Holaaa! :D

He vuelto! Lamento mucho la tardanza :c tenía preparado publicar dos capítulos, pero por temas de tiempo (y entre otras cosas) se me dificulta mucho escribir :c así que a penas terminé este capítulo lo quise subir.

Más abajo escribí algunos saluditos de personas muy hermosas que comentaron este fic ❤ (un dato estúpido: tardé un año en aprender colocar emojis de corazón)

Antes de empezar:

ADVERTENCIA: Contiene lime explícito (OMG) así que si no te gustan este tipo de contenido, te sugiero que te abstengas de seguir leyendo. (o solo salta la parte en cursiva)

Ahora si, disfruten del capítulo ;)

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- Abre la boca. - El tinte oscuro de su voz no pasó desapercibido por la ojiblanca.

A estas alturas, ya no le importaba seguir fingiendo una moralidad que no tenía. La había perdido hace bastantes sueños húmedos atrás, solo era cuestión de tiempo para que venciera su razón y se desatara el caos en su interior.

La mano con la cualidad sostenida la mandíbula de Hinata, delineando con su pulgar su labio inferior invitándola a abrirlos. Observe sus ojos perlas soñadores y entregados, llenos de amor incondicional, pero a la vez un brillo deseoso tiñe su mirada limpia y sabe, que es su culpa.

Corromperla y rebajarla a sus pecados eran sus fantasías más grandes y sucias. Ultrajar su pureza, profanar su inocencia, mancillar sus deseos por los suyos propios, arrastrarla hasta sus demonios y que viera al fin lo que tanto ha intentado ocultar.

¿Ella creía que era un santo? ¿Una buena persona? ¿Lo creerían todos?

Todos tenemos una parte buena y mala. Lo radiante y oscura del alma. Como dos caras en una misma moneda nos divide a costa de apariencias pero llegado el momento, mostramos la otra careta. Como estaba haciendo en este instante.

Detenido su pulgar justo en medio de su labio y, con una lentitud casi suave, introduciendo su dedo entre sus dientes, separándolo lo suficiente para tocar su aterciopelada y húmeda lengua. Le deleitó sentir los movimientos de ese pequeño pedazo de carne en su boca, invitándolo a seguir con su intromisión. Pero lo que más le encandiló es saber que pronto ya no será su dedo quien se enrede en sus mejillas y su deliciosa lengua.

Su miembro osciló nuevamente frente a su rostro, palpitando dolorosamente del placer acumulado. Colocó su punta cerca de sus labios entreabiertos, sintiendo su aliento tembloroso y nervioso justo allí, enviándoles descargas desde su glande y el largo de su tronco hasta su pelvis.

Fue entonces que ya no era consciente de sus actos, eran sus demonios y oscuridad la que lo dominaba.

Pero lejos de todo pronóstico, Hinata sacó suavemente su lengua de su boca y, no con cierta timidez, acarició momentáneamente su glande. Algo sutil y efímero, pero lo suficientemente potente como para mandarlo al carajo.

Su respiración se le dificultó al verla: una niña de mirada culposa y dudosa, porque sabía que estaba haciendo algo mal, pero aun así no puede evitar probar de él, en sus ojos se lee la curiosidad de querer saber a qué gustillo tiene y es por eso que seguirá averiguándolo. Y él…

Oh, como va a disfrutarlo.

Casi sin pensar, guiada más por su curiosidad y el deseo atrayente del rubio, envuelve su tronco entre sus delgados y pequeños dedos, apenas tocándolo. Sin embargo, podía sentir su dureza y el calor que desprendía, y de la misma forma movió sus dedos de arriba abajo descubriendo lo suave que es a pesar de su grosor.

Hinata…jadea Naruto, observando con perversión los movimientos pausados de la ojiblanca.

Lo estaba volviendo loco.

Deslizó su mano de la mandíbula de la chica hasta su nuca, enredando sus dedos en sus cabellos oscuros, y casi de inmediato comenzó a ejercer presión en su cabeza, haciendo que la chica se acercara más a su miembro.

Naruto tenía claro lo que quería hacer, y ella muy bien lo supo.

Los ojos perlas se elevaron hacia él, mirando con fijeza su desespero. Y sin pestañar, observando cada gesto del rubio, Hinata fue abriendo aún más la boca antes de introducir su punta con delicadeza.

Naruto soltó un sonoro gemido, enviciado con el ardiente espectáculo que la chica le estaba regalando.

Con la misma delicadeza, Hinata succionó su glande repetidas veces para luego sacarlo de su boca. Levantó su miembro con su mano y acercó su boca a la unión de sus testículos, su lengua recorrió desde esa zona y en todo el largo de su tronco hasta la punta, en donde volvió a succionar con más fuerza.

Oh, si… justo así.jadeo el rubio, al sentir su exquisita lengua sobre su glande.

La humedad y tibieza de su boca era todo lo que quería y necesitaba sentir. Una necesidad casi sádica que lo descontrola, actuando sin razón y siendo prisionero de su propio deseo.

¿Te gusta? le pregunta con voz ronca. La evidencia de su lujuria era palpable y se podía leer por todo su rostro, especialmente en sus ojos azules de un tinte más oscuro de lo usual.

Hinata vuelve a lamer su punta mientras mueve su miembro con su mano hacia atrás y adelante, siendo guiada por la mano de Naruto en su nuca. Liberó su miembro de su boca para poder darse un minuto de respirar y mirar una vez más sus oscurecidos ojos.

¿Te gusta? preguntó de nuevo el blondo, tirando sus cabellos hacia atrás para verla mejor.

La ojiblanca soltó un jadeo ahogado ante su acción, pero se obligó a responder lo que tanto quería escuchar.

M-Me gusta mucho…murmura.

Nuevas olas de placer hicieron temblar deliciosamente su miembro y, aprovechando que la pequeña muchacha jadeaba por la boca en busca de aire, Naruto introdujo su pene entre sus rosados y húmedos labios. La acción sorprendió a Hinata, ya que fue algo brusco y no suave como lo hizo en un principio, aun así siguió con la tarea de succionar su glande acariciándolo con la lengua.

Sin embargo, la presión que ejercía las caderas de Naruto contra su boca no se detenía, cada vez intentaba introducirse más a fondo hasta llegar a la mitad de su miembro, luego se retiró lentamente y volvió a embestir con más presión dentro de su boca.

Así… jadeó ronco el rubio. Observándola a los ojos con infinito descaro. Así lo quiero. dirigió.

Hinata intentó llevar el ritmo que le exigía el rubio, colocando sus manos sobre los muslos del chico como un apoyo a los movimientos que ejercía contra su boca. Pero a cada minuto que pasaba, Naruto se afianzaba cada vez más al fondo y con más insistencia, haciendo que le costase más trabajo respirar.

Mmh…se quejó la ojiblanca. Apretó los muslos del rubio en un intento de separarse de él y recobrar el aire, pero cada vez que presionaba sus manos, más se introducía dentro de ella.

Naruto sabía que la ojiblanca le estaba costando respirar y que, de seguir así, podía atragantarse. Pero lejos de preocuparle, el rubio no tenía la intención de detenerse, por el simple hecho de que no quería hacerlo. Estaba cerca, muy cerca…

Hinata…llamó en un gruñido.

Pero la chica no lo escuchó, tan concentrada estaba en empujarlo y sobretodo en respirar, que omitió los jadeos y gemidos que salían del rubio. Hasta que de pronto, Naruto meneó bruscamente los cabellos de la chica más hacia delante, apegándola aún más en él.

Las comisuras de sus ojos comenzaron a lagrimear a causa de la profunda estocada en su boca, que llegó a rozar su garganta con la punta de su miembro. La rudeza con la que empleó el vaivén de sus caderas hizo que se atragantara, y las lágrimas que se acumulaban en sus ojos comenzaron a deslizarse por sus mejillas al no poder respirar.

Naruto se retiró de la boca de la ojiblanca, haciendo que la chica jadeara sonoramente y comenzara a toser a un lado de él. Sin embargo, el rubio no le dio tiempo para seguir recuperándose, había levantado su cabello con una mano y con la otra sostenía su miembro intentando de volver a meterlo en su boca.

E-Espera Na…Na... Naru-fuhh…no alcanzó a quejarse, Naruto no le dio tregua y se introdujo en ella sin más contemplaciones.

Esta vez, Hinata sintió como él ondeaba más profundo a cada segundo que pasaba, ahogando y cortando su respiración. Levantó su rostro hacia él intentando hacer que la observe, creía que si lograba ver su agitación y desaliento, él por fin pararía… pero no lo hizo.

Naruto observó sus ojos llorosos con su boca abierta entre sus piernas, pero lejos de alertarlo y en lugar de detenerse, solo sirvió para al fin llegar a la cúspide de su lujuria.

Apretó con rudeza los cabellos de la ojiblanca contra su miembro afianzando con ambas manos, y a la vez embistió sus caderas sin poder evitarlo por más tiempo.

Hmm… Hinata. gimió su nombre roncamente. Un último espasmo invadió su miembro para, finalmente colapsar en su tan ansiada boca.

Hinata abrió enormemente sus ojos al sentir algo viscoso y caliente salir del miembro del blondo, fue tan de repente y en gran cantidad que le fue casi imposible no atragantarse. Con sonoridad, Hinata comenzó a toser aun con Naruto dentro de ella, su pecho y hombros empezaron a convulsionar por la falta de aire y sus ojos rodaron más lágrimas por la inminente asfixia que le producía Naruto.

Naruto respiraba acaloradamente aun recuperándose de su éxtasis, pero su mirada seguía puesta en la ojiblanca y el sofocón que estaba teniendo con él adentro, así que despacio fue sacando su miembro de la boca de Hinata, quien al ser liberada tomó grandes bocanadas de aire y a toser al mismo tiempo, sin embargo, aún mantenía la esencia del rubio en su boca a lo que, accidentalmente, se lo tragó.

Cof… cof…–tosió Hinata contra su mano. Un hilo de saliva espesa comenzó a salir en la comisura de sus labios, con un dedo lo limpió y al observarlo a la luz de la luna, vio que no era precisamente su saliva. El líquido espeso y blanco brillaba entre su propia salivación y la luz que se filtraba por la ventana, evidenciando la esencia del rubio en su dedo y en toda su boca.

Na… Naruto… kun. lo llamó. Su voz salió algo distorsionada y su garganta raspó un poco por todo el esfuerzo que hizo. Levantó su mirada hacia el rubio, con algunas lagrimillas aun rodando por sus ojos.

Él por su parte no dijo nada en un largo rato; la excitación y el morbo fueron reduciéndose a medida que su calentura se apagaba. Esquivó la mirada aguada de la pequeña muchacha para pasar a ver sus pantalones arremangados de cualquier manera a sus pies, luego con lentitud, se agachó y subió sus ropas para cubrirse.

Hinata lo observó acomodarse los pantalones como si nada pasara, en completo silencio y, aparentemente, tranquilo. Pero ella no estaba así, no se sentía así; su respiración seguía siendo dificultosa y la garganta le picaba incómodamente, ni hablar de su mandíbula. Pero lo que más le dolía y la desconcertaba, era la indiferencia que tuvo para con ella.

Tú… no paraste. no pretendía sonar de forma acusadora, sin embargo su voz tenía un tinte parecido a una acusación disfrazada de timidez.

No fue hasta que colocó el cierre de su pantalón en su lugar, Naruto la miró a los ojos. No lo había querido hacer porque sabía en qué condiciones se encontraría la ojiblanca; las mejillas rojas con las gotas de sudor corriendo por sus sienes y mejillas, confundiéndose con las lágrimas que caían por sus ojos cristalinos, llenos de tristeza y reproche.

Porque sí, ahora que poco a poco iba recuperando la cordura, sabía que lo que había hecho estaba mal, y no solo porque la había lastimado casi llegando a comportarse de manera abusiva hacia ella; sino porque sabía que ella misma no estaba plenamente consciente de sus actos.

Poco a poco la moral fue ganando peso en toda esa laguna mental que tenía por cabeza, y entonces la morbosidad y la perversidad que lo había dominado hasta el momento, fue despejándose hasta encerrarse nuevamente en esa oscura y arrinconada puerta secreta de su mente.

Ahora todo el peso de sus acciones cayó en picada sobre su consciencia.

Con aprensión Naruto llevó su mano hasta su frente, ocultando parcialmente sus ojos. Había caído en la realidad de los hechos y las consecuencias que esto conlleva, pero más que nada caía en cuenta de la atrocidad que había cometido contra la chica más dulce y buena que había conocido nunca.

Llevó ambas manos a su rostro restregándose con violencia para después pasar sus cabellos rubios hacia atrás. Volteó su cabeza hacia la ojiblanca, quien seguía observándolo con ojos perturbados. Se agachó hasta quedar a su altura y posó sus manos delicadamente en sus hombros.

Hinata lo miraba sin comprender su drástico cambio de actitud, antes estaba indiferente y… ansioso, ahora volvía a ser el de siempre; con ojos preocupados y hasta culposos en ella.

Hinata… yo…intentó hablar el rubio, pero la verdad es que no sabía que decir en una situación así.

No paraste…repitió sin poder creer que él en verdad…

Una vez de acomodar su ropa, Naruto observó la cama intacta y se alegró, de cierta forma, que no haya pasado algo que podría ser irremediable. Aunque esto sin duda alguna no tiene como arreglarlo, contaba con el más bajo y vergonzoso pretexto que un hombre puede hacer.

Me dejé llevar… lo siento. murmuró en un intento de sonar respetuoso. No obstante, fue todo lo contrario.

A los ojos de Hinata, eso fue una disculpa carente de honestidad.

Ah… alcanzó a decir la pobre muchacha, antes de sentir como su cabeza comenzaba a punzar con fuerza hasta marearla.

Luego de toda la adrenalina que tuvo desde el baile hasta ahora, su cuerpo comenzó a manifestar los síntomas del colapso. Después de haber ingerido casi cualquier cosa y, literalmente hablando, cualquier cosa, ya es tiempo de darle un descanso a su maltrecho cuerpo.

Se agarró la cabeza entre sus manos, mareada y abrumada por lo que acababa de suceder.

Recuéstate. –escuchó que le decía el rubio, pero sonaba algo distorsionado y alejado.

Levantó su mirada entre sus dedos y observó como el rubio desenvolvía las sábanas de la cama y la empujaba suavemente hasta acostarla. No sintió que le quitaba sus zapatos, tampoco sintió que era cubierta por las frazadas, pero si podía ser capaz de ver cómo hacia esas cosas; con un semblante culposo y ensimismado, acomodaba las sábanas para ella.

Lo siento. –volvió a disculparse Naruto, sin atreverse a mirarla a los ojos.

Y en medio de todo ese caos que nublaba su mente, Hinata notó su mirada ida en una penumbra, que bien supo, que él realmente no estaba allí. Él estaba en medio de una batalla consigo mismo en el que ella no era participe. Sin embargo, no llegaba a entender por completo su turbación y ese aire casi indiferente que plasmaba, como si guardara algo solo para sí.

No volveré a caer de nuevo, lo prometo. –dice de pronto, dándole una breve mirada azulina.

Frunció el ceño sin entender una palabra a lo que se refería. Abrió la boca intentando responderle algo, pero su lengua se sentía pesada y extraña, casi adormecida, que lo relacionaba más a su arrebato de hace algunos minutos que de otra cosa.

Naruto iba a decir algo más, pero lo pensó mejor y cerró la boca. Le dedicó una última mirada antes de levantarse de la cama y caminar hacia la puerta. Hinata creía que él giraría a verla unos segundos más, pero se equivocó. Abrió la puerta y se fue así nada más, sin más miramientos ni una última disculpa. Sabía que debía de sentirse mal como mínimo, pero su aturdimiento era tal que sus ojos se habían cerrado sin proponérselo, y lo último que escuchó fue el sonido del cerrojo siendo sellado.

Y luego nada.

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– ¿Qué? –alcanzó a decir la pelirosa con la cara contrariada, observando como Suigetsu estaba igual o más pálido que ella, pero por razones totalmente opuestas.

–Argh…–se quejó el muchacho con una mueca de dolor. Su brazo aún seguía doblado tras su espalda y con la pelirosa encima de él, causándole una fuerte punzada desde su hombro hasta la muñeca. – ¡Oye, eso duele! –chilló apenas, con la mitad de su rostro enterrado en la tierra.

– ¿A qué te refieres con eso? –inquirió apesadumbrada.

Esto era lo último que se le hubiera ocurrido que sucedería. No imaginaba que él ya la conocía y no precisamente por su nombre, sino por ser la chica del Uchiha. Lo que significa que él conoce a Sasuke y que algo sabe lo ocurrido entre ellos dos en aquella noche. Él tenía todas las respuestas a sus interrogantes. Él era el único, además del Uchiha, quien podría decirle la verdad a cerca de esa fiesta.

–No sé de lo que hablas. –masculla irritado. Esa chica no ha hecho más que traerle problemas desde que la conoció a aquella vez, y esta no era la excepción. – ¡Me duele el brazo! –alegó removiéndose en el suelo, buscando de alguna forma zafarse de su agarre.

–Y te dolerá más si no me respondes. –amenazó. Alargó una mano al rostro de Suigetsu y quitó los flecos blancos de su rostro con brusquedad para observarlo a los ojos, y viera que estaba hablando en serio. –Me llamaste la chica de Sasuke ¿por qué? –preguntó directamente.

A pesar del enojo que expresaba el peliblanco, se podía ver un destello de burla en sus ojos violetas. Como si se mofara de ella por su ignorancia.

Los labios de Suigetsu se curvaron en una pequeña y burlesca sonrisa.

–Oh… así que tú tampoco lo recuerdas. –aseveró al ver su expresión en total desconcierto y confusión.

Sin más preámbulos, Sakura apretó aún más el brazo del muchacho contra su espalda, haciendo que el peliblanco soltara aullidos de dolor, dando a entender que ella es la estaba al mando de la situación.

– ¡Ahh! ¡Ya, ya! ¡De acuerdo, tú ganas! –exclamó con los dientes apretados en aflicción.

Sakura dejó de ejercer presión en la espera a que hablara.

–T-Te llamé así porque te vi con él en la fiesta. –dijo apenas con el dolor de su brazo y al tener la mitad de su cara casi enterrada en la tierra, le dificultaba bastante al hablar. Esa pequeña pelirosa lo tenía muy bien agarrado, demasiado para su gusto.

El corazón de Sakura dio un vuelco.

– ¿Cómo que me viste? ¿Qué estaba haciendo? –volvió a inquirir.

– ¿Por qué me preguntas eso? –cuestionó con las cejas fruncidas, sin entender a lo que iba sus inquietudes.

–Tu solo responde. –ordenó volviendo a remeter contra su brazo con más fuerza que antes.

– ¡Ya! ¡Ya! ¡Por favor! –suplicó Suigetsu pataleando lo más que podía contra el suelo. Hasta que la pelirosa dejó apretujar su ya adolorido brazo.

La furia bailaba en los ojos violetas del muchacho ante tan humillante postura en la que la chica lo retenía.

Jamás se le ocurrió que juntarse con la exuberante chica rubia fuera una treta hecha por la pelirosa. Si bien, sabía que la rubia quería información de la fiesta, no se le ocurrió nunca que la rosada iba a tener también sus inquietudes respecto a aquella noche. Y hasta al momento (y por lo que había entendido) ella tampoco recuerda nada de la fiesta, lo que significa que no sabe lo que él intentó hacerle esa vez.

Sin embargo, no debía de ser tan confiado y seguro de sus suposiciones. Tenía que andarse con cuidado y no por la pelirosa, sino por cierto pelinegro de aura oscura y ojos penetrantes.

No quería enfrentarse a un Sasuke furioso… no de nuevo.

Aunque…

–Te soltaré con la única condición de que cuentes todo respecto a la fiesta. –objetó la chica. Suigetsu solo se limitó a asentir.

Soltó su brazo antes de levantarse de su espalda y darle tiempo al peliblanco para que se recuperara.

Con lentitud, Suigetsu se fue levantando con muecas de dolor impregnado en todo su rostro, mientras que se restregaba el brazo con cuidado. Una vez levantado, observó a la pelirosa que estaba a su lado con la mirada fija en sus movimientos, esperando el momento de atacar de nuevo.

No tenía caso intentar escapar, la chica lo seguiría y lo tumbaría nuevamente al suelo, hasta podría romperle el brazo esta vez.

–Tú sí que tienes agallas. –elogió sonriendo de forma ladina.

Sakura no le prestó atención y lo tomó por el brazo lastimado, haciendo que Suigetsu se tensara, ya que todavía no se recuperaba de su agresivo ataque contra él. Lo llevó casi a rastras a la banca donde todavía estaba sentada Ino, esperándola.

Al verla, Ino se levantó de la banca para que ella pudiera arrojar, sin ninguna consideración, al peliblanco. Ambas estaban de pie frente al muchacho, que en ese momento estaba sucio y la ropa desacomodada por toda la revuelta que le había hecho pasar la pelirosa.

Suigetsu levantó la mirada en ellas con esa imborrable sonrisa ladina, como si todo le causara mucha gracia.

–Bueno, creo que tendré energía para ambas ¿eh? –bromeó, soltando una leve carcajada.

Sakura hizo una mueca de asco ante su broma, y estaba dispuesta a doblarle su brazo de nuevo por tal broma de mal gusto, sino fuera por la intervención de Ino, quien se acercó al peliblanco y le plantó una fuerte y sonora bofetada.

¡PAF!

La rabia le carcomía la palma de su mano en donde le había golpeado. No dejaría pasar la oportunidad de vengarse por intentar tocarla, ese bastardo se merecía eso y más por atreverse a acercarse a ella como si en verdad fuera a dejarse manosear por él.

–Eres un puerco. –escupió Ino con ira contenida.

Suigetsu tenía la cara volteada con los mechones blancos tapándole el rostro, por lo que no podían ver su expresión. No obstante, con lo poco que saben de él, ya se podían dar una idea de su reacción.

Y no se equivocaron.

El peliblanco giró la mirada en Ino mostrando esa permanente sonrisa coqueta, sin importar su mejilla colorada por el golpe. Esto no hizo más que enfurecer aún más a las chicas, pero antes de que Ino volviera a lanzar otra bofetada Sakura la tomó del brazo, deteniéndola.

–Ino… –llamó la pelirosa a su amiga. Ino volteó sus ojos rencorosos en ella y pudo ver la preocupación y la rabia de Sakura. –Escucha, tienes todo el derecho de golpear a este cretino. –dijo haciendo un gesto despectivo con su cabeza a Suigetsu, que no hacía más que observarlas intercaladamente. –Pero en este momento necesitamos que hable ¿de acuerdo? –pidió en voz baja, para que solo ella pudiese escucharlo.

Ino le tembló el mentón, pero se obligó a tragar su llanto con dificultad. No dejaría que la vieran derrumbarse, mucho menos frente a ese tipo. Así que sin decir nada, se soltó del agarre de la pelirosa con brusquedad y se dio la vuelta, dejándola con Suigetsu.

Sakura apretó los dientes con frustración. No le agradaba menos que a ella en aguantar y callar lo que Suigetsu intentó hacerle, pero por el momento debía sonsacarle toda la información posible.

–Habla sobre esa noche. –demandó en su dirección con los ojos chispeando ira y agresividad.

Quizás no lo demostrara, pero Suigetsu mantenía cierta precaución ante la presencia impulsiva y hasta colérica de la pelirosa.

– ¿Sabes? De algún modo me recuerdas un poco a Sasuke. –comentó sorpresivamente el peliblanco, causando que la chica frunciera el ceño en indignación. –Me refiero a esa forma de intimidar. Ya sabes… –dijo al aire, pero al ver que ella no entendía a qué se refería, explicó. –No te conozco realmente, pero como has reaccionado hasta ahora…–calló un momento, dándose el tiempo de observarla de pies a cabeza. –Definitivamente, tienes su mismo aire cuando se enoja. Sasuke no necesita gritar, maldecir o decir groserías para intimidar a alguien, y creo que tú tampoco. –conjetura.

–No digas estupideces. –recrimina Sakura, aunque no muy segura. No sabía a qué quería llegar este sujeto, pero no podía evitar compararse con el Uchiha. Para ella no había nada que los relacionara, eran totalmente opuestos, siempre lo había creído. Entonces ¿por qué dudaba?

–No le prestes atención, Sakura. –habló Ino de repente, acercándose a la pelirosa. Ella había escuchado toda la conversación, a pesar de haberse alejado aún mantenía su atención en ellos dos. –Solo te está desviando del tema para poder escapar. –revela la rubia, cruzándose de brazos a un lado de la pelirosa sin mirar a Suigetsu.

Sakura asiente ante lo dicho. No permitiría que la engañara para poder tomar ventaja e irse sin revelar nada.

–Te juro que no te estoy distrayendo. –jura el peliblanco con una falsa mirada de inocencia, en un intento de mantenerse serio, pero una sonrisilla se le escapaba de la comisura de sus labios, delatándolo.

Sin embargo, la sonrisa le duró poco, ya que la pelirosa se acercó más a él y, estirando una mano en su dirección, lo agarró de los cabellos tirándolo hacia atrás. Suigetsu soltó un gruñido ante la inesperada acción de la chica.

–Vas a decir todo lo que sabes de esa fiesta ¿Te ha quedado claro? –espetó Sakura, acercando su rostro hacia el peliblanco, para que viera en sus ojos que no estaba bromeando. –No te lo advertiré otra vez. –dijo esto último en un susurro, dando a entender que cumpliría su promesa.

En un acto de reflejo Suigetsu tocó su brazo adolorido, sopesando hasta donde sería capaz aquella pelirosa por sonsacarle información relevante. Su sonrisa socarrona fue apagándose hasta no ser más que una de amargura, al parecer no tenía más salida.

– ¿Qué es exactamente lo que quieres saber? –preguntó rendido.

Sakura soltó su cabello y se enderezó. Lo observó con tanta fijeza que el peliblanco temió que lo fuera a golpear de nuevo.

–Quiero que cuentes todo. –habló con firmeza. –Desde los mensajes por teléfono y tu llegada a la fiesta. –demanda.

–Bien…–dice Suigetsu, midiendo sus palabras entes de contestar. –Entonces tengo que comenzar desde el principio…–esta vez su sonrisa se ensancha a una más cínica, cargada de malicia.

Bien, si ella quiere saber la verdad, se la daría.

Suigetsu podía ser algo rencoroso a veces, y en definitiva le tenía cierto recelo al Uchiha luego de lo sucedido en la fiesta. Y no hablaba de echar abajo sus intenciones con la pelirosa, sino lo que sucedió después de aquello.

Él no tenía como saber que de todas las chicas de esa cabaña, fuera justamente ella la más importante para Sasuke. Y fue por ese traspié que pagó caro su ignorancia.

Si de algo tenía claro, es que Uchiha Sasuke nunca perdonaba… y él tampoco.

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La quebraría, la rompería como a una muñeca de porcelana. Atravesaría sin delicadeza alguna las carnes entre sus mejillas, sin importar nada. Si suplicara o implorara por aire, no se detendría.

Acercó su miembro más cerca de su tierno rostro y con la voz ronca y desfigurada, demandó:

Abre la boca.

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Un dolor intenso le atravesó la espalda y parte de sus costillas de su lado izquierdo. Con dificultad fue abriendo sus ojos zafiros para enfocar la zona de su alrededor.

Pasto y arboles fue lo primero que visualizó en esa mata de colores verdes y luego, una sombra oscura sentada a su lado. Pestañó un par de veces para observar con mejor claridad.

– ¡Dios! E-Estas despierto. ¡L-Lo lamento tanto! ¡No e-era mi intención! –escuchó que decía una voz temblorosa. Volvió a pestañear hasta esclarecer el cabello negro de una muchacha y unos ojos claros como el agua, que lo observaban con infinita culpa.

El corazón de Naruto latió con fuerza.

Se sentó en un instante por el susto ocasionado, y al hacerlo sintió un mareo instantáneo que lo obligó a cerrar sus ojos con molestia. Masajeó sus sienes en un intento de disminuir el dolor y esperar (por el bien de su raciocinio) que lo que haya visto no sea más que una jugarreta sucia de su mente, porque simplemente no podía estar pasándole.

No debía de estar pasándole.

–Na... Naruto-kun ¿Te encuentras bien? –habló la mujer a su lado con evidente preocupación.

La tensión se apoderó del cuerpo de Naruto al entender que ella realmente estaba allí, no era su imaginación… Hinata estaba a su lado.

– ¿Qué sucedió? –alcanzó a decir sin abrir los ojos aun, manteniendo su mirada gacha.

–Yo… es mi culpa. –escuchó la voz temblorosa y culposa de la ojiperla. –E-Estaba corriendo y choqué c-contigo. –su mano pequeña y cálida se posó en el hombro del rubio, quien al sentir el tacto se tensó aún más.

– ¿Te encuentras b-bien? –susurró la ojiperla acercándose a él para ver su estado físico.

Naruto inmediatamente abrió los ojos y se levantó del suelo, pero el dolor de espalda le hizo recordar que no estaba bien y que debía reposar. Sin embargo, siguió de pie acostumbrándose al dolor sin mirar en ningún momento a la pelinegra.

–Sí, sí. Solo… dame un minuto. –dijo antes de encaminarse al árbol más cercano y apoyarse en su tronco.

Soltó un hondo suspiro cansado con la vista fija en sus zapatos, que en ese momento estaban sucios y con resto de pasto al caer entre los arbustos.

Él había estado caminando por el sendero tranquilamente mientras veía los mensajes de su teléfono y, segundos después, visualiza de reojo alguien acercándose a él. Al momento de girar su cabeza hacia esa persona, no fue capaz de reaccionar ni reconocer a su atacante. Todo fue tan rápido, que solo alcanzó a sentir un violento golpe en su costado que lo llevaron hasta los arbustos que estaban a casi a tres metros de distancia desde donde estaba.

Pero la fuerza fue tan brutal, que se sintió más parecido un auto arrollándolo que un empuje accidental.

¿En verdad fue Hinata? ¿Cómo es posible que una persona tan pequeña lo haya tirado con esa fuerza?

–Tú estabas… ¿corriendo? –cuestionó algo inseguro en su dirección. Sin embargo, no se atrevía a mirarla, así que solo echó un pequeño vistazo a sus pies.

–…Sí –contestó a penas en un murmullo.

–Ah…–se le ocurrió decir el rubio.

Un silencio incómodo se formó entre ellos.

Hinata no tenía idea de que hacer. Se suponía que debía de distraerlo lo suficiente para que las chicas se llevaran a Suigetsu a otro lado. Pero desde el momento en el que corrió hasta él, supo que había tardado demasiado como para distraerlo con cualquier cosa, estaba lo suficientemente cerca como para levantar la mirada y ver a Ino con Suigetsu. No pensó ni se replanteó nada, simplemente tomó impulso y saltó hasta expulsarlo fuera del sendero.

Fue una estupidez.

Aunque haya funcionado y se mantendrá alejado del lugar por unos minutos más, tiempo suficiente para que las chicas terminen lo que tienen que hacer. No podía evitar sentirse horriblemente culpable por el daño causado.

Había lastimado al rubio de manera muy fea, y por los raspones en sus brazos y las muecas de dolor en su rostro, indicaban lo mal que se sentía.

– ¿En verdad te s-sientes bien? –volvió a preguntar Hinata, rompiendo el silencio entre ellos.

Observó como el rubio apretaba los labios en una fina línea, como si estuviera molesto por algo. Quería creer que era por el dolor de alguna parte de su cuerpo, pero en el fondo le daba la impresión que era ella quien causaba ese sentimiento.

Se le apretujó el corazón.

–Lo siento si soy m-molesta. –se disculpó sin saber por qué.

A Naruto se le formó un nudo en el pecho. Tragó saliva para calmar el malestar.

No quería que ella pensara eso. Ella no era el problema, sino él y su tan retorcida mente que no lo dejaba tranquilo.

Era él y sus sucios pensamientos.

Era él y sus impulsos insanos.

Era él y sus emociones más primitivas… las más bajas.

Era él sus deseos más depravados y pérfidos.

Era él y solo él. Por lo que hizo y no se arrepiente.

No, no se arrepiente. Y no puede evitar sentirse tan sucio, tan degenerado y a la vez tan vivo y emocionado.

Porque era simplemente ella, con esa carita dulce y tierna que lo miran con unos ojos llenos de inocencia, incapaz de hacerle mal a nadie. Ella emanaba todo lo bueno de este mundo, todo lo puro brilla por sus poros y él…

Él creía ser una buena persona, carismático, algo parlanchín y bullicioso, pero una buena persona a fin de cuentas. No obstante, cuando la conoció pudo ver en ella más cosas buenas que en ninguna otra persona, y eso es algo que le atrajo en un principio. Es por esa razón que comenzó a conocerla con el paso del tiempo, hasta no más de un año atrás que entendió para donde iba su atracción.

Sí, le atraía Hinata ¿y a quién no? Ella era una chica bonita y no solo por fuera sino por dentro. Sus propios sentimientos eran tal y como ella: inocentes e ingenuos, sin saber lo que abarcaría en los próximos meses.

Sin darse cuenta, ni proponérselo comenzó a observarla más de la cuenta. Lo que eran antes unas simples miradas curiosas al verla pasar a su lado o encontrarla cruzando los pasillos de la escuela, se convirtió en algo mucho más profundo y oscuro. Una parte de sí, que jamás había visto o sido consciente de ello, comenzó a manifestarse poco a poco.

La primera vez que soñó con ella, creía que era un simple sueño húmedo de esos que le pasan a la mayoría de su edad: ella con poca ropa y con esa misma mirada ingenua tocándolo en donde no debería. Claro que este hecho lo avergonzó tanto que evitó cruzar miradas con ella por casi una semana. Luego, los sueños fueron más constantes de lo que le gustaría admitir, demasiado intenso y abrumador, pero siempre en todos ellos tenían algo perturbador en común: Hinata y esos ojos claros y limpios.

Hinata acostada en la cama con un vestido corto mientras él se bajaba los pantalones desesperado por tenerla, y ella ahí esperándolo con ojos confiados sin entender su urgencia.

Hinata tirada en el suelo del salón de clases y él encima de ella arrancando su uniforme con violencia, pero ella ahí observándolo con cariño a pesar de lo que estaba a punto de hacerle.

Hinata dándole la espalda mientras él le arremete por detrás con fuerza, observando su espalda brillando en sudor y su rostro de costado, con los ojos brillosos y amorosos como solo ella sabe serlo.

Hinata en una tina de baño, húmeda por los vapores que emanaban del agua.

Hinata semidesnuda en su habitación.

Hinata con los brazos amarrados en la cabecera de la cama.

Hinata. Hinata. Hinata…

Y aunque lo perturbaba, lo desesperaba y lo hicieran sentir sucio e inmoral, no hizo nada por corregirlo. Por la simple y sencilla razón que a pesar de todo, lo disfrutaba.

Con un demonio, sí. Cuanto lo disfrutaba, cuanto gozaba en sus fantasías, en sus sueños y deseos más oscuros y densos.

Y una vez que aceptó esa parte de él, una vez que reconoció cuanto gustaba de sus sueños, fue que comprendió al fin, que al igual que todo el mundo él también posee un lado oscuro y retorcido. Un lado que solo Hinata pudo sacar, porque estaba seguro que él jamás había sentido algo parecido por nada ni por nadie, entonces el tan carismático y buen amigo Naruto resultó ser peor que escoria.

¿Cómo es posible que se haya convertido en alguien tan…?

–Na-Naruto-kun…–susurró la ojiblanca. Había avanzado un par de pasos a su dirección, al ver su turbación dibujándole las facciones. –S-Solo quiero asegurarme de que t-te encuentras bien, luego me iré ¿e-está bien? –dijo pensando que así él se sentiría mejor.

Era un cobarde.

Apretó la mandíbula frustrado consigo mismo, lo mínimo que podía hacer era responderle para que no se sintiera ofendida y luego se marcharía de ahí. Era lo mejor.

–Sí, sí. Solo dame un momento para…–dijo levantando la mirada para darle un pequeño vistazo. Pero luego volvió a observarla, horrorizado de su estado. – ¡Hinata! –exclamó asustado, olvidando su dolor de espalda y levantándose del tronco en donde estaba apoyado, para estar frente a ella en dos grandes zancadas.

La que más se asustó fue Hinata. El cambio de humor repentino del rubio hizo que su corazón martillara con fuerza de un momento a otro. Y al segundo siguiente, Naruto estaba frente a ella con las cejas fruncidas.

– ¡Estás sangrando! –volvió a exclamar. No pudo reprimir el tono enojado de su voz, observando la enorme cortada de forma vertical que tenía la chica en su mejilla izquierda. Pequeñas gotas de sangre le escurrían por su piel blanquecina, demasiado notorio como para pasar por alto. Con una mano levantó su rostro para inspeccionar mejor la herida.

Las mejillas de la ojiblanca se colorearon de la vergüenza al tenerlo tan cerca. Podía ver como observaba su herida con las cejas fruncidas en detenimiento. Sintió los dedos del rubio rozar con delicadeza su piel, como si temiera lastimarla.

Su corazón comenzó a latir acelerado e inevitablemente feliz de tenerlo junto a ella, a pesar de las circunstancias. Ni si quiera había sido consciente de su propio estado, ella también se había lastimado durante la caída pero no le había prestado atención por el miedo y la preocupación al ver al rubio inconsciente.

– ¡Auch! –exclamó Hinata al sentir un ardor en su mejilla.

–Lo siento…–se disculpó el rubio. Había presionado la herida para ver qué tan profundo era el corte. –No es un simple rasguño, aunque no es muy profunda. –aclaró, aun observando con preocupación su herida.

En cambio Hinata no dijo nada por temor de arruinar el momento y que volviera a alejarse de ella, por lo que simplemente se quedó mirando su rostro todo lo que fuera posible. Porque si no ¿Cuándo volvería a tener una oportunidad como esta? Dudaba que después él volviera a hablarle, entonces… ¿Debería decirle algo o disfrutar de su cercanía en silencio?

Observó una vez más su rostro, tratando de guardar sus rasgos en su memoria. Desde su mentón subiendo por su mandíbula y sus mejillas, la forma de sus labios delgados y su nariz, hasta llegar a sus ojos azules como el cielo. Entonces, después de mucho tiempo, los potentes ojos de del rubio hicieron contacto con los suyos. Y comprendió, no con sin cierta resignación, que jamás amaría a alguien con la misma intensidad como lo amó a él, como lo sigue amando y, muy probablemente, seguiría amándolo a pesar de todo.

Naruto retiró su mano lentamente de su mejilla, sin quitar sus ojos en los de ella.

Se supone que no debía de acercarse a ella.

Se supone que no debía de hablarle.

Se supone que no debía ni mirarla.

Pero allí estaba frente a ella, mirándolo con sus ojos llenos de ilusión y cariño, como siempre lo ha observado. Y él en su mente, en lo único en lo que podía pensar era en aquella noche, en como ella lo miraba de la misma manera en que lo hacía ahora… y en como él se aprovechó de eso.

Su mano que se había alejado de su rostro, retomó su camino pero en esta ocasión fue hasta su mandíbula presionando levemente, y levantó su rostro solo para rememorar los sucesos en el que, por una vez, se dejó domar por su perversidad.

Retiró los ojos de inmediato.

Le causaba nauseas a sí mismo lo enfermizo que podía llegar su mente, como si toda esa depravación no tuviera límites, y lo peor de todo, lo que más lo perturbaba incluso, más que sus pensamientos, era descubrir que él realmente se aprovechó de ella.

Porque Naruto tenía claro que Hinata no recordaba nada de esa noche.

Sacó su mano de su rostro con rapidez, como si toda en ella le quemara. Carraspeó levemente incómodo sin mirarla.

–Am… ¿tienes un pañuelo o algo? Es para que puedas limpiar tu herida, ya sabes…–dijo lo primero que se le ocurrió. Rascó su nuca en un intento de alejar su incomodidad y dio un paso atrás, dejando que la chica tuviera más espacio personal.

–Creo… que sí. –atinó a decir la ojiblanca antes de bajar su mirada a su bolso y, con lentitud, buscar algo con qué limpiarse. Sin embargo su mente estaba embutida en la inesperada y extraña acción del rubio al levantar nuevamente su rostro. No estaba muy segura, pero le dio la impresión que Naruto estaba recordando o pensando en algo cuando volvió a observarla. No es que se quejara, simplemente le causó un extraño sentimiento en el pecho al ver sus ojos perdidos en algún punto de su rostro.

Alcanzó un paquete de pañuelos desechables escondido en su bolso y procedió a sacar unos cuantos para aplicarse encima de la herida.

El silencio sepulcral que emanaba el ambiente era suficiente para incomodar a ambos, pero Hinata se negaba a decir algo si él no lo hacía, ya que la actitud tan extraña y distante que ha tenido el rubio para con ella, no le daba pistas de cómo debía de tratarlo.

Todo lo contario en Naruto, que a pesar de la enorme caos en el que estaba su mente, no podía estar tranquilo y callado por mucho tiempo, y tenía la necesidad de hablar o hacer cualquier cosa con tal de mantener sus pensamientos alejados de sus recuerdos turbios. Lo primero que hubiera hecho era irse de allí, pero dadas las circunstancias no podía dejar sola a Hinata y más en las condiciones en la que estaba.

–Eh… ¿has venido sola, dattebayo? –preguntó, deseando que su respuesta fuera negativa. De esa manera ella volvería con sus amigos y él se alejaría de ella.

–Bueno, yo…–Hinata no sabía si era buena idea decirle que iba con las chicas, ya que se suponía que él no debía de enterarse de lo que estaban haciendo, pero tampoco podía mentirle a la cara, ya que estaba segura de que él sentiría la obligación de quedarse a su lado y eso sería lo último que querría que hiciese. –Voy a juntarme con alguien. –se le ocurrió decir.

"Voy a juntarme con alguien"

La frase retumbó en las paredes de su blonda cabeza como un tambor, asimilando el significado de esas palabras.

Claro que Hinata no pensó en como el rubio interpretaría sus palabras, si lo hubiera sabido habría pensado un poco más antes de responderle. Sino, Naruto no la estaría clavando los ojos medio acusadores y medio enojados en su persona.

Obviamente, Hinata no tenía la más mínima idea de esto y lo único que podía hacer era observar confundida el gesto hosco en las cejas y labios del rubio, como si algo le molestara.

– ¿S-Sucede algo? –inquirió la chica al ver como Naruto se paraba recto, luciendo toda su altura en un acto, inconscientemente, dominante.

– ¿Alguien como quién? –cuestionó cruzándose de brazos.

La ojiblanca se trabó al hablar, boqueando varias veces antes de pensar en algo coherente.

–A-Ah… v-voy a juntarme con… em... ¿Kiba? –respondió al fin algo dudosa.

La chica se puso más nerviosa ante el escrutinio de Naruto quien, en un momento de silencio, frunció la boca al escuchar el nombre de su amigo (y la verdad fue la primera persona que se le ocurrió en ese momento).

–Bueno… Supongo que está bien. –habló el rubio. –Digo, son amigos de hace mucho y dudo que intente algo. –

Hinata pestañó un par de veces ante su último comentario, no entendiendo a que iba a con eso. Sin embargo, le dio la impresión que estaba hablando más consigo mismo que con ella, y lo pudo confirmar en como Naruto asentía a sus propias palabras. Luego, aun con la confusión en su rostro, observó como el rubio hacia una mueca extraña antes de agregar.

–Porque él no lo ha intentado, ¿verdad? –Hinata tardó unos segundos en comprender que la pregunta era dirigido a ella y no habladurías solitarias del rubio.

–Eh… ¿no? –contestó. Al ver como el chico se relajaba, supo que había contestado correctamente y no la había fregado como últimamente lo hacía.

–Bien, bien. Que siga así. –volvió a divagar.

Naruto observó nuevamente su herida antes de dirigirse directamente a ella.

–Creo que es mejor que vayas con él y que te acompañe a un hospital para que te revisen. –aconsejó el rubio.

"Acompáñame tú" –le hubiese encantado decirle, pero no se atrevió. Temía que si le insinuaba él se alejaría nuevamente, y la verdad le bastaba con tener esa extraña charla sin sentido, le hacía sentir feliz a pesar de todo.

– ¿Y dónde está, por cierto? –le preguntó levantando una de sus cejas.

Hinata vio en ese momento la oportunidad perfecta para hacer dos cosas.

Primero, apuntó hacia un lado de los árboles, la parte del sendero en el que había salido Naruto y que era justamente el lado opuesto en donde se encontraban las chicas, dando a entender que ese es el camino que debía de seguir. Ya que, lo conocía lo suficiente como para saber que él jamás la dejaría irse sola y más si está herida (por mucho que ha sido su indiferencia para con ella). Por lo que el rubio la acompañaría hasta su destino, alejándose por un buen tiempo de las chicas.

Y segundo… tendría unos minutos más a solas con él.

–De acuerdo, vamos. –indicó el muchacho antes de comenzar a caminar hacia la dirección señalada. Hinata lo siguió en completo silencio.

Pronto estaban fuera de los árboles y el sendero se hizo presente, dejando ver el amplio camino de piedras y bancas del lugar. Con disimulo, Hinata miró hacia atrás para ver si de esa distancia podía ver a las chicas, pero se alegró al ver que los arbustos ocultaban gran parte de esa zona.

Quizás era el silencio incomodo o la mentira que había dicho, pero pronto Hinata ya no se sentía tan feliz como en un principio. Sabía que estaba haciendo mal en engañar al rubio de esa manera, le hubiese gustado decir que era por las chicas, pero eso también sería mentira.

Ella quería saber por qué de un día al otro la dejó de hablar, de mirarla a los ojos o tan si quiera saludarla. ¿Había hecho algo mal? ¿Había dicho algo que le desagradara? O quizás…

¿Se habrá dado cuenta lo simple que es? ¿Se habrá aburrido de ella? ¿Es por eso que no le habla? ¿Por temor a herir sus sentimientos?

Una horrible punzada se le clavó en el pecho cortándole la respiración.

No, se negaba a pensar que él…

Naruto no es de esa clase de chico que deja de hablar con sus amigos por aburrimiento, porque ella era su amiga ¿cierto?

Nunca se había puesto a pensar que era ella para él. Siempre asumió que la veía como una amiga más, es decir; charlaban de vez en cuando, la saludaba cuando se encontraban en la escuela e incluso ¡la había invitado a salir! Aunque solo fue una vez y en muy breve tiempo, ella siempre creyó que era una cita.

Ahora que lo pensaba ¿realmente fue una cita o solo una pequeña salida de amigos? Él nunca se lo explicó ni dijo nada al respecto ¿lo habría malinterpretado?

– ¿Está muy lejos? –preguntó Naruto de repente, sacando a la chica de sus cavilaciones.

– ¿Ah? –murmuró sin comprender. Naruto volteó a observarla.

–Kiba ¿Qué tan lejos se encuentra? –especificó.

Para en ese entonces habían avanzado casi diez minutos en completo silencio, solo acompañado del ruido de las pocas personas de alrededor y la brisa fría de la tarde.

–N-No mucho. –respondió.

Observó al rubio de reojo, caminaba despreocupado con las manos en los bolsillos con la vista fija hacia el frente. Lucia algo serio y eso es quizás porque él no quería estar allí caminando con ella, acompañándola solo por caballerosidad. Es una de las cosas que le encantaba de él y a la vez detestaba, porque no sabía si las cosas amables que hacía eran por gusto o porque se sentía obligado a hacerlas. Ella no quería ser eso para él; una obra de caridad.

Hinata se detuvo abruptamente haciendo que el rubio también se detuviera pasos más adelante, mirándola confundido.

–No tienes p-por qué acompañarme –dijo, comenzando a jugar con sus dedos con nerviosismo. –P-puedo ir sola. –aseguró levantando su mirada a los de él.

Naruto frunció el ceño ante lo dicho.

–Por supuesto que no. –contestó cruzándose de brazos frente a ella. –No te dejaré ir sola. Sabes que por aquí no es muy seguro y además ¡estás herida! –manifestó el muchacho.

–Pero… no quiero q-que estés incómodo conmigo. –confesó la ojiblanca.

Lo que fuera a decir el rubio murió en su boca, intentó un par de veces en refutar sus palabras, pero no lo hizo porque sabía que ella tenía razón al respecto. Tampoco quería hacerla sentir mal, ya que todo esta situación para empezar, era culpa suya, en donde ella ha salido perjudicada.

Con un demonio, él la perjudicó. Y de qué manera.

Revolvió sus cabellos blondo con una mano, frustrado consigo mismo. Inhaló una gran cantidad de aire antes de responderle.

–Te dejaré con Kiba y se acabó. –sentenció.

Hinata estaba a punto de contradecirlo, pero justo en ese momento, Naruto dio un paso a su dirección y sin ceremonias, le agarró de la mano con algo de brusquedad y siguió caminando, haciendo que la chica no tuviera más remedio que avanzar junto a él.

El corazón de la Hinata latía con rapidez a cada segundo que pasaba. La mano de Naruto se sentía cálida y la agarraba con firmeza, evitando que la ojiblanca intentara escapársele. Estaría mintiendo si dijera que detestaba su terquedad, porque en verdad Hinata solo quería estar cerca de él y disfrutar de todo el tiempo posible a su lado. Sabía de antemano que Naruto era un cabezota sin remedio; cuando algo se le metía a la cabeza no hay nada ni nadie que pudiera sacárselo. Es una de las cualidades que más le gustan de él, porque no se rinde y persevera sin importar lo demás.

Sin embargo, en esta ocasión su cualidad no le favorecía para nada, ya que él no va a parar hasta que dé con Kiba.

Tragó grueso al imaginar la vergüenza que pasaría si Naruto se diera cuenta que el castaño no está por ningún lado.

–Na-Naruto-kun, por favor... –suplicó la ojiblanca, pero el blondo hacia oídos sordos a su llamado. –En verdad p-puedo ir sola, en serio. –volvió a insistir. Naruto giró su rostro a su dirección sin dejar de caminar.

–Ni en broma. –espetó con la mirada seria, dando a entender que no iba a cambiar su parecer.

Hinata analizó rápidamente la situación: estaban ya muy lejos de las chicas y había pasado suficiente tiempo para que ellas consiguieran información, por lo que ya no era necesario seguir con la mentira.

No le quedaba de otra más que decirle la verdad.

–Te mentí. –confiesa finalmente. La voz temblorosa de la ojiperla fue escuchada por el blondo, quien paró de caminar y giró a mirarla confundido.

– ¿Ah? –alcanza a decir Naruto sin comprender, pero evidentemente consternado.

–T-Te dije que iba a encontrarme c-con Kiba. –dice en un tono bajo. –Te mentí…–repitió ocultando sus ojos en el suelo con infinita vergüenza.

El silencio se hizo presente en ambos nuevamente.

Desde su posición, Hinata no podía ver nada salvo los pies del rubio. No levantó la mirada en ningún momento, manteniendo la cabeza gacha y sintiéndose bastante apenada al confesar su mentira.

–Entonces… ¿no te juntarás con Kiba? –cuestionó el rubio, con la confusión pintándose en sus facciones.

Hinata simplemente negó con la cabeza. No se atrevía hablarle.

Pasó unos segundos antes de que Naruto volviera a hablar.

– ¿Te verás con alguien? –preguntó. Sin embargo, su voz sonó tan seria que asustó a la pequeña ojiblanca.

Hinata se hundió entre sus hombros tragando grueso ante su tono.

–Y-Yo… –balbuceó sin saber que contestarle.

–Pregunté…–la interrumpió. La mano de Naruto comenzó hacer presión en la suya. –Si te verás con alguien. –el tono de voz que utilizó asustó aún más a la ojiblanca.

Naruto estaba molesto.

–N-N-No… –tartamudeó a penas. Le dificultaba hablar correctamente frente a él y más en el estado en el que estaba. Tenía miedo levantar la mirada y ver sus ojos acusadores en ella, no podría soportarlo.

– ¿Estás segura? –insistió nuevamente, afianzando más su agarre.

–L-Lamento haberte m-mentido Naruto-kun. –se disculpó.

Su corazón latía de prisa al igual que su respiración, y su mano comenzó a doler por la presión que le ejercía el chico.

Estaba a punto de echarse a llorar.

–Na-Naruto-kun, p-por favor… suéltame. –suplicó con voz temblorosa, las lágrimas se le acumulaban en sus ojos perlas al imaginar el desprecio que debía sentir el muchacho hacia ella.

–Hinata, mírame. –demandó Naruto.

Y así, con evidente vergüenza, la ojiblanca fue levantando su mirada temerosa en él. Con las pequeñas lágrimas adornando las comisuras de sus ojos, Hinata pudo apreciar el estado de Naruto y (a lo contrario de lo que imaginó) no lucía decepcionado u enojado. La transparencia de su mirada demostraba otras emociones que ella pudo entender claramente, pero simplemente no podía creerlo.

Como un flash Naruto recordó una escena en particular de aquella noche, como si se repitiera en el presente: Un halo de aliento y la escasa luminosidad de la luna podía sentir y ver la mejor, la más pura esencia de morbosidad plantada frente a él. Era más abrumadora y extraordinaria que sus fantasías y sueños descarados, como tocar nubes en el cielo sabiendo que eso es imposible, pero ahí estaba, sintiéndola como si en verdad fuese real.

No…

Es real.

Abrió sus ojos llenos de espanto y, rápidamente dio media vuelta dándole la espalda, como si en ella existiera algo maligno que lo llevaba a hacer cosas indescifrables e indecorosas que no podía ni llegar a describir.

Ah, no...

El indecoroso era él.

El sucio era él.

El que la contaminó era él y solo él.

El corazón de Hinata no ha parado de martillar con fuerza en ningún solo momento, pero ahora era más de sorpresa que otra cosa, o eso creía.

¿En verdad él la había visto de la manera en que creía de haberla visto? ¿No? ¿O sí? Si Naruto se diera el tiempo de observarla ahora vería la estupefacción dibujándose en toda la cara.

Él la miró como si fuera un… un pedazo de carne.

Se le enrojeció el rostro de tan solo pensar semejante tontería, porque lo es ¿cierto? Debe de haber una explicación razonable ante la… confusa forma de mirarla hace algunos segundos atrás, pero ¿por qué se dio la vuelta? ¿Por qué sus hombros se veían tensos? A lo mejor confundió su expresión por el enojo o algo así.

–Estas… ¿m-molesto? –aventuró a preguntar la ojiblanca después de un largo silencio.

Naruto respiraba hondamente con los nudillos apretados, como una forma de canalizar su repentina (y nada grata) excitación. Abrió los ojos al escuchar su pregunta, pero no respondió de inmediato, se dio el tiempo de seguir pensando estupideces antes de darse la vuelta y encararla. Solo rezaba a todos los dioses de que por favor no lo haya notado, porque si no sería muy bochornoso.

–No, para nada. –dijo lo más natural posible, girando a su dirección.

Hinata lo observó un largo rato, llegando a la conclusión de que lo que vio a lo mejor fueron ideas suyas y que, por su salud mental, tenía que dejar de escuchar las cochinadas que hace Ino con Sai, ya que ésta no paraba de hablar de su intimidad con el chico, llenándole la cabeza con ideas que jamás quisiera volver a imaginarse.

–Ah…–se le ocurrió decir la ojiblanca. Al menos ya no estaba tan asustada como al principio, aunque debía de admitir que seguía un poco avergonzada de haberle mentido.

Otro silencio incómodo se formó entre ellos.

–Entonces, Hinata… ejem. –dijo Naruto, tosiendo un poco para tomarse unos segundos en pensar que decir. – ¿te verás con alguien? –no pudo evitar preguntar, era lo único que pasaba por su mente, ni si quiera le cuestionó el haberle mentido.

"¿Cómo no se me ocurrió? Seré idiota." –pensó, se imaginó a si mismo dándose cabezazos contra la pared.

La ojiblanca solo negó con la cabeza, bajando su mirada avergonzada al piso.

La tensión en los hombros de Naruto desapareció, ya más aliviado con su respuesta. Ahora si podía hablar con más tranquilidad sin que le azotara los nervios, ¿verdad?

– ¿y por qué mentir sobre eso? –cuestionó más por curiosidad que por enojo. La verdad no estaba enojado realmente, pero si le extrañaba esa actitud en ella. Hinata no solía mentir y menos con él, pensándolo bien, no recuerda que alguna vez ella le haya mentido. Bueno, no una mentira que haya confesado, pero a lo que se refería era a que ella no es de ese tipo de persona. Es por eso que sentía confusión y extrañeza ante su actuar.

Hinata comenzó a mover sus dedos entre sí con nerviosismo, como una niña pequeña dándole explicaciones a su padre por haber hecho alguna travesura. O al menos lo creía el rubio.

–N-No… –dice finalmente, subiendo sus ojos hacia él brevemente y volver a mirar las puntas de sus zapatos.

– ¿No qué? –pregunta sin entender.

–No p-puedo decírtelo. –confesó en voz baja, pero fue oído igualmente por Naruto.

Frunció el ceño.

– ¿Ah? –Naruto no entendía nada. – ¿Qué me estás ocultando? –cuestionó achinando los ojos a su dirección.

Hinata dio un respingo ante eso y cerró los ojos fuertemente, negándose a observarlo de frente.

No podía decirle que lo estaba distrayendo para evitar que siguiera por el sendero que lo conducía a las chicas, quienes habían ideado un plan (incluyéndose) para sonsacar información a un tipo que tenía cierta atracción con su rubia amiga y que ella lo estaba seduciendo por dicha información. No, absolutamente no podía decirle eso. Y absolutamente no podía decirle, que ya había transcurrido el tiempo suficiente para dejarlo ir pero no lo hizo, con el único motivo de pasar tiempo con él.

No, absolutamente no.

–De acuerdo. –aceptó inesperadamente el blondo.

Hinata abrió lentamente sus ojos y los subió un poco solo para mirar a Naruto asentir con la cabeza de manera pensativa. Pestañó un par de veces, siendo ahora ella la que no entendía lo que estaba pasando.

–De acuerdo. –repitió cruzándose de brazos. –Si no quieres decirme, está bien. –dijo tranquilamente, sin embargo su rostro no mostraba ninguna expresión y la mirada que le dirigía era anormalmente seria.

– ¿De verdad? –preguntó extrañada de su neutralidad.

–Claro. De hecho, da igual que casi me partiera la espalda en los arbustos o que me desmayara…–comenzó a decir Naruto causando el efecto deseado; Hinata lo miró de reojo dudosa y culposa.

Él sabía dónde acertar a la llaga. No esperaba que él fuera tan astuto para mencionar la tremenda golpiza que le propinó al chocar contra él. ¿Acaso sospechaba algo? No, no lo creía. ¿Y si alcanzó a ver a Ino con Suigetsu? Tal vez tardó demasiado en reaccionar y saltar sobre él cuando ya vio todo ¿y si relacionó eso con el hecho de haberlo golpeado afuera del sendero? Debió de asumir que trataba de alejarlo de la escena ¿qué estará pensando? Esperaba que no malinterpretara los hechos y creyera que Ino le estaba siendo infiel a Sai, porque si no estarían en graves problemas.

Mientras Hinata teorizaba en silencio las posibilidades con el rostro preocupado y descompuesto, Naruto pensó si no había llegado demasiado lejos en mencionar aquella escena. La verdad lo dijo pensando que si tocaba su lado blando ella cedería y le contaría.

En definitiva, Naruto no tenía idea que tan acertado fue en señalar el acontecimiento del sendero, ni que tan astuto hizo en hacerlo a pesar de que sus intenciones fueron otras y no como las imaginaba la ojiblanca.

Sí, Naruto era un idiota con suerte.

–E-Espera, Na-Naruto-kun. –tartamudeó la chica con el tez pálido. –Tú… Tú sabes…–dijo al aire, de forma que él completara lo que estaba pensando o peor…

– ¿Hm? –el rubio inclinó la cabeza a un lado sin comprender. – ¿saber qué? –preguntó.

Hinata tardó dos segundos en reformular sus ideas.

Oh, él no sabía nada.

Sin poder evitarlo, soltó una gran cantidad de aire que no se dio cuenta que estaba reteniendo. Ya más tranquila al entender que Naruto no tenía idea de lo que le estaba hablando, y en realidad no alcanzó a decirle nada, por lo que estaba mucho más tranquila que hace unos segundos.

En fin, Naruto era Naruto.

Entonces, decidió que ya era tiempo de irse, ya lo había fastidiado lo suficiente para hacerle recordar el penoso ataque que le costó un horrible dolor de espalda y un desmayo, por lo que no quería seguir creando más momentos incomodos y raros entre ellos. Había sido solo una carga para él, teniendo que llevarla con quien sea para que la llevara a un hospital…

–No importa. –murmuró la ojiblanca negando con la cabeza. Naruto seguía observándola confundido, pero extrañamente Hinata lo observó de frente con más ánimo de lo que había demostrado en todo el camino. –Siento en haberte molestado, Naruto-kun. –dijo haciendo una breve reverencia, desconcertando un poco al chico. –No volverá a pasar. –no se había dado cuenta, pero Hinata ya no estaba tartamudeando.

–Ah… espera un segundo…–intentó retomar la conversación anterior pero ya era tarde, Hinata lo interrumpió.

–I-Iré yo misma al hospital. –bueno, al menos alcanzó a decir una frase sin tartamudear. –N-No te quito más tiempo, l-lo siento. –volvió a disculparse.

Dio un paso al lado para rodear al rubio y seguir el camino, pero Naruto se puso en medio evitando su huida.

–No. –espetó serio, observándola con el ceño fruncido. –Si no quieres decirme que te está pasando, lo aceptaré. Pero no dejaré que vayas sola en ese estado. –puntualizó dándole una hojeada a la herida en su mejilla. – ¿Entendiste? –recrimina seriamente con una mirada que no daba para réplicas.

La ojiblanca lo observó un largo rato sorprendida, sin poder evitar un sonrojo adornar sus pálidas mejillas.

– ¿E-Entonces que sugieres? –pregunta lo más normal posible, sin embargo se le escapó un tinte emocionado en su voz. Pero como siempre, Naruto no se daba cuenta, nunca lo hacía.

–Yo te llevaré y fin del asunto. –dictamina el blondo inflando su pecho como un sargento, luciendo más alto y fornido de lo acostumbrado.

Debería en rechazar su proposición. Debería decirle que llamaría a su primo para que fuera a por ella. Debía de librarlo de ella, pero no. Hinata en el fondo quería seguir siendo egoísta y callar sus ideas, porque momentos como aquellos solo suceden una vez, y más si en ese bendito día a escuchado más proposiciones de él de lo que le ha dicho en toda su vida. Y sabe que solo se está engañando y que al final del día eso solo quedará para el más dulce de sus recuerdos y para él solo será una mala racha que olvidará a la semana siguiente.

No, no quería ser una mala racha.

– ¿No t-tienes algo que hacer después? – cuestiona por última vez, si dice que no entonces seguiría siendo egoísta, pero si dice que sí… al menos para ella quedaría como un grato recuerdo.

–No. –responde automáticamente Naruto, haciendo que el corazón de la ojiperla diera un brinco emocionado. –Espera…–dice recapacitando un momento. Frunció el ceño rememorando entre sus neuronas algo que se le escapaba.

De pronto Naruto abrió los ojos como platos y su tez se tornó pálida como un muerto, asustando a la muchacha. Llevó una mano sobre su cabeza como si hubiese recordado algo importante.

– ¡No puede ser! Me lleva la…–sofocó su disparate con su mano al bajarla por todo su rostro en desamparo. –Me va a matar, definitivamente me va a matar. –murmura acongojado rascando su blonda cabeza con ambas manos.

– ¿Q-Qué sucede? –pregunta asustada la muchacha. No quería ser la causante de que él se perdiera algún evento importante.

–Iba a juntarme con él en la tienda de videojuegos. –contesta observando rápidamente su reloj de muñeca. – ¡hace cuarenta minutos! –vocifera apesadumbrado.

Ahora es Hinata quien frunce el ceño sin comprender del todo. Naruto se iba a ver con uno de sus amigos en la tienda de videojuegos, que si no mal recuerda quedaba al frente de la plaza en donde estaba las chicas, cruzando la calle. Eso la alarmó, ya que no estaba muy segura si desde allí podrían reconocer a las chicas, además eso le daba otra suposición; si bien Naruto no ha dicho con exactitud con quien amigo se vería, ella asumía que debía de ser algunos de los chicos de la escuela que frecuentaba, y si ese era el caso ¿Quién sería? Solo esperaba con todo su ser que no fuera Sai.

Cualquiera menos Sai.

–Na-Naruto-kun, ¿se puede saber con q-quien? –pregunta tímidamente, pero Naruto estaba bastante alterado revisando su teléfono y murmurando cosas como "va a matarme, eso seguro" "me degollará como a un cerdo" "¿por qué mierda tiene que ser tan agresivo, dattebayo?" y un sinfín de habladurías.

–Naruto-kun, d-de seguro Sai entenderá. –vaciló un poco en mencionar su nombre, pero si quería saber si de él se trataba no le quedaba de otra.

"Por favor que no sea Sai, que no sea Sai" –suplicó al cielo para sus adentros.

– ¿Sai? No claro que no. –responde apenas ya que estaba más concentrado en enviar mensajes a través de su teléfono a toda velocidad y apuro, que no meditó sus propias palabras. –él siempre está ocupado con Ino o con otras cosas, por eso ya casi nunca lo invitamos a nuestras salidas. Además a Sasuke no le agrada mucho dattebayo…–divagó sin prestarle atención a la repentina palidez de la ojiblanca.

De pronto Hinata comenzó a entender para donde iba las palabrerías del rubio, y deseó más que nunca que estuviera equivocada, porque de lo contrario…

Detuvo su respiración por unos segundos, imaginándose la catastrófica escena que ya danzaba por su mente.

Oh, por Dios…–le tembló la voz.

–Sí, lo sé. –expuso el blondo como si ella estuviera pensando lo mismo que él, aun inmerso en su teléfono. –Sasuke va a matarme. –

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–De acuerdo, veamos…–el peliblanco observó el cielo, aparentemente, pensativo. –Era una noche muy tranquila, estaba acostado en mi cama semidesnudo con… ¡Auch! –chilló al último. Sakura le había dado un manotazo a su brazo adolorido.

–No desvaríes con tus asquerosidades. –demanda la pelirosa con la vista cargada de desprecio.

– ¡Esta bien! ¡Está bien! Pero sin golpes. –se quejó malhumorado, pero recuperó rápidamente la chispa perversa en sus ojos antes de seguir hablando. –Estaba haciendo unos negocios cuando recibí un mensaje de ella. –dijo esto último dando una breve mirada a Ino, quien de lejos escuchaba toda la conversación sin ser partícipe de ésta.

– ¿Qué clase de negocios? –pregunta con el ceño fruncido, especulando en que cosas turbias podía estar metido aquel tipo.

–Bueno… –dijo alargando la "o" de forma cantarina, para luego pasar de una mirada divertida a una más suspicaz. –eso no es de tu incumbencia. –aclaró con una sonrisa que no le llegó a los ojos.

Internamente Sakura estuvo de acuerdo con eso, lo que hacía con su vida no tenía que importarle.

–Que más. –exigió con voz autoritaria.

–Supongo que ya leíste los mensajes ¿no? –pregunta casual, acomodándose en el banco. –para saltarnos esa parte, ya sabes. –le guiñó un ojo.

Era increíble que a pesar de las circunstancias en las que se encontraba y después de la sesión de golpes y maldiciones, él seguía comportándose tan fresco y natural, como si le hablara a cualquier persona y no con la chica que le partiría el brazo de seguir tentando su nivel de paciencia.

–Sí, las vi. –confirma recordando los mensajes que habían leído en la casa de Ino. –También había una llamada. –le menciona, y en ese instante los ojos de Suigetsu centellaron y su sonrisa se curvó aún más de forma burlesca.

– ¡Ah, sí! La llamada…–aplaudió conteniendo una risa. –Es curioso que lo menciones, pero dado a que no recuerdas nada ya no me extraña. –el sarcasmo brotaba en cada palabra que pronunciaba. –quiero ver como tu petulancia te estalla en la cara cuando te lo cuente, ¡ja! –ríe sin poder evitarlo, observando la expresión confundida de la pelirosa.

Pero a estas alturas ya debía de haber entendido que Sakura se defendía a golpes y no a palabras.

¡PAF!

Sakura le había dado un puñetazo en su brazo lastimado haciendo que el peliblanco soltara un grito de dolor.

– ¡Agh! –grita, retorciéndose de dolor. Sakura no esperó a que se recuperara y lo agarró de los cabellos con fuerza levantando su rostro para mirarlo a los ojos y que aprendiera que con ella no se juega. –Eso… ugh… realmente dolió. –dijo en una mueca de dolor que no pudo reprimir. –Bien, está bien. Ya entendí. –reconoció al fin. Esta chica iba en serio.

–Perfecto. –aprobó soltando sus cabellos con rudeza y volver a posicionarse frente a él. –prosigue. –

Suigetsu la observó con odio, pero se obligó a sonreír con malicia antes de hablar.

–Eras tú. Tú me llamaste desde el teléfono de tu amiga. –revela agrandando su sonrisa.

Sakura frunce el ceño. Bien puede que él le está tomando el pelo de nuevo como una broma más o si esté diciendo la verdad, pero ¿Cómo saberlo? Ya lo averiguaría.

Levantó su puño para encestarle otro duro golpe, pero en esta ocasión en su rostro. Suigetsu se dio cuenta de sus intenciones, y antes de que llegara a cometer más barbaries hacia su persona, se apresuró en hablar.

– ¡Es en serio! Lo digo en serio. –aseguró levantando sus brazos inconscientemente como escudo. Esa rosada sí que sabe pegar, por el momento no debía de provocarla.

– ¿Y de qué hablamos supuestamente? –le cuestiona, aun sin creerle del todo. –Si no quieres que te golpee de nuevo te sugiero que seas más específico. –advirtió la pelirosa con el cejo más fruncido que nunca.

–Se escuchaba música de fondo y tenías que gritar al teléfono porque no te escuchaba. –comenzó a relatar, ya para entonces, el peliblanco había cambiado su sonrisa a ser una simple mueca de fastidio. – Sonabas ebria, me preguntaste si me había gustado las fotografías. –

Ante esa revelación, la postura firme de Sakura flaquea al escuchar esto último. ¿Ella había dicho aquello? Eso era imposible, ella jamás enviaría fotografías provocativas a desconocidos ni de ella ni de nadie, y más cuando son sus propias amigas. No, jamás.

–Mentira. –replicó levantando nuevamente su puño para golpearlo.

– ¡Es cierto! ¡Lo juro! –se apresura en afirmar su respuesta. – ¡La última fotografía era tuya! ¿Lo recuerdas? –el puño de Sakura se detuvo en el aire, rememorando los mensajes del teléfono de la rubia.

Y era cierto. La última fotografía antes de la llamada era ella: era ella levantado su falda y mostrando una de sus nalgas mientras que sacaba la lengua a la cámara.

–Después de esa foto me llamaste y me preguntaste si me habían gustado. –siguió relatando al ver como ella se perdía en sus memorias. –Yo te dije que sí, luego me sugeriste que tú y tú amiga se dejarían hacer cualquier cosa por mí. –Sakura levantó la mirada hacia él al escuchar eso último.

–Mentira. –volvió a negar la pelirosa, si de algo estaba segura es que jamás se dejaría manosear por aquel sujeto tan repugnante.

– ¡Te vendí todas las botellas a mitad de precio! –reclama Suigetsu con aire ofendido. –y eso cariño, no es bueno para el negocio a menos de que se trate de drogas o sexo. –le confiesa haciéndose para adelante, fijando sus ojos burlescos en los confusos de ella.

–Pero…–vaciló la pelirosa, pero ya no tenía más fundamentos para contrarrestarlo.

– ¡Oh, por favor! –exclama rodando los ojos y dejando caer su espalda nuevamente sobre la banca. – Tú y tu amiga estaban muy ebrias para saber lo que decían, ¡Ya, supéralo! –volvió a exclamar, ya harto de tantas vueltas.

Pero Sakura no iba a dejar el tema así de fácil.

–Ebrias… –murmura a su dirección.

–Sí, sí. Estaban muy ebrias. –rueda los ojos con fastidio. La situación ya no le parecía tan divertida como antes.

–Muy ebrias para saber lo que decíamos. Le habíamos prometido sexo a un desconocido que vende alcohol y a saber que más, eso es lo que querías decir ¿no? –razonó, y por la cara de idiota que puso Suigetsu, supo que estaba en lo correcto. Acercó su rostro al de él con el asco dibujándose en sus facciones. – ¿Qué pretendías hacer pedazo de mierda? –inquirió pescándolo del hombro adolorido, haciendo que el chico apretara los dientes.

El Suigetsu soltó una pequeña risa sin gracia.

"La rosada no es solo una leona con garras, sino que también es astuta. Vaya lío." –pensó el muchacho. Reflexionó que para la próxima que hablara debía de medir bien sus palabras antes de responder.

–Dios, hablas como Sasuke…–se le escapó, y en verdad que no fue su intención pero, hablar con ella es como hablar con Sasuke pero sin monosílabos. –Y no mentía cuando dije que te parecías a él. Ambos son tal para cual. –escupió las últimas palabras con veneno.

Al segundo siguiente, Sakura había dado un golpe a un lado de la cabeza de Suigetsu, dándole de lleno a la banca provocando un sonoro estruendo. El peliblanco se quedó quieto como una estatua al ver de cerca la mirada fiera que le dirigía la pelirosa. Observó a su lado, en como retiraba su puño de la banca en donde estaba apoyando su espalda; pequeños trozos de madera se desprendía de la zona de impacto, el color rasgado era tan evidente como la abolladura que dejó su puño. Sin embargo, lo más impactante a los ojos de Suigetsu fue ver que su fuerza fue tan brutal para romperse los nudillos y sin tener un ápice de dolor en su rostro.

Sakura se acercó aún más a él, casi rozando sus narices.

– ¿Quieres que sea como Sasuke? Bien, seré como Sasuke. –decidió la pelirosa, alejando sus rostros hasta volver a pararse en su lugar.

En esta ocasión, Suigetsu no sonrió como era acostumbrado, esta vez sí sintió pavor si llegaba a tan siquiera provocarla.

"Esta chica no es cualquiera, le concedo eso." –meditó el peliblanco, observando una vez más su puño ensangrentado.

–Empecemos donde quedamos, ¿está bien? –inquiere la pelirosa, levantando una de sus perfiladas cejas en cuestionamiento y con un tono de voz falsamente amable, imitando la forma burlesca de Suigetsu, quien captó rápidamente el mensaje.

–Claro…–murmura todavía impresionado por el susto que le hizo pasar. –Todo lo que te he contado sobre la llamada es cierto. –asegura el peliblanco. Con esto se acabaron definitivamente sus bromas.

–De acuerdo, te creo. –cedió la pelirosa asintiendo con la cabeza, pero con la mirada puesta en él y con la cara seria, envuelta en una falsa calma.

–Querías que llevara mucho alcohol a mitad de precio, y a pesar de que tu forma de "pago" era muy tentador, no era suficiente… –dice el peliblanco mirando los verdes ojos de la chica. –Escucha, estaba perdiendo mucho dinero en ustedes, ¡a mitad de precio ciento veinte botellas! –exclamó esto último como justificándose.

Sakura abrió los ojos sorprendida.

– ¡¿Ciento veinte?! ¡¿Es en serio?! –chilló con la boca abierta, casi olvidando su pose autoritaria, pero se recuperó rápidamente. Se aclaró la garganta en un intento de parecer más neutral, pero es que ¡más de cien botellas de alcohol! ¡Y de todo tipo!

–Comprenderás que la ganancia no iba a ser mucha. –explicó el muchacho.

–Entiendo eso. –reconoció la pelirosa. –Pero ¿qué me estás queriendo decir? –inquiere. Suigetsu le estaba tratando de decirle algo, pero no comprendía a que iba, ya que hasta ahora ha intentado justificar algo que no ha dicho aun.

–Lo que quiero decir, es que tenía que ganar más dinero de alguna forma. –respondió frotándose el brazo adolorido. –Así que propuse llevar a unos cuantos conocidos a tu fiesta. Algo así como publicidad. –dijo encogiéndose de hombros.

–Así que fuiste tú…–dijo elevando la voz, y por su tono, Suigetsu supo que iba a golpearlo. – ¡Tú fuiste el que trajo a toda esa gente a la cabaña! –enfureció la chica, había comenzado a saltar chispas por sus ojos.

– ¡No sabía que fueran tantos! ¡Te lo juro! –ríe nerviosamente el peliblanco, encogiendo su brazo de forma inconsciente.

Sakura lo agarró del cuello de su camiseta y lo acercó a ella, levantándolo de la banca.

– ¿Cuánto? –inquirió la pelirosa achinando los ojos. – ¿Cuánto dinero estamos hablando? –

– ¿Qué? –Sugetsu levantó una ceja sin entender, soltando una carcajada sin gracia. – ¿De qué hablas? –

– ¡No te hagas! ¿Cuánto dinero ganaste por explotar nuestra fiesta? –volvió a preguntar, sacudiéndolo con violencia, sin importar que estuviera ejerciendo demasiada presión a su puño lastimado.

–Bueno… fue bastante. –contestó con simpleza. Sin embargo, la mirada iracunda de la muchacha le dio a entender que no estaba satisfecha con esa respuesta, por lo que botó una gran cantidad de aire antes de hablar. –Gané más de 65.000 yenes. –aclaró.

– ¡¿QUÉ?! –el grito histérico de Ino interrumpió cualquier cosa que fuera a decir la pelirosa.

La rubia se acercó a grandes zancadas con los ojos desorbitados y la boca abierta de la impresión.

– ¡¿CÓMO QUE GANASTE 65.000 YENES?! –chilló agitando sus brazos hacia todos lados, mientras que la pelirosa lo observaba en completo estado de shock.

–Un segundo… –habló Sakura mirando al peliblanco aun anonada de la tremenda cifra que había adquirido solamente en publicidad. – ¿me estás diciendo que lo ganaste en una sola noche? ¿Y cómo es posible que lo obtuvieras? –preguntó soltando su cuello y dando un paso hacia atrás. –dime la verdad, ¿qué hiciste? –cuestionó con sospecha, la pelirosa.

– ¿En serio quieres que te explique mis negocios? –inquirió Suigetsu levantando una ceja escéptico.

–No. –

– ¡SI! –gritó a su vez Ino.

Sakura observó a la rubia como si estuviera loca, y antes de que Ino se le ocurriera agregar algo más, habló.

–Quiero que me explique cómo fue que ganaste todo ese dinero en publicidad. –aclaró la pelirosa.

–Veamos…–dijo Suigetsu de manera pensativa. –Tengo contactos, personas que tienen dinero y que pagarían por ir a una buena fiesta. Ya sabes, los típicos niños ricos que no saben qué hacer con su mesada. –explica, meneando sus hombros como si fuera la cosa más fácil. –Les digo que hay una fiesta exclusiva en una cabaña a fueras de la ciudad y listo. Comienzan a pasar el dato y de un momento al otro ya hay gente de todo tipo en la cabaña. –termina de narrar Suigetsu.

– ¿Y cómo cobras el dinero? –cuestiona Sakura, comenzando a entender para donde iba el asunto.

–Les digo que es una fiesta exclusiva, o sea que debes pagar por entrar. –dice el peliblanco.

– ¿Quieres decir que utilizaste mi cabaña a tu favor? –exclamó enojada Ino, interrumpiendo por segunda vez a la pelirosa.

–Algo así. –dice Suigetsu acomodándose nuevamente en la banca. Con su única mano buena, acomodó el cuello de su camiseta en donde Sakura lo había agarrado, pero no fue hasta en ese momento en que se dio cuenta el manchón de sangre que adornaba la parte posterior de su cuello y camiseta. – ¡Hey! ¡Me dejaste lleno de sangre! –reclamó el peliblanco, observando con asco el manchón de sangre.

Sakura observó su mano; estaba bañado en sangre por el golpe que le propinó a la banca. Como no sentía dolor no le puso verdadera atención a su herida.

–Da igual. Para la próxima será tu cara. –advierte la pelirosa en un tono bastante intimidante, causando que el destello de prepotencia en los ojos de Suigetsu se borrara al instante. Bien sabía él que sería capaz de hacerlo.

– ¿Qué más quieres saber? –pregunta de mala gana el peliblanco, con una mueca adornando su rostro.

Fue entonces que Sakura recordó las palabras del peliblanco, segundos antes de lanzarse sobre su amiga.

–No fue solo alcohol, ¿cierto? –indagó con las cejas fruncidas. –le dijiste a Ino que hubo más que alcohol en la fiesta. –

–Buenoooo… –alargó la palabra cantarinamente como si estuviera reflexionando, aunque claramente de manera bastante irónica. –Había muchas personas en esa fiesta, de todo tipo de gente, ya sabes… –dijo al aire, dejando una ventana abierta a múltiples interpretaciones.

Pero Sakura pudo entender el significado de sus palabras.

–Entonces si hubo drogas, genial. –dijo Ino con sarcasmo, rodando los ojos al cielo. Se posicionó al lado de la pelirosa, ya que era inútil excluirse de la conversación si comentaba a cada tanto.

– ¿Algo más? –volvió a preguntar Suigetsu, deseando que eso sería todo y que al fin podía largarse de allí.

Sakura lo observó largamente en silencio, no estando muy segura si preguntar o no, de todos modos no era de su incumbencia. Pero aun así no perdía nada en preguntar.

– ¿Cómo es que conoces a Sasuke? –esa era una interrogante que le estaba dando vueltas desde hace mucho rato.

–Esa es una muy buena pregunta. –confiesa el peliblanco, recuperando su sonrisa coqueta. –Sasuke es uno de mis contactos, de los que pagan por ir a fiestas exclusivas. –revela sonriendo con autosuficiencia.

Tanto Sakura como Ino se miraron confundidas. Sabían que el Uchiha provenía de una familia "privilegiada" por decir a lo menos, pero lo que no se esperaban es que fuera esa clase de tipo con esos contactos. Por lo que Sakura recordaba, Sasuke no solía ir a fiestas a menudo, y si lo pensaba bien, no recordaba jamás que él haya insinuado estar involucrado con drogas, y si ese fuera el caso… ¿Naruto sabría de eso?

Y sí, hipotéticamente hablando, Sasuke está relacionado con ese mundo turbio, ¿Cómo se conecta todo con la fiesta? Hay algo que no cuadra con todo esto, tenía la sensación que algo no estaba viendo, pero ¿qué es exactamente?

Comenzó a reflexionar y a rememorar escenas en su cabeza, desde la llegada a la cabaña y la tarde siguiente después de despertar en un mojado y sucio sillón, hasta las fotografías de la fiesta.

Entonces algo hizo click en su cerebro: ¿Cómo fue que ellas obtuvieron el número de Suigetsu?

– ¿Conocías a alguien más en la fiesta? –preguntó Sakura, sopesando las posibilidades.

–Si a lo que te refieres, es que si conocía alguien además de Sasuke, la respuesta es: no. –contesta el chico, con la vista fija en el escote de la rubia. Luego recibió otro manotazo en su brazo adolorido por parte de Sakura.

– ¡Ay! ¡Ya, para! –exclama Suigetsu enojado.

–Entonces fíjate por donde miras. –le reclama la pelirosa de la misma forma.

Observó al peliblanco con seriedad, pensando en lo que dijo anteriormente. Si él solo conocía a Sasuke, entonces Naruto no estaría involucrado en lo que fuera que estuviera haciendo el Uchiha. Eso la hacía sentir alivio de que su amigo no estuviera en las mismas "andanzas" que el pelinegro, aun así, eso no era todo lo que quería averiguar.

Sakura inhaló profusamente dándose ánimos a lo que estaba a punto de preguntar. Era la lo que más quería saber, y era por lo que había llegado hasta allí; averiguar lo que sucedió entre ella y Sasuke.

–Me llamaste la chica de Sasuke, ¿por qué? –pregunta en voz baja, pero fue suficiente para que el Suigetsu la escuchara.

Sus ojos violetas la observaron un largo rato.

Este era la oportunidad que había estado esperando, es ahora en el que podía decir cualquier cosa y ella lo creería. No era idiota, se había dado cuenta desde la primera vez que mencionó al Uchiha; ella lo odia, o al menos lo detesta lo suficiente para creer cualquier estupidez que le dijera sobre él. Ignoraba las razones que había detrás del desprecio de la chica hacia el pelinegro, pero no iba a desaprovecharlo.

Así que sin más, Suigetsu abrió la boca.

–Te vi con Sasuke en esa fiesta, estaban coqueteando. –comenzó a relatar el peliblanco. –Me había acercado a él antes y habíamos conversado un poco, pero tú llamaste su atención en la barra del minibar y se despidió de mí para ir hasta ti. –se dio el tiempo de hacer una pausa para observar su reacción; la pelirosa estaba atenta a cada una de sus palabras. Ahogó una risa burlesca. –Vi que reías y le coqueteabas todo el tiempo, luego bebieron un trago pero… –hizo una pausa y se rascó la barbilla con aire pensativo.

– ¿Pero qué? –cuestionó la muchacha con los nervios a flor de piel.

–No lo sé… pero me pareció ver que él puso algo en tu vaso, aunque no estoy muy seguro de ello… –dijo como si tal cosa, admirando la cara estupefacta de la pelirosa. –después vi que él te tomó de la mano y desaparecieron en el segundo piso. –terminó de relatar observando, no con sin cierto deleite, la cara descompuesta de la muchacha.

Sakura enmudeció.

Se imaginó a sí misma ebria, sin tener una mínima idea de lo que estaba haciendo, siendo arrastrada a una oscura habitación por Sasuke y…

De pronto, su mente plasmó esa blasfema imagen de ellos dos… ella siendo manoseada y besada por él.

La bilis se le subió por la garganta, atrofiando su respiración haciendo que el gustillo ácido se le quedara en el paladar y que soltase una mueca asqueada, más por sus pensamientos que por la bilis quemando su esófago.

¿Qué mierda le había pasado? ¿Tan ebria estaba esa noche como para coquetearle y, que además, él le correspondiera? ¿En serio, de todos los tipos tenía que ser Sasuke? Y no solo eso, ¡la drogó! No, no podía estar pasándole. No, ella no estaba satisfecha con ese relato, necesitaba más detalles, había tantas preguntas rondando por su mente que no sabía por cual empezar. ¿Él en verdad fue tan ruin de drogarla? ¿En verdad se atrevió de hacerle una canallada como esa? No es algo que haría Sasuke a decir verdad, pero ¿qué tanto podía asegurarlo?

Sasuke, el chico que la acosaba por todas partes. El que la observaba entrenar en el gimnasio o almorzando en la cafetería de la escuela. El que la seguía cuando se encontraban en la calle y entraba a cualquier tienda en la que ella fuera. El chico a quien no podía seguir soportando en la casa de Naruto, porque la hacía sentir tan incómoda que le atravesaban escalofríos en la columna. El chico en el cual tuvo un encontronazo a pocas cuadras de su hogar, el mismo que la sacó de quicio haciéndola gritar de rabia e histeria y a quien golpeó sin contemplación alguna.

¿Es por eso que se había comportado así todo este tiempo? ¿Porque la había drogado y ella ni cuenta se dio? ¿Y qué mierda hizo o dijo ella para que él le coqueteara? ¿Le había sugerido sexo al igual que Suigetsu? Si él fue capaz de vender más de cien botellas de alcohol a la mitad de precio por un cachondeo ¿haría lo mismo Sasuke? ¿En verdad él se había atrevido de aprovecharse de ella?

Se le puso la piel de gallina.

Observó a Suigetsu con infinito desprecio. Los tipos como aquel, que buscaban la vía fácil para acostarse con chicas, aprovechándose de su vulnerabilidad como unos auténticos depravados, unos violadores. Eso es lo que son, abusadores.

– ¿Algo más? o eso era todo. –pregunta Suigetsu, más animado que antes, volviendo a retomar su confianza y su sonrisa ladina, observando a ambas muchachas con aparente tranquilidad.

–Eso es todo…–murmuró la pelirosa con la vista perdida en Suigetsu, pero sin verlo realmente.

Ino quien se había mantenido callada todo el tiempo, se acercó a su amiga que parecía que hubiera entrado en un trance.

–Sakura, ¿estás bien? –le preguntó Ino en voz baja y fraternal. Pero Sakura no respondió, en su lugar se quedó mirando como Suigetsu se levantaba de la banca con parsimonia.

– ¡Bueno! Como ya terminamos creo que es mejor que…–intentó retirarse el peliblanco, pero no lo consiguió. Sakura lo había agarrado por el brazo que tanto le dolía. – ¡Ay! ¿Quieres dejar de tocar mi brazo? Hay muchas formas de llamar la atención de una persona. –ironizó el muchacho, apretando los dientes.

No obstante, la pelirosa no lo escuchó y siguió apretando su brazo con fuerza, haciendo que Suigetsu se hundiera entre sus hombros, adolorido.

– ¡¿Pero qué…?!–alcanzó a decir el peliblanco antes de que Sakura le diera una patada detrás de sus rodillas, cayendo estrepitosamente al suelo. Lo tomó por el cabello y lo tironeó hacia arriba para que se arrodillara con la cara manchada con tierra.

– ¡Sakura! –escuchó que Ino la llamaba, pero no le prestó atención.

Con su mano ensangrentada agarraba los cabellos blancos del chico y con la otra levantada, lista para atizarle un certero puñetazo en el rostro.

¡PAF!

Un horrible crujido se escuchó por todo el lugar. La sangre escurría entre los dedos cerrados de la pelirosa y la nariz de Suigetsu. Rápidamente, el chico intentó taparse la nariz con su mano adolorida mientras que con la otra sostenía la mano de la chica, que lo tenía fuertemente agarrado de su cabello en un intento de evitar que le arrancase el cuero cabelludo.

– ¡Ugh! –se quejó el peliblanco con la sangre chorreando por su nariz y boca, amortiguando sus gemidos de dolor.

–Ino. –la llamó de repente, pero por el tono tan calmado en su voz hizo que la rubia le recorriera un escalofrío por la espalda. –párate frente a él. –demandó a su amiga.

Ino caminó unos pasos hasta posicionarse en el lugar señalado, observando impactada la horrible imagen del peliblanco bañado en sangre y la expresión irascible de Sakura: unos ojos llenos de rabia contenida, pero supo que no era por él precisamente.

Sakura se estaba descargando con la persona equivocada.

–Mírala. –exigió la pelirosa al chico ensangrentado, pero él no era capaz de observar nada. Ya que, preso del dolor, había cerrado sus ojos al sentir el potente impacto en su rostro. – ¡Mírala! –habló con más fuerza, tironeando sus cabellos hacia atrás.

Como pudo, Suigetsu fue abriendo sus ojos pestañando un par de veces para enfocarse en la rubia chica parada frente a él.

–Sakura, ¿qué haces?... –inquirió Ino en un murmullo igual de bajo que el anterior. Demasiado perturbada ante la brutalidad de la pelirosa.

–Pídele perdón. –ordenó Sakura con voz firme.

Suigetsu no dijo nada, más preocupado en parar su sangrado nasal que hacer el pedido de la chica. Luego de que la pelirosa le diera otro tirón de cabello, sacó su mano de su rostro para escupir sangre al suelo y mirarla a los ojos con puro odio.

–Perra… –escupió lleno de rencor.

Un rodillazo en el estómago fue suficiente para sacarle el aire al peliblanco, curvó su espalda hacia el suelo retorciéndose de dolor. Sin embargo, Sakura volvió a pescarlo de los cabellos y tirarlo hacia atrás. Las manos de Suigetsu cubrían su estómago dejando su rostro descubierto, fluyendo libremente la sangre por su boca y mentón.

–Hazlo. –repitió, manchando sus cabellos blancos con su propia sangre que brotaba por las heridas de sus nudillos.

Suigetsu tragó saliva sintiendo el gusto metálico de su sangre, acumuló saliva en su boca y volvió a escupir a un lado suyo. Observó con ojos acusadores a la rubia plantada frente a él, en esa posición tan humillante y rastrera, como si fuera un animal apaleado. Acumuló la poca dignidad que le quedaba y pronunció aquellas palabras que fue obligado a decirlas.

–Perdón. –masculló apenas. Sin embargo, no sonaba sincero y miraba a Ino como si ella fuera la causante de sus golpes.

–Ahora que te crea. –dijo, dando otro puñetazo en su rostro. La sangre salpicó el suelo de forma espantosa, el labio de Suigetsu se había roto por el impacto sangrando profusamente, manchando su playera con más sangre mezclándose con la de Sakura.

No se molestó en escupir.

–S-Sakura, ya basta. No es necesario…–balbuceó la rubia al borde del llanto, corriendo la mirada del peliblanco, sin ser capaz de seguir viendo tal cruel escena.

– ¿No es necesario? –inquirió la pelirosa, sin poder creer lo que estaba escuchando. – ¿Tengo que recordarte lo que intentó hacerte? –la cuestionó, apretando sus dedos entre los cabellos blancos del muchacho.

–Lo sé, pero esta no es la manera, Sakura. –la reprendió. Sin embargo, no se atrevía acercarse a la pelirosa en ese estado tan fuera de sí.

Ino jamás la había visto de ese modo.

– ¡Claro que es la manera! ¡Este pedazo de mierda! –apuntó moviendo la cabeza del peliblanco entre sus dedos. – ¡Se lanzó encima de ti, como si fuera un animal! –bramó encolerizada, con el rostro tornándose rojo por la rabia palpitándole las sienes.

– ¡Pero tú me salvaste! –chilló la rubia. –Así que por favor, solo suéltalo. –pidió en un tono más bajo, observándola con ojos anhelantes y suplicantes.

Sakura apretó los labios, con la furia bailando en su mirada. Ella no estaba dispuesta a dejarlo ir tan rápido. Tipos como aquel… los hombres como él…

–Se lo merece Ino. –espetó con la garganta seca. –Él tiene que pagar por lo que intentó hacerte. ¡Tú deberías estar de mi lado! –volvió a insistir enojada en que no la apoyara.

–No así. No en este estado, Sakura. ¡Mírate! –exclamó con voz temblorosa. –Sakura, me estas asustando. –intentó razonar la muchacha, pero la pelirosa estaba cegada por la rabia. – ¡Tú no estás así por mí, sino por ti! –le gritó al fin.

Sakura frunció el ceño ante eso pero no dijo nada, negándose a seguir escuchando a la rubia porque sabía, muy en el fondo, que ella tenía razón. Pero no quería admitirlo, porque no habría otra salida para su rabia y cólera, no tendría contención para eso. No, no podía ni quería.

– ¡Tu rabia es contra Sasuke no contra él! –grita igual de enojada que la pelirosa, apuntando con un dedo hacia Suigetsu. – ¡Solo quieres desquitarte con él por todo lo que te ha hecho pasar Sasuke! –revela.

–No. Él…–su voz flaqueó en un intento de culpar al chico que estaba ensangrentado entre sus manos.

–Sé que lo que quieres es tener a Sasuke como tienes a Suigetsu. –siguió hablando Ino, pero en esta ocasión ya no estaba gritando como antes, aunque igual usaba un tono bastante tajante para hacer callar a la pelirosa, quien había bajado la mirada hacia al suelo. –Y lo lamento por eso, pero esta no es la forma de vengarse, Sakura. –finaliza en un susurro.

Oh… –es todo lo que alcanza a decir Sakura.

Ino dio un par de pasos comenzando a caminar a su dirección.

–Vamos, Sakura. Suéltalo, es mejor que…– la voz de la rubia se trabó de repente.

Sakura levantó la mirada hacia ella confundida de su abrupto silencio. La rubia la observaba pálida como la cera con los ojos bien abiertos de la impresión, había parado de caminar estando casi a dos metros cerca de ella. Sin embargo, no podía entender su turbación, hasta que prestó verdaderamente atención a sus azules ojos; ella no la estaba mirando, sino lo que había detrás de ella.

Fue entonces que la adrenalina del momento bajó en picada, comenzando a sentir lo que antes no había considerado. Su puño maltrecho empezó a picarle y a darle punzadas de dolor por breves instantes, su otra mano la que usó para golpear a Suigetsu también empezó a doler, pero era una nimiedad en comparación a su otra mano ensangrentada. Y un escalofrío le cruzó la espina dorsal, levantando los vellos de su nuca en consternación.

"Oh, no." –pensó la pelirosa, ya sabiendo lo que eso significaba.

Con lentitud, fue girando su cabeza hacia atrás rogándole al cielo que por favor, fueran ideas suyas.

Pero no lo fueron.

A metros de donde estaban justo al final de la plaza, estaba la persona quien nunca más quería ver en su vida y a la vez, la persona quien más quería encarar y romperle el rostro, tal como Suigetsu.

Uchiha Sasuke estaba parado en el asfalto con la respiración dificultosa, como si hubiera corrido hasta allí. Dado a la distancia, Sakura no podía estar segura de su expresión, pero tenía una idea de cómo sería al encontrarla a ella y a Ino paradas frente a un tipo ensangrentado que, además de él, sabía la asquerosidad de persona que era.

Sí, Sasuke se había dado cuenta quien era el tipo arrodillado en el suelo, y lo pudo comprobar por la tensión de su cuerpo.

No fue hasta en ese momento en que la pelirosa se dio cuenta que estaba aguantando la respiración, y es que en verdad eso era lo último que esperaba.

¡Ring, Ring!

El teléfono de Sakura comenzó a sonar en el bolsillo de su pantalón, y eso fue suficiente para hacerla volver a la realidad. Sin girar ni moverse, habló lo suficientemente alto para que Ino pudiera escucharla.

–Ino… corre. –su voz tembló imperceptiblemente, pero Ino no hizo caso. Ambas chicas estaban paralizadas observando a un agitado Sasuke a varios metros de distancia.

¡Ring, Ring!

Volvió a sonar su teléfono, más no le prestó atención, con la vista fija en el Uchiha.

–Ino, corre. –repitió esta vez con más fuerza, pero la rubia parecía estar más perturbada que ella misma.

Suigetsu escupió más sangre al suelo sin estar consciente a su alrededor, estaba más preocupado en su dolor que ni se tomó la molestia en reparar en el súbito silencio de las chicas. Que si de haberlo hecho, notaría la presencia de cierto pelinegro a la distancia y sería en ese instante en que no sabría si estaba a salvo de la pelirosa o doblemente muerto si el Uchiha se enteraba de que abrió la boca.

Sasuke dio un paso, luego otro y otro, hasta que de un momento a otro comenzó a correr hacia ellos.

El corazón de Sakura dio un brinco horrible al verlo acerarse rápidamente a ellas. Giró la mirada hacia la rubia con la cara descompuesta por el pánico y, por tercera vez, volvió a exclamar con más fuerza.

– ¡Ino! –llamó su atención. La rubia fijó sus ojos desorbitados en ella. – ¡CORRE! –gritó.

Sin esperar respuesta, soltó los cabellos de Suigetsu haciendo que callera estrepitosamente al suelo. Dio la vuelta, tomó a su amiga de un brazo y salió corriendo como alma que lleva al diablo, sin mirar hacia atrás en ningún instante.

Ino apenas podía seguirle el ritmo por culpa por los zapatos de tacón que llevaba puesto, pero al igual que la pelirosa, solo podía pensar en huir de allí.

– ¡Sakura! –el llamado furibundo del Uchiha fue escuchado por ambas, pero eso solo aumentó el terror y la adrenalina de la pelirosa, que no hizo más que seguir corriendo despavorida sin soltar a su amiga.

No sabía por qué lo había hecho, ni siquiera la había llamado a ella, pero Ino giró la mirada hacia atrás para ver a Sasuke corriendo detrás de ellas. Observó su expresión desesperada por llegar a ellas, o más bien a Sakura, sus cejas fruncidas marcando su mirada oscura lo hacían lucir aún más aterrador que antes.

Ahora podía comprender a Sakura.

Volvió su rostro hacia delante, con la vista fija en la espalda de la pelirosa corriendo como si su vida dependiera de ello, y tal vez así era porque no estaba segura de lo que sería capaz Sasuke si las alcanzaban. Con esa idea en mente, siguió corriendo sin importar el dolor de sus pies ni el peligro de caerse por la altura de sus zapatos. Solo corría detrás de su amiga hasta que llegaron a otro sendero del camino.

Sakura viró hacia los árboles y arbustos, en un desesperado intento de perderlo en el camino. Siguió corriendo con la misma intensidad como si el Uchiha estuviera encima de ella.

Las ramas bajas de los árboles chocaban en sus cabezas, pero apenas podían notarlo por la velocidad extrema en la que iban, esquivando rocas y arbustos solo con la idea de escapar de la vista de Sasuke. Pronto llegaron al otro extremo del sendero, en donde el camino de tierra era más firme y sin árboles, siguieron corriendo hasta toparse al límite de la plaza y cruzaron, sin si quiera mirar a los lados de la calle, el asfalto hasta llegar hacia el otro lado del camino.

Ino fue la primera en bajar la velocidad, sus pies ya no aguantaban el dolor que provocaban sus zapatos de tacón, y ya estaban lo suficientemente lejos como para haberlo perdido de vista. Poco a poco Sakura también fue bajando la velocidad, pero se aseguró en checar toda la calle para ver si aún las seguía.

Al darse cuenta que ya lo habían perdido, todo su cuerpo se relajó permitiéndole sufrir la agobiante carrera que habían tenido que pasar.

–Lo… hicimos… –dijo Ino casi sin aire apoyándose en la pared.

Sakura la imitó, dejando caer su espalda pesadamente en la fría pared, expulsando a su vez enormes cantidades de aire de su boca.

–Me… duele… todo… –suspiró cada palabra la pelirosa.

–Ni que lo digas… ¡llevo tacones! –reclamó la rubia un poco más repuesta de la maratón, pero al dirigir su mirada azulina en su amiga, recién se percató de su verdadero estado. –Estas temblando. –señala la rubia.

Sakura no contestó, el horrible agobio y desespero aun corría por su torrente sanguíneo. Era tanto el peso en su pecho que no la dejaba ni hablar con normalidad. Ni de que hablar del dolor en su cuerpo, sentía que sus brazos se le caerían de las fuertes punzadas que le corrían de sus nudillos hasta sus bíceps, y sus gelatinosas piernas temblando sin control. Se dejó deslizar al suelo sin poder evitarlo, las piernas ya no podían seguir sosteniéndola.

Ino se sentó a su lado con las piernas dobladas hacia su costado, acompañándola en silencio.

Pero el teléfono de Ino interrumpió el momento.

¡Ring! ¡Ring!

Con flojera y con cada músculo doliéndole, Ino contestó el teléfono sin si quiera mirar al remitente.

– ¿Diga? –preguntó de malas pulgas.

– ¡Dios, al fin! ¿s-se encuentran bien? Llamé a Sakura-chan p-pero no m-e respondió… –la voz asustada de Hinata se escuchó por el altavoz.

– ¡Hinata! –exclamó la rubia sorprendida. Con toda la revuelta había olvidado por completo a su pequeña amiga. – ¡Lo siento por irnos así! Pero Sasuke apareció y tuvimos que correr y…–

– ¡Oh no! ¿Ya se lo encontraron? –preguntó angustiada la muchacha.

–Algo así… –contesta Ino, no muy segura si debía contar lo ocurrido por teléfono. Giró su vista en automático hacia la pelirosa que seguía igual de agotada y callada que antes, pero esta vez bajó a observar sus manos, sus nudillos rotos y llenos de sangre. – ¿puedes venir a buscarnos? Necesito que me ayudes con Sakura. –pidió.

– ¿Qué? ¿Qué le sucede? –preguntó preocupada la ojiblanca.

–Solo ven aquí… –dice comenzando a describir el lugar donde estaban. –No tardes mucho. –finalizó. Guardó su teléfono en su bolso y se dedicó en auxiliar a la pelirosa.

–Sakura… –murmuró la rubia con tristeza, observando como la chica tenía la mirada perdida en algún punto del asfalto, pero se notaba a leguas que su mente seguía embutida en el suceso de la plaza. –Hinata llamó. Viene por nosotras ¿sí? –volvió a hablar en voz baja, como si temiera que se descontrolara de nuevo.

Hizo el amago de levantarla, pero se dio cuenta que no podría hacerlo sola y más con sus heridas, por lo que decidió esperar a la ayuda de la pelinegra.

– ¿Lo hizo? –preguntó Sakura de repente. –él en verdad se atrevió a…–las palabras salieron rasposas de su boca, pero no llegó a completarlas. No tenía el valor de decirlo en voz alta.

–Lo discutiremos en casa. –se apresuró en decir la rubia. No quería seguir pensando en eso, al menos no por el momento. Sakura gira la cabeza hacia el otro lado para evitar que la rubia la siguiese observando.

Levantó su mano y la posó tímidamente sobre sus cabellos dándole una suave caricia.

Ino entendió que ella no quería su lástima, aunque en verdad eso no fuesen sus verdaderos sentimientos, ella respetaría su decisión. Sabía que todo esto no era fácil de asimilar y mucho menos, pero al menos quería que ella tuviera su consuelo y apoyo, porque ni Sakura ni nadie debe pasar una situación de esa magnitud sola.

Quizás no era obra suya o quizás simplemente no se dio cuenta, pero Sakura había dejado de temblar.

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Hinata escuchaba con atención el relato de Ino.

Las tres chicas se encontraban en la casa de Sakura, mientras la rubia caminaba de un lado a otro contando con lujo y detalles el encuentro que habían tenido con Suigetsu y posteriormente, con Sasuke.

Con la espalda recta y tensa, la ojiblanca estaba sentada en la orilla de la mesa de centro, ya con su mejilla suturada por Ino. Mientras ella curaba y vendaba las manos de Sakura, quien estaba sentada en el sillón frente suya para poder tener una mejor visión de sus heridas. Una vez terminada su labor, Hinata levantó sus ojos hacia la pelirosa, pero ella estaba con la misma expresión desolada con que la encontró; cabizbaja y en completo mutismo.

–…y entonces nos detuvimos a unas calles y recibí tu llamada. –finalizó la rubia. Detuvo su caminar justo detrás del Sakura con las manos apoyadas en el respaldo del sillón.

Hinata guardó silencio un momento con la vista fija en su amiga pelirosa.

–Lo s-siento mucho, Sakura-chan. –habló la ojiblanca. –Para ti t-también Ino-chan, debió ser terrible… –murmuró acongojada posando su vista en la rubia, quien la observó de la misma manera.

–Lo sé. –suspira. –la verdad estaba muy asustada ¡y ni de qué hablar de Sakura! –Exclama posando una de sus manos a un costado de su rostro, – ¡Oh! ¡Si tan solo la hubieras visto Hina-chan! –un escalofrío le recorrió por todo su cuerpo al rememorar la escena llena de sangre y descontrol. La paliza que la pelirosa le propinó a Suigetsu la seguirá hasta en sus pesadillas.

–Oh… –alcanza a decir Hinata, comenzando a recoger las gasas ensangrentadas del suelo.

–Me gustaría estar así como tú, tan tranquila… –comenta la rubia, soltando otro suspiro cansado.

Hinata detuvo lo que estaba haciendo para girar su cabeza hacia Ino con los labios apretados.

– ¿Tranquila? –inquiere la chica de manera casi irónica. –Ino, estoy a punto de entrar a la histeria, pero quiero seguir así de "tranquila" para apoyarlas y luego recriminarlas. –soltó de sopetón. Con cada palabra que decía denotaba dureza y un tinte nervioso en su voz.

Ino la miró con la boca abierta, intentó decir algo pero la respuesta de Hinata fue tan inesperada que simplemente la dejó sin palabras.

– ¿Recriminarnos? –la voz gélida de la pelirosa fue oída por ambas chicas. – ¿En serio vas a recriminarnos? –volvió a inquirir subiendo cada vez más el tono de voz.

Sakura la observó a los ojos sin poder creer que ella hubiera dicho eso, pero Hinata solo apretó los labios como si estuviera tratando de mantener la calma.

–No tienes ni idea de lo que tuvimos que pasar, Hinata. –habló con la misma dureza que utilizó la ojiblanca. – ¡Tu no viste como ese bastardo se lanzó encima de Ino! –la nombrada corrió la mirada hacia un lado, incómoda ante la mención de lo sucedido. – ¡Tu no escuchaste las bromas asquerosas que nos decía! –se levantó con los hombros tensos, sin dejar de vociferar. – ¡Tú no tienes idea lo que es sentirse perseguida, acosada y acechada! ¡Sentir que te estas volviendo paranoica! ¡No saber por qué carajos te está haciendo esto! –ya para este punto, Sakura estaba perdiendo los estribos. – ¡Sentirte asqueada al verte a ti misma besuqueándote con un tipo tan desagradable como él! ¡Y asustarte de que pudiste llegar a más! ¡Luego aparece hablándote como si nada pasara, como si yo fuera la loca! ¡¿Y qué haces frente a eso?! ¡Le das un puñetazo en el rostro al muy mal nacido! –revela entre gritos.

Sakura nunca les contó a las chicas sobre su encuentro con Sasuke. Por una parte, era porque muy en el fondo sentía cierta culpa por haberse descontrolado, y por el otro, no quería preocupar a las chicas sobre su salud mental por todo el estrés que él le había causado. Ahora que todo se destapó, se daba cuenta que no tenía por qué sentirse culpable, es más, debía de disfrutar de esa golpiza que le dio, y que si fuera por ella, iría ahora mismo a atizarle golpes como lo hizo con Suigetsu.

– ¡Y luego aparece ese sujeto! –exclama recordándolo. Apuntó con un dedo hacia un lado, como si Suigetsu estuviera parado a allí. – ¡Y te dice que ese imbécil te drogó! ¡¿Y para qué?! ¡PARA ACOSTARSE CONTIGO! ¡NO HINATA, NO TIENES UNA MALDITA IDEA! –grita raspando su garganta y con sus mejillas enrojecidas.

Exhaló una gran cantidad de aire antes de volver a retomar y seguir con sus gritos, pero Hinata la tomó de las mejillas con fuerza y con los ojos llenos de lágrimas la interrumpió.

–Tienes razón. Yo no lo sé… –admite. Observó como la ira de la pelirosa se disipaba poco a poco. –Pero lo que sí sé, es que cometiste un error. ¡Y no es por reprochártelo! –exclama esto último al ver como abría la boca para contestarle. – Sakura, moliste a golpes a un tipo. Quizás en otras circunstancias yo te hubiese apoyado por lo que él intentó hacerle a Ino, pero este no fue el caso. ¡No lo hiciste por defensa, sino por venganza! Por alguien que no era él. –aclara.

–Él se lo merecía. –espetó con el rostro contrariado por la ira. Posó sus manos vendadas sobre las de Hinata e intentó apartarla de ella, pero la ojiblanca la tomó con más fuerza, reusándose a hacerse a un lado.

–No, lo que él se merece es ir a prisión. Debieron haber llamado a la policía y que lo arrestaran, pero en lugar de eso tomaste la justicia por tus manos. Y lo peor, es que no tienes idea en el grave problema en que te metiste. –flaqueó en sus últimas palabras. Las manos de la pelirosa ejercieron presión sobre las suyas, haciendo que las vendas se mancharan de rojo por el roce de sus heridas.

–Oh, Dios. –la voz estremecida de Ino interrumpió el duelo de miradas de ambas chicas. Se acababa de dar cuenta para donde quería llegar la ojiblanca, algo importante que ni se le ocurrió en pensar.

– ¿Él… qué tan mal quedó? –le preguntó Hinata, pero Sakura enmudeció de pronto. – ¿lo suficiente para estar adolorido por un par de días o, lo suficiente para estar muerto? –

La respiración de Sakura comenzó a ser más pesada y dificultosa, comprendiendo al fin todo lo que no había visto venir por estar cegada por la rabia y el miedo.

– ¡E-Espera un segundo! –la interrumpió Ino. –No creo que esté muerto. Digo, si hubo mucha sangre y todo eso, pero él aún estaba consciente cuando nos fuimos. –apuntó la rubia sobándose las manos con nerviosismo.

–Por supuesto que está vivo. –habló esta vez la pelirosa tragando saliva. –¿Crees que soy estúpida? –la cuestionó con las cejas fruncidas. –Solo lo golpee demasiado, él está bien. –aseguró, liberándose al fin de las manos de la ojiblanca.

–De acuerdo. –aceptó Hinata. –En el hipotético caso de que no eres una homicida, ¿te das cuenta de que él podría denunciarte? –señaló.

–Sería muy descarado que lo hiciera. –intervino Ino, acercándose a ambas muchachas. – ¡Intentó tocarme! Si él habla, yo hablo. –dictaminó con aire desafiante.

Sakura giró a observarla, pensativa.

–No creo que lo haga. –dice con cuidado. Tanto Hinata como Ino la miraron sin comprender. –Digo, él se dedica a la venta clandestina de alcohol y, muy posiblemente esté involucrado en las drogas. –expresa la pelirosa.

–Así que lo último que haría es involucrar a la policía, ¿no? –adivinó la rubia, observando a Sakura.

–Creo que si…–dice finalmente la pelirosa

Sakura no volvió a decir nada después de aquello y las chicas tampoco, al menos por un rato. Hinata levantó su mirada preocupada en la pelirosa, quien también la observó de la misma manera. Tal parece que ambas les cruzaron la misma idea, y una muy alarmante.

– ¿Eso no es algo bueno? –inquirió la rubia no muy segura, viendo como sus amigas se miraban cómplices de algo que ella no había visto aun.

–No, no lo es Ino-chan. –habla la ojiblanca al ver que Sakura no decía nada. –Si él no la demanda entonces… –cierra la boca de pronto, no sabiendo bien como decir algo así, sin que sonase truculento.

–Le torcí y pegué varias veces su brazo, lo golpee en la cara hasta hacerle sangrar la nariz y boca, tendrá algunos moretones por todo el rostro y, posiblemente, tendrá un cabestrillo en su brazo por un par de semanas. –enumera la pelirosa como si nada, sin embargo en sus ojos se leía la preocupación de lo que todo esto significaba.

–También le tironeaste el cabello…–murmura Ino.

–Ah…–suspira Sakura, rodando sus ojos al cielo. –Sí, también hice eso. –

– ¿Te das cuenta que él puede tomar represalias, cierto? –inquiere Hinata, ese era el pensamiento que más le asustaba.

–Eso sería horrible. –asegura Ino, dejándose caer pesadamente en el sillón. –Él es una persona con contactos. Bien podría contratar a alguien para que nos maten. –al ver como las chicas palidecían, se apresuró en aclarar. –Solo era una broma. –

Ambas chicas la miraron enojadas.

–Eso no tiene ninguna gracia. –le recrimina Sakura con los ojos chispeantes.

–Lo siento, tienes razón. –se disculpa la chica, dejando caer su cabeza en el respaldo del sillón con la vista fija en el techo. –Es solo que ahora tenemos que estar pendientes de nuestras espaldas. –dijo haciendo una mueca.

–Lo sé. –suspira nuevamente la pelirosa, sentándose a su lado. –y yo pensaba que con Sasuke era suficiente, y ahora tendré que cuidarme también de Suigetsu. –masculla malhumorada, mirando el techo.

– ¡Es cierto! –exclama de pronto Hinata. – ¿Cómo e-es eso de que golpeaste a-a Uchiha-san? –pregunta consternada.

Tanto Ino como Sakura bajaron la mirada hacia ella con las cejas alzadas.

– ¿Tan pronto volviste a tartamudear? –inquirió Ino, viendo como las mejillas de la chica enrojecían de pena.

–M-Me ganó la emoción. –musitó con timidez, comenzando a jugar con sus dedos.

–Bueno, que se le va hacer. –dice la rubia, soltando un resoplido. –y eso va también para ti. –dijo dándole una breve mirada a la pelirosa, quien frunció el ceño sin comprender. –Soltaste un intenso monólogo hace algunos minutos. –refiere la chica.

–Ah, sí. También me emocioné. –le concede la pelirosa.

–Pero Hinata tiene razón, ¿Cómo es eso de que golpeaste a Sasuke? –pregunta Ino con observándola ceñuda. Hinata se sentó al lado de Sakura tan interesada como Ino sobre el incidente.

–Bueno, eso…–Sakura se remueve incómoda en el asiento, con ambas chicas fijas en ella. –Ocurrió el día en el que fuimos a tu departamento a ver las fotografías. –Comienza a relatar –Y al irme de allí, me encontré con Sasuke a unas cuadras de mi casa. Discutimos, me enojé y lo golpee. Fin de la historia. –Sakura se hunde en el sillón, no queriendo recordar la escena que montó en la calle.

–Vaya… tu tiendes a ser muy explosiva, ¿eh? –expresó la rubia.

–Sí…–responde Sakura sin ánimos, bajando su vista hacia sus manos vendadas. –Lo único que lamento de esto, es no poder usar mis manos. ¿Cómo entrenaré mañana? –se cuestiona.

–Pues no vas. –contesta la rubia. –De hecho, no vayas a clases mañana y quédate todo el día descansando. Después podemos venir a prestarte los cuadernos, ¿verdad Hinata? –le dice a la ojiblanca en busca de apoyo.

–C-Claro que sí. –apoya la muchacha.

–Está bien. –acepta la pelirosa. –No me vendría mal un descanso, todo esto me tiene colapsada y lo peor, es que ya no sé de quién me tengo que preocupar más. –espetó con una mueca amargada.

–Sasuke. –

–Suigetsu. –

Ambas chicas respondieron al mismo tiempo. Ino creía que en Sasuke, ya que después de la experiencia terrorífica en la plaza, se dio cuenta que Sakura no estaba exagerando en decir que el Uchiha en verdad es abrumador en esa faceta. Por otra parte, Hinata creía que Suigetsu es más peligroso desde el momento en que supo que se lanzó encima de Ino, además de que ellas no lo conocían para nada y por ende, no tenían idea de lo que podría llegar a ser capaz, luego de la tremenda golpiza que le dio Sakura.

–Primero que nada, Sasuke es el rufián que se aprovechó de la frentona estando ebria. –expuso Ino. Sakura frunció el ceño ante el mote.

–P-Pero a quien Sakura-chan a g-golpeado es a Suigetsu, quien podría vengarse de ella o-o algo peor. –interviene Hinata.

La pelirosa mira a ambas intercaladamente, sopesando las posibilidades y el peso de cada sujeto. Llegando a la conclusión de que ambas tienen razón y elegir a uno de ellos se ve realmente difícil.

– ¡Sakura también golpeó a Sasuke! –exclama la rubia.

–P-Pero no lo demacró c-como a Suigetsu. –apuntó Hinata.

Ino se levanta del sillón con las cejas fruncidas.

– ¡Él es quien la acecha y persigue! Si no fuera por él, Sakura no tendría que estar asustada, no tendríamos que haber ido con Suigetsu y, por lo tanto, todo esto jamás hubiera ocurrido. –insistió Ino. –Él es el culpable que todo esto pasara. –finaliza.

Hinata la observa un largo rato sin contestarle nada.

–Soy explosiva, porque Sasuke me orilló a serlo. –dijo la pelirosa dando un asentimiento de cabeza, apoyando los argumentos de Ino.

–Sí, es cierto. Ese patán ha estado haciendo lo quiso y cuanto quiso contigo. –afirmó la rubia. –ya es tiempo de que reciba un castigo. –agrega achinando los ojos.

De pronto, los ojos azules de Ino chispearon en reconocimiento. Sskura ya sabía de ese gesto, cuando su amiga se le cruzaba una idea descabellada por su mente, sus ojos brillaban como lo estaba haciendo ahora. Sin embargo, las ideas de Ino son decisiones que se deberían cuestionar varias veces antes de hacerlas. Sino, solo basta con mirar el desastre que se han montado por seguirle la idea de sonsacar información a Suigetsu, aunque también tendría que admitir que eso tiene gran (bastante) parte su culpa.

Sakura observó a la ojiblanca, que también giró su mirada en ella y comprendió, que tanto para ella como para sí misma, que cualquier cosa que saliera de la boca de Ino sería una pésima idea, a menos…

–Vamos podríamos lo mismo. –Revela la rubia, sonriendo de medio lado. - ¿No le gustó mirarte y seguirte por todas las partes? ¿No le gustó besuquearte y aprovecharte de ti mientras estabas ebria? ¿No le gustó perseguirnos mientras nosotras corríamos aterradas? –La sonrisa de Ino se ensanchó, casi el punto de la demencia. –Bien, entonces hay que hacer que tome de su propia medicina. –Concluye.

… A menos que sea algo como eso.

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Y?

¿Qué les pareció?

Díganme en los comentarios que opinan de Suigetsu y su versión de la historia. La verdad me ha costado un montón escribir sus actitudes y narrar a través de su personalidad relajada y atrevida (por decir lo menos).

Sé que prometí colocar a Sasuke, pero como estaba planeando dos capítulos, quería subir el siguiente con él tomando más protagonismo por... ciertas causas que ya se van a enterar. :x

Ni idea cuando subiré el octavo capítulo, pero ya tengo muchas ideas, notitas por ahí escritas, resúmenes, etc. Así que pautas por donde partir, las tengo.

Ahora sí que sí. Los saluditos para esas personitas que me escribieron:

No tienen idea de lo inmensamente FELIZ que me hacen (snif) me esmero con cada capítulo en mejorar gracias a la motivación que me entregan y los tips que leo y releo tomando nota mental para aplicarlo a futuro.

Por si no me creen...

Tami: Hola! Me alegra que te haya gustado❤ a mi también me gusta a una Sakura amante de las artes marciales (y este capítulo es el claro ejemplo) empoderada a mil! Siempre he querido leer un fic así como en los mangas o anime de Naruto. Me trilla mucho leer a una Sakura como una damisela en apuros, siendo que ella puede dar mucho más. No me malentiendas, hay fics así con una trama increíble y que me han fascinado hasta el punto de releer sus historias. Pero una Sakura fuerte, independiente, femenina y que es Sasuke el que éste detrás de ella y no al revés, son fics muy pocos los que me he encontrado. Y bueno, respecto a que le de vueltas al asunto... Ups! es un paradigma que trato de romper en cada capítulo (el próximo que viene si o si) me cuesta demasiado, lo siento por eso :c Y espero que con esto te haya resuelto las dudas del naruhina xD te agradezco nuevamente por tus buenos deseos, y espero que te siga encantando ;)

Rima Echizen: Holaa! en serio te gustó como describí a Naruto? :x Espero que te guste esta parte del naruhina (agregue unos detalles pensando en comentarios anteriores) lo escribí hace como dos capítulos anteriores, pero no sabía en donde ponerlo jaja. Creo que Naruto fue el personaje más difícil de narrar en todo el fic, no sabía como colocar todo el embrollo de sentirse sucio por pensar así de Hinata, y después veo que cada vez que lo escribía lo iba haciendo más... siniestro? jaja no sabría decirlo xD pero bueno, muchas gracias por comentar❤ y espero que te haya gustado esta continuación, un beso ;)

Mix: A mi también me encanta en Sasusaku❤ aunque tengo que admitir que hace muchísimos años, el naruhina era mi preferido jajaj xd Gracias por comentar ;)

Saku: Bah! si no demoré casi nada en subir (JAJAJAJAKJAKJA) espero que te haya gustado este capítulo con mucho love para dar❤

Guest: Holaaa! :) pues verás, aquí se mostró más el naruhina principalmente, pero lo del Sasusaku lo he dejado a libre interpretación, ya para el próximo capítulo se verá más de ellos dos. Trataré de protagonizar a Sasuke en más escenas para el futuro (pero, shh. Es un secreto :x) Espero que te haya gustado esta conti, un saludo y besos❤

KassfromVenus: Holaa! Gracias a ti por leer y comentar mi historia❤ No sabes lo increíblemente feliz que me hace saber que les encanta lo que escribo. Espero que te haya gustado este capítulo, espero opiniones de la trama para saber como mejorar a futuro. Besos! ;)

Mishi: Holaa! :) Puesss sí, desde la perspectiva de Sakura si que da psique. Y muy buena tu pregunta con respecto a Sasuke, me dio una idea que colocar para más adelante, gracias por eso ;) Un saludo y un beso grandote para ti❤ espero que te haya gustado el capítulo, espero con ansias más opiniones tuyas ;)

rosegold09: Hola! :) dudo mucho en hacer otra fiesta, pero no descarto la posibilidad de otra borrachera :x tener la casa de Sakura sola y tres chicas comos ellas, alcohol habrá de seguro jaja. Con tu pregunta, de que si llegaron home run esa noche pues... creeeo que aquí se aclara todo, pero no hay que dejar todo por sentado. (tuve que buscar por google lo que era home run JAKSJASJAS) espero que te haya gustado, espero tus opiniones, saludos! ;)

Noemitg-chan: Holaaa! me encanta que te encante!❤ muero de amor ajajja. Te prometo que para el próximo capítulo habrá más sasusaku (hasta yo lo espero con ansias) La madre de Saku tiene más razón de lo que aparenta y tiene igual de secretos (chan chan channn) que son importantes para más adelante. Bueno, fiesta no habrá PERO! creo que incluiré una buena borrachera, a ver que sucede jajaj. Un beso grandote para ti! ;)

Munric: Hola! Awww❤ ternuritaaaa. Te lo agradezco mucho, esto es importante para mi que digas eso la vedad, me subiste el ánimo un montón. Y por supuesto, tus deseos son órdenes (chan chan channn) jajaja espero que te guste mucho este capítulo, las cosas recién se calientan. Un beso y un abrazo gigante para ti❤

Carol-chan: Holaa! gracias que te encante❤ aprecio sus buenos deseos. un saludo! ;)

shizzune-san: Holaa! :) Primero que nada... ❤ graciassss❤ es mi primer fic que publico, y la verdad no tenía ninguna expectativa sobre nada xD Todo esto me abruma tanto como me emociona, es por eso que voy a dar lo mejor de mí para dar una grata lectura para todo quienes quieran leerlo. Un saludo! Espero leerte pronto ;)

Sabribell: Hola! :) Se me voló más a mi escribiéndola xD espero que te haya gustado este capítulo, un beso❤

Fan23: Holaa! Me alegra que te guste!❤ Este capítulo ha sido bastante difícil, pero al fin lo terminé. Espero que lo difrutes, saludos! ;)

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Y eso ha sido todo hasta el momento, no queda más que agradecer mil veces por su apoyo y buenos deseos, de verdad les digo que son los mejores❤

Nos leeremos luego!

Goda.X