Capítulo 9:
Una oportunidad
Se despertó antes de que sonase la alarma, se ducho con rapidez, se vistió y se encaminó hacia el Ministerio. No paró para recoger su café, sino que fue directamente al Caldero Chorreante, utilizó la chimenea y cuando llegó al segundo piso, en vez de dirigirse hacia su oficina, se encaminó hacia el despacho de Harry.
El corazón zumbaba en sus tímpanos cuando se detuvo frente a la secretaría. No sabía si por la carrera que había hecho hasta allí o por los nervios que le estaban carcomiendo.
—Buenos días —saludó. La mujer arqueó una ceja como única respuesta—. ¿Podría hablar con el señor Potter, por favor?
—¿Trabajas en la Oficina del Uso Incorrecto de la Magia? —frunció el ceño, sin entender la pregunta. Asintió reticente— En ese caso, si quiere comunicarse con el señor Potter, tiene que hacerlo a través de un memorándum.
—¿Por qué?
—Porque desde que su oficina no tiene encargado, todos sus compañeros y compañeras han venido aquí con alguna excusa para ver a Potter —se quejó y debía ser verdad, a juzgar la mirada desdeñosa que le estaba dando— A partir de ahora, envíe un memorándum.
Draco cabeceó, mordiendo su labio inferior.
—No vengo a tratar un asunto laboral, es algo personal —explicó e intentó sonreír inocente. No parecía funcionar.
—¿Tiene una visita programada?
—No —suspiró.
—Entonces no puedo dejarle pasar.
—Pero si pudiera decirle que quiero verle... —insistió con voz dulce— Solo avísele de que estoy aquí y si no puede atenderme, programaré una cita.
Ella entrecerró los ojos y le miró con suspicacia por encima de sus gafas. Jugueteó con su pluma durante unos segundos, para después resoplar con cansancio y levantarse de la silla.
—Espere un momento.
Respiró hondo mientras veía a la mujer dar dos suaves golpes en la puerta y entrar. No tuvo que esperar mucho, porque apenas un instante después ella volvió y asintió hacia él. Los hombros de Draco se desplomaron con alivio y luego volvieron a tensarse cuando entró en el despacho.
Lo primero que pensó fue que el espacio era sobrio y funcional. No era demasiado grande, había una chimenea en el lado derecho, seguramente conectada a la red flú y archivadores en el lado izquierdo. No habían objetos personales, ni fotografías, ni nada que diese comodidad.
—Malfoy —desvió su atención hacia delante, donde estaba Potter sentado en su escritorio. Tenía unos pergaminos encima junto a un tintero y una pluma. Aparte de eso, no había nada más—. ¿A qué debo el honor?
Caminó para sentarse en una de las sillas frente a la mesa sin que se le notase afectado por el sarcasmo del otro y respiró hondo antes de hablar. Cometió el error de mirar hacia arriba por un momento. Había ido allí con un propósito pero, al observar el rostro distante de Potter, se preguntó si había llegado tarde.
—Te equivocabas —habló en voz baja, desviando su atención a la superficie del escritorio.
—¿Perdona?
—En el baile de Navidad —explicó—. Te equivocabas al decir que no quiero nada contigo.
Escuchó a Harry bufar, probablemente incrédulo. Vio de reojo como se inclinaba en la mesa para apoyar él barbilla en su mano derecha.
—¿En serio? Porque me pareció escuchar lo contrario.
—Mira, yo... —soltó un suspiro exasperado y chasqueó la lengua— ¿Podemos hablar de esto en un lugar más privado?
Potter le estudió durante una eternidad. Intentó que su rostro se quedase en blanco y no revelase lo ansioso e intranquilo que se sentía.
—¿Para qué? —preguntó. No era una recriminación, solo simple curiosidad. Su pulso latió esperanzado.
—Para empezar de nuevo —contestó con sinceridad.
Después de haber visto el recuerdo un par de veces más y haber meditado durante gran parte de la noche, eligió dejar de rechazarse a sí mismo, como dijo Pansy. Quería abandonar esa seguridad que le había protegido durante los últimos años y arriesgarse con Harry, si es que este todavía quería.
Escuchó el ruido de la silla cuando Potter se levantó. Elevó los ojos para verle caminar alrededor de la mesa hasta estar a su lado, apoyado en el borde de esta. Su respiración se sostuvo en su garganta.
—Por mucho que lo intento, no termino de entenderte. Primero me rechazas, luego accedes a cenar conmigo, me alejas y después te enfadas por verme con Anthony —el moreno negó con la cabeza, luciendo totalmente confundido—. Si vas a arrepentirte de esto...
—No —su vehemencia sorprendió a Harry. Apretó los labios en una fina línea y se dio valor para hablar—. Si me das una oportunidad, te lo explicaré. Lo prometo.
—¿Y por fin lograré entenderte?
—Espero que sí —hubo un silencio con el que Draco intentó no retorcer las manos ni removerse en su silla. Al final Potter asintió.Expulsó el aire que había retenido en sus pulmones y dibujó una pequeña sonrisa—. Podemos cenar en mi casa, si quieres.
Realmente confiaba en que Potter le comprendiese o que le escuchase, al menos.
—Sí, pero no esta semana.
Frunció el ceño. No había ido allí con la intención de conseguir una cita inmediata con Harry, pero tampoco había pensado que tendría que esperar tanto. Dos semanas eran mucho tiempo para reflexionar su decisión.
Soltó un resoplido cuando supuso que a lo mejor eso era lo que Potter quería, que meditase bien su decisión por si quería echarse atrás.
—Bien —afirmó, levantándose con la determinación reflejada en su postura—. ¿El sábado de la próxima semana, entonces?
El moreno le estudió pensativo, como si esperase que cambiase de opinión en cualquier momento.
—Sí —dijo, al final.
Draco asintió y caminó hacia la salida. Se detuvo justo antes de abrir la puerta y miró sobre su hombro.
—No voy a arrepentirme —aseguró.
Harry esbozó una ligera sonrisa divertida y le miró con un poco de afecto.
—Ve a trabajar —le ordenó suavemente.
Salió del despacho, con su propia sonrisa en la boca, sintiéndose orgulloso de sí mismo por primera vez en mucho tiempo.
Había elegido cenar en su casa porque creyó que sería un territorio conocido que jugaría a su favor. No era romántico, lo que le ayudaría a encontrarse más seguro. No se sentiría presionado, podría hablar con tranquilidad, y siempre tenía la posibilidad de echar a Potter si las cosas iban mal.
Ahora, mientras miraba su salón diminuto, la comida que acababa de recoger del restaurante del final de la calle encima de la mesa, su sofá estropeado y la mancha que había en la alfombra, no estaba tan seguro de que cenar en su casa hubiera sido buena idea.
El timbre sonó demasiado estruendoso en sus oídos, lo que le hizo saltar sobre sus pies. Agitó su varita para limpiar la mancha de la alfombra y abrió la puerta.
—Hola —saludó Potter con una sonrisa agradable—. He traído vino.
—Gracias —se echó hacia un lado mientras aceptaba la botella—. Puedes dejar tu chaqueta ahí.
Señaló el colgador que había detrás de la puerta y miró su salón con aire crítico. Cuando volvió a darse la vuelta vio que Harry iba vestido con una camisa criminal. Era de color negro carbón, tenía el primer botón desabrochado y se marcaba por todas las partes adecuadas. Llevaba unos pantalones claros y unas botas negras que remataban su atuendo a la perfección.
Elevó la mirada, encontrándose con la consciente y astuta de Potter.
—¿Todo bien? —preguntó con gracia. Draco enrojeció.
—Voy a abrir la botella —contestó. Se dio la vuelta hacia la cocina para evitar que el otro viese sus mejillas coloreadas—. Te daría un tour por mi apartamento, pero no hay mucho más que ver.
—Eres muy ordenado —si supiera que Draco había estado las últimas tres horas limpiando, no diría eso—. ¿Has cocinado tú?
Sacó dos copas de uno de los armarios y un sacacorchos para abrir el vino. Olía bien y parecía exageradamente caro.
—Sí.
Escuchó a Harry reír. Estaba apoyado en el umbral de la puerta, luciendo divertido. Arqueó una ceja y le tendió una de las copas, preguntándole con la mirada qué le hacía tanta gracia.
—Eres un mentiroso terrible —le dijo, riendo.
Sintió que la atmósfera pesada se desvanecía.
—Me has descubierto —admitió. Se permitió soltar una pequeña carcajada—. Espero que no te importe cenar en el salón.
—Está bien —se dirigieron hacia la mesa y se sentaron uno frente al otro— ¿Por qué estás tan tenso si eres tú el que me ha invitado?
Notó de repente lo apretados que estaban sus hombros, que su espalda estaba recta contra él respaldo de la silla y sus manos cerradas en puños. Dejó escapar todo el aire de golpe y se obligó a relajarse.
—Es que es tan raro que estés aquí.
—¿Arrepentido?
—No —replicó inmediatamente—. Solo tengo que acostumbrarme.
Harry asintió y cogió su cuchillo y su tenedor para probar el solomillo con salsa que había comprado.
—¿Hacemos esto más incómodo y hablamos del clima o del trabajo?
Chasqueó la lengua pero sus labios tiraron de una sonrisa que no pudo evitar.
—El clima es espantoso y mi trabajo aburrido —contestó, ya más tranquilo—. ¿Qué hay de ti?
—Odio el invierno y mi trabajo no está mal.
—¿Odias el invierno?
Potter explicó que su estancia en Canadá hizo que aborreciera esa época del año. Hablaron del frío, luego del calor y las playas, del océano en Australia y los veranos en Wiltshire, del campo, de los equipos Quidditch y de muchos temas más. Harry era elocuente y divertido. Tenía un toque sarcástico que le hacía rodar los ojos pero que le entretenía interiormente. Sabía escuchar, al igual que sabía llevar una conversación. Hubieron silencios, también, pero Draco no los encontró embarazosos. Disfrutó de la velada más de lo que hubiera llegado a pensar.
—No se te da mal fingir que cocinas —bromeó el moreno, dejando su cubierto a un lado.
—He puesto la comida en el plato, eso es algo —se defendió—. Además, he comprado tiramisú.
Harry se inclinó sobre la mesa, ladeando la cabeza y sonriendo insinuante.
—¿Intentas conquistarme?
Resopló por la nariz, incapaz de aguantarle la mirada. Notaba cómo se estaba sonrojando y como la sensación cálida de la expectación se asentaba en su interior. Hacía mucho tiempo que no se sentía así, con esa descarga de emoción al coquetear con alguien.
—Puede —dijo en voz baja. No hubo respuesta, lo que le obligó a levantar la mirada. Harry le observaba con interés—. ¿Qué?
—Pareces una persona totalmente distinta con la que cené la otra vez.
Draco asintió, mordiendo su labio inferior y sirviéndose más vino. Había llegado el momento de darle la explicación que le había prometido.
—¿Podemos sentarnos en el sofá? —preguntó. Si iba a contarle la verdad, no quería hacerlo teniéndole en frente y sintiendo su mirada continuamente.
—Claro.
Respiró hondo cuando se acomodó en su asiento y encendió la televisión para que hiciera algo de ruido. Miró la copa que sostenía en la mano y luego tragó con dificultad.
—Tenía miedo —admitió—. Por eso me comporté así.
—¿Miedo de qué?
—Miedo a... —se detuvo, indeciso. Negó con la cabeza, resoplando con hastío—. Ni si quiera sé por dónde comenzar para que lo entiendas.
—Draco —observó a Harry, quien estaba sentado de lado para poder mirarle—, puedes contarme lo que quieras, no te voy a juzgar. Solo quiero entender qué está pasando por tu mente.
Inspiró con profundidad, cerrando los ojos por un momento. Volvió a abrirlos cuando se sintió lo suficientemente seguro como para hablar.
—Para empezar, todo esto es culpa tuya —dijo.
—Bueno, eso ya suena más como el Draco Malfoy que conozco.
Potter rió, lo que le hizo sonreír a él también. Soltó un suspiro, sintiendo como la inquietud se arremolinaba en su pecho. Le había citado para ser sincero, para contárselo todo. Quería quitarse ese peso de encima de los hombros.
—Cuando volví a Hogwarts, tuve mucho tiempo para pensar. Ya no había guerra, ni bandos y tampoco estabas tú, así que tuve poca gente con la que discutir y me limité a estudiar —explicó, con la vista fija en cualquier punto de la sala—. Reflexioné mucho sobre la noche que te vi con Goldstein.
—¿Cuando rompí con él?
—No, fue antes. Vi que lo tenías atado a una mesa —murmuró
—Así que empezaste a indagar porque me viste con Anthony —repitió—. De ahí que yo tenga la culpa.
—Sí. Me hizo sentir curiosidad, así que decidí investigar un poco. Encontré algunos libros de utilidad en el mundo muggle. Y fueron... esclarecedores.
—¿Descubriste algo interesante?
—Que te gusta dominar y... —se interrumpió, con el pulso errático. El aliento se le estancó en medio de su garganta para después salir tembloroso—. Y a mi me gusta someterme.
El aire pareció congelarse a su alrededor porque su piel, aunque se sentía caliente, se estremeció como si una brisa fría le estuviese acariciando. No podía creer que acabase de decirlo en voz alta, no después de tanto tiempo. Creyó que estaba a punto de hiperventilar, cuando la voz de Potter atravesó toda su neblina angustiada.
—Mírame —le pidió, pero Draco mantuvo la vista en su copa de vino. Harry tomó su mano libre y acarició el dorso con delicadeza. Elevó la mirada con inseguridad solo para encontrar la mirada comprensiva del moreno—. Puedo asegurarte, que nada de lo que digas sobre ese tema me hará pensar mal de ti. Sí, me gusta tener el control porque disfruto de ello y a ti te gusta ceder. Está bien. Sólo son gustos, no crímenes.
Asintió, dejando su vaso encima de la mesa de café. Agradeció que Harry no soltase su mano, porque su tacto era reconfortante.
—En aquella época no estaba seguro si solo era morbo o realmente me gustaba —continuó, más confiado—. Terminé mi año en Hogwarts y estudié para ser Inefable. En ese entonces, mi apellido no era muy querido y el Ministerio nos había quitado casi todo el dinero de las bóvedas. Mi padre quería demostrar ante la sociedad que los Malfoy todavía seguíamos teniendo poder, así que organizó una fiesta. Fue entonces cuando me reencontré con Ivan Stoev. Su padre y el mío son amigos, aunque no había vuelto a verle desde que Durmstrang participó en el Torneo de los Tres Magos. Él viva en Bulgaria pero venía continuamente aquí, así que estábamos juntos casi todas las semanas. Empezamos una relación, todo iba bien pero seguía teniendo esa curiosidad en mi mente. Siempre me preguntaba cómo sería la sensación de dejarse llevar.
—¿Se lo contaste? —la voz de Harry era tranquila y suave, justo como el tacto que sentía en sus nudillos.
—Sí. Cuando se lo dije, no se asustó. Le pareció bien, de hecho. Al principio eran cosas suaves: me ataba las manos o me vendaba los ojos. Luego fuimos a más y estuvo bien. Me gustaba, hasta que... —se relamió los labios, sintiendo un nudo crecer en su garganta—. Se sobrepasó.
—No hace falta que me lo cuentes si no quieres.
Negó con la cabeza y aspiró por la nariz. No iba a ser capaz de contárselo todo, pero necesitaba a alguien que pudiese comprender lo que sentía. No quería continuar con ese temor dentro.
—Fue horrible —dijo—. Ivan se disculpó e intentamos hacer ver que nada había pasado pero yo no podía. Cada vez que me tumbaba en una cama con él, mi mente solo pensaba en qué pasaría si volvía a perder el control. Me dijo que estaba exagerando, que no era para tanto. Lo dejé poco después. No se lo tomó bien.
—¿Te hizo algo?
Draco contempló cómo el ceño de Harry se fruncía y sus ojos brillaban peligrosos. Sonrió ligeramente al ver lo protector que parecía.
—Me envío un montón de cartas y fue a buscarme a la Mansión un par de veces. Para ese entonces ya había empezado a trabajar en el Ministerio y como no quería seguir viviendo allí, me mudé a la zona mágica de Londres. Creí que con eso Ivan lo dejaría estar, pero me equivoqué. Un día lo encontré esperándome en la puerta de mi casa y, después de lo que había pasado, me asusté. Fue así como terminé viviendo en el mundo muggle. Pensé que sería más seguro.
—¿No volvió a buscarte?
—No, no he vuelto a saber nada de él.
Respiró hondo, sintiendo que algo se aligeraba en su interior. Había estado guardando eso durante mucho tiempo, manteniéndolo encerrado en un cajón en el fondo de su mente. Nunca se lo había dicho a nadie, jamás se había atrevido a rememorar todo lo que pasó. Tal vez porque no había tenido a nadie que supiera con seguridad que no iba a juzgarle.
—Gracias por contármelo.
Parpadeó, elevando la mirada hacia Harry. Estaba serio, aunque parecía más pensativo que cualquier otra cosa.
—Por eso te alejé, porque pensé que no podría darte lo que quieres.
—¿Qué ha cambiado? —quiso saber.
Notó una ligera presión en sus dedos y se dio cuenta de que en algún momento sus manos se habían entrelazado. Ahora que había sido sincero, se sentía más conectado a él de alguna manera, como si algo entre ellos dos hubiera cambiado.
—Verte después de tanto tiempo me hizo pensar en quién era antes y quién soy ahora. Luego vi tu recuerdo. Decías que creías que las cosas hubieran sido diferentes si nos hubiéramos dado una oportunidad. Eso me hizo preguntarme si realmente la situación podría ser diferente.
—Te di ese recuerdo porque quería ser sincero contigo. Sabía que no me ibas a escuchar de otra forma —explicó Harry con un leve tono de reproche que le hizo sentirse avergonzado—. Si quisiera un sumiso, hubiera aceptado la propuesta de Ren. Me acerqué a ti porque quería saber qué había sido de tu vida, si ahora era diferente o no... Sí, he fantaseado contigo, no voy a negarlo —admitió, sonriendo tenuemente—, pero no voy solo con esa intención. No quiero presionarte, ni exigirte nada, Draco. Solo quiero intentarlo y ver hasta dónde llegamos.
—¿Aunque vayamos poco a poco?
—Podemos ir al ritmo que quieras —aseguró.
Draco asintió, percibiendo que la opresión en su pecho se desvanecía.
Echaba de menos poder confiar en alguien, sentirse querido y valorado. Había pensado durante mucho tiempo que ya no necesitaba eso en su vida, pero se equivocaba. No deseaba otra cosa que poder entregarse a una persona con la esperanza de que no le lastimase. Sí, quería darle una oportunidad a Harry y a sí mismo.
¡Feliz cumpleaños para miii! Jajaja
Muchas gracias a todos de antemano ❤️
Tenía unas ganas increíbles de publicar este capítulo porque puedo decir que oficialmente empieza el Drarry. Me emocionó mucho escribir esta parte, aunque se me hizo algo difícil porque no sabía muy bien cómo gestionar la conversación entre Draco y Harry para que se entendiese bien.
Espero haber hecho un buen trabajo.
¡Hasta el viernes que viene!
