La reina de mis caprichos
Cuando llegué a los rosales de Anthony, Candy había vuelto a desaparecer. Supuse que habría encaminado a la zona de los portales, así que me dirigí hacia allí.
Mientras recorría los jardines, las palabras de George, volvían a mi mente.
"¿Qué más pruebas necesitas de que Granchester quedó atrás para ella?... "
Claro, eso era fácil de decir para él ¡Qué sabría! No era él el que había estado corriéndose dentro de ella cuando pronunció el nombre de Terry.
"... ella se muestra loca de alegría cada vez que vuelves de tus viajes..."
Debía reconocer que Candy siempre se mostraba más eufórica a mí regreso, incluso más que cuando compartíamos apartamento. Aun así, ella era de naturaleza alegre, también cuando descubrió que en realidad era el tío abuelo William. No tenía por qué ser lo que todos se empeñaban en creer... pero, ¿Incluso la tía abuela lo creía? Ella también me había comentado algo que me impactó.
"Sí, pero si quien ella considera no es capaz de decidirse de una buena vez, pues..."
¡Ah! ¡Cansinos! Todo les parecía tan fácil. Pero yo sabía la verdad. Era yo quien siempre había permanecido reconfortándola cuando ella había sufrido por Terry. La había animado a visitarlo a New York, por dentro muriendo de ganas de que ella no se fuera o regresara pronto, aún sin saber exactamente la razón. Podría ser porque me sentía solo, perdido y no recordaba absolutamente nada de mi vida anterior.
Hubiera sido totalmente injusto para ellos que hubiera manifestado ningún tipo de interés hacía ella porque, además, ni siquiera estaba seguro de eso. Ella era una muchacha preciosa, cariñosa, alegre y entregada a ayudar siempre a los demás ¿Estaba realmente enamorado de ella? ¿O simplemente era gratitud, por ser la única persona que no me había tratado como un apestado o un criminal? ¿Y ella qué? ¿Era posible que sintiera por mí algo más que un afecto fraternal y un gran agradecimiento, por saberme a su lado todos estos años? Eso era también presuponer demasiado, según mi perspectiva.
"Si ella tiene confirmación de cuando llegas, le falta tiempo para venir, tanto sea aquí o en Lakewood...
Si eso no te dice nada..."
La verdad era que, con todo el estrés de las obligaciones como patriarca, no me había percatado de eso. Pero Candy nunca había sido una persona rutinaria. Ella era, de veras, una mujer extraordinaria, inquieta y atrevida, que se forjaba a sí misma. Era casi imposible imaginármela permaneciendo por largo tiempo en un mismo lugar... Siempre buscando nuevas experiencias, allí donde pudiera resultar de utilidad. En ese aspecto, me recordaba tanto a mí mismo a su edad, cuando me escapé del yugo familiar para poder estudiar medicina y veterinaria, al acabar la monserga de empresariales.
"Bueno, no sé que le hayas escrito en vuestra continua correspondencia, pero es obvio que nada lo suficiente explícito... "
... ¿Lo suficiente explícito?
"Me hubiera gustado hacerlo en el lugar donde nos vimos por primera vez, en la colina de Pony.
De esa forma, creía que volverías a verme como al joven que una vez fui.
Querida Candy, lo entendiste todo enseguida.
Me bastó con ver tus ojos llenos de lágrimas para saber que lo veías todo con claridad de una vez por todas."
Había de presuponer que, si aquellas letras no le habían resultado lo suficientemente explícitas a Candy, bien podría ser que ella también tuviera sus dudas respecto al modo de enfocar nuestra renovada relación, que no quisiera darse por enterada pero sí deseara conservar nuestra amistad, al igual que yo.
"Mi intención era quedarme a tu lado para explicártelo con calma, pero nos interrumpieron."
Pero ninguno de nosotros dos había vuelto a sacar el tema durante este último medio año. Yo esperaba que ella me preguntara sobre lo insinuado en mi carta. Pero, cuando nos reencontrábamos, solo hacía referencia a las posteriores. Jamás me preguntó "de qué quería hablarle con calma". Ni me confirmó lo "qué realmente había comprendido ella de toda mi calculada revelación" ¿De qué otra forma interpretarlo entonces, más que como su aún, comprometido, amor hacia Terry? O simplemente desinterés hacia mí, en todo lo que no fuera como simple amigo y protector.
"Cualquiera que sea el motivo de la melancolía de Candice,
esta desaparece apenas te ve o cuando está contigo..."
Pero aquello siempre había sido así entre nosotros. Candy siempre parecía feliz a mi lado. Bueno, no siempre... No cuando sufría por Terry. Era por él que ella bebía los vientos y salía apresurada en su búsqueda, arrasando todo cuanto a su paso tropezara. No existían ni barreras ni distancia suficiente cuando de él se trataba ¿Acaso Candy se mostraba así conmigo para que todos llegaran a creer que ella podría llegar a sentir algo mínimamente similar? Yo estaba convencido de que no.
"¿Cuánto tiempo ha pasado desde Rockstown?
Y aún no le has dicho nada,
¿Qué más pruebas necesitas de que Granchester quedó atrás para ella?...
¿Qué más pruebas..? "
Sin darme cuenta, mi paso se había ido frenando perdido en mis pensamientos ¡Nah! Todo aquello no eran más que meras conjeturas sin fundamento. Candy, seguramente, había salido apresurada por la vergüenza de haber sido descubierta, escuchando tras la puerta. Lo que debía hacer era averiguar si había alcanzado a escuchar algo sobre Stear.
Tal como sospeché, allí estaba ella, sentada frente a la averiada barca-cisne de Stear. Pero lo que me sorprendió fue su postura. No podía ver su cara, la mantenía escondida entre sus rodillas, mientras se las abrazaba, y parecía... parecía ¿Estar temblando? Sentí una aguda punzada en el pecho ¿Qué estaba pasando? ¿Era posible que... ?
- ¿Candy? -susurré, no quería sobresaltarla-. ¿Qué te pasa? ¿Te encuentras bien?... -Poco a poco, fue levantando la cabeza pero mirando hacia el lado opuesto, por lo que solo podía ver su rizada y sedosa cabellera... ¡Oh no! ¿Por qué no conseguía evitar aquellas estúpidas fantasías? Con tan solo imaginar mis dedos enredados en sus mechones...
El sol realzaba su delicada figura, como una sílfide contra los destellos del agua. El olor y la textura de la hierba a sus pies, provocaron preguntarme cómo sería volverla a sentir, tendida bajo mí, jadeando y rozando nuestros sudorosos cuerpos desnudos, gozando del fresco contraste con la exuberante naturaleza que nos rodeaba ¡Maldición! otra vez empezaba a notar como crecía la inoportuna erección. Ese no era precisamente el momento más adecuado.
¿Qué diablos me pasaba? Que yo recordara, no me sucedía algo así desde que era un adolescente, cuando la visión de cualquier chica tendida sobre el prado me alborotaba hasta el extremo ¡Albert! ¡Céntrate! Stear, piensa en Stear... piensa, piensa, no sientas, ... Piensa, piensa, es Candy, solo es Candy... sí Candy, la misma Candy que se había contorneado de placer, derritiéndose en mí boca... ¡Aaarrhl! ¿Y si daba media vuelta? ¡No, tenía que averiguar qué era lo que ella sabía! Tan solo tenía que lograr no lanzarme sobre ella. Fácil proponérselo, cumplirlo ya...
- Candy... -Me sentí extrañamente ronco. Gracias al susurro anterior, el contraste no debía resultar tan evidente. Eso me dije, para poder tranquilizarme un poco, tomando asiento a su lado. Al menos si mi polla continuaba tiesa podría disimularla entre mis piernas. Mientras no me pidiera que me levantara...-. Candy, has escuchado la conversación con George ¿Verdad? ¿Puedo preguntarte desde cuando? ¿Qué es lo que has oído? -Puse mi mano en su hombro, intentando demostrarle que no la estaba retando, que no estaba enojado por eso. Inmediatamente y por primera vez desde que nos conocíamos, su cuerpo se tensó bajo mi tacto... aquello me alarmó ¿Qué le pasaba?-. ¿Candy, estás bien? No pasa nada. No te estoy retando... ¡Aún no soy tan maniático como la tía! -intenté bromear.
- No, no es eso... Yo... -Su voz era entrecortada y seguía mirando hacia el otro lado-. Yo lo siento... no debí... yo -Suspiró pesadamente-. Es solo... No me hagas caso, soy una tonta... Ya se me pasará -Extrañado me pareció que se tocaba la nariz ¿Estaba llorando realmente? Si por lo menos me mirara.
- Candy mírame, ¿Qué es lo que has oído? ¿Por qué estás así? -Sin acabar de comprenderlo, empecé a notar como mi corazón empezaba a desbocarse, envuelto en una contrariedad de emociones que me atemorizaban; miedo, culpa, esperanza, ilusión, inseguridad, deseo... Ella seguía sin contestar- Candy ¿Qué has oído? -¿Podía ser que estuviera así por descubrir que aún no habíamos dado por perdido a Stear? ¿O se trataba de...?
- Oh... nada... yo... que George... la absurda idea de que tú... pudierasestarenamoradodemí... -acabó de decir susurrando de carrerilla, aspirando como si moqueara, tapándose el rostro con ambas manos y volviéndose aún más de espaldas a mí ¿Eso la había puesto en este estado? Me quedé petrificado.
No sabía cómo sentirme al respecto ¿Ella sentía algo más por mí o le avergonzaba el hecho de que los demás pudieran pensar algo así de nosotros? Y si era lo primero ¿Estaban ellos en lo cierto y yo era capaz de corresponderla o solo se trataba de deseo y cariño? ¿Podría ofrecerle algo como mí pareja? ¿Qué había de ese miedo persistente a las lagunas que aún se daban en mi memoria? ¿Y por qué últimamente no dejaba de pensar en ese nombre, en la Srta. Crawford? ¿Quién era ella y por qué no lograba recordarla? Sentía que precisaba recordar del todo, si de veras quería plantearme mantener una relación estable con alguien. Pero por más que lo intentara, aquel nombre... y ahora Candy.
- ¿Te avergüenza que alguien pueda pensar eso de nosotros? -decidí preguntar finalmente.
- No... Yo... es igual... es una tontería... No me hagas caso -Entonces ¡Ellos tenían razón! ¡Candy sentía algo más por mí!
- Candy, mírame por favor.
- No.
- Candy, por favor, deja de darme la espalda.
- ¡No quiero! -No pude evitar reír ligeramente, todo aquello me parecía absurdo.
- ¡Venga! No seas niña, mira...
- ¡Ya no soy una niña! ¡Soy una mujer! -me sorprendió exaltada, girándose al fin, mostrándome una enrojecida mirada que se me ofreció resentida, dolida y avergonzada cuando la bajó al suelo.
- Candy... -susurré y, por un momento, el pánico a que ella hubiera recordado aquella noche me invadió. No pude decir nada. No sabía que decir para no empeorarlo todo. Tras unos breves momentos de tensión, volvió a relajarse y empezó a hablar lentamente.
- Perdóname Albert, siento haberte gritado... Yo, me da mucha vergüenza... Me siento como una tonta... -Agitó su cabeza como si intentara buscar el mejor lugar para enfocar su mirada sin lograrlo- Yo, quizás sea tan ridícula como las ideas de George, ... Pero, ... No sé, quizás, después de todo lo que hemos pasado juntos, ... Quizás, he acabado confundiendo las cosas, ... Y me había hecho ilusiones... interpretando cosas que no son, en tus cartas... o no sé... ¡Oh dios! ¡Qué estúpida! ¡Qué estúpida! ¿Cómo ibas a verme de otro modo? Al fin y al cabo soy tu hija adoptiva ... -Recuperó el valor para volverme a mirar y sonreírme, tan apaciblemente como le era posible ¡Me amaba! ¡De algún modo Candy me amaba!
- Ven, acércate -Ella accedió dudosa, permitiéndome que la abrazara ligeramente, mientras apoyaba mi frente en la suya. Necesitaba pensar. Todo aquello estaba dando un giro bastante acelerado y un tanto inesperado para mí... Me mentiría a mí mismo si me dijera que no había fantaseado con esta posibilidad. Pero tal como le confesara a tía Elroy, era cierto que seguía sin estar seguro de mi propia estabilidad y sentimientos hacia Candy.
¿Y si un día descubría que la recurrente Srta. Crawford era alguien realmente decisivo para mí? Sin embargo, ella no había sido la primera persona que recordé al recuperar mi memoria, había sido Candy. Incluso en los recuerdos dispersos anteriores, eran recuerdos parciales de Candy los que iba recuperando poco a poco. Pero entonces ¿Por qué aquella insistencia tardía? Aun así ¿Merecía la pena no vivir por la sombra de un fantasma? ¿Y si al final nunca la recordaba o no tenía la importancia que le otorgaba?
Sin darme cuenta, había empezado a acariciar, instintivamente, uno de los hombros de Candy y finalmente subí mi mano para tomar su rostro. Levanté la mirada para chocar con la suya. Aún estábamos con las frentes juntas y sentí un deseo irrefrenable de besarla. Mi propia respiración se entrecortaba y volvía a recuperar la incómoda calentura al tenerla tan cerca.
Ya no había vuelta atrás, debía decidirme ya y, a partir de ese momento, actuar en consecuencia; separarme y evitar completamente el contacto con Candy o formalizar un compromiso con ella. Ahora era yo quien hacía sufrir a Candy. Eso era lo último que deseaba ¿Pero de veras me sentía capaz de alejarme de ella de forma indefinida por su propia seguridad? No.
- Candy, aquí, el único tonto he sido yo -susurré acariciando su nariz con la mía para evitar lanzarme a devorar su boca.
- ¿Qué?
- Qué no habías interpretado mal. Soy yo el que no ha dejado de negarlo durante todo este tiempo.
- ¿Qué? ¿Por qué?
- Porque creía que aún amabas a Terry y que solo me veías como un hermano, un buen amigo o un protector -Apenas podía contenerme y no pude evitar rozar mis labios por sus mejillas ¡Dios! ¡Cómo deseaba volver a follarla! Me dolía el todo el cuerpo de solo pensarlo y el pantalón no dejaba de apretarme.
- Pero si lo nuestro terminó y hace mucho tiempo que no sé de él más que por los diarios Albert -Suspiró, acariciando con su cálido aliento mi cuello. Un escalofrío recorrió por entero mi espalda. Las palabras de tía Elroy volvieron a asaltarme.
"... Entonces eres peor de lo que llegué a creer en esa noche.
...
Si de verdad es así como lo sientes, ten la decencia de apartarte de ella..."
"¿Decencia?" Desde aquella noche, en que me la apalancara en la salita del mirador, lo que menos sentía hacía Candy eran pensamientos decentes...
- Candy ¿Quieres ser mi prometida? -Rogué para que me dijera que sí y así poder liberar un poco de la tensión acumulada, desfogándome en su boca.
- ¡Albert! ¿Lo dices en serio?
- Sí -"Di que sí o voy a reventar".
- ¡Oh Albert! ¡Sí!... ¡Claro que quiero! -De inmediato, se lanzó eufórica a mi cuello, aplastando, inconsciente, sus turgentes pechos contra el mío, exaltándome aún más. Escuché a Candy llorar de nuevo, pero esta vez supuse que era de ilusión. La aparté suavemente para poder verla a la cara. Ella me sonreía sonrojada, enjuagando sus lágrimas con la muñeca- Debo estar horrenda, con los ojos rojos... Me siento tan tonta y feliz a la vez -No pude evitar reír con ella.
- ¡Para nada estás horrenda! Con esa sonrisa tuya, te ves más preciosa que nunca -la animé apartando un mechón rebelde que se apostaba contra su mejilla-. No me cansaré de decírtelo. Sonriendo estás más bonita -Era cierto y cada vez me costaba más contener mi deseo de besarla pero tampoco quería asustarla.
Sabía por propia experiencia que, una cosa era la desinhibición de cuando se ha bebido, y otra, cuando uno estaba plenamente lúcido. Mi instinto y el sonrojo de Candy me decían que ella tampoco tenía demasiada experiencia ¿Se habría besado con Terry? Aunque me explicara muchas cosas de ellos, nunca habíamos hablado de aquellos temas más íntimos. A pesar de disponer de su diario, jamás me pareció ético leerlo.
Reí inconscientemente. Cualquiera que pudiera oír mis pensamientos podría pensar que era un hipócrita, después de lo sucedido la noche de la inauguración. Pero leer un libro precisaba de mayor premeditación que abandonarse a los instintos. Nunca lo haría. Su contenido solo pertenecía a Candy.
- Candy me gustaría besarte, ¿Puedo? -Volvió a ruborizarse. Graciosamente tímida, cerró los ojos acercando su cara, dejando que yo rozara nuestros labios, ...en teoría por primera vez. Eran más suaves y cálidos de lo que yo recordaba. Eran deliciosos y esta vez sí, podía estar seguro, eran solo para mí. Notaba como me endurecía aún más por momentos y evité profundizar, inseguro de poder refrenarme, si no me detenía ya-. Deberíamos ir a hablar con la tía para darle la noticia -Respiré profundo para serenarme. Me sentía aturdido, embriagado. Ver a la tía, era lo último que me apetecía pero, en ese momento, se me hacía lo más sensato.
- ¿Qué? -se alarmó de pronto-. Pero, ... Pero ella, ella no va a estar conforme. Ella no me soporta. Se va a poner hecha una fiera.
- ¡Shhh!, tranquila, la tía no se va a poner de ningún modo. Y no es cierto que no te soporte. Menos, desde que todo quedó aclarado con la confesión de los Leagan -Procuré tranquilizarla, acariciando su rostro.
- ¿Tú crees? Pues yo creo que sigue igual. Sigue retándome constantemente y su mirada siempre es muy fría conmigo. Albert, no puedes pretender que alguien cambie su opinión de la noche a la mañana -"Si tú supieras...", pensé... ¡No! mejor que no lo supiera nunca, porque entonces sí que dudaba que Candy fuera capaz de perdonarme. Ni siquiera yo lo hacía, pero tampoco era capaz de arrepentirme. Aunque sí estaba convencido de que la tía Elroy no odiaba a Candy hasta el extremo que ella creía.
- Dale tiempo. Ella es solo una mujer de su generación pero para mí fue casi como una madre, tras la muerte de Rosemary, y estoy seguro de que comprenderá -Ayudé a Candy a levantarse y ambos nos dirigimos hacia la mansión.
Al llegar al recibidor, me sorprendió el reflejo que nos devolvió uno de los espejos ¿Ese era yo? No me extrañaba entonces que todos pensaran que estaba perdidamente enamorado de Candy, si cuando estaba con ella iba con esa sonrisa de bobalicón.
Continuará...
Pg. 370 - CCFS - Carta de Albert para Candy.
