Nat-Marie: jejej, gracias!

Elemental, querido Watson!

Las cosas van a mejorar, pero nada dura para siempre, jijijiji

En este capítulo tienen un pequeño momento ;)

Sara: Me alegro :D

DawnDream9435: Exacto, y no me agradezcas! Gracias a por leer :)

Espero que disfrutes este capítulo.


Capítulo 14: Daphne Greengrass

12 de Abril, 1976

La mansión Potter estaba sumida en un silencio de ultratumba, y cada paso que Morgan tomaba dentro de la elegante cocina parecía retumbar. La chica no podía evitar hacer una mueca cada pocos segundos, sintiendo que estaba perturbando al resto de los habitantes, pero en realidad el único que podría escucharla era un chico de su edad, sentado frente a ella con la mirada perdida. Un terremoto podría haber sacudido los terrenos, pero él no lo habría notado.

Morgan se miró las manos, que estaban llenas de sangre, y abrió la canilla. Se restregó hasta que el agua volvió a verse cristalina, pero no movió las manos, que se sentían tan sucias como el día que mató a esos mortífagos en la batalla de Hogwarts. Recordó las miradas de terror que Harry, Hermione y Ron le habían dado, pero ¿qué se suponía que iba a hacer? Ellos también intentaban matarlos. Tal vez podría haberlos desarmado, pero en ese momento en el que miras a la muerte de frente, es difícil no entrar en pánico; y eso fue lo que le sucedió a ella. Entró en pánico y lanzó el primer maleficio que se le vino a la mente.

"-¡Avada Kedavra!- gritó, apuntando a una figura enmascarada, y golpeándolo en el pecho.

La figura cayó, mientras que la bruja observaba en shock. Vagamente, escuchó el jadeo de Hermione detrás de ella."

También había matado a otro con sus propias manos, pero afortunadamente ni su hermano ni sus amigos la vieron hacer eso.

Al ver la sangre de Black cayendo y desvaneciéndose en el agua, se preguntó qué clase de persona disfrutaba torturando a otra, especialmente a su propio hijo. Ella no tenía dudas de quien había causado tanto daño al adolescente; en el futuro, Sirius rara vez mencionó a su padre, pero cada vez que hablaba de su madre, su expresión se oscurecía, y solo tenía pestes que decir sobre la mujer.

Apretó las manos en puños, sintiendo la necesidad de lastimar a esa mujer, de la misma manera que quería lastimar a Pettigrew.

Se dió cuenta de que con esas muertes, tomaría placer, e intentó alejar esos pensamientos, demasiado asustada para hacerles frente.

El pitido de la caldera la sacó de los oscuros recovecos de su mente, y sacándola de la hornalla, sirvió dos pequeñas tazas de té negro, al que agregó unas gotas de una poción que su abuela utilizaba para calmar sus nervios (y con el trabajo que tenía, lo necesitaba seguido). El té negro era simple, pero era su favorito, y en el futuro, Remus había notado que compartía el mismo cariño por ese té que su padre.

Se acercó a Potter lentamente, temiendo que el chico fuera reaccionar de manera brusca.

-¿Potter? ¿Potter? ¿James?

El adolescente enfocó su mirada en la pelirroja sin verla realmente. Con cuidado, esta empujó la taza hacia él.

-Toma. Te sentirás mejor.

El chico asintió (aunque Morgan dudaba que le hubiera escuchado) y tomó la taza con manos temblorosas. Dio un sorbo e intentó depositarla sobre la mesada, pero se le resbaló y cayó al suelo, destrozándose.

-¡Mierda!

Morgan se levantó de su asiento al otro lado de la mesada y la rodeó.

-¿Te quemaste?

Potter apenas la escuchó.

-N-no, no.

Se agachó y comenzó a recoger los trozos rotos, pero su frustración sólo lo hizo temblar con más violencia.

Morgan colocó una mano sobre la de él para detenerlo antes de que se cortara. Lo último que necesitaban era otro herido.

-Yo lo hago- dijo suavemente, apartando su mano y comenzando a recoger los trozos rotos.

Potter se sentó de nuevo y se jaló el cabello.

Dixie apareció en la cocina.

-¡Ama Morgan, no! Ese es el trabajo de Dixie.

La elfa corrió hacia Morgan, ajustándose los harapos que tenía por ropa y comenzó a limpiar el desastre de James.

-¿Cómo está Canuto?- preguntó Potter, ansioso.

-Dixie no lo sabe, amo James. Dixie trajo al médico y ama Potter ordenó a Dixie cuidar de los pequeños amos.

Potter comenzó a mover la pierna, su respiración era irregular.

-Black estará bien- habló la metamorfomaga, fingiendo certeza.

La verdad era que ella también estaba asustada. El Sirius del futuro le contó que escapó de su casa en su quinto año, pero omitió la parte en la que llegó moribundo en una motocicleta muggle y le dio un susto de muerte a los Potter. Morgan ya había salido a buscar su baúl, y lo había dejado al pie de las escaleras antes de volver a la cocina, donde Potter no había notado su ausencia.

-No puedes saber eso- atajó James, volviendo a pasarse la mano por el pelo.

Ya no estaba segura, pero el chico era una bomba de tiempo y quería calmarlo.

-Claro que lo sé. Black es obstinado, no querría irse sin una última broma.

Eso casi le hizo sonreír; Morgan vio los músculos moverse.

-Sería épica.

Rodando los ojos, le alcanzó otra taza de té y se sentó a su lado con otra.

Dixie les sirvió galletas, pero ambos adolescentes tenían el estómago cerrado, por lo que se limitaron a tomar su té en silencio, mirando en dirección de la sala cada pocos minutos.


Tuvieron que esperar varias horas, las cuales se sintieron como siglos.

Potter no podía quedarse quieto; caminaba de un lado al otro de la sala, y se revolvía el pelo dos veces por minuto.

Morgan intentó no seguirlo con la mirada, pero aún así se mareó.

Tomó un libro que su abuelo había dejado sobre la mesa de café e intentó leer, pero estaba demasiado preocupada para prestar atención, y el libro era demasiado aburrido.

-Va a estar bien, ¿verdad?-preguntó James.

Parecía que sus palabras en la cocina no lo habían calmado tanto como ella pensaba.

Morgan se tardó unos segundos en responder. Black estaba en mal estado, pero ella logró reconocer los efectos de un par de maleficios, incluyendo el cruciatus. No sabía cuánto tiempo pasó Black siendo torturado con ese maleficio específico, pero la exposición prolongada podía causar daño al sistema nervioso, y locura.

Pensó en los padres de Neville en San Mungo y se estremeció.

-Claro que sí-respondió, su voz temblando. Potter le dio una mirada, y ella se apresuró a mirar alrededor de la sala, deseando más que nunca que sus abuelos tuvieran una televisión-¿Quieres jugar un juego? Así pasamos el rato.

James la miró como si fuera estúpida, pero luego aceptó, y se sentó junto a ella.

-Veo, veo.

-¿Qué?

La miraba extraviado.

-Una cosa.

-...¿Qué?

-Que empieza con "P".

El chico suspiró.

-¿Es la puerta?

Maldición.

-No-mintió.

-¿Qué es?

-El pestillo.

-¡Me cago en la diferencia, Edevane! Son parte de lo mismo.

Se cruzó de brazos y alzó el mentón.

-No, no lo son.

James la miró exasperado, pero luego rió por lo bajo. Fue una risa débil y poco sincera, pero era mejor que nada.

-Veo, veo- continuó él, y Morgan lo vio como una victoria.


Cuando cayó la noche, escucharon pasos en el piso de arriba, y unos segundos después, Euphemia apareció a los pies de la elegante escalera. Pasó expresa por su lado, con la varita en mano cubierta en sangre, puños y mandíbula apretados. La expresión que portaba habría asustado al mismo diablo.

Se encerró en su estudio, y menos de diez segundos después los adolescentes la escucharon gritando a todo pulmón.

-¡ESPERA A QUE EL MINISTERIO SE ENTERE, WALBURGA! ¡TE MATARÉ YO MISMA, VIEJA…!-hizo uso de una palabra que ni su propio hijo conocía.

-Guau.

Euphemia continuó gritando, mientras que Fleamont bajó las escaleras junto a un hombre alto y canoso, con una calva de la buena suerte.

-¿Y bien?-preguntó James, acercándose a su padre.

El médico suspiró pesadamente.

-El señor Black estará bien, pero necesita descansar.

-¿Puedo verlo?

-Sí, pero...está durmiendo- su voz se apagó, pues Potter ya estaba subiendo las escaleras a grandes zancadas.

Su abuelo volteó y al verla parada en medio de la sala, le dio una sonrisa triste.

-Carson, creo que no conoces a Morgan.

El doctor le ofreció una mano.

-No, pero Euphemia ha hablado de tí sin parar, jovencita- le dijo con tono conocerte bajo tal situación.

Morgan le devolvió el saludo.

-Un placer.

-Eh, Morgan, ¿no quieres cambiarte?

La chica bajó la mirada y notó por vez primera que su ropa estaba cubierta en sangre.

-Oh.

Sin decir más, se encaminó hacia su habitación, intentando con todas sus fuerzas no correr. Volteó una vez más, para ver a su abuelo y a Carson cuchicheando con las cabezas pegadas. Se veían preocupados.

Su abuela seguía gritando.


13 de Abril, 1976

Sosteniendo la bandeja con un brazo de forma precaria, Morgan abrió la puerta y entró lentamente, con cuidado de no tirar nada.

La habitación era sencilla, pero se notaba que no era la primera vez que Black se quedaba en ese lugar. Tenía algunas banderillas de Gryffindor clavadas en la pared, y sobre un escritorio notó algunas fotografías mágicas de los Merodeadores. La habitación estaba en su mayor parte, a oscuras, y los rayos del sol de primavera que se filtraban por la ventana no golpeaban el bello rostro de Black. La pelirroja sospechaba que había sido un pequeño detalle por parte de James.

Con el entrecejo fruncido y clavado en la bandeja, se acercó a la cama y la depositó lentamente sobre la mesa de noche. Levantó la vista, Black dormía plácidamente, con la cabeza ladeada; parecía estar mascullando algo. Potter dormía a su lado, sentado en una silla y con la cabeza colgando hacia el costado, pero al escuchar el sonido de la bandeja, despertó desorientado.

Se ajustó los lentes y se masajeó el cuello mientras bostezaba. Morgan apretó los dientes para abstenerse de decirle que se tapara la boca. El muy ordinario.

-¿Qué hora es?

-Casi las dos. Pensé en traerte tu almuerzo- le dijo, señalando la bandeja.

-Oh, gracias.

Se estiró y tomó la comida, mientras Morgan tomó asiento al borde de la cama, teniendo cuidado de no despertar a Black.

-¿Cómo está?

-Se la pasa haciendo bromas, pero, no lo sé-James tragó la pasta-. Parece, no lo sé, pero no está tan bien como quiere hacerme creer.

La pelirroja asintió lentamente, viendo como varios cortes y moretones habían desaparecido. El médico que lo había atendido hizo un buen trabajo.

-Es normal con víctimas de abuso- susurró, volteandose para mirarlo a los intenta tener paciencia, y dejale saber que puede hablar contigo. Pero no lo hagas muy seguido, eso puede hacerlo sentir abrumado y solo se cerrará más.

Potter asintió.

-¿Cómo sabes todo eso?

Morgan apartó la mirada y tragó en seco. Se removió en su lugar.

-Lo he visto de cerca- respondió, notando un mechón de cabello negro que caía sobre la nariz de Black.

Resistió la necesidad de quitárselo.

-¿Qué crees que le hicieron? Mamá no me dice.

Morgan se debatió.

-Tal vez es mejor que no lo sepas.

Podía sentir sus ojos clavados en ella, sospechoso.

- sí sabes que le hicieron.

-No,...

-No mientas.

Volvió a tragar y se rascó la cicatriz del cuello.

-Reconozco algunos maleficios- admitió finalmente, notando como los músculos del rostro de Black se contraían. Estornudó y continuó durmiendo.

-¿Pero estará bien?

-Por supuesto.

Morgan lo miró bien. Notó las ojeras, que probablemente las había conseguido al quedarse en vela el último par de noches, la forma en que miraba la figura de Black expectante y al mismo tiempo temeroso, y lo desordenado que estaba su cabello (más de lo normal).

-Eres un buen amigo- se dio cuenta.

James le dio una mirada rápida.

-¿Gracias?

Morgan sonrió de lado.

-Me recuerdas a alguien que conocí.

Eso atrajo su atención. Morgan no le sostuvo la mirada por mucho tiempo, bajandola a sus manos, que descansaban en su regazo. Jugueteó con su uña rota, cortesía de Júpiter.

-¿Edevane?

-¿Mhm?

-Lo siento- ante su expresión perpleja, se explayó-. Lamento haber sido tan malo contigo, al comienzo de curso, y lamento dejar que Can...Sirius te molestara.

-Está bien- aceptó su disculpa con voz rota, luchando contra la pequeña sonrisa orgullosa que amenazaba con abrirse paso a través de su rostro.

-Y lamento lo de tu pelea con Evans. No te merece.

-Vaya, Potter. ¿Te sientes bien?

-Creo que no, pero la verdad duele.


14 de Abril, 1976

Con un suspiro de frustración, Morgan pateó las sábanas y se levantó. El suelo estaba frío e hizo que la piel de los brazos se le erizara. Los rayos de la luna iluminaban su habitación, jugando con las sombras y dándoles un aire ligeramente tenebroso. Júpiter había vuelto esa tarde (sin una respuesta) y descansaba dentro de su jaula, con la cabeza entre las alas.

Tomando un saco de su armario, se dirigió hacía la puerta, abriendola con cuidado y saliendo al pasillo. Camino de puntillas, intentando no despertar a nadie, bajó las escaleras, y pasó por el recibidor, luego la sala, por un corto pasillo hasta llegar a la cocina. No entendía esa mansión; la arquitectura exterior no coincidía con el interior, habían pasillos y escaleras que no correspondían, y más habitaciones de las que debería en un lugar tan grande. Tal vez sus abuelos la habían encantado.

Morgan no se quejaba, era divertido descubrir los secretos del lugar. En el poco tiempo libre que había tenido, se las arregló para encontrar un ático y dos pasadizos, uno de los cuales la llevó a un apotecario.

Encendió la luz y se preparó un té. Se acercaba la medianoche, y con cada segundo que pasaba se sentía peor. El pecho se le cerraba más, le costaba respirar y sentía como si su corazón estuviera siendo aplastado.

Le ardían los ojos, y necesitaba un abrazo urgente.

Se sirvió su té pero no lo bebió, observando su reflejo en la oscura agua.

-¿Te encuentras bien?

Pegó un salto y volteó rápidamente, encontrándose con Black, quien estaba apoyado contra la entrada de la cocina y la miraba curioso. Tenía el brazo derecho en un cabestrillo

-¿Qué?

Se señaló el rostro.

-Estás llorando.

Morgan se llevó una mano al suyo, y notó que el chico tenía razón. Se quitó las lágrimas con brusquedad y le dio la espalda, clavando la vista en la entrada del invernadero, que se veía claramente desde donde estaba. Podía ver pequeñas bolas de luces de diferentes colores flotando lentamente alrededor del lugar.

Escuchó los pasos de Black, que parecía estar acercándose a ella.

-¿No deberías estar en cama?

-Necesitaba estirar las piernas. La quietud me pone ansioso.

Quiso sonreír, recordando que el Sirius del futuro le había dicho algo parecido una fría noche de diciembre.

-¿Te encuentras bien?

-Si.

-No parece. Siempre estás llorando.

-¡No es cierto!

Casi podía verlo rodar los ojos.

-Bien, pero es la segunda vez que te veo así- se detuvo a su lado y clavó la vista al frente, donde las luces continuaban su danza-¿Sucedió algo? ¿Es por tu pelea con Evans?

Morgan entrecerró los ojos.

-¿Por qué iba a contarte?

Black hizo una mueca, y comenzó a juguetear con el velcro de su cabestrillo.

-Sé que me comporté como un idiota en el pasado, y que no te agrado mucho,- la miró, y su tono se tornó suave-, pero quiero que sepas que puedes confiar en mí. Además, escuché que hablar de lo que te molesta es bueno.

Morgan bufó.

-La última vez que confié en tí, me acusaste de supremacista.

Tuvo la decencia de parecer arrepentido.

-No fue mi mejor momento, y nunca voy a poder disculparme lo suficiente, pero de verdad me arrepiento, Ana.

Movió la cabeza con tal rapidez que casi escuchó su cuello tronar.

-¿Cómo me llamaste?

-Morgan no es un buen apodo, si lo que quieres es abreviar el nombre.

La pelirroja sonrió suavemente. El Sirius del futuro había sido el único en llamarla así, y en ese momento, Black le recordaba a él, con su mirada apacible e incitadora, y los labios ligeramente torcidos, sonriendo de costado de forma inconsciente.

-En cinco minutos será el cumpleaños de mi mejor amiga- escupió.

La verdad era que quería...no,necesitaba hablar de Daphne, pero lo que más quería era tenerla a su lado, diciéndole que dejara de ser una idiota, que dejara de llorar, que dejara de darle falsas esperanzas a Timothy y que no se encariñara con James y Lily. Quería que Daphne estuviera a su lado para que le recordara que era lo que había sido enviada a hacer; pero más que nada, solo quería su compañía. Daphne había sido su amiga más cercana y la más leal, la que nunca dudó de ella y siempre estaba dispuesta a meterse en pleitos con los otros estudiantes en orden de defender su honor. Daphne nunca la había juzgado, y era la única persona a la que le había confiado sus pensamientos más oscuros.

"-No se porque te averguenzas tanto- le dijo desdeñosa, haciendo un ademán con la mano para restarle importancia al asunto.

-Acabo de decirte que quiero matar a alguien-dijo Morgan lentamente y haciendo énfasis en la palabra "matar".

-Y ese alguien es Bellatrix Lestrange, quien por cierto tiene poco y nada de sentido de moda- se inspeccionó las uñas, todas perfectamente limadas y de un profundo tenemos esa clase de pensamiento en algún punto de nuestras vidas, Morgan, la diferencia es que tú y yo somos honestas al respecto.

-Pero…

-Y no es como si fueras a salir y darle caza, porque "a" sería muy estúpido, incluso para tí; y "b" sería muy estúpido de mi parte ir detrás para asegurarme de que no acabas muerta, o peor, en Azkaban. Los uniformes son un insulto; nadie merece usar algo tan horrendo."

Black parecía confundido.

-¿Evans? ¿Qué no cumple en enero?

-No, hablo de otra persona.

-Oh. ¿Cómo se llama?

-Daphne, y era una de las personas más intrépidas que conocí.

-¿Era?-cuando vió su expresión caer, le entendió-Lo siento.

Morgan aceptó su honesta disculpa, aunque eso no le devolvería a Daphne.

-Al principio no me caía muy bien, era algo vulgar y no tenía filtro- Black rió por lo bajo, y Morgan sonrió suavemente-; pero siempre estuvo a mi lado. Siempre estuvo dispuesta a atacar a otros estudiantes cuando me molestaban.

-Creo que me agrada.

-Sí, se habrían llevado bien,...o muy mal.

-¿Qué sucedió?

¿Qué podía decirle? ¿Que Daphne todavía no nacía? ¿Por qué no mejor le pedía que la llevara al manicomio más cercano?

-No lo sé.

Black colocó una mano en su hombro, y luego movió el brazo, rodeándola en un cálido abrazo. Dubitativa, Morgan se lo devolvió. Luego se aferró a él con fuerza. Respirar era más sencillo, y parte del peso que descansaba sobre su corazón se desvaneció.

Era increíble lo que un simple abrazo podía hacer.

Si a Black le incomodaba o le molestaba el fuerte agarre de la pelirroja, no lo manifestó. Dibujó círculos en su espalda.

El reloj dio la media noche.

-Feliz cumpleaños, Daphne- susurró Black.

-Feliz cumpleaños, Daphne.

Sus deseos se perdieron en el espacio.


N/A: Así que…¿qué piensan de,...bueno, de todo? La verdad es que este capítulo costó un poco, porque sabía de qué quería que Morgan hablara con James y luego con Sirius (tenía planeado esas escenas desde que comencé la historia) pero no sabía muy bien cómo abordarlo y que tanto debería revelar Morgan. Tal vez vuelva a escribir esas escenas eventualmente.

También cambié el título del capítulo, que originalmente se iba a llamar "Una tregua". Creo que hasta este punto se ha notado que Daphne influenció mucho a Morgan, y verémos más de su amistad. Solo quería dedicarle el capítulo porque también ayudó a Morgan a abrirse un poco con James y Sirius, y porque de verdad fue una excelente amiga.

Por cierto, ¿notan un cambio entre Morgan y James? No, no es el hecho de que ahora comienzan a llevarse bien.

Sí van a mi twitter, BolenaBorgia, van a ver un pequeño collage que hice, con los rostros de varios personajes; si es que les interesa saber cómo me los imagino. No son exactamente ellos, pero se le acercan bastante.

Espero que les haya gustado el capítulo.

En el próximo, probablemente verán un poco más de esos dos con Morgan,y luego volvemos a Hogwarts, donde Lily espera, jejeje.

Gracias por leer :)