Capítulo 12:

Autocontrol

No había muchas cosas que echase de menos de la fortuna de los Malfoy. El mundo muggle era mucho más barato que el mágico, por lo que su trabajo en el Ministerio le permitía vivir de manera holgada. Tenía pocos caprichos más allá de los libros y su madre le enviaba de vez en cuando túnicas de alta costura, lo que significaba que se ahorraba tener que comprarlas por su cuenta. Extrañaba los jardines de la mansión y, a veces, la comodidad de tener un elfo de casa. Pero si había algo que realmente había echado de menos, era poder ver un encuentro de Quidditch desde un palco.

Todavía podía recordar la primera vez que había ido a ver un partido y ahora, tantos años después, seguía asombrándose al ver el estadio lleno de gente, los aficionados vitoreando a su equipo y los jugadores volando de un lado a otro.

Draco estaba masticando una rana de chocolate, dividiendo su atención entre mirar a uno de los cazadores de los Appleby Arrows y a Harry, quien estaba firmándole una fotografía a un niño de no más de diez años.

—Muchas gracias, señor Potter —dijo el chico antes de irse.

Contempló divertido como el moreno sonreía incómodo y volvía su atención hacia él para regalarle una expresión de disculpa.

—Lo siento.

Se encogió de hombros sin darle importancia.

—Creo que eres la única persona que conozco a la que le pedirían un autógrafo en medio de un partido —se burló.

—Eso no es nada —resopló—. Tengo que usar un glamour cuando voy al Callejón Diagon. Lo bueno de vivir fuera era que nadie me conocía.

—¿Otra de las razones por las que te fuiste?

—Sí.

Saboreó el chocolate en su boca. Draco también había recibido cierto grado de atención cuando la guerra terminó. No había día en el que pisaba algún lugar mágico y la gente no le reconociera por su padre, por su tía o por su marca en el brazo. Volver a Hogwarts tampoco fue sencillo. Tener que recorrer los pasillos del colegio que él había ayudado a destruir no había sido un plato de buen gusto. Aún así, el tiempo pasó y las cosas se asentaron. Trabajar en el Ministerio había ayudado a que la gente se acostumbrase a su presencia sin esperar lo peor de él. Su padre había conseguido que sus empresas sobreviviesen y el apellido Malfoy, aunque no era lo mismo que antes, ya no provocaba esa sensación de rechazo.

—¿Alguna vez te arrepientes de haber vuelto?

Harry le miró fijamente, elevó su mano derecha y acarició un punto detrás de la oreja de Draco, haciéndole estremecer. Desde que se habían besado y habían traspasado esa línea, sus gestos pasaron de ser inocentes a sutiles e íntimos. Nunca se sobrepasaba, sin embargo. Siempre se quedaba en el límite justo entre lo respetable y lo personal. A Draco todavía le costaba acostumbrarse y aceptarlos sin que su cuerpo se encrespase de emoción.

—No —contestó con firmeza.

Volvió a su entorno cuando escuchó una serie de vítores y abucheos. Era increíble la facilidad con la que podía perderse con Harry.

En el campo, los Appleby Arrows se ponían en cabeza sobre los Chudley Cannons. Sonrió con maldad.

—Creo que tu querido equipo va a perder hoy.

—No lo des todo por hecho. Tienen un buen buscador.

Soltó un resoplido, entornando los ojos.

—¿De qué sirve que tenga un buen buscador si los demás son un asco?

Su pregunta derivó en una discusión sobre tácticas, jugadores y equipos. Harry le restregó las victorias de Gryffindor contra Slytherin, lo que le provocó que casi se ganase una maldición, pero terminó con la promesa de salir un día a volar para que Draco le demostrase que lo de su época escolar no fue más que suerte. Aún así, celebró todos los puntos de los Appleby Arrows solo por molestar al otro y se levantó para aplaudir eufórico cuando los Chudley Cannons perdieron.

—Cállate, Malfoy.

El aludido se carcajeó y se puso en en pie para darle a Harry unos golpecitos condescendientes en las solapas de su abrigo.

—Sé que tú complejo de héroe te lleva a lanzarte hacia las causas perdidas, pero deberías cambiar de equipo.

Harry clavó su dedo índice en sus costillas, haciéndole encogerse por el dolor. Estuvo a punto de quejarse, cuando una luz le dejó momentáneamente cegado. Se dio la vuelta, encontrando a un chico joven, con una cámara en la mano. No era un fan, eso se veía a simple vista, sino un periodista.

—Ignóralo —le dijo Potter, a la vez que tiraba de su mano para llamar su atención.

—Mañana estarás en la portada de El Profeta.

—Como la mayoría de veces —bufó, visiblemente disgustado.

Se preguntó qué clase de historia dramática se inventaría Rita Skeeter. Casi podía imaginarse los titulares estrambóticos y las teorías absurdas de cómo el-niño-que-vivió terminó con un mortífago. Un sentimiento agridulce se enrolló en su garganta, apretándola. Se alegró de que sus padres estuviesen fuera del país, porque así no tendrían que leer que el apellido Malfoy estaba manchando la dorada fachada del Salvador del mundo mágico.

—Pero esta vez te van a relacionar conmigo —murmuró.

No creía que los amigos de Potter se lo fueran a tomar bien. Quizás ellos sí conseguirían que Harry viese que intentar algo con él era un sin sentido, tal y como Draco había pensado en un principio.

—¿Importa?

Había un leve desafío en su voz y, al mirarle, vio un ápice de preocupación que le conmovió.

—Dudo mucho que yo pueda caer más bajo —respondió, encogiéndose de hombros—. Pero tú, en cambio...

No pudo terminar porque Harry enmarcó su rostro y se acercó a él. Su espalda se tensó y cerró los ojos, expectante. Vio un flash a través de sus párpados, pero a su cerebro no podía importarle menos porque los labios de Harry estaban sobre los suyos y le besaba firme y vehemente.

—¿Vas a dejar ya de decir tonterías? —preguntó a milímetros de su boca.

Exhaló de manera temblorosa, con el pulso acelerado. Todas sus preocupaciones se disolvieron con rapidez y una sensación de regocijo le atravesó el cuerpo.

—Vale —contestó obediente, lo que provocó que Harry riese de una manera que hizo que sus rodillas se sintiesen débiles, como si estuviese complacido y orgulloso al mismo tiempo.

—¿Te parece bien si vamos a mi casa?

—Sí.

No le importó que pareciese necesitado, porque en ese momento necesitaba a Harry. El moreno se separó de él, agarró su brazo y un instante después el ruido de la gente celebrando la victoria, los flashes de la cámara y el murmullo de las voces se extinguieron por completo, dejando únicamente el silencio del salón de la casa de Harry a su alrededor.

Se miraron por lo que parecieron horas. Draco sintió un dolor bajo su estómago, subiendo por su pelvis y anclándose en su ingle. Hacía años que no sentía tal necesidad de ser tocado por alguien, y Harry estaba ahí, prácticamente pegado a él pero sin ponerle un dedo encima y volviéndolo loco de afán.

—No estés nervioso —le pidió. Potter elevó una mano y pasó la yema de sus dedos por su pómulo izquierdo. Sostuvo su respiración cuando el tacto de Harry bajó por su mandíbula hacia su cuello y llegó a los primeros botones de su chaqueta—. ¿Puedo?

Asintió, no confiando en su voz para contestar. Desabrochó botón por botón con una paciencia que le tensó los nervios y su cuerpo se estremeció cuando pasó las manos por sus hombros para retirarle la prenda. Le vio quitarse su propio abrigo sin desviar su atención de él y luego sujetó sus manos, trazando círculos lentos sobre su dorso. Su tacto fue subiendo poco a poco hasta llegar a sus muñecas para sostenerlas con suavidad. Imaginó que su pulso apresurado debía ser palpable porque Harry esbozó una sonrisa cómplice. Siguió ascendiendo, colando sus manos por debajo de las mangas de su jersey y acarició la piel de sus antebrazos con calma. Sabía que la marca oscura no era notable al tacto, pero estaba ahí, y ambos lo sabían. Draco buscó algo en expresión de Harry que detonase disgusto o rechazo, pero solo encontró un cuidadoso interés. Se dio cuenta, entonces, de que el moreno estaba midiendo sus reacciones, que seguramente si veía alguna señal que indicase incomodidad se apartaría y le ofrecería un té, tal y como había hecho muchas veces antes. La idea casi le hizo reír.

Había estado semanas conociendo a Harry, averiguando sus gustos, burlándose de él, riendo de sus bromas y molestándole a propósito. Había atravesado esa barrera física que se había impuesto a sí mismo y sabía que podía avanzar un poco más. Lo estaba deseando, de hecho. Lo había anhelado en cada caricia que le había dedicado Harry, en cada frase con doble sentido y en cada broma coqueta. Quería tocarle y, en ese momento, no veía ningún motivo para no hacerlo.

Por eso, fue Draco quien le besó esta vez. Lo hizo con ahínco y profundidad, gimiendo con placer. Necesitaba eliminar ese deseo que le estaba consumiendo, esa sensación de que su sangre quemaba mientras recorría sus venas y hacía picar su piel. Pasó los dedos por el cabello del otro y luego recorrió con las manos abiertas sus hombros, su pecho y su estómago. Agarró el suéter que llevaba y tiró de él hacia arriba. Harry cedió con facilidad, alzando los brazos para dejar que le quitase la prenda. Observó su cuerpo con avidez, mordiéndose el labio inferior. Los músculos de su estómago estaban definidos, tenía una piel bronceada y lisa, con vello oscuro salpicado bajo su ombligo. Su pecho estaba igual de marcado y, para su deleite, tenía el brazo izquierdo tatuado por completo hasta su pectoral. Lo acarició con suavidad, reconociendo la figura de un ciervo, de varías flores y de un fénix en su pecho.

Harry dejó que se tomase su tiempo para explotarle pacientemente. No emitió ninguna queja ni le apremió. Draco se preguntó cuanto control estaba decidido a ceder y, sintiéndose alentado por ello, le empujó con suavidad hacia el sofá para que sentase. Se subió encima de él a horcajadas, besándole con fervor y frotándose descaradamente. Sonrió cuando se separó, observando la mirada verde solapada por la excitación, su boca entreabierta y su respiración ahogada.

—No —susurró sobre su boca, cuando sintió las manos del moreno colándose bajo su jersey.

Harry le observó durante un par de segundos, con una interrogación en la mirada. Finalmente cerró los párpados y respiró hondo, echando la cabeza hacia atrás. Podía ver el pulso acelerado en la base de su cuello y su nuez subir y bajar al tragar saliva. Sabía que estaba siendo injusto con él al no permitir que le tocase, pero la parte aún atemorizada en su interior necesitaba saber que el autocontrol de Harry era lo suficientemente férreo como para soportar eso. Necesitaba esa pequeña confianza de que no iba a perder la paciencia.

Se inclinó para dejar un beso húmedo en su cuello. Le escuchó gemir, pero no volvió a tocarle, lo cual hizo suspirar aliviado a Draco. Sintiéndose confiado, se separó para quitarse el jersey por encima de la cabeza. Harry contempló cada centímetro de su torso expuesto con el ceño fruncido con extrañeza.

—No tienes cicatrices —murmuró, ronco.

Le costó un instante saber a qué se refería y, cuando lo hizo, sonrió suavemente, acercándose para besarle.

—Severus llegó a tiempo —respondió en voz baja.

—Lo siento, Draco. Ni si quiera sabía qué hacía aquel hechizo.

—No lo pienses —negó con la cabeza mientras paseaba sus dedos por la mandíbula y cuello del otro—. Te perdoné hace mucho tiempo.

Vio que estaba a punto de protestar, así que volvió a juntar sus labios. Meció sus caderas, dejando caer su peso y soltó un lloriqueo al notar la erección del moreno debajo suyo. Le encantaría poder desnudarse del todo, sentir el cuerpo de Harry contra él, el tacto de sus manos y su calor llenándole por completo, pero aún no se sentía preparado para eso.

Lo que sí hizo fue besar y lamer cada parte de piel a la que tenía acceso. Tanteó con sus dedos cada músculo y se balanceó constantemente, disfrutando de la fricción. No era suficiente, sin embargo. Todavía podía sentir ese deseo vibrando como si estuviese enterrado en sus huesos, intentando salir con cada jadeo que emitía Harry.

Llevó sus manos hacia él la cintura de los pantalones vaqueros del moreno y los desabrochó con rapidez. Envolvió inmediatamente su mano alrededor del pene erecto de Harry, gimiendo al sentir la dureza bajo su tacto.

—Joder —se quejó el moreno.

Su voz estaba tensa, al igual que sus músculos. Draco se separó a centímetros de su rostro, solo para ver su expresión llena de deleite. Tenía los ojos entrecerrados, apenas podía percibir el verde de sus ojos bajo sus pupilas dilatadas, y los tendones de su cuello estaban tensos porque mantenía sus manos aferradas al sofá para evitar tocarle. Y saber eso, que Harry estaba ahí, aferrándose a todo su autocontrol, fue suficiente para que perdiese el último gramo de cordura que le quedaba.

Acarició su erección con movimientos rápidos y metió su mano en sus propios pantalones para obtener algo de fricción. Apoyó su frente en el hombro de Harry, gimiendo sin parar mientras sentía cómo un calor intenso se arremolinaba bajo estómago, expandiéndose hacia su ingle. Su espalda se arqueó y un lamento se quedó atascado en su garganta cuando el orgasmo chocó contra su cuerpo de imprevisto. Su cerebro dejó de funcionar durante segundos enteros y cuando reaccionó, fue para escuchar a Harry maldecir en voz alta antes de que terminase en su mano.

El silencio reinó en el salón. Draco sentía sus extremidades pesadas y su cabeza nublada por el zumbido vago del placer. Se estremeció cuando la magia recorrió su dermis y un instante después se dio cuenta de que estaba completamente limpio.

—Gracias —murmuró.

—¿Puedo tocarte ya? —pidió Harry. Su tono rallaba la súplica y le hizo sentirse culpable inmediatamente.

Asintió, aún con la cabeza apoyada en su hombro, suspirando cuando los brazos del moreno le abrazaron estrechamente.

Sabía que cualquier otra persona en el mundo sería capaz de ofrecerse sin reservas y se planteó pedirle perdón por no poder ofrecerle más de lo que le había dado, pero entonces los dedos de Harry acariciaban su espalda con mimo y Draco se arqueó complacido bajo su toque, sin ser capaz de romper esa calma que les rodeaba.


Hooooooooola

Estoy actualizando un poco tarde hoy porque no tenía el capítulo corregido y ahora que me he vuelto una autora dedicada y profesional (tampoco tanto, pero dejadme soñar un poco jaja) he tenido que darle un repaso antes. He de reconocer que lo he hecho rápido, así que si hay alguna falta ortográfica, lo siento. Lo volveré a corregir cuando tenga algo de tiempo, prometido.

Respecto al capítulo... sé que no ha sido una escena sexual súper caliente, pero era necesaria hacerla así. Ya sabéis que me gusta tomarme las cosas con calma xD

¿Qué os ha parecido?

¡Nos leemos el próximo viernes!