Todos los personajes mencionados pertenecen a Akira Toriyama y Toei Animation.

Advertencia: Lemon

One Shot- Noche Navideña.

Habían pasado unas semanas desde la pelea con aquel Saiyajin llamado Broly. La noche era fría, sin embargo, el ambiente se sentía con la calidez que solamente se percibe en la época decembrina. En la Corporación Cápsula todo estaba listo para disfrutar de una exquisita cena en compañía de sus amigos y familia.

Bulma se encontraba en su habitación, frente al espejo, estaba dando los últimos vistazos a su selección para esta noche, un delicado vestido carmín que ceñía su esbelta figura. Mientras sus pensamientos se perdían en los sucesos de esa mañana. Como cada día despertaba abrazada al fuerte pecho de su esposo, detuvo su mirada un momento en sus perfectas abdominales cuando un impulso la hizo mirar hacia arriba y en seguida se topó con esos seductores ojos negros.

Vegeta había despertado temprano esa mañana, de inmediato sintió el calor de una rítmica respiración en su torso desnudo, su esposa aún dormía. Podía oler la deliciosa esencia que emanaba de su azul cabellera, inundando sus sentidos. Fijó su mirada en la suave espalda de su mujer, el fino tirante de seda color perla que colgaba de su hombro la hacía lucir aún más seductora. Sus rosados labios, ese lugar en el que se habían fundido apasionadamente tantas veces. Su libido iba en aumento cuando la respiración de Bulma cambió y notó que estaba despertando, sin duda, no la dejaría salir de la cama sin antes cumplir su deseo matutino.

Ella conocía bien esa intimidante mirada y la correspondió con una sonrisa en aprobación, acto seguido los labios de su esposo estaban en su cuello, podía sentir la boca de Vegeta abrirse para rozar su piel brevemente con su lengua; hecho que la hizo estremecerse. ¡Demonios, se sentía tan bien! Ahora estaba bajo el firme agarre del Saiyajin y su brazo la rodeo, ella comenzó a deleitarse con su atrayente fragancia, si la fuerza tuviera un olor, ese era el aroma de Vegeta, tan cautivante y atractivo como el primer día que lo tuvo de frente. En tanto el bajaba besando su clavícula, la intensidad aumento, ahora estaba disfrutando sus hombros y ella correspondió con un suave gemido.

El sabor de su piel es embriagante, pensaba mientras tocaba a su mujer con los labios, su suavidad es similar a la seda que usa para dormir, estaba listo para seguir su descenso, no sin antes volver al rostro de Bulma y darle un ferviente beso. Su boca exhalaba deseo, un intenso deseo de poseerla, la rodeo con más fuerza, necesitaba tenerla aún más cerca. Liberó una mano para bajar por la cintura, su cadera, su muslo. Ahí se paralizó, separo el agarre de inmediato, en tanto sentía un fuerte ki acercándose — Bills— susurro.

Ella lo observo levantarse de la cama y dirigirse hacia el baño.

—Parece que los invitados están llegando para tu estúpida fiesta— dijo fríamente, girando la perilla de la puerta y entrando de golpe.

Bulma suspiro profundamente al mirar su imagen frente al espejo de nueva cuenta, volviendo al momento presente, después del suceso Vegeta había estado de pésimo humor. Ella tampoco se sentía aliviada, esperaba que después del delicioso banquete ambos se sintieran de mejor ánimo y con deseos de concluir su encuentro matutino. Se miró por última vez y abandonó su habitación; bajando a la estancia lista para recibir al resto de los invitados.

Estaban en un amplio comedor, contiguo se encontraba la enorme sala en la que se levantaba un monumental árbol de Navidad decorado con motivos rojos y dorados. Cada uno de los presentes se deleitaba con los exquisitos manjares. En uno de los extremos se encontraban Ten, Chaoz y Yamcha, mirando la descomunal cantidad de comida que salía a gran velocidad de la cocina, junto a ellos el maestro Roshi y Oolong, quienes compartían una acalorada charla sobre el programa de aeróbics que miraron el día anterior. Al otro extremo se encontraba Mr Sátan, que con alegría alimentaba a su nieta Pan, Boo llevando diferentes platillos a su boca, a su lado Videl, Chi-chi y Gohan tenían una interesante conversación sobre la nueva investigación de este último, y como es habitual la madre se mostraba orgullosa por cada uno de los logros de su primogénito; Piccolo observaba con una leve sonrisa dibujada en los labios.

Al centro del largo comedor; el Dios de la Destrucción y Whis saboreaban los platillos, preguntando el nombre de cada uno de ellos, seguramente con la intención de pedir más en el futuro. Krilin, No. 18 y la pequeña Marron, a su lado miraban de frente a su amigo Goku, a Vegeta y Bulma; a lado de ella, el Dr. Brief y su esposa cargaban a su hermosa nieta Bra, desde que nació, no paraban de consentirla.

En una mesa separada, Goten y Trunks, comiendo a una impresionante velocidad; acompañados de Mai, Pilaf y Shu, quienes aún sin acostumbrase a la nueva vida que tenían y debido a su precario pasado, casi igualaban la manera de comer de los dos saiyajin.

Mientras los presentes se recreaban con el festín, la conversación se centró en la narración de Goku. Tan efusivo como de costumbre, contaba cada detalle de la batalla contra Broly, sus amigos quienes lo escuchaban interesados, se admiraban con el poder que aquel desconocido hombre poseía. Resultó evidente para Bulma que su esposo se encontraba de mejor humor, pues frente a la incesante charla, apenas hizo un par de comentarios de mal gusto. Además lo observó emitir una leve sonrisa cuando Goku habló sobre su transformación de Dios Super Saiyajin Rojo.

Esa imagen le trajo de nueva cuenta su deseo matinal, se perdió de la conversación para evocar el instante en el que vio a Vegeta transformarse, lo recordaba a la perfección, su majestuosa figura se elevó en el aire, repentinamente su cabellera se tiño de un intenso rojo, sus facciones cambiaron, su esposo siempre había tenido una imponente presencia, sin duda uno de los rasgos que más le encantaban; pero en ese momento fue diferente — DIVINO— pensó.

Esa simple idea la llevo a mover delicadamente su mano por debajo de la mesa, tomo la dura rodilla de ese sensual hombre con el que compartía su vida y deslizó los dedos coquetamente hacia arriba. Desconcertado Vegeta la miró, sus ojos casi se salían de las orbitas debido a la atrevida caricia de su mujer. En respuesta ella le dio un coqueto guiño, retiro su mano y él simplemente miro hacia el extremo contrario de la pieza con un colorado gesto que iluminó sus impecables facciones.

Jamás lo admitiría en voz alta, pero desde que miro a Bulma bajar de la habitación su mal humor había desaparecido, lucia magnífica. Durante la cena la comida fue su principal objetivo, pero cuando su esposa le daba la espalda para hablar con sus padres, la miraba, su refinada columna se marcaba bajo su corto cabello, se imaginó hundiendo sus labios en ese lugar, su aroma frutal era más seductor que los manjares sobre la mesa y su pálida piel lo hacían olvidar las estupideces que Kakaroto decía. Una repentina caricia lo sacó de sus cavilaciones.

El indiferente gesto de Vegeta la impulso a concentrase de nueva cuenta en su postre, cuando una firme mano la hizo reaccionar, con un gesto despreocupado él bebía de su copa mientras que por lo bajó le tomaba la pierna con vigor, movió la mano a lo largo de su muslo; en ese momento dejó su copa de lado y con una efímera mirada le revelo su erótica intención, al instante la soltó y no la miro por el resto de la cena.

—Gracias por venir chicos— se despedía amablemente la anfitriona de Gohan y su familia.

La estancia estaba casi vacía, los abuelos habían acosado a la pequeña Bra, adoraban pasar tiempo con la nueva integrante. Trunks exhausto después de la celebración se había ido a dormir. Vegeta miraba a lo lejos la escena, apoyado con la pierna izquierda en el suelo, la derecha contra la pared, los brazos cruzados sobre su pecho y una sombría mirada. El resto de los presentes se estaba despidiendo, para posteriormente emprender vuelo.

—La comida estuvo deliciosa Sra. Bulma— comento Whis con una dotación de comida en las manos.

—Un banquete digno de los Dioses— coincidió Bills.

—Me alegra que les gustara, después de todo, les prometí un delicioso festín ¿cierto? — sonrió Bulma con esa distintiva picardía en su mirada.

—Cierto— exclamó, acompañando el gesto con su distintiva risa—pronto regresaré para comer en ese restaurante de comida tradicional, suena suculento— añadió el Ángel antes de retirarse acompañado de un saciado Dios.

La mujer de cabello azul se quedó con la mirada fija en el cielo, a través de la ventana podía ver la figura de ambos personajes hacerse más pequeña.

Un súbito abrazo la rodeo por detrás, los brazos se sentían fuertes, seguros, envolvieron por completo su cadera, su cintura. Una cálida y seductora respiración le murmuro lentamente al oído —Finalmente— eso le dio una noción de lo que se avecinaba.

—Perfecta— pensaba para él mismo mientras besaba su cuello, su nuca. La aproximó a su cuerpo, su intenso agarré no cedió y por lo contrario movía rítmicamente sus manos para disfrutar la figura de esa cautivante mujer… su mujer. Una mano comenzó a ascender hacia la parte superior, se detuvo un momento en sus sensibles cumbres, un sólido agarre, un gemido y continúo su camino para delicadamente bajar unos centímetros la capa color carmín que le impedía deleitarse con la totalidad de su piel.

A pesar de la descomunal fuerza de su esposo, al tocarla era delicado, intenso pero suave, una precisión impecable. Su habilidad en combate era consistente en la intimidad; su estrategia, calculador, determinado, se tomaba el tiempo para seducirla, sabía la manera de acariciarla, de besarla, de satisfacerla. Cerró con fuerza los ojos, dejándose cautivar por la placentera sensación de los labios rozando su espalda, el vestido estaba por debajo de sus hombros. Podía sentir la lengua de Vegeta dibujar líneas en su cuerpo, besos, tenues mordidas, su cálido aliento erizaba su piel. Sus manos la tomaban con fuerza tocando sus senos, bajaban, apretaba su cintura, sus muslos, una exploración completa. Pronto comenzó a necesitar más, así que giró para encarar al responsable de su satisfacción; se encontró con unos hipnotizantes ojos azabache. Colocó las manos sobre la gruesa armadura y se inclinó para disfrutar sus labios, dominantes, brutales; él emitió un feroz gruñido, el intenso agarre siguió apoderándose de su cadera, moviendo finamente los dedos para estimularla.

Ella, su sabor, un delicioso elixir capaz de capturarlo, su delicadeza. Introdujo su lengua y recibió con placer la de su esposa, se unieron con cada movimiento, rítmico, pausado, vehemente. Su cuerpo había reaccionado por completo, totalmente incitado con un veloz movimiento se retiró la armadura. Ahora podía sentir las curvas de su compañera contra él, sus blandos pechos, eso hizo que su palpitante virilidad comenzara a vibrar. Las frágiles manos de su esposa dibujaron cada músculo de su torso, sentía la presión que ella imprimía para tocarlo, eso lo excito más, admiraba la determinación de Bulma, siempre haciendo su máximo esfuerzo, apasionada, brillante, una digna compañera.

Frente a frente, sus intensas miradas se cruzaron, ella deslizó el traje gris de combate que usaba Vegeta, en cuanto se manifestó su desnudez superior acarició sus formados bíceps; un genuino goce recorrió su ser, sólido, volcánico, bestial, tocarlo era una auténtica delicia. Aun deleitándose frente a la esculpida vista, la mano de su acompañante se escabulló hacia arriba, dulcemente la tomo por la barbilla, la hizo mirar de nueva cuenta hacia esos encendidos ojos que la cautivaban. Ella lo sabía, no era necesario que Vegeta lo dijera, cuando la miraba de esa forma ella lo entendía, la amaba.

La miró fijamente, esas celestiales perlas turquesa penetraban lo más profundo de su frío ser, lo consumían, sus hermosas facciones, esa mujer es sublime; la deseaba, como aquella primera vez que la tomo, sin embargo ahora deseaba todo de ella, tenerla en su totalidad. Osada, audaz, admirable; la necesitaba, la quería, ese culminante sentimiento que le producía, eso que jamás admitiría en voz alta, pero que demostraría por el resto de su vida. Con un firme movimiento unió de nuevo sus labios a los de ella, dejando que su cuerpo expresara lo que estaba en su mente.

Los jadeos se intensificaban, las manos de ella habían retirado por completo el resto del traje en la parte superior. Sin guantes ahora podía maximizar las sensaciones al tocarla, nívea, suave, impecable —Deliciosa— pensaba mientras que con una fiera mordida arrancaba ese purpura encaje que le impedía deleitarse por completo con sus torneados pechos, hundiendo finalmente su rostro, la mordía, la besaba, la rozaba con la lengua, mientras tanto sus brazos la mantenían cerca, sin intención de dejarla ir, jamás. Podía sentir los dedos de la fémina aferrarse a su oscuro cabello, tirando más fuerte mientras gemía.

Observó su ropa interior volar por el aire cuando el gallardo hombre que la tomaba se lo arranco, acostumbrada a comprar lencería constantemente se concentró en la placentera manera que le estaba comenzando a bajar el resto de su vestido, sentía sus dedos delinear su figura, la humedad en su intimidad, demandaba ser llenada; otros repentino desgarre y la prenda yacía en el suelo con una prominente abertura en la parte que el cierre terminaba. Ella también dejaría que ese impulso salvaje la dominara y fuera de toda lógica habló —Vegeta— decía murmurando entre gemidos —quisiera tenerte— otro gemido. —en esa trasformación roja.

La petición de Bulma lo tomó por sorpresa, se separó unos centímetros, la miro, emitió una tenue sonrisa y con veloz movimiento la tomo por los glúteos expuestos obligándola a rodearlo con las piernas. Al mismo tiempo dejó brotar su ki y de inmediato su cabello se tornó escarlata.

Repentinamente se encontraba de frente a esa imagen que la había incitado durante la cena, su poder, una autentica deidad, indescriptible, abrasador, celestial, una intensa aura cubría su cuerpo, se sentía cálido. Sus ojos de un penetrante rojo, se notaban excitados, un enérgico deseo ardía en su interior. Sus brazos lo rodearon por el cuello y en un instante ella estaba sentada sobre el respaldo trasero del sofá. Lo tenía de frente, aún acomodado entre sus piernas, sus manos la tomaban por la espalda, contribuyendo a que ella permaneciera en su lugar. Con un hábil movimiento Vegeta se retiró toda la ropa, dejando su masculinidad expuesta, estaba completamente erguido, ansiando ser alojado en su húmeda cavidad.

Metódico, como siempre que la reclamaba, se acercó a su intimidad, ella aún usaba sus bragas y con un ágil movimiento las desgarró. El suave extremo de su virilidad jugó fuera de ella, todavía no iba a tomarla, prolongaría el placer. Una de sus manos sostuvo con firmeza a su esposa por la espalda, acercó de nueva cuenta su boca al cuello de la mujer, aspirando con avidez su olor, con la mano libre oprimió uno de sus senos, sus labios emprendieron cuesta abajo, ahora devoraba vorazmente la suave cereza que adornaba su gran cima; la engullía brutalmente, ella arqueo su espalda presa del intenso placer que sentía y él la degustaba con mayor fervor. Podía sentir el cuerpo de Bulma temblar bajo su agarre; su duro miembro seguía estimulando el exterior de su hendidura, lograba sentir la humedad de su cónyuge pidiendo ser ocupada. Modificó su agarre, ahora ambas manos estaban en la cadera de ella y con una gentil acción bajo su rostro hasta su sexo; un exquisito manjar se encontraba entre las piernas de esa humana, de un tenue rosado, dulce, blando, lamió cada pliegue, aspiraba la huella de sus besos. Los gemidos de su esposa eran melodiosos, estaba lista para recibirlo, con otro enérgico movimiento se enderezó y aprovechando el agarre que aún tenía sobre sus caderas finalmente se introdujo en ella, exhalando un fuerte gemido.

Sus dedos se hundían en el rojizo cabello del saiyajin mientras que de manera magistral él la estimulaba con la lengua, observarlo entre sus piernas la provocaba completamente, lo sentía subir y bajar por todos sus carnosos bordes, se acercaba a la entrada, jugaba con ella, bebía de su fuente; lo disfrutaba tanto como ella, lo sentía, las manos de él firmes en su cadera la apretaban, la acariciaban, un trabajo integral, exacto, como todo lo que él hacía. Su espalda se curveaba con cada movimiento, jadeaba, lista para acogerlo. En un parpadeo tenía de nuevo esos intensos ojos frente a ella, el esculpido cuerpo de su esposo, un impetuoso embate y lo tenía completamente dentro. Un prolongado gemido salió de su boca, colocó las manos en la ancha espalda Vegeta, mientras él se introducía rítmicamente, le enterró las uñas, se aferró a su cuerpo con fuerza. Emanaba satisfacción por los poros, acunada junto a la cabeza del hombre clamaba por más. Brutal, como siempre, hacia más fuertes sus estocadas, ella lo recibía con alegría, se acercaba al borde, pero él no la dejaría terminar tan rápido. Sintió sus manos tomar sus glúteos, la bajo del respaldo, la coloco con suavidad para que quedara parada de frente y en un instante la giro, estaba de nuevo en su espalda, sentía su potente firmeza sobre su trasero y antes de poder emitir un reclamo por su súbita salida, el hombre se estaba introduciendo de nueva cuenta en ella, está vez con sus dedos, primero uno, agitaba su interior, otro dedo, dinámicos movimientos, la otra mano exploraba su cuerpo, la estaba haciendo completamente suya. Cautivada se inclinó hacia atrás, tenía el aliento del hombre en su oreja, escuchaba sus ásperos quejidos —Mi Bulma— lo escucho decirle con un dulce murmullo, inmediatamente la inclinó y percibió que los dedos eran remplazados por su corpulenta virilidad.

Sentía el firme trasero de ella estrellarse contra su pelvis, asistido por sus manos la sacudía para penetrarla impetuosamente. Se embelesaba con cada curva expuesta para su deleite; su interior, empapado, grácil, suculento. Direccionó una de sus manos hacia su clítoris, deseaba estimularla, comenzó a dibujar círculos sobre su inflamada elevación. Aumentó el ritmo de las embestidas, la escuchaba gemir, él sentía su estrecha cavidad frotarlo con tenacidad. Una espectacular vista, sus nalgas, su diminuta cintura, una tersa espalda, un vistazo de sus pechos agitarse con cada brusco movimiento, su cabellera azul revuelta, se estaba acercando al clímax. Apreciaba una tenue capa de sudor cubriéndola —Joder, delicioso— pensaba mientras sus sentidos eran avivados, la excelente vista, Bulma gritando de placer y el sabor a vagina aún en su boca. Podía notar como ella se estaba tensando, jadeaba con entusiasmo, sabía que la estaba llevando al límite, un intenso gemido de placer y la observo arqueando su espalda, disfrutando plenamente su orgasmo. El impulso final que necesitaba, embestidas más fuertes, sus manos plenamente concentradas en la cadera de su esposa, la empujo salvajemente y su liberación ocurrió, derramándose en el interior, al instante también perdió la trasformación, regresando a su característico tono negro.

Aún aferrada al respaldo del sillón, disfrutaba la huella que le había dejado su formidable orgasmo, su esposo se movía con vigor y poco después lo escuchó gemir fuertemente, él también estaba terminando. Sintió la fuerza de su trasformación esfumarse, salió de su interior y liberó su agarre. Se levantó, dio la vuelta para encarar a Vegeta, estaba sonriendo y su pecho agitado, se acercó para besarlo, al instante él la cargó, la recostó con suavidad sobre el sofá. De nuevo la miró con esos intensos ojos —mejor continuemos en la habitación— sugirió la mujer. De vuelta a sus brazos, la llevó volando a la pieza que compartían. Listos para seguir saciando su necesidad carnal, esperando ser interrumpidos a primera hora por los efusivos gritos de Trunks y Bra al abrir sus obsequios navideños.