KuraiTsukiYume: jajajajja, por lo menos te hago sentir algo, que es mejor que nada, ¿no?

A mi tampoco me cae Severus. Tranqui, a Lily se le van a bajar los humos, lo prometo.

No debería reírme de tu sufrimiento, pero soy cruel xD

Gracias por comentar :)

Sara: Gracias por comentar :)

Nat-Marie: Nah, además se necesitan *guiño* *guiño*.

Las cosas van a mejorar, a costas de alguien, jijijij.

Pos, aquí tienes más! :D

Seee, que la gente se sienta mal al leerla con Draco era parte de mi plan diabólico.

Gracias por comentar :)


Capítulo 13: Alguien sale herido.

2 de Agosto, 1995

-¿Qué piensas?

Morgan dio una vuelta, haciendo alarde de su nuevo vestido. Era de un suave lila, le llegaba a las rodillas y tenía una gruesa cinta negra alrededor de la cintura. Llevaba un pulcro par de zapatos negros para hacer juego. Ginny le había arreglado el pelo, recogiéndolo en una cola de caballo y haciéndolo parecer dócil.

Sirius le dio una rápida mirada apreciativa y se pasó la mano por el mentón, fingiendo meditación.

-Si no supiera mejor, diría que eres una respetable sangre-pura.

-Perfecto.

Era el día de la audiencia de Harry frente al Wizengamot, y su hermano le había pedido que la acompañara al Ministerio de la Magia. Con Fudge buscando cualquier excusa para desacreditar a Harry, Morgan no quería tomar el mínimo riesgo, aunque significaba usar un vestido que no le gustaba y llevar el cabello atado de tal manera que el cráneo ya le comenzaba a doler.

Estaban en la habitación de Sirius, y Morgan no podía evitar mirar alrededor de vez en cuando. Banderines de Gryffindor decoraban las paredes, junto con viejos posters de motocicletas y chicas en bikini.

-Cuanta clase- dijo con burla, señalando un póster con una mujer rubia, cuerpo voluptuoso y un bikini rojo que dejaba poco a la imaginación.

Sirius rió por lo bajo.

-Tuve mis momentos- le guiñó un ojo, ante lo que Morgan sonrió-. Fui todo un Casanova en mi época.

Morgan se sentó a su lado en la cama y apoyó las manos detrás de sí.

-Oh, ¿en serio?- preguntó, más divertida con cada segundo que pasaba.

Sirius le miró rápidamente sobre su hombro.

-Oh, en serio- se pasó una mano por su largo cabello negro, y Morgan siguió la trayectoria, queriendo hacer lo mismo-. Las chicas no resistían mi encanto.

Con una risita, se enderezó.

-Me lo imagino.

-¡Es verdad!-se defendió el hombre.

La bruja ladeó la cabeza y observó su perfil. Se imaginó a un Sirius más joven, caminando por los pasillos de Hogwarts y rompiendo corazones a su paso. Se preguntó cuántos había roto, cuantas chicas cayeron presa de su sonrisa y penetrantes ojos grises. Se preguntó cómo se sentiría ser una de esas chicas, y ser envuelta en su abrazo.

Sus ojos cayeron sobre sus labios, y se mordió el inferior mientras se preguntaba cómo se sentirían contra los suyos. ¿Cómo se sentiría sentir su incipiente barba contra su suave rostro? Ningún chico en su escuela tenía barba, y aunque la de Sirius no estaba muy cuidada y era algo dispareja, le gustaba. Se imaginó a Sirius besándola, y guiándola suavemente hasta estar completamente recostada sobre su cama, y lo imaginó acomodándose sobre ella, entre sus piernas, comenzando a subir el dobladillo de su vestido y a besar su cuello...

Un extraño calor comenzó a formarse bajo en su estómago; apartó la mirada y sus pensamientos.

-¿Qué crees que sucederá si Harry no puede volver a Hogwarts?- preguntó, y luego se aclaró la garganta, odiando lo rasposa que su voz había sonado.

-Le romperán la varita y tendrá que volver con los Dursley- suspiró Sirius-. Pero no te preocupes, no van a expulsarlo cuando escuchen la historia completa.

-Pero el ministro…

-Es una persona, Ana. Todos los miembros del Wizengamot tienen que votar, y varios de ellos son admiradores de Dumbledore. Dudo que vayan a actuar en su contra.

-¿Dumbledore estará ahí?

-Tal vez, pero no tiene que estarlo para que el Wizengamot sepa que él viejo loco está de su lado. A El Profeta le encanta recordarnos que tu hermano y Dumbledore perdieron la cabeza.

Era cierto. Desde la muerte de Cedric Diggory, había estado leyendo el periódico mágico de principio a fin con ojos minucioso. Los reporteros no creían la historia de Harry, e incluso estaban diciendo que Dumbledore era demasiado viejo para ser director y que no estaba en su sano juicio. Sirius y Remus decían que el Ministerio de la Magia los presionaba para publicar ese tipo de cosas.

-Espero que tengas razón- dijo Morgan, preocupada.

No era justo que Harry fuera expulsado solo por usar magia para defenderse de los dementores...y a Dudley, pero a la pelirroja no le importaba el segundo.

Sirius le pasó un brazo por los hombros y la atrajo a su lado.

-Oye, anímate un poco. Todo va a estar bien- le intentó animar.

Le pinchó la punta de la nariz y ella le dio un manotazo, pero sonrió.

-Insufrible.


9 de Abril, 1976

Al día siguiente, Morgan se sentó al fondo de la clase, lo que no pasó inadvertido para algunos estudiantes.

Unos pocos le dieron una mirada rápida, para luego mirar al lugar vacío al frente de la clase, donde Lily estaba preparándose.

Los ignoró y clavó la vista en la pizarra, donde se podía leer un cuestionario de tercer año.

Naturalmente, los Merodeadores entraron armando escándalo.

Tomaron asiento en los pupitres a su izquierda y la pelirroja hizo una mueca. Luego de su pequeña escena con Lily el día anterior, lo último que necesitaba era a ese grupillo metiendo sus narices en sus asuntos. Esperaba que se dedicaran a ignorarla, como habían estado haciendo por la mayor parte del año.

-¿Edevane?

Me lleva Umbridge.

Se volteó lentamente. Potter la miraba con confusión.

-¿Sí?

-¿Desde cuándo te sientas aquí?

Se cruzó de brazos.

-¿Por qué no habría de sentarme aquí? Los lugares no están marcados.

Potter se rascó la nuca, incómodo.

-Supongo-señaló el asiento vacío a su lado-¿Te importa?

Miró a su alrededor y notó que ese asiento era el único que quedaba. Al frente, Snape se había sentado junto a Lily y McKinnon.

Asintió de forma rígida, y Potter se sentó rápidamente. Se encogió al escuchar el chirriante sonido de la silla contra el suelo de piedra y volteó al otro lado a tiempo de ver a Black tomando asiento a su derecha.

Lo observó con suspicacia.

-¿Qué están planeando?- les preguntó.

En la fila de al lado, Remus la miró con pesar.

-Pasar esta clase- respondió Black, comenzando a hamacarse en la silla.

Morgan entrecerró los ojos ante la acción, y resistió la urgencia de empujarlo.

-Muy gracioso.

Lo único que recibió a cambio fue un guiño, y antes de que pudiera continuar con su indagación, el profesor entró y comenzó su clase.

Resultó que ambos chicos eran sorprendentemente buenos en pociones, y a Morgan le costó mantenerles el ritmo. Lily se tomaba el tiempo de explicarle lo que estaban haciendo paso por paso, y no avanzaba hasta estar segura de que la otra chica le había entendido. Se rehusaba a decirles que le costaba entender lo que estaban haciendo, por lo que ayudó en silencio solo cuando se lo pedían.

Era algo vergonzoso, sus padres eran brillantes y su abuelo se dedicaba a las pociones, pero supuso que podría ser peor. Podría ser tan mala como Harry.

Apenas podía creer que se las había arreglado para completar la poción para los animagos, pero supuso que eso no era lo más difícil del proceso.

Terminaron la poción primero, y mientras Morgan colocaba una muestra en un vial para entregar, Black tomó otra y la escondió en su túnica.

-¿Qué? Uno nunca sabe- se defendió, dándole una mirada de cachorro mojado.

La pelirroja decidió que no tenía la voluntad suficiente para intentar convencerlo de que llevarse una muestra era mala idea, por lo que se limitó a llevarle una al profesor y volver a su hobbie de observar la pizarra.

-Ah, muchas gracias, señorita Ennis- sonrió Slughorn, tomando el vial.

Volvió a su asiento con la cabeza en alto y la mirada fija al frente. Potter se había movido a su asiento y tenía la cabeza pegada a la de Black. Estaban conspirando algo, estaba segura.

Tomó asiento, decidida a ignorar a los leones a su lado, y notó que Lily los miraba con recelo. Por un momento, sus miradas se cruzaron, y la prefecta se mordió el labio, para luego sacudir la cabeza y volverse hacia su caldero.

-¿Edevane?

Morgan alzó una ceja y les dio una mirada de soslayo. Ambos parecían curiosos.

-Potter.

-¿Qué sucedió con Evans?

-Ja. Te encantaría saber, ¿no es así?

Los ignoró por el resto de la clase.


El resto del día pasó en un abrir y cerrar de ojos.

Remus se sentó a su lado en la biblioteca, y le dio una ojeada a su libro de estudios antiguos.

-¿Qué es lo que se estudia en esa clase?

Morgan apartó la mirada de sus notas para ver el libro que el licántropo señalaba e hizo una mueca. Luego de un par de noches en vela, se las había arreglado para ponerse al día con el resto de su clase, pero la materia no probaba ser muy útil. Era fascinante, pero tenía que priorizar.

-Magia en el Antiguo Egipto. La profesora dice que en sexto estudiaremos a los griegos y romanos.

-¿Por que los estudian juntos?- preguntó el chico, leyendo el libro avidamente.

-Tuvieron mucho en común. Además, la civilización egipcia se extendió más de tres mil años- se encogió de hombros-. Aunque ya no usamos su magia, así que no le veo el punto.

-Sí, la mayoría de los hechizos descienden del latín- concordó Remus, pasando la página.

Morgan negó divertida. Por supuesto que a ese chico le gustaban todas las materias.

Vio a Lily cerca de la sección de encantamientos; se dirigía hacia su mesa con paso firme. A medio camino se detuvo y apartando la mirada, volvió a su lugar.

-No te preocupes- habló Remus, apartando sus orbes verde del libro-. Sólo necesita calmarse.

Morgan asintió lentamente, esperando que tuviera razón.

El prefecto se volvió hacia ella, pensativo.

-Mañana volvemos a casa- comenzó, meditando sus palabras-; sé que debe ser incómodo para tí tener que pasar pascuas con James, pero no te preocupes. Hablé con él y le dije que te dejara en paz, aunque dudo que intente algo con sus padres tan cerca.

La pelirroja sonrió, notando a Júpiter, quien aleteaba sus alas negras desde el otro lado de la ventana. Se inclinó y le abrió.

-Está bien, Remus. Potter no me asusta.

Desató el pequeño rollo de la pata de la lechuza y esta se retiró, tirando el frasco de tinta y ensuciando un par de libros en el proceso.

-A veces creo que lo hace a propósito- comentó, mientras en chico sacaba su varita y recitaba un hechizo para quitar la tinta.

Morgan abrió la nota y la leyó rápidamente. El señor Harkiss le escribía para dejarle saber que la tienda estaría cerrada hasta mayo. Aparentemente, tuvo una emergencia familiar y estaría viajando a Tréveris. Ella ya había obtenido el visto bueno para las pascuas, pero la noticia de que tendría otro par de fin de semanas libres no la desanimó.

Se preguntó qué haría el resto del cuerpo estudiantil al enterarse de que la única tienda de dulces estaría cerrada por casi un mes. ¿Tendrían un ataque?

Le dijo a Remus que considerara surtirse chocolate.


10 de Abril, 1976

Al día siguiente se dirigió hacia la estación en un carruaje junto a un grupo de tercer año de Hufflepuff.

Se subió al tren y buscó un compartimento vacío al fondo del último vagón.

-Fuera.

Inmediatamente, los dos niños de segundo se levantaron y corrieron fuera. Con el compartimento para ella sola, Morgan se acomodó sobre el asiento, acostándose y colocando una chaqueta sobre su cabeza para bloquear el sol que osaba burlarse de ella.

Cerró los ojos, y pareció que solo un minuto había pasado cuando alguien le quitó la chaqueta.

Abrió los ojos de golpe, y el corazón casi se le sale del pecho.

-¿Quién osa perturbar mi sueño?- gruñó al ver el rostro sonriente de Timothy.

-¿Qué?

-Es de una pelic...no importa- se detuvo, acordándose que esa película todavía no había sido estrenada. Se preguntaba cuánto tardaría en salir. Recordaba escaparse de la casa de sus tíos con Harry para ir a verla, y era una de sus día.

-Buen día.

Se sentó frente a ella y no tardaron en entablar conversación. Al chico le gustaba hablar de libros de cualquier clase, y a Morgan le gustaba educarlo en música muggle. Cuando se aburrieron, comenzaron una partida de Snap explosivo, en la que tal vez, solo tal vez, Morgan hizo trampa para ganar.

Intentaron construir una casa con las cartas, pero las dejaron de lado luego de que estas explotaran y TImothy perdiera una ceja.

Morgan intentó no reír.

Se quitó las gafas y se restregó los ojos. Notó que debían de estar a medio camino.

-¿No quieres ir con tus amigos?- le preguntó mientras garabateaba en un trozo de pergamino.

Se encogió de hombros, intentando restarle importancia.

-No, estoy bien aquí.

-¿De verdad?

-De verdad.

Ella le dio una mirada de soslayo. No le creía. Timothy se preocupaba por sus amigos, y estaba segura de que quería ir con ellos. No lo culpaba, ella también querría ir con Daphne, Tracey y Theo, si existieran.

-Vé, no voy a estar sola- le animó.

El chico le dio una mirada culpable, y Morgan rodó los ojos.

-Voy a ir a buscar a Remus- mintió olímpica.

Asintió, pero la incertidumbre brillaba en sus cálidos ojos. Sabía de su discusión con Lily (aunque Morgan insistió en ser vaga, no queriendo revelar más secretos ajenos) y sabía que ir con Remus significaba soportar la presencia de Black y Potter.

Morgan se levantó con un pequeño salto, lo tomó de la mano y jaló.

-Fuera- lo empujó hacia la puerta, pero el chico se detuvo con una pequeña sonrisa.

-¿Así te vas a despedir?- sonrió de lado, algo nervioso.

Devolviendo el gesto, Morgan se puso de puntillas y le rodeó el cuello con los brazos, atrayéndolo hacia su nivel hasta que pudo darle una despedida apropiada.


La despedida tomó más tiempo del anticipado, y cuando Timothy finalmente se fue, Morgan se quedó a solas con sus pensamientos.

Se preguntó cómo sería vivir con los Potter, y cómo habría sido su vida y la de Harry si sus abuelos no hubieran muerto. Deseó que su hermano estuviera ahí, y que pudiera conocer a sus padres y abuelos. No quería admitirlo, pero extrañaba al zoquete. Tuvieron sus desacuerdos, quizá más de lo que debería ser normal, pero siempre estuvo ahí para ayudarla. Siempre la perdonó.

Incluso luego de rehusarse a seguirlo al Departamento de Misterios.

Pasaron meses en los que a menudo se encontraba a sí misma preguntándose que habría sucedido de haber ido. Tal vez Sirius no habría muerto, tal vez ella sí. Recordaba haber llorado por meses; se había acostumbrado a hablarle a través del espejo de Harry (ya que este estaba demasiado ocupado desafiando a Umbridge y liderando un pequeño club para recordar que tenía un padrino), y le avergonzaba no haber sido lo suficientemente valiente. Debió haber ido; tal vez entonces, ¿qué? ¿Podría haber matado a Bellatrix? Lo dudaba, pero deseaba haberlo visto una última vez, al menos eso.

El Sirius joven era un imbécil que en el futuro se arrepentiría de sus acciones, y aunque quería ayudarlo y a James, no estaba segura de tener la capacidad mental para permanecer a su lado y tomarse el tiempo de convencerlos de cambiar. Ella había adorado a los Merodeadores (excepto Pettigrew), y verlos molestar a otros estudiantes de la misma manera que Parkinson y sus secuaces le habían molestado era demasiado desagradable.

Suspiro. Se acercaban a King Cross, y no había recuperado el sueño perdido ni avanzado con sus tareas.

Tal vez podría pedir la ayuda de su abuelo con pociones, ya que Lily también la odiaba.

La puerta de su compartimento se abrió. Pettigrew miraba al paisaje con insistencia, demasiado asustado para hacer contacto visual.

Morgan se apresuró a pasarse la mano por las mejillas, limpiándose las lágrimas que no sabía había derramado, y lo miró con ferocidad.

-¿Qué quieres?

-Corn...James dice que vengas. Ya casi llegamos.

Sonrió de lado.

-¿Ahora eres su sirviente?- lo miró de arriba a abajo- No te tomaba por Elfo doméstico.

Pettigrew apretó la mandíbula, pero no la miró.

Morgan se levantó y se colocó las gafas. Sacando la varita de su bolsillo, la movió rápidamente y su baúl floto hasta el suelo. Pettigrew la miraba con la mandíbula por el suelo.

-¿Sabes hacer magia no verbal?

Lo había aprendido en su sexto año.

Se cruzó de brazos.

-Cualquier idiota puede hacer un simple hechizo no verbal...bueno, casi cualquiera.

Las mejillas de Pettigrew enrojecieron, y Morgan observó atentamente, esperando una reacción, pero el chico volteó y le hizo una seña para que la siguiera.

Suspirando, Morgan supuso que no era tan diferente de Black y Potter después de todo.


Los señores Potter no pudieron pasar a recogerlos (Potter mencionó algo sobre una emergencia en el Ministerio), por lo que una elfa, Dixie, los llevó a la casa.

Se aparecieron frente a una gran estructura de ladrillo gris. Era de dos pisos, y la mayor parte de la pared delantera estaba cubierta en enredaderas.

Morgan estaba segura de que una mosca se metió en su boca.

-¿Potter?

-¿Qué?- preguntó el chico, mirando a su alrededor. Parecía feliz de volver a casa.

-¿Qué es esto?

-Casa.

-¡Esto no es una casa!-Morgan señaló la edificación para hacer énfasis- Es una maldita mansión.

Potter sonrió, no de forma burlona; era una pequeña sonrisa genuina.

-Si, linda ¿verdad?- tomó su baúl- Vamos, Dixie te mostrará tu habitación.


Morgan finalmente entendía porque su abuela le hacía tantas preguntas respecto a colores y madera.

Su habitación era grande, con muebles blancos y las paredes de un agradable verde claro. Las cortinas tenían un diseño floral que, a diferencia de los que tía Petunia elegía, no dañaba los ojos, y al moverlas revelaron la agradable vista de la piscina, y más allá, el bosque.

Cerca de la ventana colgaba la jaula de Júpiter, y la lechuza disfrutaba mientras un elfo le acariciaba.

Un escritorio había sido ubicado en un rincón, y al abrir los cajones notó que estaban llenos de materiales, desde plumas hasta tinta. También había una pequeña estantería esperando a ser usada, y un armario con un hechizo de expansión ya repleto de ropa.

Dixie la elfina le dijo que ella acompañó a su abuela a comprar la ropa, y que la mujer se había entusiasmado un poco.

Morgan cerró la puerta, sintiéndose ligeramente abrumada. Se dirigió hacia la cama, que ocupaba gran parte de la pared este. Era de forja negra y de ella la que colgaba un delicado dosel. Se sentó sobre la cama y notó que no era blanda, lo cual era un alivio para su espalda. Nunca entendería porque Blaise prefería las camas blandas.

Todo era demasiado. La habitación, el armario, los Potter; comenzaba a hiperventilar y Daphne no estaba ahí para calmarla.

Se llevó las rodillas al pecho y tomó largas bocanadas de aire, como Theo le había enseñado.

Deseaba que Daphne estuviera ahí; su método era más rápido, y no podía preguntarle a Potter. Pedirle que le diera una bofetada no le haría gracia.

-Ya basta, idiota. Ten algo de dignidad.

Podía escuchar la voz de la rubia, y se enfocó en eso. En su voz. No había pasado tanto tiempo, no la había olvidado, y se rehusaba a hacerlo.

Lentamente, su respiración se ralentizó, pero se quedó quieta, observando el pequeño cuadro donde un pegaso pastaba ajeno a su dilema.

Alguien golpeó suavemente en la puerta, y un momento después Potter asomó la cabeza.

-Mamá y papá están aquí. Ya vamos a cenar- le dijo, ante lo que la pelirroja asintió de forma casi imperceptible. Potter la miró con cuidado y se rascó la nuca-. ¿Te encuentras bien?

Morgan apartó la mirada del cuadro, y notó que parecía consternado.

-La verdad no- frunció el entrecejo, preguntándose porque le estaba confiando eso.

Potter asintió.

-Está bien.

No le pidió que sonriera, ni le dijo que ya pasaría. Tampoco le dijo que estaría bien o que estuviera bien, y Morgan se sintió agradecida.

-¿Quieres cenar aquí? Los elfos pueden subir, y le diré a mamá que no te sientes bien.

Casi sonrió. En ese momento le recordaba a Harry.

Se levantó.

-No, está bien.

Potter asintió.

-Bueno, por aquí.


12 de Abril, 1976

Las comidas eran algo incómodas, Morgan y Potter intentaban ser civiles por la salud mental de los padres de este, y en su mayor parte se mantenían lejos del otro.

La metamorfomaga pasaba la mayor parte del día en la biblioteca de los Potter haciendo tarea, mientras que su futuro padre iba de un lado de la mansión a otro, provocando explosiones y destruyendo todo a su paso. Su madre lo seguía de cerca, gritando como banshee.

La primera vez, creyó que eran atacados por mortífagos. Afortunadamente, su abuelo le dijo que sólo era James y uno de sus experimentos, y que los terrenos de la mansión estaban protegidos por encantamientos escudo. Nadie podía acercarse sin una aprobación previa.

Descubrió que su abuelo era un comediante, y con su ayuda terminó la tarea de opciones en tiempo récord.

Durante la primera noche, le explicaron que su ausencia en la estación se debía a una emergencia en el Ministerio. Al parecer, atraparon a un mortífago torturando a una familia muggle, y el ministro quería proceder con el juicio de forma rápida y discreta.

Potter había estampado su puño sobre la mesa con innecesaria fuerza.

-Eso es caoba- regañó su madre.

-¡Es un cobarde! Debería hacer que todos los aurores busquen a Voldemort, en lugar de tenerlos sentados en una oficina todo el día.

-No es tan sencillo, James- su madre intentó razonar con él.

-¡Sí lo es!-discutió el chico- Tienen que resistir si quieren ganar. Voldemort no es invencible, pero la gente va a creer que lo es si el ministro permite que estos incidentes continúen.

-No sabes de qué hablas- dijo Morgan tranquilamente.

Lentamente, Potter giró la cabeza en su dirección.

-¿Cómo podrías saberlo?

Antes de que la chica pudiera responder, Fleamont intervino.

-¿Cómo va el equipo de Quidditch, hijo?


A media tarde le dio hambre, y decidió que le vendría bien estirar las piernas.

Terminó la carta y se la dio a Júpiter, diciéndole que era para Lily. El clima comenzaba a cambiar, y los rayos del sol iluminaban la mansión, calentando las habitaciones y dándole sueño.

Mientras bajaba las escaleras, escuchó un ruidoso motor, y se preguntó qué estaba tramando Potter. De seguro no se atrevería a hacer algo demasiado descabellado con sus padres en casa.

Llegó al pie de las escaleras y pausó, viendo una figura oscura a través del vidrio de la puerta principal.

Sacó su varita y tomó lentos pasos, procurando no hacer ruido.

Casi gritó por su abuela, pero decidió que tal vez no sería una buena idea.

-Dixie- susurró, y con un "Pop" la elfa apareció.

Antes de que la elfina comenzara a hablar, Morgan se llevó un dedo a los labios.

-Busca a Euphemia- susurró.

La elfa asintió y volvió a desaparecer. Morgan continuó avanzando. El corazón amenazó con salirse de su pecho cuando la figura cayó contra la puerta, y el pestillo comenzó a girar.

Sin tomarse una pausa, abrió la puerta y se fue abajo, derribada por la fuerza de un cuerpo cayendo sobre el suyo.

Golpeó el suelo con un sonido seco.

-Uff.

Intentó levantarse, pero la figura era muy pesada.

Masculló algo ininteligible, y Morgan intentó sentarse.

Claramente, la persona no era una amenaza, y cuando la pelirroja logró enderezarse, emitió un quejido.

Morgan se congeló y su corazón se detuvo, y con renovada fuerza, se acomodó y tomó a la persona en sus brazos, impidiendo que cayera al suelo.

Le quitó el cabello oscuro del rostro, encontrándose con hermosas facciones aristócratas cubiertas en cortes, sangre y moretones.

-¿Sirius?- le llamó con voz temblorosa.

-Mmm…

El chico apenas tuvo la fuerza suficiente para abrir los ojos. No parecía reconocerla, no del todo.

-¿Edev...?

Morgan se aferró a él con fuerza, comenzando a asustarse.

-¡AYUDA!- gritó, intentando incorporarse pero quedándose quieta al escucharlo gemir- ¡SEÑORA POTTER! ¡DIXIE! ¡ALGUIEN! ¡MALDITA SEA!

Su abuela apareció con un delantal lleno de harina y limpiándose las manos en un trapo verde.

-¿Qué sucede, Morgan querida?- preguntó, acercándose-¿Por qué tant…

Levantó la vista y vio al chico casi inconsciente en los brazos de la bruja. Con los ojos saliéndose de las cuencas, se apresuró a su lado, y lo tomó de un brazo. Morgan le ayudó del otro lado.

-!FLEAMONT! ¡FLEAMONT!

El señor Potter salió de su laboratorio cubierto en una sustancia púrpura y con el cabello despeinado.

-¿Qué? ¿Qué? ¡Santo Godric, muchacho!

Se acercó a Morgan y con indecisión, ella se apartó, permitiendo que ayudara a su esposa a cargar al chico por las escaleras.

-¿Qué es con todo el escándalo?

Potter se detuvo a medio paso al ver a su mejor amigo apenas respirando, y rápidamente se hizo a un lado y siguió a sus padres. El horror se apoderó de sus facciones infantiles.

-¿Canuto? ¡Eh, Canuto! ¿Qué le pasa? ¿Va a estar bien?

Sus padres lo ignoraron.

-Dixie-llamó Euphemia-, ve a buscar a Carson. Dile que es urgente.

La elfa desapareció.

-La puerta.

Morgan se adelantó a sus abuelos y abrió la puerta más cercana.

Se hizo a un lado y los dejó pasar. Depositaron a Sirius sobre la cama, y el chico gruñó y apretó los dientes.

Desamparados, Morgan y Potter observaron bajo el umbral como el otro chico parecía luchar por no perder el conocimiento. Los adultos se movían a su alrededor con rapidez, revisando por huesos rotos e intentando detener la hemorragia. Cerraban los cortes como podían, mientras los dos adolescentes no hacían más que mirar, sin saber cómo ayudar.

Morgan miró a Potter, notando que como ella, temblaba de pies a cabeza y tenía los ojos llenos de lágrimas que intentaba no derramar.

Simpatizo con él, y admiró su fuerza. Si hubiera sido Daphne en esa cama, ella se habría vuelto loca.

Estiró el brazo y le tomó la mano, dándole un apretón amigable. Intentó retirarla, pero Potter se aferró a ella con más fuerza de la necesaria, así que como pudo le dio otro apretón.

-Fuera- les dijo Euphemia, sin siquiera mirarlos, demasiado concentrada en el chico herido- No quiero que vean.

Potter no pareció escucharla, con sus ojos avellana clavados en el torso de Black, que estaba cubierto en sangre.

Morgan apartó la mirada. Soltó su mano del agarre de Potter para reemplazarlo con la otra, y le rodeó los hombros.

-Vamos.

El chico apenas asintió, y lentamente, Morgan lo guió hacia la cocina.


N/A: Jijijijij, *inserte cara diabólica*

No se preocupen, no está muerto…

En el siguiente capítulo sabremos que sucedió con Sirius, ¿alguien quiere adivinar?

Gracias por leer :)