Sara: Me alegro :)

Nat-Marie: Por favor, no mueras con este capítulo!

See,...puede que por ahí venga la cosa...con Rosier hay que ir con cuidado.


Capítulo 27: El baile de Halloween

11 de Noviembre, 1991

-Shh-chistó una Morgan de once años a Draco, quien a pesar de estar sentado a su lado, se había dado vuelta para hablar con Crabbe, o tal vez era Goyle. Ambos niños eran tan grotescos que la pelirroja no sabía distinguirlos.

Draco rodó los ojos, continuando su perorata, mientras ella tomaba nota, completamente fascinada con la materia impartida por una severa anciana amante de la tela escocesa: Minerva McGonagall.

Estaban aprendiendo a cambiar el color de sus mascotas, y mientras que para los que tenían sapos eso debía aplicarse al cuerpo entero del animal, los que tenían mascotas más grandes, como gatos o lechuzas, debían iniciar con una extremidad.

Mientras los demás intentaban el encantamiento, Morgan frunció el ceño con tal fuerza que le dolió un poco, sus ojos clavados en Artemisa, que descansaba plácida sobre el escritorio, lamiéndose una pata. En cualquier otra ocasión, la niña se la habría quedado viendo embelesada, para luego intentar tocar dicha pata, y obtener en su lugar una mirada que asustaría al mismo diablo.

Practicó el movimiento de varita sin abrir la bocam asegurándose de que era absolutamente perfecto; nada menos.

-¿Sabes? Tienes que enunciar el encantamiento-le dijo Daphne Greengrass, la antipática compañera de cuarto de Morgan. La rubia le estaba dando una mirada desagradable, como si la pelirroja fuera una tonta que estaba poniendo en vergüenza a toda la casa.

Morgan la ignoró, practicando el movimiento una y otra vez. La profesora McGonagall se detuvo a su lado.

-¿Señor Malfoy? Imagino que ya logró el cometido de la clase-dijo la mujer, mirándolo fijamente.

El chico sonrió.

-Por supuesto, profesora.

-Bueno, entonces, por favor, demuestre sus habilidades-le incitó, señalando a la lechuza parda del chico.

No tan altanero, tomó su varita y recitó el encantamiento, pero lo único que consiguió fue que Hermes le clavara el pico en el dedo.

-Mm-meditó McGonagall, con los labios apretados vez será mejor que pase más tiempo practicando y menos charlando.

Draco apretó la mandíbula, y al escuchar a Harry y a Ron riendo una fila a su derecha, se volvió para lanzarles dagas con los ojos.

-¿Potter?-llamó la profesora, curiosa, ante lo que la pelirroja levantó su inocente mirada.

-¿Sí, señora?

-¿Cree haber entendido?

-Eso creo-le dijo, volviendo a mirar a la gata.

Le apuntó con la varita y recitó el encantamiento, y para sorpresa de la anciana, el cuerpo entero de la gata se tornó rosa.

Daphne y Tracey se dieron vuelta para ver, y mientras la primera la miraba con envidia, la segunda le felicitó con una pequeña sonrisa, estirando la mano para rascar a Artemisa detrás de sus orejas rosa.

A su lado, Draco bufó, y vio que Hermione Granger se volteaba de nuevo rápidamente, moviendo la varita desesperada alrededor de la lechuza que la escuela le había prestado.

La profesora McGonagall sostuvo su varita contra su pecho con ambas manos, y a la pelirroja le dio la impresión de que intentaba no sonreír.

-Muy bien, Potter-felicitó, con contenida euforia -.10 puntos para Slytherin.

Le dio un golpecito en el hombro con la varita y continuó su camino. Detrás de ella, vio que Harry tenía una mirada similar a la de la chica Greengrass.

Pero a Morgan no le importaba lo que la chica Greengrass pensara de ella.

Sintiendo como su dicha se evaporaba, dejó la varita sobre el escritorio.

Draco miró a Harry, y luego se volteó hacia ella, asintiendo con aprobación.

-Bien hecho, Potter-le dio en la espalda con la mano abierta, como si fuera una de los niños, y tragó algo preocupado al sentir los huesos debajo le hagas caso a Potter, Potter. Está celoso porque es un inepto.

Morgan intentó sonreír, pero en su lugar apoyó la cabeza sobre el escritorio y, desalentada, le dijo a Draco que su movimiento de varita fue demasiado apresurado, y que la pronunciación necesitaba trabajo.

El chico le hizo caso, y sonrió cuando algunas plumas en el ala de Hermes se tornaron verdes.

Aún así, la bruja no se animó.


31 de Octubre, 1976

Sorprendentemente (o tal vez no), al profesor Dumbledore le encantó el disfraz de James, e incluso le dio un pequeño premio.

-10 puntos para Gryffindor.

Ella le entrecerró los ojos, sus sospechas confirmándose: ese hombre tenía favoritos.

Los prefectos y delegados abrieron el baile con un vals sencillo, y James se cruzó de brazos e hizo un puchero al ver a Remus bailando con Lily.

-¿Sabes? De ser más responsable, serías tú bailando con ella-le dijo Morgan, como quien no quiere la cosa.

El puchero de James se intensificó, mientras Pettigrew intentaba asegurarle que Lily bailaría con él de todas formas.

La pelirroja sintió como una mano rozaba la suya, y al bajar la mirada, se encontró con los largos dedos de Sirius entrelazándose con los suyos. Ocultó una sonrisa y le rechistó a las mariposas en su estómago, volviendo la vista al frente como si nada estuviera sucediendo.

Desde la noche que se quedaron dormidos en la sala común de los leones, Sirius tomó la costumbre de sostener su mano debajo de las mesas cuando tenía la suerte de sentarse a su lado. A Morgan no le molestaba, pero sí le preocupaba que James lo viera.

Cada día que pasaba, mantenerlo a distancia le era más difícil.

El jadeo de James le llamó la atención justo cuando el vals terminaba y el cuerpo estudiantil aplaudía a la camerata. El profesor Dumbledore subió al escenario para dar su discurso, pero la Slytherin enfocó su atención en el chico a su izquierda.

-¿Qué? ¿Te dio dolor de estómago?

-Ve al baño antes de que tengas otro accidente, Cornamenta-dijo Sirius casualmente, y Morgan hizo una nota mental; tenía que saber de qué estaba hablando.

-Acabo de tener una idea brillante-comenzó, con una sonrisa esparciéndose de oreja a oreja, sus ojos avellana adquiriendo un brillo que le hacía parecer un psicópata.

-Eso suele terminar en un mes de detención con McGonagall.

Se volvió hacia su hermana y la tomó de los hombros. Morgan se apresuró a soltar la mano de Sirius y lo miró con sospecha.

-Sí el año entrante se celebra otro de estos bailes, y sí soy delegado o prefecto, Lily tendrá que bailar conmigo.

Lo miró como si le hubieran salido dos cabezas, mientras que Pettigrew se quedaba sin habla y Sirius se ahogaba con su saliva.

-Eso es ridículo-dijo el pelinegro, ajustándose el parche.

Morgan no dijo nada. Después de todo, recordaba al tío Remus diciendo que sus padres fueron los delegados durante su último año en el colegio. ¿De verdad James lo consiguió solo por un vals de dos minutos?

No estaba segura de si era dulce o preocupante.

-Soñar es gratis-dijo al fin, liberándose de su agarre justo cuando Lily se acercaba. Ya no tenía su libro.

El entusiasmo de James no disminuyó, y cuando la prefecta se detuvo frente a Morgan, la miró embobado.

-Vamos a bailar-dijo Lily, tomando la mano de Morgan sin admitir oportunidad para una negativa.

-De acuerdo-dijo James, haciendo ademán de seguirlas.

Lily le dio una mirada y colocó una mano en su pecho. James, demasiado ensimismado en dicha mano, no reaccionó cuando ella lo empujó de regreso con sus amigos, que intentaban no reír.

-No te decía a tí, Potter-escupió, llevándose a Morgan.


Bailaron por un buen rato, sí es que a sus ridículos movimientos y saltos carentes de coordinación alguna podía llamársele así. La banda era desconocida para la serpiente, pero tocaron algunas canciones muggles que creyó reconocer, y se sintió como una traidora a su época por disfrutarlas.

Frente a ella, Lily estaba más suelta que nunca, "bailando" como una lunática y cantando/gritando la letra.

-You can dance, you can jive, having the time of your life…

Se preguntó si había alguna canción que su amiga no conociera. Le siguió el juego, haciendo caso omiso de los otros estudiantes y sus codos mortales. Luego de un rato, Dorcas y Marlene, quienes aparentemente habían abandonado a sus parejas, se unieron a la diversión. La rubia se quedó mirando a Lily y se inclinó hacia Morgan.

-¿Se encuentra bien?

La metamorfomaga se encogió de hombros.

-Escuché que Black y Potter ya le metieron mano al ponche-dijo Marlene -;puede ser eso.

Era extraño. En ocasiones, Morgan estaba segura de que McKinnon la detestaba, pero en otras, la Gryffindor casi parecía una amiga.

Le quitó importancia, dándose esa noche de libertad antes de su siguiente reunión con Dumbledore, sus lecciones privadas con McGonagall, su plan para salvar a Regulus Black, y las interminables horas que pasaría en la Sección Prohibida buscando libros sobre horrocruxes.

Cuando se cansó, se alejó del montón de estudiantes y divisó a Remus y Sirius sentados en una mesa, mirando las festividades de brazos cruzados. Pettigrew no estaba con ellos, y la chica lo vio cerca de una bonita estudiante; parecía estar reuniendo el valor para hablarle.

Se dejó caer entre los dos chicos, y cuando Sirius le ofreció su bebida, la aceptó agradecida.

-¿No han salido a bailar?-ambos negaron con la cabeza, manteniendo la vista al frente -¿De verdad se la han pasado aquí sentados?-asintieron, y la chica sonrió burlona, terminándose el vaso y dejándolo sobre la mesa -¿Qué sucede? ¿No pueden conseguir una pareja?

Remus rodó los ojos, pero no parecía molesto ante la pregunta.

-No me gusta bailar-dijo simplemente, intentando quitarse las tupidas cejas falsas, que de seguro le debían estar dando comezón.

Morgan se volteó hacia su pelinegro favorito.

-¿Qué hay de tí, Black? ¿Tu encanto ya no funciona?

Le dio una sonrisa ladina, sus dedos rozando su hombro y haciéndola temblar. Debía ser la diferencia de temperatura, sí.

-Oh, ambos sabemos que eso no es cierto-le dijo, su rodilla golpeando la suya brevemente sí insistes,...

Hizo amago de levantarse, pero al ver la mirada que Morgan le estaba dando, volvió a sentarse triunfante.

No dijo nada más, cruzándose de brazos y mirando a su alrededor.

Más hacia el centro, Lily saltaba junto a Dorcas y Marlene, y un poco a su izquierda Alice bailaba con Frank, ambos muy acaramelados.

-¿Quién es ella?-preguntó Morgan a Sirius, inclinándose hacia su costado y señalando a una rubia con la que James estaba bailando.

Morgan los había estado viendo por un rato, y le daba mala espina.

-¿Recuerdas que Cornamenta tenía una novia? Bueno, se pelearon, pero parece que todo está bien de nuevo.

Morgan frunció el ceño. Miró de regreso a Lily, pero la pelirroja no parecía notar lo que estaba sucediendo.

Al otro lado de Sirius, Pettigrew regresó desesperado, intentando llamarle la atención, y el pelinegro lo escuchó con desinterés mientras le le pedía "consejos de mujeres". Morgan rodó los ojos; ¿qué tanto podía saber Sirius? Era extraña, la manera en la que Pettigrew parecía tener a Sirius en un pedestal; no podía evitar preguntarse cuando dejó de hacerlo, ¿fue antes o después de unirse a Voldemort?

Por suerte para ella, los patanes no olvidaban lo que Pettigrew le hizo, y aunque volvían a ser amigos, a Morgan le daba la impresión de que ya no lo incluían tanto en sus bromas.

Cerca de una de las paredes, vio a Dumbledore mascullando con McGonagall; apuntaban a James, y luego el director le pasaba algunas monedas.

-¿Que cuentas, Remus?-preguntó la bruja, volviéndose hacia el licántropo.

Remus se encogió de hombros, mirando la ceja falsa que se había arrancado con éxito con amargura. Parecía cansado, lo que le indicaba que la luna llena volvía a acercarse.

-No mucho. Estoy nervioso por cuidado de las criaturas mágicas.

A Morgan no le interesaba mucho la clase, pero siguió preguntando.

-¿Está difícil?

Negó con la cabeza.

-El profesor Kettleburn tuvo un pequeño incidente y ahora necesitamos un suplente.

¿Pequeño incidente? Se preguntó ella, y al ver su mirada inquisidora, el chico se explayó.

-Parece que perdió la paciencia con un hipogrifo, y el animal le arrancó el brazo-se encogió de hombros.

-Ajá. Claro. Eso, eso sucede.

-Siento pena por los alumnos que lo vieron. Creo que un par siguen en la enfermería.

Morgan volvió a recostarse contra su asiento, maquinando. Ahora que lo recordaba, nunca le agradeció a Hagrid por su ayuda aquella noche en La Casa de los Gritos. Mirando en dirección de Dumbledore, que en esos momentos parecía estar apostando con el profesor Slughorn, decidió que le haría una recomendación al semigigante. Tal vez podría hacer que su suerte cambiara un poco antes; después de todo, él fue el mejor profesor de cuidados que Hogwarts tuvo, incluso Daphne y Blaise lo admitieron (en la seguridad de la sala común, pasada la medianoche cuando los otros estudiantes ya dormían).

La pelirroja se levantó.

-¿Quieren algo de tomar?

Remus y Sirius negaron con la cabeza, y cuando Pettigrew abrió la boca, la pelirroja volteó y se alejó con rapidez.

Se sirvió un vaso de ponche, y al darle un trago, hizo una mueca. Pareciera que James ya le había puesto las manos encima.

Notó movimiento a su lado, y volteó para ver a Timothy, quien estaba a punto de servirse un vaso.

-Cuidado-advirtió que le pusieron vodka.

El chico se detuvo, regresando el contenido al recipiente y sirviendose agua en su lugar.

-Gracias-murmuró, evitando hacer contacto visual.

Ella se encogió de hombros, tomando otro trago.

-Seguro.

Timothy probó el agua y observó el líquido, dándole vueltas en su vaso. Parecía estar contemplando algo, y Morgan consideró volver con Sirius. También consideró preguntarle como estaba, pero decidió que probablemente no apreciaría la consternación.

-Ten cuidado con Bertram-advirtió en voz baja.

Ella volteó a mirarlo, sorprendida.

-¿Qué?

Timothy miró alrededor, claramente nervioso, y se llevó una mano a sus pantalones de vestir. Como la mayoría de los Ravenclaw, optó por no disfrazarse, en su lugar favoreciendo un traje tradicional muggle.

-Bertram está enojado por lo que pasó entre nosotros-susurró a las apuradas -, y está diciendo cosas...poco halagadoras sobre tí.

-¿Qué le dijiste?-preguntó ella, entrecerrando los ojos, lista para sacar la varita y echarle una maldición que lo dejaría en la enfermería hasta pascuas del siguiente milenio.

-¡Nada! Creo que es su extraña manera de protegerme.

La chica bufó.

-Claro. Porque Aubrey es taaaan desinteresado.

Timothy cambió el peso de un pie al otro.

-Mira,...

-¿Está todo bien?-preguntó Sirius, acercándose. Tenía los ojos clavados en el otro chico, pero se colocó de tal manera que Morgan quedó parcialmente escondida detrás de él.

-S-sí, todo bien-asintió Timothy, dando a su ex-novia una última mirada antes de alejarse.

Morgan lo vio yendo hacia su grupito de amigos, y vio cómo Bertúpido la miraba de arriba abajo, le decía algo a los otros chicos, y estos reían, mirando en su dirección en general.

-¿Te estaba molestando?

-Nop.

-¿Segura?-le preguntó él, sirviéndose ponche -Porque…

-Sirius, estoy bien-le interrumpió, cruzándose de brazos.

Consideró volver a la mesa, donde Lily había tomado su antiguo lugar y compartía su libro com Remus. Ambos leían las palabras avidamente, y parecían estar discutiendo algo, mientras James y su novia se movían hacia el borde del grupo de bailarines. El chico observaba a Lily y se movía de manera exagerada, como si quisiera llamarle la atención, mientras su novia le miraba mal.

A pesar de que los quería separados, Morgan se sintió mal por la chica.

Sin querer hacerlo, sus ojos volvieron al grupo de amigos de Timothy, y no le gustó los gestos que estaban haciendo en su dirección general. El castaño parecía incómodo, mirando hacia todos lados, mientras que Bertúpido reía a carcajada suelta, y los otros,...bueno.

No queriendo estar en la misma habitación que esos asquerosos, se dio media vuelta y marchó fuera del Gran Comedor, tan rápido como sus pies podían llevarla.

Tomó las escaleras y comenzó a subir, no estando segura de a donde se dirigía.

-¿Ana? ¡Merlín, corres más rápido de lo que esperaba!

Morgan se detuvo a tiempo de ver como Sirius subía las escaleras de tres en tres, intentando alcanzarla.

Se había olvidado de que estaba a su lado.

-¿Qué sucede?-le preguntó el pelinegro, deteniéndose a su lado como si subir las escaleras no hubiera supuesto esfuerzo alguno.

En ocasiones lo envidiaba.

-Nada, es que hay mucha gente ahí-dijo, apartando la mirada y continuando su ascendencia.

Si no le creyó, el chico no lo mostró, manteniendo su paso al ritmo del suyo.

-¿Quieres ir a la torre de Astronomía?


Sirius se sentó en el pretil, y Morgan lo miró temerosa.

-Te vas a caer.

-No va a pasar nada, Ana. Ven-le animó gentilmente, extendiendo una mano.

Morgan miró su mano, luego a la caída de más de doscientos metros, y finalmente a sus ojos. Sus ojos parecían plata derretida, y estaba segura de que no debería ser posible tener piedras tan cautivadoras.

Lentamente, tomó su mano. Apretandola con todas sus fuerzas, se subió la falda y trepó, pasando una pierna y luego la otra. Sujetándose con una mano, intentó no mirar abajo al voltear, y un grito se le escapó cuando Sirius intentó soltar su mano.

El Gryffindor rió suavemente.

-Está bien. Solo voy a ayudarte a dar la vuelta-le aseguró, rodeando su cintura con su brazo.

Morgan dio la vuelta, intentando confiar en que el zoquete sonriente no la dejaría caer.

Cuando finalmente estuvo sentada, clavó su vista en la luna y se aferró al hierro debajo de ella con manos tensas.

Sirius se movió hasta que sus costados estuvieron pegados, y la chica se sintió agradecida, pues la noche era una fría.

-¿No te da miedo caer?-le preguntó, pegándose a su lado tanto como podía.

Sirius negó, la mano sobre su cintura dibujando lentos círculos sobre la tela.

-No va a pasar nada.

-Pero sí…

-Ten un poco de fé, Ana-le dijo dejaría que cayeras.

La noche era hermosa, como la de una historia para niños; no del tipo en el que los monstruos esperaban en las sombras, sino que era el tipo de noche en el que uno esperaría que hadas y ninfas salieran de entre las plantas e inundaran el lugar en luz y risa.

Era sencillo olivar los horrores del mundo exterior.

-¿Crees que Evans dejará de odiar a Cornamenta?

Morgan le dio una mirada de soslayo.

-¿Acaso él te pidió que me interrogaras?-le preguntó, fingiendo suspicacia.

Sirius rodó los ojos.

-Nooo.

Ella se mordió el labio, pensando en cómo responder sin delatarse, notando en el proceso que los ojos de plata de Sirius estaban clavados en ellos.

-No creo que lo odie en lo más mínimo. Solo espera a que crezca un poco.

-Entonces va a esperar hasta la vejez.

Lanzó una risita, cubriéndose la boca.

-Mira quien habla-le molestó, dándole un codazo.

Sirius colocó su otra mano en su cintura y simuló empujarla, pero Morgan entró en pánico. Gritó, empujó contra el pecho de Sirius, él chico no la soltó, y la fuerza los tiró a ambos.

Cayeron de la Torre de Astronomía aferrados al otro, Morgan intentando gritar de terror, pero sin encontrar las fuerzas, mientras que Sirius intentaba aferrarse a ella con un brazo.

-Vamos a morir-pensó ella, sintiendo como el sonido que su caída provocaba se mezclaba con el de su corazón, que latía con tal fuerza que casi le dolía -.Vamos a morir. Vamos a morir.

Cerró los ojos, esperando el final.

Vagamente, escuchó a Sirius gritando algo, y unos segundos más tarde, su caída se detuvo de manera abrupta. La velocidad de la caída y el cese de esta provocó que un dolor agudo se disparara desde sus hombros, todo el camino hasta sus brazos y también su cuello.

El chico tenía un brazo enredado alrededor de ella, su mano presionando contra su pecho con tal fuerza que seguramente dejaría un moretón.

-Intenta,...intenta no moverte-le pidió el pelinegro, jadeando.

¡Ella no se estaba moviendo! No era su culpa que estaba colgando de un idiota a cien metros del suelo adoquinado del castillo.

La jaló hacia arriba, y Morgan sintió algo duro debajo de ella. Se acomodó sobre la escoba, escondiéndose contra el pecho de Sirius, quien rió de forma amena.

-¡Vaya! ¡Qué golpe de adrenalina!

El chico rió con más fuerza, y Morgan se sentó derecha.

-¡¿CUÁL ES TU MALDITO PROBLEMA, SIRIUS ORION BLACK?! ¡PUDIMOS HABER MUERTO! ¡IMBÉCIL! ¡MALDITO!

Le quiso dar un golpe en el pecho, pero casi se cae de nuevo. Pegó otro grito, pero Sirius la agarró con facilidad, volviendo a acomodarla sobre su escoba.

Con su mano libre, guardó su varita en su bolsillo y se limpió las lágrimas de los ojos.

Morgan le rodeó con ambos brazos, tomando la tela de su camisa con ambos puños y pegándose contra su cuerpo.

-¿P-p-p-podemos volver a la torre?-le pidió, temblando de miedo.

Sirius la sostuvo con gentileza, guiando la escoba hacia delante.

-Tranquila, no va a pasar nada-intentó calmarla.

Morgan no respondió, aferrándose a la camisa del muchacho como si su vida dependiera de ello.

Sirius bajó la altura, pero aún estaban demasiado elevados para gusto de la pelirroja. Lentamente, sobrevolaron el patio del colegio.

-Creo que ese de ahí es James; creo que está teniendo suerte-señaló Sirius, pero ella no se atrevió a mirar, con el rostro escondido, su mejilla contra su pecho.

Notó que sobrevolaban el Bosque Prohibido, y la pelirroja se obligó a inhalar con tranquilidad, concentrándose en los sonidos provenientes a su alrededor. La brisa golpeando contra ellos, los centauros corriendo en alguna parte del bosque, y algunos estudiantes escabulléndose en busca de privacidad. Se enfocó en los latidos tranquilos del corazón del Gryffindor, quien no parecía afectado por su cercana experiencia con la muerte, silbando una melodía tranquila.

Uno de los brazos de Sirius permanecía sobre el palo de la escoba, pero pronto lo quitó, para poder sostenerla con ambos.

Morgan quiso gritarle por insensato, pero no se atrevió a hablar.

Besó su sien y le susurró que estaban a salvo, que no la dejaría lastimarse, y la bruja comenzó a relajarse.

Sobrevolaron el Lago Negro, y Sirius bajó hasta que sus pies tocaron el agua, salpicándonos a ambos.

Morgan chilló, pero enseguida comenzó a reír, y el Gryffindor volvió a tomar altura, llevándola tan alto que el castillo parecía uno de juguete en la distancia.

Morgan se alejó un poco, observando sus alrededores, finalmente tranquila.

Sirius la observó por unos segundos; la manera en la que sus ojos, de un verde imposible, se ensanchaban asombrados ante la vista a su alrededor (supuso que no era una fanática de las escobas voladoras). El viento sopló en su rostro, provocando que su cabello volara hacia atrás, y la luna brillaba sobre ella, provocando un ligero brillo sobrehumano en su piel. Sonrió suavemente, notando que por primera vez, parecía estar en paz.

La brisa hizo que temblara, y se sintió mal por no tener algo con lo que cubrirla.

Morgan abrió los ojos y lo miró. Le dio una sonrisa brillante, y Sirius sintió como le robaba el aliento.

Estiró el brazo, posando su mano sobre su mejilla, y ella se inclinó ante el contacto. Sus dientes le dieron un apretón al costado de su mano, y el chico arqueó una ceja, sintiendo como la sangre se apresuraba a viajar al sur.

Morgan lo miró muy quieta, decidiendo qué tan mala idea sería rendirse ante los encantos del infame Sirius Black.

Le era imposible evitarlo, aunque ella no quería hacer tal cosa. Le alegraba el día con facilidad, y parecía tener un lote de paciencia y comprensión reservado para ella. La miraba de tal manera que le hacía sentirse cálida, y como si fuera la criatura más especial en la tierra.

Tragando nerviosa, y sin saber que estaba haciendo, Morgan se inclinó hacia adelante. Sirius la imitó y ambos cerraron sus ojos al mismo tiempo.

Sus narices se rozaron y ella se detuvo, mientras el chico esperaba a que tomara una decisión.

Morgan se inclinó un poco más, sus labios apenas tocando los de Sirius. Finalmente, los presionó contra los suyos, y Sirius le respondió con inesperada ternura.

Se besaron lentamente, saboreando cada momento. Morgan tomó su rostro entre sus pequeñas manos, y Sirius la atrajo hacia su cuerpo. Morgan se acomodó hasta quedar de frente al muchacho, y éste colocó sus manos sobre sus muslos, acercándola aún más, hasta que sus piernas estuvieron sobre las suyas, y sin desperdiciar la oportunidad de explorar la tersa piel como si fuera un deleite que no volvería a tener.

Se alejaron por un momento, y sus lenguas apenas se tocaron cuando Morgan volvió a besarlo.

Se quedaron en esa posición hasta que la necesidad de respirar los obligó a separarse. Sirius acarició su nariz con la suya, ganándose una risita a cambio.

Abrieron los ojos, ambos sonriendo como bobos, confiando en que la luna les guardaría el secreto.


"Something in the way she moves,

Attracts me like no other lover.

Something in the way she woos me,

I don't wanna leave her now."

Eventualmente, Morgan convenció a Sirius de bajar, insistiendo en que las alturas le ponían incómoda.

Con un simple hechizo, el muchacho envió su escoba de regreso a su habitación. Le preguntó si deseaba volver al baile, pero Morgan negó, lo que pareció alegrar la noche de Sirius.

-Bien-le dijo, dándole una mirada que hizo que le subiera la temperatura -,no estoy listo para compartirte.

Se sentaron en el suelo, lejos del borde, y el Gryffindor alzó su varita, mascullando "Accio radio", y atrapando el pequeño objeto muggle con facilidad.

Morgan miró en silencio mientras el chico la encendía y estiraba la antena.

-¿Estás seguro de que agarra señal?

-Debería. Está encantada para eso.

Finalmente, él sonrió victorioso y subió el volumen, lo suficiente para que la melodía viajara por todo el lugar y se perdiera en el espacio, pero de manera que fuera posible mantener una conversación amena.

Sirius se recostó sobre los codos y observó el cielo, y Morgan acercó sus piernas a su pecho, rodeandolas con ambos brazos y apoyando su mejilla sobre su rodilla. Si a Sirius le incomodaba que ella lo observara fijamente, no lo dijo.

Era realmente un chico hermoso. No apuesto en el sentido varonil al que muchos aspiraban, ni al estilo de modelo de pasarela. Su cabello negro, lo más suave que Morgan hubiera tocado, le caía sobre los hombros de manera que parecía que pasó horas trabajando en el, pero ella sabía que el muy bastardo se despertaba de esa manera. Sus facciones no eran dignas de ningún artista, y la forma en la que las esquinas de su boca se curvaban hacia arriba era peligrosa, como si te atreviera a intentar no desearlo.

Morgan tomó un mechón de cabello y se lo colocó detrás de la oreja, dejando que su mano continuara el recorrido al bajar, apenas tocando su piel.

-Soy irresistible, lo sé-se mofó el chico, todavía mirando al oscuro cielo.

Quiso sonreír ante su egocentrismo. Al principio, lo encontró insoportable, pero luego de las pascuas algo cambió, y desde entonces no era más que adorable.

-Lo tienes más largo-le dijo en voz baja.

-¿De verdad? No lo había notado-dijo, dando a su cabello una mirada desinteresada -¿No te gusta?

-Hay más que agarrar.

Le dio una mirada de soslayo, invitandola a hacer algo insensato.

Morgan lo imitó, mirando el horizonte.

-¿Cómo te encuentras? Se que es un día difícil-le dijo lentamente, como si no quisiera arruinar su humor.

-¿Qué?-se mostró confusa.

-Es el aniversario de la muerte de tus padres-le recordó con cuidado.

Frunció el entrecejo.

-¿Lo recordaste?

-Tenme más fé, Ana-le pinchó un costado con el dedo, enderezandose que recuerdo. Recuerdo casi todo lo que dices,...a menos que sea algo para arruinarme la diversión.

-Adelante, arruina el momento-le dijo, sarcástica.

Sirius bufó, pero esperó una respuesta con los antebrazos sobre las rodillas; ahora era él quien la miraba.

Morgan suspiró.

-Estoy bien, supongo-luego de un minuto en silencio, añadió hay un dejo de esperanza.

-¿Esperanza?

-Mjm.

Morgan se inclinó, recostándose contra él, pero la canción cambió y Sirius se levantó de forma abrupta, casi enviándola al suelo.

-¡Ay!

-Vamos, baila conmigo-le pidió, extendiendo una mano.

Morgan miró la mano con mala cara, pero al final se rindió ante su mirada de cachorro y la tomó.

Inmediatamente, Sirius colocó una mano sobre su cintura (un poco más al sur de lo que se consideraría respetuoso) y con la otra tomó la de Morgan.

Dio un paso hacia adelante, y ella uno atrás.

-Me estuve aguantando toda la noche-confesó, guiándola al suave ritmo de la canción, la cual la pelirroja desconocía.

-¿Para bailar conmigo?

Asintió, ajustando su agarre alrededor de ella hasta que estuvieron casi pegados.

-¿Por qué no lo pediste?

-Porque habrías dicho que no, por miedo a que James nos viera.

Le dio la razón. Era cierto, no quería causar conflicto entre ese par, mucho menos cuando los tendría que abandonar a todos.

Se miró el antebrazo izquierdo, donde debajo del guante color piel que cubría la cicatriz. Sus pensamientos amenazaron con oscurecerse al recordar que todavía tenía una misión que completar, y deudas que saldar.

-Sirius…

-¿Sí?

Bajó la mirada, apoyando la frente contra su pecho, conteniendo las lágrimas. Como deseaba que sus antiguos amigos estuvieran ahí con ella; de seguro tendrían buenos consejos.

Excepto Daphne. Daphne le diría que se dejara de dar más vueltas que perro para orinar y se pusiera salvaje con Sirius.

-Nada.

Se mordió el labio con tanta fuerza que le sorprendió que no sangrara, casi escuchando a su amiga rubia imitando a una gallina en su cabeza.

Maldita Daphne-pensó.

-¿Sabes como puedo ser un poco frustrante en ocasiones?

-¿Un poco?

-Shh, estoy intentando ser dulce-le dijo, intentando no sonreír ante sus tonterías.

Sirius fingió endurecer su expresión.

-Oh, sí, claro. Adelante.

Ella levantó la mirada. Se preguntó si confesar su amor era una buena idea, en especial en esos momentos, en los que los fantasmas de un pasado que todavía no tomaba lugar la perseguían.

-De verdad siento algo por tí-dijo al fin. Ser vaga sería mejor que lo recuerdes, sin importar lo que suceda mañana.

Bajó la mirada. La pelirroja no pudo descifrar lo que había en ella, pero finalmente, Sirius suspiró, rendido.

-Estar contigo no será fácil, ¿o sí?

-¿Ahora te das cuenta?

Se inclinó, dándole un beso que le robó el aliento.

-Supongo que al menos no tendré tiempo de aburrirme.

Rodó los ojos, pasando ambos brazos por su cuello, enterrando sus dedos en su cabello lacio. ¡No podía evitarlo! Esa melena era simplemente maravillosa.

-Merlín no permita que vivas un día mundano-se burló.


A Sirius le costaba mantener sus manos para sí mismo, pero a la bruja no le importaba. Tropezaron por escaleras y pasillos en el camino de regreso a la Torre de Gryffindor; el chico insistente en mantener sus labios sobre la chica.

Casi en el retrato de la Dama Gorda, Morgan volvió a buscarlos, y abrió la boca de inmediato, sin siquiera intentar batallar por la dominancia. Dejó que la empujara contra la pared.

Morgan enterró los dedos en su sedoso cabello, tomando su labio inferior entre sus dientes y jalando suavemente hasta que se alejó.

Sirius no dejaba de sonreír, y era contagioso.

-No te lo he dicho-dijo, recuperando el aliento -,pero te ves exquisita esta noche.

Antes de que pudiera aceptar el cumplido, el chico se inclinó y alejó de nuevo, y la mirada de confusión de Morgan se convirtió en una de asco al verlo con una grosella entre los dientes.

-¡Sirius, que asco!

El chico solo rió, inclinándose para besarla de nuevo, y Morgan pudo saborear la fruta que le acababa de robar.

Le pasó un brazo por el cuello y pegó su cuerpo al suyo, dejando que le acomodara una pierna alrededor de su cadera.

Alguien se aclaró la garganta, y pegaron un salto, alejándose del otro.

Remus los miraba con una expresión conocedora.

-Cuidado. James está cerca-les advirtió.

Menos de cinco segundos después, escucharon los gritos de Lily.

-¡POR ÚLTIMA VEZ, POTTER, NO SALDRÍA CONTIGO NI AUNQUE TUVIERA QUE ELEGIR ENTRE TÍ Y EL CALAMAR GIGANTE! ¡ERES UN CERDO ARROGANTE QUE PIENSA QUE EL MUNDO LE DEBE TODO Y QUE NO TIENE QUE PAGAR CONSECUENCIAS POR SUS ESTÚPIDAS, ESTÚPIDAS ACCIONES!

Pareció hacer énfasis en la última parte de su discurso, pero la Slytherin no estaba segura, habiendo sido aturdida con los gritos de banshee de la prefecta.

Sirius se robó un último beso, ante lo que Morgan le pegó en el costado y Remus suspiró.

-Estás tentando la suerte, Canuto-le dijo, justo cuando Lily y James doblaban la esquina.

-Pero Florecita…

-¡BASTA!

La adolescente parecía estar a punto de echarle una maldición.

Lily se detuvo junto a Morgan y la tomó del brazo, alejándola de Sirius con una mirada peligrosa.

-¿Qué sucede?-preguntó la metamorfomaga, mirando entre sus padres.

-Mi Florecita no me quiere-dijo James, haciendo un puchero en dirección de Lily, quien fastidiada, rodó sus ojos.

-Llámame así una vez más, Potter, y te juro que te…

-¿Por qué no entramos?-sugirió Remus de que Filch nos encuentre aquí.

Asintieron de acuerdo, dándole la contraseña a la Dama Gorda, quien protestaba que era la cuarta vez que la despertaban esa noche.

-Necesito mi sueño de belleza, ¿saben?

-¿Para qué? Es un retrato.

Miró a Morgan con desagrado.

-Escúchame, niña…

-Godric-dijo Sirius de manera despreocupada, y la mujer les permitió la entrada.

Morgan estuvo a punto de hacer un comentario respecto a las patéticas contraseñas que los leones elegían, pero mantuvo silencio, recordando que la contraseña del mes siguiente para los Slytherin sería "supremacía".

-¿Todavía te vas a quedar en nuestra habitación?-preguntó Lily, esperanzada, mientras se sentaban en el sofá frente al fuego.

Habían acordado tener una pijamada luego del baile, idea de Lily, quien apenada confesó que nunca estuvo en una.

Morgan no pudo evitar preguntar por Alice, Marlene y Dorcas, ante lo que Lily le respondió que ella no había sido incluída en su pequeño grupo hasta el curso pasado.

La Slytherin no sabía si las otras tres Gryffindor se unirían a la pijamada, pero no le importaba. Con Lily era más que suficiente, y se aseguraría de enseñarle todos los juegos ridículos y vergonzosos que ella, Daphne y Tracey habían inventado con el pasar de los años, todas apretujadas en la misma cama rodeadas de un encantamiento silenciador para que Parkinson y Bulstrode no las escucharan.

Sirius se sentó a su otro lado, y ella casi lo reprimenda por su sutileza.

Le dio su afirmativa a Lily, y los ojos de la chica se iluminaron, para luego comenzar a hablar de la música del baile, con Remus haciendo aportes aquí y allá, y James todavía haciendo puchero, sentado en el suelo al estilo indio.

-Se viene tu cumpleaños-comentó a Sirius.

El pelinegro intentó tomar su mano, con cuidado de que nadie lo notara, pero Morgan la apartó con una mirada de advertencia.

-¿Quieres algo en específico? Diecisiete es un número especial-le dijo.

Ella cumplió diecisiete en una ocasión, y aunque era algo tonto, no podía esperar a volver a cumplirlos. Tal vez incluso podría llegar a celebrar con su familia.

Sirius se encogió de hombros, desalentándola. No tenía idea de que regalarle, y el idiota no le estaba ayudando.

-No tienes que darme nada, Ana-le dijo, dándole unas palmaditas en la rodilla.

-¿Seguro? ¿No hay nada, absolutamente nada, que quieras?-le insistió, casi desesperada por una pista.

Le dio una mirada lasciva.

-Bueno, ahora que lo dices, hay varias cosas que se me vienen a la mente-dijo en voz baja y ronca, sus ojos oscureciéndose momentáneamente.

Morgan ladeó la cabeza, alejando toda fantasía de su mente. Su propuesta, por perversa que fuera, le había hecho pensar en algo.

Era descabellado, muy arriesgado, pero el tren había zarpado, y estando alrededor de Sirius le era difícil ignorar a su traicionero corazón.

Sonrió de oreja a oreja.

-Acabo de tener una idea.


N/A: La verdad es que para esta altura de la semana esperaba haber publicado dos capítulos, pero el lunes me sucedió algo que me dejó un poco mal, y no pude encontrar fuerza para escribir por un par de días, a pesar de que sabía casi exactamente como quería que pasara todo.

El susto de la Torre de Astronomía no iba a pasar, pero creo que necesitaba una risita o dos luego del par de días que tuve. No me arrepiento; la verdad es que quedó mejor de lo que esperaba.

En el capítulo sucede lo que yo quería que sucediera, pero no de la forma que planeaba, y no toooodo lo que iba a incluir. Oh, well…

La verdad es que iba a dejar el beso para dentro de dos o tres capítulos...pero Morgan y Sirius se me revelaron.

Disfruten estos momentos, porque estoy planeando lo que va a suceder cuando dejen Hogwarts, y ya elegí a un par de personajes para matar *inserte risa diabólica*

Saludoooooos!

PD: ¿Qué piensan que Morgan le va a regalar a Sirius en su cumpleaños?