Capítulo 14:

La excepción

Era increíble lo mucho que cambiaba la imagen pública de alguien cuando estaba relacionado con el salvador del mundo mágico.

Ese día, Draco entró en el Ministerio para ser recibido con sonrisas, saludos amigables y algunas miradas de odio que creía olvidadas pero que al parecer todavía estaban allí. Apenas llevaba veinte minutos en ese lugar, y ya habían sucedido cosas de lo más extrañas. Por ejemplo: una mujer que no había visto en su vida y que se presentó como Aurora Bennet, le preguntó cómo había ido su fin de semana. Un chico que trabajaba en el Control de Criaturas Mágicas le había sonreído brillante y le había deseado un buen día. Un hombre mayor le había insultado, alegando que era un ser oscuro corrompiendo a buena gente. Y tres personas le había felicitado por salir con Harry. Felicitado, como si fuera un logro.

Lo único que no le pareció extraño fue encontrar a Pansy apoyada en su escritorio, con los brazos cruzados sobre su pecho y la boca apretada en una fina línea.

—Buenos días, Pans —esbozó su sonrisa más angelical, junto con su tono de voz más agradable.

Nada de eso funcionó para evitar que su amiga agarrase el periódico que tenía en su mesa y lo desplegase frente a su cara. Era El Profeta del día anterior, donde salía una fotografía de Harry y él besándose.

—Voy a darte treinta segundos para que me expliques qué es esto.

Draco parpadeó inocente, tal y como hacía Teddy cuando se metía en un problema, mientras se sentaba en su silla y dejaba su café en el escritorio.

—¿Un periódico? —preguntó, ingenuo.

Ella le miró de soslayo, con los párpados entrecerrados y las pestañas caídas. Era esa mirada que decía que estaba a punto de sacar su varita y hechizarle hasta que se le agotase la magia.

—¿Desde cuándo estás saliendo con Potter?

—Desde hace poco, en realidad.

—Malfoy... —advirtió tal chica.

Soltó un suspiro, aunque no pudo evitar sonreír levemente. Sabía que estaba poniendo aprueba el límite de la paciencia de su amiga.

—Decidimos darnos una oportunidad después del baile de navidad.

—Eso fue hace casi dos meses —exclamó Pansy, con el rostro lleno de indignación.

—¿Por qué suenas tan molesta? —replicó, totalmente incrédulo— Te recuerdo que fuiste tú una de las que me dijo que estaba cometiendo un sacrilegio al no salir con Harry.

—Estoy enfadada porque llevas dos meses con él y yo todavía no sé cómo es en la cama —dijo, como si fuera la cosa más obvia del mundo. Draco no respondió y eso conllevó a que su amiga le mirase en blanco, casi extrañada—. Porque te has acostado con Potter, ¿no?

—Este no es el mejor lugar para tener esta conversación.

—¿Te has acostado con él o no? —preguntó la chica, ignorándole.

—Eso no es de tu incumbencia.

Ella se llevó una mano al pecho a la vez que sus ojos se abrían y sus labios se separaban, luciendo especialmente dramática.

—No lo has hecho.

Miró a su alrededor, notando que varias personas estaban dándole más atención de la necesaria.

—¿Podrías bajar la voz? —gruñó— No me interesa salir en más portadas de El Profeta, gracias.

—Esto es increíble.

—Pansy, tengo que trabajar —insistió

—Ahora mismo me caes muy mal —contestó ella, negando con la cabeza—. O sea, hay gente que mataría por estar en tu lugar y tú ahí, desperdiciándolo. Debería poder denunciarte por esto.

—¿Has acabado ya?

—Me da vergüenza ajena ser tu amiga, que lo sepas.

—Mi alma acaba de romperse —murmuró, rodando los ojos— Lloraré todas las noches a partir de ahora.

La chica le fulminó con la mirada y le apuntó con su dedo índice de forma amenazante.

—Más te vale estar este viernes en el pub para explicarnos con todo detalle lo que has hecho con Potter o iré a tu casa y te arrastraré de los pelos.

Draco vio como Pansy se daba la vuelta dignamente y caminaba por la sala con la barbilla en alto y las caderas balanceándose de forma exagerada. Puso los ojos en blanco, soltando un resoplido. Lo último que iba a hacer el viernes por la noche era ir allí para que le interrogasen.

—0—

Cuando llegó el viernes, lo último que tenía en la cabeza era la amenaza de Pansy.

Estaba paseando por la calle, al lado de Harry. Habían ido a caminar por Hyde Park, que ya no contaba con su mercadillo de invierno ni con su pista de patinaje, así que era mucho más tranquilo. Aprovechando el cálido clima que había hecho durante esa semana, señal de que el frío iba apagándose, se sentaron en el césped del lago Serpentine y se entretuvieron hablando hasta que empezó a anochecer.

En ese momento, iban de camino a su casa y Draco estaba más concentrado en cómo pedirle a Harry que se quedase a pasar la noche que en cualquier otra cosa. Lo último que quería era sonar desesperado o que el moreno formase en su cabeza expectativas demasiado altas. Había pensado mucho —quizás demasiado— en lo que pasó entre ellos después del partido de Quidditch y, aunque en un primer momento le había parecido suficiente, los días siguientes no pudo evitar imaginar cómo sería llegar a más.

Blaise le había dicho una vez que las personas pensaban en sexo cada siete segundos. Él había empezado a pensar en ello cada cuatro, y a los cinco segundos recordaba que Harry era maravilloso, fascinante y estaba tan cerca... A Draco cada vez le costaba encontrar excusas para frenar la atracción que sentía por él.

—Vamos.

Se sobresaltó y comenzó a andar por inercia cuando el moreno le agarró para instarle a cruzar un semáforo que se había puesto en verde. Gimió mentalmente cuando Harry entrelazó sus dedos y el tacto del cuero acarició la piel de su mano.

—¿Por qué aún utilizas guantes si ya empieza a hacer calor? —se quejó, sin ganas.

—Me gustan —respondió Potter, encogiéndose de hombros.

Sí, a Draco también le gustaban. Ese era el problema. Sus últimas fantasías habían tenido esos guantes como protagonistas. Se preguntó si tal vez Harry sería capaz de complacerle en ese sentido si se lo pidiese.

Negó con la cabeza, frenando sus ideas de golpe. Reconoció el edificio donde vivía a unos pocos metros de allí, así que se centró en respirar hondo y ensayar en su cabeza el tono que iba a utilizar para pedirle que se quedase. Solo esperaba que no le rechazase. Era malísimo en asimilar los rechazos.

Tragó saliva cuando llegaron al bloque. Draco jugueteó con sus llaves hasta abrir la entrada que daba a la calle y subió por las escaleras hasta el primer piso. Normalmente Harry le acompañaría hasta la puerta de su apartamento, le besaría como si no fuese a volver a verlo nunca más y se despediría para ir a su propia casa. Espera que en esa ocasión no fuese así.

Se dio cuenta de que, efectivamente, esa noche iba a ser diferente porque cuando subió el último escalón, lo primero que vio fue a Pansy apoyada en la pared, justo al lado de su puerta.

Draco tuvo ganas de matarla. Muchas, muchas ganas.

—¿Qué estás haciendo aquí? —le espetó.

Se escuchó demasiado agresivo, pero poco le importó. A su amiga tampoco pareció preocuparle porque sonrió mientras miraba por encima de su hombro.

—Ahora ya sé porqué estabas tardando en llegar al pub. No sabía que estabas tan bien acompañado —canturreó—. Hola, Harry.

—Parkinson —saludó el moreno.

Ella agitó una mano y batió sus pestañas de esa manera que hacía que la mayoría de los hombres se quedasen embobados.

—Por favor, puedes llamarme Pansy —contestó, con voz dulce—. ¿Alguna vez te han dicho que las fotografías no te hacen justicia? Eres mucho mejor en persona. Y de cerca.

Qué perra, pensó, mientras escuchaba a Harry reír y agradecer a su amiga. Chasqueó la lengua a la vez abría la puerta de su piso y dejaba entrar a los otros dos. Agitó su varita para encender las luces, maldiciendo por dentro a todos los parientes de sus amigos. Harry le envío una mirada divertida, a lo que sólo negó con la cabeza.

—Ya te puedes ir —le dijo a Pansy, señalando hacia la puerta—, ahora que ya sabes que estoy bien.

—Ya sabía que estabas bien. Venía a arrástrate al pub, como ya te advertí —respondió su amiga, con aire orgulloso. Luego se giró hacia Harry y supo que lo que estaba apunto de decir no iba a gustarle—. Nos reunimos todos los viernes en un local para ponernos al día. Draco lleva semanas sin venir. Ahora ya sabemos porqué.

—Es porque no os aguanto —alegó él. Pansy le ignoró.

—Puedes venir, si quieres.

—Gracias, pero no me gustaría interrumpir —contestó Harry.

—No interrumpes. Nuestro grupo de amigos es como una gran orgía; todo el mundo está invitado. Pero puedes invitar a alguno de tus amigos o amigas, si te sientes más cómodo. Que estén solteros, por favor —añadió.

—¿Para la orgía? —rió el moreno.

Pansy aplaudió, y miró a Draco sonriendo feliz.

—Ya me cae mejor que tú.

—Qué genialidad —bufó. Se giró hacia Harry, resignándose a que su noche se había ido a la mierda—. No tengo red flú aquí, así que si quieres traer a alguien tendrás que ir hasta tu casa para avisarles. Estaremos en el pub Grenadier.

—Se donde está —afirmó Potter, antes de inclinarse para dejar un beso en la esquina de su boca—. No tardaré mucho.

—Hasta ahora, Harry —se despidió Pansy alegremente.

La fulminó con la mirada en cuanto Harry desapareció.

—Creo que nunca te he odiado más en mi vida.

—Deja de quejarte, no ha sido para tanto —objeto ella, haciendo un ademán con la mano—. La otra opción era que viniese Blaise a buscarte y él sí habría sido malo.

—En cuanto tenga tiempo me cambio de amigos —masculló.

—De verdad, no sé cómo puedes estar tan amargando. Solo tú sentirías frustración sexual con semejante hombre al lado.

—Vete a la mierda —espetó. Acto seguido se apreció.

El pub no estaba demasiado concurrido esa noche, así que Draco se dirigió hacia la barra y se pidió un whisky de fuego antes de sentarse en la mesa con sus amigos.

—Dichosos los ojos —saludó Astoria—. Empezábamos a pensar que se te había tragado la tierra.

—Ojalá —farfulló.

—Hoy tenemos invitados especiales —anunció Pansy, sentándose frente a él—. Vais a alucinar.

Alucinaron, de hecho. Y no solo ellos, Draco también lo hizo, porque Harry apareció por la puerta acompañado de Longbottom, Ginny y Dean Thomas, todos ellos exhibiéndose como los héroes de guerra que eran.

—Hola —saludó Harry, tomando la silla libre que había a su lado.

Todos se reunieron alrededor de la mesa, mirándose entre sí de manera incómoda. Menos mal que estaba allí Blaise para romper el hielo.

—¿Los Gryffindor seguís una dieta especial? Porque no estabais así de bien cuando íbamos a Hogwarts.

Hubo un segundo de silencio y luego estallaron a risas. Estaba seguro de que todos sus amigos habían pensado lo mismo. Incluso Draco estaba sorprendido de ver a Neville luciendo tan bien porte, con una camisa negra que resaltaba su cabello rubio. Ginny con un vestido que competiría con los de Pansy y, aunque él no estaba inclinado por el sexo femenino, debía admitir que era llamativa. Y luego estaba Dean, con su sonrisa inmaculada, sus ojos oscuros y sus grandes pestañas.

—No le hagáis caso —contestó Astoria—, la mayoría de veces no está pensando con la cabeza adecuada.

—O tal vez sí. Todo es cuestión de la perspectiva.

—¿De la perspectiva de donde meter tu pene? —replicó Pansy.

—Exacto.

—¿Eres bisexual? —le preguntó Ginny.

—Quita el "bi", cariño —respondió Blaise con un ademán de mano—, yo soy solo sexual.

—No les hagas caso —le murmuró a Harry en voz baja—, siempre están así. Por eso solo nos vemos una vez a la semana.

El moreno negó, apoyando su mano en la rodilla de Draco.

—No te preocupes, creo que me lo voy a pasar bien.

—¿Podríamos buscar otro tema de conversación, ya que tenemos compañía? —preguntó Theo, mirando a sus amigos con reprimenda.

—A este no le hagáis caso —replicó Blaise, apuntando hacia Theo—, es el mojigato del grupo.

—En el nuestro es Ron —dijo Neville, riendo.

—Sí —apoyó Dean—, creo que Hermione y él solo lo han hecho en la posición del misionero.

—Mira, Draco —llamó Pansy, sonriendo divertida—, ya compartes algo con un Weasley.

El aludido puso los ojos en blanco, mientras los demás se carcajeaban por lo bajo.

—Acabó de recordar porque te dejé cuando estábamos en Hogwarts.

—Golpe bajo —susurró Theo.

—Bueno, ahora que tienes novio, podrás aprender el resto del kamasutra —replicó ella, con una airé ganador, sin verse afectada por sus palabras—. Porque sois novios, ¿no?

Se tensó, odiando una vez más a su amiga. Sintió que toda la mesa se quedaba en silencio de repente. Nunca habían etiquetado su relación. Habían acordado ir despacio, tomárselo con calma, pero nunca habían hablado de ser... algo.

—No oficialmente —contestó Harry con calma—. Quiero decir, Draco todavía no me lo ha pedido.

Exhaló todo el aire que había estado reteniendo. Su cuerpo se relajó y su boca esbozó una sonrisa cuando reconoció ese tono engreído que Harry utilizaba a veces solo para molestarle.

—¿Por qué debería pedírtelo yo? —arqueó una ceja, hablando arrogante— Los Malfoy no hacemos propuestas como esas.

Se giró para mirarle, encontrándose con sus ojos desafiantes. Notó que Harry apretaba su rodilla bajo la mesa, lo que le hizo ensanchar su sonrisa.

—Ellos van directamente a por el anillo —añadió Blaise—, así que si no estás dispuesto a ponerte una alianza en el dedo, es mejor que lo dejes ahora.

—¿Las joyerías abren los sábados? —fue lo único que contestó Potter.

Cabeceó, tomando un trago de su whisky para disimular que su respuesta le había alterado el pulso. Sus amigos continuaron con su conversación de manera amena. Congeniaron mejor de lo que habría esperado y, por una vez, no sólo hablaron de sexo, para la satisfacción de Theo.

—¿Novios, entonces? —preguntó, al cabo de unos minutos, sintiéndose incapaz de dejar pasar el tema.

Harry le contempló algo sorprendido, pero el sentimiento enseguida fue remplazado por algo complacido que hizo brillar su rostro.

—Creía que no hacías cosas como esas.

—Siempre hay una excepción —contestó, encogiéndose de hombros.

Se sentía un poco ridículo, en realidad. Ya no tenían quince años, y no le iba a regalar una tarjeta por San Valentín, ni nada por el estilo, pero de alguna manera le parecía más sólido ponerle nombre a lo que tenían, aunque no fuese primordial. Era una forma de saber que, para Harry, lo que estaba pasando entre ellos era tan importante como para él.

—Draco Malfoy, mi novio —pronunció en voz alta, aunque sólo lo escucharon ellos—. Suena bien.

Sus labios se separaron en una sonrisa con todos sus dientes. Dirigió su mano hacia la de Harry y la estrechó con cariño.

Sí, ser su novio sonaba genial.


Hooooooooola

¿Ya os habéis cansado de mi?

He de reconocer que me encanta escribir a los amigos de Draco. En serio, lo adoro. Es por eso que he añadido este capítulo, porque esta parte era una de esas que en un principio no iba a poner pero se me ocurrió de repente y tuve que escribirlo.

Un Draco frustrado sexualmente también me divierte bastante, la verdad jaja

Espero que os haya gustado ^^

Adivinad cuándo nos volveremos a leer:

¡El próximo viernes! :)