Capítulo 13:
Explotar la burbuja
Draco podría haberse alarmado de lo rápido que se estaba acostumbrando a la presencia de Harry, pero en realidad no era algo que le preocupase. Era feliz, se sentía cómodo, sin presiones, tomándose la libertad de ser él mismo y sin ese sentimiento de soledad que le atormentaba.
Por eso, quedarse a dormir en casa de Harry no había resultado tan incómodo como había pensado. El moreno le había ofrecido una de las habitaciones de invitados y Draco había reído interiormente porque solo un caballeroso Gryffindor podría hacerle tal propuesta después de lo que había pasado entre ellos. Al final, habían dormido juntos en la misma cama y no le había sorprendido que Harry respetase su espacio personal como si fuese algo sagrado. Le provocaba un sentimiento entre la exasperación y el confort que no había sentido nunca.
Tampoco fue una sorpresa despertarse y encontrar a Potter en la cocina, haciendo el desayuno mientras tarareaba una canción al ritmo de la música que sonaba de fondo en la radio.
Draco se sentó en uno de los taburetes del mostrador y apoyó la barbilla en su mano para disfrutar de la escena. Harry iba descalzo, llevaba puesto unos pantalones negros de deporte y una camiseta blanca de manga corta.
—¿Siempre te despiertas de tan buen humor? —preguntó.
—Me gusta madrugar —el moreno se dio la vuelta, dedicándole una sonrisa. En la parte delantera de su camiseta se podía leer: los leones lo hacemos a cuatro patas. Casi le hace reír—. ¿A ti no?
Negó con la cabeza. Podía sentir el sueño en sus párpados y las ganas de volver a la cama para acurrucarse. Nunca era una persona decente hasta tener una buena ducha y un café. Su estómago gruñó ante el pensamiento de ingerir algo de cafeína y el delicioso olor que empezaba a inundar la cocina no estaba ayudando.
—¿Qué estás haciendo?
—Tortitas canadienses —respondió Harry—. Son algo las ligeras que las americanas y les tienes que echar obligatoriamente sirope de arce. Sería un crimen no hacerlo.
Rodó los ojos, esbozando una pequeña sonrisa. Desvío su atención al periódico que había en un lado del mostrador. Estaba doblado por la mitad, pero podía distinguir que él se trataba de El Profeta. Alargó la mano para cogerlo, enderezándose en cuanto vio la portada. "Las causas pérdidas del héroe: los Chudley Cannons y Draco Malfoy", anunciaba el titular. Una foto de ellos dos ocupaba la mayor parte de la página, justo en el momento en el que Harry enmarcaba su rostro y le besaba. No iba a leer el artículo, así que volvió a doblar el periódico para dejarlo donde estaba. No esperaba palabras bonitas, ni una historia agradable. Ni si quiera confiaba en que contasen la simple verdad con objetividad, pero tampoco había imaginado que Skeeter le fuese a robar sus propias palabras para compararle con un equipo de quidditch y le dejase como si fuese una obra de caridad, como si Harry estuviese haciéndole un favor al estar con él.
—¿Necesitas ayuda? —cuestionó, intentando desviar sus pensamientos. No quería dejarse hundir por comentarios que sabía que eran absurdos.
—No hace falta. He hecho café, por cierto.
—Deberías haber dicho eso antes —se quejó.
Se levantó de su asiento, caminando hacia la cafetera. Alcanzó una taza, se sirvió la bebida y dio un sorbo agradecido. Pocas cosas habían más deliciosas que esa ahora mismo.
Los brazos de Harry rodeando su cintura le sacaron de su éxtasis gustativo. Sintió un tirón e inmediatamente se vio atrapado entre su cuerpo y la encimera.
—Buenos días —murmuró el moreno antes de besarle. Sabía a café y a sirope. Negó mentalmente su propia afirmación; Harry era mucho más placentero que la cafeína.
—Llevas gafas —dijo en cuanto se separaron, aún en los brazos del otro. Eran modernas, con un marco cuadrado y negro. Le quedaban bien, porque acentuaban sus ojos.
—¿Te das cuenta ahora, después de tanto tiempo?
Puso los ojos en blanco ante el sarcasmo, chasqueando la lengua.
—No las llevabas antes, idiota.
—Solo las usó cuando estoy en casa. Utilizo hechizos para corregir la vista cuando salgo —explicó.
Draco asintió, elevando su mano libre para acariciar las hebras oscuras en la nuca de Harry. Admitía que se veía genial en su túnica de Auror, que verle vestido con camisa y vaqueros era un espectáculo, pero se le hacía más atractivo que nunca observarle ahí, con unos pantalones deportivos, usando sus gafas y con una simple camiseta blanca.
Sintió un beso en su cuello que le hizo cerrar los ojos. Suspiró suavemente, ladeando la cabeza para darle acceso al otro, disfrutando del tacto de los labios en su piel.
—¿No se te va a quemar el desayuno? —preguntó, aunque no quería separarse de él.
—Está todo bajo control —quiso hacer una broma sobre el dominio de Potter abarcando cualquier cosa, cuando de repente el moreno se separó ligeramente de él—. Debería haber cerrado la red flú.
Estuvo a punto de preguntar porqué, cuando una voz resonó por otro lado de la casa.
—Harry James Potter, ¿por qué tengo que enterarme por la prensa que te estás acostando con Malfoy? —Harry salió de la cocina, caminando por el salón— Bueno, si es que te acuestas con él, porque por lo mucho que fumas últimamente, diría que tu vida sexual es mínima.
—Ginny —cortó Potter, desde la puerta. Draco no podía verlos, pero los escuchaba perfectamente.
—Con la de gente que puedes elegir y tú vas a por Malfoy, que tiene pinta de ser de esos tipos apretados que no se dejan tocar ni por accidente y...Oh, está aquí, ¿verdad? —percibió una serie de pasos y poco después una cabellera roja se asomaba por el umbral— Hola, Malfoy.
—Weasley —saludó, monocorde.
Ella sonrió grande y exagerada, balanceándose sobre la punta de sus pies.
—Qué incómodo.
—No lo sería si no entrases en mi casa como si fuese el metro —Harry pasó por su lado para volver a sus tortitas.
—No sé qué es eso, pero sí, debería hacerte caso.
Hubo un silencio pesado en el que Draco se dedicó a mirar en silencio su café, mientras Potter terminaba de hacer el desayuno y Weasley los observaba a ambos.
—¿Has venido por algo más a parte de para interrumpir mi mañana? —cuestionó el moreno.
—Me han ascendido a capitana —dijo la chica.
—Felicidades, Gin.
—Lo voy a celebrar con todo el equipo y pensaba que podrías venir. Tú también estás invitado, Malfoy.
Cabeceó a modo de agradecimiento, aún sin modular palabra.
—Envíame un búho con la fecha y la dirección.
—Claro —Ginny sonrió, frotando sus manos—. Creo que me voy a ir ya, entonces. Os espero a los dos en la fiesta. Ah y... —miró a Draco, con una expresión culpable—. Olvida todo lo que he dicho antes.
Ella se marchó rápidamente, dejando tras de sí una atmósfera mucho más tensa que antes.
Draco mantuvo la atención en su taza, reflexionando lo que había dicho Weasley. Él estaba bien con su relación, iban a su ritmo, avanzaban cuando él quería. No estaba siendo presionado, ni sentía que se esperaba nada que no pudiese dar. Nunca había visto a Harry descontento por ello y no lo había escuchado quejarse jamás. Eso no significaba que tal vez estuviese decepcionado, aunque no lo expresase. Podría apostar a que Harry siempre había conseguido lo que había querido de cualquiera y quizás estaba satisfecho por ahora, pero no iba a estar esperándole toda la vida. ¿Qué pasará cuando se diese cuenta de que Draco no era capaz de dar más? Incluso para alguien como el moreno, la paciencia no era infinita y en algún momento llegaría a la conclusión de que estar atascado con Draco no era suficiente.
—Oye —parpadeó, volviendo al presente. Harry estaba frente a él, sujetando su antebrazo con delicadeza—. No hagas caso de lo que ha dicho Ginny, lo hace solo para molestarme.
Asintió, sonriendo débilmente. Se sentaron a desayunar, aunque Draco tenía el estómago cerrado. Masticó lentamente y sin ganas, manteniendo la taza de café entre sus dedos para tener algo en lo que dedicar su atención. No levantó la mirada, ni habló en ningún momento. Potter tampoco dijo nada, pero podía sentir sus ojos sobre él constantemente.
No pudo evitar pensar que le estaba haciendo perder el tiempo. Weasley lo había dicho: Harry podría elegir a cualquiera. ¿Por qué iba a estar con alguien como él, que era incapaz de abrirse por completo, cuando podía estar con una persona que se lo diese todo? No era justo que Harry tuviese que adaptarse a él, que se viese obligado a esperar a que Draco estuviese listo para dar un paso a la vez. Ni si quiera había sido capaz de quitarse la ropa por completo la noche anterior, cuando habría un montón de gente que mataría por estar en aquella cocina. Por eso precisamente no había querido acercarse a Harry, porque era absurdo intentar algo que tenía tantas posibilidades de fracasar.
—Debería irme a casa —habló en voz baja—. Mañana tengo que trabajar.
—¿Vas a irte sin decirme qué te pasa?
—No me pasa nada.
Escuchó a Harry resoplar y, al enfrentar su mirada, se encontró con el rostro escéptico del otro.
—¿En serio? —preguntó irónico— ¿No estás ya sacando conclusiones erróneas?
Apretó los dientes mientras fruncía el ceño.
—¿Por qué iba a sacar una conclusión errónea? Lo que ha dicho tu amiga es verdad.
—¿Qué más da lo que opine Ginny? —negó con la cabeza, pareciendo incrédulo.
—No es lo que opine ella, es que es cierto. Estás aquí estancado conmigo porque yo... —se detuvo, incapaz de seguir. Se puso en pie, dispuesto a irse de allí—. Da igual.
Era la primera vez en todo ese tiempo que quería escapar de Harry, porque aunque supiese que quizás lo suyo no iba a llegar a ningún lado, no era lo suficientemente valiente como para decírselo y poner fin a ello.
—No, no da igual —replicó el moreno contundentemente—. Me gustaría que me explicases a que viene este arrebato.
—No quiero hablar de esto.
—¿Y qué vas a hacer? ¿Huir? —Draco se detuvo en medio del salón, con los ojos afilados y los hombros tensos. Harry le observó obstinado— ¿Tanto te cuesta hablar conmigo?
—No estoy huyendo.
—Entonces quédate y hablemos.
—¿Y que quieres que te diga? —bramó— ¿Que me siento culpable por no poder darte lo que quieres? ¿Que tal vez nunca llegaré a ser yo mismo otra vez?
—Eso no lo sabes, Draco.
—¡Sí lo sé! —explotó. Sus pulmones se sentían apretados y su garganta estaba oprimida— Lo sé porque cada vez que intimo con alguien lo único que recuerdo es a Ivan estrangulándome. Solo puedo imaginar que me quedo sin aire, porque estuvo a punto de matarme. Le grité mi palabra segura y aún así no paró. No se detuvo... —repitió, con la voz quebrada.
Si no hubiera sido por su magia accidental, Draco hubiera muerto ese día, pero eso no se atrevió a pronunciarlo en voz alta. No había día que no recordase la sensación de estar ahogándose mientras Ivan embestía dentro de él. Ni la sensación entre la ansiedad y el alivio cuando su magia expulsó al búlgaro, ni todo el pánico que siguió después.
Harry rompió todas sus reflexiones cuando lo abrazó con fuerza. Su cuerpo se sacudió en un sollozo incontrolable. Por una vez, no le importó llorar. Descargó todo los que sentía a través de sus lágrimas, mientras era acunado con cariño, hasta que sintió que ya no le quedaba nada dentro. Respiró hondo, notando que su interior se encontraba más ligero. Había guardado aquello durante demasiado tiempo y, ahora que lo había soltado, se sentía aliviado.
—Ven —le dijo Harry con suavidad. Se separó de él y dejó que lo conducirse hasta el sofá donde se sentó—. ¿Estás mejor?
Asintió, esnifando por la nariz. Debía tener los ojos los irritados y se notaba más cansado que nunca. Miró al moreno, que se había acuclillado frente a él y mantenía una expresión pensativa en el rostro. Su estómago se hundió ante la posibilidad de que se hubiera dado cuenta de que estar con él era un error.
—No pasa nada si ya no quieres estar conmigo —susurró—. Lo entenderé.
Le escuchó exhalar aire sonoramente y luego entrelazó sus manos juntas. Draco suspiró ante el contacto.
—¿Por qué siempre te pones en lo peor?
—No me estoy poniendo en lo peor —rebatió, encogiéndose de hombros—, solo estoy siendo realista.
—No, no lo estás siendo. Estás basándote en una tontería que ha dicho Ginny y en tus propias deducciones sin preguntarme antes —Draco mordió su labio inferior, incapaz de replicarle—. No puedes hacer eso. Si queremos que esto funcione, tienes que hablar conmigo.
—Lo sé.
Agachó la mirada, sintiéndose culpable. Hubo unos segundos de silencio, antes de que Harry volviese a hablar.
—Espera aquí un minuto.
Le vio levantarse y salir del salón para subir las escaleras. Esperó en el sofá, con el corazón desmoronándose en su pecho. Harry volvió poco después con una fotografía en su mano derecha que le tendió en cuanto se posicionó frente a él de nuevo.
Se trataba de una imagen que Draco reconoció de inmediato. Era una instantánea de él junto a Teddy, en el jardín de la casa de Andromeda. Ambos reían y corrían por el patio mientras tiraban por los aires las hojas color ocre que habían caído de los árboles.
—Esa fue la fotografía que me envío Andromeda; la que me hizo volver —explicó Harry al ver su rostro desconcertado. Tragó grueso, observando la fotografía con nuevos ojos—. No vine aquí buscando algo más que eso. Te lo dije en su día: si quisiera solo una relación sexual, no estaría aquí. ¿No te he demostrado hasta ahora que me gusta estar contigo, conocerte y pasar tiempo a tu lado?
Cerró los ojos, inhalando con pesadez.
—Lo siento —dijo.
No se arrepentía de haberle contado la verdad, pero sí de haber llegado a sus propias conclusiones cuando Harry no había hecho nada más que ser comprensivo con él. Había dejado que su parte insegura tomase el control de sus pensamientos y se había puesto en el peor escenario. En el fondo, solo era una manera más de protegerse; si pensaba mal, evitaba decepcionarse después.
—No tienes que disculparte, solo te pido que me escuches antes de entrar en pánico, por favor.
—Está bien.
Harry apoyó la mano en su rodilla y trazó círculos tranquilos.
—No me importa ir despacio. Lo estoy disfrutando mucho, de hecho. Así que no tienes porqué presionarte o desesperarte.
Esbozó una pequeña sonrisa y elevó la mirada para encontrarse con los ojos serenos del otro.
—¿Y si no puedo darte nada más que esto? —se atrevió a preguntar.
—Lo importante es: ¿todavía quieres intentarlo?
—Sí —contestó inmediatamente.
—Yo también quiero —afirmó el moreno—. Nos preocuparemos de los problemas cuando lleguemos a ellos. Hasta ahora creo que lo estábamos haciendo bastante bien yendo a nuestro propio ritmo.
Afirmó con la cabeza, desviando su atención a la fotografía que todavía sostenía en su mano.
—Tenias razón, estaba sacando conclusiones erróneas.
—¿Draco Malfoy dándome la razón? Creo que voy a guardar este recuerdo para la posterioridad.
Rodó los ojos, ampliando su sonrisa.
—Cállate.
Harry soltó una carcajada que alivió la ambiente a su alrededor. Le vio ponerse en pie para tirar de él. Draco se levantó y fue inmediatamente envuelto en un abrazo. Cerró los ojos, disfrutando de la cercanía.
—¿Estamos bien o todavía queda alguna duda en esa cabeza tuya?
Debía empezar a confiar más en Harry. Hasta ese momento, no le había dado ningún para no hacerlo, y se merecía que al menos le concediese el beneficio de la duda antes de pensar mal.
—Estamos bien —contestó, aún sonriendo.
Su cuerpo se inclinó un poco más en el abrazo. Saber que ahora contaba con alguien en el cual apoyarse y que ya no tenía porqué esconderse cuando se encontrase inseguro hizo que su corazón se aligerase.
¡Hoooooooola un viernes más!
Pensé que ya había publicado este capítulo porque anoche me quedé hasta las cinco de la mañana escribiendo un capítulo súper largo y al terminar, como no tenía sueño, dije: "voy a corregir el capítulo de mañana" y no sé porqué pensé que lo había corregido y publicado cuando en realidad lo que pasó fue que me quedé dormida jaja
Supongo que os alegrará saber que aunque ahora son algo cortos, más adelante los capítulos irán siendo más largos.
Respecto a esta parte:
Como ya dije anteriormente, he querido imaginarme a Draco como alguien que es inseguro y no le gusta afrontar directamente sus problemas. Aquí podemos ver que tiene dificultades a la hora de comunicar sus inquietudes (es algo que a mí me ha pasado durante mucho tiempo, la verdad) peeeero afortunadamente Harry está ahí para él.
Y, al menos Draco ya ha sido completamente sincero y le ha contado a Harry que fue exactamente lo que ocurrió con Ivan.
Tendréis que esperar al próximo viernes para ver cómo avanzan.
¡Nos leemos pronto!
