beatenclaw: jajjaj, ya veremos si le funciona :P
Ya veremos un "encontrazo" con Sirius, pero no creo que sea del tipo que imaginas. Sí le veremos el lado fiestero a Lily, jejejeje
Sipi! Les encanta! Yo también, así que no te sientas sola.
Estás cerca, de hecho...solo hay que ver la diversidad de la especie ;)
Estudia! O sino Umbridge te va a visitar...okno, pero mucha mierda con los estudios (es lo que se dice por mis lares)
Sara: Wiiii! ^-^
Nat-Marie: Sip, *inserte cara diabólica* ya le va a tocar a ese! Ya verás como le va a Sirius con su nueva misión, tal vez tenga éxito, tal vez no *se encoge de hombros*
Los Merodeadores son lo más!
Capítulo 18: ¡Fiesta (s)!
5 de Julio, 1976
En el sur de Inglaterra, el sol agobiaba a los habitantes, y una joven bruja intentaba aliviarse moviendo los hombros de forma discreta, despegando la tela de su fino saco de su espalda tanto como podía. No quería quitárselo. No quería.
Se sacó una gomita de la muñeca y tomó su salvaje cabello entre manos.
-¿Por qué tengo que venir?-preguntó Morgan por enésima vez mientras ella, James y Black se acercaban a una pintoresca casa en un pueblo en medio de la nada. Terminó de hacerse un moño desordenado y suspiró levemente ante el alivio que le produjo la brisa apenas perceptible-No conozco a nadie.
-Los conocerás ahora-dijo Black, encendiendo un cigarrillo.
Morgan se lo quitó y lo tiró al suelo, aplastando con su taco.
-¡Oye!
-Agradece que no lo apague en tu camiseta.
Black se llevó una mano a su camiseta de "Led Zeppelin" de forma protectora.
Gentilmente, James la guió hasta la puerta.
-Tranquila. Prometo quedarme a tu lado toda la tarde.
Con un suspiro cansado, aceptó.
-¡Hola! ¿Recuerdas a mi hermana, Morgan?
-¡Longbottom! ¿Cómo has estado? Conoces a mi hermana, ¿verdad?
-¿Conoces a mi hermana?
-Ven, quiero que conozcas a mi hermana. Está nuevita.
Morgan sonrió suavemente mientras seguía a James como cachorro perdido. Él conocía a todo el mundo en esa fiesta, y quería asegurarse de que todo el mundo la conociera a ella y supiera que eran familiares.
-No soy su hermana-se la pasó repitiendo.
-Todavía-era la respuesta de James, quien no parecía desistir.
Frente a ella, Alice sonrió de oreja a oreja y dio un saltito.
-¡Hola, James! ¡Hola, Morgan! ¡Hola, Sirius! ¿Han probado el ponche? Está muy dulce, quizá demasiado. Tomé siete vasos pero no se me va la sed. Creo que el azúcar no la quita, lo que es una lástima. Morgan, le estaba diciendo a Frank que una cita doble sería maravilloso; así podemos conocernos mejor. ¡Oh! ¡Podría ser triple! Invitamos a Lily y a Como-Se-Llame. Personalmente no me agrada, siempre parece que olió algo rancio, pero si a Lily le gusta no debe ser tan malo. ¡Sirius! Hay una chica por allí que ha estado preguntando por tí, creo que esta enojada. No la culpo, con cómo las tratas a veces, debería darte vergüenza. Deberías ser más como James; él le escribe poemas a Lily, aunque son muy malo y ella los quema en su rostro. Si me preguntas solo intenta ocultar que sí le gustan. Deja de mirar Morgan, Lily no pudo venir. Creo que fue a ver a su prima al hospital. Nadie murió, solo fue ape...apo...apend...algo.
-Alice, respira-indicó Frank Longbottom pacientemente.
Morgan y James compartieron una mirada, no habiendo procesado todo lo que la rubia había dicho. Black ya había desaparecido, detrás de una chica con piel de un rico chocolate y portes de modelo.
La pelirroja se debatió si sería buena idea preguntar a Alice por su verano. Apenas comenzaba, pero no tenía duda de que la chica tendría mucho que contar.
-¡Oh! ¿Qué es eso? ¿Un tatuaje?
Alice se estiró con intenciones de agarrarla del antebrazo, pero Morgan pegó un salto para atrás y se cubrió la piel con la otra mano. Hacía calor pero llevaba un fino saco de un suave amarillo, era de mangas largas y le cubría la cicatriz, pero por un momento se había olvidado y se arremangó.
Volvió a bajar las mangas y sonrió.
-Uh, no. Me caí sobre un arbusto de espinas-mintió rápidamente, queriendo golpearse.
¿Espinas?
James le dio una mirada extraña, pero cambió el tema, y Morgan le sonrió agradecida.
10 de Julio, 1976
Sentados alrededor de la mesa en el comedor, los señores Potter sacaron a luz el secreto que Morgan esperaba mantener para sí.
-¿Qué te gustaría hacer para tu cumpleaños, querida?-preguntó Euphemia, tomando su copa de vino.
Frente a ella, los dos adolescentes se congelaron.
-¿Es tu cumpñealos?-preguntó Black, señalándola con su tenedor.
James sonrió de oreja a oreja y comenzó a bailar en su silla.
-¡Aaaaaah siiiii! ¡FIESTA!
Ante la mirada de su padre, se quedó quieto.
-¿Cómo saben que es mi cumpleaños?-preguntó a Morgan a sus abuelos.
Euphemia le dio una mirada y enseguida lo supo.
Dumbledore, el viejo chismoso.
-Fuegos artificiales.
-Y uno de esos pasteles que nunca terminas de cortar.
Sirius y James ya tenían las cabezas pegadas y estaban planeando una fiesta.
-No quiero celebrarlo-dijo Morgan con tono cortante, para luego pastel es más que suficiente.
La miraron como si estuviera loca, pero sus abuelos asintieron lentamente, compartiendo una mirada.
-Muy bien.
-Si eso quieres. ¿Por qué no al menos invitas a alguna amiga?-añadió Fleamont, ante lo que los ojos de James se iluminaron.
Les prometió considerarlo.
20 de Julio, 1976
Morgan se detuvo junto a Black y se cruzó de brazos. Unos metros delante, James tenía la nariz pegada al vidrio de la puerta.
-Ya se fueron-anunció el chico, enderezandose y enfrentando a sus amigos. Comenzó a correr hacia ellos agitando los brazos sobre su cabeza-¡Ya se fueron! ¡Ya se fue...pff!
Cayó de rostro al suelo, pero ni Morgan ni Black movieron un dedo para ayudarlo. Bajaron la mirada, el chico dejó que una sonrisa minúscula agraciara su rostro y Morgan alzó una ceja.
Miró a Black por un momento y luego de nuevo a James, quien se levantaba del suelo con una mano sobre la nariz, que sangraba mares.
-Estaré en la biblioteca. Avisen si queman la casa-dijo aburrida, ajustándose los largos guantes sin dedos de algodón que llevaba para cubrir su cicatriz.
Se retiró rápidamente.
Si no escuchaba sus planes no sería cómplice.
Varias horas más tarde, Morgan terminó su cuarta taza de té y pasó la página del libro con aires violentos. Luego de horas de búsqueda, había encontrado un tomo sobre Salazar Slytherin, pero casi no mencionaba la lengua de las serpientes.
Un tipo racista habla pársel y de repente es un idioma tabú. Simplemente maravilloso.
Morgan nunca entendió el temor al hablante de pársel. Entendía que en su mayoría la habilidad era heredara, pero no era la lepra. Tal vez si la gente no le tuviera miedo, podría ser enseñada como cualquier otro idioma, aunque Morgan admitía que no le apetecía intentar entablar conversación con una cobra.
Pasó otra página y se detuvo, los ojos clavados sobre una palabra y el dedo debajo de esta. Aguzó el oído.
-¡TOMA! ¡TOMA! ¡TOMA! ¡TOMA!
Salió expresa de la biblioteca y se dirigió hacia las escaleras al final del pasillo. Las bajó aprisa y se detuvo a los pies, observando la escena con creciente pánico.
El recibidor de sus abuelos estaba hecho un chiquero, lleno de adolescentes intoxicados y vasos de plástico destrozados sobre los lustrosos suelos de madera. Una canción muggle sonaba en el fondo, pero era ignorada en favor de gritos y risas.
Una sombra pasó frente a sus ojos y se detuvo en el suelo. El chico se quejó un poco pero se levantó, y enseguida fue celebrado por un grupo de orangutanes. Morgan suspiró preocupada al ver el candelabro colgando de forma precaria.
Terminó de bajar y caminó en dirección del ala este, en busca de uno de los responsables. Ni Black ni James estaban en la sala, ni en la cocina, por lo que volvió sobre sus pasos y salió de la casa, rodeándola rápidamente hasta llegar al área de la piscina.
-¡TOMA! ¡TOMA! ¡TOMA! ¡TOMA!
Black estaba parado sobre sus brazos, tomando Merlín sabía qué de una manguera conectada a un tanque. El chico frente a él no parecía estar disfrutándolo tanto como él.
Divisió la cabellera de James entre la multitud, alentando a su amigo, y lo tomó del brazo.
-¡Ey! ¡Bajaste!-celebró James, pasando un brazo por sus hombros y ofreciéndole su vaso.
Morgan se lo quitó de encima y le lanzó dagas con los ojos.
-¿Qué están haciendo?
James ya no la estaba mirando, en su lugar favorecía a Black, que seguía tomando.
-Es una fiesta. Relájate. McKinnon trajo galletas.
-¡James! Tus padres van a matarte.
-Ah, ah, van a matarnos; pero valdrá la pena.
-Yo no me voy a hundir con ustedes.
El chico del tanque se rindió, y Black se irguió victorioso y alzó sus puños en el aire.
James se encogió de hombros y abrazó a Black como si estuviera orgulloso de su gran logro.
-¡¿Están locos?! Estos animales van a destrozar el lugar-ambos chicos la miraron como si fuera una borracha graciosa. Detrás de ellos, un chico estaba haciendo levitar una pesada maceta de piedra sobre la cabeza de su novia-¡BAJA ESO!
-Tranquila- Black pasó un brazo por su cintura y James por sus hombros. A Morgan no le gustaba las sonrisas maliciosas que portaban. Black le dio un pequeño vaso con un líquido amarillento-Ten.
Sin detenerse a pensar, Morgan se lo mandó de un trago y comenzó a toser. Le ardía la garganta y los ojos se le llenaron de lágrimas. ¿Era veneno? Se sentía como veneno.
Riendo por lo bajo, James le ofreció una rodaja de limón. Mirándolo mal, lo imitó y se llevó el limón a la boca, sorbiendo un par de veces. Eso le calmó el ardor, y se quitó las lágrimas del rostro mientras los otros dos reían.
Le ofrecieron otro, y siendo la masoquista que era, lo aceptó.
-Ven, ven. Sabía que te pondrías insoportable, así que te preparé una ofrenda de paz.
-Creí que Evans no podía venir-dijo Black, siguiéndoles dentro de la casa.
James la guió entre las diferentes habitaciones y ella lo siguió malhumorada.
-¿Es un permiso para matar a todos aquí?
-Mejor-dijo el pelinegro, dándole un golpecito en la punta de la nariz con su dedo.
Se detuvieron dentro del estudio de su abuela, donde un grupo de estudiantes fumaba como chimenea alrededor de pequeñas mesas cuadradas. Los ojos del chico se iluminaron y la guió hacia una estantería, seguido de cerca por Black.
Recostado contra la estantería hablando tranquilamente con una chica con el cabello extremadamente largo estaba Timothy, que no dejaba de mirar a su alrededor, claramente incómodo.
-¡Alberts!
Timothy desvió su atención hacia ellos y sonrió al verlos, apenas deteniéndose para despedirse de la chica antes de acercarse.
James se detuvo entre ambos y los miró con poca concentración. Junto a la pelirroja, Black se cruzó de brazos con la expresión oscura.
-No los quiero perder de vista, ¿capisce?
Morgan se encogió de hombros y Timothy asintió. Satisfecho, James les pasó los brazos por los hombros y los guió hacia la sala.
No fue una gran sorpresa que al par de minutos Black se perdiera entre las grandes masas de cuerpos, y menos de una hora después, un James ebrio comenzó a bailar sobre una mesa, a pedir que lo llamaran "Explosión Masiva" y le lanzaran monedas.
Morgan miró a Timothy brevemente. En la hora en que James les hizo de chaperón lograron ponerse al día. Su abuela estaba de mejor salud que él, bromeó el chico, y su hermana cada día más irritante pero así la quería. Tenía unos tíos que se estaban quedando con ellos, y la única razón por la que pudo asistir a la fiesta fue porque su abuela mintió a sus padres por él.
El chico levantó la mirada. Con esa luz, sus ojos se veían cálidos, como chocolate derretido. Tenía una mano sobre la pálida rodilla de Morgan.
James cayó de la mesa, pero se levantó enseguida y siguió festejando.
-Explosión Masiva me llaman y trabajo los fines de semana. Las nenas me aman, en especial tu hermana-cantó James, señalando a un chico que se levantó de forma amenazadora-¡AAH! ¡MENTIRA!
-Oye…-comenzó Morgan, sonriendo ladina-,¿quieres ir a un lugar más tranquilo?
Timothy asintió y tomó su mano.
Con un suspiro, Morgan echó la cabeza para atrás y jaló el chaleco azul de Timothy. Cerró las piernas alrededor de las caderas del chico, pegándole contra su cuerpo.
Timothy succionó en la unión de su cuello y hombro y sus manos comenzaron a luchar contra los botones de la camisa de la chica. Morgan lo empujó y los deshizo ella misma, mientras Timothy se quitaba su chaleco y camisa con prisa.
Ajustó sus guantes y se desabrochó sus shorts, aceptando la ayuda de Timothy para quitárselos.
Se bajó del escritorio y pateó sus zapatillas, acercándose al chico y recorriendo su pecho con sus uñas. Timothy siseó y la atrajo en un beso acalorado, sus manos recorrían todo lo que estaba a su alcance mientras comenzaba a tomar torpes pasos hacia atrás , guiando a Morgan.
Giró y la ayudó a recostarse sobre su cama. Morgan le mordió el labio antes de invadir su boca con su lengua. Sus manos jugueteaban con el cinturón del chico, mientras este esparcía besos por su cuello hasta llegar a su pecho, donde se tomó su tiempo explorando. Le desprendió el cinturón y procedió a maldecir los botones, ante lo que Timothy rió por lo bajo.
Se separó de ella y se paró por un momento, quitándose los zapatos con urgencia y luego sus pantalones. Morgan se apoyó sobre los codos y lo observó con hambre.
Cuando se relamió los labios, Timothy se sonrojó y ella sonrió. Se estiró y lo tomó de la mano.
-No tenemos que hacer nada que no quieras-le dijo, notando su nerviosismo.
-Lo sé, pero es qué...yo...yo nunca…
Esa vez, la sonrisa de Morgan fue más gentil.
-Yo tampoco.
Ante eso pareció más tranquilo, y se dejó guiar de regreso a la cama, donde se acomodó sobre la pelirroja.
Morgan le enseñó como quitarle el brasier.
-Interesante-murmuró el chico, intentando inspeccionar el pequeño gancho.
Morgan lo tiró al suelo y lo tomó del cuello, atrayéndolo en busca de otro beso. Comenzó a mover sus caderas, y Timothy colocó una mano sobre estas para mantenerla en lugar, reemplazandola en la tarea.
La pelirroja gimió bajo la atenta mirada del chico. Su otra mano bajó a su cadera y comenzó a jalar sus bragas. Morgan levantó las caderas para ayudarle, y de repente, ella fue la que se sintió incómoda, estando tan expuesta. Timothy se quitó los boxers y se apresuró a retomar su posición previa. Estaba apoyado sobre sus codos, y una de sus manos le quitó el cabello púrpura del rostro.
-¿Estás segura?
La pregunta le hizo sentir cálida, y asintió. De repente, no tenía miedo de Timothy, no tenía razón por la que sentirse incómoda.
Timothy se inclinó para besarla suavemente, y al sentirlo en su entrada, se obligó a relajarse y sus manos volaron a su espalda, buscando soporte.
Lo hizo de la manera más rápida posible, pero aún así Morgan dejó escapar un lloriqueo, ajustando su agarre alrededor del chico. Tenía lágrimas en los ojos.
-¿Estás bien?-preguntó Timothy, tieso como una tabla.
Morgan notaba el gran esfuerzo que estaba haciendo por no moverse y causarle más incomodidad. Respiró hondo, se relajó y movió sus caderas, pidiéndole silenciosamente que continuara.
El chico obedeció, y al continuar, gimió junto a su oído y se aferró a ella.
Morgan no estaba segura de que esperar. Los libros de Ginny decían una cosa, y las palabras de Daphne y Tracey otras muy diferentes.
Se quedó en medio, con algunas de Daphne y otras de Tracey.
El dolor se tornó en una molestia, y la molestia desapareció casi de inmediato.
Los ruidos emanando de Timothy le resultaban extranjeros, y no pudo evitar mirarlo y morderse el labio. Afortunadamente el chico tenía la frente enterrada en la almohada, pero su respiración laboriosa le hacía cosquillas en el cuello.
Justo cuando la molestia desapareció, un ruido especialmente extraño salió de Timothy y ambos se quedaron muy quietos. Morgan hizo una mueca al sentir algo cálido disparándose dentro de ella, y se encontró concordando con Tracey más que con Daphne.
Timothy exhaló con fuerza y se dejó caer a su lado. Tenía el rostro rosa, pero una pequeña sonrisa soñadora daba a entender de que al menos alguien lo había disfrutado.
-¿Ya está?-le preguntó Morgan, mirándolo sin creerle.
"-Y por eso es mejor ir con alguien con experiencia-dijo Daphne, mientras Tracey rodaba los ojos."
-¿Qué?-la miró desconcertado. Al ver su cara confundida, la felicidad se desvaneció y comenzó a alarmarse- ¡Por Merlín! Lo siento tanto. Te prometo…
Morgan se inclinó y lo besó.
-La próxima.
21 de Julio, 1976
Efectivamente, la próxima fue mejor.
El viejo reloj marcaba las cinco, y la mansión Potter comenzaba a alumbrarse con la luz del alba.
Morgan guió a Timothy hacia la sala entre risitas y tropiezos, intentando no despertar a los adolescentes que yacían inconscientes en el suelo.
Cuando llegaron a la gran chimenea, empujó a Timothy contra la pared y capturó sus labios en un beso vago. Sus manos se deslizaron dentro de los bolsillos traseros de su pantalón, y las de Timothy se enterraron en su cabello.
Escucharon pasos y se separaron. Timothy tomó un puñado de polvos flu y se metió dentro de la chimenea.
Morgan le guiñó un ojo, y con una última sonrisa deslumbrante, él pronunció la dirección de su abuela y desapareció entre las llamas.
Volteando, Morgan comenzó el regreso al segundo piso, disfrutando de la molestia entre sus piernas y sonriendo como tonta.
Se detuvo en el recibidor al ver a Black en la puerta principal, con sus brazos alrededor de un fornido chico rubio. El otro chico tenía a Black acorralado contra la puerta mientras lo besaba con ferocidad.
El rubio misterioso pasó a besar la mandíbula de Black, y este abrió los ojos. Haciendo contacto visual con Morgan, le guiñó un ojo y abrió la puerta a tientas, echando al extraño suavemente.
El chico se enderezó, y con una sonrisa ladeada salió a la fresca mañana.
Black cerró la puerta.
-Vaya-fue todo lo que dijo Morgan, intentando no sonreír.
El pelinegro asintió en su dirección.
-Lindo cabello.
Esperando no quedar en evidencia, regresó a su habitación.
-¡JAMES FLEAMONT POTTER!
La bruja se despertó con un sobresalto y cayó de la cama. Acercándose a la ventana, vio una estampida adolescente corriendo y desapareciendo, por lo que tomó unos shorts, una blusa a ciegas y se apresuró a bajar las escaleras, vistiéndose en el camino.
Se encontró con sus abuelos en la sala. Mientras que Fleamont arreglaba un cuadro que había sido usado para jugar a los dardos, su abuela le gritaba a James, quien claramente tenía resaca.
-¡NOS VAMOS POR MENOS DE UN DÍA Y MIRA LO QUE HACES! ¡TÚ!-vio a Morgan apareciendo en el umbral y se acercó a grandes zancadas. Su expresión era aterradora, y la bruja tragó en seco, rezando a Merlín y Morgana porque no supiera-¡TÚ TAMPOCO TE SALVAS, MORGANA! ¡CREÍ QUE ERAS MÁS RESPONSABLE!
-¡MAMÁ!
Al escuchar a James gritar, las pelirrojas voltearon a verlo con sorpresa.
Euphemia le frunció el ceño.
-¡CUIDA TU TONO! ¡NIÑO MAL…!
-Morgan no tuvo nada que ver-explicó James con el rostro verde y pasándose la mano por el quiso detenernos.
-¿Detenerlos?-preguntó Euphemia, para luego entender y acercarse a los pies de las escaleras-¡SIRIUS ORION BLACK! ¡BAJA EN ESTE INSTANTE!
Mientras James y Sirius barrían la cocina sin magia, Morgan, Euphemia y Fleamont disfrutaban de grandes rebanadas de pastel de manzana, hecho por Dixie, quien parecía extasiada ante la popularidad de su obra.
Morgan la felicitó y la elfina se largó a llorar, lo que la hizo sentir incómoda. Para hacer que cesara, le ordenó una taza de té verde.
James la miró implorante, pero Morgan no cedió.
-¿Te gustó mi ofrenda de paz?-preguntó de repente, y la pelirroja entrecerró los ojos.
Algo le olía a podrido.
-¿Ofrenda? ¿Qué ofrenda?-preguntó Euphemia.
Black pasó por su lado y susurró en su oído:
-¿No vas a sentarte?
Morgan tragó el trozo de pastel. No le gustaba su tono, malicioso y amargo.
-No, gracias. Prefiero quedarme parada.
-¡James!-regañó Euphemia, ante lo que su hijo alzó las manos en son de paz.
-Está bien, está bien mujer-continuó barriendo, su expresión tan inocente que era é a Tim, el novio de Morgan.
Al escuchar la palabra "novio", Fleamont se sentó derecho y se aclaró la garganta.
-¿Quién es este muchacho? ¿Es de familia respetable? Me gustaría tener una charlita con este Tom.
Euphemia le quitó importancia a las palabras de su esposo con un gesto de la mano.
-Morgan, ¿por qué no me contaste que tenías un novio?
Al no saber como responder, se encogió de hombros. Euphemia parecía ligeramente decepcionada.
-Bueno, ¿hace cuánto que lo conoces? ¿Es de tu edad?- pareció recordar algo, pues de repente se puso muy seria. Detrás de ella, Fleamont parecía haber chupado un limón y James se tapaba la boca para ahogar sus risas-¿Por qué no vamos a mi estudio? Creo que es hora de La Charla.
-¡NO!
Las risas de James retumbaron por los terrenos de la mansión.
N/A: Estaba salvando la virtud de Timmy para el siguiente capítulo pero no me resistí, jejejej.
Iba a incluir una conversación con Sirius, pero la voy a dejar para el próximo capítulo o el que sigue porque quiero hacerla lo mejor posible.
Lily visita en el siguiente capítulo!
¿Qué les parece el capítulo? Sean honestos!
Gracias por leer :)
Saludos!
