Alepxa Pendragon: A mi también me gustó, jejej :3. Gracias por leer y comentar :)
Nat-Marie: Jejeje, si, soy bastante cruel. Me alegra que esas te estén gustando, me ponen muy nerviosas la verdad. Sirius vuelve el próximo capítulo y...bueno, cuando termines de leer te vas a hacer una idea a como va ir el encuentro, muajajaj.
Gracias por leer y comentar :)
Sara: Me alegra! Gracias por leer y comentar :)
Capítulo 5: Juguemos a los Héroes.
9 de Noviembre, 1975
La semana pasó sin novedades. Lily le preguntó mil veces si se encontraba bien, y una vez convencida, le prestó sus notas de Astronomía.
Black ya no la molestaba; Morgan se preguntó si era porque sentía pena por ella, pero no estaba segura de querer saber, por lo que se abstuvo de preguntar.
El hechicero se dedicaba a ignorarla, y desde su punto de vista, era una mejora.
No podía decir lo mismo de Potter. Su padre no cesaba de gastarle bromas inofensivas, y Morgan aprendió a restarles importancia.
El cumpleaños de Black vino y fue, y Morgan fue parte del obsequio de Potter. Ella misma lo encontró divertido, cuando durante el desayuno del tercer día del mes, todos los estudiantes (con la excepción de los Gryffindor) se encontraron a sí mismos con una máscara de Black pegada al rostro.
En sus camisas apareció una inscripción que leía:
"Sirius manda"
La pobre Madame Pomfrey pasó el resto del día quitando máscaras, y Potter fue enviado a detención con Flitwick por un mes.
El sábado, Morgan se levantó tiritando. Las temperaturas habían estado bajando considerablemente. Se vistió rápidamente y fue al comedor.
Desayuno con Lily en la mesa de los leones en relativa paz, y después ambas se dirigieron al patio.
Morgan recordó que no tenía su permiso para Hogsmeade, pero suspiró aliviada cuando McGonagall susurró a Filch que Dumbledore le había dado autorización para dejar el castillo.
Ese hombre siempre iba tres pasos delante.
Lily chilló al ver el patio cubierto de nieve, mientras que Morgan gruñó. Ella odiaba el frío.
Aún así, apoyó la propuesta de Lily de caminar hasta el pueblo.
Lily no se calló en todo el camino.
-Honeydukes tiene las mejores golosinas, y estoy segura de que te irás a bancarrota en ese lugar.
Morgan rió nerviosa. Cuando realizó su pacto con Muerte, se olvidó de negociar una paga. Lo único que tenía eran dos galeones que había guardado en algún rincón de su baúl. Decidió que cuando llegara el verano buscaría un trabajo.
-Ya estoy en bancarrota- le dijo como si nada, pasando el cartel que señalaba que Hogsmeade estaba unos metros más adelante.
-¿Entonces no vas a comprar nada? ¿Ni una rana de chocolate?- preguntó Lily.
Podía ver como la pena comenzaba a apoderarse de su rostro, y se encogió de hombros.
-Solo vine a mirar. He escuchado varias cosas interesantes sobre el pueblo.
La bruja pareció considerarlo antes de hablar:
-Sabes, si quieres algo, solo dime.
Se tragó la amargura.
-Gracias Lils, pero no es necesario.
Sintiendo su incomodidad, cambió de tema.
-¿Sabías que Hogsmeade es el único pueblo en Gran Bretaña completamente habitado por magos? La estación del tren está en aquella dirección, pero no se puede ver muy bien desde aquí. Te la puedo mostrar más tarde, si quieres.-Sonrió y tomó el brazo de Morgan. Se aclaró la garganta y puso una expresión pomposa. Con voz exageradamente formal, continuó:- A su derecha, verá la Casa de las Plumas. Asumo que no necesita que explique qué producto vende. A su lado está Moda Tiros Largos, de nuevo, el nombre lo dice todo.
Morgan no contuvo la risa, y Lily sonrió satisfecha.
-A su izquierda verá una casa, junto a otra casa, junto a otra casa, y…
-Si sigues hablando así te dejaré sola.
Se calló de inmediato, pero su sonrisa se mantuvo en su lugar.
Lily era una excelente guía. Recorrieron gran parte del pueblo antes de entrar en Las Tres Escobas. El lugar estaba atestado de gente.
Lily se inclinó hacia ella, ojeando el lugar.
-Busca una mesa.
Morgan asintió, y encontró una mesa en un rincón, junto a una ventana.
Con cuidado de no empujar a nadie, serpenteó hasta llegar al lugar y se dejó caer sobre la silla. Se quitó la bufanda y los guantes y los hizo a un lado.
Admiró la vista a través de la ventana. Nevaba con suavidad, y los estudiantes de Hogwarts correteaban por el lugar. Algunos iban de una tienda a otra, otros caminaban y otros jugaban en la nieve. Se los veía felices, y era sencillo olvidar que estaban en medio de una guerra.
El sonido de dos vasos siendo depositados sobre la mesa la devolvió a la realidad.
-¿Alguna vez has probado la cerveza de mantequilla?- preguntó la otra bruja, tomando asiento enfrente de ella y quitándose el gorro y la bufanda.
-¡Lily! No debiste molestarte- regañó.
La pelirroja le quitó importancia con una mano.
-Por la espada de Gryffindor, Morgan, solo es una cerveza.
Morgan le agradeció por la bebida y la tomó con cuidado. El vaso estaba lleno y no quería que le cayera sobre la ropa.
Dio un largo trago. Lily la miraba expectante.
-Mucho mejor que la francesa.
Era cierto. Sirvieron cerveza de mantequilla francesa en la boda de Bill y Fleur, pero ni a Harry ni a Morgan les había gustado.
"-Le falta carácter- decidió Harry, observando el líquido con tristeza.
Morgan no tenía idea de que quería decir con eso"
Lily sonrió, satisfecha, y tomó un pequeño sorbo.
Lily de verdad conocía a todo mundo. Se quedaron en Las Tres Escobas por un buen rato. La prefecta señalaba a diferentes personas y le contaba algo sobre ellos.
-Esa es Marlene McKinnon-dijo, señalando a una chica de cabello rubio oscuro y bufanda de Gryffindor. Morgan se preguntó si era la misma de Halloween- Me agrada, cuando no pasa todo el día hablando del cabello y los abdominales de Black.
Morgan casi se ahogó con su bebida.
-Por favor, ¿todo el día?-preguntó, limpiando su desastre con una servilleta.
Lily parecía debatirse entre la diversión y la irritación.
-Desearía estar exagerando- se aclaró la garganta- Ooh, Sirius tiene un cabello tan sedoso; quiero pasar mis dedos por el. Me pregunto si está tan cuadrado como parece. Apuesto a que es el tipo que te mira a los ojos cuando se v…
-¡Basta!- Morgan movió sus brazos de un lado al otro, con el rostro y el cabello rosa de la mortificación.
¿De verdad habían chicas que hablaban así de Black? Ahora entendía de dónde venía la arrogancia.
Lily rió por lo bajo.
-No es la única. Black y Potter tienen un pequeño grupo de fanáticas que los siguen a todos lados. ¿No las has notado en los pasillos?
Sí lo había notado. Era un grupo de estudiantes de Gryffindor, Hufflepuff y Ravenclaw, de tercero hasta séptimo, que siempre parecía estar cerca en las clases que la Slytherin compartía con los leones. Morgan no les había dado importancia.
-Vaya- dijo.
-Por su mayor parte son inofensivas- dijo Lily.-Pero el año pasado atacaron a una chica de Hufflepuff.
-¿Quiero saber por qué?
-Black estuvo con ella por una semana y media. Rompió su propio récord; supongo que se sintieron amenazadas.
-Bien.- fue su respuesta seca.
En ese momento, era imposible envidiar a esa chica de Hufflepuff.
Marlene McKinnon se detuvo en su mesa y saludó a Lily. Luego de un momento de duda, también saludó a Morgan. Hablaron por un par de minutos, y afortunadamente, no se quedó.
-¿Lils?
-¿Mjm?
-Tienes un cabello muy sedoso.
-No empieces.
La pequeña sonrisa la traicionó.
Parecía que, después de todo, la suerte sí estaba de su lado.
Entraron a Honeydukes, donde Lily "insistió" en regalarle unas varitas de regaliz y una calavera de chocolate.
-Un día despertarás y tu cama estará llena de arañas.- le dijo muy seria.
Después de eso no discutió.
Se dirigieron a la caja con una carga considerable. Lily parecía extasiada, y Morgan supo de dónde había heredado su amor por lo dulce.
Sobre el mostrador había un panfleto.
"Se necesita ayuda de medio tiempo"
-Es para los fines de semana- dijo el dueño, al ver a Morgan ojeando el papel- ¿Tienes experiencia?
-No- confesó-Pero aprendo rápido.
A veces.
El dueño sonrió.
-Ven el viernes a las cuatro con un permiso escrito de un padre o tutor.
Morgan asintió con rapidez. Se lo pediría a McGonagall
18 de Noviembre, 1975
"La Guía Oficial De Los Animagos" leyó Morgan, y una sonrisa comenzó a abrirse paso por su rostro.
En el futuro, Sirius intentó enseñarle (Remus se sintió reacio de ayudarle sabiendo que no planeaba registrarse) pero luego de la muerte del segundo, perdió interés en el asunto.
Le habría sido de gran ayuda en más de una ocasión, y se sentía estúpida por no haber continuado su entrenamiento.
En esa época, no podía contar con la ayuda de Black, y tampoco podía ir con McGonagall, ya que la mujer intentaría convencerla de registrarse.
Tal vez lo haga si sobrevivo la guerra.
Remus le había dicho en una ocasión que ser metamorfomaga era de gran ayuda; que cambiar de apariencia estaba en sus genes.
Tomó el libro y lo llevó al escritorio de Madame Pince, quien lo selló con una advertencia.
-Sí veo una sola hoja doblada…
Morgan se fue, casi corriendo, dejándola con la palabra en la boca.
Lily y Remus tenían una reunión con los otros prefectos, por lo que a falta de buena compañía, emprendió camino hacia la sala común.
Apenas se las arregló para evitar a Peeves en el segundo piso, y suspiró aliviada al llegar al rellano del primero.
El alivio le duró poco, pues escuchó la voz de Black.
-Escuché que Dumbledore esconde algo en la Casa de los Gritos- sonrió de forma conspiratoria a Pettigrew, quien, como siempre, parecía nervioso y desesperado por impresionar- Algo que puede usar contra Voldemort.
No le sorprendía que, incluso a esa edad, Black no temiera decir su nombre.
Bajó el último escalón y presionó el libro contra su pecho. Los vio casualmente recostados contra la pared.
Black le dio un pequeño golpe en el hombro, y Pettigrew se apresuró a asentir.
-S-s-sí, e-escuché que puedes llegar por el hueco b-bajo el Sauce Boxeador.
-Sí. Parece que hay un nudo en el tronco. Si lo presionas el árbol deja de moverse, o puedes usar un simple encantamiento de congelación.
Black levantó la vista y la vio parada ahí.
Alzó las cejas al ver su cabello blanco, y sin apartar la mirada, comenzó a caminar en su dirección, Pettigrew siguiéndolo como una mascota obediente.
-Por supuesto, solo son rumores tontos.- continuó, manteniendo sus ojos grises clavados en los de ella.
Pasaron por su lado y subieron las escaleras.
Lentamente, Morgan continuó su camino, y no pudo evitar cruzarse con Snape, quien salía de las mazmorras.
Snape tenía sus oscuros ojos clavados en el punto donde Black y Pettigrew habían estado hablando.
Morgan bajó las escaleras de a dos. Necesitaba ver su calendario lunar
Intentó concentrarse en su lectura, pero fue imposible. Cada par de minutos escaneaba la sala común en busca de Snape, pero este se perdió por el pasillo que daba a las habitaciones de los varones y no volvió a salir.
Luego de un par de horas, el resto de la casa se había retirado a sus dormitorios, y sólo quedaba ella.
Tal vez no venga.
Cuando su reloj de muñeca dio las doce y media, escuchó un par de pasos.
Se enderezó y permaneció quieta, esperando no ser vista en su oscuro rincón.
Snape cruzó la sala con pasos largos sin darle siquiera una mirada.
La pared se movió y Snape salió sin mirar atrás.
Morgan se levantó, olvidando su libro y fue tras él. Se aseguró de tener su varita dentro de su bota y se forzó a esperar un minuto.
Ni siquiera sabía que era lo que iba a hacer. Solo sabía que ella podía resolverlo, ¿verdad? Pero, ¿cómo lo haría? Estaba segura de que aunque lo pidiera de forma educada, Snape no le haría caso e iría de todas formas. Tal vez si Lily se lo pedía escuchara, pero no lo pensó antes y no tenía tiempo de ir a buscarla y esperar a que algún estudiante la dejara entrar en la torre de Gryffindor. Tampoco era consciente de cuanto sabía Lily, y Morgan no quería ser la que le contara sobre Remus.
Decidiendo no perder más tiempo, se acercó a la pared y esta se abrió, revelando la salida.
Mirando hacia los lados, notó que ni Filch ni su gata parecían estar en las inmediaciones, y comenzó a subir las escaleras.
Por el momento, era capaz de mantener la calma.
Todavía no tenía un plan, además de buscar a Black (si sobrevivía) y darle un buen golpe. ¿En qué mundo era esto una broma?
Cuando llegó al rellano, Snape ya había salido. La puerta estaba abierta.
Morgan se acercó al marco, miró hacia arriba y salió. El frío la atacó de inmediato, pero eso solo la hizo moverse más rápido.
¿Así se sentía Harry cuando se lanzaba a la acción sin un plan? Al menos Harry tuvo a Hermione a su lado cada vez, para salvar su valiente trasero.
Cada pocos segundos, sus ojos se desviaban a la luna, como si su propia voluntad fuera a hacerla cambiar de fase.
Frunció el ceño y comenzó a correr.
Sí Harry podía hacerlo, ella también. Ya verían todos.
En la oscuridad, apenas podía distinguir a Snape.
Intentó acelerar el paso, pero estaba fuera de forma.
-¡Snape!-gritó.
El joven pareció oírla, pues se detuvo por un momento para mirarla sobre su hombro, pero rápidamente continuó su camino.
El Sauce Boxeador apareció en su campo de visión, y Snape levantó su varita y recitó un encantamiento. Las ramas del sauce cesaron de moverse, y Snape se acercó y desapareció por el agujero.
-¡Snape!- gritó una vez más, aunque sabía que era inútil.
Ese era un terrible momento para actuar como una Gryffindor.
Corrió hacia el árbol y se lanzó por el hueco. Cayó sobre su estómago. Con un fuerte sentido de deja vú, se colocó en cuatro patas y gruñó. Tirarse de esa manera había sido una mala idea.
-¡Snape!- susurró de forma urgente. Sacó su varita- Lumos.
Una pequeña bolita de luz apareció en la punta de la varita, y Morgan se levantó y comenzó a caminar en dirección de la Casa de los Gritos.
No podía escuchar los pasos de Snape, ya que estos eran ahogados por los rugidos del hombre lobo que estaba encerrado en la casa.
A medida que avanzaba, tuvo que volver a agacharse, e intentó moverse tan rápido como podía, manteniendo la varita en alto.
Más adelante, donde el túnel comenzaba a elevarse, vio a Snape.
-Snape- susurró, sintiendo cómo el corazón le latía a mil por hora- Snape, no seas idiota. Tenemos que irnos.
El joven aceleró el paso.
-Petrificus Totalus- Morgan apuntó su varita a su espalda, pero Snape volteó rápidamente y esquivó su hechizo con un movimiento de varita vago.
La observó con los ojos entrecerrados.
-Atacando por la espalda, ¿Edevane? Muy Slytherin de tí- habló lentamente, con una mueca.- No creí que tuvieras lo necesario.
Morgan comenzaba a enfadarse.
-No seas imbécil. Intento ayudarte.
Snape le lanzó un maleficio, pero Morgan lo bloqueó. Sobre ellos, los ruidos del hombre lobo se volvieron más agresivos. Podía escuchar como pegaba contra las paredes, desesperado por salir.
-No es buena idea ir ahí arriba- le urgió, tragando con fuerza- Volvamos y prometo nunca más hablar de esto.
-¿Sabes que hay ahí?-preguntó el brujo.
Morgan se levantó lentamente, en señal de que no planeaba atacar, e intentó acercarse.
-Solo sé que no vale la pena arriesgarse.
-Black dice que Dumbledore tiene un arma que puede usar contra el Señor Oscuro.
¿El señor oscuro? ¿Ya lo estaba llamando así? Eso solo la puso más nerviosa.
-¿Vas a hacerle caso a un idiota como Black?
En ese momento se escuchó un aullido, y Morgan cerró sus ojos mientras que los de Snape casi se salen de sus cuencas.
-Licántropo.
Comenzó a correr en dirección de la casa.
Morgan se apresuró detrás de él. El túnel subía y serpenteaba, y era difícil apuntar a Snape. Morgan quería noquearlo y arrastrarlo de regreso al castillo.
El túnel llegaba a su fin. Morgan vio su oportunidad y apuntó a Snape.
-Stu…¡AH!
La puerta de madera se partió en dos, y por ella salió el hombre lobo. Snape, aterrado, retrocedió. El hombre lobo alternaba su mirada entre ambos. Morgan podía sentir las lágrimas acumulándose detrás de sus ojos; era justo como en tercer año. No había nada del amable Remus Lupin en esos ojos avellana.
-No. Te. Muevas- masculló ella.
Snape, siendo el imbécil que el Sirius del futuro reclamaba, hizo lo contrario. Saltó en su dirección y la tomó del brazo, empujándola en dirección del hombre lobo.
Un grito de sorpresa y terror abandonó su cuerpo al caer al suelo. El hombre lobo gruñó viciosamente y se lanzó hacia ella con la mandíbula abierta.
Morgan se arrastró fuera del alcance de sus dientes, pero su garra hizo contacto con su pierna, disparando un dolor agudo.
Un ciervo apareció en la puerta y se lanzó contra el hombre lobo.
Morgan intentó levantarse como pudo, pero al apoyar su pierna mala en el suelo, gritó de dolor y volvió a caer.
Snape estaba petrificado contra la pared.
El hombre lobo lanzó al ciervo al otro lado de la habitación, y sus astas se atoraron contra la madera de la pared.
-¡Baubillious!-gritó Morgan, y la intensa luz cegó a la bestia momentáneamente. Sacudiendo su cabeza, se volvió en su dirección -¡Desmaius!
El encantamiento no surtió efecto, y solo sirvió para enojarlo aún más.
El ciervo se liberó y volvió a atacar al hombre lobo. Le clavó las astas en el costado y lo lanzó contra un viejo mueble.
Morgan se apoyó contra el marco de una ventana y se paró.
-Diffindo.
Una de las maderas que obstruía la ventana se rompió. Morgan jaló y la sacó, observó la punta de la madera y corrió hacia el licántropo. Alzando el trozo, apuntó por un lugar que no fuera crítico, y la clavó en su brazo.
Se movió hacia atrás de inmediato, pero una de las garras le cortó el cuello.
Intentó correr en dirección opuesta, y la única salida que vio fue el pequeño hueco que había hecho en la ventana.
Pasó los brazos, la cabeza, y tomó impulso. Un trozo de vidrio se le clavó en el costado, pero Morgan se empujó, y cayó sobre la fría nieve justo cuando el licántropo cerraba la mandíbula con un fuerte "¡TA!".
Intentó pasar el hocico por el agujero pero se vio incapaz de hacerlo. Cayó a un lado, y Morgan vio el costado del ciervo.
El animal se inclinó hacia la ventana e hizo contacto visual. Morgan sabía quién era, y sabía que era lo que intentaba decirle.
"Corre"
Snape debía seguir ahí dentro, siendo completamente inútil, pero Morgan solo podía pensar en sí misma. Tenía que alejarse. Snape estaría bien. Potter también.
Ignorando el ardiente dolor, se levantó y se alejó de ese lugar tan rápido como pudo.
-Lumos.
A medida que se alejaba de la casa, también se alejaban los aterradores gruñidos y aullidos.
En toda su vida no se había sentido tan estúpida. Había intentado imitar a Harry y ser la heroína y había fallado miserablemente.
Supuso que Potter seguía vivo, pues ella también lo estaba. Le interesaba estudiar el tiempo en el Departamento de Misterios, y en una ocasión leyó sobre un mago que accidentalmente hizo desaparecer a uno de sus ancestros. Varias generaciones de la familia se esfumó en un instante, como si no hubieran existido.
Lo mismo le sucedería a ella si James o Lily perecía, además sabía que Potter se las arreglaba para sacar a Snape.
Le debería una grande.
Eventualmente, el aire helado comenzó a retrasarla. Temblaba de forma violenta.
El trozo de vidrio no ocasionó mucho daño, solo un rasguño, largo pero no profundo. Lo que le preocupaba era su pierna. El licántropo no la mordió, eso significaba que ella misma no se estaría transformando en una, pero no recordaba si un rasguño podía dejar secuelas. Bill Weasley había sido mordido por Greyback, pero no en una luna llena, por lo que simplemente comenzó a tener la necesidad de comer carne cruda. Su herida no era más que de garra, estaba segura de que estaría bien, si no se desangraba antes de llegar al castillo.
Afortunadamente, su cuello también estaba bien. Sangraba lentamente, pero al menos no había sido la yugular.
Morgan presionó una mano contra su cuello y la otra contra su costado. Había dejado Hogsmeade atrás, pero no parecía que se estuviera acercando al castillo.
Podía ver su aliento con cada exhalación, y los ojos amenazaban con cerrarse. Estaba tan cansada, y la nieve se veía tan cómoda en ese momento. Podía recostarse por un momento, el hielo de seguro ayudaría a aliviar el dolor.
Creyó escuchar un jadeo, y una luz comenzó a acercarse.
-¡Hagrid! ¡Aquí está!- sonaba como la profesora McGonagall.
-¿Señorita Edevane?-la voz del semigigante llegó a sus oídos, y Morgan sonrió lentamente ante la familiaridad.
-¿Hagrid?
-Así es- casi podía verlo sonreír- Vamos, te llevaremos al castillo.
La tomó en brazos y la acunó contra su inmenso pecho. Su barba enmarañada le hacía cosquillas en el rostro.
Algo tibio se posó sobre ella, y vio que la profesora McGonagall había hecho aparecer una manta y la había colocado sobre su cuerpo.
Lo último que vio fue sus ojos preocupados.
Lo primero de lo que fue consciente fue de la brillante luz, y por un momento se preguntó si estaba muerta, de nuevo. Luego escuchó voces, una de una mujer, y otra más juvenil, que parecía ser de un chico.
Morgan pestañeó, intentado acomodar la vista, y pronto sus ojos fueron capaces de enfocarse.
Estaba en la enfermería. Remus, quien estaba sentado en la cama de enfrente, hablaba en voz baja con Madame Pomfrey.
Sus ojos verdes encontraron los de ella, y se enderezó, alerta.
Madame Pomfrey volteó y pegó un pequeño salto al verla.
-Señorita Edevane. ¿Cómo se siente?- la mujer, mucho más joven de lo que Morgan recordaba, se acercó con pasos rápidos y la ayudó a sentarse.
Morgan paseó la vista por el lugar.
-¿Cuánto tiempo estuve aquí?
-Desde anoche- respondió Madame Pomfrey, revisandola de pies a cabeza.- Perdió algo de sangre y estaba congelada cuando llegó, pero afortunadamente no llegó a hipotermia. La profesora McGonagall y Hagrid la trajeron enseguida.
Sostuvo su varita frente a sus ojos, y una luz comenzó a resplandecer de esta. Le miró los ojos y asintió para sus adentros.
-¿Le duele algo?- preguntó, comenzando a revisar el vendaje de su cuello.
¿Estaba bromeando? Le dolía lo que no tenía. Le dolía el costado, la muñeca sobre la que cayó luego de que Snape la empujara, y más que nada le dolía donde Remus la había rasguñado; pero podía ver su expresión dolida, y no quería hacerlo sentir peor.
Acabo de llegar a un nuevo nivel de estupidez.- pensó, sintiéndose culpable. Ella había causado esa expresión.
Madame Pomfrey notó la mirada que lanzó en dirección de Remus y se apresuró a cerrar las cortinas alrededor de la cama.
-Tuvo suerte- le dijo, quitándole la venda del cuello y comenzando a limpiar la herida. Morgan se mordió la lengua. Y los magos decían que los muggles eran mediocres en la medicina- Solo fue una herida superficial. Un centímetro más y sería una historia muy diferente.
-Me duele-confesó Morgan.
Madame Pomfrey asintió, sirviendo un vaso con agua, del que Morgan bebió con entusiasmo.
-Y dejará una cicatriz. Me temo que las heridas de hombre lobo no pueden arreglarse con magia.
Morgan le devolvió el vaso y se quedó tan quieta como pudo mientras la mujer volvía a vendarle el cuello. Luego se movió hacia la pierna derecha, donde el dolor era más intenso.
-¿En donde está Snape?- preguntó, pues no lo había visto en la enfermería.
Madame Pomfrey frunció los labios al notar que un trozo de gasa se había pegado a la pierna, todo gracias a la sangre seca. Humedeció un trozo de algodón y lo paso por el área, para luego jalar y arrancar la gasa.
-¡Hija de…!- exclamó Morgan, clavando las uñas en los lados de la cama y ganándose una mirada de desaprobación de la enfermera.
-El señor Snape está en clase. Afortunadamente no fue herido.
Quería preguntar por Potter, pero se abstuvo. No sabía si Pomfrey era consciente de que Potter era un animago. Morgan no sabía que le habían dicho a Dumbledore con respecto al incidente, por lo que prefirió mantenerse callada. Asumió que debía estar bien, ya que tampoco ocupaba una cama.
El recuerdo de Snape lanzándola ante la bestia continuaba repitiéndose en su mente. No pudo evitar desear que el hombre lobo lo hubiera matado; y en seguida se sintió culpable de nuevo. Nunca pondría tal carga sobre el pobre Remus, y no sabía que pasaría si Snape no sobrevivía.
Morgan no se atrevió a mirar la herida de su pierna. Era malo, de eso estaba segura. Madame Pomfrey siseó al verla y comenzó a limpiarla meticulosamente.
-¿Voy a perder la pierna?
-No, señorita Edevane, pero va a tener que permanecer en cama por unos días. También deberá esperar algo de dolor cuando comience a caminar de nuevo, y una cicatriz.
La cicatriz era lo que menos le preocupaba.
-Me gustaría ir al baño- anunció.
Había estado sintiendo la necesidad desde que despertó, y supuso que no tenía caso esperar a que Madame Pomfrey se fuera para ir, de todas formas no podría ir sola.
No lo hacía menos vergonzoso.
La enfermera terminó de limpiar y vendar su pierna y se apresuró a revisar la herida de su costado. Esa era la menos importante. Al quitar la venda vio que ya había curado, y una larga y fina cicatriz plateada era la única evidencia que quedaba. Le dijo a Morgan que no quedaría rastro de esa.
La ayudó a ir al baño, lo que fue más humillante de lo que la pelirroja había anticipado, y la guió de regreso a la cama.
Morgan insistió en que no era necesario que la arropara, pero Madame Pomfrey era demasiado testaruda.
Desvió la vista y vio un ramo de margaritas en la mesa de luz.
El arreglo era colorido, y trajo una sonrisa a su rostro. Las flores, de vívido púrpura, amarillo y delicado blanco le daban algo de vida al lugar.
-¿Quién trajo esas?-preguntó cuando Madame Pomfrey volvió con su almuerzo.
-La señorita Evans. Pasó a verla antes de ir a clase.- respondió, siendo cuidadosa al depositar la bandeja en el regazo de la adolescente.
¿Lily le trajo las flores? Su sonrisa se ensanchó.
-Coma todo, necesita recuperar fuerzas.-Morgan no necesitó que le dijeran dos veces, y enterró el tenedor en la ensalada de arroz- ¡Oh! Casi lo olvido. El profesor Dumbledore quería que le informara cuando despertase.
El color se le fue del rostro, y tuvo que hacer un gran esfuerzo para tragar.
Madame Pomfrey ya estaba en la puerta. Volteó una vez más.
-No se atrevan a salir de la cama- zarandeó un dedo amenazador en dirección de los estudiantes y se fue.
Morgan hizo su comida a un lado con manos temblorosas y abrió el cajón de la mesa de noche, donde tenía el presentimiento estaría su varita.
La agitó en dirección de la cortina y esta se movió, revelando a Remus, quien permanecía recostado contra sus almohadas. En cuando hicieron contacto visual, este bajó la mirada y comenzó a jugar con sus pulgares.
Se veía terrible, más de lo normal, pero estaba vivo y eso era más que suficiente.
-¿Remus?- cuando se rehusó a mirarla, suspiró- No fue tu culpa, Remus.
-Pude haberte matado.- masculló, tan bajo que ella apenas escuchó.
-Supongo que sí, pero no lo hiciste. Además, no puedes controlar lo que te sucede.
-¿No me tienes miedo?- preguntó, su voz temblando, como si estuviera a punto de llorar.
Morgan quería acercarse y darle un abrazo.
-¿Miedo? Eres la persona más gentil que he conocido. Sí, una vez al mes te pones loco, ¿y que?- Cerró las manos en puños- Solo desearía poder hacer algo para ayudarte.
Odiaba a Fenrir Greyback casi tanto como odiaba a Bellatrix Lestrange y a Dolores Umbridge. Greyback maldijo a su tío y mató a su mascota. No era un hombre, era un monstruo, y más de una vez quiso ir en su búsqueda y hacerlo pagar. Morgan sabía que tan difícil era la vida de un licántropo, y admiraba como Remus no se había dejado llevar por el odio y la incomprensión de la sociedad en la que vivían. Tuvo una vida difícil, y al salir de Hogwarts sería peor; aún así, permaneció el mismo Remus Lupin, desinteresado y amable, que siempre, siempre tenía tiempo para su ahijada, y permaneció a su lado sin importar qué.
Remus la observaba con lágrimas en los ojos. Morgan sabía que debía estar aterrado. Probablemente pensaba que ella comenzaría a gritar y a alejarse corriendo, o que le daría la espalda al enterarse de su condición.
Se levantó de su cama y atravesó la habitación con grandes zancadas. Sus largos brazos envolvieron a Morgan, y está no dudó en devolver el abrazo.
-Todo va a estar bien- susurró.
Remus le dio un apretón, dejándole saber que la había escuchado.
El momento fue arruinado cuando las puertas se abrieron, y el profesor Dumbledore entró con paso tranquilo, seguido de Madame Pomfrey.
-¿Qué fue lo que les dije?- regañó.
Remus se levantó apresuradamente, con las mejillas rosa, y volvió a su cama.
Dumbledore no miró en su dirección. Sus ojos azules permanecieron en ella, impasibles.
Morgan podía imaginarse lo que le esperaba.
El profesor corrió las cortinas y apuntó con su varita; de seguro era algún hechizo para que nadie los escuchara.
Se volvió hacia ella, juntó sus manos y la miró
Morgan intentó no removerse bajo su escrutinio.
-Señorita Potter, ¿era usted consciente de la "broma" que el señor Black estaba planeado?
-Sí, señor- respondió, forzandose a sonar monótona.
-Ya veo.- dijo el. Ligeramente, golpeó su pierna con su varita- ¿Por cuánto tiempo fue conocedora de este suceso?
Morgan respiró, sabiendo que no tenía caso mentirle ni intentar despistarlo.
-Sabía que sucedería en algún punto de este curso, señor.
-¿Pero no la fecha exacta?
-No, señor.
-¿Cuándo supo de la fecha?
Con gran esfuerzo, se abstuvo de hiperventilar.
-Escuché a Black y Pettigrew hablando, señor, y anoche vi a Snape saliendo luego del toque de queda.
-Entonces lo siguió.
Se limitó a asentir.
-Asumo que entre la conversación del señor Black y el señor Pettigrew, y el momento en el que el señor Snape decidió salir del castillo, tuvo tiempo suficiente para alertar a un adulto responsable- su voz era gélida.
Con una mueca, volvió a asentir.
-¡Entonces, ¿por qué no alertar a alguien?!- gritó Dumbledore, enfurecido. Morgan saltó del susto- ¡¿Porque poner la vida de otros tres estudiantes en riesgo?!
Morgan no tenía una respuesta lo suficientemente buena, pero dudaba que a Dumbledore le importara.
-¡¿Qué intentaba probar, señorita Potter?!- Dumbledore parecía estar escupiendo, como un perro con rabia- ¡¿Qué habría sucedido con el señor Lupin si el señor Potter hubiera sido gravemente herido? ¿Si hubiera muerto? ¿O el señor Snape? ¡Usted pudo haber muerto!
Se acercó a su cama y se inclinó sobre ella de forma amenazadora.
-¡Si de verdad está aquí para acabar con Voldemort, no puede ir por ahí arriesgando su vida de forma innecesaria!
-¡Profesor Dumbledore!- Madame Pomfrey movió la cortina y le dio una mirada furibunda- Voy a pedirle que no altere a mis pacientes, señor.
El profesor se enderezó.
-Castigo, señorita Edevane. Hasta marzo.
Se retiró de forma abrupta, la tela de su túnica azul creando olas a su paso.
James Potter tuvo que saltar para evitar ser atropellado por el profesor.
-Termine su almuerzo, Edevane- instruyó Madame Pomfrey, tomando la bandeja y colocándola sobre su regazo.
Morgan asintió, aunque la simple idea le revolvía el estómago. Se obligó a tomar un sorbo de jugo de calabaza, y haciendo a un lado su ensalada, tomó una mandarina y comenzó a pelarla con desgana.
-Ejem.
Levantó la vista. James Potter estaba junto a su cama, claramente incómodo.
Morgan, quien todavía no había notado las lágrimas que caían por su rostro, no hizo más que mirarlo confusa.
-¿Cómo te sientes?- preguntó Potter.
Morgan tardó unos segundos en procesar la pregunta.
-E-estoy bien, gracias.
Potter asintió, y finalmente hizo contacto visual.
-¿Por qué lo hiciste? ¿Por que fuiste tras Quej...Snape?
Morgan no estaba segura sobre cómo responder.
¿Por que soy una idiota que creyó que podía actuar como Harry y salirse con la suya?
Por años regañó a su hermano por saltar a la acción sin pensar, ocultando su envidia. Ella deseaba ser así de osada.
El tiro le salió por la culata.
No podía darle la verdadera razón, así que le dio algo que se acercara a ella:
-Alguien tenía que hacerlo.
Potter no le preguntó porque no fue por un profesor. No parecía importarle.
-Intentó usarte como escudo- le recordó, no de forma cruel.
Morgan asintió.
-Sí, bueno. Me arrepiento de algunas cosas.
Potter esbozó una pequeña sonrisa.
-Gracias;- ante su mirada inquisitiva, él asintió en dirección de Remus, quien los observaba como si intentara decidir si debía interrumpirlos o no- por no lastimar a ese tarado.
Morgan sonrió.
-Gracias por salvarme.
Potter se encogió de hombros, restándole importancia. Hizo una pequeña mueca y se tocó un omóplato.
-No fue nada. Ahora puedo presumir a Evans de que salvé a sus mejores amigos.
Morgan rió.
-Dudo que eso te vaya a ayudar.
Potter le dio una rápida mirada.
-¿Sabes? No estás tan mal,... para una Slytherin.
-Lo sé.
Potter rió.
Morgan miró a los lados, notando la ausencia de alguien.
-¿En donde esta Black?
No debió haber preguntado. El rostro de Potter se ensombreció.
-Lejos de Lunático, si sabe lo que le conviene.
Por supuesto que estaba molesto. Black no solo puso a Snape en peligro, sino que traicionó a Remus.
Parecía que la cola para darle una golpiza estaba creciendo.
-¡Morgan! ¡Gracias a Merlín!
Lily corrió hacia su cama y lanzó sus brazos alrededor de la otra bruja, prácticamente estrangulandola.
-¿Estás bien? ¿Te duele algo? ¿Necesitas algo? Quería quedarme hasta que despertaras pero Madame Pomfrey me echó- la estaba revisando de pies a cabeza-¿Te gustaron las flores? Si no, puedo cambiarlas. Fue lo mejor que pude hacer con tan poco tiempo. Y…-Le dio un puñetazo en el brazo- ¿En qué estabas pensando? Creí que eras inteligente. Te pudo pasar algo. Maldita imbécil.
Volvió a abrazarla, y por sobre su hombro, Morgan le lanzó una mirada a Potter.
¡Ayuda!
-Lily, mi corazoncito- canturreo Potter-¿Me vas a dar un beso? Después de todo, salvé no a uno, sino a tus dos amigos.
Morgan y Remus rodaron sus ojos.
Lily se enderezó y valientemente, lo miró a los ojos.
-Gracias, Potter- fue lo único que dijo.
Pareció ser suficiente para él, ya que sonrió de oreja a oreja antes de acercárse a la cama de Remus.
Lily se sentó a su lado y comenzó a hablarle sobre lo que estuvieron dando en clase.
N/A: En el siguiente capítulo se va a aclarar cómo es que Morgan "supo" que fue James el que los salvó. Morgan va a tener un par de cosas que decirle a Sirius, jijijijij *inserte risa macabra*
No se si deje claro porque Morgan tuvo ese momento de idiotez e intentó pelear contra Lupin en lugar de hacer lo inteligente y decirle a Dumbledore "Che, mira que el idiota de Sirius piensa que mandar a Quejicus a una habitación con un hombre lobo es buen chiste"
Gracias por leer :)
