Capítulo 18:

Complacer

Al final, fue Draco quien llevó a Harry a París.

Cogieron un traslador desde su casa que los apareció directamente en la entrada del Hotel Aphrodite.

Era un sitio lujoso, con obras de arte decorando cada pared, escaleras de mármol, muebles de madera de sequoia y columnas de granito rosa con detalles dorados. Había una fuente del siglo XVI en medio de la recepción, representando a Afrodita entre la espuma del mar. Fueron recibidos por una mujer alta y vestida elegantemente que les acompañó al ascensor que subía hasta el restaurante en la azotea. Era pequeño en comparación con el hotel, apenas tenía una decena de mesas repartidas por la terraza, con manteles blancos satinados y pequeños ramos de jazmín en el centro. Habían faroles flotando en el aire, dando una luminosidad agradable y romántica, y en un rincón, había una orquesta de cuerda tocando una melodía lenta.

Se sintió nervioso mientras se sentaban en una de las mesas cerca del barandal. Había traído allí a su novio porque por una vez, quería ser él quien le impresionaba en una de sus citas y eso era precisamente lo que le había dicho cuando le había invitado a cenar. El motivo oculto era, sin embargo, que Draco quería avanzar un poco más en su relación, algo que Harry no parecía dispuesto a hacer de inmediato. Era irónico, ya que él había sido el primero en querer que las cosas fuesen a un ritmo lento y seguro, pero ahora sentía que las cosas iban demasiado despacio. Estaba listo para ir más allá y había esperado erróneamente que fuese Harry quien decidiese dar un paso hacia delante, para luego comprender que tal cosa no iba a ocurrir. Harry iba a esperarle; iba a tener la paciencia suficiente para fuese Draco quien avanzase por su propia cuenta y eso era lo que iba a hacer esa noche.

—Este sitio es increíble —dijo el moreno, luciendo cómodo—. Un poco ostentoso, pero increíble.

Draco sonrió, observando el paisaje. No le iba a quitar la razón, era un poco demasiado para él también, pero siempre le habían gustado las vistas de los Campos Elíseos y del Arco de Triunfo que se podían vislumbrar desde esa azotea. Le habían parecido maravillosas desde que era pequeño, aún más si era de noche, como ahora y las luces de las casas y las calles acompañaban el panorama.

—Mis padres solían venir aquí.

—¿Donde están ahora?

—En algún lugar de Europa —se encogió de hombros—. No solemos hablar mucho. Me escriben a veces, cuando tienen tiempo, pero poco más.

—¿Cómo crees que se tomarán nuestra relación?

Soltó un resoplido que hizo a Harry sonreír. Esa cuestión había pasado por un menté un par de veces, incluso se había planteado escribirles a sus padres para darles la noticia, pero no lo creyó conveniente. Lo último que quería era enfrentarse a la furia de alguno de los dos.

—Mi madre lo aceptará y a mi padre no le va a gustar, pero no dirá nada mientras no avergüence el apellido familiar —se enderezó cuando el camarero llegó hasta su mesa, deteniendo su conversación. Draco hizo un ademán con la mano, rechazando la carta de vinos—. Una botella de Romaneé Conti, por favor.

El camarero se inclinó y se marchó para atender su pedido. Cuando volvió su atención hacia Harry, éste le miraba con una ceja arqueada.

—Creía que no sabías de vinos.

Las esquinas de su boca tiraron hacia arriba para formar una sonrisa angelical, mientras parpadeaba suavemente e inclinaba la cabeza con aire de inocencia. No esperaba que se acordase de ese pequeño detalle.

—Puede que te mintiese un poco —admitió.

—¿Alguna otra mentira que deba saber? —inquirió con los ojos entrecerrados.

Lo pensó francamente por un momento, pero en realidad no había vuelto a mentirle desde entonces.

—¿Sabes que antes de salir te he dicho que ibas bien peinado? —su sonrisa se volvió ladina—. Bueno, mentí. Tu cabello sigue siendo un desastre

—Idiota.

Harry puso los ojos en blanco y giró su cabeza de perfil para admirar las vistas. Draco, en cambio, le observó a él.

—Pero ese traje te queda genial —añadió, en voz baja.

Para ser sinceros, le quedaba mejor que genial. A pesar de que le había dicho que iban a ir a un restaurante mágico y que podía vestir con túnica, Harry había insistido en que quería usar un traje muggle y Draco no había podido replicar nada porque se veía espléndido en él. Era una traje rojo oscuro, simple, sin decoraciones ni ornamentos. Llevaba una camisa negra, sin corbata, y unos zapatos del mismo color. Era tan sencillo y aún así hacía que Harry se viese tan comestible.

Y era todo suyo.

Pocas veces se había sentido tan orgulloso de sí mismo. Ahora entendía porqué la gente en el Ministerio le felicitaba. Se lo merecía.

—¿Esta es tu manera de conquistarme? —rió su novio— Porque la cita está bien, pero tus halagos dejan mucho que desear.

—¿Qué quieres que te diga? —su voz salió como un ronroneo bajo y coqueto, lo que hizo que Harry le prestase atención— ¿Que estuve a punto de cancelar la cena porque lo primero que pensé al verte así vestido fue en lamerte entero?

Sabía que cada mesa tenía su propio hechizo de privacidad, así que no le importaba que alguien pudiese escucharlos. Tampoco le hubiera preocupado demasiado, porque estaba más centrado en los ojos verdes que en ese momento le observaban con intensidad.

El camarero llegó unos segundos después, sirviendo su vino y tomando nota de lo que iban a cenar, totalmente indiferente a la tensión que había entre los dos.

—¿Puedo fumar aquí? —preguntó el moreno antes de que el camarero se marchase.

—Sí, señor.

Draco agarró la copa de su vino blanco, degustando su sabor con un gemido indecoroso mientras Harry sacaba un paquete de cigarrillos del bolsillo de sus pantalones y encendía uno con un rápido chasqueo de dedos, aún con la mirada fija en él.

—Realmente fumas por frustración sexual, ¿no? —comentó, con voz divertida, recordando lo que había dicho Ginny al respecto.

—Es esto o arrastrarte hasta el baño y follarte contra la primera pared que encuentre. Y no te aseguraré que la pared esté dentro del baño.

Su respiración vibró y la copa en su mano osciló peligrosamente. La expresión de Harry detonaba que realmente hablaba muy en serio. Era la primera vez que le escuchaba siendo tan crudo.

—Voto por lo del baño —contestó, sin mostrar lo mucho que le emocionaba la idea.

—Draco... —su voz sonó como una advertencia.

Tragó saliva, dejando su copa sobre la mesa. Notaba que su pulso estaba empezando a acelerarse y apenas podía contener la agitación que se revolvía en su estómago. Si seguían así, no iban a llegar al postre.

—Eso quiere decir, que las anteriores veces que te he visto fumar... —dejó la frase inconclusa, instando al otro a que hablase.

—La primera vez que te vi en el Ministerio llevabas una túnica gris que llevaba hasta tu cuello y te hacía ver espectacular. Además, tenías esa expresión de desagrado y esa voz cortante que me hacía tener ganas de doblarte sobre tu escritorio hasta que fueses tan inofensivo como un gatito —Draco boqueo, queriendo decir algo, pero al final solo salió una respiración temblorosa de entre sus labios —Después nos quedamos encerrados en el ascensor —Potter sonrió ante la memoria—. Estabas tan tenso y alerta, y aún así te escuche jadear cuando convoqué mi patronus.

En su cerebro, esos momentos eran vividos y podía rememorarlos con gran detalle, pero Draco estaba sorprendido por lo bien que Harry parecía recordar aquellas situaciones. Se emocionó ante el pensamiento de que el moreno también se había visto afectado en ese entonces.

—Tu colonia también ayudó —añadió, sonriendo insinuante—. Y ese maravilloso uniforme.

—¿Algo más? —preguntó entretenido, aunque su expresión detonaba más fervor.

—Tus guantes de cuero.

El camarero llegó en ese momento para traer sus entrantes. Harry agitó su mano para desaparecer su cigarrillo. Su mirada prometedora hizo que Draco se agitase.

Estaba intentando provocarle, porque molestarle siempre era un placer y porque quería saber hasta dónde era capaz de llegar antes de perder la paciencia.

—Tráeme un whisky doble, por favor —pidió el moreno.

—¿Te alegraría saber que he reservado una suite aquí? —se esforzó en que su tono pareciese desinteresado, aunque sonaba francamente alentador en sus oídos.

—Detente —le ordenó Harry, con voz baja y rígida. Ni si quiera desvío su mirada al aceptar su bebida.

Su lengua picó por preguntarle si iba a castigarle, pero esa iba a ser una respuesta del todo contraproducente. Parecía peligroso provocarle más de la cuenta, y todavía no estaba preparado para ir tan lejos.

Se centró en su cena y, un par de minutos silenciosos después, desvío el tema hacia los últimos partidos de Quidditch, acción que Harry aceptó con facilidad. Aún así, todavía había tensión que subyacía en el ambiente entre ellos. Era palpable en cómo hablaba Draco a veces, gesticulando demasiado y relamiéndose los labios, en la forma en la que Potter le miraba en ciertos momentos, de arriba a bajo, siguiendo todos sus movimientos, manteniéndose más tiempo en su rostro y observándole con cuidado, como si estuviera esperando algo. Fue todo mucho peor cuando vio a Harry comer, adorar, reverenciar con la lengua a su coulant de chocolate, mientras el otro le dirigía una mirada consciente, como si supiera que Draco tenía el principio de una buena erección.

—¿Vamos a ver cómo es esa suite? —preguntó el moreno cuando terminó.

Caminó hacia el ascensor con el pulso temblando en la punta de sus dedos. No fue de ayuda que la mano de Harry pasease por toda su espalda mientras avanzaban, creando escalofríos que recorrían todo su cuerpo y le hacían tambalearse interiormente, ni la profunda carcajada que emitió cuando Draco fue incapaz de abrir la puerta de su habitación a la primera.

La suite era impresionante. Tenía una moqueta roja en el suelo, paredes de color blanco y una cama enorme en el centro con un grueso edredón y cojines de color marfil. Había un escritorio de madera de roble a su derecha, junto a un ventanal que daba a un balcón desde donde se podía ver toda la ciudad. A su izquierda habían dos puertas, una que daba a un vestidor y otra a un baño con un tocador, un espejo y una gran bañera de hidromasaje de mármol oscuro que parecía sacada de algunas fantasías subidas de tono.

Se mantuvo callado, de pie en medio de la habitación justo a los pies de la cama, mientras Harry se quitaba la chaqueta de su traje con un movimiento fluido y la dejaba sobre la silla del escritorio para que no se arrugase.

—Quiero intentarlo.

Su voz fue más suave de lo que había imaginado en su cabeza, salió en apenas un susurro, pero el silencio era tan persistente y profundo entre ellos, que fue suficiente para que Harry detuviese todo lo que estaba haciendo.

—¿El qué? —Draco le miró significativamente y para su suerte, eso fue lo único que el moreno necesitó para entenderle, porque acto seguido frunció el ceño— ¿Ahora?

—Sí.

Hubo un segundo de reflexión en la mirada verde del otro, antes de negar con la cabeza.

—Es precipitado —objetó, observando la habitación con aire crítico, porque si una suite en uno de los mejores hoteles del mundo no fuese suficiente. Sonrió un poco. Debería haber supuesto que Harry querría tenerlo todo bajo control y perfectamente planificado—. Deberíamos tener una conversación sobre nuestros límites primero.

—Podemos hacer algo suave —replicó, ignorando los argumentos de su novio. Harry podía ser controlador, pero Draco era testarudo—. Usaré mi palabra segura si es demasiado.

—¿Eso debería reconfortarme? Es tu deber utilizar tu palabra segura.

—Y lo haré —afirmó, sin dejarse desanimar—. Solo quiero que probemos.

—Draco...

—¿No quieres?

El corazón de Draco se apretó bajo su pecho. La posibilidad de que se negase nunca había pasado por su mente. Jamás había hecho nada así, nunca se había declarado tan abiertamente a nadie. Él no tenía una lista de ex-amantes como Harry. Su única relación había sido con Ivan y, después de él, Draco se había negado a compartir intimidad con nadie más. Que Harry le rechazase era más doloroso de lo que había previsto.

—Por supuesto que quiero —Harry se acercó a él, enmarcando su rostro. El anhelo que se reflejaba en su expresión le hizo temblar de nuevo—. He soñado contigo más de lo sanamente humano. Te he imaginado de todas las formas posibles y cada vez que te veo tengo que reprimir mi impulso porque lo único en lo que pienso es en deshacerte hasta que no quede nada de ti.

—No tienes que reprimirte —su voz temblaba con excitacion suprimida y empezaba a costarle respirar—. Confío en ti, Harry.

Intentó que sus ojos reflejasen la verdad de sus palabras. Esperó pacientemente, dejando que Harry explorase su rostro en busca de algún atisbo de duda.

—¿Estás seguro? —se sorprendió ante el tono vagamente vulnerable de su novio, lo que le hizo inclinarse hacia delante para besarle con cariño.

—Al cien por cien.

Harry dejó caer un suspiro y sus hombros se desplomaron visiblemente. Acarició sus pómulos altos, para después llevar sus manos hacia su nuca y ejercer una leve presión que le hizo arquear el cuello y cerrar los ojos.

—¿Tu palabra segura?

Inhaló de forma demasiado brusca, con el corazón volviendo a latir desenfrenado. Por un momento pensó que Harry iba a negarse definitivamente, pero se emocionó al saber que lo había conseguido.

—Rojo —contestó—. Siempre he usado colores. Verde si está bien, amarillo si estoy al límite y rojo si...

—Me detendré —interrumpió. Era firme, seguro y Draco no tenía ninguna duda de su afirmación—. De todas maneras, no vamos a llegar muy lejos, ¿de acuerdo?

—Vale —aceptó. Para ese punto, podría acceder a cualquier cosa que le diera—. ¿Vas a atarme?

—¿Quieres que te ate?

Dudó, parpadeó con lentitud, se relamió los labios, que estaban a centímetros de los de Harry y finalmente negó con la cabeza. No quería decepcionarle, pero no sabía cómo reaccionaría su mente al verse totalmente inmovilizado, si tal vez los recuerdos serían demasiado para él. Quería que funcionase, no que le entrase un ataque de pánico.

—No por el momento.

—Ahí tienes tu respuesta —fue lo único que contestó el moreno.

Draco podría haberse desmayado por el alivio que le invadió, pero sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando Harry devoró su boca, con los dientes mordiendo su labio inferior y sus lenguas frotándose con ahínco. Parpadeó medio desorientado cuando su novio rompió el beso y se alejó de él de repente.

—Desnúdate para mi.

Jadeó en voz alta. Vio cómo Harry retrocedía lo suficiente para apoyarse en la esquina del escritorio, mientras se remangaba su camisa hasta sus codos, como si estuviese preparándose para trabajar. Tragó con dificultad, parcialmente desorientado por un segundo, intentando que su mente se pusiese en marcha.

Joder, iba a hacerlo. Estaba a punto de entregarse a Harry, de dejar su cuerpo y su mente a la merced del otro. Sus músculos se sacudieron, entre temeroso y expectante. Alzó sus manos hacia las solapas de su chaqueta, colocó la prenda en una de las esquinas de la cama y procedió a desabrochar el primer botón de su camisa bajo la atenta y pesada mirada de Harry. Maldijo interiormente cuando sus dedos temblaron y dificultaron su tarea. Notaba el calor en su rostro, su piel sonrojándose por el nerviosismo y podía percibir los ojos de Harry siguiendo cada uno de sus movimientos torpes.

—Respira, Draco.

Se detuvo, casi sobresaltándonse. Levantó la vista para encontrarse con una sonrisa en el rostro de Harry. Era suave, cariñosa, destinada a tranquilizarle e hizo que el estómago de Draco se anudase agradablemente. Todavía era Harry. A pesar de su aspecto seguro y su voz inflexible, todavía estaba frente a su novio. Respiró hondo, sus hombros se relajaron y sus nervios se asentaron un poco. Continuó con su tarea, sin apartar los ojos del moreno. Dejó caer su camisa cuando el último botón fue desabrochado, emocionándose cuando la expresión de Harry se tornó mucho más seria y profunda. Quitó sus zapatos con la punta de sus pies mientras desabrochaba el cinturón de su pantalón y los bajo con un fluido movimiento para dejarlos en el suelo junto con su camisa. Enganchó sus dedos alrededor de la cintura de su ropa interior negra y aguantó la respiración mientras lo deslizaba por sus piernas, quedándose completamente desnudo. Sus hombros volvieron a tensarse ligeramente cuando se enderezó y clavó sus ojos en Harry, aparentando más confianza de la que tenía. Su pene dio una sacudida al ver que su novio recorría su cuerpo con una mirada ávida. Parecía estar a punto de saltarle encima. Draco esperaba que eso ocurriese en algún momento pronto.

—Podría comerte ahora mismo si me dejases —comentó.

Su voz era tan sedosa que le puso la piel de gallina. Soltó un suspiro tembloroso.

—Estoy a tu disposición —dijo con el corazón en la garganta.

Harry le dio una mirada que casi le hizo retorcerse sobre sí mismo. No le importaba recibir atención, lo disfrutaba de hecho, pero a medida que pasaban los segundos, el silencio lo iba haciendo consciente y nervioso.

—Túmbate —ordenó su novio. Draco obedeció, sabiendo que cada uno de sus movimientos estaban siendo controlados. El edredón era liso y frío bajo su espalda. Lo hubiera disfrutado en cualquier otra circunstancia, si no fuera porque su pulso había empezado a latir con anticipación. Harry apareció en su campo de visión, a los pies de la cama. Sostenía una pluma negra y brillante en la mano—. Voy a utilizar esto hoy, ¿de acuerdo?

—Vale —aceptó con algo de asombro, observando el objeto inocente.

Había imaginado muchas veces qué harían en su primera escena, y en su mente habían pasado escenarios con azotes, látigos y ataduras, pero nada con una pluma. Nada tan ligero y delicado.

Parpadeó, saliendo de sus pensamientos al ver que Harry rodeó la cama para sentarse a su lado. Se estremeció cuando pasó una mano por su muslo, acariciándolo con reverencia.

—Quiero que estés quieto —su voz era un susurro vibrante que le hizo tragar en seco—. ¿Crees que puedes hacer eso?

—Sí —respondió inmediatamente, sonando demasiado ansioso. Harry sonrió complacido.

—No te voy a atar, pero me gustaría que dejases las manos sobre la cama, separadas y con las palmas hacia abajo.

—Cuanta precisión.

Se arrepintió de su comentario, porque sin duda había salido burlón, y Harry lo notó porque arqueó una ceja y apretó el agarre en su muslo.

—¿Quieres ver lo preciso que soy al trasformar esta pluma en un látigo de cuero rígido?

—Lo siento —contestó en voz baja, aunque su entrepierna había reaccionado positivamente ante la perspectiva.

Separó un poco los brazos de su cuerpo, y dejó sus manos abiertas sobre el colchón, tal y como le había dicho. Cuando volvió a mirarle, se aseguró de que su expresión fuese lo más inocente posible. Harry volvió a acariciar su pierna, antes de inclinarse y besarle castamente.

—Te explicaré qué vamos a hacer —asintió, respirando hondo. Podía escuchar a su corazón latir en sus tímpanos y retumbar en cada extremidad. Había una ligera presión en la boca de su estómago, haciéndole sentir inquieto por lo que iba a pasar —. Voy a acariciarte con la pluma, por todo el cuerpo y tú no te moverás. Si lo haces, volveré a empezar. Las veces que haga falta —aseveró.

—Entendido —murmuró, con voz pequeña. No sonaba demasiado intenso, y saberlo le hizo sentirme más tranquilo.

—Me gustaría también que mantuvieses los ojos cerrados —la mano de Harry se movió arriba y abajo por su muslo, mientras una pequeña sonrisa engreída adornaba su boca—. ¿Podrías hacerme ese favor?

En ese momento, Draco supo que había pocas cosas que pudieran negarle si le miraba tan profundamente como lo estaba haciendo ahora.

—Sí.

Cerró los ojos y tragó saliva con algo de dificultad. Su aliento se enganchó cuando sintió el tacto delicado de la pluma sobre el punte de su nariz. Sus pestañas revolotearon pero no abrió los ojos, sino que se quedó estático mientras la caricia viajaba hacia sus pómulos, sus labios y su mandíbula. Era relajante, pero era precisamente esa tranquilidad la que hacía que sus músculos se tensasen con cada toque sutil sobre su piel. Dejó caer una exhalación cuando la pluma rozó su cuello, bajo por su esternón con una calma agonizante y bailó sobre sus pezones gracilmente. Gimió por lo bajo y se arqueó para buscar más fricción, pero la caricia se detuvo en el acto. Escuchó que Harry chasqueaba la lengua. Casi podía imaginarlo negando con la cabeza.

—Te dije que no te movieses —recriminó. Había una leve decepción en su voz que le hizo sentirse mal consigo mismo—. Las recompensas son para aquellos que saben esperar. ¿Podrás ser paciente, pajarillo?

—Lo seré —prometió, queriendo complacerle. No quería defraudarle en su primera vez y que viese que Draco no servía para esto.

—Vamos a ver si es verdad.

Soltó un suspiro resignado cuando la pluma volvió a su nariz. Hizo exactamente el mismo recorrido y, cuando llegó a su pecho, Draco se cercioró de quedarse perfectamente quieto. Ni si quiera respiró hasta que la pluma no bajo hasta su ombligo. Solo entonces se permitió llenar sus pulmones de aire y emitir un sonido estrangulado cuando la caricia se desplazó hacia su ingle. Su cuerpo vibraba por moverse, necesitaba un contacto más sólido y no poder buscar más fricción empezaba a ser una tortura.

Harry no le dio un descanso. Continuó con su vaivén por sus piernas, por el arco de sus pies, por sus tobillos, por el interior de sus rodillas y por sus muslos hasta los huesos de su cadera. Y luego el grácil tacto llegó hasta su pene, ligera y sutil. Draco pensó que apenas lo notaría, pero parecía que se había vuelto extremadamente sensible porque cuando la pluma remoloneó por la punta de su ereccion, Draco gimió con fuerza, arrugando el edredón entre sus dedos.

—Harry —se quejó. Tenía unas ganas terribles de juntar las piernas, de darse la vuelta y frotarse, pero reprimió todos sus instintos y se esforzó en no moverse—. Necesito...

Sus palabras fueron cortadas cuando la pluma subió y bajo por su entrepierna. Podía sentir el tacto en cada maldita vena palpitante de su polla. Casi hubiera preferido un látigo, porque al menos era un objeto conocido y sabía lo que le esperaba.

—¿Necesitas...?

Apretó los párpados con fuerza, gimoteando desde el fondo de su garganta.

—Tócame —pidió, retorciéndose ya sin poder evitarlo—, por favor.

—Te has movido y eso significa que debería volver a empezar —Draco emitió un lloriqueo estrangulado e impaciente. No creía que fuese capaz de tener el temple suficiente para comenzar desde el principio otra vez—, pero lo voy a dejar pasar por esta vez porque estás precioso así, todo desesperado, y porque me lo has pedido amablemente.

Dejó de notar el tacto de la pluma y Draco quedó jadeando, tumbado en la cama y con los ojos cerrados. Podía escuchar a Harry moverse y el sonido característico de la ropa siendo deslizada. Deseó poder tener los ojos abiertos para disfrutar del espectáculo, pero se contentó con la perspectiva de poder recibir algo más que la caricia de una pluma. Inhaló con brusquedad cuando la cama se hundió bajo el peso del moreno.

Lo primero que sintió fue el tacto de los dedos de Harry envolviendo sus tobillos, subiendo por sus piernas, apretando la carne a su paso y haciéndole gemir. Era estimulante percibir un toque tan solido después de haber estado pendiendo de una pluma.

—Harry —volvió a quejarse, cuando éste llegó a sus caderas.

—¿Qué te he dicho antes?

Draco pasó la lengua por sus labios y se centró en agarrar el último hilo de paciencia que le quedaba dentro.

—Las recompensas son para aquellos que saben esperar —contestó, resignado.

—Exacto. Y tendrás que esperar un poco más, porque aún pretendo disfrutar del hermoso cuerpo que tienes —respondió, trazando círculos sobre sus costillas—. Pero como te has portado tan bien, voy a permitir que muevas todo lo que quieras excepto las manos.

Dobló las rodillas de inmediato y arqueó la espalda cuando sus pezones fueron acariciados. Harry cumplió con sus palabras, porque recorrió con sus manos cada centímetro de piel que tenía, con sus dedos ágiles y seguros, repartiendo en ocasiones besos húmedos. Gimió sonoramente cuando envolvió su erección. El toque le hizo estremecerse y tensar toda la espalda, sin embargo fue tan ínfimo que apenas tuvo tiempo de saborearlo.

—Por favor —suplicó, abriendo las piernas para que Harry metiese la mano hasta rozar su entrada, palpando la piel de alrededor. Esperó, con la respiración descompasada y el corazón latiéndole emocionado, pero el dedo de Harry no se movió.

—Qué bueno eres cuando quieres —había pura satisfacción en su voz y Draco podría apostar a que estaba sonriendo. Su pecho se expandió orgulloso—. Pidiendo las cosas tan obedientemente y comportándote tan bien. No como en la cena, cuando intentabas provocarme.

—Lo siento —se disculpó con rapidez, retorciéndose al notar que el dedo de Harry se separaba de él—. No lo volveré a hacer, te lo prometo.

Le escuchó soltar una risa corta y divertida.

—Estoy seguro de que ahora podrías prometerme cualquier cosa, ¿verdad?

—Harry, por favor —rogó una vez más.

Podía notar que las lágrimas habían empezado a agolparse bajo sus párpados, su vientre estaba totalmente tenso y empezaba a dolerle la parte baja de su estómago.

—No te lo estaba echando en cara —continuó, ignorando la súplica, dejando un beso en su rodilla doblada—. Solo lo decía porque me gustas mucho así, siendo servicial —dejó otro beso en la parte interna de su muslo—. Y también me gusta que me provoques —Draco mordió su labio inferior cuando el dedo de Harry volvió hacia su entrada, esta vez presionando ligeramente—, porque me va a encantar castigarte por ello.

Sí, pensó aunque de su boca solo salió un sonido estrangulado ya que el dedo de Harry le había penetrado, lenta y concienzudamente, haciendo que su estómago se hundiese de placer. Estaba resbaladizo, así que apenas sintió una pequeña incomodidad por la intromisión. Se preguntó si Harry había utilizado algún hechizo para ello y ese pensamiento hizo que su polla se endureciese todavía más. El segundo dedo llegó rápido, para su deleite. Le dilató con dedicación, con un cuidadoso vaivén que hacía rodar sus ojos bajo sus párpados. Cuando sitio la presión de un tercer dedo, Draco estaba dentro de una neblina llena de placer mientras se balanceaba contra Harry.

—Mírame —parpadeó rápidamente, encontrándose con el rostro de Harry justo encima de él. Estaba serio, concentrado, con sus ojos verdes rastreando cada parte de su cara—. ¿Estás listo?

Asintió efusivamente. Había estado listo desde que habían llegado al restaurante, para ser sinceros. Si Harry se lo hubiera querido follar en el baño, en el ascensor o encima de la mesa, Draco hubiera sido feliz.

Su novio esbozó una sonrisa consciente y se inclinó para besarle profundamente mientras retiraba sus dedos. Se sintió vacío, pero el sentimiento no le duró demasiado porque un segundo después la polla de Harry estaba empujando contra él, abriéndole de manera deliciosa. Se separó del beso, echando la cabeza hacia atrás y cerrando los ojos para disfrutar de la sensación tan placentera que le estaba recorriendo por dentro en ese momento.

La primera embestida fue pausada. Draco podía notar toda la erección de Harry saliendo de él y luego entrando con la misma calma. Percibió su dureza, cómo sus músculos se contraían a su alrededor, como su próstata era masajeada de manera deliciosa, cómo los dedos de Harry se clavaban en sus piernas para mantenerlo en el sitio cuando se enterraba profundamente en él y permanecía allí unos segundos enteros y agónicos, solo para volver a salir y repetir el proceso.

Fue tortuoso, porque en ningún momento le tocó y Draco no apartó las manos de la cama bajo ninguna circunstancia, aunque estaba deseando hacerlo. Mordió su labio inferior con cada penetración, alzó sus caderas como si eso fuese a aliviar su necesidad y miró suplicante a Harry cada vez que no era así.

Sollozó, con las lágrimas deslizándose por sus sienes, el pecho apretado y la piel enrojecida. Su mente se sentía a la deriva mientras el placer se acumulaba en su ingle. Harry pasó las manos por debajo de él y le elevó ligeramente para embestirle tan profundo que por un momento dolió, pero al segundo siguiente su orgasmo estaba enroscándose en su cuerpo y Draco se encontró corriéndose sin ni si quiera haber rozado su entrepierna, mientras Harry gemía ronco y salía de él para penetrarle rápido y con fuerza hasta llegar a su propio clímax.

Respiró hondo, relajándose contra el colchón. Sus músculos estaba adoloridos y los dedos de sus manos se habían resentido por la fuerza con la que había agarrado el edredón. Harry se tumbó a su lado, lanzó un hechizo de limpieza sobre ambos y lo acurrucó en su pecho.

—Has sido maravilloso, Draco —halagó, besando su hombro. Su tono volvía a ser suave a pesar de que su respiración era algo fatigada.

—¿De verdad?

—Absolutamente —afirmó con convicción—. Estoy tan orgulloso de ti.

Esas simples palabras le generaron más placer que cualquier otra cosa. Su corazón latió emocionado y su boca esbozó una sonrisa perezosa y petulante. No sabía cómo había podido permanecer tanto tiempo sin esto, sin sentirse tan bien después de complacer y ser complacido.

Lo que sí sabía, era que no estaba dispuesto a renunciar a esto pronto.


¡AAAAAAHHHHHHH!

¿¡POR QUÉ ESTOY GRITANDO!?

No sé porqué grito, la verdad. Solo sé que estoy tan emocionada. Después de 18 capítulos por fin escribo algo de BDSM. Es para matarme jajaja

Sé que ha sido una escena cortita (aunque es el capítulo más largo hasta ahora) y no ha sido taaan intensa, pero quería empezar con calma. Quiero decir, no todo el mundo está dispuesto a atarse a una cama a la primera de cambio como Anastasia Steel.

Y, si he de ser sincera, me ha gustado más la tensión de la cena que él escena sexual en sí, pero eso ya son gustos míos.

Y, como creo que no lo he dicho antes, lo digo ahora:

¡Muchas gracias por el apoyo que me estáis mostrando! De verdad, estoy súper agradecida.

¡Nos leemos el próximo viernes!