¡Hola!
He vuelto, y más pronto de lo esperado ;)
No tengo mucho más que decir, así que...
¡A leer! :)
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Acércate
Deja las dudas
La noche es fría, pero conmigo es segura
Despégate
De la amargura
Y déjame de llevarte a tu debida altura
De tus locuras
De tus ideas
De tu cultura
Y de tu ciencia
¿La alcanzaré?
Eso no lo sé, pero esta noche…
–Paulo Londra. "Adán y Eva"
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Un ruido extraño se escuchaba de fondo, como si estuvieran pisando con zapatos de goma por el piso. El eco que producía era molesto y chirriaba cada vez que cambiaba la dirección de los pasos, de lo que parecía ser, la habitación de alguien.
Sakura tardó varios segundos en entender que estaba despierta y no soñando como creía. Sin embargo, ella aún mantenía los ojos cerrados por temor a lo que se iba a encontrar, pero más que nada, era por el profundo dolor de cabeza que sentía en ese momento. El dolor provenía desde la parte posterior, justo encima de la nuca expandiéndose hasta sus sienes, que palpitaban incesantemente a cada segundo que pasaba.
Las pisadas se alejaban cada vez más y, de pronto, una cálida luz llegó a sus párpados cerrados. Estaba lejos y apenas podía percibirlo, sin embargo lo único que hacía era aumentar su dolor de cabeza.
Hizo una imperceptible mueca.
Poco a poco fue tomando consciencia de su cuerpo. Su pecho subía y bajaba al ritmo de su respiración, sintiendo la tela húmeda de la playera contra su piel. Al igual que cada centímetro de su cuerpo, Sakura podía sentir algunas gotas deslizándose por su frente y cuello, pero no sentía frío: el dolor de su cabeza opacaba cualquier otra sensación desagradable.
Otro chirrido aún más fuerte, le indico que los pasos se acercaban a donde se encontraba ella. Con lentitud y pesadez las pisadas se detuvieron justo a su lado, y la mullida superficie en donde se encontraba se hundió, como si alguien se hubiera sentado.
Tuvo el impulso de abrir los ojos, pero se contuvo a tiempo al sentir un roce en su mejilla hasta llegar detrás de su oreja. Se dio cuenta que eran dedos los que la acariciaban con suavidad, pero más que una caricia los dedos se contrajeron detrás de su nuca, muy cerca del área en donde le dolía y levantó su cabeza con extrema lentitud. Sakura se dejó hacer, hasta que los dedos la dejaron reposar sobre algo suave y muy blando, como una almohada.
La presencia se alejó de ella y se levantó, dejando un extraño espacio vacío a su lado. Las pisadas volvieron a desaparecer al fondo de la habitación donde podía percibir la cálida luz.
Ahora que estaba sola (de una forma retórica) y el dolor de cabeza aminoraba, Sakura comenzó a rememorar los sucesos a detalle: El rostro de Sasuke apareció en la ventana de su habitación y cuando él fue capaz de entrar por completo, se cortó la luz. Después de eso había salido corriendo por el pasillo y bajar a tropezones por las escaleras. A pesar de la escasa luminosidad, ella pudo refugiarse en la cocina a la espera de su llegada, lista para enfrentarse a él, pero Sasuke fue más hábil y la engañó para obligarla a salir de su escondite. Luego, recuerda que sintió temor y pavor al verlo entre la oscuridad, y lo único que se le ocurrió en ese momento fue en salir huyendo de allí, y eso fue exactamente lo que hizo. Salió corriendo de su hogar sin rumbo aparente, pero no duró mucho, porque el Uchiha la derribó al suelo y lo último que vio fue unos furiosos ojos negros antes de ser golpeada contra el pavimento.
Luego de todo el barullo y el caos de afuera, lo más lógico es que hayan vuelto a su casa. Eso explicaría el silencio, los pasos chirriantes contra el piso y la comodidad de la superficie que, tal parece, estaba en el sillón de su hogar.
Tanteó con los dedos la tela suave del sillón, y se concentró en el aroma natural que emanaba en el ambiente.
Definitivamente, estaba en su hogar.
No pudo reprimir el suspiro de alivio que salió temblorosamente de sus labios, pero no le importó demasiado. Abrió apenas un ojo para ver a su alrededor. Lo primero que vio fue la mesa de centro a su lado, y justo a la esquina de éste a la altura de sus pies, estaba el teléfono de casa. Siguió mirando alrededor hasta llegar a la ventana del living, donde podía ver y oír las gotas de lluvia chocar contra el vidrio, pero no se escuchaba tan estrepitoso como antes. Volteó su vista hacia la cálida luz que provenía de la cocina. Desde su posición (porque el respaldo del sillón le impedía ver más allá) podía oír el silbido de la tetera hirviendo y, luego, los pasos de Sasuke recorrer la cocina hasta extinguir el sonido.
Aprovechó el momento para incorporarse levemente y echar un vistazo detrás del respaldo.
La luz de la cocina le traspasó los ojos tan dolorosamente, que tuvo que cerrarlos para evitar que sus sienes palpitasen con fuerza. Volvió abrir los ojos, pestañeando varias veces antes de enfocarse en la cocina.
Detrás de las sillas del comedor, la puerta que daba hacia la cocina se encontraba abierta. Aunque solo era capaz de ver un resquicio de la cocina, Sakura pudo ver la alta figura de Sasuke removiendo cosas de la encimera. Su ancha espalda se movía cada vez que estiraba un brazo para agarrar algo que no alcanzaba a ver, lo que sí podía visualizar sin equivocarse, es que estaba mojado de pies a cabeza.
Sus húmedos zapatos chirriaban cada vez que giraba sobre sus talones. La playera oscura se le pegaba al cuerpo, y desde esa distancia, Sakura podía apreciar los músculos que se le formaban en los omóplatos: se le apretujaban contra la playera. Los cabellos oscuros que se le erizaban en la nuca estaban aplastados por la lluvia, mientras que las gotas que caían entre sus hebras resbalaban por su cuello y se perdían dentro de la playera.
Y de pronto, se giró por completo, chocando su vista contra la de ella.
Sakura dio un respingo, pero no apartó la vista. Él tampoco lo hizo.
Sasuke se acercó al marco de la puerta llevando una taza humeante en una de sus manos, sin quitar su vista de la pelirosa.
No vio la furia crispar en sus ojos, como lo había visto en el alféizar de su ventana o cuando la derribó en la lluvia. Sin embargo, conservaba esa escalofriante manía de mirarla con fijeza, cada vez que la perseguía por los corredores de la escuela y las calles de camino a su hogar.
–Despertaste. –habló en voz baja, interrumpiendo sus pensamientos.
Pestañeó un par de veces, enfocando su vista en él; aun le dolía la cabeza.
–Si… –siseó en un murmullo más bajo, casi imposible de escuchar. Pero tan solo con leer sus labios, Sasuke fue capaz de entenderla.
–Hmm… –
Silencio.
Sakura fue la primera en romper el contacto visual. Le dolía demasiado la cabeza como para intentar mantener una lucha de miradas. Por ahora, es ella quien tiene la desventaja.
Bajó su vista a sus piernas desnudas, y su corazón dio un vuelco al recordar en cómo iba vestida.
Se apresuró en bajar la playera lo más que podía para cubrir sus piernas, porque no llevaba nada de bajo. Absolutamente nada.
El gesto era demasiado obvio para que Sasuke no lo hubiera notado, pero él siguió impasible, como si estuviera ignorándola a propósito. Se acercó a ella y dejó la taza humeante en la mesa de centro, frente suya.
Sakura lo observó con cuidado. Dejó de tironear la playera y se sentó encima de sus pantorrillas para evitar mostrar más de lo debido.
– ¿Qué es eso? –preguntó con brusquedad, rompiendo el tenso silencio que se había formado entre ellos.
Sasuke se hizo para atrás, metiendo sus manos en los bolsillos delanteros de sus pantalones de un modo bastante casual y despreocupado, que alteró los nervios de la pelirosa.
–Solo es té. –contestó igual de brusco, sin dejar su postura relajada.
–No lo quiero. –su voz salió extrañamente ronca. –No quiero nada que venga de ti. –
Los ojos de Sasuke se oscurecieron más de lo que ya estaban, y una mueca escéptica se formó en sus labios.
–Es curioso que lo digas, ya que es mío lo que llevas puesto. –soltó.
Al ver su confusión, Sasuke volvió hablar.
–La playera. –dijo, dando una leve inclinación de cabeza a su dirección. –Es mía. –
El rostro de Sakura se volvió pálido, pero trató disimularlo inflando su pecho de forma altiva.
–No sé de lo que hablas… –dijo con frialdad. –Esta playera estaba en casa de Naruto. –
–Sí, porque yo lo dejé allí. –respondió.
Sakura abrió la boca para refutar lo dicho, pero luego la cerró.
Su mente comenzó a rememorar los sucesos del día de ayer en casa del rubio. Cuando abrió su armario por alguna camisa, esa playera no concordaba con el excéntrico gusto de su amigo, lo sabía, pero de ahí a pensar que la playera no es suya…
Su rostro palideció aún más al entender que Sasuke no estaba mintiendo.
La expresión de Naruto al verla usar esa playera, fue casi como una burla, pero no le tomó importancia porque no lo había captado. Ahora sabía por qué.
Otro silencio se formó en el ambiente.
Sasuke no apartaba la vista de ella, fijándose en cada expresión que cruzaba por su rostro.
–Bien… –dijo con la voz ahogada. –Te la devolveré después. –
Los ojos de Sasuke resplandecieron en la oscuridad.
Para no seguir alargando el incómodo silencio, (porque era obvio que él no iba a iniciar una conversación) se apresuró en cambiar el tema.
– ¿Qué haces aquí, Sasuke? –inquirió, volviendo a posar su vista en el Uchiha.
Sakura notó la tensión en sus hombros. De pronto, ya no lucia tan despreocupado como al principio.
–Quería… hablar contigo. –respondió con cautela, como si estuviera sopesando sus palabras.
– ¿No pudiste llamar a la puerta como la gente normal? –preguntó con el tono más frío que pudo ser capaz de hacer.
Quizás fue por la dureza de su voz, o por el hecho de que no lo consideró como una persona con todas sus facultades mentales. Pero la cosa es, que Sasuke se le deformó el rostro en una horrible expresión de furia contenida.
Se hizo para atrás, asustada de verlo así.
–Nunca me hubieras abierto la puerta. –espetó en un gruñido que la heló más que las gotas de lluvia.
Sakura deslizó una pierna afuera del sillón, con los ojos clavados en Sasuke. No le gustaba ni un poco esa mirada enfebrecida y peligrosa, por lo que, a la señal de cualquier movimiento extraño de su parte, ella saldría corriendo.
– ¿Y pensaste que entrar por la ventana sería la mejor idea? Pues que brillante. –dijo con sarcasmo.
Sasuke la evaluó por un segundo, manteniendo la chispa de furia bailoteando en sus ojos negros.
–Me golpeaste… –siseó.
–Oh, ¿te dolió mucho? –dijo sin molestarse en ocultar su burla.
No contestó.
Para sorpresa de Sakura, fue Sasuke quien apartó la mirada. No obstante, sus ojos negros fueron a parar en la mesa de centro y, con extrema lentitud, levantó la taza humeante que había sido olvidada por la pelirosa y la extendió hacia ella.
–Bébela. –
–Ya te dije que no quiero nada que provenga de ti. –espetó con dureza, elevando ligeramente el tono de voz.
Los ojos verdes de Sakura llameaban de furia, pero se reprimía lo suficiente para no alterarse. No le convenía armar un escándalo en esas condiciones: semidesnuda, mojada y con un fuerte dolor de cabeza. En definitiva, se sentía con pocas fuerzas para tratar de defenderse físicamente, por lo que tenía que ser inteligente e ingeniosa para idear un plan de escape o, en lo mejor de los casos, hacer que él se vaya por su propia cuenta.
Se removió incómoda por la intensa mirada que le dirigía el Uchiha, por lo que ladeó su rostro un momento para pensar en que decir. Fue en ese preciso instante en que Sakura se fijó en el teléfono de casa que estaba encima de la mesa de centro, en la esquina del lado contrario suyo.
Apartó la vista de inmediato, por el temor a que él se hubiera dado cuenta de lo que estaba mirando y se apresuró en hablar.
–Si solo has venido a reclamar, pierdes tu tiempo. –
Sasuke no dijo ni hizo nada por un buen rato, aun manteniendo el vaso extendido. Hasta que dio un paso más cerca de la mesa de centro y se sentó en la orilla, dejó caer pesadamente el vaso humeante a su lado antes de levantar su mirada en ella.
–Sabes que no. –dijo al fin.
Por supuesto que no. Sakura sabía que no solo era eso, no hubiera atravesado una llovizna y escalado hasta su ventana por un golpe en los bajos.
El agarre de sus manos entorno a su cintura y el suave apretón de sus dientes en su labio inferior, brillaron como luces fluorescentes entre sus memorias.
Tragó en seco.
– ¿A eso has venido? –preguntó en un murmullo. No era necesario decir de lo que estaba hablando, podía ver el brillo de reconocimiento en sus ojos negros. Él también lo estaba recordando.
Sasuke se inclinó cerca de ella para poder mirar su rostro con más claridad a través de la oscura estancia que los envolvía. No obstante, para ella no fue solo una mejor visualización de sus expresiones, sino una forma de intimidarla, y aborrecía que lo estuviera consiguiendo.
– ¿Por qué, Sakura? –dijo en voz baja, confidente. – ¿Qué fue eso? –
El sutil tono apremiante en su voz no pasó desapercibido para la chica, quien se debatía entre la irritación y el desasosiego de tenerlo tan cerca. Pero tampoco podía huir para siempre: el encuentro entre ambos era inevitable, y por más evasivas que él o ella han impuesto entre los dos, sabía (de algún modo) que pronto acabarían. Solo que no era así como hubiese querido, aunque no tenía como prever que ella acabaría por hacer la última cosa que podría llegar hacer.
Ahora Sasuke quiere respuestas que ella no puede darle, porque simplemente no tenía justificación. A lo mejor sí, pero decirle que lo había hecho para distraerlo de las chicas, no era precisamente una buena idea.
Frunció el ceño.
Si lo pensaba con más claridad, ¿Por qué demonios debía darle explicaciones, si él no ha contestado ninguna de sus preguntas? Él se ha negado, callado y excusado de querer hablar sobre el tema de la fiesta. Es más, ni si quiera se interesó en preguntarle el por qué estaba con Suigetsu en esa plaza, ni de donde lo conocía o cómo llegó a contactarlo. ¿Qué derecho tenía él de exigirle, si no ha sido claro desde el principio?
Así que con ese planteamiento, Sakura relajó su ceño observándolo de manera inexpresiva y con los labios fuertemente sellados. Si Sasuke no hablaba, ella tampoco.
La lluvia chocaba contra la ventana de la sala, insistente y furiosa como los ojos negros de Sasuke. Podía sentir las gotas que aún quedaba en su cabello, bajar hasta las puntas y caer en sus hombros, pero no sentía frío. Ella estaba tan helada y mojada que era incapaz sentir las frías gotas deslizarse por su cuello y hombros. Tampoco era consciente que a pesar de su insensibilidad, su cuerpo no era ajeno a la baja temperatura en la que estaba expuesta: los vellos de sus brazos estaban erizados, el color de su piel estaba más blanco de lo acostumbrado y sus labios ya no portaban ese color sonrosado natural que los hacia lucir más suaves y esponjosos. Pero lo que más ignoraba era lo que sucedía de su cuello para abajo.
El único que se daba cuenta era Sasuke, pero se negaba a bajar la mirada más allá del mentón.
El duelo de miradas se alargó más de lo necesario, pero ninguno quería ceder. No fue hasta que el cielo tronó sombríamente, en que Sakura no pudo evitar dar un respingo del susto. Un fugaz rayo de luz iluminó la estancia, siendo capaz de ver con más claridad los ojos de Sasuke que, por un segundo bajó su vista hacia su pecho, pero como tan pronto los bajó, subió.
Eso alertó a la pelirosa. Luego pensó que podía ser una simple evaluación a su postura, como suele hacerlo al analizar el comportamiento de las personas. Porque, admitámoslo, no había mucho que mirar en esa zona de su cuerpo.
– ¿Y bien? –habló el Uchiha con brusquedad.
Sakura tardó unos segundos en contestar. De ahora en adelante debía de usar la cabeza y no dejarse llevar por sus impulsos. Inteligencia, Sakura, usa tu inteligencia…
– ¿Quieres saber por qué te besé? –preguntó con lentitud, sin apartar su vista de sus ojos.
Sasuke asintió.
–Bien. Dime lo que ocurrió realmente entre tú y yo en esa fiesta, y te lo diré. –dijo con astucia.
No perdió detalle de las expresiones que revelaba en su rostro. Desde el enojo y la frustración, hasta la mirada calculadora que le dirigía el Uchiha. No dijo nada por un minuto entero, sopesando sus palabras.
Sakura se dio cuenta que estaba reteniendo la respiración, pero no fue hasta que Sasuke habló en que volvió a respirar con normalidad.
–Bien. –dijo finalmente. –Bien. –repitió, dejando caer sus brazos en sus rodillas, quedando un poco más cerca de ella.
Su corazón dio un vuelco. Presurosa, habló antes de que él pudiera si quiera arrepentirse de su aprobación.
–Suigetsu dijo que me habías drogado, ¿es eso cierto? –su corazón no ha dejado de martillarle el pecho, ansiosa de hallar la respuesta.
–No. –respondió.
Y fue en ese instante en que su mundo comenzó a girar de nuevo, como si todo este tiempo se había quedado atascado en esa noche en la cabaña. Sin embargo, a pesar de obtener al fin una respuesta directa de él, Sakura no estaba tranquila.
– Pero aun así, ¿nosotros…? –dejó la frase al aire, recordando la fotografía que descansaba en el escritorio de su habitación.
Esta vez Sasuke no respondió, y en su lugar habló con otra pregunta:
– ¿Por qué lo hiciste, Sakura? –
Pero Sakura no escuchaba, estaba desesperada por saber lo ocurrido que ni si quiera se molestó en escucharlo y siguió arrematando con preguntas.
– ¿Pero sí estaba drogada, cierto? ¿Alguien más pudo haberme drogado esa noche? ¿Cómo terminé contigo? ¿Cómo es que nos liamos en esa habitación…? –una vez que empezó, era difícil detenerse. Eran tantas sus inquietudes…
– ¿Qué querías conseguir al besarme y golpearme de esa manera? –habló Sasuke por encima de su voz, una forma para hacerse escuchar. Pero ella no se detuvo.
– ¿Sabías que estaba drogada? ¿No te diste cuenta, tal vez? ¿O quizás si lo hiciste, pero seguiste… besándome, tocándome…? –
– ¡¿Por qué decir que me odias y luego, de la nada, besarme?! –elevó su tono con más fuerza, opacando los balbuceos de la pelirosa.
– ¡Eso debería preguntártelo yo a ti! –chilló Sakura, levantándose sobre sus rodillas e inflando su pecho, ofuscada. Importándole un bledo si mostraba de más o no. – ¡Tú eres el que recuerda todo lo ocurrido! ¡Tú eres el que estaba consciente de lo que hacía! –
Sasuke se sentó con la espalda recta, igualando la altura de la pelirosa.
– ¡HACE UNAS HORAS TÚ TAMBIÉN ESTABAS CONSCIENTE DE LO QUE HACÍAS! –rugió Sasuke, fuera de sí.
Esta vez Sakura se levantó del sillón, furiosa que le siguiera recordando el beso de esa tarde.
– ¡QUIERO SABER SI FUISTE CAPAZ DE VIOLARME, SASUKE! –gritó tan alto que raspó su garganta.
Silencio.
Sakura lo observaba entre la ira y la exasperación, pero más que nada había un atisbo de miedo en sus grandes ojos verdes. En cambio, Sasuke se quedó tieso, como si se hubiera quedado en blanco.
Sasuke abrió la boca, pero la cerró de inmediato y en lugar de decir algo, se levantó de la mesa de centro hasta posarse delante de ella. Frente a frente.
La respiración de la chica se dificultaba más a cada segundo que pasaba, la ansiedad le estaba pasando la cuenta al sentir como su corazón martillaba fuertemente contra su pecho.
Lo que tanto quería escuchar. Lo que tanto quería saber…
–No, Sakura. –dijo con la voz enronquecida. –No abusé de ti. –
Y fue como si un enorme peso se le quitara encima, como si toda la histeria, la rabia acumulada y el desasosiego que había sentido durante todo este tiempo se redujera allí mismo, en esa oscura y callada sala. Pero a la vez, un extraño sentimiento se propagaba por todo su cuerpo… algo que no la dejaba en paz.
– ¿Cómo puedo estar segura? –inquirió en un tono tembloroso. El corazón no había dejado de latir con fiereza. – ¿Qué me garantiza que estés diciendo la verdad? –
Una mueca apareció en el rostro de Sasuke, pero en vez de enfadarse o indignarse por sus palabras, bajó los hombros, como si se hubiera cansado de repente. Sin embargo, lo que más llamó su atención fue la mirada que le dirigió: una mezcla entre tristeza y decepción.
–Solo mi palabra. –se limitó en decir.
Sakura apretó los puños en sus costados, aguantando el impulso de golpearlo. Él en verdad se la estaba buscando…
–Quiero el video. –espetó de pronto la pelirosa, causando que Sasuke la mirara con extrañeza. –No te hagas el tonto, sabes a lo que me refiero. Esa fotografía que pusiste en mi casillero… –
Otro silencio.
Sus puños dolían por la presión que estaba ejerciendo, pero se contenía para no lanzarse sobre él y golpearlo. Ya van dos veces en que perdió el control con él, y trataba a toda costa por evitar una tercera. Claro que, ganas no le faltaban.
–He hecho lo que me has pedido. Es tu turno. –declaró el Uchiha, sin inmutarse ante la mirada furibunda de la chica. –Responde. –
Sakura quería seguir con el interrogatorio, pero tenía claro que ya no iba a conseguir más información que esa. Aun así no podía conformarse con sus palabras: necesitaba evidencias, algo que demostrase su inocencia, y estaba casi segura que el video podría esclarecer sus dudas. Pero lo que no entendía, y lo que hacía sospechar aún más, es por qué callar algo así. Si él en verdad no hizo nada malo, ¿por qué ocultarlo? ¿Acaso, había algo en ese video que él no quisiera que viera? ¿Quizás había mentido al respecto y no quería que ella se diera cuenta? ¿O existía algo más? y si ese era el caso, ¿Qué estaría ocultando?
Solo con sus palabras…
Eso es lo que él había dicho. ¿Estaría dispuesta a confiar en su palabra?
Si había algo en esa mirada oscura, además de su gélida destemplanza, era la fijeza con la que la miraba, demostrando algo más que seriedad.
Entonces, Sakura supo que él no mentía. No la había drogado. Tampoco se aprovechó de ella.
Si le hubiera dicho esas mismas palabras con esa misma mirada meses atrás, Sakura le hubiera creído sin chistar, como la idiota que era. Pero luego de haberse enfrentado a Suigetsu y de enterarse de cosas que jamás imaginó de él, no podía darle mucho crédito a "solo mi palabra". Aunque tampoco podía negar el inmenso alivio que estaba sintiendo en estos momentos, y que esperaba sentirse así un poco más, al menos, antes de que su mente la bombardeara con pensamientos retorcidos y negativos que, estaba segura, aparecería una vez estando sola.
Por el momento, debía de preocuparse del presente y de la persona que se encontraba adelante suyo, mirándola con esos ojos negros sin un ápice de benignidad en ellos.
–Habla. –la voz del Uchiha la trajo de nuevo a la realidad.
–Bien. –contestó quedamente. Su mente trabajaba a toda velocidad, buscando qué decir.
Lo observó a los ojos y relajó su expresión lo más que pudo, demostrando neutralidad.
–Hace días que sueño con la fiesta en la cabaña. –comenzó a mentir, cuidando en que no le temblara la voz y sonase lo más segura posible. –Pequeños… fragmentos, por así decirlo. Pero lo que más ansiaba saber, era lo que pasó (o no pasó) entre tú y yo en esa habitación. Quería saber la verdad, pero no era capaz de recordar nada… –hizo una mueca, aparentando sentirse frustrada. –E intentando preguntártelo muchas veces, pero te negabas a responder o me ignorabas. –el tono rencoroso que utilizó, sin embargo, era real. –Así que en el parque… al ver que te ibas, de nuevo, sin obtener nada, yo… –Sakura no podía entender como su madre nunca caía en sus mentiras. Para ella, esta era la mejor actuación (e improvisada, además) que jamás había hecho. –Me enojé, y bastante. Lo único que quería era saber lo ocurrido, sin importar nada… Fue una estupidez, lo admito: pensé que si te besaba, podría recordar algo de esa noche. –finalizó.
Sasuke no cambio de expresión en ningún momento, atento a lo que decía. Mientras que ella no apartaba la vista de sus ojos, con esa mueca que denotaba entre molesta y exasperada, como si lamentara sus acciones.
Pasado los segundos, Sasuke parecía no dispuesto a hablar.
–Mira, sé que fue una estupidez y todo eso, pero… estaba muy molesta y no pensé ni medité lo que estaba haciendo. –agregó. La ponía de los nervios el incómodo silencio que propagaba el Uchiha.
Esperaba que fuera su imaginación, pero Sasuke tenía la misma mirada de su madre, aunque de una manera más espeluznante. Esa forma analítica de observar, era idéntica a la azarosa forma con la que ella solía martirizarla, como si tratara de averiguar la verdad a través de sus ojos. Y quizás fuera ese pensamiento que la empujó a desviar su vista hacia un lado. Grave error.
–Mentirosa. –dijo de pronto, llamando la atención de la pelirosa, quien volvió su vista inmediatamente a la de él.
–Es verdad. –abrió su boca antes de poder asimilar la mirada acusadora que le dirigía el chico.
–No, no lo es. –volvió a decir Sasuke, contemplando su semblante pálido.
– ¿Y cómo estas tan seguro? –cuestionó cruzándose de brazos. Sintió la tela húmeda de la playera apegarse aún más a su torso causando que por primera vez, desde que despertó en el sillón, sintiera escalofríos. Se frotó los brazos con disimulo: tenía la piel de gallina.
–Te conozco. –dijo, dando un paso a su dirección, más cerca de ella.
–No me conoces en absoluto. –siseó escuetamente. Ignoró la señal de alerta que su cuerpo le advertía cuando éste dio otro paso a su dirección, obligando a mantener la vista fija con los de él.
–Si lo hago, y por más que intentes negarlo, tú también me conoces. –dictaminó Sasuke.
Sakura no sabía por qué le había afectado tanto sus palabras, hasta el punto de que su pecho vibró por el fuerte salto que dio su corazón, y comenzara a galopar rápidamente.
–No estoy mintiendo. Allá tú si me crees o no. –respondió a la defensiva, elevando su voz.
Sasuke no respondió de inmediato, observando su rostro sin inmutarse si quiera de su evidente nerviosismo. Tenía la impresión de que estaba sopesando algo, tratando de decidirse si sería correcto en abrir la boca.
–Vi tu expresión, luego de que me empujaras. –dijo con lentitud, sin apartar sus ojos negros de los verdes brillantes de ella.
Frunció el ceño.
Comenzó a rememorar las emociones que sintió al besarlo; el disgusto y la rabia que emergió de su interior fueron tan grandes, que le fue imposible contenerse. Lo golpeó como le hubiera gustado hacerlo desde que vio la fotografía de ellos dos arrimados encima del buró de la habitación, era en cierta forma, como habría querido reaccionar si no hubiese estado drogada y alcoholizada en esa fiesta. Un pequeño secreto que guardaba al fondo de su mente.
Sin embargo, existían otras emociones que no contaba con que pasaría. Mentiría si dijera que solo sintió asco y repugnancia mientras lo besaba… aunque él no tiene como saberlo.
Desechó el recuerdo de sus labios siendo aprisionados con los de él, que se colaban nuevamente entre las brumosas y extrañas neblinas de su cerebro.
Parpadeó un par de veces, volviendo a la realidad.
– ¿Hablas cuando te miré con rabia? –respondió con suficiencia. No obstante, se alejó unos centímetros de él, casi sin notarlo. – ¿O mi mueca de asco? –
La burla y el sarcasmo no pasó desapercibido para el Uchiha, pero este la miraba con la misma expresión insulsa y carente de emocionalidad que le era difícil saber si lo había afectado o no.
–No. –dijo con un increíble tranquilidad. –De lo que hablo es antes de eso. –
Una horrible sensación de frío le invadió el pecho, y no fue culpa de la playera húmeda.
Él sabía. Se había dado cuenta…
–No sé de lo que hablas. –se apresuró a mentir.
No le importaba si le creía o no. Primero se casaba con Suigetsu antes de confesar nada; lo negaría una y mil veces si fuera necesario.
Quizás algo en su rostro atrevido (o más bien, frenético) hizo que Sasuke no insistiera más en el tema, si no quería recibir otro golpe en los bajos. Sakura estaba dispuesta hacerlo si él llegara a decir lo que estaba ocultando en voz alta.
En cambio, Sasuke viró su rostro a un lado, esquivando su mirada austera impregnando sus ojos verdes.
–Creo que es suficiente. –se limitó a decir el Uchiha.
Sakura abrió la boca, a punto de arremeter con preguntas de la fiesta que él no había contestado y evitado, en un intento de retomar el tema perdido y que esta vez, obtener algo más que un simple sí o no. Pero antes de poder decir algo, un cosquilleo comenzó a formarse en su nariz y poco a poco fue intensificándose hasta que, de un segundo al otro, la inconfundible sensación de picazón refertó. Estuvo a tiempo de llevarse el rostro al interior de su brazo derecho al momento de estornudar y no una, sino tres veces seguidas.
El bochorno y la vergüenza interrumpieron la tensión que había entre ellos, dejando a Sakura con las mejillas sonrosadas y la nariz media compungida por los ruidosos estornudos.
Sintió como Sasuke giraba a verla, pero se mantuvo cabizbaja, fingiendo rascarse la nariz u otra cosa, lo que sea antes de mirarlo a los ojos.
–Bébete el té. –espetó el Uchiha. –Aún debe estar caliente. –
Con la poca dignidad que le quedaba, Sakura contestó:
–No quiero nada que provenga de ti. –dijo con seriedad mientras se rascaba la nariz con el dorso de la mano. El gesto, sin embargo, le resto imponencia a sus palabras.
Sasuke hizo una mueca despectiva al verla luchar contra la picazón.
–Creo que hará falta más té... –señaló el muchacho. Y sin decir nada más, dio media vuelta y comenzó a caminar.
Sakura frunció el ceño, molesta por haberla ignorado. Dio un par de zancadas antes de que él saliera de la estancia, pescó su brazo y lo obligó a darse la vuelta.
– ¿Dónde crees que vas? –bramó la pelirosa con las mejillas ardiéndoles por la rabia.
–Pues a la cocina. –respondió con descaro, como si fuese tan normal como ir al supermercado.
Sakura inhaló una gran cantidad de aire, furiosa por su desfachatez.
– ¡Esta es MI casa! Y no eres bienvenido para que puedas… –no alcanzó a terminar lo que iba a decir, ya que Sasuke se acercó a ella tan rápido y tan de repente que no pudo evitar enmudecer.
–Voy hacer lo que se me pegue en gana. –masculló en un tono decidido e igual de molesto que ella. –Estás medio desnuda, mojada y a punto de resfriarte; no estás en muy buena posición que digamos. –agregó.
La ira burbujeaba peligrosamente en su interior, mientras que sus ojos centellaban contra los oscuros ojos de Sasuke, que no dejaba de observarla como si fuese una niña especialmente molesta que no lo dejaba hacer sus cosas, tranquilo.
Infló su pecho con la expresión desencajada. Estaba a punto de explotar.
– ¡Y a ti qué mierda te importa! –chilló cabreada, sintiendo como la vena en su cuello se inflamaba al alzar la voz. – ¡No te quiero aquí en mi casa! ¡Así que toma tu mojado trasero y vete! –
–No. –espetó, sin inmutarse de la furia que comenzaba a florecer en el rostro de la pelirosa. –No me iré hasta asegurarme de que hayas bebido el té. –
Sakura abrió la boca de la impresión. Él realmente la estaba tratando como a una niña…
Apretó los puños a sus costados mientras que cuadraba los hombros; estaba a un paso de mandar todo a la mierda.
– ¡Te dije que no quiero nada que provenga de ti! –gritó. La vena en su cuello parecía crecer a cada segundo que pasaba.
Sasuke la observó con una ceja alzada, evidentemente, no le estaba tomando en serio a sus palabras, ya que le dio una breve hojeada a la playera que llevaba la pelirosa.
–Aun así, llevas puesto algo mío ¿no? –indicó el muchacho con un dejo de ironía en su voz.
Fue entonces que Sakura mandó todo a la mierda.
El tono tranquilo y hasta burlón del Uchiha, fueron el desencadenante de que su furia se crispara y emergiera hasta por los cielos.
– ¡Entonces, toma! –con la mandíbula desencajada y fuertemente apretadas, Sakura se subió la playera hasta quitarla, y la estampó el arrugado y mojado muñón al pecho del chico. – ¡AQUÍ TIENES! ¡A VER SI TE CAE EN EL…! –
Sakura chillaba, rugía y amonestaba con los brazos en alto y las agitaba con cada grosería o maldiciones que gritaba a todo pulmón, sin importarle (o ser consciente) de su desnudez. Y todo frente a los ojos del Uchiha.
Su pecho subía y bajaba con fuerza por las grandes bocanadas de aire que utilizaba para atacarlo e insultarlo, mientras que las venas de su cuello y frente se inflamaban a cada segundo. Su rostro antes pálido, comenzó a tornarse del mismo color de su cabello hasta un tono más oscuro a medida que subía la intensidad de sus gritos.
La escasa luz que se filtraba desde la cocina hasta la sala en donde se encontraban, iluminaba sutilmente su figura delicada y delgada; la piel blanquecina resplandecía por la escasa luz que tocaba su piel. Sin embargo, eran sus ojos verdes fulminantes los que refulgían más que cualquier otra cosa. Verdes y llameantes, como cual guerrera en plena batalla.
Para Sasuke, es como ver a Palas Atenea combatiendo contra él, porque así era ella, Sakura. Hermosa y radiante sin pretenderlo, con su cabello rosa que, en ese momento, mecía y sacudía con violencia sobre sus hombros, rabiosa, hasta que las gotas que quedaban de la lluvia caían y salpicaban el suelo. De cuerpo pequeño y delgado, que daba la errónea impresión de una chica delicada y frágil, pero era merecedora de una increíble fuerza que era capaz de vencer al más macizo de los hombres. ¡Y de qué hablar de su inteligencia! Astuta y perspicaz, la muy condenada. Pero lo que más le gustaba de ella eran sus ojos, allí donde latía su alma, donde el coraje, la determinación y la libertad residían con tanta transparencia… y a la vez, tan inalcanzable.
– ¡…Y OJALÁ TENGAS ESPACIO PARA VER SI SUIGETSU TE LA…! –sentía la garganta seca y rasposa de tanto gritar y chillar, pero tanta era su rabia que poco le importó.
Sasuke la observaba impávido, como si no pudiera creer lo que oía… o veía. Pero estaba tan airada que simplemente pasaba de cualquier cosa que estuviera haciendo, más concentrada en expulsar todo lo que había aguantado y reprimido, como para fijarse en "pequeñeces".
Si se hubiera dado un segundo para respirar, de seguro notaría en los ojos extrañamente brillantes de Sasuke, la turbación y la sorpresa de actuar así, tas desinhibida.
– ¡…NO AGUANTARÉ QUE ME SIGAS TRATANDO COMO SE TE DE LA GANA! ¡MALDITO CRETINO, SINVERGÜENZA…! –
Como si le hubieran dado un golpe en el cráneo; Sasuke salió de su estupor. Evitó a toda costa en mirar más allá de las delgadas y marcadas clavículas de la pelirosa, y concentró toda su atención en su desfigurado y enrojecido rostro, que escupía con inmensa rabia, y sus grandes ojos llameantes y peligrosos, denotaban que estaba a punto de hacer algo más que seguir maldiciéndolo.
Debía de hacer algo antes de que ella comenzara a golpearlo, otra vez.
No obstante, tampoco se atrevía en llamarla o alzar tan siquiera su voz. No es que le tuviese miedo, pero no era idiota. Sakura podía molerlo a golpes si se le diera la gana.
Bajó su vista hasta sus labios, brillosos y sonrosados, que los abría y cerraba cada vez que alzaba la voz, y los mordía y movía para modular las palabras que tanto quería que él oyera, pero no lo hacía. Estaba más atento recordando lo que hace no más de algunas horas, fue él que mordía y movía esos dulces labios.
¿Valía la pena profanar una vez más su boca? ¿Y arriesgarse en recibir una paliza por no evitar caer tentado a su adictivo sabor?
–Dios. Por supuesto que vale la pena, maldición. –escuchó Sakura.
No tuvo tiempo para reaccionar, ni mucho menos en pensar. Solo sabe que al segundo siguiente, Sasuke se había acercado tanto que, prácticamente estaba encima de ella.
Levantó el rostro consternada, cesando de manera abrupta su larga perorata de insultos, sorprendida de tenerlo tan cerca. Estaba a punto de reclamar su cercanía cuando sintió algo suave y familiar hacer contacto con sus labios. El toque fue tan sorpresivo, que fue inevitable no reaccionar y quedarse paralizada de pies a cabeza, sintiendo como aquello se movía y apretaba sus labios con insistencia.
Entonces, su cabeza hizo click al reconocer los dientes que apretaban con delicadeza su labio inferior, como una lisonja.
Sasuke la estaba besando, de nuevo.
Los dedos fríos del Uchiha se posaron en sus hombros con fuerza, reteniéndola allí, en esa posición en donde lo único que podía hacer era sentir sus labios siendo presionados con los de él.
Dio un paso hacia atrás, en un intento de liberarse de su brazos, pero Sasuke la siguió. A cada paso que retrocedía, él avanzaba, imponiendo su presencia. Sus piernas tocaron el sillón de manera abrupta, haciendo que perdiera el equilibrio y callera recostada en la mullida superficie, pero no lo hizo sola. Sasuke calló encima de ella sin romper el beso, afianzando su agarre en sus hombros y sintiendo como su cuerpo desnudo era aprisionado por la inmensa y apabullante figura del Uchiha.
Sakura estaba en blanco, no podía pensar con claridad. A penas si pudo mover sus manos e hizo la única cosa que le formó sentido: alcanzó los brazos de Sasuke y trató de empujarlo hacia atrás, pero él mantenía todo su peso en ella, así que solo pudo moverlo unos centímetros, pero fueron suficientes para despagar sus labios.
– ¡S-Sasuke! –jadeó su nombre, entre sorprendida y asustada. – ¿Qué…? –tembló.
Sasuke la observaba como jamás lo había hecho. Nunca nadie la había visto como lo estaba haciendo él, como si… como si…
– ¿P-Por qué…? –volvió a temblar, sin poder creer que se hubiera atrevido a besarla.
–Sakura… –su voz salió extrañamente ronca, casi como un rugido, haciendo que los vellos de la chica se le erizaran, y no precisamente del frío.
Las manos de la pelirosa seguían sobre sus brazos. Temblaban y no por el miedo, sino por el impacto de que él hubiera hecho lo que hizo. Él nunca pasó a mayores con ella (a menos no desde la fiesta) y, al parecer, se confió demasiado con la siempre tranquila y parca postura de Sasuke, que jamás se le pudo ocurrir que él…
A continuación, una de las manos de Sasuke viajó desde su hombro hasta su cuello, rozando con su pulgar el fino trazo de su mandíbula, sin quitar su vista de los ojos agrandados de la chica. Y lo que dijo, hizo que su confundida cabeza rosada explotara en un viejo y especial recuerdo de antaño.
–Porque tú, entre todas las personas... –dijo, mientras inclinaba su rostro con el de ella, rozando una vez más sus labios. –no pude evitar elegir a ti –
Sin importar que Sakura lo observaba anonada y con la boca abierta de la impresión. Sin importar que sus ojos verdes intensos expresaban confusión e impacto puro. Sin importar que las gotas que quedaban de la lluvia mojaban su rostro y el sillón en donde reposaba, sin importar que su voluminoso y desaliñado cabello rosa caían desordenadamente en su frente y mejillas e, incluso, su pálido semblante demostraba cuan afectada estaba por la temperatura… Sasuke no podía creer que aun así, ella seguía luciendo hermosa y radiante.
Y con ese último pensamiento, Sasuke la besó.
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02:41 A.M
Momento del desastre.
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La música estaba al tope y aun así no se escuchaba tan estridente como les gustaría. Las bebidas estaban pronto de acabarse y una de las chicas ya había comenzado a cabecear.
Todo apuntaba a que la fiesta estaba a punto de acabar.
Sakura miró el gran reloj que estaba en la pared, justo encima de la chimenea: todavía faltaban menos de veinte minutos para las tres de la madrugada.
Se acomodó en el apretujado sillón, incómoda por la ancha contextura de Chōji, quien no paraba de engullir un paquete de papas fritas dándole codazos ocasionales al estar la mayoría amontonados en el living.
Ella junto a las chicas, a excepción Ino y Temari, se encontraban sentadas junto a Shino, Chōji y Kiba. Este último, agazapado casi encima de ella al estar sentado en el reposabrazos, pero Kiba no se daba ni por enterado la evidente incomodidad de la pelirosa al estar concentrado en su teléfono.
Se hizo para adelante, sentándose en la orilla del sillón y dejó que su mirada vagara por toda la estancia en donde la mayoría de los chicos estaban sentados en el suelo o parados conversando amenamente al lado de la chimenea. Entre ellos estaba los hermanos Sabaku No, Shikamaru (demasiado cerca de Temari) y Neji, eran el grupito de los intelectuales y por ende, el más aburrido de todos. En el suelo frente al sillón estaba Naruto charlando con Hinata, quien estaba sentada al otro extremo del sillón. Al lado del rubio estaba Lee, apoyando su espalda contra las piernas de Tenten mientras mantenía una intensa charla con los demás chicos, bebiendo los últimos vasos de licor que quedaban.
Sin poder aguantar estar apretujada por más tiempo, Sakura se levantó del sillón y se fue de la estancia, bajo la atenta mirada de cierto pelinegro. Caminó rumbo al oscuro pasillo tambaleándose ligeramente por las copas de más que había bebido con los chicos, con la idea de irse a su habitación, ya que al parecer la fiesta no duraría mucho.
Al llegar a las escaleras, se encontró con Ino quien bajaba a carcajadas junto a su novio, igual de ebrios que ella. Cuando la rubia se percató de Sakura al final de las escaleras, ensanchó su sonrisa y se apresuró en bajar, dejando a Sai a medio camino.
–Sa-ku-ra. –la llamó la rubia, una vez que se posicionó a su lado.
La pelirosa le devolvió una sonrisa cansina, evidenciando el poco entusiasmo que tenía en ese momento.
– ¿Qué pasa? ¿Por qué no estas con los demás? –arrastró ligeramente las palabras, manifestando aún más su ebriedad.
–Cerda… –la llamó en un puchero, dejando caer su espalda contra el barandal. –Se acabó el licor. –dijo con tristeza.
Ino abrió su boca en una perfecta "O", sorprendida.
–No puede ser… –dramatizó la rubia, colocando una muy convincente expresión horrorizada al escuchar la noticia.
–Sí, sí… –cabeceó, restándole importancia al asunto. –No hay mucho que hacer sin alcohol, entonces. –dijo esto último señalando el segundo rellano, dando a entender que estaba próximo de irse a dormir.
– ¡No! –lamentó Ino apoyándose en el barandal junto a ella.
– ¿Qué sucede? –inquirió Sai, incluyéndose a la conversación.
A diferencia de Ino, a él a penas se le notaba la borrachera, pero llevaba una pinta que indicaba a todas luces que había estado haciendo algo muy entretenido junto Ino en una de las habitaciones del segundo piso.
Hizo una mueca de asco al imaginar lo que pudieron estar haciendo. Se apresuró en borrar las imágenes que se colaban por mente.
– ¡Sakura dice que no hay más licor! –se quejó la rubia, mirando a su novio con las cejas fruncidas en señal de molestia, como si fuera culpa de él que se hubiera acabado todo el alcohol.
–No le veo el problema. –comentó el chico con inocencia, sin entender la expresión enojada de Ino.
– ¡Sin alcohol no hay fiesta! –exclamó la rubia, inflando sus mofletes.
Sai levantó una ceja, escéptico.
– ¿Por qué no llaman a un repartidor? –aconsejó, llevándose un dedo al mentón, como si estuviera pensando en algo. –Aunque cobran más caro a estas horas. –
–Pero, estamos lejos de la ciudad. –intervino Sakura. –Nadie vendrá aquí. Y tampoco creo que haya una licorería por estos lados. –comentó ahogando un enorme bostezo con el dorso de su mano.
–No hay licorería. Fue lo primero que averigüé al pedir prestada la cabaña. –reconoció Ino con voz mosqueada.
–En ese caso… –Sai siguió meditando alguna idea, tocando su mentón con sus blanquecinos dedos. – ¿Y si mejor le preguntan a Sasuke? –
Tanto Sakura e Ino se miraron extrañadas.
Sakura estaba segura que a la última persona en el mundo a quien se le ocurriría acercarse es, precisamente a Sasuke.
– ¿Por qué deberíamos? –inquirió en un tono agresivo, pero se dio cuenta a tiempo y se rectificó con voz más sutil. –Es decir, ¿Conoce algún servicio a domicilio o algo así? –
–No estoy muy seguro. –se encoge de hombros, llevando su vista hacia la pelirosa. –Naruto mencionó una vez que Sasuke conoce a un tipo que realiza entregas nocturnas. Lo llamó "El Negociador". –
Ino ahoga una risita al escuchar eso último.
–Qué clase d nombre es ese… –cuestiona con una sonrisita.
–Suena como a un mafioso. –comentó la pelirosa levantando una ceja.
–Lo dudo. –repuso Sai, sonriéndole. –Si es amigo de Sasuke, no debe ser malo. –indicó, ensanchando su sonrisa al ver la confusión de la muchacha.
– ¿A qué te refieres? –preguntó con las cejas fruncidas.
–Ay, Sakura. –resopló Ino cabeceando de un lado a otro como si ella ya no tuviera remedio. – ¿No es obvio? –
–Es el mejor amigo de Naruto, ¿no? –respondió Sai.
Lo dijo como si eso fuera suficiente para disipar sus dudas, pero la había dejado con más preguntas que respuestas. Sin embargo, dejó el tema hasta allí porque realmente no le interesaba que tipos de amigos que pudiera tener Sasuke, ya que la única cosa relevante que ha escuchado hasta el momento es que existía alguien quien, posiblemente, estaría dispuesto a llevarle licor a fueras de la ciudad. Por lo que volvió a centrar el tema principal a la conversación.
–Ya. Pero, ¿no sería mejor si tú le preguntaras, Sai? ¿O pedirle a Naruto que lo haga? Creo que es la única persona a quien Sasuke haría caso… –sugirió la pelirosa.
Sai le dedicó una extraña sonrisa antes de responder con tranquilidad.
–No. Eso es imposible. –
– ¿Qué? ¿Por qué no? –inquirió Ino cruzándose de brazos frente a su novio.
–Porque Sasuke me mataría si se lo pregunto, si es que Naruto no lo hace primero; se supone que yo no sé nada de esto. –confesó.
– ¿Y cómo se "supone" que lo sabes? –cuestionó la rubia, haciendo comillas con los dedos.
–Recuerda que me siento detrás de Naruto en clases y, el muy bobo, hace mucho ruido al hablar. Además, aunque no lo parezca, Sasuke no es muy discreto que digamos. –dijo, enviándole una enigmática sonrisa a la pelirosa, antes de volver a posar su vista en Ino. – Así que uno se entera de cada cosa. –
Ino dio un respingo a su lado. La observó de reojo y vio que sus ojos, medio dilatados por el alcohol, chispeaban ante lo que acaba de decir su novio.
– ¿Cosas? ¿Qué clase de cosas? –preguntó interesada.
Sakura dio un imperceptible suspiro al escucharla. Era increíble en como Ino podía ser tan cotilla…
De todos modos, Sai tiene razón; Sasuke lo mataría si se enterara de que ha estado escuchando sus conversaciones personales con Naruto.
– ¡Oh! ¡Ya sé! –exclamó de pronto el chico. – ¿Por qué no beben por mientras el licor del minibar? –sugirió mirando a la rubia.
La sonrisa de Ino vaciló y el destello de interés que cruzó momentáneamente por sus ojos, desapareció.
–Es que son de mi tío. –titubeó insegura.
–Solo serán un par de botellas –dijo restándole importancia. –Tiene muchas. De seguro que no lo notará. –intentó convencerla.
Al parecer funcionó, porque Ino bajó los hombros.
–Bien. –cedió al fin, pero agregó. –Pero sólo un par de botellas y de las baratas, porque las demás sí que lo notará. –advirtió con el entrecejo fruncido, señalando a su novio con seriedad.
Sai al escucharla, sonrió a sus anchas asintiendo con la cabeza varias veces para dar a entender que no fallaría a su palabra.
–Descuida. –le guiñó un ojo antes de acercarse a ella y darle un rápido beso en los labios antes de perderse por el pasillo, en dirección al minibar.
Esta vez, Ino se dirigió a ella.
–Muy bien, Sakura. Tú y yo tenemos una misión importante. –dijo sonriendo maliciosamente. –Y esa es: ¡Conseguir el número del Negociador! –
Sakura la miró de manera escéptica, no muy convencida de lo que quería hacer Ino.
– ¿Y cómo piensas hacerlo? –inquirió, cruzándose de brazos. –No podemos pedirle a Sasuke que nos dé su número. Ya oíste a Sai, se supone que nadie sabe de esto. –razonó la pelirosa. Algo increíble, considerando lo tomada que se encontraba.
–A excepción de Naruto. –puntualizó, ensanchando su sonrisa.
Sakura frunció el ceño.
– ¿Quieres pedírselo a Naruto? –dijo con sorpresa.
Pensándolo bien, esa no era una mala idea. De hecho, era bastante buena viniendo de Ino y bajo en esas condiciones.
La observó un momento, viendo cómo se tambaleaba ligeramente producto de los altos tacones de aguja y de los efectos que le estaban haciendo el alcohol.
–Bueno, no perderíamos nada con intentarlo. –contestó un poco más resuelta, ya que la idea de hablarle a Sasuke le daba…
Justo en ese instante, Sai volvió asomarse por el pasillo, pero en esta ocasión llevaba dos vasos llenos de licor. Cuando se posó frente a ambas chicas, pudieron notar su cabello enmarañado y la ropa más desacomodada que nunca.
– ¿Qué te pasó? –inquirió Ino observando a su novio de pies a cabeza, con el entrecejo fruncido.
–Los chicos se pusieron muy contentos al saber que los dejaste beber del minibar. –explicó, mientras le extendía uno de los vasos a su dirección. –Se entusiasmaron muchísimo y se lanzaron encima mío. –dijo haciendo una mueca, al parecer, no muy contento. –Más bien, fue Lee quien lo hizo. Creo que él es gay, ¿sabes? –
Ino no escuchó su último comentario, o más bien lo ignoró, ya que le dio un buen trago de su vaso mientras le sonreía feliz.
–Supongo que deberíamos ir ahora, ¿no? –preguntó Sakura mirando a su amiga.
–Ah, ¡sí! –dijo distraídamente, dando otro sorbo a su bebida.
– ¿Qué es lo que van hacer? –preguntó curioso, el chico.
–Le vamos a pedir a Naruto que nos consiga el número del Negociador. –contestó Sakura.
– ¡Oh! No sé preocupen por eso. –dijo mientras sacaba su teléfono del bolsillo de su pantalón.
– ¿Tú tienes el número? –inquirió extrañada la pelirosa. Pues él había dicho que no tenía forma de pedírselo a Sasuke.
– ¡Un momento! –exclamó la rubia, señalando el teléfono con uno de sus largos dedos. –Ese teléfono no es tuyo. –
–Claro que no, es de Sasuke. –aclaró Sai, sonriente.
– ¿Cómo es eso? –cuestionó su novia dejando su vaso a medio beber. – ¿Te lo dio así nada más? –
Sakura lo observó entre la sorpresa y la admiración, imaginando a Sai enfrentándose a un demonio de pelos parados con valentía. Se preguntaba qué tipo de tácticas habrá usado para convencer a alguien como el Uchiha.
–Se lo robé. –contestó como si tal cosa.
Ambas chicas saltan para atrás, mirando el teléfono como si fuera algún bicho peligroso. Cosa que no estaba muy lejos de la realidad, a decir verdad.
– ¡Estás loco! ¡Sasuke nos mataría si llegara a enterarse! –chilló Sakura asustada. No tenía intenciones de ser cómplice de robo de alguien tan irascible como el Uchiha. Le daba escalofríos de tan solo pensarlo.
–No se preocupen, sólo copien el número y yo dejaré el teléfono en el minibar y para cuando lo encuentre, pensará que lo habrá olvidado allí. –explicó, muy confiado.
Sakura lo miró dudosa. No le convencía mucho la idea de Sai, pero entre ir a preguntárselo a Naruto y recibir el número directamente del teléfono de Sasuke, es por lejos, la segunda opción más acertada, pero también la más peligrosa.
– ¡Al diablo! –exclamó Ino de repente, observando a ambos chicos con decisión. –Esto es mucho mejor que ir a pedírselo a Naruto, porque nos preguntará como lo hemos averiguado. Aunque, claro que si Sasuke se da cuenta que su teléfono no está, dudo mucho que sospeche que algunos de los chicos lo habrá robado, ¿no? –cuestionó encogiendo uno de sus hombros, haciendo que su larga melena rubia se sacudiera en su espalda.
Sai, al ver que la pelirosa todavía vacilaba, dijo:
– ¡Anímate! No pasará nada. –y le extendió el otro vaso que llevaba en la mano. –Para qué se te pase los nervios. –
Sakura recibió el vaso y se lo bebió al seco.
– ¡Wow! ¡Muy bien! –exclamó con más energía y le sonrió a la pareja.
– ¡Así se habla! –felicitó la rubia.
Al segundo siguiente, se escuchó ruidosas ovaciones que provenían desde el comedor.
–Fondo. Fondo. Fondo. –se escuchó a lo lejos.
A Sakura le dieron unas inmensas ganas de ir donde los chicos y divertirse bebiendo con ellos, pero debía quedarse ahí con Sai e Ino para llamar al sujeto que se hacía llamar "El Negociador".
Alejó su mirada del pasillo y se concentró en Ino, aunque le costaba un poco enfocar la vista gracias el efecto del alcohol.
Ino se dio cuenta para donde miraba la pelirosa, y le dio una sonrisa conciliadora.
–Ve. –dijo, pero al ver que ella estaba por alegar, agregó. –No te preocupes, nosotros nos encargamos. –le envía una mirada cómplice a su novio, pero éste tenía la misma mirada anhelante que la pelirosa. Rodó los ojos. –Bien, yo me encargo. –
Sakura suelta una risa y le sonríe de vuelta antes de voltear hacia el pasillo y, mientras iba, escuchó a Sai hablar.
–Te lo recompensaré luego. –un sonoro beso se escuchó de lejos. –El nombre del Negociador es… –
Pero lo que dijo después no se enteró, pues ya había llegado al origen del bullicio en donde los chicos bebían y reían muy contentos alrededor de la mesa, y una muchacha de cabellos negros se subía a la mesa a gatas con una botella de licor sosteniéndola en una de sus pequeñas manos.
Sakura se acercó riéndose y, borracha, se subió a la mesa a un lado de ella, mientras le quitaba la botella y la sostenía por encima de la cabeza de Hinata para comenzar a verter sobre los labios de la chica…
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Muy bien, sé que es un poco corto de lo usual, pero era para mostrar este penúltimo recuerdo.
Ya para el próximo capítulo escribiré el último recuerdo, que relata la continuación del Sasusaku en la cabaña. ¡El final ya se acerca!
Quería publicar antes de terminar el año y a lo grande jajajaja, pero eso se verá en el capítulo siguiente.
Agradezco mucho sus comentarios ¡En serio no tienen idea de cuanto los quiero!
Acá unos saluditos para:
AnaidSilos: Ese "kajskjaksjkajdkdjkajdkadjosaclashoifjoaidfj" en verdad lo sentí. Tamabién he leído varias historias donde termina de esa manera y uno queda como "kiee, ¿esto es todo?" y las ganas por leer más no faltan. Y por lo demás tienes mucha razón, Sasuke se aguantado bastante por años y quería se supiera y, más que nada, se sintiera la desesperación por no saber como acercarse y a la vez mantener su orgullo. ¡Espero que te haya gustado este capítulo! Y sí, trataré de publicar más seguido xd ¡Un beso y que pases felices fiestas!
Rima Echizen: ¡Que bueno que te haya encantado! para ser franca, esa parte narrada por Sasuke fue difícil escribirlo, no quería que sonara empalagoso ni muy frío. pero que bueno que haya valido la pena tanta tensión :) ¡Un saludo para ti y que pases unas felices fiestas!
DULCECITO311: Si, Suigetsu es el antagonista de la historia, y sip, es bastante peligroso, ya se sabrá lo que sucede con él más adelante ;) ¡Qué pases una felices fiestas!
Mishi: Se supone que el capítulo 9 es un racconto, es decir, que empieza con el final. De igual manera, se explica al principio del capítulo 10. Respecto a Sasuke no suelta la sopa porque tendría que admitir cosas que su orgullo no lo deja, pobrecito :( Aunque con este final, no le importó mucho exponer sus sentimientos. ¡Un saludo para ti y que tengas unas felices fiestas!
Cherry Lizz: Eres realmente un amor :c No sabes cuanto me llegó a mi corazoncito :x ¡Y no te preocupes! No pienso dejar la historia por ningún motivo, quizás me tarde un publicar pero jamás lo dejaré botado. Tenlo por seguro ;) ¡Y tienes un capítulo entero de Sasusaku jajajaj! ¡Un beso enorme y que tengas unas felices fiestas!
Jen1490: La verdad si hay algo ahí, como bien dices sobre los sentimientos de Sakura, pero lamentablemente no es amor :( Aunque no está muy lejos de estarlo ;) Pero eso lo explicaré en otro capítulo. Respecto a la mamá de Sakura, si hay cosillas escondidas por ahí, pero es demasiado largo de explicar asjdkskda. Pero bueno, el beso entre Sasuke y Sakura lo tenía planeado para más adelante, pero pensé que ya era tiempo de ponerle sazón a la cosa jasndkjna así que me adelanté un poquito y aquí las cosas como ves, se salieron de control. Pero bueno, ¡Un enorme saludo para ti y que tengas unas felices fiestas!
Carla: ¡Qué bueno que te haya gustado! Aquí te traigo más Sasusaku ;) ¡Que tengas unas felices fiestas!
Sabri: Es una buena idea, no había considerado poner algo de celos. Sí, podría hacer algo así para más adelante. Gracias por la idea ;) ¡Un saludo y que pases unas felices fiestas!
Amairani Sima: Jasndkl si, pos aquí tienes otro capítulo entero Sasusaku, espero que te guste :) ¡Un beso que tengas unas felices fiestas!
Tadaya: ¡Muchísimas gracias! Espero que te guste este también, ¡Un saludo y que tengas unas felices fiestas!
Ale chan: ¡Amor para ti también! Actualicé lo más rápido que podía, en serio :( ¡Que tengas unas felices fiestas! :)
Julia: ¡Te lo agradezco mucho! Espero que te guste este nuevo capítulo ¡Felices fiestas!
IxSpaceCadetxl: kasdkladkla si pasa xddd Buenooo, no puedo decir que hablar precisamente bien aquí, la tipa bien encabronada se desnudó frente a él, y pues el sasunito de Sasuke no se contuvo :v ¡Un saludo y que tengas unas felices fiestas!
Lola chan: ¡Graciaaaas! :) Aquí pues tienes otro capi ¡Un saludo y que pases unas felices fiestas!
Alicia DS: ¡Muchísimas gracias! Espero que te guste este también, ¡Un beso y que pases unas felices fiestas!
Noemitg chan: KJANDLKNAKL Neji, pobrecito. Me dio penita escribir esa parte, pero naahh igual me reí. Todos pensaron que Sasuke y Sakura hicieron el delicioso, pero al final resultó ser Naruto el cochino que le andaba haciendo regalitos a Hinata :v Pues, espero que te haya gustado este capítulo ¡Que tengas unas felices fiestas! :)
Y eso ha sido todo por ahora.
¡Nos leerémos muy pronto!
¡Felices fiestas! :)
