Capítulo 21:
El miedo más profundo
La Noble y Ancestral Casa de los Black era... un desastre. Lo primero que notó nada más entrar fue la cantidad de polvo que había en el ambiente. El papel de las paredes era oscuro y rancio, y la alfombra había vivido épocas mejores. Habían más serpientes decorando el lugar que en la sala común de Slytherin, lo cual ya era mucho decir. Draco se rascó la nariz, frunciendo el ceño, mientras avanzaba por el pasillo. Se detuvo ante una cortina negra y pesada que colgaba de la pared, pero que no parecía estar tapando ninguna ventana.
—¿Qué hay aquí? —preguntó con curiosidad, agarrando un extremo de la cortina.
—No... —Harry se detuvo a media frase al ver que Draco había levantado la tela— lo destapes.
—¡FUERA DE AQUÍ, SANGRE SUCIA! ¡ESTA CASA NO FUE CONSTRUIDA PARA QUE GENTE IMPURA LA ESTROPEASE CON SUS ASQUEROSAS PRESENCIAS!
Draco se encogió, apartando las manos de golpe y mirando con ojos anchos el retrato de una mujer que parecía desquiciada.
—Joder —murmuró, soltando en resoplido. Le había dado un susto de muerte.
Los gritos se detuvieron de golpe cuando la mujer se fijó en él, con ojos calculadores.
—Eres un Black —afirmó.
—Malfoy, en realidad —corrigió—. Pero sí, mi madre es Narcisa Black.
—Yo soy Walburga Black, hija de Irma y Pollux Black, descendiente de la más noble y pura familia.
—Ya veo.
Giró el rostro hacia Harry, buscando algún tipo de explicación. Su novio solo se encogió de hombros.
—Su retrató está fijado con un Encantamiento de presencia permanente, así que no podemos sacarlo de ahí —explicó—. Por eso tiene una cortina.
—Tú, traidor nauseabundo —murmuró la mujer, observando a Harry con disgusto—, no te atrevas a volver aquí con tu séquito de amigos inmundos.
—En realidad es mi madre la que va a vivir aquí.
Eso pareció calmar a Walburga, porque su expresión, aunque seguía siendo hosca, se relajó ligeramente.
—Por fin esta casa va a ser habitada con alguien lo bastante respetable. No como esas repulsivas personas que...
—Bueno, ya he tenido suficiente —dijo Harry, cerrando la cortina de golpe.
—Eso ha sido interesante —rió Draco. En momentos como esos recordaba porqué nunca visitaba el salón de retratos en la mansión—. Mi madre va a entretenerse con ella.
Su novio le dio una mirada lateral, como si no pudiese ver la lógica en su afirmación. Avanzaron por el pasillo hasta dar hasta un comedor que se veía completamente destrozado. Había trozos de madera por todos lados, restos de sillas y cristales de lo que suponía fue una lámpara desperdigados por el suelo.
—Parece que alguien te ha entrado a robar.
—Lo dejaron así durante la guerra. Sirius donó este sitio a la Orden del Fénix para que lo utilizasen de sede. Cuando nos persiguieron a Hermione, Ron y a mi, nos escondimos aquí. Yaxley consiguió entrar aquí al agarrarse a Hermione cuando nos apareció después de colarnos en el Ministerio —la garganta de Draco se apretó. Había escuchado un poco de esa historia. Recordaba a los Mortífagos celebrando su hallazgo, pero nunca le había interesado lo suficiente como para preguntar. En aquella época, cuanto menos llamase la atención para el Señor Oscuro, mejor—. Cuando todo terminó y volví aquí, ya estaba así. En aquel momento no quise arreglar la casa.
—Lo siento —susurró.
La piel de su antebrazo izquierdo picaba, recordándole la marca tenebrosa que tenía allí.
—¿Por qué?
Se encogió de hombros, sin ser capaz de mirar el rostro de Harry.
—Por todo, supongo.
—No fue tu culpa. Éramos niños —a veces le parecía surrealista la cantidad de cosas que habían pasado entre Harry y él, y aún así, estaba allí con su antiguo compañero de colegio acariciando su mano de manera reconfortante y sonriéndole amable. A veces se preguntaba si lo merecía—. ¿Vamos a ver el resto?
Draco asintió, encerrando su aprensión en un rincón de su mente. Pasaron de largo la cocina, porque su madre había asegurado que iba a llevarse consigo un par de elfos de casa, así que ellos podrían encargarse de ese terreno. Subieron por una escaleras al fondo del pasillo que los llevaron al primer piso donde habían algunas habitaciones, un par de baños y un salón enorme. Estaba deteriorado y lleno de escombros, pero al menos se había mantenido intacto. Supuso que era por el gran tapiz lleno de nombres que a la vista de cualquier mortifago eran honorables.
—Mira, ahí tienes a una amiga —señaló hacia la chimenea, sonriendo de lado. Había una serpiente allí, enrollada en un círculo, con algunos huevos en medio.
—Creo que en todo caso se llevaría mejor contigo —repuso Harry.
—Yo no soy el que sabía hablar en parsel.
El moreno rodó los ojos.
—Bien, yo me ocuparé de esta habitación —aceptó, aún así.
El segundo piso era amplio. Constaba de un despacho, una sala de lectura, dos baños y tres habitaciones. Draco se sorprendió al ver que todavía había un tercer piso, teniendo en cuanta que el techo era increíblemente alto.
En ese piso solo había un puñado de habitaciones, algunos baños y una sala para el correo donde en algún momento se había alojado las lechuzas.
—¿Estas escaleras no se acaban nunca? —se quejó, observando que las escaleras daban a otro piso más.
—Aquí solo están las habitaciones de Regulus y Sirius —explicó Harry cuando llegaron arriba.
Draco abrió una de las puertas, observando la desgastada decoración con los colores de Slytherin. El emblema de los Black estaba pintado en la pared sobre la cama y en el suelo habían algunos recortes de periódico deteriorados. La otra habitación era totalmente opuesta. Las paredes conservaban el color rojo y dorado de la pintura, había estandartes de Gryffindor por todos lados y, para su sorpresa, no había ni rastro de suciedad.
—Si pudieras decirle a tu madre que evitase entrar aquí... —pidió el moreno. De hecho, el mismo se había quedado parado bajo el umbral de la puerta, como si fuese incapaz de entrar—. Es la única habitación que he intentado conservar.
—Claro —respondió sin problema—. Con una de las habitaciones del segundo piso tendrá suficiente.
Dejando a un lado el destrozo del comedor, el resto de la casa estaba sorprendentemente bien. Había que limpiarla, cambiar el papel de las paredes y las alfombras, pero al menos no era nada que algunos hechizos no pudieran arreglar. Harry decidió ocuparse de la sala de estar y del comedor, mientras Draco subió al segundo piso para acomodar el despacho, uno de los baños y una habitación. Los hechizos de limpieza se le dieron bastante bien. Dejar el baño listo no fue un problema y redecorar el despacho se le hizo hasta divertido, pero sus músculos habían empezado a protestar un par de horas más tarde por tener que sostener los hechizos para pintar las paredes durante demasiado tiempo. Notaba su cuello tirante y sus brazos caían muertos a su lado. Y todavía tenía que trasformar todos los muebles de la habitación.
Agitó su varita de manera errante y demasiado brusco, intentado crear un sillón de unos de las sillas que había encontrado abajo. El resultado fue algo más parecido a un cojín gigante que a cualquier otra cosa. Resopló, rodando sus hombros para destentarlos. Consiguió un mueble decente al tercer intento. Había conservado el color marrón oscuro de la silla de madera, pero al menos tenía forma de sillón y parecía lo bastante cómodo.
Suspiró cansado, dejando su varita en la mesita de noche de la habitación. Estuvo a punto de sentarse en la cama, cuando vio la capa de polvo que había. Tal vez debería haber limpiado eso primero. Gimió derrotado y decidió caminar hasta el sillón que acababa de trasformar. Sí, parecía que al menos eso sí le había salido bien.
—Draco —llamó Harry desde el piso de abajo—, ¿puedes ayudarme un momento?
Echó la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos y bufando sonoramente.
—No sé en qué maldito momento me pareció una buena idea hacer esto —se lamentó en voz alta.
Se levantó despacio y caminó hacia la puerta. Antes de que pudiera salir, una voz detrás de él lo detuvo.
—Draco.
Detuvo sus pasos de inmediato, casi sobresaltándose por el sonido inesperado. Se dio la vuelta, encontrándose a Harry ahí de pie. Frunció el ceño, totalmente confundido y giró su rostro hacia el pasillo. Podía escuchar ruido proveniente del piso de abajo, lo que significaba que Harry aún seguía allí limpiando, así que no entendía cómo podía tenerle delante, también.
—¿Qué...?
—Ven aquí —interrumpió el moreno.
Draco lo observó con ojo crítico. Iba vestido con la ropa hoy, su pose era relajada, aunque su expresión no detonaba nada. Su voz, en cambio, hizo que su corazón se acelerase nervioso. Había algo allí, algo en el ambiente que le crispaba el vello. Quizás era porque los ojos de Harry le miraban con frialdad o porque podía notar que los músculos de su mandíbula y los de sus hombros estaba apretados, como si estuviera enfadado, pero Draco sintió que debía salir de allí.
Buscó su varita, encontrándola en la mesita donde la había dejado, al otro lado de la cama. Iba a resultar difícil llegar hasta ella, porque Harry estaba más cerca que él. Tendría que rodear la cama o bien saltar por encima de ella, y eso significaba encontrarse en una posición demasiado vulnerable.
Escuchó una risa ronca y oscura que le hizo tragar en seco y, cuando volvió su atención hacia Harry, este sonreía siniestro mientras negaba con la cabeza.
—Si yo fuera tú, ni si quiera lo intentaría —se burló—. Ahora sé obediente y ven aquí. No me gustaría tener que ir a por ti.
Miró por encima del hombro de Harry, encontrando un enorme armario, con la puerta abierta. Su mente cayó en una realización inmediata y se lamentó interiormente por no haber comprobado el mueble antes.
Es un boggart, pensó.
Su boggart era Harry.
Fue la sorpresa de ese pensamiento lo que le dejó paralizado el tiempo suficiente para que la criatura se abalanzase contra él. Draco se apartó y corrió por el pasillo, aunque no fue lo bastante veloz como para llegar a las escaleras. El boggart le arrolló por la espalda, tirándole al suelo y subiéndose encima de él a horcajadas para envolver sus manos alrededor de su cuello. El pánico se enroscó en su pecho con rapidez, haciéndole jadear mientras intentaba zafarse de la presión sobre su garganta. Cerró los ojos con fuerza cuando sensación conocida de la falta de aire se hizo presente, pero no detuvo su forcejeo.
—Riddikulus.
El boggart se trasformó de inmediato en un oso enorme de peluche. Draco llenó de aire sus pulmones y se sentó en el suelo, desplazándose hacia una de las paredes. y llevando sus rodillas hasta su pecho. Harry mantuvo su varita levantada hasta que la criatura decidió desaparecer, para después sentarse a su lado.
—Estoy bien —dijo, antes de que su novio le preguntase.
Se mantuvieron en silencio durante minutos, con la respiración agitada de Draco como el único sonido de toda la casa. Sintió una mano en su antebrazo, cálida y reconfortante.
—Nunca te haría eso —afirmó Harry con voz suave.
—Lo sé —había comprendido que su boggart no era sólo Harry, sino que su mayor miedo era Harry haciéndole lo mismo que le hizo Ivan: traicionar su confianza. Su pulso todavía temblaban y el fantasma de las manos de Harry aún era presente alrededor de su cuello.—. ¿Podemos no hablar de esto? Sé que debemos tener comunicación entre nosotros y todo esto pero yo... preferiría no hablar ahora.
Agradeció que el moreno asintiese con la cabeza, acatando sus deseos sin quejarse. En cambio, lo único que hizo fue sentarse a su lado, apoyar la cabeza en el hombro de Draco y suspirar.
—Deberías aprender a hacer magia sin varita. Así podrías defenderte en cualquier situación.
Incluso de mi, pensó. Harry no lo dijo, pero Draco sabía que eso era lo que significaba.
Era una práctica que siempre había querido dominar, pero nunca había logrado hacerlo. Lo máximo a lo que había podido llegar era a hacer tintinear una luz. Sin duda, poder hacer magia en cualquier momento era algo que le daría seguridad.
—¿Vas a enseñarme tú?
Notó que su respiración ya estaba claramente más sosegada. Separó las rodillas de su pecho, extendiendo las piernas sobre el suelo. Ahora estaba más cansado que antes.
—Podría.
Sonrió de medio lado, sintiéndose mucho más tranquilo.
—¿Tendré que llamarte profesor? —preguntó en tono fingidamente sugerente. Escuchó a Harry bufar una risa.
—Solo si usas falda.
Frunció el ceño, negando con la cabeza y empujando al moreno.
—Ni en tus mejores sueños, Potter.
Harry se carcajeó, lo que hizo que el ambiente dejase de ser tan pesado. Se quedaron en silencio durante un instante más, hasta que Harry se puso en pie y extendió una mano para que Draco hiciese lo mismo.
Terminar de limpiar la casa no fue demasiado complicado después de ese incidente. No encontraron ninguna otra criatura, así que se dedicaron a hacer desparecer el polvo, pintar las paredes, cambiar las alfombras y trasformar los muebles. Un par de horas más tarde, Draco podía asegurar que estaba agotado.
—Creo que odio esta casa —musitó, sentándose en el sofá de la sala de estar. En ese momento, soñaba con un buen baño caliente.
Harry se quejó sonoramente, acomodándose en uno de los sillones libres.
—Al menos ahora parece un sitio decente.
Cerró los ojos, notando lo tensos que estaban sus músculos a causa del esfuerzo. Podía notar la mirada de Harry sobre su persona, y sabía que en algún momento tendría que hablar con él, porque lo último que quería era que Harry pensase que le tenía miedo y perder todo lo que había conseguido avanzar en su relación.
—Sobre lo del boggart... —hizo una pausa, sin saber muy bien que decir. Cuando miró a su novio, este tenía una expresión paciente en el rostro, lo que le hizo sentirse más relajado. Sabía que no le juzgaría, y eso hizo que una parte de él se sintiese reconfortada—. Sé que no eres así, y no es que te tenga miedo, es solo que... no puedo evitarlo.
—Lo sé, Draco —contestó. Se levantó para ocupar el sitio a su lado, sonriendo comprensivo—. Ganarse la confianza de alguien es un camino difícil y en tu caso puede ser aún más complicado por la mala experiencia que has tenido, pero estoy dispuesto a recorrer ese camino contigo siempre que todavía quieras.
Sus labios se alzaron en una sonrisa lenta y agradable mientras miraba los ojos verdes y amables de Harry. Se preguntó si siempre iba a sentir esas ganas impetuosas de besarle.
—Nada me gusta más que estar contigo.
Y era verdad. Cada día, cada instante en el que veía a Harry a su lado, se alegraba de haber tomado la decisión correcta de confiar en él, aún con el miedo que eso le producía.
Draco agradeció secretamente que el chirrido de una lechuza cortase cualquier réplica que pudiera tener su novio, porque Harry había empezado a sonreír enorme y Draco estaba comenzando a sonrojarse. Ni si quiera podía creer que acabase de hacer semejante declaración.
El ave era marrón y pequeña, lo que significaba que seguramente era del Ministerio. Harry elevó su brazo y la lechuza se posó en él con aire grácil. Voló de nuevo cuando desató la carta que venía sujeta en su pata y salió por la ventana abierta desde la que había entrado.
—Lo búhos del Ministerio siempre llegan en el mejor momento —se quejó su novio—. Es para ti.
Draco se extrañó, preguntándose qué podía querer el Ministerio de él. Su incógnita creció aún más cuando vio el sello del Departamento de Misterios.
"Estimado señor Malfoy, nos complace comunicarle desde la Oficina de Convocatorias del Departamento de Misterios que se ha abierto el plazo para presentarse a los exámenes obligatorios para formar parte de la Unidad de Inefables.
Informarle que:
Todos los exámenes serán anónimos.
Queda terminantemente prohibido cualquier uso de magia, proveniente de una persona, objeto o varita durante el examen.
Queda prohibido que otra persona se presente al examen por usted.
Se harán pruebas antes de la citación para comprobar el uso de cualquier poción o hechizo que cambie su aspecto físico.
Queda prohibido el uso de cualquier artefacto muggle.
Solo se podrá utilizar la pluma que le proporcionarán antes del examen.
La fecha del examen será aleatoria y se le informará cinco días antes de esta, dentro de los próximos tres meses.
En el caso de que su examen sea satisfactorio, se le emplazará para una entrevista personal.
A continuación, le dejamos una lista de libros y temas que podrán o no podrán salir en el examen:
Alquimia, antigua arte y ciencia
Andanzas de un árbol en los Alpes
Animales fantasmas de Gran Bretaña
Animales fantásticos y dónde encontrarlos
Antídotos asiáticos
Antología de encantamientos
Árboles carnívoros del mundo
Bestiarium Magicum
Biografía de Harry Potter
Cómo burlar las artes oscuras
Compendio legal 198
Criaturas mágicas
Defensa práctica contra las artes oscuras
Delitos mágicos menores
Demonios del Siglo XV
Diccionario de Runas
Diccionario del hechicero
Disipar las nieblas del futuro
Dozavo alquímico
El dominio de los dementores
El elaborador de pociones práctico
El manual del sanador
El opúsculo de la poción
Elaboración de pociones avanzadas
Encantamientos extremos
Filtros mágicos
Folio Bruti
Gente del agua: guía completa
Guía de la transformación, nivel superior
Guía legislativa del uso apropiado de la magia
Guía para la Occlumancia avanzada
Hechizos y contrahechizos
Historia del Mal
Hombres lobo
La maldición Imperius y como abusar de ella
Los secretos de las artes más oscuras
Manual M39h-z
Moste Potente Potions
Necromancia
Numerologia
Problemas mágicos extraordinarios y cómo solucionarlos
Sombras y espíritus
Veelas
Viviendo con legeremánticos: escoge tu pensamiento sabiamente
Draco bajó la carta, con la vista puesta en algún lugar indefinido de la sala. Volvió a leerla un par de veces y luego se giró hacia Harry.
—¿Tienes algo que ver con que casualmente me hayan convocado para los exámenes de Inefable? —le preguntó, entrecerrando los ojos con sospecha.
—¿Te han citado directamente? —parecía realmente sorprendido, pero eso no hizo nada para evitar que alzase una ceja de manera inquisitiva— No he hecho nada, lo prometo.
—Sabías que los exámenes serían pronto —recordó.
—Pero eso es porque conozco gente que trabaja allí —se defendió—. Además, tampoco es nada malo, ¿no?
No lo era. De hecho, Draco se habría sentido halagado si le hubieran convocado por quién era, pero estaba seguro de que no había sido así.
—Solo se han acordado de mí porque ahora soy el novio de Harry Potter —murmuró con hastío.
—¿Y qué? —rebatió Harry— Quiero decir, da igual el motivo por el que te hayan enviado la carta. Puedes presentarte, aprobar, convertirte en Inefable y demostrar que eres más que solo el "novio de..."
Lo reflexionó durante un instante, antes de que una sonrisa se expandiese en su boca.
—Ese es un pensamiento demasiado Slytherin para ti.
El moreno se encogió de hombros con aire despreocupado.
—¿Vas a ir, entonces?
Observó la carta, con un pequeño atisbo de emoción revoloteando en su interior. Su sueño siempre había sido este y ahora tenía la posibilidad, literalmente, entre sus manos. Sería estúpido si lo rechazase.
—¿Sabes que tendré que estudiar tu biografía? —se burló.
—No me jodas —Harry le arrebató el pergamino, quejándose al ver que, efectivamente, su biografía estaba entre los libros que podrían salir en el examen—. Esto es increíble. Voy a hechizar a alguien.
Draco soltó una carcajada jovial e ilusionada.
¡Puues ya estoy aquí una semana más!
Este es un capítulo totalmente improvisado, que se me ocurrió cuando pensé en hacer que Harry ofreciese la antigua casa de los Black y que dudé mucho en su escribir o no porque pensé que iba a quedar demasiado soso y aburrido, pero luego se me ocurrió meter un boggart en medio y la convocatoria de los Inefables y bueno, ha salido esto.
Sé que no es un capítulo con mucha sustancia pero, como ya he dicho, no quiero que todo sea intenso y sensual porque, como dicen: lo poco gusta y lo mucho cansa.
Además, me gustan estas escenas donde Draco demuestra con pequeñas acciones que confía en Harry.
Dicho esto...
Inicialmente había pensado en recomendar canciones digamos que "sugerentes" (como "Earned it" de The Weeknd) pero pensé que no iba a tener canciones suficientes para cada capítulo y luego me dio pereza y aquí estamos. Lo que vengo a decir, es que tengo curiosidad por saber qué canciones me recomendaríais para esta historia.
¡Hasta la semana que viene!
