Nat-Marie: jejej, pues yo la voy a pasar bomba :p.

Tengo el presentimiento de que te vas a arrepentir de darme ese apoyo.

Sirius ya siente algo, algo leve, pero algo es algo. Algo es más que nada y menos que mucho, ok ya me callo.

Gracias por comentar :)

Sara: Gracias por comentar :)


Capítulo 11: Sr y Sra Potter

31 de Octubre, 1993

Con la visión borrosa gracias a las lágrimas, Morgan corrió tan rápido como sus cortas piernas se lo permitieron.

Necesitaba alejarse del castillo, de las palabras crueles de Pansy Parkinson, la mirada de pena de Tracey, y las de burla de las otras chicas.

El cielo escocés se tiñó de gris, y varios estudiantes le echaron el ojo con desconfianza, pero Morgan no pareció notarlo.

Con las piernas en llamas y la respiración laboriosa, llegó a los límites del Bosque Prohibido.

Usó uno de los árboles para mantenerse en pie e intentó controlar su respiración. Su rostro se sentía caliente del esfuerzo.

Lentamente, tomó unos pasos hasta adentrarse en el bosque y luego se dejó caer sobre la tierra.

Los sollozos le sacudían el cuerpo, y su incapacidad por controlarlos solo la frustró aún más.

Se llevó una mano al pecho y la cerró en un puño, pero eso no hizo que el dolor disminuyera. Abrió y cerró. Abrió y cerró; pero no lograba tener un agarre sólido sobre su corazón.

Deseó que su mano pudiera atravesar su pecho y cerrarse alrededor de su corazón. Deseó poder arrancarlo de su pecho. No sentir nada debía ser mejor que sentir ese dolor, ese vacío que nada podía llenar.

El último día del décimo mes nunca era bueno para la joven bruja, y Parkinson no necesitó más que unas pocas palabras para obtener una reacción.

Morgan no le había hecho nada. Ella y Tracey se dirigían hacia el tercer piso, hacia la oficina del profesor Lupin. Las chicas no eran muy buenas en Defensa Contra Las Artes Oscuras y tenían dudas sobre la tarea.

El profesor Lupin era una persona cortés, que parecía haber tomado un particular interés por los mellizos Potter.

No era extraño que un profesor, en especial uno de Defensa, se interesara en Harry; pero Lupin era el segundo (además de McGonagall) que parecía tenerla en cuenta.

Luego de pasar una hora en la sala común de Slytherin intentando completar la tarea, la pelirroja sugirió que buscaran al profesor, y fue en su camino que se toparon con Parkinson y su séquito de sanguijuelas.

Parkinson estaba presumiendo su nuevo brazalete de plata, que había sido un obsequio de su madre, cuando vio a Morgan y a Tracey pasar por su lado.

-¡EY! ¡POTTER!

Morgan continuó su camino, deseando que Daphne o Draco las hubiera acompañado. Ellos sabían cómo mantener a Pansy en línea.

La cara-de-bulldog tenía miedo de la rubia, y no se atrevería a meterse con Morgan frente a su Drakie-poo porque no quería molestarlo.

Tracey continuó caminando a su lado, completamente tiesa.

-¡POTTER!

Con un suspiro de cansancio, Morgan volteó.

-¿Sí?

Parkinson rió como colegiala tonta, y detrás de ella, su séquito la imitó. Morgan no recordaba haber dicho algo gracioso.

Extendió un brazo y le mostró su brazalete.

-¿Te gusta, bastarda? Fue un obsequio de mi madre.

Morgan le dio una mirada rápida. Era un lindo brazalete, trenzado y con espacio para varios dijes. De él colgaba una "P" y una pequeña cabeza de serpiente.

Se encogió de hombros.

-Es lindo- dijo, comenzando a voltear.

-Lo sé- sonrió con crueldad-. Es agradable tener una madre, ¿sabes? Tienes quien te de consejos y con quien compartir tus secretos. A mi me encanta ir de compras con mi madre. ¿A tí…?- su sonrisa se ensanchó, y Morgan se tragó el nudo que se le estaba formando en la garganta- Ah, cierto. Que tonto de mi parte olvidarlo. Tú no tienes padres.

Detrás de ella, las otras chicas rieron con malicia.

Tracey se paró muy cerca de Morgan.

-Ya basta, Pansy.

Parkinson ni la miró. Tenía sus ojos centrados en Morgan.

-Sí, ahora recuerdo. Tu asquerosa madre hizo que la mataran- se acercó a Morgan hasta que sus narices se rozaron-. Que buenos que nos liberamos de ella. Una sangre sucia menos.

Morgan bajó la mirada para ocultar sus lágrimas y empujó a Parkinson.

Le pareció escuchar a Tracey gritando algo a las otras chicas, pero no lo escuchó. Solo quería alejarse.

Sentada en la tierra, Morgan atrajo sus piernas contra su pecho y las rodeó con sus brazos, mientras las lágrimas caían libres.

Odiaba a Pansy Parkinson y a sus estúpidas amigas. Odiaba a Voldemort por matar a sus padres. Odiaba al profesor Lupin por enseñar Defensa; de no ser mala en la materia no habría necesitado su ayuda, y no se habría topado con la cara-de-bulldog.

Extrañaba a sus padres. No los recordaba pero los extrañaba. Era estúpido sentir tanto pesar, y eso solo la enojaba. No lograr superarlo la enojaba más, hasta el punto de que ya no sabía porqué estaba llorando.

Deseó que su madre estuviera viva para pasar su mano por su salvaje melena y abrazarla. Deseó que estuviera ahí para decirle que todo estaría bien, y que chicas como Pansy Parkinson obtenían su merecido eventualmente.

Un lloriqueo que no pertenecía a ella le llamó la atención.

Levantó la mirada y se encontró con un gran perro. Era grande, de pelaje negro, estaba sucio y delgado. Tenía sus oscuros ojos fijos en ella, y Morgan, en su estado, no fue capaz de notar la inteligencia en ellos.

Sí noto que se parecía al Grimm, una criatura con la que Harry había estado perdiendo el sueño. Se lo mostró en un libro mientras le contaba acerca de la predicción de muerte de la profesora Trelawney.

Morgan había rodado los ojos. Era ridículo. Por eso eligió Aritmancia y no Adivinación.

El perro lloriqueo otra vez y tomó un paso en su dirección. Sin pensarlo, Morgan le ofreció una mano, y el perro se acercó.

Le olfateó los dedos y luego los lamió. Se le escapó una risita. El animal la miró y empujó su rodilla con su nariz. Lloriqueo de nuevo.

-No es nada- dijo ella, acariciándolo detrás de sus estoy acostumbrada.

El perro se acercó y Morgan lo rodeó con sus brazos. Frunció el ceño, sintiendo las costillas bajo sus dedos.

Tuvo que apartarse cuando el animal comenzó a lamerle el rostro, quitando todo rastro de lágrimas.

-¡Ay! ¡Asqueroso!

Pero estaba riendo, y el perro movía la cola de forma enérgica.

-¿Quieres jugar?

El perro ladró, y Morgan se levantó, tomando una vara. La sostuvo frente al perro, que la observó muy quieto.

Morgan hizo un amague pero el animal no se movió. Tenía buenos reflejos.

Lanzó la vara y el perro se precipitó detrás a una velocidad impresionante. La pelirroja esperó con una pequeña sonrisa, y su rostro se iluminó cuando el perro regresó con la vara entre los dientes.

Con orgullo, la dejó a sus pies y se sentó. Su cola se movía y tenía las orejas echadas para atrás.

La bruja recordó algo.

-¡Ah!- jadeó, dirigiéndose hacia su bolso-¿Tienes hambre? Tengo un pastel de calabaza por aquí.

Se había dormido, y cuando despertó el desayuno ya había acabado. Afortunadamente, Theo había contrabandeado unos pasteles de calabaza.

El animal se acercó y ladró, ansioso.

Morgan sacó el pastel y se lo ofreció. Casi le come la mano, pero no le importó.

Se comió el pastel de un bocado, y con su varita, Morgan hizo que varias hojas levitaran y se adherieran una a la otra, formando un pequeño tarro.

-Aguamenti- recitó, y un chorro de agua salió de su varita hacia el tarro de hojas.

El perro hundió el rostro y comenzó a tomar.

Morgan se sentó y lo miró con tristeza. Tal vez podría llevárselo a Hagrid, el profesor amaba los animales, y el perro podría ser amigo de Fang.

Eventualmente dejó de tomar y se volteó hacia ella. Apoyó su gran cabeza sobre su regazo y se dio vuelta, expectante. Morgan obedeció y comenzó a rascarle el vientre.

El perro comenzó a mover una de sus patas.

-Me pregunto si mamá y papá me dejarían tener una mascota- se preguntó en voz alta. El perro giró la cabeza, la estaba mirando atentamente-. Están muertos, verás, así que no se que dirían.

De repente, quería llorar de nuevo.

El perro no se movió, con el ojo todavía clavado en ella de forma persistente. Morgan no entendía porqué, pero tenía el presentimiento de que el animal le entendía.

Pasó su mano por su rostro y le rascó detrás de las orejas con aire distraído.

-¿Morgan?

El perro pegó un salto y ella volteó al escuchar la voz del profesor Lupin.

Se levantó y se limpió la tierra de la falda y las piernas.

Remus Lupin apareció detrás de un árbol. Su rostro marcado por largas cicatrices blancas le podrían dar un aspecto intimidante de no ser por la humildad de sus ojos y las ojeras.

Lupin escaneó los alrededores rápidamente; Morgan hizo lo mismo, descubriendo que su nuevo amigo había desaparecido.

-La señorita Davis vino a verme; dijo que te fuiste muy molesta- comentó el profesor, sacando algo de su bolsillo y ofreciéndoselo-. Come, te ayudará.

Morgan tomó el trozo de chocolate y le dio un mordisco. Enseguida se sintió mejor.

-No fue nada. Solo un incidente estúpido.

Lupin le dio una mirada conocedora, y ella no pudo sostenerla.

-Bueno, ¿por qué no discutimos ese estúpido incidente en mi oficina?

-¿Habrá más chocolate?- preguntó luego de un momento.

Lupin rió suavemente y extendió un brazo en dirección del castillo. Morgan tomó su bolso y comenzó a caminar.

-Sí, chocolate y té. Vamos antes de que llueva.

Colocó su mano sobre el hombro de la pelirroja y la guió con cuidado.

Oculto entre los arbustos, el perro observó mientras se retiraban, deseando con todo su ser poder seguirlos.


15 de Febrero, 1976

Al día siguiente, Morgan se levantó temprano, y luego de su visita habitual a la Sala de Menesteres se dirigió a la biblioteca.

Cuando entró, solo distinguió a unos pocos alumnos de séptimo, que parecían luchar por mantenerse despiertos.

Madame Pince se encontraba detrás de su escritorio, escribiendo sobre un rollo de pergamino con avidez.

Morgan se aclaró la garganta.

-¿Sí?- preguntó la mujer, sin siquiera mirarla.

Morgan desenrrolló el trozo de pergamino que el profesor Dumbledore le había dado y lo alisó contra su pierna, para luego dejarlo sobre el escritorio.

La mujer lo tomó entre sus largas uñas rojas y lo leyó con escepticismo.

-¿Y para qué quiere ir a la Sección Restringida?- preguntó.

Morgan se ajustó los lentes, que se le estaban deslizando por el puente de su nariz.

-El profesor Dumbledore me dio permiso- dijo, ignorando la pregunta.

No había preparado una excusa, y era demasiado temprano para comenzar a mentir.

Con una mirada de sospecha, la mujer tomó un conjunto de pesadas llaves de un oxidado gris y Morgan la siguió.

La mujer le abrió la puerta y se hizo a un lado para dejarla pasar.

Lentamente, la pelirroja comenzó a recorrer las estanterías. Era un lugar tétrico, y ella dudaba que la luz del sol pudiera mejorar el ambiente. Casi todos los libros tenían cubierta oscura, y algunos parecían estar forrados en pieles de diferentes criaturas. Varios de ellos estaban encadenados a las estanterías, y algunos incluso tenían candados.

Pasó un dedo por los lomos, ladeando la cabeza para leer los títulos de algunos.

Notó que Madame Pince permanecía en la entrada, de brazos cruzados y observándola con una expresión desagradable.

-¿Qué sucede?-preguntó, esforzándose por no ojear un libro en particular. Empezar por ese no era mala idea.

-¿Qué es lo que necesita de aquí?- preguntó la mujer con tono maleducado.

Morgan enarcó una ceja y dio una mirada que, estaba segura, haría orgulloso al mismo Salazar.

-No creo que sea de su incumbencia. Si tiene algún problema con mi presencia aquí, puede ir a ver al profesor Dumbledore.

Con un bufido, Madame Pince se retiró, y Morgan esperó hasta que el sonido de sus pasos se perdió para treparse a la mesa y tomar el libro.

El título rezaba "Moste Potente Potions", y esperaba encontrar lo que buscaba.

Se sentó en una mesa que brindaba una clara vista de la puerta y comenzó a buscar.

El libro era mucho más grande de lo que Hermione había dicho, y decir que la lectura era compleja era quedarse corto.

Pasó por el capítulo que hablaba sobre la poción multijugos y el que permitía que mago y animal se fusionaran (la chica no entendía porque alguien querría hacer eso, pero se decidió a no juzgar) hasta llegar al capítulo que le interesaba.

Amortentia.

Recordaba un frío día en el Bosque de Dean, en que Harry le confió información sobre los Gaunt, la familia materna de Voldemort. Parecía que Voldemort había sido concebido bajo los efectos de la poción (la madre de Voldemort se la dió a Tom Riddle por años), y por tanto era incapaz de sentir amor.

Morgan supuso que eso se extendía a otras emociones básicas. Si uno no podía sentir amor, no podía sentir compasión ni empatía.

Había leído sobre la psicopatía, y por lo que entendía, las personas con ese trastorno tenían algunas cosas en común con Voldemort. Lo que recordaba de su lectura era que el psicópata, incapaz de empatizar, era consciente de que carecía algo que el resto no, pero era hábil a la hora de ocultarlo.

Voldemort no era capaz de tal cosa. Despreciaba todo lo que no entendía, como el amor de Lily Potter por su hijo, o la voluntad de Harry y Morgan de entregar sus vidas a cambio del bien mayor. Ella lo había visto en sus ojos, odiaba todo lo que era puro porque no lo comprendía, y por ende no quería que nadie más lo sintiera.

Dudaba que fuera a avanzar mucho en el par de horas que tenía antes de su turno en Honeydukes, pero al menos estaría un paso más cerca de entenderlo.

Ella no era Harry, a quien no le interesaba las razones de Voldemort, solo sabía que era un maniático que debía ser destruído. Ella no se enfrentaría al asesino de sus padres sin al menos intentar entenderlo.

El libro insistía en que la poción solo creaba una obsesión fugaz, y se preguntó si, eventualmente, esta perdía efecto en el consumidor.

¿Qué pasaría si le daba una dosis al mismo Voldemort?

Morgan miró por la ventana y asumió que casi era la hora del desayuno.

Cerró el libro y lo guardó, restregándose los ojos. El día apenas comenzaba y no podía esperar a que terminara.

Fuera de la Sección Restringida, la biblioteca comenzaba a llenarse, principalmente con estudiantes de los tres últimos cursos, que a su vez, en su mayoría eran de Ravenclaw.

Madame Pince, que estaba acomodando una estantería en la sección de encantamientos, bajó la escalerilla al verla y se encaminó hacia la sección restringida.

Cerca de la salida, escuchó a alguien llamándola; o al menos creía que la estaban llamando, pues la persona apenas se las arregló para sacar a luz un sonido que se asemejaba a su nombre.

Volteó y vio a Peter Pettigrew acercándose. El chico no se atrevía a mirarla a los ojos, y en su lugar observaba sus manos, con las que estaba jugueteando, como si fuera lo más fascinante que hubiera visto en su miserable vida.

El chico se detuvo delante de ella, pero no se atrevió a mirarla a los ojos. Morgan sonrió de lado, disfrutando la situación.

-¿Qué?

-¿Tú estudias con Luna...Remus?- se detuvo a media palabra al notar su error, pero el daño ya estaba hecho.

Morgan hizo una nota mental.

-Si.

Cuando no dijo nada más, Pettigrew tragó en seco y levantó la mirada. Se encontró con un frío par de ojos verdes.

Morgan era un poco más alta que él, y se paraba como si supiera que era mejor. Lo miraba con frialdad, y algo en sus ojos le daba miedo.

-M-me preguntaba si recuerdas cual era el libro que estaba leyendo ayer, el de boggarts. Está en la enfermería y no tiene nada que leer.

Morgan le dijo el nombre del libro y Pettigrew asintió, pero no se movió.

-¿Se te ofrece algo más?

El chico negó profusamente y se escabulló.


Lily la estaba esperando en la entrada del Gran Comedor, junto a Bertrúpido. El Ravenclaw tenía un brazo alrededor de la pelirroja, y se veía pagado de sí mismo, como si hubiera ganado algún trofeo.

Morgan se preguntó en dónde podría esconder su cuerpo; tal vez Potter podía ayudarla, él debía conocer todos los buenos lugares.

En cuanto la vio, el rostro de Lily se iluminó y se alejó del chico para acercarse a ella. Bertúpido la siguió, claramente molesto.

-¿Cómo te fue?- le preguntó, mientras desaceleraba para poder seguir sus pasos.

Entraron al comedor, y sin detenerse a pensarlo, se dirigieron hacia la mesa de los leones.

-Cómo si no lo supieras.

Lily se encogió de hombros.

-Solo intentaba entablar conversación- tomaron asiento y comenzaron a servirse-Pero preferiría oírlo de tí.

Bertúpido se sentó del otro lado de la prefecta y Morgan puso mala cara.

-Te cuento luego.

Lily asintió. Bertúpido y Timothy eran buenos amigos (algo que ni Dumbledore sería capaz de explicar, de eso Morgan estaba segura), y si iba a ser completamente honesta con su nueva amiga, entonces no quería al imbécil cerca.

-Estuve pensando que podríamos ir a visitar a Remus antes de la cena- dijo Lily, cubriéndose la boca mientras masticaba su tostada.

La otra chica se mostró de acuerdo, y exaltada, volteó rápidamente al sentir a alguien tomar asiento a su lado. Era algo inusual; Lily y Remus eran los únicos Gryffindor que se sentaban a su lado, los demás se aseguraban de dejar varios espacios de distancia.

Al ver que era solo Timothy, se forzó a sonreír.

-¿Está bien si me siento aquí?- preguntó el chico, mirando la mesa-. Debí preguntar antes de hacerlo.

Por el rabillo del ojo, vio a Snape pasar por su lado, sin siquiera mirar a Lily y a Bertúpido.

Morgan colocó su mano sobre la suya, y eso hizo que levantara la mirada.

-Esta bien- le dijo, ligeramente divertida.

Timothy sonrió, y un hoyuelo se formó en su mejilla derecha. Se inclinó y Morgan se paralizó, pero respiró aliviada cuando solo besó su mejilla.

Se enfocó en su comida, e hizo todo lo posible por ignorar la sonrisa de sabelotodo que estaba segura Lily estaba portando.


17 de Febrero, 1976

Morgan dejó que su vista paseara alrededor de la clase con desinterés. Los demás estudiantes parecían tener dificultad para transformar su taza de té en un colibrí, pero ella lo había logrado en el primer intento. Al principio se sintió bien, Transfiguración era una de las pocas cosas en las que era buena, y a los Slytherin les gustaba presumir de vez en cuando.

La profesora McGonagall le había dado una mirada de aprobación y diez puntos, ante lo que algunos Gryffindor gruñeron por lo bajo.

Menos de cinco minutos después, Black y Potter lo habían conseguido, seguidos de cerca por Lily y Remus. Pettigrew era sorprendentemente decente, y se las arregló luego de veinte minutos.

Morgan dibujó un círculo y pasó la pluma a Lily, quien dibujó una cruz; ambas pelirrojas fruncieron el ceño, habiendo empatado,... de nuevo.

Todavía les quedaba media hora de clase y nadie lograba transformar su taza de té.

Aburrida con el juego, Morgan sugirió otro.

-¿Quieres jugar "El Ahorcado?"

Cuando Lily asintió, Morgan comenzó a dibujar pequeñas líneas y a contar mentalmente. Cuatro palabras.

Lily no parecía impresionada.

-Por favor, díme que no es "Black es un idiota"

De mala gana, Morgan le cedió la pluma.

Lily lo pensó por un momento antes de comenzar a dibujar varias líneas.

Una palabra.

-A- adivinó Morgan, y Lily dibujó una cabeza-O.

Lily colocó la letra dos veces, y antes de que Morgan pudiera volver a hablar, la puerta del aula se abrió.

Un trozo de pergamino voló hasta la profesora McGonagall, quien lo desenrrolló con los labios en una fina línea y leyó rápidamente.

-Señorita Edevane, por favor diríjase a la oficina del director.

Cómo los alumnos de Hogwarts eran mucho más maduros que los de las escuelas muggles, una serie de "Oooohs" se escuchó por todo el salón. McGonagall los miró mal, y todos regresaron a su trabajo.

Lily le dio una mirada suspicaz.

-¿Qué hiciste ahora?

-Nada que yo recuerde.

Morgan guardó su libro, tomó su bolso y colocó su varita en su bolsillo. Aceptando la nota de la profesora McGonagall, Morgan salió del salón con la cabeza en alto.

Los Merodeadores se sentaban al fondo, y al verla pasar, Potter la miró con burla.

-Es tu funeral, Edevane.


-Ralladura de limón- leyó entrecerrando los ojos. Se había quitado los lentes, lo que estaba probando haber sido una mala idea.

Metió la nota en su bolso y sacó los lentes. Aliviada, comenzó a subir las escaleras. Su vista no era tan mala como la de Harry, podía pasar la mayor parte de un día sin ellos, siempre y cuando no tuviera que leer.

A medida que ascendía, comenzaba a preocuparse. Podía escuchar voces que provenían de la oficina del director, y no parecían estar muy felices.

¿Y si alguien en en Ministerio de la Magia había descubierto su identidad? ¿Sí estaban ahí para llevársela? Negó con la cabeza, intentando despejar su mente. No podía ser eso. Dumbledore le había asegurado que sus contactos en el Ministerio se encargaron de ocultar la verdad de su naturaleza, y además, estaba segura de que el profesor no dejaría que se la llevaran.

Sin querer seguir analizando la posible situación, alzó el puño, pero la puerta se abrió antes de que pudiera golpear.

Tres personas se voltearon a verla, dos de ellas eran completos extraños.

El profesor Dumbledore, quien ese día vestía de amarillo, se encontraba parado detrás de una pareja algo mayor. El mago era de baja estatura y regordete, con enmarañado cabello negro moteado por las canas y ojos azules. Tenía facciones suaves, y una expresión gentil dominaba su rostro mientras la observaba de arriba a abajo.

A su lado vio a una mujer de ojos avellana y cabello rojo. Era alta y se veía ágil, parecía estar en buena forma para alguien de su edad. Varias canas decoraban su cabello, y las esquinas de sus ojos dejaban en evidencia sus años. Tenía una ceja alzada, y casi parecía estar evaluando a la Slytherin como una potencial amenaza.

-¡Ah! Morgan, pasa, querida, pasa- invitó el profesor, y con pasos tentativos, la chica se adentró en el despacho.

Fawkes levantó su cabeza y movió las alas. Parecía feliz de verla.

La mujer se volvió hacia el profesor.

-¡Esto es una locura, Dumbledore! ¿Viajes en el tiempo? ¡Qué Voldemort…

El profesor levantó una mano y la mujer calló, pero se lo quedó viendo con ojos entrecerrados.

-Morgan, permíteme presentarte a Euphemia y Fleamont Potter.

Morgan se quedó muy quieta, alternando su mirada entre la pareja. Ellos hicieron lo mismo, mientras Dumbledore tomaba asiento y comenzaba a tararear una canción de Frank Sinatra.

¿De verdad eran ellos? Morgan nunca los conoció, ni a sus abuelos maternos. Tampoco vio una foto de ellos en su vida. Sabía que tuvieron a James en una edad tardía, y que le dieron un hogar a Sirius, pero ni él ni Remus hablaban de ellos, y la pelirroja nunca se tomó muchas molestias para averiguar quiénes habían sido.

Si mal no recordaba, Slughorn había mencionado en una ocasión que Fleamont se dedicaba a las pociones y había sido un miembro del Wizengamot. El profesor también había dicho algo sobre Euphemia trabajando para la oficina de Aurores.

Fleamont se balanceó sobre los talones de los pies y la señaló.

-Tiene tu nariz, Phemi.

La mujer no respondió, con sus ojos, idénticos a los de James y a los de Harry, todavía clavados en ella.

-Tal vez necesitemos algo que corrobore la historia- habló Dumbledore, levantándose lentamente.

Le dio una mirada significativa, y cuando Morgan asintió, levantó su varita.

-Yo sé hacerlo.

Sí Dumbledore estaba impresionado no lo demostró. Morgan sacó su varita y depositó su bolso en el suelo.

Alisándose su túnica de Slytherin, se dirigió hacia el pensadero. Podía escuchar los tres pares de pasos de los adultos detrás de ella.

-¿Qué debería mostrarles?

-Dejo esa decisión a tu criterio, querida.

Morgan pensó. No quería revelar todas sus experiencias, ni aquello que había sido enviada a hacer.

Decidió que simplemente comprobaría que era hija de James y Lily. Esperaba que fuera suficiente para sus abuelos y para Dumbledore.

Respiró hondo y llevó la varita a su sien.

Un hilo blanco salió del lado de su cabeza, atado a la varita, y con movimientos lentos lo dejó caer sobre el pensadero.

Tomó un paso atrás, y con un ademán de su mano, invitó a los tres adultos a mirar. Euphemia le dio una última mirada antes de inclinarse, mientras que Fleamont lo hizo sin dudar, seguido por Dumbledore.

Esperó pacientemente, intentando controlar sus emociones. Le temblaban las piernas.

Eligió mostrarles sus últimos minutos de vida; en los que ella y Harry se dirigieron al Bosque Prohibido con la Piedra de la Resurrección y hablaron con sus padres, Remus, y Sirius.

Morgan recordaba la reconfortante sonrisa que su padre le había dado, y su profunda voz cuando le dijo que estaba orgulloso de ella.

Recordaba detenerse unos metros antes de llegar al claro, su mano aferrando la de Harry con fuerza.

Se había vuelto hacia él con lágrimas en los ojos y había dicho:

"-Harry, tengo miedo- tenía la respiración entrecortada, y apenas podía distinguir la silueta de su hermano. Sus ojos llenos de lágrimas que se rehusaba a quiero morir.

Harry le había dado un apretón a su mano.

-No te preocupes. Estaré a tu lado.

Ella asintió, temblando como una hoja. No tenía miedo. Estaba aterrada. Su instinto le gritaba que se diera la vuelta y corriera, pero se obligó a seguir a su hermano, un paso y luego otro.

-¿Lo prometes?

-Siempre."

Luego de ver un destello verde salir de la varita de Voldemort, los adultos sacaron sus cabezas del pensadero y tomaron una bocanada de aire. Fleamont tenía los ojos clavados en las aguas danzantes, mientras que Dumbledore parecía extremadamente triste.

Euphemia se acercó a ella a tropezones y la abrazó con fuerza. Patidifusa, Morgan le devolvió el abrazo lentamente. La mujer la sostuvo contra su pecho y le alisó el cabello con movimientos lentos y reconfortantes. Su abrazo era cálido y seguro, y podía hacer que cualquiera se sintiera querido.

-Oh, pobre criatura. ¡Tener que pasar por todo eso!- se apartó para examinarla mejor- No tienes nada de James, pero ¡tu hermano! ¡Cielos!

-¿Por qué nos estamos enterando ahora, Dumbledore?- preguntó Fleamont, con una mano en el bolsillo y la otra sobre su hinchada barriga.

Euphemia se volteó de golpe, todavía acunando a Morgan contra su pecho. La chica se apresuró a moverse con ella.

-Esa es una buena pregunta- se mostró de acuerdo. Le salían chispas de los ojos- Esta niña es mi nieta, y la has escondido por meses. Reza a Merlín y Morgana porque tu explicación sea buena.

Dumbledore entrelazo sus dedos calmadamente.

-La llegada de la señorita Potter disparó varias alarmas en el Ministerio de la Magia. Alarmas que, afortunadamente, fui capaz de cubrir, con la ayuda de algunos colegas de máxima confianza.

-Sigo esperando por una explicación- dijo Euphemia, comenzando a golpetear el suelo con la punta del pie.

El profesor no parecía afectado por su intensa mirada.

-Quería esperar hasta que la situación se calmara, hasta estar seguro de que la nueva adición a la familia Potter no pareciera extraña. Recuerdo que una vez mencionaron que James quería una hermana.

Morgan lo miró confusa. ¿Hablaba en serio?

Fleamont le dio una adorable sonrisa. Tenía hoyuelos como los de su hijo.

-Lo importante es que Morgan esté a salvo- dijo él, acercándose a la adolescente y dándole unas palmaditas en el hombro.

A pesar de la simpleza del gesto, Morgan sintió una extraña calidez esparciéndose por su pecho.

-En efecto- coincidió el profesor, caminando hacia Fawkes-. A pesar de mis esfuerzos, Voldemort podría enterarse de la existencia de la señorita Potter, y pensé que el lugar más seguro para ella durante el verano sería con su propia sangre.

-¿El verano?- Euphemia parecía estar considerando usar el maleficio Cruciatus en él- ¿Sólo el verano? Esta niña es mi nieta, y le guste o no, pasará todas las vacaciones en nuesta casa, comenzando con las pascuas.

Dumbledore ocultó su sonrisa.

Morgan se sentía halagada. Euphemia todavía la tenía envuelta en sus brazos, como si esperara a que Voldemort se apareciera en el despacho y estuviera lista para matarlo.

Se sentía lindo, tener una abuela fiera.

-Excelente- juntó sus manos con una fuerte palmada y se sentó detrás de su escritorio-. Deberíamos discutir los arreglos.


N/A: Espero que no estén decepcionados.

¿Qué piensan de los Potter? ¿Cómo creen que reaccionará James al saber que Morgan va a pasar las vacaciones con ellos?

¿Saben que recordé? Originalmente, iba a matar a Daphne en la batalla final. Me di cuenta luego del prólogo y decidí dejarla vivir ¯\_(ツ)_/¯

No sean tímid s y díganme que piensan, pero sobre todo, GRACIAS POR LEER!

Hice una playlist ^-^...ya se en que escena voy a usar la canción de Bon Jovi( ͡° ͜ʖ ͡°) jijiji

Si no vuelvo a publicar después de esto es porque voy a estar en la cárcel por asesinar a mi dentista…

VAIIIIIII! :)