Noche de Otoño.
No hay ningún diálogo entre ellos, los sonidos de los palillos chocar contra los trastos con comida distorsiona el silencio. Reemplazando por ruido de los diálogos, que son nulos en los integrantes de la familia Jiro.
La mesa de no tan extenso tamaño, de encuentran ocupados las tres sillas delas cuatros que hay, siendo la persona que está al lado del asiento desocupado es Mika, mientras que delante de ella están sus dos hijos. Mirando a estos dos jóvenes mientras comelos fideos largos con forma de espiral, sumergido en un caldo con otras verduras picadas.
Sus dos hijos han estado así, tratándose o hablando con mucha menos frecuencia que lo común, incluso después del incidente que sucedió el Domingo.
«Parece que sucedió algo nuevamente entre ellos. ¿Interfieroo no?» cuestionando si debe involucrarse en los problemas de sus hijos, Mika mantiene su mirada en las cabezas gachas de los dos.
Izuku sorbe de su plato, resistiendo la tentación de ver el rostro de su hermana, queriendo saber que es lo que hace, y ver si ella tiene un trato más distinto con él. Aunque no lo haya demostrado, ocultando en su actitud de ignorar todo lo que pasó sobre el beso, esta preocupado que su relación con su hermana cambie. Esa es la razón de comportarse así con su hermana, intentado que lo sucedido con el beso, nunca se haya realizado.
A su lado, Kyoka revuelve la comida con los palillos, agarrando unos cuantos fideos para comerlos. En ese momento, mientras absorbe su cena, de la comisura de su párpado, da una mirada de reojo a Izuku con una expresión indiferente. El mismo semblante que demuestra la mayoría del tiempo al estar en la U.A., con la diferencia que adopta esa expresión para no querer levantar sospechas con su madre. La cual es el siguiente objetivo de su mirada, pero al hacerlo se demuestra sorprendida mientras tiene los fideos colgado de sus labios cerrados.
Los ojos de su madre se mantienen fijos a los de Kyoka, siendo la nombrada quien baja su mirada primero, siguiendo con su cena en silencio. Mika sigue observando en toda la cena a sus dos hijos, aún intrigada. Al terminar, Izuku junto a su madre levantan los utensilios para limpiarlos, con la ayuda de Kyoka, secando todo mientras los acomoda en sus sitios.
–Déjenme que yo siga con los últimos utensilios, ¿me pueden hacer un favor? —Mika sigue fregando los trastos que debe limpiar, siendo ahora la única que hace esto. Izuku y Kyoka escuchan las palabras de su madre, deteniendo en su trabajo de ayudar a la mujer de lentes.
–Claro —Kyoka es la primera en responder a la pregunta.
–¿Pueden ir al mercado de Ken para comprar mi desayuno? Yo terminaré esto y voy directo a la cama —ella sigue con su limpieza, mirando el agua un poco colorida por la suciedad de los trastos y la espuma del detergente.
Izuku observa a su madre confundido por tal petición. Ella siempre ha comprado su desayuno ya hecho cuando regresa a la casa. Le parece raro, pero cuando su madre llego, no tenía ninguna bolsa de plástico con sus alimentos. Tuvo que darse cuenta antes.
–Esta bien, iré yo —Kyoka sale de la cocina hacia el umbral que lleva al comedor, mirando de manera neutral su camino, sin percatarse de la mirada que su hermano le da a su rostro en perfil.
–Que te acompañe tu hermano, las calles están bastante oscuras —Izuku es el primero en observa de su madre, la cual sigue a su lado. Sigue limpiando los platos con una esponja, para luego apilar con los otros en la superficie que tiene a su costado. Mika no levanta su mirada, solo queda observando lo que hace, con un semblante serio pero de manera dócil.
Luego que Izuku y Kyoka hagan un leve contacto visual, la más joven de los dos, asiente en una respuesta afirmativa para su madre. Los hermanos Jiro salen del hogar. Mika al escuchar la puerta cerrarse, sonríe. Dejando de tener la expresión serena, soltando una risa, acelera el ritmo de su limpieza.
Incrustados en las farolas de metal que hay en cada cierta distancia, las luces dejan que pueda ser visible en la oscura noche que el frío es mayor que la semana pasada, al igual que las hojas verdes, comienzan a tornarse de otro color más oscuro.
–Tuve que traer un abrigo —los finos y largos brazos de Kyoka se abrazan en busca de un calor para enfrentar al frío de la noche. No logra aumentar su temperatura corporal por si misma.
Izuku aprieta su mano, la cual cruje al tener la bolsa agarrada. Él también siente frío al salir con la misma vestimenta que tenía al salir de su hogar, una simple remera de mangas cortas y un pantalón largo de fina costura. Los dos caminan a la par, teniendo que recorrer un camino de extensión un poco larga, faltándole transcurrir unos cuantos metros.
–Estamos en la segunda semana de Octubre, es obvio que hace frío. Aunque haya comenzado en Septiembre, siempre parece que en este mes comienza el otoño —así mismo como Izuku dice, es tal cual la situación en Japón y la estación que presenta el mes que están.
La más joven de los dos mira las ramas y hojas que tienen arriba suyo, provocando que una sombra emerge, por la intromisión del árbol, interrumpiendo la trayectoria de la luz de los faroles. Pasando la sombra y volviendo a ser iluminados, Kyoka observa a su hermano de reojos, teniendo que levantar un poco su cuello al ser la más baja de los dos. Abrazándose con mayor fuerza, una ráfaga de viento aparece de la nada. Teniendo que cerrar sus ojos, sintiendo el violento mover de su vestimenta, Kyoka se apega a su hermano hasta que el viento cesa.
–Por cosas así odio el otoño. No entiendo cómo te puede gustarte —Izuku se limpia sus párpados a ser dañada por una molestia de tierra o algo similar, llevada por el viento hasta sus ojos. El joven de cabellera verdosa expresa serenidad, sin importarle que su hermana este apegada a él. Una mentira que hace su cometido, engañar a su hermana, mientras que en realidad, al sentir el contacto deella al principio, dio un leve brinco.
–El verano y la primavera son molestas. No me gusta llevar ropa corta —apega más su cuerpo al de su hermano, quien abre sus ojos con mayor intensidad, al igual que da una reacción creciente de sonrojo. Kyoka solo apega más su cuerpo por el frío, teniendo incluso sus vellos rectos.
La piel de Izuku está más cálida que ella, aliviando un poco el frío que siente, aunque solo sea una porción de todo su cuerpo. Una extraña sensación se hace sentir cuando Kyoka se apega más, algo que nuncaantes ha sentido en un abrazo con su hermano. Incomodidad. Pero no cualquier incomodidad, posiblemente que esté mezclada con ¿vergüenza? O puede que este malinterpretando con alguna otra sensación, pero la sensación extraña sigue en ella sin explicación.
Kyoka deja de tocar a Izuku, volviendo a abrazarse por si misma. Un tenue tinte rojizo se da a florecer, invadiendo sus mejillas y orejas. La joven Jiro no entiende el porqué de aquellas sensaciones, pero intenta olvidarse de tales por el momento para hablar con su hermano, aprovechando que estan los dos solos.
–Izuku... —esperando que su hermano de vuelta su rostro para verla, sigue hablando al obtener la atención de él—. Sé que hablamos sobre el beso, pero no creo que... —es interrumpida por su hermano. Él evita el asunto con seriedad. Hablar de tal tema, es algo que prefiere evitar y dejarlo en el pasado.
–Hablamos ayer sobre eso, y dijimos que esta todo resuelto —aleja sus ojos a los de Kyoka, dirigiendo delante de él para ver su camino. El semblante de seriedad que demuestra Izuku,deja atónita a Kyoka por unos instantes, manteniendo su mirada al perfil de él—. Hagamos como si nunca pasó —el crujido de los tirantes de la bolsa resuena a causa del joven peli verde, quien aprieta con fuerza. El viento silencia el ruido, tapando los oídos de Kyoka, sin haber logrado escucharlo.
El resto del recorrido es el silencio entre los dos, invadidos por el frío de las ráfagas y el sonido de las hojas como ramas moverse. Ingresando a su casa, Izuku le da la bolsa con el almuerzo a su madre con un semblante que no levanta sospechas de la mujer, mientras que Kyoka, sin decir nada uobservar a su familia, se dirige a su cuarto. Cerrando con fuerza, Izuku y Mika miran al pasillo en silencio, deteniendo su corta charla sobre la tienda y del frío del exterior.
–¿Le pasa algo a Kyoka? —Mika mira por encima de ella, quien está su hijo en pie, mirando aún el pasillo con una expresión tranquila, pero sin ocultar su sorpresa.
–Que yo sepa, no. Nada —al terminar de hablar, observa a su madre de frente, quien acepta las palabras de su hijo sin queja, ocultando el hecho que siente algo mal en la situación.
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Los ojos de Kyoka miran al suelo, sentada a la orilla de su cama, demostrando su desilusión al no conseguir nada nuevamente en la charla con su hermano. Levantando su mano a sus labios levemente separados, dejando ver sus dientes blancos. Sus dedos acaricia la textura extraña de su labio interior seco a causa de los vientos de su reciente salida.
Recuerda nuevamente aquel escenario con tantos espectadores alrededor, quienes la miran de manera fija. Delante de ella, hay alguien más, que junto a ella, son el punto de atención de las miradas. Aquella persona, al ser vista por Kyoka, se da cuenta que es su hermano. Él acerca su rostro al de ella, aunque su expresión no demuestra ser por su intención, no se detiene, hasta que los labios de Izuku chocan contra los de Kyoka.
Ese recuerdo para Kyoka, consigo atrae la mismasensación de aquel entonces al cuerpo de la peli púrpura. El terrible escalofrío con un sentimiento peculiar, el detener de su respiración y el acelerar de sus palpitaciones, pero aunque eso es lo que recuerda lo que siente, no puede revivir la sensación nunca antes vivida cuando su hermano le dio el beso. Era algo como... un sentimiento de euforia o algo semejante.
«No lo puedo olvidar, aunque yo lo quisiera» lo cual no quiere, no quiere olvidar de sensación que seduce a su curiosidad, tampoco quiere dejar el asunto olvidado aunque su hermano lo pida. Hacer como si no fuese nada, es algo doloroso para Kyoka, es como si dejara que un chico jugara con ella. Y no quiere eso con su hermano, se esforzará para dejar todo arreglado.
–Ya tuvimos un problema similar y mi hermano se encargó de resolver todo cuando yo ni podía hablarle. Yo tengo que arreglar este problema.
Se levanta de su cama, yendo hasta la puerta de la habitación, justo cuando agarra la perilla, su cuerpo queda paralizado. Aunque sabeque pensar negativamente absorbe toda su voluntad para convertirla en desesperanza, no puede evitar pensar de esa manera. Retrocediendo soltando la perilla, suelta un suspiro decepcionante de ella misma, maldiciendo a su propia persona.
–Soy un fracaso —dando una vuelta teniendo la intención de ir a su cama, de la comisura de su párpado, ve una figura borrosa que atrae su atención, volviendo a retroceder su mirada por instinto de su curiosidad.
La revista que le dio su amiga apodada Yaomomo en la clase de hoy en el comienzo de esta. Al librode moda no le dio ninguna ojeada en el horario educativo, tampoco cuando volvieron de esta, la cual fue más corta que lo cotidiano por la falta del profesor Aizawa. Un suceso extraño para ella.
Kyoka se acerca a su bolsa que lleva a la academia que esta media abierta, dejando ver la mitad dela revista que está en un equilibrio frágil. Agarrando el libro, se sienta en el costado de su cama, abriendo la revista pasando hojas sin ningún entusiasmo. Acostado en su cama para sentirse más cómoda, extiende sus brazos encima de su cabeza.
De hoja a hoja, llego a leer y ver los estilos góticos y de estática similar que fue recomendado por su mejor amiga, aunque la primera vez que le cubro de tales estilos la molesto un poco, alguna que otra prenda le interesa, llegando a considerar comprarlas a futuro. Algo que no espera, es que incluso tiene un catálogo de América, lo cual si le interesa al nunca ver la moda de aquel continente. Luego de leer rápidamente los conjuntos y algunos datos de los modelos, detiene la rápido ojeada cuando una página atrae enteramente su atención, y no es por la ropa, es por el modelo.
–¿Profesor Toshinori?
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En su cuarto, Izuku está en su cama sentado en una posición que sus plantas de los pies están juntos, teniendo delante de él dos cuadernos, uno de anotaciones y el otro es que utiliza en clases, encontrándose en el apartado de ingles.
Realizando sus deberes escolares, inclinando hacia delante para resolver sus tareas, vuelve a tener una postura recta a causa de un dolor de espaldas. Aliviando con un estiramiento permaneciendo sentado, suelta un suspiro al terminar de hacerlo y escuchar unos pocos crujidos leves.
–Listo, es lo que me faltaba hacer esta tarde —guardando todo en su mochila, se acuesta en su cama con sus manos detrás de su nuca.
Enfoca sus ojos al techo de tono claro, mirando fijamente divagando en el interior de su mente, desde el como de su día y otros asuntos personales, pero en este momento hay algo que irrita a Izuku. Él intenta ignorarlo al pensar en otros asuntos, sin lograr tal cosa.
Agarra su celular del bolsillo de su pantalón, tocando la pantalla táctil hasta entrar a una aplicación de las diversas que hay. En la segunda hilera del mes, hay dos cuadros de colores en los números, uno que marca el día presente y el otro, un evento agregado por él mismo. Este sábado pasará el evento que Izuku anoto.
–No la visitaré. Ella no tiene ningún derecho para pedirme que la visite cada mes —siente aún la tensión de su espalda, que le provoca un leve dolor incomodo. Arquea su espalda un poco, un crujido le da alivio a Izuku—. No tengo nada relacionado al apellido Midoriya, y como tal, si no quiero visitarla, no lo haré.
Esta decidido en no ver a su madre. No la ha visitado por tanto tiempo, alrededor de un año y dos, no lo ha hecho. La última vez que lo hizo, ella estaba en su trabajo, pero no en el burdel que trabaja, estaba en su hogar realizando su deber de trabajadora sexual con uno de sus clientes. Ella cuando tenía aún la custodia de su hijo y este no se escapó de su casa una tarde, tuvo una idea bastante avaricioso.
Convirtió su hogar en un burdel con una única cliente, Inko. Ganabadinero con su trabajo de burdel y su propio negocio, este último no tenia tiempo establecido de cuando comienza y termina el horario laboral, y en aquella ocasión que termino siendo su última visita, su madre estaba en una sección.
Lo más desagradable, fue oír los gemidos de ella y los de su compañero. El cliente de aquella tarde, era la misma escoria que los otros clientes que frecuentaba el hogar de su madre y pedía el servicio especial. Un hombre que hasta hoy, Izuku odia con todo su ser.
Decidido en tomar su elección de ser otro mes sin ver a Inko, tal decisión esta en conflicto cuando recuerda la charla que tuvo con Akira. Aquella la cual le aconsejo deshacer su rencor hacia Inko, pero... ¿Cómo lo haría si pudiera? ¿Confesar todo o desquitarse de alguna manera violenta? Él no lo sabe y tampoco lo entiende. Recordar la conservación de su tía, reflexionando sus palabras y pensándolo con la mente tranquila, su consideración en la recomendación de Akira se aviva cada vez más.
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–¿Otra vez sin poder arreglarlo? —Kyoka está acostada en su cama en boca abajo, teniendo una oreja presionando el colchón y el otro tiene su celular en una llamada. La oración recién dicha, proviene del celular. La voz femenina tiene un tono configurado al ser trasmitido por el aparato.
–No conseguí nada, Kendo —Kyoka en su postura le da la espalda a la pared donde ella también tiene un espejo de cuerpocompleto, similar o incluso igual al que tiene Izuku en su cuarto.
–Me siento halagada que me hayas elegido para desahogarte pero, ¿por qué no le llamaste a Yaoyorozu? Sé que le tienes más confianza a ella —no recibe repuesta de Kyoka, solo unos segundos de silencio—. Esta ocupada, ¿cierto?
–Sí.
–Ahora no me siento tan halagada —ríe luego de haber dicho eso, sonando no tan contenta. Su ofensiva actitud es evidente en tal gesto.
–Lo siento, de verdad, pero Momo no me contestó y debía hablar con alguien —desesperada al hablar, diciendo de manera rápida su razón de ser la elegida para charlar. De la otra linea, unos segundos son de puro silencio, hasta que la risa de ella suena, pero esta vez mostrando optimismo.
La peli naranja está sentada en su cama, vistiendo un pijama de cuerpo completo con un diseño simple, y una variedad de kanjis y demás signos de su origen, en toda su vestimenta, pero todos con la relación de un deporte que Kendo realiza.
La joven tiene en su mano su celular en plena llamada con Kyoka, estando escrito el nombre de ella en la pantalla, mientras que debajo está el cronometro contando la duración de la llamada. Kendo sonríe al haber escuchado las recientes palabras de su amiga, sin poder contener una risa.
–Entiendo, no pasa nada. Y, ¿en qué quieres que te ayude? —la joven estudiante de la clase 1-B no deshace la sonrisa que tiene, acompañando tal gesto con una faceta optimista. Kendo observa su celular mientras desliza páginas y páginas de una red social, escuchando la llama en alta voz.
–No sé que hacer, intente hablar con él de tema hoy y lo evadió, diciendo que ya todo está olvidado y resuelto. ¿Qué hago para que me escuche? —del celular, la voz de Kyoka no es la misma, ya que el tono es bastante diferente. Kendo sigue observando el celular, viendo diferentes fotos y blogs de amigos y temas que ella le interesa. No responde de inmediato a la pregunta de su amiga, pensando en que decir yaconsejarle.
–¿Y si...?
Kyoka se levanta de su cama, sostenido su celular aún en su oreja. Sus labios se abren ligeramente, dejando expuesto unos de sus dientes. Sus párpados realizan la misma acción antes dicha, pero a diferencia que revela más de los alrededores de sus iris. La sorpresa es evidente para ella, considerando lo que lerecomienda Kendo.
