigetsu se levantaba y dándole un último vistazo corrió, escapando del lugar.

– ¡Está huyendo! –exclamó apuntando a su dirección.

Sakura giró y no perdió tiempo para salir detrás él.

Suigetsu al ser hombre tenía más ventaja que cualquier mujer respecto a complexo físico, no obstante…

El peliblanco sintió un fuerte tirón de su brazo, obligándolo a trastabillar a un lado y caer precipitosamente hacia el suelo. Asustado de que lo atraparan, dio un codazo hacia atrás en un intento de golpear a su agresor, pero este fue capturado en el aire y le dobló el brazo hacia su espalda con demasiada fuerza.

– ¡Au! –aulló de dolor.

Sintió un peso en su espalda, forzándolo a estar boca abajo tragando tierra, como si fuera un criminal. Por el peso y la fuerza, intuyó que fue un chico que lo interceptó con la rubia y salió en su rescate.

–De acuerdo, de acuerdo. Me atrapaste grandulón, no tienes que ser tan agresivo…–dijo sonriendo de lado, sin perder la calma.

–No soy un chico. –la voz femenina de la pelirosa desconcertó a Suigetsu.

Sakura tenía su pierna encima encima de su brazo doblado y espalda, ejerciendo presión para evitar que intentara levantarse.

A pesar de su incómoda posición, Suigetsu movió su cabeza lo más atrás que podía en un intento de ver al supuesto "héroe".

Desde arriba, Sakura pudo ver la confusión impregnada en su único ojo visible y en cómo cambió drásticamente al verla.

Claro, con toda la fuerza bruta que empleó y en cómo pensó que se trataba de un chico, no se inmutó por su expresión.

La sorpresa no cabía en la mirada del chico.

–Tú…–balbuceó consternado, al reconocerla.

Sakura frunció el ceño ante eso, era como si él…

–E-Eres la chica de Sasuke…–la cara de Suigetsu perdió todo rastro de humor, a pasar a un rostro empalidecido dominado por el pánico.

El rostro de Sakura se descompuso.

Él la conocía…

Y no como Haruno Sakura…

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.

.

Las luces de colores centellaban a su alrededor al ritmo de la música, como si bailasen entre ellas.

Y ella solo estaba ahí entre la multitud bailando al compás, como las luces y la música.

Sí, la veía.

El movimiento sensual de sus caderas bajo ese vestido de color vino, sus manos recorriendo su costado rozando levemente sus senos. Senos que no podía parar de ver, porque simplemente era imposible.

"Lo hace a propósito" se dijo para sus adentros. Observando como subía y bajaba el pecho con rapidez, siendo estrujado bajo ese pronunciado escote.

No importaba si estaba lejos o cerca, ella no podía verlo. Estaba tan relajada bailando con los ojos cerrados.

Cerrados en su propio mundo. Donde él quería ser participe.

"En su corazón hay un agujero, hay una marca negra en su alma.

En sus manos está mi corazón, y ella no se irá hasta que esté marcado…"

La música ensordecedora le hacía tamborilear los oídos, la cabeza y el pecho. Sin embargo, su mirada seguía posada en sus movimientos lentos y provocativos; bailaba para ella, pero no podía evitar pensar que de alguna forma…

"Trato de respirar pero no puedo, porque el aire con el que me alimenta está jodido.

Tiene un toque como una espina…

Porque la chica está escondiendo sus cuernos."

Sus manos que estaban en sus costados, comenzaron a subir por su escote, hasta llegar a su cuello y, luego sus dedos se perdieron en su nuca, enredándose en sus largos cabellos oscuros levantándolo por el calor y el sudor.

No pudo evitar jadear al verla suspirar de gozo al sentir un poco de aire en su cremoso y húmedo cuello, sin parar en ningún momento de bailar.

"Baila para ella…" intentaba convencerse. Era imposible que ella estuviera insinuándole… pero por otro lado…

"Ella tiene la sangre fría como hielo y un corazón hecho de piedra,

Pero ella me mantiene vivo.

Ella es la bestia en mis huesos…"

Siempre, desde que la conoció la veía como una muchacha tierna, pura e inocente, incapaz de hacerle mal a nadie. Pero debía reconocer… en el que había momentos en el que pensaba que no era tan delicada.

Dejó su vaso a medio beber encima de la barra del mini bar, enfocando toda su atención en ella… en su anatomía, sus movimientos y en esa máscara de niña buena que tanto le asentaba en ese cuerpo de diosa.

Se removió en su asiento, incómodo por el calor que se estaba formando en su entrepierna.

Ella provocaba eso en él. Ella sacaba ese lado tan lujurioso como mórbido cuando la veía bailar con su rostro de niña.

Ella lo moldeaba a su antojo, sin proponérselo. Ella llevaba su mente a lugares tan profundos y nunca antes vistos, haciéndole ver que tan oscuro e insano podía llegar a ser alguien como él.

"Ella obtiene todo lo que quiere cuando me tiene solo,

Como si nada…"

Los ojos de aquella muchacha se abrieron mostrando sus orbes perlas, fijos en una dirección, como si supiera que la estaba observando. Y en vez de sonrojarse y apenarse de haberla pillado bailando sola en la improvisada pista, como usualmente haría, le envió una mirada cargada de un sentimiento que él supo interpretar… porque él también lo sentía.

Ella lo estaba incitando…

"Ella tiene dos pequeños cuernos y me atraen un poco."

Se levantó de su asiento y caminó entre la multitud, sin despegar sus ojos en los de ella.

Sin embargo, ella seguía bailando como si no lo hubiera visto, envolviéndose nuevamente en su propio mundo.

Cuando finalmente llegó, la muchacha de orbes blancos le daba la espalda, moviendo las caderas en círculos y dejando caer todo su cabello en uno de sus hombros, mostrando su níveo cuello.

"Lo hace a propósito… en verdad lo hace a propósito" –repitió en su mente como una revelación.

Levantó una mano a su dirección, y con las yemas de los dedos delineó su cintura tocándola encima del vestido, en el que podía sentir su calor. Sin poder evitarlo, colocó su mano por completo en su cintura, haciendo que la chica parara sus movimientos; con lentitud, se dio la vuelta para encararlo.

Naruto-kun…susurró la ojiperla, chocando su mirada aperlada en los azules de él. A pesar del bullicio, Naruto supo leer sus labios brillosos que lo llamaba.

La boca del pecado.

Su mano seguía en su cintura, no queriendo soltarla.

Sigue…le dice cerca de su oído para que pudiera escucharlo.

Hinata no dice nada, ya sabiendo a que se refería, y con la vista pegada en la de él comenzó a reanudar sus movimientos de su cadera.

Con un atrevimiento impropio, Hinata acaricia el abdomen del rubio, bajando y subiendo una y otra vez, hasta que se detuvo en su torso.

Naruto se acercó más a la ojiblanca rozando su pecho con los suaves senos de ella. Sintiéndose cada vez más caliente, colocó su otra mano en su cadera siguiendo sus movimientos y estrechando con sus dedos el vestido… imaginando que era la tierna piel de su trasero.

Los ojos de Hinata mostraban tanta inocencia, que parecería mentira el ambiente encendido que se formaba a su alrededor. Pero Naruto pudo ver en esos ojos perlas lo que él ya había visto… ese deseo que tanto lo llamaba.

Naruto-kun…–volvió a susurrar levantándose de puntitas, cerca de su oído. Su esbelta y pequeña figura se había apoyado en él de forma casi íntima, causando en el rubio un exquisito cosquilleo por todo su cuerpo.

La mirada de Naruto se oscureció.

Observó como la pequeña muchacha se movía apegada a él, frotándose por su torso, abdomen y sutilmente sus caderas, rozando casi de forma cuidadosa su entrepierna.

No aguantando más su deseo y queriendo seguir tocando más de ella, llevó sus manos más abajo con lentitud hasta llegar al inicio de su trasero. Con sus dedos fue abriéndose paso en esas llanas prietas, viendo como la ojiperla escondía su rostro en su cuello. Segundos después apretó finalmente sus nalgas y la empujó contra sí, chocando su entrepierna con la de ella.

La respiración del rubio se encontraba agitada, realmente no tenía idea de lo que estaba haciendo, solo se estaba guiando por eso lado suyo tan lujurioso y sucio, que no sabía que tenía. Por lo general, él siempre fue respetuoso con las mujeres y mucho más con Hinata, pero desde que comenzó a sentir cosas por ella…

Fue que comenzó a imaginar cosas.

No es que fuese un santo, pero jamás en su vida había tenido esa clase de… pensamientos por alguien.

Pensamientos en las que no se siente orgulloso, pero que no puede evitar en disfrutar.

A veces son sueños húmedos en donde ella es la protagonista; a veces desnuda, otras con muy poca ropa, y en otras aparece con el uniforme de la escuela, tan recatada, tan tímida e inocente… que le dan ganas de corromper esa carita de niña buena.

Sí, sonaba enfermo, pero no podía dejar de hacerlo.

Al principio empezaban así, con sueños. Luego las cosas comenzaron a subir de tono y ya no eran sueños: eran sus pensamientos.

No sabe cómo, ni en qué momento comenzó a surgir estos pensamientos. Solo sabe que de un momento a otro cuando la veía pasar por los pasillos de la escuela, o cuando la veía subir por las escaleras y su falda dejaba al descubierto las aberturas de sus blanquecinos glúteos... se le nubla el juicio, y su mente se escabulle a un rincón oscuro en donde guarda y cubre sus deseos más impuros. Deseos que nadie más conoce a excepción de él.

Y ahora podía dejarlos a rienda suelta.

Hinata…–gruñó en su oreja al sentir las manos de la ojiperla afirmarse en su cuello, uniendo más sus cuerpos. Las caderas de la muchacha cambiaron de ritmo, ahora sus movimientos son hacia adelante y continuos, presionando una y otra vez el bulto que se formaba en los pantalones del rubio. Naruto acompañó sus movimientos aun sus manos en su trasero, ejerció presión hacia sí mismo aumentando su placer.

Tuvo las inmensas ganas de subir las escaleras y encerrarse con ella en alguna de las habitaciones…

La idea no sonaba nada mal a decir verdad… nada mal.

Volvió a estrujar su trasero causando un suave jadeo en la ojiperla, que lo llevó a sentir un cosquilleo en su bajo vientre al ser él quien le esté causando tantas sensaciones.

Sacó sus manos de sus glúteos, no sin cierto pesar, para tomarla de las manos y separarse inesperadamente de ella.

¿Qué sucede? –cuestionó Hinata con la mirada encendida, queriendo más de sus caricias.

Ven, acompáñame. –dijo con la voz alta y media distorsionada. Carraspeó un poco para disimular su "entusiasmo".

Hinata solo asintió estrujando su mano.

El rubio, sin soltarla, camina entre el gentío dando empujones en ocasiones a los borrachos que bailaban en la pista y que no hacían más que estorbar. Una vez que llegaron a las escaleras, dejó que la ojiperla subiera primero, y no fue precisamente por caballerosidad, hace mucho que su mente se esfumó hacia "ese" abismo pecaminoso, llevándolo a cometer lo que tanto le gustaba hacer a escondidas de los demás: mirar el maravilloso contoneo de Hinata.

Con los ojos de un azul oscuro, Naruto observaba sin perder detalle de las curvas que se formaban debajo de ese vestido, que tan bien le asentaba. Las piernas esbeltas que se perdían entre los escalones, hacían rebotar una y otra vez ese par de carnes de ternera que tuvo el gusto de tocar, pero no era suficiente.

Nunca era suficiente.

No se fijó que ya habían llegado al segundo rellano hasta que Hinata se dio la vuelta mirándolo con esos ojos deseosos y a la vez ingenuos. Era tan ella y a la vez no, pero que no podía evitar pensar lo increíblemente llamativo y atractivo que era esa combinación.

Sin despegar su vista aperlada en los de él, caminó de espaldas hasta chocar con la pared del pasillo. Y él como abeja a la miel, la siguió hasta posicionarse frente a ella colocando sus manos a los loados de su cabeza, acorralándola en ese oscuro pasillo.

Podrían hacerlo allí mismo, estaba oscuro y no había casi nadie cerca, además que todos estaban en sus propios asuntos, quizás haciendo lo mismo que estaba pensado el rubio. Nada podía interponerse en esa fantasía suya… tomarla allí mismo contra la pared y nadie se daría cuenta…

Sintió un dedo posarse en su mandíbula, delineándola como un pincel hasta llegar a sus labios en donde botaba intensas ráfagas de aire, descontrolado. No se había percatado de su intensa respiración, de solo pensar en hacerle cosas que… Dios, ella era increíble.

Hinata se acercó a su rostro cortándole de repente la respiración del ojiazul, esperando con la mirada entrecerrada a su siguiente movimiento. Con parsimonia y casi con delicadeza, la muchacha fue rozando sus labios con los del rubio, tanteando y probando hasta donde podían llegar sus límites. Sin embargo, Naruto estaba lejos de estar calmado y la delicadeza con que lo trataba no hacía más que aumentar sus ansias.

Sacó una de sus manos que la apresaban en la pared para tomarla del cuello y, de un impulso desesperado, la atrajo hacia a sí y estampó su boca con la suya.

La pasión y el desenfreno hicieron mella en Naruto, besándola con fuerza y poder. En cambio la ojiblanca la tomó desprevenida, tratando de llevar el ritmo de sus labios sin éxito.

Las manos de Hinata subieron por su pecho, acariciando su cuello hasta llegar a sus cabellos rubios, en donde tomó un puñado y tironeó de él más cerca de ella si eso era posible.

Todo en ella daba vueltas no sabiendo cómo ni cuándo sucedió todo esto. Lo único que tenía claro era que deseaba esto más que a nada, lo quería todo y solo con él. Si esta era su oportunidad no la desaprovecharía. Si él quería tocarla y besarla, se dejaría. Haría lo que fuera por complacerlo, si eso significaba estar con él.

Lo que fuera.

La lengua del ojiazul se coló sin permiso en su boca, buscando la suya con impaciencia sin darle tregua a que respirara. Hinata le abrió paso a su lengua para que jugara todo lo que se le antojara en ella, mientras que sus traviesas manos bajaban hacia su cintura y apretaba sus costados con fuerza.

La ojiperla suelta un pequeño jadeo que murió en la boca del rubio, quien comenzó a subir sus manos sin detenerse a pensar ni a recapacitar en nada… hace mucho que perdió el juicio, desde que le puso una mano encima en su pequeño cuerpo, sus fantasías nunca más serían las mismas.

Los ojos de Hinata se abrieron de sorpresa al sentir sus caricias en el contorno de sus senos, levantándolos con fuerza. La muchacha soltó un chillido ante la inesperada acción del rubio, quien sin ninguna delicadeza abandonó sus labios para pasar a lamer y besar su cuello.

Naruto se deleitaba escucharla jadear y en ocasiones soltar imperceptibles gemidos de su pequeña boca. Masajeó el contorno de sus senos antes de volver a bajar sus manos a su cintura y perderse en la curvatura de sus caderas.

Las lamidas fueron subiendo hasta llegar a su oreja. Su aliento chocó en su lóbulo enviando escalofríos en toda su columna.

Hinata…–gruñó en su oído, pero la chica no respondió, concentrada en las caricias y besos que le proporcionaba el rubio.

De un tirón, Naruto la agarró de ambas manos que estaban en su cabello y las colocó contra la pared. La mirada de la ojiperla se centró en él, viendo como los ojos de Naruto ya no eran azules, sino de un color tan denso que parecía ser negro centellando en la oscuridad del pasillo.

Te tengo un regalo. –dijo con la voz ronca.

Vio como Hinata fruncía levemente el ceño en confusión, quizás no entendiendo sus palabras tan fuera de lugar. Pero luego un pequeño destello cruzó por sus ojos claros, evidenciando su curiosidad ante sus palabras.

¿Un… regalo? –inquirió la muchacha.

La expresión ingenua de la pequeña hizo que Naruto levantara las comisuras de sus labios en una sonrisa socarrona, pero para Hinata no era más que una sonrisa pícara y divertida del rubio… sin dobles intenciones escondidas.

Es por tu cumpleaños, ¿Quieres verlo? –preguntó, sin siquiera disimular su excitación debajo de su voz ronca, ya que la ojiperla no notaba la perversidad con la que estaba hablando.

Con la misma mirada ingenua esbozó su sonrisa, confiada en las palabras del rubio. Por lo que asintió a lo dicho en la espera de su obsequio.

Ante la aceptación de la pequeña muchacha, Naruto se separó de ella y la guió a una de las habitaciones más cercanas.

Una vez dentro la oscuridad del cuarto la invadió por completo, lo único que pudo percibir es la respiración del rubio muy cerca suya, demasiado pesada y agitada.

¿Naruto-kun? –llamó insegura. Levantó una mano en busca de Naruto, hasta que sintió su pecho frente a ella. Tanteó sus pectorales subiendo por su cuello y rostro. –Naruto-kun…–volvió a llamarlo, pero su brazo fue aprisionado por la mano del rubio.

Ven. –dijo simplemente. Aun sosteniendo su brazo, la hizo caminar unos pasos atrás de ella hasta chocar sus piernas traseras con algo, y caer sentada lo que al parecer era el colchón de la cama.

Liberó su mano para acariciar su mejilla con suavidad.

A pesar de no verla, pudo sentir entre sus dedos la anchura de su mejilla que estaba sonriendo. La podía imaginar viéndole con esa mirada cargada de ese cariño inocente que siempre le profesaba cuando se veían.

Eso es lo que tanto le gustaba de ella y a la vez, lo que tanto le excitaba.

¿Quieres tu regalo? –la voz del rubio se hizo más ronca a medida que presionaba su mano en su mandíbula, causando algo de incomodidad en Hinata, sin embargo no se quejó. Al contrario, solo atinó a volver a asentir en respuesta.

El calor se acentuó en su entrepierna. Tragó con dificultad por lo que estaba a punto de hacer.

Llevó su otra mano al botón de su pantalón abriéndolo y, con lentitud fue bajando la cremallera dejando al descubierto parte de su ropa interior.

Un sonido seco fue lo único que se escuchó en la estancia. Los pantalones de Naruto habían caído al suelo bajo la insospechada atención de la ojiperla, quien en su inocencia, imaginaba que era parte de su "regalo".

Y sí, vaya que lo era.

A oscuras palpó el elástico de su bóxer y, poco a poco fue bajándolo hasta caer al suelo junto a sus pantalones. Liberando al fin lo que tanto ansiaba sacar.

De pronto una lucecilla blanca, proveniente de la ventana, comenzó a iluminar escasamente la habitación. Las nubes del cielo se habían ido para excarcelar los diminutos rayos de la luna e infiltrarse entre las cortinas.

La impresión asustada de Hinata no afectó en absoluto en el rubio.

Su erección prominente se alzaba orgullosa frente a al rostro de la ojiperla. Su punta húmeda brillaba ante la claridad de la luna con las venas palpitando alrededor de su tronco, listo para sus atenciones.

Aquí está. –dijo con la voz distorsionada.

Hinata alzó la vista hacia sus ojos. Él la observaba de una manera que jamás había visto, ni en él ni en nadie. Tan obsceno, tan inmoral e indecente, que lo hacían ver irremediablemente peligroso.

Por ella…

Entonces entendió.

La expresión asustada cambió sutilmente a una más reveladora, comprendiendo al fin lo que estaba pasando allí. No obstante, era difícil no sentir pavor, ya que nunca en su vida había visto… uno, al menos no frente a frente.

Literalmente.

Pero no era solo eso, lo que más le asustaba era lo intimidante que podía ser esa parte del cuerpo masculino, parte que pertenecía solo a él. Precisamente de él.

Naruto no era sádico, no estaba dentro de su naturaleza. Pero la mirada descolocada de la pequeña Hinata sentada justo frente a su miembro, no hacía más que enviarle descargas placenteras allí mismo. Se sentía sucio por querer corromper a ese rostro de niña buena, pero no podía evitarlo. El morbo lo dominaba por completo y sacaba a relucir sus tan oscuras fantasías. Si tenía que ser sádico para hacer lo que estaba punto de hacerle, entonces sí.

Dios, era un maldito degenerado.

N-Naruto-kun…–balbuceó con la vista fija en él.

Si él quería esto… si él realmente lo deseaba, entonces ella lo complacería. ¿No había dicho que haría lo que fuera por Naruto? Ahí estaba la prueba de fuego. Así que se sometería a ese juego perverso y cumpliría su promesa.

¿E-Este es mi regalo? –preguntó.

El timbre inocentón no pasó desapercibido por Naruto, quien abrió levemente la boca para soltar un jadeo y que su respiración se tornara más agitada de lo normal. No esperaba eso de ella, pero lejos de preguntarse a que se debía, lo único que atinó hacer entre es neblina oscura de su mente fue acomodar su mano, aun afirmando la mandíbula de la ojiperla.

Sí…–alcanzó a decir el rubio, con la excitación palpitándole el miembro. – ¿Lo quieres? –Hinata asintió.

Entonces, la respiración y el jadeo murieron en un instante. Ambas miradas se concentraron en uno al otro. Ella llena de ingenuidad y pureza, y él… cargado de una despiadada ansiedad y necesidad.

La quebraría, la rompería como a una muñeca de porcelana. Atravesaría sin delicadeza alguna las carnes entre sus mejillas, sin importar nada. Si suplicara o implorara por aire, no se detendría.

Acercó su miembro más cerca de su tierno rostro y con la voz ronca y desfigurada, demandó:

Abre la boca.

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Y bien, ¿qué tan cochina les pareció esta última parte? jajaaaaaaa.

Lo que estaba escrito en negrita durante el baile de Hinata es una canción: Horns de Bryce Fox. Lo escribí mientras la escuchaba y pegaba un montón, así que la puse. Es muy sensual y orgásmica (para que les digo jaja) por si la quieren buscar.

Quería expresamente disculparme por la tremenda tardanza, pero creo que valió la pena. El capítulo es el triple de largo que el del anterior y con bastante drama, así que estoy relativamente conforme.

Anteriormente había dicho que quería escribir un poco más de Naruhina y creo que lo logré. Además también mencioné que estos dos se la rifaron peor que el Sasusaku ¿a que no?

Ahora si comenzó el drama, tengo que admitir que me costó bastante llegar a este parte, porque de aquí en adelante será crucial para el final. Pero falta muuucho todavía, así que no se preocupen :)

Ya para el próximo capítulo habrá más momentos Sasusaku y Sasuke al fin saldrá a la escena (oh YES). Y todo la verdad saldrá a la luz, ahora que no está la madre de Sakura en casa.

Ahora les aviso de antemano que no habrá fiestón en la casa de Sakura :(

Pero para compensarlo pondré algo mucho mejor que eso... ya lo verán más adelante.

No me queda más que agradecer por sus comentarios que me motivan cada día en avanzar en esta historia :) y de lo feliz que me hacen al ver que les gustan lo que escribo, en verdad se los agradezco. 3

Mucho amor para ustedes!

Se despide

Goda.X