Capítulo 19:

Límites

Le dolía la mayor parte del cuerpo. Sentía como si le hubieran drenado toda la fuerza que tenía, una catarsis física y mental que lo había dejado medio aletargado, medio ido. Por eso agradeció que Harry insistiese en ducharse antes de que se hubiera quedado del todo dormido. El agua caliente de la increíble bañera le relajó y tener a Harry justo detrás de él, masajeando sus hombros y sus brazos, le hizo sentirse un poco más conectado consigo mismo.

—¿Cómo te encuentras?

—Cansado —murmuró, hundiéndose un poco más en el agua cuando Harry envolvió uno de sus brazos a su alrededor y comenzó a trazar patrones sobre la piel de su estómago.

—¿Ha sido demasiado?

—No —contestó. Había estado nervioso al principio, pero eso fue por culpa de sus propios pensamientos. Harry había sido maravilloso, le había dado justo lo que necesitaba para callar su curiosidad pero sin crear un ambiente que le pusiera en alerta—. Nunca había usado una pluma.

—Es un objeto común para los que no son especialmente aficionados al dolor —explicó. Se notaba que sabía de que hablaba—. Pensé que sería lo adecuado para empezar.

Le había molestado que Harry tuviera tanta práctica en el tema, que hubiera estado años entrenándose con alguien. Ahora, sin embargo, debía reconocer que le daba tranquilidad saber que su novio tenía toda esa experiencia y podía desenvolverse con destreza.

Giró la cabeza sobre su hombro, con una sonrisa cansada en el rostro y dejó un beso en los labios de Harry.

—Ha sido perfecto —aseguró.

—¿Eso quiere decir que estás listo para intentarlo del todo?

—Sí —respondió sin dudarlo.

Harry acarició su cabello y le miró como si quisiera añadir algo. Draco sabía que no iba a dejar pasar tan fácilmente la pequeña charla que tenían pendiente sobre sus límites, aunque en ese momento no tuviese ganas de hablar del tema. El moreno debió pensar los mismo, ya que al final correspondió su sonrisa mientras se desenredaba de él.

—Salgamos de aquí antes de que nos salgan branquias.

La bañera era cómoda, pero la perspectiva de volver a la cama se le hizo mucho más apetecible. Draco se dejó arropar dentro de un albornoz y luego se colocó el pijama que había conjurado magimente después de pasar un hechizo de secado por su pelo. Estaba tan cansado, que cuando se tumbó en el colchón, se quedó dormido de inmediato.

Nada más despertarse por la mañana, supo que no iba a tener la misma suerte para evitar hablar con Harry.

Habían decidido solicitar el servicio de habitaciones y desayunar en la terraza. Hacía un buen sol, aunque el aire era fresco y las vistas no eran tan espectaculares como en el restaurante de la azotea, pero era lo suficientemente bonitas como para que Draco las observase ensimismado. Era consciente de la mirada resuelta de Harry, cómo si estuviera diciéndole que dejase de evitar el tema.

—Me debes una conversación —dijo su novio, agitando la cuchara de su café con lentitud.

—¿En serio?

—Draco —masculló en tono de advertencia. Se relamió los labios, desviando su mirada hacia sus tostadas francesas—. Lo de anoche fue una excepción porque se trata de ti. Nunca haría algo así con alguien con el que no he hablado sobre nuestros límites. De hecho, ni si quiera lo debería haber hecho contigo.

Esa afirmación le animó. Saber que Harry había roto una regla por él le hacía sentir importante. Aún así, todavía era reacio a hablar de sus límites. No había tenido esa charla con Ivan, porque habían ido descubriendo sus gustos con el tiempo. Tener que explicar exactamente qué era lo que no estaba dispuesto a hacer le ponía a la defensiva, porque no quería que su novio viese que, aunque tenía intención de intentarlo, todavía había un largo camino por recorrer.

—¿Vamos a hablar de eso ahora?

—Este es tan buen momento como cualquier otro —resopló por la nariz, dejando su desayuno a un lado y desvío su atención hacia el paisaje. Había una pequeña parte de él aterrorizada por la perspectiva de que Harry llegase a la conclusión de que era más fácil rechazarle que intentar ajustarse a sus términos—. A menos que hayas cambiado de opinión y no quieras ir más allá. Por mi está bien, ya lo sabes.

—No es eso —contestó con rapidez—. Es solo que...

—¿No te sentirías más seguro si tuvieras la certeza de que yo sé con exactitud hasta donde puedo llegar?

—Supongo —aceptó a regañadientes.

Harry se puso en pie, llevándose su taza de café consigo, y le tendió su mano libre para que le acompañase al escritorio que había en la habitación.

—Vamos a hacer una lista con tus límites, porque seguramente los míos son mucho más escasos que los tuyos —se sentó en la silla acolchada, mordiéndose el labio inferior y observando el pergamino y la pluma que había encima de la mesa con recelo. Levantó la mirada cuando Harry apretó suavemente su brazo y le regaló una sonrisa tranquilizadora—. Tienes que ser sincero, Draco. Si de verdad quieres esto...

—Lo quiero —aseguró.

La noche anterior había sido fantástica. Ya casi no recordaba la sensación de la adrenalina y la excitación recorriendo su cuerpo y, ahora que había vuelto a experimentarlo, no quería dejarlo ir.

—Entonces tenemos que hablar. Necesitas saber que puedes confiar en mí y yo necesito saber que puedo confiar en ti. El primer paso es que seas sincero y traces la línea de hasta dónde puedo llegar —Draco se sorprendió momentáneamente por la seriedad en el rostro de Harry. Reflexionó sus palabras, sabiendo que tenía razón. Si hubiera marcado unos límites con Ivan, tal vez nada hubiera pasado—. Tú eres el que tiene todo el poder, en realidad. Aunque luego sea yo quien tenga el control, solo puedo hacer lo que tú me permitas. Por eso es esencial que dejemos claro este punto.

—Está bien —murmuró, esta vez mucho más resignado. Se removió en su asiento, cogiendo la pluma pero sin escribir nada—. ¿Y si tengo demasiados límites?

Su voz salió más pequeña de lo que pretendía y la ansiedad estaba empezando a subir por de pecho. Harry llevo la mano de su brazo hacia su pierna y trazó círculos lentos.

—Es normal, después de lo que has pasado —le vio encogerse de hombros, luciendo comprensivo. Draco sonrió levemente y se preguntó cómo había tenido la suerte de tener a Harry a su lado—. Además, no todos los límites son infranqueables. Hay algunos que se van reduciendo con el tiempo.

—¿Qué tengo que poner, entonces?

—Primero empieza con tus límites absolutos, que son los que no voy a rebasar bajo ninguna circunstancia. Después haz una lista con tus límites negociables, que son aquellos en los que pueden romperse en situaciones excepcionales y después los límites positivos —Harry sonrió, pasando la lengua entre sus dientes. Draco se a encontró siguiendo el movimiento con gran interés—. Esos son los divertidos.

Asintió, volviendo a presentar atención al pergamino. Tomó una gran bocanada de aire, humedeció la pluma en tinta y escribió su primer límite absoluto: "asfixia".

Miró la palabra durante mucho más tiempo del que debería. Harry no dijo nada, pero presionó sus dedos sobre su muslo para indicar que estaba ahí, a su lado. Continuó con su lista, escribiendo lo más básico que conocía y sabía que no le gustaba. Cosas elementales como las heridas o las quemaduras. Si era sincero consigo mismo, tampoco tenía mucha idea sobre qué límites poner, ya que era la primera vez que se paraba a pensar en ello.

—Creo que ya está —dijo, poco después.

Su lista era más corta de lo que había pensado: "Asfixia, heridas, quemaduras, cicatrices, sadismo extremo, sangre, y agujas."

Miró a Harry, buscando alguna reacción pero sólo encontró una expresión neutral, que no le tranquilizó.

—Continúa con tus límites negociables —instó su novio.

Alzó la pluma y se detuvo antes de escribir nada. ¿Qué se suponía que debía poner? Pensó en cosas que le gustaba hacer, pero no con demasiada frecuencia. Escribió un puñado de palabras entre las que estaban el uso de mordazas, cera caliente y marcas no permanentes. Estuvo unos cuantos segundos reflexionando cualquier cosa que pudiera poner, pero nada le vino a la cabeza.

Observó de reojo a Harry, quien parecía inalterable.

Se encogió mentalmente de hombros y decidió redactar sus límites positivos, lo cual fue bastante más fácil. Sonrió cuando escribió la palabra "plumas" e intentó no sonrojarse mientras escribía algunos juguetes sexuales que había abandonado durante años, distintos látigos que había probado y diversas prácticas que le gustaban.

Si alguno de sus amigos viera a Draco en ese momento, en el hotel más caro de Paris, haciendo una lista límites sexuales, se desmayaría. O lo extorsionarían para que compartiese sus recuerdos, como los desvergonzados que eran.

—Ya he terminado —anunció.

—Bien —Harry le tendió la mano y Draco depositó la pluma contra su palma extendida. Parecía pensativo, pero no disgustado o desalentado. Respiró un poco más tranquilo—. Me esperaba algo peor. Tus límites positivos son bastante amplios.

Pasó sus ojos por las palabras que había escrito. Aunque no era una lista demasiado extensa, se sintió orgulloso al saber que había sorprendido positivamente a Harry.

—He puesto todo lo que se me ha ocurrido.

—Perfecto —respondió el moreno, humedeciendo la pluma y empezando a escribir debajo de lo que había puesto él.

Se inclinó sobre la mesa sin poder evitarlo, leyendo con fascinación cada palabra que escribía su novio. Si creía, por alguna remota y desacertada idea, que tenía un conocimiento extenso sobre el tema, se equivocaba. Draco era consciente de que aún le faltaba mucho por aprender, pero ver a Harry escribir palabras tras palabra como si estuviera haciendo la lista de la compra, fue insólito.

—¿Cuantas veces has hecho esto? —preguntó. Debían ser unas cuantas, porque parecía que las tuviera completamente memorizadas.

—Bastantes —admitió, sin avergonzarse—. Cada vez que he iniciado una relación sexual con alguien, he redactado un contrato que ambos firmaríamos. Como nosotros somos más que solo sexo, creo que con escribirlo aquí nos bastará.

Cabeceó, aún absorto en leer lo que ponía en el pergamino. Se asombró al ver que los límites de Harry eran más numerosos que los suyos, aunque teniendo en cuenta que tenía mucha más experiencia que él, no debería haberle extrañado tanto.

—¿Hace falta ser tan especifico? —cuestionó, al ver que su novio escribía "zoofilia". ¿Zoofilia, en serio?

—Por supuesto —replicó, dándole una mirada seria—. ¿Te has olvidado algo?

Negó con la cabeza, encogiéndose de hombros.

—Creo que lo estás haciendo bastante bien por tu cuenta.

Harry le contempló durante una par de segundos más, antes de volver a su tarea. Se sintió descolocado al ver que entre sus límites absolutos estaban las drogas, la mutilación, el sadismo y masoquismo extremo. Eran cosas tan esenciales que Draco no había ni si quiera pensado en escribirlas. Sin duda le falta mucho, pero que mucho por aprender.

—¿Qué es la poliarmonia?

—Proviene del poliamor y se refiere a tener relaciones sexuales con varias personas, con conocimiento y consentimiento de todas las partes.

—¿Como una orgia?

—No exactamente, porque seguiríamos dentro de nuestro rol. Se refiere más bien a que yo podría tener relaciones con más de un sumiso, o tú con más de un dominante.

—Ah —farfulló. Intentó no imaginarse la escena donde Harry mantuviese sexo con alguien más aparte de él. Sus celos se constriñeron alrededor de su garganta—. Es un buen límite.

Escuchó al moreno reír levemente.

—No voy a compartirte, Draco. Bajo ninguna circunstancia —aclaró. Sonaba absolutamente convencido. Su cuerpo se relajó—. Y tampoco me apetece compartirme a mi mismo.

Emitió un ruido no comprometido y se dedicó a observar cómo Harry escribía sus límites negociables. Eran pocos y mucho menos espeluznantes. Al menos no parecían sacados de una película de terror. "Espacios reducidos, mordiscos, relaciones 24/7, exhibicionismo,..."

Leyó las palabras, con más curiosidad de la que esperaba. Había algunas cosas que él hubiera optado por añadir a sus límites positivos, pero decidió dejarlos así por ahora.

—Si hay algún límite que no quieras que esté en esta lista, puedes decírmelo y lo cambiaré —dijo Harry, haciendo ademán de empezar a escribir su última lista. Se detuvo con la pluma en alto, mientras releía lo que Draco había escrito y fruncía el ceño—. No has puesto el bondage.

Era consciente de ello y por un momento había pensado que tal vez su novio no se daría cuenta, aunque Harry era lo suficientemente formal como para que eso llegase a pasar.

—No sabía dónde ponerlo —admitió—. Me gusta. Bueno, me gustaba antes. Ahora no sé si podría soportarlo.

A decir verdad, estar a atado era una de las cosas que más había echado en falta. Había sido lo primero que había probado con Ivan, y le había fascinado. El sentirse indefenso y a la vez tan confiado bajo la mano de alguien era una experiencia que siempre le fascinaba. Las cosas habían cambiado desde aquel entonces y Draco no sabía si estar atado le iba a generar más ansiedad que placer.

—Podemos ponerlos en los límites negociables, si te parece bien.

—Claro —contestó. Harry tenía el ceño fruncido mientras escribía, luciendo pensativo, lo que le llevó a preguntarse si estaba decepcionado—. ¿A ti te parece bien?

El moreno alzó la vista, mirándole sorprendido durante un instante. Luego sonrió de manera tranquilizadora y acarició su pierna con movimientos lentos.

—Por supuesto, Draco —respondió sin dudar—. Absolutamente todos los límites son respetables. No son cosas que debamos cuestionar del otro, porque están ahí por algo. No tienes que preocuparte por ello.

—¿Entonces, en qué pensabas?

Su sonrisa se apagó un poco y se relamió los labios antes de contestar.

—Solo me preguntaba si estabas atado cuando... te estranguló —su voz era callada, como si no quisiera que Draco se molestase o se angustiase por indagar en ese tema.

—Sí —respondió, mirando sus manos—. Estaba contra una pared y tenía los brazos por encima de mi cabeza.

Podía recordar lo agobiante que había sido no poder moverse mientras el aire se escapaba de sus pulmones. Había zarandeado los brazos con tanta fuerza en un intento de escaparte que las cuerdas le habían dejado abrasiones en la piel. Draco había agradecido al cielo que la poción para las quemaduras hubiera borrado todas las marcas y así no tuviese que soportar verlas todos los días.

Salió de sus pensamientos cuando Harry llevó la mano hasta su flequillo y hundió los dedos en su cuero cabelludo, regalándole una caricia agradable.

—¿Estás bien? —asintió, cerrando los ojos y quejándose levemente cuando sintió unos labios sobre los suyos— Gracias por ser sincero.

Era él quien tenía que estar agradecido por ser tan comprensivo y paciente, pero prefirió no decirlo. Ser sentimental nunca había sido su fuerte.

—Solo estoy haciendo lo que me has dicho, Señor —ronroneó con burla.

Harry rió ásperamente, tirando de su cabello hacia atrás, haciendo que arquease su cuello. Draco gimió, sin ofrecer ninguna resistencia.

—Todavía no hemos terminado —murmuró, pasando los dientes por su dermis, raspando levemente—, así que pórtate bien.

—¿Todavía no hemos terminado? —repitió, más perdido en el tacto de Harry que en sus palabras.

—¿Seguirás usando colores como palabra segura?

—Sí.

—Recuérdamelos —Draco suspiró, ladeando su cabeza porque su novio había empezado a besar todo el largo de su cuello con lentitud y dedicación, como si estuviera recorriendo cada vena palpitante que había debajo—. Estoy esperando.

—Rojo, amarillo y verde.

Harry emitió un sonido complacido antes de apartarse de él. Se quejó por la pérdida, haciendo que el moreno sonriese ladino.

—Como ya te dije, tienes la obligación de utilizar tu palabra segura si lo necesitas y me detendré en cualquier momento —la mano de Harry aún seguía acariciando su cabello, y el fantasma de su sonrisa continuaba en sus labios, pero su voz se había tornado seria, así que Draco afirmó con la cabeza para que viera que le estaba prestando atención—. También tienes que asegurarte de estar bien antes de hacer nada. No puedes sentirte emocionalmente o físicamente mal.

—¿Emocionalmente? —preguntó, curioso.

—Si estás triste, enfadado o angustiado, por ejemplo, las cosas podrían afectarte con más profundidad y no serías completamente objetivo a la hora de tener en cuenta tus límites o utilizar tu palabra segura. Por eso te preguntaré antes de empezar una escena, y debes responderme con sinceridad.

—De acuerdo.

—Todo será seguro, sensato y consensuado, te lo prometo. Esa es la regla principal.

—Lo sé, Harry —sonrió, entrelazando los dedos de su mano libre y apretándola con firmeza—. Confío en ti.

El moreno estudió su rostro antes de acercarse para besarle profundamente.

—Si supieras lo muy afortunado que me siento por ello —susurró, pasando los brazos por su cintura para que se sentase en su regazo. Draco suspiró, acomodándose a horcajadas, con los ojos cerrados y la respiración desigual—. Valoro tu confianza como el tesoro que es.

Se estremeció, arqueándose cuando Harry acarició su espalda por debajo de su pijama.

—¿Podemos hacer algo más divertido ahora? —pidió.

Sintió la sonrisa de su novio sobre la piel de su clavícula y, aunque no podía verla, sabía que estaba llena de promesas placenteras.


¡Hoooooooooooola!

Se me pasan las semanas volando. Hoy he mirado el calendario y me he sorprendido al ver que era viernes porque ni si quiera recordaba que debía actualizar hoy. Afortunadamente, ¡estoy aquí!

Creo que estoy yo más emocionada que vosotrxs con mi propia historia, lo cual es un poco... ¿loco? No sé, pero cada vez que leo un capítulo para corregirlo me emociono yo sola.

Tenía muchas ganas de escribir este capítulo. En realidad esta parte iba unida al capítulo anterior, pero se me iba a hacer demasiado largo, así que decidí separarlo en dos partes. Sé que no ha sido tan intenso como el anterior, pero era algo que debía poner sí o sí aquí porque los límites son una parte fundamental del BDSM.

¡Espero que os haya gustado!

¡Hasta el viernes que viene!