Hola! He vuelto!

lamento mucho el retraso, pero les juro que ha valido la pena porque les he traído una sorpresa...

DOBLE CAPÍTULO.

Sip, exploté y machaqué mi cerebro lo más que pude para redactarlos :)

Como siempre, he leído todos sus comentarios. ¡Me llena de alegría ver que les gusta como va la historia! y se qué después de toda la intriga que le puesto al fic, ahora por fin he hecho un avance con el Sasusaku.

Verán mis respuestas a sus comentarios al final del capítulo que viene.

sin más que agregar, les dejo con la lectura!

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"Mi estrategia es en cambio más profunda y más simple, mi estrategia es que un día cualquiera no sé cómo ni sé con qué pretexto por fin me necesites."

Mario Benedetti

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Estaba en el parque, sentada en un pequeño banco cerca del lago, leyendo un libro. Estaba vestida con unos shorts de mezclilla, una camisa sin mangas con botones blanca y unas zapatillas del mismo color. Su cabello rosa corto estaba amarrado en una media coleta y encima de su cabeza había dejado sus lentes de sol para que no le estorbasen al leer.

El día era precioso, estaba soleado y leves ventiscas pasaban refrescando el calor del sol, que a pesar de estar sentada justo debajo del árbol, podía ver la molestia que le causaba.

Igual que él.

Apoyado al costado de un árbol en una esquina, no muy lejos de ella, se encontraba él. Con sigilo y en silencio al igual que una sombra, la observaba leer con tranquilidad. No era algo que hacía a menudo, ni mucho menos premeditado, es solo que la vio pasar por casualidad y se quedó allí, mirándola.

Se suponía que ahí se encontraría con Naruto para ir a los videojuegos, pero no esperaba ver a la "molesta de pelo rosa" en el mismo lugar. No es que fuera una sorpresa verla, sino su propio comportamiento es lo que le impresionaba, él no era una persona impulsiva ni se dejaba llevar por las emociones. Pero ahí estaba, escondido a la sombra de un árbol con la vista fija en sus movimientos.

Sakura a sus quince años se ha vuelto una jovencita muy linda. Nada que ver hace algunos años atrás cuando utilizaba ropas más flojas y varoniles, ahora se ha vuelto más femenina desde que se hizo amiga de Yamanaka Ino hace poco más de dos años. Claro que el cambio no pasó desapercibido para nadie, incluso en él.

En un principio cuando eran más pequeños, la odiaba porque creía que era parte de esas niñas pegajosas que lo seguían para todos lados y que tomaría ventaja al simpatizar con su mejor amigo para acercarse a él. Después se dio cuenta, no sin cierta amargura, que la amistad que estaba formando para con el rubio era real, y que esa pequeña niña varonil no hacía más que despreciarlo, claro que esto último es por culpa suya, ya que se la pasaba mofándose de ella e insultándola. Y a pesar de saber que la amistad era real, lejos de alegrarlo, lo enfadó bastante, y por muchas razones a decir verdad, pero una de las razones principales es porque encontraba a Haruno Sakura una completa falsa.

Debajo de toda esa máscara varonil y fuerte, se ocultaba una chica apagada y asustada, miedo al rechazo como una más del montón, fingiendo ser alguien quien no es. Quizás por eso la detestaba tanto. Sin embargo, con el tiempo fue conociendo un poco más de ella, su vida, su historia y sobre todo a su familia.

Pasó un brazo por su frente, secando las gotas de sudor que caían por sus hebras negras, provocadas por el sofocante calor del verano.

"Agh, detesto el calor". -pensó con disgusto. Volvió su vista a la pelirosa que seguía entretenida en su lectura, sin darse cuenta de su escrutinio.

Sí, ella había cambiado. No solo por su aspecto físico ni su ropa, sino en su comportamiento, estaba más resuelta y tranquila, hasta se veía feliz de cierto modo. Hace tiempo que no la veía tan calma, no después de la ida de su padre al menos.

Un recuerdo pasó por su mente, la noche en la que la encontró en la playa con la mirada perdida en el mar y él… y él…

Se removió incomodo al rememorar las palabras que le había dicho en esa ocasión. Y es que no pudo mantenerse callado, algo muy inusual en él, pero sabía la razón de todo esto, aunque nunca quiso admitirlo hasta hace un tiempo cuando se dio cuenta que ya no tenía remedio.

¿Por qué tuvo que conocerla? ¿Por qué tuvo que ver su historia? ¿Por qué tuvo que llegar a entenderla, a comprenderla? Ahora sabe cómo es en realidad, sabe que es lo que hay debajo de esa máscara. Ahora…

Ahora…

Estrelló su nuca contra el árbol con los ojos cerrados en frustración.

"Mierda, Sakura. Tu…". -piensa.

Abrió sus ojos con cansancio, los recuerdos y las emociones no hacían más que darle intensos dolores de cabeza.

No tenía caso en darle vueltas al asunto, él siempre se ha comportado como un cretino y un canalla con ella ¿y de que le ha servido de eso? Que lo odiara y se alejara aún más de él. Así todo se burlaba de Naruto de lo tonto que era, y al final resultó que él es el más idiota de los dos, claro que eso nunca lo admitiría en voz alta.

Sin embargo ahí estaba, observándola escondido al lado de un frondoso árbol, evitando cualquier contacto con ella, como el cobarde que es. No se acercaría a ella, no de la forma que quiere y nunca lo haría. Solo no podía hacerlo, ya había perdido su oportunidad, si es que en realidad alguna vez la tuvo.

Se conformaba con verla a la distancia, como poco a poco iba abandonando es máscara de falsedad a pesar de que él ya vio debajo de ella. Se quedaría ahí sin hacer nada, viendo como ella crece y florece como la flor que lleva por nombre.

Pero…

Claro, todo lleva un pero.

La vida da muchas vueltas, y algunas muy curiosas.

¡SASUKE! –un rugido potente se escuchó por todo el parque.

El recién nombrado dio un respingo del susto al escuchar semejante grito proveniente detrás de él. Al darse la vuelta vio con asombro (y con cierta vergüenza) a su escandaloso amigo rubio, que corría entre la multitud llamándolo como si su vida dependiera de ello.

¡OYE TEMEEE! –volvió a gritar Naruto, a pesar de que el pelinegro (y todo el mundo) ya lo había escuchado.

Sasuke trató de mirar hacia otro lado como si no lo conociera, y se alejó del árbol en el que estaba apoyado caminando hacia la dirección contraria del rubio. Pero ya era tarde, Naruto lo alcanzó rápidamente lanzándose encima de él por la espalda.

¿Qué haces, dobe? ¡Bájate de una vez! –dijo con molestia, dando codazos hacia sus costados en un intento de que el blondo se quitara.

¡Hey! Solo fue una broma, no es para tanto, dattebayo –exclamó bajándose de encima. Se sobó sus costillas adoloridas por los golpes del Uchiha. – ¿Y qué haces tan escondido? ¡Se supone que nos veríamos al otro lado del parque! –chilla indignado el blondo, colocando sus brazos en jarras.

No es asunto tuyo. –tajó de sopetón el pelinegro. –Es mejor irnos, se nos está haciendo tarde. – y sin más comenzó a caminar.

Sin embargo, Naruto no lo siguió. Se quedó mirando el frondoso árbol en el que anteriormente estaba apoyado su amigo, y con pasos largos se acercó al árbol.

Sasuke al darse cuenta que no lo seguía, se dio la vuelta para ver como el rubio observaba sorprendido al otro lado del parque.

Se tensó.

Si Naruto se daba cuenta que estaba Sakura al otro lado, descubrirá que la ha estado observando y se imaginará cosas que no son… aunque realmente si son.

¡Teme, mira! ¡Es Sakura-chan! –exclama con asombro, sin darse cuenta del suspiro de relajación que soltó el pelinegro.

"Estúpido". -piensa con una mueca despectiva.

No me importa. Vámonos. –insiste. Pero Naruto no le hace caso, e incluso se apresura en cruzar el gentío durante el camino en dirección a la pelirosa.

¡SAKURA-CHAN! –grita con emoción, moviendo los brazos en el aire para llamar la atención de la chica.

La aludida levantó la mirada curiosa a su dirección, luego una sonrisa torcida (y algo extraña) se formó en sus labios. El rubio corrió a su encuentro cruzando el sendero que los dividía, Sasuke fue tras él a paso calmado, más porque no le quedaba de otra que por querer ir.

¡Hola! saluda efusivamente Naruto, parándose frente a ella con una enorme sonrisa.

El pelinegro se posiciona a un lado del rubio, pero a una distancia prudente de ellos, como si no quisiera ser incluido en la conversación. Sin embargo observa de reojo como Sakura deja su libro a un lado para posar su vista en ellos.

Hola…saluda de vuelta con la misma sonrisa extraña de hace unos momentos.

¿Qué haces aquí sola? ¿Estás esperando a alguien? pregunta un curioso Naruto mirando a ambos lados, como si fuera aparecer alguien en cualquier momento.

Eh… sí. murmura no muy convencida.

Por la incomodidad que mostraba la chica en su rostro y la sonrisa que pasó a ser una mueca, Sasuke entendió que ellos estaban sobrando en ese lugar, pero su amigo era tan despistado que no se daba cuenta del poco entusiasmo que mostraba de la pelirosa al verlos y de la mirada penosa que les enviaba, como si no quisiera que ellos estuvieran allí.

Oh, ¿esperas a las chicas?pregunta haciendo referencia a la Yamanaka y a la Hyuga.

Pues... Sakura duda en responder, pero lo piensa mejor y en su lugar, pregunta. ¿Y qué haces por aquí?

Sasuke giró a verla casi de inmediato. La pregunta fue dirigida solo hacia el blondo y no en él, como si él no estuviese presente.

Ella lo estaba ignorando.

Íbamos a juntarnos en los videojuegos. al menos Naruto tenía la consideración de incluirlo, aunque sea indirectamente. ¡Hey! ¿Por qué no nos juntamos contigo y con las chicas? Podríamos charlar mientras jugamos una partida. sugirió.

El pelinegro frunció el ceño ante eso, ya no le parecía tan mal la idea de ser aislado de la conversación.

Tú lo que quieres es ver a Hinata. acusó la chica, achinando los ojos en sospecha.

Naruto enrojeció de pronto, la vergüenza que las palabras de la pelirosa le trajeron fue casi risible, a los ojos del pelinegro. No obstante, el rubio se mantuvo firme tratando de no mostrar señales de perturbación, cruzándose de brazos sobre su pecho y la mirada altiva.

¿Y qué si quiero verla?exclamó de forma altanera. Ahora era el turno de Sasuke y Sakura de observarlo sorprendidos de su declaración. Entonces iremos a los videojuegos, y se acabó. ¡Dattebayo! sentencia, haciendo un mohín que no dejaba a réplicas.

Oh, bueno. Me temo que no podrá ser. intenta disuadir la pelirosa de la misma forma.

¿Por qué no? No creo que a las chicas les moleste.dice el rubio levantando una ceja, escéptico.

Porque no me voy a juntar con las chicas. –confiesa en voz baja, como si le diera pena en admitirlo.

¿Entonces con quién te verás?inquiere con las cejas fruncidas sin entender.

La pelirosa se remueve incómoda en la banca y un curioso sonrojo cubre sus mejillas pero lo que más extraño fue, que de un momento a otro, Sakura le dirigió una breve mirada al pelinegro. Sasuke hizo una mueca ante eso, era como si recién reparaba en él hasta el momento.

Sakura se levantó de la banca y dio un paso cerca del rubio.

El pelinegro vio con atención como la pelirosa le susurraba algo al oído. Era evidente que ella no quería que él supiera lo que fuera a decir, y eso le provocó una molestia que no había sentido hace mucho tiempo.

¿Qué le importaba a él lo que ella hiciese?

No tenía por qué. El asunto que fuera le interesaba igual que la vida amorosa de su amigo, o sea, un reverendo bledo.

¡¿Cómo que tendrás una cita?!exclama un atónito Naruto, con los ojos bien abiertos sobre la pelirosa.

O tal vez no.

Sakura se hunde entre sus hombros, avergonzada del griterío que estaba armando el rubio. Lanzó otra mirada al Uchiha, apenada de que él hubiese escuchado lo que tanto ansiaba en mantener en secreto, pero Naruto nunca aprendió a ser discreto, ni a golpes.

¡PAF!

La chica le había dado un zape en su blonda cabeza.

¡Cuando alguien te susurra es porque no quiere que se sepa, idiota!le recrimina. Naruto se soba la cabeza adolorido de la, increíblemente dura, mano de la pelirosa.

¡Auch! Ya entendí, ya entendí…dice mosqueado de su brutalidad. No tenías que ser tan agresiva.

Sakura solo refunfuña aun lado, haciendo que sus cabellos cortos se mecieran sobre sus hombros.

Nadie notó como los puños de Sasuke se apretaban a sus costados.

Ahora dime, ¿Quién es? ¿Es alguien de la escuela? ¿Lo conozco?demandó, inflando su pecho como un pavo. Su mirada antes curiosa y consternada, en este momento expresaba lo opuesto: firme y con un semblante tan serio que le daba a entender que no estaba bromeando.

La pelirosa bajó la mirada al suelo, sin poder seguir observando los azules ojos de su amigo, lleno de gravedad y sin gracia alguna. No es que le tuviera miedo ni nada, pero la situación le resultaba tan embarazosa que preferiría escuchar alguna tontería de su parte antes de que la mirase de esa forma. No tendría como bromear para salirse de la situación.

No. No es de la escuela y tampoco lo conoces.contestó finalmente. Por favor Naruto, no montes una escena. suplicó la muchacha, observando un momento al fondo del sendero, como si estuviera esperando que apareciera alguien. Y la verdad es que así era.

¿De qué escuela viene? ¿Qué edad tiene? ¿Cómo luce?siguió con el interrogatorio, sin sentir un ápice de compasión al verla tan avergonzada. Porque, para lo que él le concierne, era su deber de hermano mayor no proclamado en tomar medidas serias cuando una situación así sucediese.

En otro punto de vista. El pelinegro observaba toda la discusión con una expresión, aparentemente, neutra. Sin embargo, por dentro era un huracán de emociones encontradas.

Para él, le importaba un comino quien era ese sujeto. Quien fuera la persona con quien Sakura iba a tener una cita, no duraría ni dos semanas con ella. De seguro es el típico chico promedio que busca a una chica para pasar el rato. Lo que no sabe ese sujeto, es que la "molesta de pelo rosa" no es cualquier chica, y le va romper los huesos si intentara tocarle un solo pelo.

Así que no tenía por qué pensar en eso, Sakura es capaz de defenderse sola de patanes como aquellos. Ya la había visto pelear en años anteriores con niños, incluso, un par de años más grandes que ella y ganar en todas.

Como había dicho, no hay nada de qué preocuparse.

Solo el hecho de que el malestar le apretujaba el pecho. Pero eso es otro cuento.

Tiene diecinueve…murmuró bajito. Observó cómo los ojos de Naruto se abrían de espanto al escuchar su edad, y aun lado, Sasuke también.

¡¿Qué?!exclama el rubio con la boca abierta.

Va en primer año en la Universidad…

¡¿QUÉ!?se le descompuso el rostro.

A lo mejor si debía de preocuparse, y mucho.

¡¿Qué tiene la edad de qué y va en qué parte?!chilla Naruto sin poder creérselo, con la cara tan pálida como el del Uchiha.

Naruto baja la voz...rogó la pelirosa con las mejillas del mismo color que su cabello. Mirando nuevamente al fondo del sendero. Ya basta, no es para tanto.

¡Ah! ¿No lo es?escupe las palabras con el sarcasmo en cada letra. ¡Es prácticamente ilegal! Tú eres menor de edad, apenas eres una chiquilla de quince años quien va a tener su primera cita.le recrimina el blondo, señalándola con el dedo como si tratara con una niña. ¡Él puede ir a la cárcel por eso!exageró fuera de sí, sin poder creer aun que su pequeña amiga saldría con alguien mayor. Ni por uno ni dos, ¡sino por cuatro años más grande!

No puedes tratarme como si fuese una niña. ¡Es vergonzoso! se ofendió con las mejillas más rojas que antes, pero esta vez era más por la rabia que por la vergüenza.

¡ME REHÚSO! –gritoneó en todo su rostro. –No saldrás con ese chico, y se acabó. –determinó firmemente con un ademán de su mano, poniéndole fin a la discusión.

En el otro extremo, Sasuke estuvo de acuerdo para con su amigo, admirando la firmeza y dureza de sus palabras en silencio. Acotando algunas frases con un asentimiento de cabeza apenas visible para ellos.

En todo el tiempo que llevaba escuchando la discusión, Sasuke mantenía la mandíbula firmemente apretada haciendo crujir sus molares. Sus ojos siempre negros, los mantenían en el perfil de la pelirosa, pensando en cómo era posible que ella pudiera encontrarse con alguien tan mayor.

¿En qué momento lo habrá conocido? ¿Es algo casual o lleva desde hace tiempo saliendo? ¿Le gustará acaso, los hombres más maduros, con más experiencia? ¿Ese era su tipo?

Las preguntas lo invadían a cada segundo, cuestionándose en cómo no lo vio venir, y es que ¿desde cuándo Sakura sale con chicos? Quizás en otra época eso no le hubiese importado, porque siempre supo que era él, el mejor de su generación. Siempre creyó que no le afectaría con cuantos chicos podrían llegar a salir con la pelirosa algún día, él siempre sería el mejor de todos.

Era demasiado engreído de su parte pensar en eso y hasta pecaba de narcisista, pero era su único consuelo si no podía estar a su lado. Siendo sincero, jamás tuvo la intención de acercarse a ella ni intentar nada, estaba cómodo en donde estaba: ni muy cerca ni muy lejos, lo suficiente para admirarla crecer y convertirse en la persona que ella siempre deseó ser.

Sabía que llegado el momento ella tendría citas, conocería a alguien y se enamoraría. En el fondo siempre lo supo, solo que no quería pensarlo demasiado, porque todo así era más simple y ahora…

Ahora la realidad le ha estallado en la cara, como un recordatorio de que esto algún día iba a pasar.

Y pasó.

¡No puedes obligarme! –se defendió la pobre chica atizando una patada en el suelo, molesta.

¡¿Ah, no?! –tronó, ensanchando sus fosas nasales. – ¡A penas llegue le diré que es un sucio pedófilo! ¡Un asalta cunas! –la voz de Naruto se elevó varios decibeles en cada palabra que decía, totalmente iracundo.

Sakura abrió y cerró la boca varias veces, desconcertada de la increíble posesividad del rubio.

No te atreverías… –advirtió la pelirosa apuntándolo con el dedo en su torso.

Los azules ojos de Naruto se abrieron de forma casi demencial.

Obsérvame. –y dicho aquello, comenzó a observar a ambos lados del sendero, en busca del sujeto que quería profanar la inocencia de su amiga.

Naruto por favor, no hagas una escena. –intentó razonar con él, pero no hubo caso, Naruto estaba decido en encontrar a su cita y hacerle pasar la peor vergüenza de su vida. – ¡Ni si quiera lo conoces! Solo estás haciendo el ridículo. –le recrimina alzando sus brazos al cielo, por la tamaña estupidez que estaba haciendo su amigo.

¡Entonces me quedaré aquí y esperaré a que el tipo se te acerque! –se sentó en la banca en donde estaba anteriormente sentada la pelirosa, con los brazos cruzados y una enorme vena surcando su frente.

Sasuke observó como la chica tomaba una gran bocanada de aire y exhalaba en un intento de conservar la calma. De un momento a otro, vio como sus verdes ojos relampagueaban y sonreía falsamente, tomando una postura extrañamente relajada. Su rostro y todo en ella mostraban alguna treta que estaba por cometer.

Frunció el ceño ante eso.

¿Sabes qué? Tienes razón. –aceptó de la nada. Haciendo un ademán con sus hombros, arrepentida. –No debería haber venido. –

Naruto la mira con sospecha, no creyendo en su repentina sumisión.

Qué planeas. –inquirió el rubio, sin creerle una palabra.

¡Nada! –rueda los ojos al cielo como si estuviera frustrada con toda la situación. –Por qué no mejor nos vamos a tu casa y vemos una película o algo así, ¿qué dices? –propone como una tregua después de tanta pelea entre los dos.

Naruto lo piensa un momento, y se levanta de la banca no muy convencido pero al final, por su expresión cansada, acepta solo por el simple hecho de que la idea sonaba bastante agradable, a decir verdad, ha pasado un buen tiempo desde que se juntaron a ver películas en su casa. Por lo que la idea de juntarse los tres, sería como recrear viejos recuerdos de antaño.

Bien… Entonces vamos. –dice finalmente el blondo, girando su vista por primera vez en Sasuke. – ¿No te molesta, cierto? ¡Tú escogerías la película! –sonrió en un intento de animar al pelinegro.

Sin embargo, Sasuke estaba lejos de estar feliz. Su mirada oscurecida estaba puesta en la pelirosa, quien agachó levemente su rostro intimidada por la forma de observarla. Ella de seguro estaría pensando que volvió a enojarse con ella por arruinar sus planes con el rubio, pero lo que no sabía, era que tan lejos estaba de la realidad.

Sasuke estaba furioso, por el simple hecho de que ella en verdad iba a quedar con alguien, y aunque había dicho que jamás intentaría nada, no podía evitar sentirse de alguna extraña manera (una muy ilógica) como si ella lo estuviese traicionando.

La simple idea era descabellada, no podía encontrarle pies ni cabeza por ningún lado, pero aun así con todo eso, su mente le retorcía su realidad a su antojo. Él ya sabía lo que era, lo había sentido durante toda su vida por ella, pero al revés.

Sasuke estaba celoso.

No porque ella le haya ruinado sus planes, o que le haya quitado la atención de su mejor amigo. No eran celos infantiles, de esos en los que ella era la protagonista de sus juegos en el parque y no él. No, esto era distinto.

Él estaba celoso de que ella consiguiera a alguien que no sea él.

Es egoísta y posesivo, y no tenía ningún derecho de sentirse así, no después de todas las peleas que habían tenido y la muralla que él mismo había construido entre los dos. Sin embargo, la sensación de que algo le atrofiaba el pecho no se iba, como si un líquido caliente subiera por su estómago y quemara todo a su paso. Era por completo desagradable y la culpaba a ella.

Y solo a ella.

Haz lo que quieras. –solo eso pudo decir el Uchiha. Posó su vista hacia el otro lado, cualquier parte en el que no fuera en ella.

¡Bien! –aplaudió la pelirosa como si nada pasara. –Vamos a tomar el autobús y nos vamos directo a tu casa. –declaró con esa sonrisa demasiado amable y feliz.

Todo esto no pintaba bien.

Sin esperar respuesta, Sakura comenzó a andar delante de ellos con demasiada prisa.

Estaban en completo silencio, siendo guiados por la pelirosa, quien caminaba más como un soldado por su espalda recta y pasos calculados, que una persona normal. No tardaron mucho en llegar al paradero más cercano en espera de un autobús que los llevara a la casa del rubio.

Sakura miraba sus uñas aburrida bajo la atenta mirada de Naruto. Él aun sospechaba que había algo raro en todo esto, y más en la aparente calma de la chica. No faltó mucho para que el autobús apareciera a la esquina de una calle y se detuviera en su parada.

Sakura esperó a que fuera Naruto el primero en subir y luego Sasuke. Cuando se aseguró que ambos pagasen al chofer, tardó un par de segundo antes de que cerraran la puerta, para luego bajarse rápidamente del autobús y ver cómo, en la ventanilla del asiento del rubio, la observaba con la boca abierta estupefacto de su treta. Naruto se levantó rápidamente y corrió hacia la entrada pero ya era tarde, las puertas ya estaban cerradas y el autobús había comenzado a moverse.

Con una sonrisa falsamente dulce, la pelirosa se despidió de su amigo moviendo sus dedos juguetonamente y un "bye bye" salió de sus labios, lo suficiente para que Naruto pudiera leerlo.

Su plan había funcionado, ahora podía caminar tranquilamente a esperar a su cita sin ningún problema. Pero por si acaso, irían a comer a otra parte que no sea cerca de allí. Y con un aire triunfante, Sakura se disponía a darse la vuelta e irse, pero justo cuando iba a despegar su vista de la cara graciosamente descompuesta del rubio, se topó con unos intensos ojos negros.

Sasuke la miraba con unos ojos llenos de rencor y malicia.

Frunció el ceño ante eso. Había algo en esa mirada mordaz que no le gustó en absoluto. No era de esas miradas frías que le dirigía cuando se enfurecía de niños. Era más bien como si quisiera hacerle daño, pero uno real y no tenía idea de por qué.

En situaciones así, era preferible hacer lo que siempre había hecho: ignorarlo. Así que sin más corrió su mirada de los de él y se dio la vuelta para caminar hacia donde había estado anteriormente. Sin embargo, una horrible descarga eléctrica le recorrió en su espina dorsal, algo muy extraño considerando el clima caluroso en el que estaban.

No, no podía engañarse. Sasuke le había dado un buen susto con esa mirada tan gélida, pero tenía de mantenerse firme y no dejarse intimidar por él. Por lo que siguió su camino hasta llegar a la banca en donde había estado sentada antes de que llegaran ese par de entrometidos, en especial Naruto.

Una vez sentada en la banca, tomó su libro e intentó retomar la lectura, pero no podía concentrarse. Su mente estaba en otra parte, en sus recuerdos de antaño, donde jugaba a las escondidas con Naruto o iba a su casa a cenar. Las incontables veces que se cayó jugando a la pelota y se lastimaba las rodillas, llenándose de tierra el rostro y el cabello. Los berrinches que hacían los chicos cuando ella ganaba las partidas de videojuegos, el griterío de Naruto y hasta la mirada despectiva del Uchiha.

Eran cosas pequeñas y otras no tanto, algunas graciosas y divertidas, llenas de risas y niñerías. Historias de su niñez que fue increíblemente feliz siendo amiga de Naruto, y que le hacían olvidar por momentos la pesadilla que vivía en su hogar.

Y todo eso se lo debía a él.

Naruto siempre supo escucharla y entenderla. La animaba cuando estaba triste o deprimida, la hacía reír con sus chistes y payasadas, inventando juegos y haciendo destrozos en su casa. Él fue su pilar cuando su padre se marchó de su hogar, y quien se quedó a dormir con ella esa noche por temor a que se derrumbara.

Él siempre estuvo allí. Él la conocía desde siempre.

Y lo amó por eso.

No de manera romántica, sino fraternal. Como el hermano que nunca tuvo. Como ese pedazo de su corazón que le faltaba y que su padre nunca pudo llenar.

Naruto es eso para ella, y sabía que ella significaba lo mismo para él.

Lo mismo para él…

Con ese último pensamiento, Sakura entendió la actitud enfurecida en que la trató el rubio. Y aunque lo encontró exageradamente posesivo, tonto y sin juicio alguno, ahora podía comprender su preocupación.

Naruto la seguía viendo como a esa niñita machorra con la cara sucia de barro y con ropas de chico, la niña bruta que lo golpeaba sin razón y quien le ganaba en las peleas. Pero también era la niña quien escondía los moretones bajo las mangas, la que se asustaba cuando escuchaba la voz de su padre, la que por momentos actuaba tímida al recibir un elogio. La insegura y triste niña…

No importaba la edad que tuviera, ni la forma en la que se viste hoy en día o la actitud firme que se había formado con los años. Naruto siempre la iba a ver como a esa niña, y eso de alguna forma, la enternecía.

Naruto solo se estaba preocupando por ella, y por el pasado turbio que tenía con su padre, con mucha razón. A pesar de que eso no justifique su actuar, sí entendía que él quisiera evitar otro daño más en su vida.

Él se había comportado como un hermano mayor.

Fue entonces que Sakura sintió el peso de la culpa instalándose en su pecho.

Se había deshecho de él y de Sasuke de una forma muy fea y grosera. ¿Y todo para qué? Para tener una cita con un chico a quien jamás había visto por cierto, pues era una cita a ciegas organizada por Ino.

Observó su reloj de muñeca.

Faltaban algunos minutos para que llegara, aún tenía tiempo para arrepentirse e irse a casa del rubio para disculparse, porque de seguro Naruto estaría hecho una fiera por la bromita sin gracia que le hizo.

Entonces tendría que decidir ¿La cita o su hermano?

Observó su reloj una vez más suspirando, disgustada.

"Malditos sean todos los hombres…" -reflexionó por última vez, antes de dejar caer cansinamente su espalda en la banca.

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¡Carajo! –exclamó por enésima vez el rubio.

Naruto daba vueltas por toda su habitación como animal enjaulado. Hablando, gritando y despotricando a gruñidos la sucia artimaña que le hizo la pelirosa. Mientras que Sasuke lo ignoraba, sentado en el suelo con la espalda apoyada en la cama y su vista fija en el videojuego. A todas luces se notaba que el pelinegro pasaba del rubio y evitaba escuchar cualquier cosa que se tratase de la "molesta de pelo rosa", no obstante, sus manos apretaban con rudeza el mando de la Play, y una mueca de fastidio surcaba sus labios.

¡Carajo! –exclama una vez más. – ¡Ya sabía yo que algo tramaba! Esa miradita de pilla ya me la conocía…–masculló enfadado, sin parar de caminar en ningún momento.

Pequeña renacuajo… de seguro está con él ahora…–pasó sus manos por su rostro frustrado. –Una cita, mi trasero. –refunfuñó. A un lado, Sasuke comenzaba apretar los botones del mando con demasiada fuerza.

¿Qué estarán haciendo ahora? Un tipo de esa edad lo más seguro…–paró de hablar de pronto, comenzando a sonrojarse. La mueca del pelinegro se pronunció aún más.

¡No, no, no! en que estoy pensando, Dios. –se arrepintió el rubio. – ¡Sakura-chan jamás haría ese… ese tipo de cosas! Ella aun es una niña como para… –trabó su lengua, comenzando a mover su cabeza hacia todos lados, como si quisiera sacar esa idea de su mente.

Ella debería estar con alguien de su edad. –sentenció, asintiendo para sí. –Alguien inteligente, responsable, gracioso pero no tanto como yo… –empezó a nombrar con sus dedos, llamando la atención de Sasuke. –…tendrían que ser amigos antes de intentar algo, alguien que yo conozca y que tenga mi total confianza… –siguió nombrando, hasta que levantó su vista y se encontró con la mirada de Sasuke sobre él.

Naruto lo evaluó unos segundos, como si estuviera sopesando algo. Mientras que el Uchiha lo observaba de vuelta con las cejas media fruncidas, pero con un brillo extraño en sus ojos que no quedó inadvertido para el rubio, pero concentrado como estaba con la pelirosa y su cita con el asalta cunas, no se concentró lo suficiente en su amigo como para entender su significado.

Sí, tienes razón. Es imposible. –dice finalmente el rubio con un movimiento de mano restándole importancia, como si el pelinegro hubiera respondido su pregunta. – ¿Dónde iba a conseguir alguien así? –dijo en un tono desdeñoso, como si la tan sola interrogativa fuera estúpida, y siguió dando vueltas por la habitación.

Sasuke rodó los ojos al cielo volviendo a prestar atención al juego con las cejas más fruncidas que nunca.

De un momento a otro, el rubio dejó de caminar con los ojos bien abiertos de la impresión, girando hacia el pelinegro y caminando hacia él.

¿¡Y si la secuestra?! –chilló asustado, observando a su amigo espantado de su propia idea. – ¿¡y si la invita a comer algo y la droga?! ¿¡Y si él la ataca?! –esas y más preguntas surgían de su mente, perturbando su consciencia.

Sasuke la miró fastidiado, dejando el mando de la Play a un lado.

Dobe, ella sabe lo que hace. No eres su padre ni su hermano para decidir lo que ella quiere. –le criticó en la cara, girando su rostro al televisor y retomando el juego que había dejado. –Además ella puede defenderse sola. –agrega en voz baja, apretando de cualquier manera los botones.

Sus ánimos estaban por los suelos.

Es cierto, Sakura-chan sabe golpear duro…–admite el rubio, tranquilizándose en el proceso.

Sin embargo, la tranquilidad le duró poco, pues su ceño comenzó a fruncirse de nuevo mientras que su mente maquinaba otra idea alrededor de la cita de su rosada amiga.

Si llega a salir ilesa de esa cita, juro que me las pagará por esa cochina treta que me hizo. –espetó molesto. El Uchiha giró a verlo con la mirada más seria que nunca. –Que nos hizo. –corrigió antes de que el pelinegro lo hiciera por él.

Con un suspiro, Naruto se dejó caer al lado de Sasuke, observando la televisión sin ver realmente.

Lo siento, es solo que… –calla por un segundo, llamando la atención de Sasuke. –No puedo creer que ella no me lo haya dicho, ella siempre me cuenta todo. –explicó el rubio con aire desanimado.

Quizás no era algo tan importante. –comentó el pelinegro. A estas alturas ya no prestaba atención al videojuego, se dedicaba a teclear botones al azar mientras que reflexionaba las palabras del rubio.

¡Claro que lo era! Ella jamás había salido con alguien en plan… romántico. –titubeó en decir lo último, incómodo. Era extraño imaginar a Sakura coquetear o siendo... ¿Cómo decirlo sin sonar mal?

Siendo una chica.

¿Nunca? –curioseó como quien no quiere la cosa, removiéndose un poco en su posición.

Bueno, no lo creo pero…–por sexta vez en esa tarde, Naruto frunció el ceño. –Yo no hubiese sabido nunca de su cita, si no la hubiera encontrado por casualidad detrás de un árbol. –dijo comenzando a atar cabos. –Entonces eso significa que habrá existido más veces… ¡más citas! –exclamó espantado, erizándole los vellos del cuerpo al imaginar a su amiga y casi hermana besuqueándose con chicos mayores y a saber qué más.

A su lado, el Uchiha lo miraba de reojo no muy seguro de su teoría.

Sakura no podría haber cambiado tanto en tan poco tiempo y de ser así, él no creía que fuera para mal, todo lo contrario. Ella ha crecido y progresado de más formas de las que hubiera hecho cualquiera, y eso se debe a la partida de su malnacido padre.

Él le hizo un favor yéndose de la vida de la pelirosa.

No lo creo. –dice Sasuke casi sin pensar.

Naruto estaba a punto de contestarle cuando escuchó la puerta abrirse. Ambos chicos observaron en como un rostro conocido se asomaba tímidamente dentro de la habitación.

Hablando de citas…

Hola…–saludo Sakura apenas y, avergonzada, entró a la habitación cerrando la puerta detrás de sí.

Ah… mira quien apareció, Sasuke. –le comenta el blondo a su amigo, señalándola con su pulgar. – ¿tomaste el otro autobús para llegar aquí? –inquirió sarcásticamente con la vista fija en la televisión, sin si quiera dirigirla una mirada a la pelirosa.

Naruto, he venido a disculparme. –dice en un murmullo con las manos tras la espalda, en una pose dócil y pacífica. –Por favor, en verdad lo siento. –volvió a disculparse.

El rubio se mantenía estoico mirando el juego en el que su amigo hacia correr el avatar sin ningún sentido aparente, pero él estaba tan molesto que pasaba cualquier cosa que estaba frente suyo.

Sasuke estaba haciendo el ridículo en el juego, pues su mente estaba atenta a la conversación entre Naruto y Sakura que no prestaba atención en lo que estaba haciendo con el mando.

¿Podrías mirarme? –pidió la chica acercándose a ellos y tapando la televisión con su presencia.

Naruto le dirigió una mirada rencorosa, antes de levantarse del suelo y lanzarse a la cama boca abajo, escondiendo su rostro entre sus brazos.

Naruto no seas infantil. –reclamó la pelirosa, sentándose a la orilla de la cama. –Hey…–lo llamó en voz baja sacudiendo su hombro suavemente.

Ve con el fulano ese. –respondió molesto, sin girar a verla.

Sakura rodó los ojos, pero luego soltó un hondo suspiro, ya sabiendo que esto no sería fácil. Su amigo era tan terco como una mula, y seguiría así si no insistía un poco más.

Lo dejé plantado. –revela con una sonrisa, pensando que así llamaría la atención del rubio.

Y lo hizo.

Naruto se sentó en la cama en un segundo, observándola extrañado. Junto a los pies de la cama sobresalía la cabeza de Sasuke, quien al oír la confesión de la chica, giró tantito la cabeza interesado en la historia.

¿Qué? ¿Por qué? –inquirió el rubio.

Para venir a disculparme, qué más. –dice como si fuera lo más obvio, pero el rubio no lo veía así. Naruto la observaba como si le hubiese salido una segunda cabeza o algo parecido, como si no daba crédito a lo que escuchaba.

Me estás tomando el pelo. –insiste el muchacho, pensando que era uno más de trucos, pero Sakura solo le sonrió dándole un pequeño golpe juguetón en el hombro.

Claro que no. –le responde, sin saber que Sasuke los estaba escuchando cada palabra que decían. –Me puse a pensar en lo que hice y llegué a la conclusión de que ningún chico vale la pena, a menos que seas tú. –confiesa con un brillo en sus ojos que le dio a entender a Naruto, que cada palabra dicha era cierta.

El blondo bajó la mirada a las sábanas de su cama, sintiendo como las mejillas se le ruborizaban de la vergüenza.

¿Sabes? Diciéndolo así pareciera que te gusto. –dijo matando el momento.

Sakura le dio un fuerte manotazo en la cabeza.

¡Auch! –se quejó sobándose el chichón en su cabeza. – ¡Eso duele, maldición! –

Me estoy esforzando ¿sabes? –reclama la pelirosa con una mueca enfadada.

Ya, perdón. Sé a lo que te refieres. –dice, sentándose más cómodamente en la cama frente a ella.

Eres mi mejor amigo y casi hermano. –expresó volviendo a soltar otro suspiro. –Pero tienes que dejar de preocuparte por mí, sé defenderme perfectamente de patanes. Lo he hecho toda mi vida. –bromeó con eso último, soltando una breve carcajada.

Naruto la observó abatido, callando por un momento para pensar en las palabras correctas para explicarle lo que realmente lo molestaba.

No puedes pedirme eso. –le refuta sin gracia. –Tú lo dijiste, soy tu mejor amigo y casi hermano, jamás dejaré de preocuparme por ti. –dijo con determinación.

Apartado como estaba, Sasuke había dejado el mando de la Play en el suelo hacia ratos, con la cabeza apoyada contra los pies de la cama, escuchando las palabras del rubio y cuan cierto era eso, porque él sentía exactamente lo mismo pero en contextos diferentes.

Y los envidiaba por eso.

Para él todo sería más fácil si sus sentimientos fueran de amistad y no como electricidad atizándole el pecho cada vez que la ve. Un remolino de emociones que lo invaden de pies a cabeza en cada encuentro que tenían, ella lograba poner su mundo al revés causándole cosquilleos extraños en su estómago.

En definitiva, Sakura lo hacía sentir como un reverendo idiota y la odiaba por eso.

Eran cosas que no debería ni quería sentir, pero lo hacía de todas formas, porque simplemente no era algo que podía evitar y le llegó de la peor manera y, además, de la persona quien menos pensó.

Giró la cabeza hacia ellos disimuladamente observando el perfil de ambos. Naruto mirándola con esos ojos llenos de determinación y, si lo conocía lo suficiente, encontraría una pizca de desafío destellando en sus ojos azules, porque sabía que esa batalla silenciosa la ganaría él, siempre lo hacía. Puede que Sakura sepa de golpes y técnicas de combate y hasta pueda ganar todos los trofeos de artes marciales si se lo propone, pero en técnicas de persuasión y de inteligencia emocional no es su área precisamente. Naruto es el experto en la materia y en la que siempre tiene la ventaja cuando se trata de discusiones o peleas verbales, él siempre sabe que decir y en donde clavar las palabras precisas para hacerte dudar.

Quizás por eso nunca le contó sus inquietudes respecto a Sakura. Naruto lo volvería loco con tantas preguntas y hasta le haría un informe mental de un sinfín de hipótesis de lo que significa sus sentimientos para con Sakura. Él sería capaz de hacerlo admitir algo que ya sabía, pero de lo que no se atrevía en pensar ni mucho menos a afrontar. Eran un cúmulo de emociones que tiene guardado bajo llave en algún lugar en su interior, que ha sido alimentado por años hasta convertirse en un enorme peso que le oprime el pecho y que en ocasiones, lo hacían sentir como si no pudiera respirar.

Es por eso que lo mantenía en secreto. Si Naruto llegara a enterarse, haría todo lo posible para que afrontara ese caos, pero lo que no sabía el rubio y de lo que él ha estado rehuyendo, es que el cúmulo de emociones se ha intensificado con los años hasta crecer y convertirse en una gigantesca masa uniforme de sentimientos reprimidos. Si eso llegara a estallar no tendría ningún control sobre sí mismo, él estaría vulnerable.

Sakura lo vería vulnerable.

Y él está plenamente consciente de que ella no está ni cerca de sentir empatía por él, se ha encargado de eso desde niños, así que no existe ninguna posibilidad de que eso cambie. Por lo tanto, si de repente comenzara a expulsar sus sentimientos sobre Sakura sin control alguno, lo único que lograría sería espantarla, y si eso llegara a ocurrir…

Sasuke estaría hecho un desastre.

Gracias… –habló con sinceridad la pelirosa, interrumpiendo las cavilaciones mentales del Uchiha.

Naruto la miró enternecido, levantado una mano para revolverle el cabello como si aún fuera una niña.

Entonces… –dice el rubio retomando su seriedad, interrumpiendo el momento emocional de ambos. –te perdonaré con una condición. –apuntó el chico mirándola fijamente.

Sakura rodó los ojos al cielo soltando un bufido, ya imaginando a lo que iba el rubio.

Promete que me contarás todo, sin importar lo que sea ¿lo harás? –inquirió el muchacho, observando los verdes ojos de la pelirosa.

Naruto, no me siento cómoda hablando de chicos contigo, yo… –intentó explicar la chica, penosa por el rumbo que estaba llevando la conversación.

Shhh…–la calló el rubio. –Eres mi mejor amiga y casi hermana, Sakura-chan. –repitió las palabras que había dicho anteriormente. –Solías contarme todo lo que te ocurría, y no quiero que eso cambie. –expresó con una sonrisa.

Ante eso, Sakura aflojó los hombros rendida, pensando que tal vez él tuviera razón al respecto, pero luego recordó la escena bochornosa que le hizo pasar en el parque y todo por una simple cita que no quería comentar, ahora podía hacerse una idea del por qué no quería hacerlo en primer lugar.

No. –estableció duramente, haciendo que la sonrisa del blondo se congelara. –Hiciste un escándalo en medio de la vía pública solo porque me iba a encontrar con alguien. –refuta la muchacha comenzando a fruncir el ceño.

Y que nunca me contaste. –señaló levantando sus cejas.

Porque sabía que te opondrías… –dice de la misma forma. –Aunque no sabía que enloquecerías así. –comenta eso último en voz baja.

¡El tipejo ese es mucho más grande que tú! –exclamó enojado.

¿Y eso qué? Son solo un par de años…–dice restándole importancia.

Cuatro. –especificó con voz de ultratumba.

¿Y vas a crucificarlo solo por eso? –defiende la pelirosa.

¡Tú misma dijiste que lo plantaste! –

Sakura abrió y cerró la boca ante esa afirmación, buscando un argumento coherente para contrarrestarlo.

Además ¿desde cuando tienes citas con chicos mayores? –inquirió el rubio antes de que pudiera decir algo más.

¡En ningún momento! ¡Este era mi primera vez con alguien mayor! –confiesa al sentirse acorralada. Sin embargo sus palabras no fueron muy claras, y eso lo supo cuando vio el rostro anormalmente pálido de Naruto.

¡Citas! ¡Me refería a Citas! –intentó explicar asustada antes de que el rubio sacara conclusiones completamente erradas sobre ella. – ¡Soy virgen! ¡Tan virgen como una santa! ¡Lo juro! –exclama a viva voz con las mejillas encendidas por la vergüenza que estaba pasando.

Como un choque de descarga eléctrica, Sakura fue consciente de que ambos no estaban solos en la habitación. Con infinita vergüenza y el rostro totalmente rojo, volteó su rostro hacia atrás para ver con horror la oscura cabellera de Sasuke salir a los pies de la cama, y lo peor, es que él estaba de perfil mirándola con las cejas levantadas en sorpresa. Volvió su vista en Naruto cerrando los ojos fuertemente.

Sabía que no era algo por el cual avergonzarse, todo lo contrario. Pero aun así, era bochornoso hablar de eso y más si era Naruto y con Sasuke escuchando.

Bien… –dice el rubio con la voz enronquecida. –V-Voy a creerte. –afirma, con su rostro retomando su color natural.

¡¿Ves?! –exclama la pelirosa abriendo los ojos para fijarse en él con intensidad. – ¡Es por eso que no quería contarte nada! –dijo molesta agitando sus brazos. – ¡Mira como reaccionas! ¡Dios! No me imagino el día en el que tenga novio y deba presentártelo ¡Enloquecerías! –siguió con su griterío, prorrumpiendo a momentos con golpes en la cama.

A lo mejor si exagero un poco, pero… –replicó el chico apenas, porque la fiereza con la que hablaba la pelirosa no lo dejaba decir mucho.

¡¿Un poco?! ¡Eres un maldito demente! ¡Te comportas como un poseso desvergonzado sin un ápice de tacto al decir las cosas! –Naruto casi podía jurar ver sus colmillos sobresalir de su dentadura, como si fuera a morderlo en cualquier momento.

Tragó saliva.

S-Sakura-chan…–balbuceó inútilmente.

¡¿Y sabes qué más?! ¡Me importa un bledo si me perdonas o no! ¡Puedes metértelo por donde no te llega la luz del sol! –encolerizada, la pelirosa tomó una de las almohadas del asustado chico y se lo lanzó con fuerza en la cara.

¡Auch! –chilla el rubio, utilizando la almohada con la que fue golpeado como escudo, vaticinando otro golpe.

Sakura se levantó de la cama con la mirada brillante y las mejillas rojizas por toda la rabia y el griterío que montó, y para qué negarlo, no se arrepentía en absoluto.

Ahora te voy a dejar algo muy en claro. –apuntó con su dedo en su dirección. –De ahora en adelante mi vida amorosa no será tema de conversación. Ya me di cuenta que no es algo que pueda charlar contigo. –masculló eso último, observando como Naruto se encogía con cada palabra que decía.

Me voy. –dice ya más calmada, dirigiéndose a la puerta.

Tomó la perilla y la abrió, pero antes de salir le mandó un última mirada al rubio quien no se atrevía a decir algo más por temor a que la pelirosa se le subiera los humos de nuevo y lo golpeara en serio.

Adiós. –se despidió escuetamente y luego, sin saber por qué, miró al pelinegro sentado frente al televisor, quien también la estaba observando. –Adiós. –se despidió de él también. Las cejas de Sasuke se arquearon en sorpresa, pero al segundo siguiente volvió a su estoica expresión de siempre.

Sakura ni él se hablaban de hace mucho tiempo, ni si quiera se saludaban. Solo aparentaban que el otro no estaba allí, como un convenio mutuo que acordaron sin decidirlo directamente. Era la única forma que podían coexistir sin tener que estallar en una discusión, y aunque con el paso del tiempo el ambiente entre los tres ha sido más "ameno" por decirlo alguna manera, nunca han intentado entablar una conversación cuando se quedaban a solas, y a pesar de que el silencio que compartían no era del todo cómodo, tampoco era desagradable.

¿Es acaso, que ese mudo pacto se había roto indirectamente al despedirse?

Entonces, por la forma en que lo miraba la pelirosa, comprendió que era él quien debía decidir si daba el siguiente paso.

¿Por qué de pronto Sakura daba señales de interés? Porque eso era ¿cierto?

El rostro imperturbable del pelinegro no le daba señales a la pobre chica la estupidez que acaba de cometer. No se sentía tan tonta en haberse despedido, sino de habérselo quedado mirando como si estuviera esperando una respuesta de su parte, ya que por su nula expresión era más que obvio que solo recibiría eso: una mirada desagradable.

Así que sin más, Sakura apretó sus labios en una fina línea y sin regresar la mirada a ninguno de los dos chicos, dio media vuelta y se fue de la habitación cerrando la puerta con fuerza. Dejando a un rubio confundido y a un pelinegro con sus emociones a punto de estallar.

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–Sí, él está aquí conmigo. –habló el rubio por teléfono, mirando fijamente a su amigo sentado frente a él. –Te llamaré si hay noticias. –se despidió. Guardó su teléfono en el bolsillo sin quitar en ningún momento la mirada del pelinegro.

Sasuke y Naruto se encontraban en el pasillo del hospital de Konoha. Después de que el pelinegro perdiera el rastro de Sakura e Ino, volvió a la banca donde había sido tirado a un lado Suigetsu, y al ver el estado casi inconsciente del chico llamó a la ambulancia por ayuda, lo que no esperó fue encontrarse con Naruto a pocos metros de allí.

El resto es historia.

Sasuke observó sus manos con restos de sangre de Suigetsu, sintió asco en tenerlo en su piel como si fuera veneno o algo malo embarrando sus dedos.

–Juugo viene en camino. –informó Naruto apoyándose en la pared frente a él. –Quiere saber si fuiste tú quien lo golpeó. –dice en una mueca. – ¿Lo hiciste? ¿Tú golpeaste a Suigetsu? –inquirió el blondo apesadumbrado, no dando crédito de que su amigo fuera capaz de algo así.

Sasuke frunce el ceño ante su duda.

–Si lo hubiese golpeado no habría pedido una ambulancia. –responde escuetamente con la vista entrecerrada. –Creía que me conocías mejor. –le recrimina cruzándose de brazos.

Naruto se removió incómodo.

–Bueno, pensé que a lo mejor se te habría pasado la mano… –confiesa, cruzándose de brazos al igual que él.

–Con mayor razón para no hacerlo. –le interrumpe.

Un silencio se formó entre ellos.

Naruto zapateaba el suelo nerviosamente, ansioso de saber cómo había quedado el peliblanco después de esa fea paliza. Sea lo que sea que haya pasado, el brabucón o los brabucones quienes lo molieron a golpes debieron de estar realmente enojados como para hacerle algo así.

– ¿Alcanzaste a ver los responsables? –preguntó Naruto. Sin embargo, Sasuke esquivó su mirada y observó el pasillo por donde debería salir el médico a darle noticias. Eso llamó la atención del rubio, comprendiendo su muda respuesta. –Lo sabes. –afirmó.

El pelinegro no dijo nada. Con el rostro volteado y sin ninguna expresión en su rostro, cualquier persona pensaría que lo estaba ignorando. Y quizás así era, pero Naruto lo conocía lo suficiente como para saber interpretar sus silencios, como ahora.

–Lo sabes, pero no me lo quieres decir. –afirmó nuevamente, sopesando el porqué de ocultarlo. – ¿A quién estas protegiendo, Sasuke? –inquirió observando cuidadosamente las expresiones del pelinegro.

De pronto, un hombre mayor de bata blanca apareció detrás de unas de las puertas del pasillo leyendo un montón de papeles que se encontraba en una de sus manos y con la otra agarraba sus gruesos lentes para ver mejor sus anotaciones antes de levantar la vista hacia ellos con aire serio.

– ¿Familiares de Hōzuki Suigetsu? –preguntó el médico.

–No. –habló Sasuke por ellos dos, antes de que Naruto se le ocurriera decir que sí. –Lo encontramos tirado en una plaza. –explicó el chico.

El médico asintió, comprendiendo la situación.

–Las heridas que presenta el joven no son graves. Le hicimos una tomografía para descartar posibles daños internos pero todo está en orden, excepto sus estudios de sangre. –revela el médico pasando un par de páginas, de lo que serían sus estudios. –Se encontraron pequeñas cantidades de Oxitocina y feniletilamina en su sistema, tal parece el joven estaba en los efectos de las drogas. –explica levantando su vista en ellos dos.

Sasuke y Naruto se observaron por unos segundos.

–Gracias doctor... –dijo el rubio. El médico hizo un pequeño asentimiento antes de volver a hablar.

–El señor Hōzuki deberá reposar por algunos días y su brazo estará inmovilizado al menos un par de semanas. –Agrega acomodando sus lentes. –Esto fue un acto de agresión y como médico debo informar a las autoridades. –Dice en un tono bajo, observando a Naruto, quien entre él y Sasuke, es quien más se le notaba su nerviosismo.

–Hemos encontrado su teléfono y ya informamos a un cercano. –Interviene el pelinegro, llamando a la atención del médico. –No debe tardar en llegar. –

–Oh... De acuerdo. –Dice el hombre guardando sus papeles bajo su brazo. –De todas las maneras necesitarán quedarse para certificar su historia a la policía para cuando lleguen. –

El rostro de Naruto cada vez estaba más blanco.

–Si. Gracias. –Agradece Sasuke viendo como el doctor se alejaba de ellos.

Giró a ver a su pálido amigo agarrarse el estómago como si estuviera enfermo.

– ¿Acaso eres idiota? Te comportaste como si fueras un sospechoso. –Le recriminó enojado pellizcando su brazo, haciendo que el rubio saltase y diera un gritillo adolorido que fue reprimido con ambas manos.

–D-Dijo que iba a llamar a la policía. –Balbucea nervioso, sobándose el brazo adolorido por el pellizco. –Es la policía Sasuke, no puedo mentirle a la policía. –

–No seas estúpido, ni si quieres conoces a Suigetsu. –Le interrumpe cruzándose de brazos. –Solo di la verdad, que nos íbamos a encontrar al frente de la plaza cuando vimos a un tipo tirado en el suelo. –Dice en voz baja el pelinegro, ya que había pasado una enfermera muy cerca de ellos.

–Es cierto. –Reconoció el blondo asintiendo para sí, pero aún mantenía su semblante preocupado. – ¿No te preocupa de que Suigetsu te delate? –Al ver el entrecejo fruncido de Sasuke, se apresuró en aclarar. –Me refiero a que dijiste que no lo conocías cuando en realidad si lo haces. Te considerarán sospechoso. –Apuntó el chico.

–No lo hará. –Dice confiado el pelinegro. –A él no le conviene revelar ese detalle. –

–Ah...– alcanza a decir Naruto, no muy convencido. Pero si Sasuke está muy seguro de ello, no había nada que temer. Sin embargo, lo que si le molestaba era el silencio de su amigo respecto al ataque contra aquel sujeto, si bien no era de su incumbencia, no podía evitar preguntarse en que lío se había metido Sasuke.

– ¿En verdad no me vas a decir quién lo hizo? Sabes muy bien que de alguna manera terminaré por saberlo. –Expuso sin quitar su vista del pelinegro.

Sasuke soltó un suspiro y sabiendo que tendría esta plática en algún momento.

–Pronto llegará la policía y eres propenso a entrar en pánico con las autoridades cuando en realidad no hiciste nada. –Le criticó a eso último con una mirada de desdén. –Así que no. –dijo con determinación, volviendo a sentarse en la silla.

Naruto se quedó un segundo observando la expresión neutra de Sasuke, pero no fue hasta que vio la casi imperceptible mueca, en que entendió lo que faltaba por decir.

"Al menos, no por ahora".

Y con esa muda confesión, Naruto se apoyó nuevamente en la pared del frente volteando su vista en el pasillo en donde en una de las habitaciones reposaba un inconsciente y muy adolorido Suigetsu.

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–Entonces, ¿qué dicen? –inquiere con una sonriente la rubia con sus brazos en jarras, como si hubiese dado una grandiosa idea.

–Es una pésima idea, Ino. –responde Sakura sin pensárselo dos veces.

Espiar y acechar a Sasuke no tiene gracia alguna. No iba hacerle lo mismo que le estaba haciendo a ella, porque no sería correcto. El "ojo por ojo" nunca tuvo buenos resultados y creía que su amiga conservaba aunque sea una pizca de raciocinio en su cerebro, pero Ino lo único que hacia es dejar mal parada a todas las rubias inteligentes del planeta.

– ¡Ay! ¡Por favor! –Ino rueda los ojos al cielo, exasperada por la negativa de la pelirosa.

–C-Creo que deberíamos de p-pensar en otra cosa. –musitó la ojiblanca.

– ¡Oh! ¿Tienes una mejor idea Hinata? Porque soy todo oídos. –ironizó la rubia con las cejas levantadas a su dirección.

Sakura cerró los ojos con cansancio. En cualquier momento le iba a dar un horrible dolor de cabeza.

–L-Lo que quiero decir Ino-chan, es que la venganza nunca t-trae nada bueno…–explica la chica lo más calmada posible, en un intento de que la rubia entrara en razón, pero Ino estaba tan metida en sus treces que no era capaz de reflexionar las consecuencias que esto conllevaría.

– ¡No es venganza! Es darle su merecido. –volvió a insistir Ino dando una patada en el suelo, furiosa de que ninguna entendiera su "magnífico" plan.

Hinata iba a abrir su boca para refutar lo dicho por la rubia, sin embargo la voz autoritaria de la pelirosa la interrumpió.

– ¡Es suficiente! –ambas chicas cerraron la boca ante el grito de la pelirosa. –No quiero oír nada sobre lo que pasó hoy, ni formular planes contra nadie, solo… –bajó la voz observando sus manos vendadas con un deje de pena. –solo quiero dormir. –

Sakura sabía que sus amigas solo querían ayudarla, pero estaba tan cansada tanto física como mentalmente como para seguir discutiendo sobre el mismo tema. Sabía que la situación de por sí no era para menos y que debía de tomar una decisión rápido, no obstante, ya tendría el momento adecuado para pensarlo. Ahora lo único que quería era subir a su habitación y lanzarse a su cama.

–Gracias por todo chicas, peor creo que ya deberían irse. Le hice pasar un mal rato, a ambas. –dijo mirándolas a cada una.

Hinata fue la primera en hablar.

–Sakura-chan… –con voz delicada, la ojiblanca la llamó tomándola de la mano. –Te llevaré a tu habitación ¿sí? –le dice, guiándola hacia las escaleras.

Ino salió de su estupor, observando como ambas salían de la sala en dirección al segundo piso.

–Oigan, ¡Espérenme! –exclamó la rubia, corriendo detrás de ellas.

Sakura se dejó caer pesadamente encima de su cama, sin importar la ropa que ni las cosas que allí yacían. A su lado, Hinata también se dejó caer en la cama y al segundo siguiente, dieron un pequeño rebote por la arrojada que se mandó Ino al otro lado suyo.

Se quedaron en silencio por unos segundos mirando el techo de la habitación.

–Y… ¿Qué estamos haciendo, exactamente? –inquirió Ino, no aguantando estar callada por más tiempo.

–Nada, solo d-dejen su mente en blanco. –pide Hinata en un murmullo suave, soltando suspiros a ratos, como si estuviera meditando.

Sakura la imitó, tratando de relajar sus músculos y exhalando el aire y, con ello, todos sus problemas y preocupaciones.

Estaba funcionando.

Sin embargo, Ino estaba lejos de relajarse. Estrujaba sus dedos y miraba a las chicas una a la otra, aburrida del silencio que se había formado.

–Esto no ayuda en nada. –formula, interrumpiendo la meditación que se estaban sumergiendo.

–Me ayudaba a mí. –dice la pelirosa en un gruñido molesto.

–Oh… bueno. –sin saber qué más decir, Ino vuelve a cerrar la boca dejando a ambas adentrarse en sus propios pensamientos.

Sakura cierra los ojos dejando su mente en blanco por unos segundos, solo escuchando sus propios suspiros y el ritmo neutro de su corazón.

Estuvo así por unos momentos más en completa relajación, hasta que su propia mente comenzó a divagar en la conversación que tuvo con Suigetsu.

"Te vi con Sasuke en esa fiesta, estaban coqueteando…." "Me había acercado a él antes y habíamos conversado un poco, pero tú llamaste su atención en la barra del minibar y se despidió de mí para ir hasta ti…" "Vi que reías y le coqueteabas todo el tiempo, luego bebieron un trago…" "Me pareció ver que él puso algo en tu vaso, aunque no estoy muy seguro de ello…"

Las palabras de Suigetsu revoloteaban en su cabeza como espirales.

Cuando escuchó aquella confesión, para ella todo cobró sentido. El que Sasuke la drogara para llevarla a esa habitación aquella noche, era la respuesta a sus dudas. Fue, en ese momento, la única explicación de que ella accediese a estar con él. Todas las señales y pruebas apuntaban a esa teoría, solo lo confirmó una vez que hubo acorralado a Suigetsu y le dijera las mismas palabras que una vez revoleteó por su mente, aunque en realidad no quería creerlo.

Sasuke, el chico más amargado, petulante y aguafiestas que había conocido en su vida. El chico que no soportaba compartir ni si quiera el mismo aire con ella. Él era tan cerrado y callado, tan celoso de su espacio personal, que evitaba a todo aquel que quisiera entrar en su terreno y eso incluía al mismísimo Naruto, su mejor amigo.

No… corrección. Sasuke es cerrado y callado, siempre lo ha sido desde el día en el que lo conoció.

Eso lo tenía más que claro, entonces… ¿cómo era posible que él haya…?

Sakura frunció el ceño.

Ahora meditando con la mente más despejada que hace una hora (mientras molía a golpes a Suigetsu), Sakura podía ver las falencias en la historia. Había algo que no cuadraba.

Si bien, toda la evidencia recolectada apuntaba a Sasuke aprovechándose de ella, toda la situación era increíblemente bizarra.

Primero, Sasuke siempre la había odiado. Esta demás en repetirlo, pero era cierto. Sasuke nunca aguantó que una chica se les uniera al grupo. Segundo, la personalidad de Sasuke siempre ha sido parca y distante, manteniendo una distancia prudente entre su amistad con Naruto y su propio espacio personal, no dejando que nadie más se le acerque.

Entonces, si juntaba todo eso con la historia de Suigetsu…

No, no calzaba para nada. No podía encontrarle la lógica por ningún lado.

Es que simplemente no podía imaginarse a Sasuke riendo y coqueteando, como un chico normal, acercándose a ella en plan galán a punto de atrapar a una presa, o que se acercara a ella precisamente.

No.

Para que eso ocurriera debía haber algo en Sasuke que la hiciese sospechar, algo que haya pasado por alto en su infancia o los poco momentos en que lo vio ahora en la adolescencia. Una actitud extraña o palabras que no suele decir, cualquier cosa que la hiciese pensar en Sasuke como alguien diferente a como lo conoce.

"Tú, entre todas las personas… no merecías algo así."

La frase retumbaba en su cabeza como pequeñas agujas perforando su consciencia, recordándole la única y poca cosa que hizo Sasuke por ella, y por la cual casi, solo casi lo ve con diferentes ojos.

Sasuke no era del tipo sentimental o de las personas que consuelan a otras, mucho menos a personas como ella, a aquellas a los que él consideraba como una piedra en el zapato o un insecto que se había adentrado en su sopa. En definitiva, personas a las que él no deseaba en tener en su vida y sin embargo…

¿Por qué en la única cosa en la que se le viene a la mente es ese recuerdo? ¿Qué habrá querido decirle esa vez? Nunca lo entendió, pero aun así sus palabras calaron más de lo que hubiera imaginado.

–Sakura-chan. –la llamó la ojiblanca.

Giró su mirada en ella, viendo como sus blanquecinos ojos la observaban curiosos y expectantes.

– ¿Te sientes mejor? –pregunta con suavidad.

–Si. –se sorprende de lo fácil que fue decirlo y más, cuando en verdad se sentía así.

– ¿Has reflexionado en algo? –Hinata se acuesta de lado para tener una mejor visión de la pelirosa.

–Un poco, pero no he llegado a nada. –confiesa en una mueca.

–A ver ¡Cuéntanos! –exclama esta vez Ino, uniéndose a la conversación.

Sakura vuelve a recordar las palabras de Sasuke siendo un niño y determina que, a pesar de la profunda amistad que tiene con las chicas, hay cosas que es preferible guardárselas para uno mismo. Por alguna extraña razón, no encontraba correcto revelar esa parte conmovedora de Sasuke, creía que ese encuentro en la playa solo les concernía únicamente a ellos dos.

– ¿Creen ustedes que debemos de creer en las palabras de Suigetsu? –inquiere la pelirosa.

Ino tuerce los labios ante la interrogativa, recordando el momento en que el peliblanco les relató lo sucedido en la fiesta.

–La verdad es que no. –dice finalmente la rubia. –Pero, ¿Por qué habría de mentir? Lo tenías bien agarrado de los cojones como para que él se atreviera a inventar algo. –agrega al ver la incertidumbre en sus ojos verdes.

–Si… –asiente estando de acuerdo, aunque…

¿Qué tanto conocen a ese sujeto? ¿Qué tanto podrían asegurar que decía la verdad?

Nada. Absolutamente nada.

–No estoy de acuerdo… –el tímido murmullo de Hinata fue oído por ambas chicas.

– ¿Por qué dice eso? –inquiere la rubia frunciendo el ceño, confundida.

Hinata se muerde el labio de forma pensativa, buscando las palabras correctas para explicarse.

–Porque n-no podemos confiar en la palabra de un tipo a-a quien no conocemos, quien comerció con mi fiesta d-de cumpleaños y quien se lanzó encima de Ino-chan apenas la vio. –aclaró la ojiblanca dejando a ambas chicas reflexionando sobre los dicho.

–Es un buen punto. –afirma la pelirosa, haciendo otra mueca. –Eso significa que volvemos al principio. –dice clavando su vista en el techo, su mueca se había pronunciado aún más.

–No. Me niego a pensar en eso. –refuta la rubia, sentándose en la cama. –Aunque Hinata tenga mucha razón, debe haber algo cierto en lo que dijo. Es decir, ¡Sakura, lo golpeaste bien duro! Nadie puede mentir después de eso, es muy arriesgado. –debate la chica cruzándose de brazos.

–No tenemos como saber eso, Ino. –dice Sakura apoyando sus codos hacia atrás, de manera en que podía ver el perfil de la rubia.

–Pero lo que sí sabemos es que él te llevó a esa habitación ¡La fotografía en tu casillero lo demuestra! –exclama alterada la rubia, evidentemente no estando de acuerdo con ambas chicas.

–Lo entiendo, pero…–Sakura calla de repente, abriendo sus ojos con sorpresa.

La fotografía que dejó Sasuke en su casillero…

– ¡Pero claro! –la pelirosa se levantó como un resorte de la cama, parándose en frente de las chicas, quienes la observaron extrañadas por su cambio de actitud. – ¡¿Cómo fue que no se me ocurrió antes?! –siguió exclamando comenzando a caminar a su escritorio y a rebuscar algo entre sus cuadernos.

No tenía idea a qué se debía esa espeluznante nota que le había dejado Sasuke y que, finalmente, terminó siendo una fotografía de ellos dos besuqueándose en uno de los tantos cuartos de la cabaña. Pero luego se dieron cuenta que no era precisamente una fotografía.

– ¡Ajá! –exclamó con la imagen en la mano. Se acercó a las chicas en dos grandes zancadas y les mostró la tan aborrecida imagen como si hubiese ganado un premio.

Tanto Hinata como Ino la miraron como si la pobre pelirosa hubiera perdido la cabeza.

–Sí, Sakura. De eso estaba hablando… –dice con lentitud la rubia, tratando de evitar mirar la escena erótica de su amiga con el pelinegro.

– ¿Es que no lo ven? –inquiere con las cejas fruncidas, frustrada que las chicas no lo captaran. – ¿Recuerdan que en el departamento de Ino descubrimos que no era una simple fotografía? –cuestiona agitando la imagen entre sus dedos.

El chillido que soltó Hinata le dio a entender que captó lo que quería decir.

– ¡E-Es cierto! La fotografía en realidad e-era…–

– ¡Un video! –la interrumpe la pelirosa, inflando su pecho con energía renovada. –si obtenemos ese video podremos saber lo que en verdad ocurrió aquella noche. –revela dejando caer la imagen encima de la cama.

– ¿Y cómo precisamente vamos a dar con el video? –cuestiona Ino, levantándose de la cama.

El ánimo que había ganado la pelirosa fue desinflándose como un globo.

–Oh… –alcanza a decir antes de hundirse entre sus hombros.

–No podemos simplemente… –la voz de Ino fue apagándose y un brillo cruzó por sus ojos azules. –colarnos en su casa. –dice lentamente, como si estuviera saboreando cada palabra.

Hinata también se levantó de la cama, solo para mirar a Ino con cautela, ya sabiendo lo que significaba esa mirada.

–N-No nos colaremos a su c-casa. –advierte la ojiblanca, pero ya era tarde. Por la mirada determinada de Ino, supo que ya estaba maquinando algún retorcido plan que involucraría invadir la propiedad privada de los Uchiha's.

– ¡Pero es un buen plan! –replicó la rubia girando a ver a la pelirosa. – ¿Tú que dices Sakura? –

–Eso es imposible. –dice consternada. Hinata suspira aliviada de que su amiga estuviera de acuerdo con ella y no con el disparate de Ino. – ¡No tenemos como entrar sin que nos descubran! –exclama la chica agitando sus brazos.

Hinata casi cae de espaldas.

–Para eso hay que averiguar más sobre Sasuke. –dice como si fuera la cosa más obvia del mundo. Sakura la observa como si tratara con una rubia hueca.

–Debes estar bromeando. Sasuke no es de hablar sobre su vida personal, precisamente. –aclara la chica, pero frunce el ceño al ver la mirada sospechosa de sus amigas. – ¿Qué? –

– ¿Cómo sabes eso? –pregunta extrañada la rubia. –Es decir, Sasuke es el chico más popular de la escuela. Todo el mundo quiere ser su amigo, así que habrá más de uno a quien podemos preguntar sobre su vida personal. –inquiere, como si aquello le resultase lo más lógico.

Sakura rueda los ojos.

–Por supuesto que no, eso es imposible. Sasuke odia el gentío, él jamás divulgaría su vida personal como si nada. Él es muy cerrado a eso. –revela la pelirosa.

Sakura no entendía porque sus amigas la observaban así, como si fuera una extraña parada frente a ellas.

– ¿Por qué hablas así de él? –pregunta ceñuda la rubia, observando fijamente sus expresiones.

– ¿Cómo así? –inquiere sin comprender la actitud que estaba tomando Ino para con ella.

–C-Como si lo conocieras. –habla la ojiblanca parándose a un lado de Ino y, al igual que ella, comenzó a evaluarla como si la pelirosa estuviera ocultando algo.

Sakura boquea un par de veces tan sorprendidas al igual que ellas. Siempre había dicho que no conocía a Sasuke y que apenas había interactuado con él más allá de una simple mirada. Pero ahora cabía en cuenta de que no era tan así al parecer, puede que supiera algunas cosas sobre él por Naruto y otras por lo que ella había visto y escuchado. Fueron años de convivencia forzada entre los dos, por más que quería en negarlo, Sakura conocía de cierta forma a Sasuke, cosas que ella creía que todo el mundo podía deducir sobre él, pero ahora al ver el rostro fruncido de Hinata e Ino, se daba cuenta que no era así.

Como si fuera plomo, un peso cayó en el estómago de Sakura.

Una nueva revelación abrió paso en sus ojos al comprender lo que significaba.

–B-Bueno yo... puede que separe algunas cosas. Digo, soy la mejor amiga de Naruto y él a veces me cuenta cosas... –divaga la pelirosa tragando grueso para empujar el plomo que estaba subiendo por su tráquea.

– ¡N-Naruto-kun! –exclama la ojiblanca con las mejillas sonrosadas. –Él podría s-saber algo. –expresó la chica.

–Tienes razón... –dice Ino, saliendo de su estupefacción. Sin embargo, de vez en cuando lanza una que otra mirada significativa a Sakura. –Pero sería raro acercarnos de la nada y preguntar por Sasuke. –una vez que suelta su duda, ambas chicas giraron a ver a la pelirosa como si fuera ella la solución a todo (y quizás así era).

–Sakura, es tu turno. –dice la rubia cruzándose de brazos. –Es tu turno de infiltrarte y hacer de espía. –Sakura sube ambas cejas, no muy convencida.

–No creo que sea buena idea Ino, sería muy raro que empezara hablar de Sasuke. –Ahora es el turno de la rubia de rodar los ojos.

–Tendrás que ingeniártelas. Eres la única de aquí quien tiene su confianza como para hablar sobre Sasuke. En ti no se vería raro. –dijo esto último con un deje despectivo, haciendo alusión al sospechoso conocimiento de Sakura sobre el pelinegro.

–De acuerdo. –dice más por decir algo. No le gustó el tono que utilizó Ino, y la única manera en que vio para evitar otra conversación de la infancia entre ella y Sasuke, fue aceptar la propuesta de la rubia. Aunque no se encuentra del todo cómoda en hacerlo, se sentía como si estuviera mintiéndole a Naruto al abusar de su confianza.

Y tal vez sí tenía algo de aquello.

– ¡Bien! Entonces llamarás a Naruto y le dirás que quieres pasar el rato con él, o lo que sea. –dice la rubia con un movimiento de su mano.

Sakura apretó los labios, buscando su teléfono en su bolsillo. Una vez en mano comenzó a teclear el número del rubio, mientras ahogaba un gemido adolorido por agitar sus dedos. Los nudillos le ardían con la fricción de las vendas.

Llevó el teléfono a su oreja escuchando el tono de espera.

Unos segundos más tarde, Naruto contestó.

– ¡Hola, Sakura-chan! –el saludo alegre del rubio se escuchó en la otra línea.

–Hola Naruto, ¿qué tal? –saludó de igual manera.

–Muy bien, jeje... –la risita nerviosa fue interceptada por la pelirosa. –Ejem, ¿y tú cómo estás? –Le pregunta de igual forma el rubio.

Un ruido de sirenas se escuchó de fondo, alertando a Sakura.

–Naruto ¿dónde estás? escucho sirenas... –preguntó la chica.

–Ah... –de fondo Naruto balbuceó algo ininteligible, no siendo escuchado por la pelirosa. – ¡No importa! ¡No importa! mejor dime ¿para qué me llamabas? –inquiere el blondo.

– ¿Acaso no puedo hacerlo? –cuestiona en un tono majadero, intentando sonar graciosa y no sospechosa.

– ¡Claro que sí! Es solo que ahora no es un buen momento... –explica el muchacho medio inseguro.

– ¿Sucede algo grave? –

– ¡No que va! –un nuevo ruido de sirenas se escuchó de fondo.

–Naruto, escucho de nuevo sirenas ¿Acaso estas en un hospital? –inquiere preocupada.

–B-Bueno... si. ¡Pero no es por mí, lo juro! –el chillido asustado de Naruto tocó sus tímpanos, haciendo que alejara su teléfono unos centímetros de su oreja.

Baja la voz, idiota. Estás en un hospital. –la voz inconfundible Sasuke fue captada por la chica, abriendo sus ojos como platos.

–Naruto, ¿qué sucede? –la voz le salió temblorosa. Volvió a pegar su oreja al teléfono en un intento de escuchar algo más.

–Tú tranquila, estoy bien ¡En serio! –exclama el blondo, creyendo que el temblor de su voz se debe a la preocupación de la chica. Nada más lejos de la realidad.

–Dime que sucede. –volvió a insistir en la pelirosa.

–Ah... Ahora sí. –se escuchó un suspiro de Naruto y el silencio se hizo presente detrás de su voz. Lo que le dio a entender que Naruto se fue a una parte en que el ruido de las sirenas ya no fue oíble. -Lo siento. Sí, estoy en el hospital con el Teme. –contesta.

– ¿Qué? –las cejas de Sakura se juntaron como nunca.

–Es que golpearon a alguien en la plaza central y tuvimos que llevarlo al hospital. –revela el rubio, sin saber que Sakura poco a poco perdía el color en su rostro. –Tuvimos que hablar con la policía y todo ese embrollo, pero al menos el tipo está bien. No fue nada tan grave, al menos. ¿Hm? ¿Sakura-chan? ¿Sakura-chan estás ahí? –

Sakura se quedó sin habla por unos segundos. Tratando de recuperarse, se dio una palmaditas en el rostro en un intento por reaccionar.

–Ehh... sí, sí. Estoy aquí ¿Estás seguro de que él está bien? –indaga la pelirosa con la voz media estrangulada.

–Pues, el médico dijo que sí. En unas horas él despertará y hablará con la policía. –dice totalmente ignorante a la extrema palidez de la muchacha. –Pobre tipo, quien lo hizo debió de estar muy enojado, por poco y lo mata a golpes... –refunfuña con algo de pena en su voz.

–Ah sí... pobre. –contesta apenas Sakura, mirando a las chicas asustada.

– ¡Pero bueno! ¿De qué querías hablarme? –pregunta en un tono alegre Naruto, cambiando de tema.

–P-Pensé que podríamos vernos esta noche... –Sakura se muerde la lengua al trabarse con la primera palabra. Estaba tan nerviosa con la situación, que le era difícil controlarse.

– ¡Seguro! –exclama contento con la idea.

Dobe, ¿con quién estás hablando? –el ruido de una puerta siendo golpeada se escuchó a través de la línea.

Sakura ahogó un grito.

– ¡No le digas! –se le escapó la pelirosa, pero ya era demasiado tarde.

– ¡Estoy hablando con Sakura-chan! ¡No molestes! –demandó el rubio golpeando la puerta de la misma manera. –Disculpa Sakura-chan ¿qué decías? –

Sakura se agarró los cabellos con fuerza, lastimándose los nudillos por la presión. Se soltó rápidamente agitando su mano con una mueca adolorida.

Eso dolió como el infierno.

– ¡No le digas nada! Nos juntaremos esta noche solo tú y yo ¿de acuerdo? –exigió la pelirosa, comenzando a caminar de un lado a otro.

¡Naruto abre la puerta! –el potente rugido de Sasuke la asustó enormemente, casi botando el teléfono al suelo.

– ¡Deja de fastidiar Teme! –

Solo abre, con un demonio.

–Naruto, te lo suplico. Solo tú y yo, solo tú y yo... –balbuceó la pelirosa una y otra vez, esperando a que el blondo le hiciera caso.

El sonido del pestillo abriéndose alertó aún más a Sakura, casi podría sentir el corazón galopando en su garganta.

– ¿Qué rayos quieres, Teme? –la voz de Naruto se escuchó medio alejado del teléfono.

Dame tu teléfono. –el tono exigente del Uchiha hizo que las manos de Sakura comenzaran a sudar a través de las vendas.

Naruto y Sasuke comenzaron a discutir y la pelirosa apenas podía distinguir sus voces, hasta que escuchó como el teléfono era quitado de las manos de alguien seguido de un sonoro portazo.

– ¿Naruto? ¿Estás ahí? –habló Sakura, pero todo lo que podía oír era una respiración fuerte.

–Suigetsu no hablará. –la voz grave de Sasuke se hizo presente, como si estuviera justo al lado suyo.

Un escalofrío le recorrió su columna congelándola por completo.

– ¿Tienes una idea del problema en el que te metiste? –inquirió demandante, ignorando los incesantes golpes de la puerta.

¡Oye Teme! ¡Devuélveme mi teléfono! –Los gritos de Naruto se escuchaban claramente a través de la línea.

–Y-Yo... –intentó responder. Su mente estaba embutida por el pánico, y no sabía el por qué exactamente, si de la policía involucrada o el que Sasuke estuviera detrás del teléfono. Tenía que decir algo coherente, lo que sea y rápido. – ¡Él se lo merecía! –chilla sin poder evitarlo.

–No lo dudo. Pero Suigetsu no se quedará tranquilo después de la golpiza que le diste. –declaró en un tono bajo.

La respiración de Sakura era cada vez más fuerte, empezando a ahogarse en su propia habitación.

–Es tu culpa...– murmuró la pelirosa. –Todo esto es tú culpa. –su voz se elevó hasta ser un tono duro, lleno de rencor. – ¡¿Me oíste maldito cretino?! ¡Es tu...! –Sakura no pudo completar su insulto, ya que la línea fue cortada de forma abrupta escuchándose solo el constante sonido del Bip del teléfono.

La pelirosa observa el teléfono completamente anonadada, sin poder creer que la haya cortado así sin más.

–Me cortó... –volteó su mirada a sus amigas, quienes se habían mantenido calladas escuchando toda la conversación. –Qué hijo de perra... –insultó aun sin creerlo.

–Sakura-chan... –la llamó en un susurro la ojiblanca, tomando el teléfono entre sus manos y guiándola nuevamente hacia la cama, haciendo que la pelirosa se sentara con la respiración dificultosa y preocupada.

–Al menos no te denunciará... creo. –comenta Ino, sin saber que decir.

–Pero algo hará. –tiembla Hinata, de solo imaginar lo que les deparará más adelante.

–Esperen un segundo... –cortó la rubia con las manos en alto. –Un problema a la vez ¿de acuerdo? –dijo situándose a un lado de Hinata. –Primero lo primero: Naruto. Ya quedaste con él esta noche, así que mejor date un baño y arréglate. Después discutiremos lo que vamos a hacer con Suigetsu, ¿está bien? –ordenó la rubia.

–S-Sí, es mejor que te des un baño Sakura-chan. –asintió la ojiblanca, apremiando a la pelirosa al baño.

Sakura se levantó una vez más de forma mecánica, haciendo lo dicho sin ánimo alguno.

¿En qué lío se había metido?

Había masacrado a golpes a un tipo que podría ser peligroso. Con un demonio, Suigetsu era peligroso, no por nada había comercializado con la fiesta en la cabaña, sin embargo... ¿qué más había hecho ese sujeto? ¿En qué cosas estaría involucrado para ser considerado un peligro? ¿Habrá hecho algo más que solo atraer gente a la cabaña?

Sakura reflexionó sobre eso, mientras dejaba que el agua caliente recorriera su cuerpo.

¿Quién era Suigetsu realmente y qué relación tenía con Sasuke?

Esa era la pregunta que quería averiguar, porque si Sasuke estaba relacionado con drogas, Naruto podría salir perjudicado en esto. Y hablando de su amigo...

Era obvio que Naruto no tenía idea sobre Suigetsu, sino hubiera evitado hablar sobre él. Además Sasuke se aseguró en dejar a Naruto fuera de la conversación telefónica: él no quería que el rubio supiera lo que estaban hablando. Por lo tanto, Naruto tiene poca o nula idea de la relación de Suigetsu y Sasuke, aunque puede que sepa algo, pero eso es lo que tendría que averiguar esta noche.

Ahora la cuestión es cómo abordar el tema sin sonar sospechosa, pero ya vería que hacer.

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Toc Toc

Sakura toca un par de veces la puerta con los nudillos, pero se arrepintió de inmediato al sentir el ardor envolverle sus manos. Las sacudió a sus costados, rogando por no tener que llamar de nuevo.

Y no fue necesario.

El rubio abrió la puerta de sopetón con una enorme sonrisa en sus labios.

– ¡Sakura Chan! que gusto que vinieras. Ven, pasa. –la saluda, haciéndose un lado para invitarla a entrar.

– ¡Hola! –saluda de la misma manera. Siempre era grato ir a la casa de Naruto, toda su energía positiva revoloteaba por el aire.

–Vamos a mi habitación. Conseguí un nuevo juego de carreras. ¡Te fascinará! –Comenta mientras subía las escaleras y Sakura detrás de él.

– ¡Genial! –se le ocurre decir. –Y... ¿estás solo? –pregunta como quien no quiere la cosa, viendo como el rubio se adentraba a su habitación.

–Pues sí. Mamá y papá salieron a cenar, por lo que es muy probable que lleguen hasta tarde. –comenta esto último cerrando la puerta después de que la pelirosa se haya sentado en la cama.

–Oh, bien. –no sabiendo que más decir, Sakura se queda mirando la televisión encendida en donde el rubio había estado jugando su nuevo videojuego. Dirigió su vista nuevamente en Naruto, quien siguió parado en medio de la habitación con las cejas fruncidas en su dirección.

– ¿Qué? –pregunta extrañada.

Naruto ladea la cabeza de manera curiosa.

– ¿Qué le pasó a tus manos? –Sakura da un respingo al escuchar su pregunta y baja su mirada a las vendas que cubrían las heridas de sus nudillos.

–Academia. –es todo lo que dice la pelirosa, dejando el tema hasta allí.

Al parecer, Naruto le creyó, ya que movió sus hombros restándole importancia, caminando hacia ella y sentándose a su lado con las piernas cruzadas, tomando el mando de la play.

– ¿Una partida? –le entrega el otro mando.

Sakura lo toma entre sus manos viendo como configura el juego para dos. Comenzó a pensar en la mejor forma de iniciar una conversación que lo lleve a hablar sobre Sasuke, pero no se le ocurrió nada.

– ¡Casi lo olvido! –Una pequeña sonrisa maliciosa surcó por su rostro. –Tengo un pack de cervezas ¿quieres una? –pregunta en voz baja, como si estuviera contando un secreto. Sakura le sonríe de vuelta, pensando en la mejor forma de iniciar una charla trivial era con un par de cervezas en la mano.

–Está bien, pero apresúrate. –dijo también en voz baja, siguiéndole el juego del secretismo. Naruto suelta una carcajada antes de levantarse rápidamente de la cama y correr hacia la puerta.

– ¡No te atrevas a jugar sin mí, dattebayo! –exclama saliendo presuroso de la habitación.

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– ¡OOOOH! ¡Gané otra vez! –gritó eufórica la pelirosa, saltando y bailando encima de la cama con un Naruto sentado a su lado, refunfuñando algo sobre que la dejó ganar. – ¡¿Qué dijiste!? –inquirió la muchacha sonriendo con autosuficiencia. Naruto solo gruño fastidiado iniciando otra partida.

– ¡Otra partida! –exclama con las cejas fruncidas tomando el último sorbo de cerveza que le quedaba de su lata.

Habían estado jugando casi toda la noche, las últimas latas vacías estaban tiradas por toda la habitación. Algunas estaban sin terminar y otras abolladas por los golpes y patadas furiosas cuando alguien (Naruto) perdía una partida. Llevaban casi dos horas jugando, riendo y bebiendo en el cuarto del rubio sin interrupciones, hasta ahora no habían hablado más que para insultarse o jactarse del juego, y de vez en cuando comentaban a cerca del clima, de los odiosos chismes de la escuela e , incluso, de algo tan banal como la comida de la cafetería.

Estaban tan contentos hablando de cualquier cosa que Sakura casi olvida por completo a lo que había ido a hacer allí.

– ¡JAJAJA-cof cof! –la risa estridente del blondo fue interrumpida por la bebida en su garganta haciendo que tosiera ruidosamente, dificultando su rendimiento en el juego.

Sakura ríe a carcajadas al ver el sobresfuerzo que hacia el chico por respirar.

– ¡JAJAJAJA! –era tanta su risa que comenzó a patalear encima del colchón.

Una vez que Naruto se recuperó de su ahogamiento le dio un empujón a la pelirosa, quien le lagrimeaba los ojos de la risa y no notó las intenciones del rubio hasta que sintió el golpe en su hombro. La lata que estaba bebiendo en su mano, se dio vuelta derramando el contenido en su playera.

– ¡Oye! mira lo que hiciste. –exclamó enojada levantándose de la cama. El líquido frío y pegajoso se escurría por todo el pecho casi llegando al estómago. Con las puntas de los dedos, estiró la playera hacia delante para evitar que ensuciase su ropa interior.

– ¡Oh, vamos! fue una broma. –gorjea el rubio, sin un ápice de arrepentimiento en su voz ni en su rostro. Es más, la sonrisa bromista estaba incrustada en sus labios.

–Sí claro, cómo no. –dice la pelirosa con sarcasmo. –Mejor préstame una de tus camisas o algo. –

–Claro, busca en el armario. –dice recostándose en la cama, volviendo su atención al juego.

Con un gruñido molesto, Sakura caminó hacia el lugar señalado por el rubio. Abrió las puertas comenzando a buscar una camisa o playera que sirviese, pero el lugar estaba tan desordenado que era difícil saber si existía ropa limpia. Con una profunda mueca de desagrado rebuscó entre el montón de ropa de colores chillones -amarillo, anaranjado y más amarillo- hasta que dio con una playera que estaba escondida al fondo del armario.

Era de un color oscuro, casi negro. Decía casi, porque a través de la luz se vislumbra de un color azul marino. A diferencia de las demás, esta lucia bastante fuera de lugar: tenía una insignia circular de color rojo y blanco colocado al costado izquierdo superior del pecho. Si lo veía más claramente daba la impresión de que fuera un abanico, uno muy extraño por cierto. Quizás es el logo de alguna marca poco conocida o semejante. No era algo que usualmente usaría Naruto, pero como estaba entre sus cosas es probable que alguien se la regaló y él no le haya gustado, siendo guardada al fondo de su armario.

Se encogió de hombros, alzando la playera frente a sus ojos para admirarla mejor. Era una bonita playera.

La acercó a su nariz.

–Oh... –suspira impresionada. Olía increíblemente bien.

Se dio la vuelta para mirar al rubio, quien seguía inmerso en el juego.

–Iré al baño a cambiarme. –avisa.

Naruto apenas si asintió a lo dicho, tan concentrado estaba en el juego que ni le prestó la debida atención. La pelirosa rodó los ojos y se dirigió al baño con la playera bajo el brazo.

Unos minutos más tarde Sakura salió del baño limpia y aseada, con la playera oscura cayéndole por un hombro y el largo hasta la mitad de sus muslos.

– ¿En qué nivel vas? –pregunta sintiéndose fresca como una lechuga, acercándose a la cama.

–No he avanzado mucho-o... –la voz de Naruto se cortó de golpe una vez que volteó a verla. Sus ojos azules se abrieron como platos como si estuviera sorprendido por algo.

– ¿Sucede algo? –inquiere un poco incómoda por la forma en que la miraba el blondo. Pero más extraño fue, la sonrisa que comenzó a formarse en los labios del rubio, aguantando una carcajada.

– ¡Nada, nada! solo que me parece curioso. –Dice apretando sus labios para no soltar la risa que estaba conteniendo. Sakura ladeó el rostro sin comprender su extraño comportamiento.

–Ajá... –dice la pelirosa, sentándose a su lado y tomando el mando del juego.

Estuvieron un par de minutos así, hasta que Sakura comenzó a caer en cuenta a lo que había llegado a hacer en su casa. Tenía que buscar una forma de iniciar una plática con Naruto que llevara hablar sobre Sasuke.

–Entonces, estuviste en el hospital ¿eh? –comenta como quien no quiere la cosa, llamando la atención del blondo.

– ¡Es cierto! El teme me quitó mi teléfono cuando estaba hablando contigo. –dice Naruto, no notando el respingo de la pelirosa.

Quizás nombrar el hospital no fue una buena idea.

–Ah... -

–Y me echó del baño. –dice eso último juntando sus cejas pensativo y pausando el juego para mirar a la chica a su lado. – ¿De qué estaban hablando? –preguntó curioso observando su extraño nerviosismo.

Sakura se removió incómoda, dando un trago de su lata. Así tuvo tiempo de pensar en qué decir.

–De nada, de verdad. –dice elevando un hombro, restándole importancia.

Naruto hizo una mueca, no muy convencido con su respuesta.

–Escuché que ambos hablaban... –Sakura casi se ahoga con la cerveza.

–Pues, ya sabes cómo es Sasuke. No le gusta que hable contigo cuando estás con él. –dijo lo primero que se le ocurrió. Rogó que su respuesta fuera de lo suficientemente convincente para no alertar al blondo.

Al parecer funcionó, porque Naruto dejó caer su espalda contra la pared volviendo a iniciar el juego.

–Ah... tienes razón. –asiente, pero luego su ceño vuelve fruncirse. –Aunque esa actitud hace mucho que no la había visto. –comenta, pero al ver de reojo como la pelirosa lo observaba interesada, decide explicar. –Desde hace mucho tiempo que Sasuke no le molesta que estés con nosotros. –revela, llamando aún más la atención de Sakura.

-¿Ah, sí? –murmura sorprendida, dejando de prestar atención al juego.

–Sí, de hecho... –Naruto se concentró en apretar los botones del mando a toda velocidad. –Llegué a pensar que le agradaba tu compañía. –suelta, sin saber el impacto que causó en Sakura.

–Me estás tomando el pelo. –dice en un tono de broma para evitar que se notase la duda en su expresión.

– ¡Te lo digo en serio! –gorjea de igual forma el rubio. –He notado algunos cambios en él en los últimos años y pensé que él te había aceptado. –comenta dándole una breve hojeada a la chica a su lado.

–Ah... –no se le ocurrió qué decir a eso, pero lo que sí sabía es que quería seguir el rumbo de la conversación. Por lo que en vez de responder, pregunta. – ¿Qué... cambios has notado? –intentó sonar lo más normal posible, haciendo alusión a una pregunta casual evitando que la premura se infiltrase en su voz.

–Bueno... –observó de reojo como Naruto hacia un mohín pensativo, sin quitar su vista en ningún momento de la televisión. –No sé cómo pero, Sasuke había dejado de meterse contigo o a insultarte solo porque sí. –comienza a narrar. – ¡Es más! Cuando jugábamos de niños, había momentos en el que no se le veía molesto, incluso, podía verlo relajado y hasta a gusto con nosotros. –Dice con una sonrisa nostálgica. –Eran cosas así en las que me hacían pensar en que los tres por fin éramos amigos. –Confiesa soltando una breve risa que no llegó a sus ojos.

Le habría gustado contradecirlo, decirle que era un tonto por creer, por ser un iluso. Sin embargo, eso sería mentira.

Sakura, en ocasiones, también creía lo mismo.

Sacudió su cabeza para alejar los recuerdos de su mente ajetreada, por el momento preferiría ignorar sus dudas y cavilaciones respecto a esta nueva declaración. Debía de aprovechar la ventana abierta que le estaba regalando el rubio sin saberlo, buscar más información sobre Sasuke era lo que tenía que hacer en la casa de Naruto, y por muy mal que sonase, era cierto.

Sakura soltó un suspiro imperceptible, preparándose en retomar el tema del hospital.

–Entonces... ¿Qué sucedió en el hospital? –Naruto la miró por unos segundos antes de volver su vista a la televisión.

–Estaba ayudando a Sasuke con el chico que encontró tirado en medio de la plaza. –explica. Naruto tomó de su lata de cerveza y antes de darle un sorbo, agregó. –Pero se escapó del hospital. –

– ¡¿QUÉ?! –exclama volteando su cabeza con fuerza a su dirección, la impresión pintada por todo su rostro. –Es decir, ¿cómo fue que pasó? –dice esta vez un poco más calmada al ver el rostro consternado del rubio.

–Cuando la policía llegó para tomar su declaración, el tipo se había fugado. –dice, aun mirándola extrañado.

Sakura bajó inmediatamente su vista a sus manos vendadas.

"Suigetsu no se quedará tranquilo después de la golpiza que le diste."

La frase de Sasuke le llegó como un flash en su mente, causando que una masa pesada se formara en su estómago.

–Oye, ¿qué tienes? –preguntó preocupado el blondo, al ver la palidez de Sakura.

–Nada, mejor explícame que sucedió. –la pelirosa se acomodó al frente de él lanzando el mando de la play a un lado y enfocando toda su atención en él.

–No lo sé, Sakura-chan ¿por qué tanto interés? –inquiere el muchacho.

–Solo dime. –dice la pelirosa, quitándole el mando del juego de sus manos y tirándolo a un lado del suyo.

– ¡Oye! –reclama el blondo, incorporándose. –De acuerdo. Bien –asiente, no muy convencido de hablar sobre el asunto.

Se rascó su rubia cabeza con flojera, sentándose frente a la pelirosa. La mirada preocupada y hasta nerviosa de la muchacha obtuvo su atención, pero no dijo nada por el momento, pensando que se debía a que él estaba involucrado con la policía.

–Iba a juntarme con Sasuke en la tienda de videojuegos que está al frente de la plaza, fue en ese entonces en el que Sasuke encontró a Sui... ¡al sujeto! –Naruto se muerde la lengua a tiempo. Estaba a punto de decir el nombre del tipo, no creía conveniente decir que lo conocía, aunque conocer no es el término para definirlo. Sin embargo, explicarle a Sakura sobre Suigetsu era muy complicado y por el bien de ella (y por la lealtad y confianza que tenía con Sasuke) era mejor omitir ese detalle.

Observó como una de las cejas de Sakura tembló por un instante, pero al segundo siguiente había vuelto a su expresión normal.

Tragó saliva, rezando para que no se hubiera dado cuenta de su casi error.

–Ejem... –carraspeó para pasar la incomodidad antes de seguir narrando. –Para cuando llegué, Sasuke ya había llamado a una ambulancia. –se detiene, recordando la horrible paliza que le habían dado al peliblanco. –Había sangre por toda su cara y salía a montones por la nariz. –un escalofrío le recorrió el cuerpo del blondo. –Menos mal que estaba inconsciente, de otro modo él habría estado gritando de dolor, eso seguro... –

–Sí, sí. Sáltate esa parte. –interrumpe la pelirosa, no queriendo escuchar más sobre el estado de Suigetsu.

–Bueno, llegamos al hospital y atendieron de inmediato al chico. Cuando salió el médico nos dijo que él iba drogado. –contó Naruto, viendo como la respiración de la pelirosa se atascó en su pecho, totalmente sorprendida.

– ¿Estaba drogado? –inquirió con la boca abierta. Si él estaba drogado cuando intentó propasarse con Ino, y cuando le dijo esas cosas sobre Sasuke, entonces...

–Sí. El médico dijo algo sobre Ocito... no, no. ¿Ocetocena? ¿Ositocina? –intentó recordar, pero era muy difícil. Se sobó el mentón en una mueca frustrada.

–Oxitocina. –dice Sakura en voz alta, ya sabiendo lo que era. Lo había oído en sus clases de biología y anatomía, aunque no recuerda específicamente el concepto, sabía más o menos para qué servía.

Tenía entendido que era una hormona que el organismo secreta hacia el sistema nervioso. En las mujeres, esta hormona se utiliza durante el parto ayudando a las contracciones y la eyección de la leche materna. Sin embargo, al usarla como droga podría generar un estímulo... ¿pero para estimular qué?

No tenía conocimientos sobre eso.

– ¡Si! Eso mismo dijo el médico y nombró otra droga impronunciable. –Dice eso último profundizando su mueca.

Sakura lo miraba con seriedad, analizando la situación.

–Debes recordar Naruto. ¿Con qué letra comienza? ¿Cómo suena? –indagó presa de la curiosidad, no notando la sospecha formándose en los ojos de Naruto.

–Empieza con F. –le contesta, viendo como Sakura se tocaba las vendas con nerviosismo. –Y termina en mina. Algo como ¿filetamina? –se le ocurre decir, con la vista fija en los dedos temblorosos de la pelirosa.

Sakura balbuceaba nombres en voz alta, mirando sus manos concentradas en las clases que tuvo en esa materia. Mientras que Naruto la sospecha ya estaba tomando forma en sus ojos al ver el extraño comportamiento de la chica.

–No se me ocurre que droga estimulante podría ser. Si hubieras dicho solo mina, entonces lo más común sería la metanfetamina. Pero dijiste que empezaba con F y no conozco ninguna droga, o a lo mejor sí pero no recuerdo... –Sakura dejó de divagar al chocar sus ojos con los de Naruto. – ¿Qué? –cuestionó al ver la forma en que era observada.

–Nada. –dice con simpleza, pero una chispa de suspicacia cruzaba en sus ojos azules. – ¿Cómo sabes tanto de drogas? –preguntó con un deje de seriedad.

–Tomé el electivo de biología y anatomía este año. –cuenta la chica, como si fuera lo más obvio. –Y estoy casi segura que conozco esa droga, pero no puedo recordar. –siguió concentrándose en uno de los tantos conceptos de la materia del organismo humano que una vez leyó en un libro.

Naruto no apartaba su vista de sus vendas.

– ¿Por qué quieres saber eso? ¿Por qué es tan importante? –preguntó, notando como los hombros de la pelirosa se tensaban.

–Nada. Es solo que tengo curiosidad, es todo. –responde sin levantar su rostro en ningún momento.

Naruto también notó eso.

–Ah... –las cejas de Naruto estaban juntas, analizando las expresiones corporales de su amiga y su manía de tocar sus vendas.

Concluyó que eso no era normal.

– ¿Saber lo que consumió ese sujeto te ayudará en algo? –preguntó de forma astuta. Sakura hizo una mueca despectiva ante su duda, pero estaba tan concentrada en buscar un nombre para la droga que pudo ingerir Suigetsu que no notó el doble sentido de sus palabras ni las intenciones que había detrás de ella.

–Eso creo. –se le escapó. Sakura estaba pensando que si Suigetsu le dijo que fue drogada esa noche, debió ser por alguna de las drogas que (probablemente) él también ingirió. Es una posibilidad muy remota y no tenía ningún respaldo a esa teoría, pero si Suigetsu coló a toda esa gente en esa fiesta es porque conocía al menos la mitad de ellas, y él ya lo había dicho antes ¿no?

Había muchas personas en esa fiesta, todo tipo de gente.

Podía apostar a qué él conocía a esos tipos, los individuos que rondaron en la fiesta vendiendo drogas son la misma gente que Suigetsu les compra.

Era una teoría muy alocada, pero era la única cosa que le hacía algo de lógica.

– ¿Para qué necesitas esa información? –la voz de Naruto hizo eco en su mente.

Observó a Naruto con la seriedad pintada en todo su rostro, abriendo su boca con lentitud como si estuviera a punto de decir algo importante.

–Porque yo... –hizo una pausa para ver como la mirada del rubio se tornaba preocupada. –Voy a abrir una nueva red de narcotráfico. –

Silencio.

Sakura mantuvo su seriedad hasta el máximo, viendo el impacto que sus palabras causaron en el rubio. La risa subió por su garganta al ver la palidez en todo su rostro, y de un segundo a otro, las comisuras de sus labios lucharon por quedarse estancadas en una fina línea cuando notó en como Naruto abría la boca anonadado y asustado de su declaración.

La risa la venció.

–Pff... ¡JAJAJAJAJAJAJA! –Su risa estridente la hizo doblarse sobre su estómago. – ¡Tu-JAJAJAJA! ¡TU CARA! –y siguió destornillándose de la risa, escondiendo su rostro en el colchón.

– ¡Ahh! –se quejó el rubio con las mejillas sonrosadas de la vergüenza. – ¡No mientas con eso, mujer! –exclamó tomando la almohada y lanzándosela a su dirección.

– ¡JAJAJA-auch! –levantó su rostro del colchón observando el rostro enojado y avergonzado de su amigo, quien se había sentado en la cama con los brazos cruzados en su pecho. – ¿Y quién dijo que era mentira? –siguió bromeando. Se sentó en un salto a su lado dándole codazos hacia sus costillas.

– ¡Cómo no! Heisenberg. –dice el rubio con ironía, empujando sus brazos lejos de su tórax.

La sonrisa de Sakura no podía ser más grande. Por un lado, hace mucho que no se reía tanto y agradecía que fuera Naruto quien lo consiguiera, pese a que estaba riéndose de él. Y por el otro lado, su broma pudo despistar al rubio lo suficiente para que olvide cualquier sospecha que haya cruzado por su mente.

Debía ser más precavida con lo que dijera ahora en adelante.

Levantó la última lata de cerveza intacta que quedaba, y se le ocurrió una forma de conseguir la información que estaba buscando sin tener que utilizar tantas precauciones. Aunque sea ruin y deshonesto, era la única carta que le quedaba si quería realmente saber la verdad entorno al Uchiha.

Miró la etiqueta una vez más antes de lanzársela a Naruto, quien alcanzó a tomarla por los aires y fijar sus ojos en su persona con curiosidad.

– ¿Es la última? –la decepción se filtró en su voz, haciendo un puchero descontento.

–Eso creo. ¿Seguro que no tienes más? –preguntó la pelirosa casual, tomando el mando de la play para continuar con el juego.

–Solo compré un pack. –se quejó malhumorado, mirando intensamente la última lata de cerveza. –Debí haber comprado otro más. –siguió lamentándose. Abrió la lata en un sonoro clack que hizo eco por toda la habitación.

Sakura se removió en su posición sintiéndose incómoda por lo que estaba a punto de preguntar.

– ¿Y no tienes otro tipo de licor que no sea cerveza? –soltó con la vista pegada en el juego, pero en su mente le pedía a los cielos no sonar insegura.

–Sí, pero no es mía, es de mamá. Me mataría si ve que le he sacado su bebida de la despensa. –musita asustado. De tan solo pensar en su madre enojada hacía que sus vellos se le erizaban del puro espanto. Tragó saliva de los nervios.

– ¿Y tu papá? –requirió toda su actuación para que su voz sonase lo más aburrida posible y no impaciente, que es como se sentía realmente.

–Papá no suele beber, pero… –la voz de Naruto se dejó de escuchar.

Sakura sintió como la cama pegaba un ligero rebote. Ladeó su mirada a su costado para ver a Naruto parado a un lado de la cama, y de un segundo a otro, correr hacia la puerta de la habitación.

– ¡Espera aquí! –alcanzó a decir el rubio antes de desaparecer por la puerta en dirección desconocida para la chica.

Dos minutos después -y sin haber despegado su vista de la puerta- se escuchó los potentes pasos de Naruto correr a toda velocidad en el pasillo, acercándose a la habitación. En un instante, apareció teatralmente frente a la puerta sosteniendo una botella grande y verde encima de su cabeza.

Sacando el pecho como un pavo, Naruto meneó la botella como si estuviese mostrando un trofeo, que hubiera ganado con mucho orgullo sino fuera por la sonrisita traviesa asomarse en su rostro.

–A papá no le gusta el Fernet, y lo ha tenido guardado hace tiempo así que… –la sonrisa traviesa se hizo más grande, acercándose a la pelirosa. –No lo echará de menos. –dice sentándose a su lado, hombro con hombro.

Sakura compartió su mirada cómplice, observando la botella con una pequeña sonrisa.

Intentó por todos los medios para que Naruto no se diera cuenta de la culpa impregnar sus ojos. Todo su cuerpo y mente le gritaban lo mala amiga que estaba a punto de ser. No solo iba a utilizar a su amigo como un medio de información, sino que iba a emborracharlo para que él no recordara nada después, ya que estaba segura que cualquier secreto que revele del Uchiha lo iba a convertir en un traidor.

Sakura iba hacer que Naruto traicione a Sasuke sin saberlo.

Un nudo se le formó en el estómago de la pelirosa al imaginar la cara de decepción de Naruto al darse cuenta de lo que hizo.

No. Ella no iba a permitir que él saliera perjudicado de la situación. No tiene idea de cómo, pero haría todo lo que tuviera a su alcance para ser ella la única responsable de cualquier catástrofe que surgiera -que estaba segura que estallaría muy pronto-.

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.

.

–JAJAJAJAJA… –la risa arrastrada de Naruto era lo único que se escuchaba en la habitación. Con las mejillas rojas y los ojos desenfocados, sostenía la botella a medio beber en una de sus agitadas manos.

A un lado de él, desparramada por toda la cama se encontraba Sakura, quien tenía escondido el rostro entre las almohadas y lo único que se podía percibir de ella era la convulsión descontrolada de sus hombros.

–Enton-Entonces… –Naruto tomó una gran bocanada de aire para tomarse un segundo para recuperarse de su desternillante risa, pero no lo consiguió. –Bah-JAJAJAJA. Di-Dilo de nuevo Sahkura-shan. –y siguió riéndose, encontrando graciosa su propia forma de hablar.

Sakura levantó el rostro completamente rojo y con rastros de saliva en su mentón agitada, al parecer, de tanto reírse con la cara cubierta.

– ¿Cómo s-se dice diarrea en africano? –siseó la pelirosa, comenzando a reírse de nuevo. Se mordió los labios para reprimir una sonora carcajada.

– ¿C-Cómo? –preguntó el rubio, ya sabiendo la respuesta. Era la razón de todo ese enjambre de risas y babeo por doquier.

Abunda la kaka. –dijo soltando una enorme y muda carcajada, siendo incapaz de soltar un sonido.

– ¡JAJAJAJAJAJAJAJA! NO PUEDO, NO PUEDO. –Naruto se retorcía en la cama afirmándose el estómago, sin poder contener la aguda risa mitad chillido y mitad grito. El rostro se tornaba cada vez más rojo, estando a punto de ahogarse con su propia saliva si no lograba controlar su risa estridente.

Sakura fue la primera en recuperar el aliento, dando bocanadas de aire soltando por momentos una que otra carcajada, pero ya no eran tan fuertes como antes, de esas que le hacían doler el estómago sin poder respirar. Como le estaba pasando al rubio en este momento.

–Naruto… –lo llamó agitando su brazo para que se calmara.

Naruto respiró con agitación, su pecho subía y bajaba visiblemente, pero al menos estaba recuperando la razón, luego de ese lapsus de risa incontrolable.

–Sakura, no más. –pidió el rubio refiriéndose al chiste que, si fuera en otro momento, no sería gracioso en absoluto pero como él estaba bastante tomado, cualquier cosa le parecía endemoniablemente graciosa si se lo contaban de la forma en que lo hace la pelirosa.

La respiración de Sakura ya estaba más acompasada, luego de que el par de tragos se le subiera a la cabeza, poco a poco la cordura tomaba posesión de su cuerpo logrando tranquilizarse y enfocarse lo que estaba pasando a su alrededor.

Naruto había bebido casi la mitad de la botella él solo, lo que equivaldría como a diez largos tragos en comparación a los dos que ella bebió. Ella tenía la ventaja, por lo que era su oportunidad de comenzar con las interrogaciones, pero primero debía de hacer que todo se viera casual, como un juego.

Se le alumbró la ampolleta.

Acostada boca arriba, observó el perfil del rubio que estaba a su lado mirando el techo con la mirada perdida (borracha) en algún punto en el espacio.

–Naruto, ¿jugamos Verdad o Reto? –sugirió la pelirosa con una sonrisa. El rubio giró su mirada en ella con ese semblante alegre que lo caracterizaba.

–SIP. –asintió con entusiasmo. –Yo empiezo. ¿Verdad o reto? –

–Verdad. –

–De la escala del uno al diez ¿Cuántas veces te has enamorado de mí? –inquirió de manera socarrona, haciendo reír a la pelirosa.

–Eso es incalculable. –dice siguiéndole la corriente, soltando un suspiro sobreactuado haciendo alusión a una chica enamorada.

–Bueeena respuesta. –la felicita, haciendo un amago de un brindis con la botella antes de acercarlo a sus labios.

– ¿Verdad o reto? –preguntó esta vez la chica mirando al rubio con intensidad. Esperó pacientemente a que terminara de beber su trago.

–Puesss ¡reto! –exclama con demasiada alegría que no llegó contagiar a la pelirosa.

Sakura hizo una mueca, pero se recuperó de inmediato para que Naruto no lo notara, aunque él pareciera estar pasado de copas a estas alturas.

–Emm… bebe tres sorbos sin respirar. –lo retó. Naruto no cuestionó lo absurdo de su reto he hizo lo pedido, dando largos tragos aguantando el sabor amargo pasar por su garganta.

–Ah…. –soltó un suspiro una vez que dejó la botella a su costado. – ¿Verdad o retoh? –la voz se le distorsionó levemente en la última palabra.

–Verdad. –contestó con rapidez, esperando con ansias su turno.

–Uh… –Naruto frunció el ceño pensativo, haciendo desesperar a la chica. – ¿Te has enamorado alguna vez? –susurró.

El tono meditabundo la tomó por sorpresa. Observó cómo sus ojos se oscurecían de a poco, perdiéndose en lo que parecía ser recuerdos cruzando por su mente.

–No. –responde sin dudar. Meditó unos segundos lo que iba a decirle, hasta que simplemente lo soltó. – ¿Tú sí? –preguntó con suavidad.

Una chica de tez pálida, de mirada blanquecina y cabello oscuro, cruzó por la mente de Sakura.

Naruto tardó en responder.

–No… –dice finalmente. –Nunca me he enamorado. –

A Sakura le dio la impresión de inseguridad plasmarse en su voz.

– ¿Verdad o reto? –siguió con el juego, sacando al rubio de su ensimismamiento.

–Verdad. –contesta sin pensar.

Sakura vio la oportunidad perfecta para comenzar la plática que tanto había esperado.

– ¿Sabes si alguno de tus amigos está metido en el narcotráfico? –inquirió dejando de lado el tono casual y sereno de antes.

– ¿Qué? ¡Claro que no! que va… –gorjea el rubio entre dientes, como si la pregunta fuera graciosa. Levantó la botella y la acercó a sus labios para darle otro largo trago.

Sakura esperó a que líquido fuera tragado para seguir con otra pregunta.

– ¿Alguno de tus amigos tiene contacto con delincuentes? –en esta ocasión, nota como la sonrisa del rubio vacila por un segundo, volteando su vista hacia otra dirección que no sea en ella.

–Sasuke se enojará si te lo digo… –dice en un quejido arrastrado, pero fue suficiente para que la pelirosa entendiera lo que acababa de decir.

– ¿Él se junta con delincuentes? –su corazón había comenzado a latir con fuerza, esperando una respuesta a su inquietud.

–Bueno… –balbuceó sopesando la pregunta. –No exactamente, pero se podría decir que sí. –contesta no muy seguro de lo que decía.

– ¿Cómo que exactamente? ¿A qué te refieres? –preguntó sin comprender del todo.

Naruto hizo una mueca despectiva, bajando su vista hacia la botella en su mano. La mueca se pronunció más cuando removió el contenido, pensando la mejor forma de explicarse.

–Los padres de Sasuke ganan mucho dinero en su empresa, o algo así trabajan. –su voz se escuchó menos arrastrada que antes, pero aún se podía notar un siseo botar en cada palabra entre sus dientes, evidenciado su ebriedad. –Así que de vez en cuando al cerrar un trato con una empresa importante, sus padres organizan una fiesta de ricos con gente rica y blah blah blah… –dice con aburrimiento, rodando los ojos.

– ¿Y eso que tiene que ver con que trate con delincuentes? –sigue sin entender a lo que iba el rubio. Aunque en el fondo estaba ligeramente sorprendida.

Sabía que la familia de Sasuke era adinerada, pero no sabía cuánto hasta que Naruto mencionó las fiestas de ricos. Frunció el ceño imaginándose a Sasuke caminar y moverse entre la multitud de ricachones con ese aire petulante que lo caracterizaba. Sin embargo, era tan raro pensar en él actuando de esa manera, siempre lo había visto como un patán aburrido sin gracia alguna, que le gustaba meterse con ella y patalear cuando no lo toman en cuenta, o cualquier estupidez que signifique comportarse como un idiota. Por ello, no podía imaginar verlo como alguien de clase alta, refinado y cuidadoso con sus modales, es…

Raro, muy raro.

–La familia de Sasuke querían que él se relacionara con ese mundo, ya que él en un futuro manejará la empresa junto a Itachi. Así que sus padres pensaron cambiarlo a una escuela más prestigiosa. ¡Ja! –suelta una carcajada rememorando algo. –Hubieras visto el berrinche que hizo cuando lo supo, ¡Dijo que preferiría perder contra Itachi antes de alejarse de nosotros! –exclamó con júbilo, como si la tan sola idea fuera risible.

–Ah ¿sí? –inquiere nuevamente, pensando que había malinterpretado las palabras del rubio. El nosotros no debía de estar, a lo mejor fue un acto de reflejo del rubio o la borrachera que estaba comenzando a pasarle la cuenta.

–Ajá. –asiente Naruto, dando un sorbo rápido para seguir con la historia. –Él dijo: "Hm, prefiero darle mi puesto a Itachi antes de irme de la escuela, hm." –imitó con voz de ultratumba, haciendo una muy buena referencia de Sasuke.

Sakura soltó una risilla ante su ocurrencia, aunque muy bien acertada. Como había pensado, el nosotros no estaba dentro de la frase, era solo divagaciones de Naruto.

–Entonces, convenció a sus padres de quedarse en la escuela con una condición. –Hizo una pausa para elevar su dedo índice. –Él tendría que amistarse con los hijos de los empresarios con quienes trabajaba sus padres. Ya sabes, como una estrategia de negocios o algo así… –dice con un movimiento de su mano, bajándole el perfil a lo dicho.

–Y esos amigos… –Sakura recordó el relato de Suigetsu: Él organizaba fiestas exclusivas a los niños ricos que no tenían nada mejor que hacer con su mesada. ¿Fue así que conoció Sasuke a Suigetsu?

Lo que Naruto dijo después, solo terminó por confirmar su teoría.

–Ah sí. Esos amigos… –hizo énfasis a la palabra como si le diera repelús. –Sasuke se hizo muy popular entre ellos con rapidez, pero eso es solo por conveniencia, pura fachada. –lo escuchó criticar con una muy pronunciada mueca molesta. –Los padres de Sasuke fueron muy listos con sus negocios, así que te imaginarás que todos esos mequetrefes querían ser su amigo, ¡bah! –refunfuña marcando aún más su mueca, como si fuera posible. –Como si lo conocieran, ¡Sasuke no le agradaba a ninguno! –aseguró el chico, girando su vista hacia la pelirosa con ojos enojados. –Pero bueno, Sasuke comenzó a frecuentar a sus aburridas fiestas y unos de sus amigos conocía a Suigetsu. –hizo otro énfasis a la palabra con molestia, pero eso no fue lo que llamó la atención de la pelirosa.

Naruto había mencionado a Suigetsu, eso quería decir que lo conocía.

Abrió su boca sorprendida por esta nueva declaración,

–Tú conoces a Suigetsu… –musitó sin poder creerlo. – ¿Cómo es que lo conoces? Él nunca te mencionó… –comenzó a divagar la pelirosa, sentándose de sopetón en la cama viendo la mirada cansina en los ojos del blondo.

–Eso es porque no lo conozco. –dice rascándose la barbilla con un dedo. –Solo sé de él por lo que me cuenta el Teme, ¡Ni si quiera lo conocí cuando estuvo en la fiesta! –exclamó dando un sorbo más a su bebida, sin ser consciente de la mirada ensanchada de la pelirosa ni como su respiración se atascó en su garganta.

– ¡Lo sabías! –chilló con la boca abierta, levantándose por completo de la cama. – ¡Sabías lo que ocurrió en esa fiesta y no dijiste nada! –espetó con el enojo pintando su semblante.

–Seh… –reconoció Naruto mirando distraídamente la etiqueta de la botella, ignorando el aura iracunda que empezaba a formarse alrededor de la pelirosa. –El Teme me hizo prometer no decírselo a nadie. –manifestó el muchacho, sentándose con pereza a orillas de la cama.

– ¡Ino estuvo castigada por un mes! Sin salidas ni visitas de Sai. Trabajó todo ese mes de reponedora en una tienda de juguetes para pagarle a su tío los destrozos que no pudimos arreglar. –siguió increpando con furia, provocando que una vena se inflamara en su frente.

Naruto, borracho como estaba, era ajeno a cualquier cosa que pasaba a su alrededor, enfocándose únicamente en mirar embobado el contenido de la botella que ya se acercaba a su final.

En un arrebato de furia, Sakura le arrebató la botella de un tirón. Levantó su brazo impidiendo que el rubio intentara quitársela.

– ¡Hey! ¡Devuélvemelo! –se quejó. Se acercó a ella para quitarle su tan preciado licor, pero Sakura lo esquivaba a cada movimiento que hacía.

– ¿Lo quieres? –inquirió, meneando la botella a su dirección. –Entonces siéntate. –le ordenó, viendo como el rubio se hundía entre sus hombros rendido, y se sentaba nuevamente en la cama. –Vas a responder a mis preguntas con mucha seriedad y honestidad, ¿entendiste? –decretó con enojo.

No, enojada es decir poco.

–Bieeeen. –contesta sin ánimos, fijando su vista en la botella.

– ¿Qué más sabes de esa fiesta? –preguntó. Observó cómo las cejas de Naruto se juntaban de forma pensativa, casi podía ver como ordenaba sus ideas.

–Ehh… no mucho, realmente. –se rascó la nuca, tratando de recordar lo sucedido en aquella noche. –Recuerdo que Sasuke perdió su teléfono y que estaba hecho una fiera al ver que habían llamado a Suigetsu. –Sakura frunció el ceño ante eso, comenzando a atar cabos. –También recuerdo que todos estaban muy ebrios y hacían estupideces. Cantamos, bailamos, bebimos y follamos jaja… –canturreó divertido.

– ¿Cómo que follamos? –preguntó asustada. ¿A caso Naruto sabía que ella y Sasuke…?

– ¡Shikamaru y Temari! –exclamó con los brazos abiertos como si fuera obvio. –Se encerraron en el baño toda la noche… –aseveró agitando su cabeza. –Tuve que orinar en una maceta… –murmuró bajito.

Sakura ignoró eso último.

– ¿Qué hizo Sasuke durante toda la noche? –apretó su mandíbula al ver el largo bostezo que dio el rubio, impidiendo que contestara.

–Hum… –se talló un ojo con cansancio. –Después de que la gente comenzara a llegar, lo perdí de vista, creo… –dice ahogando un segundo bostezo. –Creo que lo vi hablando con Juugo, uno de sus amigos ricos. –confiesa.

Sakura se mordió el labio inferior, dudosa en preguntar. Luego piensa en que Naruto estaba lo suficientemente ebrio como para olvidar esta conversación al día siguiente, pero por si las dudas, era mejor asegurarse.

–Toma. –dice entregándole la botella. Vio como los ojos del rubio brillaron, olvidándose por completo de su cansancio. –Dime, Naruto. ¿No viste a Sasuke por casualidad, hablando con una chica? –

Naruto tardó unos segundos en responder. Había llevado un gran trago a su boca, impidiendo seguir hablando.

– ¡Qué más quisiera! Pero Sasuke no deja que ningún desconocido se le acerque. Ya sabes como es. –menciona esto último señalándola con la cabeza.

Sakura se quedó un largo rato observándolo con intensidad.

– ¿Estás seguro, Naruto? –volvió a preguntar.

–Eso creo. Sino sería un pésimo amigo. Jaja… –rio, dando el último trago a su botella.

Sakura se quedó en silencio, pensando en lo equivocado que estaba su amigo. Sasuke sí había estado con alguien esa noche, y esa persona era ella. Se preguntó qué pasaría si Naruto llegara a enterarse lo que sucedió entre sus dos mejores amigos, y más siendo Sasuke el tipo que le gusta andar drogando a muchachas para beneficiarse de ellas.

Hizo una mueca de pesar.

No se lo creía ni ella misma. La historia de Suigetsu le hacía lógica hasta que caía en cuenta en la personalidad del Uchiha y, si fuera poco, Naruto pensaba exactamente lo mismo. ¿Sasuke liándose a una chica? Ni él lo creía, y eso que lo conocía mejor que a nadie. Pero la fotografía de ellos dos besuqueándose en una oscura habitación demostraba lo contrario.

¿Qué pasó realmente entre ellos dos?

Para saber la respuesta de aquello, bastaba con obtener el video.

–Naruto. – lo llamó. El chico levantó su mirada de la botella vacía a su rostro decidido. – ¿Tú sabes si Sasuke tiene recuerdos de la fiesta? Fotografías, algún registro… – dejó la frase al aire para que el rubio entendiera de lo que estaba hablando.

– ¿Fotos? – cuestionó el chico, dejando caer la botella al suelo con una sonrisa triste. Si tan solo tuviera más licor… – No lo sé. Nunca se me ocurrió preguntarle. –dijo con voz ronca, comenzando a extrañar el sabor del Fernet.

– ¿Sabes si tiene álbumes? ¿Alguna caja u objeto que te parezca sospechoso? –indagó la chica, rogando por una afirmación que la ayudase por dónde empezar a investigar.

–Nop. –dijo el rubio con seguridad. Pero luego, un destello cruzó por sus ojos azules. –Aunque, pensándolo bien. Sasuke no me deja acercarme a su computadora, es la única cosa de su habitación que no me permite tocar. –indicó el muchacho, ladeando su cabeza pensativo.

Sakura posa sus dedos bajo el mentón con la misma mirada inquisidora de Naruto.

Si lo pensaba con claridad, podía notar que algunos hechos y comportamientos del pelinegro lo hacían con la intencionalidad de esconder algo…

Sasuke no dejó que Naruto conociera a Suigetsu por un motivo, tampoco quiso que Naruto supiera lo que estuvieron hablando por teléfono en el hospital, y ahora no dejaba que Naruto viera su computadora.

Todo de alguna manera, estaba conectado y tenía la corazonada de que él tenía el video en su computadora. No era algo muy seguro, pero ya tenía por dónde empezar a buscar.

Ahora el único problema era como adentrarse a la casa de Sasuke, evadiendo no solo a él sino que también a toda su familia. Debía de idear un plan que le permitiese pasar desapercibida lo suficiente para que nadie sospechase de su presencia o de lo que iba a estar a punto de hacer.

¿Pero cómo hacerlo?

Observó a Naruto como cabeceaba a un lado, cansado de tanto beber. Era su última oportunidad de seguir indagando sobre la vida de Sasuke antes de que el rubio se durmiera.

– ¿Sabes si sus padres pasan mucho tiempo en casa? –pregunta la pelirosa. Naruto la miró de soslayo, con la vista adormecida y cansada, haciendo una mueca pensativa hacia su duda.

–La madre de Sasuke es la que suele estar más tiempo en casa y su padre no llega hasta la noche. –dice con la voz pastosa. Bajó la mirada hacia la botella vacía. –Debería ir a ver si papá tiene otro Fernet… –musita con la tentación brillándole en los ojos.

–Naruto, concéntrate. –lo reprende Sakura tomándolo por los hombros y hacer que su atención se enfocase en ella y no en la bebida. –Necesito que me digas sus horarios. Que días salen, sus horas de llegada… –cuestionó la chica.

–Oh… no lo sé. –dice con lentitud, sus ojos comenzaron a pesarles. –Pero lo que sí sé es que… –suelta un gran bostezo, estirando sus brazos para atrás. –Hmm… sus padres no están ahora. –confiesa.

A Sakura le brillaron los ojos en reconocimiento.

– ¿Cómo que no están? Explícate. –demandó la chica, viendo como el rubio gateaba hacia atrás y se acurrucaba entre las mantas. – ¡No te duermas aún! –le reprochó zarandeando sus brazos.

– ¡Aich! No molestes. –le gruñe volviendo a acomodarse en su cama. –De todos modos ya deberías saberlo, ya sabes por tu madre… –comentó, dejando a la pelirosa confundida.

– ¿Cómo que mi madre? ¿A qué te refieres? –preguntó antes de que Naruto cerrara los ojos.

Una alarma sonó en su cabeza, avisándole que algo no andaba bien. ¿Qué tenía que ver su madre con los Uchiha's?

Las palabras de Naruto a continuación, la dejaron impávida cortándole la respiración como si le hubiera dado un golpe en el estómago.

–Se fue con ellos a Seúl. –dijo cerrando los ojos para caer en un profundo sueño.

Sakura se congeló.

.