Nat-Marie: Jajajaj, me alegro, porque se supone que en algún punto van a acabar juntos ;). Yo no diría que es una relación amor/odio, o que lo será. Tienen sus carácteres, pero yo no lo veo como odio, o al menos intento no proyectarlo de esa manera. Sirius puede ser prejuicioso, eso es todo; pero van a tener varios desacuerdos, vamos a decirles así, jejej.
A medida que avance, quiero mostrar cómo esos prejuicios la fueron cambiando de a poco .
O tal vez serían mejores amigos.
Gracias por leer :)
Capítulo 4: Halloween
14 de Julio, 1994
Querido Remus,
Gracias por el permiso para Hogsmeade, no puedo esperar a visitarlo el próximo semestre.Los Muggles no nos tratan tan mal, y estoy bastante segura de que se debe a al susto que Harry les dio. Les contó sobre su padrino que escapó de la cárcel, y tío Vernon casi se hace encima al escuchar la palabra "Convicto". ¡Deberías haberlo visto! ¡Fue graciosísimo!
Dudley y su pandilla de criminales me han estado molestando, pero no te preocupes. Ya no me afecta...aunque debo admitir que he considerado usar tu problema peludo para hacer que Dudley me deje en paz (es imposible hacer tarea con sus gritos de cerdo); pero no te preocupes, nunca traicionaría tu confianza.
No hay mucho que decir sobre Harry. Se la pasa observando ese estúpido mapa. ¡No es justo que él tenga eso Y la capa!
Los Weasley se ofrecieron a llevarnos al mundial de Quidditch, pero he decidido que prefiero pasar un par de días en casa de Blaise. Daphne y Tracey también estarán allí.
¿Qué hay de tí? ¿Cómo has estado? ¿Cómo está Canuto? ¿Crees que podremos vernos antes del comienzo de clases?
Tengo que ayudar a Harry a podar el césped y a reparar una gotera, pero espero poder escribir pronto.
Con cariño,
Morgan.
31 de Julio, 1994.
Querida Morgan,
¡Feliz Cumpleaños! No puedo creer que ya tengas 14. Cada día que pasas te pareces más a tu madre, aunque varios de tus rasgos se asemejan a Euphemia. Desearía que Lily y James pudieran verte, estarían orgullosos.
Me alegra escuchar que tus tíos ya no te dan problemas, pero nunca dudes en escribir si las cosas se ponen feas.
¡Sí! Lunático y yo nos pasaremos por Privet Drive y les enseñaremos a esos asquerosos una lección. Primero les daré unas buenas mordidas y lue…
Lo siento, Canuto me robó el pergamino. Lo que quiere decir si que si sientes que tu y tu hermano no están seguros, los sacaremos de ahí. Pero debemos intentar evitar eso.
Gracias por mantener mi problema peludo fuera de tus disputas,
Dile a ese primo tuyo que le voy a partir la mad...
y no te preocupes, personas como Dudley tienden a aburrirse. Dejará de molestarte pronto.
Estoy seguro de que tu y Harry pueden solucionar ese problema por su cuenta.
Que se quede con el mapa y tu la capa.
¡Canuto!
O al revés.
Solo pido que uses ambos instrumentos con cautela y sabiduría.
¡Aburrido! Úsalo para pintar la oficina de Filch de rosa...o la de Snape. La Instant
Caldero es difícil de remover. ¿Cómo que no quieres ir al mundial?
Espero que la pases bien con tus amigos, y se amable con la Señorita Zabini.
¿Es cierto que envenenó a sus últimos tres esposos?
No respondas.
Estaría mejor si no tuviera este problema con la pulgas. Adopté un perro y sus parásitos me están volviendo loco.
No te preocupes por nosotros, Morgan. Sal con tus amigos y diviértete.
Dudo que sea posible, pero veré si se puede hacer.
¡Feliz Cumpleaños, Ana!
Con amor,
R. Lupin.
Morgan sonrió. Una huella de perro decoraba el pergamino, junto a la firma de Remus.
12 de Agosto, 1994.
Queridos Canuto y Remus,
¡Gracias por el chocolate! ¿Cómo supieron que era mi favorito? Me encantó el libro de Transfiguración que me mandaron, ya voy por la mitad y decidí que quiero ser una animagi.
Daphne y Tracey me llevaron a un establo de pegasos, y me di cuenta de que si algún día tengo que volar, prefiero hacerlo en su lomo. Odio las escobas, son muy incómodas. Blaise vino con nosotras, pero no le gustan los animales, así que se quedó bajo un árbol con la nariz enterrada en algún extraño libro, probablemente de artes oscuras.
No se preocupen por nosotros, ahora estamos con los Weasleys, en la Madriguera. No veremos a los muggles hasta el próximo año. Tal vez Dudley baje de peso para ese entonces. Dudley es como una estrella de mar: come pero no tiene cerebro. Yo no me preocuparía mucho, en especial con la manera en la que engulle. Tal vez nos haga un favor y le pegue una visita a Quirrell.
No tienes que agradecerme tío Remus, la familia se protege, ¿verdad?
Harry no quiere prestarme nada porque "Él es el mayor", pero le quité el mapa mientras dormía y lo guardé en un lugar seguro. Todavía no se para que lo voy a usar. Pensaba en robar la ropa interior de McGonagall y esconderla en el baúl de Pansy Parkinson. Ella siempre es mala conmigo.
Fred y George me dieron un caramelo que me estiró los brazos tanto que tocaban el suelo. La señora Weasley estaba furiosa. Ahora están castigados y yo consigo doble porción a la hora del postre.
Lamento lo de tu perro. Leí que los baños fríos y golpes en la nariz ayudan con el comportamiento, pero necesitas píldoras o jarabe para las pulgas. Es una pena lo del terrible sabor, pero si no sufres hoy no estarás mejor mañana.
Un abrazo a ambos,
Morgan.
P.D: Creo que a Harry le duele la cicatriz; se toca la frente cuando cree que nadie está mirando.
29 de Agosto, 1994
Querida Morgan,
Desearía que Harry nos hubiera dicho sobre la cicatriz, pero gracias por contarnos, Canuto intentará volver al país (aunque le aconsejé no hacerlo), pero quiero que lo convenzas de hablar con Dumbledore.
Los pegasos son unas criaturas majestuosas, y estoy de acuerdo, mejor medio de transporte que una escoba.
Saluda a Arthur y Molly de mi parte. ¿Pasarás las navidades con ellos?
No deberías hablar así de tu primo…
¿Por qué no? No duele si es verdad. ¿De que estaba hecho el caramelo? ¿Es esta Parkinson la misma que te hizo llorar el año pasado? No dejes que te moleste, en especial con ese nombre.
Eres cruel, niña. ¿Lo sabías?
Tal vez siga tu consejo con respecto a las pulgas.
¡Feliz comienzo de curso!
Con amor,
R. Lupin
Y una huella de perro a su lado.
2 de Noviembre, 1994.
Querido Remus,
No se si escuchaste, pero Harry y yo fuimos seleccionados para participar en el Torneo de los tres magos.
¡Estoy aterrada! No quiero hacerlo.
No solo no se de que se tratan las pruebas, he escuchado que varios han muerto es este torneo.
Blaise y Theo dicen que puedo hacer trampa y asegurarme de que me vean. De esa forma, seré descalificada.
Draco cree que debería hacerlo; probar a todos que soy mejor que Harry.
Daphne y Tracey quieren que me vea fabulosa en caso de que muera.
De verdad, de verdad no quiero hacer esto. No soy valiente como tú, como mis padres; y ni por hacerlos orgullosos arriesgaría mi cuello.
Espero vivir lo suficiente para escribir otra carta,
Morgan.
4 de Noviembre, 1994
Querida Morgan,
James y Lily no te querrían en ese torneo.
Entiendo que quieras retirarte, pero hacer trampa no es la mejor manera de hacerlo.
Yo sí creo que eres valiente, pero tampoco hay nada de malo en no serlo.
Ve a la sala común de Gryffindor este sábado a medianoche. Harry te dejará entrar.
La mejor de las suertes,
R. Lupin.
Y la huella de perro a su lado.
Octubre, 1975
El tiempo en Hogwarts parecía volar. Los profesores, como era de esperarse, no mostraron piedad, y Morgan apenas terminaba algún ensayo u otro cuando le asignaban tres más.
Lo bueno era que tenía a Lily. La pelirroja se sentaba a su lado en clases y comían juntas en la mesa de Slytherin. Era evidente que sus compañeros de casa no aprobaban de la nueva amistad, pero además del ocasional comentario desagradable, no se atrevían a hacer nada. Lily era una prefecta, y Morgan supuso que mientras no profesara su amor por los "sangre sucias" y "traidores a la sangre" la dejarían en paz.
Lo que le preocupaba eran las miradas de Rosier y Nott, con quienes Snape parecía estar pasando más y más tiempo.
Morgan no ocultó su inquietud ante eso, y un día de octubre, mientras ella y Lily se dirigían hacia la biblioteca, vociferó su preocupación.
Lily había suspirado, presionando el talón de su mano contra sus ojos en un débil intento por despabilarse.
-También lo he notado, y cada vez que intento hablar con él se pone a la defensiva.
Morgan dudó por un momento. Sabía que tenía que preguntarlo, pero la idea le incomodaba. ¿Y si Lily lo elegía a él sobre ella? De seguro lo haría, se conocían desde que eran niños. Morgan entendería si Lily prefería a Snape, pero una parte de ella, una muy egoísta, no quería preguntar.
Lo hizo de todas formas:
-¿Crees que es por mi? Si le molesto, puedo…
Lily se apresuró a consolarla.
-Oh, no. No. No es tu culpa- le dijo, tomando su mano y dándole un apretón- Se ha estado juntando con esos dos desde pascuas.
Entraron a la biblioteca y se sentaron junto a Remus.
Con el paso de las semanas, Morgan se encontró a sí misma conociendo a Remus. El adolescente que escondía un gran secreto, que contaba con el apoyo incondicional de sus mejores amigos, que no había sido destrozado por la guerra y las pérdidas que esta traía.
Remus siempre se sentaba con ella a estudiar, y se disculpaba cada vez que Black o Potter le gastaban alguna broma.
-No puedes vivir disculpándote en nombre de los demás- le había dicho una tarde. Ese día, le tiñeron la piel de rojo.
Morgan agradecía a los cielos no haberse cruzado a Pettigrew. Lo veía a diario, correteando detrás de los otros tres, intentando demasiado ser como ellos. Reía más fuerte cuando Potter o Black hacían una broma, y los adulaba de tal manera que uno pensaría estaba venerando a los Dioses.
Afortunadamente, Pettigrew no visitaba la biblioteca. Morgan no estaba segura de lo que haría si se encontraba en una habitación sola con él.
Morgan estudió a Remus. Se veía cansado. Tenía ojeras y apenas podía mantener los ojos abiertos. Parecía que se había vestido a las carreras, su corbata era un desastre y su sweater estaba al revés. Vio que su rostro portaba nuevas cicatrices y recordó, que la noche previa había habido una luna llena.
Se preguntó si tuvo que sufrir solo, o si los otros Merodeadores ya eran animagos. Sabía que pasaría en algún punto durante ese curso.
A su lado, Lily suspiró frustrada.
-No entiendo- dijo finalmente, colocando su pluma sobre la mesa y cruzándose de brazos, haciendo puchero y mirando por la ventana.
Remus pareció despertar al escuchar eso, y a Morgan casi se le caen las calcetas. ¿Lily Evans no entendía algo? ¿Qué seguía? ¿Voldemort en tutú, bailando Giselle?
Morgan le dio unas palmaditas en la espalda. Ella entendía el sentimiento.
-Tal vez necesitas descansar- sugirió.
Lily negó fervientemente.
-No. Necesito resolver esto- tomó su pluma y comenzó a escribir.
Morgan se estiró y se levantó.
-Bueno, voy a estirar las piernas. Vuelvo pronto.
Lily no pareció escucharla, pero Remus asintió y ella se alejó.
Comenzó a caminar entre los estantes de libros, buscando uno en específico. Sabía que las probabilidades de encontrar un libro sobre las Artes oscuras fuera de la sección restringida eran casi nulas, pero no quería descartar la posibilidad sin estar segura.
Tendría que ir a ver a Dumbledore pronto, y pedirle un permiso.
-Ops.
Volteó al escuchar una voz aguda, y vio a una chica rubia cayendo al suelo, varios libros a su alrededor.
Se apresuró a ayudarla.
-¿Te encuentras bien?-preguntó, ofreciéndole una mano.
La chica la aceptó y se sentó, masajeándose el hombro. Afortunadamente, su cabeza no tocó el suelo.
-Sí, gracias.
Comenzó a levantar los libros, y Morgan le ayudó.
-¿Segura? Fue un golpe feo.
La chica sonrió y se levantó, sosteniendo algunos libros. Morgan la imitó y estuvo a punto de ofrecerle los otros, pero lo pensó mejor y los dejó sobre la mesa. La chica tenía apariencia debilucha, con su baja estatura y delgadez.
-Estoy segura, pero gracias por ayudarme. La próxima vez dejaré el resto antes de intentar agarrar otro- dijo, señalando a la pila de libros en sus brazos. Como pudo, extendió un brazo y le ofreció la mano- Alice Macmillan.
-Morgan Edevane- sonrió, estrechando su mano.
-Lo sé. Compartimos varias clases.
Morgan notó que su uniforme era de Gryffindor.
-Oh. Lo siento, pero no te he visto- se disculpó, sus mejillas adquirieron un leve tono rosa.
Alice no parecía ofendida.
-No tienes que disculparte. Es un placer conocerte finalmente.
Morgan asintió, notando los títulos de los libros.
-¿Te gusta la Herbología?
Los ojos de Alice se iluminaron.
-¡Me fascina! Espero aprobar mi T.I.M.O, quiero estudiar algo relacionado con eso. ¿Qué hay de tí?
Morgan hizo una mueca.
-No soy muy buenas con las plantas, pero me gusta Transfiguración.
-Yo soy terrible en esa. Me sorprende no tener un Troll.
Morgan rió. Le agradaba esa chica. Irradiaba energía, y era altamente contagioso.
-Bueno, tal vez pueda ayudarte.
Alice bufó.
-No pierdas tu tiempo, soy un caso perdido.
Morgan volvió a reír, aliviada de que Alice no se enfadara por ello.
-¿Alice?
Un hombre alto, con cabello oscuro y paso torpe apareció detrás de un estante.
Parecía un par de años mayor.
-Frank, ven a conocer a Morgan.
Morgan se congeló. ¿Alice y Frank? ¿Podría ser?
El chico le dio una sonrisa nerviosa y un apretón de la misma naturaleza.
-Frank Longbottom; tu eres la amiga de Evans, ¿verdad?
¡Los padres de Neville! Entendía porque no los había reconocido. Los había visto en dos ocasiones: la primera en una vieja fotografía que Alastor Moody les había enseñado a ella y a Harry, y la segunda en su quinto año, en el hospital San Mungo. Morgan sabía lo que les deparaba el futuro. Bellatrix Lestrange los torturaba hasta la locura.
Era un gran contraste. Los Frank y Alice del futuro pasaban sus días en completa monotonía, sus mentes perdidas para siempre. Morgan se había sentido terrible por Neville, quien tuvo que crecer viendo lo que quedaba de sus padres, un simple recipiente.
Se forzó a sonreírles.
-¿Así me llama todo el mundo? ¿"La amiga de Evans"?
Frank y Alice devolvieron el gesto.
-No es todos los días que se ve a Lily interactuando con alguien que no sea Snape o algún profesor.
Morgan frunció el entrecejo.
-¿Lily no tiene otros amigos?
Alice negó.
-Conoce a todo el mundo, pero siempre está junto a Snape,...bueno, estaba. Ahora te tiene a tí.
Morgan se sintió triste y halagada al mismo tiempo. En su época tuvo la suerte de tener un grupo de buenos amigos, pero Lily solo tenía a Snape. ¿Qué habrá pasado luego del quinto año? Morgan sabía como terminaba esa amistad, ¿significaba que Lily no tenía más amigos? ¿Estuvo completamente sola?
Por alguna razón, Lily la encontró lo suficientemente digna de su tiempo, y no podía evitar sentirse especial.
-Supongo que sí. Tengo suerte de tenerla- les sonrió- Tendrán que disculparme, pero tengo runas que traducir.
Se despidió de Alice y Frank y volvió a su mesa.
Parecía que Lily había logrado resolver su ejercicio, y Remus roncaba suavemente sobre su libro de Encantamientos.
Morgan se sentó, determinada.
No solo iba a detener a Voldemort, también salvaría la amistad de Snape y Lily; y salvaría a los Longbottom.
Al menos, esperaba ser capaz de hacerlo.
Al día siguiente, Lily insistió en que se sentara en la mesa de Gryffindor a la hora del desayuno.
Tomó un sorbo de su té y dejó la taza a su lado, sustituyendola por una tostada.
-Ya anunciaron las fechas para Hogsmeade. ¡No puedo esperar! Prometo darte un tour del lugar.- estaba diciendo, sirviéndose un plato de cereal y agregando leche.- Será agradable ir con alguien al fin. A Sev no le gusta ir.
Morgan supo que no era buena idea confesar que ya conocía el pueblo, por lo que puso una máscara y se mostró entusiasmada ante la idea.
Llevó su taza de té a sus labios y dio un pequeño sorbo, para luego escupir.
¡Estaba hirviendo!
-¡Merlín!- exclamó Lily, con los ojos abiertos de par en par y pasándole su vaso de jugo.
Morgan casi suspiró de alivio. Se había quemado la lengua.
¿Cómo había pasado? Ya lo había probado, y la temperatura estaba perfecta.
La risa no tan disimulada de Potter captó su atención. Intentó esconderse detrás de su copa, pero sus intentos eran miserables. Morgan no estaba segura de si lo hacía a propósito o era mal actor.
Lily también lo noto.
-¿Cual es tu problema, Potter? Diez puntos menos, Gryffindor.
James se mostró desinteresado.
-¿Qué hace una serpiente en nuestra mesa?
Lily entrecerró los ojos. Morgan conocía esa mirada; era una que ella misma usaba, y no significaba nada bueno.
-Oh, lo siento. Cuando ví a un burro sentado en tu lugar, asumí que se permitían todo tipo de animales.
Sirius estaba rugiendo, y Remus tuvo que esconderse detrás de su libro. Morgan vio a Pettigrew riendo nervioso y le mandó una mirada asesina. La rata se calló de inmediato.
Potter sonrió.
-¿Vamos a Hogsmeade, mi florecita?
-Ya tengo una cita con el calamar del lago, Potter- espetó.
Morgan dejó de escuchar su pequeña pelea, y observó, insegura con respecto a lo que estaba sintiendo, como una despampanante Ravenclaw se acercaba a los Merodeadores.
Era alta y de aspecto atlético, tenía el cabello rubio y atractivos ojos azules. Se movía con una confianza envidiable, y sonreía de la misma manera.
La chica se sentó junto a Black y colocó una mano detrás de su cuello, para luego atraerlo en un beso ferviente.
A Black no parecía molestarle, y devolvió el beso con entusiasmo.
Morgan estaba segura de que lo que sentía era su desayuno amenazando con volver a subir.
Frente a Black, Remus rodó los ojos y continuó con su lectura, mientras que Pettigrew intentaba esconder su envidia.
En el futuro, Sirius nunca mencionó una novia. No hablaba mucho sobre sus días de Hogwarts, y si lo hacía, usualmente era sobre las bromas que jugaba con James y los problemas en los que se metían todo el tiempo. Nunca mencionó a ninguna deslumbrante Ravenclaw.
Black rodeó a la chica con ambos brazos y la atrajo hacia su cuerpo. Ya no podían estar más cerca.
Morgan apartó la mirada e intentó continuar con su desayuno.
31 de Octubre, 1975
Comenzó como un día normal. Morgan desayunó con los Slytherin, y en casi todas sus clases se sentó junto a Lily, quien no paraba de hablar del banquete de Halloween.
-Creo que te va a encantar. ¡Oh! Las manzanas están para morirse.
Luego de su clase doble de pociones tenía una hora libre antes del almuerzo, que planeaba usar para terminar su tarea de Runas Antiguas.
Se levantó de su asiento y tomó un paso, para caerse de cara al suelo.
-¡Oh por dios!- exclamó Lily, arrodillándose a su lado y tomándola del brazo. La ayudó a levantarse- ¿Estás bien?
Algunos alumnos rieron por lo bajo, y otros ignoraron el accidente por completo, pero Morgan levantó la vista al escuchar su risa.
Potter reía a rienda suelta mientras Black guardaba su varita dentro de su túnica.
Bajó la vista y vio que los cordones de sus zapatos estaban enredados.
Rodó los ojos y se levantó. Hacerla tropezar. Que original.
Morgan tomó su libro y siguió a la pelirroja fuera del salón (Snape ya se había ido con Rosier).
-¿Quieres ir a ver a Madam Pomfrey?
-Estoy bien, en serio.
No era la primera vez que Black y Potter se entretenían a su expensa. Siempre estaban jugando alguna pequeña broma, como mover su silla antes de sentarse, o hacer que sus libros leviten fuera de su alcance.
Estaba segura de que eventualmente se aburrirían, e internamente agradecía que no hicieran nada muy drástico. Parecía que guardaban sus mejores trucos para Snape.
Luego del almuerzo, tuvo Defensa contra las artes oscuras junto a Ravenclaw, y se sentó junto a Timothy Alberts, un chico con cabello castaño y ojos café.
-H-hola, Morgan- saludó, las mejillas rosa y arreglándose el cabello.
La pelirroja le dio una sonrisa amable y se sentó, resistiendo la urgencia de decirle que su cabello era un caso perdido, pero que no importaba. Le sentaba.
Por su mayor parte, trabajaron en silencio, solo hablando cuando Morgan tenía una pregunta. Defensa no era su mejor materia, pero Timothy parecía ser bastante bueno, y no parecía molestarle que la pelirroja lo interrumpiera cada pocos minutos con alguna pregunta.
Cuando sonó la campana, recogió sus cosas y salió del salón junto a Timothy, quien seguía hablando sobre la materia.
Morgan pensaba usar el resto de la tarde para adelantar su tarea, pero si ese chico no la dejaba ir pronto, dudaba que fuera a ser capaz de hacer algo. Tanta charla sobre hechizos escudo le estaba dando un dolor de cabeza de pesadilla.
En su camino al tercer piso, pasaron junto a los Merodeadores.
Black parecía estar contando una historia; Potter sonreía mientras Remus lo miraba con desaprobación, y Pettigrew actuaba como lamebotas profesional.
-¡Vaya, Canuto! Eso es genial- adulaba la pequeña rata.
Black apenas le dio una mirada desinteresada. Continuó con su historia. Pettigrew pareció esforzarse aún más.
Morgan entrecerró los ojos. Ella y Timothy pasaron por su lado, siendo completamente ignorados.
Cuando estuvieron a una distancia considerable, sacó su varita, volteó y murmuró "Levicorpus" apuntando a la espalda de Pettigrew.
El chico comenzó a flotar de cabeza, y ella se apresuró a doblar la esquina, la estruendosa risa de Potter desvaneciéndose con cada paso.
-¿Por qué hiciste eso?- preguntó Timothy, alternado la mirada entre ella y el pasillo por el que habían doblado.
Se encogió de hombros.
El festín de Halloween era el favorito de Morgan. Azúcar por todas partes.
Apenas pudo contener su gula, y prácticamente tuvo que forzarse a parar luego de su tercer porción de mousse de calabaza.
Buscó a Lily y la vio en la mesa de Gryffindor, manteniendo una conversación de apariencia civil con una chica frente a ella. Morgan solo podía ver su cabello rubio oscuro.
Sonrió. Parecía estar pasándola bien.
Las risas de los Merodeadores atrajo su atención. Estaban jugando con su comida, e incluso Remus estaba riendo, sosteniéndose los costados.
Su sonrisa se ensanchó al verlos tan felices, desprovistos de preocupaciones.
Pettigrew lanzó una manzana acaramelada al aire, y Morgan no supo que quiso conseguir con eso, pero la manzana cayó en la cabeza de otra chica Gryffindor, quien volteó para darle una mirada desagradable y comenzó a comerse su oído.
Los otros tres rieron aún más.
Lo comprendió de golpe. Era Halloween.
La sonrisa se borró de su rostro y su cabello se tornó blanco. Sus padres habían sido asesinados en Halloween.
Sus orbes verde viajaron entre Lily y los Merodeadores, quienes disfrutaban su cena ajenos a los que el futuro les deparaba.
Solo les quedaban seis años.
Se levantó de golpe, y sus rodillas pegaron contra la mesa con fuerza. Nott se volteó hacia ella.
-Ten cuidado, mestiza- espetó.
Morgan no pareció escucharlo.
Tropezando con el banco, intentó alejarse tan rápido como sus cortas piernas le permitieron.
Luego de vagar por el castillo, se encontró a sí misma en la cocina. No estaba segura de cómo había llegado ahí, pero cuando volvió en sí, estaba sentada sobre una mesa, de piernas cruzadas con una taza de té y una tetera frente a ella.
Una elfa doméstica se acercó con una generosa porción de pastel de chocolate.
-Gracias, Lanky- intentó sonreírle, pero debió haber fallado, pues la elfa se mostró preocupada.
-¿La señorita se encuentra bien? Lanky la nota triste. Lanky la acompaña a la enfermería si la señorita quiere.
-Estoy bien, Lanky. Gracias por el pastel.
Su pequeño rostro delgado se iluminó.
-¡No hay nada que el chocolate no repare, señorita!
-Amén-masculló Morgan.
Lanky se alejó, y la bruja ni siquiera dio una segunda mirada al pastel.
Clavó su vista en el fuego que iluminaba el lugar y dejó que las lágrimas cayeran. ¿Cómo pudo olvidar la fecha?
De niña nunca le gustó Halloween. Era el peor día del año. Tía Petunia no le permitía llorar, por lo que tenía que soportar a Dudley y sus comentarios maliciosos sobre James y Lily todo el día. Harry intentaba alejarlo, pero no había mucho que pudiera hacer. Solo conseguía meterse en problemas e ir a la cama sin cenar.
Era un alivio cuando llegaba la hora de dormir. Mientras los Dursley roncaban, Harry se acurrucaba a su lado en su pequeña cama bajo las escaleras y la sostenía mientras lloraba.
Las cosas mejoraron cuando llegó a Hogwarts. Daphne, Tracey y Theo siempre se encargaban de distraerla, de hacerla olvidar qué día era. El primer año fue el más difícil, con Harry ignorándola, pero los Halloween que siguieron fueron mejor.
Morgan cerró los ojos y deseó que sus amigos estuvieran con ella.
-¡Oh!
Volvió a abrirlos y miró a su derecha. Sirius Black estaba en la entrada, observándola pasmado.
Morgan se quitó las lágrimas con brusquedad y lo miró mal.
-¿Qué? ¿Viniste por otra ronda de "Molestemos a la serpiente"?
Black tuvo la decencia de verse incómodo.
-Oh, yo no,...solo vine…
Lanky ya lo había visto.
-Señor Black-la elfa corrió en su dirección, lo tomó de la mano y comenzó a arrastrarlo hacia la mesa.- Lanky se preguntaba porque el señor no visitaba. Lanky pensó que había hecho algo para ofenderlo, señor.
Black sonrió, tomando asiento en la silla que la elfa ubicó en la cabeza de la mesa en la que Morgan estaba sentada.
Black dudó por un segundo, dándole una mirada cautelosa.
-Lo lamento, Lanky, solo he estado ocupado.
La elfa le alcanzó una taza y le sirvió de la tetera que descansaba frente a la Slytherin.
-Sin azúcar ni leche, ¿verdad, señor?
Black asintió y aceptó la taza. Lanky se alejó cuando otro elfo la llamó.
Morgan permaneció en silencio, observando la postura tensa del Gryffindor, quien sostenía la taza como si fuera la primera vez.
-Bueno, me voy- anunció, y comenzó a bajar de la mesa.
-¡No!- exclamó Black, inclinándose en su dirección. Morgan lo miró, desconfiada- Por favor, no te vayas por mi. Uh, disfruta tu postre.
Lo último sonó como una pregunta.
Morgan deliberó por unos momentos. Lo último que quería era pasar los próximos tres años recordando el día en que Sirius Black la vio llorar. Una parte de ella no quería estar sola, y otra, que ella consideraba patética, quería creer que había algo del Sirius que ella conocía en ese joven.
Volvió a sentarse en la mesa, y Black la imitó luego de un segundo de duda.
Tomaron su té en un silencio incómodo. Morgan casi deseó que un Mortífago apareciera por la puerta y cortara la tensión.
-Así que,...¿eres metamorfomaga?-preguntó, señalando su cabello blanco.
Morgan asintió y lo forzó a volver a su color natural.
Black sonrió, los ojos le brillaban.
-¡Genial! ¿Puedes cambiar tu apariencia?
-Nunca lo he intentado.
-¡Aw! ¿Por qué no? Podrías convertirte en Dumbledore y asustar a los estudiantes.
La bruja sonrió.
-Es una idea atractiva-admitió.
Black le devolvió la sonrisa, algo dubitativo. Sus ojos intentaron mantenerse alejados del pastel que descansaba junto a la pelirroja, pero la sutileza no era su fuerte.
Rodando los ojos, le ofreció el plato.
-Oh, no gracias. Es tuyo.
-No lo quiero.
Lo contempló, como si intentara adivinar si el pastel estaba o no envenenado.
Morgan se abstuvo de hacer un comentario grosero.
Finalmente, tomó un pequeño bocado, y luego enterró su rostro en el pastel.
Reía como perro, y también comía como uno.
Morgan tomó un sorbo de su té, intentando ocultar su sonrisa.
Cuando hubo terminado, hizo el plato a un lado y se sentó derecho. Tenía chocolate en la nariz.
La pelirroja se lo señaló, y Black se limpió con una mano.
-Hay servilletas-le señaló.
Se encogió de hombros.
Morgan se sirvió más té y volvió a clavar la vista en el fuego. Podía sentir la penetrante mirada de Black, pero se rehusaba a devolverla.
Ya la había visto llorando. No podía imaginar nada más humillante. No habría sido tan malo frente al Sirius del futuro; aún así, a Morgan no le gustaba que la vieran llorar. Harry era una excepción; era su hermano, y a pesar de todo, sabía que podía confiar en él.
Su expresión volvió a caer al recordar el sonido que hizo cuando cayó al suelo, y la cruel risa de Voldemort al verlo finalmente muerto.
Pese a sus diferencias, era la única familia que tuvo. Harry no era bueno ocultando su desagrado por Slytherin, pero al menos intentaba mantener una mente abierta por el bien de Morgan.
En esos momentos se sentía mal por todas las veces en las que dejó que la envidia tomara control.
-¿Estás bien?- la dubitativa voz de Black atrajo su atención.
Hacía un gran esfuerzo por sonar indiferente.
Morgan se apresuró a asentir, y él se aclaró la garganta.
-Y, ¿por que,...eh...porque estabas llorando?
-Cómo si te importara- se cruzó de brazos.
Black hizo una mueca y ella se sintió culpable. Ahí estaba, intentando ser civil con una de su calaña, y ella lo trataba como si fuera una molestia.
Suspiró, contemplando si confiarle sus pesares o no.
A pesar de todo, Sirius siempre había sido leal, y en el fondo, Morgan sabía que no era una mala persona.
-Mis padres murieron en esta fecha- murmuró finalmente.
Black giró la cabeza a tal velocidad que debió haberle dado un calambre, pero Morgan evitó su mirada.
-Oh. Lo siento.
-No, no lo sientes.
Se quiso dar una bofetada. ¿Por qué tenía que ser tan difícil?
-Lo siento- se disculpó.
-No te preocupes- tomó un sorbo de té. -¿Cómo murieron?- luego se apresuró a añadir:- No tienes que contarme.
Morgan lo estudió disimuladamente. Tenía las piernas cruzadas, y usaba las rodillas como soporte para sus brazos. Incluso en esa posición se veía elegante. Su interés parecía genuino, y no había malicia detrás de sus ojos. Otro Slytherin disfrutaría de su dolor, probablemente.
-Fueron asesinados- dijo finalmente, observando cómo su rostro caía- Fue hace mucho tiempo.
-Oh, guau. Debió ser terrible.
-Está bien- se encogió de hombros, intentando quitarle importancia-Fue hace mucho.
-Eso no lo debe hacer más sencillo- dijo lentamente.
Morgan guardó silencio. No, no lo hacía.
Por un minuto se sintió consolada, como si estuviera hablando con el Sirius del futuro; el que la convenció de que podía ser lo que ella quisiera, el que les ofreció un hogar, el que dio su vida por Harry.
Pareció meditar antes de preguntar:
-¿Estabas ahí? ¿Lo recuerdas?
"-¿Morgan? Oh, Lily, mírala. Pobre señor Bigotes. Pero mírala. Es tan ador…¿Qué es eso? ¡Es él! ¡Toma a Harry y corre!"
-No realmente- dijo con lentitud-Era muy pequeña.
Afortunadamente, Black no la miró con pena.
Morgan decidió confiar en él un poco más. Tal vez, si le contaba algo, ayudaría a dejar de lado el estúpido prejuicio entre casas.
-Fueron unos extremistas. Mi padre era de sangre pura y mi madre hija de muggles.
-¿Así que eres mestiza?- parecía sorprendido.
-Sí.- fue su respuesta cortante.
Era una creencia común que su casa solo aceptaba pura sangres.
Black se perdió en su mente, y Morgan chequeó la hora en el reloj de pared. Era pasada de la media noche, pero afortunadamente, era sábado.
-Falté a Astronomía- notó.
Lily estaría preocupada.
Black la miró confuso, pero luego se encogió de hombros.
-No te perdiste de mucho.
Lo dudaba, y esperaba que Lily estuviera dispuesta a prestarle sus apuntes.
Se levantó y alisó la falda, dirigiéndose a la puerta sin decir nada pues no sabía qué decir.
-¿Edevane?
Volteó. Black la observaba, su expresión sorprendentemente suave.
-No le diré a nadie. Lo prometo.
Morgan asintió una vez y se fue.
N/A: Me iba a reservar esa charla del final para más adelante, pero creo que queda bien en donde está, considerando lo que tengo planeado para el próximo capítulo, jijijijijiji *inserte risa malévola*
¿Qué les parece?
Gracias por leer :))
