Guest: jejee, no pasa nada. Igual yo últimamente me quedé atrás con la cultura pop. Culpo a mi nueva obsesión por los musicales.
Sip, lo está dañando,jijij...muajajajaja
Me alegra que te haya gustado! Creo que es de mis favoritas :)
Sara: Gracias por comentar :)
beatenclaw: Tranquila! Fuerza!
Wiiii! Me alegra! :D jaja, a mi también me da pena, pero mi crueldad es más grande.
Saluditos :)
PD: Casi seguro que habrá una escena o dos desde su perspectiva en el siguiente capítulo ;)
Capítulo 20: Cicatrices nuevas y viejas
2 de Mayo, 1998
Entumecida, Morgan entró al Gran Comedor. Estaba aterrada, luego de enterarse de la verdad de la naturaleza de Harry, luego de entender completamente que a pesar de que ella no cargaba con parte de Voldemort dentro, tenía que morir. Sería su vida a cambio de todas las del colegio, y solo Merlín sabía cuantas más; pero aún así le era difícil poner un pie delante del otro cuando su cuerpo y mente le gritaban que corriera en la otra dirección y se escondiera.
Sabía que tenía que hacerlo, y además, a pesar de todo, no dejaría que Harry fuera solo. Muchas veces no se llevaban bien, y los años los habían separado, pero seguía siendo su hermano, y no podía imaginar un mundo en el que al final del día y sin importar lo que pensaran o dijeran él estaba ahí para defenderla.
Solo necesitaba hablar con alguien, necesitaba que le dieran las palabras necesarias para proceder con su nueva misión, y que le diera unos mensajes a sus amigos, pues ella no tenía el valor para despedirse en persona.
Buscó entre el mar de gente, intentando no temblar, intentando ocultar su miedo. El Gran Comedor se estaba cayendo a pedazos (aunque no era nada comparado con el resto del castillo), pero todos se refugiaron ahí. El lugar estaba lleno de estudiantes, profesores y miembros de la Orden, algunos sanos, muchos heridos, y muchos más muertos.
Los bultos que yacían en el suelo cubiertos de pies a cabeza por mantas le robaron la temperatura corporal, e intentó no preguntarse si alguien que conocía descansaba debajo.
Eso no la hizo sentir mejor.
Los llantos de los heridos y aquellos de luto predominaban en la sala, y ahogarlos resultó imposible. Vio a un par de estudiantes de Ravenclaw en el suelo, y a pesar de las magulladuras, la sangre y el polvo, reconoció a Cho Chang, quien estaba de rodillas intentando calmar a un compañero, que se veía aterrado.
-Está bien. Ya casi termina-intentaba consolar, pero el chico no parecía escucharla. Sacudía la cabeza de un lado a otro con ansiedad, y contemplaba a la nada mientras abrazaba sus piernas contra su pecho.
Notó a un pequeño grupo separado del resto, dos chicas y tres chicos alrededor de dos camillas, e intentó dar la vuelta antes de ser notada.
-¡Morgan!
El llanto de Daphne fue imposible de ignorar, y volteó rápidamente, estupefacta.
La rubia se acercó a ella, jugueteando con sus manos y llorando mares. Tenía el cabello chamuscado y despeinado, y la cinta roja que lo sostenía había desaparecido, revelando la fina colita de goma que escondía debajo. Su uniforme estaba casi tan destrozado como el de los demás, pero por vez primera, no parecía estar conciente, ni pendiente de su apariencia.
Daphne vaciló, como si estuviera a punto de lanzarse a sus brazos pero luego decidiera mantener algo de distancia.
-Yo,...-Morgan miró atrás y escaneó el comedor rápidamente, buscando-lo siento, pero no tengo tiempo.
-Por favor-le imploró la otra chica, hipando-.L-l-lo siento.
-¿Has visto al tío Remus? Necesito preguntarle algo.
Un fuerte sollozo sacudió el cuerpo de la chica, y la pelirroja sintió su dolor. Los ojos se le llenaron de lágrimas al verla así.
Eso era lo que quería evitar.
-¿Lo has visto? Es urgente.
-Lo siento-Daphne tomó un paso en su dirección y se detuvo nuevamente. Se abrazó mientras más lágrimas caían, y cuando volvió a hablar, Morgan tuvo que hacer un gran esfuerzo por entender las palabras:-Fue mi culpa. Yo-yo-yo creí que podía contra Carrow, pero me desarmó. Me iba…-Otro sollozo la sacudió, pero Morgan no pudo moverse para sostenerla-Me iba a matar, y-y-y-y- e-e-l profesor Lupin...él se...el se puso en el medio.
Luego se tomó unos momentos para darle sentido a las palabras.
Sacudió la cabeza.
-No-Volteó y miró a través del comedor. Al no divisar la cabellera arenosa de su padrino, se puso en marcha, buscando entre los heridos y los sanos, buscando entre todos menos entre las camillas.
Sentía que el corazón se le iba a salir del pecho y le dolía, le dolía de la misma forma que dolió cuando se enteró de Sirius. Se le cerró la garganta y se le nubló la visión al punto de que ya no sabía hacia donde estaba caminando, y tampoco distinguía una figura de otra. ¿Cómo iba a encontrar al tío Remus si no podía ver?
-¿Potter? ¡Potter!
Distinguió la voz de la profesora McGonagall, y luego sintió un par de manos posándose sobre sus hombros y sacudiendola.
-Potter, ¿qué sucede?
Morgan intentó quitarse las lágrimas del rostro, pero era inútil porque solo eran reemplazadas por otras y todavía no podía ver.
-Morgan, lo siento-le llegó la voz rota de Daphne, que la había seguido.
-¿En dónde está?-le preguntó a la anciana. Cuando no obtuvo respuesta comenzó a desesperar. Levantó la voz, y las palabras comenzaron a salir a una velocidad vertiginosa y apenas comprensible-¡¿En dónde está?! ¡¿En dónde está Remus?! Necesito hablarle.
La visión se la aclaró un poco, lo suficiente para ver la expresión de pena que su profesora favorita le estaba dando.
-Oh, Lily…
-¡No!
Se alejó de ella con un empujón que casi manda a la anciana al suelo, pero ya no pudo ignorar los sollozos de Daphne, que todavía no se atrevía a acercarse y continuaba con las disculpas.
Cerró los ojos y se cubrió la boca, pero todo el comedor escuchó el llanto roto que provocó. Sintió un par de brazos a su alrededor, y gotas sobre la espalda.
Se sacudió violentamente.
Theo y Tracey se arrodillaron frente a ella. Ambos estaban llorando. Detrás de ellos aparecieron dos pares de zapatos, elegantes pero estaban sucios.
-Está bien, Morgan-intentó consolarla el castaño, quitándole el cabello del rostro de manera sufrió, lo prometo.
Intentó tomar aire, pero probó ser una tarea ardua.
-No me importa si sufrió. Se fue. Se fue y no va a volver.
No entendía porque Tracey y Theo derramaban lágrimas por alguien que apenas conocieron.
Theo intentó atraerla en un abrazo, pero Morgan se apartó de él y miró a su izquierda, notándolo por primera vez.
Fue como si alguien le hubiera tirado un balde de agua helada.
Remus yacía sobre la camilla, tan demacrado que uno podría pensar que acababa de pasar por una luna llena. Sus ropas remendadas estaban rotas y tenía el cabello alborotado. Su rostro todavía revelaba evidencia de su última transformación, y bajo los rayos de la luna, las cicatrices viejas casi parecían brillar.
Tenía los ojos cerrados y su pecho no se movía.
Quería acercarse a él pero no le quedaban fuerzas.
Apenas notó a Tonks a su lado, en el mismo estado que su esposo.
Remus llevaba un collar que Morgan le había regalado. Cuero negro, y un felino de madera colgando hacia el costado.
De repente, un pensamiento la invadió.
Supuso que ya no importaba. Harry, que era la única familia que le quedaba, estaría muerto en minutos, y ÉL la quería muerta también.
Los brazos de Daphne parecían estar quemándole.
-Está bien, Daphne- la consoló, tomando una de sus manos y entrelazando sus dedos. Hizo contacto visual con Blaise, Tracey y Theo (ignorando a la otra persona tanto como pudo) va a mejorar ahora. Lo prometo.
Se quitó los brazos de la rubia de alrededor y se acercó a Remus. Pasó su mano por su cabello en un intento de alisarlo, sabiendo cuánto le importaba a su padrino estar prolijo. Muchos decían que los muertos se veían en paz, pero ella no encontró esa expresión en el rostro de su padrino. Su ceño permanecía ligeramente fruncido, como si tuviera cosas sin terminar en esa vida. Tomó su mano y otro ruido anormal dejó su cuerpo al sentir lo fría que estaba.
-Sé que pensabas que era valiente, pero no lo soy-bajó las miradas a sus manos por un momento, notando la cinta roja alrededor de su muñeca, para luego volver a su rostro y pasarle la mano por la frente, deshaciéndose del ceño.
Parecía estar en paz.
-Pero puedo intentar.
Respiró hondo varias veces, hasta que eventualmente su respiración se acompasó. Se inclinó y depositó un beso sobre su frente, cerrando los ojos en un esfuerzo por mantener la compostura al sentir lo fría que estaba.
Dándole un último apretón a su mano, apoyó las suyas sobre las rodillas y se levantó. Podía sentir las miradas de sus amigos y la profesora McGonagall sobre su espalda.
Salió del Gran Comedor sin mirar atrás.
8 de Agosto, 1976
Con ojos entreabiertos, Morgan se desperezó y buscó a ciegas el pequeño reloj que descansaba sobre su mesita de noche. Casi marcaba las cuatro.
El sonido que la despertó se repitió, el de alguien vomitando.
Pidiendo fuerzas a Merlín, se levantó y fue hacia su baño, pasándose un puño sobre los ojos para despertarse. La luz estaba encendida y la puerta entreabierta, y arrodillado sobre el inodoro estaba Sirius.
Sin hacer comentario, tomó un vaso de plástico y lo llenó con agua, para luego arrodillarse detrás de él y comenzar a dibujar círculos en su espalda.
Finalmente, luego de devolver la mitad de sus órganos, Sirius jaló la palanca y se recostó contra la pared, ojos cerrados y boca entreabierta.
-En una escala del uno al diez…
-Cinco-la interrumpió él, abriendo un ojo e intentando sonreír ante su expresión, como si no le creyera.
Le ofreció el vaso y el chico lo tomó, asintiendo en modo de agradecimiento. Tomó y escupió antes de beber el resto del contenido.
Morgan se llevó las piernas contra el pecho y las rodeó con ambos brazos.
-Has estado bebiendo mucho últimamente-comentó en voz baja, no queriendo perturbar la paz que reinaba en la mansión.
-Tu concepto de "mucho" y el mío debe ser diferente.
-¿Ah, sí? Hace tres días desayunaste ebrio. No pongas esa cara, James también lo notó. Honestamente, tuviste suerte de que Fleamont no se diera cuenta y que Euphemia no estuviera.
-Salí la noche anterior.
-No, no lo hiciste. Estuviste encerrado en tu habitación. Lo sé porque James me estuvo enseñando a jugar ajedrez, y dijo que no quisiste bajar.
Sus ojos se tornaron duros en un instante, y se cruzó de brazos.
-No creo que sea de tu incumbencia lo que hago.
-Eres mi amigo, todo lo que te perjudique es de mi incumbencia-suspirando ante la expresión en su rostro, se deslizó hasta estar a su lado, brazo contra , todo mejora cuando empiezas a hablar de ello.
-No tengo nada de qué hablar.
-¿Ah no? Si mi madre me torturara yo querría algo de ayuda profesional.
-Nadie te…¡PUAJ!
Se lanzó sobre el inodoro con fuerza, y Morgan le apartó el cabello y se lo sostuvo. Lo tenía algo largo, al menos comparado con la mayoría de los chicos en el colegio, y le llegaba hasta los hombros.
-Ya, ya-intentó consolar, mientras el chico hacía garcas.
¿Cinco? Cinco mi trasero.
Volvió a jalar la palanca pero se quedó quieto. Morgan observó su espalda. Con el cabello apartado, podía ver una cicatriz asomando por debajo de su camiseta negra, era blanca e irregular, pero se iba cerrando sobre sí misma en espiral. Apostaba que si la tocaba, partes se sentirían ásperas y partes suaves. La pelirroja lo reconoció como magia negra. Nunca había usado esa maldición, ni había estado del lado recibidor de ella, y aunque sabía que no dolía tanto como el maleficio Cruciatus (con el que estaba familiarizada, y solo recordarlo le daba escalofríos), dejaba marcas físicas instantáneas.
El maleficio Cruciatus, aunque causaba el mayor dolor imaginable, hacía su trabajo lentamente, y uno debía ser expuesto a él por cierto período de tiempo para dejar un daño serio (uno debía tener en consideración la relativa buena salud de la víctima). Pero la cicatriz en la espalda de Sirius delataba un trabajo más brutal, de un maleficio que, aunque no tan doloroso, dejaba secuelas casi inmediatas.
-No tienes que hablar conmigo si no quieres-le dijo suavemente, rodeando su cintura con ambos brazos y descansando su mejilla sobre su espalda y deseando quitar su dolor. Dada la oportunidad, estaba segura de que no dudaría en tomar su lugar, si eso lo liberaba de su pena-,pero deberías hablar con alguien. Prometo que cuando lo hagas, comenzarás a sentirte mejor.
-Ya no tengo mejora, Ana-le dijo con voz rota, una de sus manos posándose sobre la suya con duda.
Morgan dejó que entrelaza sus dedos y movió el rostro, dejando que su frente descansara sobre la espalda del chico.
-Creeme, todos tienen arreglo-cuando Sirius no dijo nada, intentó otra tá favor.
Resignado, asintió e intentó levantarse. La bruja lo ayudó inmediatamente, y lo dejó usarla como soporte.
-¿Quieres volver a tu habitación?
Sirius dudó por un momento.
-¿Puedo quedarme? No..Mjm...No quiero estar solo.
Lo guió de regreso a su cama.
Cuándo volvió a despertar, el reloj marcaba las ocho, y Sirius tenía sus brazos alrededor de su cintura y el rostro sobre su pecho. Respiraba de forma acompasada, por lo que Morgan lo liberó de su abrazo y se levantó con cuidado, procurando no despertarlo.
Colocó una almohada debajo de su cabeza, se vistió en silencio y salió de la habitación, rumbo a la biblioteca con el libro de serpientes en mano.
Primero pasó por la cocina, sabiendo que Dixie le tendría preparado una taza de té a esa hora, como era usual. Ignoró el destrozo que los invitados de James habían dejado y entró en la cocina, donde su padre dormía sobre la encimera con una rubia entre brazos.
Los observó por un momento; James y esa rubia le gustaba tanto como Lily y Bertúpido. Como era de esperar, el té descansaba sobre una bandeja junto al fregadero, donde también descansaban unas tostadas a medio quemar. Tomó un vaso y lo llenó con agua.
-¡AAAH!-James despertó con un grito y se sentó de golpe, provocando que su acompañante cayera al suelo. Se volvió hacia la pelirroja-¿Cuál es tu problema?
-Limpia esto antes de que regresen tus padres- le dijo, volteando y tomando la bandeja-; y espero no enterarme de que los elfos te ayudaron.
-¡Pero vuelven a mediodía!
-Recomiendo que empieces, entonces.
Algo picoteo la ventana, y volteó para ver a dos lechuzas: Júpiter, quien regresaba de casa de Lily, y otra desconocía, que cargaba con tres cartas en el pico.
Morgan se inclinó y abrió la ventana. Tomó las cartas de la lechuza y ésta no desperdició tiempo en largarse, siendo animada por Júpiter, quien no parecía tenerle mucho aparecio. Intentó tomar la carta de la pata de Júpiter, pero el ave intentó morderla y emprendió vuelo, ofendida.
-Pajaro loco- masculló Morgan, llevándose el dedo herido a la boca y usando la mano libre para ojear las cartas.
Todas tenían los sellos de Hogwarts, y una su nombre.
-Llegaron los resultados de los TIMOS- dijo como si nada, colocando su carta sobre la bandeja y tomándola, con la intención de leerla en la biblioteca.
Mientras subía las escaleras, escuchó a James gritar.
-¡WOHOO!
Título Indispensable De Magia Ordinaria
Aprobados:
Extraordinario (E)
Supera las expectativas (S)
Aceptable (A)
Desaprobados:
Insatisfactorio (I)
Desastroso (D)
Troglodita (T)
Resultados de Morgana Lily Edevane
Astronomía (A)
Cuidado de las Criaturas Mágicas (I)
Defensa Contra las Artes Oscuras (S)
Encantamientos (E)
Estudios Antiguos (A)
Estudios Muggles (S)
Herbología (D)
Historia de la Magia (E)
Pociones (S)
Runas Antiguas (E)
Transfiguración (E)
Supuso que no estaba tan mal. Le había llevado dos intentos conseguir esa nota en Defensa, así que intentó alegrarse por eso. Transfiguración no era una gran sorpresa; podría pasar la clase con los ojos cerrados. No lo creía posible, pero su resultado en Herbología era peor esa vez, al igual que el de Astronomía, pero nadie podía concentrarse en esa clase con los Merodeadores riendo cada vez que la profesora mencionaba la estrella Sirius, la estrella Alfa Canis Maioris, mejor conocida como la constelación perro.
Recordaba el día en que Lily la sostuvo antes de que le clavara la pluma en el ojo a alguien.
Hizo sus calificaciones a un lado. Dentro del sobre también estaba la lista con los materiales que necesitaría para ese curso, pero esperaría a que sus abuelos regresaran para ir al Callejón Diagon juntos.
Tomando un sorbo de su té, dejó plato y taza sobre una mesa junto a una alta ventana y se encaminó hacía la escalera. Ya había revisado casi todo lo que tenía a nivel de los ojos (sin suerte) y ahora debía continuar con las estanterías superiores.
Pasó un buen par de horas de esa manera: subiendo, revisando, bajando frustrada para mover la escalera y volviendo a subir.
Cuando por fin encontró algo no del todo inútil, bajó y se sentó en un sofá bajo la luz del sol.
Terminó de leer un párrafo e intentó no darse la cabeza contra el libro.
Matar a un basilisco era sencillo.
Harry era un imbécil.
De seguro el tarado no lo sabía, porque Harry siempre saltaba frente al peligro de la misma manera que un perro al ver comida. Cuando su hermano le contó la historia, lo hizo parecer casi imposible, como si la pura suerte fuera la razón de su supervivencia. Debía ser eso, pura suerte.
Cerró el libro, sintiéndose triunfante, y la puerta se abrió.
James y Sirius entraron como si fueran los dueños del lugar.
El primero le mostró su carta.
-¿Cómo te fue?-le preguntó, al tiempo que Sirius se dejaba caer sobre el sofá y posaba los brazos sobre el respaldo.
Morgan ojeó el brazo que casualmente rodeaba sus hombros pero no dijo nada. Afortunadamente, James podía ser algo lento y lo no notó.
-Tengo cuatro Es. ¿Ustedes?
-Una S en Historia y Estudios Muggles. El resto solo E-respondió el chico a su lado, mientras dos de sus dedos tomaban un mechón rojo y comenzaban a jalar.
Dicho mechón se tornó de un marrón oscuro, y la metamorfomaga lo vio sonreír por el rabillo del ojo.
-Solo Es-respondió James, claramente orgulloso-, y sin abrir un solo libro.
-Te odio.
-El odio es una emoción tan negativa, querida Morgana. No te sienta bien- respondió a la ligera, tomando un libro entre los dedos y observándolo como si fuera lo más extraño del mundo-Papá nos va a llevar a Diagon mañana, para comprar los materiales.
-¿Terminaste de limpiar tu desastre?
-¿Escuchaste a mi madre gritando?
-No.
-Ahí esta tu respuesta.
-Qué arrogante de tu parte, Cornamenta, asumir que solo grita cuando está enojada contigo-comenzó Sirius, con un brillo malicioso en los fuera yo…
James le tiró el libro a la cabeza.
Sirius lo esquivó y se aferró a Morgan, usándola de escudo.
-Sálvame.
-Sálvate tú, maldito imbécil-espetó, levantándose y golpeándolo con un almohadón.
-Ouch. ¡Tranquila!...No te pongas así, era una broma...Hay más que suficiente para ambas.
James y Morgan sacaron las varitas.
-Ascendio.
-Melofors.
9 de Agosto, 1976
Mierda.
Morgan se miró al espejo, primero de un lado y luego del otro, como si eso fuera a hacer que la gran cola desapareciera.
Mierda. Mierda.
Sostuvo la cola en una mano y la miró con resentimiento. No era la primera vez que le sucedía. El entrenamiento para convertirse en animago era mucho peor de lo que los libros decían, pero tan malo como la profesora McGonagall les advirtió en clase.
Casi cada día, casi siempre antes de dormir, Morgan se sentaba delante de su cama a lo indio y meditaba. El manual decía que eso le ayudaría a conectar con su animal interior. Desde que bebió la poción varios meses atrás, solo había conseguido bigotes, una pata en lugar de un brazo (eso se sintió extremadamente extraño), y una cola.
Todavía no conectaba con su maldito animal interior, y comenzaba a perder la paciencia. No estaba acostumbrada a tener dificultad con la Transfiguración, siempre podía hacer lo que McGonagall pedía en el primer intento, y casi controlaba el color de su cabello al completo, aunque ya no podía cambiar su apariencia física. Culpaba a tía Petunia, quien solía encerrarla por una o dos semanas cada vez que la niña perdía el control y cambiaba algún aspecto físico, o cuando hacía que su nariz se viera justo como la de la mujer, con la intención de hacer a Harry reír.
Los encierros prolongados le hacían acumular energía, y para el momento que la dejaban salir temía a su propia sombra. Hubieron dos razones por las cuales no se volvió loca: Harry, quien se quedaba despierto para que ella durmiera tranquila; y su desarrollado autocontrol. Los castigos de tía Petunia surtieron efecto, y ahora la pelirroja solo cambiaba su color de cabello a voluntad o cuando sus emociones eran demasiado fuertes y repentinas.
Le envidiaba eso a Tonks, la facilidad con la que podía cambiar su rostro entero. La mujer intentó ayudarla, y a pesar de que sabía que sería inútil, se lo permitió, solo porque le gustaba ver al tío Remus sonreír cuando Tonks y Morgan interactuaban.
Morgan extrañaba a Tonks, y de vez en cuando se preguntaba si ya había nacido. No recordaba su edad, pero no quería preguntarle a Sirius por Andrómeda porque no tendría forma de explicar su interés.
La puerta se abrió.
-¡Nos vamoooooos!-anunció James.
Morgan pegó un salto y escondió la cola como pudo, pegando su espalda contra el espejo.
El chico alzó una ceja.
-¿Qué es eso?
-¿El qué?
La señaló.
-Eso que escondiste.
-No escondí nada.
-¿Es un regalo?
-¡Qué no escondí nada, interesado!
-No debiste molestarte.
James se acercó, y Morgan intentó esquivarlo. La tomó del brazo y la dio vuelta.
Su risa resonó por toda la habitación.
-¿Es real? Se mueve sola y todo. ¿Significa que estás enojada?
Parte de su cabello se tornó negro y visualizó la cabeza del chico explotando.
-De acuerdo. ¿Quieres que te ayude?
Lo miró sobre su hombro con interés.
-¿Sabes como deshacerte de esto?
-Sip. Me ha pasado. Una vez tuve que perderme dos días de clases porque tuve astitis, y otra tuve que ir con cola y todo. Por suerte era pequeña y la disimulé con la ropa-rió para sus adentros mientras sacaba su varita-Debiste ver a Canuto, él pasó casi una semana con un hocico peludo.
Vio una apertura y la tomó.
-Canuto es Sirius, ¿verdad? ¿Él también es un animago?
James se congeló.
-No le digas que te dije.
Masculló el hechizo y la cola comenzó a perder tamaño, hasta finalmente desaparecer, dejando una sensación fría en el lugar del que había salido.
Euphemia entró en ese momento y miró a James con cara de pocos amigos.
-¿Qué están haciendo? ¡James Potter, más vale que no estuvieras encantando a tu hermana!
James pegó un salto y soltó su varita, que cayó sobre el pie de la pelirroja. Morgan se inclinó para agarrarla justo cuando James dio un paso atrás.
Todos se encogieron al escuchar el sonido de la madera rompiéndose.
El bruto apartó su pie, y Morgan tomó la varita rota con cuidado. Madre e hijo se acercaron para inspeccionarla.
-Bueno. Ahora hay que comprar otra-dictaminó James, ganándose un golpe en la cabeza.
N/A:
Bueno, me rehuso a editar la primera parte porque es muy dolorosa.
¿Saben? Comencé a "escribir" con unos,...catorce, creo...y esta fue la primera vez que lloré mientras lo hacía. He sentido las ganas un par de veces, pero es la primera vez que de verdad lloro mientras escribo, lo que es incómodo, porque tengo que parar para limpiarme y porque no veo bien...no veo bien porque me olvido de los lentes, pero eso es para otro día.
Ahora se lo que sienten ustedes cuando me escriben diciendo que les hice llorar, y yo bien perra riéndome. Casi me siento mal por lo que se viene, casi.
Mi maldad supera todo, menos la monja maligna de "El Conjuro". Esa vieja maldita me dejó traumada, y ni siquiera creo en esas cosas. Ahora me lavo los dientes y me mareo mirando al espejo y atrás, espejo y atrás.
...Creo que voy a ir al cine a ver la película de la vieja esa, solo porque me gusta sufrir, y porque el sufrimiento se reduce cuando te concentras en reirte de los que se asustan más.
Ya hablé demasiado.
Llorar me da sueño.
Lamento la demora, quise escribir el lunes pero no me daba la cabeza. Este jueves tengo un escrito de matemáticas y tengo que estudiar, y creo que se viene otro la próxima semana, pero voy a actualizar más seguido (probablemente). Luego son las vacaciones de invierno, y ahí sí espero tener más tiempo :3
Para aquellos cuyos países entraron al mundial, ¡Mucha suerte!
Y sí no están leyendo esto en Wattpad, escribí la primera escena escuchando "Time", de Hans El Puto Amo Zimmer.
Yo digo por si les gusta sufrir, esa pieza es impresionante y aunque no estén leyendo nada te hace sentir mil cosas.
Tengan lindo día/tarde/lo que putas sea cuando lean esto.
PD: A Mothy...Timotgan? No se me ocurre un nombre. ¡A Tim y Morgan les queda poco!
PD2:La primera escena es para recordarles que volvemos a Hogwarts, y con Hogwarts volvemos a sufrir.
*se sienta a esperar las amenazas*
