Debido a los recientes problemas técnicos que he estado teniendo con ese sitio, que opacan la experiencia del lector, les voy a dejar los links de otros sitios donde las historias son publicadas a quien le interese:

En Potterfics: vikihungergame1

En Wattpad: Slytherin-vikis

Creo que en Wattpad se necesita una cuenta para leer, pero cambié la clasificación en Potterfics para que puedan leer sin tener que crear una cuenta.

Lamento las molestias :)


floora-chan: Me alegra! Gracias por leer!

DawnDreamer9435: Gracias :3

Sara: Wii!

iza19: Muchas gracias por dejarme saber de este problema! Le mandé un email al sitio pero no me han respondido, y como puedes ver arriba dejo otros dos sitios donde se puede leer la historia. Ya me fijé y el problema es de este sitio solamente.

Gracias por leer, hice un pequeño experimento para ver si eso deja de pasar.

¡Crucemos los dedos!


Capítulo 25: De cuatro a tres, y de tres a cinco

2 de Mayo, 1998

En el claro hacía frío, y algo le decía a la bruja que no tenía nada que ver con la corriente que recorría al Bosque Prohibido. También estaba oscuro; no faltaba mucho para el amanecer, pero los altos árboles demoraban el viaje de la luz.

A su lado, Harry le dio un apretón a su mano, donde la piedra de la resurrección ya no descansaba. La habían dejado caer unos metros atrás, y con ella, los fantasmas de sus padres, Remus y Sirius, se desvanecieron sin hacer el mínimo ruido. Era extraño, pues casi podía sentir a su padre detrás de ella, alentandola a dar los últimos pasos.

Voldemort tomó unos pocos pasos en su dirección, observando a los mellizos con triunfo.

-Harry y Morgana Potter; los niños que vivieron, vienen a morir.

Ninguno le dignó con una respuesta, y con una sonrisa de reptil, Voldemort se volvió hacia sus seguidores.

-¿Harry? ¿Morgan? ¿Qué hacen aquí?-llamó Hagrid desde su lugar, atado contra un tronco grueso. Negó con la cabeza, sus grandes ojos llenos de lágrimas-¡No! ¡No! ¡Váyanse de aquí! ¡Huyan! ¡Corran!

Morgan quería hacer como le decía el semi-gigante, pero plantó los pies en la tierra húmeda y miró a la espalda del mago tenebroso con desafío.

-Ahora, la pregunta es: ¿a cual matar primero?-rió Voldemort de manera extraña, como si no acostumbrara a hacerlo. Volteó de nuevo para mirar a los mellizos con sus ojos rojos. Pasó su lengua bífida por su labio inferior.

-Mi señor-Bellatrix Lestrange se apartó del lado de su hermana con pasos dudosos, y se acercó a Voldemort, mirando entre él, con enfermiza adoración, y entre Morgan, con cruel anticipación- ,mi señor, por favor, si no es mucho pedir…-se acercó hasta que estuvo junto a él, sus labios casi pegados a su oído, pero su voz con el suficiente volumen para ser escuchada en todo el claro- me gustaría ser quien acabe con la chica.

Morgan tragó en seco, rehusandose a mirar a Harry, quien de repente le sostenía la mano con tal fuerza que la sangre ya no circulaba.

Voldemort lo sopesó por varios segundos, acariciando la varita de sauco con gentileza. Mirando a Morgan una última vez, asintió cortamente.

-Muy bien, Bellatrix. De todas forma, la chica no es muy importante.

Sonriendo como maniática, Bellatrix tomó varios pasos en dirección de Morgan, y para sorpresa de la pelirroja, fue Narcissa Malfoy quien pareció moverse a su favor.

La señora Malfoy miró a la novia de su hijo por una milésima de segundo e intentó acercarse a su hermana, pero la mano de su esposo sobre su brazo la detuvo. Enseguida volvió a su lugar con la cabeza baja.

Bellatrix reía por lo bajo. Morgan obligó a Harry a soltar su mano y avanzó, con la ayuda de su padre. Paso a paso, respirando hondo, conteniendo las lágrimas, pues no lloraría para ese monstruo.

Encontró a Bellatrix a medio camino, y ambas se miraron por un momento. Finalmente, en un susurro tan bajo que solo la pelirroja le escuchó, canturreo:

-Yo maté a Sirius Black, yo maté a Sirius Black.

Con un grito desgarrador, Morgan se lanzó sobre la bruja sin molestarse en sacar su varita. Apenas se las arregló para tomar un puñado de su grueso cabello antes de que Bellatrix se alejara y ella cayera al suelo. Una gruesa rama se le enterró en el estómago, y se mordió la lengua para no llorar.

-Niña estúpida. ¡Crucio!

Morgan sintió como cada fibra de su cuerpo se encendía, como si hubiera sido lanzada a una hoguera. Al mismo tiempo, sentía como si la estuvieran apuñalando repetidamente. Se sacudió en el suelo, gritando como nunca había gritado.

De repente, el dolor cesó, y ella quedó en el suelo, jadeando desesperada por un poco de aire.

Recuperó los sentidos y volteó, apoyando sus manos sobre el suelo. Algunas ramitas y espinas se le clavaron en las manos, pero no se comparaba a lo que acababa de sufrir. Se puso en cuatro, respirando con dificultad. No podía ver sus manos, culpa de las lágrimas.

A un par de metros de distancia, Bellatrix rió a carcajadas, mientras otros mortífagos celebraban.

-¡Ja, ja, ja!-se jactó la bruja, bailando alrededor de la adolescente- Siempre fuiste débil, ¿no es así?

Morgan no le respondió, apretando las manos en puños. Se concentró en las espinas enterrándose en sus manos, en sus uñas ya rotas. Todo, menos lo que estaba sucediendo en esos momentos.

-Papá, deja que termine.

-¡Responde! ¡Crucio!

Volvió a caer al suelo, por algunos segundos olvidando hasta su propio nombre.

El dolor cesó y ella se acurrucó sobre sí misma en una bola, enterrando sus manos sangrientas en su cabello y jalando con la poca fuerza que le quedaba.

Bellatrix se detuvo frente a ella, y con un pie le dio la vuelta hasta que Morgan se encontró sobre su espalda, mirando a los ojos oscuros de la bruja.

-Él no habría gritado; era muy orgulloso, ese asqueroso traidor de mi primo-le dijo con falsa lástima, moviendo la varita para quitarle el cabello del rostro- Eres más patética de lo que creí, Potter. Enamorada de un muerto, y uno como él.

Se volvió hacia los otros mortífagos, que reían y aplaudían a Bellatrix, mientras Voldemort esperaba paciente, acariciando a la serpiente con aires distraídos. Morgan podía sentir a Harry tan solo unos metros detrás de ella,y con toda la fuerza que fue capaz de reunir, volvió la cabeza para verlo.

Estaba a punto de hacer algo estúpido, y ella negó suavemente con la cabeza, rogándole con sus orbes verdes, idénticas a las de él (probablemente lo único que tenían en común) que se quedara en su lugar.

-Pobre Morgana Potter-se burló Bellatrix, hablando para los otros mortífagos- .Siempre enamorada de ese traidor...incluso cuando te las arreglaste para engatusar a ese idiota sobrino mío, le seguías llorando.

Se mordió el labio, apartando la mirada de Harry y clavándola en las copas de los árboles sobre ella. Ignoró el llanto de Hagrid tanto como pudo, deseando que todo terminara de una vez.

-¡Yo maté a Sirius Black! ¡Yo maté a Sirius Black!

¿Qué le había hecho a esa mujer, para que la atormentara de tal manera? Probablemente no importaba, la crueldad era parte de su naturaleza.

Quería que todo terminara. El dolor, la humillación, la brisa contra sus mejillas mojadas.

Era cierto, nunca dejó de llorarle a Sirius. Después de dos años, habían ocasiones en las que todavía se dormía pensando en su injusta muerte. Hermione intentó ayudarle, y le dijo que era justo como sus padres.

"-Te aferras demasiado-le había dicho una noche fuera de la tienda, mientras Harry descansaba dentro y la Gryffindor montaba guardia. Le dio un té de hierbas que, supuestamente, le ayudaría a dormirse de nuevo-. Te sucedió lo mismo con tus padres. Deberías aprender a dejar ir, Morgan, o solo enfermarás más."

-¡Crucio!

Se mordió la lengua, pero solo acabó lastimándose aún más. El sabor de la sangre le invadió la boca, y se colocó sobre su costado para escupirlo.

-Nunca le dijiste nada, ¿verdad? No...eres una cobarde, siempre has sido una cobarde. Tu asquerosa madre estaría decepcionada-dijo lo último con júbilo, solo para sus oídos.

Casi podía escuchar a Sirius, aquella noche en Grimmauld Place, cuando ella le dijo que quería trabajar en el Departamento de Misterios, y él le dijo que no temiera lo que los demás decían.

-Tú eres la patética aquí-le dijo débilmente, sintiendo como si su corazón estuviera latiendo a dos por hora -. Te pasas la vida destruyendo lo que no entiendes,...simplemente porque así te lo dijeron-escupió a sus pies- No tienes ideales propios, y eres más débil de lo que piensas.

Bellatrix volvió a reír, y Morgan dejó que su cabeza cayera sobre la tierra, respirando el olor a tierra.

Papá, deja que temine.

Abrió los ojos débilmente. La señora Malfoy mantenía la cabeza baja, y el señor Malfoy observaba un punto sobre su cabeza.

-Acábala de una vez, Bellatrix-ordenó Voldemort suavemente- Tengo mucho que hacer.

La bruja ladeó la cabeza.

-Ahora podrás volver a verlo...¡Avada Kedavra!


6 de Octubre, 1976

-Tim…-se detuvo agitada al mismo tiempo que él, pero mantuvo la distancia.

Lentamente, el castaño se dio la vuelta, y la expresión en su rostro dolió más que un golpe al estómago.

Su rostro permanecía vacante, pero la traición brillaba con fuerza en sus ojos. Le temblaban las manos, las cuales tenía en puños a sus lados.

Apenas lo vio bajo el marco de la puerta, Morgan se separó de Sirius y corrió detrás de Timothy, topándose con Pettigrew en la puerta.

En su apuro por alcanzarlo, apenas escuchó a Sirius gritándole a la rata.

Le costó un par de minutos alcanzarlo, pero finalmente se detuvo en medio de un pasillo en el cuarto piso.

Con la respiración laboriosa, se intentó explicar.

-Yo,...no pasó nada.

Timothy no dijo nada, con la mandíbula apretada. Morgan tomó un paso en su dirección, pero enseguida se detuvo.

Se sentía terrible, no porque sabía que estaba a punto de perderlo.

-Pero querías que sucediera-dijo, atreviéndose a mirarla directamente a los ojos-. Lo has querido por un tiempo.

Morgan quería mentir para protegerlo, para evitarle más dolor, pero algo le decía que eso solo sería peor, y que de todas formas él ya no le creería.

Se dio cuenta de que, a pesar de querer ser honesta, las mentiras querían brotar de sus labios. Tanto tiempo apilando un engaño sobre el otro la estaba arruinando, y el fraude se estaba volviendo una segunda naturaleza.

-No es justo, Morgan-le dijo, cansado y con los hombros caídos-¿Por qué? Sí sabes que sientes algo por él, ¿por qué quedarte conmigo? ¡No te atrevas a llorar!

Se limpió las lágrimas con rapidez, mascullando una disculpa que probablemente no escuchó.

Se sintió como un bebé aprendiendo a caminar, forzando una palabra tras la otra con dificultad.

-Sabía que no saldría lastimada si me quedaba contigo.

Lo dijo lentamente, y las palabras, la repentina honestidad, le hicieron sentir como si estuviera hablando un idioma extranjero por primera vez.

-Así que me usaste como un escudo-le dijo cortante.

-Lo siento-le dijo, con tanta compostura de la que fue capaz.

-¿Por qué? ¿Sientes que tu plan no funcionara? ¿O que te descubriera?

Tragó el nudo en su garganta. Lo menos que le debía era un poco más de honestidad.

-Lamento haberte lastimado.

Cuando decidió usar a Timothy como su seguro, no se detuvo a pensar en sus sentimientos, y si pudiera, volvería en el tiempo y lo arreglaría.

Esa traición en sus ojos era abrumadora, y no pudo evitar verse a sí misma en ellos. Sintió un pinchazo en su antebrazo, recordandole de la razón por la cual decidió usar a Timothy en el primer lugar.

¿Draco se sintió tan culpable como ella se sentía en esos momentos?

-Necesitas tomarte un tiempo para tí, Morgan-le dijo, y unos segundos más tarde, una rosa blanca estaba flotando frente a su rostro-.Tómala. La recogí para tí.


Morgan no se quedó en medio del pasillo, parada como idiota, por mucho tiempo. Lentamente, recorrió el camino hasta dar con las cocinas, necesitando de forma urgente un gran pote de helado de menta.

Le hizo cosquillas al plato de frutas y la puerta se abrió, dando lugar a un pequeño ejército orejón moviéndose de un lado a otro. Apilando comida en una mesa, se encontraba James. Tenía la boca llena y parecía una ardilla.

Levantó la vista sobresaltado, pero al verla ahí suspiró aliviado.

-'Eelinh, Oan- ante la mirada confusa de la bruja, tragó y se repitió- ¡Merlín, Morgan! Creí que eras Minnie.

Ella no le dijo nada, acercándose y tomando asiento frente a él. Vió una bandeja con soufflé de chocolate y la tomó, aceptando una cuchara y enterrándola en la delicia.

-¿Qué estás haciendo, retraso?-le preguntó, zampándose el soufflé.

James se sentó frente a ella.

-Solo llevo algunas cosas para esta noche. No vamos a bajar a la cena.

Eso encendió su olfato, y le olía mal.

-¿Por qué? ¿Qué estás planeando? Apenas terminó tu detención con McGonagall.

Se rascó la nuca.

-Que gracioso que lo menciones, porque me dio otra ayer.

-¡James!

-Oye, ví una oportunidad y la tomé.

-¿Qué hiciste?

-Puse chinches en los asientos durante Encantamientos.

-¡James!

Levantó ambas manos a modo de derrota.

-Quería ver quién saltaba más alto.

Ella suspiró, llevándose otra cucharada del postre a la boca.

-'Us 'adres 'e van a ma'ar.

El chico rodó sus ojos.

-Sí, sí, como sea. ¿Tú qué haces aquí?

-Quería helado.

De inmediato, uno de los elfos que pasaba por su lado pasó corriendo, y regresó en un parpadeo con un gran pote. Morgan se tomó las molestias de cambiar de cuchara antes de comenzar a engullir.

Se metió varias cucharadas en silencio, observando como James buscaba y amontonaba cosas. No tenía idea de como cuatro adolescentes podían comer tanto, esa cantidad de comida pondría a Crabbe y Goyle en vergüenza.

Finalmente, el chico se la quedó mirando.

-¿Tengo helado en la cara?

-Estuviste llorando-dijo simplemente, inclinándose para mirarla de cerca. Al mismo tiempo, ella se inclinó para alejarse -¿Te encuentras bien?

Pensó en su momento con Sirius, en Timothy, y en la flor que dejó caer en algún momento mientras se dirigía hacia las cocinas.

Indecisa, negó con la cabeza y casi enseguida, James volvió a tomar asiento.

-¿Qué pasó?

Clavó la cuchara en el helado.

-Tim terminó conmigo-le dijo, colocando sus manos delante de sí sobre la mesa.

-¿Quieres que lo mate?

-James…

-¿Entonces que lo mutile?

Ella lanzó una risita rota, sintiendo como las lágrimas volvían a acumularse en sus ojos. Los de James se ensancharon.

-¡Ay, no! No llores. ¡Nooo! Sentimientos femeninos.

A pesar de todo lo que estaba sintiendo, entre ello la incansable necesidad de enviar todo al diablo, rió por lo bajo ante la expresión de pánico en los ojos avellana de su hermano.

James se levantó de su asiento y saltó sobre la mesa, volviendo a sentarse a su lado y colocando sus brazos alrededor de la pelirroja.

-Shh, no llores-le pidió con algo de urgencia, meciéndose sobre el banco- ¿En donde está Lunático cuando lo necesitas? Él sí sabe sobre...sentimientos y todo eso.

Morgan le rodeó la cintura con sus brazos y se pegó a él.

-Está bien-le dijo- .Lo estás haciendo bien.

Sintió como el aire lo dejaba abruptamente.

-Entonces,...¿este es el momento donde me dices que sucedió?

-No importa.

-Como quieras, pero no estés triste-le pasó una mano por el cabello, y ella cerró los ojos, disfrutando de la sensación todas maneras, te mereces a alguien mejor.

-¿James?

-¿Mm?

-No estoy triste porque acabó.

-Oh, ¿entonces?

Atrapando la tela de su camisa con sus puños, apretó los ojos aún más.

-Lo lastimé, lo lastimé de verdad.

Sintió como su mentón se apoyaba sobre su cabeza.

-Ya veo.

Se quedó en silencio por varios minutos, pero Morgan no se atrevió a mover, demasiado cómoda en su abrazo y demasiado temerosa de ver su rostro.

Los ruidos de los elfos preparando la cena les hicieron compañía, parcialmente ahogando sus propios pensamientos.

-¿Crees que soy una mala persona?-preguntó finalmente.

Sintió como James negaba fervente.

-Claro que no. Creo que estás algo confundida, nada más.

-¿Cuando te volviste tan listo?

Le pinchó el costado y ella lanzó un gritito.

-Siempre he sido listo.

-No hay peor ciego que el que no quiere ver.

-¿Qué?

-Es un dicho muggle.

La puerta se abrió, y los hermanos se separaron lentamente. Vieron a Sirius en el umbral, con un gran trozo de pergamino en una mano. Tenía el pelo desordenado, la varita en mano, y se veía como si acabara de tener un duelo.

-Te estaba buscando-le dijo a Morgan una vez la vio, sus ojos grises perdiendo ese brillo desenfrenado, ganando uno más sereno.

-Estoy bien-le aseguró, notando que estaba solo.

James miró entre ambos.

-¿Tú estabas cuando...?-le preguntó, simulando un disparo al corazón y ganándose un golpe en el hombro.

De repente incómodo, Sirius cambió el peso de un pie al otro.

-Este,...solo ví el comienzo. Quería asegurarme que Ana estuviera bien.

-¿Por qué la llamas así?

-Porque le dieron el peor nombre del mundo, Cornamenta, por eso.

James se cruzó de brazos.

-No hay nada de malo con Morgana. Es un nombre muy bello.

Sirius bufó.

-Tan bello como Dumbledore en tanga.

-¿Qué es eso?-les interrumpió Morgan, antes de que compararan su nombre con otro profesor en tanga.

Señaló el pergamino, y Sirius lo escondió detrás de su espalda.

-Nada. No está terminado-respondió rápidamente.

Miró a James, pero este se hacía el bobo, recogiendo la comida como podía. Se volvió hacia ella.

-¿Quieres...quieres venir con nosotros?

¿La estaban invitando a una reunión de Los Merodeadores? ¿A ella?

Fingiendo desinterés, asintió.


-¿Qué es eso?

-Una pancarta.

-¿Y eso?

-Poción multijugos. Solo necesitamos unos cabellos de Sprout.

-¿Y esto? ¡Ah, mis ojos!

Morgan tiró la revista con toda su fuerza, y esta salió por la ventana abierta. Sirius se levantó de su cama de un salto y corrió.

-¡¿Qué te pasa?!

Se sonrojó, sintiendo pena por haber hecho eso.

-Es que me sorprendió. Lo siento.

Accidentalmente, tropezó con una de las revistas del pelinegro, pero no se molestó en mirar la portada antes de abrirla en una página al azar, encontrándose con una mujer exhibiendo su,...bueno, su todo.

Nunca le había echado el ojo a una de esas revistas, pero por alguna razón no esperaba que la toma fuera tan cruda.

Sirius asomó el torso por la ventana e hizo que la revista levitara de regreso hasta sus manos. Cuando volvió a meterse dentro de la habitación, se veía algo apenado, con las mejillas sonrosadas y evitando contacto visual.

-No te preocupes, solo...no toques mis cosas.

-Si, nunca sabes para qué las usó-se rió James, sentado en su cama junto a Remus, jugando al Snap Explosivo.

Ella tomó asiento al borde de la cama, mirando alrededor una vez más.

El lugar era un chiquero, o tal vez ella estaba acostumbrada a la habitación de Timothy.

Pensar en el chico la entristeció de nuevo, y casi enseguida, los tres patanes lo notaron.

-¿Te encuentras bien?-le preguntó Remus con amabilidad, bajándose de la cama y cruzando la habitación hacia ella.

Morgan asintió, usando el hombro del licántropo como almohada. Remus le pasó un brazo por los hombros y se metió la otra mano en el bolsillo, sacando una barra de chocolate a medio comer.

-Toma, te ayudará.

Las esquinas de su boca se curvaron, recordando una época en la que una versión mayor, más descuidada de Remus, le ofreció lo mismo.

-No, gracias.

-¡Matanga!-James se robó el chocolate y se lo metió en la boca.

-Uuh, sí, todo entero-se burló Sirius, recostándose contra el poste de la cama como Lunático, que le gusta empezar con la punta.

Las orejas de Morgan se pusieron rojas, al igual que las de Remus, pero James solo le mostró sus dos dedos favoritos y continuó comiendo.

Sirius abrió su baúl y sacó varias cervezas de mantequilla. Mascullando algo por lo bajo, un aire gélido salió de su varita, congelando la bebida, que luego alcanzó al resto.

Mientras los chicos usaban un simple encantamiento para abrir sus botellas, ella lo hizo con la mano, dejando la tapa a su lado.

Le dio un largo trago y notó que la estaban mirando boquiabiertos.

-¿Qué?

-Vaya-fue todo lo que dijo la antena.

Sirius se deslizó hasta su lado como una serpiente, mirándola con sorpresa. Lentamente, sonrió.

-Te acabas de volver más ardiente.

Un libro le pegó en la cabeza. James lo estaba mirando con los ojos entrecerrados.

-¡Fue un chiste!

-¡Más te vale!

-¿Siempre son así?-le preguntó a Remus.

-Se están comportando porque estás aquí.

¿Se estaban comportando? Miró al dúo dinámico, que se estaba persiguiendo el uno al otro a través de la no tan espaciosa habitación. James tomó un calzoncillo del suelo y comenzó a correr detrás de Sirius, quien gritaba aterrado.

-¡No en mi cabello!

...Se comportaban.

La puerta se abrió y en completo silencio, entró Lily seguida por Pettigrew. La antena se la quedó mirando como si fuera un alienígena, pero la prefecta lo ignoró, al igual que ignoró el desorden, en su lugar marchando hacia la Slytherin y sentándose a su otro lado.

-Peter me dijo lo que sucedió. ¿Cómo estás?-preguntó, tomando su mano.

Morgan no tuvo oportunidad de responder, porque James ya estaba sobre Pettigrew.

-¡¿Qué hiciste, Colagusano?!

El chico tartamudeó algo que nadie entendió.

-Canuto me dijo que hablaste con Alberts-acusó James, mientras el resto observaba en silencio.

-Yo solo, yo solo…

-¿Qué?

Le apuntó con un dedo a ella.

-¡Pero si ella ni lo quería! ¡Yo solo le dije dónde encontrarla!

Morgan vio como el pelinegro se tensaba, y por un segundo creyó que le daría un golpe.

-Vete.

-¡Pero también es mi habitación!

James le dio un empujón y le cerró la puerta en las narices.

Nadie dijo nada.


9 de Octubre, 1976

El sábado, Morgan se dirigía hacia la biblioteca cuando vio a Sirius doblando la esquina. Se apresuró a su lado.

-¿Qué pasó?-le preguntó, viendo como cogía al caminar. Tenía una muñeca vendada y un pequeño corte en la frente.

-La luna llena-le dijo, observándose la muñeca.

¡Por supuesto! La noche anterior hubo una luna llena, lo que significaba que James y Sirius debieron haberse transformado para poder estar con Remus toda la noche. Era la primera vez que lo veía en tal estado, debía ser señal de que Remus tuvo una mala noche.

-No es nada, Ana, de veras-intentó tranquilizarla, pero falló miserablemente.

La pelirroja le estaba dando la vuelta, mirando de arriba abajo en busca de heridas.

-Si no supiera mejor, diría que me miras por golosa.

-No me hagas dejarte en peor estado-amenazó, volviendo a detenerse frente a él- ¿Estás seguro que estás bien?

La preocupación brillaba en sus ojos con tal intensidad que el Gryffindor sonrió, atrayéndola hacia su costado sano.

-Estoy bien, solo cansado. James y Remus también están bien, por si te interesa-agregó luego de un momento, viendo como su cabello se tornaba de un leve rosa.

-Este, sí, que bien. ¿Están en la enfermería? Los iré a ver luego- tomó nota de cómo, inconsciente, se había acomodado hasta reposar contra él de manera que halló más cómoda -¿Seguro que estás bien? ¿Quieres que te acompañe a la sala de Gryffindor?

-Solo si te vas a acostar conmigo. ¡Auch!

La pelirroja le pisó el pie e hizo ademán de alejarse, pero Sirius fue más rápido y la tomó de la mano.

-Lo siento, lo siento. Merlín, solo fue un chiste. Ni que fuera la primera vez que compartimos cama.

Ella se cruzó de brazos, mirándolo expectante e intentando no recordar esa noche; ni la forma en la que el sedoso cabello de Sirius le hacía cosquillas en el cuello, ni el peso de su brazo a su alrededor, ni la forma en la que se enrollaba alrededor de ella sin importar cuánto intentara escapar.

No, no lo recordaba.

-No me voy a disculpar de nuevo-le advirtió -; pero estoy bien, de veras.

Decidiendo creerle, asintió, sintiendo como su rostro se relajaba.

-¿Qué hay de tí? ¿Cómo estás?

Morgan tuvo que pensar en una respuesta, no esperando esa pregunta. Miró al retrato de un hombre obeso posando en una toga. El hombre en inclinó la cabeza a modo de saludo.

-Estoy, este,...

-¿Llevándolo un día a la vez?

Se cruzó de brazos, balanceándose sobre los talones de los pies.

-Sí, supongo que sí- levantó la mirada enseguida y de repente, se sintió nerviosa- ¿Sirius?

El chico asintió y se acercó a ella.

-Sobre lo que has dicho,..o bueno, lo que creo que has querido decirme…

-¿Sí?-se detuvo frente a ella, ambos inclinándose para poder mirar al otro mejor.

-¿Era enserio?

-No, practicaba para confesar mi amor eterno a Minnie.

-Aish, olvídalo.

Su suave risa la siguió por el pasillo, mientras ella resumía su caminata hacia la biblioteca. Pasaron junto al Barón Sanguinario, que se los quedó mirando pero no intentó interferir.

Al entrar a la biblioteca, Sirius no se fue (como ella esperaba), sino que la siguió hacia su mesa usual. ¿Acaso no quería dormir? Morgan planeaba entrar a la Sección Prohibida, pero no podría hacerlo con ese zopenco ahí.

Tomó asiento y Sirius la imitó, tomando la silla a su lado.

Morgan suspiró y cerró los ojos.

-Esto no ayuda-le dijo.

-¿A qué?

-¿Recuerdas lo que dije el otro día? Lo de ser herida.

Él asintió, tomando su mano sobre la mesa.

-Yo nunca haría algo así.

Gruñó desesperada. ¿Por qué, Merlín? ¿Por qué tenía que hacerlo tan difícil y ser tan comprensivo? ¿Actuaría así si otra chica le hiciera dar tantas vueltas? ¿O se cansaría y buscaría otro entretenimiento?

-Yo no creo que pueda estar con alguien, así que tal vez será mejor que vayas a esa mesa de por allá. Tienes a varias mirándote.

Sirius ni siquiera se volteó para comprobar si era verdad, solo se encogió de hombros.

-Entonces tendré que esperar otro poco.

-¿Otro poco? No es algo que vaya a superar en un par de días, ¿qué pasa si llega el momento de partir y nada ha cambiado?

Sirius estiró su brazo y le acomodó el cuello de la camisa.

-No planeo dejarte ir, Ana.

-Eres insufrible.


15 de Octubre, 1976

El día siguiente tomaría lugar la primera visita a Hogsmeade, y Morgan necesitaba un buen disfraz.

Ahora que estaba soltera de nuevo, no tenía con quien ir, pero Lily le dijo que se dejara de tonterías.

"-No necesitas de un chico para ir a una fiesta. Es ridículo-le espetó ese mismo día durante el desayuno, cruzándose de brazos con expresión altanera."

James las escuchó hablando (obviamente), y durante la clase de pociones, se las arregló para moverse de tal manera que Morgan acabó sentada entre él y Remus. Sospechaba que tenía sus motivos, y estos se rebelaron cuando confesó que él, Remus y Sirius planeaban escabullirse por el pasadizo que daba a Honeydukes para ir de compras.

-No queremos que los demás nos ganen y se queden con los mejores trajes-le dijo, metiendo la nariz dentro del caldero.

-Te vas a quemar con el vapor-le regañó.

-Déjalo. Cuando le suceda, aprenderá.

No les llevó mucho tiempo convencerla, y el viernes después del almuerzo, bajó a las mazmorras para quitarse su uniforme. Los chicos tenían otras dos horas de clase, lo que significaba que tendría tiempo.

Afortunadamente, llegó sin incidente. El día anterior, durante su clase de runas, Bertúpido se aseguró de que ella supiera que ya no eran "amigos". Cuando la nariz le comenzó a quedar del largo de un tenedor, el profesor Flitwick le pidió a Emma Vanity, la capitana del equipo de Quidditch de Slytherin, que la acompañara a la enfermería.

Emma era una de las compañeras de cuarto de Morgan, y debería estar en séptimo año, pero escuchó en los pasillos que no aprobó sus TIMOS y tuvo que volver a tomar el curso.

La capitana la llevó a la enfermería del brazo, sin decir nada, y sin molestarse en entrar con ella, volteó y volvió por donde había venido.

Se aseguró de que ninguno de sus amigos se enterara. Ese día, Timothy no entró a la clase de Encantamientos, pero durante la cena lo vio dándole una mirada pesarosa.

Morgan entró y se cambió de ropa, haciendo su uniforme a un lado y eligiendo en su lugar algo más casual. Se acercó a su mesa de noche y tomó una carta. Mantenía correspondencia con sus abuelos, y hacía más de una semana que tenía la respuesta lista para enviar.

Salió de su habitación con carta en mano y una bolsa de galeones en el bolsillo. Bajó las escaleras con paso ligero, atravesando la sala común sin siquiera darle una segunda mirada, deteniéndose frente al muro.

Este se abrió, revelando la salida, y Morgan no pudo ocultar su sorpresa con la suficiente rapidez al ver a Regulus Black entrando con mala cara.

-Hola, Regulus-saludó animada.

El chico le dio una mirada rápida.

-Señor Black-le corrigió.

Ocultando su irritación, sonrió.

-¿Cómo has estado, Morgan? Yo he estado bien, gracias- habló, con una mala imitación de un barítono.

El chico bufó, pero luego se detuvo, dándose cuenta de lo impropio del acto.

-¿Cómo estás?-preguntó ella.

-¿Por qué le importa?-espetó.

Se encogió de hombros.

-No sé, pero me importa.

Se cruzó de brazos.

-Ya que pregunta, estaría mejor si no me viera forzado a tomar Transfiguración.

-¿Tienes problemas con esa materia?

-Obviamente; acabo de mencionar el tormento que supone.

Ella ladeó la cabeza, sintiendo como su cerebro comenzaba a maquinar.

-Si quieres, puedo ayudarte-ofreció casualmente.

La ojeó con suspicacia.

-¿Acaso intenta...ser amigable?

Hizo uso de la palabra "amigable" como si fuera una vil y asquerosa.

-Solo saqué una E en mi prueba y soy la primera en la clase-le dijo como quien no quiere la cosa -, pero si no quieres mi ayuda, bien.

Comenzó a alejarse, y solo contó hasta cinco cuando volvió a escuchar su voz.

-¡Espere!

Ocultando su sonrisa triunfante.

-El martes 26, luego de la cena, en la biblioteca-parecía que había tragado una babosa - .No llegue tarde.

-¿Quieres esperar tanto?

-Ese ese día o ninguno.

-Ugh, bien. Pero no realizo milagros.


-Llegan tarde.

James rodó sus ojos.

-Pero llegamos.

Detrás de él, Remus y Sirius venían intercambiando tarjetas, de las que venían en las ranas de chocolate.

-Falta alguien-dijo, notando que la rata no se encontraba en su compañía.

-No le hablamos a Peter-explicó Sirius sin levantar la vista.

Morgan alzó una ceja. ¿No le hablaban? Le parecía algo excesivo, dado que aparentemente solo llevó a Timothy a la puerta correcta, pero no iba a quejarse.

James abrió el pasadizo de la Bruja Tuerta.

-¡Alto!

-Esa es nuestra suerte.

Lily avanzaba hacia ellos a tal velocidad que Morgan creyó ver algo de humo levantándose detrás de la prefecta.

-¿Qué están haciendo?

-Panecillos-respondió Sirius.

-¡No es cierto! ¡Se están escapando!

El Gryffindor rodó sus ojos, para luego levantar entre sus dedos una de las tarjetas y mostrarsela a Morgan. Fue su turno de rodar los ojos al ver el nombre de "Morgana Le Fay". Como si no supiera que la desquiciada tenía su propia tarjeta.

-Relájate, Florecita-dijo James, atorado en la entrada. Golpeó la joroba de la bruja con la varita, y la espalda de esta se movió, dándole más espacio para entrar.

-¿Qué me relaje? ¡Tú!-señaló a Morgan y marchó hacia ella -. No dejes que su mala influencia se contagie.

-Lily…-intentó intervenir Remus.

-¡No!

-¡Por la verga de Merlín, Evans!-exclamó Sirius, exasperado -. Solo queremos conseguir los mejores disfraces.

Lily se llevó una mano a la cadera.

-Sí sabes que la mayoría ya los tiene, ¿no? Los ordenaron por catálogo

Los cuatro se quedaron en silencio.

-Eso explica todos los paquetes que han estado llegado-meditó Morgan, con una mano en la barbilla.

James se encogió de hombros.

-Bueno, yo me voy a Hogsmeade. Si quieres puedes venir, Evans, me importa un duendecillo.

Morgan y Sirius compartieron una mirada. ¿De dónde salía esa actitud?

Lily tampoco lo vio venir, pero se quedó mirando a su amiga pensativa.

-¡Bien! Ire. Solo para asegurarme de que no metan a Morgan en problemas.

-Morgan no está siendo obligada a venir, Evans.

-Puedo hablar por mí misma.


19 de Octubre, 1976

Sentada al estilo indio frente al fuego en la sala común de Gryffindor, Morgan intentó concentrarse. El resto ya estaba durmiendo, pero ella y tres estudiantes más permanecían despiertos.

Abrió un ojo y miró a James, sentado en un rincón, inclinado sobre lo que ella asumió era el Mapa del Merodeador. Todavía no lo llamaban como tal, pero estaba segura de que eso era lo que era. Remus le había explicado lo básico, diciendo que lo comenzaron durante las navidades pasadas. Sirius se unió a la conversación sin que lo invitaran, añadiendo que tenía algunas fallas, como que se leía "Albita Dumeliere" en lugar de "Albus Dumbledore".

Morgan les dijo que el nombre le quedaba bien de todas formas.

No podía evitar preocuparse. Sería una cuestión de tiempo antes de que estuviera terminado, y ¿entonces qué? ¿Leería su verdadero nombre? ¿O el nombre que Dumbledore le dio? Fuera lo que fuera, se le acababa el tiempo. Los Merodeadores no estaban hablando con Pettigrew, pero algo le decía que eso no duraría mucho más. Dumbledore comenzaría a reclutar estudiantes para la Orden cualquier día. Ella todavía tenía que robarse una gallina y probar su teoría con el basilisco, sin mencionar que debía evitar que Regulus Black se uniera a los mortífagos.

Desde su regreso a Hogwarts, canalizar a su animal interior era más difícil que nunca. Había llegado al punto en que no podía verlo pero sí escuchar sus sigilosos pasos, pero en las últimas semanas no estaba logrando nada.

-No, te digo que ese pasillo no es tan largo.

-¡Lo medí dos veces, Canuto!

-¡Pues lo mediste mal!

-Creo que encontré una solución a lo de los nombres. Cornamenta, ¿estás seguro de que pronunciaste el encantamiento correctamente?

-¡¿Qué es esto?! ¡¿El día de "Culpemos a James"?!

-¡CALLADOS!

Los tres se voltearon para mirar a Morgan, cuyo cabello se había tornado negro, indicador de su furia.

En lugar de acobardarse como ella esperaba, James y Sirius cayeron al suelo, sujetándose los costados y riendo a carcajadas, mientras que Remus intentaba disimular sus propias risas.

-¿Qué? ¿Tengo monos en la cara?

James se detuvo por un momento, para luego lanzar una risa estridente y señalarla como bobo.

Como pudo, Remus le hizo una seña, tocándose un brazo, y ella miró abajo.

-¡AAAAAAAHHH! ¡AYUDAAAAA!

Se levantó de un salto, viendo cómo en lugar de un brazo izquierdo, tenía una pata peluda.

-Oh, es tan linda. ¿Se sentirá suave?

-¡CALLA, IMBÉCIL!-corrió hacia James y se dejó caer frente a él, enseñándole el accidente -. Ayudame.

El chico se sentó como pudo y sacó la varita, mientras Morgan fulminaba a Sirius con la mirada, quien seguía rodando en el suelo.

James masculló algo y sacudió la varita, pero no sucedió nada. Frunciendo el ceño y ajustándose las gafas, volvió a intentar. Nada.

De nuevo.

De nuevo.

De nuevo.

Compartió una mirada con Remus, y el prefecto sacó su propia varita.

Uno por uno, los Merodeadores probaron diferentes encantamientos, pero ninguno parecía funcionar.

Morgan estaba al borde de las lágrimas. ¿Se quedaría así el resto de su vida? Sabía de gente que cometía un error de esos y no podía revertirlo, pero tenía demasiada confianza en sus habilidades como para pensar que le sucedería a ella.

James le dio la sentencia.

-Tendremos que despertar a Minnie.

Se le cayó el corazón a los pies.

-Mejor déjame así.


N/A: Vaya,...empezamos en un extremo y terminamos en otro, jejeej.

Pensaba darles algo más oscuro, pero en vista de que ayer fue el cumpleaños de Morgan, solo les dí un poooquittooo de oscuridad, y el resto al estilo "Piedra Filosofal"

So,...tenía tres versiones diferentes sobre la escena con Timmy, y en una de ellas Morgan acababa peleada con Sirius, pero decidí no hacerlo...por ahora *inserte risa malévola*

En el siguiente capítulo, ¿qué dirá Minnie? ¿pasará algo interesante en el baile? ¿Regulus dejará de ser un imbécil? ¿James perdonará a Peter? ¿Qué se trae Bertúpido entre manos?

...No creo que pueda poner todo eso en un solo capítulo, ya hay demasiado en este.

Tengo una sorpresa preparada, pero probablemente tarde otro capítulos, ejejejejejejejeje

¿Saben que leí? Sirius nunca se enteró del apodo que Snape se dio a sí mismo.

Más importante, ¿que les pareció el asesinato de Morgan? Me pareció algo poético *tose* y a mi nivel de crueldad *tose* que la mujer que asesinó a Sirius, y a quien Morgan juró matar, haya acabado son su vida.

Como imagino que hay gente que se lo pregunta, Bellatrix sabía de los sentimientos de Morgan porque cuando la torturó en la mansión Malfoy también se metió en su cabeza. Algún día les mostraré la escena.

Bueno, feliz cumpleaños atrasado a los mellizos Potter! Wohoooo! Un brindis, al sufrimiento por venir!

Byeeeeeeeeeeeeeeeeee!