Sara: Me alegro!

iza19: Gracias, me alegra que te gusta :3!

Que extraño. ¿Es algo que viste solo en el último capítulo, o en los otros también?

Igual gracias por decirme, voy a ver si lo puedo arreglar.

Nat-Marie: Yo no se de que te alegras, no significa nada más que Morgan va a tener tiempo para meditar, jejeje

Lo veremos de nuevo pronto ;)

Ya averigüé! El artículo siempre va primero "el" o "la". Yo creo los conflictos mentales porque me gusta sufrir :p


Capítulo 24: De Amortentia y Honestidad

2 de Septiembre, 1976

Su primera clase del día era runas antiguas con los Ravenclaw.

Al entrar al salón, notó que la mayoría de las chicas hablaban entre sí animadamente.

Encontró a Timothy al frente, hablando con Bertúpido y otro chico de Ravenclaw, John o Jack; Morgan no recordaba su nombre.

Se acercó y aclaró la garganta. Bertúpido rodó los ojos al verla, pero se alejó de inmediato, favoreciendo con su atención a una de las compañeras de dormitorio de Morgan. John/Jack la saludó cordialmente antes de irse a encontrar su asiento.

-Hey-saludó con falsa energía.

-Hola-le respondió el castaño de forma seca, tomando asiento.

Morgan se sentó a su lado y dejó su mochila nueva en el suelo. Su abuelo se le regaló cuando notó que la que McGonagall le ayudó a elegir el curso anterior ya no quería tener nada que ver con la vida.

-Escucha, de verdad lamento lo de anoche-le dijo, recibiendo un simple "Hmph" a modo de respuesta. Apartó la mirada, clavándola en la pálida mano de Timothy, y lentamente la tomó. Cuando este no la apartó, volvió a mirar su perfil. Tenía la mandíbula , no me di cuenta de que la actitud de Sirius podría incomodarte; es que estoy acostumbrada a que sea así todo el tiempo.

Todavía sin respuesta.

Morgan apretó los labios en una fina línea.

-Mira, no es mi culpa que a ese chico le guste el contacto físico. Si te molesta, habla con él.

-¿No te das cuenta o te haces la boba?

-¿Disculpa?

Timothy miró a su alrededor. El salón ya casi estaba lleno, pero el profesor Flitwick no llegaba. Masculló algo por lo bajo que ella no descifró y tomó su mano, levantándose del asiento.

Salieron del aula y la llevó por diferentes pasillos, subiendo escaleras, doblando aquí y allá, hasta llegar a la entrada de la torre de Ravenclaw.

La puerta no tenía cerrojo, y al detenerse frente a ésta, un águila se movió, extendiendo sus alas.

-¿Qué es lo que aún no ha sido, que debe de ser, pero cuando lo sea, ya no lo será?

-¿Qué?

El castaño respondió casi de inmediato.

-El día de mañana.

-Muy bien.

La puerta se abrió, y Timothy guió a Morgan por una escalera caracol hasta la sala común de Ravenclaw. Morgan ya conocía la sala, aunque la única vez que estuvo adentro fue de noche, y no pudo ver mucho entre toda la conmoción que se armó con los Carrow y la profesora McGonagall.

La sala era circular, y probablemente la mejor iluminada de todo el castillo. La pelirroja no estaba segura de que le gustara eso, ¿a quién le gustaba toda esa luz cuando uno acaba de despertar? La alfombra azul se veía suave al tacto, y las cortinas de seda azul y bronce se movían suavemente, guiadas por la brisa de otoño. A un lado, se podía ver la impresionante estatua de Rowena Ravenclaw resguardando las escaleras que dirigían a las habitaciones.

La sala estaba casi vacía, con la excepción de algunos estudiantes rezagados, y otros de quinto y séptimo, que ya estaban instalados en pequeños grupos en diferentes mesas, con las narices enterradas en sus apuntes.

Al ver a los estudiantes, Timothy se detuvo por un momento, dudando, para luego guiarla hacia las escaleras de la izquierda y subirlas, la pelirroja detrás de él, en completo silencio.

Llegaron a la cima y el castaño abrió la primera puerta a su izquierda, permitiendo a su novia entrar primero.

Timothy cerró la puerta detrás de sí, mientras Morgan tomaba apunte de lo limpio que estaba todo, considerando que la habitación era compartida por cinco chicos.

Se acercó a una cama, sobre la cual, en la pared, estaba pegada una foto de ellos dos. Tim la había tomado en una de las fiestas de James con la cámara de la pelirroja, y cuando ella fue con su abuela a revelarlas, le envió una copia. No podía recordar en donde estaba la suya,...ah, sí, en el álbum, que estaba acumulando polvo en su habitación, en la mansión de sus abuelos.

Tomó asiento a los pies y dejó la mochila en el suelo. Cruzando los tobillos, con las manos sobre el regazo, lo vio caminando de un lado a otro de la habitación.

-Tim…

-¿De verdad no lo notas?-le preguntó él, con un deje casi desesperado en su tono de voz.

-¿Qué cosa?-se hizo la tonta.

-¡A Black! ¡El siempre…-hizo ademanes con las manos y apretó los labios, para luego exhalar con fuerza-,siempre está haciendo idioteces para que le prestes atención!

Morgan rodó los ojos y tragó.

-Claro que no. Le gusta la atención del mundo entero.

-¡No! ¡No es así!-la interrumpió, resumiendo su caminata-¿No ves como te mira?

-¿Cómo? ¿Cómo un pedazo de carne?-le quitó importancia con la mano-Meh, el mira así a todo lo que tiene pulso. Se le pasa en unos días.

-No, no es así. Es...no sé, es diferente...como sí…

Morgan, con el corazón en la garganta, no le dejó terminar. Se levantó y cruzó la habitación en dos zancadas. Tomó el suave rostro de Timothy en sus manos y estampó sus labios sobre los suyos. El adolescente jadeó sorprendido, y ella tomó la oportunidad para invadir su boca con su lengua.

Comenzó a caminar hacia el frente, conduciéndolo hasta que su espalda chocó contra la pared.

Se separó para tomar aire, y lo miró con los ojos oscuros.

-Estoy aquí, contigo-le dijo, tan convincente como pudo. Sonrió-. Estoy aquí.


Un par de horas más tarde, Morgan se subió el cierre de su falda y dio un par de vueltas, escaneando el suelo alfombrado de la habitación. Tomó su brasier del baúl que descansaba delante de la cama.

-¿Has visto mi camisa?-preguntó, ajustándose la prenda.

Timothy se colocó el cinto, mirando alrededor.

-¡Aquí!-se agachó y lo sacó de debajo de su cama, alcanzándoselo.

La bruja le dio las gracias y se la colocó, prendiendo los botones rápidamente antes de tomar su corbata verde.

-No puedo creer que me hiciste perder una clase.

Se dio vuelta, mirando al castaño incrédula.

-¿Excuse-moi? Yo no te hice hacer nada…¿Qué? ¿Tengo algo en la cara?

Negó suavemente, sonriendo con el mismo tono.

-No, no; solo te ves bonita bajo esa luz.

Apartó la mirada, fingiendo concentrarse en el nudo.

La puerta se abrió, y la melodía que Bertúpido venía silbando se detuvo de golpe. Intercaló su mirada oscura entre ambos, un brillo maligno pasando por sus ojos momentáneamente.

-Vaya, Edevane, no creí que supieras divertirte.

-Bert..

-¡Y tú!-se rió, mirando a Timothy, quien apretó la mandíbula-¡Te lo tenías bien escondido!

-¿Por qué no saltas a un pozo negro?-le preguntó la pelirroja.

La sonrisa no se borró del rostro del otro chico.

-Vamos, Edevane, no seas así-se dejó caer en una silla y estiró las piernas, cruzando los í todos somos amigos.

Morgan entrecerró los ojos.

-Yo no sería amiga con alguien tan poco hombre.

Detrás de ella, escuchó a Timothy tozer. Bertúpido le entrecerró los ojos, pero la pelirroja no se dejó intimidar. Como si nada estuviera pasando, tomó su túnica, sus zapatos y bolso y salió de la habitación sin mirar atrás.


Cuando llegó al aula de defensa, le sorprendió encontrar a James y Sirius sentados al frente de la clase, o más bien, casi al frente. El par de patanes se encontraba en la segunda fila, justo detrás de Lily, quien claramente no estaba feliz.

-Por última vez, Potter, no saldría contigo aunque fueras el último estudiante en este colegio.

-¿Y si fuera el último chico del mundo?

-...Me haré lesbiana.

Sirius lanzó la cabeza atrás y rió a carcajadas, sonando casi como el perro que era.

Morgan tomó asiento a su lado.

-¿En donde te metiste?-preguntó Lily, ojeandola con suspicacia.

-Yo vengo de runas-volteó hacia el banco de atrás-¿Acaso ustedes ya no tienen sentido de dirección? Sus asientos están allá.

James se echó hacia atrás en la silla y comenzó a balancearse con las manos detrás de la cabeza.

-La vista es mejor desde aquí.

-Potter…

-¿Qué? Solo digo la verdad, florecita. Desde aquí se ve lo que está escrito en la pizarra. ¿Quién lo diría?

Morgan miró alrededor, notando que todos los estudiantes parecían más animados que de costumbre.

-¿Por qué están todos así?-preguntó, cambiando el tema.

-Están revolucionados por el baile de Halloween-respondió Sirius.

-¿Qué cosa?

El pelinegro rodó los ojos.

-Es este evento en el que la gente se disfraza y baila en un salón.

-¡Vaya! Gracias por iluminarme.

-Por nada. La próxima vez que quieras ser iluminada, avísame-le dijo, un brillo sugestivo en sus ojos.

Afortunadamente, Remus entró en ese momento. Tuvo que mirar dos veces para asegurarse de que esos sentados al frente eran sus mejores amigos, y le dio una mirada a las pelirrojas.

-Finalmente perdieron la cordura-fue la explicación de Lily, quien ya estaba leyendo su libro de texto.

-Ah, sí, lo imaginé-sacó un trozo de pergamino de su bolsillo y lo ofreció a tí.

Ella lo tomó, imaginándose quien podría ser.

"Señorita Edevane,

Este verano ha probado ser particularmente agitado, y me enorgullezco de algunos de mis hallazgos, sobre los cuales estoy seguro le gustará escuchar. ¿Qué le parece el día 24? Pase por mi oficina luego de la cena.

PD: El helado de limón es simplemente un deleite."

-¿De quién es?-preguntó la chusma.

-Uh, es solo Dumbledore.

-Oooh, estás en problemas-canturreo James, ganándose una mirada de desaprobación de decir, que mal. Qué vergüenza.


3 de Septiembre, 1976

El viernes, Morgan estuvo rodeada de leones toda la mañana. Solo tenía dos clases, historia y pociones, pero sus esperanzas de una tarde libre fueron aplastadas por la cantidad de tarea que los profesores les estaban asignando. Como se perdió su primera clase de encantamientos, decidió esperar hasta la cena para pedirle a Remus sus apuntes. Sabía gracias a Lily que los leones tendrían esa clase durante la tarde, pero no le pediría sus apuntes porque sabía que le haría preguntas, y no quería comenzar el año con detención por faltar a clases, aunque le sorprendía que Slughorn no se hubiera acercado para castigarla él mismo. Después de todo, Flitwick debió informarle a él.

Durante la clase de historia, se sentó junto a Sirius, que era el único de sus amigos que seguía tomando esa materia. Lily la tuvo que dejar con gran pena, diciendo que sería mejor enfocarse en las obligatorias que San Mungo solicitaba para su programa de entrenamiento.

Durante la mitad de la clase, el pelinegro se la pasó molestándola, jalándole el cabello para llamarle la atención o pasándole notas con ridículos dibujos. Su favorito era el de Snape siendo devorado por un gorila, solo para que luego el pobre animal se pusiera verde. La pelirroja dudaba que los gorilas pudieran ponerse verde, pero una risita se le escapó de todas formas, provocando que la sonrisa de burla en el rostro del pelinegro se ensanchara y cambiara, tornándose más sincera.

-¿Cual crees que sería el patronus de Quejicus?-le preguntó en voz baja, sus ojos grises buscando al susodicho.

Fingió pensarlo, olvidando que Binns estaba en medio de una lección, y ella se suponía debía tomar notas.

-No lo sé…¿una botella de shampoo?

Sirius resopló.

-O una nariz normal. ¡Mira a ese monstruo! Me sorprende que pueda ver lo que lee.

Intentaron ahogar sus risas, pero afortunadamente para ellos, los pocos estudiantes a su alrededor no despertaron.

Como si supiera que estaban hablando de él, Snape se volteó en su asiento y les lanzó dagas con los ojos. Morgan y Sirius se cubrieron las bocas con las manos y juntaron las cabezas, como si eso fuera a disimular las risas.

-Black, Edevane-habló el profesor desde su lugar, sin siquiera levantar la vista-, no me hagan echarlos del aula.

Sirius se recompuso, pero la bruja podía ver que le costaba contener su diversión. De tanto en tanto, sus hombros se sacudían.

-Mis sinceras disculpas, profesor. Simplemente discutíamos los orígenes del encantamiento patronus.

-Ah, sí-exclamó lentamente el fantasma, moviéndose de un lado a otro enfrente de la pizarra-Sí, es algo muy interesante, señor Black. El orígen del nombre se remonta a los tiempos del Imperio Romano, cuando estos todavía no invadieron Britania. Hay varias teorías sobre quién y cómo se creó el encantamiento, pero una de las más aceptadas es…

Sirius se reclinó contra la silla, completamente relajado, mientras que Morgan intentaba escuchar a lo que el fantasma estaba diciendo. Snape les dio una última mirada venenosa desde el frente del salón antes de volver a su libro.


Cuando la clase acabó, el par de adolescentes se tomó su tiempo recogiendo sus cosas,...bueno, al menos Sirius se tomó su tiempo; Morgan lo esperó en el pasillo, con las manos en la cadera, su pie golpeteando contra el suelo de piedra.

-Me voy a ir-amenazó.

-¡Por la verga de Merlín, Ana!-exclamó el pelinegro, asustando a un par de niños de primer año que iban entrando-No vamos a llegar tarde.

Suspiró frustrada y clavó la vista en las vigas del techo, contando mentalmente los segundos.

Sirius se levantó de su asiento.

-Ya está, mujer. ¿Ves? Incluso tenemos tiempo suficiente para detenernos en la cocina por un bocado.

-No, sin desvíos-se rehusó, cruzándose de brazos.


Tomaron un pequeño desvío hacia las cocinas.

La metamorfomaga intentó negarse, pero Sirius la sedujo con la idea de una porción de pastel de chocolate; además, tenía algo de sed.

Lanky estaba feliz de verlos, y aún más de darles lo que le pedían.

Morgan le prometió a la elfina que la visitaría pronto antes de salir por la puerta que Sirius le estaba sosteniendo.

Bajaron las escaleras en silencio, disfrutando de sus pasteles. El de Sirius era de naranja.

-¿Por qué estás tomando historia?-le preguntó ella luego de doblar en una esquina.

El chico se encogió de hombros.

-Es necesario para ser auror.

-No, no es cierto. James no la toma.

-Es una clase interesante.

-Dormiste la primera hora.

En lugar de responder, le dio una gran mordida a su pastel. Morgan tomó una pequeña del suyo. ¿Acaso estaba tomando esa clase para pasar más tiempo con ella? La idea le despertó las mariposas, que comenzaron a danzar en su estómago. Se miró los pies.

-Bueno, me alegra que la estés tomando-confesó í es menos aburrida.

Prácticamente podía sentir la sonrisa que le estaba dirigiendo.

-Lu she.

-¡No hables con la boca llena!

Entraron al salón, solo para descubrir que la clase ya había comenzado. Morgan se congeló, pero Slughorn no parecía molesto.

-Ah, señor Black. ¡Qué bueno que está aquí! Temía no verlo este curso; y veo que ha traído a Eddins con usted. ¡Bien, bien! Pasen, muchachos-saludó el hombre jovialmente, haciendo un ademán con la mano.

-Es Edevane, profesor-corrigió James, es difícil de recordar.

El hombre no le hizo caso, volviéndose al resto de la clase.

Morgan se acomodó entre Lily y Remus. La prefecta la tomó del brazo y la pegó a su costado, mirando a Sirius como si fuera el culpable de su entrada tardía.

-Oh, señorita Evans, no puede comer en clase-le dijo Slughorn a Morgan, quien bajó la mirada a su rebanada a medio comer, olvidando que la tenía.

Se la ofreció a Sirius, quien se la metió a la boca entera. Slughorn pareció satisfecho, y se volvió al resto de la clase.

-Ahora, ¿quién puede identificar estas pociones?

Para sorpresa de nadie, la mano de Lily se alzó con tanta rapidez que a Morgan le sorprendió que no se dislocara el hombro.

-Ah, Evans, sí, sí. Pasa al frente, querida.

Lily tomó unos pasos hasta estar frente a la primera poción.

-Esta es Felix Felicis, también conocida como la suerte líquida.

-¡Así es! 5 puntos para Gryffindor.

-La suerte líquida le permite al bebedor realizar con éxito todo lo que se proponga, hasta que deje de hacer efecto, claro.

-Muy bien-Slughorn se acercó a Lily y tomó el vial, alzándolo a la luz para exponerlo es una poción muy peligrosa, que muy pocos magos y brujas pueden realizar a la perfección. Claro, tomo algo de orgullo en ser uno de ellos.

Morgan enarcó una ceja. Por el rabillo del ojo, vio que James se inclinaba y susurraba algo a Sirius, ambos mirando el vial con codicia.

Genial, ahora tenía que vigilarlos.

-¿Qué hay de esta poción? Veamos,...¿Edwards?

Morgan tardó un par de segundos en caer en la cuenta de que el profesor panzón se dirigía a ella.

-¿Qué?

-Al frente, muchacha. ¿Qué poción es esta?

Gruñendo internamente, Morgan se acercó al caldero, queriendo arrancarse los pelos al reconocer el líquido rosa.

-Es Amortentia, señor-le informó de mala poción crea una grave obsesión por un corto periodo de tiempo.

-¡Muy bien! 10 puntos para Slytherin.

-¿Diez? P-pero Lily tuvo s-solo cinco-protestó Pettigrew, desde su lugar entre Remus y Sirius.

Slughorn le quitó importancia con un ademán de la mano.

-Lo que Edwards aquí señaló, es que la Amortentia no crea amor, algo que confunde a muchos, sino que provoca obsesión-miró a la poción rápidamente. Morgan intentó volver a su lugar junto a Lily, pero la mano del profesor aterrizó sobre su Amortentia huele diferente para todos, según los gustos de cada uno.

-Por favor, no-pensó ella.

-Edwards, ¿por qué no nos cuentas qué hueles?

-¡Mierda!

Resignada, volteó una vez más e inclinó el rostro hasta que el vapor de la poción le acarició el rostro. Le pegó una olfateada rápida y se petrificó.

Olía diferente.

-Um,...huelo vainilla, whiskey de fuego y...perro recién bañado-masculló la última parte con las orejas rojas.

Varios estudiantes rieron.

Notó a Remus mirando a Sirius de forma sugestiva, a Pettigrew entornado los ojos, y a James mirando al profesor con renovado desagrado.

Rápidamente, bajó la cabeza y se movió hasta estar de nuevo junto a Lily, quien la miraba curiosa.

-No digas nada-le amenazó.

La pelirroja se encogió de hombros.

-Son olores raros, eso es todo. Mientras no signifique que te gusta la zoofilia, todo está bien.

Remus casi se ahogó con su propia saliva.

-Mátame, Voldemort.


13 de Septiembre, 1976

De camino a la clase de pociones, Lily sacó el tema.

-¿Cómo está todo Tim?-preguntó, acomodando los libros que cargaba en brazos.

Tenía una mochila grande, pero ya no le entraba nada más.

Morgan se encogió de hombros.

-Todo está bien. ¿Por qué?

La prefecta entornó los ojos, casi idénticos a los de la Slytherin.

-A pesar de todas las materias que estoy tomando, mi cerebro todavía funciona, Morgan-le dijo, mientras esperaban a que la escalera se detuviera frente a algo tensos.

Morgan tragó, ajustándose su mochila, donde descansaba la tarea que Sirius le ayudó a hacer en la sala común de Gryffindor. Le pidió ayuda a James, pero su hermano estaba demasiado ocupado intentando impresionar a Lily con sus bíceps.

-No es nada-le dijo, esperando que cambiara el tema.

-¿Sucedió algo?-tomó una de sus manos-Sabes que puedes contarme lo que sea.

La metamorfomaga se rindió.

-Es que, cree que Sirius intenta robarme o una ridiculez de esas.

Lily asintió, descendiendo por las escaleras en silencio. No volvió a hablar hasta que bajaron.

-Bueno, tiene razón.

-¡Lily! ¡Tienes que estar de mi lado!

-No, como tu mejor amiga es mi deber decirte la verdad-le dijo, tomándose un momento para saludar a Nick Casi-Decapitado-.Y la verdad es que es cierto. Black siempre está mirándote como idiota, e intentando pasar tiempo contigo. Y lo peor es que creo que te das cuenta, pero lo dejas.

La última parte la habló con suavidad.

-Morgan, ¿sientes algo por Black? ¿O simplemente no sabes cómo rechazarlo?

Evitó hacer contacto visual. De repente, el pasillo le parecía mucho más largo de lo que en realidad era.

-No voy a juzgarte.

-Yo, este, es complicado.

-¿O sea, que sí sientes algo por ese patán?

-Podríamos decir que sí.

Lily se restregó la nariz por un momento, mientras que Morgan se quitaba las gafas para limpiarlas con su camisa.

-¿Qué hay de Tim?

Negó con la cabeza, y escuchó a la prefecta suspirar.

-Eso no es justo para nadie, Morgan-le dijo con gentileza, llegando a la primera , no me agrada Black, pero si sientes algo por él, no es justo que te vayas a tontear por ahí con él y mantengas a Tim a tú lado.

-Lo sé-masculló, mirándose los pies.

Lily se detuvo y tomó su mentón entre sus dedos, forzándola a mirarla a los ojos.

-Mira, no se porque estás jugando a este juego, pero se que no lo haces por maldad-suspirando, ladeó la cabeza, su lacio cabello cayendo al lado-, pero es mejor terminarlo antes de que lastimes a alguien, o a ti misma.

Morgan asintió, retomando su caminata.

-¿Lo prometes?

-Lo prometo.

Lily le pasó un brazo por los hombros y le dio un apretón, continuando el camino a la clase.


18 de Septiembre, 1976

El sábado durante el desayuno, el sonido de risas le llamó la atención, y vio a los Merodeadores saliendo del Gran Comedor. James y Sirius vestían sus uniformes de Quidditch.

Como pudo, contuvo la sonrisa maléfica que quería apoderarse de su rostro.

¡Era perfecto!

Remus mencionó algo sobre James teniendo una nueva novia, y a pesar de que Morgan no la conocía, ya no le agradaba. Y Lily estaba soltera de nuevo. ¿Qué más estimulante que un chico haciendo deporte y sudando?

Sí era sincera consigo misma, también quería ver como bateaba Sirius, por razones académicas, claro está.

-Oye, Lils- al escuchar el tono de la Slytherin, la Gryffindor levantó la mirada lentamente-; ¿sabes si hoy hay practica de Quidditch?

-Si, es el turno de Gryffindor. Creo que Ravenclaw tendrá el campo más tarde-miró a Timothy para confirmar, pero el chico se encogió de hombros.

-No tengo idea-le dijo, disfrutando de su manzana.

Morgan sonrió dulcemente.

-¿Podemos ir a ver? Ahora.

Lily miró hacia la salida y de nuevo a ella, desesperada.

-No. Potter y su pandilla de criminales va a estar ahí.

Timothy alternaba la mirada entre ambas, como si estuviera esperando una pelea.

Morgan bajó la mirada y puso en uso su tono más lastimero.

-¿Sabes? De verdad me sentí muy mal cuando peleamos aquella vez.

-¡Eso fue el abril pasado!

-Me sentí muy sola, Lils.

La prefecta masculló algo por lo bajo.

-Está bien- dijo seca, levantá .


Cuando llegaron, divisaron a Remus sentado junto a Pettigrew, y detrás de ellos, un grupo de chicas de diferentes casas que cuchicheaban entre ellas y reían como tontas.

Preparándose para las siguientes horas, se aferró a la mano de Timothy y tomaron asiento. Acabó entre él y Lily, con Remus a la derecha de esta y la rata en el asiento de abajo.

El licántropo levantó la mirada de su libro.

-¿Lily? ¿Estás perdida?

Las chicas sentadas detrás chillaron justo cuando los miembros del equipo salieron al campo.

Morgan encontró a James y a Sirius casi enseguida, y fue una gran sorpresa verlos tan serios. Detrás de ellos iban dos chicos cargando con el baúl de las pelotas, y al final McKinnon junto a otra chica cuyo nombre Morgan no recordaba y un chico pequeño y delgado, que debía ser el buscador.

Hablaron por varios minutos, en los cuales James se la pasó señalando líneas imaginarias en el cielo.

Se montaron en las escobas y emprendieron vuelo. Para Morgan, que había visto a su hermano en una escoba en numerosas ocasiones, se movían como tortugas. Sirius voló por su lado del campo con el bate de goleador en mano, y las chicas detrás de ellas comenzaron a llamarlo. Sirius miró y les dio una sonrisa coqueta, para luego encontrar a una aburrida Morgan unas filas más abajo, junto a Timothy. Asintió en dirección de la chica y le guiñó un ojo antes de regresar a la práctica. A su lado, Timothy se tensó, pero ella no dijo nada.

Quaffles pasaban de unas manos a otras, y bludgers volaban en todas direcciones, mientras cada tantos minutos James se detenía para gritar instrucciones o hacer correcciones.

Morgan se inclinó hacia Timothy.

-¿Tienes idea de lo que está pasando?-preguntó en voz baja.

El chico negó.

-No entiendo nada-confesó.

Morgan sonrió, aliviada al enterarse de que no era la única, y decidió darle su atención a Lily, quien había entablado conversación con Remus, mientras que Pettigrew intentaba ofrecer comentarios inútiles cada tanto.

La tomó del brazo para captar su atención.

-¿Qué te parece?-preguntó, asintiendo en dirección del campo, donde McKinnon le estaba gritando a Sirius por casi chocar con su escoba.

La prefecta apenas se encogió de hombros.

Morgan apretó los labios. Tracey decía que había algo atractivo en ver a los chicos entrenando, y llevarla a la práctica era un intento desesperado por hacerle abrir los ojos. Tal vez, sí decidía que James se veía bien en una escoba ella tendría oportunidad de nacer.

Tenía que admitir que era algo fascinante, observar al equipo mientras entrenaba. Sus túnicas escarlatas volaban detrás de ellos, y el cabello de Sirius se revolvía con el ía que admitir que Sirius se veía bien en el uniforme, más que bien.

-¡Esas piernas!

Se veía concentrado, como si no existiera nada más en el mundo además del juego

Claramente, Lily no estaba tan interesada, y casi vomitando un poco en su boca, dijo:

-James se ve bien en la escoba, ¿no te parece?

Remus casi se cae de su asiento, y a su lado, Timothy comenzó a toser. Lily entrecerró los ojos, y Morgan estuvo segura de que pasarían otra semana sin hablar.

-¿Te pidió que hicieras esto?

-Nop.

-No va a funcionar.

Morgan sonrió dulcemente.

-No se de que hablas.

-¿Florecita?

James se detuvo al borde del campo, viéndose desconcertado ante su nueva audiencia. Lily desvió la mirada y se cruzó de hombros, pero James no parecía dispuesto a irse.

Una bludger lo golpeó en la espalda y cayó de la escoba.

Todos se levantaron de un salto, pasando de una fila a otra hasta llegar al frente, e inclinándose para mirar abajo.

James yacía en el césped, inconsciente.

-Está muerto-dijo Lily, ganándose un golpe en el brazo por parte de la otra pelirroja.


24 de Septiembre, 1976

Luego de la cena, Morgan fue directa a la oficina de Dumbledore. Lily extendió el castigo de James y Sirius cuando estos comenzaron a entonar una canción de funeral mientras ella se iba.

Le sorprendía que la prefecta no los hubiera matado todavía.

Dándole la contraseña a la gárgola, esperó a que esta dejara de girar antes de subir las escaleras.

Golpeó suavemente en la puerta, y desde el otro lado le llegó la voz del profesor, invitándole a pasar.

Entró lentamente, notando que casi nada había cambiado desde su última visita. Enseguida notó que el armario con los recuerdos contaba con más viales, aunque no tantos como recordaba del futuro.

Dumbledore hablaba con el retrato de Phineas Black, pero ambos callaron al verla entrar.

-Ah, señorita Potter-sonrió el profesor, cesando de acariciar el suave pelaje de Fawkes, que descansaba sobre su hombro-¿Cómo estuvo su verano?

La pelirroja se encogió de hombros.

-No hay mucho que reportar. James y Sirius casi queman la casa un par de veces, pero creo que eso es rutina para ellos.

El profesor sonrió con afecto ante la mención de los Gryffindor, y un brillo peculiar, casi pícaro, se formó en sus orbes azules.

-Sí, lo extraño sería que no quemaran nada-le dijo, dejando que Fawkes extendiera las alas y se posara sobre el escritorio, enfrente de la pelirroja. Morgan le acarició la mi atrevimiento, señorita Potter, pero no he podido evitar notar que usted y el señor Black están pasando más tiempo juntos.

Morgan dejó de respirar, y rezó a Merlín porque su cabello no la delatara.

-Este, sí, supongo que ahora somos amigos-respondió, rascándose la difícil evitarlo cuando compartes techo.

-¿Amigos?-preguntó Dumbledore, rodeando el escritorio. Parecía decepcionado-Que pena. Supongo que le debo veinte galeones a Minerva.

Morgan le dio una mirada medio incrédula.

-¿Es un pasatiempo suyo apostar a expensas de los estudiantes?

-Solo cuando no hay mucho que hacer por aquí, lo que no sucede seguido-confesó el hombre, indulgente.

Caminó hacia el impresionante armario y lo abrió. Morgan se detuvo a su lado, inspeccionando los viales; debían haber al menos unos doscientos.

-Ryddle no desperdició su vida-comentó.

-No, no lo hizo-el director se mostró de acuerdo, inspeccionando las etiquetas atadas a los ía quedan incontables recuerdos que conseguir, pero espero poder trabajar con los que tenemos.

-El más insignificante detalle puede ser gran ayuda.

-Pienso lo mismo-dijo Dumbledore, tomando un pequeño recuerdo en particular, pertenece a un hombre llamado Henry Raines, quien tuvo la desdicha de compartir habitación con Tom por un tiempo en el orfanato de Wool. Por suerte para él, fue adoptado solo un mes después, pero Tom dejó una impresión en él.

-Imagino que no fue nada bueno.

-No, me temo que no-con el vial en mano, se volteó hacia ella-¿Cuánto sabe de Ryddle, señorita Potter?

Morgan meditó por un segundo.

-Se que es mestizo. Su madre le dio Amortentia a su padre por un tiempo, pero cuando ya no hizo efecto, o ella misma decidió dejar de dársela, Ryddle huyó. También se que Merope falleció al dar a luz en el orfanato.

Dumbledore asintió lentamente ante la información, sin corregir un solo dato.

-Sí, es mi creencia, que desde que Tom aprendió sobre la naturaleza de la magia, ha sentido cierto nivel de repulsión por sí mismo, siendo mestizo. Incluso a temprana edad, noté que Tom parecía creerse por encima de todos,.

-Uno pensaría que su desprecio por los mestizos no lo haría tan arrogante.

El anciano le dio la razón, encaminándose lentamente hacia el pensadero.

Morgan lo siguió, sin poder evitar pensar que era extraño ser la nueva mano derecha del director de Hogwarts. En el futuro, Dumbledore no la había despreciado, pero tampoco le dio mucha importancia, prefiriendo confiar en Harry y solo Harry para llevar a cabo sus peligrosas misiones. Tal vez eso era debido a la unión más directa entre su hermano y el mago tenebroso. Eso no quitaba el hecho de que Dumbledore no quiso que ella fuera con su hermano a cazar los horrocruxes.

Sí no mencionaba nada de eso, ni le dejaba ver algunas de sus decisiones más dudosas, podría tener una oportunidad de ganarse su confianza.

-Tom es un mago brillante, Morgan, eso es algo que se notó desde una edad temprana. Creo que el hecho de que a pesar de su estatus de sangre, se encontró al frente de la clase, le hizo pensar que era diferente de los otros mestizos y nacidos de muggles. La compañía que mantenía no ayudó a sus ideales. A donde quiera que fuera, le seguía su fiel grupo de seguidores; eso solo lo volvió aún más arrogante.

-Sí es tan arrogante, ¿cómo sigue vivo?-se preguntó a sí misma en voz alta.

Dumbledore le dio una mirada.

-Es una buena pregunta, querida, pero creo que te rehusas a compartir la respuesta.

Morgan no dijo nada, parándose frente al pensadero.

El profesor dejó que el recuerdo cayera en las aguas cristalinas, y ambos se inclinaron, siendo absorbidos por la imagen.


23 de Abril, 1935

Una habitación sombría tomó forma frente a Dumbledore y Morgan. Las paredes tenían grandes manchas de humedad, las dos camas de apariencia incómoda eran separadas por una mesita de noche que definitivamente vio mejores días. Un armario negro y viejo reposaba contra la pared, justo detrás de la puerta, y en la pared opuesta había un escritorio.

Sentado sobre la cama, con las piernas colgando y un libro desgastado sobre el regazo, se encontraba un niño, de complexión casi tan pálida como la de un fantasma y cabello negro como la noche más oscura. Vestía una camisa celeste y sobre ella llevaba un chaleco de lana gris. Sus piernas eran cubiertas parcialmente por un par de shorts que casi rozaba sus rodillas, y parecía que en cualquier momento la tela se rasgaría. Su calzado no estaba en mejores condiciones.

Un trueno sonó en la distancia, pero el niño no se alteró, enfrascado en su lectura.

-¿Ese es Tom Ryddle?

-Así es-le respondió Dumbledore, un par de pasos detrás de la bruja, ambas manos sobre su vientre y la vista clavada en el muchacho.

-¿Esto fue antes o después de su llegada?

-Antes. No fue sino hasta el año siguiente que visité a Tom por primera vez.

-Para darle su carta.

-Ciertamente.

En ese momento, la puerta se abrió, y del otro lado, una mujer con ropas oscuras, cabello canoso y expresión severa empujó a un niño de no más de siete dentro de la habitación. Morgan tomó nota de cómo la expresión autoritaria de la mujer menguaba de manera casi imperceptible al ver a Ryddle.

-Tom-habló la mujer, con forzada gentileza-, este es tu nuevo compañero de cuarto. Saluda a Henry.

El niño, Henry, se acercó tímidamente y ofreció una mano a modo de saludo, pero Ryddle ni siquiera levantó la vista de su libro.

-No quiero un compañero-respondió imperturbable.

La mujer apretó los labios y cerró las manos en puños. Morgan comenzó a mirar alrededor de la habitación, notando lo impersonal que era, pero ella nunca antes estuvo en un orfanato, por lo que no podía estar segura de que todas las habitaciones tuvieran el mismo aire de tristeza que esa.

Sobre el alfeizar de la única ventana, vio siete piedras alineadas perfectamente. Morgan atravesó la figura titubeante del niño y se acercó al alfeizar. Intentó levantar una de las piedras, pero su mano simplemente atravesó la roca y desapareció en la pared.

-Eso no es relevante, Tom. Todos tienen compañeros de cuarto, y nunca se han quejado.

Por unos momentos, Ryddle no contestó, terminando su párrafo.

-Siempre se puede hacer una excepción-respondió cansino, como si tuviera mejores cosas que hacer que lidiar con esa mujer.

Henry tomó unos pasos hacia atrás, acercándose a la mujer.

-¿Y quien eres, que debemos hacer una excepción por tí?-rezongó ella-Compartirás tu cuarto con Henry, y fin de la discusión.

Ryddle levantó la vista por vez primera, y Morgan pudo apreciar lo azul de sus ojos. Eran de un intenso color, pero incluso a esa temprana edad, la bruja no pudo encontrar un dejo de calidez, de humanidad.

Algo pasó por dichos ojos, algo peligroso, pero tan rápido que Morgan creyó haberlo imaginado. Miró al director, quien asintió una sola vez.

Ryddle hizo su libro a un lado, dejándolo sobre la cama todavía abierto, y se levantó de un pequeño salto. Se acercó a la mujer, cada paso tan fuerte como los truenos del exterior.

-No quiero compartir-le dijo con el mismo tono, deteniéndose frente a la mujer e inclinándose para mirarla a los ojos.

La mujer lo miró desde arriba, para luego darle una bofetada, dejando sus huellas sobre la mejilla de Ryddle.

-Ya he tenido suficiente contigo, Tom-se inclinó hasta estar a la misma altura-.Más vale que nada le pase al pequeño Henry, de otra forma, tengo una vara con tu nombre en ella.

La mujer se enderezó y salió de la habitación con pasos robóticos, como si hubiera practicado ese andar.

Ryddle se acercó a la puerta y colocó una mano sobre el marco, inclinándose hacia el pasillo e ignorando a su nuevo compañero, quien permanecía muy quieto delante de su cama.

Morgan lo miró de cerca mientras imitaba su pose. Su expresión desinteresada no cambió, y sus labios no se movieron.

La mujer llegaba al final del pasillo cuando de repente se detuvo a medio paso, se tensó y cayó al suelo gritando en agonía. Las puertas comenzaron a abrirse, y los niños rodearon a la mujer, quien se retorcía en el suelo de manera inhumana. Pasado casi medio minuto, dejó de moverse.

Morgan observó horrorizada como los otros niños enseguida voltearon a ver a Ryddle, y como este esbozó una sonrisa minúscula.

-Creo que esto es más que suficiente-habló Dumbledore a su izquierda, posando una mano sobre su hombro.


Morgan se alejó del pensadero con piernas temblorosas, mientras que Dumbledore movía una mano, encendiendo las velas esparcidas por su despacho.

Tenía frío.

-¿Qué le sucedió a esa mujer?-preguntó con voz temblorosa.

-Falleció, me temo-respondió el hombre, tomando el recuerdo con la punta de la varita y guardándolo una vez má sabían que Tom tuvo algo que ver, pero no había manera de probarlo. El reporte del médico dice que sufrió un ataque de epilepsia.

-Solo la mató-dijo si nada. Era solo un niño.

-Entiendo lo perturbador que debe ser, pero si me permite, no creo que Tom estuviera cien por ciento consciente al hacerlo. Creo que, un parte de él, no se dio cuenta de que fue el responsable. Me gusta creer que él lo vio como una coincidencia.

Morgan lo miró con los ojos saliéndose de sus cuencas.

-¿Qué?-señaló el pensadero con un dedo-Se veía perfectamente consciente para mí. Esto solo prueba que siempre ha sido un monstruo.

Dumbledore suspiró.

-Tal vez, tal vez no. Lo que trae la pregunta: ¿Es eso completamente su culpa?

-¡¿Qué?! ¡Por supuesto que lo es!

-Recordemos primero-le dijo el profesor, devolviendo el vial a su lugar- que Tom es el producto de una poción de amor, y eso debió tener algún efecto en él. Debió trastornarlo de alguna manera.

-Tiene razón, señor, pero como un psicópata, él elige asesinar. El que carezca de simpatía no tiene nada que ver con las cosas que ha hecho, con aquellas que tiene por hacer.

El director se sentó sobre los escalones de piedra y suspiró.

-Debes perdonarme, Morgan. En el fondo se que tienes razón, pero eso no quiere decir que no quiera salvarlo.

En el futuro, Dumbledore quería asegurar la destrucción de Voldemort, y ella no entendía porque tan solo dos décadas antes quería lo contrario. ¿Qué le hizo cambiar de parecer? ¿Las muertes de los miembros de la Orden? ¿La de sus padres? ¿Enterarse del secreto de Voldemort?

-Voldemort siempre ha sido un monstruo, señor-dijo lentamente, decidiendo que si quería evitar conflictos en el futuro, debía compartir una porción de la verdad-; y por alguna razón usted es capaz de verlo por lo que es en el futuro.

Voldemort asesinó a mis padres, e intentó asesinar a mi hermano cuando apenas tenía un año...mató a su propia familia, señor.

-Lo sé, lo sé-respondió quiero saber porqué. Entender eso puede ser la clave para destruirlo, o…

-Voldemort está más allá de la salvación, señor-le interrumpió con voz gélida. Inhalando, se acercó al anciano y se sentó enfrente a él, sobre el frío cuando fue su estudiante, ya estaba más allá de la salvación.

Mirándolo a los ojos, se preparó para contarle la verdad, aunque todavía no confiara en él.

-¿Quiere saber porque asesinó a su familia? ¿Por qué dejó que el basilisco matara a Myrtle?

Los ojos del hombre se ensancharon por un momento al escucharla hablar de la serpiente.

-Todo lo que ha hecho, todo lo que hace, tiene un solo fin. Para Voldemort, la impureza de la sangre no es tan importante como la inmortalidad.

Estudiando aquí, Ryddle encontró un libro, uno que yo misma he estado buscando sin éxito-tomó una bocanada de obsesionado con la idea de Horrocruxes, señor-le dijo, observando como el brillo volvía a sus ojos, cómo iba conectando las pistas-.Y fue tan lejos como para crear más de uno.

Se quedaron en silencio por varios minutos, en los que Morgan esperó a que el hombre absorbiera la información.

Dumbledore se levantó y comenzó a caminar de un lado a otro del despacho, de tanto en tanto deteniéndose para intercambiar palabras con alguno de los retratos, los cuales parecían tan agitados como él.

El retrato de Phineas Black parecía insultado.

-¡Qué escándalo! ¡Insultar a la noble casa de Slytherin de tal manera! ¡Asqueroso! ¡Repugnante!

-Hay uno aquí, en el colegio-dijo Morgan, levantándose.

Dumbledore se detuvo en seco, al igual que el los retratos.

-¿Dónde?

Morgan tragó.

-Prefiero no decir.

-¡Habla, sucia mestiza!-reclamó Black, golpeando el brazo de su silla con un puño-¡Confiesa el paradero de ese artefacto corrupto!

Le dio una miradita, mostrándole lo imperturbada que se sentía por su griterío.

-Señor-le habló a su director-,no se en donde están los otros, ni cuántos ha creado hasta ahora. Prefiero que ese horrocrux permanezca aquí, intacto, donde Voldemort no puede alcanzarlo.

El retrato de Dexter Fortescue le mostró su apoyo.

-Creo que no es mala idea. Una vez destruidos los otros, no le quedará opción más que venir a por este. Estará débil y desesperado.

-¿Otros?-volvió a hablar Phineas Black, mirándola con ojos entrecerrados-¿Cuántos ha creado el asqueroso?

Morgan se mordió el labio.

-A este punto, no estoy segura, pero su plan original era siete.

-¡SIETE!-los retratos se mostraron horrorizados ante esa información, y comenzaron a hablar por encima del otro.

-¡SILENCIO!-comandó Dumbledore.

-...Y por eso digo que lo atemos de las extremidades y dejemos que un par de escarabajos se lo coman-finalizó Phineas Black.

-Es una idea atractiva-le concedió la pelirroja.

Dumbledore lo ignoró, y con las manos a la espalda, resumió su paseo por el despacho.

-Siete, dices.

-Incluído él mismo señor-asintió Morgan, siguiéndolo con la mirada. Se acomodó las gafas, que se le estaban deslizando por el puente de la nariz.

-¿Sabes qué recipientes utilizó?

-Así es-miró a un retrato de un director, perteneciente a Ravenclaw y otro a su lado, de Hufflepuff-,pero no estoy segura de donde están. Por eso necesito los recuerdos, por eso quiero que la...que la diadema se quede aquí.

-¿Diadema?-preguntó Armando Dippet.

-De Rowena Ravenclaw-le dijo en voz baja.

Los ex-directores pertenecientes a la casa jadearon, y una de ellas se desmayó.

Morgan no creía que fuera posible para un retrato desmayarse, debía ser sólo teatro. Compartiendo una mirada fugaz con Black, el desagradable hombre lo confirmó rodando sus ojos.

-Es peor de lo que imaginé-masculló Dumbledore.

-Es imperioso que sepa en donde se esconden, señor-le urgió ella, acercándose a é ía falta un par de años antes de que alguien descubra su secreto, y luego de eso pasará más de una década hasta que usted lo sepa.

-¿Cómo me enteré?

-Con un recuerdo del profesor Slughorn. Ryddle fue a él con preguntas.

-¿Está diciendo que un profesor le ayudó?

Frunció el ceño por un momento.

-No. Harry fue quien obtuvo el recuerdo, ustedes lo vieron-se encogió de hermano dijo que Slughorn no creyó que planeara hacer uno.

-¡Ja!-se jactó Phineas-¿No te dije yo cuando lo contrataste que a ese le faltaban jugadores?

-Phineas, por favor-defendió Dippet-.Tú conociste a Ryddle, sabes cómo era.

Phineas se cruzó de brazos.

-No, yo nunca me tragué su pequeño acto. Más de una vez te dije que lo vigilaras, pero solo Albus escuchó.

-Yo no lo culpo-habló Morgan, a favor de su jefe de magia tan oscura, que es difícil imaginarse a alguien tan retorcido como para siquiera intentarlo.

-¡Bah! Patrañas.

-Morgan tiene razón, Phineas-habló Dumbledore, dirigiéndose al retrato.

Morgan se quedó pensando, mientras el director discutía con los retratos. Lentamente, se dio la vuelta y se dirigió a Phineas Black.

-Señor-le llamó, ganándose una mirada fugaz-,tiene un cuadro en el hogar de su familia en Grimmauld Place, ¿no es así?

-Así es. ¿Por qué?

-Creo que usted puede ayudarme.

El hombre no dijo nada, pero era claro que la estaba escuchando, al igual que los otros retratos.

-Regulus Black se unirá a Voldemort en el próximo año o dos…

-¡AH! ¡Canalla!

Hizo caso omiso de su pequeña pataleta.

-Él será quien descubra el secreto de Voldemort, y luego morirá intentando destruir uno de los horrocruxes.

-¿Qué esperas que yo haga? Ese muchacho es un nene de mamá, y Walburga ya lo está presionando para que se una a los mortífagos.

-Convénzalo de no hacerlo-le pidió cosa que escuche, que crea me será de utilidad, dejeme saber.

-Una vara es lo que necesita ese muchacho. ¡Y ese hermano suyo necesita latigazos!

-Gracias, Phineas. Estoy seguro de que Morgan aprecia tu...entusiasmo por cooperar.

Gruñendo, Phineas se levantó y desapareció por el marco.

-Que carácter-comentó Morgan.


6 de Octubre, 1976

Morgan encontró paz en un pasillo desolado. Abrió la puerta de un salón y se adentró en el. Sacando su varita del bolsillo de su túnica negra, encendió la gran chimenea y se sentó en un pupitre cerca de esta.

Sacando su libro de defensa y los materiales necesarios para escribir su ensayo, la pelirroja comenzó a leer. No podía ser que, en su segunda vez cursando esa materia, todavía no entendiera un rábano. Tampoco tuvo mucho tiempo para intentar entender, pues la puerta se abrió de par en par y Sirius entró con una sonrisa de oreja a oreja. Tenía a dos chicas morochas de cada brazo, y tardó un par de segundos en verla sentada ahí.

Casi de inmediato, se quitó a las chicas de encima.

-Saben, hoy no estoy de humor-les dijo sin mirarlas, arremangándose la camisa.

-Pero…

-Nop.

Claramente decepcionadas, las chicas se fueron, y Sirius se acercó a ella con aires despreocupados.

-No te detengas por mí; puedo encontrar otro salón-dijo la pelirroja, aunque no hizo ademán de levantarse.

Sirius se encogió de hombros, tomando un pupitre y moviéndolo hasta que estuvo cera del suyo.

-Tu compañía es mucho mejor-le dijo, tomando asiento y ojeando su libro-¿Qué estás haciendo?

-Tarea.

-¿Hay gente que hace eso? Pensé que era un mito.

Morgan rodó los ojos, resistiendo las ganas de sonreír.

-No entiendo cómo es que has llegado tan lejos.

-Mi apariencia ayuda-le guiñó un ojo, tomando el libro de sus , sí. Todo esto es pan comido.

-Cada día que pasa te odio más.

Sirius le pasó la página, sonriendo de manera genuina. Morgan sintió como su corazón tropezaba.

-Eso no es cierto. Yo se que me amas.

No respondió, arrebatándole el libro.

-¿Vas a aportar algo útil? Porque si no me vas a ayudar sugiero que te vayas.

-¿Necesitas ayuda?-le preguntó de repente, tomándole por sorpresa.

-¿Qué?

-Con la tarea. Recuerdo que Lunático comentó que defensa no es tu fuerte.

Morgan abrió la boca para negarse, pero se lo pensó mejor; después de todo, Sirius era de los mejores de la clase, y Lily no estaba para ayudarla.

-Si quieres-le dijo, aparentando indiferencia.

Entusiasmado, Sirius se levantó del asiento y rodeó el pupitre de Morgan, jalando con el suyo hasta que estuvieron pegados. Volvió a sentarse, su brazo prácticamente pegado al de la pelirroja.

Sirius era un buen maestro, pero Morgan una mala estudiante. Mientras él explicaba la metodología de los hechizos no verbales, ella solo pensaba en lo cerca que estaban, brazo con brazo y pierna con pierna. Su cabello olía a vainilla, algo que no había notado hasta el momento, y su aliento a chocolate. Cuando explicaba algo, movía mucho las manos para hacerse entender, pero no en ademes salvajes como los de su nueva profesora de defensa.

Los rayos del sol le daban en el rostro, y lo hacían ver casi angelical. Sus ojos se posaron sobre sus labios carnosos, y no por primera vez se preguntó cómo se sentirían sobre su cuerpo.

Se inclinó y besó su mejilla, provocando que Sirius parara de hablar a media frase.

-¿Qué fue eso?

-No lo sé-admitió ella, juntando sus manos sobre el pupitre y jugueteando con sus dedos.

-Bueno, siéntete libre de hacerlo más seguido-le dijo con ligereza, dándole un suave codazo.

Morgan se mordió el labio.

-¿Puedo preguntar algo?

-Claro.

-Tú has estado con mucha gente, ¿verdad?

Hizo un sonido de confirmación.

-Supongo que lo que quiero preguntar es, ¿cómo exactamente dejas a alguien?

De un momento al otro, sintió que su mirada le quemaba la piel.

-Sólo dejo de buscarlos-dijo, tragando con algo de dificultad.

-¿De verdad?-le preguntó, atreviéndose a encontrar sus ojos-Eso es frío.

-Oye, yo siempre soy claro con todos-se defendió é aseguro de que sepan que no es nada serio.

-Dile eso a McKinnon-masculló por lo bajo.

Los hombros del pelinegro se sacudieron en una risa silenciosa.

-¿Celosa?

-Ya quisieras.

Pero lo estaba. Estaba celosa de las chicas que entraron al aula a cada lado de Sirius, estaba celosa del chico de aquella fiesta, de Marlene McKinnon, y de todo aquel a quien Sirius honró con sus atenciones, aunque dichas atenciones no duraron más que unos días.

Sí lo pensaba, Lily tenía razón; no era justo para nadie. No era justo para el dulce Timothy, no era justo para ella, y tampoco era justo para Sirius. No tenía sentido perseguir al Gryffindor si eventualmente tendría que dejarlo, a menos que él solo la quisiera para agregarla a su lista de conquistas. Si fuera así, ella intentaría mantenerse alejada tanto como pudiera, pero de no serlo también lo haría, pues la idea de tenerlo y dejarlo era en su opinión peor a no tenerlo nunca. Tampoco sabía cómo manejar el hecho de que él era el mejor amigo de su hermano, no estaba segura de querer perseguir algo que ya estaba condenado sí tenía que mentir.

-¿Piensas acabar las cosas con Alberts?-le preguntó, devolviéndola al presente.

Asintió.

-Sí, pero nunca tuve que dejar a nadie, así que no se como hacerlo

-Le puedes hacer una pancarta-sugirió casi puedo verla: No eres tú, soy yo.

-Esa idea es patética y humillante.

-Es temprano, mujer; deja que despierte y tendré algo mejor.

A pesar del conflicto que sentía, dejó escapar una risita. Sirius le dio una mirada de soslayo, satisfecho con la reacción.

Con un suspiro, Morgan posó su cabeza en el hueco de su cuello. La posición era algo incómoda con los pupitres de por medio, pero Sirius se movió hasta estar mejor sentado y apoyó su mejilla sobre su cabello.

-Desearía que todo fuera más sencillo-susurró Morgan, tan bajo que estaba segura que el pelinegro no escuchó.

-Puede serlo-respondió, sorprendiéndola-. Sí así lo quisieras.

-No es tan simple.

-¿Por qué no?

Morgan no respondió, y tampoco se alejó cuando Sirius volvió a moverse hasta que sus frentes se tocaron. Ella mantuvo la vista baja, viendo como él tomaba sus manos entre las suyas.

-Ana, habla conmigo-le pidió suavemente, inclinándose ligeramente para rozar su nariz con la de ella, ganando a cambio una minúscula sonrisa.

Morgan se debatió por varios segundos. Tanto secretismo la estaba carcomiendo, y no estaba segura de cuánto más podría aguantar. Quería confiar en Sirius, y en James, y Lily, y Remus, pero no quería ponerlos en peligro, ni provocar su ira al enterarse de que les estuvo mintiendo durante tanto tiempo. Eso era, si siquiera le creían.

-No quiero…-se aclaró la garganta y cerró los ojos-no quiero ponerte en peligro-tomando una bocanada de aire, decidió seguir antes de acobardarse-; ni tenerte y luego dejarte.

-¿De qué estás hablando? ¿Qué peligro? ¿Acaso estás en peligro? Ana-habló con cierta urgencia, dándole un apretón a sus manos-, déjame ayudarte. Tienes que dejar que te ayudemos.

-No-negó con la te perdí una vez, me rehuso a pasar por eso de nuevo.

Se apartó para mirarla a los ojos, la confusión clara en ellos.

-¿De nuevo?

Morgan posó una mano sobre su mejilla.

-Sirius, hay algo que me fue encargado, pero tengo que hacerlo sola.

-No es cierto. No tienes que.

-Sí, si tengo que; porque quiero que tú, y Lily, y el resto esté a salvo.

-Eso no es justo-le recriminó, inclinándose fuera de su alcance-. Suena como si fueras rumbo a la tumba.

-Tal vez ya casi estoy allí.

Sirius la soltó y se levantó de golpe, yendo de un lado al otro del salón. Se pasó una mano por el cabello, como si estuviera a punto de arrancárselo a tirones.

-Eres la persona más exasperante que he conocido, ¿lo sabías? Vas por ahí haciéndome creer que me quieres, pero no te atreves a dejar a Alberts, y nos torturas a ambos. Dices que no quieres ponerme en peligro de no se que mierda, pero no se si te has dado cuenta, cariño, de que ya es algo tarde para eso. Ya estoy demasiado involucrado, todos lo estamos ¡Solo...ugh! ¡Sólo déjate de juegos, Ana! ¿No es mejor tener algo y luego perderlo a no tenerlo? ¿A qué le tienes miedo?

Se detuvo para mirarla, la irritación clara en su mirada.

-¡No quiero ser lastimada de nuevo! ¿Ok?-le gritó ella,levantándose y plantándose frente a su rostro, con los ojos nublados por las lágrimas-La última vez que le di mi corazón a alguien acabé siendo torturada, y no...no quiero sentir ese dolor de nuevo. N-no el del maleficio,... el de la traición. Es…

Apartó la mirada, limpiándose las lágrimas en vano, pues estas continuaron cayendo.

-...Es...ni siquiera sé describirlo...es...como si te arrancaran el corazón del pecho, y te hace sentir que ese dolor no se acaba ni disminuye...está siempre aquí-se señaló el pecho, mirando a Sirius una vez más. El Gryffindor la observaba en silencio, el, entrecejo fruncido y los ojos húmedos-, y parece que nada puede hacer que se vaya, y te hace sentir como sí...como si, si intentaras de nuevo, solo acabarías sintiendo algo peor.

Bajó la mirada y colocó sus brazos alrededor de su cintura, sintiéndose más pequeña que nunca.

-No puedo soportarlo otra vez, Sirius. No puedo-le dijo con la voz rota.

Nunca, sin importar cuanto tiempo viviera, entendería como Draco pudo quedarse ahí, completamente quieto, mientras ella gritaba en agonía. ¿Cómo podía amar a alguien y dejarlo pasar por algo así? Ella lo habría detenido, de haberse invertido los papeles.

Supuso que tal vez le dio demasiado, y recibió poco y nada a cambio. Tal vez estaba haciendo lo mismo con Timothy, y Sirius tenía razón; los estaba torturando, no solo a ellos, sino que también a sí misma.

Un sollozo le sacudió el cuerpo, y en un instante sintió los brazos de Sirius a su alrededor, atrayéndola contra su pecho y sosteniéndola con fuerza.

-Ana, yo nunca, nunca te haría daño-le dijo en un susurro fervente, plantando sus labios sobre su coronilla y tomando su rostro entre sus manos.

-No hagas promesas que no puedes cumplir-le pidió débilmente.

-Siempre cumplo mis promesas-le dijo, besando sus lágrimas-.Y eso que dijiste, quien quiera que fuera él cobarde que te hizo eso,...eso no era amor, Ana. Ni por asomo.

-¿Cómo puedes saberlo?-le preguntó, todavía llorando.

Sirius le acarició el rostro.

-Es amor cuando prefieres morir antes que ver a la otra persona sufrir, o cuando hacerlos felices te hace feliz. No cuando es conveniente o sencillo-esparció varios besos por su rostro, atrayéndola contra su pecho de tengas miedo, Ana. No de mí.

Morgan se perdió en su calidez. No recordaba la última vez que se sintió tan a salvo, pero en ese momento, con los brazos de Sirius a su alrededor, nada podía tocarla. Y sentía pena por el alma que intentara quitárselo.

Estiró el cuello para poder admirarlo, y Sirius volvió a encontrar su mirada. Le dio una sonrisa suave, pequeña, pero una que nunca vio en el rostro de nadie, al menos no dirigida a ella. Era tan cálida, segura y amorosa que creyó que se derritiría en el lugar.

Su cabello se tornó rosa, y con toque tierno, se lo apartó del rostro, dejando su mano sobre su mejilla, acariciándola con su pulgar.

Morgan le rodeó el torso con ambos brazos.

-Eres realmente hermosa, ¿lo sabías?-preguntó suavemente, en un susurro.

Se sonrojó.

-Un día, un día espero poder contarte todo.

Sirius asintió lentamente.

-Solo no me alejes.

Besó su coronilla con delicadeza, para luego posar su frente contra la suya. Sirius cerró sus ojos, y Morgan pronto hizo lo mismo. Estaban tan cerca que sus narices se rozaban, y podía sentir su aliento sobre su rostro.

No quería que ese momento se acabara. No quería dejar atrás ese sentimiento de seguridad que Sirius le transmitía. No quería salir de ese aula, al mundo exterior donde debía mentir a todo el mundo, donde trabajaba a contrarreloj para salvar a una nación de un lunático.

Quería quedarse en ese lugar para siempre, encerrada con Sirius, a salvo de la guerra. Se preguntó cuando comenzó a sentirse de esa manera por el pelinegro, pero no encontró respuesta. Tal vez nunca dejó de quererlo de esa manera, ni siquiera en el futuro, luego de su muerte. O tal vez los sentimientos resurgieron con más fuerza en el correr del curso anterior. Sí sabía que no permitiría que la historia se repitiera, ni con él, ni Lily, James, Remus, Regulus, ni con Alice.

Su mano acarició la suave mejilla de Sirius, los indicios de su primera barba apenas ahí. Abrió los ojos, y se sintió agobiada ante la intensidad de los de él. Brillaban de una manera hipnotizante.

Esos ojos grises se posaron sobre sus labios, para luego volver a encontrar los verdes de Morgan.

Ella no se movió, y Sirius comenzó a inclinarse, ambos cerrando los ojos al mismo tiempo. Sus narices se rozaron, y la pelirroja entreabrió sus labios.

-¿Morgan?

Se separaron de un salto, y ella miró hacia la puerta, donde Timothy estaba congelado con una rosa blanca en su mano.


N/A:

So,...iba a reservar eso para el baile de Halloween o el cumpleaños de Sirius, pero no sé, esto se escribió solo, y decidí dejar que terminara antes.

Pobre Timmy, ¿pero como supo que ella iba a estar ahí? Dis iz zuzpiziouz ¬¬

Planeaba incluir algo sobre el entrenamiento de la zanahoria para convertirse en animaga, jejeje, pero lo dejo para el próximo capítulo.

La escena del Quidditch la tenía desde hace tiempo y me moría por usarla, jejeje

Así que...el pastel se está descubriendo. Dumbledore sabe que es lo que Morgan está buscando, y se le fue un poco la lengua con Sirius...creo que es cuestión de tiempo a que se descubra el elefante. ¿O creen que nunca les va a contar? ¿Qué pasaría entonces?

¿Soy la única a la que está matando esta tensión entre Sirius y Morgan? Tipo, garchen de una vez y saquense las ganas!

...Aunque honestamente eso no funcionaría con solo eso *inserte cara diabólica*

¿Saben a quien extrañé escribir? A McGonagall ;) ;)

Gracias por leer, gente! :D