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Tragó saliva con dificultad.
Con las luces apagadas, Sakura se encontraba dentro de la cocina tan quieta como una estatua, con la mirada fija en la puerta que daba hacia el corredor, sin moverse.
La lluvia chocaba contra las ventanas ruidosamente, mientras que de vez en cuando se escuchaba truenos, dando a entender que caerían rayos en cualquier momento.
A pesar de la escasa luz, tenía una excelente vista como para reconocer las figuras de los objetos a su alrededor.
Corrió su mirada unos segundos a su derecha y volvió sus ojos a su posición inicial. Justo en ese lado había otra puerta, pero esa daba al comedor y lo que estaba vigilando estaba en el segundo piso. Aunque desde la puerta de la cocina no podía ver las escaleras, él tendría solo dos opciones que podría identificarlo: Irse al otro lado del pasillo que lo dirigiría al patio de la casa o seguir recto hasta cruzar la cocina. La primera opción sería lo ideal, ya que significaba que se había ido gracias el chirrido de la bisagra oxidada al abrirse la puerta. Y la segunda opción…
Colocó su cuerpo en guardia, con las piernas separadas y flexionadas levemente, sus brazos en alto, lista para cualquier ataque sorpresivo. Esperaba que hubiera tomado la primera opción porque así no tendría que enfrentarse a él, y si bien en otro tiempo esta idea no le hubiera desagradado del todo, hoy sería una tortura con tan solo verlo.
Y lo vio.
Una sombra pasó velozmente por el corredor justo frente a la puerta de la cocina, y por la dirección en la que corrió, le dio a entender que estaba en el comedor. Esto significaba que podría aparecer por la puerta derecha, la que estaba a su costado. No obstante también podría retractarse y entrar por donde había pasado con anterioridad.
Apretó los labios en frustración. Tener que estar atenta en ambas direcciones no le hacia ninguna gracia.
El primer rayo tronó en el cielo, alumbrando la estancia por un instante.
Aprovechó ese momento para mirar la puerta de la cocina por si veía nuevamente otra sombra, pero no alcanzó a vislumbrar nada.
Movió su cuerpo levemente hacia la derecha, de modo en el que pudiera vigilar ambas puertas.
Volvió a tragar saliva, raspando su garganta seca. Debía de tranquilizarse y tomar el control del asunto, sino podría tomar ventaja sobre ella. Ser inteligente y astuta ante cualquier circunstancia.
Sin embargo, sus puños temblaban de pavor y su respiración era irregular. Decir que estaba asustada era poco, no esperaba que él hiciese algo así. Después de todo este tiempo él jamás había hecho algo como aquello, es decir, nunca se imaginó que fuera tan drástico como para…
¡ZAS!
Un ruido se escuchó al otro lado del pasillo, como un golpe seco contra la puerta de entrada.
Sakura frunció el ceño ante eso, ¿había corrido hacia la entrada?
Con pasos sigilosos se acercó a la puerta derecha que daba al comedor, ya que desde allí podía seguir viendo el largo del pasillo. Pero la oscuridad no la dejaba ver más allá a pesar de su buena vista. No podía estar segura si estaba allí, para eso tendría que salir de la cocina.
Reflexionó un segundo al respecto.
Tenía dos ideas: la primera era que había pasado de largo del comedor y se había ido directo a la entrada de la casa e irse, de ahí el sonido. Segundo, él podría haber hecho el sonido contra la puerta para llamar su atención, como una trampa para obligarla salir de la cocina, ya que al tener la oscuridad como obstáculo, le es difícil inspeccionar más allá del pasillo y ver si sigue ahí.
¿Qué hacer?
Podría salir y tomar el riesgo, o quedarse allí en guardia hasta ver u escuchar otro ruido en los próximos minutos.
Lo más razonable sería tomar la segunda opción. Esperar a que dé un paso en falso y descubrir en que parte de la casa se encuentra. Pero por otro lado, si en verdad se fue, lo mejor sería averiguarlo y salir de donde está a pesar del riesgo que corre.
Pero… ¿a qué riesgo específicamente? ¿Qué podría llegar a hacerle si la alcanza?
Un escalofrío le cruzó la espina dorsal al imaginar las posibilidades. Por algo él estaba aquí ¿no?
No.
Ella tenía y debía de ser valiente, no por nada se ha entrenado por años en las artes marciales. Quizás él sabría pelear, pero ella conocía todas las técnicas de combate para defenderse de cualquier ataque. Es él quien debería estar huyendo de miedo, no ella.
Y con eso en mente, Sakura inhaló una gran cantidad de aire y dio un par de pasos cautelosos hacia la puerta derecha.
Levantó una de sus manos tanteando el marco de la puerta. Se acercó un poco más al comedor, dejando la espalda apoyada contra el marco, mirando dubitativa la oscuridad del pasillo.
Inhaló una vez más antes de salir definitivamente de la cocina y caminar con lentitud, sin hacer rechinar el piso de madera para no llamar la atención. Cuidadosa en donde pisaba, Sakura rodeó la mesa y sillas que le estorban en el camino, hasta llegar al límite del comedor y el pasillo. Desde ese ángulo podía ver la entrada y, al parecer, no había rastros de él.
Siguió con sus pasos suaves y lentos. A estas alturas ya estaba caminando por el pasillo en dirección a la puerta de la casa. Una vez llegado a su destino, se apresuró a cerrar la puerta con pestillo y fue, que al fin, pudo soltar una gran bocanada de aire por toda la tensión acumulada.
Se había ido.
Un segundo rayo se escuchó por todo el lugar.
Observó por la ventana que estaba al lado de la puerta, algún indicio de su presencia. Pero todo indicaba que por allí no había nadie.
No obstante, sus pies desnudos chocaron contra algo que había en el suelo. Bajó la mirada y algo captó su atención; en el suelo justo a sus pies se encontraba un objeto, pero no podía identificarlo. Sin embargo le parecía extrañamente familiar.
Se agachó lo suficiente para recoger aquel objeto: era uno de los adornos de su madre. Lo reconocía, sabía que había solo dos en toda la casa, una estaba en la habitación de su madre y el otro…
El otro estaba en la mesa de rimo del pasillo.
Su mente hizo la conexión y de inmediato entendió el error que había cometido. Tardó unos segundos, pero al hacerlo se le dificultó la respiración al comprender que él realmente no se había ido.
Un escalofrío le recorrió la espalda y su nuca, pero no era por ir descalza o sentir el ambiente helado. Ese sentimiento peculiar ya lo había sentido antes: era una alerta. Son sus sentidos avisándole que él estaba cerca, que la había encontrado.
Y lo pudo sentir, al fin justo detrás de ella.
El adorno se le escurrió entre sus dedos, cayendo estrepitosamente contra el suelo.
Cerró sus manos haciéndolas puños en un intento de controlar sus temblores y de evitar entrar en pánico. Giró su cuerpo con precaución mirando el pasillo, pero estaba tan oscuro que le era difícil saber si estaba allí, y para ser sincera tampoco quería saberlo.
Sin dejar de observar el pasillo, Sakura tanteó la puerta detrás suya en busca del pomo. Pero en el segundo en el que lo encontró, fue que lo interceptó en la oscuridad.
Era apenas el contorno de una figura, pero logró reconocerlo por la singular forma puntiaguda de su cabello. Oscuro como estaba, alcanzó a distinguir su presencia caminando hacia ella.
El corazón se le subió hasta la garganta.
Haciendo uso de su fuerza, giró el pomo de la puerta para escapar por la torrencial lluvia, sin embargo el pomo no cedía. Claro, le había puesto pestillo al pensar erróneamente que él se había ido.
Apretó sus labios para sellar un gritillo de puro espanto al visualizar aún más su figura cerca de ella. Ante su evidente desespero, no le quedó otra que darse la vuelta y en un santiamén desencajó el pestillo y abrió rápidamente la puerta.
Salió como alma que lleva el diablo por el jardín de su casa mojándose por la lluvia, pero no se detuvo ni a pensar en el frío que hacía o el chapoteó del barro en sus pies desnudos. Ella solo corría hasta doblar a la esquina de su casa sin rumbo específico, solo con la idea de huir de él y que jamás la encontrara.
Porque sí, a pesar de su inteligencia y su astucia en resolver problemas, su fuerza para enfrentarlos y la valentía que nacía de ella a la hora de pelear con todo lo que tenía: simplemente se evaporaba por los aires cuando se trataba de él.
Sakura se volvía una completa cobarde.
Lo sabía, y entendía que lo que hacía estaba mal.
Era su casa, con un demonio. ¡Ella debería de estar ahuyentándolo por invadir su propiedad! ¡No huir como una gallina! Sin embargo, ahí estaba: huyendo de él.
Poco a poco Sakura fue bajando la velocidad hasta quedar parada bajo la lluvia. Embutida en sus pensamientos desesperados en busca de una solución.
Apretó los puños con desasosiego y sus dientes mordieron su labio inferior del mismo modo. Tenía claro que huir no resolvería nada y que tarde o temprano debía de enfrentarlo, no podía seguir jugando al gato y al ratón como si todo esto fuera una cacería. Tal vez para él lo era, no lo sabía y nunca lo entenderá porque le faltaban las malditas agallas para pararse frente a él y mirarlo a los ojos y exigirle explicaciones… como lo hizo aquella vez.
¿Y qué resultado obtuvo?
Que se descontrolara y le diera una brutal (y bien merecida, por cierto) golpiza en todo su rostro.
–Mierda. –maldijo por lo bajo, frotando su rostro con ambas manos. La lluvia caía tempestuosa por toda la calle mojándola de pies a cabeza, con los horribles sonidos de los rayos por sobre su cabeza.
A lo mejor fue el tronar del cielo o el estrépito de la lluvia que evitó poder escuchar, quizás el escalofrío que sintió la confundió con las frías gotas cayendo por su cuerpo. Es posible que fueran las circunstancias en las que estaba, además de su mente confundida, que no sintió ni avecinó su presencia justo detrás de ella. Pero cuando lo hizo ya era demasiado tarde.
Sakura giró hacia atrás lo suficiente para alcanzar a ver una sombra a escasos palmos de distancia, antes de arrojarla al suelo con violencia. El aire se le cortó por el impacto y hubiera sentido dolor por el golpe en su cabeza, sino tuviera a él encima de ella.
Como pudo, intentó empujarlo, arañarlo y hasta lanzar golpeas a diestro y siniestro, invadida por el pánico y el terror de verse acorralada. Los gritos histéricos no se hicieron esperar, llenos de miedo y rabia a la vez, con el anhelo de huir y refugiarse, las ganas de hacerle daño de hacerlo sentir de la misma manera que ella.
Sin embargo, toda esa rabia venenosa se esfumó una vez que él logró sujetar sus muñecas. Fue cuando su miedo pudo más con ella, paralizándola por completo. Con los brazos arriba de su cabeza dejando su torso desprotegido, Sakura se dio cuenta que no lo había mirado al rostro en ningún momento. Luego, entendió por qué no lo había hecho.
Un jadeo tembloroso del puro horror salió de sus labios al observar al hombre que la tenía prisionera, su figura oscura y tenebrosa se dibujaba como una sombra en la penumbra del cielo. La lluvia y el sonido de los truenos solo lo hacían ver más tétrico, pero eso no fue nada en comparación a lo que estaba a punto de ver.
Otro rayo iluminó el cielo y con él, la silueta de Sasuke. Fue tan solo unos segundos, pero Sakura pudo ver claramente su rostro desfigurado por el enfado con el cabello mojado cubriéndole parte de su rostro. Pero lo que más le impactó y que hizo que la última pizca de valentía que le quedaba se esfumara del cuerpo, fue ver esos penetrantes ojos negros fijos en ella con una expresión que se asemejaba más a un depredador que a una persona.
Y ella era la presa.
– ¡Suéltame! ¡Suéltame! –gritó fuera de sí.
Se removió desesperada debajo de él, agitando sus piernas hacia todos lados en un intento de sacarlo de encima, pero él tenía la ventaja de tenerla incapacitada de los brazos, por lo que no podía hacer mucho en esa posición.
– ¡Suéltame, con un demonio! ¡SUÉLTAME! –exclamó furibunda, raspando su garganta por los incesantes gritos coléricos que manifestaba.
– ¡BASTA! –rugió el pelinegro.
Era la primera vez que él decía algo, y fue tan de repente y sorpresivo que la hizo callar de la impresión. Sin embargo, su pulso seguía acelerado y no podía dejar de temblar como gelatina ante sus densos ojos. La respiración salía dificultosa entre sus labios, y pestañaba a cada momento a causa de la lluvia, pero aun así no dejaba de estar atenta a sus movimientos, esperando en cualquier momento un posible ataque.
Pero él no dijo otra palabra más y no hizo movimiento alguno.
– P-Por favor…–un susurró tembloroso salió de los labios de la pelirosa. –Por favor, suéltame…–pidió con la voz agobiada.
Pero Sasuke parecía no escucharla, o al menos eso creía hasta que al fin lo vio abrir la boca.
–Lo haré. –dijo esta vez en un tono más neutro. –Pero con una condición. –los ojos de Sasuke chocaron con los suyos.
Sakura consideró la posibilidad de seguir pataleando hasta liberarse, pero por la forma y la fuerza en que la tenía sujeta, estaba segura que no saldría bien parada de la situación. Así que por el momento dejó que el silencio hablara por ella, dando a entender que estaba escuchando. Si sus condiciones no le "agradaban" (por decirlo de alguna manera) lucharía por escapar sin importar las consecuencias. Una que otra herida no es nada si con eso salvar guara su dignidad y su vida.
–Deja de ser una histérica. –decretó de forma despectiva, como si le estuviera reprochando a una niña de su mal comportamiento.
La furia la invadió de pronto, indignada de su desfachatez de reprenderla como si fuese una niña y no a una chica a quien, por cierto, había sido acechada, espiada, observada, invadida en su propia casa como si fuese un vil ladrón y lanzada al suelo para luego ser inmovilizada de brazos.
– ¿Histérica? ¿HISTÉRICA? –poco a poco fue elevando su voz hasta ser un grito de pura ira. Sus ojos llamearon, retomando la valentía y el coraje que había perdido. – ¿ME LLAMAS HISTÉRICA? ¡TE METISTE EN MI CASA! –bramó. Tensó sus puños aun encima de su cabeza, pensando mil y un maneras de hacerle daño.
– ¡Si quieres que te suelte tendrás que dejar de actuar como una! –exclamó él también. Y en un arrebato soltó las muñecas de la pelirosa para tomarla de los hombros y la estamparla con fuerza contra el suelo.
Un intenso dolor la embargó desde la base de su nuca, y se esparció por toda la cabeza. El golpe la había azotado con demasiada fuerza contra el firmamento, causando que le palpitaran las sienes y soltara un jadeo ahogado. Cerró los ojos momentáneamente para acostumbrarse al dolor infringido.
Al abrirlos su vista estaba algo borrosa, quizás por el golpe o por las gotas de lluvia que le llegaban a los ojos, sin embargo cuando otro rayo aclaró el cielo y observó el rostro de Sasuke, pudo vislumbrar un atisbo de preocupación surcando sus ojos a pesar de su expresión furibunda. Frunció el ceño ante esa conjetura tan extraña, pero no pudo seguir procesando ya que el dolor de cabeza se hacía cada vez más intenso a medida que pestañaba.
–Sakura. –escuchó que la llamaba, pero su voz se oía lejana.
Sin pretenderlo, sus ojos se fueron cerrando. Sintió como él dejaba de hacer presión en sus hombros para sacudirlos.
–Sakura. –volvió a llamarla, observó que decía algo más pero ya no era capaz de escucharlo. En ese instante en lo único en que podía pensar era en levantarse y correr, correr y seguir corriendo, pero su cuerpo no respondía. Comenzó a perder la fuerza de su cuerpo hasta ver solo un manchón oscuro encima de ella.
Pestañó perezosamente con la vista perdida en lo que podía ver el perfil de un rostro mojado por la lluvia, y tuvo la sensación de que su cuerpo flotaba en el aire, solo agarrada por unos firmes brazos alrededor de sus hombros y piernas.
Luego, simplemente cerró los ojos dejándose ir.
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Los papeles volaban a su alrededor.
La pelirosa estaba sentada en el suelo con miles de cartas de correspondencia abiertos y arrugados esparcidos entre sus piernas. Tomó uno de los tantos papeles que estaban dentro de la cajonera y lo estiró para leerlo más claramente, pero decía exactamente lo mismo que en las demás.
Estimada Sra. Haruno,
Mediante este presente le informamos que su finiquito ha sido enviado a su correspondiente Banco afiliado, según el Art. 1899 de la garantía estatal de trabajadores, el monto de este mes es un equivalente a 650.000 mil yenes en bruto.
Se despide cordialmente,
Uchiha's Company.
Dejó caer con lentitud la carta junto a las otras.
Cuando escuchó la declaración de Naruto, fue como si la hubiesen apaleado en el estómago, sin dejarla respirar. Pero cayó en cuenta de que, borracho como estaba, Naruto pudo haber malinterpretado o hasta inventado esa tamaña estupidez.
Pero no lo era.
Ella nunca le mencionó que su madre no estaba en el país, así que él no tenía como saber eso a menos que hubiera algo de verdad en sus palabras. No era por tacharlo de mentiroso, es solo que es difícil de creer que su madre estaba involucrada con la familia Uchiha.
Así que una vez que Naruto se hubiera dormido, se fue de inmediato a su casa con la cabeza hecha un revoltijo. Era muy entrada a la noche cuando ingresó a su hogar, pero no tenía sueño y no creía poder pegar un ojo, así que apenas ingresó a su casa fue a la habitación de su madre a revisar entre sus cosas algún indicio de los Uchiha's.
Sin embargo, nunca esperó encontrar esos papeles.
Había abierto el cajón de la mesita de noche de su madre y encontró entre las cuentas de la casa, cartas que ya habían sido abiertas, pulcramente guardadas por orden de fecha justo debajo de otros papeles.
La última carta estaba fechada desde hace más de seis años atrás.
El corazón de Sakura comenzó a latir con fuerza al entender lo que esto significaba.
Hace más de seis años, su padre las abandonó a su suerte. Tenía once años cuando sucedió, sabía que su madre buscó empleo en una empresa comercial y desde ahí no ha parado de trabajar todos los días.
Tantos años trabajó para los Uchiha's y jamás le había dicho nada, ella tampoco sospechó nada. ¿Y cómo iba hacerlo? ¿Cómo se supone que podía prever algo así? ¿Por qué ocultar la verdad de su trabajo? ¿A qué le temía?
Recordó el día en que se despidió de ella en el aeropuerto. Su madre no quiso que se quedara más tiempo de lo esperado, de hecho, actuó de manera extraña y hasta nerviosa cuando le demostró interés por conocer a su jefe.
Ella no quería que lo conociera, porque se enteraría de la verdad.
Ahora lo sabe.
Guardó los papeles tal cual las encontró en el cajón de la mesita de noche, se levantó del suelo y se marchó de la habitación, cerrando la puerta tras de sí.
Soltó un hondo suspiro cansado. El día entero había sido largo y estresante, demasiadas revelaciones y sumando más problemas de las que tenía.
Se dirigió a su habitación arrastrando los pies. Una vez adentro se sentó en la cama y observó el reloj que estaba encima de su mesita de noche.
01:42 A.M
Resopló con disgusto. Faltaban pocas horas para levantarse e ir a la escuela. Luego recordó lo que había hablado con las chicas esa tarde, que por ese día, podía faltar a clases después de todos los acontecimientos que sufrió a causa de Sasuke y Suigetsu. Además era viernes, lo que significa que tendría un fin de semana más largo y podía darse el lujo de descansar todo lo que quisiera.
Se lo merecía.
Así que sin más, Sakura se acostó entre sus mantas y dejó que el sueño la venciera.
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¡BAM! ¡BAM! ¡BAM!
Golpeó con el costado de su mano contra la puerta.
¡BAM! ¡BAM! ¡BAM!
–I-Ino-chan, creo que es mejor irnos… –musitó Hinata a su lado, visiblemente nerviosa.
Ino y Hinata habían salido de clases más temprano, ya que el profesor que les tocaba en el último bloque, no se presentó. Así que en vez de irse a sus hogares como lo hacían todos sus compañeros, decidieron ir a la casa de la pelirosa para saber cómo le había ido con Naruto, si es que pudo conseguir o no información acerca de Sasuke.
Sin embargo, llevaban un buen rato esperando en el pórtico de su casa y Sakura no aparecía.
– ¡Vamos frentona! ¡Sé que estás ahí! –gritó Ino, volviendo a aporrear contra la puerta.
–A lo m-mejor no está en casa. –comentó la ojiblanca hacia la rubia.
La impaciencia y el enojo eran visibles en Ino, quien parecía que en cualquier momento echaría humo por las orejas. Hinata podía oír los gruñidos que emitía la chica, frustrada de tanto esperar a la pelirosa.
– ¡Sí está! ¡Puedo escuchar la televisión encendida! –espetó colocando su cabeza contra la puerta para distinguir las voces que se escuchaba de fondo. Se alejó de la puerta para seguir con los golpes y griterío cuando, de repente la puerta se abrió. – ¡Abre la maldi…! –cortó de golpe al ver a la pelirosa parada frente suya.
Sakura tenía la respiración ligeramente agitada, estaba vestida con ropa deportiva y sudaba en exceso. Llevaba los audífonos a todo volumen colgados en su cuello y las miraba a ambas con extrañeza, sin entender el escándalo de Ino.
–Hola, ¿Qué sucede? –preguntó la pelirosa, observando la molestia de Ino con una ceja alzada.
Ino inhaló una gran cantidad de aire antes de soltar su enojo contra la chica.
– ¡Llevamos más de quince minutos afuera! –exclamó viendo a la pelirosa con furia.
–Oh, lo siento. –se disculpa elevando un hombro restándole importancia. –No las esperaba tan temprano. –dice haciéndose a un lado para dejarlas pasar.
Hinata se adelantó, interrumpiendo la disputa que la rubia estaba a punto de hacer.
–C-Cancelaron la última clase. –le informa mientras se adentraba a la vivienda, dejando a la rubia atrás con la boca abierta. – ¿Estuviste haciendo ejercicio? –pregunta al ver el atuendo deportivo que llevaba.
–Sí… –responde. Llevó una mano hacia el bolsillo de su pantalón y sacó su reproductor para apagar la música. –Como estaba escuchando música muy fuerte, no las oí. –explicó.
– ¿Cómo están t-tus manos? –preguntó observando sus manos vendadas.
–Me duelen un poco, pero trato de no usar mucha fuerza y entrenar solo con las piernas. –explica, mirando sus propias manos.
Ambas chicas caminaron hacia la sala de estar con Ino detrás de ellas, refunfuñando acerca de la mala educación de la pelirosa.
– ¿Tienen hambre? No han almorzado supongo. –inquiere Sakura apagando la televisión.
–Si. –contesta Ino uniéndose a la conversación. – ¿Ya cocinaste? Espero que no… –susurró lo último para que la pelirosa no la escuchara, y es que ella no es muy buena cocinera que digamos.
–No tuve tiempo. –contesta ajena del comentario de la rubia. Se paró con la espalda recta y comenzó a estirar sus brazos uno por uno, destensando sus músculos agarrotados.
–Puedo cocinar, mientras t-te das un baño. –sugiere Hinata, viendo como Sakura hacia una mueca adolorida al mover sus brazos.
– ¡Apoyo la idea! –exclamó Ino levantando una mano, a favor de la excelente capacidad culinaria de la ojiblanca. –Vamos a la cocina. Te echaré una mano. –ofrece con una sonrisa, evidenciado su cambio de ánimo.
–Bien. –asiente la pelirosa, caminando hacia el baño.
Minutos más tarde, Sakura ya había salido de la ducha y en ese momento estaba terminando de vestirse. Una simple pollera blanca de manga corta con unos jean ajustados bastaba para estar cómoda.
Al bajar las escaleras sintió el delicioso olor a comida inundar desde la cocina en donde estaban las chicas. Se encaminó hasta allí, vio a Hinata sirviendo lo que parecía ser estofado en un bol y pasárselo a una muy feliz Ino quien lo dejó en la encimera junta a otros dos bol.
–Eso huele muy bien. –dice la pelirosa haciendo que la chicas notaran su presencia. Se acercó a un lado de Hinata para ver el contenido en la olla, efectivamente, era estofado. Se le hizo agua la boca.
–Y sabe muy bien. –habló Ino con un bol en su mano y con la otra sostenía una cuchara dándole un bocado al estofado.
–G-Gracias. –contesta la ojiblnaca con un tinte rosa en sus mejillas.
Cada una tomó su respectivo plato y se dirigieron al comedor para comenzar a comer con tranquilidad.
–Entonces… –dice Ino, llamando la atención. – ¿Qué sucedió con Naruto? Hoy no se presentó a clases. –inquirió, observando como la pelirosa terminaba de masticar.
–No me sorprende. –dice con un gesto despectivo, recordando la borrachera que se dio anoche.
Borrachera que ella incitó.
–Pues… –se removió incómodamente en su silla, pensando en lo mala amiga que había sido. –Tuve que emborracharlo para sonsacarle información. –confiesa dando otra cucharada a su comida.
–Eso no estuvo bien. –dice en un murmullo la ojiblanca, pero no pasó desapercibido el tono de reprimenda en su voz. Sakura no se atrevió a mirarla.
–Lo sé, pero no encontraba la manera en preguntarle sobre Sasuke sin que sospechara. –se excusó no muy convencida.
– ¿Y bien? –inquirió la rubia con impaciencia. Ella quería saber todos los detalles de la vida Sasuke, y no solo era por ayudar a su mejor amiga, sino que tenía curiosidad de conocer un poco más de la vida del chico más popular y misterioso de la escuela, de quien poco se sabe en realidad.
Sakura comenzó a relatar los acontecimientos que pasó en la casa de Naruto, desde el momento en que le confesó de la lujosa vida que llevaba el Uchiha hasta la parte en que supo de que su madre trabajaba para los padres de Sasuke. Descubrimiento que aún no terminaba de asimilar del todo.
Lo único que omitió fue la opinión de Naruto respecto a Sasuke y la infancia que los tres compartieron. No creía que fuera conveniente decirles que Naruto pensaba que Sasuke la consideró como una amiga, o algo así. Era un asunto que solo les concernía a los tres, además no quería que las chicas comenzaran a suponer cosas de las cuales no quería hablar.
Porque ni ella misma sabía lo que significaba.
–Oh… –la ojiblanca ahogó una exclamación una vez que Sakura hubiera terminado su relato.
– ¡¿Tú mamá trabaja para los Uchiha´s y no lo sabías!? –cuestionó en un chillido la rubia, dejando caer su mandíbula impresionada.
–Ajá… –asiente apretando los labios. Su madre siempre supo leerla de pies a cabeza, era imposible ocultarle algo sin que lo captara al instante, ella por el contrario…
–Llámala. –ordenó la rubia, interrumpiendo sus pensamientos. –Llama y confróntala, ¡debes hacerlo! –siguió exclamando, dejando a un lado su plato vacío.
–Lo haré, pero cuando llegue de Seúl. –decide la pelirosa, cortando el tema hasta allí.
Por la cara de Ino, era obvio que no quería dejar pasar el tema, e iba a seguir insistiendo cuando Hinata habló primero.
–Es mejor q-que nos enfoquemos en lo que importa ahora. –dice, llamando la atención de las chicas. –E-Es decir, debemos conseguir el video de la casa de Uchiha-san. –agrega.
Ino asiente con lentitud, sopesando alguna idea que pudieran ayudarlas.
–Veamos… –murmura la rubia, colocando una mano bajo su mentón de manera pensativa. –Los padres de Sasuke no están en casa, lo que nos da vía libre para colarnos sin adultos de por medio. –indicó, jugando con las orillas del mantel de la mesa, distraída. –Ahora, el problema es cómo nos adentramos sin que Sasuke se dé cuenta. –
Se produjo un silencio que solo era roto por el sonido constante del reloj.
–Uhm… Debiste de habernos llamado apenas te enteraste. De ese modo te hubiera dicho que te infiltraras en su casa esta misma mañana mientras él estaba en la escuela. –se lamenta la rubia dando un sonoro bufido exasperado.
Sakura dio un respingo mirándola de inmediato.
– ¡Eso es! –exclama la pelirosa, viéndola con ojos ensanchados. –Tenemos que hacer que él se vaya de su casa. –dice chasqueando sus dedos, como si lo dicho fuera lo más lógico. Pero por la forma de mirar de Hinata e Ino, se daba cuenta que no habían pillado su idea. –Lo que quiero decir es que tenemos que hacer que él vaya hacia otra parte. Hacerle creer que se va a juntar con alguien o que deba a ir a un lugar. –intentó explicarse.
– ¿Una trampa? –sugirió la ojiblanca, empezando a comprender lo que quería decir la pelirosa.
–Exacto. –contesta afirmativamente al ver que Hinata si captó su idea.
– ¿Y cómo lo haremos? –inquirió Ino, no muy segura de poder engañar a Sasuke con algo tan simple. –Para hacer lo que tú dices, tendríamos que pedirle a alguien que se junte con él. Ya sabemos que con Naruto no podemos contar, y Sai es más inteligente de lo que aparenta ¡se dará cuenta de que algo pasa! –concluye con firmeza.
Tanto Hinata como Sakura se observaron dubitativas, comprendiendo cuánta razón tenía Ino. No sería sencillo pedirle a un cercano que sacara a Sasuke de la casa sin tener sospechas. Además las únicas personas a quienes podían pedirle eso, exactamente como lo dijo Ino, es a Naruto o Sai.
Momentos como este, detestaba lo antisocial que podía llegar a ser Sasuke.
– ¿Segura que no puedo pedirle a Naruto? –preguntó bajito la pelirosa, observando de reojo como Ino la miraba como si fuera estúpida.
–Acabas de emborracharlo para sonsacarle información. Dime, ¿qué tanto se acuerda de la conversación? O mejor, ¿se habrá dado cuenta de lo que le hiciste? –cuestionó la rubia de forma astuta. Sin embargo, su tono de voz no fue ofensivo, al contrario, ella también se sentía culpable de la situación ya que fue su idea de hablar con Naruto en primer lugar. –Perdón. –se disculpó al darse cuenta de que si sonó bastante agresiva.
–Lo sé, pero tienes razón. –contesta la pelirosa sintiendo la boca seca. La preocupación arraigó desde su estómago hasta el inicio de su garganta, dificultando su respiración.
Si Naruto se daba cuenta no se lo perdonaría.
– ¿Entonces qué vamos hacer? –preguntó la ojiblanca.
Ninguna respondió.
Sakura siguió pensando la manera en que podía sacar a Sasuke de la casa sin tener que recurrir a nadie, pero no se le ocurría nada que pudiese ayudarla. También tenía que considerar que habría que entretenerlo el suficiente tiempo para poder entrar en su casa, registrar su habitación, acceder a su computadora y así recién, obtener el tan ansiado video. Era un plan que requería mucho tiempo, por lo que la distracción debe ser llamativa para tener su atención. Pero, ¿cómo hacerlo si él es tan cerrado? ¿Cómo llamar su atención si desconoce sus intereses? ¿Qué puede ser tan importante para obligarlo a salir de la comodidad de su hogar? ¿Existirá algo así?
Oh…
–Yo. –suelta de la nada, llamando la atención de ambas chicas. –Yo lo distraeré. –afirmó, sintiendo como su respiración se dificultaba cada vez más.
– ¿Qué? Por supuesto que no, como crees… –se sorprende la rubia girando su rostro hacia Hinata, buscando algún apoyo de su parte. Pero la chica miraba a la pelirosa como si la posibilidad de distraer al Uchiha ya se le había pasado por la cabeza.
–Tienes razón… –asiente la ojiblanca, segura de la decisión de la pelirosa. –En este momento, e-eres tú a quien Uchiha-san quiere. –expresó.
Diciéndolo así, la cara de Sakura se colocaba verde del enorme peso que sentía en su cuerpo al ser señalada como si fuese carnada, pero como ella misma se acaba de ofrecer para distraer a Sasuke, no tenía como refutar a eso.
–Bien... –le tembló la voz. Carraspeó para pasar su nerviosismo y volvió afirmar, esta vez con más seguridad. –Bien. –
Sakura se levantó de la silla y salió del comedor rumbo a la sala de estar. Tanto Ino como Hinata se miraron una a la otra antes de levantarse y seguir a la pelirosa.
Una vez en la sala de estar, Sakura levantó el teléfono de la casa y se lo pasó a la rubia, quien la observó con las cejas fruncidas en confusión.
–No tengo el número de Sasuke, así que tú lo conseguirás. –Dice la pelirosa, tendiéndole el teléfono. Al ver que la chica no comprendía del todo, decidió agregar. –Eres la más influyente entre las tres como para preguntar a alguien de la escuela por su número. –
Ino infló su pecho tomando valor mientras le arrebataba el teléfono entre sus manos. Ella conocía a casi toda la escuela, llamar a unos conocidos para averiguar el número de Sasuke debe ser pan comido, pero el único detalle sería explicar el por qué.
Sus labios se curvaron en una sonrisa cuando una idea surgió en su mente.
Marcó rápidamente los números y se llevó el teléfono a la oreja, sin dejar de sonreír.
–Es hora de hacer magia. –dice guiñándole un ojo a la pelirosa.
Sin embargo, Sakura no le devolvió la sonrisa. Esa mirada de traviesa en los ojos azules de su amiga no le daba buena espina, solo esperaba que después de todo este caos, Ino fuera lo suficientemente precavida como para evitar ideas estrafalarias.
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La rubia caminaba de un lado a otro hablando de cualquier cosa con una chica al otro lado de la línea. Esta era la tercera persona a quien Ino marcaba, pero en ningún momento mencionó al Uchiha. Eso sí, hablaba de los chicos de la escuela y de los rumores que se corrían a través de ellos, pero nada relacionado con Sasuke.
– ¡Oh! ¡Eso es genial! –exclamó Ino jugando con su cabello. –También estaba pensando en hacer lo mismo, es decir ¡es mi mejor amiga! Tú me entiendes… –dijo llamando la atención de ambas chicas.
– ¿De q-qué estará hablando? –cuestionó Hinata, parándose a un lado suyo. Sakura hizo una mueca.
–Eso es lo que me preocupa. –contestó con sinceridad.
– ¿Y qué dices? ¿Estás de acuerdo? –inquirió la rubia. – ¡Perfecto! –los ojos de Ino brillaron, y no precisamente de alegría. –Pero oye, no le digas a nadie ¿sí? –Ino observó a Sakura de reojo y en medio de esa sonrisa poco sana, se asomó una mirada de triunfo que se le impregnó en todo el rostro. –Muy bien. Hablamos luego. –se despidió.
Una vez que cortó, Ino se sentó en el sillón y dejó el teléfono en la mesa sin dejar de mirar el aparato con una sonrisa.
– ¿Lo conseguiste? –preguntó la ojiblanca intrigada.
–Nop. –responde con una voz exageradamente dulce.
– ¿Y qué es lo que estamos esperando? –cuestionó la pelirosa frunciendo el ceño con molestia.
–A que alguien nos llame. –dijo serenamente, pero al ver el rostro enojado de ambas chicas, decidió explicar. –Le dije que no le dijera a nadie, lo que significa que hará todo lo contrario. –
– ¿Pero qué es exactamente lo que le pediste que no dijera? –al preguntar, observó como la sonrisa de Ino flaqueaba.
–Bueno… ejem. –carraspea con incomodidad. –Digamos que ella mencionó algo sobre una fiesta sorpresa y yo dije que, a lo mejor, yo podía hacer lo mismo contigo… –dijo bajando el volumen de su voz hasta ser solo un murmullo avergonzado.
Hinata soltó un chillido impresionado al escuchar su confesión, mientras que el rostro de la pelirosa se transformaba diabólicamente en ira contenida.
– ¡¿QUÉ TU HICISTE QUÉ?! –rugió, soltando su furia sin poder evitarlo. Las mejillas le ardían, y podía jurar que la tez de Ino empalideció como un muerto.
– ¡P-Pero no lo he hecho! –intentó defenderse la rubia asustada de la reacción de Sakura, tomando una distancia prudente de la ira de la chica. –Aún… –murmuró bajito para que la chica poseída no la escuchase. Sin embargo, Hinata si fue capaz de oírla.
– ¡Ino-chan! –alegó la ojiblanca mirándola de manera desaprobatoria. –D-Después de todo lo que hemos pasado… –no pudo seguir hablando por el enojo, pero a diferencia de la pelirosa, ella no llegaba al extremo de estallar.
– ¡NI SE TE OCURRA HACER OTRA BARBARIDAD, INO! –rugió señalándola con una dedo.
–No lo haré. ¡Lo prometo! –exclamó la rubia levantando una mano en son de juramento, pero la otra mano la escondió detrás de su espalda para que las chicas no vieran que había cruzado sus dedos.
–Más te vale… –amenazó la pelirosa, calmándose al escuchar la respuesta de Ino.
¡Ring! ¡Ring!
El sonido del teléfono comenzó a sonar, interrumpiendo la discusión de las chicas. Ino se abalanzó hacia el teléfono dando gracias a los cielos por ser liberada del escrutinio de la pelirosa.
– ¿Aló? ¡Bien, muy bien! Y tú, ¿Cómo estás? –saludó la rubia.
Tanto Sakura como Hinata se la quedaron viendo caminar hacia un lado a otro, atentas a la conversación que estaba teniendo con el desconocido.
– ¡Me encantaría! Pero ¿sabes qué? –dijo la última palabra en un tono falsamente fatigoso. –Perdí algunos números telefónicos, y tú por casualidad… ¿me los podrías mandar? Digo para hacer las invitaciones y todo eso… –rio apenada, como si la situación le diera vergüenza.
–Si como no… –farfulló la pelirosa entre dientes, cruzando sus brazos aun molesta por la artimaña que la rubia había utilizado. Entre tantas formas de conseguir información tuvo que ser justamente, inventar una fiesta sorpresa al igual que aquella vez. Se mordió la lengua sintiéndose hipócrita, ella misma había usado a Naruto por información y, como si eso no bastara, fue muchísimo peor de lo que Ino estaba haciendo ahora.
–De acuerdo, ¡muchas gracias! –y con eso último, la chica se despidió y al segundo siguiente había girado su cuerpo en dirección a Sakura con una enorme sonrisa de superioridad. –Listo. En unos segundos me mandará lo que necesitamos. –dijo sacando su propio teléfono del bolsillo.
– ¿Eso es todo? –inquirió la ojiblanca sorprendida. – ¿Te mandará el número de Sasuke sin más? –
– ¡Sip! –exclamó radiante, sentándose nuevamente en el sillón con aire triunfal. –La chica con quien hablé recién es la vicepresidenta estudiantil. Si hay alguien que tiene todos los contactos de la escuela, es ella. –explicó.
Hinata ladeó la cabeza confundida.
– ¿No s-se lo pudiste pedir a ella en primer lugar? –al ver como la sonrisa de Ino crecía, supo que ella sabía lo que estaba haciendo.
–Nop. –contestó con rapidez. –Esa información es confidencial, ella no podía dármelo así como así. Tenía que idear un plan que al pedir los contactos me los diera sin chistar. –
Los ojos de la pelirosa se abrieron en comprensión.
–Por eso inventaste todo eso. Si ella se enteraba de que había una fiesta sorpresa, entonces… –dejó la boca abierta, anonadada de la increíble astucia de la rubia.
– ¡Exacto! –dio un ligero salto en el sillón, no aguantando su entusiasmo. –Por eso le dije a la otra chica que no dijera nada, porque sabía que era demasiado cotilla para guardárselo. Además es la mejor amiga de la vicepresidenta, por la cual sería la primera persona en enterarse. Así que solo esperé su llamado para que me preguntara por ello, pero como yo perdí algunos números telefónicos… –dijo haciendo comillas a la palabra. –Ella me enviará todos los que tiene para la fiesta. –dijo haciendo otra vez comillas con los dedos.
Ni Sakura ni Hinata podían creer cuan demencial podía llegar a ser Ino con las fiestas. Pero en esta ocasión, debían de agradecer esa faceta suya sino, no sabrían que hacer.
El sonido de un mensaje hizo eco en la sala. Ino se levantó revisando su teléfono y una vez que leyó el mensaje, se dirigió a las chicas e hizo un gesto teatral para entregarles su teléfono.
–Señoritas. –dijo haciendo una graciosa reverencia. –Yamanaka Ino, lo hizo otra vez. –se paró derecha y se situó a un lado de la pelirosa para ver encima de su hombro en como ella revisaba los contactos enviados.
–U… U… ¡Uchiha Sasuke! aquí está. –exclama la pelirosa al ver el nombre del chico entre los nombres de la larga lista de contactos y, a su lado el número telefónico. Pero no solo eso, sino que aparecía el domicilio de todos los contactos de la escuela. –Pensaste en todo ¿eh? –comentó fascinada.
–Que puedo decir, ¡soy un genio! –bromeó la rubia a su lado.
Sakura también le sonrió de vuelta. No obstante, el entusiasmo bajó en picada al entender a lo que venía a continuación. El nerviosismo la acompañó con el miedo, y con ello las ganas de salir corriendo de ahí.
–No tienes que h-hablar con él. –murmura suavemente la ojiblanca. –Puedes mandarle un mensaje. –comentó, acariciando un hombro de la pelirosa con cariño.
Sakura soltó un suspiro tratando de relajarse, pero eso solo aumentaba su ansiedad. Tomó su teléfono que había dejado encima de la mesa y procedió a marcar el número, pero en vez de llamarlo, le hizo caso a Hinata y le envió un corto y frío mensaje.
"Soy Sakura. Tenemos que hablar." –dejó caer su teléfono en el sillón, arrepintiéndose de haberlo hecho.
–Lo hice. Lo hice. Lo hice… –balbuceó una y otra vez, sintiendo como le sudaban las manos.
¡Bip!
Vibró su teléfono.
No sabía si fue Hinata o ella quien ahogó un grito asustado, pero no podía dejar de observar el aparato descansando en el sillón.
Tragó grueso antes de tomarlo entre sus manos y, rápidamente sin darse tiempo para vacilar, abrió el mensaje.
–Estamos hablando… –
Quedó en blanco un solo segundo, asimilando lo que le quería decir.
–Vaya cabrón. ¿Se cree muy gracioso? –dice molesta, haciéndose a un lado para que las chicas pudieran ver lo que decía.
– ¡No seas tonta! Dile que lo quieres ver ahora. –la apremia la rubia.
Sakura la mira sorprendida -por no decir asustada- no creyendo que lo fuera a ver tan pronto.
– ¿Hoy? –dijo dubitativa. Esperaba que fuera mañana para tener tiempo de pensar y prepararse mentalmente antes de ver a Sasuke. Porque si no, estaba segura que iba a sufrir un colapso y la última vez que estalló le dio un puñetazo en el rostro.
No, no quería que fuera hoy.
–E-Espera Ino. –balbuceó al ver como la rubia le quitaba su teléfono y escribía a toda velocidad.
El corazón le dio un vuelco.
–Toma. –dijo devolviéndole el aparato, dejando a la pobre chica más pálida que la ojiblanca.
Con manos temblorosas, la pelirosa observó el mensaje que Ino le había escrito al Uchiha.
"Veámonos hoy." –leyó entre dientes. Su respiración se le dificultó al ver la pequeña burbuja con tres puntos suspensivos al lado del número telefónico, que significaba que Sasuke le estaba respondiendo. Pero de la nada la burbuja desapareció y en vez de escribir, su teléfono sonó haciendo que diera un estrepitoso salto hacia atrás.
Con la cara hecha un poema, Sakura observaba como el número de Sasuke brillaba en toda la pantalla mientras era acompañado con la melodía de la llamada. Su cerebro tardó tres segundos en recibir la información, tomando un hondo suspiro antes de contestar y colocar el teléfono en la oreja.
–Sakura. –se escuchó la voz grave de Sasuke. Un escalofrío familiar le recorrió la columna, erizándole los vellos del cuerpo al sentir su voz filtrarse como si estuviera justo detrás de ella.
–Sasuke. –respondió de la misma manera, sin embargo no pudo reprimir un deje de nerviosismo salir por su boca. Inhaló una gran cantidad de aire tragándose el miedo para que esta vez, fuera la seguridad quien gobernara su sistema. –Tenemos que hablar, y necesito que sea en persona. –expuso con firmeza.
–Bien. –le responde casi con rapidez. –Hay un pequeño parque cerca de mi casa, te veo allí. –dijo de forma autoritaria, algo que no le agradó a la pelirosa.
Sakura estaba a punto de contradecirlo, no quería que fuera él quien decidiera el lugar, después de todo la afectada aquí era ella. Pero no pudo contestarle porque al segundo siguiente sonó el Bip del teléfono.
Sasuke le había cortado… por segunda vez.
– ¡Miserable! –exclamó mirando el aparato con infinita rabia. –No puedo creer que lo haya hecho de nuevo. –espetó apretando los dientes para evitar chillar una blasfemia que espantaría a la ojiblanca.
–Tranquila… –habló Hinata, acariciándole un hombro. –P-Piensa que en el momento en que se junten, nosotras e-estaremos husmeando en su habitación. Y él no tendrá idea de nada… –la consoló con una pequeña sonrisa.
Sakura la observó sorprendida.
Por lo general, Hinata no es de lanzar bromas de ese tipo, por lo que fue bastante inesperado oír ese comentario de ella. Pero igualmente agradecía su buen humor en estas circunstancias.
–Gracias. –le dijo relajando sus músculos y devolviéndole la sonrisa.
– ¡Quién lo diría! Eso fue muy extraño viniendo de ti, Hina-chan. –se sorprendió Ino, mirándola con las cejas alzadas. –Pero, bien dicho. –asintió la chica, satisfecha.
Hinata se sonrojó levemente pero no dejó que la vergüenza la callara, y en lugar de eso dijo.
–E-Es mejor que nos preparemos. –
Como si le hubiesen mandado una señal, el teléfono de Sakura vibró recibiendo un mensaje. Con curiosidad abrió la carpeta de mensajes y vio que el número de Sasuke le había mandado una dirección y hora en donde se realizaría el encuentro.
–Aquí es… –apuntó la pelirosa.
Hinata e Ino observaron la dirección con las cejas fruncidas. Efectivamente, Sasuke le envió la dirección del parque que estaba cercano a su casa y abajo, la hora en la cual se verían.
Tenía dos horas para elaborar una estrategia antes del encuentro con Sasuke y así poder obtener lo que tanto quería y necesitaba saber.
Solo esperaba que todo saliera bien.
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El cielo grisáceo tapaba todo rayo de luz en la ciudad, pero no hacía frío en absoluto. De vez en cuando soplaba una brisa que hacían revolverle los cabellos rosas. Se llevó un mechón tras la oreja, pensativa.
Las tres chicas estaban a una cuadra del parque en donde aparecería Sasuke en veinte minutos. Se miraba la una a la otra tomando valor a lo que estaban a punto de hacer.
Tomando en cuenta la experiencia que tuvieron al enfrentarse a Suigetsu y a Sasuke en la plaza, Ino se dio el tiempo de ir a su hogar para traer su auto, ya que si las llegaran a pillar no tendrían que correr como la última vez. Y de paso, pudo cambiarse el uniforme de la escuela por algo más cómodo –Por si tuvieran que escalar al segundo piso para entrar a la casa del Uchiha, o algo así. –Mientras que Sakura le prestaba algunas de sus prendas a Hinata y así, tanto ella como la rubia, estarían mejor preparadas por si las circunstancias lo ameritasen.
– ¿Un último repaso? –preguntó dudosa la rubia. Sakura la observó de la misma manera, pero se dijo a sí misma que nada iba a salir mal.
Nada debe salir mal.
–P-Por favor. –pidió la ojiblanca, con sus manos temblando levemente al imaginarse a ella y a Ino invadir propiedad privada. Se le hizo un nudo en el estómago de solo pensarlo.
–Tú y yo vamos a escondernos al frente de la casa de Sasuke y una vez que él salga, le enviaremos un mensaje a Sakura para que se prepare. –dijo señalando a la pelirosa, quien intentó todo lo posible de no apartar la mirada. –Luego nos infiltraremos. Una vez adentro, tú vigilaras por la ventana por si se acerca alguien, mientras que yo busco en su habitación la computadora y guarde toda la información que encuentre aquí… –dice sacando de su bolsillo un pendrive de color rojo, perteneciente a Sakura. –Después nos iremos y le enviamos otro mensaje a Sakura, avisándole que lo hemos logrado. –termina de explicar.
Escuchándolo así, sonaba muy sencillo. Ahora la cosa era tomarlo en práctica y en un solo intento. Sakura a pesar de alentarse a sí misma de que todo iba a salir acorde lo planeado, no podía dejar de pensar en los posibles fallos que podían ocurrir.
Era como un efecto mariposa; si algo fallaba o cambiaba, todo lo demás sería impredecible. Ya no podrían analizar en otra estrategia, esto sería una carrera contra el tiempo en donde la improvisación y la buena racha serían su único aliado.
–Hagámoslo. –decidió la pelirosa. Observó cómo ambas chicas inhalaban una gran cantidad de aire antes de pararse derechas y asentir a su dirección.
–Hagámoslo. –repitió la rubia, tomando la mano de la ojiblanca y comenzar a caminar hacia su auto.
De pronto, Hinata se detuvo para mirar a la pelirosa que estaba parada en su posición, sin moverse. Apretó los labios antes soltar las palabras.
–Buena suerte… –murmuró, sabiendo lo nerviosa y asustada que debe estar sintiéndose.
Sakura parpadeó, alejando sus turbios pensamientos que habían empezado a formarse en torno al inevitable encuentro que tendría en minutos con el Uchiha. Solo esperaba que la situación no se descontrolase como la última vez.
–Ustedes también. –asintió la pelirosa, viendo como una vez más las chicas partían en dirección a su auto, pero antes de que la rubia tan si quiera abriera la puerta, le sonrió.
–Tú puedes. –la alentó la chica y sin esperar una respuesta, se subió a su auto marchando rumbo a la casa del Uchiha.
Entonces se quedó sola…
Se quedó sola, y con ella sus pensamientos, que no eran para nada agradables respecto a lo que estaba a punto de hacer.
Por un lado, su mente le gritaba que esto era una pésima idea, que no debería de estar allí, que saliera corriendo antes de que él aparezca. Tenía claro que era su instinto hablando por ella, diciéndole que resguardase su seguridad antes que a nada. Pero por el otro lado, lo único que quería que todo esto terminase de una vez, que ya era tiempo de dejar de temer y enfrentar la realidad, y si este era el medio para conseguirlo…
Entonces que así sea.
Inhaló y exhaló por la nariz, relajando sus músculos y se encaminó hacia el parque con el pecho hecho una maraña de emociones, que pronto se transformaría en algo más al darle cara, por fin, a la persona que la ha estado torturando todo este tiempo.
Paró su caminar al visualizar el parque.
Su corazón comenzó a latir con anticipación y su respiración se le estancó en la garganta. Él ni si quiera estaba allí y ya sentía que su mundo se empequeñecía formando muros a sus costados, apretándola y ahogándola en ansiedad. Sus manos sudaban entre sus vendas, las agitó para secarlas y casi ni notó el dolor punzante en las heridas de sus nudillos, dándose cuenta que ya no eran necearías las vendas.
El cambio del rumbo de sus pensamientos hizo que la ansiedad disminuyera considerablemente, y que su respiración volviera poco a poco a la normalidad.
Quizás cuando llegase a casa podría quitárselas y las examinaría para ver si las costras se encontraban bien. Dudaba que esas heridas le dejasen alguna cicatriz a pesar del sangrado excesivo que sufrió en esa ocasión, no era algo para alarmarse. Solo se lamentaba de no poder entrenar como siempre lo hacía. Esta mañana no fue muy productivo que digamos, pero al menos pudo…
Sus vagos pensamientos fueron interrumpidos al verlo aparecer en el parque.
Y la ansiedad que había perdido volvió como nunca antes, golpeándola en pecho como un puño de hierro, dejándola sin aire.
Sin ser consciente, sus pies comenzaron a retroceder en un intento de alejarse de allí.
Sasuke caminaba con increíble calma. Las manos en los bolsillos y esa pose indiferente que tanto detestaba, es lo que pudo apreciar de su postura. Sin embargo, lo que más le llamó la atención y lo que más la desconcertó, fue en cómo iba vestido.
Camisa semiformal, jean ajustados, una chaqueta negra increíble…
A todas luces Sasuke lucía como si fuera a ir de fiesta o algún lugar importante. A lo mejor iría a otra parte luego de hablar con ella, y si era así ¿A dónde iría? ¿A quién vería? ¿A Suigetsu, tal vez?
Podría esconderse y seguirlo para ver si la conducía a Suigetsu y ver qué tan familiarizados son esos dos. Según Naruto, Sasuke conoció a Sugetsu a través de sus amigos ricos que tanto frecuenta, pero ¿Qué tan cercanos son realmente? ¿Era probable que…?
Una pregunta que no había considerado, cruzó por su mente.
¿Era probable que Sasuke consiguiera las drogas de Suigestu? ¿Sasuke pudo acceder a ellas por el benefactor de Suigetsu o del mismo Suigestu?
Eso es otra pregunta que tendría que averiguar pronto.
Vio como paraba de caminar a un lado de una banca, pero no se sentó. En su lugar sacó el teléfono de su bolsillo para, al parecer, ver la hora en que se supondría que tendría que llegar.
Tragó grueso, obligando a sus pies a detenerse y esconderse detrás de un poste de luz.
Sacó la cabeza lo suficiente para verlo suspirar con impaciencia y revolverse los cabellos. Esta vez, se sentó en la banca con los brazos cruzados, pero a cada segundo que pasaba podía percibir su impaciencia al ver como movía su pierna constantemente, y sacaba a cada pocos segundos su teléfono y lo volvía a guardar en el bolsillo de su chaqueta.
Cuando pensó que ese gesto se repetiría, vio con asombro como se acercaba el teléfono al rostro y comenzaba a arreglarse los cabellos enmarañados que se había hecho al revolvérselo con anterioridad. Estaba usando el teléfono como espejo para arreglarse y verse más presentable de lo que se veía vestido así.
Ese gesto no era común en él. De hecho, si no lo conociera diría que… que…
Oh…
En los ojos de alguien más, esa impaciencia podría ser confundida por nerviosismo. Ese buen vestir, cualquiera diría que estaba esperando a alguien y más al ver a cada segundo la hora desde su teléfono, mismo que usaba para observar su rostro y arreglar su cabello. Como sí…
Como si fuese una cita.
Oh, no.
Cuando le dijo que se juntaran a hablar, era precisamente para eso y nada más ¿cierto?
Ella fue bastante concisa y fría con eso, no había forma para que él malinterpretara la conversación. ¡Ni si quiera podía llamarlo conversación!
Bajó su vista hacia su propia vestimenta.
Llevaba la misma pollera blanca y jean cómodos de esta mañana. No había pensado en cambiarse o arreglarse, a lo más se había lavado los dientes después de haber almorzado, ni si quiera pensó en traer una sudadera o un abrigo por si acaso. Ahora se sentía un poco fuera de lugar presentarse así frente a él cuando…
Sacudió su cabeza alejando sus pensamientos, se dedicó a mantener la cabeza fría y deducir que ese comportamiento extraño y esa vestimenta debe ser por otra cosa y no en esa estupidez que se le ocurrió de… de la nada.
Miró la hora a través de su teléfono. Debía de aparecer en menos de cinco minutos, sino él pensará que lo había dejado plantado, cosa que no es mala idea a decir verdad. Pero tenía que hacerles tiempo a las chicas, por el contrario no hallarían el video.
Cerró los ojos por un momento, tomando valor para lo que estaba a punto de hacer. Concentró su mente en blanco, así no pensaría ni reflexionaría en lo horrible que es esta idea, sino se iba a arrepentir, eso seguro.
Caminó a pasos vacilantes a su dirección.
Estaba a metros de llegar cuando ve que Sasuke levanta su mirada hacia ella.
Un nudo se le formó en el estómago al chocar con sus ojos negros.
Paró su caminar, no pudiendo seguir avanzando hacia él. Todo su cuerpo le gritaba que se diera la vuelta y saliera corriendo como alma que lleva el diablo, dejando todo atrás, sin importar absolutamente nada. Pero su mente le decía que es por un bien mayor, refiriéndose a la verdad que podía conseguir si daba con el video.
"De acuerdo, por la verdad." –pensó antes de seguir avanzando hacia él.
Sasuke se levantó de la banca con ese aire imponente que lo caracterizaba. Una actitud muy mierda si se lo preguntaban a la pelirosa, la viva imagen del narcicismo. Ella detestaba que se luciera de esa manera tan prepotente, un idiota que se cree mejor que los demás ¿y por qué?, ¿Por tener dinero?, ¿Por ser considerado como niño bonito? ¿Qué un montón de chicas estúpidas estén detrás de él, porque ven su seriedad y su falta de expresividad como algo atractivo?, ¿Es en serio?
Una profunda mueca se formó en su rostro una vez que estuvo frente a él. El miedo que sintió todo el tiempo se esfumó y fue remplazado por la rabia y el asco al ser consciente la clase de persona que era el tipo que estaba frente suyo.
Vaya mierda.
–Viniste. –habló el Uchiha. Frunció el ceño al verla de pies a cabeza.
Por su parte, Sakura sonrió con sorna. Sabía muy bien el porqué de su descontento.
– ¿Esperabas que no lo hiciera? –inquirió sin dejar de sonreír. –O a lo mejor te molesta mis fachas. –no pudo reprimir el sarcasmo, recorriéndolo con la vista de la misma manera en que él lo hizo, intransigente.
Disfrutó el silencio que sus palabras produjeron en Sasuke.
A él no le hacía gracia la voz lacónica e inflexible que ella estaba utilizando, como si lo estuviera imitándolo de forma burlesca.
–Esperaba que la situación se diera de otra forma. –contestó con simpleza, no dejando que las palabras de la pelirosa lo afectaran.
Sakura frunció el entrecejo, pero de inmediato volvió a su expresión seria antes de que él notara su confusión.
No había captado la indirecta, ni tampoco entendió el tinte desilusionado en su voz. Lo único que quería era irritarlo con su sarcasmo, provocarlo para que le contestarla con otro comentario más ácido y así, ella tendría un motivo para golpearlo… de nuevo.
–A lo que vinimos. –demandó la pelirosa inflando su pecho, autoritaria. Pero en realidad lo hacía para sentirse más valiente y apagar la alarma que vibraba en su mente.
"Corre. Corre. Corre."
Sus dedos apretaron sus palmas hasta estrujar sus vendas, el dolor que le provocaron en sus heridas fue suficiente para alejar sus miedos a un lado y concentrarse en la sensación picosa y molesta de sus nudillos.
–Suigestu. –habló el Uchiha, llamando la atención de Sakura.
–Dijiste que él no me delataría… –dijo bajando el volumen en su voz. Aunque era un tema importante por la cual debían aclarar, ella no esperaba hablar precisamente del peliblanco sino, de la historia que le confesó sobre él.
Pero ya que ella misma tocó el tema, debía guardar sus preguntas por el momento.
–Y no lo hará. –afirmó con seguridad. No obstante, sus ojos negros la observaban inquietos, había algo que no estaba diciendo.
–Pero… –lo incitó a continuar, recordando la conversación del hospital.
–Él no dejará las cosas así. –sus palabras sonaban más serias cuando se lo decía de frente que por teléfono, causando que la preocupación le llenara el estómago. –Fue una estupidez lo que hiciste. –la reprendió parándose con rectitud.
Sakura se sintió pequeña al ver como él dejaba que su porte la envolviera de forma pertinaz y absorbente. Tragó grueso antes de que la rabia la consumiera y quisiera arremeter contra él como a Suigestu.
–No me arrepiento de nada. –espetó mirándolo a los ojos, enfrentándolo. Así no se sentía tan pequeña. – ¿Cómo estás tan seguro de que no hablará? –inquirió.
Naruto le había dicho que Suigestu huyó del hospital. No tenía que ser un genio para saber que él no quería enfrentarse a la policía, y quizás era esa la respuesta a su pregunta. Sin embargo, quería confirmarlo o al menos, descartar otras posibilidades que no había considerado o de las que no estaba al tanto.
–Solo lo sé y ya. –cortó de cuajo su intromisión. –Lo único que necesitas saber es que me encargaré de Suigetsu. –sentenció, no dejando a lugar a réplicas.
Sakura guardó silencio por unos segundos.
No había ni una pizca de compasión en su voz. Él sabía muy bien la mierda que había pasado por su culpa, la angustia y el miedo que la acompañó desde que él comenzó a seguir su sombra, la había orillado a cometer estas "estupideces", y todo por la necesidad de saber la verdad que ocurrió entre ellos en esa fiesta. Y cuando al fin encontró a alguien que le dijera lo que tanto había estado buscando, todo se desmorona.
Sakura no era estúpida.
Tal vez era algo imprudente y tenía problemas con manejar su ira, pero definitivamente no era estúpida. Comprendía que no era sabio dar por hecho las acusaciones de Suigetsu, ya que después de conocerlo era más que evidente que el tipo no era de fiar, en absoluto. La arrogancia de su actuar, el destello malicioso y travieso en sus ojos, su tono de voz lleno de burla e ironía, y lo que más le molestó de ese sujeto, era esa imborrable sonrisa socarrona como si todo le resultara mucha gracia.
Ahora, observando los ojos de Sasuke, podía ver similitudes entre ellos dos. La arrogancia, petulancia y, en ocasiones, la malicia eran un factor común. Eran actitudes que debiesen hacerle dudar de él, pero en su lugar…
Recorrió sus pupilas negras, el contorno de sus ojos y hasta la forma de sus cejas, en busca de algo que la hiciese pensar que él mentía.
No lo encontró.
Pese a de su insípida respuesta y esa mirada que no demostraba nada, Sakura le creía.
–No confío en ti. –dijo la pelirosa con lentitud. Porque a pesar de todo, había cosas que eran difíciles de cambiar.
–Lo sé. –reconoció el Uchiha. Un atisbo de frustración cruzó fugazmente por sus ojos, cosa que no pasó desapercibido para la pelirosa. –Pero también sé, que al menos dejarás que me encargue de esto. –se sorprendió de la seguridad con la que habló, y pronto se dio cuenta que él también la estaba analizando.
Apretó sus labios con rabia. Le molestaba el hecho de que él pudiera ver detrás de ella, en cambió ella era incapaz de atravesar esa vieja muralla que había traspuesto en sus ojos. No podía darse una idea de lo que pensaba o interpretar sus indirectas. Podía en ocasiones comprender algunas de sus miradas, siempre y cuando él lo permitiera o cuando bajaba la guardia.
Como estaba sucediendo justo ahora.
Sasuke estaba siendo sincero. Tenía que ser inteligente y astuta en aprovechar esta ventana abierta que le estaba dando.
Sin dejar de mirarlo a los ojos, Sakura habló.
–No me has preguntado nada. –señaló. Ya se había fijado antes en ese detalle, pero había esperado para preguntárselo. – ¿No tienes curiosidad de saber la razón por la que golpeé a Suigetsu? ¿O por qué estaba con él, en primer lugar? –inquirió, esperando a que picara el anzuelo.
Sin embargo, Sasuke no dijo nada al respecto.
Eso la frustró aún más. Después de todo el acoso que recibió por su parte, encontraba extraño que él no haya preguntado sobre Suigetsu o que al menos demostrara interés en el tema. Decidió guardar silencio para obligarlo a que contestase sus inquietudes, pero todo su cuerpo proyectaba una frialdad insana que hizo que un escalofrío subiera por su columna.
Ya se estaba acostumbrando a esa molesta sensación.
– ¿Y bien? –insistió un poco más, pero nada salía de sus labios.
Sasuke simplemente se quedó allí callado, observándola directo a los ojos. Su mirada inexpresivamente oscura no hacía más que aumentar su ansiedad, haciendo casi imposible seguir manteniendo el contacto visual.
–No es necesario. –masculló el chico. La tensión se podía apreciar en su mandíbula apretada. –Ya creo saber por qué… –dijo con un tono amargo en su voz.
Sakura comprendió enseguida la mirada intensa del Uchiha. Por un segundo la respiración se le atoró en la garganta, sin dejar de ver sus ojos negros. No había duda alguna: Sasuke estaba afligido.
Esto no lo esperaba para nada, es decir, no esperaba que a él le afectara. Ni si quiera sabía que lo hacía… sentir así en realidad.
¿Por qué la miraba así?
Abrió la boca a punto de decir algo, pero se contuvo y cerró la boca. Siendo sincera, no quería saber la razón detrás de su mirada, aunque ya tenía una idea en mente, preferiría evitarla y no pensarla jamás. Pero los ojos negros de Sasuke no la dejaban en paz.
Bajó la vista.
Se supone que debía de encararlo. Se supone que debía de exigirle explicaciones respecto a su conducta de hace meses. Se supone que debía de golpearlo y masacrarlo hasta dejarlo peor que Suigetsu por lo que, supuestamente, le hizo.
Pero hasta ella misma comenzaba a dudar de las palabras de Suigetsu.
–Ya fue suficiente. –habló de repente, Sasuke. La pelirosa levantó rápidamente su vista hacia él. –Trata de no estar en la calle a altas horas de la noche, ni mucho menos sola. Suigetsu no sabe nada de ti, pero lo descubrirá. –le aconsejó. Sasuke se llevó las manos a los bolsillos de sus jean y comenzó a retroceder.
Sakura dio un respingo ante sus palabras, pero lo que más le asustó es lo pronto que la conversación estaba acabando. Se apresuró en hablar.
– ¡Espera! –se adelantó, pensando velozmente algo en lo que decir. –Aún queda muchas cosas por aclarar… –dijo con apuro, acercándose a él.
–Creo que será en otra ocasión. –respondió con extraña dureza. Giró sobre su eje y comenzó a caminar rumbo a su casa.
Sakura sacó rápidamente su teléfono y lo revisó: no había mensajes de Ino ni de Hinata. Lo que significaba que aún se encontraban dentro de la casa de los Uchiha's.
Como un rayo, Sakura fue corriendo detrás de él. Lo agarró de un brazo y lo obligó a que voltease a verla de frente.
– ¡No hemos terminado de hablar! –espetó. Sin embargo, la valentía le duró poco al ver como Sasuke alzaba sus hombros y dejaba la espalda recta, casi de forma amenazadora. Sakura se alzó de la misma manera, aunque apenas le llegase al mentón, se negaba a dejarse intimidar. –No me has dicho prácticamente nada, Sasuke. Vine aquí por respuestas y me las vas a dar, te guste o no. –dijo con el cuerpo tenso, pero sus palabras fueron claras, ella no lo iba a dejar ir hasta obtener lo que quería.
Las miradas de ambos se encontraron en una batalla silenciosa por el poder y el dominio de la situación. Puede que Sasuke tenga la habilidad innata en ejercer autoridad con su presencia, pero podía jurar que con ella no la tendría nada fácil.
– ¿Qué es lo que quieres saber? –inquirió el chico, sin dejar de observar sus grandes ojos verdes, pudo ver como estos se iluminaban al escucharlo. Sasuke tragó saliva dificultosamente.
–Suigetsu ya me lo dijo, lo que pasó esa noche quiero decir. –dijo la pelirosa, relamiendo sus labios antes de seguir hablando. –Pero eso ya lo sabías, por eso no me preguntaste sobre Suigetsu. –lo confrontó, rememorando su mirada oscura y afligida. Era una expresión que sería difícil olvidar.
–A qué quieres llegar, Sakura. –su voz salió entre un suspiro cansado y molesto.
La pelirosa tomó una gran bocanada de aire antes de hablar. Lo que estaba a punto de decir iba a ser algo contradictorio a todo lo que había dicho y gritado a las chicas. El miedo y el asco que más de una vez había reclamado a viva voz, serían solo un eco al final del túnel. Diría lo que había callado todo el camino hasta aquí.
–No puedo… creer todo lo que dijo Suigetsu. –confesó en un murmullo casi tembloroso, pero se obligó a retomar su postura firme antes de continuar. –Es por eso que quiero que me lo digas tú. Quiero que me cuentes tu versión de la historia. –
Hubo un pequeño silencio.
Lo que pedía, lo que tanto quería saber…
–Es lo que tanto temes, ¿no es así? –inquirió de repente, Sasuke. Sus negros ojos la miraron con profundidad, analizando el confundido rostro de la chica. –Dime Sakura, ¿le temes más a lo que ocurrió, o lo que llegó a significar para mí? –la pregunta la tomó de golpe.
Sakura se hizo para atrás, totalmente impresionada. Pero ante todo pronóstico, Sasuke dio un paso a su dirección, tomando su terreno y parte de su espacio personal, descolocándola aún más.
–Yo… no… ¿qué? –balbuceó consternada la pelirosa.
Definitivamente, eso no lo esperaba.
Al ver que la chica no salía de su estupor y que en cualquier segundo entraría en un colapso mental, Sasuke se hizo para atrás.
Sakura lo sintió como volver a respirar.
–Olvídalo. –dijo el Uchiha soltando un bufido burlón, pero sonó tan hueco que ni él mismo se lo creyó. –Olvídalo. –volvió a decir antes de darse la vuelta y marcharse nuevamente.
Estaba vez, Sakura tardó varios segundos en reaccionar. Cuando por fin recuperó sus treces, vio con horror en como Sasuke se acercaba cada vez más a su hogar.
Obligó a sus piernas a moverse y a empezar a correr de nuevo tras él.
–¡No te vayas! –gritó asustada, pero Sasuke no la escuchó. La ignoró por completo y siguió su camino. En un acto desesperado, Sakura tomó por segunda vez su brazo y lo tironeó con violencia hacia ella, trastabillando un poco. – ¡No puedes irte! ¡No puedes dejarme así! –se le escapó decir.
Todavía afirmaba su brazo con ambas manos, demasiado cerca de ella. Lo soltó de inmediato como si quemara y se posicionó frente a él.
Sasuke la miraba de la misma manera que siempre: sin demostrar nada. Pero ella sabía de algún modo que sus palabras lo habían afectado tanto como a ella misma. Sin embargo, no tenía idea de qué forma habrá interpretado sus palabras, siendo que ni ella se entendía del todo.
¿Por qué se comportaba como una grandísima idiota frente a él? ¿Por qué las cosas que pensaba salían totalmente diferentes al abrir la boca? ¿Eran nervios o sus miedos los que hablaban por ella?
Sakura no se entendía a sí misma en absoluto.
– ¿Qué es lo que realmente quieres saber, Sakura? –siseó en voz baja, era un cuestionamiento tan confidente como determinante. Sakura no llegaba a comprender en qué momento se habían intercambiado los roles, ahora era él quien hacia las preguntas.
No sabía muy bien a qué responder a eso. Todo lo que quería era saber la verdad de esa noche, pero muy en el fondo, algo le decía que no era del todo cierto, y que él sabía muy bien el por qué.
Sin poder aguantar más sus penetrantes ojos negros, Sakura esquivó su mirada y la dirigió a un lado de él, pensando la mejor forma de librarse de la situación. Pero al instante algo captó su atención; a unos metros de distancia estaba la casa de los Uchiha´s, y vio con asombro, en como sus amigas salían con torpeza de la primera ventana que se encontraba en el primer piso de la estancia.
Ino fue la primera en salir a tropezones entre la maleza que adornaba justo debajo de la ventana y se giraba de nueva cuenta para ayudar a Hinata quien, siendo la más pequeña de las tres, le estaba costando trabajo afirmase con los pies en el marco de la ventana. Volvió su vista hacia Sasuke para que no sospechara que había vislumbrado algo, y concentró toda su energía en no mirar de nuevo hacia ellas.
–Bien… –la cruda voz de Sasuke la traspasó como un manto helado. –Adiós. –se despidió escuetamente. La pelirosa dio un respingo al ver que intentaba, nuevamente, darse la vuelta.
– ¡NO! –exclamó más fuerte de lo que le hubiera gustado. – ¡Sentimientos! ¡Tú quieres hablar de sentimientos! ¿No es así? –esta vez el temblor de su voz fue demasiado evidente, y quizás por eso llamó significativamente a Sasuke.
– ¿Qué quieres decir con eso? –si Sakura no estuviera tan preocupada por las chicas, a lo mejor se hubiera percatado de la forma en que habló el chico.
Sakura estaba a punto de hablar cuando su mirada viró de nueva cuenta hacia las chicas, y vio con horror, como Hinata trastabillaba con el marco de la ventana y caía ruidosamente entre la maleza.
¡CRACK! ¡CRACK!
El inconfundible sonido de las ramas y hojas siendo pisadas con torpeza, fue escuchada con claridad hasta donde estaban ellos. Como si fuese en cámara lenta, vio con pánico en como Sasuke giraba su cabeza hacia atrás para ver de dónde provenía el ruido. Miró una vez más a las chicas, Ino ayudaba a Hinata a levantarse del suelo, pero ya era tarde. Sasuke estaba a punto de atraparlas in fraganti.
En un acto desesperado, lo tomó de los hombros y la acercó a ella.
En realidad no lo había pensado, solo tenía la idea de evitar que él girara hacia atrás para que no viera lo que estaba pasando. Pero al momento en que lo acercó a ella supo que había hecho mal, Sasuke estaba demasiado cerca de ella, y si de por sí sus palabras anteriores lo habían confundido, ahora podía estar segura que esta acción lo habrá acomplejo aún más.
En circunstancias así, debió de haberse explicado u haber dicho cualquier cosa, lo que sea. Pero en su lugar, desvió su mirada en las chicas para asegurarse de que se habían ido. Grave error.
Ino aún seguía ayudando a Hinata a levantarse, pero la pobre chica había atorado su pie entre la maleza, y entre los nervios y el apuro de salir de allí, no hacían más que enredarse entre las hojas.
Otro ruido de las chicas alertó a Sasuke.
Esta vez Sasuke frunció el ceño hacia la pelirosa cuando la pilló mirando encima de su hombro con ojos asustados. Sakura ya no tenía tiempo para idear un plan. La mirada astuta de Sasuke le indicó que él ya estaba comenzando a sospechar de ella. No tenía tiempo, debía de actuar, ya.
Tragó saliva.
Momentos desesperados, medidas desesperadas.
Antes de que Sasuke uniera cabos, antes si quiera darle tiempo a darse la vuelta; Sakura apretó el agarre en sus hombros, sintiendo como las heridas se apretujaban dolorosamente entre las vendas de sus manos, pero no le importó. Se levantó de puntitas con los hombros tensos, y tomó una gran bocanada de aire antes de acercarse de sopetón hacia a él.
Sakura hizo la última cosa que imaginó que podía llegar a hacer.
Cerró los ojos con fuerza y, sin pensar ni reflexionar nada, estampó su rostro con el de Sasuke. Sintió como los hombros del chico se tensaban entre sus manos, su cuerpo entero no reaccionaba ¡hasta ella misma se había quedado petrificada!
Sí, Sakura lo estaba besando.
O más bien, lo intentaba, porque solo había pegado sus labios a los suyos, sin moverse.
¿Pensaron que al besarlo, mágicamente, el amor florecería en su corazón? ¿Qué ese beso duro y el más incómodo de su vida, se convertiría en uno lleno de pasión y desenfreno? ¿Qué olvidaría el acoso de Sasuke diciendo, como las típicas películas clichés, "es que lo hizo por amor" y suspiraría por él de repente? ¿O tal vez, se olvidaría que la drogó aquella noche para hacer lo que quisiera con ella, ya que era más importante lo que significó para él de lo que significó para ella?
¡Qué barbaridad!
Sakura seguía sin moverse con los ojos fuertemente cerrados. La inmovilidad de Sasuke la hacía sentir que estaba besando a una estatua, y todavía no acababa de decidir si eso era bueno o malo cuando, de pronto, sintió los dedos masculinos del chico acariciar sutilmente su costado. Los hombros antes tensos, se desinflaron con lentitud entre sus inseguras manos, y pudo sentir nuevamente una caricia en su otro costado. Sasuke había colocado sus manos en torno a su cintura.
Ahora era el turno de Sakura de abrir los ojos espantada.
Sasuke estaba ejerciendo cada vez más presión sobre sus labios, pero no fue hasta que sintió moverlos cuando cayó en cuenta en qué se había metido. Literalmente.
No podía pensar. No podía reflexionar en nada. Solo podía quedarse allí con la mente en blanco, sintiendo como Sasuke atrapaba su labio inferior con los dientes y apretaba con delicadeza, como una suave lisonja en su boca.
Su corazón dio un fuerte salto, y se le estancó en la garganta. Tensó un más sus dedos contra sus hombros, asustada. Sin embargo, Sasuke interpretó mal su señal, porque aumentó la intensidad de sus besos, haciéndolos más profundos e insistentes.
Esta vez, su cuerpo entero reaccionó y no de muy buena forma.
Intentó hacerse hacia atrás, pero Sasuke levantó una mano hacia su cuello y la acercó descaradamente hacia él, profundizando más el beso. La cabeza de Sasuke se inclinó hacia un lado para mejor acceso a su boca, y fue en ese instante en que Sakura pudo ver por el rabillo del ojo a las chicas.
Apenas vislumbró un manchón rubio cruzar la calle opuesta de la vivienda de Sasuke, pero aun así desde esa posición lo supo: tanto Ino como Hinata, lograron escapar exitosamente del hogar de los Uchiha's.
Inmediatamente, aferró sus manos en los hombros de Sasuke y, con extrema violencia, lo empujó lejos de ella. Inhaló una gran cantidad de aire que no sabía que lo había estado reteniendo, y vio como Sasuke trastabillaba hacia atrás con el rostro entre extrañado y confundido.
El cuerpo de la pelirosa temblaba de pies a cabeza, pero no era por temor o nervios, sino de una rabia ciega, casi iracunda. Su rostro comenzó a colorearse de un tono rojo intenso, y los ojos llameaban de una forma tan asesina como mortal, fijos en Sasuke como su principal y único objetivo de su rabia. Esta sensación ya la había sentido antes, como un volcán a punto de expulsar llamas desde su interior, amenazando con destruir todo a su paso. Pero no le importaba en absoluto, lo único que quería era precisamente eso: estallar.
Observó a Sasuke mirándola con el ceño fruncido en desconcierto, y antes de que él pudiera pensar en otra cosa, se acercó a dos grandes zancadas, levantó su rodilla derecha y, con la fuerza con la que se caracterizaba, le dio un duro y certero golpe en sus partes nobles.
Un férvido destello de deleite cruzó por sus ojos verdes al ver como Sasuke perdía el aliento y ahogaba un grito que, supuso, sería de auténtico dolor. Se arrodilló en el suelo llevando sus manos justo debajo de su pelvis con los hombros y brazos increíblemente tiesos, y el rostro tan pálido como un muerto.
No esperó a que se recuperara, pero si se quedó un par de segundos más para regocijarse de su dolor y de esa pose tan humillante como placentera a la vista. Luego, simplemente se dio la vuelta y comenzó a correr a toda velocidad sin mirar atrás en ningún momento, con el fuego del recuerdo grabada para siempre en su mente y (aunque no quisiera) en sus labios.
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–Sa-Sakura-chan… –llamó la ojiblanca tocando la puerta. Tanto Ino como Hinata se encontraban afuera de la puerta del baño de la pelirosa.
Luego de salir huyendo en el auto de la rubia con el corazón palpitando a mil por hora, se dirigieron a toda velocidad hasta la casa de Sakura. No hablaron en todo el camino, ya que el miedo y el pánico de ser casi descubiertas les habían quitado el aire, por lo que esperaron hasta llegar a la seguridad del hogar de la pelirosa para recién hablar con más calma. Sin embargo, apenas cruzaron la puerta, Sakura se encaminó rápidamente hacia el baño y no ha salido desde entonces.
–Sakura-chan… llevas más de quince m-minutos allí, ¿estás bien? –se inquietó la chica dando leves golpecitos en la puerta, temiendo que la pelirosa fuera a enfurecerse con ella.
Sakura dejó el cepillo de dientes junto al de su madre y se observó en el espejo. Con la respiración temblorosa y la boca ligeramente abierta, Sakura no dejaba de notar la perturbación dibujada en sus facciones. Las gotas de agua caían de su boca recién enjuagada; era la segunda vez que se lavaba los dientes, y aun así se sentía una molesta y desagradable sensación en toda la zona bucal. No importa el tiempo y el empeño que hacía con el lavado, la sensación no se iba.
"Porque no está en tu boca, estúpida. Está en tu cabeza." –se reprochó a sí misma, pero un deje desasosiego cruzó por sus ojos sin poder evitarlo.
Tomó la toalla que estaba a un lado suyo para limpiarse la boca, y volvió su mirada por última vez al espejo. No podía hacer nada por cambiar esa mirada extraña, pero tampoco era algo que quisiera hacer a decir verdad: estaba cansada de fingir valentía y fortaleza cuando sentía que no la tenía.
Salió del baño.
Al abrir la puerta se encontró de frente a la ojiblanca, quien dio un respingo del susto al verla tan seria.
–S-S-Sakura-chan… –tembló la muchacha llevándose las manos al pecho. – ¿Te e-encuentras bien? –preguntó bajito, pero lo suficiente para que la peliorsa la escuchara.
– ¿Lo lograron? –inquirió, ignorando olímpicamente su pregunta.
Hinata abrió y cerró la boca varias veces, hasta que decidió sellar sus labios en una fina línea y desviar su mirada hacia el otro lado. Sakura vio en ese gesto una muy mala señal.
Rogaba a todos los cielos que no fuera lo que estaba pensando.
Como Hinata no le decía nada, giró su vista hacia la rubia quien estaba extrañamente callada, sentada en el suelo con la espalda recargada en la pared frente a ellas. Ino la miraba entre el miedo y la culpa, y supo en ese instante que tenía razón.
–No estaba solo. –dijo mirándola a los ojos.
Sakura frunció el ceño.
– ¿Qué? –farfulló, sin comprender. –Eso es imposible. Naruto dijo que sus padres no estaban, entonces ¿Cómo…? –dejo la frase a medio terminar, esperando a que la rubia se explicara.
–No eran sus padres, eso seguro. –dijo con firmeza. Se relamió los labios antes de continuar. –Pero había alguien más en esa casa. Era joven, quizás algunos años mayor que nosotras. No alcancé a ver su rostro, solo pude ver una espalda ancha y cabello negro recogido… se sentó en el sillón en donde estábamos escondidas… no pudimos hacer nada, hasta que se levantó al baño. –
– ¡P-Pero había pasado ya mucho tiempo! –interrumpió Hinata asustándose cada vez más por la expresión que estaba adquiriendo Sakura. –n-no sabíamos cuánto i-iba a tardar, así que c-cuando desapareció p-por el pasillo… ¡s-salimos como p-p-pudimos! –Hinata tartamudeaba más que nunca.
De pronto, un denso e incómodo silencio se formó entre ellas. Pero ni Ino ni Hinata se atrevían a romperlo, como si temiesen a que la pelirosa llegara a explotar como un globo.
Lo que no sabían, es que ya lo había hecho. Dos veces.
–Itachi… –musitó en voz alta. –Sasuke tiene un hermano mayor, se llama Itachi. –dijo con voz hueca. No entendía como pudo pasar por alto ese detalle…
Su mente la llevó a un fugaz pero potente recuerdo de la niñez. Sakura lo había visto solo en una ocasión cuando tenía ocho años, y a pesar del tiempo lo recordaba muy claramente.
Una sonrisa triste se formó en su rostro. ¡Y como no hacerlo! Itachi era mucho más grande que ella: era alto y varonil con un aire tranquilo y pacífico, y esa mirada comprensiva y cálida… fue el primer chico que le dijo que era bonita.
Sacudió la cabeza, en un intento de sacar esos recuerdos de su mente.
De seguro lo dijo por lástima. Ella era una niña de cabello muy corto que usaba ropa holgada y varonil, el rostro hinchado y moreteado por los golpes que le había dado Kizashi, en ese entonces, fue que Itachi la conoció. A lo mejor se dio cuenta que no era del tipo que recibía muchos elogios por su apariencia, por lo que decidió decir algo agradable a esa pobre chica de mirada triste. Un lindo gesto, proveniente del hermano mayor del idiota más grande.
– ¡¿Sasuke tiene un hermano?! –exclamó sorprendida la rubia, interrumpiendo las divagaciones de la pelirosa. –Vaya… suena lógico. –dijo rememorando la silueta de aquél muchacho.
–Lo-Lo siento mucho, Sakura-chan. –habló la ojiblanca, con la culpa filtrándose por su voz.
Sakura parpadeó.
– ¡Oh! No, no te preocupes, Hina-chan. Todo está bien. –la tranquilizó con una sonrisa conciliadora.
No, nada estaba bien.
– ¡P-Pero no hemos conseguido el video! Ahora como… –
–Ya veremos luego. –la interrumpió, agrandando más su sonrisa. –lo importante es que no las descubrieron y fueron inteligentes en salir de allí. –agregó al ver que Hinata abría la boca para refutar.
–Sakura… –la llamó Ino con delicadeza. – ¿Qué pasó con Sasuke? –
– ¿Qué pasa con él? –preguntó con más brusquedad de lo que hubiese querido. Carraspeó para disimular la ira que siseó sin pretenderlo. – ¿Qué pasas con él? –dijo esta vez con más calma.
– ¿Cómo lo entretuviste? ¿De qué hablaron? –inquirió la rubia, observó como un pequeño espasmo crispaba en los labios de la pelirosa.
–Nada. –respondió tajantemente. –Solo… dijo que tuviera cuidado con Suigetsu, es todo. –añadió para no ser demasiado pesada con ellas. No era su culpa, no debía de desquitarse con ellas. –Lo siento yo… esto no ha sido una buena idea. –dijo sacudiendo la cabeza.
– ¿Y cuándo lo ha sido? –bromeó la rubia. Sin embargo, tenía toda la razón: ninguna de sus ideas han dado resultado. Se levantó del suelo y apoyó una mano en el hombro de Sakura. –Ya se nos ocurrirá algo más tarde. Ahora tienes que descansar y despejar tu cabeza, que de seguro te estás haciendo añicos después de tanto drama… –rio dándole unas palmaditas en su hombro.
Sakura solo pudo asentir con la cabeza, no confiaba en su voz para decir algo más.
–Creo q-que deberíamos irnos, se hace tarde… –señaló Hinata, mirando su reloj de muñeca. Eran pasadas las seis.
Sakura las acompaño hacia la puerta y se despidió de ellas, pero Hinata (quien más culpabilidad sentía ya que por ella casi las descubren al tropezar en la maleza) le dio un enorme y apretado abrazo que la dejó casi sin aire. No obstante, la pelirosa agradeció el gesto y le regaló la sonrisa más auténtica que pudo hacer ese día.
–Nos vemos mañana… –se despidió por última vez antes de adentrarse al auto de Ino y perderse por las calles.
Sakura soltó un largo suspiro al verlas desaparecer. Levantó la mirada al cielo gris y sin vida, con las nubes más densas de lo normal, al parecer llovería esa noche. Hizo una mueca.
No le hacía mucha gracia tener que escuchar los incesantes sonidos de las gotas de lluvia chocar contra las ventanas. Desde niña siempre le había parecido que alguien las golpeaba con los dedos, como si hubiera alguien llamando desde afuera. Solía tener pesadillas sobre bandidos queriendo entrar a su hogar cada vez que llovía.
Alejó su mirada del cielo y volvió adentrarse a la casa, recordando las veces en que Kizashi la reprendía por temer algo tan absurdo. Soltó una risa amarga mientras caminaba hacia la sala de estar.
Al llegar se lanzó al sillón con cansancio, colocando su cabeza en el reposabrazos mientras que tomaba el control remoto que estaba a su lado para encender la televisión. Necesitaba escuchar cualquier cosa, lo que sea que fuese ruido bastaba para no seguir pensando en Kizashi o en Sasuke.
Soltó un segundo suspiro, esta vez más profundo que del anterior. Mañana se dejaría rebanar los sesos de su cerebro y se estamparía el cráneo contra la pared todo lo que quisiera. Sin embargo, por hoy, por esta minúscula tarde se relajaría mirando la televisión, luego se sumergiría en la tina con agua bien caliente y mucha espuma de esencias y tónicos para la piel, mientras escuchaba música desde los auriculares.
Un gemido se le escapó de los labios al imaginarse la maravilla que le esperaba a la noche.
–...Les informamos a los habitantes de Tokyo de las lluvias que cubrirán la ciudad en los próximos días, ya que según el pronóstico, una tormenta proveniente del sur se está acercando a la ciudad…–
Sakura le hizo zip a la televisión, buscando otro canal más llamativo que las noticias, hasta que llegó a un canal de mix de música y la dejó allí. That's what I like de Bruno Mars, llenaba rítmicamente en el ambiente.
La habrá visto una mil veces y nunca se cansaba. A ella le encantaba los pasos de baile que él hacía.
Su pecho vibró en una risa muda, rememorando una noche en especial con las chicas: habían hecho una pijamada en el departamento de Ino y, aprovechando que sus padres llegaban tarde, cantaron y bailaron todo lo que pudieron antes de que ellos llegaran. Y una de las canciones que más disfrutaron fue precisamente esta.
La melancolía la invadió de pronto.
Desde hace mucho que no hacían esa clase de juntas, ni si quiera para una buena charla y eso debía, al principio, por los exámenes y tareas al estar cerca del final del semestre. Ahora las cosas se han volcado de manera diferente e inesperada. De estar preocupada por los exámenes, pasó a estar pendiente de su sombra por si él aparecía. O en vez de desvelarse en hacer sus deberes, la ansiedad y la histeria no la dejaban dormir, pensando que al día siguiente él volvería a seguirla por todas partes. Y lo peor, es que si antes la asustaba la forma tan extraña y espeluznante en que él se comportaba con ella, no eran nada a comparación al enterarse de que posiblemente él la haya…
Un sonido que no provenía de la televisión, interrumpió sus turbios pensamientos. Su teléfono vibraba incesantemente dentro del bolsillo de su pantalón. Al sacarlo, vio el nombre de "Mamá" brillar en toda la pantalla. Se apresuró en contestar.
–Hola… –saludó la pelirosa.
– ¡Sakura! Cariño, ¿cómo estás? –preguntó su madre alegremente tras la línea.
–Pues bien. ¿Tú cómo te encuentras? ¿Todo bien por allá? –Sakura tomó el control de la televisión y bajó el volumen.
–Ah… –soltó un sonoro suspiro que evidenciaba cansancio. –El clima aquí es terrible, ha llovido todo el día, y se supone que mañana es la inauguración. ¡Y todavía no hemos podido organizar nada! –exclamó disgustada.
–Oh… –no sabía que responderle a eso. Lo único que rondaba en su cabeza en esos momentos, era las cartas que descansaban dentro de la mesita de noche de su madre. Se mordió la lengua.
–Ay, no sé qué vamos hacer… –dijo. Si hubiera estado presente, se habría dado cuenta de inmediato de la expresión de la pelirosa. –Si esto sigue hasta mañana, tendremos que alargar nuestra estadía aquí. –se quejó.
– ¿Por cuánto tiempo? –inquirió preocupada. Su madre le había dicho que llegaría el lunes, y aún faltaba tres días.
–Miércoles a más tardar. –responde algo vacilante, no muy segura si llegaría a la fecha prevista. –Pero bueno, ¿Cómo están las cosas por allá? He visto la televisión. Parece que se acerca una tormenta… –comentó.
–Creo que sí… –dice fijando su vista en la televisión. Ya no estaba Bruno Mars. –Quisiera hablar contigo sobre algo… –habló con lentitud.
Esperaba decirle que ya sabía la verdad sobre su trabajo una vez que llegara de Seúl, pero no contaba que su estadía se prolongase demasiado. Tenía muchas ganas de mencionarlo, pero no creía que fuese una buena idea discutirlo por teléfono.
– ¿De qué quieres hablar, cariño? –preguntó afectuosamente su madre.
Al diablo.
–Es acerca de tu trabajo. –soltó sin poder contenerse por más tiempo. –Sé que trabajas para los Uchiha´s… –
Un silencio se formó tras la línea. Se sentó en el sillón colocando las piernas en su pecho, nerviosa.
– ¿Mamá? –llamó dudosa al no oír nada.
– ¿C-Cómo…? ¿Cómo tú…? –balbuceó su madre, evidentemente consternada.
–Vi tus finiquitos… –confesó en parte. No era conveniente mencionar a Naruto, ni como éste llegó a saberlo. –fue accidental. –agregó media culposa. Era una verdad a medias, porque a pesar de que los encontró por casualidad, ella sí estaba buscando algo que la relacionase con los Uchiha´s.
– ¡Oh, Sakura! –exclamó su madre en un lamento que no había oído nunca. – ¡Lamento mucho que te enteraras así! Pero… yo… –calló de repente.
– ¿Por qué no me lo dijiste? –inquirió sintiéndose herida. – ¿creíste que me enojaría o algo así? ¿O acaso no confías en mí? –
– ¡Por supuesto que sí! –se apresuró en decir la mujer. –Pero… es muy difícil de explicar, Sakura. –dice con seriedad.
–Pues hazlo. Soy toda oídos. –dijo sin poder reprimir el tono molesto en su voz.
–Ahora no es buen momento… –se escuchó un ruido al otro lado de la línea. –Mira, tengo que irme. ¿De acuerdo? Te llamaré después. Te quiero. –dijo todo con muchísima rapidez, y al segundo siguiente cortó la llamada.
Sakura se quedó con las palabras en la boca. Estaba punto de discutirle cuando se despidió y colgó de manera imprevista. Observó su teléfono con las cejas fruncidas.
Primero Sasuke y ahora su madre…
Del primero no se sorprendía demasiado, era un cerdo arrogante. Pero de su madre le extrañaba de sobre manera.
"De seguro se le pegó la manía Uchiha, después de trabajar tanto tiempo con ellos…" –pensó con sarcasmo.
Apagó la televisión y se levantó de golpe, comenzando a caminar hacia las escaleras.
Creo que iba a adelantar su plan con el baño espumoso…
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–Ah… –soltó un suspiro de gozo al hundirse en la tina hasta el cuello.
El agua caliente destensó todos sus músculos agarrotados, sintiendo como la espuma crecía cada vez que movía sus piernas, con cuidado de no rebasar el agua a la orilla de la tina.
Observó sus manos. Había quitado las vendas que las cubrían, y ahora podía ver mejor las costras que adornaban sus nudillos. Ya no dolían como antes, sin embargo, le escocía por momentos y tenía que reprimir las ganas de frótaselas para no hacerse daño.
A su lado había una mesita diminuta que tenía la misma altura que la tina, y encima de ella, había dejado su teléfono con los auriculares. Tomó esta última, y dejó que la suave melodía relajara su mente, mientras que el agua caliente y espumosa acunase su adolorido cuerpo. Cerró los ojos.
Estaba en la gloria.
Luego de media hora de un maravilloso baño, Sakura se encontraba frotando su cabello húmedo con una pequeña toalla, mientras que otra cubría su cuerpo.
Estaba en su habitación frente al ropero buscando su pijama, cuando entre sus ropas encontró una playera que no le pertenecía: era de Naruto.
Lo tomó entre sus dedos y la levantó para admirarla mejor. La playera oscura se veía más bien como un azul marino a través de la luz encendida de su habitación. La encontraba tan linda y varonil, que no llegaba a entender por qué Naruto no la usaba, porque nunca se la había visto puesta.
La acercó a su nariz. Olía exactamente igual a como la encontró ayer.
Se encogió de hombros, y se sacó la toalla del cuerpo para colocarse la playera. De todos modos, Naruto no la extrañaría. Lo único que lamentaba era el momento de lavarla, ya que el increíble olor que tanto le gustaba, se iría. No se puso la ropa interior, porque le molestaba para dormir. Y así vestida, Sakura salió de la habitación rumbo al primer piso.
Justo cuando terminó de bajar las escaleras, escuchó un sonido proveniente de la sala de estar. Al llegar, se dio cuenta que era el teléfono de la casa que sonaba con tanta insistencia.
– ¿Aló? –saludó la pelirosa, llevándose el aparato a la oreja.
– ¡SAKURA-CHAAAAAN! –la recién nombrada alejó súbitamente el teléfono de su rostro. El grito histérico casi le rompió el tímpano.
– ¿Naruto? –preguntó dudosa, acercándose nuevamente el teléfono.
– ¡POR DIOS QUE ESTAS VIVA! –volvió a chillar el blondo. Sakura hizo una mueca adolorida de tanto griterío.
–No grites, que sí te oigo. –se enfadó la chica.
– ¡Perdón! Es que mamá me despertó esta mañana muy furiosa porque me había quedado dormido y cuando vio todas las botellas de cerveza regadas por el piso… –Naruto hablaba tan rápido, que apenas podía seguirle el hilo de la conversación.
– ¡Casi me mata a chanclazos! Me quitó el teléfono y mi consola, y para cuando se fue me di cuenta que no estabas. –dijo, aún muy alterado. Pareciera muy apurado en contar todo.
–Pensé que te habías ido a casa y por eso no me preocupé, pero después vino el Teme y me dijo que no habías ido a clases… –siguió contado muy deprisa. Sin embargo, Sakura captó de inmediato el nombre del Uchiha. Frunció el ceño.
– ¡Me preocupé mucho! ¡No te imaginas todas las cosas locas que imaginé que te hubiera pasado de camino a casa! Y el Teme no quiso prestarme su teléfono para poder llamarte. Maldito cretino, desconsiderado… –farfulló a eso último en un tono molesto.
–Estoy bien, no te preocupes. Yo también me quedé dormida. –lo consoló Sakura.
Caminó hacia la cocina mientras hablaba. Había llegado al refrigerador cuando Naruto habló.
–Ahora puedo estar más tranquilo… –se escuchó como Naruto exhalaba un suspiro.
–No te preocupes... –dice en un tono divertido. En ese instante estaba sacando una botella de agua del refrigerador, y cerró la puerta. –Ni si quiera tengo resaca. –agregó para aliviarlo más. Se sentía culpable de la angustia que pasó Naruto durante todo el día, cuando ella en ningún momento se le ocurrió pensar en su bienestar.
Le dio un trago a la botella para pasar el nudo que se le había formado en el estómago.
–Oh bueno, eso está bien… –dijo, pero su voz sonaba extraña, como si quisiera decirle algo más.
– ¿Estás bien? –le preguntó. Quizás seguiría con resaca, ya que se bebió una botella de Fernet prácticamente él solo.
–Es que quería preguntarte… si ayer, por casualidad… ¿dije algo relacionado con Sasuke? –preguntó inseguro.
Sakura se atragantó con el agua.
– ¡Cof! ¡Cof! –tosió ruidosamente, escupiendo el agua a chorros. Dejó el teléfono contra su pecho para que Naruto no supiera que se había ahogado.
Una vez que se hubiera recuperado, llevó el teléfono a su oreja con la mano temblando ligeramente.
– ¿Qué? ¿Por qué dices eso? –inquirió lo más extrañada posible, en un intento para que no notara su perturbación anterior.
–Es que, bueno… recuerdo que nos reíamos mucho y hum… –Naruto estaba indeciso en continuar, pero siguió hablando de todas formas. –Sé que hablamos de algo, pero no recuerdo que era, pero tengo la impresión de que mencioné a Sasuke… –dijo más para sí que para la pelirosa, como si estuviera pensando.
–Creo que bebiste demasiado. –fue lo único que se le ocurrió decir. Rogaba a todos los dioses que, por favor, Naruto no llegase a recordar nada de anoche, porque si no…
–En eso tienes razón, jeje… –gorjeó el rubio, alivianando el ambiente. – ¡Bah! De seguro lo habré imaginado. ¡Jajaja! –y siguió riéndose, muy contento.
–Eh, sí… –dice apenas la pelirosa. El nudo que se le había formado en el estómago, subió hasta su garganta, cortándole la respiración.
– ¡Naruto! ¿Qué estás haciendo? –se escuchó de fondo la inconfundible voz de Kushina, la madre de Naruto. No sonaba para nada feliz.
– ¡T-Tengo que colgar, Sakura-chan! –exclamó el muchacho, asustado. –No tengo permiso de utilizar el teléfono, ¡Me matará si me pilla! Adios, Sakura-chan. Nos vemos el lunes. –y colgó.
Sakura se quedó con el "hasta luego" prendido en la punta de la lengua.
Tal parece, que Naruto también se le pegó la manía Uchiha.
Con un gruñido, Sakura sacó un vaso de la repisa que estaba justo arriba suyo, y lo llenó de agua de la botella. Dejó el envase vacío a la basura y caminó hacia la sala con el vaso en la mano. Al llegar, lo primero que hizo fue lanzar el teléfono con fuerza contra el sillón, pero este rebotó en uno de los cojines y calló al otro lado de la mesa de centro.
Otro gruñido aún más fuerte, Sakura caminó para recoger el teléfono y dejarlo en donde estaba, cuando unos golpeteos sonaron a través de la ventana. Dio un respingo, e inmediatamente giró su vista hacia la ventana que estaba a un lado del televisor.
Pequeñas formas acuosas golpeaban contra el vidrio y resbalaban hasta llegar al marco de la ventana.
Había comenzado a llover.
"No seas estúpida Sakura, aquí no hay bandidos." –pensó, disgustándose consigo misma. Ya era una mujer grande con los calzones bien puestos, como para seguir imaginándose a extraños golpeando su ventana.
Bueno… quizás no los llevaba puesto en este momento. Pero se entendía la referencia.
Con su desnudo trasero, Sakura se sentó en el sillón con los pies apoyados en la mesa de centro, mientras alargaba la mano para recoger el control remoto y encender el televisor.
Sakura cambiaba los canales haciendo zip a ratos. Se saltaba las noticias, porque solo hablaban del mal clima que se avecinaba, algo que ya estaba al tanto. Hasta que llegó a un canal de reality, en donde los participantes competían en una, extremadamente complicada, carrera de obstáculos.
Se entretuvo mirando a los participantes mientras bebía de su vaso.
Vadeaban estanques de lodo y escalaban redes hasta llegar a la cima, en donde debían deslizarse por una cuerda para llegar al otro extremo, sin caerse. Se imaginaba a sí misma realizando acrobacias en menos tiempo que lo hacían ellos. Bien podría hacerlo si se lo proponía, pero su madre jamás la consentiría en inscribirse en nada que sea televisado. Sobre su cadáver.
De la nada las luces de la sala comenzaron a parpadear, y el sonido de la lluvia se hacía cada vez más estridente contra las ventanas.
Miró por última vez el televisor antes de apagarlo. Ya era hora de irse a dormir.
Caminó hacia la escalera con el vaso medio vacío. Mientras subía, pensaba lo que iría hacer mañana.
Se levantaría temprano y entrenaría en la sala, no lo haría en el patio porque estaría muy húmedo y resbaloso por la lluvia. Luego desayunaría y se daría una ducha rápida para después comenzar hacer sus deberes. Se haría un sándwich de almuerzo (porque era la única cosa decente y comestible que podía hacer) e invitaría a las chicas a su casa esa tarde para idear otro plan que la ayudasen conseguir el video de la casa del Uchiha.
Cuando llegó al segundo rellano, las luces volvieron a parpadear, pero no les hizo caso y siguió andando por el pasillo para llegar a su habitación.
Estaba a punto entrar cuando notó algo horrible.
En la ventana de su habitación, que estaba a la pared contraria de la puerta, vio una silueta grande y oscura.
Parpadeó un par de veces, no creyendo lo que veía.
A lo mejor era el reflejo del ropero abierto que daba hacia la ventana, o era la lluvia enmarcando con sus gotas alguna extraña y espeluznante forma. Quizás era el contorno del árbol que estaba afuera de su casa, y hasta podría ser su propia imaginación, luego del día de porquería que tuvo que pasar con Sasuke.
Era la única explicación que le hacía sentido.
Pero no lo era.
El vidrio tembló, como si un peso hubiera caído en el alfeizar de la ventana.
Sakura se quedó de piedra a la entrada de su habitación, sin poder despegar sus ojos de la ventana siendo abierta. No movió ni un músculo, ni cuando una mano totalmente mojada salía de ella, recargándose en el marco. Apenas si pudo ahogar un grito de espanto al ver que una cabeza de oscuros cabellos, se adentraba a su habitación.
La peor pesadilla de Sakura se estaba haciendo realidad.
"Si es un bandido. Si es un bandido. Si es un bandido…" –pensó con horror. No fue, hasta que la figura levantó el rostro, en que Sakura se dio cuenta de que había errado.
No era un bandido.
Un rostro desfigurado por el esfuerzo se hizo ver a través de la luz encendida de su habitación, pero cuando sus ojos negros chocaron con los suyos, pudo notar la furia brillando en ellos. Su expresión desfigurada, ya no era por la energía de haber escalado hasta allí.
Sasuke la miraba como si fuese a matarla. Y tal vez a eso venía.
Un estrepitoso ruido invadió el ambiente cuando el vaso se hizo añicos en el suelo, derramando el contenido por todas partes.
–Sakura… –ladró su nombre como si fuese un animal.
Un chasquido se escuchó afuera de la casa y al instante siguiente, se fue la luz.
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Y este ha sido toda la sorpresa (no se preocupen, ya se me ocurrirá algo para después).
Aquí les dejo un saludo para...
Ana: muchas gracias por tu crítica. Acepto y reconozco el hecho de que varias veces me voy por las ramas, y sé que eso perjudica la narrativa. Trato de evitar no caer en eso, pero se me hace muy difícil. Por eso, esta vez leí toooda la historia desde el principio antes de volver a escribir para ver mis falencias y evitar caer en ellas. Aun así creo que estos dos últimos capítulos que hice, fui más concisa que con los anteriores. Un beso enorme ;)
Anaid Silos: muchas gracias, en verdad agradezco que te guste esta historia. Con respecto de los sentimientos que tiene Sasuke con Sakura, él ya lo tenía claro mucho antes de la fiesta. El beso que se dieron no fueron más que un click. Creo que se va a entender mejor a Sasuke con estos dos capítulos. Espero que te gusten y disfrutes de esta personalidad de Sasuke (que en lo personal, me encanta que sea así de extraño). Un beso! ;)
Cherry-Lizz: muchas gracias, aprecio tus buenos deseos. He recibido varios comentarios del relleno que le estoy poniendo a la historia xDD de verdad que no es mi intención hacerlo, pero se me hace muy difícil darme cuenta que lo hago. Espero que te gusten estos capítulos, porque me esmeré mucho en enfocarme en el presente y no en los flashback (aunque igual lo puse jaja). Saludos para ti también! ;) (PD: por alguna razón al escribir tu nombre con el punto al medio, no me apareces. De hecho recién me doy cuenta xd Lo más probable es que los espacios en blanco que dejé en los capítulos anteriores sean para ti. Así que para arreglarlo, cambié el punto por un guión, espero que no te molestes).
Sol: y yo te amo a ti jaja ;)
Rosegold09: hola! Lamentablemente en este último capítulo Sasuke se pasó de verga, pero bue… sucedió tal cual lo predijiste: Sasuke apareció en casa de Sakura estando sola. Y si el clima nos acompaña, la mamá de Sakura se quedará por más tiempo en Seúl, es decir, más drama para Sakura. Espero que te hayan gustado, un beso! ;)
Rima Echizen: gracias! Espero que te gusten estos dos últimos capítulos, aquí puse más momentos Sasusaku en tiempo presente, porque casi no había interacción entre ellos más que en los flashback. Así que, aquí tienes. Un beso! ;)
Jen1490: jajaja hola. Tú crees que se lo puse muy difícil a Sasuke? pues juzga ahora JAJAJAJA. Un beso! ;)
Saralour-tita: Hola! Pues la película ¿Qué Pasó Ayer? Si tuvo bastante influencia para mí a la hora de describir la fiesta, ¡acertaste! xD con respecto a Wattpad, jamás se me pasó por la mente subirla por esa plataforma. Casi siempre leo fics por fanfiction, más que en ningún otro lado. Así que lo siento, dudo mucho que lo suba allí. Un beso! ;)
Aymkev: hola! Pues aquí aparezco con doble continuación. Espero que te gusten. Un beso! ;)
Hey-Ho: agradezco que te guste la historia. Le puse mucha motivación a la hora de redactar. Aunque este último capítulo no es tan largo como el anterior, el drama y los momentos Sasusaku lo recompensan. Un beso! ;)
Gab: me encanta que te emocione! Espero que disfrutes también estos capítulos tanto como me gustó a mí al hacerlos. Un beso! ;)
Esto ha sido todo hasta el momento!
Nos leeremos más adelante ;)
Goda.X
