Sara: Me alegro :)

Nat-Marie: Yo también extraño a Daphne. Nunca tuvo mucha importancia en los libros, pero igual siempre me llamó la atención y disfrute escribiéndola.

Jejej, que bueno que alguien los shippee, sino estamos en el horno :P

Whitch: ¿Qué tipo de acción? ¿Entre Sirius y Morgan? ¿O con Voldy? Con cualquiera hay que esperar, los personajes tienen que ir creciendo antes de salir a cazar mortífagos. Dumbledore va a mantener a Morgan cerca tanto como pueda, y ella no puede hacer mucho hasta que cumpla 17...eso no quiere decir que su tiempo en Hogwarts no se vaya a volver un poco turbio ;)


Capítulo 15: Otra de los chicos

24 de Diciembre, 1997

Harry se quitó la capa dejándolo, a Hermione y a Morgan, descubiertos. La pelirroja no pudo evitar hacer una arcada y se tapó la boca, intercambiando una mirada con Hermione.

La casa de Bathilda Bagshot apestaba, y estaba tan descuidada por dentro como por fuera.

El olor se intensificó cuando se quitó el chal, y olvidando sus modales, las chicas tomaron un paso atrás. Harry se quedó en su lugar. Masculló algo que Morgan no entendió y la vieja asintió. Pasó por su lado con pasos laboriosos, empujando a Hermione en el proceso. Morgan la tomó del brazo y la ayudó a enderezarse.

-Harry, esto no me gusta- dijo la Gryffindor.

-A mí tampoco- coincidió Morgan. Tenía la piel de gallina, y estaba haciendo uso de todo su autocontrol para no correr fuera de la casa. Sus ojos viajaban de un lado al otro de la habitación, en busca de peligro. Blaise solía bromear diciendo que tenía los agudos sentidos de un gato, y podía oler el peligro a kilómetros de distancia. La pelirroja nunca se ofendió por eso pues parecía ser cierto, y le había salvado la vida en más de una ocasión.

-¿La vieron bien? Estoy seguro de que en caso de necesidad podríamos dominarla. Miren, debí decirlo antes, pero yo ya sabía que no estaba muy bien de la cabeza. Muriel lo dijo.

¿Ir a la casa de una vieja demente? Simplemente espléndido.

La vieja siseó algo, y Hermione se aferró al brazo de Harry..

-Tranquila-le dijo Harry, yendo detrás a la anciana.

Morgan lo siguió con pasos lentos, haciendo una mueca cada vez que el suelo de madera crujía. Hermione se aferró a su mano.

-¿La escuchaste?-le preguntó con urgencia.

-¿Qué cosa?

-Creo que,...no importa.

Morgan entornó los ojos pero no dijo nada por miedo a que Bathilda las escuchara y se ofendiera. No soltó la mano de Hermione; la chica estaba preocupada, y si Hermione también lo estaba, entonces definitivamente tenían que irse rápido.

Harry tomó los fósforos de la mano de la mujer y continuó con la labor de encender las velas. Lentamente, Morgan inspiró por la nariz.

-¡Guak!

Se volvió a tapar la boca, y sintió como su cabello se tornaba un desagradable tono mostaza.

-¿Qué ¿Qué?

-Huele a muerto.

-Tal vez sea una rata- dijo Hermione, aunque no sonaba convencida.

Le soltó la mano y se dirigió hacia la chimenea. Bathilda le dio la espalda a Harry para observar a su amiga.

Morgan tenía la vista clavada en la anciana. Algo no estaba bien con ella.

-Señora Bagshot…¿Quién es éste?-preguntó Harry, señalando una fotografía vieja. Cuando la mujer no respondió, Harry se acercó con la foto en mano- ¿Quién es este joven?

Morgan tomó un paso en dirección de la anciana y el corazón comenzó a latirle desenfrenado. Estaba erizada y tensa, como si estuviera a punto de pegar un gran salto.

Lentamente, retrocedió, pero la anciana no pareció notarlo. Capturó la mirada de Hermione, y sin darle la espalda a Bathilda, salió de la sala y dobló el pasillo.

Olfateó, y enfocada en el aroma a podrido, comenzó a seguirlo, subiendo por la empinada escalera. Trató de no pisar el medio, subiendo por el lado de la pared y evitando que la madera crujiera. Con cada paso, el olor se intesificaba. Llegó al primer rellano y giró hacia la derecha.

-Lumos.

Entró a una habitación de techo bajo y volvió a taparse la boca. Volvía a estar tensa, y se apoyaba sobre las puntas de los pies.

Algo está mal. Algo está mal. Algo está mal.

Escuchó pasos y se escondió detrás de una puerta. Ahí el olor era peor.

-Nox-susurró al tiempo que los pasos entraban en la habitación.

Contuvo la respiración al ver que alguien se acercaba, pero solo cerraron la puerta. Volvió a escuchar los siseos, y pegó la oreja a la madera.

Otra voz se unió, y la reconoció como la de Harry. Retrocedió y se tropezó con algo grande. Cayó sobre su trasero con un ruido seco.

-Lumos-se apresuró a recitar, olvidando las presencias fuera de la habitación.

Vio algo que hizo que se sacudiera con violencia y vomitara sobre el sucio suelo de la habitación. Un gran trozo de carne yacía a su lado, rodeado de sangre seca. Estaba lleno de moscas y gusanos, y por la forma de lo que quedaba debía de ser humano.

Vagamente escuchó algo caer del otro lado, y se levantó con una velocidad increíble, ignorando la forma en que el mundo parecía girar a su alrededor.

-¡HARRY!- gritó, yendo por la puerta.-¡HERMIONE!

Abrió la puerta y saltó al costado, apenas esquivando los colmillos de la gran serpiente. Harry corrió hacia ella y la ayudó a levantarse.

El reptil salió del baño y esta vez atacó a Harry, derribandolo y sin desperdiciar tiempo, enrollándose alrededor de su torso.

Apuntó su varita a la serpiente:

-¡Relashio!

Nagini soltó a Harry justo cuando Hermione entró en la habitación con la varita alzada.

-¡Fulgari!-gritó Morgan, y cuerdas luminiscentes aparecieron de su varita y ataron a Nagini, sosteniéndola contra la pared.

La serpiente se removió de forma brusca, y Morgan observó estupefacta como las cuerdas se desintegraban. No lo entendía; había usado magia negra para conjurarlas, ¿cómo podía hacer eso una estúpida serpiente? ¿Acaso Voldemort la había encantado?

-¡Viene hacia aquí! ¡Viene hacia aquí!-gritaba Harry, tomando grandes bocanadas de aire. Hermione estaba a su lado, revisándolo de pies a cabeza.

Intentó pensar rápido, pero la serpiente se liberó de sus ataduras y se abalanzó sobre ella.

-¡Everte Statum!- Nagini salió despedida por la pared y Morgan corrió hacia Hermione y Harry.

-¡Confrigió!

Un espejo se rompió, y varios fragmentos le cortaron el rostro.

La castaña se aferró a los mellizos, los guió hacia una destrozada ventana y saltaron al vacío. Lo último que Morgan vio fue a Voldemort en el umbral, y a Nagini acercándose nuevamente.


16 de Abril, 1976

El sonido de una explosión viajó a través de la mansión, pero Morgan permaneció estoica. Con una pequeña sonrisa triunfante, colocó su pluma dentro del tintero y examinó su ensayo de estudios antiguos. ¿Quién habría pensado que Cleopatra fue una bruja?

Dejó el rollo de pergamino extendido sobre el escritorio para que secara y se levantó. Con un quejido se estiró, sintiendo como su espalda tronaba y sus piernas protestaban ante el movimiento. No sabía cuánto había estado ahí sentada y prefería no saberlo, pero se había encerrado en la biblioteca de la mansión a media mañana, y el sol vespertino se alejaba del lugar.

Le dolía la cabeza, en parte gracias a la cantidad de tarea en la que estuvo sumida, y en parte al hecho de que se había arrancado varios cabellos, ansiosa por terminar. Era viernes, y el domingo estarían volviendo a Hogwarts, lo que le daba...cero días de descanso, pues todavía tenía que inspeccionar la biblioteca. Esperaba que sus abuelos tuvieran información sobre Horrocruxes.

Su estómago protestó, y la bruja decidió que era mejor trabajar con el lleno.

Otra explosión sacudió los suelos de la mansión, seguida por dos pares de risas maniáticas. Black se estaba recuperando rápido, gracias a las pociones de Fleamont y al minucioso cuidado del doctor Carson, y él y James se la pasaban en el tercer piso (al que Morgan no sabía como llegar, pues todavía no encontraba una escalera) provocando explosiones. Estaban planeando algo, estaba segura, y sus abuelos no estaban para detenerlos. Euphemia había salido expresa en dirección al Ministerio luego de recibir una carta, y Fleamont...Morgan no tenía idea de donde estaba.

Dixie estaba en la cocina, tarareando una canción por lo bajo y limpiando el horno.

-Hola, Dixie-saludó Morgan, dirigiéndose hacia la nevera.

-¡Ama, Morgan! Siéntese, ama, siéntese. Dixie puede hacer eso.

La elfa la empujó en dirección de la silla, y Morgan se sentó de mala gana. Sabía que servirle era el trabajo de la elfa, pero no podía evitar sentirse incómoda. Ella era más que capaz de hacerse un sandwich. El ímpetu de la pequeña elfa le hacía sentir peor, ya que después de todo, era técnicamente una esclava. Nunca entendería como podía ser feliz viviendo así. Sus harapos eran los más lastimeros que hubiera visto, y quería regalarle prendas decentes, pero sabía que se vería mal.

-¿Que quiere comer, ama?

-Un sandwich sería perfecto.

La elfa se movía con familiaridad, mientras que Morgan se sujetó a la silla para no levantarse y ayudarla.

Las risas maniáticas volvieron a escucharse, y unos segundos más tarde, Black y James entraron en la cocina cubiertos de hollín.

-¿Qué es eso, Dixie?-preguntó Potter, ojeando el sandwich-Yo quiero.

La elfa parecía feliz ante el pedido, y le sirvió el sándwich a la pelirroja antes de hacer otros dos.

Los adolescentes se sentaron frente a ella.

-¿En dónde has estado, Edevane?-preguntó James, apoyando los codos sucios sobre la mesada- Casi no te he visto.

-Haciendo tarea-respondió, haciendo a un lado su vaso vacío-¿Cómo vas con eso?

Hizo un ademán con la mano.

-Todavía hay tiempo.

-Ya es viernes, Potter.

-Exacto-habló Black, levantándose para lavarse las manos-. Falta una eternidad.

Morgan suspiró exasperada.

-Espero no verlos copiando a alguien a último momento.

Potter sonrió.

-No nos verás.

Black volvió a tomar asiento.

-Oye, Lun...Remus va a venir mañana. Pensábamos ir al Callejón Diagon, ¿quieres venir?

Morgan y James alzaron las cejas hasta que se perdieron en sus líneas de cabello.

-¿Yo?

-¿Ella?

Black la miraba expectante, y Morgan se aclaró la garganta.

-Ya le dije a Euphemia que la acompañaría al mercado mágico. Lo siento.

Los chicos se encogieron de hombros al tiempo que Dixie les servía sus sándwiches. Antes de que James tomara el suyo, la bruja se lo quitó.

-¡¿Qué te pasa?!

-Primero lávate las manos.

-¡No fastidies! ¡Tengo hambre!

-¡James Potter!

Black bajó la cabeza, pero sus hombros se sacudían de forma descontrolada.

-Agh, bien.


18 de Abril, 1976

Morgan había olvidado lo,...colorida que era la ropa muggle en los setenta, y las prendas vibrantes le lastimaron los ojos.

Euphemia y Fleamont se estaban despidiendo de ellos en el andén 9 ¾, y su selección muggle era bastante única.

Euphemia se aferró a James como si no fuera a volver a verlo.

-¡Mamá! ¡La gente mira!

Detrás de la mujer, Morgan y Sirius reían por lo bajo, mientras que James los miraba con resentimiento.

"Ayuda" pareció que modulaba, pero la pelirroja simplemente ladeó la cabeza y lo dejó sufrir, mientras que Black fingía inspeccionar el cielo.

Finalmente, Euphemia liberó a su hijo de su abrazo y fue el turno de Black, quien tampoco pudo liberarse. Junto a su esposa, Fleamont sacudía la cabeza y miraba a los adolescentes con lástima.

Cuando fue el turno de Morgan, ésta no se quejó, ni siquiera cuando comenzó a sofocarse.

-Sé que no pudimos hablar mucho, pero sí necesitas algo, o si Dumbledore…

-Está bien- le cortó la adolescente, antes de que dijera algo que no debía.

Sus abuelos no sabían mucho de ella. Sí sabían (gracias al recuerdo que les había mostrado) que era su nieta del futuro y que necesitaba con quien quedarse, pero Dumbledore no les había contado que era exactamente lo que tenía que hacer, solo que tenía en su posesión algo que les ayudaría a ganar la guerra y que Voldemort no podía saber.

Fleamont tomó un paso en su dirección y le ofreció una caja.

-¿Por qué le dan un regalo? Yo quiero uno-se quejó James.

Su madre le dio una mirada y el chico se calló.

-¿Qué es esto?-preguntó, abriendo la caja.

-Oh, no es nada. Solo un detallito, para que captures algún momento.

Morgan abrió la caja y sacó la pequeña Olympus. La inspeccionó antes de sonreír a sus abuelos.

-Me encanta. Gracias.

Ambos sonrieron de oreja a oreja, y la chica volvió a guardarla junto al paquete de rollos.

-Está encantada-le dijo Fleamont-. Pero esos hechizos no son mi fuerte.

-Bueno, ten cuidado-le dijo Euphemia, abrazándola de nuevo para luego ser apartada cin gentileza por su esposo.

Fleamont se despidió de James y Black con un apretón de magos y de su nieta con un beso en la mejilla, y los tres adolescentes abordaron el tren.

Morgan volteó con intenciones de irse al fondo del vagón, pero James le jaló la capucha de su chaqueta.

-¿A dónde vas?-le preguntó.

-A buscar un asiento-le respondió extrañada. ¿A dónde más iba a ir?

Señaló detrás de sí, por dónde Black ya se estaba alejando.

-Siempre nos sentamos en el medio.

Dio media vuelta y comenzó a marchar. Morgan lo observó como si le hubiera salido una segunda cabeza. ¿Eso era una invitación?

-¡Vamos!

Parecía que sí.

Preparándose mentalmente, lo siguió.


Era tan malo como lo predijo.

Remus todavía no se les unía (tenía una reunión con los otros prefectos), por lo que no había quien controlara a los otros tres.

Black y Potter no podían quedarse quietos, se movían de un lado al otro del compartimento, persiguiendo ranas de chocolate, una snitch, o simplemente actuando como cavernícolas.

Morgan hizo su mejor esfuerzo por ignorar a Pettigrew, pero cada vez que hablaba (o sea, cada vez que abría la boca para elogiar alguna estupidez de Black) no podía evitar apretar la mandíbula e imaginarlo hundiéndose en una piscina llena de serpientes.

No estaba acostumbrada a ese comportamiento. En el futuro, sus viajes eran más amenos, hablando o riendo con su grupo de amigos, nunca actuando de esa forma.

Ladeó la cabeza mientras que Black se movía alrededor del compartimento con la espalda encorvada, los brazos extendidos y una mueca en el rostro.

-Soy Quejicus. Mírenme, soy Quejicus y no me baño.

Ante esa terrible imitación, soltó una risita, compartiendo el desagrado por el muchacho.

Sin que el chico lo notara, sacó su regalo y tomó su primera foto. Black se quedó de piedra al escuchar el sonido de la cámara, y la miró con incertidumbre.

-¿Acabas de tomar una foto?

La puerta del compartimento se abrió.

-Sirius, saca tu trasero de mi vista-suspiró Remus.

-Admite que te encanta- canturreo Sirius, meneando las caderas.

Morgan tomó otra foto, capturando los ridículos movimientos de Black y la expresión horrorizada de Remus.

-¿Cómo estuvo el mercado?-preguntó el licántropo, empujando a Black y tomando asiento junto a Pettigrew.

Morgan sonrió.

-¡Oh! ¡Fue divertido! No sabía que los magos tenían de esos. Los puestos de criaturas mágicas fueron mis favoritos.

Remus asintió lentamente.

-Sí, mucha gente va a esos en lugar del Emporio en Diagon. ¿Encontraste el puesto de libros de la señora Maves?

-No, pero un hombre dijo que nadie la ha visto en varias semanas.

La señora Maves tenía, aparentemente, un pequeño puesto en el Mercado Mágico, donde vendía el tipo de libros que uno no encontraba en Flourish & Blotts. Remus se lo había mencionado el sábado en la mañana, antes de que la pelirroja se fuera con su abuela, y quiso verlo ella misma. Dudaba que la señora Maves fuera a vender libros sobre artes oscuras en un lugar tan abierto, pero uno no perdía nada con intentarlo.

Black se dejó caer a su lado y se despaturró sobre el asiento, como si fuera el único en ese lugar.

-Así qué, Lunático…

-No te voy a dar mi tarea.

-¡Solo la de transfiguración!

-Y la de herbología, e historia, pociones y estudios muggle.

Black se encogió de hombros.

-Ya que te ofreces,...

-No.


Con Remus en el compartimento, Black y James se calmaron un poco, lo suficiente para que Morgan pudiera leer en paz.

-¿Qué es esto?

O no.

Black le quitó el libro de las manos.

La pelirroja intentó quitárselo, pero Black lo sostuvo fuera de su alcance.

-Es un libro.

-Brillante- el chico le dio la vuelta y leyó la sinopsis-¿Es de un autor muggle?

-Sí.

-¿Me lo prestas?

Morgan lo miró sorprendida.

-Um, claro. Yo ya lo leí.

Black le sonrió y no desperdició tiempo, abriendo el libro en la primera página y comenzando su viaje junto a cuatro hermanos. La pelirroja intercambió una mirada consternada con Remus y James.

Giró la cabeza a tiempo de ver a Lily pasar expresa por su compartimento, parecía decidida. La prefecta dio una mirada rápida antes de seguir, para luego detenerse en seco. Dio unos pasos hacia atrás y, con expresión incrédula, abrió la puerta lentamente. Escaneó el compartimento con cuidado.

Potter ni siquiera levantó la mirada de su mazo de tarjetas, que estaba intercambiando con Pettigrew.

-Um,...Morgan, ¿estás bien? ¿Te están molestando?

La metamorfomaga la miró con la expresión en blanco. ¿Por qué le importaba?

Al escucharla hablar, Black, Potter y Remus reconocieron su presencia.

-¿Se te ofrece algo, Evans?-preguntó Black, pasando la página del libro casualmente.

Lily los ignoró, con sus ojos clavados en unos casi idénticos a los suyos.

-¿Puedes salir un momento? Me gustaría hablar contigo.

Tal vez quería gritarle un poco más.

Morgan se levantó de su asiento, pero no pudo salir, pues su camino era bloqueado por James, quien se paró delante de ella.

Escuchó a Lily suspirar.

-Por enésima vez, Potter, no voy a salir contigo.

-Escucha, Evans- comenzó el chico, pasándose la mano por el cabello-, creo que ya molestaste a Morgan lo suficiente.

Morgan rodeó al chico con una pequeña sonrisa en el rostro.

-Está bien, James-colocó una mano sobre su brazo al pasar por su lado. Notó que Lily lo miraba boquiabierta-¿Vamos?

Desconcertada, la otra chica asintió y salió del compartimento seguida por Morgan, quien podía sentir las miradas de los chicos clavadas en su espalda.

Lily la guió hasta el fondo del vagón, a otro vacío. Cerró la puerta y bajó las cortinas, mientras la otra chica la observaba con suspicacia y creciente nerviosismo.

Lily volteó y bajó la mirada por un momento, para luego tomar valor y enfrentarse a la de Morgan.

-Recibí tu carta- le dijo, ante lo que Morgan decidió que era mejor mirar a la pared crema.

-Prometo no molestarte.

-¡No! No es eso-Lily tomó una bocanada de aire-. Mira, quería disculparme en persona.

Eso volvió a ganar la atención de la Slytherin. Notó que Lily se veía extremadamente incómoda, apenas podía quedarse quieta. No debía disculparse seguido, adivinó Morgan.

-Ok.

-Lo que te dije,...no fue justo, y mucho peor fue ignorarte luego. De verdad lo siento. Es que...Sev y yo nos la pasamos peleando, y se enojó mucho cuando se enteró de que rompí su confianza. Y se que solo intentabas ayudar, pero estaba enojada; enojada conmigo misma por no poder hacerlo entrar en razón, y enojada con él por lo que está haciendo. Morgan-la pelirroja la miró, notando las silenciosas lágrimas que caían por su rostro y con cada segundo hablaba más y más rápido-, entiendo que no es excusa, pero de verdad, de verdad lo siento. Estar en casa tranquila me dio tiempo para calmarme, y me sentí horrible por como te traté, y tu carta...Siento mucho lo de tu amigo. Por favor, no me odies-se pasó una mano por el rostro y se removió en su lugar-. Eres mi mejor amiga.

La expresión gélida de Morgan se derritió, y comenzó a sonreír lentamente. Las palabras de Lily y el silencio que le siguió le había dolido, y aunque la resentía un poco (ella solo quería ayudar), la había extrañado demasiado, y le era imposible enojarse con esos ojos implorantes. Se acercó a Lily y le dio un fuerte abrazo.

-No te odio, Lils.

La otra chica la rodeó y se aferró a ella con la misma fuerza.


Morgan se quedó con Lily en su compartimento, compartiendo unas empanadas de calabaza. La prefecta le contó sobre sus discusiones con su hermana mayor, Petunia, quien sentía un gran desagrado hacia todo lo mágico.

-Ya no se que hacer o decir; todo le molesta-confesó Lily luego de tragar un trozo de empanada-. Mis padres intentan no preguntar nada sobre el colegio si ella está cerca, pero no podemos pasar el resto de nuestras vidas así.

Morgan simplemente la escuchó. Sabía que tía Petunia estaba celosa de Lily, y que al enterarse de que su hermana asistiría a un colegio de magia le escribió a Dumbledore para pedirle un lugar. Sospechaba que sus problemas con Lily se remontaban más allá de la magia, pero no sabía cómo preguntar sin escupir información de más y dejarse en evidencia.

-No importa- Lily sacudió la cabeza, y antes de dar otra mordida a la empanada, preguntó: -¿Cómo la pasaste con los Potter?

Morgan se alisó la falda.

-Quieres saber si James me fastidió mucho-cuando la otra chica asintió, continuó bien. Se nota que no sabe compartir, pero creo que le agrado.

-¿Por eso estabas con ellos?

-Sip.

-¡Fiu! Creí que te estaban molestando. Espera, ¿James Potter se lleva bien con una Slytherin?

-Eso parece.

-¡Vaya! Qué día tan interesante.

Morgan rió ligeramente.

-Dale una oportunidad, Lils; el chico no es tan malo.

Lily ignoró el comentario.

-Oye, ¿son ciertos los rumores? ¿Black escapó de su casa?

La expresión de la otra bruja se ensombreció lentamente. El doctor Carson quiso que Sirius se quedara en la mansión de los Potter otra semana, pero Sirius quería volver a Hogwarts. Se las arregló para convencerlos al decirles que vería a Madame Pomfrey todos los días. Morgan tampoco pensaba que volver a Hogwarts fuera una buena idea; lo veía hacer muecas de dolor cada tanto, cuando creía que nadie lo estaba mirando, y notaba como le costaba actuar con normalidad, en especial al estar rodeado por grandes multitudes.

-Sí, se apareció el martes-respondió, mirando sus manos para asegurarse de que no estaban manchadas en sangre.

Lily debió notar el cambio en su rostro, porque no hizo preguntas y cambió el tema.

Morgan le contó sobre los señores Potter, su gran biblioteca y el mercado mágico al que su abuela la había llevado. Lily le hizo prometer que la llevaría.

Apenas pasó media hora cuando la prefecta se detuvo a media frase. Se señaló la oreja, y la otra chica hizo un esfuerzo por agudizar su oído.

-¿Puedes ver algo? ¿Hay sangre?

-Deja de empujarme, Cornamenta.

-Deja de quejarte y dime que vez, Lunático.

-¿Crees que están desnudas?

-¡Canuto!

El chico rió.

-Asómate despacio.

Lily se levantó con cuidado y abrió la puerta, por la cual cayeron tres adolescentes que casi la derriban.

-¡Cielos, Potter!- le reprochó, subiéndose sobre el asiento con rapidez.

Morgan observó en silencio mientras Black, James y Remus luchaban por levantarse.

Finalmente, luego de varios empujones, maldiciones, y puntos restados cortesía de Lily, lograron levantarse. James inspeccionó el compartimento para luego asentir satisfecho. Black se sentó junto a Morgan con tranquilidad y Remus le dio una mirada pesarosa.

-¿Qué quieren?

-¿Esa es forma de recibirnos, Evans?- preguntó James, acercándose. La chica se alejó y se sentó al otro lado de Morgan, asegurándose de subir las piernas y estirarlas de modo que el pelinegro no tuviera espacio. El chico no pareció ofendido, y tomó asiento del otro lado junto a Remus-Se fueron por mucho rato, pensé que encontraría un cadáver.

-O una pelea de almohadas- añadió Black, guiñandole un ojo a Morgan, quien decidió ignorar su presencia-. Que decepción.

-Así que, ¿todo en orden?-preguntó Potter, señalándolas.

Lily enlazó su brazo con el de Morgan.

-Todo en orden.

-Bien, odiaría tener que odiarte, Evans-dijo el chico, acomodándose los lentes.

-¿Ahora son tus amigos?-le preguntó a Morgan, medio resignada y dándole una mirada de soslayo.

La susodicha se encogió de hombros.

-Por supuesto-sonrió Remus.

Black le dio un suave puñetazo en el brazo.

-Ya es otra de los chicos.

-Vaya, Black. Sabes como hacerme sentir especial-dijo impávida.

-Oh, ven a verme cuando quieras y verás que tan especial te ha...

-¡CANUTO!


N/A: Supongo que no todo puede ser puro sufrimiento¯\_(ツ)_/¯

Pregunta hipotética…

¿A quién extrañarían más? ¿James o Remus?

...Esto es hipotético, jijijiiji.

Si hay algún fan de Timothy por aquí, lo volveremos a ver el próximo capítulo, junto a Bertúpido.

Gracias por leer!

Baiiiiiii :D