Nat-Marie: Me pregunto que te va a pasar cuando Morgan y Sirius hagan el "Tango del Diablo" xD ¿Voy a tener que usar un tablero de Ouija para que sigas leyendo?
Oye, hay una preguntita al final del capítulo, pero creo que se cual va a ser tu respuesta :p
No me canso de escucharlo/leerlo xD, y confieso que es gran motivación para seguir escribiendo!
Me encuentro mejor, gracias :)
CouslandGW: Me alegra que la estés disfrutando!
Soy de Uruguay. Tú?
See, algunas cosas se me escapan, pero intento que el español sea lo más "general" posible.
Sara: Gracias por comentar!
Capítulo 28: C de Coraje, C de Confianza
1° de Noviembre, 1976
Durante pociones, James y Sirius intentaron sentarse detrás de las pelirrojas, pero Rosier y Greengrass les ganaron el lugar.
James estuvo a punto de enviarle una maldición, pero Morgan lo detuvo con un gesto cortante.
La presencia de sus compañeros de casa le daba mala espina, pero no estaba dispuesta a demostrarlo, por lo que continuó su charla con Lily, quien desde la noche anterior no dejaba de quejarse de James, quien aparentemente estaba usando a su novia para ponerla celosa. Esto no cayó bien con la pobre chica, quien de nuevo, pasaba a ser la ex del pelinegro; ni con Lily, quien ese día le lanzó una maldición danzante en su camino al Gran Comedor para almorzar.
Morgan suspiró; no estaba de humor para tantas quejas ese día. La noche anterior casi no pudo pegar un ojo. Pasó un buen par de horas levantada con Lily, tomando tontas pruebas de tontas revistas para brujas adolescentes, y jugando el juego favorito de la serpiente. Para la ocasión, le había robado muestras de variadas pociones al profesor Slughorn (James estaría orgulloso de ella). El juego fue inventado por Daphne y era sencillo. Colocas varias pociones en frascos sellados, de manera que no puedas ver el líquido ni olerla. Tomabas una al azar y la bebías de sopetón...y luego se esperaba, a ver qué sucedía.
En una ocasión, Tracey acabó en la enfermería, y dos semanas después estaban repitiendo el juego.
Morgan esperó con ansias a que Lily fuera la que tomara el veritaserum, pero la otra chica decidió que el juego era demasiado arriesgado antes de llegar a esa poción.
Cuando finalmente se metieron en la cama de la prefecta, esta cayó dormida antes de que su cabeza golpeara la almohada, pero Morgan solo se durmió cuando los primeros rayos del sol asomaron por las ventanas. Pasó un buen par de horas suspirando e intentando no moverse, pensando en los labios de Sirius Black sobre su piel. En un par de ocasiones, debía admitirse a sí misma, estuvo a punto de largarse a reír como niña tonta. A pesar de que el chico descansaba en el otro extremo de la torre, todavía podía sentir sus manos en su espalda, y el contorno de su cuerpo contra el suyo, sentados sobre su escoba.
Delante a su izquierda, vio a Sirius sentado de lado junto a James para estar de frente al muchacho, con un codo sobre la mesa. Una pose muy casual, uno no pensaría que fue premeditada. Cada tanto le lanzaba una mirada, sus ojos poseídos por un brillo extraño, y Morgan intentaba hacer caso omiso de su existencia.
El profesor Slughorn entró al aula y fue directo al frente de la clase, agitando su varita, provocando que un texto apareciera en la pizarra, ocupando toda su superficie. Les dijo que copiaran lo que veían y que usaran el resto de las dos horas para preparar el Elixir para Inducir Euforia.
-Quien prepare la mejor poción, se llevará una muestra de Felix Felicis.
Inmediatamente, el rostro de Lily cambió, pasando de irritada a concentrada, copiando el texto de la pizarra a velocidad inhumana.
En la fila de la izquierda, vio como James y Sirius casi saltaban, volteándose hacia el otro por unos momentos para mascullar algo. Los puños de James descansaban sobre la mesa, y la postura del chico indicaba que estaba haciendo acopio de todo su autocontrol para no estallar. Enseguida se pusieron a trabajar con vigor.
Ni Merlín sabía que harían esos dos con esa poción, y Morgan no quería averiguarlo.
-Ahora agrega las espinas de puercoespín-indicó Lily, leyendo el libro.
Morgan hizo como le decían, y luego se alejó del caldero con un suspiro. Esa cosa le daba calor. Se arremangó la camisa y se ató el cabello en un moño alto, sin molestarse en volver a hacerlo cuando varios mechones se le escaparon.
-¿Lils? Creo que hay que revolver hacia el otro lado-le corrigió dubitativa, pues esa sería la primera vez que su amiga cometía un error en esa clase.
Continuó revolviendo hacia el lado contrario como si estuviera en piloto automático, sus ojos entrecerrados dándole un aspecto de reptil. Se inclinó hacia ella, hasta que su rostro estuvo tan cerca de su cuello que Morgan se sintió extremadamente incómoda.
-¿Eso es un chupón?-preguntó, apuntando al lugar con un dedo -¿Y ese también? ¿Qué hay de ese? ¿Qué has estado haciendo, Morgana Lily Edevane?
La miró con reproche.
-Dime que tú y Alberts no están juntos de nuevo. Ese pobre chico…
-¡Calla! ¡Calla!-le urgió, el cabello rosa de nuevo suelto en su prisa por ocultar las marcas. Ese día, como muchos otros, no se había mirado al espejo al ir al baño.
Al escuchar el escándalo, Remus y Pettigrew levantaron la vista de su poción para mirarlas; podía sentir las miradas de Rosier y Greengrass sobre ella.
-¡Morgan!
-Me caí en las escaleras.
Ella la miró desesperada. ante lo que Lily desistió, pero no sin darle una mirada que dejaba en claro que hablarían de eso más tarde.
Snape se ganó el Felix Felicis, para la desgracia de James y Sirius.
Slughorn reunió a toda la clase al frente del salón, y obligó a Snape a pararse a su lado mientras le entregaba la poción.
-Hacía años que no veía tanto talento, muchacho-le felicitó, dándole el pequeño vial con una sonrisa rechoncha. La expresión de Snape no cambió, observando un punto sobre las cabezas de sus compañeros con desinterés.
El profesor le dio el vial, y Snape lo aceptó sin darle siquiera una mirada.
A su lado, Lily exhaló frustrada, como si intentara imitar a un caballo.
-¿Qué?-inquirió su amiga, desganada, ajustando su agarre en su libro. No podía esperar a la noche; su cama la llamaba a gritos.
-Yo quería ganar-masculló, apretando el libro de texto contra su pecho.
-¿Qué habrías hecho con el premio?-preguntó Morgan curiosa, asintiendo en dirección del profesor, que todavía no soltaba a Snape, y no dejaba de hablar sobre las hazañas que estaba seguro cometería en el futuro.
-No lo sé-respondió luego de meditar por un momento solo quería ganar.
Morgan notó que James, Sirius y Pettigrew miraban a Snape con desprecio y mascullaban algo, mientras Remus sacudía la cabeza en desaprobación.
Pronto, el profesor los dejó salir.
Morgan tenía una hora libre antes de su clase de runas, y planeaba usarla para terminar su tarea de astronomía, que debía entregar esa noche.
Lily volvía a quejarse del comportamiento de James en el baile, y la Slytherin estaba tan ocupada fingiendo que prestaba atención, que no notó cuando alguien envió un pequeño maleficio en su dirección.
La roca del suelo se desprendió y la chica tropezó, cayendo al suelo. Estiró las manos, impidiendo que su cabeza colisionara contra el suelo.
-¡Oh, Merlín!-exclamó Lily, apresurandose a su lado.
Al escuchar un par de risas y bufidos, ambas levantaron la vista, encontrándose con Snape guardando su varita, mientras que Nott y Greengrass reían a sus lados y Rosier la miraba fijamente, sus ojos verdes brillando divertidos.
Lily le ayudó a levantarse, y los merodeadores se acercaron a ellas.
-¿Te lastimaste?-pregunto James, mirándola de arriba abajo.
Morgan negó con la cabeza, acomodándose su uniforme, rezando a Merlín y Morgana porque su falda no hubiera volado mucho.
El grupo de seis se volteó una vez más a tiempo de ver como los Slytherin le daban la espalda y marchaban escaleras abajo, rumbo a la sala común.
James alzó la varita, pero Morgan colocó una mano sobre su antebrazo, sacando la suya.
Apuntó al viejo bolso de Snape.
-Wingardium Leviosa-pensó, moviendo la varita de la manera adecuada.
Del bolso salió flotando un libro sin que Snape lo notara, y con malicia, Morgan lo tomó en ambas manos.
-¿Para qué quieres el libro de pociones de Quejicus?-le preguntó Sirius, haciendo a un lado a Lily para acercarse a ella -La grasa lo habrá hecho ilegible.
-Je, je. ¡Buena esa, Canuto!-rió Pettigrew.
Morgan los ignoró, abriendo la primera página y luego mostrándoles.
Los ojos de James y Sirius se iluminaron como un árbol de navidad. Remus tosió para ocultar su risa, y Lily se cubrió la boca con la mano. Incluso Pettigrew parecía divertido, pasándose las manos por los ojos, como si no creyera haber leído bien.
"Este libro es propiedad del Príncipe Mestizo."
Con una risa encantada, Sirius tomó el libro de las manos de Morgan y fue detrás de los Slytherin, canturreando:
-Oooooohhh, su alteza. Se le olvida algo, alteza.
Los Slytherin voltearon, y los ojos negros de Snape se abrieron en horror al ver el libro en manos del Gryffindor.
James se acercó.
-Oye, Quejicus, no sabía que teníamos una celebridad entre nosotros. ¿Por qué no dijiste nada? ¿Querías mezclarte con los plebeyos?
Sirius resopló.
-Por favor. Creo que exageraste un poco, Quejicus. Verás, la plebe se baña de tanto en tanto.
Snape sacó la varita, al igual que sus compinches, pero Lily y Remus se pusieron entre medio.
-¡Ya basta!-habló la prefecta -Veinte puntos menos, Slytherin. No me hagan darles detención.
-¡Pero si no hicimos nada!-se quejó Greengrass.
-Hicieron que Morgan cayera. Pudo haberse lastimado-habló Remus tranquilamente.
-¡Ella robó el libro de Snape!-devolvió Nott.
-No, no es cierto. Lo encontré en el suelo-se defendió ella.
-¡No puedes probarlo!
-Sí puede-James sonrió de oreja a oreja, mostrando una hilera de dientes blancos la vimos.
Con la excepción de Pettigrew, los Gryffindor asintieron, y los Slytherin se marcharon con mala cara.
Sirius lanzó el libro, golpeando a Snape en la cabeza.
-Ups. Lo siento, Quejicus. ¿Significa que seré ejecutado por traición?-antes de que el chico respondiera, el pelinegro se dio la vuelta y le tiró un beso con la mano , Majestad.
2 de Noviembre, 1976
Con un suspiro exasperado y una expresión que no daba lugar a preguntas ni comentarios, Morgan esperó de brazos y piernas cruzadas, mientras del otro lado del escritorio, el profesor Dumbledore encantaba el objeto que la bruja le había entregado. Se rehusó a decirle para que lo quería, pero el anciano sospechaba, pues se la pasaba tarareando lo que la adolescente reconoció como baladas de Sinatra.
Naturalmente, le preguntó porque no le llevó el objeto a la profesora de Defensa, pero Morgan dijo que le tenía más confianza a él. Además, la nueva profesora parecía tener algo de aberración por las serpientes, siempre haciéndoles las preguntas difíciles, o impidiendoles la participación en clase.
-¿Ha hecho algún descubrimiento en estas últimas semanas?-le preguntó, moviendo la varita alrededor del pequeño objeto no haber estado disponible para reunirnos, Morgan. Descubrir los horrocruxes y sus paraderos sigue siendo alta prioridad, pero me temo que últimamente, me he visto más involucrado en asuntos del Ministerio.
-¿Tiene que ver con todas las desapariciones, señor?
-Me temo que sí. Parece que las acciones de los seguidores de Lord Voldemort están asustando a varios funcionarios de alta jerarquía, y es mi deber mantener a cada uno de mis estudiantes a salvo, sin importar el tipo de sangre que corra por sus venas.
La pelirroja entrecerró los ojos, mirando por la puerta abierta del balcón. Dumbledore no dijo nada más, lo que debía significar que no estaba en libertad de discutir lo que fuera que estaba sucediendo dentro del Ministerio. La forma en la que implicó al cuerpo estudiantil en la frase de manera tan espontánea le dejaba saber que el gobierno intentaba interferir con el colegio de nuevo.
Solo esperaba que no se repitiera la situación con Umbridge; algo le decía que no soportaría otro año de morderse la lengua.
-También están intentando callar los periódicos-dijo ella.
-Así es. Afortunadamente, el editor de El Profeta no se deja intimidar con facilidad.
-Entonces Voldemort no irá tras él,pero el Ministerio sí.
-Bien pensado, Morgan-felicitó el director sin pestañear, todavía concentrado en lo que estaba haciendo efecto, Voldemort quiere que todos sean conscientes de sus acciones y su poder, lo que provoca que el Ministerio pierda credibilidad.
Morgan bufó. ¿Alguna vez la tuvo?
-Muy bien. Esto está listo-dijo, posando la varita de sauco sobre el escritorio y pasándole el objeto probarlo si lo desea, aunque tomo orgullo en mi habilidad con encantamientos protectores.
Ella lo tomó de sus manos, guardándolo en el bolsillo externo de su mochila. Se levantó de la silla y Dumbledore hizo lo mismo, guiándola hacia la puerta.
-Cuando tenga un par de horas libres para estudiar los recuerdos, se lo dejaré saber-le dijo el anciano , me temo que me espera una reunión con un posible candidato al puesto de Cuidado de Criaturas Mágicas.
Se le encendió la lamparita, y fingiendo inocencia, dijo:
-¿Sabe, señor? En mi época, Hagrid es el profesor, y de verdad es bueno.
-¿Hagrid, eh?-lo consideró, sus ojos azules brillando detrás de sus gafas. Morgan se acomodó las suyas, deseando poder quitarsela. La maldita cosa le pesaba sobre la nariz -Mmm. Interesante-con un ademán apresurado, le abrió la puerta temo que en este momento estoy corto de tiempo, pero si no es mucha molestia, podría dejarme una recomendación antes del fin de mes.
Morgan asintió, decidiendo para sus adentros que su recomendación vendría en la forma de recuerdos.
3 de Noviembre, 1976
La bruja tenía las mañanas de los miércoles libres, por lo que se levantó cerca de las diez y pasó por la cocina, donde Lankey le tenía preparado el desayuno.
La elfina se la pasó merodeando alrededor de la bruja, preguntando si había algo más que pudiera hacer por ella e intentando hacerle repetir plato.
Con el estómago lleno, Morgan le dio las gracias y se encaminó hacia la biblioteca, emocionada ante la idea del ensayo de metro y medio que McGonagall les había asignado sobre la transfiguración humana; pero temiendo la hora en la que tendría que comenzar la tarea de estudios antiguos.
Se dirigió hacia su mesa usual, una que estaba asilada del resto, entre dos estantes y junto a una ventana con vista a la cabaña de Hagrid y el Bosque Prohibido.
Se detuvo por un momento al ver una alta y elegante figura con cabello negro sentada ante la mesa, dándole la espalda.
Se relamió los labios, recordando los besos que compartieron la noche del baile, y sonrió de oreja a oreja, mostrando sus dientes.
Se acercó en silencio, y rodeó a Sirius con sus brazos.
-¡Feliz cumpleaños!-le felicitó en voz alta y jovial, apretando su agarre sobre el muchacho.
Sirius pegó un salto, pero al notar de quien se trataba se relajó en el abrazo, devolviéndole la sonrisa.
-Gracias-le dijo ía no tengo canas.
Morgan miró hacia los lados, y cuando confirmó que no había nadie cerca que pudiera verlos, se sentó sobre el regazo del Gryffindor y lo tomó de la corbata, atrayéndolo en un beso ferviente.
No lo había besado desde la noche del baile, aunque las ganas no le habían faltado. Tampoco debería estar haciéndolo, pero Sirius era irresistible.
Le respondió con entusiasmo, una de sus manos alrededor de su cintura y la otra sobre su pierna, tocando la piel que ni su falda ni sus largas medias podían ocultar.
Morgan echó la cabeza hacia atrás cuando los afectos de Sirius se movieron hacia su cuello, y casi se le escapa un pequeño gemido cuando sus dientes rozaron su cuello, justo sobre su pulso.
-Me estoy acostumbrando a esto-masculló Sirius, corriendo sus labios por el largo de su cuello.
Su respiración le hizo cosquillas, y Morgan se alejó con una risita, dándole un último beso y quitándole el cabello del rostro.
-Tengo tu regalo-le dijo -.¿Podemos vernos en la Torre de Astronomía luego de clase?
-Ana, no era necesario que me consiguieras nada.
-Cállate. Nos vamos a encontrar, te voy a dar tu obsequio, y te va a gustar.
La sonrisa ladeada que le dió indicaba problemas, y tuvo que suprimir la necesidad de empujarlo sobre la mesa y montarlo en ese lugar.
Tragó con dificultad.
-¿Sabes? Te ves atractiva cuando te pones mandona-le dijo, ante lo que ella rodó los ojos.
-Espero que estés faltando a clases para ayudarme con mi tarea.
Saliendo de transfiguraciones, Morgan cruzó caminos con Regulus, quien la estuvo buscando con una duda. La adolescente se sentó con él en un aula vacía y se quedaron hasta haber aclarado todo. El chico le agradeció de manera rígida y le dejó saber que todavía no terminaba con la lista de lectura, pero que en cuanto lo hiciera se lo dejaría saber.
También le siseó cuando le llamó "Reg".
Durante la cena, James envió varias invitaciones para la fiesta de cumpleaños de Sirius, que tomaría lugar el viernes (Morgan estaba segura de que ese par vivía para las fiestas), y pareció hacer bastante obvia la exclusión de Slytherin.
La invitaciones le consiguieron una semana de detención con McGonagall, pues al abrirlas escupían confetti y de estas salía la emocionada voz de James, gritando a todo pulmón sobre como su mejor amigo finalmente podría comprarle alcohol al resto. En tan solo un par de minutos, el Gran Comedor había sido inundado por la voz del chico y la jefa de casa de Gryffindor marchaba hacia el culpable.
James tendría una semana extra de detención.
James se quejó, y luego intentó coquetear con la profesora para librarse del castigo pero eso solo provocó que le quitaran puntos a Gryffindor.
Lily rodó los ojos, sujetando la cuchara con tanta fuerza que en cualquier momento se doblaría.
-Bien hecho. A este paso, Slytherin va a ganar la copa de las casas-espetó.
Morgan le dio una mirada mordaz.
-Sin ofender.
-Tarde.
4 de Noviembre, 1976
Luego de la clase de astronomía, Morgan se ocultó en un pequeño pasillo olvidado, esperando a que Sinistra bajara de la torre antes de escabullirse.
Estaba subiendo las escaleras, cuando una estridente voz la sobresaltó.
-¡Vaya, vaya! Una serpiente fuera del nido. Una serpiente fuera del nido-canturreo Peeves, apareciendo delante de la bruja, flotando desde debajo de las escaleras.
Giró sobre sí mismo, sonriendo como un maniático.
Morgan sacó su varita.
-¿Que quieres, Peeves?
El Poltergeist también reía como maniático.
-¡Je, je, je! Escucho a Filch acercándose.
Morgan gruñó. Sí Filch o ese apestoso gato suyo la encontraban, tendría que ir a detención con el squib. Ella hizo un buen trabajo por más de siete años evitando al hombre, y no pensaba romper racha en ese momento.
Peeves flotó a su alrededor.
-Hueles demasiado bien, reptil-le dijo que necesitas en una pequeña bomba fétida o dos.
-Peeves-le amenazó, apuntando al poltergeist con su varita -,si me haces algo, le diré al Barón Sanguinario.
Ante la mención del fantasma de Slytherin, los ojos semi-transparentes del fantasma se ensancharon tanto que pareció una caricatura.
-¡Oh! Dudo que a mi buen amigo le importe una asquerosa mestiza poca cosa.
Se preparó para gritar a todo pulmón.
-Le diré al Barón que estás molestando a todos mis compañeros.
El poltergeist le dio una mirada sucia y salió disparado por una pared, dejándola sola una vez más.
Suspirando aliviada, Morgan continuó ascendiendo por las escaleras hasta dar con la cima de la torre, vacía a excepción de ella.
Esperaba que Sirius no tardara, ni que se hubiera olvidado de ella. Palpó su bolsillo, asegurándose de que su regalo estuviera ahí.
Se sintió algo tonta. Tal vez debió conseguirle algo mejor.
¿Qué pensaría del obsequio? En especial luego de lo que sucedió durante el baile, y esa misma mañana. No habían hablado de ello, pero deberían.
Morgan se sentía culpable por ir a las espaldas de James con su mejor amigo, pero ya había probado el fruto, y no era conocida por su autocontrol.
Escuchó pasos y volteó, alejándose de la varanda y viendo como Sirius aparecía en la cima de las escaleras con el cabello algo revuelto de la carrera, pero viéndose tan bonito como siempre.
En cuanto la vio, sus ojos se iluminaron y cruzó el espacio en un par de zancadas, tomándola en sus brazos. Morgan dejó que la levantara, colocando sus piernas alrededor de su cadera. Se miraron por un momento, y al siguiente tenían los ojos cerrados y se estaban besando.
De haberlos visto alguien, habría pensado que no se veían desde hacía años, y no solo un par de horas.
Se separaron y el Gryffindor la depositó en el suelo con suavidad, pero mantuvo sus manos sobre su cadera.
-¿Cómo se siente ser mayor de edad?-le preguntó, tomando un paso hacia atrás por cada uno que Sirius tomaba hacia adelante, hasta que su espalda tocó la pared.
La mirada intensa del muchacho nunca se desvió de la suya, y a pesar de la corriente que pasaba por la torre, la bruja se sintió acalorada.
-Se siente bien, supongo-se encogió de hombros, su pulgar dibujando un patrón sin orden sobre la piel expuesta donde su blusa se había levantado llegar tarde; James no se quería dormir.
Lo decía como si fuera un padre exasperado, y Morgan lo encontró adorable.
Morgan suspiró, sus dedos trazando un camino desde su sien hasta su mentón. Podía sentir una insípida barba intentando abrirse paso.
-Tengo tu obsequio-le dijo, tragando el nudo que se le estaba formando en la garganta , en realidad son obsequios.
-Ana-suspiró, dejando que su cabeza cayera sobre el hombro de la bruja decía enserio: no tienes que darme nada.
-¿Entonces porque viniste?
Lo podía sentir sonriendo contra su hombro, y cuando sus labios se posaron sobre la piel, un escalofrío le recorrió el cuerpo.
-Quería verte.
Se alejó de él, envolviendo sus brazos alrededor de su torso.
Era una idea estúpida. Se le estaba pegando lo Harry.
Aún así, respiró hondo, dispuesta a continuar.
-He estado pensando en tu regalo por un tiempo -confesó, observando la oscura noche, iluminada por la luna creciente. Se acercaba la luna llena, y como todos los meses, sentía pena por el pobre Remus quería darte una tontería que luego olvidaras, pero imaginé que tampoco querrías algo ostentoso.
Sirius no dijo nada, y tampoco escuchó pasos, por lo que asumió que seguía parado en el mismo lugar.
Morgan volteó, sus preocupados ojos verdes buscando los curiosos de Sirius.
Volvió a tragar y abrió la boca, pero tardó un par de segundos en poder sacar sonido alguno.
-Quiero probar lo que significas para mi-le dijo, tomando un paso en su dirección , quiero estar contigo, pero no estoy segura de estar lista del todo, y no quiero que me arregles.
-No quiero arreglarte-le aseguró él, haciendo comillas con sus dedos al pronunciar la última palabra. Se acercó a ella, tomando sus antebrazos entre sus manos quiero estar a tu lado, y ayudarte cuando lo quieras. Y darte tu espacio cuando lo necesites, aunque la idea no me resulte tan atractiva.
Sonrió con un dejo de tristeza en la última parte, y los ojos de Morgan se llenaron de lágrimas sin derramar. ¿Quién diría que Sirius Black podía ser tan dulce?
Se puso de puntas y le dio un pequeño beso en los labios.
Tomando un paso hacia atrás, se llevó una mano a la manga de su camisa.
-Decidí darte algo que no he regalado desde hace años.
Inhalando profundo, se soltó el botón de la camisa y la arremangó, estirando el antebrazo, exponiendo su más grande vergüenza.
Sirius se acercó con el entrecejo ligeramente arrugado, y se detuvo en seco al ver la palabra grabada a filo en la piel de porcelana.
Bastarda.
A plena vista se podía ver que había sido hecho con magia negra, y Morgan vio como Sirius estiraba sus manos dubitativo, tomando el antebrazo con delicadeza y pasando sus pulgares por las letras.
-¿Qué, quién hizo esto?
-Una mortífaga-le dijo, escuchando, dentro de su cabeza, la risa de Bellatrix Lestrange; viendo como Draco apartaba la mirada, fingiendo que no podía escuchar sus plegarias juró amarme, pero no podíamos ser vistos juntos porque toda su familia trabaja para Voldemort.
Con la mano libre, se quitó las lágrimas del rostro.
-Nos atraparon. Estaba con mi hermano y un par de sus amigos y nos llevaron ante ellos-Sirius parecía estar en trance, con los ojos clavados en la cicatriz -Una de ellos me hizo esto, y Draco la dejó.
Se volvió a pasar la mano por el rostro, pero fue en vano. Cuando volvió a hablar, le temblaba la voz.
-Le rogué que me ayudara. Le rogué que me matara, pero él se sentó ahí sin poder mirar mientras Hermione y yo éramos torturadas.
No dijo nada más, esperando que la muy resumida versión de los sucesos de esa noche de abril fuera suficiente para que entendiera, para que tuviera paciencia.
Sirius seguía observando las letras que sobresalían de manera irregular. Se llevó el antebrazo hacia el rostro, y también se inclinó para poder besar las letras.
Morgan lo miró confusa, pero no intentó alejarse. Le desconcertaba la carencia de repulsión del muchacho ante la asquerosa cicatriz, pero también le entibió el corazón. Cuando el chico levantó la vista, soltó su antebrazo y la atrajo hacia su cuerpo, plantando un firme beso en su frente y envolviendo sus brazos a su alrededor.
Morgan le devolvió el abrazo con la misma fuerza, el peso sobre sus hombros apenas un poco más tolerable.
Pero no estaba mal, no estaba para nada mal.
Se quedó en la seguridad de los brazos de Sirius por...no estaba segura de cuánto tiempo pasaron en esa posición, pero no quería soltarlo. Algo en su toque le hacía sentir segura, como si ni el propio Voldemort pudiera lastimarla.
-Gracias por contarme-habló Sirius, su voz amortiguada, rostro enterrado en la salvaje jungla que la pelirroja tenía por cabello.
Ella asintió, dándole un último apretón antes de separarse. Sonriendo, se secó las mejillas.
-Lo siento. Es tu cumpleaños, y yo lo arruino con esa anécdota.
No era una simple anécdota. Una anécdota no tendría mucha importancia, sería nada más que una historia divertida que compartir en una fiesta con amigos; pero era una Slytherin, y sus momentos de vulnerabilidad escasos. Sus muros volvieron a subir, pero solo hasta la mitad.
-No digas eso. Me alegra que me lo hayas contado-le dijo, sinceridad derrochando de su voz.
Morgan asintió y se sentó contra la pared, Sirius siguiéndola enseguida. Se acurrucó a su lado, y el chico le pasó un brazo por los hombros, protegiéndola del frío.
A ese paso, ambos acabarían en la enfermería,
Se metió una mano en el bolsillo y sacó un pequeño sobre. El papel era rosa, del que había usado para enviar el regalo de Lily la navidad anterior, pero era el único que tenía.
Se lo entregó a Sirius.
-Ten. Es tu otro regalo.
El chico lo aceptó fácilmente.
-Mm, mi color.
Se enderezó para abrirlo, y Morgan sintió como su propio cabello se tornaba rosa. Ese regalo era algo tonto.
-¿Qué es?-preguntó Sirius, elevando el brazalete, trenzado con hilo chino.
-Se supone que es una serpiente. ¿Ves? Esa es la lengua-se rascó la nuca e intentó arrebatarle el objeto mi primer intento, y no tuve tiempo de hacer otro. Dame, te daré algo mejor luego.
Sirius se alejó.
-¡Fuera, bruja!-le dijo, estirando un brazo con el brazalete fuera de su alcance encanta. Me lo voy a quedar.
-¿D-de verdad?
Sonrió de oreja a oreja.
-Sip. Ahora ayúdame-le dijo, colocando su muñeca delante de su rostro y ofreciéndole el brazalete.
Morgan se lo colocó, y mientras Sirius lo admiraba bajo la luz de la luna, la pelirroja volvió a acurrucarse contra su costado, encontrando que estar a su lado se sentía natural.
Se preguntó, brevemente, si eso había sido así siempre.
5 de Noviembre, 1976
-No se está concentrando, Potter-reprendió McGonagall, caminando alrededor de la bruja.
-¡Qué sí!...señora.
McGonagall frunció los labios pero no dijo nada.
Morgan suspiró frustrada, sudor en su frente y cayendo por su espalda. Llevaban más de una hora, y lo único que consiguieron fue que le salieran colmillos.
No cabe decir, que dolió como un condenado cuando la profesora la arregló.
La mujer escocesa se sentó ante su escritorio.
-Usted es una metamorfomaga.
No era una pregunta, pero Morgan respondió con un simple:
-Sí.
-Se supone que la transformación debería ser mucho más sencilla, Potter. No entiendo…-se calló a media frase, sus ojos iluminándose de repente -Dígame, Potter, ¿qué tan buena es controlando sus emociones?
-Uh, creo que soy buena.
-Cuando se enoja, o se siente triste, o asustada, ¿experimenta algún cambio?
-Bueno, puedo cambiar mi color de cabello a voluntad. A veces, también puedo hacerlo con mis ojos; pero es raro que cambien por su cuenta.
La profesora alzó una ceja.
-¿A voluntad dice? Interesante.
-¿Qué es?
McGonagall volvió a levantarse y se acercó a ella con un plato con galletas de jengibre. Morgan tomó dos y se zampó la primera de un mordisco.
-Bueno, la gran mayoría de los metamorfomagos experimentan cambios físicos fácilmente. Es una característica que los deja en evidencia con regularidad.
Morgan asintió, recordando como el cabello de Nymphadora Tonks se tronaba rosa cada vez que veía al tío Remus.
Recordar a la bruja le puso triste, pero alejó todo pensamiento de ella, volviendo al presente.
-Ajá.
-Tal control sobre la habilidad, y la limitación que usted posee, indica que hay algo en su cabeza que la está bloqueando -luego de dudar por un momento, la profesora preguntó :-.Dígame, Potter. Cuando era pequeña, ¿que sucedía cuando algún aspecto físico cambiaba? ¿Cómo reaccionaban los adultos a su alrededor?
Morgan pensó en el tío Vernon y la tía Petunia, y su expresión se oscureció.
Era cierto. De niña, le resultó difícil controlar su habilidad, incluso en la escuela muggle. Cada vez que tenía un accidente, o cuando cambiaba su apariencia para hacer a Harry reír, sus tíos la encerraban en la alacena bajo la escalera por semanas.
Morgan recordaba el pánico que sentía en ese pequeño lugar, día y noche en el exterior, pero siempre noche donde ella estaba. Recordaba con claridad su escandaloso llanto, pidiéndole a sus tíos que la dejaran salir, prometiendo que no volvería a suceder.
Recordaba la sensación del aire no llegando a sus pulmones, de la interminable oscuridad, y Harry intentando consolarla desde el otro lado cuando sus tíos no estaban cerca.
Recordaba la sensación de que sus días de encarcelamiento no llegarían a su fín, y recordaba llamar a sus padres a gritos, pidiéndoles que la sacaran de ese lugar.
McGonagall debió notar el cambio en su expresión, pues muy tensa, asintió una vez.
-Mis tíos odian la magia-confesó, su voz temblando.
-Ya veo.
Le ofreció un pañuelo bordado a mano, pero Morgan lo rechazó. No iba a llorar. No iba a llorar.
La mano de la profesora se posó sobre su hombro y le dio un apretón gentil.
-En ocasiones, cuando nos sentimos amenazados por lo que nos rodea, intentamos suprimir nuestros poderes-comenzó a explicar, caminando entre los pupitres vacíos ocultarlos, pero con el tiempo estos crecen, y como un animal salvaje, intentan liberarse.
-¿Está hablando de los Obscurus?-preguntó Morgan, mordisqueando la segunda galleta desganada.
McGonagall asintió.
-En efecto. Pero asumo que la razón por la cual usted no se está transformando en uno es porque no suprimió su magia en sí, sino una habilidad secundaria que viene con ella.
-¿Qué sugiere que haga?
-Me temo que no puedo ayudarla mucho, Potter-se lamentó la profesora está en su cabeza, y sólo usted puede hacerlo resurgir.
-¿Cómo?
-Pues, sintiendo, claro.
Morgan y Lily se encontraban en un rincón de la sala común de Gryffindor hablando amenamente. El culmpeañero todavía no llegaba, y ambas concordaban en que se traía algo entre manos.
Morgan no quería admitir que había puesto algo de esfuerzo en su apariencia por Sirius; pero había puesto algo de esfuerzo en su apariencia por Sirius. Era ridículo. El ya la había visto con el rostro hecho un desastre presa del llanto, y ella lo había visto moribundo; intentar arreglarse no tenía punto.
Aún así, pasó un buen tiempo encerrada en el baño (y ganándose un par de gritos e insultos por parte de sus compañeras de dormitorio), y luego otro cantidad considerable de minutos eligiendo su vestimenta, intentando dominar su cabello, y aplicando algo de maquillaje.
El estilo de maquillaje en esa década era muy diferente al del futuro, y le llevó un buen rato conseguir algo acorde con la época pero discreto. Después de todo, no quería que se notara que estaba intentando.
-Hey, Morgan. Te ves muy linda-halagó James, deteniéndose frente a ambas chicas para ofrecerles un vaso de plástico con bebida de naturaleza cuestionable -¿Ese vestido es nuevo? ¿Te peinaste?
Ella se aclaró la garganta, intentando aparentar normalidad. Gracias a merlín, recordaba el hechizo para deshacerse de las marcas que cierto bateador le había dejado en el cuello.
-Yo siempre me peino-le dio una mirada sucia, tomando el vaso.
James se encogió de hombros, llevándose las manos a los bolsillos de sus jeans cuando Lily tomó el otro vaso.
-No se nota.
-¿En donde está Black?-preguntó Lily, mirando alrededor de la habitación -¿No debería estar aquí? Es su fiesta, después de todo.
James sonrió, y las pelirrojas se pusieron nerviosas. Eso no era bueno.
-Ya vendrá, ya vendrá. Ya conocen a Can...a Sirius; es una reina del drama-dijo con un pobre tono místico, sacudiendo las manos frente a su rostro.
Con una última sonrisa preocupante, se alejó en dirección de Pettigrew, quien parecía ser el encargado de la música.
En un sofá, Morgan vio a Remus hablando con Dorcas, o al menos, intentando. El chico no dejaba de hacer gestos salvajes y de removerse en su lugar; algo poco característico del rubio.
Morgan miró al pie de las escaleras que llevaban a los dormitorios de los chicos, sintiendo la tentación de subir y ver que tramaba Sirius...y tal vez asaltarlo en el proceso.
-Oye, tú y yo tenemos unas cosillas que discutir-comenzó Lily casualmente, apoyando un hombro contra la pared. Todavía no probaba la bebida.
Morgan dio un gran trago a la suya, sabiendo que ya no podía huir de la conversación. La había evitado desde la clase de pociones, cambiando el tema cada vez que la prefecta intentaba preguntar, pero era cuestión de tiempo hasta que eso dejara de funcionar.
-¿De qué quieres hablar?
Le dio una mirada, como si dijera "No te hagas la estúpida ahora".
-Esas curiosas marcas que tenías en clase el otro día -dijo, señalándose el cuello -.Y la que te ví ayer durante el desayuno.
-¿Qué quieres saber?
-Ya déjate de juegos, Morgan. Por favor, dime que Timmy y tú no volvieron. Ese pobre muchacho ha sufrido lo suficiente…
Bien, arranquemos la bandita de un tirón.
-Me enrollé con Sirius la noche del baile-escupió -.Y anoche.
Lily abrió la boca, la cerró, y repitió. Repitió de nuevo. Y una vez más, por si las moscas.
-¿Sirius Black?
-¿Acaso hay otro en este colegio?
¿O en el planeta? No es un nombre muy común.
El rostro de Lily cayó, y Morgan sintió como si le hubiera dado un puñetazo en el estómago. En los ojos de Lily, casi idénticos a los suyos, claro como el día, brillaba la decepción.
-Oh, Morgan. No él-se quejó, apartando la mirada y mordiéndose el labio.
-¿Por qué no?-le preguntó, temiendo que Lily se enojara con ella. Se había acostumbrado a su presencia, a sus maneras mandonas. Lo último que quería era pelear con ella de nuevo -No es tan malo cuando lo conoces, ¿sabes? De hecho, es bastante decente.
-¡Eso es lo que quiere que pienses!-insistió, golpeando el suelo con su pie en frustración -Morgan, sabes que hace lo mismo con todas las chicas. ¿Qué va a pasar dentro de una semana o dos cuando se aburra de ti?
La serpiente cambió el peso de un pie al otro, intentando ahuyentar la inseguridad que acechaba a su alrededor.
-No creo que se vaya a aburrir tan rápido.
Lily rodó los ojos.
-¿De verdad? Mira, solo lo digo porque eres mi mejor amiga…
-Soy tu única amiga, Lily-espetó cortante, tirando todo pensamiento de reconciliación por la ventana.
La leona ignoró la interrupción.
-¡Mira a Marlene! Ella es más del tipo de Black y a duras penas duraron menos de dos meses.
Morgan apretó la mandíbula, rehusandose a llorar, sintiéndose humillada y dolida.
-Pues, lamento que no creas que soy suficientemente buena para alguien como él.
-Eso no es lo que quise decir-atajó Lily, dando un paso en su dirección e intentando tomarla del brazo.
Morgan se la sacudió con violencia.
-¡No! Es exactamente lo que quisiste decir. ¿Sabes? Por eso todos te evitan. Si te bajaras de tu pedestal de tanto en tanto, tendrías más amigos, señorita yo-no-cometo-errores.
-Morgan…-fue el turno de Lily de mostrarse dolida, pero intentó acercarse a ella de nuevo.
-¡Déjame sola!
Morgan se marchó en dirección de James, ignorando las miradas de los que habían escuchado su pequeño grito.
James alzó ambas cejas hasta que desaparecieron en su línea de cabello y se acomodó las gafas.
-¿Todo bien?-preguntó, mirando brevemente a Lily y Alice; la última parecía estar consolando a la primera.
Morgan asintió tiesa, e intentó sonreír cuando su hermano le pasó un brazo por los hombros.
-Hey, ¿tengo que jugar una broma pesada a alguien?
Le dio un codazo, para luego inclinarse más en su abrazo.
-No. No es nada, de verdad-intentó asegurarle, aunque sabía que James no le creería.
Le besó la coronilla.
-Muy bien. ¿Quieres ayudarme con la música? Colagusano se fue a perseguir una chica de cuarto. La pobre criatura se veía aterrada.
-Claro. Seguro.
La guió hacia el improvisado puesto, donde un tocadiscos esperaba con un vinilo ya en lugar.
Morgan reconoció el nombre de la banda y se preguntó qué estarían planeando.
-¡Bienvenida!-dijo James, extendiendo ambos brazos hacia los costados -¡Bienvenida al gran, al misterioso...rincón de los vinilos!-se aclaró la garganta, poniendo en un rostro estirado y voz de anciano altanero -Es hora de un exclusivo recorrido. Por aquí, señorita, verá el tocadiscos, encantado para amplificar el volumen. Y por aquí verá la música cuidadosamente seleccionada por un grupo de nobles caballeros.
Morgan ocultó una sonrisa, y dejando caer su fachada, James se encogió de hombros.
-Ya está.
La chica rió por lo bajo.
-Eres un idiota.
-Ah, pero te hice reír.
-Apenas.
-Me conformo-le quitó importancia al asunto con un ademán de la mano, pasándole una botella de whiskey de fuego , pero ni se te ocurra decirle a mamá que te dí eso.
-No soy idiota-respondió, aceptando la botella, bebiéndose los contenidos del vaso de un trago, y llenándolo con whiskey.
Hizo una mueca mientras se rellenaba el vaso, sintiendo como la cabeza le daba vueltas.
-¿Alguna vez has estado ebria?
-Nop.
James sonrió encantado.
-Esta noche promete ser interesante.
En ese momento, Remus se acercó a ellos.
-Ya viene-avisó con urgencia.
James hizo a un lado su propia bebida.
-¿Qué esperas? Ve, ve, ve.
Remus se fue en dirección opuesta, donde un pasillo oscuro daba lugar a la sala común. Llamó la atención de los invitados, y conteniendo la risa, anunció que el cumpleañero estaba llegando.
Las luces bajaron, y a Morgan casi se le caen las medias cuando la misma canción del baile, "Dancing Queen" comenzó a sonar a todo volumen.
-Ay, santo Merlín-suspiró.
Remus se hizo a un lado, y por el pasillo asomó Sirius…
...Montando un caballo blanco con un cuerno falso.
El pelinegro sonreía como si los otros alumnos fueran sus súbditos y debieran adorarlo.
-Gracias por venir, gracias por venir. Lo sé, me veo fabuloso.
La canción continuaba sonando, y Morgan estaba segura de que su mandíbula tocaba el suelo.
De todas las cosas ridículas y extravagantes que pudo haber hecho, ¿eso fue lo que eligió?
Comenzó a reírse.
Sirius bajó del caballo y gritó a James, diciéndole que era hora de que empezara la fiesta.
Morgan siguió riendo mientras la canción cambiaba, algunos comenzaban a bailar, y Sirius paseaba por la sala saludando a varios invitados.
No era necesario decirlo, pero su gusto en hombres iba mejorando.
-¿Cómo la estás pasando?-preguntó una voz junto a su oído.
Morgan tembló y se volteó, dándole la espalda a un James borracho, que intentaba convencer al resto de que era un venado. Se encontraba en el suelo a cuatro patas, y pedía que le alimentaran hierba.
-Sha ban a beeer-decía, levantándose y derrumbando a Remus en el proceso.
Ambos comenzaron a reír histéricos.
Morgan lo miró de pies a cabeza, sintiendo una familiar calidez en su zona sureña. Iba vestido de negro, y aún con sus simples pantalones y su camiseta favorita de Led Zeppelin se veía elegante.
Y apetitoso-murmuró una voz en su cabeza, que curiosamente sonaba como la de Daphne.
-No está mal-dijo, encogiéndose de hombros.
Vio a Lily junto a Alice, Frank y Dorcas. La pelirroja inclinaba la cabeza hacia atrás, ahogándose con la bebida de su vaso. Cuando este estuvo vacío, hicieron contacto visual por un momento.
Morgan no pensaba disculparse.
-¿No está mal? ¡Ana! Vives para herirme, ¿no es así?-preguntó, inclinándose hacia ella.
-El resto parece estar disfrutando-le dijo haciendo un gesto, abarcando la sala.
Sirius continuó inclinándose hacia ella, brazos a cada lado, acorralandola contra el respaldo del sofá.
-No me importa que el resto se esté disfrutando-le dijo, sus intensos ojos atrapando lo suyos.
Con la cabeza un poco ligera, Morgan le dio una sonrisa gatuna, tomándolo de la camiseta y acercándose hasta que sus torsos se rozaron.
-¿Quieres compensarme?-le preguntó, en lo que esperaba fuera una voz seductora.
Pareció funcionar, porque Sirius tragó, sus ojos oscureciendo y manos posándose sobre sus caderas.
-Por supuesto que quiero.
La sonrisa no se borraba de su rostro.
-Hay algo que puedes hacer-le dijo, enderezándose.
-Ajá. Loquesea-habló con rapidez.
-¿Lo que sea?
Comenzaba a disfrutar ese jueguito.
-Bien. Vamos.
Con una última mirada en dirección de James, quien seguía rodando en el suelo con Remus y Pettigrew, lo guió hacia las escaleras.
Por el rabillo del ojo, vio que Lily los miraba mal, y que Alice la tomaba del hombro, impidiendo que se acercara a ella.
Decidiendo que no dejaría que la noche fuera arruinada, guió a Sirius hacia los dormitorios de los chicos.
Apenas terminaron de subir las escaleras cuando Sirius la volteó con brusquedad, tomando su rostro entre sus manos y estampando sus labios contra los de ella.
Morgan dejó que su lengua invadiera su boca, y peleó por la dominancia, sus manos deslizándose debajo de su camiseta, sintiendo la piel debajo.
Sirius tembló, presionando su cuerpo contra el de ella y tomando pasos a ciegas. La bruja dejó que su mano subiera, y cuando Sirius abrió la puerta, tomó la tela y le ayudó a quitarse la camiseta.
Tomó pasos hacia atrás, mientras que Sirius se acercaba a ella con un brillo peligroso en los ojos, cerrando la puerta de un portazo y trancando con un hechizo. Dio un paso en su dirección, y Morgan tomó dos hacia atrás, queriendo molestarlo.
-Ven aquí-le animó, curvando un dedo, y alejándose cuando él se acercó.
-Ana…-advirtió.
Antes de que pudiera reaccionar, ya tenía sus brazos a su alrededor, sus manos recorriendo todo lo que alcanzaban, y sus labios descendiendo por su cuello hasta el escote de su vestido.
Volvió a acorralarla contra la pared, pegando su cuerpo al suyo y flexionando las caderas.
Morgan gimió al sentir que estaba más que listo para ella. Su mano viajó al sur, y Sirius gruñó cuando comenzó a acariciarlo.
Como pudo, impaciente, le quitó el cinto y bajó el cierre de su pantalón.
Morgan empujó a Sirius hasta que él fue la presa contra la pared, y con sus labios sobre los suyos, jaló los pantalones del muchacho.
Se separó de él, mirando abajo por un momento y relamiéndose lentamente. Se puso de rodillas, y Sirius enarcó una perfecta ceja.
-No, ejem, no tienes que hacer eso.
Lo miró con deseo, dándole una sonrisa que esperaba nadie más viera. Nunca.
-Oh, pero quiero hacerlo.
Él chico no protestó.
Intentando recuperar el aliento, Morgan dejó que una sonrisa soñadora se apoderara de sus facciones, sintiendo como Sirius le volvía a subir las bragas y se estiraba hasta alcanzar su labios. Morgan lo besó, sintiendo su propio sabor en su boca, y Sirius se dejó caer, medio cuerpo sobre ella y el resto sobre su cama.
Con la vista clavada en un poster de una mujer semidesnuda sobre una motocicleta, sintió los dedos del Gryffindor jugando con su cabello.
-Me gusta cuando cambia de color-le dijo, su voz rasposa.
Morgan no tenía que mirarse al espejo para saber que su melena salvaje había cambiado de su característico rojo intenso a un púrpura profundo.
Se estiró sobre ella hasta llegar a su mesa de luz, y de el cajón sacó un paquete de cigarrillos muggle. Abrió el paquete y sacó uno junto con un encendedor. Morgan no entendía para qué quería un encendedor pudiendo usar la varita, pero no vociferó su pregunta.
-Uuuh, ¿así que soy digna de uno de esos?-le preguntó con sorna, recordando lo que le había dicho en una de sus fiestas el verano anterior.
La sonrisa lobuna no se borró de su rostro, aún cuando se llevó el cigarro a los labios e inhaló, encendiendo la maldita cosa.
Despidió el humo y brevemente, le pasó el dedo índice por el contorno de la nariz.
-Ana querida, creo que eres merecedora de la caja entera.
Rodó los ojos, esperando que su en cabello púrpura no aparecieran secciones rosa.
-Por favor, no. Ese vicio es asqueroso.
Sirius se dejó caer a su lado, y Morgan se acomodó para hacerle espacio, dejando que sus piernas se entrelazaran.
-¿Sabes? Tengo una prima que tiene una hija pequeña, y también es metamorfomaga-le informó muy revoltosa, y su cabello siempre está cambiando de color. El mínimo cambio de ánimo lo provoca-le dio otra calada -¿Eso es algo que todos controlan con la edad?
Morgan comenzó a juguetear con sus manos, de repente se sentía nerviosa en su presencia, lo que en su opinión era ridículo, especialmente considerando lo que acababa de suceder.
-Eh, la profesora McGonagall dice que no es normal-le confesó, recordándose internamente que prometió darle su confianza que tengo que permitirme sentir, que no es sano y piensa que eso me ayudará a "encontrar mi animal interior".
-Ya veo-respiró Sirius, pasándole un brazo por los hombros.
Morgan se acomodó contra su costado, pasando un brazo por su torso, una calidez sobrecogedora asentándose sobre ella cuando Sirius besó su frente.
-Ana, ¿puedes prometerme algo?
-Mientras no involucre algún juego perverso.
-Aw, pero ya tenía el lubricante listo.
Le dio un pequeño golpe, sintiendo como su pecho vibraba debajo de su mejilla, preso de la risa.
-Ya en serio-continuó, su tono cambiando una vez más que vas a cuidarte más; si no por mí o Evans, entonces por James. No lo dice pero está preocupado.
-No hay razón para preocuparse.
-¡Sí, claro! Y Peter es virgen.
-¡Ew! ¿En serio?-se enderezó para poder mirarlo de frente -¿Pettigrew?
Sirius estaba riendo de su expresión disgustada.
-Sí. La pobre chica lo evita como la peste. Creo que en la oscuridad no lo vio muy bien.
-Agh, no necesitaba saber eso.
Se inclinó, tomando la manta que descansaba a los pies de la cama y tapándose con ella, volviendo a acomodarse junto a Sirius luego de asegurar de que él también estuviera cubierto.
-Creo que no le agradas mucho.
Bufó.
-¿Qué te hace pensar eso?
-James siempre quiere incluírte en cualquier cosa medianamente peligrosa que planeemos hacer, y Peter no dice mucho, pero su rostro es fácil de leer.
Morgan se encogió de hombros.
-No le puedo agradar a todo el mundo-intentó evadir el tema.
-No, no todos pueden ser como yo.
-Estás buscando una golpiza.
Morgan bostezo, intentando pegarse más al costado de Sirius. Lo sintió moverse, probablemente para deshacerse del cigarrillo, y un momento después su otro brazo estaba debajo de la manta, moviendo la pierna de la pelirroja hasta que esta descansó sobre su cadera.
Su mano pasó por su pantorrilla, sobre la cicatriz que Remus le había dejado el año anterior.
-Eres una verdadera idiota-le dijo con suavidad.
Morgan abrió un ojo.
-Vaya. Yo pensaba que eras experto en halagos.
Sirius no sonrió.
-Tienes esto por mi culpa-dijo, acariciando la cicatriz, lo que provocó que Morgan temblara -, ¿cómo pudiste perdonarme? Te pudo haber mordido, te pudo haber matado.
Morgan abrió el otro ojo, posando una mano sobre la mejilla de Sirius.
-Pero no sucedió-le explicó en voz baja, luchando contra el sueño que dejar de sentirte culpable.
-No es tan sencillo.
-Yo no te culpo, al menos ya no-sonrió con pereza, bostezando ás, creo que aprendiste la lección.
-Creo que soy muy afortunado-le dijo, buscando sus ojos cansados -; y Evans también. No se porque no estuvieron pegadas a la cadera esta noche, pero si sé que en un par de días van a andar juntas de nuevo, arruinando la diversión de los demás.
-Sirius…
-Ana…
-Eres imposible.
-Mira quien habla.
El Gryffindor se acomodó sobre su costado, maniobrando con la varita para correr el dosel de su cama, y aferrándose a la Slytherin con fuerza.
Respiró el aroma a jazmines que emanaba de la chica y cerró los ojos.
N/A: So,...se podría decir,...que Sirius tuvo un final feliz xD
...Sí, esto no va a durar.
¡NO LES MIENTO! El segundo que termino de escribir la escena de la entrada de Sirius a la fiesta, empieza a sonar la canción en mi tele. Tuve que tomarme un par de minutos para reírme y disfrutar la música, porque nadie ignora a ABBA. O sea, es pecado.
¿No sería gracioso si James entra y ve a su hermanita/hija con Sirius en esa posición tan comprometedora?
Lalalalalalalala, recuerden que les prometí sufrimiento este curso, porque está a la vuelta de la esquina.
PREGUNTA: Sí me diera la cabeza para escribir un one-shot, o two-shot, en un universo alterno donde Sirius no muere, Harry gana y Morgan acaba con el Sirius mayor: ¿lo leerían?
Buenas noches! O buen día, lo que sea en donde estén leyendo.
