Pasado insano.

Consecuencias engarzadas rodean la mente de un joven de cabellos verdes, generando temores, disgustos y traumas a causa de la avaricia de su madre. Restricciones auto aplicadas por la misma mente del joven, a lo largo de su vida, sociables en su mayoría. La avaricia no solo generó tales malestares en él, también le arrebató la inocencia y provocó que su niñez esté en entorno del trabajo sexual de Inko.

La mujer nombrada, este presente en el momento presente, delante del joven con la cadena engarzada generada por los pecados de su madre. Inko da un paso, saliendo del interior de la casa a la entrada de la misma. Las plantas escasas del sitio, en su mayoría yerbas invasoras, sienten como el aire que ellos purifican, vuelven a un estado impuro por la tensión que hay entre la mujer y el joven.

–¿Izuku? ¿Eres tú? —sin certeza de que esta delante de su hijo, la mujer da otro paso, saliendo por completo del hogar. En sus pies, no hay nada que cuide la piel de la acera, cubierta de una placa de tierra. Izuku mira a la mujer que una vez lo tuvo en su vientre, esquivando la pregunta de ella, sin tener en claro cómo responder—. Hijo, hace tiempo esperaba que me visitaras, ven entremos a nuestra casa...

–No es mi casa —las palabras de Inko salieron de su boca sin pensar, por la embriagadora presencia de Izuku, y la aparente oportunidad tan esperada de poder tener una mejor relación—. Para mi es el último sitio que entraría, pero... —en silencio reflexiona en entregar una razón que saque el semblante animado de Inko. Produce tanto malestar y disgusto al joven—. Entremos. No digas nada.

Ignorando los persistentes ojos esmeraldas de la mujer, Izuku prefiere no ver por más tiempo lo que le fue heredado. Verdosos a tonos claros que reflejan la luz que le es otorgada, son iguales a los que Inko tiene. Junto a ello, la mirada que le da, desvanece sus recuerdos encerrados al olvido, reviviendo los momentos más monstruosos que ha vivido.

Pinturas impregnada en las paredes de concreto de color grisáceo a tonos claros, teniendo un atractivo a las decoraciones y propiedades que están en su interior. Diferente, irreconocible y completamente rodeado de otra aura incompatible a los recuerdos que tiene Izuku.

«Esto... ¿Esto era mi casa? Es completamente diferente» mirando el alrededor de él, analizando todo su entorno que lo golpea con una diferencia grande. Las paredes, son los únicos esqueletos de sus recuerdos, sintiendo aún como era los momentos que él doblada por las esquinas, se escondía en los muros que se sentían tan colosales, cuando caminaba con heridas y criticas a los oídos de la luna que nunca lo consoló. Y la última vez que paso en los pilares de la casa. Exhausto del trato y egoísmo de su madre, se marchó de la vivienda sin querer volver a sentir el frío y húmeda oscuridad de las noches en su cuarto desagradable.

–Hijo, ¿estás bien? —confusión es lo que invade el rostro de la persona que saca del transe doloroso a Izuku. Nadiemás que Inko es testigo de la indiferencia que su hijo responde su pregunta. Él sigue entrando, dejando atrás a Inko cuando doblar en una esquina.

La memoria si no le falla, el camino que elige lo debe de llevar al cuarto donde él y su madre compartían comidas. Tal cual, los recursofijados en su mente siguen vigentes en la casa de los Midoriya. Escanea las paredes y lo que resguarda en la área de ella. Igual que la primera impresión al introducirse en la casa de sus viejos recuerdos, la misma atmósfera singular totalmente diferente a como era en su niñez lo deja aturdido, buscando lógica a la situación.

Ejem —clavando el sonido forzado en los oídos de Izuku, este observa atrás suyo para reconocer que a sido el origen del ruido. Inko retrocede en un paso incompleto hacia atrás, temerosa del giro que su hijo realiza. Los ojos de él observan por un instante a los semejantes que ella posee—. ¿Hablamos en la cocina?

La timidez de sus cuerdas vocales al soltarse para acariciar el aire, hasta llegar suavemente hasta las orejas del joven que responde con indiferencia a sus palabras de apariencia amable. Izuku se sienta en una de las dos sillas que hay, acomodando sus antebrazos al ponerlos encima de la mesa de poca magnitud, ocupando poco espacio.

Un ruido molesto lastima los oídos de Izuku, al igual que los de la culpable de tal daño. Accidentalmente golpea una de las patas de su silla, raspando el suelo con superficie de madera

–Lo siento —el silencio vuelve a responder las palabras de Inko. La mujer observa a los ojos de su hijo, recordando algunas vivencias del pasado, excluyendo todo lo malo hasta que le es inevitable no pensar. Las aguas turbia sus pecados matan el momento de felicidad interna de ella.

–Vine para solo una cosa... —las concentradas pupilas oscuras de Izuku miran al rostro lleno de incertidumbre sobre el motivo de su visita. Aunque sea programada, es totalmente inesperada su presencia—. Hablemos —inclinando su cuerpo hacia delante, flexionando sus brazos hacia dentro de él, el rostro de su madre confusa le da la sensación que debe de explicar algo que es bastante directo.

–¿De qué? —Inko deja de estar ciega por la confusión, mirando en un malintento de faceta neutra.

–¿Llegas a fin de mes con el suelo de tu trabajo? —recostando su espalda en el respaldo de la silla, mantiene lapunzante mirada hacia Inko. Esta madre, da un espasmo casi irreconocible al ser tan leve. Causado por la pregunta.

–Yo ya no trabajo en eso —en un intento de ocultándose entre sus hombros, sus ojos se rinden en la batalla de miradas, obteniendo como daño de su derrota, un lagrimeo en los alrededores bajos de los párpado que se expande llegar a la orilla, y terminar cayendo. Inko se limpia de manera rápida, queriendo que él no se de cuenta. Pero no es así para desgracia de ella.

–¿Ya no trabajas ahí? Lo perra que eres, ese trabajo te satisfacía bastante —la ofensa de Izuku es de completo intensión, cambiando su tono a uno burlesco en ella—. No has respondido mi respuesta.

Renueva la forma en su último diálogo, retomando la seriedad de su habla. El daño del insulto de Izuku, desencadena la tormenta de malas decisiones delpasado, degradando el optimismo hasta puntos que arruina la felicidad de Inko. Las lágrimas se ausentan en esta ocasión, afectando el estado de ánimo de ella.

–Sí, llegaba a fin de mes, ¿por qué la pregunta? —las dañadas orbitas verdes de Inko vuelve a encontrase con los de su hijo, siguiendo resplandeciente por los líquidos liberados por sus emociones.

–Si era así, —el joven de ojos verdes se levanta de la silla, recorriendo el corto obstáculo que es la mesa, para estar delante de Inko— ¿por qué hiciste todo esa estupidez? —la pregunta que Izuku le dirige a su madre, no es captado por ella al estar un poco aturdida a causa del golpe que Izuku le da a la mesa—. Estoy hablando sobre tu pequeño negocio.

Las palabras enredan las cuerdas de la mujer que está siendo inculpada por su hijo, evitando la comodidad y la función de poder hablar. El cuello de Inko está inclinado hacia arriba, mirando la sombreada cara de Izuku encima ella.

–Yo... —letras junto a silabas que no forman ninguna palabra, rozando solo lo entendible, intentan responder a la duda de Izuku. Traga la saliva excesiva, intentado que el nudo se afloje para la expulsión de palabras firmes—. Lo hice para... para que puedas ir a la escuela.

–¿El nivel básico cobra tanto y tiene que recibir pagos semanalmente? No me mientas con algo tan estúpido —otro temblor mueve de manera violenta la mesa. El golpe que Izuku nuevamente le propina al mueble, el cuerpo de Inko reacciona de misma manera a la mesa—. Todas las cosas que me hiciste, —flexiona sus codos, encogiendo la distancia de su madre, acercando su rostro rápidamente al de Inko—. ¿Recuerdas lo que me hiciste? —el corto rendimiento que tienen los ojos de la mujer ante la tensión, hace que baje nuevamente su mentón con vergüenza. El silencio rodea los labios de Inko—. Vamos, dímelo. ¿Te refrescó la memoria, o quieres recapitular lo que paso en tu negocio de gran ganancia?

Las manos de Inko bajan, donde antes estaban encima de la mesa, ahora están apretando con fuerza los bordes de su asiento. Las mejillas de Inko se tornan rojas, sin ninguna expresión de vergüenza, mostrando solamente enojo en las palabras de Izuku, no solo por estar cada vez menos controlada por la actitud de él tan mal, también por ser forzada a recordar cada vez más el pasado. La actitud que Izuku se comporta con ella está justificado, sabe el motivo y todo el trasfondo, pero aún así no puede acertar con la serena faceta que demuestra.

–¿Negligencia, abuso, maltrato o uso como un bien propio egoísta? Dime, ¿cómo llamas lo que sufrí en tu proyecto? —recuperando la postura recta, camina hasta estar detrás de Inko.Sigue su mirada en su madre. Cuando por fin esta en la posición actual, dando un ataque poco discreto a traición. La voz sigue encarcelada entre los nudos que siguen en incremento numérico—. Las cuatros definiciones diría un juez, o esa es mi opinión. Después de todo, si piensas, es lo que hiciste...

Al nombrar la ley delante de la mujer, hace que un frío aterrador suba desde su espalda baja hasta la parte superior del cuerpo. Pensar en qué sus acciones sean declaradas delante de un juez que si tenga conocimiento, pruebas y el testigo que también es la víctima del caso colabore, su destino y los siguientes años seguramente vivirá en un cuarto de dimensiones estrechas.

–Entregaste el cuerpo de tu pequeño hijos a pederastas, —Izuku acerca el veneno que sale de sus labios al oído de Inko aterrorizada por la violencia implicada en el empujón de su asiento. La mujer tensa por completo los hombros e incluso su cuello a causa del temor. Izuku sigue agarrando las partes superiores del respaldo— a costo de solo unos pocos yenes, ¡incluso te dejabas cojer cuando me abusabas! ¿Eso cómo lo tomaría un jurado? Es obvio que no te dejaran libre —empuja disgustado y enfadado el mueble que esta sentada Inko, retrocediendo al decir la verdad sobre la insana infancia que tuvo Izuku. Pero, eso no es todo.

La confesión empeora más el nudo en el cuello que Inko posee, siendo lo único que sale de sus cuerdas vocales son sollozos acompañados de lágrimas arrepentidas. Hizo aún cosas peores a lasobligaciones que impuso a Izuku de niño. Por dinero, por lujuria, por avaricia o incluso por pereza, pero ella sin importar la razón está arrepentida y es atormentada por lo que hizo.

–Hasta el día de hoy no entiendo porque lo hiciste, porque obligar a tu hijo de solo unos años tenga sexo con clientes que tú tenias en el burdel, porque hiciste la casa en un burdel con solo una cliente pero, cuidado, ¡con solo un pago extra dejas que unos depravados puedan penetrar al hijo de la prostituta! —gritando extasiado de la ira que reprimió por años, expulsa las palabras que ansiaba un día gritarle al oído a Inko con la furia que quema su garganta.

Las paredes presencian el aturdimiento que provoca los llantos de lamento sueltos por la mujer. Lastimando con mayor profundidad el grito que Izuku suelta, perforando la conciencia con la verdad ocultada por Inko. Hirviendo de ira, Izuku suelta un insulta al aire pero con referencia a su madre.

–Eres tan codiciosa que no solo me vendiste por dinero, también intentaste tirarte al casero.

–¡Yo nunca hice eso!

–No me mientas, ¡sé que querías hacerlo para que te bajara el precio del alquiler! —elhistérico intentó para aclarar una confusión que su hijo cree que es cierta, pierde su impacto de certeza al ver la respuesta que Izuku entrega, al igual que con la reacción brusca de él.

El silencio invade por completo hasta el momento que Inko vuelve a hablar a un volumen bastante bajo, como so fuese un susurro favorecido por un silencio que deja en claro lo que quiere decir.

–Fue hace años eso —como un potenciador, el diálogo de Inko impulsan a que su hijo esté nuevamente en cólera. Izuku destaca un mensaje en las palabras de su madre que lo enfada, un mensaje que de verdad no tolera.

–Los años no pueden reparar o borrar los errores de alguien, así que no intentes buscar excusas en esa tontería de que el pasado pisado —rodea la mesa a paso rápido, maltratando al mueble con otro golpe a la misma, resurgiendo el alarmante sonido.

No se atreve a voltear su rostro, sintiéndose menos mal al no mirar los ojos idénticos a los suyos, ahorrando el momento de miseriasi Izuku viese su rostro lleno de lágrimas que retoman la expulsión de su cuerpo. Despreciable, cobarde y sinvergüenza, es la nueva cara que ve a su madre después de la conversación, aquel temor que siempre ocultó, teniendo la paranoia que volvería a sufrir lo que sufrió en las vivencias que compartió con Inko, pero no, obtiene un momento para confesar sus pensamientos guardados.

No hace más que suspirar antes de caminar hacia el umbral del comedor, sin decir alguna palabra o dar otra mirada hacia atrás. Inko levanta su mirada humedecida por sus lágrimas, sin entender lo que Izuku hace. Lo detiene con su voz dudosa.

–Espera, ¿por qué te estas yendo?

–Ya no tenemos nada de que hablar —la manera en que le responde a Inko es obvia de que actitud tiene, aunque su rostro no esté visible al darle la espalda a su madre. Sigue caminando, restando la importancia de los ruidos a su espaldas, obvios sobre el seguimiento que Inko realiza atrás de él. Llegando a la puerta, agarra la manija, abriendo hasta una visible separación de esta al umbral. Una obstrucción evita que pueda abrir aún más, aunque no sea tan fuerte o dificultosa al librarse, él quiere saber a que lleva la situación.

–Por favor, puedo prepararte algo y seguir hablando, tenemos muchas cosas aún para hablar —el intento de una excusa apetecible y funcionable no esta al alcance de sus palabras rebuscadas. Sin conseguir con éxito el propósito de su diálogo, lo único que logra obtener es un jalo fiero de parte de Izuku. La puerta deja de ser un obstáculo para salir al mundo exterior, ajeno al hogar de paredes que aleja del exterior a su interior que hace años, presenciaba un insano trato a un infante.

–No voy a volver, y si vuelves a querer que vuelva, ten en mente, —un paso para delante, causa una pisada para atrás de Inko. La expresión que le es visible, al igual que los ojos verdes de Izuku son pruebas suficientes para declarar como una amenaza sin ninguna incertidumbre— diré todo a la policía. Todo lo que me hiciste.

La hostilidad se pone en la situación como protagonista principal, dando acto en el momento pasajero al ser reemplazado por algo más agresivo y lleno de deseo en la certidumbre. Los ojos de Izuku se guían por la naturaleza de la curiosidad hacia un sitio que esta en su alcance. Los párpados de él se expanden, moviendo todo su cuerpo para estar frente al objeto que clavo con su mirada, dejando el exterior mirando a su espalda.

–¿Qué mierda hace Toshinori en ese cuadro?