Capítulo 15:
Marcado en la piel
Después de la noche anterior, ir a la fiesta de Ginny no fue tan traumático como creyó que sería. Estaban en un recinto bastante exclusivo, ubicado en un ático en el centro de Londres. Era una sala blanca desde el techo hasta el suelo, donde se reflejaban las luces de colores que servían como iluminación. Había una gran barra de madera clara, en la cual ofrecían cientos de bebidas fosforescentes. Desde los balcones y ventanales se podía ver la ciudad iluminada, creando un paisaje portentoso.
Draco pensó en lo beneficioso que era ser una heroína de guerra y una jugadora profesional de Quidditch mientras veía desfilar una cantidad de gente famosa e importante frente a él. Estaba allí toda la liga de Quidditch, la mitad de Hogwarts y la parte agradable que trabaja en El Profeta. Sus amigos iban a morir de la envidia en cuanto se lo contase.
—Entonces... ¿crees que no tengo ninguna otra oportunidad con Blaise?
Entrecerró los ojos cuando un foco de luz azulada chocó contra su rostro y se giró hacia Paul, el ex-novio de su amigo. Paul era cazador de los Tornados de Tutshill, tenía el cabello cobrizo y rizado, los ojos azules y un metro noventa de músculo. En el Corazón de Bruja siempre aparecía en el "Top 10 de los solteros más cotizados del país" porque tenía una sonrisa amable, era encantador, atendía a la prensa de manera servicial y probablemente era el jugador más modesto de la liga, haciendo honor a su casa: Hufflepuff. Solo Blaise podría dejar a alguien así.
—Es difícil que vaya a cambiar de opinión, si no ha contestado a ninguna de tus cartas.
Lo último que quiso era tener esa clase de conversación con alguien que apenas conocía y que no parecía entrar en razón. Ya le había dicho a Paul que Blaise era un alma libre y con miedo al compromiso, pero parecía que no quería entenderlo. Lo malo era que su novio —Draco todavía no se había acostumbrado a pensar en esa palabra sin estremecerse de emoción— había salido a fumar hacía ya un buen rato y a él no le había quedado otra que aguantar esa charla insustancial con Paul.
—Respondió a una —comentó el chico, con voz apagada—. Me dijo que me tomase un café para que se me quitase el sueño de volver con él.
Draco agitó los hielos a medio derretir de su vaso y le observó entre compasivo e irritado.
—Bueno, ahí tienes tu respuesta.
—Pero...
—Tengo que ir a buscar a Harry —cortó. Acababa de decidir que Paul era demasiado Hufflepuff para su paciencia. Tal vez por eso Blaise le había dejado.
Le mostró al otro una sonrisa que no sintió y se abrió paso por la sala hacia los balcones antes de que el chico pudiera darle una respuesta que le obligase a estar allí otros veinte minutos. Dejó su vaso vacío en una de las mesas altas que encontró de camino y se detuvo al ver que Harry estaba apoyado en el barandal de la terraza, hablando con Ginny. Parecía una conversación seria, lo que provocó que le picase la curiosidad de inmediato, que a su vez llevó a que su lado astuto sacase lo mejor de él.
Dudó durante un segundo, pero al final se apoyó en la pared para evitar ser visto, sujetó su varita, lanzando un hechizo silenciador a su alrededor para evitar que la música se escuchase desde fuera y abrió la puerta imperceptiblemente. Su corazón latió ante la adrenalina de ser descubierto y poder enterarse de qué estaban hablando. Ojalá tuviera aún su Mano de Gloria.
—No creo que se lo tomen mal —escuchó que decía la chica—. Mamá estará sorprendida, sin duda. Empezaba a pensar que serías un soltero eterno como Charlie, así que le gustará saber que no es así —hubo un silencio, y luego añadió:—. ¿Eso significa que vas en serio con él?
Draco se endureció al reconocer que estaban hablando de él. Relamió sus labios, notando que sus manos empezaban a sudar.
—Lo suficiente.
—Lo suficiente —repitió Ginny. Había algo de inofensiva burla en su voz—. Estuve allí ayer, ¿sabes? Vi cómo le mirabas y le hablabas. No parecías tú. Ni si quiera hechizaste al camarero cuando le guiñó un ojo.
Escuchó a Harry resoplar a la vez que le veía negar con la cabeza. Estaba de espaldas a él, pero podía apostar que había rodado los ojos también.
—Me lo estoy tomando con calma —se defendió.
—No te recordaba como un tipo calmado.
Draco se alertó cuando vio que el moreno se erguía pero no se dio la vuelta ni se movió de su lugar, así que se pegó a la pared de nuevo.
—A veces siento que he perdido gran parte de mi vida —contestó, en un tono tan bajo que le costó escucharle—. Es como si hubiera estado corriendo desde que entré en Hogwarts y, cuando todo terminó, seguí corriendo. Tengo ganas de asentarme en un lugar y tener una vida normal por una vez.
—¿Por qué estás hablando como si tuvieras ochenta años? —Ginny rió, mientras Harry la empujaba suavemente— ¿Crees que con Draco conseguirás asentarte?
—Lo estoy intentando. Ambos lo estamos haciendo —había una especie de calidez que hizo a Draco sonreír—. No sé si lo nuestro funcionará, pero creo que vamos por buen camino.
Decidió no seguir escuchando. Cerró la puerta del balcón con cuidado y deshizo el hechizo que le envolvía. Caminó hacia la barra, y apoyó los antebrazos, con la cabeza agachada. No podía borrar la sonrisa que floreció en su rostro, ni aminorar el sentimiento de felicidad que le embargaba. Negó mentalmente, enderezándose para pedir una bebida que no fuese dulce ni brillase en la oscuridad.
Una mano se apoyó en su espalda en el momento que recibió su vodka, y Draco no tuvo que girarse para saber que era Harry. A esas alturas le era fácil reconocer su magia.
—¿Has conseguido librarte de Paul? —asintió con la cabeza, tal vez demasiado alegremente. Llevó su vaso hacia sus labios, tragando casi la mitad del líquido— ¿Por qué pareces tan feliz?
Se giró para quedar frente a Harry y se acercó a él, apretando su cuerpo contra el contrario. Ladeó su cabeza y enterró la nariz en su cuello, admirando el aroma de su colonia. Estuvo a punto de ronronear. Notaba un ligero mareo por el alcohol, y eso, mezclado con lo que acababa de escuchar, le hizo sentirse inexplicablemente valiente.
—Porque quiero que me folles.
Draco nunca esperó que pronunciar una frase en voz alta se sintiese tan bien. Había estado deseando poder decirlo, atreverse a tomar la iniciativa y quitarse ya las ganas que tenía.
Harry se separó de él, buscando su rostro. Le miró asombrado por un momento, para luego entrecerrar los ojos y analizar cualquiera de sus gestos.
—¿Cuánto has bebido? —cuestionó con sospecha.
Puso los ojos en blanco. Con un suspiro impaciente, sacó su varita y se lanzó a sí mismo un hechizo de sobriedad. El mareo se esfumó, su estómago se asentó y la bruma que había en su mente se difuminó. Arqueó una ceja de forma desafiante.
—Todavía quiero que me folles —repitió. Esta vez, los ojos de Potter de miraron con avidez. Parecía complacido. Sintió la magia a su alrededor, cosquilleando en su piel y zumbando en su oído. Se relamió los labios—. ¿Qué estás haciendo?
—Intentar traspasar las barreras anti-aparición.
Apenas tuvo tiempo de agitarse cuando el tirón de la aparición le arrastró directamente a la habitación del moreno. Fue brusco, muy diferente de la manera sutil en la que solía aparecerse, y Draco se sintió orgulloso de poder alterar así su magia. Su espalda chocó contra la columna y su boca fue inmediatamente atacada. Su mente solo podía gritar una cosa: por fin. Por fin Harry le besaba con ganas, por fin le tocaba libremente, por fin podía expresar su deseo y no tener miedo. Era maravilloso, y si no estuviese tan excitado, tal vez se habría gritado de puro júbilo. Pero los labios de Harry habían empezado a bajar por su cuello, repartiendo besos y arañando con sus dientes cualquier resquicio de piel que tenía a su alcance y la mente de Draco no podía pensar en que en sofocar ese calor que empezaba a burbujear en su pecho, bajando hacia su estómago y asentándose en su ingle.
No dudó al llevar sus manos hacia la camiseta de Harry y tirar de ella para sacarla por encima de su cabeza. Gimió al sentir los músculos y la piel caliente bajo el tacto de sus dedos. Se había pasado horas enteras recordando la sensación del cuerpo de Harry bajo sus manos y ahora que lo volvía a tener para él, no podía evitar experimentar una chispa de emoción que hizo retumbar su pulso. Aún así, no era suficiente. Necesitaba sentirle, de cualquier manera posible.
Su garganta emitió un quejido cuando el moreno se separó de él. Estuvo a punto de protestar verbalmente pero se detuvo el notar un dedo índice en su pecho, justo encima del primer botón de su camisa. Este se desabrochó suavemente y, mientras Harry iba bajando su dedo, cada botón se iba soltando, dejando la prenda abierta. Su cuerpo se sacudió.
—Deberías dejar de hacer eso —advirtió. Ya se sentía suficientemente alterado, no necesitaba su maldita magia sin varitas para enloquecerme todavía más.
Potter sonrió con todos sus dientes, parpadeando con sus ojos verdes bajo el flequillo que caía en su frente. Negó con la cabeza, totalmente encantado con lo que veía.
—Pero me das esa mirada tan bonita cada vez que lo hago —se burló, hablando lento y bajo.
Se estremeció al percibir un húmedo beso en un punto sensible en su clavícula después de que su camisa quedase olvidada en el suelo. Centró su atención en desabrochar el cinturón de su novio y tirar de sus pantalones hacia abajo. En ese momento, mientras metía la mano en la ropa interior de Harry y envolvía su erección, pensó que quería arrodillarse. No vio ningún motivo por el que no podía hacerlo. Ya se había restringido lo suficiente a sí mismo.
Dobló sus rodillas, cayendo al suelo demasiado bruscamente. Terminó de bajar los pantalones junto con su ropa interior y lamió la polla de Harry desde la base hasta la punta, disfrutando del calor en su lengua. Le escuchó gruñir, lo que a su vez provocó que Draco gimiese. Sujetó el pene de Harry antes de meterlo entero en su boca. Su garganta se cerró y una pequeña arcada subió desde su estómago. Se esforzó en relajarse mientras retrocedía para arremolinar su lengua sobre el glande hinchado y volvió a tragarse el miembro de Harry hasta que sus labios llegaron a su base. Cerró los ojos, disfrutando de la sensación dentro de su boca, del sabor en su paladar y de los jadeos ahogados que provocaba en el otro.
Gimoteó cuando sintió una mano en su cabeza, acariciándole levemente, hundiendo los dedos entre sus hebras y rastrillando con las uñas su cuero cabelludo. Fue automático. Sollozó desde su pecho, sus hombros se aflojaron y su espalda se arqueó de manera sutil. Se quedó quiero, expectante, con el corazón latiéndole rápido y la mente empezando a desdibujarse.
—Estás hecho para esto, ¿verdad? —sus párpados revolotearon abiertos, mirando a Harry por encima de él. Le observaba con tanto calor, con tanto agrado, que sé si tío enrojecer de golpe—. Solo mírate.
Tomó conciencia de su cuerpo: arrodillado, con la manos en sus muslos algo separados, su cuello curvado para que su barbilla estuviese ligeramente alzada, mostrando una plena vista de él y muy, muy quieto. Estaba en una posición completamente sumisa.
Volvió a cerrar los ojos, permaneciendo estático. Harry no se movió al principio, pero Draco supo esperar. Se quedó ahí pacientemente hasta que notó que el miembro volvía a hundirse en su boca, para luego echarse hacia atrás y embestir. Soltó un suspiro aliviado, dejando que su consciencia se apaciguase a la vez que Harry follaba su boca. Se relajó por completo, apretando sus labios y usando su lengua para darle más placer a Harry.
Sentía su propia excitación encerrada en sus calzoncillos, palpitante. Se preguntó si le dejaría tocarse y, por un momento, se planteó separarse para preguntarle si le daba permiso, solo para disfrutar de la reacción de Harry. El pensamiento duró poco en su mente. Se extinguió en cuanto notó que el pene del moreno se endurecía aún más y su estómago se apretó mientras esperaba emocionado que Harry se corriese en su boca.
Para su desgracia, eso no sucedió. Su novio se apartó antes de que terminase, con la polla erguida y palpitante.
—Levántate —le ordenó. Su voz sonaba ronca y demandante. Fue recompensado con un beso profundo en cuando se irguió, con la mano de Harry aún sujetando su cabello con fuerza—. Desnúdate y túmbate boca abajo.
Draco obedeció de inmediato, a pesar de que sus manos temblaban mientras se deshacía del resto de su ropa y gateaba por la cama, con su miembro rozándose entre sus muslos. Jadeó cuando Harry se unió a él, con su cuerpo encima del suyo, aunque sin tocarle. Repartió besos por sus omóplatos, por su larga columna vertebral y por su espalda baja.
—Harry —sollozó, balanceando sus caderas hacia delante para conseguir un poco de fricción.
—¿Sí? —Draco odió que sonase tan controlado, cuando él estaba a punto de llorar por la desesperación.
—Tócame.
—Te estoy tocando —murmuró, pasando sus dientes por la piel de sus caderas.
—Potter...
Se sobresaltó, y soltó un quejido al notar un pellizco en su muslo derecho. Su pene se sacudió.
—Inténtalo otra vez —le dijo, exigente.
—Harry —corrigió.
—Mejor —halagó—. Apoya tus rodillas y levanta ese precioso culo que tienes.
Siguió sus instrucciones mejor que si hubiera estado bajo una imperius. Quedó con el pecho pegado al colchón, con el trastero al aire, completamente expuesto. No se preocupó por sentirse vulnerable, porque la sensación de la lengua de Harry en su entrada lo ocupó todo. Soltó un quejido, y arrugó las sábanas en sus puños. Arqueó su cuerpo, echándose hacia atrás para buscar más contacto. Relamió sus labios, percibiéndolos hinchados. Aún podía saborear a Harry en su boca.
Jadeó cuando la lengua del moreno atravesó los primeros centímetros de su orificio. Lo sentía entrar en él y luego salir para lamer su perineo, meter en su boca sus testículos llenos y luego volver a penetrarle. Se notaba palpitar, como si su cuerpo estuviese tan ansioso como él. A ese ritmo, lo iba a llevar a la locura.
Desdobló su brazo para llevar su mano hacia su miembro y así poder tocarse, pero una mano se aferró a su muñeca antes de llegar.
—Por favor —pidió, suplicante.
—No.
—Harry —insistió.
El aludido se irguió, pegando su cuerpo contra el de Draco, y rozó con sus labios la parte de atrás de su oído.
—He dicho que no —dictaminó.
Había hablando en un susurro, pero en su mente sonó como un orden en voz alta y retumbante. Volvió a poner de mano a la altura de su hombro, lamentándose interiormente. Algo dentro de él se estremeció con complacencia cuando Harry sonrió sobre su cuello y eso fue suficiente para que el esfuerzo valiese la pena.
Respiró hondo, intentando no retorcerse cuando uno de los dedos de Harry le penetró. Se alegró de que no doliese, a pesar del tiempo que había pasado desde la última vez que se encontró en esa posición. El segundo dedo fue más difícil, y sus músculos se resintieron al principio, pero Harry fue paciente, esperó hasta que se adecuó al tamaño y luego empezó a moverse, acariciando su interior con cuidado, antes de embestir con sus dedos a un ritmo más rápido. Draco apretó los dientes y sus piernas se tensaron mientras luchaba por no eyacular cuando sintió un tercer dedo penetrándole.
—¿Bien? —cuestionó Harry.
Era una pregunta ridícula, teniendo en cuenta que Draco estaba al borde del orgasmo, con el sudor cayendo por sus sienes, sus mejillas enrojecidas, su respiración agitada y trasero expuesto a su merced, pero agradeció que sonase genuinamente preocupado, incluso a esas alturas.
—Sí —respondió sin dudar—. Hazlo ya.
Para su sorpresa, Harry le complació en seguida. Sonrió al pensar que tal vez estaba tan ansioso como él. Notó como sacaba sus dedos, y automáticamente alineaba su erección contra su entrada. Echó la cabeza hacia atrás y su boca se abrió, sin emitir ningún sonido, al sentir como su interior se abría para acoger la dureza de Harry.
No supo cómo había estado tanto tiempo sin eso. Se encontró lleno, completo. Las manos de Harry estaban aferradas a sus caderas con tanta fuerza que quedarían marcas y eso solo hizo que su espalda se arquease más y gimiese necesitado. La primera embestida le supo a gloria y las demás le llevaron a enterrarse en una bruma de placer que llevaba años sin sentir. No sabía qué hacer con el resto de sí mismo, así que se limitó aferrarse con fuerza a las sábanas mientras Harry le follaba a un ritmo brutal.
—Dios, Draco —Harry se dobló sobre él, aún arremetiendo con fuerza. Sentirle así, pegado a su cuerpo, solo le hizo excitarse aún más—. Te siente genial.
Draco sollozó, incapaz de decir nada. Harry mordió su hombro con algo de fuerza y quizás se hubiera quejado si no fuera porque su novio por fin envolvió su pene y empezó a masturbarlo. No iba a durar, lo sabía e intentó avisar, pero el placer le precipitó con rapidez hacia el éxtasis y solo llegó a gemir con fuerza antes de eyacular. Harry embistió a través de su orgasmo hasta que le sintió tensarse, quejándose con el rostro enterrado en su hombro mientras le llenaba.
Suspiró cansado, estirando sus piernas para poder tumbarse cómodamente. Harry salió de él con cuidado y un segundo después un hechizo de limpieza arrasó todo su cuerpo. Parpadeó lentamente, aclarando su mirada borrosa para poder observar el rostro pacifico de Harry, recostado a su lado. Unas semanas atrás, nunca se hubiera imaginado estar en su cama, pero en ese momento, se sentía como si perteneciese allí.
Draco abrió los ojos, sin darse cuenta de que los había cerrado cuando Harry los cubrió con una sábana. Su piel se estremeció y el vello de su cuerpo se erizó ante el contacto frío de la tela.
—¿Estás bien?
—¿Cuantas veces me lo vas a preguntar? —murmuró sobre la almohada.
—Las que hagan falta.
Sonrió con suavidad.
—Estoy maravillosamente bien —contestó.
Se removió para tumbarse sobre su costado, no queriendo quedarse dormido y alargó la mano izquierda para apoyarla sobre el pectoral de Harry. Podía percibir el latido aún acelerado de su corazón bajo su piel extrañamente caliente. Se irguió sobre su codo para mirar con más cuidado, dándose cuenta de que en vez de su fenix, había una mancha grisácea.
—¿Qué le ha pasado a tu tatuaje? —preguntó
—Se incendió. Debería renacer dentro de un rato.
Draco volvió a su posición tumbada, acercándose un poco al cuerpo del otro. Paseó su mano a través del hombro de Harry, bajo sus ojos atentos. Había un lobo marcado allí, entre un fondo oscuro. Debajo de él, en su bíceps, había un perro y a su lado, un ciervo. Su antebrazo estaba lleno de flores que sí pudo reconocer como lirios blancos, azules y morados, con unas hojas verdes que contrastaban.
—¿Estos también son mágicos? —preguntó.
Levantó la mirada, encontrándose con la expresión serena de Harry. Le observaba relajado, con la sonrisa curvada y sus ojos curiosos, como si él mismo estuviese investigando el rostro de Draco.
—No, con tatuajes convencionales.
—¿Por qué los animales y las flores?
—El fénix por Dumbledore, el lobo por Remus, el perro por Sirius, el ciervo por mi padre y las flores por mi madre. Es mi manera de llevarles conmigo. Gracias a ellos estoy aquí.
—Qué sentimental —se burló sin maldad.
Acarició su antebrazo lleno de lirios, notando lo bonitos que eran. Una pequeña chispa de magia traspasó la yema de sus dedos, haciendo que apartase la mano con rapidez. Abrió la boca para protestar, cuando su mirada se clavó en algo que también estaba marcado allí. Se sentó, manteniendo la sabana en su regazo para cubrir su desnudez y llevó el brazo de Harry hasta estar a centímetros de su rostro, parpadeando con incredulidad.
—¿Es mi varita? —cuestionó, sorprendido. Potter asintió. Su sonrisa enigmática le confundió— ¿Tienes un tatuaje de mi varita?
—No exactamente. En realidad tengo tatuada tu varita.
—¿Qué significa eso?
—Danna, una amiga mía de Nueva York, es conocida por ser capaz de tatuar cualquier cosa. Ella fue la que diseñó el dibujo de mi brazo. Un día le pregunté si sería capaz de tatuar una varita y me dijo que le haría falta una física. Aún conservaba la tuya, como en ese entonces no tenía previsto verte, decidí usarla porque no me había ido mal con ella. Danna transformó su núcleo, su madera y su rigidez en tinta y me la tatuó.
—Por eso eres capaz de sostener dos hechizos —concluyó, astutamente—. ¿Por qué está tan escondido?
El tatuaje no se veía a simple vista, sino que estaba bien escondido entre los lirios. En realidad, si no fuera por la magia, Draco no se habría fijado.
—Es ilegal en algunos países —respondió—, y cuanto menos sepa la gente mejor.
Cabeceó, dándole la razón. Debería estar enfadado, porque esa era su varita. La que había comprado en Ollivanders a los once años, la que había usado hasta los diecisiete y con la que había hecho sus primeros hechizos. La que tenía ahora funcionaba bien, pero nunca sería como esa. Aún así, solo podía sentirse engreído. Se encontraba, de alguna manera, más conectado Harry.
Volvió a tumbarse, sonriendo de manera orgullosa. Harry le observó, arqueando una ceja, pero no le dijo nada. Se ovilló bajo las sábanas, pegándose al cuerpo contrario, aún con ese sentimiento de plena satisfacción.
Lo último que pensó, antes de cerrar los ojos y dejarse caer por el sueño, fue en lo íntimo que era que su varita estuviese marcada en la piel de Harry.
¡Hooooooooooooooooola!
Si supierais las ganas tan tremendas que tenía de publicar este capítulo por fin (¡POR FIIIIIIN!) y además me hace tremendamente feliz publicarlo en el cumpleaños de Harry.
Me costó un poco escribir este capítulo, aunque lo había imaginado desde el principio, porque a mi las escenas sexuales no se me dan bien (aunque en ese fic va a ver unas cuantas) y, además está el hecho de que es el primer lemon, y tenía que quedar bien.
Luego está la pequeña parte de los tatuajes que me hacía mucha ilusión escribir. En realidad la idea de la varita se me ocurrió precisamente mientras buscaba tatuajes de Harry Potter en Google y pensé que sería un detalle bonito.
Espero que a vosotros os haya echo la misma ilusión leerlo que a mi escribirlo.
¡Hasta el viernes!
