Nat-Marie: Heyoooo! Aw, gracias :3

Jejej, yo también, aunque casi me siento un tantito mal por Peter...casi.

Me alegra que lo sigas shipeando, ya le va a llegar su momento.

Gracias por leer :)

Sara: Gracias por leer :)


Capítulo 22: Frígida como monja

24 de Noviembre, 1994

Morgan nunca había estado tan aterrada en sus catorce años de vida, ni siquiera cuando su padrino se transformó en un hombre lobo enfrente de ella hacía sólo algunos meses atrás. Podía escuchar como varias cadenas pesadas eran arrastradas, pero no se atrevió a asomarse a ver, no confiaba en sus temblorosas piernas. Comenzó a jugar con su cabello, que se encontraba amarrado en una cola de caballo alta. Daphne había intentado maquillarla, y Morgan y Tracey la miraron como si acabara de anunciar que se casaría con un muggle..o peor, que juraría celibato.

-No creo que los jueces me den puntos extras por estética-le había dicho Morgan, mientras se colocaba la ropa verde y plateada con su apellido en la espalda, bordado en pulcras letras negras.

Daphne había hecho un gesto desdeñoso con su mano, moviendo su cabello dorado detrás de sus hombros.

-Al menos te verás bien si mueres- había intentado hacerlo sonar como una broma, pero solo sirvió para que el rostro de Morgan hiciera juego con su ropa.

-A menos que la calcine. Ahí no quedará nada-Tracey se encogió de hombros, y la pelirroja devolvió su desayuno.

Y ahí estaba un par de horas más tarde, esperando a que Harry llegara. Tragó en seco. Afuera se escuchó el rugido de un dragón, lo que indicaba que estaban por comenzar. Fleur Delacour se paró en seco y perdió todo color, Cedric miró hacia la entrada con expresión preocupada, y Viktor ni siquiera pestañeó, viéndose tan hostil como siempre, pero Morgan podía leer a la gente, y sabía que él también estaba aterrado.

Harry todavía no llegaba, y por un momento se preguntó si tal vez había decidido huír, así como ella estaba tentada de hacer en esos momentos. Se dijo a sí misma que necesitaba dejar de ser tan ridícula, Harry no haría eso.

Inhaló e intentó reunir todo el coraje que pudo. No tenía idea de cómo pasaría la prueba, y luego habrían dos más. El solo pensar en el dragón con el que tendría que luchar le daba pesadillas. Ella no era Harry. Todos lo decían, y Morgan también lo sabía. A pesar de su postura presente, Harry era valiente, honesto y desinteresado. Ella era una cobarde, nunca se pondría en peligro sin primero analizar la situación desde todos los puntos de vista posible, y aún así, era muy probable que no se arriesgara, al menos no por su hermano. Parecía frío, e incluso desabrido, pero Morgana Potter no moriría por su propia sangre; tal vez lo haría por Daphne o Theo, su padrino Remus...o Draco. Si, daría su vida por el molesto mocoso arrogante, pero no por su hermano. Draco estuvo ahí más que Harry. Las disculpas de su mellizo no eran suficientes, ella todavía recordaba con claridad como le dio la espalda esa primera noche en el colegio, luego de la ceremonia de selección.

-Pst.

Morgan pegó un salto y se levantó de la camilla. Observó a su alrededor, pero ninguno de los otros campeones pareció escuchar nada.

-Pst-volvió a .

Se acercó hacia la entrada y la movió de manera casi imperceptible.

-¿Theo?

El mencionado se movió desde el otro lado con incomodidad. Le extendió lo que parecía una pequeña roca negra, con franjas verdes y naranjas.

-¿Qué es?-preguntó la pelirroja mientras la tomaba, la curiosidad sacando lo mejor de ella.

-Es un sedante-le susurró Theo desde hipnotizar al dragón y lánzalo hacia la boca, pero asegúrate de que los jueces no puedan verte. Solo lo dormirá por un par de minutos, pero debería darte suficiente tiempo para tomar el huevo

Morgan examinó la roca. Era sorprendentemente suave al tacto, y las franjas emitían un resplandor casi imperceptible.

-¿Un huevo?-preguntó.

-Eso averiguó Malfoy. Es dorado y hay que pasar el dragón para tomarlo-lo escuchó suspirar con que te toque el Galés, es el más inofensivo.

-Son dragones.

-Aún así, es un cachorro comparado con el Colacuerno Húngaro o el Bola de Fuego Chino.

-Theo-dijo con la voz quebrada-, tengo miedo. ¿Y si no lo logro?

El castaño se quedó en silencio.

-Este, bueno,...ahí viene el cara rajada, digo Potter. Suerte.

Escuchó sus pasos alejándose por el camino de piedra, y se alejó de la entrada inmediatamente, escondiendo la roca en la solapa interna de su túnica de Slytherin. Por suerte, los otros campeones estaban demasiado inmersos en sus propias mentes como para notarlo, y Bagman se balanceaba sobre sus talones como si fuera un niño con una paleta de caramelo. Morgan quería golpearlo, primero estafaba a los gemelos (y a otro montón de gente, pero ella no los conocía), ¿y ahora tomaba placer en ese torneo?

Otro rugido feroz se escuchó, y Morgan miró en dirección de la entrada opuesta, donde un dragón esperaba a devorarla para la cena.

Soy demasiado pequeña para ser su cena...Más bien un mondadiente.

Brevemente, sus ojos encontraron los de Fleur, quien se veía menos compuesta de lo normal. La media veela estaba pálida, no de la forma atractiva, sino de la que haría que cualquiera se preocupara por su salud. Morgan le dio una pequeña sonrisa dubitativa, y esta le fue correspondida.

Detrás de ella, la entrada se abrió, y Bagman se dio la vuelta.

-¡Ah! Señor Potter. Señorita Potter. Ya llegaron. ¡Bien, bien!

-Yo llevo media hora aquí-le dijo la pelirroja, la tercera vez que me saluda.

-Bueno, ahora que ya estamos todos…¡Es hora de informarles de que se trata!-declaró Barman, entusiasmado, mientras los campeones se reunían a su alrededor-Cuando hayan llegado los espectadores, les daré esta bolsa a cada uno de ustedes para que saquen la miniatura de aquello con lo que les va a tocar enfrentarse. Hay diferentes...variedades, ya verán. Y tengo que decirles algo más...Ah, sí…¡su objetivo es atrapar el huevo de oro!

¿Un huevo de gallina no le sirve?

Diggory asintió y resumió su paseo por la tienda, pero Harry, Fleur y Viktor permanecieron quietos y pálidos, como si el quedarse como estatua mantuviera el desayuno dentro de sus estómagos.

Casi enseguida, se escucharon cientos de pasos, conversaciones y risas acercándose, y Morgan deseó que se tomaran su tiempo caminando. No había prisa alguna.

Bagman sacó su bolsa de seda roja y la abrió.

-Las damas primero-dijo, tendiéndosela a Fleur.

La francesa tuvo suerte, pues le tocó un Galés Verde. Ahora, todos los dragones eran peligrosos, pero el Galés era el más sencillo de enfrentar comparado con las otra siete especies.

Luego, Bagman le ofreció la bolsa a ella, y con el estómago revuelto, metió la mano. Algo pequeño le clavó los dientes en el dedo índice y ella le dio un manotazo, ganándose una pequeña queja. Vio que Diggory le levantó una ceja.

Sacó la mano y maldijo a Merlín por su mala suerte.

Por supuesto que le tocaría el dragón más grande.

Estaba a punto de ser devorada por un Ironbelly ucraniano.


8 de Noviembre, 1996

Deseó, no por primera vez, que la intensidad de su mirada fuera suficiente para pulverizar a Pansy Parkinson.

La cara-de-bulldog estaba recostada contra el costado de Draco, susurrándole al oído.

A Morgan no le gustaba eso, las asquerosas manos de Parkinson sobre Draco, y lo que le gustaba aún menos era que él no hiciera el mínimo esfuerzo por apartarla.

Daphne le dio un codazo.

-Ten algo de orgullo-susurró la rubia.

Morgan clavó la vista en la poción e intentó seguir las instrucciones del libro, pero cada pocos minutos lanzaba miradas furtivas en dirección de Draco.

Entendía que ya no quisiera hablar con ella; después de todo, Harry era la razón por la que Lucius Malfoy estaba en Azkaban. Durante el verano, el rubio le hizo una visita inesperada, que resultó en ella enfrentándose a la ira de tía Petunia por dejar que los huevos se le cayeran en la calle, y su primer beso. Draco confesó estar enamorado de ella, y desapareció de inmediato. Por lo que restó de las vacaciones, ella le envió un par de cartas, pero al recibirlas de regreso sin abrir decidió desistir, esperando poder hablar cara a cara una vez hubieran regresado al colegio.

Draco la estaba evitando desde su regreso a Hogwarts; no solo a ella, sino que también a Daphne, Theo y Tracey. Sin la protección de Draco, quedó expuesta al resto de los Slytherin; Parkinson, Bulstrode, Crabbe y Goyle parecían regocijarse, y se tomaban cada oportunidad para enviar maldiciones en su dirección. En dos meses de clase, visitó la enfermería cinco veces. ¡Ni siquiera Harry podía batir ese récord! Antes de ese año, Madame Pomfrey no le conocía el rostro. Lo peor era que muchas veces lo hacían frente a Draco, pero él ya no los detenía, sino que hacía la vista gorda y seguía caminando.

La rubia le dio una mirada sucia. Ese asqueroso hurón era responsable de la angustia de su amiga. Morgan lloraba hasta dormirse casi todas las noches, y Daphne no podía consolarla porque sabía que a la pelirroja no le gustaba que la vieran llorar y porque tampoco sabía que decir o hacer.

En el fondo sabía que Draco solo era una de las razones de su tristeza, pero era más sencillo culparlo que intentar traer a Sirius Black de entre los muertos.

Theo y Tracey también se preocupaban, pero eran mejores actores.

Daphne no pudo contenerse, y en una ocasión se coló en la habitación de los chicos y escondió dos ratas en el baúl de Malfoy.

Tampoco era sencillo compartir cuarto con Parkinson, quien parecía esperar a que Morgan estuviera en la habitación para comenzar a hablar del rubio.

-¡Animal!- chilló Daphne, colocando una mano sobre la de Morgan- Hay que revolver lentamente, no provocar un remolino.

Morgan retiró la mano como si se hubiera quemado, acunándola contra su pecho.

Daphne se arrepintió de su modo brusco enseguida. Los ojos de Morgan se llenaron de lágrimas y su cabello se tornó azul oscuro.

-Lo siento- masculló con tono lastimero.

-Que bueno que te das cuenta, Greengrass- dijo Parkinson, socarrona.

Harry, Hermione, Theo y Tracey le enviaron una mirada asesina.

Morgan bajó la cabeza y se levantó de forma abrupta. Su rodilla le pegó al caldero y saltó, siseando entre dientes. La poción cayó al suelo, y Daphne vio la primer lágrima asomando.

-Perdón-se disculpó con voz rota, sin atreverse a mirar a su amiga a los ojos.

Salió del salón corriendo, y casi derriba a Slughorn en el proceso.

-¿Señorita Potter? ¿Se encuentra bien?- preguntó el profesor, enderezandose.

La risa estridente de Parkinson captó su atención.

-¿La vieron? ¡Se pusó a llorar! ¡Ja, ja, ja!

Draco no dijo nada, y luego de un momento apartó sus ojos de la puerta del salón y volvió a su libro.

Daphne y Harry sacaron sus varitas, y la poción explotó en la cara de Parkinson.

Hermione Granger intentó darle a su amigo una mirada de desaprobación, pero tuvo que ocultar su sonrisa detrás de su caldero.

-¡Ah! Drakey, ¿qué hiciste?

El susodicho la miró como si fuese idiota.


30 de Agosto, 1976

En ocasiones, Sirius era un ser celoso.

Era celoso de sus amigos, de su escoba y de sus productos para el cabello, y últimamente sentía como ese mismo desagradable sentimiento recorría cada fibra de su ser cuando veía al santo Alberts con Ana.

Remus, quien obviamente había notado las miradas de envidia que su amigo canino le enviaba a Timothy, no logró guardarse un par de comentarios, diciendo que parecía un perro con rabia y que era cuestión de tiempo antes de que intentara marcar su territorio.

Sirius lo hizo callar, agradecido por la ausencia de James durante esas conversaciones. Sabía que su mejor amigo lo torturaría y mataría si se enteraba que su nueva hermanita era la razón por la que estaba perdiendo el sueño.

Sí era honesto consigo mismo, Sirius no estaba muy seguro sobre cómo sucedió. Un día era la molesta amiga de Evans, otra Slytherin a la que le gustaba molestar. Luego fue la Slytherin cuyos padres fueron asesinados por morífagos, lo que debía significar que ella no podía ser tan mala como el resto, ¿verdad?. Después, fue la maldita serpiente que le dio un puñetazo en la nariz y rechazó su original tarjeta de disculpa (en la que trabajó más de lo que admitiría en voz alta). Y cuando volvió a reparar en ella, era la hermanita de su mejor amigo, la luz de los ojos de James, y lo que más quería era arrancar tomarla en sus brazos y besarla frente a todos.

Dio una rápida mirada a Alberts y se preguntó, de nuevo, que se sentiría estar en su lugar. Pasaron meses en detención juntos. ¿Acaso Alberts habría notado la manera en la que su cabello escapaba de su cola de caballo y caía sobre su rostro? ¿Y cuánto le molestaba que eso sucediera? ¿Habría notado también que tomaba particular deleite en ser la mejor en la clase de McGonagall (y la favorita de la docente), pero que sufría en pociones? ¿Esa adorable expresión de pánico que tomaba control de su rostro cuando no entendía algo en clase? Evans tendía a darse cuenta, y se tomaba la molestia de inclinarse sobre el pupitre y susurrar en su oído, probablemente para explicarle; pero no siempre notaba esa expresión. Sirius también sentía celos de Evans, y quería hacerla a un lado y ser él el que se inclinara para explicarle todo lo que no entendía. Quería ver cuánto le llevaría hacerla reír en medio de la clase, y cuánto le llevaría hacer que su cabello se tornara rosa. Se sentía como un enclenque, pero quería que lo notara más seguido, que eligiera su compañía más seguido, que le sonriera más y prefiriera ir de su brazo.

Alberts se inclinó y le dio un beso de despedida. ¿Acaso no se daba cuenta de que Ana lo estaba usando como escudo? El chico debía ser inteligente, y sería una honesta sorpresa descubrir que era ajeno a los sentimientos, o más bien carestía de ellos, que Ana albergaba por él.

Alberts se acercó y Sirius le pasó un brazo por los hombros, guiandolo hacia la red flu.

Intentó llegarle a ella primero, poniéndose en su línea de visión con una chica y luego con otra, pero la pelirroja no parecía ni inmutarse. La única reacción que obtuvo fue cuando lo descubrió con Matt, algo que no tenía planeado, y esa reacción fue opuesta de la que buscaba. Eso solo lo frustraba más, y creyó que ser un poco más directo le ayudaría. ¿Acaso no sentía nada por él? Sirius frunció el ceño; tal vez malinterpretó la situación.

Entonces recordó la conversación que tuvieron apenas un par de minutos antes, y decidió que debía ser otra cosa.

Ajustando su agarre sobre Alberts, rezó a Merlín o a quien fuera que estuviera arriba porque Ana nunca se enterara de esto.

-Así que…¿cómo va todo?-preguntó de manera casual, doblando en un pasillo.

Tendría que tomar la ruta larga.

-Uh, todo está bien. A mi padre lo promovieron en el trabajo y…

-No, no, no-hizo un ademán con la refiero a ella.

-¡Oh!-Alberts se quedó tieso, mientras intentaba buscar una respuesta-Si, todo está bien.

-Eso es bueno-asintió Sirius, doblado a la izquierda. Para ese momento, el Gryffindor esperaba que el Ravenclaw ya estuviera alardeando, de la misma manera que el cerdo de su mejor amigo hacía todo el tiempo.

Alberts miraba a sus alrededores, claramente desconocía gran parte de la mansión.

Sirius se preguntó qué tan bien conocía la habitación de Ana, y el agarre sobre el chico se intensificó.

-Imagino que nunca estás aburrido.

Esperó a que Timothy respondiera, deseando que el chico no fuera tan decente como parecía y aflojara la lengua de la misma manera que Aubrey hacía cuando Evans no estaba alrededor. La verdad era que Sirius no creía nada que saliera de la boca de Bertram Aubrey, pero la forma en la que actuaba frente a Evans para luego transformarse cuando esta le daba la espalda era realmente deplorable; y si Alberts era amigo de ese, debían tener algo en común.

Sí Alberts comenzaba a hablar de Ana de la forma que Aubrey hablaba de Evans y las otras chicas del colegio, podía intentar aguantarse las ganas de golpearlo e ir con las noticias a Ana. De seguro lo dejaría en el momento, y entonces él sería libre de continuar con sus avances.

Pero todo lo que obtuvo, fue un decepcionante:

-¿Qué?

Sirius suspiró y rodó los ojos. Esto no podía estar pasando.

-Vamos, Timmy, tú sabes de qué hablo-lo soltó y sacó un cigarrillo de su bolsillo. Exhaló el humo lentamente, asegurándose de que golpeara el rostro del otro calladas son las más peligrosas.

Alberts se lo quedó mirando, sin saber qué decir, mientras que el Gryffindor fingió examinarse las uñas.

-¿De verdad tengo que explicártelo?

-No, te entiendo perfectamente-le dijo duramente, un tono que Sirius le desconocía-,y no veo que sea de tu incumbencia.

Me lleva el Diablo. Es decente.

Continuó con su acto, sonriendo de forma encantadora.

-No te pongas así, mi preocupación es genuina.

Los ojos marrones de Alberts se suavizaron por un momento.

-Se que Morgan y tu se han vuelto amigos, pero no tienes que preocuparte por ella. Yo…

Lanzó la cabeza atrás y rió, confundiendo al Ravenclaw.

-No me preocupo por ella, Timmy; me preocupo por tí-dio una calada a su cigarrillo, mirándolo que es demasiado para tí. ¿Estás seguro que puedes manejarla, niño?

Intentó no vomitar en su propia boca al decir esas palabras, y se juró a sí mismo que Ana no se enteraría de esa conversación. Nunca.

La expresión del castaño cambió de forma drástica, y sonrió triunfante.

-Tal vez deberías hacerte un favor, un favor a ambos realmente, y buscar a alguien más manso.

Abrió la puerta de una habitación e hizo una seña para que Alberts entrara primero. Se encontraron dentro de la sala de música, donde una gran estufa a leña esperaba a ser usada.

-Ten un buen viaje, Timmy.

El chico volteó y le dio una mirada peculiar, como si se le acabara de ocurrir algo. Sirius esperó un momento, pero cuando él otro no dijo nada, se fue, cerrando la puerta a su paso.


1° de Septiembre, 1976

La plataforma 9 ¾ estaba llena de magos.

James, Morgan y Sirius se subieron al tren luego de haberse despedido de los Señores Potter, y buscaron un compartimento. Entre todo ese gentío era difícil moverse con los baúles, pero los estudiantes abrían paso para los merodeadores.

Se detuvieron al ver a Remus sentado solo dentro de un compartimento, con un libro sobre el regazo, pero Morgan hizo ademán de seguir.

-¿A dónde vas?-le preguntó James.

-Me pasé un verano entero en su presencia; necesito descansar por unas horas.

James sonrió divertido, pero antes de que pudiera responderle, Morgan ya se estaba yendo.

No avanzó mucho cuando una de las puertas se abrió, y Lily y Timothy salieron del mismo compartimento.

-Ahí estás-dijo la prefecta, cruzándose de brazos y ladeando la cabeza-.A ver el aliento.

La metamorfomaga suspiró.

-Solo fue una vez.

-Ya lo voy a decidir yo.

La tomó del mentón y acercó la nariz, olfateando como perro. Luego de un par de segundos, la soltó.

-Bien. Ya que estás aquí, ustedes me pueden ayudar a buscar a Bertie.

Tal vez se cayó a un pozo y se rompió el cuello.

Sin oportunidad de protestar, la pareja la siguió pasillo abajo. Todavía no saludaba a Timothy, por lo que rápidamente se inclinó y besó su mejilla, ganándose una adorable sonrisa por parte del castaño, quien en cambio tomó su mano y entrelazo sus dedos.

Lily abrió una puerta y preguntó algo a unos chicos de séptimo, y cuando estos parecieron darle una negativa, la cerró y continuó caminando.

-¿No sería más sencillo dividirnos?-sugirió Morgan, haciéndose a un lado para dejar a una chica pasar.

Lily tardó unos segundos en responder.

-Prefiero hacerlo en grupo.

Sintió la mirada de Timothy posándose sobre ella, preguntando de manera silenciosa, pero ella no lo miró. Lily debía estar preocupara o tal vez, incluso asustada, si no quería hacerlo sola.

Estaban llegando al final de ese vagón cuando una puerta se abrió de golpe, y de ella medio salió, medio cayó una chica, con la trenza desprolija y la camisa medio desabrochada, revelando un extravagante corpiño negro. Se estaba riendo, y desde el compartimento, les llegó otra risa.

Lily empujó a la chica fuera de su camino y se puso de frente a la puerta abierta.

Bertúpido se asomó desde adentro, las manos alzadas en son de paz y boca entreabierta, buscando una excusa rápida. Morgan notó el bulto en sus pantalones y enarcó una ceja, imaginándose a sí misma golpeando la zona con un martillo.

-No es lo que parece-dijo, intentando sonreí , muñeca, vamos…

Pero Lily lo interrumpió con una patada donde no brillaba el sol.

-¡No me escribes en todo el verano! ¡Y yo preocupada!

-¡Dijiste que la habías dejado!-habló la chica, señalando a la prefecta.

-Christie…

-¡ES JANICE!

Janice se fue como un bólido, empujando a Morgan y a Timothy en el proceso. La pareja se miró, completamente estupefactos.

-¡Muchas gracias, Lils!- le recriminó Bertúpido, señalando en la dirección por la que Janice se alejaba, echando humo a su paso-¡Estaba por ponerse interesante!

Morgan no podía ver la expresión de su amiga, pero algo le decía que estaba a punto de ganarse un boleto de ida a Azkaban.

-¿Qué? ¿Po-po-por qué harías algo así?-le preguntó, yendo por su varita.

-¡Tenía que ir a un lado!-le dijo como si fuera obvio. Luego la señaló de manera acusatoria-¡Ya que alguien es más frígida que una monja!

¿Qué dijiste, perro?

-Ber-le recriminó Timothy, aunque débilmente.

La Gryffindor le dio otro buen puñetazo.

-¡¿Estás loca, mujer?!

-¡SÍ! ¡LA VERDAD NO SE QUE VÍ EN TÍ, CERDO MAL NACIDO! ¡DESGRACIADO!

Antes de que se le lanzara encima, Morgan saltó y la tomó por la cintura, alejándola del imbécil.

-Vamos, vamos-le dijo, cinchando como podía. Lily era más alta y más fuerte que ella, por lo que la tarea no era una reunión de prefectos a la que ir.

Arrastrándola sujeta por la cintura, podía sentir y ver parcialmente los gestos que hacía con sus brazos, sin duda alguna la mayoría obscenos.

La dio vuelta de manera que ya no se pudieran ver y estiró el cuello, mirando a Timothy, que permanecía quieto contra la puerta del otro compartimento.

-Vamos-le dijo la Slytherin, moviendo la cabeza.

El castaño miró entre su novia y su mejor amigo. Bertúpido le dio a las pelirrojas una última mirada ponzoñosa y se volvió hacia el chico.

-Vamos, Timmy.

Se hizo a un lado, invitándolo a entrar.

Morgan ajustó su agarre sobre Lily, quien seguía luchando. Timothy bajó la mirada al suelo, parecía estar en conflicto.

-Tim…

-Timmy…

Finalmente, el chico se acercó a Bertúpido, y con una mirada de disculpa en dirección de su novia, se metió dentro del compartimento.

Bertúpido la miró con burla, para luego cerrar la puerta.

-¿Qué pasó? ¿También se fue?-preguntó Lily, intentando voltear para ver-Canalla. No te preocupes, lo mataremos también.

Morgan suspiró con cansancio, prediciendo que el viaje sería más largo de lo necesario.

-No vamos a matar a nadie-le contradijo, haciéndola caminar enfrente de ella, todavía agarrada de la cintura.

La venganza se sirve en plato frío.


N/A: ¿Cuántos predijeron esto?

Debo advertir, que todavía no terminamos con Bertúpido, jijijiji. Le queda bardo por causar.Me queda jugo por exprimir de este reverendo *inserte insulto favorito*!

¿Qué les pareció la parte de Sirius?

Estimo que a Timmy le quedan unos 3? capítulos? Sip, no más que eso.

So...Uruguay quedó fuera de la copa...pero el fic del capitán y otro de los jugadores nos sacó a todos de la depresión xD.

Es horrible. En todo sentido. Al principio lo odie, pero si no puedes contra ellos, unete pues, no? Creo que Suárez va a pasar a vender naranjas, o a ser francotirador de naranjas.

Como sea, lamento la demora. Puse dos flashbacks en lugar de uno a modo de disculpa. Iba a terminar el capítulo con un hermoso y sentimental discurso de Dumbledore, pero decidí dejarlo ahí. Ya es demasiado dramático como es.

Lamento demorar, es que retome mi fic de "Los Vengadores" y he estado investigando, porque comienza durante la Segunda Guerra Mundial.

...Momento de patrocinarme:

Si aquí hay algún fan de las pelis de Marvel, les invito a pasarse por mi fic "Agente Fénix". Creo que va a tener más drama que este fic, si les soy sincera…

Gracias por leer! Sí me disculpan, me voy a dormir!

PD: ¿Por que creen que James y Sirius tenían tanta tinta el capítulo pasado? ¿Cómo creen que reaccionará James si se entera de los pensamientos impuros que tiene Sirius por Morgan?

Tengo varias ideas, jejeje, pero siempre quiero saber que piensan ustedes.

Besitos!