Adopción.
Tiñendo la oscuridad en el manto tricolor del cielo, perdiendo el territorio celestial anaranjado por la noche oscura al acecho de su dominio. Ráfagas tenues mueven las ramas de los árboles desnudas de hojas, estando la mayoría secas en el suelo del solitario parque público. Un niño se encuentra en la soledad del parque, expresa lo mismo que la atmósfera del momento. Tristeza.
Debajo del tobogán resbaladizo, el niño con cabellera verdosa y alborotada, esconde su rostro entre sus piernas levantadas. El pequeño cuerpo del niño sufre el frío de su vestimenta que no es apropiada de la temporada, siendo más usada en climas cálidos. Sus brazos y piernas expuestas, dejan a la vista manchas rojizas a tonos violetas, junto al dolor de esos hematomas, otro malestar que no demuestra invade su cuerpo.
–M-me duele... —sollozando en su hablar, el niño peli verde da presión a sus músculos infantiles, intentado ocultar más su sufrimiento a la nada del sitio, pero siente ser visto por algo. El viento y el sonido que lo rodea. Siente que al verlo, piensen que es débil, aunque eso sea algo irreal, sus sentimientos surgen para declarar que no lo es.
Levantando su espalda baja, busca un alivio a su dolor más relevante y el más cotidiano de su infante vida. Siempre siente el mismo dolor cuando esta con su madre, al igual que el malestar emocional diariono apropiado para un niño tan joven.
–Kacchan me hace igual de mal... Ella... La tía Mitsuki es la única que no me hace sentir mal —un mosqueo es visto al separar sus piernas de su cara. La piel de su frente está rojiza por la presión que fue aplicada antes, los párpados del niño están igual de irritados, a causa distintas pero igual de lastimados.
Oscureciendo el cielo, él no se mueve en ningún momento, su dolor es más poderoso que el frío y temor que le trasmite la noche. Además, el temor que le da la oscuridad abundante del parque, no se compara con el que le da volver a su hogar con su madre; Inko.
–¿Niño? —la voz de una mujer hace que Izuku de un salto de sorpresa, moviendo su cuerpo hacia atrás, lo cual le provoca un pinchazo doloroso al hacer presión su espalda baja con elsuelo. Quejándose en un ruido ahogado por sus labios, sus ojos comienzan a lagrimear, levantando su mirada para ver la persona quien habló. Una mujer de cabellera púrpura, rostro joven sin ninguna arruga visible, la mujer tiene su mirada un poco impactada en él.
–¿Estas bien?
— —
La noche se hace presente en la calle principal de una prefectura, donde una mujer junto a su esposo caminan con bolsas de plásticos en sus manos. El día de reabastecer los víveres agarro a la pareja desprevenido, tomando una decisión un poco arriesgada, dejar a su hija Kyoka sola en casa.
–Carajo, lo olvidé —parando su paso, Mika lleva su única mano desocupada a su frente, golpeándose para insultar al aire—. Tengo que llevarle... algo importante a mi hermana —gira su mirada hacia su esposo, Kyotoku. Un hombre que lleva una remera que deja revelar sus hombros definidos y su brazo en igual tonificación.
–¿Qué es, cariño? —llamándola por el apodo cariñoso que él le dedica, Kyotoku le sonríe a ella, sin ninguna molestia a las palabras que le dice Mika. La antes nombrada se resguarda en sus hombros levantados, desviando sus ojos a otra dirección, teniendo un sonrojo creciente en su rostro.
–Es un tema femenino delicado —al decirlo en voz baja al ser una calle con personastranscurriendo, Kyotoku no entiende del todo al venirle una que otra razón, mira su camino, sin darse cuenta de un leve sonrojo en su rostro.
–Esta bien, yo iré directo a casa —agarra la bolsa que tiene su esposa en manos, recibiendo un beso de ella, provocando una sonrisa al terminar el gesto.
–Nos vemos en casa —es lo último que dice para dar vuelta y recorrer en dirección contrario a Kyotoku a un pasoun poco acelerado. El hombre de cabellera castaña clara observa a su esposa por un momento al detener su caminata, retomando el caminar de él a los segundos.
La joven adulta peli púrpura luego de entregarle el pedido de su hermana, retoma el recorrido para volver a su hogar con la voluntad de ver a su hija. Su hermana Akira al ver como se iba su hermana, teniendo que recorrer las oscuras calles de la noche, ofrece un sitio para que pueda refugiarse del cielo nocturno, pero recibe una respuesta negativa por su parte. Eso la entristeció un poco a Akira, aunque la preocupación le gana al no poder hacer que su hermana cambie de opinión, teniendo que ver como ella se va, transcurriendo en las calles pocos pobladas de la noche.
La misma Mika que negó la hospitalidad de Akira, teme de la oscuridad que potencia a los criminales, sin embargo, ella quiere afirmar el pensamiento que su hija se encuentra bien. Pasando el parque del distrito vecino al suyo, observa firmemente a la oscuridad de todas las atracciones publicadas en busca de alguna personas sospechosas, por temor si es que resulta ser asaltada. Al distinguir una figura debajo de una estructura poco clara, acelera su paso, desviando su mirada hacia delante, pero un quejido con aparente tono infantil. Atrayendo su atención a tal sonido, Mika da vuelta su vista para ver.
Acercándose al tener una difícil vista, al estra ya bastante cerca, pisando el territorio de arena donde encuentra el tobogán que reconocer al instante, confirma que si es un niño.
–¿Niño? ¿Estas bien? —al preguntar su estado, miraque lo sorprendió tanto al niño que tropezó y se golpeó, Mika acerca el cuerpo de ella, agachándose en cuclillas para ver como está el niño al sentirse preocupado por él.
Izuku levanta sus ojos para ver quien es la persona que le habla, viendo a una mujer de cabellera púrpura con aspecto joven por su rostro. Sintiendo dolor en su espalda baja, lagrimas en sus ojos, intenta responder a la pregunta de Mika, luego de unos intentos que terminan en tartamudeo, logra responder.
–Estoy bien —temblores en su hablar se presentan, interrumpiendo la estabilidad pero no afecta tanto para no ser entendible. Hablando a volumen bajo, desvía su mirada al otro lado, sin darse cuenta que esto intriga a Mika, aumentando también su preocupación ante la figura de un niño aparentemente inofensivo y maltratado.
–¿Seguro? Entonces, ¿por qué estás aquí solo, de noche? —da un vistazo bastante extenso del cuerpo de aquel niño peli verde, notando hematomas y unas heridas moradas como rojas, como si fuera la consecuencia de un agarre violento de soga. Izuku al escuchar la voz de la mujer y la pregunta, tensa todo su cuerpo, una acción que conlleva el percance de hacer presión en la zona que trasmite dolor en él. Suelta un quejido, deformando su rostro de niño triste a un semblante de dolor.
–¡Ack! ¡Ah! —al caer, reprime uno de sus quejidos, pero no logra ocultarlo al perder el equilibrio en todo su tenso cuerpo, liberando un gran quejido semejante a un grito bajo.
Mika se acerca para agarrar al niño de los hombros, intentado levantarlo, pero él con sus ojos lacrimógenos mueve su cabeza para decirle que no, una palabra que también se representa en su voz. Izuku logra relajar un poco su dolor, esperando que se acostumbre su herida a la presión del suelo arenoso, mirando sus piernas temblorosas. Mika mira lo que los ojos de Izuku enfocan, percatándose del estado tembloroso de sus extremidades, levanta su vista visual preocupada, extendiendo sus párpados más de lo de antes.
–¿Qué te paso? —Izuku mira a los ojos de Mika en un periodo corto, volviendo a bajar su mirada. La madre primeriza levanta su mano hasta la cabellera del niño, sacudiendo levemente sus cabellos. Izuku no reacciona, solo cierra sus ojos al sentir el tacto—. Por favor... yo, intentaré ayudarte, pero debes decírmelo —en un intento de saber lo que le paso a Izuku, Mika le dice palabras que ella misma no sabe si podrá cumplirlas, dependiendo del asunto que está involucrado el joven.
Una ráfaga mueve los cabellos de ellos dos, provocando las danzas de las ramas que crujen en sus zarandeo. Las luces que rodea el parque dejan que los únicos presente en el sitio, se puedan ver del uno al otro, aunque Izuku sigue con su mirada baja, pensando si debería decir el origen de sus heridas, recapacitando también el confesar su mayor dolor escondido.
Sin más, el niño de cabellera verde levanta su barbilla, dejando ver los ojos de tonos similar al esmeralda, teniendo un resplandor por tener lagrimas que siguen saliendo de sus párpados, bajando una que otra a sus mejillas.
–Mi... mi mamá me hizo esto —confiesa la autora de sus heridas, mirando a los ojos de Mika, los cuales se abren de la sorpresa. La reacción de la mujer alerta al niño, creyendo que hizo un error al confesar—. P-pero lo hace para que no pasemos hambre, lo hace para nuestro bien —repitiendo las palabras que le dice su madre como excusa, evitando quela culpa de sus acciones no la carcoma por dentro.
–¿Qué te hace tu mamá? —no entiende del todo lo que le dice el niño, apareciendo de su interior un mal presentimiento sobre la poca información que le dan.
–Trabajar.
–¿Cómo que trabajar? —en contra de actividades laborales hacia los niños, Mika se exalta, inclinando su espalda hacia atrás, dejando de acariciar la cabeza de Izuku—. ¿De qué se trata el trabajo que haces?
–Es algo... como un abrazo y sin ropa... Duele mucho —la descripción que cuenta el niño, provoca laaparición de un influenciable escalofrío en el cuerpo de Mika. Potenciando la mala espina de la peli púrpura aumenta, yendo a una interpretación horrorosa.
–Tú mamá... ¿Te obliga a hacerlo? —acerca más su cuerpo, inclinado en su posición de cuclillas hacia Izuku. El antes nombrado tensa sus brazos, dando unas rápidas mirada hacia la mujer que tiene en frente.
–Solo cuando no quiero hacerlo, pero solo me grita cuando no lo hago —una sensación florece en su interior al confesar todo lo dicho hasta ahora, como si algo calmará las heridas de su corazón, las cuales dieron orígenes a sus temores.
Mika sucumbe a la idea que tiene en su mente, la cual está repleta de malicia y perversión. Una persona con la moral bien aplicada, repudiaría la idea si fuese acertada. La mujer mantiene la mirada en Izuku, quien vuelve a bajarla por los profundos ojos de Mika que lo haces sentir amenazado.
Mika mantiene su mirada en Izuku, bajando de su rostro a hasta examinar todo su cuerpo en silencio, pensando en diferentes cosas pero todo entorno a Izuku. Una petición para el niño es liberada inesperadamente de los labios pálidos de Mika. Ella también no había esperado dar su ayuda de esta manera.
–¿Quieres que sea tu nueva mamá? —la sonrisa que hay en el rostro de la peli púrpura junto a su demás facciones faciales demuestran generosidad. Caso contrario, el niño queda paralizado en su posición, mirando sorprendido a la mujer que tiene en frente de él.
–¿Qué? —la sorpresa es tanta que sin tener propósitos, se cae de espalda al suelo, golpeando su espalda baja adolorida—. ¡Auch!
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Después de lo antes contado, Mika le explicó sobre el uso de un mal medida manipulación para que Izuku acepte ser su hijo adoptivo, aunque el caso no fue así de fácil como decirlo. Su madre como su tía Akira tuvieron que hacer llamadas, hablar con Inko en persona luego de haber mandado un control de cuidado de infante y demás, para tener pruebas suficientes de un mal trato a su hijo.
Ganado el juicio del custodia de niño, después de otros trámites, ese día no lograron que Inko vaya a la cárcel por falta de pruebas sólidas y un jurado no tan apasionado por su trabajo, Inko solo fue castigada con una sentencia de asistir en un programa de paternidad, aunque si lo hayarespetado, no se le devolvió a su hijo.
El juez que le tocó en ese siguiente juicio para recuperar a Izuku, después de leer antecedentes de la anterior reunión con la ley, tomó cartas por él mismo, apoyando de manera silenciosa que el niño siga en manos de Mika.
Aunque este último párrafo no fue contado a tales detalles que Mika también desconoce a su hija. La mujer adulta a parte de responder de pregunta de su hija contando sucesos pasados, censuró uno que otro detalle. Como el aparente abuso de tendencia sexual al niño, el cual Mika no sabe concretamente si fue así, pero aún así lo mantiene para ella misma la teoría que se enriquece por las palabras de su hijo adoptivo en su primer encuentro. Tambiénocultóel trabajo de Inko, una empleada sexual de un burdel.
Kyoka termina de reflexionar todo lo dicho por su madre ayer a la noche. La chica sigue caminando por los pasillos de la U.A., rodeada de una cantidad no tan numérica de estudiantes, apegándose más cerca de su hermano al lado de ella al sentir un golpe de hombros de alguien que ni se molesta de pedir perdón.
«Maldito infeliz» insultando en sus adentros al joven que la empujo, persigue por un rato la espalda de él. Dando un chasquido con su lengua,mira de reojo a su hermano, cambiando la manera de ver hostil a preocupada. En todo el momento de su salida, la hora del desayuno e incluso todo el recorrido de la estación de trenes a donde están ahora, Izuku no dio conversación, solo respondió las preguntas que Kyoka lanzaba como iniciador de charla.
Al llegar a su aula designada, Izuku y Kyoka se separan para ir cada uno a su banca. La joven Jiro al llegar a su banca y saludar a Momo, la cual le dice que tiene algo que mostrarle, dando vuelta para buscarlo en su asiento. Kyokada una mirada rápida a su hermano. Izuku observa por la ventana que tiene al lado de su asiento, ignorando todas las voces del aula.
Kyoka al parecerle un poco extraño que Ochako no haya ido a donde esta su hermano, mira toda aula para buscarla. Sin encontrar a la joven castaña, justo cuando habla en voz baja, su amiga Momo da vuelta con un libro en manos de grosor moderado.
–¿No esta Ochako? —sintiendo incertidumbre de la falta de su presencia, Momo al escuchar la pregunta de su amiga, mira un rato a los alrededores.
–Al parecer no —observa los ojos de Kyoka, los cuales se mueven para ver entre sus compañeros a la joven que nombro antes. Momo le entrega la revista, logrando tener la atención de Kyoka—. No la vi en ningún momento.
–¿Qué es esto? —Kyoka agarra la revista, captando la tendencia de esta al ver la portada plastificada de esta misma—. ¿Es una...?
–Sí, una revista de moda —acomoda su trasero en el asiento, sentándose en la cara de costado de donde estaba sentada antes—. Mi madre me lo dio ayer, pero solo lo leí una que otra página y la introducción. Ahí leí un catálogo que te pueda interesar, se trata sobre el estilo gótico y también otro sobre los darko algo así. Lee cuando puedas, capaz te interese.
Al terminar de hablar, sentada en una pose recta, sonríe levemente a su amiga Kyoka, la cual frunce un poco su ceño al no sentir la gracia de laspalabras dichas por Momo, creyendo que al principio es un chiste.
–¡Atención! —una voz aguda proviene de la entrada, robando la atención de todos los estudiantes, estando la mayoría callados, mientras uno que otro habla, lo cual aquella persona al no tener la atención de todos, vuelve a gritar mientras se adentra al aula—. ¡Silencio que les daré un aviso rápido! Hoy su profesor tutor Aizawa Shota no se presentó por temas personales, así que hoy se les adelantará la materia que tienen luego de la horas él, ya que no encontramos un suplente. Hoy saldrán más temprano. Sin más que decir, prepárense para el horario de Inglés.
El hombre que da el notificado es de estatura baja, cabellera albina, aunque es notable que es teñida al tenersus cejas de color negro. Su vestimenta es un traje formal completo. El director llamado Nezu, se retira del aula en un silencio de todos los presentes. Al irse, la clase A vuelve a retomar algunas charlas entre los estudiantes. Todas han comenzado por el principal tema, la falta de su profesor más estricto en la hora escolar.
–¿El profesor Aizawa faltando a una clase? Eso es raro —es la opinión de Kyoka, la cual comparte su amiga que tiene delante de ella pero dándole la espalda. Momo da vuelta, haciendo contacto visual con la peli púrpura.
–Pienso lo mismo, es raro, pero no es algo tan irreal. Él también tiene su vida fuera de la escuela.
Diciendo algo obvio que todos los estudiantes no pensaron ni una sola vez, y si lo hicieron, solo fue superficial y nada profundizado. Kyoka sigue hablando con Momo, olvidando por el momento la situación extraña de su hermano. En su asiento, al lado de una de las ventanas, los ojos verdes de tonos esmeraldas de él siguen observando atreves del cristal. Estático, sus pupilas e iris siguen las hojas de los arboles con seriedad.
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Pocas personas están presentes en este sitio tan silencioso y desolado, lleno de cadáveres enterrados bajo suelo, cada uno en diferentes estados, unos más putrefactos y otros más conservados, además de que todos tienes una cosa igual, una lápida en la superficie de donde han sido enterrados.
En una de aquellas lápidas, Aizawa se levanta para dejar de estar arrodillado en la acera, que da camino para poder caminar hacia todas las lápidas del sitio. En frente de él, un trozo hecho a la medida, hay una lápida con palabras escritas en ella. La fecha de muerte también está incrustada. Debajo de donde esta Aizawa, esta ella, quien le dio la más fiel muestra de amor en todos los momentos, malos y bueno.
La muerte de ella nunca la espero Shota, tampoco estaba preparado y hasta ahora le sigue doliendo su partida. Mirando consus rojizos ojos, levanta su mano para acomodar su bufanda grisácea de tela bastante extensa. Su vestimenta no es formal como cuando esta en su trabajo, es más cómoda y en conjunto todo negro. Los cabellos de él también estan sueltos, a diferencia de cuando están recogidos en su trabajo.
Da vuelta hacia el otro lado, caminando hacia la acera en busca de la salida, sin tener nada más que hacer en el cementerio. Aunque sea una esperanza irreal, en su interior una leve llama esta a la espera que ella vuelva, sentir nuevamente sus caricias, su voz tan molestas a veces, y sus besos que aunque él le negaba, en realidad si los apreciaba. Ese gesto siempre le sacaba una sonrisa.
Cierra la puerta detrás de él, llegando con desgano a su casa. Todo su trascurso para volver le fue bastante rápido, su mente ha estado pensando siempre en su visita al cementerio. Se acuesta en su sofá, ocupando solo la mitad del mueble, dejando que sus piernas cuelguen al estar encima del apoyabrazos. Tapando sus ojos al poner su antebrazo derecho encima, Shota se queda quieto unos segundos, hasta que el silencio es ahuyentado por una voz que conoce desde hace tiempo, al haber ido en la misma preparatorio en su adolescencia.
–¿Estas bien Shota? —Aizawa reconoce la voz al instante, pero no contesta, hasta que siente una presión en el sofá, estando ahora al lado de él—. Parece que no... Sabes, ella no le gustaría que estés así. Aunque ya hayan pasado unas semanas, no significa que debas olvidarte de ella, pero debes superar que no volverá.
Su acompañante intenta ayudar con la melancolía que oculta Shota, pero como otras situaciones él no contesta. Solo se pasa su manga en sus párpados, secando sus lagrimas. Al sacar su antebrazo de sus ojos, el entorno de sus párpados comienzan a estar rojizos y sus ojos más reflectantes. Aizawa observa a lamujer que tiene en la cabecera de él.
–¿Cómo quieres que me olvide de la mascota que me acompaño toda la carrera de estudio en la preparatoria, Emi? Ella no debía morir —los iris rojizos de Shota se clavan en los verdosos ojos de su pareja actual, dejando liberar unas cuantas lágrimas al estaragrupando gradualmente.
Emi hace contacto visual con Shota, arrugando su ceño un poco, preocupada por el estado de su novio. La mujer con un pañuelo anaranjado en su cabeza, tapando un fragmento de su parte frontal y su cabellera verdosa, Emi pone su mano en las ondulaciones que tiene Aizawa en sus cabellos negros.
–Pero ella vivió bastante, los gatos a veces no viven tanto como lo hizo ella. Falleció sin ningún problema de salud, la cuidaste y amaste hasta que ella no tuvo más tiempo —Emi no sabe bien cómo animar a Shota. Ella nunca tuvo problemas en temas de mascotas, al nunca tener una. Pero si sabe que las mascotas a lo dueños que los aman mucho, son como hijos para ellos.
–Yo no quería que muriera —sollozos interrumpen sus fluidez, incapaz de seguir hablando bien al cargar con tanta tristeza que aún se almacenan en su interior, después de haber dedicados noches para su gata en estas mismas condicionen, pero sin su novia para consola.
Los siguientes minutos los dos se mantiene en un abrazo cálido y algo húmedo por las lágrimas de Aizawa. La cabeza del antes nombrado esta en medio de los pechos de Emi, aunque al peli negro no le interesa donde esta apoyando su frente, solo se concentraen las caricias de que le da su pareja. Los dos están con las piernas flexionadas y las pantorrillas debajo de sus glúteos, estando los dos aún en el sofá. Emi con una de sus palmas, acaricia la cabeza de Aizawa, sintiendo sus largos cabellos y finos entre sus dedos, y con la otra da un abrazo a la espalda él, por debajo de su cuello.
Terminando de desahogarse, el profesor de cabellos negros se sienta en el sofá, teniendo a su lado a Emi, mirando a la pareja romántica que tiene. Aizawa seca sus lagrimas de su rostro, inclinado su espalda hacia delante, intentado inútilmente que la mujer de cabellos lisos no lo vea.
Shota levanta la cabeza, sin haber podido limpiar por completo las lagrimas de su rostro. Se limpia nuevamente con la manga larga de su remera. Adoptauna postura recta, mirando a su pareja que está al lado de él.
–Lo siento, no quise hacer este... —sus palabras son callas por las de Emi.
–Me gusta cuando eres abierto conmigo, Shota —sonríe sin mostrar sus blancos dientes, arrugando un poco las cejas hacia abajo, ocultado que se siente un poco incomoda y frustradaal no saber que hacer en esta situación.
El profesor Aizawa asiente de manera leve, evitando por un rato la mirada de ella al mirar delante suyo,dejando fijo sus ojos en la pantalla de televisor. Reflejando a los dos en el sofá, los dos únicos tonos son el negro y blanco, remarcando más la luz blanca que la oscuridad.
–¿Cómo te fue en la entrevista? —Aizawa vuelve a observar los ojos verdes de su novia, volviendo a tener su semblante serio, sin embargo no es el habitual de él, es menos severo.Fukukado expande sus párpados a la repentina duda, dejando de sonreír para abrir levemente sus labios. Segundos después, sonríe nuevamente pero con mayor relevancia, cerrándose sus ojos.
–No pude tener el trabajo, me dijeron que tenían otro candidato más favorable que yo —arruga su frente, frustradaal no poder conseguir un trabajo. Estos meses ella ha dado todo su empeño en conseguir un trabajo, pero al no tener uno, su papel de ama de casa ha sido lo único, para ella, productivo en su día a día.
Aizawa frunce su frente y ceño, suelta un gruñido que llama la atención de Emi. Mirando con seriedad a los ojos de su novia mientras se pierde en sus pensamientos por unos instantes. Vuelve a la normalidad cuando Emi tose con falsedad, sintiéndose incómoda por la insistente mirada de él.
–Lo siento... Estaba pensando en algo —relajando su rostro, Aizawa calma la mala atmósfera que creo con su mirada. Emi queda en silencio, suspirando sin ruido al captar sobre que pensamientos tenía.
–¿Toshinori, no es así?
–No —responde rápidamente a la pregunta de su pareja, teniendo una leve pelea de miradas fijas entre ellos. Emi consigue que con aquel duelo, Aizawa suspire para desmentir su respuesta—. Sí, ¿cómo no pensaría en él? Toshinori hizo que te despidieran de la U.A.
–Lo sé. Fui una estúpida al creerme todas sus palabras, aunque él mintió sobre que yo bebía en el trabajo, yo le seguí sus palabras. El director Nezu tuvo que hacer más investigaciones en vez de creerle a Toshinori—arrugando su vestimenta baja,Fukukado no deja que todo el peso caiga en la espalda de Toshinori, no porque ella le agrada o algo similar, es algo diferente.
–No defiendas a Toshinori, él mintió he hizo que te despidiera el director sin ninguna prueba, solo una foto malinterpretada sacada por el americano —la manera de decir tal pronombre que le puso al hombre extranjero es ofensiva y agresiva, dejando de ver a Emi para enfocarse nuevamente en el reflejo que le da la pantalla apagada del televisor—. Él debe pagar por arruinar tu carrera como profesora, ese americano no se quedará satisfecho con el trabajo que te robó.
