Capítulo 22:
Paciencia
Draco había entrado en pánico. Después de abandonar la Noble y Ancestral Casa de los Black, se había ido a su apartamento, le había escrito a su madre para que supiera que no tenía de preocuparse por su nuevo hogar y había vuelto a leer la carta que le había enviado el Ministerio. Y en ese momento fue cuando cayó en la realización de que estaba a punto de presentarse a un examen que podría hacerse cualquier día dentro de los próximos tres meses. Bien podrían convocarle la semana que viene y Draco no estaría preparado.
Así que después de un leve ataque de ansiedad, revisó de nuevo la lista de libros y temas que tenía que estudiar, despotricó al aire al ver que eso iba a ser una cantidad inhumana de estudio y se fue a la librería mágica más cercana que encontró.
Y ahora tenía libros en la mesa de café, en la encimera de la cocina, en la cama, en la mesita de noche y, si no recordaba mal, se había dejado uno en el baño o en el armario. Ya no lo recordaba. Sin embargo, lo peor no era eso. Lo peor era que todavía no había abierto ninguno aparte de la biografía de Harry —y eso había sido solo por mera curiosidad— porque cuanto más pensaba en que tenía que ponerse a estudiar, menos ganas tenía. Así que en vez de estar leyendo el tomo ridículamente pesado del Diccionario del Hechicero, estaba en el sofá con los ojos puestos en el libro de bondage y disciplina que había recuperado de la mansión.
Al menos estaba leyendo, lo cual era un logro. Aunque dudaba que el Ministerio fuese a preguntarle cómo ser obediente delante de su Amo.
Miró cuidadosamente la ilustración del primer capítulo del libro. Era una mujer de espaldas, arrodillada en el suelo y con las manos atadas tras de ella. Las cuerdas iban desde sus muñecas hasta sus codos en un intrincado patrón. Había una descripción de los nudos y la rigidez, pero Draco se centró en la explicación sobre la posición de los hombros, cómo evitar la tensión en los músculos, el ritmo de la respiración, las sensaciones que podía llevar a experimentar y cómo mantener la calma.
Estaba tan concentrado leyendo, que se sobresaltó visiblemente cuando escuchó el sonido de una aparición a su espalda. Guardó el libro de manera rápida bajo un cojín del sofá y se giró para enfrentarse a Harry.
—¿Qué haces aquí? —por mucho que había intentado que su voz fuese normal, se escuchó alarmado en sus propios oídos.
—Íbamos a practicar hoy tu magia sin varitas, ¿no? —Harry se veía confundido por su actitud, acercándose a él para dejarle un beso casto a modo de saludo— ¿Te he asustado?
—Estaba concentrado leyendo —contestó, esta vez más tranquilo.
Su novio asintió, mirando el salón con curiosidad. Luego levantó el brazo, mostrando una bolsa de papel marrón.
—He traído la merienda.
—¿Podrías hacer té? —pidió, con una sonrisa encantadora.
Harry le observó durante un segundo más del necesario con sus ojos verdes concentrados, como si supiera que Draco estaba ocultando algo. Era en esos momentos cuando lamentaba que su novio fuese Auror.
—Claro —respondió, sin importancia.
Luego procedió a quitarse la chaqueta para colocarla en una silla y se encaminó hacia la cocina. Aprovechó ese momento de ausencia para coger su libro y esconderlo bajo el sofá. Sería tremendamente vergonzoso que Harry le pillase leyendo sobre BDSM, aunque conociéndole, seguramente le parecería hasta entretenido. Lo cierto era que, aparte de hablar de sus límites, no habían comentado nada más sobre ese tema. A Draco no le preocupaba, de hecho prefería tomarse su tiempo para poder volver a recabar información y estar preparado para Harry.
—¿Ya has empezado a estudiar?
Resopló con pereza. Su mirada estaba fija en el montón de libros sobre la mesa. Se movió para dejarle sitio a Harry en el sofá, apiló todos los libros y los bajó al suelo para dejarlos sobre la alfombra para que así estuviese la mesa libre.
—Lo estoy intentando —contestó, aceptando la taza de té y el plato con un trozo de tarta de queso.
—¿Tienes que leer todo eso?
Cabeceó, arrugando la nariz. Cuando miró a Harry, este estaba lamiendo la cuchara de manera distraída, degustando su tarta de chocolate. Draco volvió su atención hacia su té, maldiciendo que su cuerpo reaccionase tan rápido a cosas tan nimias.
—Ni si quiera sé por dónde empezar —se quejó. Luego miró a su novio batiendo las pestañas de manera repetida y sinuosa—. ¿No tienes ningún amigo en el Departamento de Misterios que pueda decirte cuando es la fecha del examen?
Harry sonrió, lamiendo su labio inferior lentamente. Estaba recostado en el sofá, vestido de manera muggle con un jersey fino de color rojo y unos vaqueros negros demasiado apretados, había un leve rastrojo de vello cubriendo su mandíbula y sus ojos brillaban traviesos. Sus mangas estaban remangadas y podía ver las flores de su tatuaje en su antebrazo. El estómago de Draco se retorció emocionado ante la imagen.
—¿Eso no sería hacer trampa?
—Claro que no. Solo estoy aprovechando mis conexiones.
—Lo que viene siendo lo mismo —su mirada cayó hacia su plato y su boca se arrugó en una mueca triste y fingida. Escuchó a Harry reír—. No te hagas el afligido, no va a colar. Y no sé la fecha exacta del examen pero... sé que al menos tienes un mes.
Draco sonrió enormemente, dejando su pastel sobre la mesa y lanzándose sobre el regazo de Harry, envolviendo sus brazos alrededor de su cuello. Su boca sabía a chocolate cuando le besó, lo que le hizo gemir desde su pecho.
Su respiración era un poco desigual cuando se apartó y aunque no quería hacer otra cosa continuar con lo que estaba haciendo, tenía un examen del que preocuparse.
—¿Magia sin varitas, entonces? —cuestionó, volviendo a su posición en el sofá.
Harry asintió con la cabeza, luciendo un poco perdido por el arrebato de Draco. Saber que, a pesar de toda la experiencia que tenía su novio, todavía podía dejarle en ese estado, le hizo sentirse ridículamente orgulloso.
—¿Sabes la teoría?
—Sí.
Hacía tiempo que no lo había intentado, pero recordaba la parte teórica cuando la había estudiado en su anterior examen para los inefables. Nunca había conseguido dominar la técnica, ya que le convocaron para el examen antes de que pudiera terminar de aprender y, una vez que le rechazaron en la entrevista, Draco no vio ningún motivo para seguir estudiándolo.
Su novio dejó de hacerle cosas indecorosas a su cuchara y dejó su plato vacío a un lado. Después llevó su mano hasta su cabello y se arrancó un pelo, para colocarlo en la superficie de la mesa frente a él.
—Intenta atraerlo con un accio.
Draco ingirió su última cucharada de pastel y dio un sorbo a su té. Harry agitó la mano, enviando los platos sucios a la cocina sin murmurar una sola palabra.
—Es un pelo —dijo, sintiendo la necesidad de dejarlo claro.
—Lo sé.
Creyó que era un poco estúpido y se encontró vagamente ofendido, porque un pelo apenas pesaba nada e iba a ser extremadamente fácil atraerlo aunque fuese sin una varita. Le observó extrañado, a punto de replicar pero al final se encogió de hombros. Alzó su mano derecha, manteniendo su palma extendida hacia arriba y se concentró en el hechizo.
—Accio pelo.
Draco esperó, con la atención fija en el pelo. Ni si quiera se movió un milímetro.
—Respira hondo y concéntrate en tu magia.
Estuvo a punto de fulminar con la mirada a su novio, pero al final le hizo caso y llenó sus pulmones de aire lentamente. Intentó recordar cómo se sentía su cuerpo al hacer magia con una varita, cómo conseguía canalizarla y realizar una hechizo.
—Accio pelo —probó de nuevo. El jodido pelo se mantuvo en la mesa. Resopló por la nariz, molesto. Cuando miró a Harry, se dio cuenta de que las esquinas de sus labios se estremecían—. No te atrevas a reírte.
—Es que parecías tan decidido —le vio llevar una mano hacia su boca en un intento de esconder su sonrisa pero no sirvió de mucho, ya que sus ojos se arrugaron en las esquinas y sus pómulos se alzaron. Si no fuese tan guapo, Draco le habría golpeado en la cara—. Y además arrugas la nariz cuando te frustras. Eres adorable.
—Vuelve a llamarme así y te haré vomitar babosas durante dos días.
—No te enfades —Harry tocó su antebrazo, acariciándole con aire alentador—. Es una técnica difícil. A mi también me costó dominarla.
—Claro, lo dice alguien que pudo hacer un patronus a los trece años.
—¿Cómo sabes eso?
Se encogió de hombros, con una sonrisa lenta extendiéndose en su rostro.
—Lo pone en tu biografía.
—Sabes que no necesitas leer eso. Quiero decir, estoy aquí, puedes preguntarme —su novio chasqueó la lengua con disgusto, frunciendo el ceño—. Además, ni si quiera es una biografía oficial. La mayoría de las cosas son una invención de Skeeter.
—Sí, pero en el examen me preguntarán lo que sale en el libro, no lo que tú me cuentes. Sea verdad o no.
Harry apretó los labios. Se le notaba claramente molesto con el tema.
—Denunciaré a esa mujer algún día —farfulló. Su expresión se relajó cuando volvió a concentrarse en Draco—. Intenta hacer el movimiento del hechizo con la mano, como si tuvieras tu varita. Te ayudará.
Draco lo intentó. De hecho, estuvo intentándolo durante más de una hora seguida.
Conseguir hacer magia sin varitas era más difícil de lo que él había pensado. Necesitaba estar concentrado, sentir su magia, moldearla y prolongarla de la misma manera que si tuviera una varita y, sobretodo, estar relajado.
Ese último punto no se le daba tan bien. La paciencia nunca había sido su fuerte. Su lema de vida siempre había sido: porqué esperar a tener algo, cuando puedo tenerlo ahora.
Lo malo de la magia sin varitas, era que dependía solo de él y Draco no lo estaba dominando tanto como había esperado, lo cual le resultaba insólito. Sabía que no iba a ser sencillo, pero la oclumancia tampoco era fácil y cuando se lo había propuesto, había podido controlarla con bastante rapidez. Cuando había decidido aprender pociones avanzadas, lo había conseguido en un tiempo récord. Había podido arreglar el armario evanescente sin la ayuda de nadie. ¿Por qué no podía hacer magia sin varitas? No lo entendía.
—Relájate.
Al contrario de lo que él moreno le dijo, Draco apretó la mandíbula y exhaló con fuera por la nariz. Estaba sentado en el suelo sobre la alfombra, cansado ya de estar en el sofá, delante de él estaba la mesita de café y, encima de esta, el dichoso pelo que aún no había podido mover. Harry estaba sentado en el sofá detrás suyo, dándole algunos consejos y correcciones que a su parecer no servían de nada porque hiciese lo que hiciese, no podía conseguir hacer magia. Casi se sentía como un squib.
—Lo estoy intentando.
—No, no lo estás haciendo.
—No entiendo qué estoy haciendo mal —murmuró con frustración.
—Estás demasiado tenso.
—Pero...
La mano de Harry acarició su nuca, subiendo hasta enterrarse en su cabello. Sus uñas rasparon su cuero cabelludo, haciéndole cerrar los ojos y exhalar un poco ahogado.
—Serías tan fácil de manejar si tan solo tuvieses un poco más de paciencia —habló tranquilo y con voz baja contra su oído. Las piernas del moreno estaban a cada lado de sus hombros, así que Draco se encontró envuelto de repente—. Si me hicieses caso, habrías avanzado.
—Te estoy haciendo caso.
El cambio de actitud de Harry propició una avalancha nerviosa en él. Su voz salió sin aliento y casi tuvo ganas de encogerse cuando notó una sonrisa sobre la piel de su cuello.
—¿En serio? —mordió su labio inferior, con un nudo en el estómago y el corazón rebotando fuertemente en su pecho— Sé que puedes ser un buen chico cuando quieres, ¿verdad?
Si quería, podía llegar a ser tan dócil que ni su madre lo reconocería. Y el problema era que, mientras Harry respiraba contra su piel y raspaba su cabello con un vaivén lento e hipnótico, Draco quería serlo.
—Tal vez, si tuviera un buen incentivo... —sugirió con suavidad.
Su novio rió, y Draco pudo sentir las vibraciones graves del sonido a través de su piel.
—Slytherin hasta el último momento, ¿no? —sintió que Harry pasaba su nariz por la curvatura de su cuello para después dejar unos cuantos besos pausados—. Bien. Relájate, esta vez de verdad. Concéntrate, siente tu magia y vuelve a hacer el hechizo. Si veo que lo has intentado, entonces te recompensaré.
—¿Recompensarme? —repitió Draco, dándose la vuelta para mirarle con mucho más interés— ¿Con qué?
—Creo recordar que dijiste algo sobre mis guantes de cuero.
Sus mejillas enrojecieron.
—Oh.
Volvió a girarse para quedar frente a la mesa. La mente de Draco se quedó un segundo en blanco, reflexionando lo que acababa de decir su novio. Luego pensó en los guantes de cuero y se preguntó qué planes tenía Harry con ellos. Descubrió que estaba ansioso por saberlo, fuera lo que fuera.
Respiró hondo, cerrando los ojos. Su corazón latía a una velocidad vertiginosa y sentía un agujero en el estómago que le hacía removerse, pero ignoró todo eso. Inhaló por la nariz y exhaló por la boca de manera pausada. Cuadró sus hombros, estiró su espalda y abrió los ojos con una determinación inamovible. Extendió una mano hacia la mesa, relamiéndose los labios e intentado percibir su magia.
—Accio pelo —no funcionó, pero a Draco no le importó. Iba a conseguirlo, como que se apellidaba Malfoy. Llenó profundamente de aire sus pulmones una vez más y luego volvió a hablar—. Accio pelo.
Esta vez, pudo notarlo. Sintió un millón de cosquillas viajando por su brazo. Ni si quiera sabía de dónde venían, pero se extendieron por debajo de su piel con rapidez hasta llegar a la punta de sus dedos y, un parpadeó después, el cabello voló por los aires. No aterrizó en su mano como se suponía que debía hacer, de hecho, ni si quiera vio a donde fue a parar, pero se había movido. Había conseguido moverlo.
—¿Has visto eso? —preguntó emocionado.
—Ha estado genial —Harry se inclinó, dándole un beso persistente en los labios. Cuando se separó, notó que había orgullo en sus ojos—. Sabía que podías hacerlo, si tan solo me hubieras escuchado antes.
Parpadeó con inocencia, encogiéndose de hombros.
—¿Tengo mi recompensa, entonces?
—Sí, pero... —se detuvo, mirando hacia arriba donde un reloj había aparecido flotando, convocado por un tempus no-verbal. Draco quiso gruñir. Él llevaba toda la tarde para mover un pelo y Potter estaba ahí haciendo magia como si fuese tan fácil como respirar—, no hoy. Tengo que ir a casa a atender una llamada internacional por la red flú.
Todo el afán que había podido sentir hasta ese momento se rompió. Abrió la boca, observando con incredulidad como Harry se levantaba del sofá para buscar su chaqueta.
—¿Te vas? —cuestionó, sin podérselo creer.
—Dije que te daría una recompensa, no te dije cuándo.
Apretó los dientes, llevándose las manos hacia el rostro, frotándose los ojos con cansancio y hastío. Iba a estrangularlo.
—No me lo puedo creer.
—La paciencia es una virtud, Draco —y encima Harry parecía totalmente divertido, a juzgar por su sonrisa juguetona—. ¿Alguna vez has oído hablar de la expectación?
—¿Has oído hablar de mi rodilla en tus partes nobles? —replicó.
Harry se carcajeó, mirándole sin sentirse ni un poco amilanado.
—Las mejores cosas son las que cuestan conseguirlas. Si no fuese tan difícil ser Inefable, no querrías serlo.
Detestaba que no pudiese decir nada para negarlo.
—No te lo perdonaré —amenazó, aunque ambos sabían que no era verdad
—¿Vamos mañana al cine? —fue lo único que preguntó su novio, sin un ápice de preocupación.
—¿Al cine, Potter? ¿En serio? —cuestionó, indignado.
Harry se carcajeó, disfrutando de su enfado, lo que hizo que su irritación burbujease con más fervor. Estaba a tres segundos de maldecirle.
—Bien. Ven mañana a casa a las siete y... hablaremos de tu recompensa.
—Te odio —masculló, fulminándole con la mirada.
—No lo haces —replicó Harry, inclinándose para dejar un beso que Draco no correspondió—. En realidad me amas.
Draco no lo negó, incluso cuando esa inocente afirmación le aterrorizó.
¡Hooooooooooooa holita!
¿Como estáis llevando la expectación? ¿Mejor o peor que Draco?
Realmente lamento dejar este capítulo así, sobretodo con esa última frase de Harry y la pequeña reacción de Draco, pero lo que creí que iba a ser un solo capítulo al final lo he dividido en tres porque me ha quedado increíblemente largo.
¡Tendréis que tener paciencia para saber qué planea Harry para recompensar a Draco!
Mientras tanto, espero que estéis disfrutando de esto.
¡Hasta la semana que viene!
PD: Muchas gracias por todas las canciones que me habéis recomendado :)
