Capítulo 16:

Cuidar de ti

Draco desearía poder decir que había dormido como nunca antes, y que se había despertado sintiéndose magnífico, con una alegría inusual, de buen humor, sin sueño y con una energía renovada, pero no fue así. Ya empezó mal cuando el pánico se apoderó de él al no reconocer inmediatamente dónde estaba. Luego se fijó en el copo de nieve sobre la mesita, la ropa que llevaba la noche anterior en el sillón de la habitación y la excéntrica columna frente a él y recordó dónde había pasado la noche. El terrible dolor de cabeza que amenazaba con explotar su cerebro tampoco mejoraba la situación. Le palpitaban las sienes y sentía un agudo pinchazo bajo sus párpados —porque el hechizo de sobriedad eliminaba la borrachera pero no la resaca—, tenía un tirón en el cuello, nudos en las espaldas y agujetas en los muslos.

Harry no estaba a su lado, así que se permitió el lujo de soltar un quejido en voz alta cuando se sentó en el borde de la cama. Se dirigió hacia el cuarto de baño, resoplando al ver su reflejo en el espejo. Su cabello era un desastre y su piel se veía más pálida de lo normal. Se inclinó para lavarse la cara, sintiendo un punzante dolor en su cadera. Cuando levantó la camiseta que le había dejado Harry para dormir, vio que tenía varios moretones azulados sobre el lado derecho. Se encogió por el daño cuando clavó su dedo índice, comprobando lo sensibles que eran las marcas. Menos mal que el pantalón era holgado y no le molestaba demasiado.

Se lavó la cara, se enjugó la boca e intentó adecentar las hebras de su cabello. Sus pasos eran lentos mientras bajaba las escaleras hacia la cocina, sus hombros estaban hundidos y tenias los párpados entrecerrados ya que la luz que entraba por las ventanas le hacía querer arrancarse los ojos. Encontró a Harry apoyado en la encimera, con una taza de café en una mano y un pergamino en la otra. Llevaba puesta sus gafas y estaba leyendo lo que parecía ser una carta. Levantó la vista en cuanto lo vio, sonriendo demasiado alegremente para su gusto.

—Parece que te acaban de atropellar —bromeó.

Draco gruñó, soltó un bostezo y se negó a contestar. En cambio, lo que hizo fue encaminarse hacia Harry, pararse frente a él, apoyar la cabeza sobre su hombro y cerrar los ojos. Sintió que le envolvía inmediatamente, arropándole en un abrazo que le hizo suspirar plácido. Dejó caer un poco de su peso sobre el cuerpo del otro, deslizando sus brazos alrededor de la cintura de Harry.

—Me duele todo —se quejó—. Creo que me va a explotar el cerebro.

—Bienvenido al fantástico mundo de las resacas.

—Cállate —gimió. No tenía derecho a sonar tan divertido cuando el solo quería dormir durante años.

Una mano le acarició la espalda por debajo de la camiseta. El tacto cálido de Harry sobre su piel fría le hizo estremecer y casi gimió del gusto.

—Creo que voy a emborracharte todas las noches si luego vas a despertarte así, todo suave y cariñoso.

—No tengo nada de suave —gruñó, aunque no se escuchó tan malhumorado como quería porque Harry había empezado a masajear los músculos adoloridos de su espalda baja y su mente simplemente se negaba a funcionar como él quería.

Nunca se había sentido así con nadie porque jamás se había encontrado lo suficientemente a gusto como para poder dejarse llevar, y Harry era el culpable de todo. Era su personalidad abierta y trasparente, esa manera suave y cálida con la que le trataba cuando sabía que Draco se sentía inseguro, que le hacía querer ceder un poco más en cada ocasión.

—¿En serio? —no podía verlo, pero sabía que estaba al borde de la risa— Casi te estoy escuchando ronronear.

Draco no estaba ronroneando, pero si se estaba deshaciendo bajo el toque de Harry. Sus párpados revoloteaban cerrados y el sueño le estaba adormeciendo por completo, aunque el dolor de cabeza seguía palpitando en sus sienes.

—¿Tienes alguna poción para el dolor? —preguntó en un murmullo sosegado.

—Sí, pero deberías desayunar primero.

Su estómago se revolvió ante el pensamiento de la comida.

—No tengo hambre —replicó.

—¿Quieres un poco de café, al menos?

Aceptó la taza que le tendía, separándose un poco para poder dar un sorbo. Arrugó la nariz de inmediato mientras negaba con la cabeza y le devolvía el vaso. Estaba tan dulce que apenas sabía a nada.

—¿Te echas el azúcar con la cuchara de la sopa? —preguntó, disgustado— Casi puedo masticarlo.

Su novio se carcajeó. Dejó su taza sobre la encimera y cogió otra, ofreciéndosela a Draco.

—Toma, anda —ese segundo café estaba mucho mejor, y no reprimió en hacerlo saber con un pequeño sonido agradecido, volviendo a la posición cómoda de recostarse contra Harry—. ¿También tengo que darte de comer en la boca, como un pajarillo?

—Inténtalo y te maldeciré hasta cansarme.

Le escuchó reír de nuevo, con el pecho vibrando de manera agradable al hacerlo.

—Hagamos otra cosa —propuso el moreno, volviendo acariciar su espalda. El cerebro de Draco se desconectó al notar cómo las uñas de Harry raspaban su piel con suavidad—. Desayunas, te tomas una poción para la resaca y te preparo un baño caliente, ¿qué te parece?

—Me parece que podría enamorarme de ti —murmuró, en broma.

—Qué barato eres —se burló el otro—. Y yo que había pensado en llevarte a Paris y caminar por el río Sena a la luz de la luna para conquistarte.

Separó la cabeza de su hombro y le miró con los ojos entrecerrados. Acababa de ser consciente de lo que había dicho. Harry no parecía haberle dado peso a sus palabras o lo estaba ocultando demasiado bien bajo su sonrisa despreocupada.

—He dicho que podría, no que vaya a pasar —contestó, en el mismo tono ligero.

—¿Tengo que llevarte a Paris, entonces?

—Por supuesto.

—Bien —aceptó, con facilidad—. ¿Porqué no desayunas mientras voy a preparar tu baño?

Draco se separó a regañadientes. Harry dejó un beso en su sien antes de soltarle y salir de la cocina. Cogió algo de fruta, porque era lo único que creía que podría asentarse en su estómago, se acomodó en uno de los taburetes y comió con lentitud mientras bebía su café. Harry volvió al poco tiempo con la poción para la resaca en la mano. Se la bebió de un trago, disfrutando del sabor a cítricos en su boca. Su cabeza se despejó, el dolor fue mitigándose y empezó a sentirse menos cansado.

—Mucho mejor —suspiró, aliviado.

—¿Se acabó el Draco cariñoso? —Harry fingió un puchero, como los que hacía Teddy cuando quería algo, que le hizo rodar los ojos y apretar los labios para evitar reírse de lo ridículo que se veía— Vamos, pajarillo.

—Deja de llamarme así —se quejó. Aún así, aceptó la mano que le tendía y se dejó conducir hacia el baño.

Lo primero que notó fue el vapor húmedo que había en la habitación y el suave olor a jazmín y miel que inundaba todo. Inspiró profundamente, dejándose embargar por el aroma. Draco miró hacia la bañera llena de agua, donde unos remolinos de colores danzaban en la superficie crean patrones hipnóticos y luego llevó su atención a Harry cuando este tiró de su camiseta hacia arriba. Alzó los brazos obedientemente, dejando que el otro le quitase la prenda. Hizo lo mismo con sus pantalones, hasta que finalmente quedó desnudo.

—Tengo una pomada para esto —comentó, acariciando los moretones de su cadera.

—No hace falta, no me duelen —mintió.

Harry le observó durante un segundo y Draco se preguntó si podía ver a través de su mentira y adivinar que en realidad lo único que quería era conservar las marcas porque le gustaban.

No le dijo nada y, por un momento, mientras observaba cómo la mirada vivida de Harry recorría todo su cuerpo, se emocionó al anticipar algún tipo de contacto por su parte, pero lo único que recibió fue un sutil empujón hacia la bañera.

Entró en el agua de manera lenta, sumergiéndose y dejando escapar un gemido exageradamente impúdico. Sus músculos agradecieron el calor del agua y sintió como gran parte de la tensión abandonaba su cuerpo. Abrió los ojos para observar a Harry, que se había mudado para estar a su lado, con los antebrazos apoyados en el borde de la bañera.

—¿No vas a entrar conmigo? —preguntó.

—Esto es solo para ti —contestó Potter, negando con la cabeza.

Draco puso los ojos en blanco, pero no pudo evitar sonreír. Debería haber sabido que se aferraría a toda esa caballerosidad Gryffindor que tenía encima. Hizo ademán de abrir la boca para intentar convencerle, cuando Harry llevó las manos hasta su cuello y apretó con delicadeza. Esta vez, su gemido fue mucho más sincero.

—Eso se siente bien —murmuró.

Sus párpados volvían a sentirse pesados mientras los dedos de Harry masajeaban los músculos adoloridos. Sintió que su cuerpo se quedaba laxo en el agua templada y que el aroma del baño adormecía su mente por completo. Se relajó totalmente, notando como Harry frotaba su cuello y sus hombros, para luego bajar por sus clavículas, su pecho y sus brazos. Quizás era sólo la situación, porque era Harry quien le estaba tocando o tal vez simplemente el libido de Draco había empezado a descontrolarse después de estar tanto tiempo reteniéndolo, pero no podía negar que había algo extrañamente erotico en todo eso, en que cada vez que su dedo pulgar se hundía en un punto doloroso, Draco soltaba un quejido que iba entre el suplicio y el placer.

Fue mucho peor cuando Harry abandonó sus brazos para dirigirse hacia sus piernas. Empezó masajeando sus pies, subiendo por sus tobillos hacia sus gemelos. Cuando sus dedos apretaron sus muslos, Draco ya tenía una seria erección, su corazón había empezado a latir más fuerte y su respiración se estaba tornando superficial. Fue una mala decisión abrir los ojos, porque eso solo hizo que se encontrase de lleno con la mirada hambrienta de Harry.

Mordió su labio inferior, emitiendo un quejido cuando la mano del otro acarició la parte interior de su muslo hasta llegar a su ingle. Se quedó allí durante un momento, y luego se alejó. Draco lloriqueó audiblemente pero se mantuvo callado, viendo cómo Harry repetía su patrón con la otra pierna.

—Cierra los ojos y relájate —le dijo, con voz calmada—, o el masaje no servirá de nada.

Qué fácil era decirlo, pensó amargamente.

Apoyó la cabeza en el borde de la bañera y respiró hondo, intentando rebajar su excitación. Lo consiguió durante unos instantes, pero luego Harry volvió a la parte superior de sus piernas, hundiendo sus dedos de forma metódica, en esta ocasión llegando hasta su entrepierna, acariciando su perineo y los huesos de su cadera, pero evitando su erección palpitante.

—Deja ya de torturarme —se quejó lastimosamente.

—No te estoy torturando —replicó—. Si te relajases y no fueses tan ansioso, disfrutarías más de las cosas.

Draco podría haber intentado prestarle un poco más de atención, si no fuese porque la mano de Harry por fin se envolvió alrededor de su polla, pero no se movió.

—Harry —gimió, balanceando sus caderas para conseguir un poco de fricción.

Potter apoyó su mano libre en su nuca para atraerle hacia un beso profundo que le hizo sentirse tembloroso en todas partes.

—Déjame cuidar de ti —susurró. Draco asintió inmediatamente—. Ahora, relájate, pajarillo.

Volvió a recostarse, cerrando los párpados y obligando a que su cuerpo se sintiese tan calmado como al principio. Harry empezó a masturbarle lentamente, tomándose su tiempo en llegar a la base de su pene, apretar allí mientras subía y arremolinar sus dedos en su cabeza hinchada, para después repetir el mismo patrón. No era el ritmo que le gustaba, pero estaba demasiado excitado para quejarse y, además, quería complacer a Harry, así que se mantuvo quieto, gimiendo en voz baja y disfrutando de la manera sosegada en la que su orgasmo parecía crecer hasta enviarle al borde. Tardó en encontrar su liberación, pero cuando lo hizo, su mente se quedó totalmente en blanco durante segundos enteros. Sintió que el placer había drenado hasta la última gota de energía que le quedaba, porque de repente sus extremidades pesaban el doble y era incapaz de abrir los ojos.

—Draco —murmuró Harry, acariciando su cabello—, te estás quedando dormido.

Se quejó, enderezándose con dificultad. Dejó escapar un suspiro pesado cuando le instó a levantarse. Draco se quedó de pie, observando cómo la bañera iba vaciándose poco a poco, mientras Harry se desvestía para entrar. El agua de la ducha le despejó lo suficiente como para ser capaz en envolver los brazos alrededor del cuello del moreno y besarle con ahínco.

—Gracias —susurró.

—No tienes porque dármelas. Créeme, el placer ha sido todo mío. Si tan solo pudieras ver tu cara... eres un maldito espectáculo —ladeó la cabeza, dándole el acceso suficiente para que mordiese la piel de su cuello. Draco gimió, notando cómo el pene casi duro de Harry se cepillaba contra su muslo. Intentó llevar su mano hasta allí, pero fue detenido antes de poder hacer nada—. Esto ha sido para ti, no para mi —repitió.

Harry puso un poco de distancia entre ellos, empezando a enjabonarse el cabello. Vio, con un sentimiento entre el anhelo y la decepción, como la erección del moreno se desinflaba. Siguió su ejemplo, limpiándose bajo el agua. Pensó que, aunque parte de él se sentía insatisfecho, también era bastante agradable. Draco no estaba acostumbrado a que se preocupasen sólo de él. Estaba habituado a tener que devolver el favor, porque se suponía que eso era lo que se esperaba de su parte. Era la primera vez que se sentía mimado de una manera afectuosa. Por eso, cuando salió de la ducha y Harry le cobijó bajo una toalla grande para secarle, Draco simplemente se dejó consentir.

—¿Tienes algún plan para hoy?

—Tengo una cita con mi sofá —respondió.

Se sentía menos cansado, su cuerpo había quedado renovado con el masaje y la poción ya había hecho todo sus efecto, pero aún tenía un sueño terrible. Harry dejó de frotarse el pelo, solo para observarle a través del espejo con una sonrisa.

—¿Tengo que ponerme celoso?

—Deberías, porque tenemos una relación muy estrecha —respondió, con falsa seriedad—. ¿Tú tienes algo que hacer?

—Voy a La Madriguera a comer con los Weasley —Draco aprovechó el momento en el que Harry salió hacia su habitación a buscar algo de ropa para el recipiente de colonia que había al lado del lavamanos. Se lo llevó a la nariz, suspirando al percibir el agradable olor. Roció un poco sobre su cuello, e inmediatamente se arrepintió porque Harry eligió ese momento para volver, observándole con una ceja alzada—. He visto eso.

—Huele bien —se defendió, dejando la colonia en su sitio.

—Puedes echártela por todo el cuerpo, si quieres —ofreció. La sonrisa descarada de Potter no ayudó a evitar que se sonrojase—. Sería tentador saber que vas por ahí oliendo a mi.

—¿Qué eres, un perro? —Le fulminó con la mirada, agarrando la ropa que llevaba la noche anterior para vestirse y así evitar mirar a Harry a la cara para que no viese que la idea a él tampoco le disgustaba— ¿Quieres mearme encima también?

—No, ya lo probé una vez y no es lo mío.

Negó con la cabeza, deteniéndose a medio camino de abotonar su camisa. Lo peor de todo es que Harry parecía sincero. Prefirió no preguntar y dejó que un silencio cómodo les envolviese mientras terminaban de vestirse.

—¿Les hablaras de nosotros? —le preguntó cuando salieron del baño y caminaron hacia el despacho donde estaba la chimenea.

—No hay mucho que contar, teniendo en cuanta que hemos salido en la portada de El Profeta, pero sí, se lo diré oficialmente —Draco asintió, recordando la conversación entre Harry y Ginny que había escuchado la noche anterior—. ¿Quieres venir?

—¿A comer con los Weasley? —su voz sonó casi alarmada.

—En algún momento tendrás que conocerlos, son prácticamente mi familia.

—Más adelante, quizás —replicó, intentando formar una sonrisa convencida en su rostro. Se preguntó cómo se tomarían sus padres su nueva relación. Desechó el pensamiento de inmediato. No tenía sentido preocuparse por algo que no iba a llegar en un futuro pronto—. ¿Puedo aparecerme desde aquí?

—Cambié las barreras para que pudieras entrar y salir cuando quisieras—Draco sonrió mucho más sincero esta vez, mientras se acercaba a Harry para darle un beso de despedida, que pronto se convirtió en uno más apasionado—. Como no te vayas ya, no te dejaré irte.

—¿Eso es una amenaza o una invitación? —murmuró de forma insinuante.

—No te regodearías tanto si supieras el esfuerzo que tengo que hacer para mantener mis manos alejadas de ti —mordió su labio inferior, a la vez que Harry rozaba la extensión de su cuello con la nariz y aspiraba audiblemente—. Definitivamente deberías usar mi colonia todos los días.

Cerró los ojos y utilizó toda su fuerza de voluntad para separarse del moreno. Necesitaba dormir y, a pesar de que los Weasley nunca habían sido santo de su devoción, no quería que Harry llegase tarde por su culpa y causase una mala impresión.

Le besó por última vez, sin profundizar demasiado. Se alejó lo suficiente y sujetó su varita con firmeza.

—¿Nos vemos mañana? —preguntó, recibiendo un asentimiento por parte del moreno.

Respiró hondo, apareciéndose en su casa antes de que pudiese cambiar de opinión y arrastrar a Harry hacia la cama más cercana.

Su apartamento le recibió frío y oscuro, pero no le importó demasiado. Encendió las luces, se visitó con ropa cómoda y se tumbó en el sofá, arropado bajo una manta. Podía oler a Harry en él, podía sentirle en los moretones en su cadera y, aún así, ya le echaba de menos.

Por una vez, no se sintió solo.


¡Hoooooooooola!

Voy a publicar esto por aquí y me voy a ir porque tengo un montoooooon de trabajo por hacer -.-"

Este ha sido un pequeño capítulo de transición que en realidad iba a ser una escena corta pero escribir a un Draco cariñoso y mimoso me emocionó demasiado y al final lo alargué lo suficiente como para que fuese un capítulo.

¡Espero que lo hayáis disfrutado!

¡Hasta el próximo viernes!