Nat-Marie: jejej, el drama, en dosis moderadas, tiende a ser bueno. Hay una discusión no muy lejos en el horizonte (probablemente). Si te dan gracia ahora imagina cuando empiecen a haber sentimientos *menea las cejas*
Gracias por leer y el comentario :)
Sara: Me alegro mucho! :)
KuraiTsukiYume: Me alegra que te guste, y lamento que este Harry no. No es mi intención hacerlo ver mal o convertirlo en una especie de villano. Eran niños y él se mandó (a falta de una mejor expresión) una cagada importante al no hablarle por meses (en especial al haber sido "tirados" a ese mundo nuevo), y siempre lo percibí como alguien un poco prejuicioso, así que solo quería mostrar cómo eso afecta su relación con Morgan. No es algo que haga con mala intención, él de verdad la quiere (es su hermana después de todo). Las escenas con Harry las iba a dejar para el próximo capítulo, pero decidí colocarlo en este para que se empiece a ver que no todo entre esos dos es malo.
Con respecto a Dumbledore, creo que la situación con Harry fue diferente, y la culpa de estar "criándolo para el matadero" lo llevó a ser un poco más indulgente. Además, Harry siempre tuvo más suerte; a Morgan le fue pésimo en su misión. Sin mencionar que todavía no existe Harry.
Lamento la biblia que te escribí, jeje. Gracias por leer y comentar :)
Capítulo 7: La cita de Lily
1° de Agosto, 1993.
Querida Morgan:
¡Feliz cumpleaños!
Espero que te guste mi obsequio, si no, prometo conseguirte algo mejor.
¿Cómo has amanecido? ¿Te sientes diferente?
Desearía estar ahí para darte un abrazo, pero tal vez podamos vernos antes de que comiencen las clases. La madre de Blaise oficiará una gala de beneficencia y se de buena fuente que incluso los Malfoy estarán ahí. ¿Ya te llegó la invitación?
¿Has sabido algo de Daphne? No me ha escrito en un par de semanas. Tal vez se está divirtiendo en Madrid, o tal vez se peleó con Astoria y acabaron matándose. Espero que sea lo primero.
Lamento que la carta sea corta, pero mi padre no puede verme enviándote algo. Lo he convencido de que nos odiamos.
Mis mejores deseos,
Theo.
Morgan sonrió. Theo era el chico más dulce que conocía, y no era justo que tuviera a ese monstruo como padre. Daphne le había contado en una ocasión que los malos tratos del señor Nott llevaron a la señora Nott al suicidio. Theo no hablaba mucho de su padre, pero en una ocasión Tracey y Morgan lo vieron bajarse la manga con rapidez, efectivamente ocultando un moretón.
Haciendo la nota a un lado, tomó la caja que la lechuza de los Nott (una criatura formidable y arrogante) había entregado.
Era una copia de Los cuentos de Beedle el Bardo, primera edición. A Morgan casi se le caen las calcetas.
Theo sabía que ella adoraba esas historias, y no podía ni imaginarse lo difícil que debió haber sido encontrar ese ejemplar.
Acercó el libro a su rostro e inhaló, una amplia sonrisa en su rostro.
El momento fue arruinado por Harry, quien entró en la habitación con pasos fuertes.
Morgan se levantó de la silla y le mostró el libro.
-¡Harry, mira! Es un regalo de Theo.
Harry intentó darle una sonrisa. De los amigos de su hermana, el chico Nott y Greengrass eran los que menos detestaba; pero aún así, intentaba no hacer muchos comentarios alrededor de su hermana. No era tan difícil, hasta que ella mencionaba a Malfoy.
-Que bien.
La sonrisa cayó de su rostro, y con sumo cuidado, depositó el libro sobre el escritorio, fuera del alcance de Hedwig.
-¿Qué pasa?- preguntó consternada, acercándose a su hermano.
Harry suspiró y se sentó al borde de su cama.
-Tengo malas noticias.- le dijo.
Morgan se llevó una mano al pecho. ¿Qué podría haber sucedido que tenía a Harry en tal estado?
-Tía Marge viene de visita.
El rostro de Morgan cayó al escuchar la noticia. Harry odiaba a la tía Marge, pero en cambio su hermana estaba aterrada de la mujer.
-Oye- se levantó y colocó sus manos sobre sus brazos. Morgan lo miró con pesar-. Tranquila. No voy a dejar que te moleste.
Morgan sabía que no sería capaz de mantener su promesa, pero intentó sonreír e hizo algo que no hacía seguido: besó su mejilla.
Morgan se miró en el espejo y decidió que se veía lo suficientemente bien. Llevaba un vestido rosa viejo que le llegaba a las rodillas, que solía pertenecer a tía Petunia. Más bien, el vestido la llevaba a ella. Había perdido peso durante el verano (la señora Weasley tendría un ataque cuando la viera) y el vestido colgaba de su figura de forma poco halagadora. Con un suspiro resignado, se colocó sus converse blancas y bajó las escaleras, habiendo escuchado el sonido de esta abriéndose.
Como era de esperar, el perro intentó atacarla apenas la vio. Morgan adoraba a todos los caninos, excepto a ese pulgoso.
Afortunadamente, tía Marge sostenía la correa con firmeza.
La ballena tiró su maleta contra el estómago de Harry, abrazó a Dudley y luego saludó a tía Petunia.
-¿Un té, Marge?-preguntó tío Vernon-.¿Y que tomará Ripper?
-Ripper sorberá el té que se me derrame del plato- respondió la mujer con su horrible voz, siguiendo a tía Petunia a la cocina.
De haberla escuchado, Daphne y Tracey habrían sufrido un paro cardíaco. ¿Qué clase de etiqueta era esa?
Morgan siguió a Harry hasta la habitación de invitados, tan despacio como era humanamente posible.
Morgan intentó mantener presente lo que Harry había dicho. Si se comportaban, tío Vernon les firmaría el permiso para Hogsmeade.
Su hermano le dio un apretón reconfortante a su mano antes de entrar en la cocina. Ripper le gruñó, pero no intentó atacarla, demasiado ocupado ensuciando el suelo perfecto de tía Petunia con té y baba.
Sin pronunciar palabra, los mellizos tomaron asiento a la mesa con movimientos idénticos. A veces hacían eso, se movían al mismo tiempo y de la misma manera, y a Ron le daba escalofríos.
-Con que todavía están por aquí, ¿eh?- bramó tía Marge, notando la presencia de los niños.
-Sí- respondió Harry.
-No digas sí en ese tono maleducado- gruñó tía Marge.-. Demasiado bien los tratan Vernon y Petunia teniéndolos aquí con ellos. Yo en su lugar no lo hubiera hecho. Si los hubiera encontrado a la puerta de mi casa los habría enviado directamente al orfanato.
Morgan intentó no temblar ante la mirada cruel de la mujer. Harry le mostró una sonrisa triste.
-¡No pongan esas caras!- rugió tía Marge-. Ya veo que no han mejorado desde la última vez que los ví. Esperaba que en el colegio les hubieran enseñado modales- tomó un sorbo de té, se limpió el bigote y preguntó-: ¿A dónde me has dicho que envías al chico, Vernon?
-Al colegio San Bruto- respondió tío Vernon-. Es una institución de primera categoría para casos desesperados.
-Bien. ¿Utilizan la vara en San Bruto, chico?
-Bueeeenooo…
Tío Vernon asentía detrás de tía Marge, desesperado. En cualquier otra ocasión, Morgan lo habría encontrado divertido, con sus diminutos ojos de puerco abiertos de verdad para varias, y la papada sacudiéndose.
-Sí; sin parar- respondió finalmente Harry.
-¿Qué hay de la chica?
-Va a la Academia Santa Agnes. Es una escuela solo para señoritas.
¿La que? ¿Para qué?
Tía Marge clavó sus ojos de cerdo en ella.
-Bien. ¿Qué hay de tu escuela, muchacha? ¿Usan la vara?
-S-sí, señora- respondió ella, tragando en seco- Las hermanas son muy...severas. También usan maíz.
Con el fin de ser dramática, señaló a sus rodillas raspadas. Se había caído en la calle dos días atrás, mientras ayudaba a Harry a cargar con las compras que tía Petunia les había encargado.
-Muy bien. -se volvió hacia Vernon-. Hiciste bien en enviarla a esa escuela. Las chicas son peores que los chicos. Así evitarás que se aparezca embarazada un día de estos y los cláve con otro mocoso como hizo la madre.-la miró de pies a cabeza- Con la forma en que se viste lo está pidiendo.
A su lado, Harry apretó las manos en puños.
-Solo tengo trece- respondió ella.
¿Qué estaba pidiendo? Su mente inocente todavía no comprendía el significado detrás de las palabras de la mujer.
-¡No me contestes, jovencita!
Ella pegó un salto sobre su asiento, y tío Vernon interrumpió.
-¿Has oído las noticias esta mañana, Marge? ¿Qué te parece lo de ese preso que ha escapado?
Harry no resistió, y la noche antes de que tía Marge se fuera explotó.
Fue durante la cena, tía Marge había tenido unas copas de más, y como de costumbre, se desquitó con los mellizos.
Comenzó criticando el atuendo "inapropiado" de Morgan. La pelirroja no entendía a qué se refería; llevaba una camisa celeste, un par de pantalones khaki y calzado a juego. También se quejó del horrible color y estado de su cabello, que llevaba en una cola de caballo, y una bandana azul oscuro (regalo de Tracey) que ayudaba a mantenerlo en su lugar.
Morgan intentó no moverse, como si eso fuera a ayudar a tía Marge a olvidarse de su presencia.
El recuerdo de la mujer pegándole en las manos con una gruesa vara de madera llena de espinas continuaba repitiendose en su mente. Uno de sus dedos, el anular, tenía una pequeña cicatriz como prueba.
Por debajo de la mesa, Harry tomó su mano.
Luego continuó con su hermano, hasta que finalmente cambió el tema a sus padres. Los mellizos se tensaron, e hicieron acopio de toda su paciencia.
Morgan se sentó ahí, en silencio, y se preguntó cómo tía Petunia podía dejar que esa horrible mujer hablara de esa forma de su hermana.
Morgan y Harry no tendían a estar de acuerdo, pero ella no permitiría que alguien hablara tan mal de él. Draco aprendió rápido, y solo se metía con Harry cuando su hermana no estaba cerca.
Tía Marge continuó despotricando contra sus padres, y sus ojos se llenaron de lágrimas. ¡Nada de lo que decía era cierto! Sus padres eran buenas personas; intentaron construir un mejor mundo para ellos y dieron sus vidas para que ellos pudieran vivir.
"-¿Morgan? Oh, Lily, mírala. Pobre señor Bigotes. Pero mírala. Es tan ador… ¿Qué es eso? ¡Es él! ¡Toma a Harry y corre!"
-No murieron en ningún accidente de coche- dijo Harry, levantándose de su asiento.
Morgan lo siguió, aferrándose a su brazo con manos temblorosas.
-¡Murieron en un accidente de coche, sucio embustero, y los dejaron para que fueran una carga para sus decentes y trabajadores tíos!- gritó tía Marge, con el rostro inflado- Niños insolentes, desagradecidos y…
Tía Marge se detuvo en seco. Lentamente, comenzó a hincharse. Su cabeza comenzó a aumentar de tamaño, y pronto sucedió lo mismo con el resto de su cuerpo.
Morgan observó, los ojos abiertos en terror, como tía Marge se inflaba como un globo. Sus botones reventaron, y uno de ellos pegó a Dudley en el ojo.
-¡Marge!-gritaron tío Vernon y tía Petunia, viendo como el cuerpo de la vieja arpía comenzaba a flotar. Ripper entró en a la sala ladrando.
-¡Nooooo!
Tío Vernon tomó a Marge por un pie e intentó bajarla, pero casi se fue con ella. Ripper saltó y hundió los dientes en el tobillo de tío Vernon.
Harry tomó la mano de Morgan y la jaló fuera del comedor, en dirección de la alacena debajo de las escaleras. La puerta se abrió, y los mellizos sacaron sus baúles. Los dejaron en la puerta y corrieron hasta su habitación. Morgan tomó el libro que Theo le había regalado y lo colocó de nuevo en su caja.
-Artemisa- llamó, y la gata salió de debajo de su cama y entró en su jaula. Olvidando los presentes de Blaise, Daphne, Draco, Hermione y Tracey, bajó las escaleras detrás de Harry.
Cuando llegaron al baúl, tío Vernon salía del comedor con la pernera del pantalón hecha jirones.
-¡Vengan aquí! ¡Regresen y arreglen lo que han hecho!
Ella no había hecho nada, pero no quería ni abrir la boca. De haber hecho algo a tía Marge, habría sido mucho peor que simplemente hincharla un poco.
Tío Vernon la tomó por el cuello de la camisa.
-¡Arréglalo, muchacha!-gritó en su rostro, rabioso.
Con brusquedad, Harry la tomó de la cintura y la alejó de tío Vernon, colocándola detrás de él y apuntando al hombre con su varita.
-Se lo merecía. Se merecía todo lo que le ha pasado. No te acerques.
Morgan abrió la puerta y tomó su baúl.
-Nos vamos- anunció Harry, tomando el suyo y la jaula de Hedwig- Ya hemos tenido bastante.
Se alejaron por la oscura calle, ignorando los gritos de furia de tío Vernon, y las luces de algunos vecinos, que se encendían a su paso.
Morgan siguió a Harry con paso torpe. No podía dejar de pensar en las cosas que tía Marge había dicho sobre sus padres. James y Lily siempre fueron un tema delicado para la bruja. En una ocasión, escuchó a Hermione usar el término "duelo prolongado", mientras hablaba con su hermano.
Para varios no lo parecía, pero era sencillo romperla. Solo había que decir algo en contra de sus padres y la chica se pondría a llorar o intentaría usar magia oscura en la persona que tuviera la osadía.
Harry se detuvo en la calle Magnolia y se dejó caer sobre un muro. Ella dejó la caja sobre el baúl, se sentó en el suelo y rodeó sus rodillas con sus brazos, dejando que los sollozos se apoderaran de su cuerpo. Desde su jaula, Artemisa maulló, estirando una delicada pata gris e intentando hacerla pasar entre las rejillas.
-¿Morgan?-llamó Harry, quien estaba revisando su baúl. Cuando la pelirroja se volvió hacia él, con su rostro mojado por las lágrimas oculto por la sombra, este preguntó:-¿No tendrás algo de dinero muggle?
Ligeramente desorientada, buscó en sus bolsillos y extendió un par de billetes y unas monedas en dirección de Harry, quien contó dos veces antes de suspirar.
-Esto no nos va a llevar a Londres.
Morgan se congeló, y luego comenzó a llorar con más fuerza. ¡Lo que faltaba! Era de noche y no tenían a donde ir.
-Mierda- escuchó a Harry mascullar. Su hermano se sentó a su lado y le pasó un brazo por los hombros-. Hey, no llores. Todo va a estar bien.
-Cállate.
-En serio. Voy a encontrar alguna forma.
-N-no quiero volver.
Harry le dio un suave apretón, sus ojos suaves.
-No volveremos, lo prometo. Al menos no hasta el próximo verano. Ahora respira hondo mientras busco algo.
Morgan asintió e intentó seguir las instrucciones de su hermano. Intentó no pensar en todas las formas terribles en las que podrían ser asesinados en esa calle desierta. Con la suerte que los mellizos tenían, Voldemort doblaría la esquina en cualquier momento.
-Lumos.
Morgan entrecerró los ojos ante la luz que salía de la varita de Harry.
-¿Que…?
Se detuvo a media pregunta. Volteó, y vio a un gran perro negro. Era bastante delgado pero intimidante, con sus brillantes ojos y dientes grandes.
Se paró de un salto, sonriendo, su pesar olvidado momentáneamente.
-¡Perrito!
Harry la tomó del brazo y la jaló hacia atrás. Ambos tropezaron con un baúl y cayeron.
6 de Diciembre, 1975
Morgan estaba considerando pegarse cinta alrededor de los ojos; tal vez de esa forma podría mantenerlos abiertos.
Era sábado y el primer partido de Quidditch tomaría lugar ese día. Era Ravenclaw contra Slytherin.
Su turno en Honeydukes comenzaba a las diez, por lo que no podría asistir al juego.
Se sentó junto a Lily en el comedor.
-Te ves horrible- le dijo, ojeando el periódico.
Morgan apenas se las arregló para gruñir en respuesta, y comenzó a servirse café. Merlín sabía cuánto lo necesitaba.
-Estaba pensando que podríamos almorzar juntas- sugirió la Gryffindor, creando una montaña de panceta en su plato con expresión codiciosa..
Morgan lo consideró.
-No me va a alcanzar el tiempo para volver.
-Me refería a que podríamos encontrarnos fuera de Honeydukes e ir a algún lado- se encogió de hombros-Podríamos tener un picnic.
-¿En invierno?
-O podríamos ir a las Tres Escobas.
Morgan tenía que admitir que era una idea agradable.
-Pero este fin de semana no está en el calendario.
Era cierto. La fecha más cercana para volver a Hogsmeade era a finales de enero.
Lily intentó restarle importancia.
-Conozco un pasadizo.
Morgan la miró con creciente interés.
-Lily Evans, ¿vas a romper las reglas?
-Yo no lo llamaría así.- se apresuró a responder.
Morgan sonrió.
-¿Cómo lo llamarías?
Lily intentó encontrar una respuesta, pero la llegada de Snape captó su atención. El chico cargaba con un par de libros (probablemente de pociones), y se veía tan enojado con el mundo como de costumbre. Se encaminó hacia la mesa de Slytherin sin darles siquiera una mirada.
Lily no apartó la vista de su periódico, pero Morgan podía ver cómo le temblaban las manos y no estaba segura de si iba a romper en llanto o si iba a alcanzar su varita y maldecirlo.
-¿Lils?
La susodicha suspiró lentamente.
-No se que le pasa-admitió- Se junta con Nott y Rosier, y dice cosas horribles de los hijos de muggle.
Morgan le dio unas palmaditas reconfortantes en el hombro.
-También se la pasa leyendo libros de artes oscuras. Siempre le interesaron, pero ahora comienza a preocuparme.- se volvió hacia ella-He intentado hablar con él pero ya no me escucha.
Morgan miró en dirección de Snape, quien les daba la espalda. Estaba inclinado sobre la mesa, cuchicheando con otros tres chicos. Morgan no recordaba sus nombres, pero los había visto con Rosier, atormentando a los de primer año en los pasillos. Estaba bastante segura de que uno de ellos era el padre de Daphne.
Tal vez debería hablar con Snape, por el bien de Lily.
-No me has dicho como sabes de ese pasadizo- dijo Morgan de repente, en un pequeño intento por distraer a su nueva amiga.
Lily dio vuelta a la hoja rápidamente, y le dio una rápida mirada de reojo.
-Eso no tiene relevancia.
Morgan alzó las cejas.
-¿Ah no?- tomó un largo sorbo de café, una pequeña sonrisa digna del mismo Salazar en sus labios-. Muy bien. Veamos que piensa McGonagall cuando sepa que una prefecta planea escabullirse por ahí.
Podía sentir los alarmados ojos de Lily en su rostro, y tuvo el descaro de exhibir su sonrisa.
-Bien- gruñó Lily, inclinándose para que los otros estudiantes no escucharan-. Vi a Potter y sus compinches salir meterse en el una vez.
-¿Y cómo sabes que va hasta Hogsmeade?
Con ojos entrecerrados y mandíbula apretada, respondió:
-Investigué.
-Te escabulliste. ¡Es un escándalo!
-Shh. Bien, lo hice, y te deja en el sótano de Honeydukes. ¿Feliz?
La profesora McGonagall pasó por su lado, camino a la mesa de los profesores. Asintió en dirección de sus dos mejores alumnas.
Cuando Morgan no abrió la boca, Lily respiró aliviada, y terminaron su desayuno en silencio.
Salieron del comedor tomadas del brazo, y fueron interceptadas por un chico de Ravenclaw en las puertas del castillo. Era de séptimo, y Morgan no podía recordar su nombre. Algo Aubrey.
-Hey, Lily.
-Bertram- le devolvió el saludo la pelirroja.
Morgan fingió toser para ocultar su risa.
-¿Puedo hablar contigo?- preguntó, ajustándose el gorro de lana, revelando una mata de cabello oscuro.
Morgan comenzó a alejarse, pero Lily jaló de su brazo.
-Claro. ¿Qué sucede?
El chico inhaló, como si estuviera reuniendo coraje.
-¿Tegustaríasalirconmigo?- escupió, tan rápido que Morgan tardó varios segundos en comprender.
Lily abrió los ojos de forma desmesurada, y un delicado rosa se esparció por sus mejillas.
-¿Cómo una cita?-preguntó, haciendo presión en el brazo de Morgan.
La Slytherin se mordió la lengua para no gritar. Lily tenía garras en lugar de uñas.
Bertram (Morgan casi ríe al recordar su nombre) asintió de manera casi tímida.
Potter venía saliendo del comedor, junto a Remus y Pettigrew. Se empujaban unos a otros y reían despreocupados. Al ver a Lily, se pasó una mano por el pelo y echó los hombros hacia atrás, sacando pecho.
Lily no pareció verlo.
-Me encantaría- sonrió a Bertram.
Morgan frunció los labios. ¿Hablaba en serio? El chico no era para nada feo, pero junto a Lily parecía Quasimodo.
Esperaba que no durara. Después de todo, no podía correr el riesgo de que Lily y James se enamoraran de personas diferentes y ella no naciera.
-Oh, lo enti…¿De verdad?- Aparentemente, ni el mismo Bertram podía creérselo, y Morgan enarcó una ceja de forma despectiva ante su entusiasmo. Ese chico no tenía orgullo- ¡Bien! ¿Te parece el próximo viernes?
Lily asintió con una sonrisa deslumbrante.
Potter salió del castillo con Remus y Pettigrew, pero se detuvo un momento para observar el intercambio.
Él y Morgan intercambiaron una mirada intranquila.
Morgan se dice a sí misma que no es justo. De seguro Lily debió haber salido con otras personas antes de James, y viceversa. Intentó decirse a sí misma que no importaba, que eventualmente, todo seguirá su curso natural. Mientras ayudaba al señor Harkiss a cerrar la tienda, decidió que le dará una oportunidad justa. ¿Quién era ella para negarle un poco de felicidad a la otra bruja?
Esa noche, Bertram se sentó frente a Lily durante la cena, y las resoluciones de la Slytherin se fueron por el caño.
Intentó unirse a la conversación, y aunque Lily actuaba con normalidad, Bertram se dedicaba a ignorarla. Notó que su presencia le molestaba, pero Morgan se rehusó a irse. Ella estaba allí primero, y no había necesidad de ser tan grosero.
Unos asientos a su derecha, Potter observa con tanto disimulo como es capaz de aparentar. Tenía el entrecejo fruncido, y los lentes a mitad del puente de su nariz. Le recordó a un anciano malhumorado.
-¿Por qué Black te mira así?
Morgan apartó la mirada del Gryffindor en favor de una idéntica a la suya. Lily le estaba hablando.
-¿Perdón?
-Black. Parece que quiere apuñalarte.
Morgan lo buscó con la mirada, y lo encontró en la mesa de Hufflepuff, con su brazo casualmente alrededor de los hombros de una chica de sexto. Lily tenía razón, le salían chispas por los ojos.
Ella sonrió y se rascó la nariz, y vio cómo los nudillos de Black se tornaron blancos.
-No importa- dijo ella, tomando una cucharada de sopa de tomate.
Lily estaba a punto de insistir, cuando Bertram volvió a interrumpir la conversación.
-¿Sabes? Mi familia tiene una granja.
Esa noche, durante detención, nadie dijo nada.
Morgan limpiaba con la espalda apoyada contra el escritorio del profesor, Potter sentado en su silla, Snape en el fondo del salón, y Black al frente.
Tiene la barbilla apoyada sobre la mano, y los ojos clavados en la pizarra, donde se puede ver una lista de ingredientes de una poción de segundo año.
Morgan bostezo, e intentó no pensar en que al día siguiente tenía que terminar su tarea de encantamientos, runas, y estudios muggles, y quedarse a cerrar Honeydukes.
Le dolían los brazos, pero continuó son ardua labor. A ese paso, tendría músculos pronto.
Sintiendo movimiento, levantó la mirada. Se congeló al ver a Black caminando en su dirección. No la miró, con la vista clavada en la lista de ingredientes. Detrás del escritorio, Potter tampoco se mueve.
Black se inclinó y tomó un caldero. Volvió a su asiento, en donde acomodó varios productos de limpieza. Se sentó ante el escritorio, y a Morgan le recordó a un niño al que se le pregunta algo demasiado avanzado para su nivel. Lee las etiquetas de los productos como si estuvieran escritas en un idioma completamente ajeno a él.
Morgan no abrió la boca para explicarle que tiene que usar guantes con ese producto, ya que puede quemar las manos. Tampoco lo hizo por Potter, y el muchacho no tardó en aprender por su cuenta. De seguro Black tampoco tendrá problemas.
Los minutos pasan y ella le da una mirada furtiva. Black restriega el interior del caldero con torpeza, y utilizando un trapo en lugar de una espátula para quitar los gruesos y duros pegotes. Tiene el rostro rojo, y por un momento se detiene para soplar en sus manos con una mueca.
Morgan suspiró.
-Los guantes son maravillosos, ¿a que no, Potter?
Casi puede ver la malévola sonrisa en el rostro del pelinegro.
-Sí lo son, Edevane.
18 de Diciembre, 1975
Con el entrecejo fruncido, claramente disgustada, Morgan le dio vueltas a la hoja de mandrágora.
La robó del despacho de Slughorn, y no esperaba que el hombre notara su ausencia.
Según el libro, tiene que colocar la hoja dentro de su boca y dejarla ahí hasta la siguiente mes. No puede tragarla ni sacarla en ningún momento, o tendrá que comenzar el proceso de nuevo. Si tiene éxito, tendrá que usar la hoja en una poción y atenderla todos los días hasta que haya una tormenta eléctrica. Cuando eso suceda podrá beber la poción y comenzar su entrenamiento, o acabar con la mitad del cuerpo de un animal para siempre.
Había leído sobre muchos magos y brujas cuyas experiencias habían sido desagradables, y la idea de acabar como uno de ellos no era muy apetecedora.
Sería mucho mejor hacerlo bajo la supervisión de un profesor, pero no quiere arriesgarse a que luego la persona equivocada averigue cual es su forma.
No tiene idea de cómo se las va a arreglar para pasar un mes con una hoja en la boca. ¿Cómo va a hablar, comer o incluso dormir?
Sabía que tenía que hacerlo de todas formas, por lo que sin detenerse a pensarlo, se metió la hoja en la boca. El amargo sabor hace que su rostro se contraiga en asco, pero se forzó a dejar la hoja ahí. Con dedos tentativos, la acomodó contra el interior de su mejilla lo mejor que pudo.
Un niño de primer año, de su misma casa, se acercó a ella justo cuando Remus tomó asiento al otro lado de la mesa.
El hombre lobo sonrió bondadosamente al ver al niño, pero éste temblaba de pies a cabeza.
Morgan se cruzó de brazos.
-¿Eres Morgana Edevane?- preguntó el niño.
Tenía el pelo rubio oscuro y ojos cafés, que no se atrevieron a cruzar los verdes de la bruja.
-¿'E 'ieres?- preguntó ella.
Remus la miró, claramente extrañado.
El niño le extendió una nota, cerrada con el sello de la escuela.
-Del profesor Dumbledore.- le dijo, dejando caer la mano rápidamente cuando ella la tomó.
Morgan rompió el sello bajo la mirada de su amigo. Antes de leer, volvió a levantar la mirada.
-¿'E eztaz ezperan'o? ¿U'a 'opina?
A pesar de su problema para formular palabras, el niño la comprendió y se alejó corriendo, en dirección de una mesa donde otros tres Slytherin parecían estar esperándolo.
Remus la miró con reproche, pero ella lo ignoró en favor de la nota. Recordaba su último encuentro con el profesor, y no pudo evitar preguntarse que quería.
"Señorita Edevane,
Entiendo que su horario se ha complicado en las últimas semanas, pero espero que sea lo suficientemente amable de entretener a un anciano con su presencia el 22, luego de la cena.
Atentamente,
Albus Dumbledore.
PD: ¿No te parece que el helado de limón es un deleite?"
N/A: Me disculpo por cualquier tipo de error que puedan encontrar, es que estoy algo cansada y ya me quiero dormir.
Gracias por leer y espero hayan disfrutado :)
