Sara: Gracias por comentar!
Nat-Marie: El beso se aproxima, lo prometo ;)
Mm, ya veremos qué pasa, ¿se enteran o no? Digo, el Mapa está casi listo, ¿qué se leerá ahí?
Sí, son de mis preferidas! En especial con James.
Exacto! Viste que cruel soy, ¿no?
Pos, creo que al final de este te alegrarás con las noticias :3
Disfruta!
Nota super mega importante al final del capítulo!
Capítulo 26: Más Disculpas Mediocres
19 de Octubre, 1976
Lo único que impedía a la bruja de desmayarse, era el hecho de que el fuego que se disparaba de los ojos de McGonagall no era dirigido solamente a ella.
A sus lados, James, Remus y Sirius temblaban de miedo y tenían la cabeza gacha, mientras la profesora se tomaba su tiempo, rodeando su escritorio hasta estar frente a ellos.
-Déjenme ver si entendí-comenzó la mujer, sosteniendo su varita frente a ella con manos firmes. Algo le decía que estaba a un comentario fuera de lugar de recibir la maldición asesina de nuevo. Tal vez eso sería mejor; más rápido de seguro -: Edevane ha estado entrenando para convertirse en una animaga sin supervisión; ustedes lo han sabido por meses ¿y no lo reportaron?
Sirius, quien no parecía tener amor por la vida, fue quien levantó la mirada.
-Bueeenooo, cuando lo pone así, lo hace sonar como algo malo.
Remus le pisó el pie, y el rostro de McGonagall enrojeció más que el cabello de la chica.
-¡Algo grave pudo haber sucedido! ¡¿Tienen idea de la delicadeza del proceso?! No es algo que uno deba hacer solo, y mucho menos siendo tan joven.
-Es mi culpa, profesora-dijo Morgan, tomando un paso adelante les pedí que no dijeran nada.
Detrás de ella, los tres bromistas intentaron defenderla, pero una mirada de la Slytherin los calló de inmediato.
McGonagall la miró por un extenso momento, con los labios en una fina línea y expresión contemplativa.
-Aunque aprecio su lealtad y honestidad, eso no quita el hecho de que lo sabían. No tengo más remedio que darles detención. Black, Lupin, Potter, con Hagrid todos los viernes hasta navidad.
James gimoteo pero no dijo nada.
-Ahora váyanse, ustedes tres. ¡Y qué no me entere de que se tomaron algún desvío!
-Pero Minnie-se quejó Sirius -,a medianoche me da hambre y…
-Black.
Con una última sonrisa encantadora, Sirius se alejó con sus amigos. Morgan los vio irse sintiéndose desesperanzada. El pelinegro volteó rápidamente una última vez y asintió a modo reconfortante antes de salir, cerrando la puerta detrás de sí.
-Potter-llamó McGonagall con más suavidad -¿En qué estaba pensando? Alguien tan inteligente, creí que más que nadie entendería los peligros del proceso.
Morgan se rascó un brazo, buscando la manera de responder.
-Lo sé, pero creí que podía sola-se miró la extremidad, que ya había vuelto a la normalidad gracias a la mujer enfrente de ella.
-¿Sabía que podía acudir a mi por ayuda?
La chica asintió rápidamente, reprimiendo un suspiro.
McGonagall le ofreció un plato.
-Tome una galleta, Potter.
Casi sonrió ante la familiaridad del gesto, y tomó una. La profesora volvió a tomar asiento ante su escritorio, donde descansaban grandes cantidades de rollos de pergamino. Le hizo una seña, y Morgan tomó asiento, dando a su galleta con chispas de chocolate una pequeña mordida.
-Siempre fuí consciente de los riesgos, profesora, pero no creí que me fuera a suceder algo como eso.
-Ya veo. ¿Es la primera vez que sucede?
Clavó la vista en una puerta a la derecha.
-Este, no. Me ha pasado algunas veces, pero normalmente James lo arregla.
La profesora volvió a darle esa mirada aterradora.
-Y en todo ese tiempo, ¿no quiso acudir a un mayor? ¿o al Ministerio?-comenzó a buscar entre sus rollos de pergamino -El Ministerio ofrece un buen curso para los interesados, estoy segura de que tengo un folleto por aquí.
-No puedo ir al Ministerio-se apresuró a decir.
-¿Y por qué no?-preguntó la mujer, desconcertada.
En el futuro, McGonagall siempre fue su profesora favorita, y no solo porque enseñaba la mejor materia que el colegio ofrecía. La profesora McGonagall fue la única profesora (además de Remus, y en su momento, incluso Slughorn) que parecía recordar la existencia de la pelirroja, y nunca pareció pensar menos de ella por pertenecer a la casa de los reptiles. Cuando tenía algún problema, usualmente involucrando a la bravucona de Pansy, era mejor acudir a la jefa de Gryffindor, pues con Snape las probabilidades de un juicio justo eran casi nulas. McGonagall también fue quien le ayudó a prepararse para el torneo de los tres magos, y quien le enseñó cómo cortar las uñas de Artemisa, su vieja gata.
Morgan confiaba en ella, pero no quería pedir su ayuda porque sabía que querría convencerla de registrarse en el Ministerio, y entonces su plan se iría por el drenaje.
-Sí me registro y la gente equivocada se entera, no tendré de que protegerme cuando esté cazando horrocruxes.
La mujer se mostró aterrada al escucharla usar esa palabra.
-¿Horrocruxes?
La adolescente se mostró confusa a modo de respuesta.
-¿Dumbledore no le dijo? Por eso fui enviada aquí. Voldemort creó varios y para destruirlo a él hay que destruir los trozos de su alma primero.
-¿Y Albus va a dejar que vaya sola?
Morgan se encogió de hombros, como si no fuera la gran cosa.
-Muerte hizo el trato conmigo.
-Eso no quiere decir que deba hacerlo sola.
-No, pero no es justo arrastrar a más gente de la necesaria.
La mujer se la quedó mirando de nuevo, pero Morgan no se sintió cohibida. Estaba algo acostumbrada, ella siempre miraba a la gente por algún rato cuando intentaba decidir algo.
Se terminó su galleta y ojeó el plato.
-Potter, la quiero aquí los viernes a la tarde.
-¿Hasta cuando?-le preguntó, aceptando el castigo sin rechistar.
-Hasta que pueda completar su transformación.
26 de Octubre, 1976
-Llega tarde-fue el cálido recibimiento que la pelirroja obtuvo de Regulus Black.
Morgan rodó los ojos.
-Mi clase acaba de terminar-se excusó, tomando asiento en frente de él, notando que sus libros y demás materiales estaban colocados de manera prolija. Brevemente, se preguntó si midió la distancia entre un objeto y otro con una regla pensando en que si me dejas ver tu horario, podremos encontrar horas más convenientes.
Regulus asintió.
-Es una buena idea.
-A veces las tengo. Pero primero quiero ver en qué nivel te encuentras-cruzó sus manos sobre la mesa , ¿crees que tienes más problemas entendiendo la teoría o ejecutando el encantamiento?
Regulus pestañeó.
-Ya veo. ¿Cómo estás con transformaciones generales?
Volvió a pestañear.
-Imagino que tampoco te debe ir bien en la permutación.
Finalmente:
-Podría estar hablando árabe y le entendería más.
Morgan suspiró internamente, maquinando alguna manera para ayudarle.
-Bueno, ¿que puedes hacer? ¿Transformar una cerilla en una aguja?
-Cualquier inepto puede hacer eso.
-Uno nunca sabe- se rascó la cabeza -¿Qué hay con respecto a transformar un objeto en un animal? ¿Y viceversa?
-La última vez que lo intenté acabé con un conejo con cabeza de copa.
Morgan asintió, intentando imaginarlo.
-Bien, eso está muy bien.
-¿Mi ineptitud?
-No seas tan duro contigo mismo, Reg; significa que ya se por donde comenzar. Espera un momento.
Se levantó y desapareció detrás de un estante, buscando los libros necesarios. Un par de mesas a su izquierda, vio a Rosier y Nott mirándola sospechosos, pero hizo lo que pudo por ignorarlos. Sus camino no se cruzaban desde esa tarde en el Callejón Knockturn, y planeaba mantenerlo de esa manera.
Acumuló una montaña de libros considerable, varios sobre los mismos temas pero para diferentes niveles, junto con un diccionario.
Volvió a la mesa a ciegas, y le dio las gracias al pelinegro cuando este le ayudó a depositar los libros sobre la superficie.
-¿Para qué tantos libros?-preguntó, con un dejo temeroso en su tono.
-No es tan malo, lo prometo-le tranquilizó, buscando dos libros diferentes y abriéndolos :-Ahora, voy a leerte la ley de permutación.
Regulus se removió en su asiento, y Morgan sonrió paciente.
-La permutación abarca las transformaciones entre especies. Algunos prefieren enseñar cómo transformar animales en objetos inanimados, pero yo creo que es más sencillo aprender primero a cambiar la apariencia de dos animales diferentes.
El Slytherin asintió lentamente.
-¿Puede ser porque...ya tienen cosas en común?
-¡Claro! A pesar de ser de especies completamente diferentes, ambos serán seres vivos con un pulso y características similares básicas. ¿Me vas siguiendo?
El chico asintió, ligeramente animado, y Morgan procedió a leerle la ley.
-¿Entendiste algo?
-Eso creo-respondió, luego de dudar por un momento.
-Ahora la leeré de este libro. El autor la cita y luego procede a explicar de una manera más básica.
-O sea-comenzó Regulus, cuando Morgan le leyó la segunda versión -,¿que cuando hago un cambio entre dos animales, estos van a ser dependientes del otro?
Morgan asintió, sentándose derecha.
-Sí. Hay que ser muy preciso. Si haces algo mal en uno, también se refleja en el otro.
-¿Estoy intercambiando sus apariencias?
Frunció los labios antes de asentir.
-Sí, se puede decir eso.
-¿No es más difícil que la transformación general?
-Nah, solo lo parece. Una vez que lo consigas, la transformación general será pan comido.
Se quedaron en la biblioteca hasta que fue la hora de la cena. Era obvio que el desentendimiento de Regulus era honesto, y no una simple falta de interés en la clase. Varias veces, Morgan tuvo que leerle algo más de tres veces, y le dieron buen uso al diccionario, que contenía la mayoría de los términos usados comúnmente en la materia.
Cuando Morgan notó que el chico ya no estaba asimilando mucha información, decidió que era suficiente por ese día. Rápidamente, le escribió una lista con los libros que tendría que leer y en qué orden.
-Progresamos bastante-le dijo.
No era cierto. Iban despacio. O tal vez a ella le parecía así debido a su facilidad con la materia, pero no iba a decirle que era un inepto. Eso no ayudaría a nadie.
-No transformé nada-apuntó Regulus.
-No te desanimes, Reg-le dio una palmada en el hombro bien con la parte teórica.
Masculló algo por lo bajo.
-No me llame Reg-le dijo, pronunciando la última palabra como si fuera ponzoñosa.
Morgan lo ignoró.
-¿Por qué no lees los primeros dos libros y entonces nos reunimos?
Asintió de acuerdo, guardando sus cosas.
-Le dejaré saber cuando termine.
Estirandose, la pelirroja se levantó de su asiento.
-Búscame si no entiendes algo...Reg.
28 de Octubre, 1976
Caminando por el pasillo, Morgan tarareaba una canción de su época cuando su camino fue obstruido.
Sorprendida, se detuvo de golpe, consiguiendo que sus pies se entrecruzaran. Recobrando el balance de forma inmediata, miró al chico que tenía enfrente a ella.
Era de Ravenclaw, lo sabía por su corbata azul, y estaba casi segura de que era de séptimo. Era guapo, eso había que admitirlo; con ojos claros, facciones bien definidas, y un corte de cabello práctico. Tenía una sonrisa encantadora.
-Lo siento-se disculpó rápidamente, aunque no sabía si el choque fue su culpa o la de él.
Hizo ademán de rodearlo, pero el chico se interpuso en su camino, su sonrisa todavía plasmada en su rostro.
A unos metros de él, un grupillo de chicos de su propia casa y de Hufflepuff parecían esperarle.
-Eres Morgan Edevane, ¿verdad?-le preguntó, fingiendo duda.
-Sí-respondió lentamente, sintiendo como los cabellos de la nuca se le erizaban. Esto le daba mala espina.
La sonrisa del muchacho se ensanchó.
-¡Bien! Así que, ¿cuánto la hora?
Detrás de él, los otros chicos hicieron un mal trabajo por esconder sus risillas, pero ella les dio una rápida mirada.
-¿Qué?
-¡Oh, vamos! No te hagas la desentendida-le rodeó la cintura con un brazo y la atrajo hacia su lado, moviendo sus caderas una vez contra las suyas.
Morgan pegó un salto e intentó alejarse, pero el agarre del chico se intensificó.
-Suéltame-le dijo con firmeza, empujando contra su pecho.
-¿Qué? ¿La tarifa es más alta en días de semana?
Como deseaba tener el poder de despedir fuego por los ojos.
-No sé de qué me estás hablando. Ahora, suéltame antes de que te arranque la mano y te obligue a comerla.
El chico parecía más entusiasmado ante su agresividad.
-Oh, así que te gusta duro. Dime, ¿es cierto que no cobras si es lo suficientemente bueno?
-¿Tomas grupos, Edevane? ¿O uno a la vez?-preguntó uno de los que esperaban al otro chico, provocando una seguidilla de risas de idiotas.
Morgan comenzó a asustarse. ¿De qué estaban hablando?
Bueno, entendía de qué estaban hablando, pero ¿de donde sacaron esas ideas?
La mano del chico se deslizó hacia abajo y le dio un apretón en la nalga, y Morgan dejó escapar un pequeño grito, entre sorpresa y miedo.
Intentó besarla, pero la bruja apartó el rostro, y cuando los labios del muchacho atacaron su cuello, ella se encogió e intentó alejarse, temblando de pies a cabeza.
-B-b-basta.
-¡¿Qué está sucediendo?!
El chico apartó su rostro de su cuello, pero su agarre en ella no menguó. Morgan se sintió aliviada ante la interrupción, hasta que notó quienes eran.
-Rosier-saludó el chico con aires casuales.
Detrás de Rosier, Nott y Snape observaban con desinterés. El líder del grupillo entrecerró sus ojos oscuros.
-¿Qué tan bruto eres, Gómez, qué no notas cuando una dama no quiere que la toques?
Morgan notó que el chico, Gómez, se puso nervioso, y de repente su sonrisa parecía forzada.
-Mira, es un malentendido-intentó explicar -;ella se me acercó. Se me tiró encima y todo. Bastante patético, a decir verdad, pero no me voy a quejar.
Rosier sacó su varita, y el Ravenclaw la dejó ir.
Morgan se alejó con pies inseguros, de repente necesitaba una ducha. Urgente. Todavía podía sentir el horrible olor de la colonia del chico.
-Espero que aprendas a mantener esas asquerosas manos para tí mismo, sangre sucia.
Siguiendo el ejemplo del líder de la manada, los otros dos sacaron sus varitas y las apuntaron a los amigos del imbécil, quienes de repente ya no reían tanto.
-Está bien-admitió amargamente el Ravenclaw, alejándose -,pero ella lo pidió.
Pasó junto a Morgan, susurrando para que solo ella le escuchara:
-Zorra.
Ella no le dijo nada, simplemente observó cómo se alejaba hasta perderse escaleras arriba. Se volvió hacia Rosier con desconfianza.
-¿Por qué me ayudaste?
El chico se encogió de hombros; había guardado su varita y tenía las manos en los bolsillos, pero sus ojos brillaban de una manera que no le gustaba.
-Los Slytherin se cuidan las espaldas. Además, hasta una bastarda como tú merece algo mejor que un sangre sucia.
Ella lo miró, mostrándole que no le creía. Divertido, Rosier se acercó a ella hasta que estuvieron nariz a nariz.
-Supongo que ahora me debes un favorcito-le dijo con inocencia, sacando un pañuelo y limpiándole el cuello con una gentileza que era peligrosa tiempos peligrosos, no querrías darle la espalda a un compañero en necesidad.
Lentamente, se alejó de ella, sonrió para sí mismo como si acabara de pensar en una broma privada, y continuó su camino lentamente.
Nott le siguió, pero Snape se tomó un momento para mirarla con desprecio.
-Esas cosas no te pasarían si usaras faldas más largas.
Morgan le miró con tanto odio como pudo, todavía nerviosa debido a su encuentro con las águilas.
-Me sorprende que puedas ver tan abajo con esa narizota, Quejicus.
Escuchó la risa de Rosier, pero no volteó a ver.
-Vamos, Severus. Llegaremos tarde.
Sentada ante el fuego en la sala común de Gryffindor, Morgan tomó la tela verde de su falda y la estiró. Luego de su pequeño encuentro con los Ravenclaw, se saltó el almuerzo para darse una larga ducha, pero no fue capaz de concentrarse en clase por el resto del día. Durante la cena, Lily le llamó la atención un par de veces y le preguntó si se sentía bien, ante lo que la serpiente sonrió y le dijo que todo estaba en orden. Era evidente que la leona no le creía, pero afortunadamente la dejó en paz con sus oscuros pensamientos.
¿Por qué ese chico pensaba que ella...que ella cobraba por eso? Tal vez se inventó esas cosas para molestarla.
Todavía podía sentir su mano sobre su trasero, el peso de su cuerpo al inclinarse sobre el suyo, y su asquerosa lengua contra su cuello. Producir tanta saliva no podía ser normal.
¿Qué esperas de una babosa?
Casi sonrió ante su propia broma, pero se vio incapaz. Todavía podía oler su colonia horrible, y solo esperó que no se comportara así con otra chica.
No sintió el peso que se acomodó en el sofá a su lado, pero pegó un salto cuando una mano rozó su hombro.
-Ana, ¿te encuentras bien?-preguntó Sirius, quitando su mano al ver su reacción.
-Sí, todo está bien-respondió, tal vez muy rápido. Miró alrededor de la sala, notando que eran los únicos en ese lugar -¿Y el resto?
-Lunático y Cornamenta se fueron a dormir, pero les dije que tenía que terminar un reporte para Sprout.
Alzó una ceja.
-¿Vas a hacer tarea?
Él sonrió, tomando un mechón de su cabello y jugueteando con él.
-No, solo quería pasar un rato contigo.
Una sonrisa diminuta, pero sincera, agració su rostro, y su cabello casi se tornó rosa.
-Gracias por el honor, supongo.
-¿Supones?-preguntó incrédulo, para luego cerrar los ojos y llevarse una mano al corazón, fingiendo que le habían disparado -¡Déjame! Déjame morir aquí, vil mujer.
Una risita se escapó de ella. Sirius abrió un ojo, luego el otro, y sonrió.
-Misión cumplida.
-¿Eh?
-Te alegré un poco-le explicó, dándole un golpecito en la nariz con un dedo.
Morgan bajó la mirada.
-Gracias, Sirius. Lo necesitaba.
-Cuando quieras-respondió, moviéndose hasta que su cabeza descansó sobre las piernas de la pelirroja.
Una de sus manos comenzó a acariciar la tersa piel que sus medias no cubrían con suavidad, y Morgan le dio la bienvenida al contacto. Había algo diferente en la forma en que Sirius la tocaba, a la manera del otro chico. No sabía cómo, pero el toque del Gryffindor no se sentía malintencionado, y le era mucho más grato.
Morgan bajó la mirada para poder encontrar esos ojos que amaba tanto y le comenzó a pasar sus dedos por su cabello.
-¿Cómo estuvo tu día?-preguntó él.
Morgan se encogió de hombros.
-No tan interesante como el tuyo de seguro. ¿En cuantos líos te metiste?
Sonrió.
-¡Oh! Cómo me conoces. En realidad me comporté.
-¿De veras?
-De veras. James y yo estamos planeando la mejor manera de contrabandear whiskey de fuego durante el baile, así que hemos estado ocupados.
-Ah, debí adivinar. La calma antes de la tormenta.
Sirius le pinchó la mejilla, y ella le sacó la lengua.
Permanecieron en silencio por varios minutos, ignorando la hora, simplemente disfrutando la compañía del otro.
A menudo, a Morgan le costaba creer que el Sirius que descansaba en su regazo era el mismo ser demacrado del futuro, pero supuso que, teniendo en cuenta todos los años que pasó en Azkaban y todo lo que perdió, el Sirius del futuro no estaba nada mal.
Quería preservar la inocencia de ese Sirius. Quería conservar su vivacidad, y que tuviera una vida larga, plena y feliz, aunque no fuera a ser con ella.
-¿Ana?
-¿Sí?
-¿Crees que The Beatles van a volver?
Ella no sabía qué decir. En el futuro, estuvo demasiado ocupada con las Spice Girls (a quienes extrañaba) como para reparar en esa banda. Sí recordaba bien, seguían separados, y aunque se reunieran, no sería lo mismo sin, ¿cómo se llamaba? John algo.
-Tal vez-se decidió a decir nunca sabe.
-Espero que vuelvan. Quiero ir a uno de sus conciertos.
Con un Giratiempos, quizás.
-Mm, ¿y qué cantaban?
Se sentó de tal manera que pareció un resorte. La miró como si acabara de decir que la magia era basura inservible.
-Ana, eso es sacrilegio. Sacrilegio a la buena música. Sacrilegio a tu alma.
-Oh, vamos-le sonrió juguetona, sentándose sobre sus piernas e inclinándose hacia él -¿Acaso esto me hace menos, cuál fue la palabra? ¿Ardiente?
Le pasó ambos brazo alrededor de la cintura y la atrajo hacia su cuerpo. Morgan se dejó llevar, acomodándose con ambas piernas a cada lado de sus caderas, apoyando la mejilla contra su pecho.
-Comienzo a creer que tal cosa es imposible.
La pelirroja se aferró a él y se acomodó en su abrazo, sintiéndose segura por primera vez ese día.
-Al menos conozco a Queen.
-Mm, si, supongo que tu alma todavía puede ser salvada.
Sonrió, estirando el brazo y jalándole el cabello de manera traviesa. Se mordió el labio, decidiendose a preguntar.
-Oye, Sirius. ¿Puedo preguntar algo?
-Claro.
-¿Tú crees que mi falda es muy corta?
-Ojalá lo fuera,...¡Auch! ¡Eso duele!
-Es enserio.
Sirius suspiró, acomodándose contra el brazo del sofá.
-Eh, no lo sé. ¿No lo creo? ¿Por qué?
Morgan se encogió de hombros.
-Por nada.
-Ana…
No quería hablar de ello, era demasiado vergonzoso, y probablemente un accidente aislado. No quería que Sirius se enterara, fuera con el chisme a James y Remus, y se metieran en más problemas por su culpa
-Sirius, solo,...¿puedes abrazarme un rato?
Un beso fue depositado sobre su coronilla.
29 de Octubre, 1976
El viernes durante el desayuno, la rata de dos caras decidió volver.
Morgan estaba demasiado ocupada evitando la mirada de cierto pelinegro, e intentando no sonrojarse ante el mero recuerdo de despertar en sus brazos.
Luego de su pequeña charla en la sala común, se quedaron quietos, haciendo algún comentario mundano de tanto en tanto, y en algún punto de la noche, se quedaron dormidos.
Morgan despertó temprano, pero antes de que siquiera pudiera intentar despertar a Sirius, Lily bajó las escaleras.
La prefecta se quedó de piedra al verlos, y lo único que le dijo camino al Gran Comedor fue:
-Ten cuidado con ese facilón.
Esperaba que no le fuera a James con el chisme, pero realmente lo dudaba. Lily no era de esas.
Tomó prestado el periódico de Alice, quien estaba demasiado ocupada siendo melosa con Frank, y pasó las páginas, buscando cualquier tipo de noticia que se relacionara con Voldemort. Solo un par de días antes, dos magos mestizos desaparecieron; salieron temprano a trabajar, pero no regresaron.
Para su alivio, nadie había desaparecido ni muerto, pero le resultó extraño que no se hiciera ningún tipo de mención del Ministerio. Los periodistas de esa época no le temían al gobierno, y no desperdiciaban oportunidad para echarle en cara su falta de acción para proteger a magos y muggles.
Hizo el periódico a un lado y comenzó a alzar la mirada, solo para bajarla de nuevo, decidiendo que leer el fascinante artículo sobre la bruja que aseguraba ser poseída por el fantasma de Marilyn Monroe era mucho mejor que enfrentarse a esos intensos ojos grises.
-Ya basta-masculló, lo suficientemente bajo para que solo él escuchara.
-Yo no hice nada-le respondió, como un niño fingiendo inocencia.
-Pareces idiota. Alguien se va a dar cuenta.
-¿Cuenta de qué, querida Ana?
-Ugh.
Levantó la vista para darle una respuesta apropiada, pero Pettigrew le llamó la atención. Se dirigía hacia ellos, con la cabeza baja y murmurando algo para sus adentros.
-¿James?-llamó con timidez, provocando que el susodicho cesara su conversación con Remus -¿Remus? ¿Sirius?
-¿Qué quieres?-preguntó James de manera brusca, ganándose una mirada de advertencia por parte de Remus.
-Yo solo, yo solo quería saber si siguen enojados conmigo.
-¡¿Qué crees?!
-Mira, lo siento…
-No tienes que disculparte con nosotros-habló Sirius, asintiendo en dirección de la Slytherin.
Pettigrew miró a Sirius como si este le estuviera jugando una mala broma, pero cuando vio la seriedad no solo en su rostro, sino también en el de los otros dos Merodeadores y Lily, se guardó un suspiro resignado.
-Edevane…
-¿Sí?
-De verdad lo siento, por, ya sabes.
Ella ladeó la cabeza. ¿Esa era su disculpa?
Vio que los otros tres chicos esperaban su respuesta. Podía verlo en sus ojos; extrañaban a su amigo, pero dudaba que fueran a perdonarlo si no lo hacía ella primero.
Apretó la mandíbula, aceptando con amargura la tarea de buscar otra manera de deshacerse de Pettigrew.
Se encogió de hombros y volvió a su desayuno.
-Bien.
Remus fue quien le invitó a tomar asiento, y poco a poco, los cuatro amigos se sumergieron en una conversación animada, aunque algo forzada.
A su lado, Lily le dio un ligero codazo.
-¿Por qué lo perdonaste así nomás? No es propio de tí.
Morgan tragó el cereal.
-Ellos se iban a reconciliar de todas formas. Es mejor si no hay asperezas.
Lily emitió un pequeño sonido contemplativo, y clavó sus ojos verdes en el grupito por una milésima de segundo.
-No sé. Algo me dice que esto no va a durar.
31 de Octubre, 1976
-¡Morgan! ¡Abre la puerta! ¡Vamos a llegar tarde!
La voz de Lily le llegó a través de la puerta de madera que daba al baño que las chicas de Gryffindor compartían, pero la pelirroja no tenía intenciones de moverse.
¿En qué estaba pensando cuando dejó que Lily eligiera su disfraz? Se sentía como un mono, y no uno de los lindos.
-No quiero-dijo, como una niña caprichosa sin mi. Ese baile será estúpido de todas formas.
-¡Oh, vamos! De seguro te ves muy bonita-le animó Alice.
-Solo abre la puerta, Edevane. No seas estorbo-añadió Marlene.
Mejor rasgaba sus ropas, se tiraba ketchup encima e iba de asesina serial.
Abrió la puerta, y con cara de pocos amigos, tomó asiento frente al tocador, a donde Lily la siguió triunfante.
Se cruzó de brazos, refunfuñando.
-No puedo creer que me convenciste de llevar comida en la cabeza.
Lily, quien se había disfrazado de Atenea (e incluso cargaba con un libro, pero Morgan sospechaba que eso no era para hacer su disfraz más convincente), le quitó importancia con un ademán de la mano.
-Tranquila, solo será poco.
Tomó la corona de grosellas y, con cuidado, la colocó en la cabeza de su amiga, asegurándola con diferentes mechones de cabello.
-Se va a caer.
-No se va a caer. Deja de ser fastidiosa.
-Míralo de esta manera: no pasarás hambre-intentó animarle Dorcas, pero solo recibió una mirada venenosa.
Lily decidió que sería simplemente maravilloso sí Morgan se disfrazaba de Deméter, la Diosa griega de la agricultura. En su escapada a Hogsmeade, consiguieron un simple vestido blanco de un hombro, y con una diminuta alteración allí y aquí, Lily logró que tuviera un aire más griego.
Marlene lograba milagros, pues había logrado lo que ni siquiera Daphne pudo: peinar el cabello de Morgan. No solo eso, sino que se lo había arreglado de tal manera que una parte permanecía atado en una intrincada trenza, pero el resto caía por su espalda en perfectos rizos, del tipo que solo se veía en las películas.
Se preguntó sí James, Remus y Sirius ya estaban esperando. Como ni Lily ni Morgan tenían una pareja para el baile, James las invitó a ir en grupo. Morgan lo conocía bien, él solo quería una excusa para decir que fue con la chica de sus sueños. Sorprendentemente, la prefecta no protestó mucho.
-Voy a bajar-le dijo, levantándose y alisándose la falda del vestido.
-Estaré ahí en cinco-llamó Lily desde el tocador, retocando su maquillaje.
Morgan bajó las escaleras con cuidado de no pisarse el vestido, y llevándose una mano a la cabeza cada pocos segundos, temerosa de que la tonta corona se le fuera a caer o peor, que el milagro de Marlene desapareciera.
Cuando llegó, notó que debían de ser de los últimos. Los Merodeadores esperaban sentados en un sofá.
Remus, quien fue el primero en notarla, se levantó. La pelirroja se preguntó quién había sido, James o Sirius, él que lo convenció de disfrazarse de lobo. No se veía muy feliz.
-Te ves bien, Morgan-le dijo de manera educada, dándole una sonrisita amable.
Ella se la devolvió.
-Y tú también.
Remus hizo una mueca, pero aceptó el cumplido.
Se volvió para examinar al resto. Pettigrew llevaba una sábana blanca con agujeros para los ojos, y James...bueno, James…
-¿Qué te parece?-le preguntó, dando una vuelta para mostrar su disfraz en toda su gloria -Soy el profesor Dumbledore.
Sí, definitivamente lo era. Llevaba una túnica azul marino con detalles dorados en los bordes, una falsa barba larga y canosa, y una peluca parecida. Incluso llevaba gafas de media luna.
-Cinco puntos para Gryffindor-imitó James, intentando verse solemne.
Morgan decidió que no quería pensar en ese disfraz, y enfocó su atención en el más pequeño del grupo.
-¿De qué te disfrazaste, Pettigrew?-preguntó Morgan, ojeándolo con disimulada malicia.
-Soy un fantasma.
-Sí, entendí eso-dijo con deliberada lentitud , ¿qué tipo de fantasma? ¿De las flatulencias pasadas o las flatulencias futuras?
Estaba segura de que debajo de esa tela blanca, la rata estaba roja hasta las orejas, y ella sonrió con pudor, sintiendo la satisfacción recorriendola al escuchar su risa favorita, que era más ladrido que risa.
Sus ojos cayeron sobre Sirius, que iba vestido de pirata. Incluso tenía un parche, y llevaba la camisa abierta, exhibiendo parte de su pecho musculoso. Morgan nunca lo había visto sin camisa, y en esos momentos quería más que nada tener la habilidad de ver a través de la prenda, o mejor aún, quitársela con los dientes.
-¿Qué eres tú? ¿Un rockero de cuarta?
-Encantadora como siempre, Ana-le dijo despreocupado, levantándose del suelo con energía un pirata.
-Adorable-fingió desdén, aunque en su mente ya había maquinado cinco escenarios diferentes en los que le quitaba ese atuendo.
Y contando.
-¿Ya están...Potter? ¿Qué llevas puesto?
Lily acababa de bajar las escaleras, pero se quedó congelada al ver al capitán del equipo de Quidditch vestido de anciano.
-Soy Dumbledore.
Lily abrió la boca, pero luego la volvió a cerrar.
-No tenemos tiempo para esto-suspiró , que los prefectos y delegados abren el baile.
N/A:
So, decidí comenzar una serie de one-shots sobre esta historia; algunos capítulos serán universos alternos, otros tomarán lugar en el universo de la historia pero en diferentes tiempos.
Ya publiqué el primero de estos capítulos, y si van a mi perfil lo van a encontrar.
Así que, gracias por leer! Se viene el baile de Halloween, Morgan tiene unas cosillas que decirle a Sirius, y es probable que haga un pequeño salto de tiempo.
Saben a que me huele? A que hay un beso o dos en el horizonte…
¿Qué piensan de lo que hizo ese chico de Ravenclaw? ¿Y por qué Rosier decidió ayudar a Morgan?...Se trae algo entre manos, eso es seguro…
