Sara: Graciazz ^-^
Nat-Marie: Pos es que es cierto, Sirius es flexible...ya me lo mal pensé, jeje.
Ya se arreglaran las cosas, lo prometo.
Interesante es una forma de ponerlo…
Gracias por comentar :D
beatleclaw: ¿Sabes a quien le gusta The Beatles? A Sirius ;), al menos en mi historia le gustan.
¿Queres drama y salseo? Pos te daré algo de ambos, jijijij.
Beatendorr suena a que tenés problemas de majeo de la ira xD
Morgan lleva entrenando un par de meses, pero los otros estuvieron al menos dos años para lograrlo. Voy a ir mostrando más de a poco y también estoy dando pistas sobre su forma ;)
A Sirius le gusta que Morgan lo manosee :p
Gracias por comentar :D
Capítulo 17: El Mensaje Amigable de James
9 de Junio, 1976
Luego de intimidar a un alumno de cuarto año para que le diera la contraseña de la torre de Gryffindor, Morgan se apresuró hacia donde recordaba se encontraban las habitaciones de las chicas de quinto.
Abrió cada puerta y ganó varios gritos enojados en el proceso, pero finalmente encontró la de Lily.
La prefecta se encontraba acurrucada sobre su cama, con las rodillas contra el pecho y la cara enterrada en ellas. Sollozaba de tal manera que uno pensaría que había perdido a su mascota y no a ese idiota, pobre excusa de amigo.
Morgan cerró la puerta y se acercó con pasos lentos. Sí Lily era como ella cuando estaba en ese estado, era muy capaz de lanzarle una maldición sin siquiera ver quien era. Se sentó sobre la cama y colocó un brazo alrededor de ella, ante lo que Lily cedió, envolviendo a Morgan en un abrazo y llorando en su hombro.
-Sssh-intentó calmarla, acariciando su cabello y dibujando círculos en su espalda-, todo está bien.
Podía sentir las temblorosas manos de Lily en su espalda, y la tela húmeda de su camisa le incomodaba, pero no hizo ningún comentario; se recostó contra la cabecera de la cama con Lily en brazos y como pudo, colocó un edredón blanco con flores y pájaros a su alrededor.
Morgan no estaba segura de que sentir. Por un lado, quería sacar su varita y darle caza a Snape por hacer a Lily llorar; pero en el fondo se echaba la culpa. Ella sabía que eso sucedería; Harry le había contado sobre el evento luego de una fallida lección privada con el profesor de pociones en quinto año, y ella se había prometido a sí misma que salvaría la amistad de Lily y Snape. No había intentado lo suficiente, y en el fondo sabía que en realidad no le interesaba lo que sucediera con su futuro profesor; nunca le había caído bien, ni siquiera luego de enterarse de que todo lo que había hecho había sido para proteger a Harry de Voldemort. Su hermano lo había perdonado fácilmente, pero ella no podía olvidar todo lo que había provocado, o más bien, provocaría.
No podía olvidar su patético intento solo un par de meses atrás, que acabó con Snape llamándola "abominación" y una Lily desairada por una larga semana. Otra razón por la que hizo la vista gorda. Esa palabra sonaba en su cabeza cada vez que veía a Snape. Abominación. Abominación. Y la cicatriz en su antebrazo quemaba como si Bellatrix la estuviera marcando una vez más. Bastarda. Bastarda. Ella no podía ser como Harry, no podía ser la mejor persona y perdonar a alguien por algo que todavía no había hecho; no podía ver más allá de su odio e intentar hacerlos cambiar antes de que fuera demasiado tarde. Quería verlos sufrir, quería verlos perder. Quería asegurarse de que pagaran por esos crímenes que todavía no cometían.
No tuvo en consideración que otros a su alrededor sufrirían también.
Otro sollozo se abrió paso a través de Lily y llenó el silencio de la habitación, y Morgan se sintió tan mal, que por un momento fue como si ella misma la hubiera llamado "Sangre sucia".
Permaneció en silencio y dejó que Lily mojara su camisa, era lo menos que podía ser.
Cuando el sol se ocultó en el horizonte y dio paso al canto de los búhos, la puerta del dormitorio se abrió, y por ella entraron, Alice, Dorcas y Marlene.
McKinnon miró a Morgan con recelo pero no dijo nada y se sentó sobre su cama, de donde luego sacó un diario de debajo de su almohada y comenzó a escribir.
Dorcas le dio una pequeña sonrisa y cerró la ventana para luego dirigirse al baño.
Alice se acercó a las pelirrojas con expresión afligida y una gran porción de pastel de chocolate en mano. Le dio una mirada al plato y luego a las chicas.
-Lo siento Morgan, creí que Lily estaría sola.
La Slytherin le quitó importancia encogiéndose de hombros.
-No te preocupes, no tengo hambre- mintió, pensando en que le encantaría una ensalada rusa.
Alice tomó asiento al borde de la cama y pasó su mano por la espalda de Lily, quien intentó sonreír.
-¿Cómo…
-Estoy bien, Alice. De verdad.
-Te dije que Snape no te convenía-llegó la voz de McKinnon desde su cama, quien ni siquiera se molestó en levantar la mirada.
Morgan hizo de cuenta que no existía y Dorcas salió del baño.
-¿Quieres darte un baño? Te sentirás mejor-dijo la chica, liberando su cabello de su cola de caballo.
Morgan la animó a levantarse.
-Podemos tomar chocolate caliente cuando salgas.
-Pero ya terminó la cena-dijo Lily con voz lastimera.
Morgan hizo un gesto con la mano.
-Puedo ir a la cocina. Le agrado a los elfos.
Lily no parecía tener la energía para interrogarla en su conocimiento respecto a la ubicación de la cocina, por lo que asintió con aire ausente y se dirigió hacia el baño.
-¿Quiere que te acompañe?-preguntó Alice.
-Seguro.
Alice intentó entablar conversación en el camino, y Morgan se sintió mal por no poder seguirla. La rubia tenía buenas intenciones, pero la otra chica estaba demasiado ocupada teniéndose lástima.
"-No seas patética. Los Slytherin estamos por encima de eso."
Casi podía escuchar la voz de Daphne en su cabeza.
Lanky estaba feliz de verla, y aún más de verla con una amiga. Morgan no la corrigió, pues no quería insultar a Alice, pero apenas la conocía.
Regresaron a la torre de Gryffindor cargadas de diferentes delicias, todas de chocolate. Alice no ocultó su admiración cuando Morgan hizo levitar los alimentos sin pronunciar palabra.
Al llegar al retrato de la Dama Gorda, la rubia dudó un momento y Morgan gruñó por lo bajo. Snape esperaba sentado frente al retrato, y al ver a las brujas se apresuró a levantarse con torpeza.
-No-le cortó antes de que hablara.
-Por favor, Edevane, dile que quiero hablar con ella.
-Carajo, no- le hizo una mueca, como si hubiera dicho que la tierra era plana.
Alice, siendo más sensible, tomó un paso tentativo en su dirección.
-Mira Severus, creo que es mejor que esperes unos días. Pueden hablar cuando se haya calmado.
-¡No!- gritó el chico, y Morgan se colocó delante de Alice de forma protectora, dando al chico una mirada que no daba lugar a una discusión- Necesito verla ahora; tengo que explicarle.
-No me hagas llamar a James, Quejicus. Estoy segura de que no le importaría darte otra lección- dijo Morgan, tomando un paso amenazador en su dirección.
Snape era más alto que ella, pero Blaise le había enseñado la manera correcta de pararse en esas ocasiones. Usualmente funcionaba, y la otra persona no tardaba en retroceder, pero Snape estaba desesperado. Lo veía en sus oscuros ojos, era como si necesitara a Lily casi tanto como el oxígeno. No le gustaba esa mirada, como si estuviera obsesionado.
-No me importa. Me voy a quedar aquí toda la noche si tengo que- y para probar su punto, volvió a sentarse en el suelo.
Detrás de ella, Alice se acercó pero se mantuvo detrás de la pelirroja.
-Mira, le diré que estás aquí, pero no es nuestra culpa si no quiere salir.
Antes de que Morgan pudiera protestar, Alice tomó su mano y susurró la contraseña a la Dama Gorda, quien miraba a Morgan y Snape con desdén.
-Yo lo dejaría ahí toda la noche.
Alice ignoró la sugerencia y la hizo pasar primero.
Lily fue con Snape, para el disgusto de Morgan, mientras ella se quedó con las otras tres leonas. Alice y Dorcas no parecían perturbadas por su presencia, de hecho se mostraron muy amenas y hablar con ellas probó ser sencillo cuando comenzaron a burlarse de los intentos fallidos de Slughoron por recordar sus nombres; pero McKinnon no le dijo mucho, de tanto en tanto le lanzaba una mirada desagradable, pero Morgan, estando acostumbrada a ese tratamiento, lo ignoró con gran simpleza.
Lily volvió al cabo de unos minutos, y McKinnon dejó de lado su desagrado por Morgan por unas horas. Comieron y bebieron chocolate hasta bien entrada la noche; McKinnon contaba buenos chistes, aunque eran demasiado verdes para Lily; y Dorcas hacía una buena imitación de la profesora McGonagall.
Bien entrada la madrugada, Morgan se levantó para irse, pero Lily le pidió que se quedara. Se acurrucaron en la cama e intentaron no moverse por miedo a tirar la otra al suelo. Morgan no podía ver la expresión de Lily porque esta le daba la espalda, pero sabía que debía de sentirse pésima. Con cuidado de no molestarla, le rodeó la cintura con un brazo, y ella se aferró a su mano y le dio un apretón.
Solo se permitió dormir una vez que la respiración de Lily se acompasó.
10 de Junio, 1976
A pesar de haber terminado con los TIMOS todavía tenían clase, por lo que al día siguiente las chicas bajaron las escaleras con grandes ojeras y expresiones amargadas.
La mayoría de los alumnos debían estar en el Gran Comedor, pero los Merodeadores permanecían en la sala común.
-¿Evans?
James se levantó del sofá y se pasó la mano por el cabello, despeinándolo aún más. Morgan sintió el deseo de sacar su varita y usar un encantamiento para peinarlo.
Cansada, Lily se acercó al chico, y este la llevó a un rincón de la sala, donde murmuraron por unos momentos.
-Buenas- saludó Remus, que estaba acomodando los libros en su mochila.
Morgan le devolvió el saludo y se movió para sentarse a su lado, pero notó la expresión oscura en el rostro de Black al verla y se alejó, eligiendo quedarse junto a Dorcas, quien comenzó a hablarle de rocas.
Lily volvió, y los nueve salieron de la sala común y caminaron juntos hacia el comedor.
-¿Todo bien?-preguntó la metamorfomaga, asintiendo discretamente en dirección de James.
Lily asintió.
-Sí, solo quería saber como estaba.
Entraron al Gran Comedor e inmediatamente, la pelirroja supo que los estudiantes estuvieron hablando de Lily, pues la gran habitación se sumió en un silencio denso.
Con la cabeza en alto, la prefecta se dirigió hacia la mesa de los leones seguida por el resto, ignorando los susurros y los dedos que apuntaban en su dirección. Morgan notó que Snape no estaba en la mesa de Slytherin, pero al verla rodeada de Gryffindors, Greengrass, Rosier, Nott y otro chico de cabello negro y ojos grises le dieron una mirada peligrosa.
Morgan ajustó su agarre sobre su varita de forma automática, y apenas contuvo la compostura cuando una mano se posó alrededor de su codo. Levantó la mirada para encontrarse con Black, que tenía los ojos clavados en Rosier y compañía. La guió hacia la mesa con una mano en su brazo y la otra en un bolsillo, donde Morgan sospechaba descansaba su varita. Se sentó junto a Timothy, y Black tomó el lugar a su otro lado; la soltó y le dio la espalda, entablando conversación con McKinnon.
Lily se sentó frente a ella junto a Bertúpido, quien ni siquiera levantó la mirada de su libro de aritmancia.
Timothy miró a Lily rápidamente y luego a Morgan, ésta negó una vez y colocó una mano sobre la suya, ante lo que Timothy asintió e intentó sonreírle.
Casi podía saborear las vacaciones, y pidió a Merlín que todos llegaran en una pieza.
24 de Junio, 1976
Luego de su clase de Historia de la Magia tenía un periódo libre, en el que McGonagall la guió hacia la oficina del director.
Morgan la siguió en silencio, intentando pensar en que podría haber hecho. ¿Sería por el encantamiento de cosquillas que había usado en Snape? Ella solo lo había hecho porque él chico intentó hablar con Lily de nuevo, a pesar de que ella le había pedido que se mantuviera alejado. Ponía una máscara de desinterés cada vez que veía a Quejicus o este era mencionando, pero Morgan sabía que estaba fingiendo, y los rumores no ayudaban. Sólo esperaba que para el regreso a clases en septiembre los estudiantes hubieran encontrado alguien más interesante sobre quien hablar.
-Helado de menta- dijo la profesora McGonagall, y la gárgola comenzó a girar-Muy bien Potter, el profesor Dumbledore la espera.
La mujer se retiró y Morgan ascendió las escaleras, preguntándose qué quería esa vez el anciano. ¿Acaso había algún pariente al que todavía no conocía?
Cuando entró, vio a Dumbledore parado frente al pensadero, y aunque su vista estaba clavada en los recuerdos que nadaban en las aguas del pequeño recipiente, mantenía conversación con el retrato de una de las directoras.
-¡Ah! Señorita Potter, gracias por venir.
-No es como si tuviera elección-dijo Morgan, ante lo que los ojos del hombre parecieron brillar divertidos.
-No, supongo que no- cruzó sus manos delante de su vientre-¿Está emocionada por las vacaciones?
-Tendré tiempo para investigar.
-Sí,...Morgan-se acercó a ella de manera casual y colocó una mano sobre su hombro-, con respecto a tu tarea, ¿hay algo con lo que necesites ayuda? Imagino que debe de ser difícil tener todo este peso sobre tus hombros, y después de todo por lo que has pasado, yo creo, y estoy seguro de que Fleamont y Euphemia estarán de acuerdo, que te mereces un verano mundano.
Morgan se quitó la mano del hombro con gentileza.
-Con el debido respeto señor, con cada día que pasa muere gente inocente, y con cada día que pasa nos arriesgamos a que Voldemort se entere de mi existencia. Descansaré cuando uno de los dos esté muerto.
Dumbledore la observó serio, con un dejo de lástima en sus orbes azules. Morgan odiaba la lástima, por lo que se paró derecha, echó los hombros para atrás y alzó el mentón.
-Es cierto, lamentablemente es cierto, querida amiga. Gente muere mientras hablamos, y más morirán si fallas en tu tarea.
Se cruzó de brazos, sintiendo como comenzaba a enfadarse. El Dumbledore de esa época era igual al del futuro, dudando de sus capacidades, pero queriendo que otros niños se unieran a su tonto ejército.
-No voy a fallar.
-Fallarás si no te cuidas. Odiaría verte ser consumida por esta tarea, Morgan-ella apartó la mirada, viendo como las gotas de agua golpeaban las ventanas del despacho-. La verdad es que el peso que te ha tocado cargar es demandante, quizá demasiado para alguien de tu edad.
Un trueno retumbó en la distancia.
-Puedo lidiar con ello.
-Estoy seguro que sí, pero aún así estoy aquí para ayudarte, para aliviar tu carga tanto como pueda-le dijo suavemente.
-¿Voldemort sabe que existo?
-Estás a salvo-respondió calmadamente, y ella le entrecerró los ojos por un momento para luego arreglar su expresión. La expresión del anciano permanecía impasible, pero algo en su tono tranquilo hizo que se le erizaran los pelos de la nuca-; te aseguro que nadie sabe quién eres, nadie que no deba.
Morgan pensó en el pensadero y la estantería que se encontraba a su lado. En el futuro estaba llena de recuerdos, en su mayoría de Tom Ryddle, pero en esa época los frasquitos apenas llenaban la mitad. Nunca había visto un recuerdo de Voldemort, esa había sido tarea de Harry, en quien Dumbledore confiaba más.
Morgan no culpaba al Dumbledore del futuro por perder un poco de confianza en ella; después de todo, él siempre supo que Draco era un mortífago, y Harry sabía que ella desaparecía seguido. Ambos debieron sospechar lo mismo, pero su hermano vivió lo suficiente para recuperar la confianza.
Ese Dumbledore sabía poco y nada de su relación en el futuro, y lo encontró sabio que permaneciera ignorante. Tal vez pensaba que su yo del futuro y Morgan estaban en buenos términos.
-¿Mencionó que quiere ayudarme?
-Así es.
-Necesito recuerdos de Tom Ryddle. De él, de gente que lo conocía, de su familia, cualquiera que usted considere puede saber algo útil.
-¿Qué estamos buscando exactamente?
Lo pensó por un momento. Sí era honesta consigo misma, no confiaba mucho en él (gracias a ese pequeño incidente en que crió a su hermano como un cerdo para el matadero) y quería resolverlo sola. Estaba cansada de gente pensando que no era ni lo suficientemente buena o inteligente.
-Escondites.
-¿Algo más?
Estuvo a punto de preguntarle si existían libros sobre la lengua parsel y si poseía alguno, pero lo pensó mejor. No quería que hiciera preguntas; ya la tenía vigilada, y preguntar por esa clase de libros o libros sobre Horrocruxes provocaría una vigilancia más intensa.
Decidió que volvería sólo como último recurso, y mientras tanto, podría convencer a Lily, James y el resto de que unirse a una resistencia sería una mala idea.
-Nada, señor.
-Muy bien. Disfrute su verano, señorita Potter. Y por favor, descanse. Sea una adolescente.
26 de Junio, 1976
-Todo está lleno-se quejó Morgan mientras ella y Lily buscaban un compartimento.
-Sí te hubieras levantado temprano habríamos llegado temprano-le regañó la otra chica.
Júpiter extendió las alas y chilló.
-Nadie te preguntó- dijo Morgan.
Lily abrió una puerta.
-¿Les molesta si nos sentamos aquí?
-¡Claro que no!-Morgan reconoció la voz de Alice y gruñó, despidiéndose de su siesta. Esa chica era un loro.
El tren no tardó en partir, al igual que las chicas no tardaron en entablar conversación. Era extraño, hablaban de cosas que no involucraban sus clases o magos asesinos; hablaban sobre productos para el cabello, chicos y lo inmaduro que era James Potter, y Morgan descubrió que le era difícil actuar con normalidad. Podía hacerlo con Lily, y casi lo había hecho con los Merodeadores luego de pascua, pero ellos eran diferentes al grupo sentado a su lado. Se sintió triste al darse cuenta de que ya no recordaba cómo llevar una conversación frívola con chicas de su edad; lo único que habitaba en su mente eran horrocruxes, las maneras de salvar a sus padres, su necesidad de olvidar a Draco Malfoy y su traición, y su arduo entrenamiento como animaga (lo único que había logrado desde el día que bebió la poción fue un extraño bigote del que apenas pudo deshacerse). ¿Cómo podía hablar de chicos? ¿o cremas, líneas de bronceado, o lo que Susan Bones dijo sobre Alecto Carrow? O sobre lo que haría en el verano, que consistiría en explorar la biblioteca de los Potter a fondo.
Afortunadamente, la puerta se abrió y Timothy asomó la cabeza.
-Uh,...¿puedo robarte por unos minutos?-preguntó.
Morgan asintió entusiasmada y se levantó.
-No la devuelvas- dijo Lily socarrona.
Las otras tres rieron.
-No hagan nada que yo no haría-añadió McKinnon.
Morgan les dio una última mirada y les mostró el dorso de los dedos índices y medio antes de irse.
Los amigos de Timothy eran algo arrogantes, pero Morgan dudaba que supieran que lo eran; parecía un rasgo característico de la casa, y una de las pocas personas que no lo poseía había sido, o sería, Luna Lovegood.
Muchos la llamaban "Lunática", y aunque Morgan estaba de acuerdo en que la chica era algo excéntrica, le agradaba; con Luna se tenía asegurado una interesante conversación.
Le sorprendió que Bertúpido no estuviera ahí. No se lo había cruzado en el camino, por lo que tampoco estaba con Lily. Cuando le preguntó a Timothy por su paradero, este le dijo que no sabía dónde estaba.
Tenía un mal presentimiento creciendo en su estómago, que era más difícil de ignorar cada vez que Bertúpido desaparecía.
Los amigos de Timothy intentaron incluirla en la conversación, pero Morgan prefirió no participar de ella, y pasó unos minutos estudiando al grupo. No sabía qué pensar de ellos, parecían algo fríos y calculadores, o tal vez era simplemente que sus personalidades contrastaban drásticamente comparadas con la de Timothy, que era cálido, nervioso y servicial, y eso parecía exagerar los carácteres de los otros.
Bajó la mirada a su mano entrelazada con la de Timothy y frunció los labios. Tal vez debía dejarlo ir, lo había pensado más de una vez, pero cada vez que se encontraba con su mirada de cachorro mojado se le hacía un nudo en la garganta y se acobardaba. Ella sabía que era importante para el chico, y la parte desinteresada de ella empalidecía en comparación con la egoísta.
Timothy se aclaró la garganta y le dio una mirada a sus amigos, quienes parecieron entender y se levantaron. Se fueron del compartimento entre risitas y miradas no tan discretas. Morgan rodó los ojos, sintiéndose incómoda bajo su escrutinio.
Se volvió hacia Timothy, pero antes de que pudiera preguntarle de qué se trataba todo eso, el chico la tomó de la cintura y la jaló hacia sí con ligera brusquedad. Estampó sus labios contra los suyos con fiereza, y Morgan, sorprendida, tardó unos segundos antes de responderle.
Sus manos subieron por sus brazos lentamente, mientras que Timothy tomó su cabello en un puño y jaló con fuerza.
Morgan jadeó.
-Lo siento, lo siento. ¿Fue demasiado?-le preguntó, de repente nervioso.
La expresión de la pelirroja cambió y sus ojos se oscurecieron. Lo atrajo en otro beso, y sin desperdiciar tiempo se sentó en su regazo. Su lengua exploró la boca del chico, y al apartarse le mordió el labio, ganando un pequeño gruñido gutural. Sus labios se deslizaron sobre la mandíbula del chico, pero Timothy le rodeó los hombros con un brazo y volvió a agarrar su cabello, ladeando su cuerpo hacia un lado. Comenzó a esparcir besos experimentales sobre su cuello de porcelana, mientras su mano libre exploraba el costado de Morgan. Ella enterró sus manos en su cabello castaño y cerró los ojos, apretando las piernas en un intento por aliviar el creciente calor.
Tentativo, Timothy subió su mano, observando sus reacciones con cuidado y dándole tiempo de rechazarlo. Gruñendo, Morgan tomó su mano y la colocó sobre su pecho y le dio un suave apretón. Como si la estuviera estudiando, le dio otro apretón más fuerte y Morgan se mordió el labio. Todavía sosteniéndola, su mano comenzó a bajar hasta posarse sobre su muslo.
La miró a los ojos y ella asintió, para luego atraerlo en otro beso. No fue difícil ganar dominancia sobre Timothy, y el chico le cedió el poder felizmente, comenzando a mover su mano hacia arriba y debajo de su falda. Morgan movió las caderas, urgiéndolo, y los dedos del chico rozaron la tela de su ropa interior, justo encima de donde ella lo quería.
La puerta se abrió y ambos pegaron un salto.
-Vaya, vaya, vaya.
-¡Maldita sea, James!-gritó Morgan, volteandose para verlo recargado contra el marco de la puerta con una pequeña sonrisa.
-Justo te estaba buscando-dijo el chico, entrando y tomando asiento frente a la pareja. Fue seguido por un ruborizado Remus y un malhumorado Black, con quien Morgan todavía no hablaba.
-No me interesa.
-No hablo contigo-dijo el Gryffindor, para luego inclinarse y señalar a hablo a él.
Timothy la miró con alarma, pero Morgan se cruzó de brazos. Era una posición incómoda, con el torso en dirección de los tres leones y las piernas sobre el regazo de Timothy, intentando ayudarlo a mantener algo de dignidad.
-¿Yo?
James sonrió de forma encantadora y apoyó los codos sobre las rodillas.
-Sí, tú. Asumo que tú eres Alberts, y si no lo eres-por una fracción de segundo, sus ojos avellanas se desviaron hacia Morgan-, me siento mal por él.
-S-sí. Soy yo.
-Bien, bien-James se levantó de su asiento y se dejó caer al otro lado de Timothy. Le rodeó los hombros con un brazo y lo atrajo a su costado. James era más corpulento que Timothy gracias al Quidditch, y Morgan no culpaba a su novio por estar tan nervioso. El bastardo podía ser intimidante cuando quería. Dio una mirada cautelosa a los otros dos; las mejillas de Remus volvían a su tono natural y sus ojos verdes estaban posados sobre Timothy, pero los de Black estaban posados sobre el cuello de Morgan. Se señaló su propio cuello, y Morgan se cubrió el suyo con el cabello, ocultando la evidencia.
-Así que, Alberts-comenzó James con tono amistoso, lanzando una rápida mirada en dirección de Morgan y ajustándose los lentes-, ¿cuales son tus intenciones con mi hermana?
-¡Por los calzones de Merlín, James! ¡Déjalo en paz!- Morgan se volvió hacia él- Y no soy tu hermana.
-Sí, sí lo eres, pero lo discutiremos luego. Pero tú-volvió a enfocarse en Timothy, que la miraba en busca de ayuda-, no me respondiste.
-Bueno, yo...yo…
James asintió en su dirección de forma alentadora y apretó su hombro de forma amenazadora.
-¿Tú?
-¿Nada malo?
-¿Me estás preguntando?-preguntó James con tranquilidad.
Timothy lo miró con ojos como platos.
-¡No! No, claro que no, solo respondo.
-Ya basta, James.
-Nah-interrumpió Black, jugando con su varita sin apartar su mirada de Timothy-; tenemos que asegurarnos de que entienda.
-Es solo un mensaje amigable-añadió Remus.
-Eso-James le dio la razón-Un mensaje amigable-Miró a Timothy con seriedad y pegó su nariz a la suya-. Rompe el corazón de mi hermana, y te rompemos todos los huesos, ¿entiendes?
-¡JAMES!
Timothy asintió con rapidez.
-Pero antes de hacer eso-añadió Black, levantándose y agachándose frente al castaño-, te llevaremos al Bosque Prohibido, donde nadie volverá a encontrarte.
-¡SIRIUS!
Al escucharla usando su primer nombre, Black le dio una mirada rápida y le guiñó un ojo.
-El bosque es muy grande, y está lleno de criaturas peligrosas-terció Remus con una sonrisa peligrosa amenazando con esparcirse por su rostro-,como lobos.
Timothy tragó en seco.
-¿Nos entendemos, Alberts?-preguntó James, ante lo que el castaño asintió rápidamente. El Gryffindor sonrió de oreja a oreja-¡Que bien! Morgan, ya casi llegamos. Deberías despedirte de Evans.
Se levantaron, y con una última mirada, se fueron. James se detuvo por un momento al salir y se pasó un dedo por el cuello para luego señalar al Ravenclaw. Morgan corrió la cortina.
-¿Estás bien?-preguntó Morgan.
Timothy asintió una vez.
-Eeeeh,...sí, sí claro.
Morgan se despidió de Alice, Dorcas y McKinnon con brevedad, pero se tomó más tiempo con Lily. La prefecta la abrazó con fuerza y le prometió escribirle.
-Tal vez podrías visitarme, si quieres-le dijo mientras se separaban.
Morgan asintió. Definitivamente, si iba a pasar un verano entero con Black y James como compañía, necesitaría interactuar con alguien inteligente para mantenerse cuerda.
Tomó su jaula vacía (había soltado a Júpiter a medio camino) y su baúl, y asegurándose de que su varita siguiera en su bolsillo trasero, se dirigió hacia el pasillo, por donde los pocos estudiantes que quedaban salían con entusiasmo. Las pelirrojas decidieron esperar hasta que pasara la estampida.
Se encontró frente a frente con Snape, quien no parecía verla; tenía sus oscuros ojos clavados en Lily, quien lo miraba con cautela.
-¿Quieres que me quede?-preguntó Morgan, ante lo que la otra chica negó.
-Está bien, esto no tardará.
Morgan rodeó a Snape, le dio una sonrisa dudosa a Lily y marchó por el vagón.
Los señores Potter esperaban en la plataforma junto a Black y James. Al verla, su abuelo la saludó con la mano y se acercó a recibirla. Besó su mejilla y tomó su baúl.
-¿Cómo te fue este par de meses, querida?-le preguntó mientras se acercaban al resto.
-Creo que bien. No sucedió nada interesante.
Black, quien había escuchado la última parte, miró a su alrededor.
-¿En dónde está Alberts? ¿No te vas a despedir?
Morgan lo miró con odio. ¿Ahora le hablaba? Durante las últimas semanas de clase, Black no le había dirigido la palabra, pero permaneció cerca. Se sentaba a su lado durante las comidas y caminaba cerca suyo cuando se dirigían a sus clases. Lo veía mirando en dirección de la mesa de Slytherin seguido, donde Rosier y su pandilla se sentaba; y cada vez se veía preocupado o enojado. Ella había esperado que nadie más notara la forma en la que esos chicos la estaban mirando últimamente; prefería la época en la que tendían a ignorar su existencia. Que Black se diera cuenta no le sentaba bien, y mucho menos que actuara de guardaespaldas. No necesitaba la ayuda de ese pomposo idiota.
Le dio una mirada de soslayo, sus ojos brillaban traviesos, y ella apartó la mirada, ignorando el pequeño tropiezo de su corazón antes de que este acelerara su ritmo.
Ya se había despedido de Timothy, y el chico debía de estar del lado muggle de la estación; sus padres lo esperaban en King Cross porque su hermana squib no podía pasar la barrera.
-¿Quién?-preguntó Euphemia.
-Una amiga-se apresuró a responder Morgan, dándole una pequeña sonrisa de ángel que la sacaba de problemas con algunos profesores-, pero ya me despedí.
Black sonrió ampliamente, y se le formó un hoyuelo en su mejilla derecha. Con aire satisfactorio, tomó el brazo de Fleamont, y James simplemente enarcó mientras hacía lo mismo.
Afortunadamente, los dos mantuvieron sus picos cerrados.
-Muy bien. Entonces toma mi brazo. Llegaremos justo a tiempo para la cena.
N/A: Comienza el verano y LAS COSAS SE VAN A DESCONTROLAAAAAARR!
Ok, no tan así, pero una que otra cosilla va a suceder.
Pista: veremos a Timmy antes de que termine el verano.
Pista 2: a James le gustan las fiestas.
Pista 3: Sirius quiere que Morgan se ponga ze-lo-zah! jijiji
Pista 4: Morgan es, después de todo, una adolescente como cualquier otra, y como a cualquier adolescente, se le alteran las hormonas, jejejejje *inserte cara pervertida*
El verano en su mayor parte va a ser ameno, luego supongo que volveremos a lo deprimente. También estimo que serán dos o tres capítulos, porque así no les dejo olvidar que están acá para sufrir, queridos lectores.
DUMBLEDORE OCULTA ALGO! Y estoy segura de que nadie sabe que es, excepto una persona, jejejej.
Por cierto, entre el sexto y séptimo año de verdad, DE VERDAD van a odiar a Rossier. Lo que si va a suceder en el sexto año es que Morgan se va a hacer...no amiga, pero se va a comenzar a aliar con alguien un año por debajo de ella. Y algo le va a pasar a Bertúpido, muajajajaja.
Listo, ya dije demasiado.
Para los que se preguntan cómo imagino los personajes, hice un pequeño collage y está en twitter BolenaBorgia, donde también subo adelantos.
Gracias por leer! :D
PD: Hay algo que quieran ver durante las vacaciones? No prometo incluirlo (a veces los pedidos me causan bloqueo o interfieren con el plot, sorry), pero voy a tratar.
