Sara: Me alegra!

Nat-Marie: jiji, yo también me amo...ah, re egocéntrica :p. Pero en serio, graziaz :3

Sip, va a "intentar". Esa es la palabra clave xD

Gracias! Me fue bien, por suerte...o la profe me tiene lástima. Cualquiera me sirve, sinceramente.


Capítulo 21: Ojo por ojo deja al hombre ciego.

9 de Agosto, 1976

.

Su abuela, como era usual esos días, estaba trabajando. Cada vez que la pelirroja le preguntaba porque tenía que hacer todos esos turnos extra en la oficina de Aurores, la mujer esquivaba la pregunta; pero la chica no era tonta, y se imaginó que tenía que ver con los vasallos de Voldemort, o el calvo mismo.

El callejón estaba más vacío que el año anterior, y al menos un tercio de las tiendas se encontraban cerradas.

Tal vez esa había sido una de las razones por las cuales el señor Harkiss había vendido su tienda, quería alejarse de la guerra antes de que empeorara.

Varios posters colgaban de las paredes fuera de las tiendas y de los mostradores de esta, la mayoría eran de personas perdidas, pero también se podía ver carteles de "Se busca". La gente no paseaba por el callejón, sino que se movía con rapidez, yendo de un lugar a otro, completando sus recados rápidamente. Tampoco se veían a muchos niños; lo más probable era que los padres no quisieran arriesgarse en caso de un ataque.

Morgan deseó haber tenido más tiempo de antelación; así podría haber escrito a Lily y dejarle saber que estarían yendo a Diagon ese día, de esa manera no estaría sola lidiando con ese par de niños,...y Fleamont

-¡Mira, Canuto! Es la Barredora-dijo James, pegando la cara a la vitrina y empañando el equipo nacional usa de estas.

El otro chico le dio una ojeada con fingido desinterés, para luego continuar caminando por la tienda. No engañaba a nadie, Morgan podía verlo dándole miradas de soslayo de tanto en tanto.

-Papá…

-No.

-¡Por favor!

-¡Te dije que no!-rezongó Fleamont, pero su nieta no esperaba que ganara la batalla, no sin su esposa alrededor.

James se le acercó con cara de cachorro mojado y le dio un abrazo.

Detrás de él, Sirius se cruzó de brazos.

-Por favor.

Fleamont se separó y Morgan vio como su resolución caía en tiempo récord, hacia el suelo y más allá.

-De acuerdo, de acuerdo. Pero la cuidarás como a tu primogénito.

-Sí, si-dijo James, restándole importancia con un ademán de la mano y saltando de regreso a la vitrina. Vio a un empleado y señaló la , por favor.

El joven abrió y cerró la boca varias veces, pero al ver que el adulto responsable asentía, se dirigió al depósito.

-No puedo aceptarlo-dijo Sirius enseguida.

-Tonterías, muchacho-Fleamont se acercó y le dio una palmada en la que sí.

-Lo siento, pero no. En serio, no quiero una.

-¡Mentira! El otro día dijiste ¡Ugh!

Se calló cuando la metamorfomaga le dio un codazo en el costado, en un pequeño intento por ayudar a Sirius a resguardar su orgullo.

-Considéralo un regalo de cumpleaños adelantado-le dijo Fleamont.

-Yo tampoco quiero una-habló Morgan, ganándose la atención de los otros me gusta volar.

La miraron como si tuviera tres cabezas, pero los ignoró.

-¿Podríamos encontrarnos en Flourish & Blotts? Me gustaría ir a una tienda-dirigió su pregunta a su abuelo, quien asintió lentamente.

-¿Por qué no esperas? Podemos ir todos juntos-sugirió James.

Morgan comenzó a sudar.

-Porque...porque...son cosas de mujeres-dijo finalmente.

Eso siempre funcionaba con Harry, y no fue gran sorpresa cuando funcionó con James y Fleamont también.

James la empujó en dirección de la puerta.

-¡Ve, ve! Sálvate.

Triunfante, Morgan salió, escuchando la risa suave de Sirius en el camino.

-Merlín, Cornamenta, no es para tanto.


Con la capa bien puesta ocultando su rostro, la pelirroja merodeó por el callejón Knockturn con cuidado, intentando no llamar la atención.

El lugar era demasiado lúgubre para su gusto y olía a rancio, o tal vez eran los magos y brujas a su alrededor. Las tiendas no eran pintorescas como las del Callejón Diagon, y frente a algunas se erguían pequeños puestos, donde en varios parecían vender objetos robados.

Se detuvo en uno de ellos al notar las cestas. El vendedor tenía una pitón alrededor de los hombros.

-Acércate muchacha, acércate- la incitó el hombre, estirando un brazo en su dirección, ofreciéndole la cabeza de la serpiente para que la acariciara.

Morgan ignoró al reptil, y acomodándose la capucha de su capa para asegurarse de que su rostro no era visible, intentó ojear el puesto del hombre.

-Aquí encontrarás las serpientes más exóticas y peligrosas del mundo. Pide, pide y tendrás.

-Busco solo información-habló con el característico tono un irrefutable que Daphne, Blaise y Draco solían usar a donde fueran, y logró ver que parecía funcionar.

-También tengo de eso, por el precio adecuado.

-Por supuesto.

Un pequeño cinturón se ceñía alrededor de su cintura, y de este colgaba una pequeña bolsa de cuero, donde guardaba el oro que sus abuelos le habían dado para ese día. La incitaron a que comprara lo que le placiera, supuso que la pareja esperaba que derrochara los galeones en Madame Malkin, no en una calle de mala muerte en el Callejón característico de los magos tenebrosos.

Sacó varias monedas y se las ofreció. El hombre las contó.

-Pregunta.

-¿Qué sabe acerca de Basiliscos?

El hombre silbó.

-Esa es una especie extraña, te digo, y aún más extraño es encontrar a alguien interesado en ellas. ¿Qué estarás planeando, me pregunto?

Le dio otras monedas.

-Se dice mucha cosa sobre esos animales. Que es nacido de una gallina y un sapo, ese mito es popular. También dicen que matan con la mirada.

Cambió el peso de un pie al otro.

-¿Sabe donde puedo conseguir lo necesario para matarlo?

El hombre asintió.

-Así es. Un espejo, dicen que su propio reflejo puede matarlo. O una comadreja, o una gallina.

Entonces sí el libro y el hombre tenían razón, solo necesitaba contrabandear varios espejos grandes y una comadreja dentro del colegio y llevarla al baño del segundo piso sin que nadie lo notara.

-¿No hay un hechizo? ¿Una poción?

El hombre enfocó su atención en la serpiente, acariciando su cuerpo viscoso de forma tan íntima que la bruja se sintió incómoda.

Rápidamente, se quitó el bolso del cinturón y se lo lanzó.

El hombre sonrió con sorna.

-Nah. Espejo o animal. Pero no es seguro. Los basiliscos son vistos rara vez, y es aún más raro que alguien viva para contar la historia. Los métodos son conocidos pero no están comprobados.

Hizo un pequeño sonido para indicar que comprendía e inhaló profundo, meditando la manera de hacer la siguiente pregunta.

-Dígame, ya que debe saber sobre todas las serpientes...

-Habidas y por haber.

-Eh, sí, claro. ¿Ha escuchado algo sobre...gente usándolas como, este, una especie de recipiente?

A esa altura, no estaba segura de cuantos horrocruxes tenía Voldemort. ¿La serpiente vino luego del Torneo o antes? Debió de haberlo hecho después, pero no tenía forma de estar segura, y tal vez ese hombre había escuchado algo.

Todo estaría bien siempre y cuando no supiera quién era ella.

El hombre le dio una mirada curiosa.

-¿Qué recipiente? ¿Para frutas?

Decidiendo que el hombre no debía tener idea de lo que hablaba, buscó una excusa para retirarse, pero una mano se posó sobre su brazo y otra le descubrió el rostro.

Levantó la mirada, encontrándose con Rosier y Greengrass, acompañados de un chico. El tercero se veía ligeramente más joven, pero no por mucho; sus facciones eran aristócratas pero no muy elegantes, tenía cabello negro y penetrantes ojos grises, que la miraban con resguardada curiosidad, seguro detrás de los otros dos.

Rosier le dio una sonrisa cruel, del único tipo que conocía.

-Vaya, vaya, Edevane. Me sorprendes- sin soltarle el brazo, la dio vuelta y comenzaron a caminar, seguidos en silencio por los otros creí que Knockturn fuera tu estilo.

-Hay muchas cosas que no sabes sobre mí, Rosier-le espetó, intentando zafarse de su agarre.

El joven solo apretó su agarre hasta el punto que le dolía.

-Claramente-Salieron de regreso al Callejón Diagon, y Morgan escaneó los alrededores en busca de algún rostro familiar-. Me sorprende, pero también hace que me pregunte: ¿qué dirán esos traidores y sangre sucias con los que te juntas si supieran que tomas caminatas en Knockturn?

Morgan rodó los ojos, ocultando su nerviosismo.

-¿No tienes nada mejor que hacer que ir de chismoso? Ya decía yo que no servías para mucho.

Le dio un tirón al brazo que permanecía en su agarre, de modo que acabaron nariz con nariz. Morgan hizo una mueca ante las maneras bruscas del chico.

-Ten cuidado. Estoy seguro de que a Potter y Evans no les gustaría enterarse de que andas experimentando con magia oscura.

Le dio una mirada en blanco.

-Sí estoy experimentando con algo, es…

-¿Todo en orden?

Ambos voltearon a tiempo de ver a Timothy acercándose cuidadosamente, ambas manos a la espalda. Unos metros detrás del chico, una mujer castaña los miraba preocupada.

Rosier le sonrió.

-No te preocupes, Alberts. Parece que tu juguete se perdió; simplemente le mostré el camino de regreso.

Les dio una última sonrisa encantadora y se alejó calle abajo con sus dos compinches. Antes de volver a Knockturn, el jovencito de cabello negro le dio una última mirada.

Morgan volteó para ver a Timothy con una sonrisa pequeña.

-No sabía que vendrías hoy.

-¿Estás bien?

-En perfectas condiciones.

Timothy asintió lentamente, era claro que fingía creerle. Colocó una mano en su bolsillo y con la otra señaló en la dirección por la que los otros tres habían desaparecido.

-¿Salías de Knockturn?

-Este, sí. Me perdí, y Ros...Evan, me ayudó a regresar.

Timothy alzó su ceja extraña, y una vez más, Morgan miró alrededor antes de inclinarse en su dirección.

-Por favor, no digas nada.

-¿Qué hacías ahí?

-Nada malo, lo prometo.

El Ravenclaw estudió su rostro por unos momentos, para finalmente ceder. Le sonrió y acortó la distancia, tomando sus manos con delicadeza y besándola de la misma manera. Morgan sonrió mientras le devolvía el beso.

Cuando se separaron, lo miró de manera sugestiva.

-Imagino que me has extrañado.

Avergonzado, bajó la mirada y le ofreció un brazo, el cual fue aceptado por la pelirroja.

Emprendieron camino rumbo hacia la mujer castaña, quien al verlos fingió estar fascinada por los productos de cocina que ofrecía la tienda ante la que estaba parada.

Morgan dedujo quién era demasiado tarde. Darse la vuelta y correr en ese momento sería maleducado.

La mujer castaña sonrió. Tenía un par de ojos azules impresionantes, que brillaban de manera hipnotizante. Dicho brillo se acentuó al caer sobre Timothy.

-Eh, má...esta es mi novia Morgan. Morgan, esta es mi madre.

-¡Timothy! ¿Cómo que "esta"? No somos objetos-luego de regañar a su hijo, se volvió hacia Morgan con una sonrisa cálida y le dio un í que tu eres la afortunada de la que Timmy se pasa parloteando.

-¡Mamá!

-Cállate que estoy hablando-tomó un puñado de cabello rojo y se lo acomodó delante del más bonita de lo que imaginé.

-¡Mamá!

Morgan rió con tanta soltura como pudo fingir.

-Usted no es tan aterradora como imaginé.

La sonrisa de la mujer se ensanchó, y se cubrió la boca de manera delicada para esconder su risa.

-Porque no me has visto intentando levantar a Timmy. Juro que Merlín prueba mi paciencia.

Morgan habló sin pensar.

-Y qué lo diga.

Se quedó de piedra, al igual que Timothy, y ambos enrojecieron hasta las orejas ante la expresión sorprendida de la mujer.

-¿Diga qué?

De seguro había un dios en algún lado, uno que se rehusó a darle un filtro, uno que la odiaba.

Su abuelo se acercaba por la calle adoquinada, con James y Sirius cuchicheando detrás. Cargaban con una escoba y caja llena de tinteros cada uno, lo último desplegó las alarmas de la bruja. Estaban tramando algo.

La mujer extendió una mano, y Fleamont la sacudió con firmeza.

-Soy Estela Alberts, la mamá de Timothy.

-¡Ah! Un placer. Fleamont Potter-su abuelo miró a Timothy de pies a cabeza y le ofreció una mano, la que el chico sacudió tembloroso-.Tú debes ser Timothy; el mito se vuelve realidad.

-¡Fleamont!-regaño Morgan, recibiendo un rápido guiño como respuesta.

James y Sirius se presentaron, y casi enseguida, los adultos entablaron conversación, mientras los cuatro adolescentes se sumieron en un silencio incómodo.

Timothy le rodeó la cintura con un brazo, pero al ver la mirada de James clavada en dicho brazo, como un animal hipnotizado, la devolvió a su bolsillo, ganándose un gesto de aprobación.

Morgan consideró darle una patada donde el sol no brillaba.

Cuando escuchó a su abuelo y a la señora Alberts hablando sobre una posible cena antes del comienzo de clases, casi se desmaya.

Una vez más, las cosas se le iban de las manos.


15 de Agosto, 1976

Morgan salió de la biblioteca y se aventuró a la cocina, famélica. Se había pasado la mañana entera encerrada en ese lugar buscando más libros sobre serpientes, específicamente, basiliscos, y cuando notó la hora, eran pasadas las dos.

-¡Hola, Remus! No sabía que estabas aquí-saludo al entrar, una sonrisa brillante apoderándose de su rostro al ver a su licántropo favorito.

Él le devolvió la sonrisa.

-Me dijeron que estabas estudiando, no quise molestar.

Le quitó importancia con un gesto de la mano, abriendo el refrigerador y sacando una jarra con jugo de naranja. Se sirvió un vaso.

-Sí, se pasó todo el verano ahí dentro. ¿Estás estudiando animales?-sonrió James-Tal vez,...ratones.

Sirius saltó en la conversación.

-Yo diría que tiene más pinta de Gatubela, ¿verdad, Ana? ¿Te gustan los gatos?

Morgan miró a James de forma acusatoria. ¡Por supuesto que le dijo a Black! James era peor que una anciana aburrida.

-Deberías trabajar para la CIA, metiche.

Se acercó a Sirius y le arrebató el plato que tenía en mano, donde el apetitoso sándwich de pavo llamaba su nombre. Tomó una mitad y le clavó los dientes, cerrando los ojos y gimiendo. ¡Comida, al fin!

-¡Oye! ¡Es mío!

Morgan le dio su mejor mirada de cachorro pateado.

-Por favor, Sirius. Tengo hambre.

El pelinegro intentó apartar la mirada, pero al fallar, suspiró y levantó una mano a modo de sometimiento.

-Bien. Disfrútalo.

-¡Eso no es justo! Nunca me dejas robar tu comida-le recriminó James.

-Porque no eres tan irresistible como yo-se burló la bruja, tomando otra gran mordida.

-Eso es cierto-Sirius se mostró de acuerdo.

-¿Disculpa?

-¿Qué dijiste?

James y Remus hablaron al mismo tiempo, pero antes de que eruptara una pelea, Morgan los hizo callar.

Escuchó una voz acercándose, y algo rompiéndose.

Sonriendo con malicia, dejó su vaso y plato sobre la mesada y se apresuró hasta el marco que separaba la cocina del resto de la mansión. Se pegó contra la pared y esperó, mientras los chicos intentaban no hacer mucho ruido.

Pettigrew entró en la cocina con paso torpe y Morgan saltó, con los brazos en alto y gritando como banshee.

Pettigrew también saltó y gritó, mientras sus amigos comenzaban a reír como maniáticos. Morgan se alejó un poco de él, también divertida por su reacción, pero se quedó quieta al ver a Pettigrew encogido sobre sí mismo.

Bajó la mirada y vio como sus pantalones se oscurecían y el suelo se mojaba.

James y Sirius rieron con más fuerza, mientras que Remus fingió toser.

Con su sonrisa malévola todavía en lugar, Morgan tomó su vaso de jugo y el plato, con el sándwich a medio comer.

-Mi trabajo aquí está hecho.


30 de Agosto, 1976

Alice se recostó junto a Morgan con un vaso de plástico en mano. A su lado, Lily y Dorcas mantenían una conversación sobre diferentes tipos de rocas, mientras que Marlene Mckinnon ignoraba al resto, con sus ojos marrones clavados en la figura de Sirius, quien se encontraba del otro lado de la gran sala de los Potter, con un vaso en mano, una mano contra la pared, inclinado sobre una chica.

Morgan no tenía ganas de confesar que ella también estaba mirando lo mismo. La chica con la que estaba hablando Sirius era baja, tal vez de su misma altura, y era obvio que nunca había pasado hambre en su vida. Desde tan lejos y con tan poca luz era casi imposible distinguir sus facciones, pero Morgan apostaría su cámara a que cuando Sirius se inclinó y le susurró solo Merlín-Sabía-Qué, la chica se sonrojó.

A su lado, Alice continuaba hablando. Le estaba contando algo sobre la madre de Frank, a quien conoció solo unas pocas semanas antes; pero la pelirroja no estaba escuchando.

Morgan se sintió mal. Hasta ese momento, creyó que Sirius era un chico superficial que solo perseguía a chicas con aires de modelo; pero parecía genuinamente atraído por esa chica, o eso quería hacerle creer.

Sacudió la cabeza. Sirius no era perfecto, y a veces podía ser cruel, pero quería confiar en que no usaría a una persona solo para molestarla.

Aún así, tuvo que controlarse antes de que su cabello se tiñera de verde.

Volvió su atención a Alice al notar que ésta ya no hablaba, y se la encontró con una mirada contemplativa, que parecía dirigida a Marlene.

-¿Te encuentras bien?-le preguntó.

Afortunadamente, la fiesta todavía no alcanzaba su punto máximo, y era posible mantener una conversación sin hacer que las cuerdas vocales explotaran.

Lily y Dorcas cesaron su conversación, y al ver a quién estaba dirigida la pregunta, volvieron su atención a la rubia.

Marlene no pareció escucharla, pero luego de unos segundos, despegó la vista de Sirius y la chica rolliza.

Sonrió tanto como pudo.

-Sí, todo está perfecto.

Las otras cuatro arquearon una ceja de manera simultánea, y Marlene suspiró. Por un momento, sus ojos se posaron sobre Morgan, y la pelirroja reconoció esa mirada: decidía si confiar en ella o no.

Bajó la mirada a su regazo y ojeó su vaso, notando que estaba vacío.

-Es solo que es ridículo, ¿saben? Sabía en lo que me metía, y me dije a mi misma que no importaba, que estaría bien.

-¿Qué? ¿Acabaste enamorada de él o algo así?-preguntó Dorcas, quitándose un grueso mechón oscuro del rostro. Para alguien tan elocuente, cuando la conversación tomaba tonos románticos, parecía perder vocabulario.

-No lo sé-confesó Marlene, levantando la mirada una vez más y buscando a Sirius.

Las otras cuatro hicieron lo mismo, y se lo encontraron con su nueva víctima en brazos, besándola con pereza.

Morgan apretó la mandíbula, antipática ante el desagradable sentimiento creciendo en la base de su estómago.

-Oh, no te preocupes, Marley. Ya le va a tocar sufrir-dijo Alice con ligereza, ganándose miradas cautelosas de sus amigas. La chica no les hizo caso, y todavía analizando la pareja, ladeó la cabeza, ún día, le va a tocar enamorarse y cuando lo haga, será rápido e intenso, y no sabrá qué le pegó. Sinceramente, siento lástima por la chica que le toque lidiar con él.

Esas palabras no parecieron apaciguar a Marlene, quien anunció que iría en busca de otro trago. Lily se ofreció a ir con ella, y solo quedaron tres.

Alice miró a Morgan y sonrió de forma cómplice, guiñandole un ojo.

La pelirroja apartó la mirada.

-Bueno, voy a buscar a Tim-se apresuró a decir. De repente, la presencia de Alice le que esta cerca del invernadero.

-¡Usen protección!-llamó Marlene, volviendo con una botella.

-¡Eso no es gracioso!-regañó Lily.

Morgan salió pitando.


Con un gemido suave, Morgan echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos por un momento, para luego inclinarse y enterrar los dientes en el hombro de Timothy, dándole una mordida juguetona. El chico tembló y se aferró a ella, y Morgan se aprovechó de la oportunidad, empujándolo y rodando hasta que ella estuvo sobre él.

Con una pequeña sonrisa triunfante, se enderezó y apoyó las manos sobre el cabecero, acelerando sus movimientos. Timothy colocó una mano a cada lado de sus caderas, ayudándole a mantener el ritmo.

No se detuvieron hasta que ambos estuvieron satisfechos, y una vez cumplido el objetivo, Morgan se dejó caer junto al chico, agitada. Se removió hasta quedar debajo de las sábanas y volteó, dándole la espalda.

Luego de un par de minutos, ya habiendo recuperado su aliento, sintió un brazo envolviéndose a su alrededor hasta alcanzar una de sus manos. Timothy entrelazo sus dedos y depositó un suave beso entre sus omóplatos, su aliento frío haciéndole cosquillas.

-¿Estás bien?

Morgan asintió, cerrando los ojos.

-Solo estoy algo cansada.

Por supuesto que estaba mintiendo, simplemente no tenía ganas de hablar.

El chico pareció aceptar la respuesta.

-¿Te molesta si me quedo un rato?

Morgan negó con la cabeza, y enseguida lo sintió acomodándose detrás de ella.

Intentó relajarse, y luego de unos minutos, ambos se durmieron.


"No se lo que se supone que debo hacer,

atormentado por tu fantasma

Llévame de vuelta a la noche en que nos conocimos.

Cuando la noche estaba llena de terror,

y tus ojos llenos de lágrimas.

Cuando todavía no me habías tocado,

Llévame de vuelta a la noche en que nos conocimos."

Morgan salió de su habitación, silenciosa como un gato, y cerró la puerta detrás de ella con suavidad, lanzando una rápida mirada a la figura durmiente de TImothy.

Caminó unos metro pasillo abajo con intenciones de volver a la fiesta, pero se detuvo al ver a Sirius con medio torso atravesando una ventana.

Se acercó a él y lo imitó, pasando sus brazos primero. El apuesto chico le dio una sonrisita a modo de bienvenida. Tenía un cigarrillo entre los labios, pero Morgan no dijo nada.

-Tranquila-le dijo, notando la mirada que le daba. Se quitó el cigarrillo y lo sostuvo entre sus largos dedos con una expresión contemplativa, expulsando el humo a través de su lo hago seguido-le dio una sonrisa socarrona y le guiñó un cuando el Tango del Diablo es bueno.

Morgan le dio una mirada perpleja, luego rodó los ojos.

-Eres asqueroso.

Sirius rió entre dientes, para luego ofrecerle el paquete.

-¿Quieres probar?

Morgan ojeó el paquete como si fuera uno de esos libros salvajes que Hagrid les pedía para su clase, pero cuando no salieron dientes de este, estiró el brazo lentamente y lo tomó.

Sacó un cigarrillo junto con el encendedor y le devolvió el paquete a Sirius. Le dio vuelta, examinándolo desde todos los ángulos posibles.

-¡Cielos, Ana! No se va a transformar en McGonagall y darte detención, solo enciéndelo-le indicó, reclinándose contra la pared y guardando el paquete en su bolsillo trasero.

Morgan lo colocó entre sus labios con cuidado y acercó el encendedor, mirando a Sirius por ayuda.

Se preguntó qué diría el Sirius del futuro de ver a su versión más joven siendo tan mala influencia y casi rió, imaginándose al Sirius frente a ella corriendo del otro, esquivando maldición tras maldición.

-Tienes que inhalar mientras lo enciendes, pero ten cuidado.

La pelirroja entornó los ojos hacia el pequeño portador de cáncer y lo encendió. Inhaló, viendo como la punta se tornaba roja; el humo se fue hacia sus pulmones y comenzó a toser de manera violenta. Sirius lanzó una risa estruendosa, que se asemejaba más a un perro que a un humano, y lanzó la cabeza hacia atrás.

-Te dije que tuvieras cuidado.

Le dio una mirada furiosa, con la garganta el llamas, y se sacó el cigarrillo de la boca, alejándolo tanto de su cuerpo como le era posible sin soltarlo.

Lentamente, volvió a asomar el torso por la ventana y apoyó los brazos, observando a los adolescentes un par de pisos debajo de ellos; algunos bailaban y otros se lanzaban a la piscina.

Se aclaró la garganta en un intento por aliviarse.

-¿A qué hora crees que se cansarán?

Sirius ni siquiera se molestó en mirar.

-Durarán más que Alberts, eso es seguro.

-¡¿Por qué tienes que ser tan imbécil?! ¿Acaso no se puede hablar contigo?

El chico parecía divertido ante sus palabras.

-Santo Godric, Ana, solo bromeo. Pero por como te pusiste…

-Ya. Me voy.

Intentó marcharse, pero Sirius la detuvo, colocando una mano sobre su brazo. Su expresión se suavizó.

-No, por favor. Quédate-cuando ella solo le devolvió una mirada blanca, desprovista de emociones, él suspiró agrada tu compañía.

Luego de deliberar mentalmente por unos momentos, volvió a su lugar por la ventana. Se quedaron en silencio por unos minutos.

Morgan observó el cigarrillo entre sus dedos y se lo llevó a sus labios. Esa vez, fue más cautelosa. No sabía si le gustaba o no, pero definitivamente se sentía extraño. Cuando expulsó el humo, decidió que lo que no le gustaba la sensación que le dejaba en la boca.

Yo creía que el ajo dejaba mal aliento-pensó, dándole otra calada.

Tenía que admitir que se sentía más tranquila, hasta el punto en que estaba algo mareada, por lo que decidió tomárselo con calma y quedarse quieta.

Volvió a mirar abajo y vio a Lily junto a Alice y Frank. Parecían estar hablando amenamente.

-¿Alguna vez has querido saltar?-preguntó de repente.

-¿Qué?

-No desde aquí, como mucho me rompería un hueso o dos; ¿pero nunca has querido saltar de un precipicio?

Sirius no respondió, y cuando Morgan buscó sus ojos grises, se encontró con un brillo inseguro y consternado en ellos, como si intentara decidir cómo responder.

-Bueno,...supongo que hay días en los que todo parece salir mal, o que a nadie le importa,...-se detuvo por un momento e hizo una mueca. Dio una gran calada a su cigarro y apartó la mirada, clavándola en el horizonte-No significa que quiera...todo pasa, Ana. Aunque no lo parezca, todo va a mejorar.

Ella ladeó la cabeza, y aferrándose al marco de la ventana, se inclinó hacia atrás.

-No te preocupes, Sirius; no voy a suicidarme-en voz tan baja que el chico apenas la escuchó, agregó demasiado cobarde para eso.

-Yo no creo que seas cobarde-se apresuró a decir, tomando un paso en su dirección, y luego otro, hasta que sus pechos se eres un poco más cautelosa que el resto.

A menudo consideraba la mirada de Sirius como intensa, pero en pocas ocasiones le molestaba. Como en esa.

Apartó la mirada, pero cerró los ojos al sentir el dorso de su mano acariciando su mejilla, y se inclinó ante el contacto. Sirius enterró sus dedos en su cabello y cerró la mano en un puño, pero la bruja no sintió dolor; su toque era gentil, casi amoroso.

Inclinó su cabeza y ella abrió sus ojos. Sirius la miraba serio y elevó su otra mano, el pulgar trazando el suave y apenas prominente pómulo de Morgan.

-James te extrañaría. Lily te extrañaría, y Euphemia, Fleamont y Remus.-luego de un momento, añadió-.Yo te extrañaría.

Negó con la cabeza.

-No digas eso.

-Es la verdad. Ana, yo…

-No-lo miró a los supieras todo, tus sentimientos cambiarían.

Podía ver que él no entendía a qué se refería con "saber todo", y aunque probablemente había metido la pata y eso volvería a morderle su translúcido trasero en el futuro, no le importó en ese momento. Solo quería mantenerlo a salvo.

Se dio cuenta de que no importaba lo que Sirius sintiera, lo que Timothy sintiera, o lo que ella misma sintiera; aunque dejara a Timothy (algo que planeaba hacer, cuando reuniera el coraje), no podía correr a los brazos de Sirius. Su experiencia con Draco la había arruinado, y ahora estaba dañando al inocente de Timothy de la misma manera que ella había sido dañada. No podía lastimar a dos personas de la misma manera.

Además, todavía tenía una misión que completar. Tan pronto como Dumbledore le diera el visto bueno, se embarcaría en su cacería de Horrocruxes, de la que probablemente no regresaría. Prefería nunca tener a Sirius, a tenerlo y tener que dejarlo. Seguro, tal vez le dolería un poco, pero lo superaría, estaba segura. Lo superaría rápido, y luego simplemente sería un recuerdo, esa extraña huérfana que vivió con los Potter por un tiempo.

-Creo que es demasiado tarde-susurró Sirius, mirándola casi suplicante.

Morgan tragó.

-Solo dices eso porque no me conoces lo suficiente.

-¡Claro que te conozco!-tomó su rostro con fuerza, obligándola a mantener contacto visual-Eres Morgana Lily Edevane; la única Slytherin que vale la pena. Eres extraordinaria en Transfiguración y Encantamientos, pero un peligro en el salón de Defensa-rió de forma Evans es tu mejor amiga, y a veces eres tan mandona e irritante como ella, pero a tí te queda lindo. Eres bastante cínica y no das tu amistad fácilmente, pero cuando lo haces te ganas el cariño de aquellos alrededor tuyo tan rápido que alguno creería que usaste una poción-Se detuvo por un momento, buscando algo en sus ojos. Morgan no estaba segura de qué, o de si lo encontró, pero continuó de todas leal, y a pesar de lo que digas o lo que pienses, al final del día haces lo correcto.

Morgan se movió con rapidez, envolviendo a Sirius en un abrazo y enterrando su rostro en su pecho, inhalando profundo. Rió de manera casi imperceptible. Olía a mentas, césped mojado y perro recién bañado. O tal vez reía porque finalmente se estaba volviendo loca. Algunos días todo era demasiado, y era difícil no asustarse y perder los estribos.

Sirius se aferró a ella con la misma fuerza, manteniéndola en el presente, manteniéndola con él.

-Sigo siendo una cobarde-masculló contra su pecho, su voz amortiguada por la tela blanca de su playera de Queen.

-Claro que no.

-¿No? Estoy lastimando a un buen chico y no me atrevo a dejarlo por que…

-¿Por qué, qué? Puedes decirme-murmuró, acariciando su espalda.

-Porque él no puede lastimarme-tomando una temblorosa bocanada de aire, confesó elegí a él porque no sentía nada, y si no siento nada no puedo salir lastimada de nuevo.

Sirius la atrajo aún más cerca y besó su coronilla con fuerza.

-¿Qué te pasó, Ana?

La cicatriz en su antebrazo parecía estar en llamas pero no dijo nada, y Sirius no preguntó.

Se quedaron en esa posición por varios minutos, hasta que escucharon una puerta abrirse y pasos acercándose.

Se separaron al ver a Timothy acercándose, con el cabello desordenado, la camisa a medio prender y su fiel sweater en mano. Se detuvo a un par de metros al verlos, y Morgan se apresuró a salir del abrazo seguro de Sirius, acercándose al castaño con pasos pequeños.

-¿Está todo bien?-preguntó al verla, intercalando la mirada entre ella y Sirius, que tenía las manos en los bolsillos de sus jeans y miraba por la ventana con desinterés.

-Todo está bien-prometió estábamos hablando.

Timothy asintió, colocándose el sweater sobre la cabeza. No le estaba mintiendo, no en realidad.

Ladeó la cabeza.

-¿Estás segura?

Con una sonrisa falsa, Morgan tomó su rostro entre sus manos y estampó sus labios contra los suyos. Timothy le respondió con ternura, posando sus manos sobre su cintura. Cuando se separaron, apoyó su frente contra la de la chica.

-Sabes que puedes hablar conmigo.

Su sonrisa se amplió, y la culpa fue casi imposible de tragar.

Tal vez debería lanzarse desde lo alto de la torre de Astronomía y salvarle unos problemas a todo el mundo.

-Lo sé. No fue nada, de verdad. Solo algo tonto-le quitó importancia con la mano, y el chico miró el cigarrillo entre sus dedos con interés.

Todavía no se terminaba de consumir.

-Eh,...ok, si estás segura-volvió su atención a tarde, y debería volver antes de que mis padres se despierten.

Morgan asintió rápidamente.

-Claro, claro. Te puedo acompañar hasta…

-Yo puedo acompañar a Timmy hasta la estufa-habló Sirius en voz alta.

Morgan lo ojeó con desconfianza, viendo un brillo maligno pasando por sus ojos por un momento, tan rápido que casi se convenció de que no estaba ahí. Sonrió de manera encantadora y se acercó, pasando un brazo por los hombros del castaño y guiandolo hacia las escaleras.

Timothy volteó una última vez y le dio una sonrisa nerviosa, que la pelirroja le devolvió.

Desaparecieron por la escalera, y Morgan volvió a la ventana. Apoyó los codos sobre el marco y le dio una gran calada al cigarrillo.

Merlín sabía que en esos momentos lo necesitaba.

-¡MORGANA! ¡¿QUÉ TIENES AHÍ?!-el grito de Lily la hizo saltar, y bajó la mirada, encontrándose a la otra chica cerca de la piscina, mirándola furibunda con las manos en las caderas-¡ESPERA A QUE SUBA Y VERÁS!

Tal vez necesitaría algo más fuerte.


N/A:

So,...lamento la demora, pero al mismo tiempo no. De no haber demorado, no tendrían la última escena.

La canción que les puse al comienzo de la escena es "The Night We Met" de Lord Huron. Creo que es parte de la Playlist que les hice, y si soy sincera cuando comencé la escena estaba escuchando la playlist que tengo en Youtube para esta historia, cuando empezó esa canción, así que fui y busqué una versión de una hora. Al principio no entendí porque esa canción parecía estar inspirándome, pero me quedé quieta escuchando la letra y entendí. Funciona perfectamente, para describir a Draco y Morgan, y algunas partes funcionan con Morgan y Timmy e incluso Sirius. Mi mente me zorprendeh, jejejej. A veces siento que mi cerebro funciona algo rápido y tardo en entenderlo...menos con los números, con eso anda lento.

También tenía la escena planeada de tal manera de que la distancia física entre Morgan y Sirius iba a permanecer, pero esos dos tienen vida propia, como en Westworld pero sin poder matarme ^-^

También agradezcan a Hans Zimmer, quien casi siempre me ayuda a escribir.

En el siguiente capítulo regresamos a Hogwarts! WOOOOOO! NO! MENTIRAAA! NO CELEBREN! VOLVEMOS A LA OSCURIDAD! VOLVEMOS CON SAURON! WOHOOOOO! VAN A SUFRIR!

Otra que eso, celebren pues.

¿Qué piensan que va a suceder el siguiente capítulo?

Por cierto, "El Tango del Diablo" es algo que dice un youtuber que sigo, le gusta hablar sobre lo tontas que son varias series y me parto de risa aunque confieso mirar algún par de las que habla. En realidad, es la traducción de "The Devil's Tango" Dun, dun duuuuuun! No se preocupen, en mi cuenta personal de twitter me dio su bendición para usar la frase.

De nuevo, lamento la demora. Iba a tener mi prueba, pero luego no, pero luego sí pero la hicimos otro día (me fue bien...de puro culo, jejej, pero bien), luego me puse nostálgica y desperdicié una tarde viendo la primer peli de Narnia y leyendo fanfics.

Lo bueno es que no voy a tener clases por dos semanas, así que espero poder actualizar rápido :)

Gracias por leer :D Lamento la biblia que les escribí!

PD:El título del capítulo fue inspirado por una frase de Gandhi: "Ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego"