Declaro solemnemente, y para que sirva también en los ulteriores, carecer de cualquier tipo de derecho de propiedad sobre los personajes de Candy Candy... de ser así, hubiera sido mucho más explícita en su final y la serie hubiera dejado de ser para menores.

LA REINA DE MIS CAPRICHOS ~ (OSCURA OBSESIÓN)

Introducción

A pesar del tiempo que había pasado, mi mente seguía turbando el modo en que me sentía hacia aquella muchacha. Imágenes de una pizpireta niña, a la que solo deseaba proteger, se mezclaban con un reprimido deseo por la mujer que conocí tras el atentado en Italia. A la primera quería defenderla por cuanto me llegaba a recordar a mi malograda hermana; tenía su misma alegría, su misma curiosidad, y se parecía mucho, incluso, en sus rasgos. La segunda, era una mujer que despertaba mis más bajos instintos, a la que deseaba poseer y, quizás, compartir mi vida.

Pero, por lo que yo sabía en aquel entonces, ella amaba a otro hombre que era todo lo opuesto a mí. Terrunce Grandchester, hijo ilegítimo del duque de Grandchester y de una famosa estrella de teatro, vivía acomodado bajo la protección de su padre, aunque jamás debiera disponer del título, su sangre aristocrática era de conocimiento público allí donde fuera. Yo, en cambio, era el legítimo heredero de la dinastía Andrew, destinado desde mi nacimiento a ostentar el título de Patriarca, sin embargo, me había visto forzado a permanecer oculto incluso de mi propia familia.

Terrunce, o Terry para los pocos a los que él nos consideraba sus amigos, era un hombre que pasó su adolescencia intentando ganarse el respeto de su padre pero sin conseguir, o eso creía él, y que finalmente abandonó la lealtad hacía su familia por la devoción a su vocación. En mi adolescencia, yo conseguí huir de aquella familia que me ocultaba, de aquella familia donde cada miembro al que yo quería me era arrebatado trágica y prematuramente, y vivir durante unos años bajo mis propias premisas y desarrollando mi verdadera vocación. Yo, finalmente, acepté abandonar mi vocación y aceptar mi responsabilidad con la familia.

Terry tenía casi la misma edad que Candy y renunció a su amor por honor y gratitud a otra mujer, con la que compartía vocación, y que le salvó la vida quedando inválida por este suceso. Yo les sacaba casi una década y deseaba a Candy desde que apenas cumpliera los 17, haciéndome dudar de mi propia pederastia... Lo único que me tranquilizaba a este respecto era que no me sentía así por nadie más y que, ciertamente, nunca la deseé sin sus voluptuosas formas... pero de algo sí estaba seguro, sabía que no renunciaría a ella jamás... incluso con toda esta confusión de recuerdos en mi cabeza.

Continuará...